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Entrevista a Juliana Martínez Franzoni: Pensar los cuidados en medio de la gran pandemia

Por:  Ailynn Torres Santana

 

La crisis asociada al coronavirus genera el congelamiento de la economía monetaria y la sobreexigencia de la economía no monetaria y doméstica. El covid-19 evidencia la desigualdad en las tareas domésticas entre varones y mujeres y demuestra la falta de sistemas públicos de cuidado. En esta entrevista, Juliana Martínez Franzoni, reconocida académica e intelectual, afirma que es el momento de proponer un nuevo modelo de cuidados para lograr igualdad y justicia.

El covid-19 no es solo una crisis sanitaria, sino que afecta diversos ámbitos de la vida social. ¿Cuál es, según su opinión, el alcance de esta crisis? ¿Qué dimensiones involucra?

Si bien esta crisis empezó siendo sanitaria, rápidamente se volvió social, política y económica. No hay orden de la vida que esta crisis no haya tocado. Es, además, una crisis planetaria cuyos alcances aún no podemos comprender adecuadamente.

Aunque la respuesta inicial a la crisis se produjo a través de los sistemas sanitarios, la única manera de hacerle frente es reduciendo la demanda sobre los hospitales, cortando las cadenas de contagio para que no se desborden. Eso ha llevado al distanciamiento social y al congelamiento de la economía monetaria. Subrayo la palabra «monetaria» porque, por el contrario, la economía no monetaria, la que tiene lugar de manera no remunerada, principalmente en el ámbito doméstico, está a tope y más exigida que nunca.

El congelamiento de las economías monetarias lleva rápidamente a la suspensión de contratos laborales, la reducción de jornadas, la pérdida de la capacidad de la gente de generar ingresos. Esa es una amenaza muy seria a nuestras formas de vida. Estamos lidiando con una situación que implica el virus, pero también el hambre y la posibilidad de estallido social producto de ello. Es una bomba de tiempo que está a la vuelta de la esquina en diferentes lugares del planeta. Me parece sumamente importante tener presente que estamos frente a un triple reto: el virus, el hambre y el estallido social. Eso tiene consecuencias para regímenes democráticos frágiles, como los que tenemos en América Latina.

No todos los países están en el mismo momento en relación con ese triple reto ni tienen las mismas condiciones para afrontarlo. Ecuador es un triste ejemplo de lo que puede suceder si no se actúa rápidamente. No estamos todos en el mismo barco. Hace poco, un usuario colocó una frase interesante al respecto en las redes sociales: «no estamos en el mismo barco, estamos en el mismo mar y hay unas personas en yate, otras personas en bote, otras personas en salvavidas, otras personas nadando con todas sus fuerzas». Y alguien agregaba: «algunas personas están nadando con todas sus fuerzas empujando los botes de otros».

La crisis sanitaria se asienta, por ende, en una tremenda desigualdad previa y la potencia de una manera que todavía no podemos aquilatar. Entre esas desigualdades, la de género y la socioeconómica constituyen clivajes importantes de desigualdad. A ellas se agregan otras muchas desigualdades vinculadas a la etnia o a la migración.

Usted asegura que la economía no monetaria está más exigida que nunca. Ella se realiza, en buena medida, «puertas adentro», en los espacios domésticos, y es un ámbito poco instalado en la conversación política y económica sobre la crisis. ¿Qué está pasando en las familias y, específicamente, qué está pasando con las necesidades de cuidados que habitualmente se satisfacen allí a través del trabajo de las mujeres?

El distanciamiento físico obligatorio y la reclusión en el ámbito doméstico de la ciudadanía genera dos cambios fundamentales. Uno es el desplome de los ingresos y, más aún en los trabajos más precarios e informales. Recordemos que las mujeres se encuentran desproporcionadamente ubicadas en ese tipo de trabajos.

El otro cambio involucra dimensiones de la vida que normalmente tienen lugar fuera del ámbito doméstico, como la escuela, el centro de salud, el apoyo psicológico, la recreación, y que ahora se concentran en ese ámbito doméstico. Eso tiene una implicancia directa en la vida de las mujeres, que están aún más sobrecargadas. Esto no es algo nuevo, sino que se exacerba con el covid-19. Las mujeres hacemos malabarismos trabajando, cuidando, siendo maestras, psicólogas y doctoras. Aunque en el escenario previo las mujeres ya éramos malabaristas, en este momento esa situación se expresa de manera absoluta.

Hace tiempo que, desde una perspectiva feminista, buscamos calcular cuánto se produce de manera no monetaria (no remunerada) como proporción del PIB en los diversos países. Hoy sabemos que el trabajo doméstico y de cuidados que tiene lugar en las familias de forma no remunerada equivale a entre 15% y 25% de todo lo que se produce en una sociedad. El grueso de ese trabajo lo hacemos las mujeres. Por cada punto del PIB que invierte el Estado, las mujeres aportamos una contraparte no monetaria. Por ejemplo: si tienes una escuela pública, alguien tiene que llevar a la niña a la escuela, buscarla, traerla, hacer las tareas con ella y apoyarla. Y si llevas a un niño a la doctora, hay que administrar medicina, tomar la temperatura, etc.

