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El presupuesto 2021: un atraco para el normalismo mexicano

 Abelardo Carro Nava

Atrás han quedado los 10 puntos sobre la educación pública que ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, presentó en Guelatao como parte de su estrategia de campaña con miras a las elecciones del 2018. Atrás quedó aquella idea del Fortalecimiento de las Escuelas Normales y de la Universidad Pedagógica Nacional, para lograr la formación de maestras y maestros de excelencia. Atrás quedó aquella promesa tan sentida y necesaria de revalorizar al maestro porque, como nunca antes se había visto, el gobierno peñanietista había denostado al magisterio.

Sí, todo ello quedó en el pasado. De hecho, fueron momentos en lo que la contienda electoral se encontraba en su máximo esplendor y, como parece obvio, era necesario prometer lo que había de prometerse, sin que ello significara empobrecimiento. ¿Qué podría pasar siendo ya gobierno? La realidad que vivimos en nuestros días nos ha demostrado que, efectivamente, prometer no empobrece, no obstante, hay de promesas a promesas y, como tales, deben cumplirse. ¿No acaso el cumplimiento de éstas aseguraría la concreción de una Cuarta Transformación como la que también fue prometida al pueblo de México?

En efecto, estas cuestiones, y el hartazgo de millones de mexicanos hacia un sistema que, en lugar de velar por los intereses de los más necesitados privilegiaba los de las élites del poder, fueron algunos de los motivos que, insisto, llevaron a la victoria en las urnas al actual Presidente de la República. No obstante, lo anterior, bien se dice que una cosa es la contienda electoral y otra, muy diferente, la de gobernar. La primera, está directamente relacionada con el arte de persuadir, mientras que la segunda, con el arte de gobernar. Y es allí donde se encuentra el meollo del asunto: no es lo mismo gobernar que aspirar a gobernar. ¿Cuántas veces no habremos escuchado expresar a un político que las cosas “ahora” sí cambiarían?, ¿cuántas veces no habremos escuchado expresar a un político que éste no es igual a los anteriores porque, indiscutiblemente, es diferente?, ¿cuántas veces no habremos escuchado expresar a un político aquella cantaleta que refiere que de llegar al poder jamás se olvidaría de sus promesas de campaña? Efectivamente, la inmensa mayoría de mexicanos en edad de votar, con mucha seguridad, en algún momento de sus vidas, habrán escuchado estas y otras arengas. Y qué pasó después, es decir, qué sucedió con aquel político que llegó al poder con una inmensa carga de promesas sobre sus hombros: nada o casi nada; sencillamente olvidó aquello que prometió y la cosa se fastidió. Triste realidad; penoso sistema político mexicano.

Y bueno para entrar en materia, en días pasados, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, entregó al Congreso de la Unión el paquete económico 2021, mismo que está integrado por tres documentos: los Criterios Generales de Política Económica, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF21). En este último, como parece obvio, se hacen latentes, aquellos incrementos y disminuciones que habrán de tener diferentes programas que, en el ámbito educativo, son fundamentales para atender a los sectores más vulnerables de la población infantil. De hecho, llamó mi atención que, precisamente, 13 programas educativos ya no recibirían financiamiento gubernamental o, lo que es lo mismo, estarían en riesgo de desaparecer por esta misma situación. Tales programas son: el de escuelas de tiempo completo, el de formación y certificación para el trabajo, el fortalecimiento a la excelencia educativa, el de expansión en la oferta educativa en educación media superior y superior, el de la carrera de los docentes, el de desarrollo de aprendizajes significativos de educación básica, el de convivencia escolar, el de atención a la diversidad de la educación indígena, el de atención educativa de la población escolar migrante, el de evaluaciones confiables de la calidad educativa y difusión oportuna de resultados, el del sistema de información y gestión educativa, el de reconstrucción, y el de formación de recursos humanos basados en competencias. Si, así como lo leyó usted, estos son los programas que, según el proyecto de presupuesto presentado por el Secretario de Hacienda, dejarían de recibir financiamiento gubernamental. La razón por la que se dejaría de financiar dichos programas no es clara, de hecho, la SHCP, alude a que tales razones, están directamente relacionadas con los efectos que ha traído consigo la contingencia sanitaria derivada del Covid-19, además de la drástica caída de la actividad económica del país que, de acuerdo con el Secretario de Hacienda, reflejará una disminución del Producto Interno Bruto (PIB) en, al menos, un 8.8 %. ¿Razón o razones suficientes para que dejen de recibir financiamiento estos programas?, ¿por qué no se revisó y reasignó el recurso para el programa de becas a estudiantes que actualmente está en marcha porque, como bien se sabe, la recepción de esta beca, no significa que se aminoren los problemas que vive el Sistema Educativo Mexicano en su conjunto?

