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El incesto, un delito oculto

Por: Carolina Vásquez Araya

Las consecuencias del incesto alcanzan y atraviesan a generaciones completas. Al ser cometido por personas del círculo familiar, cuenta de manera casi automática con un pacto de silencio cuyas repercusiones son devastadoras para las víctimas, pero también para quienes conocen el drama y lo callan.

Será imposible calcular la dimensión del delito de incesto al menos que se denuncie.

Esta es una de las razones del porqué el incesto es uno de los crímenes más impunes y difíciles de erradicar. Sucede en la intimidad del hogar, un ambiente exento de vigilancia externa gracias a un condicionamiento social que lo considera el ámbito amoroso, seguro y educativo por excelencia. Este prejuicio es un castigo adicional para sus víctimas, condenadas al silencio absoluto por miedo y vergüenza. Hablar de incesto, por lo tanto, resulta extremadamente difícil aun cuando los delitos sexuales ya comienzan a ser debatidos en foros públicos y círculos familiares, aun cuando los perpetradores de esta clase de violencia deben enfrentar la acción de la justicia y la exposición pública de su conducta.

Si todas las víctimas de incesto hablaran, el coro sería ensordecedor. Quienes se han atrevido a exponer públicamente su tragedia resultan ser una minoría insignificante en comparación con quienes la ocultan. Las experiencias compartidas hablan de una patología social y no de actos aislados, como se suele –o se desea- creer. Niñas, niños y adolescentes son presa fácil de un depredador que los tiene a su alcance día y noche, en la soledad de un hogar supuestamente seguro. Cuando el hecho es revelado por la víctima, se estrella contra el conflicto de familiares más preocupados por el alcance social de la vergüenza que por el derecho del menor a ser protegido de su victimario.

Uno de los estereotipos frecuentes alrededor de este delito, es la creencia de que lo comete alguien desequilibrado por el alcohol o de conducta violenta. En la realidad, el depredador sexual puede ser una persona amable, respetable y cariñosa, por lo cual su víctima –especialmente si es muy joven- sufre una gran incertidumbre, por creer que la violación es también un acto de amor. Esto convierte al incesto en uno de los delitos más perversos y destructivos contra un ser humano indefenso.

Las consecuencias del incesto alcanzan y atraviesan a generaciones completas. Al ser cometido por personas del círculo familiar, cuenta de manera casi automática con un pacto de silencio cuyas repercusiones son devastadoras para las víctimas, pero también para quienes conocen el drama y lo callan. En este escenario amparado por un sistema patriarcal dominante, se colocan sobre la balanza la respetabilidad de la familia y la integridad del o la menor afectado, resultando por lo general más livianos los derechos de las víctimas en este juego de apariencias.

Quienes son presa de un padre, un hermano o un tío agresor muchas veces callan por miedo a la incredulidad de quienes deben protegerlos, agravándose todavía más el profundo daño psicológico y la sensación de indefensión, sentimientos cuyo efecto durará todo el resto de su vida manifestándose en patologías como baja autoestima y relaciones de codependencia. La sociedad tampoco ayuda al imputar toda la culpa a quienes padecen esta situación aparentemente irremediable en el seno de su hogar.

¿Cuál es la salida, entonces, a un fenómeno de tales dimensiones? Educación, vigilancia, justicia y sobre todo asumir que la denuncia de una niña, un niño o un adolescente es verdadera. La reacción automática de rechazo ante una verdad cruda como el incesto es un golpe adicional contra la integridad de un ser humano incapaz de defenderse e incluso de comprender aquello que le afecta. Quitar los obstáculos a la expresión libre es un paso vital en la lucha contra el secretismo de los delitos sexuales, no importando su naturaleza. La protección de la niñez no es un asunto negociable.

EL SILENCIO ES EL PEOR CASTIGO PARA UNA VÍCTIMA DE DELITOS SEXUALES, NO IMPORTANDO QUIEN SEA EL AGRESOR.

Fuente: http://kaosenlared.net/incesto-delito-oculto/

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La vida, la política y nuestras escuelas

Por: Pablo Gentili

¿Por qué los neoliberales le temen a la educación?

La escuela es siempre un espacio político, aunque algunos se esfuercen en ocultarlo o condenarlo. No se trata de una elección o de una decisión. La escuela es un espacio inherentemente político porque es la institución que las sociedades democráticas consagran al ejercicio de un derecho tan esencial que su garantía potencia, amplía y vuelve efectivos otros derechos humanos fundamentales. Por eso, los conservadores siempre desconfían de la escuela pública, la atacan y tratan de desprestigiarla. Porque, ejerciendo su politicidad, la escuela es un laboratorio de participación y de formación ciudadana. Un espacio de construcción colectiva de la emancipación y de la libertad humanas.

El 1 de agosto, fuerzas militares de la Argentina dispersaron de forma violenta una ocupación de tierras en la provincia de Chubut, al Sur del país. Los territorios, que ahora pertenecen al magnate italiano Luciano Benetton, son reclamados ancestralmente por el pueblo mapuche, una de las naciones indígenas más perseguidas, reprimidas y segregadas tanto en Chile como en la Argentina. A la ocupación mapuche se había acercado días antes Santiago Maldonado, un joven artesano de 28 años, oriundo de Buenos Aires y que vivía en la localidad de El Bolsón, a pocos kilómetros de allí. Santiago fue visto por última vez durante la represión de las fuerzas de seguridad. Diversos testigos indican que lo vieron correr y ser apresado por los efectivos de la llamada Gendarmería Nacional. Desde entonces, nunca más se supo de él.