No tenemos la medida de cuánto esta crisis está aumentando ese aporte no monetario fundamental, pero ese trabajo se ha disparado. Tenemos una espiral de demanda de cuidado que se satisface principalmente con el trabajo de mujeres. La economista feminista Nancy Folber decía hace unos días que si los gobiernos se preocuparan por el déficit de cuidado solo una fracción de lo que están preocupados por el déficit fiscal que genera esta crisis, estaríamos en mucha mejor forma para transformar esta situación y para honrar las demandas de cuidado con un esfuerzo más colectivo, más masculinizado y evitando que sean solo las mujeres las que satisfagan esas demandas.

Es necesario que reflexionemos sobre lo que están viviendo las mujeres que antes de la pandemia estaban exigidas y ahora lo están mucho más. Al mismo tiempo, debemos pensar qué está sucediendo con esas mujeres que estaban generando ingresos y que ahora ven desplomadas sus estrategias para ello. Y debemos pensar también qué está pasando con las que están ubicadas en los trabajos de mayor exposición, los ahora considerados servicios esenciales (comercio, supermercados, alimentos, sistema de salud) y tienen que atender muchísimas demandas de cuidado en sus hogares, a la vez que sostener los ingresos en su bolsillo.

Durante el siglo XX se produjo lo que algunos han llamado una revolución silenciosa: la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado. A la vez, se ha dicho que ello no modificó los órdenes familiares, sino que la división sexual del trabajo dentro de los hogares continuó siendo básicamente la misma. ¿Fue así? ¿Esta crisis podría empujar algún cambio dentro de los órdenes familiares?

La brecha de participación en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado entre hombres y mujeres es de 18 horas semanales. Eso dicen las mediciones de los países que están relativamente mejor, porque son los reportados en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esa brecha baja a 11 horas en los países del sur de Europa, a seis horas en los países anglosajones y a 3,5 horas en los países nórdicos.

Las mujeres hemos sido muy flexibles para adaptarnos a la jornada laboral remunerada y mantaner el trabajo no remunerado. Sin embargo, el ejercicio de la masculinidad en el ámbito doméstico ha cambiado muy poco. Eso no quiere decir que no haya hombres que lo hagan, sino que el ejercicio de las masculinidades en relación con el trabajo doméstico y de cuidados no ha cambiado lo suficiente para reflejarse en las estadísticas. Es así desde el Río Grande hasta Ushuaia, en todos los regímenes políticos, en Estados de Bienestar fuertes o débiles, y no tiene grandes variaciones en los distintos momentos del ciclo de vida.

El uso del tiempo masculino en el hogar es el recurso más democráticamente repartido en toda la región. Mientras las mujeres mostramos una profunda desigualdad entre nosotras, asociadas a los niveles de educación formal y a los niveles de ingresos (cuanto mayores son, menos horas se emplean en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado), entre los hombres hay una enorme homogeneidad.

En la década de 1990 perdimos millones de empleos e ingresos masculinos. Mientras los hombres salían de la industria y la agricultura, a las mujeres, sobre todo a las jóvenes, se las contrataba en la maquinaria textil y en los servicios con trabajos precarizados. Hubo una pérdida de la vigencia social y económica del modelo patriarcal tradicional, en el que el hombre ponía el dinero en la mesa y eso significaba un nivel de protección a la familia, aunque fuera desigual. Ese cambio, lejos de implicar un involucramiento de los hombres en el ámbito doméstico, lo que hizo fue agravar los tipos de relaciones patriarcales violentas. Eso se expresa claramente en casos como el de Ciudad Juárez.

Habiendo sido así, ¿por qué tendríamos que esperar un cambio ahora? No podemos esperar que la mera pérdida de vigencia del papel proveedor de los hombres se traduzca en una ampliación de su dimensión cuidadora. Para que eso suceda se requiere una intervención deliberada del Estado y de otros actores de la sociedad, dándole forma, nombrando y creando incentivos para que eso ocurra. Al mismo tiempo, es necesario prevenir los efectos nocivos que puede generar la actual situación.

Las decisiones sobre cómo se enfrenta esta crisis no deberían dejar fuera a las mujeres. A la vez, las enormes demandas y retos que tenemos en materia de cuidado no deberían dejar fuera a los hombres. Se necesitan mensajes más claros y más fuertes que reconcilien masculinidad y cuidado. No podemos esperar que esos cambios se produzcan por generación espontánea. Estamos rodeadas de un tipo de masculinidad altamente «cuidado-dependiente». Estoy hablando de hombres de entre 15 y 60 años que en su cabeza son extremadamente autónomos, pero en su práctica no tienen la posibilidad de resolver cosas básicas para la sostenibilidad de su vida. En un momento de altísima demanda de cuidado, necesitamos tener más manos cuidando. Este es un momento en el que, en nombre de la solidaridad frente a la crisis, podríamos apelar a esa reorganización.

Parte del asunto es acercarse a los cuidados como una invitación a transformarse y a revincularse con muchos aspectos importantes de la vida. Eso podría generar, de hecho, situaciones en las que todos ganan. Lo que no me imagino es que esto ocurra solo de manera espontánea. Se requieren estrategias, políticas, alianzas (ojalá amplias) y demostrar que este tema toca muchas de las causas de la crisis y también muchas de las posibles soluciones.

