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No es posible recuperar la memoria histórica a través de la Ley de la Memoria Histórica

Por: Vincec Navarro

Las campañas de recuperación de la memoria histórica han centrado sus actividades en el reconocimiento de las víctimas de la enorme represión que caracterizó a aquel régimen dictatorial, uno de los más represivos de los que hayan existido en Europa en el siglo XX. Nunca debe dejar de enfatizarse que, según estudiosos de los regímenes fascistas y nazis en Europa, como el recientemente fallecido profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia de Nueva York, por cada asesinato político que cometió el régimen fascista liderado por Mussolini, el liderado por el General Franco cometió 10.000. Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de información hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy en España, y que explica que el Estado español haya condenado a una persona a un año de cárcel por haber insultado la memoria del Almirante Carrero Blanco, segundo en la jerarquía en el Estado dictatorial, después del propio dictador.

¿Cómo puede ser que esa cultura heredada del régimen dictatorial todavía exista? 

La respuesta a esta pregunta se encuentra en gran parte en la manera como se realizó la transición de la dictadura a la democracia, proceso que no significó una ruptura con el Estado que rigió España durante casi cuarenta años, sino una apertura para incorporar elementos de democracia. Las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado dictatorial y los medios de información dominaron el proceso de transición, dominio que explica la baja calidad de la democracia española, el escaso desarrollo de su Estado del Bienestar y la persistencia de la cultura franquista. Tal dominio es lo que también explica la resistencia a la recuperación de la memoria histórica, incluyendo la demanda de rehabilitación y homenaje a las víctimas del régimen terrorista anterior. Tal resistencia se basa, por una parte, en la clara oposición de las fuerzas conservadoras que controlaban el aparato del Estado dictatorial y de sus herederos (que continúan ejerciendo una enorme influencia sobre el Estado actual), así como, por otra parte, en el limitadísimo compromiso con tal recuperación de la memoria histórica por parte de los líderes del PSOE, cuya integración en el nuevo Estado, a través del bipartidismo, se basó en una serie de renuncias y adaptaciones a ese nuevo Estado y a la cultura que transmitió. Y dicha oposición y/o limitadísimo compromiso en recuperar la memoria histórica (en su labor de rehabilitar y homenajear a las víctimas del franquismo) es el resultado de la toma de conciencia de que la demanda de reconocimiento de tales víctimas abre la posibilidad de que se genere otra demanda, parecida, pero distinta, de que se redefina la historia de España, corrigiendo la tergiversada historia que se continúa presentando en las instituciones reproductoras de valores del país, a fin de poder establecer una cultura opuesta a la actual, que sea continuadora de la cultura republicana que la franquista sustituyó. Este es el gran temor de las fuerzas bipartidistas de recuperar la memoria histórica.

El constante argumento que utilizaron las derechas en España en contra de aprobar una ley de memoria histórica fue que “abriría heridas” que se asume (erróneamente) que están cerradas. Pero tal argumento oculta el hecho de que la oposición a la recuperación de la memoria histórica tiene poco que ver con el estado de las heridas, y mucho que ver, por el contrario, con el deseo de evitar que se conozca la historia real de los distintos pueblos y naciones de España. Con ello se evita también que se cuestione la cultura franquista que persiste, impidiendo que reaparezca la cultura republicana. Ahí está el meollo de la cuestión.

La labor de ocultación de los medios de información y persuasión en España. El caso de El País 

Durante muchísimos años, los medios de información han promovido y continúan promoviendo las instituciones monárquico-borbónicas, tergiversando tanto su pasado como su presente, ocultando realidades que pudieran dañarlas. Las grandes limitaciones de la libertad de prensa (un indicador más del enorme poder de las fuerzas conservadoras) aparecieron con toda claridad en esta protección de la Monarquía por parte de los medios, confundiendo persuasión y promoción con información. Un caso claro es el de El País. Este rotativo fue fundado por dirigentes del régimen anterior, y en su nacimiento intervinieron personajes como Fraga Iribarne, tal como reconoció recientemente el presidente del Grupo Prisa (al que pertenece este rotativo), Juan Luis Cebrián. En realidad, Cebrián proviene de una familia fascista, siendo su padre uno de los directores del diario Arriba, del partido fascista La Falange. Siguiendo los pasos de su padre, fue periodista y trabajó en periódicos del aparato fascista, como Pueblo (que era el diario propiedad de los sindicatos verticales). Más tarde fue uno de los directores de RTVE (concretamente, jefe del servicio de informativos) durante el último periodo de la dictadura, el máximo instrumento mediático el régimen.

Colaboró con otros elementos del Estado dictatorial para favorecer una apertura, presionando para que hubiera un cambio significativo en el Estado que facilitara el establecimiento del juego democrático, labor meritoria pero también limitada, pues estaba claro desde el principio que los límites de la apertura estaban fijados, permitiendo el debate dentro de unos parámetros sumamente limitados. Una consecuencia de ello fue que El País fue siempre hostil a fuerzas y personalidades de izquierda que pudieran cuestionar el Estado monárquico actual y que pudieran significar una amenaza para la continuación de las relaciones de poder dentro de tal Estado, resultado del maridaje entre el poder económico y financiero, por un lado, y el poder político y mediático por el otro. Ello explica su clara oposición a figuras como Alfonso Guerra y más tarde Josep Borrell en el PSOE, a Gerardo Iglesias y Julio Anguita en el PCE, y ahora a Pablo Iglesias en Podemos.

Las declaraciones de Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, sobre la memoria histórica 

Tal oposición de El País a las izquierdas se extiende a la Ley de la Recuperación de la Memoria Histórica. En una entrevista reciente en El Mundo (20.02.17), Cebrián expresa su oposición a la Ley de la Memoria Histórica, pues “genera conflictos y problemas”. Considera que el Estado no debería inmiscuirse en esta labor. Tras reconocer que “la mayoría de impulsores del periódico (El País) fueron personas vinculadas con el franquismo” añade, sin embargo, que él, en realidad, nunca fue franquista (sí, léalo y lo verá, dicho por el mismo individuo que dirigió los mayores medios de propaganda y persuasión de tal régimen). También cuestiona en esa entrevista que el régimen que él llama franquista fuera terrorista, criticando al Presidente Zapatero por haber éste indicado que su abuelo, asesinado por los golpistas, fue víctima del terrorismo, señalando Cebrián que ello no es cierto, pues no fue una víctima del régimen, sino una víctima de la guerra entre dos bandos, asumiendo (erróneamente) que los Estados de los dos bandos intentaron dominar a la población mediante el ejercicio del terror. Predeciblemente, niega también la plurinacionalidad de España, y considera que la ley está por encima de todo y de todos, ley que ha sido acordada en unas coordenadas de poder heredadas de la inmodélica Transición, muy desigual y poco equilibrada. Cebrián está en contra de la redefinición de España que reconozca su plurinacionalidad, y se muestra dispuesto a enviar a la Guardia Civil a Catalunya para poner orden, asegurándose de que la ley se respeta, exigiendo que los representantes parlamentarios que actúan para realizar un referéndum vayan a la cárcel, tal como el yerno del Rey Juan Carlos I debería hacer, poniendo un tema profundamente político (la relación de Catalunya con España) al mismo nivel que si fuera un caso de fraude y corrupción fiscal. No deja de ser paradójico que este personaje, que con su silencio a través de su diario cubrió en su día la enorme corrupción de Jordi Pujol, a fin de protegerlo, ahora exija la prisión para aquellos que piden la secesión. La doble moralidad de este personaje y el oportunismo mostrado a lo largo de su vida son un buen reflejo de la reproducción de la cultura y el comportamiento franquistas que continúa dándose en grandes secciones de tal rotativo. Ni que decir tiene que El País tiene profesionales de gran valor cuya credibilidad e integridad, sin embargo, debe cuestionarse por su silencio ensordecedor frente a los comportamientos sectarios, abusivos y claramente antidemocráticos de tal rotativo que se han ido acentuando en los últimos años en contra de las voces que exigen un cambio profundo para establecer una España más democrática, más justa, más plurinacional y con muchísima más pluralidad en sus medios. Tal silencio debe también denunciarse.

