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Guatemala: El frío en la diáspora

El frío en la diáspora

Ilka Oliva Corado

Campestre siempre ha querido comprarse unas botas de invierno, pero su economía es tan precaria a pesar de sus tres trabajos. Se las imagina, se ve con sus botas puestas cubriendo sus pies de las temperaturas bajo cero. La ropa de invierno es cara y las botas mucho más, tener ropa de invierno es una opulencia para un migrante indocumentado como Campestre, de 76 años, sin derechos laborales.

Quisiera una chumpa[1]  y  unos guantes enguatados, también un pantalón, la ropa que usa para trabajar no lo ayuda con el frío, es la misma ropa de verano. Entonces se pone dos pantalones, dos camisas y dos chumpas, dos pares de calcetines y los zapatos más gruesos que tenga así no le traspasa tanto el frío cuando anda limpiando el estacionamiento del centro comercial en las mañanas.

Le ayudaría mucho también tener ropa adecuada en su segundo trabajo en las tardes, empujando carretas en un supermercado. No es mucho lo que le pagan, apenas para sobrevivir y tiene que hacer ajustes en los gastos de la comida, a veces sólo hace dos tiempos al día para guardar para las remesas que envía a su familia en Ayutla de los Libres, Guerrero, México.

Es en las noches en su tercer trabajo cuando lo ataca la nostalgia por el clima cálido de su tierra natal, Campestre es parte de las cuadrillas de indocumentados que cuando neva van a limpiar con pala y escoba las aceras y estacionamientos de casas y edificios residenciales. Observa a las costaladas de recién llegados, de desempleados y a otros que como él están en su tercer trabajo.  Hombres y mujeres por igual palean la nieve para que pase el que tiene la máquina y la empuje hacia donde van a dejar el volcán blanco en una esquina del estacionamiento.

Admira a quienes saben manejar carro y maniobrar esas enormes palas en la parte frontal de los vehículos de doble tracción, a él le hubiera encantado aprender a manejar tractor en su juventud, hubiera tenido un mejor salario en la finca donde trabajaba cortando tomates, pero era un oficio que no querían compartir los tractoristas para que nadie les quitara el puesto.

En el invierno estadounidense a él le toca echar la sal en una cubeta y regarla con la mano entre gradas y aceras.  Es un trabajo que sólo se realiza cuando neva, entonces cuando no neva, en las noches Campestre trabaja en una fábrica organizando tornillos que coloca en paquetes.

Es el mayor de la cuadrilla que limpia nieve, pero limpiando el estacionamiento del centro comercial hay otros como él, de su misma edad y también indocumentados, que como él no tienen familia en Estados Unidos. Con historias similares, de pobreza extrema, de muchos hijos qué criar, de hijos asesinados y nietos huérfanos.

Mientras limpia nieve piensa que le caería bien tener ropa adecuada de invierno, también para acostarse a dormir para que el frío del piso helado en el sótano que comparte con once migrantes más no traspase y le tulla[2] la espalda. No tiene colchón, duerme con la muda puesta sobre una sábana que dobla y que guarda cuando se va a trabajar.

Notas:

1 Chumpa: chaqueta corta y ajustada a la cadera

[2] Tullir: Hacer que alguien pierda el movimiento de su cuerpo o de alguno de sus miembros.

Con ropa de invierno Campestre no sufriría tanto por el dolor de la artritis en sus articulaciones, con el dolor de la caries en los dientes no puede hacer mucho, aguantarse como se aguantaba el mismo dolor en su juventud sudando en los surcos de tomates en las fincas en su natal Ayutla de los Libres.

Fuente de la Información: https://www.telesurtv.net/bloggers/El-frio-en-la-diaspora-20230125-0001.html

 

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Mujeres que apenas leen y escriben son maestras en áreas rurales en Guatemala

Texto: Gilberto Escobar

En el altiplano de Guatemala las madres se convirtieron en maestras durante el confinamiento exigido por la pandemia del COVID-19. A pesar que muchas de ellas apenas saben leer y escribir asumieron ese rol hasta el día de hoy en los hogares. 

Xerxaj queda a 210 kilómetros de la ciudad de Guatemala, en el municipio de San Andrés Xecul, Totonicapán. Ahí es donde vive María Floridalma Tuy, una niña de 10 años, escuálida y con las manos percudidas por el trabajo que realiza en el campo. Vive en medio sembradíos de maíz, en una de las tantas casas de adobe que se pueden ver ahí.

Desde que se confirmó el primer caso de covid-19 en Guatemala, el 13 de marzo de 2020, la niña ha pisado pocas veces la escuela. En ese momento, el recién electo presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, suspendió las clases a todo nivel. Desde entonces nada ha sido como antes, las escuelas fueron puestas bajo llave. En 2022, María recibió clases solo un par de horas durante unas semanas. Y cada día regresó a su hogar con una montaña de tareas.

Su casa está construida alrededor de un patio central. Las habitaciones rodean a este espacio en el que los niños y las niñas juegan y la familia seca el maíz. Las paredes están pintadas con cal, el piso es de tierra y por el techo de láminas de zinc oxidadas se cuelan unos rayos de luz.

En la aldea también hay casas más precarias, que son solo champas improvisadas sin luz y sin agua. Hablar de luz e internet en esta zona es hablar de que no se tiene acceso a esos servicios. Estas son las condiciones de vida de las zonas rurales de Guatemala. En esta aldea, la única construcción que hace la diferencia es una iglesia de color blanco.