¿Cómo puede operar el Estado sobre esas desigualdades existentes entre las propias mujeres? ¿Cómo pueden aportar otros actores sociales para paliar esas diferencias?

Las mujeres nunca antes habíamos sido tan desiguales entre nosotras en América Latina. Las brechas entre hombres y mujeres en términos de cuidados atraviesan todas las clases sociales. La violencia de género atraviesa todas las clases sociales. Pero los recursos con que las mujeres contamos para hacerles frente a estos escenarios son marcadamente desiguales. En una crisis como la que estamos atravesando, eso se exacerba. Por lo tanto, para poder dar pasos decididos para transformar la crisis en una oportunidad que nos permita ser mejores, necesitamos intervenciones diferenciadas para lograr incidir en los distintos escenarios.

El piso para poder tener esta conversación tiene al menos dos componentes: asegurar el ingreso básico en el bolsillo de todas las personas en este momento y garantizar el acceso universal a los servicios básicos.

Muchos de los gobiernos tienen poco espacio fiscal y poca capacidad de hacer cosas. Eso es así si damos por sentado que el 1% constituido por quienes poseen los mayores ingresos no va a contribuir. En cambio, si nos planteamos que esta situación se resuelve para toda la sociedad o no se resuelve para nadie, entonces el escenario puede ser otro. El peligro de no entenderlo así es claro. Tenemos el ejemplo de Singapur, que fue un caso exitoso. Allí se había controlado la situación de diseminación del virus, pero «olvidaron» a la población migrante. La población migrante estaba contagiada y, de repente, el país perdió control de la situación. Ese ejemplo nos alerta acerca de que en este escenario nadie puede quedar excluido porque con que una persona quede excluida todo el ciclo vuelve a empezar.

Los cuidados son parte de una conversación más amplia sobre el papel del Estado. Antes o después tenemos que pasar por el tema del financiamiento y tenemos que elegir si se va a priorizar la austeridad o la solidaridad. Si priorizamos la solidaridad, el 1% que no ha estado contribuyendo tendrá que contribuir.

Usted ha mencionado que reubicar a los cuidados como eje del análisis político tiene que ser un acto de voluntad minuciosamente planificado desde los gobiernos y los distintos actores políticos. ¿Qué tipo de políticas específicas serían imaginables para gestionar este déficit de cuidado en la crisis y tras ella?

Una autora estadounidense, la sindicalista Jane F. McAlevey, ha escrito recientemente un libro, No Shortcuts: Organizing for Power in the New Gilded Age [Sin atajos: organización para el poder en una nueva era dorada], que recoge su experiencia de trabajo organizativo. Ella insiste en la necesidad de tener estrategias simultáneas de organización, movilización e incidencia, y en la necesidad de saber cuándo hay que poner más energía en la organización propia, en el nosotros, en el nosotras, cuándo en la movilización y cuándo en la incidencia.

Partiendo de eso, creo que algunas de las cosas que hay que hacer tienen como interlocutor al Estado y otras tienen que ver más con la movilización, las organizaciones, los múltiples nosotros y nosotras que hay en la región. En todos esos niveles puede haber un lugar para esta agenda y para llevarla adelante de una manera positiva, democrática, inspiradora. Una manera, en definitiva, que nos conecte con asuntos muy profundos que tienen que ver con el sentido de estar vivos, de habitar este planeta.

En esa línea necesitamos consolidar esta idea de que debemos cuidar a quienes nos cuidan y que cuidar es un asunto de la sociedad y no solo de las familias ni de las mujeres. Pero no podemos cuidar a quienes nos cuidan sin tener una agenda que permita crear condiciones de infraestructura básica para la vida. ¿Cómo están haciendo hoy millones de personas en nuestra región, sin agua potable o viviendo en condiciones de hacinamiento? Es un reto incorporar los cuidados como parte de los pisos de protección social y no como si fueran dos cosas distintas.

Deberíamos pensar que más que una excepción, la crisis va a ser por mucho tiempo una regla, una normalidad, una nueva normalidad. Un ejemplo concreto: el rezago escolar que ya hoy tienen niños y niñas que van a los sistemas públicos de la región va a tardar años en recuperarse; la desnutrición infantil que se ha generado en las últimas semanas no la hemos medido todavía, pero se piensa que va a tener consecuencias muy importantes, al igual que la mortalidad materna de mujeres que no están pudiendo llegar a un servicio de salud para parir con seguridad. Necesitamos crear amortiguadores de esta amplificación de la desigualdad. Los cuidados son parte de eso. Necesitamos asegurar servicios básicos que incluyen agua, conexión a internet, electricidad y cuidados redistribuidos entre mujeres y hombres y entre prácticas familiares y extrafamiliares.

Los cambios que está revelando la crisis también agudizan conservadurismos. De hecho, en algunos países de la región hay quienes argumentan que, debido a la mayor precarización, es necesario reducir o postergar las pensiones de padres no convivientes. están en juego las responsabilidades parentales en el caso de algunos hombres. ¿Esa puede ser también una línea de disputa? ¿Qué riesgos tiene un repliegue de esas responsabilidades?

