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Finlandia muestra el camino de la transformación educativa

Por. Agustina Blanco

A principios de octubre, viajé a Finlandia, junto con un grupo diverso de políticos, empresarios y miembros de la sociedad civil, con el objetivo de estudiar su reconocido sistema de educación. Más allá del aprendizaje sobre el sistema educativo de ese país que nos dejó a todos admirados, parte de la riqueza de esta iniciativa fue que, aun considerando la diversidad de ideologías políticas representadas en el grupo, las reflexiones finales dieron claros indicios de la fuerte voluntad que existe para generar consensos y definir una visión de largo plazo en pos de una transformación educativa real en nuestro país.

Aun sabiendo que no hay sistema internacional posible de replicar, deberíamos como sociedad tener apertura para aprender sobre sistemas educativos que han demostrado logros de equidad y alto desempeño en el desarrollo de competencias académicas y socioemocionales. Hoy existe la posibilidad de comprender mejor los procesos exitosos de transformación sistémica de otras naciones.

Finlandia presenta un caso emblemático en términos de logros en las dos variables fundamentales: equidad y excelencia. Los mismos finlandeses explican este fenómeno convencidos de que no hubo recetas mágicas, sino un proceso de transformación gradual que se originó en 1974, a partir del consenso de la sociedad sobre una visión estratégica de largo plazo. Al reconocerse como un país sin vastos recursos naturales, decidieron que el recurso más preciado era el talento humano. Más allá de analizar la educación desde la perspectiva del derecho individual u objetivo moral, el logro de la calidad educativa pasó a ser un objetivo estratégico nacional.

Los pilares de este sistema escandinavo, que fueron evolucionando de manera sostenida a lo largo de cuatro décadas de reforma educativa, se pueden resumir del siguiente modo: profesionalismo de los docentes, confianza, colaboración y responsabilidad compartida.

Puede parecer una utopía que una nación logre muy buenos resultados en casi la totalidad de los alumnos de un sistema, cuya variación de desempeño entre escuelas no supera el 7% mientras la variación promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ronda el 42%. El argumento que más fuertemente explica los resultados del modelo finlandés es la preparación de excelencia de todos los docentes del sistema.

Aun siendo un sistema altamente igualitario en términos de oportunidades para los alumnos, el acceso a la carrera docente es extremadamente competitivo y riguroso. Ésa es la clave y la condición sine qua non para poder depositar en todos los docentes un grado casi impensable de confianza. Todos los docentes del sistema primario y secundario deben ser graduados universitarios con título de maestría. La carrera docente es académica y basada en la investigación; los alumnos no pueden graduarse sin haber completado una tesis educativa. Sólo el 10% de los jóvenes que aplican a programas docentes universitarios logran ser admitidos en alguna de las ocho universidades del país certificadas para otorgar títulos de maestros y profesores.

La base de investigación en las universidades pedagógicas garantiza que sus graduados estén preparados para planificar clases, enseñar, diagnosticar y evaluar. Se desarrollan sus capacidades tanto para enseñar dentro del aula como para trabajar de manera colaborativa con otros docentes y sus directivos. Esto es lo que permite que el sistema pueda confiar en ellos para que tomen decisiones autónomas dentro de un marco general establecido por los gobiernos nacional y locales, en términos de estrategias pedagógicas, currículo y evaluaciones.

Miembros de la Comisión de Educación del Parlamento finlandés, referentes del gremio docente del país (sí, hay uno solo), directivos de escuela y docentes coincidían en que los incentivos para convertir la profesión docente en una de las más buscadas a nivel nacional son la autonomía y el prestigio. Esto sólo ocurre como resultado de la rigurosidad con que admiten postulantes y luego los desarrollan como profesionales. Cabe aclarar que el salario promedio de un docente finlandés es similar al promedio de salarios docentes de la OCDE.

No sorprende entonces que estos profesionales altamente preparados puedan convertir sus aulas en laboratorios de innovación que apunten a respetar los distintos ritmos de aprendizaje de todos sus alumnos y a motivarlos para que éstos quieran involucrarse de manera activa en los procesos de construcción del conocimiento. No hay excusas admisibles: los finlandeses saben que todos los niños pueden aprender y se responsabilizan por activar los mecanismos que lo garantizan.

