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México rasgado

Blanca Heredia

Recién celebramos el Día de la Bandera, uno de los símbolos nacionales que nos quedan. En la ceremonia de ese día, presidida por el presidente Peña Nieto, la bandera nacional se rasgó. Esa imagen me llevó a pensar en el libro más reciente de Claudio Lomnitz, La nación desdibujada, y en la situación que enfrenta la idea de México en el momento presente.

Hoy cuesta decir y saber quiénes somos. Cuesta, sobre todo, encontrar canales y espacios de representación capaces de expresar y darle algún armazón común a nuestras diferencias. Marchas convocadas desde la intención de hacer presente lo que nos une que terminan evidenciando y amplificando nuestras divisiones.

Corrupción fuera de control, cuya exhibición pública no consigue producir castigos ni consecuencias. Violencia que no cesa, inseguridad que no termina, feminicidios que siguen ocurriendo sin que se vislumbre justicia, salida u horizonte de resolución posible. Mexicanos divididos tanto en lo material como en lo simbólico; somos habitantes de un mismo territorio que no encuentran cabida en nada compartido, nada que suene deseable o, incluso, presentable.

Como bien señala Lomnitz, la idea de México, al igual que el relato nacional de muchos países periféricos –en especial en América Latina–, ha estado tensado, desde su origen, por el riesgo siempre presente del desdibujamiento. La fragilidad de los relatos nacionales en países como México tiene muchísimo que ver con la dificultad para lograr reconciliar tradición con la posibilidad del futuro –eje argumental clave del constructo ‘nación’ en general– en contextos económicos, sociales, políticos y culturales que no terminan de poder armar futuros/modernidades viables para la mayoría de sus habitantes. Al viejo patrón de impulsos transformadores –que acaban produciendo modernidad trunca, excluyente y deforme–, se han sumado procesos adicionales que han contribuido al deshilvanamiento acelerado de la idea de México dentro del cual nos encontramos actualmente inmersos.

Destacan, entre los apuntados por Lomnitz, los siguientes: Primero, la creciente desconexión entre una economía globalizada y un espacio político estructurado en torno a lo nacional/territorial. Esta es una tendencia que México comparte con muchos otros países desde hace ya varias décadas y que ayuda a explicar el debilitamiento de los Estados nacionales para conducir la evolución de sus respectivas economías y sociedades, así como la creciente incapacidad de los sistemas políticos nacionales para representar y procesar la diversidad de los conglomerados que les toca organizar. En el caso mexicano, la naturaleza especialmente asimétrica de la globalización y de la integración con Estados Unidos, tanto en lo geográfico como en lo relativo a las fuertes diferencias en la movilidad internacional entre capital y trabajo, han contribuido a una crisis de representación política especialmente aguda.

Un segundo proceso que ha incidido en el desdibujamiento de la idea de México en años recientes tiene que ver con la profunda erosión de las figuras simbólicas centrales en nuestro relato identitario heredado, así como de sus correlatos institucionales y organizacionales concretos, en particular la familia y el Estado.

La erosión de estas figuras centrales es resultado, en parte, de la desconexión progresivamente mayor entre la estructura económica y la política, pero también y muy centralmente de las particularidades desinstitucionalizantes y fuertemente corruptoras de nuestra transición a la competencia electoral plena (carretonadas de dinero a los partidos junto con descentralización sin rendición de cuentas), así como de los desgarramientos sociales, culturales y morales, y la espiral de violencia provocados por la guerra contra el narcotráfico iniciada durante la administración de Felipe Calderón. Desdibujados, familia y Estado parecen irreconocibles en su operación cotidiana y en su capacidad de interpelarnos y articularnos simbólicamente.

¿Qué es el Estado mexicano hoy? ¿Cuál alianza sustenta esa cosa, después de lo evidenciado por Ayotzinapa? ¿El Estado incluía al alcalde de Iguala, a su mujer y a sus cuñados en septiembre de 2014? ¿Dónde termina el Estado y empieza lo ‘otro’ (los grupos criminales, los grupos de interés que se valen de él, las camarillas políticas)? ¿Quiénes integran y representan hoy al Estado mexicano en Tamaulipas, en Michoacán, en Oaxaca y en todo el país? Preguntas que no tienen una respuesta clara en la práctica.

Para lidiar con los retos asociados al giro a una economía globalizada y a la competencia político-electoral plena, las élites mexicanas decidieron parchar lo existente en lugar de refundarlo. Recurrieron, esto es, a formas de complicidad cada vez más excluyentes y ofensivas socialmente; a la coacción pura, desentendida de la ley y de cualquier relato que abarcase a todos los mexicanos; y al uso de los retazos que iban quedando de la idea y la realidad de Estado para su propio beneficio como medio para asegurar una gobernabilidad crecientemente precaria y desprovista de narrativas legitimadoras mínimamente creíbles.

La imagen de la bandera rasgada simboliza a la nación rasgada. A una comunidad dentro de la cual a muy pocos nos queda claro qué pudiera entrañar la expresión ‘México’ hoy y su defensa frente a los embates de Trump. Tocaría imaginar y darle tracción, vía hechos y cambios reales animados por la indignación frente a la injusticia y un deseo compartido de futuro incluyente, a un nuevo relato sobre lo que somos. Sin cambios en serio capaces de sustentar un nuevo relato nacional, sólo se vislumbran más y más rasgaduras.

