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Países Bajos: OTAN, a puro fusil y garrote

OTAN, a puro fusil y garrote

Soplan vientos militaristas de un tsunami unipolar que puede reducir el planeta a puros escombros. En muy pocos días en La Haya desenfundarán garrotes y afilarán cuchillos. La cita es el 24 y el 25 de junio, en el local del Foro Mundial de La Haya, Países Bajos, en una ciudad militarizada (todo un símbolo) y controlada por al menos 27 mil efectivos de distintas fuerzas y para la cual el gobierno destina 95 millones de euros. Los actores, los representantes de los 32 países que integran la Organización de la Alianza del Tratado del Norte (OTAN), así como una decena de sus “socios globales”. El objetivo, multiplicar los presupuestos militares de todos sus Estados miembros en una escalada bélica que la Alianza justifica mirando de frente a Rusia y de reojo a China.

Aunque para nada novedosa, ya que lo viene repitiendo desde hace meses, la ponencia más reciente de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, el 9 de junio en el Chatham House de Londres, actualiza las perspectivas de esta organización y anticipa los objetivos de dicha Cumbre. Esencialmente, aprobar lo que Rutte define como el plan para transformar la Alianza y “construir una OTAN mejor… más fuerte, más justa y más letal. Para que podamos seguir manteniendo a nuestra gente a salvo y a nuestros adversarios a raya”, https://www.nato.int/cps/en/natohq/opinions_235867.htm

Rutte, líder del derechista Partido Popular por la Libertad y la Democracia de su país entre 2006 y 2023 y primer ministro durante catorce años (2010-2024), analiza de forma tan simplista como lineal la geopolítica mundial: “Debido a Rusia, la guerra ha regresado a Europa. También nos enfrentamos con la amenaza del terrorismo y una feroz competencia global”. Y acota que Rusia se ha aliado con China, Corea del Norte e Irán, y que todos ellos “están expandiendo sus fuerzas armadas y sus capacidades”. En términos de municiones, afirma, Rusia produce en tres meses lo que la OTAN produce en un año y se calcula que su base industrial para la defensa fabrique 1.500 tanques, 3.000 vehículos blindados y 200 misiles Iskander sólo en 2025. Según Rutte, “Rusia podría estar lista para usar la fuerza militar contra la OTAN dentro de cinco años”.

Hoy reconvertido en secretario de la Alianza, Mark Rutte argumenta que China también está modernizando y ampliando su ejército a un ritmo vertiginoso: “Ya cuenta con la armada más grande del mundo. Y se espera que su fuerza de combate aumente a 435 buques para 2030. Está reforzando su arsenal nuclear. Su objetivo es contar con más de 1.000 ojivas nucleares operativas hacia 2030”. Y advierte que “quienes se oponen a la libertad y la democracia se atrincheran. Se preparan para una confrontación a largo plazo. Y tratan de dominarnos y dividirnos”. La conclusión de Rutte es contundente: “Ya no hay Este ni Oeste: sólo existe la OTAN”.

Plan apocalíptico

Para el secretario general de la OTAN no hay duda de que “una OTAN más fuerte significa gastar mucho más en nuestra defensa”. Y asegura que hacia fines de 2025 todos los países miembros de su organización alcanzarán su objetivo inicial de destinar el 2% de su Producto Interno Bruto (PIB) para la defensa –objetivo que se ajusta a la promesa ya consensuada en 2014 durante la Cumbre de la Alianza en Newport, Gales. Aunque en esa ocasión dicho consenso no fue vinculante, es decir, de carácter obligatorio.

“Ahora tenemos un plan concreto para el futuro”, afirma Rutte, y agrega que “sabemos qué necesitamos y sabemos qué hacer”. Amplificando las nuevas exigencias del Gobierno Trump, Rutte espera que en la Cumbre de La Haya los líderes aliados acuerden destinar a mediano plazo el 5% del PIB de sus respectivos presupuestos nacionales a la defensa. “Será un compromiso de toda la OTAN y un momento decisivo para la Alianza”, anticipa Rutte.

Su plan consta de dos partes: un 3,5 % de esos aportes se destinará a lo que él considera necesidades militares básicas. El resto, a inversiones relacionadas con la defensa y la seguridad, incluyendo infraestructura y el desarrollo de la capacidad industrial. Este programa, con propuestas que Rutte considera ya como “decisiones”, se basa en los planes de batalla y los objetivos de capacidad de la Alianza, es decir, el volumen de fuerzas y capacidades que se espera de sus aliados. Rutte es contundente: “Los detalles exactos son confidenciales, pero necesitamos un aumento del 400% en la defensa aérea y antimisiles… Nuestros ejércitos también necesitan miles de vehículos blindados y tanques adicionales. Millones de proyectiles de artillería adicionales. Y debemos duplicar nuestras capacidades de apoyo, como la logística, el suministro, el transporte y el apoyo médico. Los aliados invertirán en más buques de guerra y aeronaves. Por ejemplo, adquirirán al menos 700 aviones de combate F-35 [de la multinacional de origen estadounidense Lockheed Martin]. También invertiremos en más drones y sistemas de misiles de largo alcance. Y aumentaremos nuestra inversión en capacidades espaciales y cibernéticas”.

La otra mirada

El movimiento pacifista mundial desde hace tiempo se opone muy críticamente a la OTAN, a la que define como una alianza militar que fundamenta su razón de ser en el uso (o la amenaza) de la violencia. Varios de sus principales organizaciones asociadas que conforman la Coalición de la Contracumbre por la Paz y la Justicia convocan en La Haya, el 21 y 22 de junio, a una iniciativa mixta de reflexión y movilización. Esta coalición, compuesta por organizaciones y activistas que se oponen a la militarización de Europa y del mundo, afirma que mientras “los líderes de la OTAN planean un mayor gasto en defensa, se escucha un contundente contramensaje: los miles de millones gastados en armas agravan la inseguridad, socavan la justicia social y aceleran la crisis climática”.

Como lo señala el Transnational Institute (TNI), con sede en Amsterdan, Holanda, uno de los promotores de esta iniciativa, “los días previos a la cumbre de la OTAN la coalición busca amplificar una voz crítica y alternativa”. Mediante mesas redondas, talleres y conferencias, este evento contestatario “explorará los riesgos del enfoque militarizado de la OTAN y promoverá vías hacia una paz sostenible y justa”. El evento culminará con una manifestación en las calles contra la cumbre de la Alianza, https://www.tni.org/en/article/nato-summit-2025-counter-summit-21-22-june-the-hague

El propio TNI acaba de publicar el documento STOP a la Cumbre de la Guerra de la OTAN, elaborado por tres organizaciones especializadas. El mismo analiza, entre otros temas, las diversas “formas como la OTAN contribuye concretamente a aumentar la inseguridad, obstaculizar una paz sostenible y mantener la injusticia”.

Entre sus argumentos, el TNI señala que la opción de la alianza militar por la violencia deja en un segundo plano “otros ángulos y vías, como la diplomacia, la prevención de conflictos y el diálogo”. Recuerda que la OTAN se centra en los intereses de sus Estados miembros, lo que “va más allá de la defensa colectiva del territorio común”. Y sostiene que busca mantener y ampliar la (poderosa) posición de los países de la OTAN a nivel mundial y la competencia con sus competidores geopolíticos (China y Rusia), así como garantizar el acceso a las materias primas (fósiles). En este sentido, señala el documento del TNI, la OTAN constituye “principalmente, el brazo militar del capitalismo occidental”.

El documento del TNIrecuerda que las guerras y otras operaciones militares en las que participa la OTAN “causan muchas muertes, heridas, traumas, destrucción y daños medioambientales” y que “países como Afganistán, Irak y Libia quedan en ruinas y son un coto de caza para las empresas occidentales en ámbitos como la reconstrucción, la explotación de materias primas y la seguridad”. Por otra parte, sostiene que la expansión y el escudo antimisiles aumentan las tensiones. Tras el final de la Guerra Fría, cuando muchos países del antiguo Pacto de Varsovia se unieron a la OTAN, Rusia percibió esa expansión hacia el oeste como una amenaza. La retirada de Estados Unidos del Tratado de Misiles Antibalísticos con Rusia y la construcción de un escudo antimisiles aumentaron las tensiones. La aceptación de Ucrania como candidato potencial a la OTAN es señalada como una de las causas de la invasión rusa.

El TNI sostiene que, en lugar de presionar por el desarme nuclear, “la posibilidad de desplegar armas nucleares constituye una parte central de la estrategia militar de la OTAN”, a sabiendas de que “las armas nucleares son las más destructivas del mundo”. A nivel climático, argumenta el documento publicado por el TNI, los efectos nocivos de dicha estrategia militarista son notables debido a que “el complejo militar-industrial contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero, con un 5,5% del total mundial”. Por otra parte, dicho complejo “está al margen de todos los acuerdos climáticos”. Con respecto a la expansión territorial de la OTAN, el TNI habla de “la militarización de las fronteras exteriores de Europa, en los mares Mediterráneo y Egeo” y alega que “esta vigilancia fronteriza contribuye a la violencia y a las violaciones de los derechos humanos contra los refugiados y les obliga a utilizar rutas más peligrosas y los servicios de los contrabandistas de personas”.

