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En la mira de la reacción

Por: Pedro Miguel

Esta vez la adversidad no ha abierto oportunidades de negocio a los especuladores, embaucadores y logreros de siempre: el sector salud se atiene a lineamientos científicos y a una estrategia planificada y no cede a las presiones para adquirir cualquier producto o servicio dudoso ni para otorgar contratos fraudulentos al amparo de la emergencia. Eso es un motivo adicional de enojo para la mafia desplazada del poder, pero no el central. La reacción mediática, política y empresarial espera que en México la epidemia de Covid-19 sea lo más desastrosa posible. Razona así: a más cantidad de muertos, a mayor desbordamiento del sistema hospitalario, a más cuantiosos daños a la economía, mayor será el descontento en contra del gobierno de la Cuarta Transformación y mayores, por tanto, las posibilidades de la corrupción derrotada de volver a hacerse con el poder presidencial y, a corto plazo, de propinar en 2021 una derrota electoral a los partidarios del Presidente.

Opinadores de credibilidad en extinción, líderes empresariales, ex funcionarios del régimen anterior, gobernadores y alcaldes opositores y antiguos operadores de la corrupción hospitalaria, médica y farmacéutica, comparecen a toda hora en medios convencionales y en redes sociales con la pretensión de dirigir las acciones del gobierno federal en lo sanitario y en lo económico y con exigencias que van de lo improcedente a lo sórdido, como la dirigida al subsecretario Hugo López-Gatell para que dé a conocer una estimación oficial del número de defunciones que provocará la epidemia. El grupo de especialistas, al que el presidente Andrés Manuel López Obrador confió el manejo de la crisis, no toma una sola decisión que no sea impugnada de inmediato por abogados o politólogos, ni hay razón que le sea concedida por eminencias súbitas que hasta hace dos semanas eran periodistas o diputados.

Y de todo echan mano en el acoso a los expertos gubernamentales: desde descubrirles errores inexistentes, hasta dar por hecho que son mentirosos; desde asegurar o insinuar que han estado haciendo pasar muertes por Covid-19 como resultado de neumonías atípicas, hasta fabricar una supuesta contraposición entre ellos y el Presidente; desde afirmar que no están al tanto, hasta frivolizarlos o inventarles proyecciones políticas a todas luces fantasiosas.

Desde que se tuvo noticia del brote epidémico en Wuhan, la 4T inició sus preparativos para hacerle frente y diseñó una estrategia que no era la de negar la situación sanitaria, como lo hizo Trump, pero tampoco la de aplicar medidas coercitivas tempranas o tardías, como otros gobiernos; se decidió un plan de acción gradual, cuyo desarrollo iba a depender del de la propia epidemia, en el que la comunicación y la información a la sociedad ha desempeñado un papel central: se requiere que los mismos que diseñaron y que están a cargo de la ejecución de la estrategia hablen a la sociedad con autoridad y conocimiento.

Y como resulta inocultablemente superfluo y bobo criticar a AMLO por delegar el manejo epidémico en el grupo de crisis, o al secretario Jorge Alcocer por mantener un bajo perfil declarativo, la línea de ataque de la reacción ha tenido el propósito claro de destruir la credibilidad del equipo de especialistas y la de su vocero principal, el subsecretario López-Gatell, para dejar al gobierno sin el principal instrumento de acción ante la expansión viral; de esa forma calculan agravar los efectos de la pandemia en la salud, la economía y el tejido social, de tal manera que pueda responsabilizarse al titular del Ejecutivo federal de un desastre mayúsculo y romper el respaldo que mantiene, 15 meses después de haber iniciado el gobierno, de la mayoría de la población.

No lo conseguirán. El equipo de crisis que encabeza el secretario Alcocer está compuesto por científicos, académicos y funcionarios de primer nivel. José Luis Alomía Zegarra, Víctor Hugo Borja Aburto, Ricardo Cortés Alcalá, Ana Lucía de la Garza, Freddy Rafael Domínguez Sosa, Guadalupe Espitia Hernández, Víctor Gómez Bocanegra, Mauricio Hernández Ávila, Oliva López Arellano, Ruy López Ridaura, Luis Felipe Madrigal Mendoza, Gustavo Reyes Terán, Lorena Rodríguez Bores y Alethse De la Torre Rosas son hombres y mujeres, civiles y militares, comprometidos con el país, muy bien preparados para hacer frente a la epidemia y aptos para coordinar el trabajo del sector salud, en el cual abundan los buenos cuadros.