Quisiera añadir una nota personal. Procedo de una familia represaliada por el fascismo, por el mismo régimen al que sirvieron el padre y el hijo Cebrián. No podemos estar más lejos en cuanto a biografía y vida profesional. Que tal individuo presente mi deseo de desenmascarar tanta mentira y tanto cinismo como “un intento de abrir las heridas” es una muestra más, como mínimo, de la incomprensión que los hijos e hijas de los vencedores del golpe fascista militar muestran hacia el enorme mal que han hecho y continúan haciendo a España. Ahora bien, es probable que en lugar de incomprensión sea un caso más del cinismo y caradura (no hay otra manera de definirlo) que ha caracterizado a los oportunistas que han estado gobernando España durante tanto tiempo en defensa de sus intereses, reproduciendo la cultura franquista que está asfixiando al país.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/19703/no-es-posible-recuperar-la-memoria-historica-a-traves-de-la-ley-de-la-memoria-historica/

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La patología del odio

Por: Adela Cortina

Hacia 1944 vio la luz el libro autobiográfico de Stefan Zweig El mundo de ayer. Memorias de un europeo.En él recordaba el comienzo del siglo XX desde el peculiar observatorio en el que había vivido como austríaco, judío, escritor, humanista y pacifista. Y consideraba un deber moral contar ese relato para aviso de navegantes, porque nada podía llevar a pensar en los umbrales del nuevo siglo que ya en su primera mitad se iban a producir dos guerras salvajes en suelo europeo. Los jóvenes educados en la Austria imperial, en un ambiente seguro y estable, creían periclitado cualquier episodio de barbarie y no veían en el futuro sino signos de progreso. No podían sospechar que ya se estaba incubando el huevo de la serpiente.

Ese relato resulta familiar a quienes hemos vivido la experiencia de la transición española a la democracia. En los años setenta del siglo pasado creíamos haber ingresado en la senda del progreso social y político, quedaban atrás los conflictos bélicos, propiciados por ideologías enfrentadas, por la desigualdad en oportunidades y riqueza, y se abría un camino de cambios a mejor. Hoy, sin embargo, es urgente aprender de europeos como Zweig para tomar conciencia de que las semillas del retroceso pueden estar puestas y es necesario frenar su crecimiento destructivo. Como bien dice Federico Mayor Zaragoza, la Unión Europea debería ser el catalizador de la unión mundial. Una de esas semillas destructivas, como en el tiempo de Hitler y Stalin, es el triunfo de los discursos del odio.

Se entiende por discurso del odio cualquier forma de expresión cuya finalidad consiste en propagar, incitar, promover o justificar el odio, el desprecio o la aversión hacia determinados grupos sociales, desde una posición de intolerancia. Quien recurre a ese tipo de discursos pretende estigmatizar a determinados grupos y abrir la veda para que puedan ser tratados con hostilidad, disuelve a las personas en el colectivo al que se agrede y lanza contra el conjunto su mensaje destructivo.

Tal vez el rótulo “odio” no sea el más adecuado para referirse a las emociones que se expresan en esos discursos, como la aversión, el desprecio y el rechazo, pero se trata en cualquier caso de ese amplio mundo de las fobias sociales, que son en buena medida patologías sociales que se deben superar. Se incluyen entre ellas el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la misoginia, la homofobia, la aversión a los miembros de determinadas confesiones religiosas, o la forma más común de todas, la aporofobia, el rechazo al pobre. Y es que las emociones, a las que tan poca atención se ha prestado en la vida pública, sin embargo la impregnan y son especialmente manipulables por los secuaces del flautista de Hamelín. Así fue en la primera mitad del pasado siglo y está siéndolo ahora cuando los discursos fóbicos proliferan en la vida compartida.

Desde un punto de vista jurídico, el principal problema estriba en el conflicto entre la libertad de expresión, que es un bien preciado en cualquier sociedad abierta, y la defensa de los derechos de los colectivos, objeto del odio, tanto a su supervivencia como al respeto de su identidad, a su autoestima. El problema es sumamente grave, porque ninguno de los dos lados puede quedar eliminado.

En principio, por decirlo con Amartya Sen, la libertad es el único camino hacia la libertad y extirparla es el sueño de todos los totalitarismos, lleven el ropaje del populismo o cualquier otro. La experiencia de países como China, Corea del Norte o Venezuela no puede ser más negativa.

Pero igualmente el derecho al reconocimiento de la propia dignidad es un bien innegociable en cualquier sociedad que sea lo bastante inteligente como para percatarse de que el núcleo de la vida social no lo forman individuos aislados, sino personas en relación, en vínculo de reconocimiento mutuo. Personas que cobran su autoestima desde el respeto que los demás les demuestran. Y, desde esta perspectiva, los discursos intolerantes que proliferan en países de Europa y en Estados Unidos están causando un daño irreparable. Por sus consecuencias, porque incitan al maltrato de los colectivos despreciados, y por sí mismos, porque abren un abismo entre el “nosotros” de los que están convencidos equivocadamente de su estúpida superioridad, y el “ellos” de aquellos a los que, con la misma estupidez, consideran inferiores.

Naturalmente, el derecho está abordando desde hace tiempo estas cuestiones, preguntándose por los criterios para distinguir entre el discurso procaz y molesto, pero protegido por la libertad de expresión, y los discursos que atentan contra bienes constitucionales. Como se pregunta también por las políticas de reconocimiento desde el marco de las instituciones.

