Page 909 of 3046
1 907 908 909 910 911 3.046

¡Gracias, Antanas!

Por: Julián de Zubiría

El pedagogo Julián De Zubiría rinde homenaje a Antanas por haber impulsado un cambio cultural al articular pedagogía, moral y política. Asegura que el país estará pendiente de la decisión del Consejo de Estado sobre su curul, pero muy especialmente, de seguir recibiendo las enseñanzas del profesor Mockus.

Antanas Mockus ha sido el padre de la cultura ciudadana y el gestor de un cambio cultural en el país. Puso a soñar a toda una Nación en que era posible articular la pedagogía, la moral y la política. También ha sido defensor incansable del principio sagrado de la vida y de la necesidad de fortalecer la regulación social.

Como pedagogo, hizo parte del Grupo Federicci, el cual dio una dura batalla contra la tecnología educativa que el Ministerio de Educación Nacional (MEN) quería imponer en los años ochenta. Al ganarla, se convirtió en un referente obligado del naciente Movimiento Pedagógico Nacional.

Como filósofo y matemático, se convirtió en rector de la Universidad Nacional, entidad en la cual intentó llevar a cabo una profunda reforma financiera y pedagógica. A nivel financiero, elevó considerablemente el pago de los estratos más altos de la población que se vinculaban a la universidad.

A nivel académico, buscó disminuir el enciclopedismo, aumentar la flexibilidad y la contextualización en la universidad, para ponerla al frente de las nuevas tendencias pedagógicas; hizo todo lo posible para que los estudiantes dominaran las gramáticas básicas de la academia y para que la actividad recayera en mayor medida en su trabajo autónomo. Aun así, la reforma quedó a mitad de camino y en este terreno todavía estamos pendientes de culminar su tarea; en especial, hay que reconocer que las universidades siguen en deuda con la sociedad en la formación de mejores ciudadanos.

Para los años noventa ya era muy reconocido en el medio intelectual y quiso aprovechar su liderazgo académico para lanzarse a la política, con el fin de enseñar a los colombianos a convivir pacíficamente y a respetar la vida y las leyes. El cambio cultural que ha promovido a lo largo de su vida sigue siendo muy incipiente en el país. Por ello, no hay duda: su tarea política todavía está inconclusa.

El Consejo de Estado acaba de anular su curul en el Senado. Lo paradójico es que, previamente, otra sala del mismo Consejo, y con exactamente la misma información, lo había ratificado en el cargo. No me corresponde a mí analizar el proceso jurídico en el que está inmerso, sino destacar su invaluable papel como formador de mejores ciudadanos. En consecuencia, a ello dedicaré estas notas.

La tesis central de Antanas es que en Colombia existe un divorcio entre ley, la moral y la cultura, y que, debido a ello, hay aprobación cultural y/o moral de acciones ilegales y hay reprobación moral o cultural de algunas de las obligaciones legales de los ciudadanos.

El divorcio entre los tres sistemas de regulación se expresa en acciones ilegales pero avaladas y aprobadas moral y culturalmente (por ejemplo, la evasión de impuestos), y hay acciones ilegales, reconocidas como moralmente inaceptables, pero culturalmente aceptadas (como, por ejemplo, el paramilitarismo y el narcotráfico). Colombia ha sido un buen ejemplo de ambas prácticas.

En el país ha sido ampliamente aceptada y justificada la evasión de impuestos, bajo la idea de que no tiene sentido pagar tributos, ya que éstos, según la subcultura dominante, “serán robados” y terminarán en manos de “políticos corruptos”.

Colombia también es muy buen ejemplo de la tolerancia con la ilegalidad, si se tiene en cuenta, por ejemplo, que cerca del 41% de la población llegó a considerar como un “mal menor” el paramilitarismo, pese a las masacres, las desapariciones, el uso criminal de la motosierra y la expropiación de cerca de 9 millones de hectáreas. Tierras que fueron despojadas a pequeños campesinos, en lo que se podría llamar una reforma agraria, pero hecha al revés y que tristemente nos ha convertido en uno de los tres países del mundo con mayor concentración de la tierra en pocas manos.

Como puede verse, nuestra cultura ha estado profunda y estructuralmente marcada por la convivencia con el narcotráfico, la ilegalidad y el conflicto armado. Ante los ojos de todos, y muy especialmente del Estado, las mafias de narcotraficantes se apropiaron de tierras, empresas, clubes deportivos, miembros de la justicia e incluso, de algunos sectores de los partidos políticos, a quienes llegaron con enorme frecuencia a financiar sus campañas.

La sociedad y sectores del Estado, convivieron por décadas en contubernio con el narcotráfico. Es así como el propio Estado creó la Cuenta Especial de Cambios para beneficiarse de los recursos provenientes de las transacciones de dólares y pesos en el Banco de la República. La población fue mucho más brillante cuando la denominó la “Ventanilla siniestra”; es decir, una cuenta inventada por el propio Estado para beneficiarse del lavado de dinero de las mafias.

Muy sabiamente, Antanas concluyó que se había generalizado una “cultura del atajo” o del éxito fácil, profundamente admirada y valorada por los ciudadanos.

La pregunta, en este contexto, es cómo reestablecer la unión entre la ley, la moral y la cultura. ¿Cómo superar las actitudes condescendientes de la población ante la ilegalidad? ¿Cómo disminuir la convivencia consentida con el paramilitarismo y el narcotráfico? Estas fueron las preguntas que tuvieron que ser abordadas por Antanas cuando llegó en dos ocasiones a la alcaldía de Bogotá.