Fuente del articulo: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/mexico-rasgado.html

Fuente de la imagen:

 http://www.elfinanciero.com.mx/files/article_main/uploads/2017/02/24/58b07a0036e66.jpg

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La lucha histórica de los maestros

Enrique Calderón Alzati

Con toda la fuerza mas no con razón y con todo el poder mediático y autoritario de que dispone el gobierno de la República, utilizado para desprestigiar, amenazar, cansar y desmoralizar a los maestros, el resultado de la lucha docente singular le ha sido adverso, si bien es pronto para hablar de una victoria del magisterio. El logro más importante, hasta ahora, ha sido la participación de amplios sectores de la sociedad que han comprendido la naturaleza e importancia de su lucha por el derecho a la educación y al trabajo establecidos en la Constitución; sin embargo, es mucho aún lo que falta por hacer ante las embestidas de la televisión que los presenta como un grupo faccioso interesado en conservar privilegios mal habidos.

A este respecto es conveniente recordar que la estrategia gubernamental no es nueva. En todas las privatizaciones que han ocurrido en el país desde que los grupos neoliberales se hicieron del poder, utilizando sin pudor el estandarte de la Revolución, su estrategia ha consistido en señalar los privilegios y los malos servicios prestados por los trabajadores de esos sectores, mediante campañas mediáticas de saturación. Así sucedió con los telefonistas, los ferrocarrileros, los electricistas, los petroleros y los trabajadores de la aviación civil, a quienes se acusó de gozar de privilegios indebidos y de ser irresponsables, poniéndolos de ejemplo de lo que se debía erradicar, mediante procesos de privatización cuyos resultados traerían grandes beneficios para la sociedad en su conjunto, beneficios que por cierto solo han dado lugar al crecimiento de la miseria.

Luego de más de tres años de lucha desigual y de grandes sacrificios, los maestros mexicanos continúan su resistencia apoyados en algunos estados por los padres de sus estudiantes y muy especialmente en las regiones rurales de esas entidades, donde las comunidades conocen las carencias con que esos maestros laboran atendiendo a sus hijos en escuelas unitarias, siendo necesario que este proceso se generalice en las zonas urbanas del centro y norte de la República.

Aquí me permito reconocer que ciertamente existen entre los maestros personas que gozan de plazas magisteriales (incluso de varias) logradas discrecionalmente y sin llenar los requisitos para tener una, ni tener los conocimientos ni la vocación necesaria por la educación, generado todo ese proceso a partir de actos de corrupción, cometidos por funcionarios públicos de los estados y del propio gobierno federal, en contubernio con los líderes sindicales, que han utilizado la asignación de esas plazas como mecanismos de control político; si alguien es responsable de todo esto son los líderes del SNTE, incluyendo por ejemplo a Elba Esther Gordillo, impuesta por el propio gobierno, tal como ahora lo hace con su nuevo líder.

Por ello resultaría importante que el secretario de Educación, Aurelio Nuño, nos explicase su decisión de reconocer a este nuevo líder del SNTE y cercano colaborador de Elba Esther Gordillo, como su único interlocutor en representación de los maestros, mientras para el movimiento magisterial su disposición al diálogo se nula.

Pero no es esto lo único que el secretario debe explicar a la sociedad mexicana, especialmente a los maestros. Una pregunta importante es la referente a la muy tardía presentación del nuevo modelo educativo, que además de plantear serias contradicciones con las medidas que en su conjunto conforman lo que se ha dado en llamar reforma educativa, y que pareciera ser un trabajo elaborado de manera precipitada con el único fin de sostenerla, dadas las escasas innovaciones que plantea y los enormes vacíos, de los cuales expondré sólo uno de ejemplo al final de este artículo.

La segunda pregunta se relaciona con las afirmaciones que el funcionario ha hecho sobre la gran prioridad que tiene la educación para el actual gobierno del que forma parte. ¿Cómo nos puede explicar, entonces, que los recortes planteados para el presupuesto de 2017 sean, junto con los de salud, los más elevados entre todas las actividades del gobierno? ¿Cómo es que al instituto electoral no se le hubiesen recortado los recursos para su nueva torre de oficinas? ¿Acaso el fastuoso aeropuerto proyectado para la Ciudad de México es más importante que la educación de los niños? ¿Con qué recursos se podrán actualizar los conocimientos de los maestros y se les instruirá en sus nuevos desempeños que la educación moderna requiere de ellos? ¿Se seguirán utilizando los métodos en cascada para reducir costos, aun cuando el nuevo modelo educativo reconoce su inoperancia? ¿Se generalizarán las cuotas que hoy se exigen a los padres de familia para el mantenimiento y la limpieza de las escuelas, como hoy se hace en las comunidades más pobres del país? ¿Se dejará la satisfacción de esas necesidades para más adelante? ¿Se recortarán los recursos destinados a las universidades pedagógicas, a las normales y muy especialmente a las normales rurales? ¿Qué ha hecho él por los 43 estudiantes desaparecidos de la de Ayotzinapa, como futuros maestros del país?