De López-Gatell, que coordina los trabajos y que funge como vocero principal del grupo, debe decirse que, además de científico destacadísimo, académico reconocido y funcionario con amplia experiencia, es un ser humano sensible y progresista que en sus tiempos de estudiante participó en el movimiento del CEU de 1986-1987 y en el Congreso Universitario de 1990. Y a contrapelo de lo que desearían los insidiosos y calumniadores, su lealtad al Presidente y su rigor como hombre de ciencia están en plena armonía.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/04/03/opinion/019a2pol

Imagen: https://www.shutterstock.com/image-photo/concept-national-healthcare-system-mexico-216365389?irgwc=1&utm_medium=Affiliate&utm_campaign=Pixabay+GmbH&utm_source=44814&utm_term=https%3A%2F%2Fpixabay.com%2Fimages%2Fsearch%2Fsalud%2520m%25c3%25a9xico%2F

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Capitales sin patria

Por: La Jornada

De acuerdo con información revelada por la Reserva Federal (Fed, banco central) de Estados Unidos, ningún país latinoamericano supera a México en la cantidad de dinero transferido por sus ciudadanos y empresas al sistema bancario estadunidense: a enero de este año, el monto de los recursos remitidos por mexicanos a cuentas bancarias de la nación vecina sumó 76 mil 166 millones de dólares, 31 por ciento de los 246 mil millones depositados por el conjunto de Latinoamérica. En el podio de la expatriación de divisas le siguen Brasil, con 29 mil 239 millones; Chile, 29 mil 41 millones; Argentina, 22 mil 277 millones; Panamá, 17 mil 199 millones, y Perú, 17 mil 136 millones de dólares.

A fin de dimensionar el significado del monto llevado a Estados Unidos por consorcios y por millonarios personales mexicanos, cabe señalar que duplica el ingreso de divisas por remesas a lo largo de 2019, y multiplica por 3.3 la inversión extranjera directa captada por el país en el mismo año. Además, debe destacarse que sólo en el mes transcurrido entre diciembre de 2019 y enero de este año los recursos enviados al norte de la frontera ascendieron a 4 mil 286 millones de dólares.

La cuantía de esos recursos y la velocidad con que se incrementan deja al descubierto que el compromiso de los dueños del dinero con el desarrollo nacional, expresado a título personal o por medio de sus organismos cupulares a lo largo del pasado año, es para muchos de ellos una mera estrategia propagandística para presentarse ante la opinión pública como aliados de la sociedad en el cumplimiento de los grandes pendientes nacionales, mientras en los hechos practican una brutal descapitalización del país que lastra los esfuerzos de mejora para las mayorías.

Pese a lo que alegan algunos de los mayores críticos empresariales, esta fuga de capitales no necesariamente responde a una supuesta falta de condiciones para invertir en el país, sino que parece un ataque deliberado a la economía nacional, destinado a obligar a las autoridades a recular en su empeño por poner fin a la corrupción y los negocios privados a expensas de las arcas públicas. Así lo demuestra que, mientras la inversión realizada por el sector privado local se contrajo a lo largo de 2019, ese mismo año la inversión extranjera aumentó en 4.2 por ciento.

La cantidad de dinero llevada a Estados Unidos contrasta con los llamados de algunos empresarios y de sus personeros para que el gobierno federal les realice transferencias de recursos públicos, ya sea de manera directa o por la vía de condonaciones, exenciones o créditos fiscales, como única manera de evitar una quiebra masiva en el contexto de la pandemia del Covid-19. Como se ve, hay en el ámbito corporativo nacional una liquidez más que sobrada para afrontar la crisis y, si su compromiso con México fuera real, más que exigir el uso de recursos públicos para procurarse un alivio que no necesitan, deberían echar mano de sus capitales para impulsar la reactivación económica, que será la primera urgencia nacional tras la emergencia sanitaria.