La desaparición generó una gran movilización ciudadana, que rápidamente fue amplificándose por las redes sociales con el lema #DondeEstaSantiagoMaldonado y recibió apoyo de líderes políticos, sociales y personalidades del mundo artístico.

La ministra de seguridad del gobierno de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, sostuvo de inmediato que nada unía la desaparición de Santiago a la represión de las fuerzas de militares. En seguida, atacó a la población mapuche, sosteniendo que ésta, con acciones violentas, pretendía formar una república independiente dentro del país. Aunque se supo que su jefe de gabinete había ordenado y diseñado junto al comando de Gendarmería la violenta desocupación de la comunidad indígena, defendió al funcionario, diciendo que estaba en el lugar (un páramo distante a más de 1.500 kilómetros de Buenos Aires) porque “pasaba con su coche”. Durante los días siguientes, la ministra divulgó pistas que resultaron ser notablemente falsas, dejó trascender el nombre de un testigo protegido y manifestó que se estaba politizando el caso. Su verborragia le hizo cometer fallidos irrecuperables, como sostener que era del “bando de los que no querían encontrar a Santiago”, y no desaprovechó la oportunidad para minimizar las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Las declaraciones de la ministra de seguridad no contribuyeron a otra cosa que a generar más indignación pública en una sociedad que ha demostrado no estar dispuesta a volver al pasado y continúa aún hoy juzgando a los genocidas que participaron de la desaparición forzada de 30 mil argentinos y del secuestro de centenares de bebes, niños y niñas.

Las escuelas y las universidades, junto a las organizaciones docentes y estudiantiles, desplegaron diversas acciones exigiendo la inmediata aparición con vida de Santiago Maldonado. En los últimos 35 años, desde el retorno a la democracia, el campo educativo ha sido uno de los que más activamente se ha movilizado en defensa de los derechos humanos. El 30 de agosto, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, CTERA, comenzó su campaña nacional: ¿Dónde está Santiago Maldonado?, utilizando una serie de cartillas y materiales de discusión sobre derechos humanos y la desaparición forzada de personas para trabajar en las escuelas.

La acción del sindicato magisterial fue apoyada por miles de maestros y maestras en todo el país. La iniciativa se sumó a las que ya se estaban llevando a cabo desde el mismo día en que se conoció la desaparición del joven artesano. #DondeEstaSantiagoMaldonado se multiplicó como tema de reflexión y controversia en las escuelas.

Las acciones de debate escolar alrededor del caso Maldonado generaron una fuerte reacción negativa del gobierno nacional y de algunos gobiernos locales, como el de la Ciudad de Buenos Aires, bastión electoral del presidente Mauricio Macri. El rechazo a discutir el tema en las escuelas fue replicado por activistas de las redes sociales y por algunos medios de comunicación favorables al gobierno. También, por padres y madres indignados ante la inclusión del tema y, particularmente, de los materiales de CTERA en las escuelas. Se realizaron declaraciones públicas con miles de firmas y se recomendó que quienes no quisieran que sus hijos discutieran el asunto, exigieran que se los retirara del aula cuando el tema fuera tratado. Reunidos alrededor del hashtag #ConMisHijosNo, la campaña fue creciendo, denunciando que se trataba de politizar las escuelas.

La ministra de seguridad del gobierno de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, sostuvo de inmediato que nada unía la desaparición de Santiago a la represión de las fuerzas de militares

La ministra de educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, sostuvo que no se debía “pasar el límite de la politización”, sin indicar qué unidad de medida debía utilizarse para establecer el índice de politización de un asunto tan complejo como la desaparición de un ser humano

El mismo día 30 de agosto, el secretario de derechos humanos de la Argentina, Claudio Avruj, declaró que comprendía a los padres que se nucleaban bajo el lema #ConMisHijosNo, Sostuvo que consideraba “doloroso y peligroso” llevar el caso de Santiago Maldonado a las aulas. Después de casi 35 años de democracia, era la primera vez que un alto funcionario de derechos humanos, cuya función es proteger la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, símbolos indelebles de la democracia en la Argentina, se apoyaba ahora en el olvido, en el silencio y la indiferencia ante la desaparición forzada de un ser humano.

El gobierno del país que más ha avanzado en la condena a los genocidas militares y civiles, capaz de movilizarse multitudinariamente ante la más mínima sospecha de que podría volverse atrás en la lucha por los derechos humanos; el del país que sigue recuperando nietos, nietas, hijos e hijas secuestrados en los años setenta; el gobierno del país de las abuelas y de las madres de Plaza de Mayo; el del país del Nunca Más, ahora se horrorizaba ante el debate escolar generado por un caso de desaparición forzada. El gobierno del país de la lucha por la aparición con vida de 30.000 víctimas de la dictadura, consideraba que las escuelas y los docentes estaban politizando el caso de un nuevo desaparecido, esta vez, en democracia.

El 30 de agosto, los sindicatos docentes argentinos lazaron su campaña nacional para discutir la desaparición de Santiago Maldonado. El 30 de agosto, el secretario nacional de derechos humanos, Claudio Avruj, sostuvo que hacer esto era “peligroso”. La fecha no fue una simple coincidencia. El 30 de agosto fue declarado por las Naciones Unidas como el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Los docentes argentinos y el gobierno de Mauricio Macri decidieron celebrarlo, cada uno a su manera.

¿Por qué?