En la entrada de la casa de la familia Tuy hay un molino de maíz que alquilan y con ese pago cubren gastos básicos, como la comida y la luz. María ayuda a su madre, Ana Macario Tuy, en los quehaceres domésticos. Solo el poco tiempo que le queda tras realizar esas tareas dedica al estudio.

Madre e hija hablan el K’iche’. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en Totonicapán el 98% de las personas se identifican como mayas y hablan este idioma.

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María Tuy sonríe al ver su cuaderno con una caricatura, su madre Ana le ayuda a hacer los deberes de la escuela después de realizar los quehaceres domésticos. (Foto: Gilberto Escobar)

En el hogar de María el silencio reina a tal punto que se puede escuchar cómo las manecillas de un reloj van girando, tic, tac, tic, tac. En octubre y noviembre con el receso de las clases, la niña dedica su tiempo a cosechar maíz y asegurar la comida para el próximo año. Muchos niños y niñas hacen lo mismo.

Canceladas las clases, el 31 de marzo de 2020, el Ministerio de Educación (Mineduc) inició un programa de televisión para que se pudiera dar continuidad al ciclo escolar de preprimaria, primaria y secundaria. Pero esa estrategia desconocía una barrera: no todos los estudiantes tienen acceso a tecnología, luz o conectividad. Y de esa barrera tecnológica María no escapó.

Ella no tiene internet en casa. Tampoco televisión, solo una radio arcaica y empolvada. Cuatro focos y un teléfono celular, en el que no se puede utilizar WhatsApp, es el combo tecnológico con el que cuenta para estudiar.

“Las primeras semanas no hice nada, los cuadernos se quedaron guardados”, cuenta la estudiante. Recién empezó a desempolvarlos cuando el Mineduc envió guías de estudio para que cada niño las resolviera en casa. En la escuela a la que asiste María crearon un grupo de WhatsApp, pero ella no pudo estar. El único celular que hay en la casa lo utiliza el padre y es tan antiguo que solo sirve para hacer llamadas, no permite descargar aplicaciones.

Bienvenido Argueta Hernández fue Ministro de Educación en 2009-2010 y es especialista en temas educativos. Él cuenta que en esta compleja realidad hubo maestros que hicieron hasta lo imposible por llegar a esos lugares donde la tecnología es todavía un sueño. En el caso de María, a pesar de las dificultades ella se ha mantenido en la escuela. Ha sido un trabajo difícil y al que su madre asumió como propio.

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Mujeres que sólo hablan K’iche’ y apenas saben escribir fueron las encargadas durante la pandemia de la enseñar a sus hijos los conocimientos de la educación primaria. (Foto: Gilberto Escobar)

La madre de María

La niña baja de un viejo guardarropa su mochila empolvada, y muestra sus cuadernos. Son ocho, casi todos repletos de ejercicios y tareas resueltas. Al lado está su maestra, no la de la escuela sino la que asumió su educación en casa, su madre. Ella ha ayudado estos años de pandemia a su hija con las tareas escolares y cuando no puede pide ayuda a familiares o vecinos, o busca un lugar con internet.

Es bajita y viste un traje maya, al igual que su hija. De huesos anchos, manos curtidas por el trabajo en el campo y el cabello amarrado con una cola. Habla rápido y bromea de vez en cuando con su hija. Así es Ana. Apenas sabe leer y escribir, y si bien tiene 37 años su apariencia es la de una mujer mayor.

Ana no tiene un método de enseñanza, pero durante estos años en los que la educación en las aulas se paralizó, ella asumió el vacío que el Estado dejó al no garantizar la educación de su hija.

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«Ana no tiene un método de enseñanza, pero durante estos años en los que la educación en las aulas se paralizó, ella asumió el vacío que el Estado dejó al no garantizar la educación de su hija».

«Y ¿le ha sido difícil asumir ser la maestra de su hija?». Ana se queda callada y el rostro se le llena de nostalgia hasta que ensaya una risita y dice: “Sí, sobre todo en matemáticas. Míreme, soy una mujer de campo, humilde. Pero no quiero que mi hija se quede sin estudiar, quiero que ella salga adelante”.

En la casa no hay pizarrón, tampoco marcadores. El método de Ana se reduce a completar la guía que manda el maestro, una hoja con indicaciones y ya. Pero no siempre ella entiende las indicaciones. Por eso, Ana también debe buscar ayuda cuando no sabe resolver las tareas de su hija. En muchas ocasiones va en búsqueda de un café internet (cibercafé), y le paga al encargado para que haga las búsquedas pertinentes.

Sin embargo un cibercafé no es algo que está a la vuelta de la esquina. El que ella frecuenta está a por lo menos a 20 minutos caminando primero por el campo y luego por calles pavimentadas.

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María Tuy y su hermanita pequeña viven en una casa sin internet y rodeada de de maíz y leña, tampoco tienen televisión, sólo una radio arcaica y empolvada. (Foto: Gilberto Escobar)

“Hay niños que se quedaron sin educación. No volvieron a las escuelas porque los padres dijeron: ‘Para qué si no tenemos teléfono’. Pero yo preferí ayudar a mi hija desde aquí, desde casa” dice Ana.

Argueta considera que en los hogares del área rural de Guatemala alguien (que no fue el Estado) se hizo cargo de la educación. Si no fueron las madres, fueron los tíos, o un hermano mayor. “Siempre, siempre hubo alguien que asumió la educación en las comunidades”, afirma el ex ministro.

