Page 571 of 1017
1 569 570 571 572 573 1.017

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

Angélica Buendía∗, Susana García Salord∗, Rocío Grediaga∗, Monique Landesman∗, Roberto Rodríguez-Gómez∗, Norma Rondero∗, Mario Rueda∗, Héctor Vera∗

Introducción

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulo a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulo subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado debería ser el logro de la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta, y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna el trabajo académico en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo, a gusto o disgusto, acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías, previa evaluación es por periodos determinados, los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática, que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades —académica e instrumental— explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulo (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Antecedentes de los programas de evaluación del trabajo académico

A mediados de la década de 1980, se implementaron una serie de políticas públicas relacionadas con la educación superior cuyo propósito era orientar su conducción a través de diferentes programas e instrumentos de evaluación del trabajo académico, que se incorporaron paulatinamente en las instituciones. Su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir, se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica: aproximadamente el 30 por ciento del total.

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) ha sido el programa más visible de estas políticas; fue el primero que buscaba paliar los efectos de las crisis económicas, así como contribuir a retener a los investigadores de las instituciones públicas y a fortalecer la investigación. En su diseño participaron académicos de la UNAM y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, además de miembros de la Academia de la Investigación Científica (actualmente Academia Mexicana de Ciencias), que estaban ubicados en puestos clave y que para crear el SNI actuaron ante la coyuntura de la crisis de las finanzas públicas de 1982. El sistema que consiguió articularse estaba limitado a los investigadores, era externo a las instituciones y planteó criterios propios de selección. El SNI representó el primer mecanismo de alcance nacional de reconocimiento y retribución a los académicos, basado en el desempeño.

En paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con ANUIES, puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep), y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Esto ha conducido a que no sólo en el ámbito de los estímulos al personal académico, la educación superior en México se caracterice por ser un sistema dual, en el que operan políticas diferenciadas que no han alcanzado su adecuada articulación. Por una parte, se encuentra el sector de la educación superior universitaria y tecnológica, que responde a las políticas delineadas por la Subsecretaría de Educación Superior, de la SEP. Por la otra, está el sector del posgrado y la investigación científico-tecnológica, cuyas políticas son delineadas y operadas por el Conacyt.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular, pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académico afecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en condiciones formativas y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica se ha envejecido, lo cual, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

  • que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;
  • que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;
  • que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;
  • que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);
  • que los resultados sean transparentes;
  • que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar, y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que —al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo— el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere, la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador, la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras, el tipo de dificultades más frecuentes, los índices de aprobación y rechazo, el contenido y el número de las solicitudes de revisión, las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un buen evaluador.

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

Fuente del Artículo:

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

Comparte este contenido:

México: Secretaría de Educación invierte 12 mil mdp en obras de rehabilitación

México/Noviembre de 2017/Fuente: Am Queretaro

El programa Escuelas al CIEN invierte más de 12 mil millones de pesos en mejora y rehabilitación de planteles públicos del país, informó el director general del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (Inifed), Héctor Gutiérrez. Un proyecto de inversión que inició bajo propuesta del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño.

El director general del Inifed destacó que de 2015 a noviembre de 2017, la institución autorizó la transferencia de recursos correspondiente a 13 mil 24 anticipos y 31 mil 569 estimaciones, a los institutos estatales de infraestructura física educativa.

En un comunicado de la Secretaría de Educación Pública, indicó que con el programa Escuelas al CIEN, la derrama económica a nivel nacional generó 154 mil 516 empleos de mano de obra directa, 77 mil 258 empleos en empresas formalmente constituidas, y 46 mil 354 en pequeñas y medianas empresas (Pymes), que propiciarán una mayor ocupación laboral en compañías mexicanas.

Gutiérrez de la Garza aseguró que con los recursos se dará atención a daños en muros, pisos, techos, ventanas, pintura, impermeabilización, escaleras, barandales, instalación eléctrica, bardas.

También se atenderá la rehabilitación de instalaciones hidráulicas y sanitarias, el mejoramientode muebles sanitarios, así como se canalizarán recursos para el desarrollo de mejores espacios para maestros y personal directivo y administrativo e infraestructura para la conectividad.