En la medida que logremos que la sociedad se haga consciente de estas irregularidades, la lucha magisterial tomará nuevos cauces, contando con el apoyo de toda la sociedad. En esta nueva etapa de lucha es necesario difundir esta realidad, con los detalles particulares de cada entidad y de cada región.

Termino este articulo haciendo referencia a la sección del nuevo modelo educativo referente a las tecnologías de la información y la comunicación, cuyos objetivos se reducen a plantear que deben servir para fomentar la curiosidad y la capacidad de comunicación de los estudiantes, lo cual implica una actitud pasiva del gobierno en espera de que alguien, en algún país desarrolle las tecnologías y los contenidos que permitan a los maestros y estudiantes mexicanos mejorar sus niveles de desempeño y despertar su curiosidad.

De esta manera, el nuevo modelo educativo no hace más de lo que se ha venido haciendo durante los 30 años pasados: fomentar la dependencia tecnológica, pensando seguramente que los mexicanos somos incapaces de desarrollar las nuevas tecnologías que la educación del país necesita.

Fuente del articulo: http://www.jornada.unam.mx/2016/10/01/opinion/015a1pol

Fuente de la imagen: http://www.laizquierdadiario.com/IMG/arton30264.jpg

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Recorte a la educación

Hugo Aboites

Las reducciones al presupuesto de la educación tienen consecuencias mucho más profundas de lo imaginable. Para empezar, la cifra oficial de 12 por ciento de recorte general es engañosa. No toma en cuenta que para que el sistema educativo pueda simplemente seguir funcionando en 2017 como en 2016 debe recibir un aumento de alrededor de 4 por ciento, para compensar la inflación de este año. Esto significa que el incremento que no se da para compensar la inflación debe contabilizarse como parte de la reducción: 12 más 4 por ciento significan que el recorte en realidad es de 16 por ciento. Si además tenemos en cuenta que el sistema educativo es muy dinámico, el aumento debe ser mayor al de la inflación. Es decir, debe ofrecer el mismo servicio del año que ahora termina a una población escolar que en 2017 sería más grande. Esto puede significar, digamos, cinco por ciento más, con lo que en realidad 12 por ciento –conservadoramente hablando– se transforma en más de 20 por ciento.

Y, por cierto, hace que la educación mexicana se sitúe mucho más lejos del 8 por ciento del PIB que por ley debe dársele cada año. No es de extrañar, por todo esto, que convivamos con cientos de miles de niños y niñas sin acceso a la primaria; millones de analfabetos y de adolescentes, así como jóvenes sin secundaria ni bachillerato ni acceso a la educación superior, cerca de 40 millones de adultos sin educación media y superior. En realidad debería incrementarse el presupuesto para compensar la inflación, para atender con igual nivel que el año anterior a todos los estudiantes y, finalmente, para dar pasos hacia resolver el increíble descuido y abandono que sufre la educación en México.

Sin embargo, el problema del recorte para 2017 va todavía más lejos. Es el colofón de un largo periodo de presupuestos que sólo penosamente han servido para compensar el primer aspecto, el de la inflación. No es entonces un bache aislado, sino una fuerte caída en una trayectoria que ha sido de estancamiento en el nivel mínimo. No quema grasa (para utilizar la metáfora aplicada a veces al Estado); es un drástico ayuno que viene tras un largo periodo de dieta anoréxica y quema músculo. Como ocurre con los seres vivos, los sistemas como el educativo y las instituciones de enseñanza superior comparten el efecto que tienen las hambrunas prolongadas y buscan estrategias ante lo que perciben como amenaza a la sobrevivencia. Se retraen, incluso más allá de lo indispensable, y el sistema o la universidad deja de pensarse como un ente vigoroso que mira hacia dónde crecer, crear y desarrollarse, y se ve obligada a pensar en disminuirse para sobrevivir. Rodeados como están de un mar de exigencias, de más espacios, de maestros, de investigaciones, de respuestas a los problemas nacionales, de una difusión cultural tan potente como la docencia y la investigación, no pueden dar respuestas y viven para el presente. Surge el gremialismo, pero también la resistencia.

El futuro, además de incierto, es preocupante. Dentro de un año no estaremos mejor. El año próximo va a ser sumamente problemático para la economía, y no se ve cuándo desaparecerán o por lo menos disminuirá la fuerza de los factores que han generado la presente crisis. Hay fuertes señales de agravamiento: Trump es una terrible mala noticia, pero también Clinton, pues será una presidenta comprometida con los poderosos y débil ante una derecha conservadora ya fortalecida, que es capaz de imponerle una parte importante de su agenda asfixiante. Y México, que por años ha optado por poner su suerte en manos de procesos económicos que no controla, está a merced de esos nuevos escenarios.