Ese es un gran tema. Acabo de participar de un estudio donde analizamos un tipo de organizaciones de padres que ha crecido en su poder político e incidencia en toda la región (aunque estudiamos los casos de Chile, Uruguay y Costa Rica). Estos grupos tienen una agenda fuertemente antifeminista y reactiva a los avances del Estado para proteger a las mujeres en el ámbito doméstico. Mostramos que en los países donde se ampliaron los derechos paternos, por ejemplo, en materia de tenencia de hijos e hijas, ha sido de la mano de estas organizaciones. Por el contrario, donde se ampliaron los deberes paternos, por ejemplo, en materia de pensiones alimentarias, ha sido de la mano de actores estatales que en buena medida reflejan agendas feministas o articulaciones feministas. Entonces, el actor político actualmente más visible, vocal y en ascenso, posicionando una conversación sobre paternidad, no es el que ayudaría a promover una masculinidad igualitaria y cuidadora. No quiere decir que no haya otras expresiones organizadas de hombres que sí están buscando promover una masculinidad igualitaria y cuidadora, pero sí que las que hoy tienen más poder y capacidad de incidencia no son esas.

Evidentemente, la crisis puede afectar a las mujeres vulnerando su bienestar económico y/o su autonomía económica. Son dos cosas relacionadas pero distintas. Una mujer puede tener más autonomía económica y menos bienestar o puede tener más bienestar y menos autonomía, o puede tener más de las dos cosas. Por ejemplo, cuando una mujer es pareja de un hombre en una relación heterosexual donde él aporta muchos ingresos y ella trabaja en su casa, puede tener un bienestar altísimo con muy baja autonomía. Si esa mujer se separa y empieza a vender productos de puerta a puerta, seguramente su bienestar económico será menor pero su autonomía económica aumentará. Necesitamos que las mujeres tengan tanto bienestar como autonomía.

Lo primero que necesitamos asegurar es que estas madres y estas mujeres tengan un ingreso. A veces desde una postura feminista reclamamos que los padres ejerzan su papel y podemos muchas veces forzar a mujeres que no querían depender de esos hombres a hacerlo. En el marco de esta crisis, necesitamos vincular la discusión de las pensiones alimentarias parentales a ese ingreso básico ciudadano que todas las personas deberían tener asegurado.

En el marco de esta crisis resulta central proteger el empleo, pero dentro de un objetivo mayor: proteger el ingreso. Todas las personas, incluyendo a esas madres, deben tener lo suficiente para la canasta alimentaria mínima. Eso no quiere decir que debemos dejar a esos padres sin ninguna responsabilidad. Hay que pensar la manera de que honren esas responsabilidades los que puedan y los que no puedan ahora y puedan después, lo hagan. Mi punto es que no podemos condicionar la subsistencia de la madre y los hijos e hijas a la pensión alimenticia del padre.

Finalmente, quisiera que habláramos de otro ámbito de los cuidados que es central: los cuidados remunerados. ¿Deben ser repensados, disputados y recolocados dentro de la trama política?

Definitivamente. Un servicio esencial como son los cuidados no debería ser explotado. En este momento tenemos una crisis del trabajo de hogares particulares en toda la región. Más de 25% de las mujeres ocupadas trabaja en casa de otras mujeres y hombres. Se trata de trabajos muy precarios. La razón por la que podemos privatizar tanta demanda de cuidados es porque se paga mal, se paga poco y hay mucha desprotección. ¿Qué debería ocurrir con esos puestos de trabajo? Es todo un interrogante, porque la mayor parte de estas mujeres trabajadoras están deseando que todo esto acabe para volver ahí debido a que no tienen opciones.

La particularidad de la agenda sobre cuidados es que, al mismo tiempo, es una agenda de protección social y una agenda de mercado laboral (tanto de oferta como de demanda). Entonces, nos permite ir desde lo que transcurre en la familia hasta los sectores de la economía que deberían priorizarse, valorarse y protegerse. Una parte importante de los sectores productivos y de las formas de trabajo ya están modificadas con la crisis y se van a modificar más. Necesitamos que la agenda sobre los cuidados se instale en esa conversación. Los cuidados son una gran oportunidad para dinamizar la economía y para apostar a una economía distinta, centrada en las personas, pero necesitamos considerarlos como un trabajo valioso, visibilizarlo, remunerarlo, protegerlo. Este es el momento. Las perspectivas no son fáciles, pero tenemos que estar a la altura del reto y dar esta pelea.

Juliana Martínez Franzoni es catedrática de la Universidad de Costa Rica. Sus campos de investigación abarcan la política social comparada, las desigualdades ecónomicas, sociales y de género en América Latina. Es editora de Social Politics, Oxford Journals.