«Esta semana comenzarán las clases en Cataluña. Cada sala de clase, cada centro educativo se llenará de niños y niñas. También se llenará de preguntas, de dudas, de miedos, de silencios, de interrogantes vitales. Comenzarán las clases y nos preguntaremos: ¿por qué? ¿Por qué ocurrió un atentando tan brutal y devastador en una ciudad pacífica y abierta como Barcelona? ¿Por qué nos preguntarán nuestros alumnos y alumnas? ¿Por qué?»

Así comenzaba su intervención el periodista y educador Jaume Carbonell en un homenaje que, hace pocos días, CLACSO le realizó al gran teórico de la educación, José Gimeno Sacristán, en Valencia.

Como Carbonell, muchos aprendimos de la obra de Gimeno Sacristán que la escuela no se vuelve o se transforma por un acto de voluntad individual en un espacio político. La escuela es siempre un espacio político, aunque algunos se esfuercen en ocultarlo o condenarlo. No se trata de una elección o de una decisión. La escuela es un espacio inherentemente político porque es la institución que las sociedades democráticas consagran al ejercicio de un derecho tan esencial que su garantía potencia, amplía y vuelve efectivos otros derechos humanos fundamentales. La escuela es siempre política porque allí se educan las nuevas generaciones y se educan, con ellas, los que han sido educados para educarlas. La escuela es política porque allí se ejerce el derecho a vivir en una sociedad donde el conocimiento es un bien público y común. Porque, siendo el primer espacio donde se practica el diálogo y la deliberación entre sujetos diversos y plurales, comienzan a ejercitarse y a construirse los valores que sustentan cualquier democracia efectiva, toda ciudadanía crítica y activa.

Por eso, los conservadores siempre desconfían de la escuela pública, la atacan y tratan de desprestigiarla. Porque, ejerciendo su politicidad, la escuela es un laboratorio de participación y de formación ciudadana. Un espacio de construcción colectiva de la emancipación y de la libertad humanas. Aunque se esfuercen por denunciar que la politización de la escuela avasalla y limita la libertad de opinión y de elección individual, no hay nada más político que el esfuerzo conservador por proclamar el carácter apolítico de la educación. Un esfuerzo discursivo que redoblan cuando reducen la cuestión de la calidad de la educación a un asunto eminentemente técnico, normativo o procedimental; esto es, cuando limitan el debate sobre la calidad educativa a las pruebas de aprendizaje estandarizado, como la que propone la OCDE con el Programa PISA.

La necesidad de despolitizar la escuela es una de las más urgentes cruzadas moralizadoras del neoliberalismo, reduciendo la educación de los más ricos a un espacio reproductor y amplificador de sus privilegios, y la educación de los más pobres a una simple preparación para el ejercicio y la disciplina de un mercado de trabajo que les exigirá sumisión, silencio, ignorancia y obediencia.

La discusión de situaciones que involucran una clara y brutal agresión a los derechos humanos (como la desaparición de ciudadanos por parte del Estado, o los atentados sufridos por la población civil indefensa), constituyen un insumo pedagógico fundamental para el desarrollo de comunidades de aprendizaje críticas y activas, como las que deben aspirar a construir las escuelas de calidad. Y lo es, porque es en la escuela donde comienzan a edificarse los principios republicanos y democráticos del bien común; el lugar donde la ética deja de conformarse con la retórica evasiva de una promesa sólo accesible a los virtuosos, para transformase en un saber práctico que guía la construcción colectiva de la igualdad y de la justicia social. La política no “entra” en las escuelas. La política impregna las escuelas, las constituye y les da sentido, como el oxígeno le da sentido al aire, como el sol le da sentido a la flor. La política dota a la escuela de sentido, porque lo que se pone cada día en juego en la escuela es nada menos que la interpretación del pasado y la construcción del futuro, porque es en la escuela en donde los seres humanos comienzan a transformarse en sujetos del presente.

Que la escuela no sea otra cosa que un espacio anodino, sin otro horizonte que el del entrenamiento repetitivo y desinteresado, o el del disciplinamiento idiotizante,la locomotora que conduce y reproduce una sociedad de papanatas indolentes, también es la forma en que, con pasmosa frecuencia, la escuela ejerce su papel político.

No hay política en la escuela. Es que la política, para transformarse en un elemento vital para la construcción de sociedades libres, emancipadas y autónomas, necesita convertirse en escuela, volverse pedagogía, constituirse en práctica docente y confundirse, mezclarse, mimetizarse con el concierto cacofónico que se ejecuta, cada día, en una sala de clase.

Por eso, esta semana, cuando los niños y las niñas de Cataluña y de toda España vuelvan a sus escuelas, se preguntarán por qué. Y nadie podrá silenciar esa pregunta. Ni siquiera los burócratas, quienes, por detrás de la aspiración de neutralidad ideológica de la escuela, pretenderán hacer del silencio el eufemismo de la ignorancia.

Si la escuela está impregnada, construida y cimentada de política, la vida humana no le puede ser indiferente. Ni en Buenos Aires, ni en Barcelona, ni en ningún sitio.

Fuente del Artículo:

https://elpais.com/elpais/2017/09/13/contrapuntos/1505337330_354035.html

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La escuela no es una isla

Por: Juan Carlos Yáñez

Pobreza cultural y material, hambre, inseguridad, desaliento, penetran en las mochilas de niños y maestros, menguan poder a la acción pedagógica de la escuela y desafían presente y futuro.

Raffaele Simone, lingüista y profesor italiano en la Universidad de Roma III, aseguró que no hay islas felices en archipiélagos de tristeza. En el mundo de la escuela están documentadas lasvinculaciones múltiples entre la institución educativa y el entorno social, cultural y económico; entre las islas y el archipiélago.