De no darse una reorientación en el uso y destino de la riqueza acumulada por un diminuto sector de mexicanos quedará clara de nueva cuenta la veracidad de uno de los axiomas fundamentales del sistema económico vigente: el capital no tiene patria.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/04/03/opinion/002a1edi
Imagen: https://pixabay.com/photos/conclusion-of-the-contract-handshake-3100563/
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El virus viejo

Por: Manuel Gil Antón

Vivimos tiempos extraños: el signo más contundente de la solidaridad es juntarnos. Así pasa ante la muerte, la alegría, la coincidencia en unos colores de camiseta que juegan contra otros lo que sea; no hay metro y medio que valga para jugar dominó y  escuchar el sonar de las fichas, ni se puede ver, hoy, una cascarita en la calle o en un baldío. Lo nuestro es, en el arrime, mirar el fuego, comer en bola, o con alguien, o a solas pero viendo a otras mesas donde, anexos, se habla o se mira el celular. Nos juntamos para exigir, reclamar, algo que nos parezca justo y sentir que si la calle está llena, y “no somos uno, no somos cien, prensa vendida cuéntanos bien”, tenemos fuerza, las cosas cambiarán y para bien: seguro, ¿no ves que somos un buti? (gente joven, esa palabra se usaba para decir que éramos un buen: hartos).

Aprendemos, o tratamos de lograrlo, en conjuntos: salón, escuela, prepa, universidad. Viajamos cerquita aunque vayamos lejos, en el ADO, el Flecha Amarilla o un avión, y nos afana llegar al trabajo para estar con otros y ser nosotras. En los entierros hacemos grupo: a los que les duele que alguien se vaya y perdamos, para siempre, su mirada. Un mercado vacío no es concebible, pues coincidimos en la compra de verduras, chelas, queso de bola, flores o quesadillas. Nos empujamos en el metro o el micro, en el RTP y en el chimeco.

Si tenemos algún dios, hay que pedirle, reclamarle o darle las gracias en grupo, un día por ley o varios, eso depende. Cuando nos hallamos con alguien que no vemos hace tiempo, añísimos, el abrazo es como el hambre: urge, y decirle, de cerca, que no ha cambiado nada, que está igual, que los años no nos pasan: se nos quedan, y reímos cuando sale el ineludible: “te acuerdas…”: es un recuerdo compartido de lo que se vivió al mismo tiempo y nos marcó.

Se peregrina para ir a La Villa, y el día de San Juditas se tiene que cerrar Reforma porque no cabemos de tanto y tanto costal a la espalda con causas difíciles y desesperadas. La sinagoga, la mezquita o el grupo de gente agnóstica, andan buscando arrimo, para no estar a solas frente a esto, “el olvidado asombro de estar vivos”, como decía Paz, que un día, o una noche infausta, se nos termine si no queremos irnos ya por el dolor o la pesadumbre. Si todavía hay recuerdos, cuerpos, sonrisas o libros de los que asirse.

En realidad, lo nuestro, así, lo nuestro, es buscar andar para uncir la vida con otra, nuestra tristeza con otras, nuestro querer con quien nos quiera querer. Ir a otra casa, o dejar entrar a la nuestra a un grupo, una pareja, a un montón más quien se cuele y que se sienten en las sillas para comer, a veces, un guiso que no hicimos pero igual nos junta, y bailar a contiguos brincos o saborear las pegaditas.

Buena parte de la escuela sirve, si sirve, para saber vivir y respetar a semejantes en mucho, y diferentes en más: comen de otro modo, le rezan a un dios ajeno, o viven la ajenidad de lo divino sin dejar de andar en las proximidades de la vida frágil.

Ahora, la solidaridad es separarse para que un bicho no prospere en su afán de lastimarnos. Ese virus exige linderos, sí, mas solo a quienes pueden vivir sin cobrar el día, sin la venta de elotes a cada vez menos, lamentando que haya pocas manos pagando una necesaria torta de tamal o chilaquiles. Hay que aislarse pero si hasta en los peseros hay rutas, la desigualdad social, el virus viejo que como el de ahora parece invisible, permite ejercer la solidaridad del aislamiento a un sector pequeño de la sociedad, mientras a la mayoría no le falta sentido solidario, no, lo que no acabalan es con qué quedarse en casa sin salir por el dinero. Y tampoco a los que, si nos toca, nos cuidarán exhaustos. Así.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/el-virus-viejo/

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Retos de la educación frente al virus y al internet

Por: Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

La pandemia está abriendo aristas de análisis que se mantenían, por la costumbre y la pereza mental, algo ocultas al pensador común y el crítico. Muchos ya se alarman por el enorme poder que van adquiriendo estos canales para entrar en el proceso de subjetivación del hombre pos-neoliberal, si es que se me acepta el término.

Coincido en que es preocupante que empresas privadas se afilen los dientes para hacerse de un mercado especial para el momento: cultiva tu cultura sin exponerte al virus; títulos a domicilio. Es claro que esto será fundamental para épocas de pandemias, de guerras, de toques de queda; pues pase lo que pase las calificaciones y entrega de títulos no se detendrán y la ganancia en hegemonía y en dinero estará garantizada.