Fuente e imagen: https://nuso.org./articulo/pensar-los-cuidados-en-medio-de-la-gran-pandemia/

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Costa Rica: Hacia una educación emancipadora

Hacia una educación emancipadora

Paulo Blikstein redaccion@larepublica.net | Lunes 11 mayo, 2020

Estamos viviendo un tiempo muy interesante para la educación, y por interesante quiero decir trágico. Es trágico porque cientos de millones de niños  no tienen acceso a sus escuelas o maestros y podrían no tenerlo por varios meses. Para muchos de esos niños, estar fuera de la escuela puede tener terribles consecuencias para su aprendizaje, salud y bienestar. Por supuesto, las escuelas para familias acomodadas están ofreciendo actividades de aprendizaje en casa por lo que el impacto para esos niños no será tan malo. Pero lo que realmente me preocupa son los niños que no pueden obtener una buena experiencia educativa desde su casa. Esta pandemia nos muestra una realidad que hemos tratado de ignorar durante mucho tiempo. Y la realidad es que, a pesar de la idea de que Internet está democratizando el conocimiento y la información, eso en realidad no es cierto. La información no es conocimiento. Ver no es aprender. Explicar no es enseñar. Tal vez habíamos pensado que era cuestión de accionar un interruptor e ir al aprendizaje en línea, pero nos dimos cuenta que la educación es mucho más que tener acceso a la información y vídeos. Estamos dando cuenta de que el aprendizaje va más allá de simplemente asistir a clase y responder a preguntas; se trata de ser parte de una comunidad, mediada por profesionales altamente capacitados, donde muchas cosas suceden mucho más allá de la simple transmisión de la información. Los educadores progresistas han estado diciendo esto durante aproximadamente un siglo. Desde John Dewey hasta Jean Piaget; desde Seymour Papert , Cynthia Solomon y Edith Ackermann hasta Paulo Freire. Este último  diría que la educación debe ser una experiencia de emancipación, por encima de todo. Y lo que quiere decir con emancipación es ir de donde estás a donde podrías estar; yendo de la conciencia de lo real, el aquí y ahora, a la conciencia de lo posible. En otras palabras , aceptando el mundo tal como es, tomando conciencia de que puede hacerlo mejor, que puede hacer su vida mejor, y que puede hacer mejor la vida de otros . Seymour Papert , Cynthia Solomon, y Edith Ackermann insistieron en que es un proceso de construcción que ocurre mucho más eficientemente cuando se trata de construcción de artefactos externos, la depuración de ellos, y se pueden compartir con otras personas. Pero todas esas teorías, no importa cuán poderosas sean, tienen un gran problema. Dependen de maestros en contacto cercano con los estudiantes lo que hace de la docencia un trabajo muy sofisticado. Ser maestro es probablemente uno de los cinco trabajos más complejos del mundo; y ser un maestro constructivista es mucho más difícil.

Pero cuando le digo esto a nuevas empresas de tecnología y a los gobiernos, normalmente la respuesta que recibo es que es no escalable, no hay manera de hacer esto económicamente viable.  Entonces, me imagino si hiciéramos la misma pregunta sobre la cirugía cardíaca .

¿ Es la cirugía cardíaca económicamente viable ? Le decimos a nuestros pacientes que Costa Rica decidió no hacer cirugía de corazón, porque es no escalable? La mayoría de las cosas importantes comienzan siendo completamente no escalables.

Volviendo a la pandemia y la educación, lo que ha estado sucediendo en educación es que solemos querer todos los beneficios sin costo. Queremos programación, robótica, aprendizaje socio-emocional,  habilidades del siglo 21 – sin costo significativo -sin decisiones difíciles, sin cambiar la lógica de nuestros sistemas educativos. Es como querer una cirugía cardíaca al costo de una aspirina.

Por lo tanto, espero que estemos aceptando un hecho simple: la educación, como la atención médica, y la democracia, es difícil y costosa. Ninguna aplicación o sistema basado en la nube lo mejorará . No lo mejoraremos reemplazando a docentes con tecnología. Lo que lo mejorará es un esfuerzo coordinado y bien diseñado que durará décadas.  Y debemos hacerlo pronto. Los jóvenes no pueden esperar veinte años . El espíritu de nuestro tiempo es el espíritu de la urgencia de la transformación, no la transformación que llevará 30 años, que esperará a que los niños se gradúen, vayan a la universidad, obtengan un doctorado y luego comiencen a hacer algo.

Los jóvenes son conscientes de que no tendrán futuro si no comienzan ahora.

Paulo Blikstein

Fuente de la Información: https://www.larepublica.net/noticia/hacia-una-educacion-emancipadora

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Libro (PDF) Economía del género : el valor simbólico y económico de las mujeres

Reseña: CLACSO

Estudios previos habían mostrado que las mujeres se incorporan con menor frecuencia al mercado laboral de la industria del software. La autora se pregunta, entonces, si esta será una consecuencia de que las niñas son socializadas más para la maternidad y el cuido, que para el desempeño profesional. De ser así, prosigue la autora, ¿se encuentran las mujeres, que efectivamente ingresan al mercado laboral, en ventaja o en desventaja? ¿Cómo son valoradas simbólicamente, sobre todo en un contexto en que la industria de alta tecnología prioriza cualidades asociadas a las mujeres? ¿En qué áreas de trabajo se desempeñan? ¿Cómo hacer para que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades y derechos? Para explorar empíricamente estas interrogantes, la autora consideró tres niveles de análisis, prácticas, representaciones e instituciones, presentes en la oferta y la demanda en tres empresas especializadas en tecnologías. La hipótesis que orienta el trabajo sugiere que las mujeres están en desventaja en el mercado laboral y ello condiciona las posibilidades de desempeño en un sector económico estratégico pese, incluso, a las políticas, públicas y privadas, que promueven la igualdad de género.