Las escuelas no son ajenas a la calle, al pueblo, a la ciudad; ella le da sentido a lo que los alumnos acumulan y llevan a las aulas. El valor de la familia es fundamental para potenciar posibilidades formativas del centro escolar.

Contextos culturales ricos, atmósferas familiares donde imperan hábitos ligados a la vida escolar, como viajes o lectura cotidiana, promueven condiciones favorables para el desempeño escolar, pero no bastan. De ámbitos ajenos también pueden provenir buenos estudiantes; quizá el ejemplo mundialmente más paradigmático sea Albert Camus y Germaine, su maestro de infancia.

En muchos países latinoamericanos el contexto de la escuela es adverso. Fuera de la escuela, a los alumnos (y maestros) los circundan factores contrarios a los proyectos pedagógicos: banalización cultural, un predominio mediático que no tiene reposo en su capacidad de penetración y en la construcción de sentidos comunes donde priman instantaneidad y fugacidad, entre otros fenómenos. Los problemas económicos persisten en la segunda década del siglo, con fantasmas como el hambre, miseria y desamparo, que carcomen la vitalidad cotidiana en millones de familias y dejaron a alumnos (y educadores) con déficits serios en satisfactores materiales y simbólicos; por otro lado, amenaza una pinza mortal nutrida de violencia, muerte e inseguridad en una sociedad atónita.

Eliminar ese coctel parece lejano y por momentos imposible; su impacto mutila esperanzas e inyecta bombas de desaliento. Su presencia no es ajena, no se queda a las puertas de escuelas y aulas. Pobreza cultural y material, hambre, inseguridad, desaliento, penetran en las mochilas de niños y maestros, menguan poder a la acción pedagógica de la escuela y desafían presente y futuro.

En el interior de la institución escolar los problemas florecen: niveles deficientes en los aprendizajes y resultados de los estudiantes, a juzgar por los indicadores que arrojan las pruebas estandarizadas. En matemáticas, lenguaje y ciencias, áreas privilegiadas en esos instrumentos, las estadísticas no alientan optimismo, aunque las precisiones obligan a matizar juicios, pues los resultados no son variables independientes y están condicionados. En la experiencia cotidiana muchos maestros sentimos que las carencias son inadmisibles, o no comprendemos por qué persisten; a lo cual sumamos la apatía que los estudiantes muestran por la escuela y sus rituales, como tareas, lectura, atención en clase o disciplina. Por supuesto, no caben las generalizaciones. El problema no es individual, ni de voluntarismos. La historia de la profesión se cinceló con ese martillo.

La precariedad material es signo de oprobio, de atraso económico e incongruencia ética. En gran parte de las escuelas públicas no hablamos de bibliotecas o espacios alternos para el aprendizaje de idiomas, herramientas tecnológicas o saberes prácticos, sino de edificios, mesas y sillas, pizarrones, sanitarios, drenaje o servicios de agua y electricidad.

A estos fenómenos perennes se agregan nuevos. En México, un portal digital y una organización de la sociedad civil recientemente pusieron al descubierto una enorme telaraña de corrupción gubernamental. La operación, llamada “La estafa maestra: graduados en desaparecer recursos públicos”, habría desaparecido solo en 2 años más de 400 millones de dólares entre ministerios del Estado, empresas nacionales (como la importante Petróleos Mexicanos), empresas fantasma y universidades públicas. En un país carcomido por la corrupción, la impunidad y el cinismo, el hecho indignó a muchos sectores sociales y alertó por la complicidad de rectores y autoridades de las 8 universidades implicadas.

La penetración de esos males en el mundo universitario tampoco es inédita; pero alarma por lo que podría estar ocultando, especialmente porque la educación superior sigue siendo privilegio de una minoría de los jóvenes en edad de cursar estudios universitarios, como así lo constata el reciente informe de la OCDE, Panorama Educativo 2017, que coloca a México como el vagón en la cola del indicador.

Si no fuera poco, crece incesante un desafío que rodea al tercer sistema educativo más grande de América Latina, el mexicano: la violencia, expresada en las cifras de ejecuciones del crimen organizado, o de los cuerpos del Estado en la batalla contra los carteles de la droga y decenas de miles de desaparecidos. Un balance letal que interpela a la escuela, vulnerada y vulnerable, urgida de provisiones mayores.

En un contexto inédito, atiborrado de retos, con problemas en el entorno y dentro de la escuela, el maestro sigue funcionando en solitario, como caballero andante abandonado, en un jamelgo desprolijo, sin brújula y sueños maltrechos; sin embargo, se mueve, y mientras se mantenga en movimiento, la esperanza persistirá, aunque el contexto asfixie.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/author/juancarlos/

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Robótica y programación con Camp Tecnológico

Por: Susana Velasco

Son las 9 de la mañana del 31 de agosto y una veintena de niños entra por la puerta de GarAJE, el local de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid, con una pequeña mochila y ojos brillantes de expectación. Aún no ha empezado el colegio pero dedicarán toda la semana, a razón de 5 horas al día, a aprender divirtiéndose. Sobre la mesa blanca ya están alineadas las cajas. En su interior, piezas de Lego de todos los tamaños y colores, sensores, conectores, motores… y todo tipo de accesorios para que los chavales, desde los 5 años, construyan sus propios robots y los programen para que sigan unas pautas y cumplan el objetivo marcado de antemano.