Fuente: http://amqueretaro.com/el-pais/mexico/2017/11/19/secretaria-educacion-invierte-12-mil-mdp-obras-rehabilitacion

Comparte este contenido:

Quebrando el paradigma de hospedaje de un Sistema de Gestión de Aprendizaje (LMS) en su propio servidor

Por: Lars Janér

Es una nueva era para el aprendizaje. Las nuevas tecnologías alteran la industria en todo momento, y los administradores de educación superior aprovechan esta oportunidad para reevaluar todo, desde los programas que ofrecen hasta los sistemas utilizados para ofrecerlos. Uno de los temas más fundamentales en este proceso está centrado en el sistema de gestión de aprendizaje (en Inglés Learning Management System, LMS) que, no en vano, es una de las primeras herramientas que los administradores buscan actualizar.

Hasta hace poco, las instituciones de educación superior tenían opciones escasas de LMS. La mayoría de las escuelas optaba por sistemas de gestión de aprendizaje con servidores propios de de código abierto, pués esta opción está más de acuerdo con los principios educativos modernos, y la hospedaje en la institución parecía ofrecer más control. Todavía, hoy las instituciones abandonan cada vez más estos sistemas heredados (y con frecuencia  “toscos”) y los reemplazan con LMS nativos en la nube que cuentan con API abiertas, aprovisionamiento automatizado, interfaces muy fáciles de usar y seguridad impecable.

En estas páginas, exploraremos algunos de los motivos principales que desencadenan esta mudanza masiva.

EL VERDADERO COSTO DE LA TITULARIDAD

En el caso de las opciones “gratuitas” tradicionales de servidor propio, el código está disponible, pero existen muchos costos asociados. La mayoría de esos costos se relaciona con el personal administrativo necesario para ejecutar el sistema, pero hay además otros costos que  se acumulan rápidamente: hardware, gastos generales institucionales, el costo de oportunidad de no estar alineados con el aprendizaje del siglo XXI y costos imprevistos, asociados con la carga de ejecutar un sistema propio, tales como los gastos en brechas de seguridad, fallas e inactividad.

Al considerar todos los puntos asociados con estas opciones de software “gratis” hospedados en un servidor propio, muchas instituciones ya perciben que la palabra “gratuito” no hace honor a su significado, lo que provoca que reevalúen sus sistemas actuales y se trasladen a opciones más nuevas y mejores como Canvas.

Canvas es un sistema de gestión de aprendizaje basado en la nube, de fuente abierta y alojado en un servidor comercial que simplifica los costos al reunirlos  en una única suma total, y deja libre la atención de las instituciones y su equipo para enfocarse en desafíos más importantes. Las instituciones que han hecho recientemente la transición a Canvas desde otros LMS afirman que Canvas posee un valor sin precedentes cuando se trata de lo siguiente:

  • Disponibilidad: 99,9 % de tiempo de actividad con aprovisionamiento automatizado para un rendimiento máximo.
  • Confiabilidad: servidor, seguridad, respaldo y actualizaciones sin intervención del usuario.
  • Asistencia: servicio de nivel mundial y un amable equipo de asistencia.
  • Utilidad: más fácil de usar y mejor funcionalidad.

EL PODER DE LA NUBE

Los sistemas de gestión de aprendizaje popularmente conocidos para ejecución en servidores locales, tienen problemas para competir en la nueva era del software de gestión de aprendizaje basado en la nube. Un sistema de gestión de aprendizaje que es nativo de la nube significa que las instituciones no necesitan preocuparse por comprar, configurar y mantener hardware y software para el servidor. No necesitan dedicar personal valioso de TI al mantenimiento del LMS y no necesitan preocuparse por las brechas de seguridad, el tiempo de inactividad o la aplicación de actualizaciones y parches.

En su calidad de único LMS realmente nativo de la nube, Canvas ha experimentado un aumento de la popularidad en todo el mundo. Su arquitectura de múltiples usuarios aprovecha Amazon Web Services para distribuir servicios informáticos a pedido. Esto permite a Canvas ofrecer aprovisionamiento automatizado en condiciones de carga pesada, redundancia de datos y conmutación por error en todas las geografías, y actualizaciones sin intervención del usuario que no requieren tiempo de inactividad.

Además, cada vez se vuelve más claro el potencial de la nube para crear comunidades de usuarios más unidas. En la nube, todos tienen la misma versión: la más reciente. Los usuarios se benefician equitativamente de los avances, y todos hablan el mismo “idioma”.