La reflexión de Mockus lo condujo a buscar mayor respeto por la ley y a fortalecer los sistemas de regulación social. La armonización que buscó Mockus implicaba, necesariamente, generalizar el rechazo moral y cultural a las acciones ilegales, a los sobornos, al contrabando, a las pirámides económicas y la evasión, entre otros.

Cultura Ciudadana fue un conjunto de programas y proyectos que expresaron la prioridad del gobierno en Bogotá de mejorar la convivencia ciudadana por la vía de un cambio comportamental consciente. Se trató de proteger la vida en todos los contextos; de allí el uso del cinturón de seguridad en el carro, de las cebras y puentes peatonales o el conjunto de medidas para disminuir el uso de armas o la prohibición de la pólvora en manos inexpertas.

Estas medidas siempre estaban acompañadas de mecanismos de control de social y de actos simbólicos. La macro idea que subyace a estos programas es que “la vida es sagrada” y que, por ello, hay que hacer todos los esfuerzos posibles desde el Estado por defenderla. Este principio, fue acompañado por otro derivado: “los recursos públicos son sagrados”. En consecuencia, también hay que hacer todo lo posible por cuidarlos.

Sin duda, hay impactos muy importantes de las medidas adoptadas por Mockus en las dos alcaldías, lo que permitió, desde la primera, reducir significativamente las tasas de homicidios de 72 (1994) a 51 por 100.000 habitantes (1997), y de 25 a 20 por 100.000 la tasa de muertes violentas en accidentes de tránsito.

La exitosa experiencia de Bogotá quiso llevarse al país en lo que se conoce como el movimiento de la “Ola verde”. Miles de jóvenes y artistas se volcaron a las calles y a las urnas en defensa de una nueva manera de hacer política: más transparente, más participativa y más ciudadana. En 2010, estuvieron relativamente cerca de llegar al poder. Sin embargo, el “país político”, como lo llamaba Jorge Eliécer Gaitán, no lo permitió.

Con la asesoría de J. J. Rendón, personaje especializado en propaganda negra y en difundir falsos rumores en campañas electorales, el uribismo se burló de Mockus al denominarlo “profesor”, en un país en el que los docentes están profundamente estigmatizados y desprestigiados, precisamente por la clase política; y se volvió a burlar al preguntarle si era o no creyente.

Como buen filósofo, tuvo que reflexionar su respuesta. El “país político” se unió en su contra y lo venció. Una vez más, la clase política volvió a manipular a una población que lee muy poco, que entiende todavía menos y que es muy temerosa. En eso momento, el “país político” asustó al “país nacional” con la idea de que podía llegar a la presidencia un profesor ateo y quien, para completar, era un “caballo discapacitado”, como lo llamó el propio Álvaro Uribe, cuando se hicieron públicos los primeros síntomas del Parkinson que comenzaba a padecer. Por “enésima vez” la clase política, altamente ligada a la corrupción y la ilegalidad, logró retener el poder.

En un país en el que el largo conflicto armado destruyó la confianza que tenemos hacia los otros, nos sigue haciendo falta Antanas Mockus para seguir impulsando las competencias ciudadanas en la población.En un país en el que un sector muy influyente de la clase política se especializó en debilitar las instituciones, incendiar de odio, promover la ira y la sed de venganza, sigue haciendo mucha falta un político que enfatice la educación y el cambio cultural, como lo ha hecho Antanas a lo largo de la historia.

La Nación necesita que pasemos la página de la violencia para poder enfrentar los grandes problemas que tenemos como sociedad. Somos uno de los países más inequitativos del mundo.

Somos un país enfermo de intolerancia y sed de venganza. Para enfrentar estos retos se requiere de políticos que contribuyan a la convivencia pacífica, que respeten y valoren la pluralidad y las diferencias. Hasta este momento, Antanas Mockus es, como político, de lejos, el que mejor lo ha hecho. Precisamente por eso no es casual que los abogados que demandaron su elección provengan de un partido cuya totalidad de representantes en el Congreso fueran destituidos por nexos comprobados con el paramilitarismo: Convergencia Ciudadana. Ahora quieren ganar en los estrados los votos que no obtuvieron en las urnas.

No estoy seguro si se ratificará la primera o la segunda decisión del Consejo de Estado. En cualquier caso, tengo muy claro que la Nación está en inmensa deuda con Antanas. De él aprendimos que la vida es sagrada, que los cambios culturales son los más profundos, que la pedagogía y los actos simbólicos son las armas más importantes para cambiar las sociedades, y que la ética debe estar presente en todo proyecto político.

Por todo ello y por mucho más, quiero expresarle al profesor Mockus las gracias infinitas por el aporte que ha hecho al cambio cultural en Colombia y espero que podamos seguir aprendiendo de sus enseñanzas. Como docente y como ciudadano, tengo que reconocer que muchas veces Antanas me ha inspirado y espero que lo siga haciendo; y que también lo haga con miles y miles de docentes, de artistas e intelectuales y con millones de ciudadanos que conforman las próximas generaciones de colombianos.

