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Ocultando la realidad.

Por: Fabián Cueva Jiménez.

Los anuncios educativos positivos son bienvenidos, al menos, si llegan con entusiasmo y apuesta incluida. El Bachillerato Técnico Productivo anunciado por el Presidente se inició como plan piloto hace dos años. Ahora dicen que será un alivio a la falta de empleo, que dará buenos resultados y ayudará a generar emprendimientos. El tiempo dirá si es conveniente o no.

Antes salíamos directo a trabajar en las empresas, éramos muy cotizados, pero la Educación Técnica ha sido abandonada. La realidad hay que señalarla sin aumentar, libre y éticamente, para construir, dice el sicólogo austríaco Paul Watzlawick. Eso pedimos.

Hay una emblemática institución técnica en Quito escogida para el Bachillerato Técnico Productivo, que en los últimos 10 años ha atravesado por una etapa nefasta. Fue y sigue politizada, alrededor de sus aulas se levantaron mallas para silenciar a los estudiantes, se nombraron autoridades con la consigna de dividir a los maestros y se implementó otro tipo de bachillerato.

Con una demagógica repotenciación inconclusa camuflaron la falta de nuevas ofertas formativas, la actualización del diseño curricular, la capacitación específica en las figuras profesionales, la carencia de espacios didácticos, incluida una biblioteca especializada, el nulo equipamiento con tecnología actual, la ausencia de material didáctico y la Unidad Educativa de Producción, que no cumple con los objetivos para la que fue creada.

Aumentar un año de estudio no es la solución, se debe levantar un diagnóstico, evaluar la demanda de las ocupaciones técnicas, incorporar a otros actores como el sector privado aprovechando la alianza planteada, crear adecuadas condiciones pedagógicas, comprometer un presupuesto suficiente, recuperar la etapa previa de orientación y motivación.

Fuente: https://www.lahora.com.ec/noticia/1102092043/ocultando-la-realidad-

Imagen: https://2.bp.blogspot.com/-rkD4QMUQLx4/WUytYPTzJKI/AAAAAAAAOjI/xN-BJiFK40ENVah_2sz4ItJ6h6DQq7qkQCEwYBhgL/s1600/foto%2BEl%2BCiudadano.jpg

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Sobre fraudes educativos y anatemas bienpensantes.

Por: Meliton Córdoba.

Mi artículo del domingo pasado denunciaba el engaño que consiste en rebajar los niveles de exigencia académica para facilitar el acceso a la enseñanza universitaria a personas que, en otros sistemas menos complacientes de gran implantación en Europa, serían derivadas a otro tipo de estudios más a su alcance; denunciaba también la carga de frustración que conlleva la posesión de títulos devaluados que no son apreciados en el mercado laboral.

Pues bien, un lector, un tal Joanet, siguiendo sin duda los dictados de esa cultura (?) socialdemócrata «mezcla de sinvergonzonería y subnormalidad que inhalamos como el gas de los pantanos», en frase feliz del maestro Ruiz Quintano, tergiversó mi argumentación acusándome de clasismo (!). Y es que se necesita muy poca vergüenza y bastante subnormalidad para concluir que la excelencia académica perjudica a las «familias socialistas y de clase media baja», cuando es precisamente la que les permitiría un ascenso social efectivo y no el que, pretendiendo halagarlas, únicamente consigue frustrarlas. Como es obvio, nada tiene que ver la clase social con la capacidad intelectual y en ningún momento se me ha ocurrido postular el dislate que el citado lector me atribuye gratuitamente.

También un tal Lluís comentó el artículo citado acusándome de ser «homófobo, islamófobo y anticatalanista». El mecanismo es novedoso pero sobradamente conocido: se descalifica al crítico imputándole desórdenes de comportamiento, en este caso fobias; pero vayamos por partes: como se maliciaba Lola Flores, una cosa es ser «hemosexual» y otra mariquita; la primera es una opción legítima, la segunda es su degradación a través de astracanadas como el llamado «orgullo gay» y los imperativos de la LGTBI. Leamos la opinión de un homosexual: «los maricas turbios de lágrimas, carne para fusta, bota o mordisco de los domadores. Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos gotas de sucia muerte con amargo veneno. Contra vosotros siempre, Faeries de Norteamérica, Pájaros de la Habana, Jotos de Méjico, Sarasas de Cádiz, Apios de Sevilla, Cancos de Madrid, Floras de Alicante, Adelaidas de Portugal. ¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!». (El lector culto habrá detectado la «Oda a Walt Whitman» de Federico García Lorca que, al paso que vamos, va a resultar igual de homófobo que yo).