Hace ya 4 años que Jesús Ángel Bravo fundó Camp Tecnológico en Bilbao, un Proyecto Educativo cuyo objetivo de despertar el interés de los más jóvenes por la Ciencia, la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas a través de la Tecnología Educativa. “Este tipo de formación no sólo es útil para aquellos niños que en el futuro deseen ser programadores o ingenieros sino que resulta muy eficaz para el aprendizaje de cualquier asignatura en el colegio y para que los niños aprendan a pensar, crear, buscar soluciones…”, explica Bravo.

Camp Tecnológico Lego MindstormsDe Bilbao se extendió a todas las capitales vascas y pronto se abrieron nuevas sedes en Santander, Mondragón, La Rioja y Tarragona. Y a lo largo del último año la formación en robótica y programación se puede encontrar también en ciudades como Santiago de Compostela, Huesca, Girona o Guadalajara. “Este verano hemos realizado 30 talleres simultáneos y más de 3.000 chicos y chicas se han estado formando con nosotros para ser futuros tecnológos”.

En el campamento que organiza Camp Tecnológico en Madrid, el grupo de 5 a 7 años sigue concentrado en sacar todo el partido posible al kit de construcción de Lego Wedo, con el que ya están aprendiendo conceptos básicos de robótica a la vez que se divierten. A lo largo de la semana construirán modelos de máquinas y animales (algunos establecidos y otros de propia creación), programarán acciones y comportamientos, medirán distancias en centímetros y velocidades en rotaciones, investigarán el funcionamiento de las máquinas…

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PabloLego_pMientras, en la mesa de al lado, chavales de 8 a 13 años construyen helicópteros, vehículos con sensores discriminadores de color, máquinas expendedoras… Se trata del kit de Lego Mindstorms que incluye motores, una placa que hace las funciones de “cerebro” y sensores de luz, sonido, ultrasonido y tacto. Después, programan sus robots con un software sencillo, que les permite transmitir a los robots las pautas que éstos deben seguir como si se tratara de un puzzle.

“Los cursos de Camp Tecnológico siguen tres líneas: robotica electrónica, acercamiento al mundo de la programación con lenguajes gráficos tipo ScratchKodu Tkinker con PCs y tablets; después dan el salto al código con Python y utilizan Minecraft como vehículo para diseñar mundos, plugins y mods. Por último, los más mayores aprenden Java o Python para crear y modificar código fuente”, explica Bravo.

IMG_7756_pAdemás de campamentos tecnológicos propiamente dichos, en Camp Tecnológico es posible que los chavales sigan aprendiendo y divirtiéndose durante el curso escolar en el denominado Club Tecnológico, un espacio donde reunirse y dar rienda suelta a su potencial. Pueden elegir entre el Club Robótica, el Club Code o el Club Minecraft. Además, la empresa también organiza actividades extraescolares tecnológicas en cualquier centro escolar. Y este año será el primero de la Escuela de Padres: “Muchas madres y padres nos están demandando cursos al ver lo que aprenden sus hijos y lo bien que se lo pasan. Por eso hemos decidido  impartir talleres de tecnología y entornos digitales con el objetivo de minimizar la brecha de alfabetización digital y tecnológica entre los padres/madres y sus hijos/as”, añade.

 

Fuente: http://www.educaciontrespuntocero.com/formacion/robotica-y-programacion-con-camp-tecnologico/28888.html

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La barbarie pedagógica en el siglo XXI

Por: José de Jesús Reveles

“Todos hablan de paz, pero nadie educa para la paz. Hoy en día se educa para la competencia y la competencia es el principio de cualquier guerra”.  (Lipnizka, 2012)

El conductismo es una corriente que se desprende de la psicología, su referente teórico es John B. Watson (1913), quien se basó en los estudios de Pavlov. El conductismo en la educación toma al alumno como si éste fuese una tabula rasa, es decir, que los alumnos vienen sin conocimientos previos al aula y que el docente es quien posee ese conocimiento y debe transmitírselo, por lo tanto, el rol del docente suele distorsionarse, en lugar de establecer un vínculo positivo con el alumno.

Según Los Santos (2004) el profesor debe dejar de ser un transmisor de información para convertirse en un facilitador del aprendizaje, debe dejar de ser el único portador de verdades inamovibles, haciendo del alumno un protagonista de su propio aprendizaje. Es decir que el ambiente de la clase debe ser un proceso de relaciones y vínculos, que encuentre un equilibro dinámico permanente.

Pero en los últimos años la relación entre alumnos y docentes ha tomado un rumbo que no favorece a la educación, ya que quienes tienen el control de la clase resultan ser los alumnos y no necesariamente la conducción paradigmática de los profesores.

Por lo tanto, hoy en día la incógnita que se presenta dentro de lo aquí explicado es; qué rol debe cumplir el docente frente al alumno, si teniendo una relación simétrica, donde existe un vínculo entre el estudiante y el profesor, los alumnos en la actualidad actúan de manera agresiva y no es privativo de un lugar en específico en el mundo, es una situación globalizada.

Por ejemplo, en la película “La educación prohibida”, uno de los docentes entrevistados expone que, en teoría todas las leyes nos hablan de objetivo de desarrollo humano, profundo: tales como cooperación, comunidad, solidaridad, libertad, paz, felicidad y se llenan de palabras hermosas.

La realidad es que cada vez más se tienen ejemplos en los que la estructura básica del sistema promueve justamente los valores opuestos: la competencia, el individualismo, la discriminación, el condicionamiento, la violencia emocional, el materialismo, cualquier idea que se promueve del discurso es incoherente con la estructura que se sostiene.