Finalmente, es innecesario especular acerca de cuál podría ser el impacto social que tendrá este recorte (y los que le van a seguir) en el futuro de este país. Basta ver la tragedia del deterioro social, económico y político que hoy vivimos y que es resultado, en gran parte, de recortes que sufrió la educación en la década de los 80 y luego desde mitad de los 90. En 2007, en una carta publicada en La Jornada dirigida al ciudadano Felipe Calderón, una estudiante le informa que un grupo de jóvenes fueron asaltados por otros de su misma edad, puestos boca abajo, robados de sus pertenencias y –en el colmo de una rabia social que aflora constantemente en este país– uno de ellos fue asesinado de un balazo en la cabeza sólo por querer dialogar con los agresores. “Quiero informarle –concluye– que la bala que mató a ese joven estudiante de la UNAM, Alfonso Ríos López en 2007, fue disparada hace 25 años cuando la política económica neoliberal fue salvajemente implementada en México cancelando para los jóvenes” trabajo y educación (en Aboites, La medida de una nación: 549). Sirva de contrapeso el recordar que en los 80 no había la resistencia que hoy han generado luchas como la de los maestros en defensa de la educación pública.

Fuente del articulo: http://www.jornada.unam.mx/2016/10/01/opinion/015a2pol

Fuente de la imagen: http://globedia.com/imagenes/noticias/2012/4/9/rajoy-anuncia-recorte-000-educacion-sanidad_1_1169620.jpg

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Las voces silenciosas

Por: Carolina Vásquez Araya

De nada sirve una voz de alerta cuando no hay quién la escuche.

No sé cuál síndrome podría calzar, pero a mi mente vienen algunos cuyas características incluyen gran tolerancia al dolor, una constante tendencia al ensimismamiento, disminución de la atención, de la memoria y otras funciones indispensables para el desempeño normal de una persona o de un grupo social. He buscado todas las posibles razones para tanto silencio colectivo y me propuse interrogar a personas cercanas para recibir alguna luz capaz de explicarme el porqué de su apatía. Durante este ejercicio, una y otra vez he recibido similares respuestas: “no leo periódicos”, “cancelé mi suscripción”, “ya no te sigo en Facebook porque a diario publicas asesinatos y esas cosas”, “no veo televisión local, me deprime”, “no creo en la política”, “esto nunca va a cambiar”, “no necesito enterarme” y así por el estilo.

Hasta que ¡por fin! veo abrirse una fisura por la cual se desliza el concepto preciso: “la alienación de tipo social se encuentra estrechamente vinculada a la manipulación social, la manipulación política, la opresión y la anulación cultural. En este caso, el individuo o la comunidad, transforman a punto tal su conciencia de manera de convertirla en contradictoria con lo que se espera normalmente de ellos.” Así descrito, me parece reconocer de inmediato el síndrome que explica el silencio y el encierro voluntario, la resignación ante lo aparentemente inevitable y, sobre todo, la respuesta ante el miedo y la amenaza, protagonistas de nuestro entorno.

¿Por qué perdemos la memoria? ¿Qué motiva nuestro afán de olvidar un pasado cuyos elementos permanecen vivos y golpean con fuerza demoledora a las causas sociales, a la justicia y a las oportunidades de desarrollo de una nación? Me parece posible identificar allí el punto neurálgico, ese centro del dolor al que deseamos aislar para no sufrir, ese pequeño aleph protegido con uñas y dientes para no volver a experimentar la dura sensación de fracaso. Entonces, cual mecanismo psicológico natural, dadas las circunstancias, nos volcamos hacia las neblinas mediáticas del entretenimiento, del chisme y la fanfarria política para por lo menos creer en nuestra voluntad de participar. Sin embargo la mentira no dura indefinidamente y, poco a poco, volvemos a la concha sólida de la cotidianidad mientras las amenazas del pasado toman cuerpo.

Este síndrome devastador para la integridad de una sociedad se presenta en relación directa con su capacidad de negación; las actividades rutinarias pueden durante un tiempo enterrar sus miedos más profundos, pero solo hasta que las amenazas comiencen a hacerse realidad con una fuerza potenciada por el silencio. De fenómenos colectivos caracterizados por el “no querer saber” hemos visto a lo largo de la Historia el surgimiento de sistemas oscurantistas capaces de anular la voluntad de las grandes comunidades humanas, convirtiéndolas en cómplices de su propia desgracia, de la destrucción de sus logros más queridos y de todas sus libertades.

Para semejante mal, la cura es el examen de conciencia. Uno capaz de sacar de los armarios los cadáveres ocultos, iluminar los rincones y sacudirle el polvo a leyes y normas cuyo imperio se debe restablecer. La discusión, el debate y el reconocimiento de problemas comunes es un ejercicio valioso por ser la única vía para encontrar soluciones de beneficio colectivo. Desde ese punto de convergencia resulta posible combatir el ostracismo individual y transformar la dinámica social en un factor efectivo de cambio. De lo contrario se comete una especie de pecado de abstención, cada día más caro y destructivo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=223486&titular=las-voces-silenciosas-

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Invadidos, explotados y desinformados… pero entretenidos

Por: Fernando Buen Abad

Hay una versión Cultural y Mass Media de la Organización del Tratado Atlántico Norte compuesta por alianzas estratégicas, entre monopolios diversos, bajo un plan bélico orientado -también- a la manipulación de las cabezas, las emociones y los imaginarios. Y salen por la “tele”. Se trata de implantar división y odio, conflictos religiosos, lingüísticos, exclusión y racismo en todas modalidades, es su receta añeja para explotar a los pueblos y anestesiarlos. El negocio consiste en mantener una fuerza dúctil, especializada en respuesta rápida y ubicua para destruir o criminalizar todo aquello que se le antoje. Alienación del Atlántico Norte desparramada por todo el orbe. Nos cuesta muy cara.