Por lo que respecta a la educación normal, en el mismo PPEF21, se observa una asignación de 20.6 millones de pesos, lo cual representa una disminución histórica del 95.3% puesto que, en el 2020, se le asignó una cantidad de 440.7 millones de pesos. En este sentido no debe olvidarse que, precisamente en el 2020, el Subsistema de Normales, también se vio afectado con los recortes presupuestales que la misma SHCP proyectó para ese año. No obstante, el Congreso de la Unión rectificó, y la asignación quedó en las cifras que he proporcionado.

En datos concretos, la asignación de poco más de 20 millones de pesos a la educación normal en el PPEF21, significaría entregar a cada estudiante normalista la cantidad de 229 pesos anuales en 2021. ¿De qué manera se pretende fortalecer a las escuelas normales si, para acabar pronto, con el presupuesto asignado muchos de sus programas académicos y de gestión se verían afectados por tales cuestiones?, ¿de qué manera el presidente pretende cumplir con una promesa de campaña si, para acabar pronto, los 229 pesos proyectados no son suficientes para que los estudiantes reciban una educación de excelencia como él lo había prometido?, ¿de qué manera se pretende fortalecer a las escuelas normales quienes, por décadas, fueron sometidas al olvido?, ¿de qué manera se pondrán en marcha las acciones que derivaron de las aportaciones que los más de 200 Delegados Nacionales Normalistas formularon en el Congreso Nacional para el Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales en 2019?, ¿de qué manera la Dirección de Educación Superior para Profesionales de la Educación pondrá en marcha proyectos para beneficio de los más de 90 mil estudiantes normalistas inscritos?, de qué manera los profesores normalistas podrán cumplir con las tres áreas sustantivas que, como Instituciones de Educación Superior, tienen que desarrollar en sus respectivas centros educativos? Sí, de qué manera comprender que las promesas de campaña difieren de los hechos. ¿Un asunto de pandemia?, no lo creo, repito, el año pasado SIN PANDEMIA, se proyectó un recorte importante para la educación normal que se brinda en México.

Esperamos que los representantes del Congreso de la Unión hagan su trabajo y, verdaderamente, se preocupen y ocupen en reconsiderar estas disminuciones y faltas de financiamiento a ciertos programas que, como decía, son favorables para ciertos sectores de la población que más los necesitan. Esperamos pues, que el mismo presidente recuerde esas arengas expresadas en Guelatao, a cientos de maestros que estuvieron presentes porque, si bien es cierto que el normalismo mexicano es un ente imperfecto que puede perfeccionarse gradualmente, éste podría sufrir el mayor atraco que la historia haya registrado si es que se aprueba el PPEF21.

Al tiempo.

Fuente: https://profelandia.com/el-presupuesto-2021-un-atraco-para-el-normalismo-mexicano/

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“La agroindustria nos vende veneno”

Por: Daliri Oropeza}

 

Hay suficiente evidencia científica de que el glifosato envenena a los animales, dice Silvia Ribeiro, una de las especialistas más reconocidas en el tema. En entrevista, explica que el problema de la propuesta presentada por la Secretaría de Agricultura es que no plantea un plan de transición para prohibir el herbicida, como ya ocurre en otros países.

Silvia Ribeiro tiene más de 26 años estudiando los impactos sociales, económicos, ambientales y de salud que provocan los transgénicos y los paquetes tecnológicos de la agroindustria.

Es la directora para América Latina del grupo de ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) que tiene reconocimiento consultivo ante la ONU, y una de las voces más respetadas en México para hablar del medioambiente. Sus últimas investigaciones profundizan en los impactos de nuevas biotecnologías la nanotecnología.

Hablamos del glifosato, el herbicida que ha sido prohibido en varios países del mundo por producir cáncer y cuyo uso en México ha tensionado las presiones dentro del gabinete de Andrés Manuel Lóperz Obrador.

En entrevista con Pie de Página, Ribeiro asegura que hay suficiente evidencia científica sobre la toxicidad del glifosato y sus repercusiones en la salud, como el cáncer. También desmenuza la relación entre el veneno que producen las empresas fabricantes de agrotóxicos y la letalidad que ha tenido la covid en México.

El negocio de los agroindustriales no está en las semillas, dice, sino en los agrotóxicos. Nos quieren convencer de que no se puede producir sin glifosato, cuando durante miles de años se sembró sin el herbicida y sólo se ha usado el último medio siglo.

“Lo necesitamos -dice- no son más estudios sobre glifosato (como propuso la Secretaría de Agricultura), sino un plan coherente de transición a una agricultura sin químicos”.

Evidencia suficiente

En el mundo hay una cantidad enorme de investigaciones sobre glifosato, dice Ribeiro. La mayor cantidad de investigaciones sobre el tema es la que reunió el grupo de expertos en investigación sobre el cáncer, por pedido de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son 17 expertos de 11 países, que no están vinculados a la industria. La evaluación, desde 2015, es la que ha promovido la discusión mundial sobre el glifosato.

“Ellos llegan a la conclusión de que el glifosato, que estaba en la categoría 3, hasta ese año, en realidad debió de haber estado en la categoría 2A, que es la de probable cancerígeno”, dice Ribeiro.