Imagen tomada de: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTov6O3AcKLGi1IVT5CdTL08GjePQQWHBXDEanzUIktrD5jjrfaMA

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/julian-de-zubiria-le-rinde-un-homenaje-a-antanas-mockus/609538

Comparte este contenido:

Colombia: ¿Está en coma la salud del magisterio?

La silla Llena   Columna

Si el acceso y derecho a la salud de los maestros y maestras no mejora pronto, dentro de poco tendremos una epidemia de encadenamientos en las principales ciudades del país.

 

En menos  de una semana, tres eventos de encadenamiento de docentes o familiares de docentes se han presentado  a lo largo y ancho del país, ¿el motivo? La pésima atención en salud que tenemos los docentes públicos en Colombia.

El primer caso se desarrolló el lunes 8 de abril en la ciudad de Medellín en las instalaciones del prestador de salud Red Vital,  que atiende a los docentes de la región 8 (Antioquia y Chocó). El docente y activista sindical jubilado León Vallejo, se encadenó a una silla hasta que le entregaran un medicamento que evite se repita un accidente cerebrovascular del que ya fue víctima. El resultado de la acción fue la entrega de la medicina.

El segundo caso tuvo lugar  el miércoles 10 de abril en la ciudad de Bogotá, cuando el docente Eduardo Pinilla se encadenó frente a la sede  el Campín de UT Servisalud San José, prestador para la región 10  que atiende: Bogotá, Cundinamarca, Guaviare, Amazonas, Guainía, Vaupés y Vichada. El maestro Pinilla reclamaba que Servisalud no quería entregarle unas cremas necesarias para tratar una dermatitis atópica aguda que sufre su hijo Rafael Pinilla de 4 años, el argumento del prestador es que esos medicamentos están catalogados como estéticos, a pesar de que el padre tenía un fallo de tutela y otro del tribunal superior de Bogotá que exigía a Servisalud la entrega del medicamento. Después de más de 15 horas de encadenamiento, la llamada del viceministro de salud, la presión de los medios de comunicación, la visita del presidente de FECODE y el acompañamiento del sindicato de Bogotá la ADE, el prestador se vió obligado a entregar las cremas necesarias para continuar con el tratamiento del niño.

El tercer caso inició  hoy  16 de abril en la ciudad de Cali. Familiares de la docente pensionada Leonor Bolívar a quien le deben extirpar un tumor cerebral, se encadenaron en una de las sedes de la empresa Cosmitet, que atiende la región 2: Valle del Cauca y Cauca.  Este caso también cuenta con un fallo judicial que ha sido incumplido, la maestra Leonor y sus familiares encadenados siguen esperando que Cosmitet cumpla con lo que le ordena un juez de la república. Este caso está aún sin resolverse, y obviamente, la vida de la docente sigue en peligro inminente.

Las anteriores experiencias son apenas la punta del iceberg, el sábado pasado se llevó a cabo una Quejatón frente a Servisalud que logró recopilar más de 150 casos en dos horas, los principales motivos eran la falta de citas con especialista, entrega de medicamentos, cirugías represadas y exámenes clínicos pendientes, situación que también viven la mayoría de colombianos que no pertenecen a este privilegiado régimen especial.

Cínicamente el gobierno nacional ha querido mostrar el servicio de salud del magisterio como un régimen súper excepcional, modelo que no deja de ser una intermediación mediocre, que genera ganancias  millonarias a los dueños de las empresas prestadoras que buscan que  los docentes paguen planes de medicina prepagada por el mal servicio que ofrecen; sumado a que la superintendencia de salud no actúa de manera contundente y la Fiduprevisora que es la entidad con la que estos prestadores firman los contratos, es totalmente negligente para hacer cumplir los términos de referencia de los mismos.

En resumen, si el gobierno nacional en cabeza del ministerio de hacienda dueño del 99% de la Fiduprevisora no sanciona a los contratistas, si el ministerio de educación no presiona para que sus docentes accedan al derecho a una salud digna, si el ministerio de salud y la superintendencia de salud no le meten el diente a estos mercachifles de la salud, en las próximas semanas veremos cientos de encadenamientos de maestros/as o de sus familiares, desesperados porque en este país vale más el twitter de un periodista, que el fallo judicial de un juez o un magistrado.

Fuente de la Información: https://lasillavacia.com/silla-llena/red-de-la-educacion/esta-coma-la-salud-del-magisterio-70810

Comparte este contenido:

América Latina. Socialismo y feminismo en el horizonte estratégico de las luchas populares

Redacción: Kaosenlared

En las luchas de resistencia nos encontramos, y nos vamos reconociendo. No solo en los dolores y en las rabias. También en las esperanzas. Nos miramos primero con desconfianza, mientras las energías de nuestras batallas van permitiendo descubrirnos en la posibilidad de un horizonte que nos anime a marchar juntas. Mujeres trabajadores, campesinas, amas de […]

En las luchas de resistencia nos encontramos, y nos vamos reconociendo. No solo en los dolores y en las rabias. También en las esperanzas.

Nos miramos primero con desconfianza, mientras las energías de nuestras batallas van permitiendo descubrirnos en la posibilidad de un horizonte que nos anime a marchar juntas.

Mujeres trabajadores, campesinas, amas de casa. Mujeres indígenas, mestizas, negras. Mujeres sin trabajo, sin tierra, sin educación. Mujeres sin derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Mujeres migrantes estigmatizadas por la xenofobia. Mujeres condenadas por la lesbofobia y por las muchas discriminaciones que se ejercen hacia quienes se apartan de los modelos de familia impuestos. Mujeres pobres, mujeres maltratadas. Mujeres olvidadas, negadas, prostituidas, traficadas, asesinadas… por ser mujeres.