Por lo tanto, existe un doble discurso pedagógico, ya que genera una controversia que resulta visible no sólo en la relación alumno-profesor, sino también en la relación alumno-alumno.

Actualmente es fundamental preguntarse si estas actitudes son producto de la competencia que se genera dentro del aula mediante el proceso de la evaluación del conocimiento, si son producto de la teoría conductistas donde el alumno no es un individuo, sino como se suele entender en muchos de los casos, es sólo un número que asiste a clase, adquiere conocimiento y luego se enfrenta a un conjunto de profesores donde será evaluado.

Es decir que el alumno no importa cómo sea, sino que es solamente una esponja que debe absorber lo que se enseña en clase y ese conocimiento será extraído al momento de la evaluación, tal como lo explica Freire en su concepto de pedagogía bancaria.

En este contexto surge la necesidad de preguntarse si el constructivismo o la cognición serán capaces de resolver los problemas planteados anteriormente, generando así un discurso único e indiscutible basado en la paz y el compañerismo.

Pero para que este ideal de educación se construya y sea ejercido en su totalidad, tanto alumnos como profesores deberán provocar un cambio que tendrá resultados fructíferos a largo a plazo, con el fin de generar un discurso único donde la violencia y la competencia estén suprimidas.

Estimado lector, agradezco de antemano la atención prestada al presente y espero que haya sido de su interés… y como siempre y para siempre ¡VIVA LA VIDA!

Fuente noticia: https://www.elsoldezacatecas.com.mx/columna/la-barbarie-pedagogica-en-el-siglo-xxi

Fuente imagen: http://1.bp.blogspot.com/-CmTLEfZFp1o/Uo_pNteLK_I/AAAAAAAAABM/iKTCoWZzKqM/s1600/Cultura1.jpeg

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Tratamientos para la educación especial: una mirada diferente a la discapacidad

27 de septiembre de 2017 / Fuente: https://www.isep.es/

Por: Mayka Gómez Alcaraz

Una jornada con familias y personas con necesidades especiales

Entre castillos de arena vemos a Sergio, un niño de 8 años, que ríe junto con sus compañeros de una asociación de discapacitados en una soleada tarde de junio. Nos encontramos en Gran Playa de Santa Pola, junto a diez niños y niñas, aprendiendo nuevos juegos en un entorno provisto de rampas, zona de sombra con tarima de madera, caseta para guardar material, sillas y muletas anfibias, grúa de transferencia, zona balizada, etc.

Sergio tiene Síndrome de Down. Es muy sociable y divertido, por ello, no tarda nada en presentarnos a sus amigos/as. Observamos que, con la supresión de barreras arquitectónicas y materiales adaptados, todos/as pueden disfrutar de un baño refrescante, a pesar de tener parálisis cerebral, espina bífida u otros síndromes que hacen difícil su movilidad en nuestra sociedad actual.

Paula, vicepresidenta de la asociación y madre de Sergio, comparte con nosotras, voluntarias de una ONG, la merienda organizada para todos/as los/as compañeros/as del grupo, y nos va explicando los motivos de su participación tan activa desde hace un año en esta asociación.

Afrontar la noticia de tener un niño con Sindrome de Down

“Sentí muchas dudas y miedos junto con mi pareja cuando nos dijeron el diagnóstico de Sergio. Pensaba que iba a ser más fácil el proceso de adaptación, al ser mi segundo hijo. Sin embargo, en aquel momento me vi sobrecargada, viví un estado de profunda tristeza al percibir que las cosas iban a ser muy diferentes a las soñadas. La incertidumbre y la falta de información, unida a los problemas de salud que tenía Sergio, hizo que me sintiera perdida. Poco a poco fui encontrándome con personas que me enseñarían un nuevo camino a seguir y me invitaron a recorrerlo con ellos. Ahora queremos ir creando más recursos para tener más calidad de vida. Sergio, siendo bebé, estuvo en atención temprana con distintos profesionales: fisioterapeutas, psicólogos y logopedas hasta la edad de seis años”.

Iván, padre de Sergio, nos explica el funcionamiento de la Asociación, dando detalles sobre los talleres de psicomotricidad, musicoterapia, fisioterapia, talleres para el desarrollo de la autonomía, habilidades sociales, lectoescritura, logopeda, jardinería y las actividades que favorecen la inserción laboral, en coordinación con distintas empresas del municipio.

Allí realizan una “Escuela de Padres” para transmitir información sobre las diferentes discapacidades, tratamientos, servicios y ayudas disponibles tanto de material como de prestaciones económicas.

También hay talleres de apoyo emocional tanto individual como grupal, en los que se aportan técnicas para el manejo de situaciones de estrés, de conflicto, que hacen disminuir sentimientos de culpabilidad y preocupaciones por el futuro. En ellos los padres también estarán trabajando habilidades sociales y de comunicación, mientras realizan talleres de mindfulness, psicoeducación, actividades de ocio y tiempo libre, favoreciendo el respiro familiar y la comunicación entre padres de usuarios/as.

La trabajadora social de la asociación, en coordinación con servicios sociales, da información sobre recursos existentes. Entre ellos, se encuentra la Ley de Promoción de Autonomía Personal y Atención a personas en situación de Dependencia, conocida como “Ley de Dependencia“. Dicha legislación está vinculada a personas que, por pérdida de autonomía física, mental, intelectual, sensorial o discapacidad mental; necesitan cuidados de otras personas para realizar actividades de la vida diaria que le ayuden a paliar su falta de autonomía personal. La psicóloga de la asociación también está en coordinación con los tutores de los niños/as, alumnos/as de los diferentes colegios del municipio.