En lo personal creo que estamos asistiendo a reacciones atrasadas de un proceso de dominación que se expande ya por varias décadas; esto es solo la punta del iceberg. El control de la mente humana por el sistema imperialista de dominación y por la cultura que se encarga de socializar, ha sido denunciado desde la primera mitad del pasado siglo. Los textos nacidos de la escuela de Frankfurt son un buen ejemplo de ello. Sin embargo, este no es el problema más serio, hay una pregunta que por mucho que se haga se queda sin propuesta concreta ¿Qué hicieron los sistemas escolares frente a estas contundentes críticas que se hacían a la televisión? ¿Es que acaso se prepararon las escuelas para desarticular la mediación que, cada vez con más fuerza, ejercían las televisoras sobre la manera de ver y comprender la realidad histórica por el gran público? La respuesta puede parecer dura, pero es un no rotundo, no se prepararon y hoy estamos recogiendo los frutos.

En el plano más concreto la escuela no propuso a través de sus sistemas curriculares criterios estéticos para que los alumnos descubriesen las manipulaciones y mediocridades de los productos audiovisuales que consumían. La escuela estaba en su mundo y la televisión ganándose los espacios de preferencia para el tiempo libre de los alumnos. Hoy, luego de muchos años de entretenimiento ya no se trata de que a la población les guste leer o pensar; es que, como norma,  lo que les gusta, disfrutan y llena su tiempo no es otra cosa que la farándula. La familia que hoy en día tenga un hijo que busque la lectura espontáneamente puede darse con una piedra en el pecho porque se reconoce que esto ya no es más lo común.

Y regreso a mi tema. Lo peligroso no es tanto que consuman el producto audiovisual, sino que carecen de los mínimos criterios para hacerse una idea objetiva de lo que consumen. A tal punto que pueden salir de una película como Batman exclamando: ¡viste que buena estuvo la película!

Este no es tema de discusión común entre los educadores ni siquiera en estos momentos: en algunos casos disputamos el derecho a que en la escuela exista conectividad, buenas computadoras y salas de cómputo. Exigen que los alumnos tengan acceso a estas novedosas tecnologías. Pero lo que no se discute es qué haremos pedagógicamente para que estas herramientas no continúen siendo armas de la alienación masiva. En su tiempo no lo discutimos con la televisión y, ahora, no lo estamos haciendo con el internet.

Tanto la televisión como las novedosas tecnologías se convirtieron inmediatamente en conductos para la venta de una vida ilusionada, alimentada en la lógica de un sistema profundamente alienador. Podemos decir que en este momento histórico en que vivimos acosados por una pandemia, fundamentalmente virtual, no somos capaces de ver la enorme posibilidad que se nos abre porque vemos las cosas como ellos desean que lo hagamos. No puede negarse que ya se capitalizó la información por el sistema y nos la sirven a goteros y con el sabor, color y olor que ellos deciden.

El capitalismo aprende rápido y ya está sacándole ganancia a la situación en la que vivimos. Las ventas de Walmart se dispararon con la pandemia. Ya no discutiremos más la mediocre reforma educativa de Peña que no termina de morir, ahora debemos estar alineados en los temas que nos dictan. El capital marcha delante de la izquierda, subsumiendo la crisis y regurgitando sus propias soluciones.

¿Por qué los sistemas educativos nunca discutieron los fundamentos éticos de la televisión y su impacto en la transformación curricular? ¿Por qué, si reconocimos que la televisión es nefasta, no nos dimos a la tarea de incluir en los currículos materias que se ocuparan de contrarrestar su efecto? La respuesta es clara: porque el capitalismo no lo permitía. Mejor nos entretenía con teorías del aprendizaje significativo y por descubrimiento que, como se sabe, ningún daño le proporcionaba a su hegemonía cultural.

Solo los que estudiaban filosofía o historia del arte, entre otras carreras, llegaban a tener criterios objetivos de crítica hacia los productos audiovisuales, que la mayoría alejada de la crítica consumía. ¿Por qué no tuvimos en la secundaria y el bachillerato una materia que se denominase: “Análisis crítico del producto audiovisual”?