Es importante también el rol que el gremio nacional de profesionales docentes ha tenido en acompañar el proceso de transformación educativa. Éste se creó hace 40 años, unifica las 320 municipalidades del país y goza de un 95% de adhesión. Las autoridades consideran la negociación su herramienta más estratégica, sobre todo desde la última huelga, ocurrida en 1983. Los convenios garantizan el piso mínimo de sueldo y se negocian con un año de anticipación, y se renuevan cada tres. Una vez en vigor, la huelga queda prohibida. El gremio cumple la función principal de custodiar los derechos de los docentes, pero contribuye a su vez a garantizar la calidad del sistema, gestiona recursos para los alumnos, exige y provee formación continua de calidad.

El modelo finlandés se contrapone en varios aspectos a modelos que basan sus sistemas en un mayor grado de evaluaciones estandarizadas, diagnósticos, currículo prescripto y muestras de resultados. La literatura sobre cambio educativo internacional es muy amplia y aún persiste un debate profundo entre los modelos que apoyan la colaboración, la confianza y la autonomía de las escuelas sobre decisiones curriculares versus la competencia, estandarización de evaluaciones y rigidez de los diseños curriculares, respectivamente. Es interesante analizar el modo en que países tradicionalmente basados en rígidas evaluaciones estandarizadas están hoy virando su enfoque hacia modelos de mayor confianza y colaboración, como es el caso de Inglaterra.

Se puede afirmar que todos los modelos, sin excepción alguna, priorizan hoy la formación docente de excelencia al considerar esta variable como la más relevante para lograr un sistema de calidad.

En la Argentina, el modelo podrá ser debatible, pero el núcleo central de una reforma debería garantizar una formación docente de excelencia. Requiere, a la vez, un amplio involucramiento de la sociedad para que la transformación educativa llegue a ser una política pública real, posible y transformadora. ¿Podremos como sociedad lograr los consensos necesarios para definir una visión clara de largo plazo?

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1741317-finlandia-muestra-el-camino-de-la-transformacion-educativa

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La educación y su futuro

Por. Roberto Motta Alvarado

Los conflictos entre profesores y maestros con el Ministerio de Educación (Meduca) desde hace décadas acaparan con frecuencia los medios de comunicación hablados y escritos. Las dificultades se dan por la falta de mantenimiento y construcción de las escuelas más la demora en la paga de salarios a los educadores, especialmente a los que trabajan en lugares de difícil acceso. Las deficiencias en los planes de estudio y la mediocre formación de los maestros y profesores agravan la crítica situación educativa panameña, que se hace endémica.

El rechazo de la reforma educativa de finales de la década de 1970 provocó un vacío que todavía no se resuelve y, en consecuencia, carecemos de un sistema educativo que vaya a tono con los cambios tecnológicos del siglo XXI. Los reclamos por mejorar la educación son permanentes, pero nunca se concretan en acciones efectivas. El mediocre rendimiento académico de los estudiantes, sobre todo los de las escuelas públicas, es notorio y exige respuestas inmediatas.

La problemática educativa demanda que el Meduca proceda con una radical reingeniería humana, administrativa y operativa. La entidad tiene más de 44 mil funcionarios, entre docentes y personal administrativo; del total anterior 13 mil 500 son administrativos y, de ellos, 2 mil son jubilados. La gigantesca burocracia hace que el ministerio sea deficiente e ineficaz en sus procedimientos y acciones a tomar.

La estructura administrativa data de la década de 1960, cuando Panamá no pasaba de un millón 500 mil habitantes; hoy somos más de cuatro millones.

El sentido común indica que es imposible realizar un cambio efectivo en la educación con una estructura obsoleta. Cualquier empresa privada que no se actualice a los cambios tecnológicos actuales fracasa; algo similar debe ocurrir en la administración pública.

La relación profesional y amigable con distintos ministros, me ha ofrecido una panorámica deprimente. Uno me confesó que la planilla del Meduca la llevaba, manualmente, un funcionario miembro del partido político de turno; otro relató que cuando intentó trasladar a la biblioteca a una maestra jubilada, que trabajaba en las oficinas administrativas, esta se negó, pues la Ley Orgánica de Educación la amparaba. He sabido que muchos de los nombramientos de directores y supervisores de las escuelas se hacen o hacían por recomendaciones de los dirigentes magisteriales y políticos.

