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Crisis y educación han sido dos conceptos que se han asociado y han caminado en paralelo en los últimos años. Crisis de la educación, educación de la crisis. Bajo dicha intersección conceptual puede decirse que hemos sido testigos de una serie de cambios y recambios del llamado movimiento pedagógico contemporáneo.
Por un lado se habla del concepto de crisis para referirse a un estado de perdida, de vacío, de cambios en donde hay pérdida de control sobre las cosas: “crisis de valores”, “crisis en la familia”, “crisis en la convivencia” y cerramos con “crisis de la educación y de sus propuestas”. Educar en la crisis paradójicamente se asocia a tener que remar contracorriente, se trata de pensar en la seguridad de que habrá escasez de recursos, pocos apoyos, dificultades en el reconocimiento de las acciones y las tareas, dificultades en la disposición de los sujetos y las personas para involucrarse en las propuestas de trabajo, etc. La conclusión a la que se llega, es qué se trata de generar propuestas para superar la crisis, para salir de la crisis. La paradoja del presente es que la crisis que ha dado origen a las propuestas pedagógicas es para superar la propia crisis que les dio origen.
Por otra parte en distintos círculos académicos de habla de que la educación está en crisis, que hay un agotamiento del discurso pedagógico para referirse al análisis de las prácticas educativas, del currículo, de la formación de docentes, etc. La educación se encuentra estancada en modelos y conceptos que datan de hace 100 años o más y que es necesario modificar su abordaje y construir nuevas formas de nombrar a las cosas que están apareciendo recientemente. La crisis de la educación es atribuida a tres factores:
- a) A la falta de capacidad de los teóricos e investigadores en el campo, para generar mejores formas de entender los complejos problemas educativos del presente.
- b) Debido a que el agotamiento educativo se integra de componentes duros (estructurales) que le impiden romper el paradigma y construir uno nuevo.
- c) A que en la esfera de la política pública existe un clima de poca disponibilidad por parte de los agentes para permitir dinamizar las formas de hacer educación.
De esta manera la crisis de la educación (en su teoría y en sus prácticas) está asociada a otras muchas crisis del pensamiento social y pedagógico contemporáneo, esta tendencia de recurrir a los clásicos es debido a que no existe un discurso o una serie propuestos que los superen, a partir de los aportes del presente.
Lo más lamentable es que la crisis no está sirviendo para avanzar sino para seguir estancados, es decir, seguimos atorados en un punto tal del cual se generan conformismos, estancamientos y zonas de confort que a nadie benefician.
Es necesario generar un nuevo dispositivo pedagógico que nos permita pensar y conocer de mejor manera la crisis por la que atravesamos, para establecer un uso critico de sus componentes y saltar a un mejor estadio de desarrollo humano social y educativo. ¿Cómo? Comprometiendo de mejor manera a los y las educadores, para que piensen más a fondo acerca su tarea: acerca de los cómo y el qué y el para qué de su tarea. Para lograr una mayor claridad acerca de sus intenciones y de las implicaciones de las acciones que realizamos. Me parece que es la mejor manera de salir adelante de una crisis que nunca pedimos y que tal vez tampoco necesitamos.
En el esferas del gobierno la administración de la crisis en educación ha sido minimizando sus implicaciones y desconociendo sus causas. La crisis (tal como la padecemos hoy en día) es profunda ha tocado todas las aristas del sistema y las salidas (a modo de paliativo), no han servido para mitigar sus efectos.
Necesitamos recuperar la mística y la vocación desde los y las educadores, ellos y ellas tal como ha sido a lo largo de la historia son la única ventana que permitirá encontrar una mejor alternativa de acción. El mes de mayo es el tiempo del magisterio, de su fecha de referencia y de las movilizaciones que le acompañan ojalá y pronto se inicie un verdadero movimiento pedagógico pensado en salir de esta crisis con la que llevamos mucho tiempo a cuestas.