“En las escuelas públicas, las redes sociales y mensajería a través del WhatsApp fue el primer recurso que tuvieron los estudiantes para resolver el tema educativo”, dice Argueta. En estos casos, reconoce, que “en el área rural las madres asumieron el rol de supervisar que se realizarán las tareas.Mientras que desde el Ministerio de Educación no existieron planes sistemáticos para darle continuidad al aprendizaje”.

Para el ex funcionario la situación educativa no estaba bien desde antes de la pandemia y con la llegada del COVID-19 eso se complicó.

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Ana, quien se encargó de la educación de su hija durante la pandemia, apenas sabe escribir ni leer. Ella fue aprendiendo ya de grande, gracias a los programas del Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa). (Foto: Gilberto Escobar)

Analfabetismo un mal visible

Ana apenas sabe leer y escribir. Ella fue aprendiendo ya de grande, en el camino y gracias a los programas del Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa). Durante su niñez debió  ayudar a su madre en los oficios domésticos, la pobreza fue un factor decisivo en su educación. Pero eso no le pasó solo a ella. Según las estadísticas oficiales, en Totonicapán el 35% de las mujeres son analfabetas. Otros departamentos que también tienen porcentajes altos son: Quiche con 42%, Alta Verapaz con 41%, y Huehuetenango con 36%. Ubicados en el altiplano de Guatemala también comparten un alto porcentaje de analfabetismo, de ruralidad y de población indígena.

María Marta Vásquez Chan es la maestra a la que Ana busca cuando no logra resolver sus dudas en el cibercafé. Vásquez Chan enseña a leer y a escribir a mujeres adultas, aquellas que no pudieron ir a la escuela a la edad indicada.

La docente, que viste según las costumbres del lugar, domina el idioma de la región y eso permite que el proceso de alfabetización sea más amigable. Conoce las penas de sus estudiantes y también sus metas, sus sueños. En muchas ocasiones ella resulta ser una consejera y sugiere soluciones a los problemas cotidianos.

Vásquez Chan lleva 12 años haciendo esto, yendo a buscar a las mujeres a sus casas, motivándolas para que aprendan a leer y a escribir. Por ello recibe un pago mínimo del Conalfa. Le pone empeño y mucha paciencia a esa misión. “El método para enseñarles a leer y escribir es el mismo que se utiliza con los niños menores”, cuenta.

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Los niños y niñas de Xerxaj, San Andrés Xecul, han pisado pocas veces la escuela desde la pandemia. El presidente suspendió las clases a todo nivel. En 2022, sólo tenían un par de horas semanales de clases. (Foto: Gilberto Escobar)

El Conalfa promueve la alfabetización en el país para la población joven y adulta a partir de los 15 años de edad. El último Censo elaborado en Guatemala (2018) calcula que en el país hay 1 millón 412 mil 813 mujeres sin acceso a la educación. Es decir, un 21.7%.

La alfabetizadora cuenta que a las mujeres mayores se les dificulta escribir: “Tiene las manos endurecidas por el trabajo en el campo, que es duro, rudo. Por eso, ella tiene varios ejercicios para ablandar las manos hasta que logran sujetar un lapicero”. Y agrega: con las mujeres mayores se empieza desde cero, desde la estimulación motora, haciendo bolitas de papel y así, con mucha paciencia en dos meses podrán sujetar un lapicero de la manera correcta”, detalla la maestra.

Ana, la madre de María, es una de las que pasó por ese proceso. “Aunque todavía le tiembla la mano derecha cuando escribe y sujeta con mucha fuerza el lapicero, con la práctica ha ido mejorando”, cuenta la alfabetizadora.

Con la llegada de la pandemia, el número de mujeres a las que se les enseña a leer y a escribir aumentó. “Me di cuenta que ellas buscaban alfabetizarse para ayudar a sus hijas e hijos en las tareas de la escuela en la casa”, afirma Vázquez Chan.

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En San Andrés Xecul, Totonicapán, el 98 por ciento de la población habla el idioma K’iche’ por lo que fue difícil para los padres poder enseñar a sus hijos los conocimientos de educación primaria durante la pandemia, esto ha causado un gran rezago educativo. (Foto: Gilberto Escobar)

Tecnología una utopía en el área rural 

Según el censo nacional solo el 12% de la población mayores de siete años utiliza una computadora en Totonicapán y el un 18% utiliza internet. En ninguna de esas estadísticas está María, en su casa no cuentan con nada de eso.

María del Carmen Aceña también fue Ministra de Educación pero en 2004-2008. Para ella, con la llegada de la pandemia, “el Ministerio tuvo una gran oportunidad de transformar el sistema educativo, pasar a un modelo tecnológico, pero no lo hizo”, dice.

Aceña es consciente que hacer esa transformación en Guatemala es difícil, más no imposible. Uno de los factores que señala la exministra es la poca conectividad que hay el país solo el 30%. Y en Totonicapán del total de su población (418 mil 569) sólo el 16% tiene acceso a internet, eso según el censo poblacional de 2018.

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La casa de Ana y María está rodeada de maíz en proceso de secado, las niñas ayudan a sus padres en el campo cuando no están en la escuela, y muchos abandonaron sus estudios durante el parón provocado por la pandemia. (Foto: Gilberto Escobar)

La exministra también menciona otro de los graves problemas que enfrenta la niñez rural: la desnutrición crónica y, como ella subraya: “eso frena su aprendizaje”.