Por último, el TNI responsabiliza a la OTAN de despilfarrar dineros al sostener la industria armamentística, estimular el desarrollo de nuevas armas y tecnologías militares y promover la expansión de las capacidades de producción de armas. Y denuncia el apoyo de la OTAN a regímenes autoritarios, ya que, con el fin de promover sus intereses, coopera frecuentemente con otros países socios, pero sin prestarle demasiada atención a la naturaleza de algunos de esos gobiernos, tal es el caso de Egipto, Kazajstán, Pakistán, Tayikistán y los Emiratos Árabes Unidos, así como de Israel, un aliado importante, a pesar de años de violencia, ocupación y opresión israelí contra el pueblo palestino.

Voces antimilitaristas

Las críticas y las iniciativas disidentes contra la política oficial de Europa y la OTAN se multiplican. Por ejemplo, el Llamamiento unitario contra el rearme europeo y la continuidad de la OTAN, promovido por organizaciones ecologistas, de derechos humanos, pacifistas y de desarrollo, principalmente de España, aunque no solo de ese país, https://mundoobrero.es/2025/05/10/llamamiento-unitario-contra-el-rearme-europeo-y-la-continuidad-de-la-otan/

Esta iniciativa considera que la Alianza Atlántica forma parte de un sistema de seguridad “que ha contravenido de forma reiterada la Carta de las Naciones Unidas, generando más inseguridad en diversas zonas geográficas del mundo”. Se opone al “actual despliegue militar estadounidense de 750 bases en más de 80 países”. Expresa su preocupación por “la existencia de un arsenal de armas de destrucción masiva, especialmente nucleares, que pone en riesgo la existencia de la humanidad y de la vida en el planeta”. Se rebela contra las “guerras comerciales impuestas por las élites económicas en beneficio propio y en contra de los intereses de las mayorías sociales a escala global”. Y se pronuncia a favor de un sistema de seguridad basado en el fomento de la confianza y la cooperación entre países e interesado en dar respuesta a amenazas globales como el hambre, la desnutrición, la pobreza, la desigualdad, la enfermedad, el desempleo, la emergencia climática, las armas de destrucción masiva, el irrespeto por los derechos humanos y el incumplimiento sistemático del derecho internacional.

Otra iniciativa, , la Campaña Stop al rearme. Bienestar social en lugar de guerra, busca convertirse en un movimiento continental. Como lo afirman sus promotores, “nos oponemos a los planes de la Unión Europea de gastar 800.000 millones de euros adicionales en armas”. Y agrega: “Serán 800.000 millones de euros robados. Robados de los servicios sociales, la sanidad, la educación, el trabajo, la consolidación de la paz, la cooperación internacional, una transición justa y la justicia climática [y que] solo beneficiará a los fabricantes de armas de Europa, Estados Unidos y otros países”.

Concepto que ratifica Jordi Calvo, coordinador del Centro Delàs de Estudios por la Paz que tiene su sede central en Barcelona y presencia en otras ciudades del Estado Español y que es signatario del Llamamiento unitario y miembro de Stop al rearme. “El pretendido incremento que propone la OTAN al 5% busca aumentar el dinero disponible para la industria militar”, señala Calvo. E insiste en que “las armas que se comprarán con los aumentos propuestos serán sobre todo de EEUU, el principal impulsor y beneficiario”. Jordi Calvo define como prioridad del movimiento por la paz, desarrollar “una visión crítica de las propuestas militaristas de la OTAN que pueden haber sido determinantes para que la guerra volviera a Europa”.

Guerra o paz. OTAN o el freno a la militarización. Una Europa en ebullición (con decenas de actividades cuestionadoras como otra contracumbre a realizarse en Bruselas y una Conferencia por la Paz en Madrid) propone un debate de fondo de sociedad. El poder (gobiernos, la misma OTAN) buscan avanzar linealmente, sin consulta alguna, amurallando al Viejo Mundo y lanzándolo a la aventura bélica. Importantes sectores sociales levantan el tono, cuestionan, apuestan a otra construcción de la seguridad continental y, sobre todo, recuerdan los estragos y el alto precio que la Europa contemporánea ha tenido que pagar por sus propias guerras durante las últimas once décadas y a partir de un muy nefasto 28 de julio de 1914.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/otan-a-puro-fusil-y-garrote/
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Ecología Social: La moda que envenena el planeta

La moda que envenena el planeta

 Sergio Ferrari

Cada segundo, un camión de basura exclusivamente de ropa va a parar a un vertedero o se incinera en algún lugar del planeta. La moda rápida atenta contra el medioambiente y afecta las condiciones sociales de los trabajadores.

La producción textil ha venido cambiando su lógica y ha pasado de las fibras naturales a la generalización del empleo de productos sintéticos. En paralelo, el taller local con reglas proteccionistas ha abierto paso a la deslocalización y los grandes centros textiles -muchas veces maquilas en zonas francas- donde predomina la velocidad de la producción y la voracidad de la distribución.

En este contexto, se viene imponiendo la industria de la moda rápida o fast fashion, que significa, tendencialmente, mayor número de colecciones anuales, precios bajos, calidad desmejorada y duración cada vez menor de la vida de cada prenda. Como corolario directo: la acelerada sobreproducción y el consumo desmedido de las vestimentas. No es difícil encontrar tiendas en las distintas ciudades europeas donde se puede comprar un vestido de mujer, un pantalón de hombre o camisas juveniles casi el mismo precio que un café con un croissant en un bar.

Este aumento descontrolado de la producción y la distribución textil, por otra parte, promueve un mercado de ropa de segunda mano cada vez más activo. Con un volumen que en 2021 ya representaba más de 9.300 millones de dólares a nivel internacional, creció un 10,3% anual las últimas tres décadas, pasando de 541.000 toneladas en 1992 a casi 3.6 millones de toneladas en 2021. La Unión Europea, el Reino Unido, China y los Estados Unidos son los principales centros exportadores, en tanto que numerosos países del Sur Global, entre ellos Pakistán, Kenia, Chile y Guatemala (los dos latinoamericanos más importadores), son las naciones destinatarias de este mercado de segunda mano. (https://unece.org/sites/default/files/2024-12/ECE_TRADE_484E.pdf).

Moda vs. medioambiente

La industria de la moda es hoy una de las actividades más contaminantes del mundo, responsable de hasta el 8% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Según un reciente artículo de las Naciones Unidas, esta industria consume la astronómica cifra de 215 billones de litros anuales de agua, equivalente a 86 millones de piscinas olímpicas. Emplea, además, miles de productos químicos, muchos de ellos nocivos para la salud humana y los ecosistemas. A pesar de este impacto preocupante, la ropa se produce y se descarta a un ritmo sin precedentes, resultado de modelos de negocio que priorizan la rapidez y lo desechable en lugar de la sostenibilidad. La moda, afirma este artículo, representa una industria en la que las tendencias cambian rápidamente y las prendas suelen desecharse después de haberse usado un puñado de veces. Los expertos calculan que, si se duplicara la vida útil de la ropa, se podría lograr una reducción significativa de un 44% en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para visualizar la dimensión de los desechos mundiales en toda su magnitud – de los cuales textiles y plásticos ocupan un lugar especial-, el artículo subraya que “los seres humanos generamos en todo el mundo más de 2.000 millones de toneladas de residuos al año”, suficientes como para darle 25 vueltas al planeta si los mismos se empaquetaran en contenedores de transporte estándar. Por supuesto, contaminando la tierra, el aire y el agua y afectando de manera desproporcionada a las comunidades más pobres. Más de 1.000 millones de personas viven en barrios marginales o asentamientos informales que carecen de una gestión adecuada de los residuos, lo que conlleva graves riesgos para la salud. Los vertidos no regulados y las malas prácticas de eliminación de residuos agravan la contaminación y la pérdida de biodiversidad en todo el mundo (https://news.un.org/es/story/2025/03/1537631).

Un clamor africano

La noche del 1 al 2 de enero de 2025, un incendio destruyó el 65% de la superficie del mercado Kantamanto en Accra, la capital de Ghana, lo que equivale a la superficie de entre seis y ocho estadios de fútbol. Alrededor de 3.000 puestos de vendedores ardieron por completo y cientos de toneladas de ropa quedaron reducidas a cenizas, afectando a unos 15 mil comerciantes que perdieron sus medios de vida. Kantamanto es el mercado de ropa de segunda mano más grande de África Occidental. Allí se clasifican, reparan y revenden aproximadamente 50 millones de prendas de vestir cada año. Sin embargo, esto representa sólo una pequeña parte de los cientos de millones de prendas que llegan anualmente a ese país.

En una reciente entrevista publicada por la ONG suiza Public Eye (Mirada ciudadana), el empresario ghanés Yayra Agbofah, quien concentra su actividad en el reciclaje y el rediseño de vestimentas y además es el fundador de la asociación local The Revival (Renacimiento), explicó que su país recibe toneladas de textiles de segunda mano del hemisferio norte. Aun cuando esto permite que millones de personas tengan acceso a ropa barata, también significa que esas personas casi nunca compran ropa producida localmente. Por ello, muchas fábricas textiles se han visto obligadas a cerrar sus puertas. Agbofah y su asociación trabajan activamente desde después del incendio en la reconstrucción del mercado Kantamanto.