Si, por ejemplo, se trata de acusar a Rusia, los ocho estados miembros de la OTAN (EEUU, Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Reino Unido) tendrán a su disposición redes de TV, radio, prensa y “redes sociales” aceitados permanentemente para justificar, ante los ojos de su “opinión pública”, cualquier barbaridad en nombre de la “paz” o del “orden” internacional. Eso quieren ahora exportarlo a Latinoamérica bajo control directo de los intereses mercantiles militares. Algunos están felices en Israel y en Colombia.

Los imperios, en su fase actual, para impulsar una salida a los ahogos de su crisis de sobreproducción, no sólo desarrollan bases económicas. El tufo militarista que se desliza en la moral burguesa con identidad OTAN, expresa las formas imperiales de expandir el capitalismo amante de la guerra rentable contra todo mundo. Sus jilgueros más cantarines están en la dictadura bancaria y en la prensa, cargadas de petulantes dispuestos a calcinar la realidad con saliva de opinadores serviles a las propinas de la casa blanca. Si hacen falta nombres tenemos muchos.

Hay consorcios mediáticos trasnacionales arrodillados ante la OTAN para celebrarle sus locuras militares en nuestras propia narices. Hacen pasar su ética macabra como moral diplomática necesaria para aplicarla contra los más débiles pero disfrazándolos mediáticamente de “terroristas”. Estados Unidos adueñado de la Unión Europea, con su OTAN mediática dirige el exterminio de los incomodos. Libia, Siria, Yemen, Irak, Ucrania, Cuba, Venezuela. Ecuador, Bolivia…

Los “servicios de inteligencia” impulsan, con sus “métodos” y “estímulos”, canales de TV, medios de todo tipo y comentaristas, para adulterar los valores nacionales, alentar el consumismo, sembrar odio, inyectar miedo y criminalizar líderes sociales. ¡Han falsificado escenas bélicas filmadas exprofeso para desmoralizar a los pueblos! Han linchado mediáticamente a “Dios y María Santísima”… Y eso no ha ocurrido sólo en “zonas de conflicto” europeas, está ocurriendo en todo el mundo. Televisa, Globovisión, Clarín, O´Globo, por ejemplo.

Centenares de recursos mediáticos operan en Siria como en Santiago de Chile bajo la misma onda castrense. Hay edificios armados -exclusivamente- que operan como arietes de la venganza burguesa contra todo lo que suene a pueblos en rebeldía. Los “hackers” provistos con equipos de visión espía penetran por doquier (Estilo Obama) para operar sin cansancio con la misma lógica de la OTAN pero disfrazados como “defensores de la libertad de expresión”. Mientras, por ejemplo, suspenden con decretos leyes y reglamentos especializados en Medios de Comunicación. La Guerra Mediática Global con el método OTAN ha puesto el mundo partas arriba. Mientras tanto crece el asesinato de periodistas (México, Honduras…) y los que sobreviven lo hacen a la intemperie, sin condiciones adecuadas para la autodefensa. Quienes tienen iniciativa de informar la verdad sobre el malestar social, y sus luchas, está en peligro.

Setenta y dos periodistas han perecido en los últimos seis meses de este año.

¿Exageramos? Un botón de muestra. En enero de 1955, en el Palacio de Chaillot de París, se reunió el “Comité de Cultura e Información Pública de la OTAN” y crearon ¡El “Festival de la Canción Eurovisión”!. Así de claro. Además de diseñar una agenda de “ideas” para desarrollar “relaciones culturales” entre las naciones que luego serían sometidas al negocio de la Guerra. Para eso era indispensable una alianza entre dueños de televisoras europeas. Crearon su mapa tecnológico estratégico y su “plataforma” disfrazada de “entretenimiento”. El primer “Festival” debía realizarse en abril de 1956.

La OTAN se armó con un escuadrón de comunicación a gran escala. Millones de personas, en todo el mundo, uniformaron su mirada y sus sentimientos bajo una sola bandera del espectáculo invisibilizador de las invasiones y sus campos de la muerte. Aplausos a rabiar, farándula a discreción, premios con glamur y revistas del corazón. Todo a la vista en los más de 23.000 documentos desclasificados.

La OTAN, cultural y mediática, teje el tapete debajo del cual esconde a los muertos que fabrica. Las des-información tiene historia como en Somalia y Ruanda sin haber tenido, estas y todas, una intervención ética seria. Hasta que apareció en 1980 el Informe MacBride que fue congelado inmediatamente. Hoy seguimos padeciendo, entre muchos otros, el ataque mediático llamado CNN coparticipe de, por ejemplo, el “espectacular” linchamiento de Sadam Husein con sus inexistentes “Armas de Destrucción Masiva” con gran “rating”.