Autor/a:  Flórez Estrada, María  

Editorial/Editor:  Editorial UCR

Año de publicación: 2007

País (es): Costa Rica

Idioma: Español.

ISBN :   978-9968-46-054-5

 

Descarga:   Economía del género : el valor simbólico y económico de las mujeres

Fuente  e Imagen:   http://biblioteca.clacso.edu.ar/colecciones/saladelectura/index.php?a=q&r=1&hs=1&t=1&q=miedo&j=dl&c=general&fqf=TX&Submit=buscar+en+CLACSO

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Coronavirus pone a pueblos de Costa Rica en riesgo de extinción

Centro América/ Costa Rica/ 28.04.2020/ Fuente: www.horacero.com.mx.

A bordo de una canoa artesanal, unos indígenas costarricenses se lanzaron a un río del sureste de Costa Rica a cumplir una misión humanitaria de su etnia bribri: donar un saco con limones, 970 racimos de bananos y 150 kilos de yuca para solidarizarse con sus compatriotas que sufren una escasez de alimentos por las secuelas productivas del coronavirus.

Los hombres entregaron la carga en una orilla del río a la Fundación Lloverá, de este país, a nombre de una comunidad que vive en áreas remotas y enfrenta penurias cotidianas por la falta de centros de salud y servicios básicos.

Los bribris enviaron la ayuda pese a sus carencias diarias y a que, como el resto de los pueblos nativos de América Latina y El Caribe, están entre las poblaciones más vulnerables al ataque del Covid-19.

Registros oficiales precisaron que al menos 8% de los 660 millones de habitantes latinoamericanos y caribeños son indígenas y que una mayoría todavía apenas sobrevive tras siglos de marginación, desamparo, exclusión y olvido.

Para el indígena guatemalteco Amílcar Pop, diputado al Parlamento Centroamericano, “los indígenas durante los últimos 500 años, y en especial en los últimos 200 de vida republicana en América Latina, han sido víctimas de las políticas de Estado para empobrecerlos y alejarlos de los sistemas de salud y de educación (…) Como sujetos colectivos alejados de cualquier beneficio, por supuesto que son los más vulnerables”, dijo.

“Por la pandemia podemos perder nuestra memoria histórica. Pueblos enteros pueden desaparecer. No sabemos todavía las dimensiones de lo que esto implica. Se vislumbra un golpe muy fuerte en contra de su vida colectiva y la pérdida de su sabiduría, de diezmar a las comunidades desde sus ancianos”.

“Con el virus, la situación de nuestros pueblos es de exterminio, alto riesgo de extinción”, advirtió el senador indígena colombiano Feliciano Valencia, vocero de la (no estatal) Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).

“Antes de la pandemia ya sufríamos una dramática situación por los rigores por los asesinatos de nuestras autoridades, guardias y líderes, del desplazamiento [forzado] y del constante asedio de grupos armados ilegales. Cuando llegó la emergencia sanitaria, aumentó el riesgo con el que ya vivíamos”, narró Valencia a El Gran Diario de México.

“Nuestra población es muy vulnerable. Tiene enfermedades multidimensionales por desnutrición, pobreza, abandono estatal, conflicto armado, narcotráfico, [penetración de] multinacionales y falta de políticas públicas para atender estas emergencias constantes. Esto ha hecho que el virus nos golpee con más fuerza”, contó.

Al anunciar que “encendimos las alertas” con casi 100 casos del padecimiento, Valencia lamentó que a los aborígenes “no nos llegan asistencia médica ni materiales de bioseguridad, alimentos, recursos. Agotamos los recursos. Vivimos en las periferias y en selvas, montañas y ríos con difícil acceso”.

Vieja factura. A juicio del indígena ecuatoriano Carlos Sucuzhañay, presidente de la Confederación Kichwa de Ecuador, la “factura” de guerras y epidemias “siempre las pagan los más pobres, que son los indígenas”.

“Somos los más vulnerables. Los gobiernos nunca invirtieron en salud o educación en nuestras comunidades”, dijo Sucuzhañay.

La carencia en alimentos y en atención a la salud también azota a unas mil 800 comunidades nativas de Perú por efecto del Covid-19.

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) denunció ayer ante las organizaciones de Estados Americanos y de Naciones Unidas un peligro de “etnocidio” por las políticas nacionales y regionales contra el virus.

Hay “desatención evidente” y “reiterada discriminación” de los pueblos autóctonos, recalcó AIDESEP.

“Nos sentimos discriminados”, denunció el indígena peruano Lizardo Cauper, presidente de la Asociación. “Tenemos derecho a ser atendidos como todo peruano”, exigió.