Por otra parte, según Agbofah, la ropa que no se puede reutilizar -aproximadamente entre el 20 y el 30%- termina obstruyendo ríos y arroyos, contaminando playas o acumulándose en enormes vertederos: “Estas montañas de ropa a veces se incineran ilegalmente, lo que también contamina el aire que respiramos”. Y lo que es peor, lamenta, el Norte todavía cree que tiene derecho a enviar sus residuos textiles al Sur. El Norte promueve ropa de mala calidad con materiales sintéticos como el poliéster, y esas prendas terminan en su país. Agbofah remarca que “ciertas tendencias de consumo, como la sobreproducción, la moda rápida y la producción insostenible tienen consecuencias directas para nosotros aquí en Ghana”; califica la actual realidad como de “colonialismo de residuos” y llama a sus compatriotas a que reduzcan su consumo de ropa producida en Europa, Estados Unidos y Asia, así como a promover el reciclaje.

Mirada crítica y propuestas realizables

Desde hace varios años, Public Eye ha dedicado una parte importante de sus esfuerzos al tema de los productos textiles y en noviembre de 2023 publicó un estudio titulado “En modo avión, Zara alimenta la crisis climática”, que tuvo una repercusión significativa a nivel europeo. “Cada vez más rápido, cada vez más contaminante”, afirma el artículo, “la industria de la moda rápida se centra en tendencias a muy corto plazo y envía toneladas de ropa por avión a todo el mundo”. Debido a su modelo de negocio, el gigante de la moda española Inditex, propietario de la marca Zara, y tiendas online internacionales como Shein, dependen en gran medida del transporte aéreo. Public Eye demandó a la textil española que abandone esta forma de transporte tan perjudicial para el clima. Aunque Inditex afirma haber reducido sus emisiones en otros ámbitos, las del transporte y distribución de mercancías han continuado en aumentar en un 10 % en 2024 (https://www.publiceye.ch/fr/thematiques/industrie-textile/en-mode-avion-zara-attise-la-crise-climatique).

En diciembre del año pasado, Public Eye publicó un nuevo aporte conceptual (“La moda de una sola Tierra”), donde sostiene que este sector de actividad necesita una transformación profunda. El sector de los textiles, de la confección, del cuero y del calzado es uno de los más contaminantes e injustos porque se basa en la explotación generalizada del trabajo mal pagado y de los recursos del planeta. Esta publicación imagina un futuro diferente y trata de alimentar el debate internacional sobre la transformación socioecológica del sector con una propuesta que incluye 33 objetivos concretos (https://www.publiceye.ch/fr/thematiques/industrie-textile/nouveau-rapport-one-earth-fashion).

La segunda semana de mayo, Public Eye acaba de lanzar una petición, esta vez ante el Gobierno helvético, para la creación de un Fondo Suizo de la Moda que obligue a las empresas que comercian ropa a que asuman el costo del daño social y ambiental causado por su modelo comercial. Los promotores de la petición sostienen que Suiza “envía toneladas de ropa de moda rápida al extranjero y hace la vista gorda respecto a su destino final”. Y explican que, “con demasiada frecuencia, [esta ropa] termina sumándose a montañas de basuras textiles en vertederos a cielo abierto o se quema”. Según Public Eye, en Suiza cada persona desecha anualmente once kilos de residuos textiles.

Este Fondo Suizo operaría en tres niveles. Por cada nueva prenda producida, las empresas de moda deberían hacer un aporte al mismo. El modelo empresarial de la moda rápida, basado en la sobreproducción y el sobreconsumo, perdería así su atractivo. Por otra parte, cuanto más duradera fuese la ropa, menor la contribución solicitada. De esta forma, el fondo promovería fuertes incentivos para una moda de calidad, justa y respetuosa del medio ambiente. En tercer lugar, buscaría promover activamente una economía de la moda circular, con un aumento de los bienes de segunda mano, la promoción del reciclaje de calidad y una producción más sostenible (https://www.publiceye.ch/fr/action/sengager/stop-fast-fashion).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/la-moda-que-envenena-el-planeta/

 

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Ecología Social: Nueva frustración climática

Nueva frustración climática

Sergio Ferrari

 

Una migaja para enfrentar una crisis climática que parece no tener solución ni retorno. La reciente cumbre de las Naciones Unidas en Bakú, Azerbaiyán, resolvió poco y olvidó lo esencial.

La reciente Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29) acordó destinar 300.000 millones de dólares anuales a los países en vías de desarrollo para que puedan superar su dependencia del carbón, el petróleo y el gas –causa esencial del sobrecalentamiento– y compensar los gastos causados por los cataclismos climáticos. Monto que representa solo una cuarta parte de los 1.3 billones de dólares que esas naciones exigían y apenas superior a los 100.000 millones actuales que otorgaba el acuerdo vigente, a punto de perimir. Como moción de deseo la Conferencia especula con alcanzar los 1.3 billones de dólares anuales para el Sur Global, pero recién en 2035.

El Acuerdo de París de 2015 estableció un mecanismo de aumento regular de los recursos destinados a hacer frente al cambio climático. Un intento de mantener el calentamiento por debajo de 1,5°Celsius, tomando como referencia el clima en la época preindustrial.

Poco de nuevo

Luego de dos semanas de reuniones, el último domingo de noviembre los representantes de casi doscientos países llegaron a un pequeño acuerdo. El documento final, consensuado justo en el momento del pitazo final y tras treinta horas de prolongaciones desde la hora originalmente prevista para la clausura de la cumbre, logró evitar la muerte cerebral de un proceso que, lejos de resolver la crisis climática, continúa postergando soluciones de fondo. Lo que llevó a importantes portavoces de la sociedad civil mundial a expresar su decepción, subrayar la mezquindad de las naciones ricas e incluso hablar de un nuevo fracaso. La Organización No Gubernamental (ONG) internacional Amigos de la Tierra, por ejemplo, sostiene que la cita de Bakú defraudó a la sociedad civil “y pone en jaque a las poblaciones que sufren y sufrirán los impactos de la crisis climática con desastres naturales cada vez más devastadores” (https://www.tierra.org/finaliza-la-cop29-calderilla-para-la-financiacion-climatica-billones-para-las-falsas-soluciones-y-para-alimentar-el-genocidio-de-palestina/).

La COP29 se movió en dos contextos paralelos. Uno, la propia capital de Azerbaiyán, sede física del evento que convocó no solo a los delegados oficiales sino también a más de 60 mil representantes de multinacionales, del ámbito financiero, de instituciones internacionales, así como de numerosas ONG. El otro, los Estados Unidos, donde el próximo 20 de enero asumirá un gobierno negacionista del cambio climático. El tímido acuerdo logrado en Bakú podría ser desconocido total o parcialmente a partir del mismo 21 de enero por la nueva administración de la segunda nación más contaminante del planeta, solo por detrás de China.

Para eventuales avances de este proceso pro clima en cámara lenta, habrá que esperar a la COP30 en noviembre de 2025, conferencia a realizarse en Belém de Pará, una de las puertas de entrada a la Amazonia brasilera. Un año esencial, casi perdido, si se tiene en cuenta el acelerado proceso de calentamiento global que cada día, semana y mes se manifiesta a través de fenómenos meteorológicos de una fuerza poco conocida, desde la Dana en Valencia y otras regiones de España a los reciente huracanes en el Caribe y el sur de los Estados Unidos.

Naciones Unidas, evaluación prudente

La Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, organismo que, con 450 funcionarios originarios de una centena de países se ocupa de asegurar estas conferencias, considera que el acuerdo de Bakú de asistencia financiera a los países en desarrollo es un logro “de gran trascendencia”.

Conocido formalmente como Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado sobre Financiación del Clima (NCQG), en palabras de Simon Stiell, secretario ejecutivo de esa secretaría, dicho acuerdo es «una póliza de seguro para la humanidad en medio del empeoramiento de los impactos climáticos que afectan a todos los países”. Sin embargo, y “como cualquier póliza de seguros”, el mismo “sólo funciona si las primas se pagan en su totalidad y a tiempo”. “Las promesas deben cumplirse para proteger miles de millones de vidas”.

Con respecto a las expectativas de las naciones que asistieron a Bakú, Stiell admite que el acuerdo no las satisfizo plenamente a todas: «Ningún país consiguió todo lo que quería, y nos vamos de Bakú con una montaña de trabajo por hacer». Pero cree que, aunque las muchas otras cuestiones sobre las que todavía hay que avanzar quizás no sean espectaculares, de todos modos “son salvavidas para miles de millones de personas”. Y reconoce que este no es “el momento de cantar victoria y que tenemos que fijar nuestras miras y redoblar nuestros esfuerzos en el camino hacia Belém». En otras palabras: según Stiell, se trata de un camino muy largo, aunque en Bakú se dio otro importante paso adelante.

Por su parte, António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, cree que el documento de Bakú es “esencial”, aunque reconoce que esperaba un resultado más ambicioso, tanto en términos de financiación como de mitigación, “para responder a la magnitud del gran desafío al que nos confrontamos”.