Fuente: http://www.educacionfutura.org/la-crisis-para-pensar-la-educacion-la-educacion-para-pensar-la-crisis/
En la muestra de Carmela García ocupan un lugar relevante las militantes de “Mujeres Libres”, organización anarcosindicalista que desplegó su actividad durante la guerra española de 1936 y llegó a contar con 20.000 afiliadas. Así, la abogada y pedagoga Mercedes Comaposada Guillén, la médica Amparo Poch y Gascón o Lucía Sánchez Saornil, entre otras, promovieron un feminismo anarquista “que no subordinaba la autonomía de las mujeres a las aspiraciones de la revolución social”, destaca la profesora de Historia de la Educación en la Universitat de València y militante del movimiento feminista, Llum Sanfeliu. Fue Lucía Sánchez Saornil la gran impulsora de la revista “Mujeres Libres”, quien se hizo cargo de la línea editorial y ha inspirado a Carmela García para la presente exposición. Pero tan importantes como las personas son los espacios de la memoria. De ahí la fotografía del Conservatorio de Valencia, donde se celebró en octubre de 1937 la Segunda Conferencia de Mujeres Antifascistas. O, en el siglo XXI las “Mujeres de Negro”, que manifiestan su luto contra la guerra y a quien la artista fotografía bajo un imponente ficus. También las “Lesbian Band”, que en una de las imágenes de la muestra ensayan el son de las “batukadas” debajo de un puente. El arte, lo lúdico y lo festivo como vía de autoafirmación.
Imágenes de gran formato, un mapa “subjetivo” con documentos, acotaciones, fotografías sobre asociaciones de mujeres de los años en que Valencia fue capital de la II República… ¿Qué queda de todo ello en la actualidad? Tal vez sea la pregunta que haya motivado el trabajo de la fotógrafa. Y la artista canaria quizá responda captando las imágenes de una ristra de colectivos (actuales) de mujeres: “Las Heidis”, “Joves Desobedients”, “Mujeres Libres”, “Dones de Frontera”, “Dones Progressistes” o la “Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas del País Valenciano”. “Ellas necesitan asociarse para tener más fuerza en el espacio público, como forma de resistencia y para sobrevivir; por esta razón hago las fotografías en la ciudad”, explica la autora en un recorrido guiado por la exposición. Llama la atención a los visitantes sobre un muro, que no es urbano. Se trata de una réplica de la pared de su estudio, donde cuelga anotaciones, ideas, dibujos y fotografías, como la de un cuadro que pintó Lucía Sánchez Saornil; pero no el paisaje entero, sino –ampliada- la parte que aloja la firma. Hay también en el muro simples hojas, con una leyenda a bolígrafo y subrayado en rotulador: “Lo que no se ve no se nombra, y lo que no se nombra no existe”.
De la docena de fotografías sólo hay dos retratos individuales. Uno es la de Mariló Rodríguez, del colectivo “Joves Desobedients”, que en los años 90 del siglo pasado realizaban acciones como salir de noche con antorchas para reclamar seguridad frente a las agresiones sexuales. Tomada en el centro histórico de Valencia, la fuerza de la imagen hace que vaya a figurar en la portada de una próxima publicación, según informa Carmela García a los visitantes. El segundo retrato es el de Heide Braun, una librera especializada en temática feminista. Con la biblioteca de la universidad al fondo, su figura cuestiona los tradicionales espacios de poder y la manera en que históricamente se ha negado a las mujeres el acceso al conocimiento. Se produce, así pues, un choque entre espacios, que también se da en la fotografía de tres jóvenes activistas en el tradicional barrio del Cabanyal, en Valencia, amenazado desde hace décadas por los procesos especulativos y de “gentrificación”. Las muchachas forman parte del colectivo “Brúfol”, que trabaja en la formación no reglada, con mujeres y en el ocio con niñas y niños en situación precaria. La imagen pone de manifiesto la degradación de esta barriada marinera.






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