Hago estas interrogantes porque hoy, que estamos viendo el enorme poder de manipulación de las redes, tampoco estamos haciéndonos estas preguntas.  En las escuelas se trabajan ciertos programas, como el PowerPoint, como si ello fuese una gran herramienta de las tecnologías; cuando en realidad, entre otros efectos negativos, este programa produce masas de tontos que leen y comentan trozos de textos bajados de internet y combinados con figuritas que se mueven, sin comprender ni teorías, ni autores, ni el tema que exponen. Excel, por ejemplo, ya no autoriza comprender lo que es la desviación estándar porque la mente dejó de seguir la ruta analítica del número y se conformó con introducir datos y dar un clic.

Por todo esto, digo que el problema serio de la relación entre coronavirus, internet y educación, ya lo teníamos solo que, tal vez, no lo vimos. El reto pedagógico no es adaptarse a una nueva manera de desarrollar el proceso educativo, ni siquiera aceptar el reto de humanizar las redes, sino que necesitamos con urgencia procesos de análisis y educación, encaminados a darles los criterios de crítica y análisis a los jóvenes para que puedan estar solos con las redes debatiendo su sentido humano y culturalizador.

La televisión y las redes no tienen el poder de hacer con los humanos nada que no sea autorizado por ellos.  No se trata tanto de lo que las redes pueden hacer, sino de lo que nosotros, como educadores, podemos. Pero resulta que el currículo tradicional que tenemos no nos permite actuar más allá de la instrumentalidad informática; ni contra la vieja televisión, ni contra la nueva tecnología podemos revelarnos, porque se asume que esto es cosa de especialistas y está fuera de los contenidos.

Y este es el tema esencial: la escuela nunca se especializo en la tarea de descolonizar a los jóvenes. Sin entender las herramientas de la dominación semiótica no podremos emanciparnos culturalmente. Es por ello que pedagógicamente la emancipación se quedó en el sueño incumplido de los filósofos y no llegó a aterrizar ni en el contenido, ni en las formas de organización, ni en los métodos y mucho menos en los objetivos de los sistemas de educación. Todo ello generó que el carácter del hombre moderno fuera el consumismo, la competitividad y la meritocracia.

La televisión y las redes alienan, pero entendamos que usted, persona adulta, ya puede decidir. Sé que es discutible, pero en algo coincido son esta frase de Sartre “estamos condenados a la libertad” porque a cierta edad decidimos. Al menos entendamos que si usted, persona adulta, no habla con sus hijos, está alejado de su familia e incomunicado con sus propias emociones se debe al tipo de persona y de padre en que usted se ha convertido. Y aunque usted ha sido educado en una época y por una familia entenderá que: según Sartre: “El hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. El educador debe ser educado nos decía el viejo topo. Lo que los medios de comunicación nos están haciendo es evitable si nosotros nos organizamos como educadores para contrarrestar.

En este punto todos los educadores debemos hacer algo con lo que han hecho con nosotros. Debemos hacer algo con nuestros hábitos, gustos, deseos y preferencias. Y, claro, también con nuestro tiempo libre.

Reconozcamos que no contamos con las materias escolares que nos permitan preparar a una inmensa masa de estudiantes para criticar la basura chatarra que les venden por las redes. Debemos trabajar urgentemente para incluir en los diseños curriculares contenidos que permitan a las nuevas generaciones luchar contra el capitalismo cultural también en el espacio de la red de redes. Este es un muy buen momento para ello. Estamos en casa, usemos el tiempo en producir para liberar.

Ya sabemos que ni la televisión ni las redes están incluidas como contenidos de análisis en los currículos. No se las analiza y critica en su impacto gnoseológico, axiológico ni práctico. Hasta donde conozco, y sé que solo soy un humano; ni Hollywood ni Disney fueron confrontados por el currículo escolar. Son los peores enemigos del proceso de aprendizaje y formación de valores y los hemos dejado solos en al campo de batalla cultural para que se adueñen del tiempo de vida, las ilusiones, los gustos y los hábitos de nuestros niños y jóvenes.

No creo que esta pandemia haga que la escuela mejore si no nos metemos, sin temor, a debatir, los serios retos que enfrentamos como educadores de una generación que está llamada a salvar al planeta de la extinción definitiva. Pero la pandemia sí nos ha creado un momento especial: ya nos expulsó de las aulas; hagamos que nos expulse de nuestros hábitus.

Fuente: El autor escribe para OVE

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Día X de cuarentena…

Por: Abelardo Carro Nava

De repente, cual fotografías de esas instantáneas, vienen a mi mente varios recuerdos de mi infancia. Mis padres, fieles a las enseñanzas de sus padres, seguían a pie juntillas su ejemplo. No había otra forma de ser “alguien” en la vida. Finalmente, quienes nacimos en condiciones económicas limitadas, teníamos claro que el trabajo dignifica al hombre, y vaya que hay razón en ello.