El método OTAN para desfigurar la opinión pública no es invencible. Lo han demostrado Fidel Castro, Hugo Chávez y los pueblos que se sostienen en lucha. En ellos radica una miríada de fortalezas aunque la OTAN lleve a cabo operaciones difíciles de interceptar y contrarrestar. Sus grupos de operaciones mediáticas o psicológicas con “Big Data” son los “medios”. Eso debe entenderse y los pueblos están llamados a la emancipación Cultural y Comunicacional a corto plazo, desde las bases, ganando la guerra semiótica, la disputa por la opinión pública y la nueva Cultura y Comunicación Revolucionaria que nos urge.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=223275&titular=invadidos-explotados-y-desinformados%85-pero-entretenidos-

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Hablar del tiempo, en vez del horario

Por: Jaume Martinez Bonafe 

Cambiar uno por otro como un modo de reconocer que la organización de las complejas tareas de la vida no tienen porqué sucumbir a la lógica horaria de organización del trabajo.

En un reciente encuentro en Bilbao, convocados alrededor de la pregunta ¿Qué educación para qué mundo?, Guadalupe Jover nos propuso una provocadora reflexión: si en vez de decir “no tengo tiempo” pienso y busco estrategias para utilizarlo de un modo distinto, quizá encontraremos oportunidades para vivir de un modo menos estresante el proyecto educativo de la escuela. Al regresar a casa recupero un antiguo texto de Elena Cordoni: “Las mujeres cambian los tiempos”, una propuesta de ley de iniciativa popular en la que se sugiere hablar del tiempo, en vez de horario, como un modo de reconocer que la organización de las complejas tareas de la vida no tienen porqué sucumbir a la lógica horaria de organización del trabajo. En el encuentro de Bilbao hablábamos de sujeto, sujeto -sujetado-, pero sujeto -político-, con voluntad y capacidad para tomar en nuestras manos los destinos de nuestras vidas. Y me pregunto ahora si somos sujetos de nuestro tiempo docente, educativo, o por el contrario nos sujeta un organización horaria que nos limita e impide desarrollar esa capacidad de ser sujeto.

Conozco a maestras y maestros con una enorme capacidad de trabajo y un gran espíritu innovador, a las que les derrota la expresión: ¡No tengo tiempo! Quizá, siguiendo el consejo de Lupe podríamos pensar de otro modo el uso del tiempo gastado y su valor. ¿No os parece que mucho del tiempo escolar además de repetitivo y aburrido, y quizá también por eso, pierde sentido y significatividad? ¿No os parece que la fragmentación excesiva, la separación de materias curriculares, la disciplinariedad dura, burocratiza el horario y no favorece la vida plena del tiempo escolar? ¿Y la cantidad es lo mismo que la cualidad? ¿No os parece que sobra cantidad de curríulo en detrimento de la cualidad del tiempo invertido en el aprendizaje? ¿No os parece que la regulación horaria individualiza mucho de lo que podría resultar una hermosa experiencia de cooperación? Y cuando no se tiene tiempo ¿Quién organiza el poco que tenemos?

Me eduqué políticamente en la idea de que la escuela pública debía ser un espacio de acogida y reconocimiento de aquellos y aquellas que más necesitan de esa acogida y reconocimiento, y ahora pienso que lo mismo debe ocurrir con el uso del tempo. La escuela pública debe ayudar a vivir de otra manera los tiempos, de manera que la presión por las prisas no actúe contra el niño o la niña, o contra el maestro o la maestra. Es un principio elemental de la pedagogía renovadora, yo lo aprendí con Freinet, y la actual reivindicación de la educación lenta, tan bien argumentada por Joan Domenech, viene a corroborar este proyecto pedagógico. La asamblea era el inicio de un propuesta de investigación, y desde ella nos poníamos a trabajar planificando actividades y tareas a las que dedicábamos el tiempo necesario reconociendo los diferentes ritmos y posibilidades temporales de cada sujeto.

Hay mucho curriculum, y la organización que de este proponen los libros de texto todavía lo incrementa. Hemos de aprender a decidir por nosotros mismos sobre las estrategias de simplificación. Como docentes, debemos estar en condiciones profesionales de decidir, demostrando a la administración educativa que trabajamos todo o más de otra manera, con otros tiempos, integrando saberes y disciplinas, tomándonos más tiempo para cada tarea que lo necesite, amplificando y estirando las franjas horarias para reconocer con tranquilidad y paciencia que el esfuerzo y la complejidad de un proyecto educativo están reñidos con la inmediatez y la prisa.

La niña llega por la mañana con un caracol en el bolsillo. Lo muestra a las amiguitas y a la maestra y nace un hermoso proyecto de curiosidades y preguntas. La maestra se inquieta por la perdida de tiempo, el retraso en las tareas programadas. Quizá acabe solicitando que internet resuelva esas inquietudes en tiempos extraescolares. O quizá no. Porque la maestra sabe que la pregunta de los niños es un derecho para el que habrá que encontrar el tiempo educativo de búsqueda de la respuesta.