La COP29 también concretó un compromiso sobre los mercados de carbono, algo que varias conferencias anteriores no habían podido lograr. Según la Secretaría del Convenio, este compromiso “ayudará a los países a cumplir sus planes climáticos de forma más rápida y económica y a avanzar más rápidamente hacia la reducción de la mitad de las emisiones mundiales en esta década, tal y como exige la ciencia” (https://unfccc.int/es/news/cop29-acuerda-triplicar-la-financiacion-a-los-paises-en-desarrollo-protegiendo-vidas-y-medios-de). Los mercados de carbono, así como los denominados créditos carbono, son mecanismos de compensación fuertemente criticados por organizaciones ambientalistas. Establecen que una empresa (o un Estado, o cualquier otra entidad) le encarga a una firma certificadora que calcule el efecto contaminante de sus emisiones. Sobre la base de esta cifra, la empresa paga por su efecto nocivo con un contravalor denominado “crédito ambiental”, el cual se destina a proyectos que deberían proteger el medio ambiente, generalmente en países de América Latina, África y Asia.
Mistificadas por sus promotores, estas compensaciones dejan mucho que desear. Una investigación independiente promovida conjuntamente por el periódico británico The Guardian y el alemán Die Zeit el año pasado, las cuestionó seriamente. Tomando como ejemplo los cálculos y las certificaciones otorgadas por la empresa Verra, la mayor certificadora del mundo y con sede en la ciudad de Washington, la investigación periodística determinó que “más del 90% de dichas compensaciones de carbono convertidas en proyectos ambientales en la selva tropical carece de valor” debido a lo inadecuado del estándar de carbono utilizado. En consecuencia, que los créditos ambientales que Verra certificó para grandes corporaciones, como Disney, Shell, Salesforce, BHP, EasyJet y Gucci, entre otras, son, en gran medida, “inútiles”. No solo eso; además podrían empeorar el calentamiento global. (https://www.theguardian.com/environment/2023/jan/18/revealed-forest-carbon-offsets-biggest-provider-worthless-verra-aoe).

Crítica frontal desde la sociedad civil

La optimista evaluación de Naciones Unidas de lo acordado en Bakú con respecto a los mercados de carbono fue demolida por varias organizaciones. Entre otras, Amigos de la Tierra, ONG que sostiene que dicho acuerdo permite “que los gobiernos puedan cumplir sus objetivos en materia de mitigación a través de falsas soluciones en vez de reducir de forma real sus emisiones”. Y que a “las empresas contaminantes [les permite] sus objetivos corporativos de lavado verde mientras continúan con sus emisiones fósiles”.

Según Amigos de la Tierra, estas falsas soluciones incluyen proyectos de geoingeniería, como los sistemas de captura y almacenamiento de carbono tanto terrestre como oceánica, así como ciertos tipos de soluciones basados en dinámicas naturales. Por otra parte, argumenta Amigos de la Tierra, “la aprobación de los esquemas de compensación de carbono significa acaparamiento de tierras, expulsión de comunidades campesinas y pueblos indígenas, violación de derechos humanos, violencia de género, pérdida de biodiversidad y amenaza a la soberanía alimentaria”. Y recuerda que en el marco de esas compensaciones se han incluido unos 1.700 proyectos anteriores, “la mayoría de ellos cuestionados [incluso] por la propia Comisión Europea, a realizarse en los países del Sur”.

El último mes de julio, ochenta organizaciones ambientalistas, de desarrollo y de derechos humanos de primera importancia internacional –como Amigos de la Tierra, Oxfam, Greenpeace y Amnistía, entre otras– enviaron una carta conjunta a gobiernos y grandes empresas exigiéndoles que dejen de fomentar los créditos de carbono. Más radical que otros documentos, la carta demanda que se elimine este tipo de instrumentos financieros de cualquier mesa de negociación sobre el clima y, por supuesto, de las estrategias para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

“Permitir que empresas y países cumplan con los compromisos climáticos mediante créditos de carbono”, sostiene la carta, “probablemente ralentizará la reducción global de emisiones y no proporcionará ni de lejos la cantidad de fondos necesarios para el sur global”. Y agrega que “Esta artimaña contable les permite a las empresas seguir emitiendo la misma cantidad de gases de efecto invernadero, pero las restan en sus balances al invertir en proyectos de captura, conservación o reforestación”.

Si bien las críticas al contenido y el resultado de la COP29 en Bakú son significativas, no menos lo son los señalamientos a sus silencios y olvidos. Para David Knecht, especialista en clima de Acción Cuaresmal Suiza y uno de los observadores presentes en esa cumbre, “la COP29 es un fracaso para la transición energética”. Knecht le critica a la comunidad internacional el que “no haya logrado avanzar con la salida [reducción consistente] de los combustibles fósiles acordada el año pasado [en la COP28 de Dubai]. El lobby de los combustibles fósiles se ha impuesto una vez más, en detrimento de las poblaciones más vulnerables”.

La manera como la cumbre gambeteó/eludió un tema tan esencial y crítico como el de la eliminación de los combustibles fósiles constituye, casi seguramente, una de las asignaturas pendientes más preocupantes de Bakú. Nada es casualidad: Azerbaiyán, el país huésped de la cumbre, es uno de los veinte principales exportadores de petróleo y número doce entre las potencias productoras de gas.

El cónclave del clima acaba de concluir sin pena ni gloria. Los tiempos se acortan; la tierra sigue transpirando por todos sus poros en un sauna cotidiano insalubre y autodestructivo. Y junto con la tierra, sufre cada uno de los seres vivientes.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Fuente de la Información: https://rebelion.org/nueva-frustracion-climatica/

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Desarrollo inhumano en la civilización del derroche

Por: Sergio Ferrari

Entre la continuidad de las guerras, la crisis climática y la profundización de las disparidades sociales planetarias, el sistema internacional sigue mostrándose desorientado, por no decir en bancarrota. A nivel global, la desigualdad sigue en aumento. No hay forma de retomar el esfuerzo por reducirla que prevaleció durante las dos décadas que precedieron a la pandemia del COVID-19. Y al mismo tiempo, millones de toneladas de alimentos van a la basura.

El Informe de las Naciones Unidas “Romper el bloqueo: reimaginar la cooperación en un mundo polarizado”, publicado a mediados de marzo, constata que a pesar de que el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 2023-2024 fue récord, las disparidades entre los países enriquecidos y los empobrecidos son cada vez mayores. Mientras los primeros experimentaron una mejoría sin precedentes, la mitad de las naciones más pobres del mundo sigue perdiendo y se encuentra por debajo de sus niveles anteriores a la crisis sanitaria (https://reliefweb.int/report/world/informe-desarrollo-humano-2023-2024-snapshot-espanol).

Según este índice, Suiza, Noruega e Islandia ocupan los primeros puestos, mientras que Estados Unidos se sitúa en la posición número 20 y España en la 27. Chile, en el lugar 44, encabeza la lista de naciones latinoamericanas mejor ubicadas, seguido por Argentina (48) y Uruguay (52). Honduras (138) se ubica a la cola del continente. República Centroafricana, Sudán del Sur y Somalia son las naciones más rezagadas del mundo. (https://hdr.undp.org/data-center/country-insights#/ranks).

Un país obtiene un IDH más alto en la tabla de clasificación cuando mejoran su esperanza de vida, nivel de educación e ingreso nacional bruto per cápita (INB) así como el índice de Paridades de Poder Adquisitivo (poder de compra de sus habitantes en relación a otras naciones). No faltan las críticas a este sistema de medición porque el mismo no toma en cuenta todos los criterios que realmente hacen a un desarrollo humano integral exitoso.

Según las Naciones Unidas, Estados Unidos, “el país más rico del mundo, ocupa, un sorprendente vigésimo lugar en la clasificación, dado que el Índice de Desarrollo Humano incluye indicadores que van más allá de la mera renta per cápita y tiene en cuenta factores como la esperanza de vida y la educación”.

Al presentar el Informe 2023-2024, el diplomático alemán Achim Steiner, nacido en Brasil, y actual administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD), reconoció que la brecha entre países ricos y pobres sigue aumentando. “A pesar de que nuestras sociedades mundiales están profundamente interconectadas”, afirmó Steiner, “nos estamos quedando cortos”.  Por esa razón, según el funcionario, se debe aprovechar la interdependencia entre las naciones, así como las capacidades mutuas, para hacer frente a los retos compartidos y existenciales y garantizar que se cumplan las aspiraciones de la gente.

Detrás de las estadísticas hay un significativo costo humano, precisó Steiner, pues el fracaso de la acción colectiva para controlar el cambio climático, humanizar la digitalización y reducir la pobreza y la desigualdad no solo obstaculiza el desarrollo humano, sino que también aumenta la polarización y erosiona aún más la confianza en las personas y las instituciones en todo el mundo.

Causas políticas de la injusticia mundial

¿Por qué se ha invertido la tendencia favorable de dos décadas de reducción constante de las desigualdades entre países ricos y pobres?, se pregunta el PNUD. Las respuestas son varias y complementarias, según su informe difundido en marzo.

En primer lugar, el mundo confronta una nueva era con el nivel más alto de conflictos armados desde 1945, con un aumento significativo de víctimas y desplazados. En 2022, el máximo histórico, los desplazados superaron los 108 millones, más de dos veces y media el nivel de 2010.

En segundo lugar, las consecuencias de la pandemia, que provocó pérdidas permanentes, incluidos 15 millones de vidas, ha proyectado una larga sombra sobre el desarrollo humano. Como lo señala el informe, “Los países pobres, a menudo con sistemas sanitarios y redes de seguridad social menos resistentes, han sido especialmente vulnerables a estos impactos”. Significativamente, los países desarrollados se recuperaron mucho más rápido.

Las estadísticas confirman esta “recuperación desigual tras la pandemia”: en 2023, los 38 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alcanzaron puntuaciones más altas del Índice de Desarrollo Humano que en 2019. En tanto, más de la mitad de los 35 países menos adelantados (PMA) experimentaron un deterioro.