Años atrás, un asesor del Programa de Reforma Educativa de América Latina me informó que acababa de asesorar al Ministerio de Educación de Colombia y que, de 3 mil o más funcionarios administrativos, los habían reducido a 800.

¿Por qué no es posible hacerlo con 13 mil 500 funcionarios administrativos y 2 mil jubilados que tiene el Meduca?

Podríamos seguir hablando –pero sería de no terminar– de todo lo que se escucha entre corrillos sobre lo que acontece en ese ministerio.

La revolución educativa que requiere Panamá solo es posible si desaparece el clientelismo de los políticos y de los gremios de educadores; si ellos comprenden, de una vez por todas, que la educación debe ser elevada a política de Estado que trascienda los gobiernos. De no hacerse esta reingeniería, urgente y necesaria, todos los demás cambios serán inútiles.

La prioridad de los panameños durante el siglo XX fue la recuperación del Canal; para el siglo XXI debe ser la educación. El reto de la nación panameña, para afrontar los desafíos y oportunidades de la globalización del conocimiento es tener una educación de calidad y pertinencia.

Fuente: http://www.prensa.com/opinion/educacion-futuro-Roberto-Motta-Alvarado_0_4585041632.html

Imagen: mifuturo.com.mx/wp-content/uploads/2014/09/foto-FuturoEducativo.jpg

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La inteligencia espiritual

Por Antonio Pérez Esclarin

Durante muchos años, se propició una educación orientada casi exclusivamente al cultivo de la razón, y descuidó por completo la educación del corazón, de los sentimientos, de los valores.  Goleman puso en evidencia el error de esta concepción e insistió en la necesidad de desarrollar la Inteligencia Emocional, que describió como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y manejar bien las emociones.  De hecho, no hay nada más peligroso que una persona inteligente  con un corazón pequeño. Ya esto lo había vislumbrado el Libertador cuando expresó agudamente que “el talento sin moralidad es un azote”, pues  ciertamente, “ciencia sin conciencia es la ruina del alma”.

Pero creo que ha llegado la hora de ir más allá de Goleman y de incluir entre las Inteligencias Múltiples que propuso  Howard Gardner,   la Inteligencia Espiritual que nos es tan necesaria para vivir intensa y felizmente en estos días tan confusos,  superficiales  y  violentos.  La sociedad moderna ha apostado por “lo exterior”, y ha olvidado la interioridad.  Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa y superficialmente. Vivimos en las orillas de la vida, sin valor para adentrarnos en lo profundo. Es necesario conocer el mundo, pero también dentro de cada uno hay un mundo interior que descubrir.  Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad.

El  enorme desarrollo tecnocientífico no se está traduciendo en desarrollo humano. Los seres humanos hemos  sido capaces de explorar el espacio,  descender a las profundidades  de los océanos, escudriñar los rincones más inhóspitos de la tierra, pero  somos cada vez más incapaces de entrar en nuestra propia interioridad. Llenos de ruidos y de prisas, nos resulta casi imposible estar a solas con nosotros mismos y escuchar las voces profundas de nuestro corazón.

La Inteligencia Espiritual, -que no necesariamente tiene que ver con la religión, pues hay personas muy religiosas con pobre inteligencia espiritual y personas agnósticas y ateas que gozan de una gran inteligencia espiritual-,    nos  impulsa a asumir el misterio y hacernos las preguntas esenciales que pueden darle un norte a la vida personal y, social : “¿quién soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿cuál es mi misión en la vida?,  ¿cómo me imagino una persona plena y feliz?, ¿cómo concibo la muerte, cómo me preparo para ella?”