Según la última Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil (ENSMI), realizada en 2014, el departamento con mayor índice de desnutrición crónica es Totonicapán con el 70%.

De momento, el Mineduc anunció que las clases para el 2023 darán inicio el 15 de febrero de manera presencial. Ana va seguir estudiando, en los planes de la familia no está contemplada la compra de un celular inteligente y menos de una computadora. Claro que Ana se mantiene alerta. Si la pandemia recrudece y las clases presenciales siguen suspendidas ella seguirá siendo para María la maestra en casa pese a que apenas sabe leer y escribir.

Fuente: https://www.no-ficcion.com/project/mujeres-totonicapan-educacion-pandemia

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Otros horizontes

Por: Ilka Oliva-Corado

Escucha a lo lejos la alarma del reloj despertador, voltea a ver, son las tres y treinta de la madrugada, se levanta adormitado y camina hacia el baño, desde la noche anterior dejó la cubeta llena con agua para no tener que ir a esa hora a sacarla al tonel que está en el patio. En un costal tiene cuatro mudas de ropa, saca una que planchó la noche anterior y se alista para esperar al repartidor de pan que no tarda en llegar.

En una de las dos hornillas de la estufa de mesa pone a calentar los frijoles, en la otra calienta las tortillas, del refrigerador saca una bolsa con crema y queso fresco del que pasó dejando el vendedor que llega desde Taxisco cada semana, se sirve una taza de café y del canasto del pan saca dos zepelines. Se sirve los frijoles, coloca las tortillas en una manta y comienza a desayunar, son las cuatro de la mañana, en una hora tiene que abrir la abarrotería, pero antes a Ovidio le toca limpiar y organizar el mostrador como todos los días antes de abrir.

Después de limpiar el mostrador, barrer el local y sacudir el polvo de las estanterías coloca en bolsas el pan frío del día anterior para venderlo a mitad de precio.  Cuando le dijeron de irse a la capital a atender una abarrotería se ilusionó con estudiar en la escuela nocturna, porque ese fue el trato con el dueño, un hombre originario del mismo pueblo que se fue a Estados Unidos de indocumentado y regresó veinte años después con papeles y con dinero para poner un negocio y regresarse al Norte. Llegó a la aldea diciendo que era un migrante empresario.

En su natal, Nahuatán, Pajapita, San Marcos, Guatemala, Ovidio no tenía más futuro que agarrar para Estados Unidos como han hecho docenas de jóvenes de su aldea, cosa que él también quería hacer, pero su mamá le dijo que si se iba lo más probable sería que no se volvieran a ver, como les ha sucedido a tantos que mueren en el camino, en Estados Unidos o mueren los papás en la larga espera del retorno.  Le suplicó que no se fuera tan lejos, que le había dolido tanto en el parto como para que se fuera y no lo volviera a ver.

Apalabraron con su empleador que le daría dos bonos anuales, diez días de vacaciones al año y las fiestas de fin de año podía ir a visitar a su familia, que podía finalizar sus estudios en la escuela nocturna y podía vivir en el mismo local que tenía una habitación atrás muy cómoda, pero nada de eso fue cierto. Ovidio lleva siete años trabajando en la abarrotería en la capital, duerme a pocos pasos de los tambos de gas propano en un colchón tirado sobre el piso, maloliente, que ya estaba ahí cuando llegó.  Se levanta en la madrugada, cierra la abarrotería a las diez de la noche y se va a dormir a la media noche, no puede hacerlo antes, tiene que hacer las cuentas del día, ordenar producto y organizar las estanterías.

El dueño de la abarrotería abrió tres locales más y contrató jóvenes de la misma aldea para que los atiendan, le han dicho sus amigos de la aldea que el tal migrante empresario los está explotando. Su mamá le dice que no renuncie, que ahí tiene techo y comida y que cambiar de trabajo le implicaría gastos. Que aguante, que está joven, que ya vendrá la oportunidad de algo mejor. Ovidio entre los sustos de los tambos de gas propano que almacena para la venta, también ha sufrido infinidad de asaltos, los barrotes no lo protegen de una bala o de las amenazas de cuando salga al mercado a comprar frutas y verduras para la abarrotería lo venadeen para matarlo sino entrega el dinero.

Se enteró que en la misma situación se encuentran varias jóvenes que trabajan en las tortillerías del sector, ellas mismas le han contado que en las abarroterías de los alrededores también hay jóvenes indígenas atendiéndolas, que los llevaron desde sus pueblos y que apenas hablan el español. Como él que llegó hablando mam y el español lo habla a medias a pesar de los años que lleva viviendo en la capital. Y que de asaltos ni se diga, que hasta notas han ido a dejarles donde los asaltantes les piden una cuota semanal para no matarlas. Los dueños de las tortillerías se hacen los desentendidos, a pesar de que en las noches les han ido a manchar las paredes con sangre como advertencia.

Carmen, una de las muchachas que atiende en la tortillería no quiere arriesgarse más y perder la vida en un asalto, ni estar dejando los pulmones torteando para llenarle las bolsas a otros, lleva meses diciéndole que se vayan a Estados Unidos, que un primo suyo los recibe allá, se van a ir cinco de sus compañeras de trabajo y se van a unir a una de esas caravanas de migrantes hondureños que atraviesan Guatemala.