Finalmente, el cambio climático: “La falta de avances sustanciales en la acción climática mundial agranda aún más la brecha entre las naciones ricas y las pobres”, afirma el PNUD. Particularmente en una región tan vulnerable a catastróficos fenómenos meteorológicos como lo es América Latina y el Caribe, con frecuentes inundaciones, tormentas, sequías y deslizamientos de tierra, entre otros. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en el periodo 2016-2023 se registraron 90 desastres naturales; más de 52,8 millones de personas se vieron afectadas y 5.600 perecieron.

Por qué resulta tan problemático lidiar con estas desigualdades, se pregunta el PNUD, tras lo cual identifica varios factores críticos. Por un lado, una real falta de cooperación mundial debido a las tensiones geopolíticas y la falta de una gobernanza eficaz a escala internacional. A pesar de poseer importantes riquezas y capacidades tecnológicas como para abordar retos globales sin precedentes, puntualiza el Informe, “las respuestas del mundo han sido inadecuadas, lo que dificulta cada vez más la búsqueda del desarrollo sostenible y la paz”. Esta situación repercute negativamente, en especial, sobre los países y las personas más pobres.

Por otro, la polarización en distintas esferas de la sociedad mundial, desde la política hasta la salud pública.

Finalmente, un aumento del populismo y el nacionalismo en muchas regiones del mundo, dinámicas que determinan que se prioricen intereses nacionales por encima de la cooperación y la equidad mundiales. De esta manera se socavan los esfuerzos por reducir las desigualdades entre las naciones.

Latinoamérica naufraga

El Informe muestra que seis de cada diez países en América Latina no han podido remontar el nivel de desarrollo humano registrado antes de la pandemia, lo que plantea desafíos importantes para los próximos años en esa región.

Sólo el 37% de esos países (12) mejoró sus indicadores de desarrollo con respecto a la etapa previa a la crisis del COVID, mientras que el 63% restante (21 países) aún no logra alcanzar los niveles de desarrollo humano de 2019.

Estos datos develan los contrastes y la heterogeneidad característicos de la región, la cual experimentó la mayor caída del Índice de Desarrollo Humano a nivel global durante 2020-2021. A pesar de una significativa mejoría en 2022, América Latina aún no ha podido alcanzar sus niveles prepandemia.

La acción colectiva internacional en esta región también se ve obstaculizada por lo que el estudio del PNUD denomina la “paradoja de la democracia”. Aunque una mayoría en América Latina y el Caribe valora la democracia como sistema de gobierno, de todos modos, existe una creciente insatisfacción con ella, particularmente entre las mujeres y las poblaciones más vulnerables. Súmese a ello el impacto negativo de una rápida polarización política en la región, reflejo de una similar dinámica global. Resultado: la confianza en las instituciones políticas ha disminuido significativamente casi a un 20%. Es decir, sólo 1 de cada 5 personas expresa confianza en su gobierno (https://www.undp.org/es/latin-america/comunicados-de-prensa/desarrollo-humano-en-america-latina-y-el-caribe-mejora-mas-que-en-otras-regiones-pero-no-logra-recuperar-niveles).

Compleja realidad político-social que parece coincidir, en líneas generales, con el impacto directo de la pobreza. Según el Anuario 2023 de la CEPAL, publicado a fines de febrero, 29% de la población, es decir más de 180 millones de individuos, padece pobreza. (https://www.cepal.org/es/comunicados/edicion-2023-anuario-estadistico-la-cepal-ofrece-un-conjunto-estadisticas-regionales).

El desperdicio potencializa la miseria

A pesar de las estadísticas y tendencias preocupantes en lo que respecta al desarrollo humano, ciertos mecanismos denuncian la irracionalidad del actual sistema.

Mientras un tercio de la humanidad se confronta a la inseguridad alimentaria, una quinta parte de los alimentos (el equivalente a mil millones de platos de comidas), se echa a la basura. Así lo revela un nuevo informe de la Agencia de la las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), difundido el 27 de marzo. Cada persona desperdicia, como media, 79 kilogramos de alimentos al año, lo que permitiría ofrecer 1,3 comidas diarias a cada persona que padece hambre en el mundo (https://news.un.org/es/story/2024/03/1528666).

La alta cantidad de alimentos se pierde en distintas fases de la cadena alimentaria, desde la cosecha hasta el punto de venta y consumo. El problema no se limita a las naciones ricas. La brecha más grande surge entre las poblaciones urbanas y rurales.

Infradesarrollo humano, hambre creciente, desperdicio monumental. Algo anda muy mal en el planeta traumatizado por este sistema hegemónico, tan arrogante como poco visionario.

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Cuando cae el interés en los medios tradicionales de prensa. Aumenta la indigencia mediática

Por: Sergio Ferrari

Los nuevos hábitos juveniles interpelan y desafían

Suiza se cuenta entre los países más “ricos” del mundo. Sin embargo, uno de cada dos de sus habitantes es un “indigente mediático”. Situación que se repite también, con pocas excepciones, en muchos otros países del planeta. La crisis de la prensa tradicional se expresa en el desinterés creciente por la información de contenido.

Esta es una de las principales conclusiones del último Anuario 2023 publicado por el Centro de Investigación sobre la Opinión Pública y la Sociedad de la Universidad de Zúrich (FÖG, en alemán)

La grieta entre las personas “informadas” y las demás aumenta aceleradamente. Los “indigentes” mediáticos en Suiza representan el 43% de la población. Sinónimo de pobreza, escasez o sub-información con respecto al acceso y consumo de medios tradicionales (prensa escrita, radio y TV). Por ejemplo, los adultos jóvenes de menos de 25 años sólo consumen siete minutos de noticias al día, y en sus teléfonos celulares. Según los autores de esta investigación que vio la luz el 30 de octubre, “el periodismo informativo está perdiendo su impacto social” (https://www.news.uzh.ch/en/articles/media/2023/Yearbook_foeg.html).

En su evaluación de estas conclusiones, Philippe Bach, Redactor en jefe del cotidiano helvético Le Courrier, coincide en que “los medios de comunicación llegan cada vez a menos personas” (https://lecourrier.ch/2023/10/30/medias-la-fausse-piste-de-lia/). “¿Por qué esta realidad constituye un problema?”, Bach se pregunta en un editorial reciente. “En términos democráticos”, se responde el analista, “las personas que pertenecen a esta categoría (la de los indigentes mediáticos), tienden a aislarse de los debates y a dejar de participar en las votaciones políticas, las cuales juegan un papel muy importante en la democracia directa de Suiza”.

En este país europeo se vota, casi sin excepción, cuatro veces por año, y la ciudadanía decide regularmente en las urnas los grandes temas de la política nacional, cantonal (provincial) y municipal. Según Bach, la participación electoral es del 70% entre las personas que utilizan significativamente los medios de comunicación tradicionales (periódicos, radio y televisión), pero cae al 30% entre los “indigentes” que recurren, como máximo, a noticias de diversión, de sociedad o los denominados hechos diversos.

Tendencia global dominante

La caída de la audiencia constituye uno de los tres problemas que amenazan al periodismo a nivel global. Los otros son el bajo nivel de confianza hacia los medios y el amenazado ambiente empresarial en los medios, fundamentalmente producto de la caída de ingresos por anuncios. Así lo analiza el Digital News Report 2023 del Instituto Reuters de Periodismo y la Universidad de Oxford (https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/es/digital-news-report/2023).

Este informe, publicado en junio del corriente año, reúne datos de “seis continentes y cuarenta y seis mercados”.  Para comprender el uso del concepto de mercado, que aquí reemplaza al de país, es importante recordar que Thomson Reuters, una de las transnacionales de la información más grandes del mundo, a fines de 2020 ya constituía uno de los tres monopolios editoriales más importantes. Su portafolio fundamental consiste en servicios de asesoramiento jurídico a gobiernos, bufetes de abogados y grandes empresas, y en el presente solo un pequeño porcentaje de su actividad empresarial se enfoca en una agencia de noticias clásica. Desde la perspectiva de Reuters, como de muchísimas otras corporaciones de la información, un país –cualquier país– cuenta solamente en términos de oportunidades comerciales, y esto tiene implicaciones muy serias para la dinámica periodística. En otras palabras: ya no se trata de “informar” como de “vender” noticias.

Las revelaciones más sorprendentes del Digital News Report 2023 tienen que ver con “la naturaleza cambiante de las redes sociales”, debido, en parte, por una menor participación en plataformas tradicionales, como Facebook, y el auge de TikTok y otras redes basadas en video. Por otra parte, estos cambios se hallan fuertemente influenciados por los hábitos de las generaciones jóvenes que han crecido con las mismas redes y que en la actualidad suelen prestar más atención a los influencers o a los “famosos” que, a los periodistas convencionales, aun cuando se trate estrictamente de noticias.

En el marco de la temática de la “indigencia mediática”, aunque el Digital News Report 2023 no lo conceptualiza de esta forma, reconoce que la cantidad de gente que evita regularmente (o a veces) leer noticias permanece cerca de máximos históricos: un 36% del total relevado. Y constata que este grupo se divide en dos: por una parte, quienes procuran evitar periódicamente todas las fuentes de noticias y, por el otro, quienes tratan de restringir específicamente el consumo de noticias sobre ciertos temas o en determinados momentos.

En cuanto a las fuentes noticiosas, este informe conjunto de Reuters y la Universidad de Oxford señala que solo una quinta parte (22%) de los encuestados prefiere comenzar sus recorridos informativos con un sitio web o una aplicación noticiosa, lo cual supone un descenso de 10 puntos porcentuales desde 2018. Y subraya que, en todas partes, la juventud prefiere acceder a las noticias a través de canales diferentes, como redes, motores de búsquedas o agregadores móviles.