Sin embargo, el derecho, con ser imprescindible, no basta. Porque el conflicto entre libertad de expresión y discurso del odio no se supera solo intentando averiguar hasta dónde es posible dañar a otros sin incurrir en delito, hasta dónde es posible humillar su imagen sin llegar a merecer sanciones penales o administrativas. En realidad, las libertades personales, también la libertad de expresión, se construyen dialógicamente, el reconocimiento recíproco de la igual dignidad es el auténtico cemento de una sociedad democrática. Tomando de Ortega la distinción entre ideas y creencias, que consiste en reconocer que las ideas las tenemos, y en las creencias somos y estamos, podríamos decir que convertir en creencia la idea de la igual dignidad es el modo ético de superar los conflictos entre los discursos del odio y la libertad de expresión, porque quien respeta activamente la dignidad de la otra persona difícilmente se permitirá dañarla.

En su libro El discurso del odio se preguntaba Glucksmann si el odio merece odio y respondía que para combatirlo basta con sonreír ante su ridículo. Sin embargo, y regresando al comienzo de este artículo, no creo que haya que sonreír ante el odio, ni siquiera con desprecio. Porque es destructor y corrosivo, quiebra el vínculo humano y provoca un retroceso de siglos.

Cultivar un êthos democrático es el modo de superar los conflictos entre la libertad de expresión y los derechos de los más vulnerables. Porque de eso se trata en cada caso: de defender los derechos de quienes son socialmente más vulnerables y por eso se encuentran a merced de los socialmente más poderosos.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/03/16/opinion/1489679112_916493.html

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El Curriculum no lo es todo

Por: María Victoria Peralta

En el presente Gobierno, son tres las principales iniciativas en el campo del curriculum impulsadas desde el Ministerio de Educación: las Bases Curriculares de 7° básico a 2° medio, la actualización de las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, y las de 3ero y 4to medio, que fueron consultadas recientemente.

Siendo siempre importante revisar y actualizar el curriculum escolar, ya que los contextos, el conocimiento, las demandas y los mismos estudiantes van cambiando, todos quienes trabajamos en la disciplina del Curriculum tenemos un defecto habitualmente compartido: pensamos que este documento técnico por si solo va a cambiar el mundo, o al menos, el escolar. Ello en función a los grandes propósitos que esperamos que se favorezcan en la educación formal. Sin embargo, ello no es así.

En efecto, si se revisan algunos de los planteamientos principales de estos currículos oficiales nacionales, todos coinciden con la necesidad de favorecer una mayor vinculación con la realidad actual, desarrollar actitudes reflexivo-críticas, abordar los temas valóricos, ambientales y de ciudadanía, por nombrar algunos contenidos importantes desde educación parvularia a 4to medio. A la par, si analizamos las facilidades para posibilitar estos propósitos, en especial, las condiciones presupuestarias, de gestión, asesoramiento y dotación docente y/o auxiliar, observamos las grandes carencias que hay en el sistema para implementarlos.

Uno de los aspectos que más incide es el ratio o coeficiente adulto-niños; mientras los cursos desde 2do nivel de transición hacia arriba sigan siendo de 40 a 45 niños, no hay mayores posibilidades de interacciones de calidad entre educadores y estudiantes. Así, se fomenta el trabajo verticalista, poco constructivista y descontextualizado.

Por otra parte, está la necesaria alineación de los currículos nacionales con otros instrumentos técnicos que realiza el propio Ministerio o sus diversas instituciones vinculadas: C.P.E.I.P., Superintendencia de Educación, Agencia de Calidad, los que no siempre se suman o facilitan lo que plantean los primeros. Hacemos mención entre otros, a los Marcos de la Buena Enseñanza, los diversos instrumentos de evaluación y fiscalización existentes y en especial, a los mapas de progreso.

Analicemos este último caso a modo de ejemplo. Se definen como que: “describen la secuencia típica en que progresa el aprendizaje, en determinadas áreas o dominios que se consideran fundamentales en la formación de los estudiantes, en los distintos sectores curriculares” (Pág. 3 Mapas de Progreso Historia, Mineduc), frente a lo cual surge la pregunta: ¿hay realmente secuencias ‘típicas’ para pensar y aprender? La sicología constructivista y las neurociencias, nos enseñan que el aprendizaje es en espiral –no lineal- y que tiene diversas ‘entradas’, caminos o interconexiones y ‘salidas’ dependiendo de los niveles de desarrollo de los niños y niñas, de sus intereses y experiencias anteriores.

Esta tensión libertad-control, es la gran contradicción de nuestro sistema educacional. Los currículos nacionales por lo general, la otorgan; los Marcos, reglamentos, estándares de desempeño, mapas de progreso, instrumentos de evaluación homogéneos, tratan por otra parte, de controlar casi todo y así se acaba la escasa libertad del profesional de la educación y la adaptación a las diversas realidades contextuales de las comunidades educativas.

Aprendamos algo de las experiencias tan miradas del exterior: Finlandia no tiene nada de ello, sólo un curriculum nacional bastante abierto, una muy buena formación de docentes y mucha confianza en ellos, como lo señaló su Ministra de Educación cuando vino a Chile. Sobre esta base funcionan los Currículos Nacionales en cuanto a sus intenciones y florecen diversas formas de llevarlos a cabo atendiendo las diversas necesidades y características de las comunidades educativas, a lo que se deben sumar condiciones administrativas y de apoyo que las faciliten. Sin ello, los currículos son solo bonitas palabras, aunque nos duela.

Fuente: http://www.cronicadigital.cl/2017/04/22/maria-victoria-peralta-el-curriculum-no-lo-es-todo/

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La Tierra y sus habitantes

Por: Carolina Vazquez Araya

Cerca del Día de la Tierra, incendios devastadores acabaron en Guatemala con grandes extensiones de bosques peteneros. La dimensión del problema tomó por sorpresa a un Estado mal equipado y poco eficaz, por lo cual nada pudo evitar la inmensa pérdida de vida en ese hermoso territorio. Los incendios forestales son muchas veces eventos naturales y propician el crecimiento de nuevos bosques, en un ciclo de vida ya programado por la naturaleza. Pero no siempre es así, muchos de ellos –como los recientes en El Petén- son provocados por manos criminales con motivos ajenos al interés nacional y arrasan bosques nativos llenos de vida silvestre y especies en peligro de extinción, solo para explotación agrícola o crianza de ganado en grandes extensiones de áreas protegidas.

El tema ambiental enfrenta un problema de imagen y comunicación. El hambre y la guerra, las enfermedades y otros males comunes hacen que, entre toda esa miseria, la defensa del medio ambiente parezca un asunto secundario, algo que puede esperar; una actividad para quienes no tienen nada mejor en qué ocupar su vida. Sin embargo, la Tierra -este hogar nuestro comprobadamente redondo- y todo lo que en ella sucede, tiene impacto de un extremo al otro. Los gases de efecto invernadero producidos por la industria china provocan inundaciones en la Amazonia, la deforestación de este territorio tiene efecto sobre el clima de Europa y así se cruzan y convergen hasta transformar bosques en páramos desiertos o destruir ciudades por la crecida de las mareas.