Mujeres del pueblo que cotidianamente somos parte y víctimas de la producción y reproducción del capitalismo, del racismo y del patriarcado, en un continente marcado por la historia colonial.

Nuestro horizonte estratégico en América Latina es –necesitamos que sea– una acción cotidiana que apunte a cuestionar y a terminar con todas las opresiones. No con una primera y otra después. Desaprender la dominación en sus distintas maneras de expresarse (ya sabemos que un cambio en la estructura económico-social no determina un cambio mecánico en las maneras de relacionarnos, aunque puede favorecerlo… Y también aprendimos que no hay socialismo sin un profundo trastocamiento de las conciencias, de las subjetividades, de las maneras de sentir y desear, de vivir cada día).

Socialismo y feminismo son, en esta perspectiva, proyectos que integran en un mismo sueño la posibilidad de que nuestras vidas pasen a ser plenamente decididas por nosotras mismas, terminando con la enajenación, que es producto de más de 500 años de imposición de un sistema que estableció a sangre y fuego el dominio del capital y de la cultura patriarcal –propios de la mal llamada “civilización”–.

La propiedad privada de la tierra, de los medios de producción, de las riquezas generadas por el trabajo, se estableció en América Latina como parte de los mecanismos de saqueo, de devastación de la naturaleza. Si los invasores se pudieron establecer en estas tierras, negando y aplastando a las culturas pre-existentes, fue a costa de una enorme violencia, de crueles genocidios, de la esclavización y el sometimiento a servidumbre de miles de hombres y mujeres.

Genocidio e impunidad son las cartas de presentación de la “civilización” occidental en Nuestra América, que hoy continúan con las políticas imperialistas de militarización del continente, de establecimiento de bases militares en nuestros territorios, con la criminalización de la pobreza y la judicialización de la protesta social.

En pleno siglo 21 volvemos a tener en el continente golpes de Estado y dictaduras, como la hondureña, que busca ser “legitimada” por gobiernos que se dicen “democráticos”, en el marco del Sistema de Integración de Centro América (SICA) o en la OEA. Sufrimos también desgobiernos como los de Colombia, elegidos en procesos fraudulentos, financiados por los fondos norteamericanos y europeos. Sigue habiendo intervenciones militares, como en Haití, que profundizan las políticas de pobreza y de represión, e incluso articulan respuestas militares frente a las catástrofes naturales. El colonialismo no sacó la bota de América Latina, que continúa aplastándonos en el imperialismo y en los mecanismos renovados de saqueo y de violencia.

Hace más de 500 años la extracción de las riquezas en el continente, mediante el trabajo esclavo, fue una de las fuentes decisivas para sostener y enriquecer al capitalismo naciente en Europa, y una clave fundante de los procesos coloniales. Su legitimación implicó una operación cultural de “naturalización” de estos mecanismos brutales, que requerían la inferiorización de las mujeres y su domesticación. Se estableció así una íntima conexión entre el patriarcado, como sistema de opresión de la mujer, y el capitalismo, como sistema de explotación de los trabajadores y trabajadoras por el capital.

La cultura patriarcal contribuye a mantener a la gran mayoría de las mujeres en una situación de desvalorización social, de marginación económica, de “invisibilidad”, de negación de su lugar en la historia, de mercantilización de sus cuerpos. Esto está ligado tanto a la necesidad de mantener bajo control la propiedad, como a la de vigilar la sexualidad de las mujeres, y así la “herencia” patrimonial. La forma de organización familiar compatible con ambos objetivos es la familia monogámica, cuyo “par complementario” es la prostitución.

La familia monogámica está organizada sobre la base de la opresión patriarcal de todas las mujeres, que impone sobre unas –las mujeres destinadas a esposas– control y vigilancia sexual, a la vez que destina a las otras a la prostitución pública.

Los cuerpos de las mujeres, en esta historia, han sido y siguen siendo parte del botín colonial. Apropiados salvajemente, avasallados, violados, torturados, secuestrados, no solo en los marcos de las invasiones, de las guerras, de las dictaduras, sino incluso como parte la “normalidad” del sistema en el que los femicidios, la trata de mujeres, la sobre-explotación de las mujeres, la división sexual del trabajo, son parte del cotidiano que sufrimos.

Situaciones constitutivas de las súper ganancias de los poderosos, y del “plus” que es plusvalía –explotación del capital al trabajo–, y también es plus de opresión en el hogar, donde las mujeres gastamos nuestras energías y nuestro tiempo “al servicio de…”, siempre para otros, en nombre… “del amor”.

La dominación de las mujeres no ha sido, ni es solamente producto de la subordinación a los hombres colonizadores, sino también a los hombres colonizados.

La cultura de los violentos vencedores se volvió dominación, pero también sentido común entre los vencidos y vencidas.

Cuando denunciamos la marca colonial de esta dominación, tenemos en cuenta que la “civilización” occidental, que sojuzgó –y continúa sojuzgando– a las mujeres, tiene como antecedente histórico directo el feminicidio –a través de la caza de brujas– a lo largo de varios siglos en Europa, ordenada por la “Santa Inquisición”. Cuando en la actualidad los sectores hegemónicos de las Iglesias reaniman el fundamentalismo como doctrina de guerra contra las mujeres, están actuando en continuidad con aquellos antecedentes.