En el citado documento de Cordoni, se argumenta sobre un proyecto de ley presentado en 1990 en el Congreso de los Diputados de Italia, por mujeres enfrentadas a la concepción masculina y neoliberal del tiempo. Es un ejemplo. No es mala idea una ILP en la que profesorado y alumnado puedan decidir por sí mismos sobre el sabio empleo del tiempo educativo en la escuela. Y de los recursos humanos y materiales que hacen que los tiempos resulten más fáciles o más difíciles (es obvio que la pareja pedagógica haría más feliz el tiempo de trabajo en educación infantil). Y tampoco creo que fuera mala idea que en vez de subcomisiones para acordar amplios marcos legislativos que, si llegan a acuerdos, poco cambiarán la realidad de la escuela, nuestros diputados y diputas podrían discutir sobre cómo facilitar políticas concretas de innovación, como ahora el uso del tiempo. Claro, si sus señorías tienen tiempo para ponerse en estos menesteres.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/02/21/hablar-del-tiempo-en-vez-del-horario/

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La prevención del acoso desde sus raíces en Infantil

Por: Seño Punk

Autoestima y autoconcepto. Esta es, para mí, la clave. Y es algo que se debe trabajar desde la más tierna infancia y desde una triple vertiente.

Las palabras bullying y abuso se están convirtiendo, tristemente, en palabras demasiado habituales en el periodismo educativo de nuestro país. Es muy triste comprobar y sobre todo imaginar la gran cantidad de niños que van con miedo al cole cada día porque son objeto de burlas, insultos, ridiculizaciones e incluso violencia física por parte de sus propios compañeros de clase. No es de extrañar que salten las alarmas y las familias estén cada vez más preocupadas por este tema.

¿Qué se hace desde las escuelas para tratar este problema?

Hasta ahora lo que se hacía era básicamente intentar castigar a los abusadores y tratar de proteger a las víctimas. Y digo intentar porque es una tarea muy difícil. Los tiranos de esta historia suelen ser alumnos que han renunciado a sacarse siquiera el graduado escolar, por lo que sermones, todo tipo de sanciones y expulsiones tienen nulo efecto sobre su manera de proceder.

Esto provoca que los profesionales de la educación se queden sin herramientas ante un problema que está haciendo un infierno de la vida de una persona, ni para castigar al violento, ni tampoco para proteger a la víctima. Yo he visto como profesores, jefes de estudios, directores e incluso inspectores pasaban de “hay que hacer algo con esto, reunámonos para saber qué está pasando y cómo solucionarlo” a “lo siento, no podemos hacer nada” e incluso, aunque parezca increíble, “algo habrá hecho para que le traten así”. Prometo que no me lo invento. Es un problema infinitamente grande para el que carecemos de formación y herramientas, y, tristemente, he podido comprobar como algunos profesionales acaban intentando zafarse de la situación de la manera más fácil posible, e incluso llegar a negarla. Una suerte de ira mezclada con desesperanza es lo que se siente al otro lado.

Ahora se está empezando a intentar dar voz a las víctimas, se les anima a contar lo que les pasa, e incluso se pone a su disposición un número de teléfono para que busquen ayuda más allá de la que les pueda proporcionar la familia. Pero los escolares son muy conscientes de que, en gran parte de las ocasiones, las personas que les hacen la vida imposible tienen muy poco que perder, que sus compañeros no se van a mojar por ellos por miedo a que les caiga encima el papel de víctima, y además en muchas ocasiones reciben amenazas explícitas de lo que les puede ocurrir si piden ayuda, de manera que es una vía, si no muerta, casi moribunda.

Así que esto no funciona. ¿Qué más podemos hacer?

Parece que cuando nos damos cuenta de que tenemos un problema a nivel educativo, en este país tendemos a mirar hacia el norte, concretamente a Finlandia, pues se nos ha vendido que son la perfección hecha sistema educativo. Y en Finlandia tienen el programa KiVa, que, según leo, tiene una efectividad del 98% al desplazar el objetivo de la víctima y el acosador o los acosadores hacia el resto de compañeros, aquellos que presencian los actos de abuso y, por lo general, y como se dijo anteriormente, callan por miedo.

Parece que hay varios problemas para implantar este programa en España, pues se necesita apoyo económico por parte de la administración, que parece que tiene mejores cosas en las que pensar, un duro sistema de evaluación, y, creo yo, las mismas condiciones de las que parten los niños en Finlandia, porque allí la infancia es lo más preciado, y por tanto algo en lo que no duele nada invertir. Partiendo de la base de que aquí lo llamarían gastar, es muy probable que sea difícil implantar ese programa en las escuelas españolas, y si se hiciera probablemente no daría el mismo resultado.

Aun así, creo que es evidente que se debe intentar, y espero que se produzca una fuerte apuesta por algo que ya ha demostrado su valor en otros países, pero sobre todo que se debe intentar hacer bien, evitando chapuzas a las que nos tienen acostumbrados desde arriba, y luego “ay, no ha valido para nada, menudo desperdicio” y si te he visto no me acuerdo…

¿Y qué podemos hacer desde las aulas mientras desde la administración se deciden o no a adoptar un programa como KiVa?