El tema de la degradación ambiental y el calentamiento global, en donde nos sumergimos a una velocidad creciente, no es un asunto secundario entre los temas de mayor impacto dentro de la política internacional. Todo lo contrario, representa un llamado de atención sobre el peligro de acabar con los pocos recursos de supervivencia disponibles para la humanidad, la cual aumenta en número experimentando a la vez un deterioro creciente de su calidad de vida. Los distintos ecosistemas comienzan a mostrar los efectos de una administración humana deficiente, codiciosa y agresiva contra la vida en los mares y en los continentes, al construir un sistema depredador cuya única finalidad es la acumulación de riqueza para un puñado de naciones industrializadas y sus compañías multinacionales.

En realidad, para reducir el impacto de la presencia humana en la destrucción del entorno natural y la ruptura del equilibrio ecológico, solo haría falta sensibilidad y educación, pero sobre todo políticas globales adecuadas a la realidad. A nivel local, las medidas represivas no son efectivas si las personas carecen de conocimiento y, por ende, de conciencia sobre la importancia de proteger a las especies, de reciclar lo reciclable, de amar su territorio al punto de conservar sus características naturales con el único propósito de hacer posible un estilo de vida amigable con el planeta.

Un proceso educativo indispensable para retomar el control de la protección ambiental debe acudir a las fuentes de la relación del ser humano con su entorno natural en las culturas antiguas. Esa fue una fuente permanente de sabiduría, un inacabable tratado de medicina, una rica veta de conocimientos que ayudaron a las comunidades a crecer y desarrollarse, muchas veces en paz y armonía. Las crisis ambientales de la actualidad podrían considerarse la consecuencia lógica de la ruptura de esa armonía con la naturaleza. El ser humano ha desafiado con su irracional arrogancia las leyes del universo y se empeña en la insensata tarea de destruir la fuente de su propio sustento.

Fuente: https://carolinavasquezaraya.com/2017/04/24/la-tierra-y-sus-habitantes/

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Escuelas en México: La gestión territorial

Por: Gilberto Guevara Niebla

Una cuestión no abordada hasta ahora por ninguna reforma educativa mexicana es la organización territorial del sistema educativo. Es cierto que hablamos de la zona escolar como referencia espacial, pero ésta es en realidad una mera entelequia: el poder efectivo de la zona escolar es inexistente.

En otros países las escuelas se organizan a nivel local en entidades locales vigorosas. En Estados Unidos, por ejemplo, el sistema educativo se organiza en distritos escolares gobernados por Consejos Escolares (School Boards). Cada distrito escolar es una entidad independiente con un propósito especial.

Desde el punto de vista jurídico, el distrito escolar estadounidense es un gobierno local con poderes similares a los de un condado (county) o un pueblo (town) y, entre otras cosas, el distrito puede cobrar impuestos (para el sostenimiento de las escuelas) y, en ciertos casos, incluso, expropiar terrenos privados para fines públicos.

La fuerza del distrito escolar deriva en gran parte de sus finanzas y del hecho de que sus consejos se constituyen mediante elección directa de la ciudadanía. El consejo escolar también nombra a un Superintendente que se encarga de la implementación de políticas y de tomar las decisiones que se necesitan a diario. Usualmente el superintendente es un administrador público experimentado.

Este ordenamiento permite que las escuelas reciban apoyos, asistencia y protección de manera eficaz por una agencia cercana y fuerte. El distrito es una unidad poderosa de gestión; es la célula orgánica del sistema educativo estadounidense.

En México, en cambio, heredamos un sistema centralizado de gestión escolar que concentra las decisiones en el gobierno federal y en los gobiernos estatales. Eso es todo. No existe una organización con base local o municipal y, de hecho, los municipios (aunque cuentan con un regidor en educación) están desprovistos de todo protagonismo en la gestión del sistema educativo.

Esto es un reflejo, evidentemente, de la estructura del poder político. El resultado de nuestro esquema organizativo es lamentable porque las escuelas, en su funcionamiento diario, no cuentan con una estructuración local que permita la solución inmediata y eficaz de los problemas cotidianos. Por ejemplo, si la escuela tiene necesidad de un apoyo técnico-profesional (requiere de un médico, o un psicólogo, etc.) con frecuencia se ve obligada a solicitar la ayuda de una entidad central anónima y remota o a buscar soluciones fuera del sistema educativo.

Este vacío en la gestión escolar de México se explica —no se justifica— por razones histórico-políticas y por razones financieras. Erigir agencias locales como los citados distritos escolares, supone introducir cambios radicales en la estructura de poder del sistema educativo, afectar los intereses de las “fuerzas vivas” que actúan dentro del sistema y, al mismo tiempo supone realizar una inversión de recursos que el país no está en capacidad de afrontar.  ¿Pero, si no es hoy, cuándo?

Fuente: http://campusmilenio.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=5758:escuelas-en-mexico-la-gestion-territorial&Itemid=140

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El negocio de la educación

Por: José Antonio Marina

Hemos entrado en la ‘sociedad del aprendizaje’, lo que ha hecho surgir una industria educativa global (‘Global Education Industry’). El cálculo del mercado educativo hecho por Merrill Lynch-Bank of America en 2014 era de 4,3 billones de dólares. Mucho dinero. La industria incluye muchos tipos de negocio: gestión directa de centros educativos, producción de materiales, enseñanza ‘online’, servicios de consultoría, ‘edu-marketing’, servicios de producción de test, evaluaciones, etc. Para conocer la situación actual, me parece imprescindible el estudio dirigido por Antoni Verger, de la Universidad Autónoma de Barcelona, gran experto en el tema (Verger, A., Lubiensky, C. y Steiner-Khamsi, G. ‘World Yearbook of Education 2016: The Global Education Industry’. Nueva York: Routledge). El hecho de que se mercantilice una parte de la educación despierta muchos recelos. Sobre todo en lo referente a la educación pública. Es un momento oportuno para tratar el tema que saldrá a relucir en los debates sobre el pacto educativo, ya que es uno de los asuntos de discordia permanente, como expusimos en los ‘Papeles para un pacto educativo’.

Existe un movimiento para favorecer la entrada de la iniciativa y el capital privados en los sistemas públicos de enseñanza. Se habla de un Global Education Reform Movement (GERM) (‘Global education ‘reform’ building resistance and solidarity’), caracterizado por la estandarización generalizada, el pago por resultados, la competición, la capacidad de elección, y la privatización. Grandes empresas están invirtiendo en la industria educativa. La mayor de ellas, Pearson, que vendió recientemente su participación en el ‘Financial Times’, por 1.183 millones de euros, y su participación en ‘The Economist’, por 658 millones de euros, para dedicar toda su potencia financiera al sector educativo. Las grandes compañías de informática —Microsoft, Apple, Cisco, Samsung, IBM, Google— están invirtiendo también fuertes sumas en educación.