El proceso de acumulación primitiva del capital se produjo a partir de la expropiación violenta de los campesinos en Europa, de la conquista y el saqueo del Tercer Mundo, y de la ruptura de la propiedad –el quiebre de la relación directa entre el ser humano y la tierra–.

En este proceso se desposeyó a la masa campesina de la tierra y de su relación histórica con ella, y simultáneamente se separó a las mujeres de la esfera productiva, convirtiéndolas en amas de casa –cuyo aporte al trabajo doméstico es negado– o en obreras sobreexplotadas.

La división sexual del trabajo fue la primera forma de la división social del trabajo.

Federico Engels analizó que el tránsito del matrimonio por grupos hacia la organización de la familia monogámica implicó, por parte de las mujeres, la pérdida del valor social de su trabajo: productoras de bienes de uso, las mujeres quedaron recluidas en el espacio doméstico.

En los últimos años, como consecuencia de la profundización de la crisis capitalista y de su impacto en el Tercer Mundo, se acentuó la “feminización de la pobreza”, que ha tenido como contrapartida, la “feminización de la resistencia”.

El concepto de “feminización de la pobreza” se refiere no solo a las diferencias objetivas existentes entre hombres y mujeres en lo que se relaciona con el acceso al trabajo, el salario, a los derechos laborales, sino también a las distintas maneras en que hombres y mujeres experimentan la pobreza.

En las mujeres esos efectos se agravan, tanto por el rol social que se nos asigna en el plano de la vida privada, como por la amplia gama de discriminaciones y estereotipos a los que estamos sujetas. En el contexto del ajuste neoliberal, las mujeres funcionamos como fuerza laboral secundaria y marginal, utilizada por el sector empresario para bajar los costos de producción.

El retiro del Estado de los servicios sociales de salud, transporte, educación, etc., ha significado un incremento del trabajo doméstico y de los trabajos “flexibilizados”, sin cobertura social, a través de los cuales las mujeres tratamos de compensar estas carencias. Las dobles y triples jornadas, la extensión e intensificación del trabajo femenino, sigue siendo la base para la acumulación y ganancia capitalista.

La inserción de las mujeres en el mercado de trabajo, sin superar la división sexual del trabajo, ha llevado a ubicar a las mujeres en las áreas de peor calidad de empleo, manteniendo brechas de ingresos, con tasas de desempleo que son el doble de las masculinas, y sin protección social. Hay una avalancha de mujeres jóvenes en el mercado laboral. Las economías volcadas a la exportación reprimarizada –como lo son la mayoría de las economías latinoamericanas–, incluyen cada vez más la “exportación” de seres humanos. Es el fenómeno de las migraciones masivas, que en el caso de las mujeres vienen marcadas por la migración para el servicio doméstico, la trata de personas y la explotación sexual.

La situación actual aumenta la vulnerabilidad de las mujeres campesinas e indígenas, expulsadas a diario de las tierras por las políticas de concentración y destrucción, llevadas a cabo por las transnacionales, en convivencia de los gobiernos nacionales y locales. Frente a esto crecen las organizaciones campesinas, y el lugar en ellas de las mujeres que defienden la soberanía de los bienes naturales como la tierra, el agua, los territorios, la soberanía alimentaria, revalorizando la agricultura campesina, y denunciando las destrucción de las tierras, de vida de los pobladores y pobladoras por el uso del monocultivo, y por los daños que causan las transnacionales en nuestros países.

Estas iniciativas son parte de una cultura socialista y feminista, que va creciendo en la práctica social concreta, apuntando a recrear los vínculos solidarios entre hombres y mujeres, y de estos y estas con la naturaleza.

El encuentro del socialismo y del feminismo es fundamental a la hora de pensar, en nuestro continente, la interacción de las diferentes opresiones: clase, raza, género, y para poder proyectar tanto las alianzas necesarias, como una teoría de la transformación social que permita constituir un sujeto colectivo que abra caminos emancipatorios, y que conjugue a un mismo tiempo la lucha por todas las libertades.

Socialismo y feminismo son parte del horizonte estratégico de las luchas de las mujeres, pero podrían y sería interesante que se volvieran parte también de los objetivos de todas las organizaciones emancipatorias, volviéndose una meta también de los hombres, de las diversidades sexuales, es decir, de todos y todas las que pretenden crear una nueva sociedad, un nuevo mundo en el que quepan todos los mundos, todas las sensibilidades, todas las subjetividades históricamente oprimidas.

La experiencia anticolonial en América Latina, los cinco siglos de resistencia indígena, negra, feminista, popular, se vuelve así un camino para inventar nuevas relaciones entre los seres humanos, y de los seres humanos con la naturaleza, superando las visiones occidentales de dominación y explotación, en todas las dimensiones vitales.

Hablamos de un feminismo popular, insumiso, socialista, que cuestiona a las concepciones patriarcales de ciertas izquierdas, y también a las perspectivas domesticadoras de un feminismo burgués, funcional a las políticas de explotación capitalista.

Hablamos también de un socialismo construido desde abajo… que cuestiona las concepciones que en nombre del socialismo sostuvieron y reprodujeron opresiones.

Un socialismo que, al decir de Mariátegui, no será calco ni copia, sino creación heroica de los pueblos.