“El estudio dice dos cosas: que el glifosato es cancerígeno en animales. No es ‘probable’. Es cancerígeno en animales, porque han realizado experimentos con ellos. Las evidencias las tienen sobre todo en Escandinavia. Hay glifosato en el surgimiento de un tipo particular de cáncer: linfático, de linfoma no Hodgkin. Lo que pasa que en humanos no se puede experimentar para decir: es cáncerígeno. Entonces dicen ‘probable cancerígeno’. Pero estas dos conclusiones, y otras (han encontrado evidencias de que es disruptor endócrino), hacen que la OMS diga: ‘el glifosato es altamente peligroso’”.

¿Qué tan peligroso?

“Sólo para darte una idea: hay cuatro escalones dentro de lo que es peligroso para la OMS. Las radiaciones ionizantes de los rayos X o la radiación nuclear están en el uno. Poner el glifosato en el 2A es realmente muy alto, es como decir: ‘si te expones a ellas directamente te va a dar cáncer’. El mensaje de la OMS es muy fuerte”.

Hasta hoy, hay más de mil cien estudios científicos arbitrados -quiere decir revisados por pares- que muestran diferentes aspectos de toxicidad del glifosato.

Aparte está el caso de los tres juicios ganados contra Monsanto, el inventor del glifosato (lo desarrolló en 1972 y lo registró con patente en 74).

“El primer caso que hay de un juicio en Estados Unidos contra Monsanto es por envenenar a la gente con glifosato. Hay precedentes judiciales de un jardinero de escuela, de 42 años, Dewayne Johnson. Durante dos años trabajó en una escuela. Para controlar las hierbas que crecen en el parque de la escuela usó glifosato. El hombre en este momento tiene cáncer, está en juicio desde hace varios años por eso. Logró demostrar con sus abogados que la razón es el glifosato. Condenaron a Monsanto a pagar 80 millones de dólares a este hombre”.

Hoy hay más de 100 mil juicios contra Monsanto en Estados Unidos en este momento por esta misma razón: el uso de glifosato. “Porque lo demostraron desde el primer juicio del jardinero Dewayne Johnson y luego lo vuelven a demostrar en el segundo y en el tercero, y en los que siguen pendientes. Monsanto sabía que el glifosato es cancerígeno, pero lo ocultó”.

China entra al mercado

La peligrosidad del glifosato está sobre la mesa. Decir que se van a hacer más estudios, como plantea al Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) es una repetición de la misma estrategia de los fabricantes de agrotóxicos. (Agroquímicos, aclara, es “la palabra neutral, agrotóxicos es la palabra más adecuada”).

Esa industria se ha dedicado a tratar de construir un discurso que minimiza la peligrosidad del glifosato. La manipulación viene de la propia industria que fabrica y usa el glifosato. “Es sobre todo la industria de los transgénicos; la misma que los agrotóxicos. Esta es la industria que trata de encontrar argumentos para usarlo. Hay instituciones de gobiernos que han sido, digamos, infiltradas por estos estudios fraudulentos de las empresas”.

Sin embargo, ese discurso no ha logrado revertir ni el estudio de la OMS, ni muchos estudios posteriores que llegan a lo mismo.

La patente de Monsanto duró veinte años. Hoy, la mayor de producción de glifosato en el mundo se hace en China. Incluso Monsanto compra el glifosato de China, porque le sale más barato que fabricarlo.

Ahora hay varios nombres comerciales de glifosato. Esa formulación tiene una serie de otros elementos coadyuvantes que también son tóxicos. Entonces, hay una combinación de toxicidades.

La trampa, dice Ribeiro, es pretender que se hagan nuevos estudios en los que participe la industria.

“Eso es lo que ellos quieren. Pero ¿cómo va a participar el que tiene interés de lucro en el estudio para ver los impactos del producto?”, cuestiona.

El caso de México

Hay dos estudios importantes en México, explica Ribeiro. Uno es en Jalisco, donde se realizó un estudio de la presencia de diferentes agrotóxicos, uno de ellos el glifosato, en orina de niños. Es un estudio que publicado y arbitrado: la prueba dio positivo al 100 por ciento de los niños, en varias comunidades.

El otro es de científicos como Elena Álvarez Buylla (actual directora de Conacyt), Emmanuel González Ortega, Alma Piñeiro, que en ese momento eran de la UNAM. Ellos analizaron la presencia de residuos de glifosato en alimentos en México, y lo que tuvieron fue un porcentaje muy alto de glifosato tanto en tortillas como en todos los elementos que tienen maíz o soya.

El glifosato en México se usa sobre todo en cultivos industriales, pero también se usa en cultivos más pequeños como herbicida y se también en jardinería. No solo en usos agrícolas. Es en este momento el herbicida más usado en el mundo, también en México.

El presidente López Obrador, explica Ribeiro, dijo en campaña que no iba a permitir transgénicos en México. Sin embargo, su gobierno ha permitido la siembra de algodón transgénico. Es un algodón tolerante a varias cosas, no es sólo al glifosato.