El viaje a la interioridad no es para quedarse encerrado en una contemplación estéril y narcisista de sí mismo, ni evasión o huida de la realidad. Es todo lo contrario. Encontrarse para salir al encuentro fecundo con el otro y con los otros.  Es un viaje a sí mismo para salir de sí mismo, viaje al interior para salir creativamente al exterior. La interioridad no induce a la soledad ni a la nada, sino al encuentro con Dios y desde Él al encuentro con los demás y con todos los seres y cosas, obra de su amor

La Inteligencia Espiritual  conduce  a la sabiduría, que  no consiste en saber muchas cosas, sino en saber utilizar el saber para producir vida. El conocimiento nos informa, la sabiduría nos transforma, nos induce a vivir bien. El conocimiento se expresa en palabras, la sabiduría en la vida.  La sabiduría tiene como fin la felicidad, la vida plena. Sabiduría tiene las mismas raíces que sabor. Sabio es el que sabe disfrutar la vida en lo profundo, el que es capaz de superar la superficialidad y la trivialidad.   Un sabio infeliz es un contrasentido.

Fuente: https://antonioperezesclarin.com/2016/07/18/la-inteligencia-espiritual-2/

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La disputa por el consenso

Por:  Lev Moujahid Velázquez Barriga

os cuatro meses de paro nacional de labores que encabezó la CNTE pusieron en jaque al gobierno mexicano, al sistema educativo y al proceso vertebral de su reforma: la evaluación. No obstante, no hay un termómetro que se haya hecho público para medir el descontento magisterial. Sin embargo, que no se haya hecho público no significa que no exista; por supuesto, el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen) guarda para sus propias reservas cifras que alertaron al Estado mexicano de un levantamiento popular de amplias dimensiones alentado por la coordinadora, que contó con el consenso de la sociedad.

Por su parte, la CNTE hace sus estimaciones internas de manera cotidiana, sin intención propagandística o para orientar la opinión pública en la competencia mediática, donde no tiene posibilidad, dado el control empresarial de la industria de las comunicaciones; más bien, con el propósito de diseñar sus procesos de lucha en función de lo que llaman correlación de fuerzas. La resistencia magisterial estima que en su última oleada de movilizaciones masivas participaron 900 mil trabajadores de la educación, quienes se involucraron de forma no siempre homogénea, en momentos diferentes, a veces de manera descentralizada y en distintos niveles de impacto y organización, pero finalmente en una misma lucha que se articuló como una sola jornada contra la reforma educativa.

En nuestro sistema de educación básica y media superior, que se compone de aproximadamente de 1.5 millones de maestros, el número de inconformes que participaron en una o más acciones de rechazo a la reforma equivale a 60 por ciento del total de su membresía, lo cual contrasta abismalmente con el 10 por ciento (no más de 150 mil) que participaron en los procesos de evaluación, gran parte de ellos por coerción directa de las autoridades o por incertidumbre a perder su trabajo. Ahora, para medir el descontento generalizado contra los cambios constitucionales, así como el apoyo moral y físico que respaldó a la coordinadora, el asunto se vuelve más complicado, porque no existen mecanismos directos de información por parte del movimiento magisterial que hayan concentrado sistemáticamente el nivel de participación y desacuerdo de la sociedad.

Bajo estas ausencias de información y prácticas inusuales entre los movimientos sociales, llama la atención que diversos estudios estadísticos sobre el panorama político en el país reportan una caída estrepitosa de la figura presidencial, pero otros también comienzan a registrar el descenso de la reforma educativa, que ha perdido credibilidad de manera considerable entre la ciudadanía. Aunque la tendencia ya se veía venir, la situación se agrava al grado de reconocer indicios de ingobernabilidad y la emergencia de actores como la CNTE, cuya aceptación ha crecido en la población mexicana hasta configurarse como un ente político, que en el escenario nacional disputa el consenso social con las instituciones del Estado y los partidos políticos. La suspensión temporal de la obligatoriedad de la evaluación para el desempeño, la liberación de varios presos políticos, el flujo a cuentagotas de adeudos añejos al salario de los docentes y la apertura de canales administrativos para no continuar con los procesos de cese laboral, así como los acuerdos tácitos en zonas de mayor conflicto para no operar de manera normal la reforma educativa, han sido medidas resultado del cálculo político para detener la rebelión magisterial-popular y el peligro de la ingobernabilidad.