Canvas tiene una de las comunidades de usuários en Educación más activas de la actualidad. Dentro de su comunidad en línea, los miembros comparten ideas y planes de lecciones, debaten temas sobre tendencias en educación, participan en actividades de desarrollo profesional, se conectan con otros usuarios y dan forma a la ruta de producto mediante sugerencias y votaciones.

Con la tecnología actual, las escuelas no deberían tener que preocuparse por mantener un sistema de gestión de aprendizaje. En su lugar, deberían utilizar esos recursos en iniciativas que influyan de manera fundamental en la enseñanza y el aprendizaje, tanto del presente como del futuro.

SEGURIDAD

Proteger los datos de profesores y alumnos es crucial para las instituciones de educación superior. En un mundo de piratas y fallas de servidores, el servidor propio puede poner en riesgo a las instituciones. Algunas instituciones han creado equipos dedicados para el tema y han invertido mucho dinero en infraestructura para ofrecer redundancia de datos y una seguridad minuciosa.

Esa clase de inversión es un lujo para la mayoría de las instituciones, y las que no pueden pagar un marco de seguridad propio exclusivamente para ese fin quedan en una posición precaria.

Canvas protege legalmente la privacidad del usuario al aprovechar el servicio de servidores en la nube más seguro disponible: Amazon Web Services. Además, Canvas emplea un equipo de seguridad de clase mundial exclusivamente dedicado a proteger los datos del cliente. Se hace una copia de seguridad de cada byte automáticamente casi en tiempo real, en múltiples centros de datos en diferentes geografías.

Canvas también es el único LMS que realiza auditorías de seguridad abiertas anualmente, en las que una compañía externa básicamente “piratea” la plataforma e informa todos los puntos débiles o vulnerabilidades.

Todo el informe es entonces publicado y aborda los problemas de inmediato. Adicionalmente, como Canvas es de fuente abierta en GitHub, el código está disponible para que cualquier persona lo analice. Este tipo de transparencia ayuda a los usuarios a sentir confianza en la seguridad de la base de código de este LMS, además del manejo de soluciones de seguridad.

ENFOQUE EN EL FUTURO

A medida que las instituciones evalúan sus sistemas y ofertas actuales, es importante que piensen en el futuro. En lugar de basar las evaluaciones únicamente en las condiciones actuales, las instituciones deben pensar en dónde necesitan estar dentro de 3 a 5 años. Por ejemplo, los profesores y los alumnos interactúan cada vez más a través de dispositivos móviles. ¿Su sistema de gestión de aprendizaje tiene aplicaciones móviles nativas?

Canvas se creó para un mundo móvil y ofrece un conjunto de aplicaciones móviles con funciones completas e integradas.

¿Y qué sucede con el video? Las investigaciones indican que el video es uno de los medios más populares para el aprendizaje en el hogar, en el trabajo y, más importante aún, en la escuela. Los profesores y los alumnos usan video en entornos de aprendizaje a niveles sin precedentes.

Al igual que Canvas, su LMS debería incluir funcionalidades esenciales de video tales como captura de video integrada, retroalimentación de video y la posibilidad de conferencias. El aprendizaje semipresencial y la educación a distancia siguen creciendo en popularidad, pero para  implementar estos métodos, las instituciones necesitan un sistema de gestión de aprendizaje moderno que sea fácil de usar, adaptable a las necesidades específicas de los alumnos y capaz de integrarse sin problemas con otros softwares populares.

Con la tecnología actual, las escuelas no deberían tener que preocuparse por mantener un sistema de gestión de aprendizaje. En su lugar, deberían utilizar esos recursos en iniciativas que influyan de manera fundamental en la enseñanza y el aprendizaje, tanto del presente como del futuro. El modelo de Canvas de fuente abierta comercial realmente es lo mejor de ambos mundos: ofrece a las escuelas la libertad de determinar cómo y con qué fin utilizan la plataforma, y proporciona acceso a una creciente comunidad que ayuda a mejorar el código del núcleo, lo que garantiza que el software mejore tan rápidamente como evolucionen los alumnos, los profesores y las prácticas educativas.