Pues tras mucho reflexionar sobre ejemplos que he vivido de cerca, así como analizar lo que he vivido en mi propia adolescencia, y comparar diversos resultados proporcionados por situaciones muy parecidas, creo que debemos centrarnos en la prevención y enfocar nuestros esfuerzos en evitar que nuestros alumnos se conviertan en víctimas potenciales.

Es de vital importancia crear un fuerte vínculo entre los alumnos, un sentimiento de empatía y solidaridad entre todos los compañeros, para que, una vez se produce un caso de abuso, les merezca la pena exponerse y arriesgarse a denunciarlo e incluso a defenderles. Pero creo que es todavía más importante fomentar la fortaleza de los posibles objetivos de bullying.

No quiero que se me entienda mal, no quiero decir que las víctimas tomen ese papel porque sean débiles, ni mucho menos que podrían evitar serlo y no lo hacen. No, si eres el objetivo a derribar de alguien, es muy difícil, por no decir prácticamente imposible, tener la habilidad de quitártelo de encima. Pero si habéis observado el comportamiento de los “matones” de clase, estaréis de acuerdo en que no eligen a sus víctimas al azar, ni empiezan el acoso de un día para otro, de 0 a 100. En realidad, saben muy bien quiénes pueden ser posibles candidatos, y prueban y vuelven a probar sus reacciones a “pequeñas trastadas” que les gastan, hasta que se convencen de que pueden con ellos, porque, permítanme la expresión, son así de valientes.

Así que, en mi opinión, es ahí donde hay que construir una barrera, un grueso muro en la propia personalidad, en su manera de relacionarse con los demás, para que esas pruebas y esas “pequeñas trastadas” iniciales reboten como si fueran balones lanzados a dicha pared de seguridad.

Autoestima y autoconcepto. Esa es, para mí, la clave. Y es algo que se debe trabajar desde la más tierna infancia y desde una triple vertiente.

Por un lado, los niños deben aprender a quererse ellos mismos antes de querer a nadie más, deben saber que son capaces de muchas cosas, deben conocer sus puntos débiles, sí, pero más importante todavía es que conozcan sus puntos fuertes, lo que se les da bien, en lo que destacan, deben conocerse a sí mismos y tener un autoconcepto ajustado a lo que realmente son. ¿Cuántos adultos conoces que se minusvaloran? Soy diferente pero me gusta serlo. Soy así y nadie me va a cambiar. Soy capaz de muchas cosas y me siento seguro de mí mismo. Esto es algo que se suele pedir a menudo a los adolescentes, partiendo de cero y con un bagaje nulo al respecto, siendo, por tanto, difícilmente realizable, cuando la personalidad está en desarrollo desde mucho antes, por lo que debemos concienciarnos de la importancia de su trabajo desde la etapa de Educación Infantil.

Por otro lado, también se debe fomentar que entre los compañeros se estrechen lazos. No se puede obligar a nadie a ser muy amigo de otra persona, ni siquiera a que le caiga bien. Pero sí que deben conocerse, saber quiénes son sus compañeros de clase, cómo son y por qué. Y sobre todo deben saber expresar tanto lo que saben de los demás como sus sentimientos hacia ellos, porque la opinión de los demás nos importa, y porque todo lo que se expresa se refuerza y es difícil querer hacer daño a alguien a quien conoces y respetas. De nuevo, esto es algo que no puede surgir de un mes para otro, sino que requiere dedicación y esfuerzo desde las primeras manifestaciones de relaciones de amistad hacia los 3-4 años, pues de esa manera crecen sabiendo que ser compañeros significa algo más que asistir a la misma clase y tener los mismos profesores.

Pero una parte muy importante también en esta cuestión somos nosotros, los docentes. Somos sus espejos, y confían tanto en nuestro reflejo que si queremos que nuestros alumnos tengan una imagen ajustada de sí mismos, no podemos devolverles una imagen distorsionada. Eliminemos expresiones como “no puedes”, “no sabes”, o “es que nunca vas a aprender” y confiemos realmente en sus posibilidades. Realmente. No les transmitamos la idea de que son peor que alguien en ningún aspecto. Ni siquiera cuando creemos que son demasiado pequeños para darse cuenta, porque todo cala y deja huella. Transmitámosles esa seguridad que necesitan para que esas pequeñas pruebas iniciales no les hagan daño y por tanto no valgan la pena como objetivo a destruir.

El currículo debería llevar menos letras y números, y más refuerzo de personalidades, autoestimas y autoconceptos, y no sólo desde que se empiezan a manifestar los primeros problemas, sino desde la raíz de sus causas, es decir, desde Infantil. Prácticamente no lo contempla, pero es tan importante que debe ir por encima de los objetivos y contenidos reflejados en el currículo. No quiero alumnos que sepan muchas matemáticas pero no tengan ni idea de cómo quererse o por qué son importantes todos y cada uno de sus compañeros.
¿Eliminará esto el bullying de nuestras vidas? No lo sé, pero vale la pena intentarlo.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/02/23/la-prevencion-del-acoso-desde-sus-raices-en-infantil/

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