En cuanto a la islamofobia de la que se me acusa, diré que si no practico mi credo, que es el único verdadero, menos voy a simpatizar con una pseudoreligión que, en realidad, es un proyecto político teocrático, bárbaro, cruel y fosilizado en el Medioevo. Si por islamofobia se entiende el rechazo al pensamiento totalitario, a las lapidaciones, a las amputaciones de manos.

Fuente: https://periodicodeibiza.es/opinion/opinion/2017/08/13/285267/sobre-fraudes-educativos-anatemas-bienpensantes.html

Imagen: http://agendapublica.elperiodico.com/wp-content/uploads/2017/06/graduada-1439399930432-1140×419.jpg

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La autoridad del profesor.

Por: Francisco J. Lopez Rodriguez.

Qué sería una sociedad sin, policías, sin semáforos, sin normas de tráfico, sin leyes? Sería un caos, una jungla, un campo de batalla, una morgue, imposible la vida. Se pueden imaginar qué sería un Centro de enseñanza, sin autoridad y con adolescentes sin sentido de la responsabilidad, ni respeto. Se ha hablado y se habla mucho de las leyes educativas. En teoría todas pretenden mejorar el sistema educativo. La realidad es muy distinta, se ha degradado y no hay forma de hacer una Ley que pretenda dos principios básicos: la calidad del sistema educativo y el respeto dentro de la comunidad educativa. Digo respeto y convivencia en los Centros. Me parece muy bien que haya interlocutores en el sistema: padres, profesores y alumnos, pero cada uno en su sitio, juntos sí, revueltos, no.

El profesorado será autoridad lo dice la Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce). ¿Es necesario que se regule un principio natural? Pues sí. Esta sociedad, que hemos creado todos y que está mediatizada, ha prostituido la autoridad y la disciplina en las aulas. En una tertulia de una cadena de radio se hizo una entrevista a una profesora que había sido vejada, insultada y agredida por un alumno. Dicha profesora tuvo que pedir la baja por depresión y soportar la poca comprensión, en especial, por los padres del alumno en cuestión.

En un momento determinado tuve que llamar a un padre por el comportamiento díscolo de su hija, manifestándole que había infringido las normas elementales de convivencia y había vejado al profesor. Le manifesté los hechos y le dije que el profesor es una autoridad en clase y como tal tiene competencias para tomar decisiones ante situaciones incomodas y comportamientos que hacen imposible impartir docencia El progenitor me contestó que «desde cuando el profesor es una autoridad en clase».

Estamos volviendo a ciertos planteamientos que afloraron en el primer tercio del siglo veinte con las organizaciones anárquicas. Son caldo de cultivo para incluir a toda la masa descontenta. Sus principios son revolucionarios, lucha por el poder y no sometimiento a ninguna autoridad. Había un dicho que decía: “la letra con sangre entra”. Estábamos ante el castigo físico. Sometimiento a vejaciones al alumno: los coscorrones, ponerse de rodillas etc. etc. Eran situaciones para afrontar el respeto y el orden. Hoy nadie pide eso. Hoy ningún profesor va a rescatar viejos modos. Por cierto, algunos estados americanos y, en ciertos colegios británicos, están aplicando castigos físicos. Pero ¿qué está pasando con la disciplina en las aulas? Hoy, impartir una clase a determinados colectivos, es una odisea, una tragedia, un esfuerzo titánico y, solo los aguerridos, lo pueden hacer si no desesperan. Los alumnos no tienen disciplina, insultan al profesor, no respetan a nadie, pretenden hacer lo que les viene en gana. No toman interés por formarse, con frecuencia odian y detestan ciertas materias, les importa un rábano la cultura. Dicen que para qué quieren la lengua, la historia, sociales y si eso no les sirve para nada, que lo único que les importa es aquellas materias que no son objeto de estudio ni de esfuerzo. Esto es verdad. También es cierto que es una minoría, pero la realidad es que la minoría hace imposible mantener el orden, la disciplina y un aprovechamiento académico.