“Ahora salen los algodoneros a decir que necesitan el glifosato. Pues eso es mentira. México, centro de origen del algodón, lamentablemente planta algodón transgénico en una superficie grande”.

Glifosato y transgénicos

 ¿Cuál es la relación del glifosato con los transgénicos?

—En los últimos 30 años, hay una fusión total entre las empresas semilleras y las empresas fabricantes de agrotóxicos. De las empresas fabricantes de agrotóxicos, Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont, Dow, Basf, ahora de esas sólo quedan cuatro: Bayer-Monsanto, Syngenta de China, Corteva que es la la fusión de Dupont y Dow; y Basf. Si te vas a los orígenes, tienen más de 100 años fabricando veneno.

Ellas son las fabricantes de veneno en el mundo, dice Ribeiro. “Entre esas cuatro tienen más de tres cuartas partes del mercado mundial de agrotóxicos, y en México más de las tres cuartas partes en agroquímicos”.

Las cuatro (Bayer, Syngenta, Corteva, Basf) están en la directiva de la Asociación Mexicana de Semilleros (AMSAC).

“Es importante entender que cada palabra que sale de la boca del AMSAC es de la industria de los agrotóxicos. Hablan en función de su interés de lucro”, insiste.

“Las empresas de agrotóxicos se compran a todas las semilleras. Entre esas cuatro empresas tienen el 71 por ciento de todo el mercado mundial de semillas. Además, tienen el 100 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas. Más de 90 por ciento de los transgénicos que se venden han sido semillas tolerantes o manipuladas para ser tolerantes a un agroquímico de la propia compañía: el glifosato. En lo que más ganan no es en la venta de semillas sino que es en la venta del veneno, esa es su principal fuente de ganancia”.

Pone un ejemplo: antes, a la soya le echaban glifosato pero le tenían que echar una cantidad pequeña antes de que saliera la plantita. Otro poquito después de que salía la planta, y otro poquito al crecer, porque si le echaban el herbicida de golpe, mataban también la planta.

“Al hacerla resistente, solo echan una gran cantidad de golpe. En lugar de hacerle cuatro aplicaciones, que significa mano de obra, hacen una fuerte. Matan todo lo que está alrededor menos la planta transgénica”.

Sin embargo, en los lugares donde hay cultivos tolerantes a herbicidas, también generaron resistencia las malezas, por lo que cada vez tiene que usarse más glifosato. “Por eso aumentó exponencialmente la cantidad de glifosato que se usa en el mundo”, dice Ribeiro.

En este momento más de la mitad de glifosato que se usa en el mundo se usa en cultivos transgénicos, pero éstos son menos del 5 por ciento de la superficie agrícola plantada en el mundo. Eso significa que va aumentando el uso del glifosato aunque no aumente la superficie cultivada.

“Eso es un coctel tóxico muy fuerte en todos los componentes de agroquímicos que hoy día tienen glifosato, se usen para transgénicos o no, porque se vende todo el paquete”.

—¿En México por qué se usa, si los transgénicos están prohibidos?

— Los transgénicos en México no están prohibidos. Solamente están detenidos porque hay un juicio, con demanda legal que aún no se ha resuelto. Lleva siete años. Plantea que no se debe permitir en México. Lo que sí se resolvió, en el marco de la demanda, es que sí se podían hacer plantaciones experimentales.

Las trampas y la ecuación de la agricultura industrial

Ya tenemos agroindustra, paquetes tecnológicos, uso de herbicidas como glifosato. En noviembre, Semarnat detuvo la importación de glifosato y su eliminación para el año 2024. ¿Cómo se debería de regular? ¿O se debería prohibir por completo?

—La agricultura tiene 10 mil años. Durante 9 mil 950 hemos vivido de agricultura sin agrotóxicos. En los últimos 50 años imponen una agricultura basada en el uso de químicos, con una enorme uniformidad de cultivos que está en manos de poquísimas empresas. Tanto las semillas como del veneno. Eso les permite controlar toda la industria. Y estas son las empresas que nos dicen que sin este tipo de agricultura no podemos sobrevivir. Eso es una mentira. En este momento el 75 por ciento de la tierra agrícola en el planeta se usa para producir forraje. La mayoría con cultivos industriales con agrotóxicos para producir forrajes para animales encerrados en confinamiento. Menos del 10 por ciento llega a alimentar a la gente. Esa es la ecuación de la agricultura industrial.

Actualmente, se producen más de dos veces de la cantidad de cereales que se necesitan en el mundo para alimentar a toda la población. Y aún así, no alcanza. Al contrario, hay hambre en muchos lugares, porque la agricultura industrial tiene un porcentaje de desperdicio enorme.

“Desde el campo hasta la casa desperdicia el 50 por ciento de lo que produce.  Pero hay otro porcentaje enorme de desperdicio que tiene que ver con que se produce un tipo de comida con conservadores químicos”, dice Ribeiro.