Los contrarios a este enfoque consideran que gestionar la educación con criterios empresariales va en contra de la educación como bien público. Las raíces del GERM están en la política educativa de Margaret Thatcher. Uno de sus ministros de Educación, Keith Joseph, dividía la sociedad en “productores de riqueza” y “consumidores de riqueza”, y consideraba que la educación pública era “consumidora de riqueza” (‘wealth consumer’). La gran reforma en 1986, hecha por el ministro Kenneth Baker, trataba de introducir en la escuela los mecanismos fundamentales del mercado: libertad de elección y competencia. En principio, se trataba de mejorar la eficiencia en el empleo de recursos públicos, y de reducir la presencia del Estado. Es el modelo defendido por los políticos neoliberales.

La idea de educación pública como un sistema que debe regirse por reglas de eficiencia copiadas del mercado (libertad de elección y competición) quedó incluida dentro del movimiento de la Nueva Gestión Pública. En todo el mundo se extiende la idea de que el Estado absorbe una cantidad creciente de las rentas de una nación y es ineficiente y despilfarrador. La Nueva Gestión Pública pretende mejorar el sector público introduciendo sistemas de gestión empresarial. La escuela entraba dentro de este modelo.

Educación como supermercado

Esta política educativa cuenta con el apoyo de organismos económicos internacionales: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OCDE, lo que ayudó a pensar en una conspiración capitalista en contra de la escuela pública, que siempre ha tenido como objetivo la igualdad y la cohesión social. Los defensores de la gestión estatal de la escuela pública consideran que el pensamiento neoliberal ha contaminado las políticas educativas, y que incluso gobiernos socialistas como el de Tony Blair consolidaron la idea de educación como un supermercado, abriendo paso a una serie de escuelas en competición: ‘religious schools’, ‘private schools’, ‘grammar schools’, ‘specialist schools’, ‘beacon schools’, ‘church schools’, ‘foundation schools’, ‘academies’, etc.

Para hacer más complejo el panorama, hay un gran movimiento, en el que participan el FMI, el BM, la OCDE, la Unesco, Unicef, que defiende la cooperación de las administraciones públicas con las organizaciones empresariales y con las organizaciones ‘non profit’ para mejorar las prestaciones educativas. Parten de la constatación de que muchos estados van a tener dificultades para dedicar a la educación la financiación necesaria y sería conveniente canalizar hacia la educación capital financiero, y también capital intelectual, investigador, organizativo. Eso ha producido el interés por las asociaciones público-privadas en educación (Internacional de la educación: ‘Asociaciones público-privadas en educación’. La Internacional de la educación es una federación sindical mundial que engloba a 30 millones de docentes). Este estudio analiza las variadas formas de cooperación.

Unas son contratos entre el Estado y organizaciones privadas; y otras, las llamadas Asociaciones de Actores Múltiples para la Educación (MSPE), en las que distintos agentes se unen para un proyecto educativo común. Los partidarios de la gestión estatal del sistema educativo piensan que la privatización de la enseñanza lleva inevitablemente a la segregación por razones económicas, y por lo tanto al fracaso de la función social del sistema. Además, al ser un negocio, consideran que las plusvalías que se llevan los empresarios detraen fondos de la educación. Los partidarios de la privatización argumentan que la gestión privada —no funcionarial— es más eficiente, que la libre competencia entre escuelas las exige mejorar continuamente, y que dejar al Estado la gestión de la educación es peligroso porque puede convertir la escuela en herramienta de adoctrinamiento.

En España, desde los gobiernos de Felipe González, hay un sistema de conciertos entre la escuela pública y escuelas privadas. La ley establece condiciones muy estrictas: la admisión de alumnos debe seguir la misma normativa que los centros de gestión pública, la enseñanza debe ser totalmente gratuita y las actividades, tanto docentes como extraescolares y de servicios, no podrán tener carácter lucrativo, y será necesaria la previa autorización de la administración educativa de las cantidades a percibir. Es posible que la laxitud de algunas administraciones haya permitido que la ley no se cumpla escrupulosamente, pero eso a mi juicio no invalida la ley.

Lo que conviene dejar claro es que la responsabilidad del Estado es proteger la calidad y equidad de la educación, favoreciendo la igualdad de oportunidades. Para conseguir este objetivo, hay que tener en cuenta que no basta la calidad de las escuelas, porque la procedencia socioeconómica de los alumnos tiene un peso enorme en los resultados educativos. Por eso, el sistema de educación básico debe esforzarse en compensar las diferencias iniciales. Eso implica que una buena educación va más allá de un buen conjunto de escuelas. Incluye el apoyo a las familias, la especial ayuda a las zonas educativamente deprimidas, los sistemas de apoyo a los alumnos con necesidades especiales, la cobertura educativa de todo el territorio, la coordinación con empresas para la formación profesional, el enlace con los municipios, el control de la calidad de la enseñanza, los criterios de capacitación del profesorado, etc.

Estas funciones deben ser realizadas por la Administración pública, garante de que se cumpla el derecho a una buen educación. El miedo a un Estado adoctrinador tiene que disminuir en un sistema democrático. Aun así, deben perfeccionarse las instituciones que defiendan la calidad y la equidad de la educación. El Consejo Escolar del Estado debería ampliar sus funciones, y respecto a los programas educativos, he defendido que debería haber un organismo independiente —con funciones semejantes a las que tiene el Banco de España respecto de las políticas monetarias— para estudiar y proponer los mejores currículos en cada momento.

Un plan de cinco puntos

Para cumplir sus obligaciones, el sistema educativo público debe atraer el máximo de energías financieras o intelectuales, siempre que esa ayuda exterior no sirva como pretexto para reducir los presupuestos de educación. Dentro de ese marco y cumpliendo estrictamente la ley de conciertos (igualdad en los criterios de admisión, gratuidad absoluta, y carácter no lucrativo de las actividades extraescolares), puede ser bueno para el funcionamiento de todo el sistema que la educación pública se desarrolle en centros de gestión estatal y centros de gestión privada. Para ello, los conciertos tienen que cumplir las siguientes condiciones:

1.– Que los centros que aspiran a un concierto aporten recursos personales y financieros al sistema público. Así lo hacen, por ejemplo, los centros privados que aportan sus instalaciones.

2.– Que aporten modelos educativos interesantes para el sistema público, y experiencias innovadoras que faciliten la pluralidad pedagógica de los centros.

3.– Que suplan la acción del Estado en zonas que no estén debidamente escolarizadas.

4.– Que actúen con transparencia total para permitir la comparación entre dos sistemas de gestión, lo que siempre es una experiencia interesante.

5.- Que favorezcan la libertad de elección de los padres.