Finalmente, Ovidio se decide, una madrugada cualquiera se levantó como de costumbre, recibió el pan. No abrió la abarrotería, salió por la puerta de atrás, agarró el dinero de la semana y llamó al dueño para avisarle de su renuncia, también le dijo que la copia de la llave se la dejaba con las muchachas de la tortillería de la esquina, que no se preocupara que no se robó nada.

En el camino hacia México los dos pasaron por San Marcos, pero Ovidio no quiso ir a visitar a sus papás, porque su mamá lo iba a convencer otra vez de no irse, entonces se fue solo así, como se van los más golpeados de las clases sociales: como aves en bandadas buscando otros horizontes.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

Blog: Crónicas de una Inquilina

Fuente de la información: https://ilkaeditorial.com

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Guatemala – Usac: Matricula estudiantil aumenta en 2021, pero comienza a descender un año después

Usac: Matricula estudiantil aumenta en 2021, pero comienza a descender un año después

Ana Lucía Ola

Virtualidad habría contribuido a que más estudiantes se matricularan en la universidad estatal

La matricula estudiantil se incrementó del 2019 al 2021, sin embargo, se evidencia un descenso en el 2022. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

En Guatemala la educación superior no es para todos. Solo el cinco por ciento de la población llega a la universidad para cursar una licenciatura y menos del uno por ciento un postgrado, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

En 2019 se inscribieron 110 mil cinco personas en las distintas facultades y escuelas, del grupo nueve mil fueron de primer ingreso. Al año siguiente se notó un descenso por la suspensión de clases por el covid-19. Sin embargo, en 2021 la matrícula aumentó a 119 mil 552, y se triplicó la cantidad de estudiantes que por primera vez se inscribieron.

A criterio de Carlos Aldana, docente de la Usac especializado en Educación, la modalidad virtual o a distancia que se adoptó durante la pandemia abrió la posibilidad de que más personas se registraran para iniciar o continuar una carrera universitaria.

El médico Carlos Chúa, catedrático de la facultad de Ciencias Médicas, ve este aumento como una tendencia natural que obedece a que en el país hay más población en edad universitaria. La oportunidad de estudiar en línea podría haber impactado a ciertas carreras, pero no a Medicina y aquellas que son más prácticas.

“Es positivo para la matrícula, para personas que tienen la posibilidad de continuar con sus estudios —a distancia—, pero hay que revisar si esto asegura alta calidad en el aprendizaje, conocimientos profundos y eficaces, lo que la sociedad necesita de los egresados de la universidad”, señala Aldana.

Ante ese aumento de estudiantes el catedrático menciona que lo importante ahora es retener a esa población cuando se acerca el regreso a la presencialidad, pues muchos se inscribieron en 2021 por las facilidades que permite la virtualidad, como estudiar desde casa, ahorro en transporte y de tiempo en el traslado al campus, entre otros beneficios. Al volver a los salones de clases, puede que haya deserción.

De esa cuenta se plantea la necesidad de estrategias híbridas que permitan una continuidad sólida para quienes quieran seguir con su formación académica, abrir la posibilidad de recibir algunas clases a distancia sin dejar de lado la experiencia de la vida universitaria que ofrece la presencialidad, pues una buena cantidad de estudiantes no han tenido la oportunidad de estar en un salón de la Usac, ya que se matricularon por primera vez en estos años de pandemia.

Aldana indica que antes de la pandemia en la Usac ya se trabajaba la implementación de plataformas virtuales, y ahora esa modalidad debe ser aprovechada por estudiantes regulares y de nuevo ingreso.

El primer reto es aprender a regresar a la presencialidad”, refiere el catedrático, pues, al estar tres años a distancia los estudiantes se perdieron del intercambio con los profesores, a tener hábitos y capacidades como el diálogo, no hubo interacción, lo que es un desafío para los catedráticos, que deberán asumir una docencia distinta sin olvidar que los jóvenes se incorpora con hábitos y costumbre de aprendizajes distintos.

Más estudiantes

Datos proporcionados por el Departamento de Registro y Estadística de la Usac, muestran, que en el período de 2019 al 2021, las facultades que tuvieron un mayor incremento en la matrícula son Ciencias Jurídicas con dos mil 157 estudiantes más, seguido de Ciencias Económicas con dos mil 76.

Aldana indica que este comportamiento podría deberse a que en dichas carreras los primeros años son teóricos y puede estudiarse a distancia, lo que habría motivado a que más personas se inscribieran.

Cuando en el 2019 en Ciencias Económicas los estudiantes de primer ingreso eran mil 741 para el 2021 aumentó un 315%. En Ciencias Jurídicas eran mil 725 y creció un 239%.

La unidad académica que mostró un descenso en la matrícula total fue Odontología, con 74 personas menos. En tanto que Historia y Arquitectura hubo un cambio mínimo, con 18 y 5 inscripciones de más, respectivamente.

Efecto contrario

Contrario a lo que se vivió en el 2021 con el aumento en la matrícula estudiantil, durante el 2022 se observó un retroceso en la cantidad de estudiantes inscritos. Hubo una caída de mil 245 universitarios. La tendencia podría continuar este año y verse una disminución de estudiantes en la Usac.

Las facultades más afectadas fueron Ingeniería y Humanidades, aunque no sucedió lo mismo en la facultad de Ciencias Médicas, con 600 estudiantes más.

Según Aldana, la menor cantidad de matriculaciones del año pasado es un “aviso de que el estudiante comenzó a ver que la presencialidad viene y comienza a desestimularse en ser parte de la universidad”, tanto por la dificultad de trasladarse al campus, como el factor económico que representa el retorno. También puede afectar los conflictos que rodean a la Usac en estos momentos y que mantienen la toma de los edificios.