Pero en la lógica del poder no está la posibilidad de resolver la crisis de gobernabilidad y la falta de legitimidad en la política educativa derogando abiertamente esta reforma ni ninguna otra para restablecer su consenso social. La respuesta ya se organiza a partir del efecto manipulador que el aparato ideológico del empresariado construye, desprestigiando la protesta social y minando los espacios donde la CNTE ha logrado tener una presencia importante. Entonces, pese a que estamos cercanos al proceso electoral, el intento de aniquilamiento contra los maestros no se detendrá, como demuestran los 21 nuevos ceses de docentes en la Ciudad de México a partir del primero de octubre. Al contrario, la oligarquía prepara una nueva base de apoyo social para recuperar la hegemonía y promover su plataforma profascista, movilizando la moralidad conservadora, la homofobia en las calles, el racismo y clasismo, tanto en la universidades públicas y normales como a través de los medios de comunicación masiva.

En las ciudades y comunidades, los gobiernos condicionan la entrega de becas a los padres de familia, así como de los programas sociales, a la denuncia y la vigilancia inquisitorial de los malos comportamientos políticos de los profesores. Al mismo tiempo, el Ejército despliega brigadas que organizan campañas de denostación y acciones de confrontación con los mentores. La aparente tregua del Estado y un posible camino que deje en suspenso la reforma educativa el resto del sexenio, como primer paso para declararla inaplicable de manera definitiva, no depende sólo del consenso de la CNTE en el ambiente social, pero sí de su capacidad para potenciarlo y construir de manera articulada e inteligente la movilización pedagógica, organizativa, jurídica y política en el terreno escolar, de las comunidades, las instancias legislativas, las calles y las instituciones políticas nacionales e internacionales.

Fuente noticia: http://www.jornada.unam.mx/2016/10/06/opinion/018a1pol?partner=rss

Fuente imagen: http://static.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2016/06/CNTE.jpeg

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La moral del robot

Por. Eduardo Levy Yeyati

Un tren corre sin frenos. Más adelante hay dos personas atadas a las vías. El tren pasa bajo un puente. En el puente hay una palanca que hace que el tren cambie de vía hacia otra en la que, más adelante, hay una persona atada a la vía. Usted está en el puente, la mano sobre la palanca. Dos por uno. ¿Qué hace?

Ahora hagamos un pequeño cambio: en el puente en vez de una palanca hay un hombre pesado y la única manera de frenar el tren y evitar la muerte de las dos personas es empujar al extraño a las vías. Dos por uno. ¿Qué hace?

La visión utilitaria es clara: vale matar a uno para salvar a dos. Sin embargo, desde el punto de vista moral, el problema no tiene una respuesta única. En el primer caso, la mayoría de las personas (pero no todas) elige accionar la palanca; en el segundo, la mayoría (pero no todos) se niega a empujar al hombre pesado. Y si, en el segundo caso, la pregunta se hace en un idioma extranjero, más personas eligen empujar el hombre: el lenguaje genera un distanciamiento entre fin y medios comparable a la intermediación de la palanca. ¡Y eso que aún no pusimos a nuestro sujeto a decidir arriba del puente y con personas de carne y hueso!

Ahora pasemos al robot o, para darle un aire más inminente, al coche autodirigido. Una persona cruza la calle en rojo y con la vista en su smartphone. Si el coche la esquiva y sube a la vereda, embiste a dos personas que dialogan café de por medio en la vereda de un barcito. Usted es el programador del coche. ¿Qué decisión moral programa en el código?

La primera de las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov dice: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.

Si quisiéramos independizar totalmente al coche autodirigido -es decir, si quisiéramos hacerlo verdaderamente auto dirigido-, deberíamos programarlo como un utilitarista, modificando la primera ley de la robótica a algo así como: «Un robot no hará daño a un ser humano salvo que, por inacción, genere daños mayores a otros seres humanos.»

(Es cierto que podríamos poner a un ser humano supervisor que decidiera por el robot. Después de todo, si algo enseña el problema del tren es que para un ser humano es más sencillo dar la orden que ejecutarla. El supervisor miraría a un lado y ordenaría resignado a su coche: «Salva la mayor cantidad de vidas» -aunque al dar la orden al robot, éste entraría en conflicto con la segunda ley de la robótica de Asimov: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la primera ley.)

Dos muertes son estrictamente mayores que una muerte: sacrifico a la persona del smartphone para salvar a dos personas en la vereda. Pero ¿qué pasa si el que cruza es un niño y los libadores de café son dos ancianos? ¿Cómo comparar vidas humanas? Peor aún: la muerte, que es absoluta, no es el único desenlace posible: ¿Cómo comparar daños si la colisión no es fatal?