Hoy un profesor tiene coartada su libertad. Les voy a contar una anécdota vivida hace unos cuantos años. Una alumna provocadora, rebelde, de las que no quiere estudiar, de la que no da un palo al agua. En clase su comportamiento era detestable. El profesor la echa de clase. La alumna, que sabe mucho de derechos, va a inspección, dice al de turno que le han expulsado de clase. El inspector se presenta en el Centro y dice al profesor que tiene que admitirla. Para expulsarla es necesario abrir un expediente. Reunir al Claustro de profesores, nombrar un instructor, hacer pliego de cargos, proponerla a la administración para su expulsión, con la salvedad que mantiene todos los derechos en el Centro y, al final, alguien decide o no que se le expulse, mientras tanto, la mantienes en clase, hace lo que quiere, se ríe del profesor y el docente a j.. y a aguantarse. Esto fue un hecho real. Así no se puede impartir una clase ni imponer disciplina. En materia de disciplina los centros tienen que tener suficiente autonomía y los profesores suma autoridad para tomar las medidas oportunas, puntuales. Que la clase sea un ambiente de trabajo y, quien lo perturbe, se tomen las medidas oportunas y disciplinarias para corregir los defectos y poder crear un ambiente educativo con el objetivo de formar y afrontar el reto de la enseñanza con interés y eficacia.

No estamos proponiendo el abuso. Tampoco se propone la dictadura educativa. Los límites del profesor están en el respeto al alumno y lo que determine el Código civil y el penal. ¿Por qué no se legisla de una manera proporcional? Hay muchos políticos y sindicatos que saldrían al encuentro y Asociaciones de padres porque lo primeros fogonazos que lancen? serán que no se respetan los derechos y hay que tener contentos a una masa que no quiere estudiar, que les importa un rábano todo, que no quieren que se les mande, que detestan la autoridad, que no quieren disciplina.

Hay que empezar por el principio y ese principio, es la familia, Si esta falla, si los hijos quedan a merced el ambiente, si no se impone autoridad y los padres, para contentar a sus hijos avivan y azuzan el conflicto apoyando a sus vástagos, flaco favor estamos haciendo a la enseñanza.

Puede ser que alguien se levante contra estas formas y las tache propias de un facha o dictador, pero les digo que, si en la familia hay disciplina y respeto, se prolongará en el centro educativo y los profesores serán depositarios de ese mensaje y lo recogerán para proseguir una educación en el respeto. Ahora bien, si se sigue sin dar autoridad a los profesores, esta sociedad educativa no va a funcionar y la autoridad del profesor quedará degradada.

Fuente: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/autoridad-profesor_1180746.html

Imagen: http://juanvelarde.blogia.com/upload/20090916114833-profesor.gif

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Olimpiada del conocimiento: presente y evocación

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Como ya es tradición, el mar­tes 8, el presidente Peña Nieto convivió con los niños ganadores de la Olimpiada del Conocimiento Infantil. La ce­remonia en Los Pinos se denomina Convi­vencia Cultural. En ésta, el Presidente y el secretario de Educación Pública, festejan a los niños más aplicados del país.

Hace unos años comentaba con una colega el valor de ese ceremonial. Ella pensaba que no debería existir, que lo ideal sería que todos los niños se desem­peñaran bien, que todos caminaran al mismo ritmo, que no hubiera diferencias, que todos fueran destacados.

Es un ideal imposible de alcanzar, pienso. Cuando se quiere emparejar el desempeño de los estudiantes de mane­ra artificial, por lo general es hacia aba­jo. Recuerdo de mis años de primaria, cómo nos incomodaban los niños apli­cados, más si eran niñas. Quizá no lo re­conocíamos como envidia, pero pienso que eso era lo que sentíamos; nos burlá­bamos de ellos y no pocas veces eran el blanco de la inquina de los más ganda­llas. “Aquí todos somos iguales”, parecía ser la consigna. Pero en el fondo siempre hemos rendido culto al individualismo.

El ritual de la Convivencia Cultural en­comia dos tendencias que para algunos son antípodas. Por una parte, es un reco­nocimiento al esfuerzo de niños y maes­tros por hacer bien su labor. A los primeros por su dedicación al estudio, cumplir con horarios y tareas y, en consecuencia, obte­ner buenas calificaciones. A los segundos, por poner atención —a veces demasia­da— a los niños que sobresalen.