Canvas respalda iniciativas abiertas de muchas formas: educación abierta, estándares abiertos, contenido abierto, investigación abierta; no solo software de fuente abierta. Porque cuando se trata de enseñar y aprender, la transparencia es la única forma de avanzar.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/quebrando-el-paradigma-de-la-hospedaje-de-un-sistema-de-gestion-de-aprendizaje-lms-en-su-propio-servidor/

Comparte este contenido:

México: Amagan con parar universidades públicas del país

México/20 de Noviembre de 2017/NVI Noticias

Salarios y aguinaldos de trabajadores universitarios están en riesgo por el colapso financiero que atraviesan,  situación que provocaría un paro de actividades a nivel nacional en perjuicio de un millón y medio de estudiantes.

En conferencia de prensa, el secretario general de la Confederación Nacional de Trabajadores Universitarios (CONTU), Enrique Levet Oropeza, aseguró que durante la Asamblea General Ordinaria de la Confederación Nacional de Trabajadores Universitarios, donde participan 62 sindicatos de trabajadores, se definirá un paro de labores en más de 30 universidades públicas del país.

“Ante las difíciles circunstancias de las universidades de estrechez financiera producto de que el gobierno federal de no quiere atender la educación superior pública, es probable que tomemos la decisión drástica de realizar un paro nacional del sindicalismo universitario” comentó.

El líder nacional, indicó que en el presupuesto aprobado 2017 gobierno federal recortó los fondos extraordinarios a las universidades por un monto de 8 mil 500 millones de pesos, lo que ha provocado que “vayan para atrás”, y que no se haya podido incrementar la matrícula estudiantil.

Además, comentó que el nivel académico no se ha superado por qué sigue existiendo los viejos laboratorios, talleres y no se ha modernizado la tecnología de información y comunicación en las universidades públicas, las cuales no pueden responder a la sociedad quienes la financias a través de los impuestos que le otorgan al gobierno federal.

“Hacemos un llamado para que apoyen a las universidades que están en serios conflictos financieros, pues es probable que los trabajadores de las universidades severamente afectadas, no puedan recibir sus prestaciones sociales, salarios y aguinaldos, y pasen una navidad tristes”, expresó.

El líder mencionó que es lamentable que en este país se invierta más en proyectar una imagen y se deja de lado la educación,  por lo que solicitó que los recursos destinados para publicidad, campañas electorales y partidos políticos se destinen a la educación superior.

En tanto, agregó que 10 universidades a nivel Nacional se encuentran en crisis por la falta de presupuesto y se prevé que 21 universidades más estarán en la misma situación el próximo año.

Fuente: http://www.nvinoticias.com/nota/76587/amagan-con-parar-universidades-publicas-del-pais

Comparte este contenido:

México: SEP reconoce nulo aumento presupuestal a educación indígena

México/20 de Noviembre de 2017/La Jornada

La Secretaría de Educación Pública (SEP) no incrementó los fondos públicos destinados a educación indígena para el 2018, reconoció el subsecretario de Educación Básica, Javier Treviño Cantú, quien destacó que para cumplir con la meta de implementar el nuevo modelo educativo en escuelas de este subsistema se contará con los mismos recursos del año pasado.

Tras participar en la entrega de reconocimiento a los niños indígenas y migrantes ganadores del 18 Concurso Nacional “Las narraciones de Niñas y Niños Indígenas y Migrantes”, aseguró que actualmente 34 por ciento de las primarias indígenas del país se han adaptado a la modalidad de tiempo completo con ingesta de alimentos, aunque admitió que deben ser mayores también los esfuerzos de la administración pública para elevar el número de planteles con este servicio.

Ante alumnos y maestros indígenas, reunidos en el Patio de Trabajo de la SEP, Treviño Cantú destacó la importancia de la aplicación del nuevo modelo educativo en las aulas indígenas, pues entre sus innovaciones, dijo, se incluye la enseñanza de las lenguas indígenas como primera asignatura.

Sin embargo, profesores de lengua tlapaneca, del estado de Durango, destacaron que los principales desafíos que se enfrentan en el aula para la enseñanza de las lenguas maternas es la falta de materiales didácticos y de lectura.

“Muchas veces se usan los materiales que nosotros mismos elaboramos como maestros, y nuestros niños quieren aprender a escribir su lengua, se emocionan y tienen muchas ideas. Los incentivamos a que escriban lo que pasa en sus comunidades, en sus casas y en su vida, pero todo eso se queda ahí, en el cuaderno, otros niños no lo pueden leer y eso es lo triste, no hay ninguna editorial que se preocupe por imprimir la palabra de los niños indígenas”, afirmó una de las maestras.