La atención a la diversidad en el aprendizaje

Por otra parte, esta trabajadora social nos enseña un tríptico que tiene información interesante sobre una nueva visión dentro del aprendizaje en los centros ordinarios, que pretende hacer una “educación para todos/as y con todos/as”. Esto me recuerda a lo aprendido en mi módulo de atención a la diversidad, con Jose Luis Soler, y que quiero compartir con vosotros:

Diferencias entre la escuela integradora y la escuela inclusiva*

Escuela Integradora

Centrada en el diagnóstico, dirigida a la educación especial, basada en principios de igualdad y competición, la Inserción es parcial y condicionada, exige transformaciones superficiales, se centra en el alumno/a (se ubica en programas específicos), tiende a disfrazar las limitaciones para aumentar la posibilidad de Inserción.

Escuela Inclusiva

Centrada en la resolución de problemas de colaboración, dirigida a la educación en general(todos/as los alumnos/as), basada en principios de equidad, cooperación y solidaridad (valoración de las diferencias como oportunidades de enriquecimiento de la sociedad), la inserción es total e incondicional, exige rupturas en los sistemas (transformaciones profundas), se centra en el aula (apoyo en el aula ordinaria), no disfraza las limitaciones, porque son reales.

Es una meta a alcanzar llegar a hacer realidad una escuela inclusiva, en la que cada centro escolar se encuentra a cierta distancia, más o menos, en función de las condiciones que tiene en su proyecto.

Las condiciones para una escuela inclusiva, de acuerdo con un trabajo de investigación llevado a cabo en Cataluña en el marco del Proyecto UNESCO (1.995), concretamente de la experiencia de una de las escuelas participantes en dicho proyecto (Faro y Vilageliu 2000), se recogen los siguientes puntos (Giné 1998).

– Trabajo colaborativo entre profesorado: intervención conjunta de dos profesores/as en el aula, planificación conjunta de las unidades de programación, colaboración conjunta hacia el alumnado/a.

– Estrategias de enseñanza-aprendizaje: prácticas efectivas, trabajo colaborativo y cooperativo, organización del aula, optimización de recursos.

– Atención a la diversidad desde el currículo: mejora de la formación del profesorado en este campo, elaboración de objetivos compartidos y definidos, definición de criterios de Centro en el desarrollo del currículo, acuerdo con criterios de evaluación.

– Organización interna: autoevaluación y evaluación interna, estructura organizativa favorecedora de la cohesión, potenciar el intercambio entre profesorado, distribución de horarios coherentes con los fines.

– Colaboración escuela-familia: fortalecimiento de comunicación y vías de participación de los padres en la toma de decisiones, desarrollo de contactos formales e informales.

– Transformación de los servicios/ recursos destinados a la educación especial: para todo el Centro centrados en el currículo, el profesor/a de apoyo, psicopedagogo/a implicado/a en la estructura del centro, la transformación de los Centros de Educación Especial en Centros de recursos para la educación inclusiva.

Para poder poner todo ello en práctica, podemos establecer coordinación con centros y personas que ya han realizado aportaciones para hacer realidad la inclusión educativa.  El “Aprendizaje basado en proyectos a través de las Inteligencias Múltiples“, desarrollado por Coral Elizondo, sería un claro ejemplo de buenas prácticas.

Ahora que ya se acaba el día, concluyo que la experiencia ha sido realmente enriquecedora, mientras nos despedimos de todos los chicos y miembros de la asociación porque ya todos/as se encuentran en el vehículo adaptado de vuelta a casa. Quedamos invitadas en ir a ver la Asociación un día e intercambiar experiencias que espero poder compartir con vosotros.

* Fuente: Arnaiz, 2003; Moriña, 2002.

Fuente artículo: https://www.isep.es/actualidad-educacion/tratamientos-para-la-educacion-especial-una-mirada-diferente-a-la-discapacidad/

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Evaluación continua: el camino para valorar progresivamente el aprendizaje.

27 de septiembre de 2017 / Fuente: https://compartirpalabramaestra.org

Por: Robinson Conde Carmona

El educador no sólo debe evaluar al final del proceso de aprendizaje el desarrollo de las competencias por parte de los educandos, sino que proponer actividades. 

Evaluación continua es una forma de entender la evaluación educativa. Es un proceso que se debe llevar a cabo durante todas las etapas de aprendizaje del educando. Ésta se entiende como un proceso fundamental para la enseñanza que aumenta la probabilidad de que sea efectiva para el aprendizaje de los educando. La evaluación continua permite al educador manejar las diferencias entre los educandos en un aula de clases, y por lo tanto también se entiende como una práctica inclusiva.

La evaluación continua incluye la evaluación de tipo diagnóstico, formativa y sumativa.

En nuestro contexto educativo, tradicionalmente, la evaluación se ha centrado en la etapa final del aprendizaje y se ha concebido, de forma general, para aprobar más que para aprender; por otro lado, el educando enfoca su aprendizaje en función del tipo de evaluación seguida.

No obstante, el educador no sólo debe evaluar al final del proceso de aprendizaje el desarrollo de las competencias por parte de los educandos, sino que a lo largo del curso, debe proponer con cierta periodicidad actividades, de carácter evaluable, que faciliten la asimilación y el desarrollo progresivos de los contenidos de la asignatura y de las competencias que deben alcanzarse, respectivamente.