Por otra parte, es un incentivo —“son un ejemplo”, les dijo el secre­tario de Educación Pública, Aurelio Nuño— para seguir por esa ruta, una invitación a ser mejores. Es un aplauso a la noción de competencia, a ser di­ferentes al resto de sus compañeros. Destacar, parece decir el mensaje del ceremonial, es una virtud.

Para mí no hay contradicción. No es cierto que todos seamos iguales. Hay diferencias en comprensión, lucidez, tiempo dedicado al trabajo (el holgazán existe), esfuerzo individual y, claro, en capital cultural. Quienes tienen más ven­tajas de origen disfrutan de mayores po­sibilidades de sobresalir.

No niego que haya una restricción de clase social. Las desigualdades sociales y culturales se reproducen. Por décadas, en la ceremonia que ideó Jaime Torres Bodet a comienzos de los 60, sólo eran premiados niños de clase media. Pero buena parte de esa clase migró a la es­cuela privada. Hoy, pienso, en las áreas urbanas (no en las marginales) hay cierta homogeneidad en el origen de clase so­cial de los alumnos.

En los años 90, si no me equivoco, gracias a la insistencia del entonces sub­secretario de Educación Básica, Olac Fuentes Molinar, se instituyó que en es­tas olimpiadas se incluyeran categorías y se seleccionara a los niños que obtu­vieran los mejores desempeños en edu­cación indígena (bilingüe y bicultural), en los cursos comunitarios del Consejo Na­cional de Fomento Educativo (los pobres entre los pobres) y en Telesecundaria. No es el paraíso, pero es un reconocimien­to a la pluralidad social y, sin que se les mencione, a los rezagos que padece el sistema educativo mexicano.

Para un niño de 12 años, entrar a Los Pinos era un verdadero privilegio. Me re­fiero a los tiempos de presidencialismo exacerbado y con una población menor a la tercera parte de lo que tenemos hoy. Quien saludaba al Presidente —y tenía la foto dándole la mano para demostrar­lo— se trasmutaba en una celebridad, más aún si provenía de una ciudad pe­queña. Eran foco de adulaciones y de orgullo de su familia y maestros de su escuela, aunque también había quie­nes los envidiaban más que antes de la premiación.

Hoy, quizá nada más sus familias fes­tejen los 15 minutos de gloria de los cam­peones de esta olimpiada. ¡Pero de que lo merecen, lo merecen!

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Olimpiada del conocimiento: presente y evocación

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Personas con discapacidad, sin respaldo de políticas públicas: UAM

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La lucha de casi ocho millones de personas con alguna discapacidad –que conforman el segundo grupo minoritario de la población en México, después de los indígenas– carece de políticas públicas que atiendan de manera suficiente y con respeto de los derechos humanos las necesidades de ese sector, advirtió el maestro Andrés Moctezuma Barragán, profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Al dar a conocer el proyecto La ventana arte incluyente refirió que la intención es crear un espacio para promover la inclusión social de hombres y mujeres en esa condición y hacer visibles el problema y la cultura al respecto, mediante talleres de diseño de carteles y materiales, de artes escénicas y visuales, video, radio y edición, entre otros.

La iniciativa –desarrollada por un grupo de artistas y ciudadanos interesados en promover un mundo incluyente que considere a aquellos con capacidades diferentes– propone que desde las disciplinas visuales, principalmente, creadores trabajen para hacer visible la problemática social e impulsar la solidaridad y la inserción moral.

También busca provocar la reflexión y la concientización sobre las numerosas situaciones de exclusión social que sufre dicho segmento de la sociedad y las cuales magnifican sus circunstancias.

Por ello es necesario considerar que se trata de “una minoría que es numerosa” y muchas veces no visible por encontrarse recluida, “ya sea por no sentirse aceptada socialmente o por no contar con las mismas oportunidades que los demás”, por lo que hay que convocar a acciones que contribuyan a la aceptación social.

Moctezuma Barragán indicó que La ventana arte incluyente, propuesta instituida como Asociación Civil, nació de la relación con ilustradores catalanes que trabajan en centros para débiles visuales y auditivos, con síndrome de Down, discapacidad intelectual y dificultades de movilidad, entre otras características.