Levantarse, desde pequeño, muy temprano para acompañar a mi padre y hermanos al campo, a la “pizca” o “trasiego”, era de lo más divertido. ¿Cómo podría ser pesado o aburrido si desde niño era el mundo que habíamos conocido?, ¿cómo negarse, si de tal actividad, obteníamos algún dinero para que mis padres solventaran otros gastos?, ¿cómo no ser parte de algo que, a decir de tus padres, era para el bienestar de la familia?

Pasadas algunas horas de labriego llegaba el desayuno. Ese menú exquisito que se conformaba por abundantes “gorditas” cocidas en comal de barro, con masa de maíz antes cosechado, harta salsa y solo unas cuantas pizcas de queso; y un atole, sí, un atole también de masa cuyo color y consistencia guardo en mis adentros.

El trabajo no menguaba. Las horas pasaban y el calor atosigaba. Sí, esa era la hora en que debíamos volver a casa. ¿Un baño? Ni pensarlo, primero debíamos realizar las tareas asignadas: barrer el patio, escombrar los cuartos, acomodar la leña, limpiar el pequeño establo, en fin, siempre había algo que hacer y rehacer para ayudar en los deberes domésticos. ¿Y luego? Las pequeñas tareas escolares que mis padres nos encomendaban: leer un cuento, resolver problemas matemáticos, repasar lo que en el ciclo escolar habíamos trabajado. ¿Y los juegos? ¡Claro que había espacio para los juegos! Sí, esos momentos que, después de la comida, se propiciaban con los demás niños de la cuadra, una “cascarita” le llamaban. Yo, desde luego, era el portero y, por ser el más pequeño, siempre era el que me “brincaba” a las casas de los vecinos cuando la pelota se nos volaba.

El tiempo pasaba y la cena llegaba, pero antes un baño, sí, un baño que verdaderamente disfrutaba. El correr del agua calientita sobre mi cuerpo, ha sido de las experiencias más extraordinarias que aún conservo.

Sentados en la mesa, mi padre tocaba su guitarra y “La Malagueña” cantaba. No sé si esa canción era la única que se sabía, pero recuerdo claramente cómo siempre se entonaba. La noche llegaba. Unas cuantas horas de descanso y de nuevo la jornada.

No, no eran vacaciones como las que hoy conocemos. La televisión era un lujo que no podíamos darnos en esos momentos. El dinero no alcanzaba para comprar un producto de esa naturaleza. Sin embargo, leer una novela, nos llevaba a mundos insospechados.

Aún recuerdo a María, sí, aquel texto de Jorge Isaacs que me tuvo al borde de las lágrimas. Su muerte, fue uno de esos hechos incompresibles que, desde luego, mi padre con sus sabias palabras, me explicaba. O bien, ese mundo de aventuras y misterios que, con Julio Verne y su Viaje al Centro de la Tierra, viví intensamente. No, no eran las vacaciones como las que ahora conocemos y, mucho menos, los juegos que ahora vemos. Hacer un paracaídas con una bolsa de plástico a la que se le ataban unos estambres en un extremo y del otro, las manos de un luchador, también de plástico, era todo un suceso. Esas competencias con los vecinos para ver cuál “volaba” más alto eran interminables; las apuestas siempre giraban en torno a nuestro gran tesoro: un dulce o un chicle que, como parece obvio, gané una y otra vez, para envidia de todos.

De vuelta a la realidad, de un tiempo a la fecha me he preguntado ¿qué tanto, como sociedad, hemos cambiado para pensar que un televisor es un gran aliado en contra del aburrimiento y el desasosiego?, ¿por qué las tabletas y los videojuegos han sustituido esas “cascaritas” tan amenas que sosteníamos con nuestros amigos?, ¿qué hemos hecho, como sociedad y gobierno, para que todo sea tan diferente pero, lastimosamente, igual que antes? Sí, tal vez se deba a un problema de clases sociales, y a lo que alguna vez algún profesor de la universidad definió como capitalismo. Sí, esa forma de vida que, por más que se diga lo contrario, genera grandes desigualdades sociales por el libre mercado.