Lo verdaderamente importante en el sistema educativo son nuestros alumnos. Todo aquello que facilite, mejore, amplíe, fortalezca su educación, en todos los niveles y en todas las dimensiones, debe ser acogido con alegría. Y, por supuesto, evaluado con todo rigor y objetividad.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2017-04-11/educacion-publico-privado-mercado_1364722/

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12 años de autismo: Familia

Por: Daniel Comin

El autismo entra de forma total en mi vida hace 12 años, día arriba, día abajo. Y entra como en casi todas las vidas, así, de repente, sin avisar ni nada. Y ahí empieza una nueva historia de tu propia vida, es como si eres el protagonista de una película, y a mitad del rodaje, te cambian el guión, el director, el productor, ¡hasta la banda sonora!, pero tú sigues teniendo el mismo papel, el del presunto protagonista. Y digo “presunto” protagonista, porque sin darte cuenta, resulta que hay alguien que adquiere todo el protagonismo, pero el de tu propia vida.

Tener un hijo con autismo puede generar un alto nivel de exigencia a la familia.

Y francamente, al principio vas muy despistado. Aunque claro, cada uno asume ese cambio de una forma diferente. Algunos son rápidos, otros no tanto, algunos les cuesta mucho o muchísimo, y es que un cambio inesperado siempre puede generar respuestas inesperadas.

Y de golpe ves, como siendo tú una persona normal y corriente, te ves envuelto en una situación extraordinaria, y te obliga a comportarte como si fueras una persona extraordinaria, aunque realmente no lo seas. Pero bueno, son exigencias del guión.

En mi devenir personal se han dado mis propias y excepcionales circunstancias, no sé si serán mejores o peores, pero ante ese cambio de guión tan abrupto e inesperado uno intenta dar lo mejor de sí mismo. Y ahí ando, intentando ir superando el día a día del rodaje, haciendo lo que buenamente puedo, a veces me sale mejor, a veces me sale peor.

Y es que este tipo de experiencias vitales a veces parece que sean propias de una película, da igual el género, sea ésta romántica, comedia, suspense, terror, drama, ciencia ficción, acción y aventuras, …, o quizá un poco de todas a la vez, en una especie vida caleidoscópica.

Pero 12 años son mucho tiempo, te vuelves medio loco acumulando títulos de formaciones especializadas, sumando horas y experiencias, compartiendo, haciendo cosas muy bien y otras muy mal. Recibiendo alabanzas y críticas, aunque donde más aprendes es en los errores y en las críticas, que es lo que te lleva a la realidad, esa que es tan compleja y extensa.

Aterrizarse en la realidad es complicado, sobre todo porque hay tantas realidades como personas, y ahí es donde más aprendes y comprendes, porque si no eres capaz de comprender tantas diferencias, estás perdido. La visión de una familia recién llegada al autismo, hasta la visión de adultos con autismo, todo un camino largo y diverso, emocionante, pero también muy desgastante.

Ves también como la ley se convierte en papel florido pero con poca utilidad, salvo que te empeñes en hacerla cumplir, ahí las cosas cambian, pero es muy difícil conseguir que la gente (que son también tus compañeros de viaje vital) superen el miedo tremendo que da el ir a ejercer y exigir los derechos de nuestros hijos. Nada me ha resultado más doloroso en estos años que ver como, el miedo, ha echado hacia atrás a muchas familias. Y es que saber que si luchas ganas, y no luchar por miedo a represalias u otras lindezas, es algo que alimenta el miedo. Vencer el miedo ha de ser uno de nuestros mayores desafíos. Sin miedo podremos avanzar, quizá sea lento, pero es seguro.

No tengo una receta para eso, no sé como se vence el miedo, supongo que cada persona tendrá sus propias excusas y razonamientos para apoyar ese miedo, seguro son todas legítimas, pero debemos ser conscientes de que ese miedo va en contra de todos. Pero debemos tener cuidado con las justificaciones, porque en realidad las generamos solo para nosotros mismos, lo que se denomina vulgarmente como los “es que”. Es que no puedo por esto o por lo otro, es que no tengo dinero, es que no tengo tiempo, es que … Nada hay peor que tener que estar buscando justificaciones para intentar explicar nuestro comportamiento. En primer lugar, no tienes porqué dar explicaciones a nadie, salvo a ti mismo, y en segundo lugar, no te justifiques ante ti mismo, reflexiona, crea un mapa de tus debilidades y fortalezas, y trabaja a partir de ahí.

Sí sé que uno de los detonantes del miedo es también el desconocimiento, el no saber a qué tienen derecho nuestros hijos y/o cómo actuar adecuadamente, y a veces no podemos salir de ese desconocimiento porque estamos totalmente bloqueados.

Y si hay algo que he aprendido en estos años, es que otro factor relevante que se combina es la dificultad emocional, que se tiñe de: rabia, ira, indignación, frustración, depresión, ansiedad, decepción, envidia, …, y un largo etcétera de emociones negativas. Estas emociones negativas, todas ellas (de la primera a la última) totalmente lógicas, nos empujan al bloqueo y al miedo. Es cierto que las situaciones que vivimos nos llevan de forma inexorable hacia esos sentimientos, y no es fácil vencerlos, porque no lo es, pero para las personas normales no es fácil. Además acabas metido en ese estado emocional sin darte cuenta, es como el autismo, que llega sin avisar, pues las emociones negativas también. No hay culpables, solo realidades personales. Esas realidades no deben juzgarse, sino comprenderse. De la comprensión llega la solución.

Y cuando estás en esa especie de estado de alerta perpetua, acabas también con una conducta agresiva, a la que te rozan saltas. Es como si el mundo confabulase en tu contra, aunque en realidad no es así. El mundo no va en tu contra, el mundo es que es así de imperfecto, y como es imperfecto, debemos intentar cambiarlo, debemos ser proactivos, participar del cambio, forzarlo si es necesario.

Me he dado cuenta que muchas de esas conductas “agresivas” explotan también en redes sociales, que son un reflejo muy bueno de nuestra sociedad. Porque no es una agresividad física, es emocional, verbal, actitudinal, …, o como prefieran denominarlo. Y periódicamente hay explosiones de gran calibre, a veces ante cosas absurdas, a veces ante cosas graves. Pero la explosión es siempre de alta intensidad. Y ahí perdemos la razón, el norte, el sentido, el discurso, …, lo perdemos todo. Pero no nos damos cuenta, ya que estamos en un proceso muy complejo, esto lo sabe el que lo vive. Para los “otros”, sencillamente, estamos “mal de la cabeza”.

Pero no, no estamos mal de la cabeza, lo que estamos es muy quemados. Ahora bien, debemos empezar a considerar que si nos matamos para que nuestros hijos tengan la mejor atención del mundo, quizá, tengamos que esforzarnos en tener, nosotros también, el mejor apoyo del mundo. No somos máquinas, somos seres humanos, nos equivocamos, nos deprimimos, nos alegramos, nos lo que sea. Y debemos considerar que, mientras nuestra situación emocional nos gobierne y nuestra capacidad de raciocinio sea dirigida por emociones negativas, nos va a ser muy difícil poder crear una acción de grupo, ya que acabamos siempre tirándonos los trastos a la cabeza los unos a los otros.