Feminismo y socialismo de los pueblos, como parte del desafío de unir en un mismo cuerpo colectivo las rebeldías frente a la explotación capitalista, a la violencia imperialista que mata/ invade/ destruye en nombre de la absurda racionalidad occidental; para desafiar la opresión patriarcal, el racismo, la xenofobia, el neocolonialismo transnacionalizado.

Es imprescindible asumir todas las dimensiones de esta batalla cultural, como un gesto cotidiano de descolonización, como una creación que se reconoce en cada cicatriz, en la que nuestros cuerpos se vuelvan los territorios complejos de los que partimos para el amor y para la rebeldía, y en los que la revolución no quede inscrita como un sueño eterno, sino como una vivencia permanente y cotidiana, como una revolución en las revoluciones conocidas y en las revoluciones que seguimos inventando, con voluntad, trabajo, imaginación, y el deseo liberado de cambiar al mundo.

Fuente: https://kaosenlared.net/america-latina-socialismo-y-feminismo-en-el-horizonte-estrategico-de-las-luchas-populares/

Comparte este contenido:

Una tarde con Judith Butler

Por: Piedepagina/17-04-2019

Referente del pensamiento de género, la filósofa norteamericana visitó Buenos Aires. Para su conferencia se anotaron 15 mil personas y produjo furores. La periodista Cecilia González escribió este texto sobre el encuentro para la Revista digital La Agenda. Lo reproducimos con permiso del medio de de la autora

Es bajita, delgada y tiene el cabello corto, entrecano y peinado al medio. No usa maquillaje, ni aros ni bisutería alguna. Como único accesorio, un pañuelo verde cuelga amarrado a su maletín.

Judith Butler, la filósofa estadounidense de 63 años convertida a fuerza de libros, pensamiento y teorías en faro del firmamento feminista, entra a uno de los salones de la Universidad Tres de Febrero vestida con pantalón, camisa y zapatillas negras. El único toque discordante son sus medias verdes, ese color resignificado el año pasado en Argentina como emblema de la lucha por la legalización del aborto y que ya se ha expandido por América Latina.

“Voy a hablar en inglés, pero entiendo español”, dice la catedrática de la Universidad de California, en Berkeley, a la docena de periodistas que fuimos invitadas por la Untref para charlar con ella. Y lo dice con una sonrisa y una voz suave que mantendrá durante toda la tarde.

La mayoría de las periodistas partimos a la cita con Butler en una combi desde La Biela, el conservador y tradicional bar porteño en donde los mozos tuvieron que tomar un curso sobre género después de discriminar a una pareja de lesbianas por besarse en público. En el camino hacia la sede de la Untref en General San Martín, algunas confesamos la dificultad de asimilar las tesis desarrolladas por Butler en sus libros sobre género, cuerpos, lenguaje, teoría performativa, identidad o hegemonía. En sus ponencias o entrevistas, en cambio, la claridad de su discurso permite entender por qué es una referente del feminismo que, al estilo de una estrella pop, convoca a masas. Aquí, el equivalente es la creciente popularidad de Rita Segato. Lo comprobamos enseguida. Al llegar a la Untref, cientos de personas, la mayoría jóvenes veinteañeros, forman varias cuadras de fila desde hace horas para poder entrar al microestadio en el que Butler dialogará con activistas del colectivo Ni Una Menos después de su encuentro con las periodistas.

Ya en el salón, mientras esperamos a la filósofa y tomamos café y galletas, llega Claudia Piñeiro, la escritora que abrazó el activismo y hoy es una de las voces más potentes del feminismo argentino. Pola Oloixarac, frecuente crítica de algunos feminismos, presume el diseño de su libro Mona. La activista trans Marlene Wayer prefiere salir a hablar con los estudiantes que esperan por Butler. Las Ni Una Menos se identifican con sus remeras rosas. La tarde es alterada por la noticia del hallazgo de la nieta 129 que ha sido recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo.

Entonces llega Butler. En un español entrecortado, celebra “el lindo día” regalado por el otoño porteño. Con nosotras sentadas en semi círculo y ella rodeada de fotógrafos y el salón cada vez más lleno de fans, la filósofa responde preguntas durante una hora, café en mano, con la ayuda de una traductora a la que felicita a cada rato por la manera en que interpreta sus palabras. “No soy binaria”, dice la impulsora de la teoría queer, recordando lo alejada que está de cualquier estereotipo, en particular los de género porque son meras construcciones sociales impuestas. También explica que el aborto es un derecho que pone en cuestionamiento quién tiene poder sobre el cuerpo de una mujer: “es porque el cuerpo de las mujeres es del Estado, de la Iglesia, o de la Iglesia dentro del Estado. Son amigos muy cercanos”.

Le pregunto por el MeToo mexicano, el movimiento que en las últimas semanas copó las redes sociales con denuncias anónimas y masivas de abusos y acoso contra mujeres. Periodistas, escritores, músicos, académicos y activistas fueron escrachados con nombre y apellido. Unos reconocieron sus “errores” y se disculparon. Otros fueron echados de su trabajo. Pero un famoso músico, Armando Vega Gil, decidió suicidarse después de ser acusado de abuso contra una menor de 13 años. El movimiento feminista impulsor de las denuncias entró en crisis.