El informe también muestra como tendencia que Facebook, a pesar de haber perdido usuarios, se sostiene como una de las redes más utilizadas, pero que su influencia sobre el periodismo disminuye a medida que aleja su foco de las noticias. Además, que se enfrenta con nuevos retos de plataformas establecidas, como YouTube, y otras dinámicas y enfocadas principalmente en la juventud, como TikTok. Esta última, una red de propiedad china, llega al 44% de las personas de 18 a 24 años en todos los mercados y representa el 20% de la fuente de información. Su crecimiento más rápido se registra en zonas de Asia-Pacífico, África y América Latina.

En cuanto a las noticias, específicamente, las audiencias de plataformas como TikTok, Instagram y Snapchat reconocen nutrirse más de influencers, “famosos” y personalidades de las redes sociales que de periodistas convencionales. Esto contrasta con el panorama en Facebook y X (Twitter), donde los medios y los reporteros mantienen todavía un lugar importante.

Críticas a la Inteligencia Artificial

Otro tema de actualidad es el de la influencia de la Inteligencia Artificial y sus diversos instrumentos sobre la actividad periodística actual. Es bien sabido que en muchas redacciones en todo el mundo las traducciones ya se generan mediante programas de IA y, cada vez más, también la elaboración de noticias cotidianas.

Según la investigación de FÖG de la Universidad de Zúrich, la población suiza se muestra reticente al empleo de inteligencia artificial (IA) en la producción de noticias, recurso cada vez más utilizado por las grandes empresas mediáticas, en gran medida debido al nuevo impulso que le dio la introducción de ChatGPT. Sólo un tercio de los encuestados está dispuesto a leer contribuciones íntegramente generadas por IA, en tanto que un 84% prefiere textos escritos por periodistas, sin intervención de IA.

Una clara mayoría de los encuestados por FÖG (61%) cree que la calidad general de las noticias se deteriorará si la IA asume una mayor parte de la redacción de contenidos. Además, teme una disminución del pluralismo de opinión y un aumento de la información falsa. Más del 80% quiere que los contenidos creados total o parcialmente con ayuda de IA sean declarados explícitamente como tales.

El Anuario de FÖG, que desde su primera edición en 2010 se ha fortalecido como referente nacional, también se interesa en la calidad de la información. Sus investigaciones periódicas analizan miles de artículos impresos, en línea, de radio y TV. Para su edición el año pasado, por ejemplo, trabajó con 20 mil artículos de 60 medios de gran presencia y respetando la diversidad lingüística de Suiza, que cuenta con 4 idiomas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche). Al evaluar la calidad de la información, los investigadores tienen en cuenta cuatro criterios: la pertinencia de la información; la diversidad de contenidos, idiomas y regiones; el profesionalismo en cuanto a las fuentes utilizadas y la transparencia en declararlas y, por último, el contexto para situar la noticia.

Dilemas informativos

La temática sobre la información –su calidad y la confianza de la gente en la misma– es tan amplia como diversa. Develar realidades nacionales (como la de Suiza) o tendencias generales (como las que se desglosan del Digital News Report 2023), son algunos de los aspectos del universo mediático que es casi ilimitado en cuanto a temáticas y desafíos. El papel de los medios públicos en este panorama adquiere, por ejemplo, una importancia clave.

El Informe de Reuters sostiene que sobre la base de lo analizado en una veintena de países-mercados de Europa occidental y Asia-Pacífico, es mayoría la gente que cree que los medios públicos son importantes. Pero constata, también, las amenazas crecientes que dichos medios soportan en el presente. Por ejemplo, en naciones de Europa Occidental, como Gran Bretaña, Austria, Alemania o Suiza.

Las preguntas de fondo, sin embargo, quedan abiertas. Una de ellas, clave y fundamental, nos lleva al tema inicial de la “indigencia mediática”: ¿realmente se puede considerar como indigentes mediáticos a aquellas personas que no se nutren de los medios de información tradicionales?

No menos relevante es el intento por entender ese alejamiento de los medios tradicionales por parte de amplios sectores juveniles, que buscan otros canales para “informarse” y nutrirse. ¿A qué se debe tal comportamiento? La respuesta se compone de un abanico muy amplio de visiones, que va desde aquellos que culpabilizan a la apatía y el creciente desinterés juvenil, a los que creen que la crisis de la información no es sino expresión de la crisis de un sistema global, de la cual las noticias de contenido no logran escaparse.

Aumenta la indigencia mediática

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Entrevista a Maurizio Coppola, de la Asamblea Internacional de los Pueblos «Reinventar la esperanza colectiva»

Por Sergio Ferrari 

Movimientos sociales de todos los continentes se dan cita en Sudáfrica

En un clima mundial particularmente enrarecido, movimientos populares de diversos continentes se autoconvocan para reflexionar opciones y definir pasos comunes. Entre el 14 y el 18 de octubre más de 500 representantes de importantes movimientos sociales de América Latina, Asia, África y Europa se dan cita en Johannesburg, Sudáfrica, para un encuentro internacional convocado por Dilemas de la Humanidad (https://dilemmasofhumanity.org/es).

Será la 3.ª Conferencia Internacional de esta iniciativa que se propone “debatir y crear consensos que lleven a una plataforma común de reflexión y acción” de los movimientos sociales a escala global. Consensos no solo sobre el diagnóstico de la situación planetaria, sino también sobre las opciones alternativas sistémicas.

Uno de los promotores del encuentro de Sudáfrica es el militante suizo-italiano Maurizio Coppola, sociólogo de formación, periodista independiente, traductor e intérprete. Desde fines de 2017, Coppola reside en Nápoles, Italia, donde participó en la fundación del movimiento Potere al Popolo (https://poterealpopolo.org/). Además, representa a su organización en la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP) y en su secretaría europea. La AIP es la red internacional de organizaciones políticas, sociales y sindicales progresistas que organiza Dilemas de la Humanidad (https://ipa-aip.org/es/). Entrevista exclusiva con Maurizio Coppola*.

P: ¿Puede explicarnos en pocas palabras en qué consiste Dilemas de la Humanidad?

MC: Es un proceso de encuentro de movimientos y organizaciones populares, partidos políticos e intelectuales para debatir sobre los retos que enfrentamos internacionalmente y elaborar propuestas concretas para superar el capitalismo. Las dos primeras conferencias, en Río de Janeiro en 2014 y en San Pablo en 2015, fueron organizadas por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil. En ese segundo encuentro de 2015 nació la Asamblea Internacional de los Pueblos. Dilemas de la Humanidad es un espacio de reflexión colectiva que busca avanzar en la elaboración analítica y teórica y en la coordinación de acciones comunes, con la visión compartida de caminar hacia alternativas socialistas.

Hijos “rebeldes” del Foro Social Mundial

P: En cierta forma parecería que este “espacio-proceso” tiene coincidencias con lo que en su momento fue el Foro Social Mundial (FSM), nacido en 2001 en Porto Alegre, Brasil. 

MC: El Foro Social Mundial tuvo una importancia fundamental en la politización de toda una generación de activistas en todo el mundo. Yo mismo soy hijo de esa oleada de protestas y movilizaciones contra la globalización neoliberal liderada por instituciones e iniciativas internacionales, como la Organización Mundial del Comercio y el Foro Económico de Davos. El FSM, como expresión del movimiento altermundialista, cumplió su papel en los primeros años de su existencia.

Sin embargo, su incapacidad para plantear la ruptura revolucionaria con el sistema hegemónico y el papel predominante que asumieron las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en el mismo Foro, le hicieron perder trascendencia. En los Foros se podía encontrar análisis interesantes sobre el estado de la globalización y las campañas contra las consecuencias nefastas del sistema dominante, pero carecían de una orientación efectiva sobre un proyecto alternativo y no se entró, realmente, en la temática de la disputa del poder. Resumiendo: no basta con ser un grupo de presión de los pueblos oprimidos para cambiar el mundo. Necesitamos organizarnos con objetivos que nos ubiquen en posición de decidir cómo debe girar el mundo, con otra visión alternativa. En este sentido, Dilemas de la Humanidad nació, precisamente, aprendiendo de estas contradicciones y *fracasos organizativos*.

Tras la segunda conferencia, en 2015 en San Pablo, se conformaron los tres pilares fundamentales de la Asamblea Internacional de los Pueblos: el Centro de Investigación Tricontinental, con sus sedes en Brasil, Argentina, India y el continente africano; una coordinación de proyectos mediáticos que interpretan el mundo desde el punto de vista de los movimientos y las luchas populares y la coordinación de las escuelas de formación política en diversos continentes a partir, precisamente, de la experiencia pionera de la Escuela Nacional Florestan Fernandes del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra en Brasil. Estas son las herramientas comunes de nuestra articulación internacional.

Hablar el lenguaje de la gente

P: ¿Cuál es el principal desafío de esta conferencia que se realiza en Sudáfrica en una coyuntura internacional tan compleja, enmarcada por la grave crisis climática, las guerras y el aumento del hambre en el mundo?* 

MC: Todos estos dilemas figuran en el centro y en la agenda misma de la conferencia de Sudáfrica. Intentamos que la reflexión no quede en el mero análisis de las contradicciones y las crisis en las que nos encontramos globalmente. Quedan pendientes dos cuestiones fundamentales. La primera, la organización de la clase obrera. La transformación constante de nuestra sociedad nos obliga a elaborar permanentemente nuevas formas de organización, convencidos como estamos de que sin una clase y un pueblo organizados no podemos avanzar.