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Personas con discapacidad, sin respaldo de políticas públicas: UAM

 

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Ajedrez en tablero de damas: educación y productividad, las piezas que no encajan

Por: Marcelo Norambuena

La productividad como problema público, y por ende factible de abordar desde lo político, es un tema que se ha instalado en la agenda mediática, siendo utilizado en mayor o menor grado por todos los sectores políticos como elemento programático –a veces más latente que manifiesto- , convirtiéndolo ineludiblemente en un tema país.

Pero ante cualquier intento retórico, si vamos a hablar de productividad, mejor partamos por el dato duro. El Informe 2016 de la Comisión Nacional de la Productividad señala que entre 1990 y 2000 la productividad de la economía chilena creció en promedio un 2,3% por año, mientras que en el período que va desde 2001 hasta 2015 sólo lo hizo en un 0,1%. Es decir, la fuerza laboral chilena no ha logrado aumentar su capacidad de producir más con los mismos recursos. La evidencia indica que la productividad se estancó en los últimos 10 años, mientras que diversos estudios señalan que este fenómeno es el principal factor que incide en la desaceleración de la economía. Esta situación ha generando sospechas de que Chile esté entrando en la llamada “trampa de los ingresos medios”, concepto que alude al fenómeno de estancamiento permanente observado en muchos países en vías de desarrollo, los cuales quedan a medio camino entre la pobreza y la prosperidad.

¿Qué ha ocurrido entonces con la fuerte inversión hecha en educación en los últimos 25 años? ¿Cómo es posible que la productividad se estancara, cuando entre 1990 y 2016 la cantidad de estudiantes en educación superior pasó de casi 250 mil a más de 1,2 millones? ¿No se supone que invirtiendo en capital humano, la productividad se incrementa?

Grandes preguntas, pero para avanzar en éstas, mejor volvamos a los datos. Aquí aprovecho de señalar los resultados del “Segundo estudio de Competencias Básicas de los trabajadores chilenos” elaborado en 2013: un 44% de la población adulta en Chile no entiende lo que lee, un 42% no es capaz de redactar documentos y un 51% no es capaz de realizar todas las operaciones matemáticas básicas. Aún peor, tales cifras son relativamente transversales a todos los niveles de educación. Y como si se tratara de un tiro de gracia, estos datos son prácticamente idénticos a los de la primera medición en 1998.

Estos resultados son un balde de agua fría al paradigma de potenciar la formación terciaria como estrategia para impulsar el desarrollo. En Chile existe una fuerte sobreestimación del impacto de la inversión en Educación Superior en el desarrollo económico del país –muy internalizada por la sociedad, los privados y el Estado-, alimentado por la convicción de que individuos con mayor capital humano serán más productivos, lo que repercutirá en un mejor desempeño global de la economía.

Estos resultados son un balde de agua fría al paradigma de potenciar la formación terciaria como estrategia para impulsar el desarrollo. En Chile existe una fuerte sobreestimación del impacto de la inversión en Educación Superior en el desarrollo económico del país –muy internalizada por la sociedad, los privados y el Estado-, alimentado por la convicción de que individuos con mayor capital humano serán más productivos, lo que repercutirá en un mejor desempeño global de la economía. En otras palabras, se trata de una lógica neoliberal en la que se atribuye al individuo el éxito o fracaso del desarrollo económico, lógica bajo el cual no es infrecuente enjuiciar a amplios sectores sociales respecto al desempeño de la economía. En honor a los resultados, nada perdemos escuchando otras opiniones.

El economista surcoreano Ha-Joon Chang comparte la idea de que el desarrollo de la economía de un país depende esencialmente en hacer que sus ciudadanos mejoren sus habilidades productivas, pero indica además que necesariamente debe existir una matriz productiva que de soporte: elemento minimizado (si no ausente) en el discurso técnico neoliberal chileno. La combinación de ambos factores facilita la mejora de capacidades para organizarse en emprendimientos innovadores con el fin de satisfacer la matriz productiva –que normalmente está dominada por grandes conglomerados-, generando así un proceso de transformación de ésta. Agrega además que la evidencia internacional sindica a la actividad manufacturera como el sector económico que realmente potencia el aprendizaje de los habitantes de un país. Sólo de este modo se producen cambios en la economía, no añadiendo mayor capital humano en función de la matriz productiva ya existente, sobre todo si ésta es de carácter extractivo y enfocado a las materias primas como lo es en Chile.