Rezago académico

Un informe del Banco Mundial señala que la educación superior también sufrió a raíz de la interrupción de la presencialidad por el covid-19. Previo a la pandemia solo 19 por ciento de los programas de educación superior de Latinoamérica no implementaba los medios virtuales para dar clases, mientras que el 16 por ciento usaba la modalidad híbrida.

El rezago en el aprendizaje que hay en la educación primaria y secundaria también se observa a nivel universitario, no solo por la escasa conectividad sino también porque no hubo un aprendizaje pleno.

La Coordinadora General de Estudiantes (CGE) de la Usac señaló en un comunicado que la manera en que se ha desarrollado la virtualidad “no aporta a la formación integral, lúdica y holística para el dominio teórico y las capacidades técnicas requeridas para un profesional”. En este proceso se ha dejado fuera a quienes no pudieron adaptarse a las condiciones mínimas requeridas para estudiar a distancia, por falta de acceso a internet y a las herramientas tecnológicas, dice.

Aldana indica que hay rezagos académicos, pero también en materia de interacciones didácticas, psicosociales entre estudiantes y docentes, como de carácter técnico y práctico, principalmente para carreras como Medicina, y que deben cubrirse cuando se dé el regreso a la presencialidad.

“La educación virtual ofrece ventajas, pero también ofrece grandes desventajas para la calidad de la educación. En el caso de las ciencias médicas no se puede enseñar signos clínicos o examinar a un paciente virtualmente. La presencialidad es fundamental en la enseñanza de la Medicina”, dice Chúa.

Fuente de la Información: https://www.prensalibre.com/guatemala/comunitario/usac-matricula-estudiantil-aumenta-en-2021-pero-comienza-a-descender-un-ano-despues/

 

 

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Guatemala: Logros del gobierno en Educación no incluyen acciones para subsanar rezago educativo

Logros del gobierno en Educación no incluyen acciones para subsanar rezago educativo

El Gobierno ha destacado como logros en materia educativa la distribución de alimentos, valija didáctica y remozamiento de escuelas

El próximo 15 de febrero comenzará el ciclo escolar 2023 y será de forma presencial. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

El próximo 14 de enero el presidente de la república Alejandro Giammattei presentará su tercer informe de gobierno, en el cual se espera que detalle los logros alcanzados en materia educativa entre los que ha destacado con antelación la alimentación escolar, el remozamiento de más de 2 mil 900 centros educativos, la valija didáctica, las escuelas técnicas de campo, útiles escolares, entre otros.

La ministra de Educación, Claudia Ruiz a finales de 2022 sostuvo una reunión con el Mandatario aseguró que la cartera está preparada para recibir a todos los niños de vuelta a clases presenciales que se tienen previsto para el 15 de febrero y para ello cuenta con más de 5 mil centros educativos que fueron remozados el año pasado y para el primer cuatrimestre de 2023 se tiene un promedio de 3 mil 800 centros más.

Sin embargo, en dicho encuentro no se abordó sobre la implementación de programas que permitan reponer el aprendizaje y para este 2023 se enfoca en la distribución de alimentos y remozamiento de escuelas, algunos expertos en educación consideran que lo recalcado por las autoridades no está relacionado al aprendizaje y no contemplan como afrontarán el rezago en la educación primaria, secundaria y de diversificado.

Ruiz calificó como logros significativos el seguro médico, la entrega de útiles escolares, valija didáctica, escuelas técnicas de campo, entornos virtuales de aprendizaje, alianzas estratégicas y la entrega de 2.6 millones de raciones con una inversión de Q2.8 millardos.

Fuente de la Información: https://www.prensalibre.com/guatemala/comunitario/logros-del-gobierno-en-educacion-no-incluyen-acciones-para-subsanar-rezago-educativo/

 

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Guatemala: Hacia una comunicación decolonial e intercultural

Hacia una comunicación decolonial e intercultural

OLLANTAYITZAMNA

Encuentro de comunicación internacional. Guatemala. Noelia Carrazana. Minka comunicaciones

El 22 de noviembre del 2022, 89 periodistas, comunicadores y algun@s defensor@s comunitarios de derechos, provenientes de 14 países latinoamericanos, más la presencia del país Vasco (Euskalherría), se dieron cita en el Municipio de Santiago Sacatepéquez, Guatemala, en el encuentro internacional titulado: Hacia una comunicación decolonial e intercultural.

Panel sobre iniciativas comunicaciones en diferentes países de Abya Yala. Mauro Osorio

El objetivo de dicho evento fue: poner en común los diferentes esfuerzos comunicacionales emprendidos desde los territorios, en diferentes partes del Continente, con la finalidad de reflexionar y consensuar posibles acciones comunicacionales en conjunto de manera articulada.

Dicho evento fue organizado por el espacio continental denominado Abya Yala Soberana, justamente en vísperas de la inauguración del II Encuentro de Abya Yala Soberana que aglutina a organizaciones, pueblos y comunidades en movimiento en más de 16 países del Continente.

El abordaje de la decolonialidad como desafío para el quehacer comunicacional estuvo a cargo del intelectual puertorriqueño Ramón Grosfoguel, y de las intelectuales decoloniales mexicanas como Katya Colmenares y Karina Ochoa.