Hoy, por ejemplo, la cuestión que vincula la explotación laboral con la imposibilidad de acceder a la vivienda se ha vuelto central. Cada vez más personas trabajan en el sector informal y son pobres (los llamados trabajadores pobres), lo que limita drásticamente el acceso a una vivienda digna. Por ello, la participación de los movimientos que se organizan en torno a la cuestión de la vivienda es crucial: pienso en Abahlali baseMjondolo, el movimiento sudafricano de personas que viven en asentamientos informales y que luchan por la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de los pobres; el movimiento brasileño de Trabajadores sin Techo, fundado en 1997, y que hoy organiza a más de 55.000 familias en luchas urbanas en 14 Estados del país; o la Unión de Vecinos, el movimiento de inquilinos de Los Ángeles, en Estados Unidos, donde resulta prácticamente imposible para un trabajador o una trabajadora que gana el salario mínimo encontrar una vivienda asequible.

Este encuentro internacional de experiencias de luchas por la vivienda no sólo tiene un significado simbólico; también representa la convicción de que las dinámicas que excluyen a las personas de los derechos sociales básicos son las mismas en todo el mundo y que, por lo tanto, el aprendizaje mutuo se convierte en un elemento central para el avance organizativo y político.

La misma convergencia de análisis y movimientos de lucha se dará en otros temas, como el derecho a la salud pública, la soberanía alimentaria, la libre circulación de los migrantes, los derechos de las mujeres, la planificación ecológica, etc.

La segunda cuestión es la construcción de la utopía socialista. Cada país debe construir su propio camino para acumular fuerzas para la transformación social, la superación del actual sistema hegemónico y la construcción del socialismo. La presencia en Sudáfrica de representantes de las experiencias cubana y venezolana es obviamente importante.

P: Según su percepción, ¿qué debería aportar en concreto el encuentro de Sudáfrica?   

MC: En Johannesburgo se reunirán 250 delegados y delegadas de todo el mundo y otros 250 representantes de movimientos, sindicatos y organizaciones de Sudáfrica. El hecho de que se celebre en el continente africano es un logro en sí mismo, porque valoriza a un continente que, en los debates políticos, incluso los de «izquierda», suele quedar al margen a pesar de su importante historia de luchas de liberación nacional durante el siglo XX. Y son precisamente los recientes golpes de Estado que han tenido lugar en varios países de África Occidental (Burkina Faso, Malí, Guinea, Níger, Gabón, sin olvidar Sudán) los que demuestran que la llama anticolonial no se ha apagado en absoluto y que la voluntad de liberación de los pueblos africanos continúa siendo grande. Aunque el camino que seguirán estos países sigue abierto porque la salida de las potencias colonizadoras (en primer lugar, Francia) no significa, automáticamente, un desarrollo en la dirección del socialismo.

Hasta ahora sólo he hablado de aquellas regiones del mundo donde los movimientos populares son históricamente fuertes y han crecido en los últimos años, pero no he hablado de “mi” continente, Europa. La articulación política de la Asamblea Internacional de los Pueblos en Europa tiene más dificultades para arraigarse entre los movimientos sociales europeos y las organizaciones políticas y es, en este sentido, también más joven.

Queremos lograr en Johannesburgo un acuerdo que incluya un mayor esfuerzo de coordinación de campañas políticas y sociales concretas a escala continental. La presencia de varias organizaciones políticas de Italia, Bélgica, Irlanda, Hungría y Alemania es un buen punto de partida. Los retos que enfrentarán los movimientos progresistas europeos en los próximos meses son inmensos: la reintroducción del Pacto de Estabilidad, que conllevará recortes masivos del gasto público; el ascenso y fortalecimiento de las fuerzas ultraconservadoras y la militarización de nuestro continente exigen una respuesta coordinada, también de cara a las elecciones europeas de mediados de 2024. Si volvemos de Sudáfrica con un plan mínimo consensuado entre las diferentes fuerzas políticas del continente, estaremos en buen camino.

No hay una receta única para encontrar alternativas

P: Un convocante clave para asegurar este encuentro en Sudáfrica es la Asamblea Internacional de los Pueblos, estructura que, sin embargo, no es muy conocida, incluso en los propios sectores progresistas…

MC: La construcción de una articulación política a escala internacional en el siglo XXI dista mucho de tener una receta única. La Asamblea Internacional de los Pueblos se ve a sí misma en continuidad con la tradición de las internacionales que surgieron con el auge del movimiento obrero socialista y comunista mundial, pero también es consciente de que los errores del pasado no pueden repetirse. Debemos entender hoy cómo se puede articular objetivos comunes teniendo en cuenta las condiciones y las tradiciones de los distintos países y regiones.

Por lo tanto, si hoy encontramos unidad y acuerdo en situar el antiimperialismo, el anticapitalismo y la solidaridad internacional en el centro de la acción de esta Asamblea, las formas y los medios concretos de las campañas que siguen no pueden ser idénticos en todas las regiones.
La guerra de Ucrania es un buen ejemplo: hasta el día de la invasión rusa de Ucrania, la existencia de la OTAN no tenía ninguna legitimidad. En 2019, incluso el presidente francés Emanuel Macron había calificado a la OTAN como «obsoleta». Pero el estallido de la guerra ha cambiado, desgraciadamente, el ‘sentido común’, y construir campañas contra la OTAN y contra la guerra requiere hoy una articulación más sofisticada, vinculada con las preocupaciones inmediatas de las clases populares (trabajo, costo de vida, inflación, etc.). La situación en el continente africano, donde las potencias de la OTAN son uno de los principales factores que impiden la soberanía nacional, y en América Latina, donde la Doctrina Monroe lleva 200 años intentando bloquear todo avance social, económico y político, son obviamente muy diferentes.

El mayor reto es, por lo tanto, construir la unidad internacional reconociendo la diversidad nacional y regional.

Reinventar la esperanza

P: Una reflexión final: en muchos lugares del planeta se consolidan opciones reaccionarias y negacionistas que llegan, incluso, al gobierno, como Giorgia Meloni en Italia; o bien, que tienen posibilidades de disputar cuotas importantes de poder, como Javier Milei en Argentina. ¿Cómo lo explica? ¿En qué están fallando las fuerzas populares para que estos procesos recesivos puedan tomar tanto protagonismo? 

MC: Es la cuestión crucial de nuestro tiempo, y cualquier respuesta, por supuesto, será parcial. Pienso que nos encontramos en medio de una crisis sistémica mundial, de civilización, que integra diferentes facetas: la económica y la financiera, pero también la social, la política y, sobre todo, la cultural. La respuesta neoliberal a esta realidad es ahora insuficiente, y nuestras propuestas, las del sector progresista, siguen siendo marginales.
En este vacío creado en los últimos 15 años se insertan fuerzas ultraconservadoras, reaccionarias y, en parte, neofascistas, con agendas políticas que “atentan contra la vida misma de los pueblos”, como suele decir el presidente colombiano Gustavo Petro. Esto sucede tanto a nivel de los Estados-Nación –siendo la carrera armamentista la expresión más evidente de esta concepción política– como a nivel de los propios pueblos, con el debilitamiento de los lazos de solidaridad y el repliegue individual a la vida privada.

Por eso nuestras iniciativas políticas y sociales deben ser, al mismo tiempo, culturales. En nuestras prácticas cotidianas tenemos que volver a los lugares de vida y de trabajo, construir estructuras autoorganizadas para intentar responder a las necesidades cotidianas de la gente. Nuestras Casas del Pueblo en Italia, por ejemplo, tienen exactamente este propósito: promotores sociales para asegurar la vivienda y el trabajo; clínicas populares; actividades deportivas, recreativa y culturales; distribución de alimentos para familias pobres, etc., son hoy algunas de nuestras herramientas para volver a conectar con la gente en el terreno. La lucha material por la mejora de las condiciones de vida debe ir acompañada de una batalla de ideas en la que nos centremos en la importancia de las nuevas relaciones y estructuras sociales, promoviendo también nuevas relaciones humanas y un mensaje propositivo de esperanza.

*Entrevista realizada justo antes que estallara la nueva crisis en Medio Oriente

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Pueblos indígenas defienden la selva amazónica y sus alimentos tradicionales

Por Sergio Ferrari

La Cumbre Amazónica, resultados mitigados

Alimentación abundante o hambre multiplicada. Preservar la Madre Tierra o destruir la biodiversidad. Disyuntivas cada vez más cotidianas con efectos directos para una gran parte de la población mundial. Los pueblos indígenas toman la palabra y exigen protagonismo.

El pasado 9 de agosto, para celebrar el Día Internacional de los Pueblos Indígenas 2023, la Red de Pueblos Indígenas “Slow Food”, la cual reúne a 370 comunidades en 86 países, lanzó una Campaña Mundial con el eslogan “Descoloniza tu comida”. Dicha iniciativa anima a las comunidades indígenas a reforzar la lucha para preservar su patrimonio alimentario contra los avances de la “comida rápida”, o “fast food” (https://www.slowfood.com/es/).