Fuente de la noticia: https://www.horacero.com.mx/internacional/coronavirus-pone-a-pueblos-de-costa-rica-en-riesgo-de-extincion/

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Habla el sector docente: no queremos una virtualización que excluya a nuestros estudiantes. Costa Rica

Redacción: La Izquierda Diario

La medida de virtualización del ciclo lectivo ha agudizado una serie de dificultades, tanto para el sector estudiantil, como para el sector docente. En La Izquierda Diario conversamos con Isis Campos, docente de Ciencias de la Comunicación Colectiva.

La Izquierda Diario: ¿Cuál es su perspectiva como docente de la virtualidad del semestre, tal como la propone la universidad?

En realidad, la Universidad no ha hecho propuesta alguna con respecto a la virtualización: emitió una orden, pero precisamente la tarea de construir una propuesta ha dependido de Facultades y Unidades Académicas. Yo te puedo hablar de qué hemos construido en Comunicación Colectiva, donde se decidió partir de un criterio de unanimidad: si en un grupo de 25 personas 24 pueden acceder a tales recursos, y una sola persona no, pues ese no es el recursos que se puede utilizar ¿Por dejar fuera a solo una persona? Sí, porque cada persona importa. Te estoy hablando de una Unidad Académica en la cual los recursos tecnológicos forman parte de los diferentes lenguajes, formatos, procesos y campos de estudio: no creo que tengamos resistencia hacia la virtualización, pero sí ante una virtualización que excluya o que te envíe el clarísimo mensaje de que tu realidad no me importa. Una virtualización coherente con el Estatuto Orgánico es una virtualización inclusiva para el mejoramiento de la calidad de vida de cada persona.

La Izquierda Diario: ¿Qué tipo de experiencias conoce de sus estudiantes que se vean afectados y afectadas por la virtualidad?

La suspensión la aprovechamos para consultar esto a las personas estudiantes, precisamente porque si lo ignorás, corrés el riesgo de diseñar un curso virtual para “nadie”. Las respuestas evidenciaron que una importante cantidad de estudiantes que durante el curso lectivo residen con familiares o alquilando cerca de la U se fueron a la casa de sus padres y madres, donde tienen una cobertura de internet deficiente o simplemente nula. Otro grupo son estudiantes que solo cuentan con planes postpago y dependen de los datos que puedan recargar. En un contexto de crisis económica, poner a optar a alguien si dedica 1.000 colones más a la recarga o comprar una bolsa de arroz, es asegurar un sistema educativo expulsivo.

Una importante cantidad de estudiantes se encuentran en casa junto a hermanas y hermanos que están también en la U, en el colegio y en la escuela; en una carrera demencial por acceder a espacios virtuales que se traslapan en términos de tiempo. En el mejor de los casos, a esto también se agrega personas que teletrabajan. Una gran cantidad del estudiantado carece de una computadora y se enfrentan al reto de hacer reportes, ensayos e incluso exámenes en el teclado de su celular. La presión por el alza en la demanda también provoca “huecos” de señal. Está muy bien que la UCR gestionara con el ICE que el ingreso a METICS no consumiera datos; pero hay un importante grupo de estudiantes que no tiene internet y que, ante la tarea asignada, se ve imposibilitada de acceder a búsquedas. Esta situación se vio agravada por el desalojo de estudiantes de residencias: 800 personas de las zonas más alejadas y socioeconómicamente más vulnerables fueron desalojadas también del acceso a internet, en medio del mando de virtualidad.

La Izquierda Diario: ¿Qué tipo de afectaciones pedagógicas considera que genera la virtualidad del semestre?

Definitivamente es otro soporte. Eso significa que la mediación es diferente y las interrelaciones posibles también son diferentes. Por ejemplo, en mi experiencia, se han dado conversaciones de presentación de los grupos mucho más ágiles y participativas que lo que es posible un primer día de presencialidad. Pero la tarea de que cada conglomerado de WhatsApp se pueda convertir en un grupo de referencia para la búsqueda y la oferta de colaboración (académica, económica y emocional) requiere un trabajo de seguimiento.

En tanto existan personas que se ven imposibilitadas de acceder a una clase (sea esta sincrónica o asincrónica) por razones de falta de conectividades, las afectaciones pedagógicas son innegables. Es gente que no está y como las clases se construyen con el conjunto de personas, es gente que nos hace falta.
También es necesario recordar que el tamaño de los grupos de cada curso, corresponden a una lógica de presencialidad. En la inmensa mayoría de los casos, duplica o triplica el tamaño recomendado de los grupos virtuales, que suelen no sobrepasar las quince personas matriculadas. En ese sentido, la atención y el seguimiento docente obviamente se verá afectado.

La Izquierda Diario: ¿Qué opina de poner la universidad en función de mitigar la crisis? Ya que mencionó que ve esta propuesta como un gigantesco TCU

En mi Unidad Académica tenemos varios años de abordar los cursos con un componente –que varía entre básico y alto- de acción social. En cualquiera de los dos escenarios (un semestres de cursos virtuales o todos los recursos universitarios dirigidos a la atención y mitigación de la crisis), es prioritaria la inclusión y la empatía entre la gente. A las personas que ahora están en diferentes comunidades sin conexión y sin computadora, se les debe resolver y ojalá mediante la dotación de conexiones y dispositivos que formen parte de la beca. Si toda la Universidad se dedica a mitigar la crisis son precisamente estas personas quienes se convierten en personas esenciales porque conocen las necesidades de los sectores más vulnerables.