–Es muy complicado –reconoce Butler–. MeToo es un movimiento muy importante porque ha ayudado a visibilizar los abusos sexuales, la violencia, la discriminación, eso tiene que ser expuesto, pero las feministas nos tenemos que plantear si buscamos justicia, porque desconfiamos y a veces dejamos aparte el sistema legal. Muchas veces se habla de cancelar a otra persona. ¿Qué buscamos: denunciar el acto o arruinarle la vida a otra persona? Decidir que la vida de alguien no merece respeto ya no es justicia. Las mujeres negras de Estados Unidos desarrollaron el concepto de “justicia restauradora” porque piensan que no está bien que los hombres negros terminen en la cárcel en donde van a terminar siendo oprimidos. Eso no ayudaría en nada. Hay que condenar los actos de abuso y no a la persona, porque si no, nos estaríamos convirtiendo en jueces y verdugos.

La conferencia termina y Butler es rodeada por pedidos de autógrafos y fotografías. Luego se reúne a solas con Marta Dillon, Verónica Gago y Cecilia Palmeiro, las activistas del Ni Una Menos con las que, un rato más tarde, compartirá un diálogo público en el microestadio de la Untref, en un evento al que se inscribieron 15 mil personas. Sólo caben 1400.

Una de ellas es Antonia Firpo, una joven de 19 años que estudia simultáneamente Relaciones Internacionales y Filosofía. Viene a pesar de que disiente con Butler. “Fui a varias charlas sobre su pensamiento y hay cosas que no comparto, pero la posibilidad de escucharla me parece muy piola para mi formación, para pensar desde otros ámbitos. Yo comparto un poco más de ideas con el feminismo radical que con la teoría queer, pero no puedo perder esta oportunidad”, explica.

A su lado, Lucila Druetta, estudiante de Sicología de 19 años, sí se confiesa fan de la filósofa: “me cuestan muchísimo sus libros, desarrolla pensamientos complejos, pero quizá escuchándola en vivo me ayude a entenderla mejor”.

La marea que colma el microestadio no es sólo femenina. Javier Marino, de 24 años y estudiante de Relaciones Comerciales Internacionales, cuenta que hace poco leyó “Deshacer el género” y se dio cuenta de la falta de información que hay en los medios e incluso en las universidades para abordar el tema “en medio de una coyuntura social urgente protagonizada por los feminismos, es necesario formarnos mucho más y mejor para crecer social y políticamente”.

Apenas entra Butler, una ovación masiva le da la bienvenida. Aníbal Jozami, rector de la Untref, la recibe con un discurso que amplía el sentido político del acto. “En una época en que se ataca a la universidad pública, a pesar de las trabas que estamos viviendo, vamos a seguir haciendo estos proyectos porque el feminismo es el nombre de la justicia social”, dice. “¡Fuera, fuera, fuera Macri, fuera!”, le responde una multitud a coro.

Durante dos horas, la activista advierte que los paradigmas del feminismo no son siempre los mismos, invita a convivir con la fragmentación del movimiento, a no tener miedo del conflicto, a entender que el enemigo común de los feminismos es el régimen patriarcal, capitalista y homofóbico, a subrayar lo colectivo por encima de la experiencia individual. Y sentencia: “los feminismos trans excluyentes no son feminismos”. El público no se cansa de aplaudirla.

El nombre de la filósofa se convierte en la segunda tendencia de Twitter Argentina este martes por la noche. Es el “Butlerpalloza”, como lo bautizan algunos usuarios. Otros aportan datos a un “Butler para principiantes”. Miles siguen la transmisión por streaming.

Ella reconoce que está cansada. Que ya es tarde. A punto de despedirse, anuncia que está escribiendo un libro para niños y que, cuando lo termine, le enviará una copia al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, famoso, entre muchas otras cosas, por su asumida homofobia. Las Ni Una Menos arengan y el público responde a modo de despedida: “Y ahora que estamos juntas / y ahora que sí nos ven / abajo el patriarcado / que va a caer que va a caer / arriba el feminismo / que va a vencer que va a vencer”.

Butler no canta pero sí aplaude a sus compañeras de mesa, sonríe de frente al público a modo de agradecimiento. Y se va.

*Fuente: https://piedepagina.mx/una-tarde-con-judith-butler/

Comparte este contenido:

Juana Manso: mujer feminista y defensora de la educación

Por: Luciana Sabina/17-04-2019

Logró avanzar con escuelas mixtas, la planilla de asistencia, la eliminación de castigos corporales y la enseñanza del inglés, entre otras.

Juana Paula Manso nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1819. Su padre, José María Manso, fue un ingeniero español que apoyó la Revolución de Mayo y luego se volcó por el partido Unitario. Muchas veces llevaba consigo a Juana a los cafés porteños donde la pequeña recitaba poemas. Siempre contó con el aval y la preocupación de su progenitor, siendo incentivada de modo cotidiano a desarrollarse intelectualmente. Sobre esta base Juana se convirtió en una gran autodidacta, incursionó incluso en el aprendizaje de idiomas. 

A los trece años tradujo del francés «El egoísmo y la amistad o los defectos del orgullo» utilizando un seudónimo. Su padre lo hizo publicar. Por entonces la familia vivía en Montevideo debido a la persecución impuesta por Juan Manuel de Rosas a los unitarios.