Yo, personalmente, he pasado por esos procesos, recuerdo una vez, en un parque, estaba con mi hijo, él tenía una serie de conductas extrañas, y una señora, bastante desagradable por cierto, me preguntó qué le pasaba a mi hijo. No lo dijo en plan empático, quiero saber o algo por el estilo, no. Fue grosera, le daba miedo que mi hijo pudiera hacerle algo horrible al suyo. Le respondí: “Tiene autismo. Ella me dijo ¿Eso es contagioso? Yo le dije, no, el autismo no es contagioso, pero su estupidez sí, así que por favor váyase ahora mismo no sea que usted contagie a mi hijo”. No fui nada amable, lo dije con un tono agresivo, la señora se fue despavorida. Estuvo mal. Aunque en aquel momento sentí cierto placer, con tintes sádicos incluso, por haber asustado a esa persona. Casi me sentía orgulloso. Fui agresivo, grosero, maleducado, …, no estuvo bien. Además perdí la oportunidad de explicarle a esa mujer qué era el autismo. Posiblemente debió pensar que yo estaba mal de la cabeza. Ciertamente la señora no fue agradable, pero eso no me excusaba a mi para comportarme así, me convertí a mi mismo en lo que yo reprochaba de esa persona. Los juicios hacia los demás suelen ser un reflejo de lo que nosotros mismos somos. Condené a esa persona por ser grosera y nada empática y yo hice exactamente lo mismo, o peor.

Esta fue una de las situaciones en las que mis emociones negativas tomaron posesión de mi, no fue solo esa vez, fueron muchas más veces. No me siento nada orgulloso de las veces en las que me he comportado mal. Pero el pasado no se puede cambiar, aunque sí podemos cambiar el futuro.

Cuando a la mínima saltamos como un resorte, nos ponemos en modo defensivo, optamos por una actitud agresiva, ya que nos sentimos atacados (muchas veces con razón), y empezamos a perder.

Yo no puedo ir dando lecciones a nadie de como resolver nuestros estados emocionales, que bastante he tenido yo con los míos. Pero si puedo hablar sobre el cambio que tienes en la percepción de cuanto te rodea, de como puedes, en base a ese cambio emocional, enfrentar situaciones malas desde una perspectiva diferente. Muchas veces piensas dos veces lo que vas a decir, ¡y ojo!, si lo piensas tres veces, acabas callado en muchas ocasiones. Pasas del discurso vehemente al comentario reflexionado.

Luego está el reírse de uno mismo. Yo he hecho (y creo que hago) tantas tonterías y estupideces en mi vida que al final, en vez de sentirme mal por haber sido (y ser) tan tonto e incapaz, pues me río de mi mismo de forma sostenida, prefiero una sonrisa a un ceño fruncido. Me ayuda a resolver y analizar con más tranquilidad mis errores. Creo que debo tener un doctorado supra cum laude en meter la pata. Claro que quizá eso se deba a que hago muchas cosas, a veces alguna me sale bien y todo.

Pues eso de hacer muchas cosas, implica que te van a criticar. Y la crítica tiene algo muy positivo, incluso en críticas destructivas, es que te dan el punto de vista de otras personas. Y aprendes muchísimo de eso. No aprendes nada de quienes solo te aplauden, si acaso te alimentan el ego. Bueno, cuando te critican mucho también alimentan tu ego realmente, ya que mucha gente emplea su tiempo en hablar de ti. Pero ¡ojo a esa búsqueda perpetua del engorde del ego!, te llevará a posturas mesiánicas, equivocadas, a perseguir un protagonismo que seguramente ni mereces. Y cuando caes ahí, pierdes la visión de la realidad, y construyes una especie de mundo paralelo e irreal. Ni es bueno lo uno ni lo otro. Debemos entender que estamos en un aprendizaje constante.

Entre posturas depresivas a narcisistas, no hay nada bueno. Ambas te llevan a vivir realidades alteradas. Y tenemos una tremenda responsabilidad. Debemos ser, sí o sí, personas normales que viven en circunstancias excepcionales.

Hace algún tiempo conocí a una familia, cuya hija tenía una grave enfermedad, tenía convulsiones epilépticas continuadas, un tipo de epilepsia resistente a tratamientos, muy grave. Esa niña apenas tenía una hora al día de cierta estabilidad. En esa hora diaria a sus padres se les iluminaba el rostro de felicidad, doy fe, ya que tuve la suerte de coincidir en ese momento. Ambos sabían que su hija iba a morir, cosa que tristemente sucedió. Sin embargo me dijeron, que esa hora compensaba las otras 23. Que si en esa hora no eran capaces de demostrar a su hija su amor y su felicidad es porque fallaban como padres. En aquel momento atravesaba yo una etapa de malhumor crónico. Se me fue de golpe. No puedo ponerme en la piel de esa madre y ese padre, yo no vivía esa tensión permanente, no vivía con una espada de Damocles sobre mi cabeza. Pero sí entendí que la vida se disfruta a cada instante, sea ese instante bueno o malo. Que lo que pasó, pasó, pero hay que vivir con intensidad lo que está pasando ahora.

Y por eso, debes decidir cómo quieres vivir cada momento, si bajo una especie de malhumor crónico, o con serenidad y realismo, tampoco se trata de convertirse en un ser con felicidad permanente (ya que eso es también vivir una realidad paralela), ya que la vida debe ser un poco de todo. No tengo la fórmula que resuelve nuestros estados emocionales, aunque si sé qué provocan, y sí puedo advertir que muchas familias pasaron, están pasando o pasarán por esos momentos difíciles. Te das cuenta cuando a la mínima saltas, cuando cualquier cosa que en otra circunstancia te habría parecido absurda, hoy te hace explotar. Te das cuenta cuando te quieres comer a alguien porque piensas que mira mal a tu hijo, o porque hizo un comentario (movido por su ignorancia en la mayoría de las ocasiones) que era ofensivo para ti, etcétera, te descubres a ti mismo en una especie de estrés del guardaespaldas. Que ojo, o vas con una espada o hacha en la mano, o peor, estás tan hundido que todo parece superarte, que sería el otro efecto negativo. Quizá cuando vas en modo Terminator te crees sentirte más vivo, y piensas que lo estás dando todo. Ojo, aquí entran en juego las expectativas, he hablado bastante de ellas.