Entre los niños ganadores, quienes portaban los trajes típicos de región, las historias que eligieron para presentarse al concurso hablan de sus comunidades y de la naturaleza, pero también de la falta de hospitales, de escuelas, que siempre suelen estar lejanas a sus lugares de origen, y de los efectos de la violencia originados por el alcoholismo o la inseguridad.

Por su parte, Rosalinda Morales, titular de la Dirección General de Educación Indígena de SEP, afirmó que se busca mejorar la calidad de la enseñanza indígena y señaló que actualmente el 65 por ciento de los profesores de este subsistema han concluido sus estudios universitarios y, dijo, en muchos casos tienen estudios de posgrado.

En tanto, Treviño Cantú, afirmó que en la Ciudad de México el cien por ciento de la matricula de educación básica ya se encuentra en actividades educativas, tras los sismos de septiembre pasado. Lo anterior, pese a que fue cuestionado sobre escuelas que aún reportan daños, por lo que insistió en que «ese es el reporte que tengo de la Administración de Servicios Educativos».

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/11/16/sep-reconoce-nulo-aumento-presupuestal-a-educacion-indigena-8488.html

Comparte este contenido:

Matrimonio infantil en México conlleva pobreza, violencia sexual y limitado acceso educativo: ONU

México/20 de Noviembre de 2017/Vanguardia

En México más de un millón 200 mil menores de edad están casados, de los cuáles la mitad son pobres y más del 70 % no va a la escuela, y se encuentran expuestos a la violencia sexual.
Itzel tiene quince años y se casó a los catorce. Su esposo, Jesús, tiene diecisiete. Se conocieron en San Quintín, en el norteño estado de Baja California, cuando la madre de ella fue a trabajar al campo y se la llevó.  “Lo conocí y me enamoré”, relata la joven. Los adolescentes pasaron dos meses juntos y decidieron casarse, tras lo cual se mudaron a casa de los padres de él, en el sureño Oaxaca. “Se siente raro estar casada, cuando estaba sola salía a divertirme y ahora no se puede”, lamenta.

Jesús sale todos los días a cuidar a los animales y hacer el mandado, mientras Itzel realiza las labores del hogar, donde pasa mucho tiempo en soledad, lo que le hace recordar a su madre, a quien dejó sola porque ella era su única compañía. “A otros adolescentes que quieren casarse yo les diría que lo piensen porque tampoco está bien, uno se separa de su familia y ahora digo, ¿por qué lo hice si yo tenía la oportunidad de estudiar?”, confiesa la menor en un testimonio para la organización de protección a la infancia, Save the Children.

En México, una de cada cinco mujeres contrajo matrimonio antes de cumplir la mayoría de edad, de acuerdo con un reporte del organismo, basado en estadísticas del INEGI sobre nupcialidad. Tan sólo en 2015 se casaron o unieron en el país 300 mil niños, niñas y adolescentes, si bien el número de uniones en menores de edad ha ido en descenso: en 2015 pasó de 48,112 niñas de entre 15 y 17 años a 20,177, y de 2,835 a 606 en menores de 15 años.

La mayoría de estos jóvenes viven en situaciones de vulnerabilidad: 80 % de los niños trabajan con poca o nula preparación y el 70 % de las niñas se dedica al cuidado del hogar y la familia, sin posibilidad de crecimiento, advirtieron investigadores en un foro sobre Matrimonio infantil realizado en la Ciudad de México. La mitad del total de menores casados vive en situación de pobreza, y 72 % de los niños casados no asisten a la escuela.

Las niñas además enfrentan la inequidad de género, lo que las vuelve aún más vulnerables: sufren 49 % más violencia física, 68 % más violencia sexual y 16 % más violencia económica que las que se casaron siendo mayores de edad. También hay importantes diferencias con sus pares varones: en 2010 se casaron 100 niños menores de 15 años y 10,529 de entre 15 y 17, reduciendo el número hasta llegar a 10 y 3,545 respectivamente en 2015. Esta dramática diferencia se debe a que las niñas suelen contraer matrimonio con hombres mayores que ellas: hasta 65 % se casó con un hombre que le llevaba más de 10 años, según Estela Rivero, investigadora de la organización Investigación en Salud y Demografía (INSAD).

Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/articulo/matrimonio-infantil-en-mexico-conlleva-pobreza-violencia-sexual-y-limitado-acceso-educativo

Comparte este contenido:

Evaluación de Maestros y “Calidad” Educativa

México / 19 de noviembre de 2017 / Autor: Juan Carlos Miranda Arroyo / Fuente: SDP Noticias

“Aunque las ideas creativas para la reforma educativa provienen de muchas fuentes, solamente los maestros pueden ofrecer la perspicacia que surge de la experiencia intensa y directa en el salón de clases. Aportan a la tarea de la reforma el conocimiento de los estudiantes, el oficio y una cultura escolar de que otros carecen. Además, la reforma no puede imponerse a los maestros por los mandos superiores o por personas ajenas al gremio. Si los profesores no están convencidos de que los cambios propuestos valen la pena, no van a poder implantarlos de manera enérgica. Si no comprenden del todo qué es lo que se pretende o no están suficientemente preparados para introducir contenidos o formas nuevas de enseñanza, las medidas reformistas fracasarán. En cualquier caso, cuantos más maestros compartan las medidas de la reforma y cuanto más ayuda se les brinde para poner en marcha cambios consensuados, mayor será la probabilidad de que sean capaces de hacer duraderas tales mejoras.” (1)

El fragmento del texto anterior, fue publicado en Estados Unidos en el libro: “Ciencia: conocimiento para todos” (1997). Y lo traigo a colación porque se relaciona íntimamente con el  tema de la evaluación de las maestras y los maestros de la educación obligatoria en México (Preescolar, Primaria, Secundaria y Media Superior), que es un ámbito que ha generado amplia discusión, múltiples reflexiones y polémicas encendidas, no sólo por sus implicaciones de carácter político, sino porque es un asunto que despierta debates técnicos y científicos, los cuales no están exentos de cargas ideológicas.

Además de los docentes, también los directivos escolares y asesores técnicos de la escuela pública son sujetos de las evaluaciones obligatorias que establece la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) desde 2013. Por cierto, es importante mencionar que, en efecto, los docentes y demás figuras educativas, antes de ese año participaban en diversos programas de evaluación, pero esas evaluaciones no eran obligatorias. Esto lo comento en descargo de la idea generalizada en la sociedad, de que los docentes de la escuela pública “no quieren ser evaluados”. Lo cual es totalmente falso.

Como sabemos, la LGSPD establece evaluaciones para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia de las figuras educativas. También hoy existen evaluaciones internas y externas a las escuelas que cumplen con funciones diferenciadas, y los criterios a las que están sujetas, con sus respectivos matices y especificidades, son establecidos por el INEE, en coordinación con las autoridades educativas federales y estatales.

Una de las evaluaciones más controvertidas de la Ley es la que se refiere al desempeño. En su capítulo VIII “De la permanencia en el servicio”, la LGSPD señala en el Artículo 52 que: “Las Autoridades  Educativas y los Organismos Descentralizados deberán evaluar el desempeño docente y de quienes ejerzan funciones de dirección o de supervisión en la Educación Básica y Media Superior que imparta el Estado.” Así mismo, el último párrafo del Artículo 53, que se refiere a los resultados de la evaluación del desempeño, ha sido el más impugnado por los maestros, por sus causas y efectos, pues indica que: “En caso de que el personal no alcance un resultado  suficiente  en la tercera evaluación  que se le practique,  se darán por terminados los efectos del Nombramiento correspondiente sin responsabilidad para la Autoridad Educativa o el Organismo Descentralizado, según corresponda.”

La lógica, premisa o hipótesis de los legisladores y de quienes impulsaron el diseño de esta Ley, sostiene que la evaluación de los maestros, directivos y asesores técnicos asegura o aumenta la probabilidad de que se eleve la “calidad educativa”. La idea que subyace a esta lógica también aparece en las modificaciones al texto constitucional, (Artículo Tercero), en el cual se habla de la “idoneidad” de los docentes, y de la relación que guarda ésta con la anhelada “calidad” de la educación. Pero ¿en realidad los procesos de evaluación por sí solos aseguran el incremento (medido en forma cuantitativa) de la llamada “calidad educativa”? También me pregunto, inspirado en parte por el libro coordinado por Mario Rueda Beltrán, director del IISUE de la UNAM: Al aplicarse estos procesos, se busca “¿Evaluar para controlar o para mejorar?”

El comentario surge porque recientemente, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), a través del Boletín 56, del 26 de julio de 2017, informó que: “El modelo de Evaluación del Desempeño Docente 2017 diseñado por el INEE… recupera las opiniones de los maestros, toma en cuenta el contexto en el que realizan su práctica docente, respeta el marco de la legislación vigente y permite contar con mejores profesores, directores y supervisores.”