El código se complica. La moral del robot es inhumana.

El robot reemplaza primero tareas rutinarias; luego, por imitación, tareas más complejas. Pero hay un umbral infranqueable, esencialmente humano, cuando nos aproximamos a las decisiones morales para las que, por definición, el humano no tiene una respuesta cierta e inmutable.

Tal vez allí esté el mayor escollo para la digitalización total, el resquicio último por el que se cuela el protagonismo del ser humano. Nuestra última trinchera.

La intervención humana, que es absoluta, no es el único desenlace posible: tal vez algún día resignemos nuestro pequeño resquicio de humanidad y dejemos las decisiones morales en manos de un robot utilitario y racional.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1940800-la-moral-del-robot

Imagen: www.khaleejtimes.com/storyimage/KT/20160102/ARTICLE/160109960/AR/0/AR-160109960.jpg&MaxW=780&imageVersion=16by9&NCS_modified=20160102113146

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Enfoques cooperativos; Hoy: La educación cooperativa escolar es parte indisoluble del sistema formal educativo argentino.

Por José Yorg, el cooperario.

“La responsabilidad de los gobiernos se reiteró en la Declaración Mundial sobre Educación para Todos (1990) de la Conferencia Mundial sobre Educación para todos, los gobiernos se comprometieron a “actuar en colaboración en nuestras propias esferas de responsabilidad, tomando todas las medidas necesarias para alcanzar los objetivos de la educación para todos”. Unesco.

Nuestra tesis no constituye una novedad, sin embargo, debemos formularla con toda ponderación y firmeza hasta lograr alcanzar el efectivo cumplimiento y reconocimiento que ello implica por parte de quienes tienen la obligación y la responsabilidad moral, histórica y legal de hacerlo.

La inserción de un artículo que refiere al cooperativismo escolar en la Ley nacional de educación de Argentina (26.206/06) fue fruto de un esfuerzo extraordinario de incontables personas e instituciones. Siempre saludamos esa conquista, pero es insuficiente.
A nuestro criterio debió ser consignado como modalidad educativa.

El cooperativismo educacional es un cuerpo pedagógico-didáctico, teórico-práctico de enorme relevancia social y personal cuya experiencia es histórica y cultural de los pueblos del mundo, de la humanidad. En ese sentido, nosotros hemos hecho aportes en su estructura técnico-pedagógica para su cómoda integración con las demás disciplinas curriculares.

Para fundar en mayor realce nuestro análisis, invitamos a efectuar una observación sobre la propia Ley en estudio, en este caso específico en su artículo N° 17:
“La estructura del Sistema Educativo Nacional comprende cuatro (4) niveles —la Educación Inicial, la Educación Primaria, la Educación Secundaria y la Educación Superior, y ocho (8) modalidades”.

“A los efectos de la presente ley, constituyen modalidades del Sistema Educativo Nacional aquellas opciones organizativas y/o curriculares de la educación común, dentro de uno o más niveles educativos, que procuran dar respuesta a requerimientos específicos de formación y atender particularidades de carácter permanente o temporal, personales y/o contextuales, con el propósito de garantizar la igualdad en el derecho a la educación y cumplir con las exigencias legales, técnicas y pedagógicas de los diferentes niveles educativos. Son modalidades: la Educación Técnico Profesional, la Educación Artística, la Educación Especial, la Educación Permanente de Jóvenes y Adultos, la Educación Rural, la Educación Intercultural Bilingüe, la Educación en Contextos de Privación de Libertad y la Educación Domiciliaria y Hospitalaria”.

¿Y la modalidad de la educación cooperativa escolar?

No se la reconoce en esa categoría y desata nuestro reproche desde lo moral, histórico, profesional y legal de hacerlo.

Si bien es cierto que a continuación de lo consignado arriba, en el artículo, se otorga esa facultad a las Provincias, Formosa no ha enmendado esa omisión:
“Las jurisdicciones podrán definir, con carácter excepcional, otras modalidades de la educación común, cuando requerimientos específicos de carácter permanente y contextual así lo justifiquen”.
Desde lo histórico-legal recordamos la primera ley de educación común N°1420, inspiración de Domingo Faustino Sarmiento del año de 1884 en sus artículos N°s. 42, inc. 4; 57, inc. 18.