Decolonizar a los sujetos de la comunicación, incluido los contenidos y modos de hacer noticia, e incluso los modos de difusión, fueron ideas constantes en la desafiante jornada. Variables como la categoría del sujeto comunal, la agenda de las mujeres, junto a las luchas de los pueblos, resonaron en el auditorio inundado de teléfonos celulares conectados a las redes sociales en vivo.

Por la tarde, en trabajos grupales, las y los periodistas y comunicadores comunitarios pusieron en común sus emprendimientos comunicacionales en sus respectivos territorios, y consensuaron acuerdos mínimos de acción conjunta de articulación comunicacional.

Plenaria de los trabajos grupales. Mauro Osorio

Si en otras épocas las apuestas o aspiraciones internacionales de periodistas era emprender periódicos, televisiones, radio internacional, etc., en este encuentro el consenso va más por generar y difundir contenidos para las plataformas digitales y las redes sociodigitales.

Comunicador@s en una de las mesas de trabajo. OI

Para las y los comunicadores comunitarios de las comunidades en resistencia (en su gran mayoría rurales) articulados en el movimiento Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), el sólo hecho de encontrarse e intercambiar experiencias comunicacionales con periodistas de Aler, Sputnik, o emprendedor@s comunicacionales de Argentina, Chile, México, etc., ya es un gran avance: les inyecta certeza en sus luchas y les confirma en sus apuestas comunicacionales

Fuente de la Información: https://ollantayitzamna.com/2022/11/23/hacia-una-comunicacion-decolonial-e-intercultural/

 

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Entrevista a Ronaldo Andrés Gómez: “La educación tiene el poder de transformar la vida de los niños y proporcionarles un futuro mejor”

El director ejecutivo de la Fundación Ixtatán lleva adelante distintos proyectos educativos pensados para los jóvenes de Guatemala. Él mismo fue beneficiario de la organización que hoy dirige

A los 13 años, Ronaldo Andrés Gómez pasó por una experiencia que lo marcó y lo hizo descubrir que la educación era la clave para desarrollarse. En aquel momento, se dirigía hacia la frontera entre Guatemala y México para trabajar en los cafetales. Pasó un mes en el campo con la tarea de limpiar el café. Recuerda que se le hicieron muchos callos en las palmas de las manos y, a pesar del dolor, no podía dejar de trabajar. “Esa situación me hizo darme cuenta de que quería otra cosa para mi vida. Al regresar a mi casa, empecé a estudiar hasta que logré realmente encontrar una oportunidad. Descubrí que la única forma de desarrollar otra vida era a través de la educación”, cuenta el líder, de 36 años, de ascendencia maya-chuj y que pertenece a la comunidad Tiaktak.

En la actualidad, la comunidad Tiaktak reúne a unas 300 familias y se ubica en San Mateo Ixtatán, Guatemala. El maya es uno de los grupos indígenas más numerosos de América; de los pueblos que lo integran en la actualidad (30 reconocidos por los gobiernos de los países en donde se ubican), el chuj es uno de ellos, con asentamientos también en México.

De acuerdo con las cifras del Censo de Población 2018, Guatemala tiene una población de 14,9 millones de habitantes, de los que 6,5 millones (43,75%) se autoidentificaron como indígenas de los pueblos mayas, garífunas, xincas y cróeles o afrodescendientes. Este y otros estudios especializados muestran la profunda desigualdad que existe entre indígenas y no indígenas, sobre todo en materia de salud, educación, empleos e ingresos.

“Muchos creen que las familias mayas no quieren enviar a sus hijos a la escuela, pero lo que pasa es que la prioridad en las comunidades es garantizar la comida para la familia. Los sectores medios, que cuentan con ingresos económicos, no tienen que preocuparse por la alimentación. Eso ya está cubierto. Entonces lo que se convierte en su prioridad es la educación y la salud”, explica Gómez.

Cuando uno alcanza un objetivo como acceder a la educación, te conviertes en un testimonio para mostrarle a otros que es posible

La realidad en San Mateo Ixtatán es que muchos jóvenes llegan a sexto de primaria y luego comienzan a trabajar con sus padres. Ir a la secundaria implica irse de la comunidad y muchas veces las familias no pueden afrontar el coste, aunque sea mínimo. Muchos no tienen acceso a agua potable, a energía eléctrica o a la educación básica. Gómez señala que no existen programas públicos que puedan subsanar esas necesidades.

“Vengo de una familia que tuvo muchas limitaciones en el acceso a oportunidades de desarrollo. La educación ha sido la puerta para poder acceder a otras posibilidades. Cuando uno se fija una meta, no importa las dificultades que existen. Uno debe continuar para lograr ese objetivo. Cuando se alcanza esa meta, te conviertes en un testimonio para mostrarle a otros que es posible. Para mí, la educación fue liberadora y transformadora. Por eso, quiero que más jóvenes puedan acceder a ella”, reflexiona Gómez.

La Fundación Ixtatán creó la primera escuela secundaria en el pueblo de San Mateo en 2005. Los primeros graduados obtenían el título de Maestros Bilingües Interculturales chuj-español. Gómez, actual director ejecutivo de la entidad, ingresó de niño a esta escuela para completar sus estudios y fue parte de la primera promoción. “Cuando era pequeño, recuerdo que veía unos talleres de alfabetización que se daban en mi comunidad a través de un programa del Gobierno. Me resultaba hermoso ver a estas personas recibiendo sus clases. Eso me cautivó y me llevó a pensar que quería ser maestro y ayudar a transformar vidas”, relata.