“Incluso los agrotóxicos han producido una serie de enfermedades que tienen que ver con cambios metabólicos. Eso hace que México tenga un porcentaje altísimo de letalidad. En este momento de pandemia por covid, es la obesidad la principal enfermedad por que muere la gente. Son cánceres del sistema digestivo. Todo eso está directamente relacionado a la agricultura industrial”.

El cálculo que hizo ETC – una investigación con tres ediciones en 13 años— es que, de todo lo que produce la agricultura industrial, sólo 20 por ciento le llega como alimento a la gente.

“Lo que sí sabemos es que el 70 por ciento de la humanidad depende de lo que producen los pequeños, o sea, la agricultura campesina, la agricultura familiar, sin químicos. La gran industria necesita una agricultura en donde cada vez hay menos gente, está hecha por tractores, con drones. Esos son los grandes monocultivos y claro ahí necesitan echar veneno”, dice Ribeiro.

“La trampa aquí es un tipo de agricultura industrial absolutamente concentrada en manos de pocas corporaciones, que tienen agrotóxicos y semillas. Y nos quieren hacer creer que la transición a una agricultura sin químicos es muy difícil. No es verdad”.

¿Quien produce la comida influye directamente en la salud?

—En ETC hicimos un trabajo que se llama ¿Quién nos alimentará? ¿La agroindustria o la agricultura campesina? Es una comparación entre qué producen las dos redes. Mostramos que por cada peso que la gente paga en comida industrial, química, chatarra, la sociedad paga dos pesos más en salud y medio ambiente, daños de salud. Entonces, no hay, ni siquiera económicamente, una razón para mantener ese tipo de agricultura.

Lo necesitamos, insiste, no son más estudios sobre glifosato, sino “un plan coherente de transición a una agricultura sin químicos”; 17 países en el mundo ya han prohibido el uso de glifosato en forma directa o escalonada.

La trampa de la propuesta de Sader, dice, es que «en lugar de que diga: ´vamos a hacer una transición para la prohibición‘, dicen: ‘vamos a hacer un estudio donde participen otra vez las industrias‘. Por si fuera poco, quieren que lo pague el Conacyt. No quieren que se vaya a una transición escalonada. Lo que quieren es que se vaya a otra investigación. Y al final vamos a decir: no va a haber transición en 2024. Además, que no sabemos qué gobierno va a estar».

Fuente e imagen: https://piedepagina.mx/la-agroindustria-nos-vende-veneno/

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Antonio Gramsci: la formación y el pensar crítico como anticuerpos frente al encierro

Por: Hernán Ouviña

 

Antonio Gramsci: la formación y el pensar crítico como anticuerpos frente al encierro

Vivimos tiempos pandémicos, que nos compelen al encierro físico y al aislamiento social. Tiempos de exacerbación de la ultraderecha y de tendencias neofascistas. De militarización de los territorios, debacle económica, colapso ecológico, incertidumbre extrema e intento del quiebre de los lazos comunitarios y las tramas de sociabilidad. Crisis endémica, civilizatoria e integral. Un contexto que, más allá de las evidentes diferencias, se asemeja trágicamente al que vivenció Antonio Gramsci, uno de los intelectuales y militantes marxistas más importantes del siglo XX.

Nacido en 1891 y criado en la enorme isla de Cerdeña, ubicada en el sur campesino de Italia, luego de terminar con dificultades e interrupciones el secundario -y gracias a una beca para estudiantes pobres- se traslada a la industrializada Turín, donde al poco tiempo se suma a las filas del Partido Socialista y a colaborar con diversos periódicos de izquierda, por lo que jamás llega a concluir su carrera universitaria. Tras participar del bienio rojo (1919-1920), un proceso de toma de fábricas y autogestión obrera desplegado en la región del Piamonte, contribuye a fundar en 1921 el Partido Comunista y es enviado a Rusia como delegado de la III Internacional. En esta inmensa escuela a cielo abierto vive casi dos años, conoce a los principales referentes del bolchevismo y también a quien será su compañera, Julia Schucht (con la que tendrá dos hijos). Al ser electo diputado en 1924 y conseguir inmunidad parlamentaria, retorna a Italia y asume la secretaría general del Partido, en un contexto cada vez más represivo y de criminalización de las fuerzas opositoras al fascismo. El tener fueros no impidió que, a finales de 1926, sea detenido por el régimen junto a otros dirigentes comunistas. El fiscal que contribuye a su condena alega que se debe “impedir que este cerebro piense por lo menos por 20 años”. Tras una década de encierro, a lo largo de la cual redacta y pule gran cantidad de apuntes, fallece en 1937, en un casi total aislamiento político y afectivo en una clínica de Roma.

Salvando las distancias temporales y geográficas, la ajetreada vida de Gramsci en Italia brinda ciertas pistas y aprendizajes para enfrentar una coyuntura tan anómala y adversa como la actual. En particular, algunas de las iniciativas que emprendió para lidiar con el aislamiento físico, con la imposibilidad de realizar reuniones presenciales entre camaradas de militancia, o resistir encierros prolongados en la cárcel, devienen interesantes hoy en día para sostener y potenciar proyectos emancipatorios de similar tenor, sin transigir en las convicciones ético-políticas ni claudicar ante tamaño infortunio de un contexto por demás desfavorable como el que tanto a Gramsci como a nosotres nos toca afrontar.