El 2° Plan Quinquenal del año 1953 contempla la educación cooperativa escolar en el Capítulo 4 punto G.14 “La difusión del cooperativismo y los principios del cooperativismo y la constitución de las cooperativas escolares y estudiantiles que serán auspiciadas por el Estado a fin de contribuir a la formación de la conciencia nacional cooperativista y prestar servicios útiles a los alumnos”. Se instituyó al efecto una Comisión y se publicaron cartillas instructivas.

En el año de 1986 el propio Ministerio de Educación de la Nación Argentina emitió la Resolución N° 1599/86 que establece la forma reglamentaria de las cooperativas escolares para establecimientos primarios y secundarios.

Por último, la actual la ley en estudio que la contiene en su artículo N° 90. Así nuestra alegación toma efectividad en cuanto a que la educación cooperativa escolar es parte indisoluble del sistema formal educativo argentino.

Y si miramos este análisis a la luz de la Constitución nacional en su artículo N° 14, específicamente en cuanto garantiza el derecho de “enseñar y aprender” comprenderíamos en su magnitud el asunto que estamos tratando: Todos y todas tenemos el derecho de enseñar los nobles saberes del cooperativismo escolar y universitario. Todos y todas tienen el derecho de aprender los nobles saberes del cooperativismo.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

Artículo enviado por su autor a la redacción de OVE

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Mejor alfabetización, la clave para garantizar la comprensión lectora

Por: Alfredo Dillon

Una de las preocupaciones más repetidas en los diagnósticos sobre la educación argentina señala que la mitad de los estudiantes “no comprende lo que lee”. El dato surge de la última prueba PISA: allí el 53,6% de los alumnos argentinos de 15 años no pudo reconocer la idea principal de un texto ni hacer “inferencias sencillas”.

Las pruebas regionales TERCE, de Unesco, también muestran un panorama poco alentador: entre 2006 y 2013, Argentina cayó del 6° al 9° puesto en lectura en 3° grado (solo supera a Ecuador, Paraguay y los países centroamericanos). En 6° grado, se mantuvo en el 7° puesto de América Latina (sobre 15 países). La mayoría de los alumnos argentinos quedaron repartidos entre los niveles 1 y 2 de desempeño en lectura (sobre 4). En la prueba de escritura, en cambio, los alumnos argentinos quedaron bien posicionados (3° puesto) con respecto a sus pares latinoamericanos.

Los expertos señalan que las dificultades de comprensión lectora son un factor ineludible a la hora de explicar las altas tasas de deserción y repitencia en la escuela secundaria. Y rastrean las causas de esas dificultades hasta los primeros años de la primaria, cuando se produce el proceso de alfabetización.

“El problema es de la enseñanza y no de los chicos: no es difícil aprender cuando te enseñan”, advierte Ana María Borzone, especialista en desarrollo lingüístico y cognitivo del Conicet. “Si no se enseña de forma sistemática e intensiva, los alumnos no aprenden a leer y escribir –plantea–. El español es una lengua sencilla, debería poder aprenderse en 6 meses”.

El diseño curricular de primaria establece que los chicos tienen tiempo hasta 3° grado para aprender a leer y escribir. Pero Borzone asegura que este objetivo podría cumplirse a los 5 años, cuando la plasticidad neuronal es mayor: “En el jardín se deben desarrollar habilidades básicas para el aprendizaje, como el lenguaje, la memoria y la atención”. Esto requiere “actividades específicas y sistemáticas”, que involucran el juego guiado por la maestra, y que hoy están ausentes de la currícula y de la formación.

El diagnóstico de la especialista coincide con los hallazgos de un estudio de UNICEF y la OEI, según el cual en los jardines argentinos se dedica poco tiempo al juego y la alfabetización. “Varias investigaciones internacionales afirman que la lectura en voz alta del adulto es la actividad más importante en el proceso de alfabetización temprana, junto con la conversación alrededor del texto”, señala Verona Batiuk, autora del informe. Sin embargo, apenas 1 de cada 10 maestros de jardín lee cuentos en voz alta a sus alumnos.

Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/Mejor-alfabetizacion-garantizar-comprension-lectora_0_1654034732.html

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