Desde su fundación, la escuela ha formado a 185 profesionales como maestros de educación bilingüe chuj-español, peritos, contables y bachilleres en ciencias y letras. En 2012, el currículum fue adaptado para reflejar la filosofía de aprendizaje basado en proyectos: como parte de la educación académica, los estudiantes se preparan en talleres ocupacionales sobre agroecología, panadería o carpintería. Así, se generan ingresos para la escuela, y los estudiantes adquieren experiencias útiles para la vida.

Después de la secundaria, Gómez continuó con los estudios universitarios. Se graduó como licenciado en Educación por la Universidad del Valle Guatemala y realizó un máster en investigación por la Universidad de San Carlos de Guatemala. “Al terminar con la carrera trabajé cinco años en el sector público. Fui coordinador del componente de formación en la Comisión Presidencial contra la Discriminación (CODISRA) y administraba talleres sobre la importancia de la erradicación del racismo en Guatemala. El foco estaba puesto en evitar la discriminación a las personas indígenas y afrodescendientes y mostrar que es un sistema que genera desigualdad social”, explica.

En 2019, volvió a ponerse en contacto con la Fundación Ixtatán y le ofrecieron el puesto de director ejecutivo, con un equipo de 20 personas a su cargo. “Mi rutina consiste en hablar con distintas organizaciones para crear proyectos. Precisamente, lo que busco es realizar una inversión en desarrollo a largo plazo. Trato de convencer a distintas instituciones y organismos que la mejor inversión que pueden hacer es en la educación de niños y jóvenes, que van a ser los futuros líderes de la sociedad”, aclara.

Su pasión es proporcionar apoyo educativo a los jóvenes desfavorecidos de las zonas rurales de Guatemala. “Creo que la enseñanza tiene el poder de transformar la vida de los niños, dándoles esperanza y un futuro mejor”, expresa. Gómez viaja a las comunidades cercanas a San Mateo cada dos o tres meses para evaluar los progresos de los proyectos. “Me acerco para dialogar con las autoridades locales y formar alianzas”, señala. Otra parte de su rutina tiene que ver con escribir documentos para que otras organizaciones que trabajen con chavales puedan replicar los aprendizajes de la Fundación.

En la actualidad, el enfoque principal de Ixtatán se centra en la innovación educativa a través de la implementación de aprendizaje innovador. El modelo basado en proyectos (ABP) se convirtió en su principal programa de trabajo, dado que es eficiente en la generación de aprendizajes significativos. Les permite llevar a la práctica los conocimientos desarrollados para la solución de los problemas de la vida real, lo que ayuda a trabajar de manera autónoma para construir su propio aprendizaje y llegar a resultados concretos generados por ellos mismos. “Aprenden a identificar problemas en su contexto y a partir de eso analizan, investigan y proponen una solución”, explica Gómez.

En 2021, el director de la Fundación fue invitado a participar en un programa virtual llamado International Visitors Leadership Program (IVLP), en el que cuentan con más de 20 líderes de todo el mundo para aprender sobre el racismo y la discriminación racial en Estados Unidos. En 2022, fue de manera presencial. En una tercera instancia, aplicó y ganó el Premio al Impacto del IVLP. “Mi objetivo era utilizar la beca para desarrollar un club de lectura con niños y adolescentes en San Mateo Ixtatán. 50 participantes se benefician de esta iniciativa. A través de la propuesta se busca generar conciencia sobre la importancia de la protección de los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente. Al mismo tiempo, se desarrollan habilidades de lectura, liderazgo, trabajo en equipo, comunicación y pensamiento crítico”, cuenta.

Cuando lleve 10 años en la Fundación, me retiraré porque es importante dar espacio a nuevos líderes

Ronaldo Andrés Gómez, director ejecutivo de Ixtatán

Hoy Gómez dirige varios proyectos educativos patrocinados por la Embajada de Estados Unidos en Guatemala para promover la movilidad social. “Comenzamos a trabajar juntos en 2008. Implementamos distintos programas de formación para jóvenes. De esta forma se contribuyó a que muchos de ellos vayan a la universidad. También, desarrollamos, en conjunto, programas de inglés. De esta forma, se está invirtiendo precisamente en aquellos jóvenes que creemos que pueden promover cambios significativos en el corto plazo”, desarrolla.

A lo largo de su carrera, Gómez creó distintas metas. “Cuando trabajé para el Gobierno, mi idea era quedarme durante cinco años. No quería acomodarme ahí. Sabía que quería explotar otras áreas. En la Fundación llevo casi cuatro años y mi idea es trabajar por unos diez años. Después de eso, supongo que me retiraré porque es importante dar espacio a nuevos líderes. Estoy tratando de involucrar al resto de mi equipo para que cuando me vaya, haya gente que esté preparada para conducir el trabajo que hacemos hoy como Fundación”, comenta. Considera que su siguiente paso profesional será la Academia. Quiere dar clases en universidades, investigar y seguir contribuyendo desde ese espacio al área de educación.

Al reflexionar sobre su trabajo, Gómez remacha: “En estos años encontré a jóvenes con mucho potencial, con una visión distinta y que te cuestionan. En eso tal vez radica la esperanza de construir una sociedad mucho más justa”.

https://elpais.com/planeta-futuro/que-mueve-a/2022-11-07/ronaldo-andres-gomez-la-educacion-tiene-el-poder-de-transformar-la-vida-de-los-ninos-y-proporcionarles-un-futuro-mejor.html

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