Como es sabido, lejos de ser algo residual o acotado a un lapso específico de su itinerario intelectual, la cuestión pedagógica y formativa resulta el hilo rojo que enhebra buena parte de sus reflexiones y propuestas revolucionarias, tanto juveniles como durante su forzado encierro. Ello es así debido a que, para él, desde sus primeros años de incursión en la militancia socialista y la labor periodística, la pedagogía siempre debía entenderse desde una óptica política, y a la inversa: toda práctica política que pretendiese aspirar a transformar la realidad de raíz, ameritaba ser concebida sí o sí en términos pedagógicos, vale decir, profundamente educativos. Por lo tanto, apuntalar proyectos que fomenten “la elaboración de una conciencia crítica” y una “comunión intelectual” que fortalezca la organización y praxis colectiva de las clases subalternas como sujeto político con capacidad autoemancipatoria, era de acuerdo a Gramsci algo prioritario, más aún en momentos de reflujo de las luchas, contraofensiva derechista o desorientación teórico-estratégica.

Gramsci dinamizó infinidad de propuestas en este sentido, ya que una parte prolongada de su vida transcurrió en condiciones de clandestinidad, reclusión y distancia física de sus seres queridos. Entre ellas, vale la pena rememorar la Escuela de cuadros por correspondencia que crea en pleno auge del fascismo, como su propia vivencia de confinado político, en tanto intelectual-militante que batalla contra el encierro y el aislamiento casi absoluto, desde el pensar crítico y la autoformación permanente.

Si durante sus años de militancia en Turín forja varios espacios educativos y contraculturales al calor de la agudización de la lucha de clases y la politización de vastos sectores obreros y campesinos, que van del Club de Vida Moral, la Asociación de Cultura Socialista, la Escuela nocturna de L’ Ordine Nuovo al Instituto de Cultura Proletaria, la consolidación del fascismo tras la marcha sobre Roma y el parcial reflujo de las luchas lo obligan a innovar y reinventar las formas y modalidades de formación política y estudio, en función de evitar la creciente represión y el clima de semiclandestinidad que se vive en el país. Este delicado contexto -que resiente la posibilidad de que se congreguen gran cantidad de militantes en sedes de la organización y limita el activismo público- lo induce a gestar en 1925 una Escuela de partido por correspondencia.

Gramsci elabora el programa, selecciona materiales de lectura, y planifica la edición y distribución interna de sucesivos fascículos entre las y los camaradas de diversas regiones de Italia. El propósito último de la Escuela es romper el aislamiento y aportar a una organización viva y dinámica, que sostenga sus tramas de vincularidad y garantice la cohesión ideológica, pero cuya unidad o centralización no sea concebida en palabras de Gramsci “de forma excesivamente mecánica”, sino tendiente a que “cada miembro sea un elemento político activo, sea un dirigente”. Por cierto, subyace aquí una pionera concepción de la intelectualidad orgánica, en la medida en que articula la condición de especialista con la capacidad de autodirección colectiva, que desarrollará con mayor detalle en sus Cuadernos de la Cárcel.

Es interesante cómo Gramsci pondera las limitaciones de una metodología de enseñanza y aprendizaje que no contempla instancia presencial alguna y se desenvuelve bajo un formato mediatizado: “el mejor tipo de escuela es sin duda la escuela hablada, no la escuela por correspondencia”, admite. A esta dificultad le suma otra no menor que estriba en la gran cantidad y heterogeneidad de estudiantes que la integran. “Las lecciones son realizadas teniendo presente un tipo medio de alumno que de hecho no existe -advierte-, a no ser como abstracción, y eso confiere a las propias lecciones un carácter un tanto absoluto y abstracto, mecánico en suma, lo que indudablemente no es el carácter propio de una escuela orgánica proletaria”.

Resulta evidente que las circunstancias impuestas por el régimen fascista limitaban enormemente las posibilidades de ensayar prácticas formativas diferentes. En una epístola a su amada Yulca, se lamenta de que “toda reunión descubierta es interrumpida y los compañeros son arrestados y encarcelados durante días”. No obstante, a pesar de estas dificultades, Gramsci apunta a “crear una camada de instructores de partido”, es decir, lograr que quienes se forman en esta Escuela puedan a la vez ir oficiando de formadores del resto de las y los activistas que integran la organización, de manera tal que al menos en pequeños grupos puedan concretar reuniones presenciales con un similar “espíritu de iniciativa”.