En su día aborde el cambio de expectativas en el autismo, que es un tema bien complejo, pero que también nos afecta a nosotros, esas expectativas sobre nosotros mismos, donde a veces no somos capaces de cumplirlas, nuestro hijo se convierte en una especie de termómetro de nuestra calidad como progenitores. Si el niño avanza como un tiro, somos fantásticos, pero si no es así somos incapaces (o el epíteto que prefiera cada cual). Hay una presión tremenda que generamos nosotros y alimenta el entorno. Obviamente nos tenemos que dejar a piel, esto no tiene discusión. Pero claro, también debemos saber modular adecuadamente. Cuando tu hijo o hija tiene grandes necesidades de apoyo, todo es bien complejo, difícil y agotador. Cuando tiene pocas necesidades de apoyo, todo parece ser más fácil y menos cansado. Pero en ambas posturas, el esfuerzo ha de ser siempre el máximo, pero no debes dejar que el esfuerzo te mate.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando no se dan los requerimientos mínimos? Por ejemplo: Dinero, cercanía a profesionales, capacidad personal, tiempo, apoyo familiar, apoyo laboral, …, porque cuando las cosas se ponen difíciles uno no está como para discursos sobre la felicidad absoluta, el amor incondicional, la fortaleza de espíritu, y todas esas frases preciosas. Si apenas duermes, si estas agotado, si no te alcanza el dinero, …, solo te falta que te vengan con el rollo de que si tu mejoras todo será mejor. Porque claro, te hace sentir culpable. Es como si te dicen: todo te va mal porque estas “deprimido, furioso, indignado, iracundo, bloqueado, …” ¡Ya, lo que te faltaba que te vengan a decir!

Pues lo dije previamente, yo no tengo soluciones para todos, pero sí sé, que a pesar de estar en situaciones difíciles, nuestra capacidad de superación es casi igual que la de nuestros hijos. Somos personas normales en situaciones excepcionales, que al final, acabaremos actuando todos como personas excepcionales. Pero lo primero es creernos que podemos, tener fe en nosotros mismos, tener fe en que somos capaces, aunque sea con ayuda, no importa. Pedir ayuda es un signo de fortaleza.

Y es que en estos 12 años, he visto muchas familias que, incluso en situaciones vitales tremendamente difíciles, llevaron a cabo ese cambio de actitud, de forma de enfrentar la vida. Siguen sin tener dinero, sin tener condiciones laborales adecuadas, siguen teniendo que pelear por todo a diario, siguen con poco acceso a buenos profesionales, etc, etc. Es decir, que están igual que antes. Lo único que cambia es su forma de actuar hacia sí mismos. Es cambio interior, significó una liberación de los aspectos negativos interiores, que no de los del entorno. No confundamos. Pero si les ayudó a enfrentar el día a día de una forma mejor.

Cuando debes afrontar la vida desde un cambio brutal de lo que tú pensabas que iba a ser tu vida, no debes -por tanto- buscar culpas en tu interior, no pasa nada si te sientes totalmente fundido o quemado. Pero sí debes ser consciente de tu situación, de como te sientes como persona, de cómo tus esperanzas pueden fluctuar tremendamente. Debes reacomodar todo, realmente no te queda más remedio. Y sobre todo, debes intentar liberar tus emociones negativas.

Nunca pienses que ya aprendiste todo, nunca pienses que llegaste a tu tope, nunca pienses que algo es imposible, nunca pienses que no puedes lograrlo. No importa si te cuesta mucho aprender algo, no importa si te sientes incapaz de resolver determinadas situaciones, no importa si sientes que el mundo no está adecuado a las necesidades de todo. No importa. Tienes derecho a pensar y sentir emociones negativas, pero debes aprender a usar esas emociones negativas como forma de superación. La tristeza es la otra cara de la felicidad, solo debes recordar, que cuando estés triste, o deprimido, o cualquier otra emoción negativa, recuerda que estás viviendo una situación excepcional, y que también puedes comportarte de forma excepcional.

Y sobre todo, cuando juzgues a alguien, luego reflexiona sobre ese juicio, busca en tu interior esos sentimientos que te llevaron a enjuiciar a otras personas, posiblemente encontrarás casi todas las respuestas hablando contigo mismo. Y nunca, nunca, te compares con nadie, ni quieras parecerte a nadie, ni quieras ser como otras personas a las que -aparentemente- todo les va mejor.

Vivimos en una sociedad muy desigual, poco equitativa, muy egoísta, y donde hay mucha solidaridad, pero de sillón. Esto no es novedad, pero también hemos de partir de la premisa que la gente es -en su gran mayoría- buena gente, pero a veces debemos darles la oportunidad de ejercer de buena gente, si nos comportamos en la forma que que yo mismo hice con la señora del parque, pues alentamos posturas inadecuadas. Sé que decirlo es muy fácil, hacerlo no tanto, sobre todo cuando tienes que pasar por situaciones complicadas, cuando estás en una situación donde ves como se menosprecia a tu hijo, se le considera inferior, cuando son los otros los que le juzgan a él y por extensión a ti. Pues lo normal es que tu indignación se dispare, y de ahí a ponerte en una postura agresiva hay un paso.

¿Debemos ser el Dalai Lama? Pues tampoco, no es cuestión de que a pesar de los pesares nos pasemos el día repartiendo flores, paz y amor, y además pongamos la otra mejilla. Sí debemos tener firmeza y determinación a la hora de exponer nuestra realidad, nuestras necesidades, nuestros derechos, pero -y en la medida de lo posible- intentar llevar a cabo esta acción con serenidad, la que debe estar alimentada por nuestras convicciones, por nuestro amor, y no por nuestra parte negativa.

He visto como en muchas ocasiones, una postura serena, firme y decidida, consigue mucho más que las posturas basadas en la conducta negativa, o quizá más viscerales o emocionales. No es cuestión de ser seres que alcanzaron al iluminación y que flotamos, no, es cuestión de determinación. De saber gestionar nuestras emociones negativas a nuestro favor. Si algo nos hace sentir mal, es porque ese algo es malo, y si es malo, habrá que cambiarlo. Por tanto, esos sentimientos negativos son lícitos y son lógicos, y además nos sirven para identificar lo malo. Aprender a usar nuestros sentimientos negativos como una vía de conocimiento personal es bien complejo, pero también nos ayudará incluso a entender mejor a nuestros propios hijos.

Es un camino difícil, complejo, y largo, pero no es imposible. Y no lo es, porque en el camino nos convertimos en personas excepcionales. Aprendemos a ser más comprensivos, a ser mucho más fuertes de lo que pensábamos que podíamos ser, a ser más tenaces y pacientes, y todo eso se genera por un sentimiento hermoso y positivo, que es el amor hacia nuestros hijos. Usemos la gran potencia que nos da ese amor para usarlo como una energía que nunca se agota, pero desde la visión más serena que seamos capaces.

Y si en algún momento tus fuerzas flaquean, te sientes más débil, o ves que la situación te ha superado, pregúntale a tu hijo si él cree que tú puedes. Y recuerda, quien no comprende una corta mirada, jamás entenderá una larga explicación. En la mirada de tu hijo siempre encontrarás la fuerza que necesitas.

Fuente: https://autismodiario.org/2017/04/13/12-anos-autismo-familia/

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