Complementando lo anterior, el cientista político estadounidense Ben Ross Schneider asocia la baja productividad de los países latinoamericanos –incluyendo a Chile-, a la existencia de grandes conglomerados familiares que monopolizan la economía, en el contexto de lo que denomina “Capitalismo Jerárquico”. Si bien no considera negativa la existencia de grandes conglomerados –es más, tienen una gran y positiva incidencia en la labor de expandir las operaciones productivas-, sí considera dañino el mudus operandi de los grupos latinoamericanos, más propensos a la manipulación del mercado (generalmente mediante prácticas corruptas) y al monopolio, que a la inversión en nuevas tecnologías y la innovación para mejorar su productividad. Esta dinámica provoca que las grandes empresas prefieran dedicarse a la explotación de materias primas (normalmente bajo “reglas del juego” convenientemente “acordadas” con el poder político), en lugar de investigar y desarrollar bienes de mayor valor agregado. Su consecuencia inmediata es la proliferación de puestos laborales de baja cualificación, mal remunerados y con largas e improductivas jornadas para paliar la “improductividad”, como si de un sarcasmo se tratara. Todo en contraste con los reducidos puestos laborales de mayor cualificación, especializados y de mejor paga, cuyos accesos no tienden a caracterizarse por la meritocracia precisamente.

Este fenómeno explicaría la crisis que viven los profesionales recién egresados en nuestro país –incluyendo aquellos que cuentan con postgrados-, dado que existe un “excesivo” número de ellos en un mercado caracterizado por la poca cantidad de plazas laborales que requieren alta cualificación. En otras palabras, el exceso de individuos altamente calificados en una matriz productiva de corte primario, sólo producirá altos niveles de desempleo y precariedad laboral entre éstos, no un mejor desempeño global de la economía.

Si nuestro objetivo es dar forma a una conexión entre la gigantesca inversión en educación ya hecha y el desarrollo real del país, entonces es imperativo cambiar las reglas del juego que dan forma al capitalismo jerárquico chileno. Son nuestros técnicos y profesionales -sobre todo los recién egresados y provenientes de los sectores más vulnerables-, quienes se están convirtiendo en los grandes perdedores de la expansión de la matrícula de educación superior y su desconexión con el sistema económico chileno, haciendo inevitable que vean sus legítimas aspiraciones frustrarse ante la cruda realidad de un país que no los necesita.

Fuente del Artículo:

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/08/14/ajedrez-en-tablero-de-damas-educacion-y-productividad-las-piezas-que-no-encajan/

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OP-ED: Restoring Free Tuition fees. Why Education Is The Great Equalizer

By John Horgan

Premier of British Columbia,

Education is the great ePqualizer. It opens the door to a good-paying job, and a secure future. We need to give help, hope and opportunity to people who want to get a basic education to learn the skills they need to join the workforce and build a better life for themselves and their families.

That journey starts with opening the doors to adult basic education and English language learning. These programs should be within reach for everyone, from new Canadians and recent immigrants, to students preparing for university and adult learners upgrading their skills for work.

The previous government put up barriers to a basic education when they introduced tuition fees for Adult Basic Education and English Language Learning in 2015. Fees were set by each institution, but could cost up to $1,600 per semester of full-time studies, which is the same as the average cost for an arts and science degree program.

Many people could not afford to pay these new tuition fees. As a result, enrolment in Adult Basic Education and English Language Learning programs dropped 35% from more than 10,000 students a year to just under 6,700 students a year.

We cannot afford to shut thousands of people out of opportunity. Families can’t afford it. And B.C.’s economy can’t afford it. Our long term economic growth depends on an educated and skilled workforce.

 This is why our government is removing the roadblocks to education by eliminating tuition for adult basic education and English language learning starting September 1, 2017. This change will open the doors to tens of thousands of British Columbians to upgrade their education and skills each year.

By investing in education and opportunity for people, we are making a long-term investment in our economy and our future.

We will continue to make changes that give families relief from high costs and fees, and invest in better services that give people help and hope for a better life.

Source:
Lea más en http://thelinkpaper.ca/?p=64475#GFWP3vYdcKTqe4c0.99

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