“Es preciso que inicialmente los alumnos se reúnan en locales, en grupos de diez o menos todavía y se mezclen entre sí: al principio los instructores deben ser electos por el propio grupo, dentro del criterio de buena voluntad, del tiempo en el partido, de relativa mayor preparación, etc.”, propone Gramsci. Dicho espacio debe tener como centro de gravedad el estudio y análisis de la realidad concreta y las exigencias políticas de las y los trabajadores ante una coyuntura difícil de asir, de manera tal que se contrarreste la tendencia a la dispersión y el aislamiento. En este sentido, concluirá, “toda clase debe recurrir a la explicación práctica de los fenómenos experimentados por los compañeros, ya sea en el campo de la política, la economía y la ideología”.

Esta experiencia resulta intensa pero breve, ya que el posterior encarcelamiento de Gramsci en noviembre de 1926, la criminalización extrema de cualquier tipo de activismo de izquierda y la arremetida final contra los partidos políticos opositores (que terminan siendo ilegalizados), diluyen toda perspectiva de continuidad de la iniciativa. Sin embargo, durante sus años de encierro insistirá en la necesidad de crear y sostener espacios autoformativos que contrarresten las “condiciones de embrutecimiento físico y moral” que supone la cárcel. He aquí un segundo momento destacable y sumamente actual en el itinerario de Gramsci como educador popular.

En la isla de Ustica, ubicada en el sur de Italia, donde es recluido a comienzos de 1927 por algunas semanas, forja nuevamente una Escuela, a la que asisten no solamente presos políticos sino incluso algunos habitantes del lugar. “Gracias a la Escuela -relata en una carta enviada a su amigo Piero Sraffa- evitamos los peligros de la desmoralización, que son muy graves”. Una vez más la formación oficia de certero anticuerpo frente al aislamiento físico, afectivo y político al que se ve sometido. En este espacio, que incluye desde la alfabetización hasta talleres de cultura general, todos resultan “maestros y estudiantes”, y el propio Gramsci admite que a la par que enseña historia y geografía, frecuenta algunos cursos en carácter de ávido aprendiz.

Gramsci permanecerá tan sólo 44 días en la isla, aunque la Escuela tendrá una duración mayor. Uno de los presos políticos que continúa en Ustica, de nombre Giuseppe Berti (con vasta experiencia en la organización de Escuelas de partido en el exilio) le escribe meses más tarde para consultarle acerca de la metodología de enseñanza y la concepción educativa más pertinente, con la intención de sostener en el tiempo y potenciar esta iniciativa autogestiva. Desde Milán, Gramsci le responde en una detallada carta que “una de las actividades más importantes a realizar por parte de los maestros, según mi opinión, sería la de registrar, desarrollar y coordinar las experiencias y las observaciones pedagógicas y didácticas, ya que sólo de semejante trabajo ininterrumpido pueden nacer el tipo de escuela y el tipo de maestro que requiere precisamente ese lugar”.

Luego de resaltar esta necesidad de sistematizar el proyecto y de sugerir que quienes fungen de educadores puedan conformar un “círculo” de autoformación en temas didácticos y pedagógicos, que permita también el intercambio y la socialización de información y conocimientos mutuos, le admite a Berti con un dejo de ironía que “es difícil aconsejarte y darte una serie, como dices tú, de ideas ‘geniales’. Me parece que hay que mandar la genialidad a la ‘fosa’ y que en su lugar se debe aplicar el método de las experiencias más minuciosas y de la autocrítica más imparcial y objetiva”.

Durante su presidio transitorio en el norte del país a la espera de una sentencia firme, Gramsci privilegia la lectura y el estudio, y para no empeorar su frágil estado de salud realiza además ejercicios de gimnasia. En paralelo, continúa apelando a la escritura de cartas como puente de comunicación para burlar el aislamiento, y le envía a su madre unas sentidas líneas donde les expresa lo siguiente: “Carissima mamma, no querría repetirte lo que ya frecuentemente te he escrito para tranquilizarte en cuanto a mis condiciones físicas y morales. Para estar tranquilo yo, querría que tú no te asustaras ni te turbaras demasiado, cualquiera que sea la condena que me pongan. Y que comprendas bien, incluso con el sentimiento, que yo soy un detenido político, que no tengo ni tendré nunca que avergonzarme de esta situación. Que, en el fondo, la detención y la condena las he querido yo mismo en cierto modo, porque nunca he querido abandonar mis opiniones, por las cuales estaría dispuesto a dar la vida, y no sólo a estar en la cárcel. Y que por eso mismo yo no puedo estar sino tranquilo y contento de mí mismo. Querida madre, querría abrazarte muy fuerte para que sintieras cuánto te quiero y cómo me gustaría consolarte de este disgusto que te doy; pero no podía hacer otra cosa. La vida es así, muy dura, los hijos tienen que dar de vez en cuando a sus madres grandes dolores si quieren conservar el honor y la dignidad de los hombres”.