De esta forma, la evaluación se convierte en continua o progresiva, y el educador puede realizar un mayor y mejor seguimiento del progreso en el aprendizaje del estudiante, ya que permite una valoración integral. Se trata en definitiva, de apostar por un aprendizaje significativo.

Para que se evidencie la evaluación continua en las aulas de clases es necesario que los educadores planifiquen sus unidades de aprendizaje, pero que al mismo tiempo la modifiquen clase a clase tomando en cuenta los aprendizajes obtenidos por los educandos. Para esto los educadores deben seguir los siguientes pasos de un ciclo de evaluación, según (Miranda, 2010):

  1. Definición de objetivo de aprendizaje: establecer un objetivo de aprendizaje tomando en cuenta los conocimientos previos de los estudiantes evidenciados en una evaluación diagnóstica previa.
  2. Construcción de indicadores y criterios: estos indicadores y criterios deben guiarse por el objetivo de aprendizaje establecido anteriormente y deben ser observables. El nivel de logro de los indicadores establecerá el cumplimiento o no del objetivo de aprendizaje propuesto.
  3. Construcción del instrumento y de la actividad de evaluación: evaluar, elegir y modificar tareas y textos en función de una meta de aprendizaje específica. El instrumento debe evaluar la actividad planificada y debe cumplir con los indicadores y criterios propuestos anteriormente.
  1. Implementación de la clase: realizar la clase aplicando la actividad de evaluación diseñada para ella. De esta forma se evalúan los aprendizajes de la clase implementada y se generan evidencias observables del nivel de logro de los indicadores de evaluación propuestos.
  2. Aplicación del instrumento y/o recolección de evidencias de aprendizaje: recoger las evidencias de aprendizaje de los estudiantes y aplicar el instrumento diseñado, el cual nos permitirá sistematizar el nivel de logro según indicador de los estudiantes.
  3. Sistematización de las evidencias: sistematizar todas las evidencias recogidas en tablas y analizar los resultados.
  4. Toma de decisiones: a partir de los resultados analizados y del nivel de logro de los indicadores alcanzado, tomar decisiones en relación a la planificación y adecuar los objetivos de aprendizaje según las necesidades observadas en las evidencias.

Si miramos detenidamente cada paso, podemos notar que estos tienen una relación estrecha con los que se propone en la evaluación integral, que a fin de cuenta lo que nos propone, es que saquemos la información del contexto en que vamos a trabajar, y a partir de los datos que obtengamos del mismos, hagamos una valoración que nos permita tomar decisiones, para diseñar y/o rediseñar nuestro plan a seguir en un comienzo, luego esté puede ir siendo modificado durante el proceso, dependiendo de los resultados y de las necesidades del contexto en circunstancias puntuales, y no en medio de la generalidad, ya que en ella pueden pasar desapercibidas muchas situaciones que podrían ser causales para que el educando no avance significativamente en su procesos de aprendizaje.

Por lo anterior,  Zabalza (2003) propone, debemos encadenar los siguientes procesos para completar efectivamente la evaluación continua.

  • Plantear.
  • Ejecuta
  • Evaluar
  • Reajustar

Debido a que el proceso debe acomodarse con las modificaciones realizadas con la toma de decisiones de los cambios con la evaluación.

Por otra parte, para Delgado (2006) la evaluación continua tiene por objetivo la valoración del grado de aprendizaje conseguido por el educando, la evaluación adquiere una nueva dimensión al girar el aprendizaje en torno al educando. En este sentido, debe estar correctamente diseñada para que permita valorar si el estudiante ha alcanzado el objetivo, no sólo los conocimientos sino también las competencias previamente definidas por el educador para una materia concreta.

Por ello, el sistema de evaluación continua ofrece sin lugar a dudas, ventajas de parte y parte; tanto para el educando, como para el educador. Dado que aquellos educandos que participan en una evaluación continua tienen mayores garantías para aprender, crecer, mejorar progresivamente su propio techo, por otra parte, también de superar el reto; que es superar la materia en curso.

En efecto, porque de forma gradual y progresiva van desarrollando las competencias de la asignatura, y en segunda porque conocen la manera de valorar del educador, es decir, se ven involucrados en el proceso. En tercera, el educando recibe información de su propio ritmo de aprendizaje, y es capaz de autorregularse para corregir sus errores y vicisitudes, llegando a tal punto que pueda él solo, reorientar su proceso de aprendizaje; ser autosuficiente y autónomo.

Todo para que a fin de cuenta sea capaz de autoevaluarse, que es un proceso que poco a poco va tomando mayor importancia. Según San Martín (2014) la autoevaluación es básica para tener autonomía o para lo que denominamos aprender a aprender. Es fundamental darse cuenta de si estás haciendo las cosas bien y de apoyarte en los soportes necesarios para mejorar. Las personas que se autoevalúan son las que aprenden, las que no, sólo repiten.

Para finalizar, debemos apuntar que, si la evaluación continua está bien diseñada, debería superar la asignatura sin la necesidad de hacer una prueba final; en definitiva y en resumen a la hora de diseñar una evaluación continua podemos resaltar tres elementos claves; en primer lugar, su planificación, en segundo lugar, su información al educando (objetivos, criterios de evaluación, número de actividades, periodicidad, esfuerzo…), y en tercer lugar, las actividades concretas de evaluación (tipología, criterios de corrección, dedicación horaria, temas abordado (Delgado, 2006).

Fuente artículo: https://compartirpalabramaestra.org/columnas/evaluacion-continua-el-camino-para-valorar-progresivamente-el-aprendizaje

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