Alimentos industrializados vs. biodiversidad

Según los promotores de la Campaña, desde tiempos ancestrales los pueblos autóctonos han defendido y promovido una exhaustiva variedad de especies vegetales y animales y bregado arduamente para asegurar la sobrevivencia de sus conocimientos tradicionales, sus lenguas y sus alimentos, todos ellos seriamente amenazados de extinción por procesos sociales y ambientales destructivos.

La Red de Pueblos Indígenas destaca también que sus territorios, donde vive el 6% de la población mundial, concentra el 80% de la biodiversidad del planeta. Y que sus comunidades son depositarias de conocimientos y alimentos tradicionales. Sin embargo, el acaparamiento de tierras, las prácticas agrícolas insostenibles, las violaciones de los derechos de los pueblos indígenas y el cambio climático amenazan dramáticamente esa herencia.

Otra amenaza trascendente, que a veces no se manifiesta de forma tan obvia, es la colonización creciente de los alimentos locales o nativos por parte de la industria alimenticia. Por una parte, esta industria y sus corporaciones procuran apropiarse de los conocimientos y productos indígenas sin el consentimiento de dichas comunidades. Además, sin reconocerlo ni redistribuir los beneficios con las mismas. Por otra parte, los comestibles industriales y globalizados desplazan gradualmente a los generados por las comunidades locales y tradicionales.

La Red de Pueblos Indígenas denuncia que los medios de comunicación y, en muchos casos, también las políticas públicas, fomentan la producción y el consumo de los productos alimenticios industriales. Como consecuencia, se agrava la inseguridad alimentaria de las comunidades indígenas debido a la homogeneización de su dieta básica y la desaparición de tradiciones y aun sabores culinarios, economías locales e identidades alimentarias.

Las Naciones Unidas advierten que ya en 2020 unos 130 millones de personas en América Latina y el Caribe no lograban contar con una dieta cotidiana saludable. Un informe de varias agencias de la ONU devela el escándalo nutricional que golpea el continente: “En la región, la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave, de sobrepeso en niños y niñas menores de cinco años, y de obesidad en adultos, es superior a los promedios mundiales. Además, la región tiene la dieta saludable más costosa en comparación con otras regiones del mundo” (https://www.fao.org/3/cc3859es/cc3859es.pdf).

La antítesis de las recetas autóctonas la constituye la comida “chatarra”, o “de rápido acceso” (de allí su nombre en inglés, fast food), con altos niveles de grasas, azúcar, condimentos y aditivos. De acuerdo con datos de la consultora Grand View Research, el mercado mundial de comida rápida generó 529.500 millones de dólares en 2020. Las estadísticas anticipan para ese sector una tasa compuesta de crecimiento anual (CAGR) de 4,6% entre 2021 y 2028 (https://thefoodtech.com/nutricion-y-salud/dia-de-la-comida-chatarra-un-tema-de-salud-que-atane-a-todos/).

El movimiento indígena recuerda el valor de lo propio, de su sabiduría popular: los alimentos autóctonos y tradicionales pueden desempeñar un papel importante en la lucha contra el hambre y la malnutrición. Las dietas a base de ingredientes naturales contribuyen a un estilo de vida saludable y preservan los ecosistemas locales y los recursos medioambientales. Y concluye que “dicho modelo se encuentra en fuerte competencia con los alimentos procesados de la industria agroalimentaria y el creciente uso de Organismos Genéticamente Modificados (OGM)”. La “inundación” del mercado con estos productos provoca un cambio considerable en los hábitos alimentarios, cuyos efectos nocivos para la salud se expresa cotidianamente. Sólo en 2022, la superficie mundial de cultivos transgénicos aumentó un 3,3%, alcanzando los 202 millones de hectáreas, la superficie más alta jamás sembrada hasta ahora. Este incremento se dio, especialmente, en Brasil, Australia, India, Paraguay y Sudáfrica.

De los 29 países que siembran cultivos transgénicos en el mundo, 10 se encuentran en Latinoamérica, región donde se concentra casi la mitad del área cultivada. De los 10 principales países de este sector, 4 son latinoamericanos, con Brasil y Argentina a la cabeza (https://www.argenbio.org/actualidad/67-temas-de-interes/12691-biotec-latam-un-gran-logro-de-2022).

Alimentos e identidad

Comentando sobre la importancia de la Campaña Descoloniza tu comida, Dalí Nolasco Cruz, dirigente indígena mexicana, y miembro del directorio de Slow Food, sostiene que “Nuestra alimentación nos conecta con nuestras comunidades, con la Madre Tierra y con nuestros antepasados. Es nuestra cultura, nuestro conocimiento, nuestra vida, es decir, nuestra propia identidad».

Para esta joven activista social oriunda del Pueblo Nahua de Tlaola, en Puebla, dirigente de la organización local Timo’Patla Intercultural A.C. y miembro de la mesa coordinadora de la Red Mopampa de empresas de economía social y solidaria de mujeres indígenas, «es esencial garantizar que los alimentos de los pueblos indígenas sigan siendo respetados, protegidos y celebrados como parte integrante de la cultura culinaria mundial» (https://www.gob.mx/bienestar/es/articulos/mopampa-proyecto-de-mujeres-para-mujeres). En México, la Red de Pueblos Indígenas está desempeñando un papel muy activo en esta campaña al promover que las comunidades indígenas identifiquen y presenten los alimentos locales que desean descolonizar. Desde años participa en las diversas iniciativas y campañas que demandan un país sin transgénicos (https://www.comidalenta.org/ogm/).

Nolasco Cruz insiste fervientemente en la necesidad imperiosa de promover la «agricultura local para defender la biodiversidad, el territorio y la identidad de las comunidades nativas”, en particular en América Latina, “donde la situación sigue siendo crítica”. Ya en 2022, en declaraciones de prensa, afirmaba que en las comunidades indígenas esta labor es aún más importante pues la represión que han sufrido durante muchísimo tiempo ha causado que se olviden de sus tradiciones. «Muchas mujeres indígenas mexicanas están haciendo recetarios para descolonizar la dieta, reeducar los paladares y reconectar con los sabores de los pueblos indígenas y los ancestros».

Participación indígena para preservar la Amazonia

El 8 y el 9 de agosto, y en paralelo – aunque sin ninguna relación orgánica– con la Campaña Descoloniza tu Comida promovida por la Red de Pueblos Indígenas (muchos de los cuales viven en naciones de la cuenca amazónica), se realizó en la ciudad de Belém de Pará, en el norte brasileño, la Cumbre de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). En dicha Cumbre, convocada por Brasil, también participaron dirigentes de primer nivel de Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Guyana, Surinam y Venezuela –las otras siete naciones que integran esa región geográfica, verdadero pulmón ecológico y principal reserva de la biodiversidad del planeta.

El documento final, con un centenar de puntos, incluye una agenda para confrontar la deforestación y establece medidas de cooperación entre naciones para la protección del Bioma Amazónico. Un aspecto clave del documento final consiste en recordarle a las naciones poderosas del mundo que deben cumplir sus compromisos financieros destinados al cuidado y la protección de la Amazonia, tal como lo establecen los acuerdos climáticos de la ONU. Se trata de una cifra cercana a los 100.000 millones de dólares anuales. A pesar de esos pasos positivos, portavoces de las comunidades indígenas expresaron su escepticismo sobre los resultados globales de la Cumbre. Temas esenciales como la meta de deforestación cero hasta 2030 o el control de la expansión petrolera y de gas en la Amazonia no encontraron respuestas efectivas.

Importantes organizaciones indígenas, fundamentalmente de Brasil, reunidas en Brasilia muy poco antes (28 a 30 de junio), fueron categóricas en cuanto a la exigencia de una participación activa de los pueblos indígenas en la Cumbre Amazónica. En esa ocasión se acordó convocar una suerte de pre-Cumbre (sociedad civil y representantes de los gobiernos) en la misma Pará de Belém. Sin embargo, la participación real de los pueblos indígenas en el cónclave de la OTCA así como en la dinámica de toma de decisiones, sigue siendo un punto de fricción debido a desavenencias entre la sociedad civil y los Estados.

A fines de junio, las organizaciones indígenas reunidas en Brasilia advirtieron que, si bien los pueblos indígenas de la cuenca amazónica “son verdaderos y profundos expertos y protectores de los bosques, aún no cuentan con las condiciones necesarias e indispensables aseguradas para participar efectivamente en los procesos de diálogo, proposición y construcción de la mencionada Cumbre”. Además, que abordar la agenda de la Amazonía sin la participación efectiva de sus propios Pueblos Indígenas demuestra la falta de reconocimiento de sus vidas y de los roles que juegan a favor del mantenimiento y defensa de los bosques. “Una vez más”, señalaron en dicha ocasión, “nos enfrentamos a debates y construcción de propuestas sobre nuestros territorios sin la garantía de nuestra participación, lo que revela la práctica colonialista recurrente que busca silenciar nuestros protagonismos, al tiempo que suplanta nuestras voces y autonomía en los espacios de toma de decisiones” (https://www.brasildefato.com.br/2023/07/05/pueblos-indigenas-piden-mas-espacio-para-participar-en-la-cumbre-de-la-amazonia).

Con la mira en la preservación de la biodiversidad amazónica y poniendo el acento en la necesidad de la valoración de los alimentos autóctonos, los primeros días de agosto el movimiento indígena pasó a la ofensiva. Y alzó su voz fuerte y decidida, aunque no siempre escuchada, reconocida y valorada por los Estados y el poder económico. Un paso más de denuncia de la colonización 531 años después de un tal Cristóbal Colón.

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