Tengo claro que los tiempos ya no son los mismos de aquella, mi infancia, y que las condiciones económicas han acelerado nuestro ritmo de vida; desde luego, hay quienes vamos al día, viviendo y sobreviviendo con lo que hacemos y con lo que tenemos. Por ello comprendo, que las responsabilidades que tenemos en casa, las hemos sustituido con ciertos artefactos tecnológicos que derivan en la poca atención que, de alguna u otra manera, brindamos a nuestros seres queridos.

Tal vez sea momento, mientras vivimos esta pandemia generada por algo que los científicos han llamado coronavirus, de reflexionar sobre lo que hemos hecho y cómo lo hemos hecho o estamos haciendo. Bien se dice que la educación comienza en casa y, desde luego, coincido en ello.

Asignar pequeñas tareas a nuestros hijos logrando que comprendan el porqué de éstas, no es algo de otro mundo. Sé muy bien, porque me pasa lo mismo, que a veces cinco minutos significa destinar un tiempo que no teníamos contemplado porque nuestras actividades, sobre todo, laborales o domésticas, nos meten en un trajín de eventos sin sentido porque, inevitablemente, el sustento es lo primero; sin embargo, desde mi perspectiva, esos cinco minutos pueden ser tan valiosos en las personas como su vida misma. Muchas veces me han preguntado cómo podemos fomentar los valores universales en los nuestros. Mi respuesta ha sido inequívoca: comunicarnos, escucharnos, respetarnos, amarnos, etcétera; son, desde luego, pequeñas acciones que pueden generar ambientes favorables que propicien un sentido de corresponsabilidad y conciencia en los que hacemos y cómo lo hacemos.

No lo olvidemos pues, que los mexicanos, sin distingo de género, somos “luchones”, y es precisamente esa fuerza y ese carácter, lo que puede llevarnos a trabajar para ser mejores seres humanos. Hombres y mujeres empáticos…

Si la educación comienza en casa, y ustedes coinciden en ello, es un buen momento para seguir trabajando en ello. Así, con pequeñas acciones que, seguro estoy, más adelante tendrán grandes resultados colectivos, mimos que nacerán en la individualidad de los individuos.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/dia-x-de-cuarentena/

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Cómo evitar el aislamiento y soledad durante el distanciamiento social

Por: Paulette Delgado

Es justo en estos momentos donde necesitamos fortalecer más que nunca las conexiones humanas, aunque no sean cara a cara.

El COVID-19, enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2, no sólo está amenazando la salud física y la vida de muchas personas, también nos está afectando en el campo emocional. Con su llegada, son cada vez más los países que sugieren (o imponen, en algunos casos) a su población el distanciamiento social como medida preventiva para evitar el contagio. Aunque esta medida nos ayuda a disminuir la posibilidad de extender la propagación de este virus, puede provocar soledad y aislamiento, poniendo en riesgo nuestra salud mental.

Es justo en estos momentos donde necesitamos fortalecer más que nunca las conexiones humanas, aunque no sean cara a cara. Elizabeth Dorrance Hall, directora del Laboratorio de Comunicación y Relaciones Familiares, señala que la ventaja es que ahora estamos más equipados que nunca para mantener relaciones sociales a distancia, ya que la tecnología ayuda a las personas a mantenerse cercanas incluso en épocas de distanciamiento físico.

Para no perder la comunicación entre la familia y los amigos, la Dra. Dorrance recomienda las videollamadas ya que son una gran herramienta para mantenernos conectados y sentirnos cercanos a pesar del distanciamiento ya que el video nos permite poder ver los comportamientos no verbales de la otra persona, gestos que por chat o mensaje de voz no se podrían percibir. Las videollamadas también nos ayudan a entender mejor el estado de ánimo de la otra persona y establecer una comunicación más clara y efectiva. Aspectos como el tono de voz, gestos peculiares, expresiones y mirada, son varios de los elementos que ayudan a tener una mejor conexión más cercana con otros, que por mensaje de texto no podríamos tener.

Además de las videollamadas, la Dra. Dorrance comparte los siguientes consejos para evitar sentirse solos durante la cuarentena:

  • Hablarle a algún amigo o familiar con el que se compartan gustos similares y ver una serie o película al mismo tiempo. Al final, pueden platicar e intercambiar puntos de vista sobre lo que vieron y hacer sugerencias y recomendaciones para ver la próxima ocasión.

  • En caso de tener una pareja a distancia, planear citas o comidas de manera virtual. Planear el menú, abrir una botella de vino y verse por videollamada ayudará a sentirse más conectados, a pesar de la distancia.