Fuente: http://laizquierdadiario.com/Habla-el-sector-docente-no-queremos-una-virtualizacion-que-excluya-a-nuestros-estudiantes

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Costa Rica: Carta abierta sobre derechos de los datos, conocimientos y tecnologías útiles en la prevención, detección y tratamiento del coronavirus

Redacción: Rebelión

Escribimos para pedirle a la OMS y sus Estados miembros que apoyen la propuesta de Costa Rica para la creación de un mecanismo global para el pooling de derechos en los datos, conocimientos y tecnologías útiles en la prevención, detección y tratamiento del coronavirus / COVID-19 pandemia.

Costa Rica vio correctamente esto como un pool con un conjunto diverso de derechos, incluidos los relacionados con patentes de invenciones y diseños, datos de pruebas regulatorias, datos de investigación que incluyen resultados, conocimientos, líneas celulares, derechos de autor y planos para la fabricación, debido a que estos derechos se relacionan con equipos, pruebas de diagnóstico, dispositivos, medicamentos, vacunas y otras herramientas médicas.

Dicho pool permitiría la producción competitiva y acelerada de las tecnologías necesarias para el COVID-19, y ampliará nuestra capacidad para abordar la necesidad de productos asequibles para todos.

Los aportes a dicho pool podrían provenir de gobiernos que financian investigación y desarrollo o compran productos innovadores, así como de universidades, institutos de investigación, organizaciones benéficas, empresas privadas y personas que controlan los derechos.

La OMS debería comunicarse de inmediato con los Estados Miembros que están financiando investigaciones biomédicas relevantes para la pandemia actual, y también involucrar a otros titulares de derechos.

Reconocemos que algunos gobiernos y otras entidades pueden ser reacios  a compartir abiertamente tecnologías a nivel mundial, como por ejemplo mediante licencias abiertas o licencias sobre regalías razonables y asequibles, cuando existe incertidumbre sobre si otros harán compromisos similares.

Para avanzar lo más rápido posible, y de acuerdo con la propuesta de Costa Rica, la OMS puede presentar un acuerdo inicial de fase uno que cree la base legal mínima para permitir tales asignaciones / licencias en el futuro, como incluir opciones en contratos de financiación, y cree un proceso para resolver los detalles en una fecha posterior, incluidas las decisiones finales sobre qué tecnologías compartir, y los términos de las autorizaciones, incluida la posible remuneración. A medida que los titulares de derechos trabajen con la OMS y profundicen su comprensión de los desafíos que enfrentamos para responder a la pandemia, la lógica y los beneficios de la cooperación y la agrupación global serán convincentes.

El elemento más importante y necesario hoy en día es el liderazgo, para convencer a aquellos que financian I + D o comprar productos innovadores de que en esta emergencia, el intercambio más amplio de tecnología podría salvar la mayoría de las vidas. Además, y esto debe abordarse en un acuerdo de financiación, ahora.

Organizations (alphabetical order)

  1. Alianza LAC-GLOBAL por el Acceso a Medicamentos
  2. American Medical Student Association
  3. Associação Brasileira Interdisciplinar de AIDS (ABIA)
  4. Comité de Veeduría y Cooperación en Salud de Colombia (CVCS) / Health Oversight and Cooperation Committee (CVCS)
  5. Creative Commons Ecuador
  6. FUNDACION IFARMA – Colombia
  7. Fundación Vía Libre
  8. Global Justice Now
  9. Grupo de Trabalho sobre Propriedade Intelectual (GTPI)
  10. Health Action International
  11. Health GAP (Global Access Project)
  12. Incentives for Global Health
  13. Just Treatment
  14. Knowledge Ecology International
  15. Korean Pharmacists for Democratic Society(KPDS)
  16. Lawyers Collective
  17. Misión Salud
  18. Observatorio Iberoamericano de Propiedad Intelectual (OBIPI)
  19. Public Citizen
  20. Public Eye
  21. Red Latinoamericana por el Acceso a Medicamentos (RedLAM)
  22. Salud por Derecho
  23. Salud y Fármacos EEUU
  24. SELACC (the secretariat of Cáritas Latin America and the Caribbean)
  25. STOPAIDS
  26. T1International
  27. Treatment Action Group
  28. UAEM Europe
  29. Union for Affordable Cancer Treatment (UACT)
  30. Universities Allied for Essential Medicines (UAEM)
  31. Wemos

Más información en el sitio de Knowledge Ecology International.

Fuente: https://www.vialibre.org.ar/2020/03/27/carta-abierta-a-la-organizacion-mundial-de-la-salud-oms-y-sus-estados-miembros-sobre-la-propuesta-de-costa-rica-de-crear-un-pool-de-derechos-sobre-los-datos-conocimientos-y-las-tecnologias-utiles-e/

Fuente: https://rebelion.org/carta-abierta-a-la-oms-sobre-derechos-de-los-datos-conocimientos-y-tecnologias-utiles-en-la-prevencion-deteccion-y-tratamiento-del-coronavirus/

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