¿Eso significa que las evaluaciones del desempeño docente, que fueron aplicadas anteriormente, (entre 2015 y 2017) no recuperaban las opiniones de los maestros, ni tomaban en cuenta el contexto en el que realizaban su práctica docente? ¿Tampoco respetaban el marco de la legislación vigente y no permitían contar con mejores profesores, directores y supervisores?

Como puede notarse, el debate al respecto de la evaluación, es amplio. Y quizá por ello las preguntas dan como para instalar más de una mesa de análisis y reflexiones. Sin embargo, lo que hay que reconocer, y esto va más allá de los fríos cálculos y actos de la autoridad educativa, es que la evaluación en general evoluciona; esta idea aplica a todos los procesos de evaluación en contextos sociales, y particularmente en los de la evaluación educativa. Me refiero a la evolución y ajuste tanto de los criterios como del diseño técnico específico de los instrumentos y procedimientos de evaluación.

Por lo anterior, es difícil sostener que los procesos de evaluación tengan validez universal y operen sin fecha de caducidad, sino que más bien éstos se ajustan a las necesidades, demandas y condiciones sociales que se identifican a lo largo de los procesos educativos, que de por sí son complejos.

Sirva esta idea para comprender lo que dijo en su momento “…Yolanda Leyva Barajas , Directora General para la Evaluación de Docentes y Directivos de este Instituto (INEE), (quien) informó que este modelo recupera lo que funcionó adecuadamente en el proceso de evaluación efectuado desde 2015 y replantea la evaluación de desempeño docente dentro del marco de la legislación vigente.”… “Destacó que, además, retoma la opinión de los maestros y el contexto en el que desarrollan su práctica docente. Este modelo de evaluación busca contribuir a la mejora de la práctica de los diferentes actores del Sistema Educativo Nacional y a elevar la calidad de la educación obligatoria, enfatizó, luego de resaltar que la evaluación debe mejorar de manera continua…” (Boletín 56 del INEE).

Sabemos que el trayecto de la evaluación de figuras educativas en México, debe ir acompañado de trayectos de formación continua y permanente, a efecto de que éstas no sólo se capaciten después de obtener los resultados de las evaluaciones, sino también para que se actualicen y estén a tono con los hallazgos y los avances de las prácticas innovadoras y de la investigación educativa.

Todo esto me lleva a concluir, al menos parcialmente, que los criterios tanto de evaluación como de “calidad” educativa son susceptibles de modificaciones, ajustes y cambios como productos de su evolución.

“Aunque los maestros son claves en la reforma, no pueden ser los únicos responsables de ella. Necesitan aliados. Los profesores solos no pueden cambiar los libros de texto, establecer políticas de exámenes más sensibles que las que ahora existen, crear sistemas de apoyo administrativo, hacer que el público entienda en qué radica la reforma y por qué se lleva tiempo lograrla, y reunir los fondos necesarios para pagarla. Así, los administradores de escuela y quienes formulan las políticas de educación tienen que apoyar a los maestros. Estos también necesitan colegas académicos expertos en materias pertinentes, desarrollo del niño, aprendizaje y el potencial educativo de las tecnologías modernas. Y estos últimos requieren la ayuda y el apoyo de los líderes de la comunidad, los dirigentes laborales y de negocios, y los padres, pues en última instancia la reforma educacional es una responsabilidad compartida. Es tiempo de que los maestros asuman mayor responsabilidad en la reforma de la educación; pero eso de ninguna manera reduce la responsabilidad de otros para hacer también su parte.” (Ciencia: Conocimiento para todos)

Por ello afirmo que la evaluación de las maestras y los maestros, por sí misma, no asegura la “calidad” educativa, ya que ésta depende de muchos otros factores. Ciertamente hay que invertir en la evaluación, pero también hay que apostar aún más a la formación permanente, oportuna y pertinente de las figuras educativas.

(1) American Association for the Advancement of Science. “Ciencia: conocimiento para todos”. Proyecto 2016. SEP. BAM. 1997.

Fuente del Artículo:

https://www.sdpnoticias.com/nacional/2017/11/16/evaluacion-de-maestros-y-calidad-educativa

Comparte este contenido:
Page 571 of 1017
1 569 570 571 572 573 1.017