En 1841 Juana fundó una escuela para niñas utilizando dos habitaciones de su hogar, entre sus alumnas figuró Dolores Lavalle, hija del general. También dio clases  de idiomas a domicilio. Mientras tanto iba realizando diversas publicaciones poéticas en la prensa.

En 1844 se trasladó a Brasil, país en el que conoció al violinista portugués Francisco de Saá Norohna. Se casaron y juntos viajaron a Estados Unidos, donde Juana conoció las particularidades de una sociedad que otorgaba mayor libertad y oportunidades a las mujeres, además fue presa de la fascinación al conocer el avanzado sistema pedagógico yanquie.

Realizaron este viaje con esperanzas en la carrera de Francisco. Su fracaso en los escenarios fue rotundo y la pareja comenzó a tener discusiones. Manso lo refleja en sus escritos: «a pesar de su delicadeza natural, irritado como estaba me decía mil palabras fuertes que hicieron bañar en lágrimas mis ojos».

En 1848 llegaron a Cuba ya con dos hijas. La suerte tampoco los acompañó allí y terminaron regresando a Brasil.

En 1852, Juana fundó el primer periódico dedicado a las mujeres en América Latina: «O Jornal das Senhoras. Modas, Litteratura, Bellas-Artes, Theatros e Critica». Ese mismo año su padre murió y su marido la abandonó. Quedó sola a cargo de dos niñas, a quienes mantuvo trabajando como docente. Nunca dejó de lado su trabajo literario y periodístico, realizando diversas publicaciones. Juana era entonces una decidida feminista: «Quiero probar que la inteligencia de la mujer -escribió- , lejos de ser un absurdo o un defecto, un crimen o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad».

En 1859 se instaló definitivamente en Buenos Aires. Su viejo amigo José Mármol le presentó entonces a Domingo Faustino Sarmiento, que ocupaba el cargo de Director del Departamento de Educación del Estado de Buenos Aires. Se entendieron de inmediato y comenzaron a trabajar en conjunto, principalmente a través de la instalación de escuelas mixtas, por entonces muy combatidas. El sanjuanino confió tanto en su capacidad que la dejó a cargo de su revista Anales de Educación Común.  

La sociedad de damas de Beneficencia no concordaba con los adelantos pedagógicos que propagaba Juana, quien había alcanzado el puesto de Directora de la Escuela Normal Mixta. 

Esto la llevó a enfrentarlas y a enemistarse con parte de la Iglesia Católica. 

En 1865, con Sarmiento lejos de Buenos Aires, obligaron a Manso a despedir a los alumnos varones de la institución. Ella presentó su renuncia de inmediato.

Tamaño atropello no la detuvo, por eso hoy tantas calles del país llevan su nombre.

Nuestra provincia la reconoció en vida, convirtiéndola en Miembro Honorario de la «Asociación Amigos de la Instrucción Popular de Mendoza», hacia 1870.

Con Sarmiento de regreso -y en la presidencia- Juana fue nombrada miembro de la Comisión Nacional de Escuelas, lugar que por primera vez ocupa una mujer. 

Los cambios que impuso incluyeron incorporar a la enseñanza las planillas de asistencia, el idioma inglés y eliminar los castigos corporales. Además, estableció que los directivos obtengan sus puestos por concurso y ayudó a los niños indigentes, a quien ella misma enseñaba las primeras letras. 

Sarmiento refirió en muchas oportunidades a su amiga, en esta frase deja entrever el machismo al que la vio enfrentarse: «La Manso fue el único hombre de 3 o 4 millones de habitantes de Chile y Argentina que comprendiese mi obra educación… ¿Era una mujer? Sí, pero parece que una mujer pensadora es un escándalo para esta sociedad».

Juana abandonó el mundo con la misma fuerza que usó para recorrerlo. Agonizante, en abril de 1875, se negó rotundamente a recibir la extremaunción por parte de un sacerdote católico y como «reprimenda» terminó siendo sepultada en un cementerio de protestantes ingleses.

«Aquí yace una argentina que en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a la patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros, antes que profanar el santuario de su conciencia», decía el epitafio. En 1915 sus restos fueron trasladados y descansan desde entonces en el panteón de Maestros de la Chacarita.  

La patria empezó así a reconocerla, dándole espacio entre aquellos que más creen en la humanidad: los docentes.

Fuente de la reseña: https://losandes.com.ar/article/view?slug=juana-manso-mujer-feminista-y-defensora-de-la-educacion

Comparte este contenido:

Libro: El giro decolonial Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global

Por: unsa.edu.ar.

El libro se llama “El giro decolonial: reflexiones para un diversidad epistémica más allá del capitalismo global” (PDF), fue publicado en el 2007 y compilado por Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel, dos importantes militantes de esta corriente de pensamiento.

El texto contiene diferentes textos cortos de investigadores como Catherine Walsh, Walter Mignolo, Aníbal Quijano, Juliana Flórez-Flórez y Eduardo Restrepo, entre otrxs. Es un texto muy recomendable para quienes se introducen en el giro decolonial.

Ficha bibliográfica:

Castro-Gómez, Santiago y Grosfoguel, Ramón (Comps.) (2007) El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Bogotá, Siglo del Hombre Editores; Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar.

Link para descargar el libro: Giro decolonial

Fuente de la reseña: http://www.unsa.edu.ar/histocat/hamoderna/grosfoguelcastrogomez.pdf

Comparte este contenido:
Page 909 of 3046
1 907 908 909 910 911 3.046