  • Unirse a comunidades en línea con personas que comparten gustos similares. Facebook cuenta con muchos grupos diferentes para todo tipo de intereses, así como páginas de internet especializadas desde fanáticos de un grupo musical hasta grupos de entusiastas del cine, fotografía o la repostería.

  • Aprovecha la cuarentena para aprender algo nuevo e invita a alguien para que te acompañe, ya sea tu pareja, hijos o algún amigo. Aprender a tejer o a tocar un instrumento puede ser un excelente momento para conectar con otros.

  • Debido a la cuarentena se están popularizando plataformas de videollamadas como Zoom o House Party, que permiten hacer videollamadas en grupo e incluso jugar a algún juego juntos. También es una gran herramienta para entretener a los niños, pueden conectarlos con algún amigo o familiar para que les cuente un cuento, les enseñe algún truco de magia o simplemente para platicar.

A pesar de que la tecnología nos puede ayudar a mantener la comunicación con seres queridos en tiempos de distanciamiento social, la incertidumbre y ansiedad que provoca el aislamiento prolongado, puede deteriorar y tensar  las relaciones familiares de aquellos que viven la cuarentena en familia, señala la Dra. Dorrance. Es por eso que a continuación, compartimos algunos consejos para mantener sanas relaciones familiares y de amistad.

Cinco estrategias para mantener relaciones de calidad en tiempos de distanciamiento social: 

  1. Positividad: Debido al constante bombardeo de malas noticias sobre el COVID-19, interacciones alegres nos ayudan a animar al otro, por lo que ser positivos es más importante que nunca.

  2. Apertura: Ser abierto con los demás, discutir sobre la manera en que estamos afrontando la situación y cómo nos sentimos. Esto también aplica en la manera en que nos revelamos ante el otro y la reacción que tenemos al escuchar de manera activa. Esto se demuestra por medio del contacto visual, uso de afirmaciones no verbales o mostrar interés en lo que los otros tienen que aportar.

  3. Garantías: Muchas veces garantizamos que nuestros seres queridos saben lo que significan para nosotros, por lo que damos por sentado esa relación y no expresamos nuestros sentimientos. En esta época de aislamiento social es clave tomarse el tiempo para externar lo mucho que valoramos a la otra persona, aunque se trate de tus hijos, pareja o familiares que ves todos los días.

  4. Tareas: Una relación, ya sea amorosa o de amistad, involucra a dos o más personas, por lo que debemos compartir la responsabilidad de mantener la conexión. Para mejorar la comunicación, podemos asignar tareas o actividades para continuar la relación. Por ejemplo, quién hablará, a qué hora y por qué plataforma. Hacer esto, dice la Dra. Dorrance, produce mayor satisfacción ya que se evita el sentimiento que uno hace más que el otro. Que una de las dos partes haga más esfuerzos por mantener la comunicación puede llevar a conflictos donde una de las dos partes no se sienten valorados o se sientan culpables de no aportar mucho a la relación. Otra manera es compartir el trabajo de planear actividades que pueden hacer juntos, ya sea juegos de mesa en línea o planear actividades para cuando acabe el aislamiento.

  5. Redes: Este apartado involucra mantener las conexiones con amigos y colegas o incluso, crear nuevas conexiones, ya sea por videollamada, mensaje privado o grupal, así como también conectar a otras personas con intereses en común. Por ejemplo, conectar a un amigo que nunca ha hecho trabajo remoto con otro que tiene experiencia trabajando desde casa, para que lo apoye y guíe en su adaptación.

¿Qué actividades estás haciendo para mantener la comunicación con tus seres queridos? ¿De qué manera están evitando sentirse solos o aislados? Comparte tus tips para mantenerse positivos en tiempos de distanciamiento social.

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/distanciamiento-social-covid19

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Vídeo: Coronavirus ¿qué lecciones debemos aprender?

Por:  Michel Collon.

En la reciente edición de su transmisión semanal «Michel Midi», el periodista y fundador de Investig’Action Michel Collon discute el principal tema de la actualidad: el coronavirus.

En una larga y recomendada reflexión aborda una serie de temas fundamentales para entender esta coyuntura: la globalización, los virus en el pasado, el estado actual de la economía en el mundo, el papel de los medios en definir la agenda (y el pánico). Michel discute también el contexto geopolítico, las relaciones EEUU-China-Europa, y los sistemas sanitarios en el Occidente.

Fuente de la reseña: https://rebelion.org/coronavirus-que-lecciones-debemos-aprender/

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