Esta energía vital y estado de ánimo positivo se irá apaciguando poco a poco. A mediados de 1928 es llevado a Roma, donde recibe finalmente una condena de más de 20 años de prisión. Ya con síntomas de deterioro físico y psicológico (que se agravarán año a año) es enviado a la cárcel de Turi, en el sur de Italia. Allí meses más tarde, en 1929, le otorgan el permiso para escribir y contar con una celda individual. Lector voraz e insomne, se apasiona por hojear cuanto tiene a mano, llegando a deglutir “más de un libro por día”, buscando a cómo dé lugar no acostumbrarse a “los días que se suceden iguales e igualmente aburridos”, resistiéndose a ser “un objeto sin voluntad y sin subjetividad frente a la máquina administrativa”.

Pero a pesar de ello, Gramsci dista de ser una persona completamente aislada o ensimismada. Sin el apoyo permanente, acompañamiento y contención de su entorno socio-afectivo (mujeres, ante todo, como su cuñada Tatiana Schucht, pero también otros familiares, amigos y compañeros), sin ese diálogo e interlocución con pensadores clásicos y contemporáneos (de Maquiavelo, Hegel y Marx, a Lenin, Sorel, Bujarin y Croce), ni la constante apelación a la “traducibilidad” e intercambio de lenguajes filosóficos, saberes plebeyos, experiencias insurgentes y procesos populares, no hubiese podido en los años sucesivos redactar sus Cuadernos de la Cárcel y menos aún mantenerse activo, escamoteando el encierro para poder revisar o pulir sus ideas una y otra vez, cual meticuloso e incansable artesano. De ahí que reconozca que le resulta “imposible pensar ‘desinteresadamente’ o estudiar por estudiar. Sólo en contadas ocasiones me he abandonado a alguna línea particular de pensamiento y analizado algo a causa de su interés intrínseco”.

Incluso la ardua y paciente producción de los Cuadernos de la Cárcel -verdadero laboratorio en movimiento, de un pensar crítico inigualable- puede ser interpretada como una experiencia de educación militante en sí misma, en la medida en que Gramsci se concibe como un pedagogo de la praxis que aprende y es educado por la propia realidad histórica italiana, europea y mundial, del mismo modo que por las experiencias revolucionarias precedentes y contemporáneas. Desde esta óptica, los Cuadernos son una reflexión concebida desde una doble derrota (la sufrida a manos del fascismo, sin duda, pero también la que involucra a la tragedia del estalinismo), y como tal, supone un proceso de aprendizaje a partir de una pedagogía de la pregunta, interrogándose en torno a por qué fracasaron, o bien fueron derrotados, los diversos proyectos emancipatorios impulsados en otras latitudes.

Asimismo, sería un error definir al Gramsci entre rejas como un intelectual abocado exclusivamente al ejercicio del pensamiento crítico y la reinvención del marxismo. Desde ya esta es una faceta ineludible y cardinal, que lo hace uno de los revolucionarios más sugerentes en estos tiempos, ya que brinda elementos para entender la complejidad de la dominación y los intrincados mecanismos a través de los cuales se sostiene y apuntala este orden capitalismo, patriarcal y colonial profundamente desigual e injusto. Conceptos como los de hegemonía, bloque histórico, Estado integral, revolución pasiva y crisis orgánica apuntan a dar cuenta de esto. No obstante, las elucubraciones vertidas en sus Cuadernos no agotan en toda su integralidad a la figura de “carne y hueso” que fue Gramsci. Por ello no resulta ocioso recordar aquella sentencia magistral que vuelca en una de sus tantas notas de encierro, en la que denuncia que “los intelectuales creen que saben, pero comprenden muy poco y casi nunca sienten”.

Esta convicción senti-pensante no es algo acotado a su período de reclusión en las cárceles fascistas. Revisitar las etapas precedentes y menos conocidas de su vida, nos aleja de un supuesto Gramsci heroico y frío sabelotodo -un “teórico de la derrota” edulcorado y compatible con ciertos discursos progresistas en boga-, acercándonos a una figura más humana, indisciplinada e integral que, no por ello, pierde estatura histórica. En una de las epístolas escrita en 1924 para su compañera, se interroga angustiado precisamente en torno a este desencuentro que, muchas veces, tiende a existir entre el amor y la apuesta en favor de un proyecto revolucionario: “Cuántas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa cuando no se había querido a nadie, ni siquiera a la propia familia, si era posible amar a una colectividad cuando no se había amado profundamente a criaturas humanas individuales. ¿No iba a tener eso un reflejo en mi vida de militante?, ¿no iba a esterilizar y a reducir a mero hecho intelectual, a puro cálculo matemático, mi cualidad de revolucionario?”.

Algunos intérpretes de la obra gramsciana han apelado a una metáfora sugerente para caracterizar su invariante actitud ante la adversidad: la táctica del agricultor, que durante los meses del gélido invierno prepara sus herramientas para la próxima siembra y cosecha. Apostar a la autoformación en contextos de encierro y aislamiento físico, dotar a la militancia popular de mayores condiciones e instrumentos para el análisis riguroso de la realidad y una intervención certera en ella, de manera creativa y sin ánimo alguno de dogmatismo, resulta fundamental en la construcción de intelectuales orgánicos/as que, al decir de Gramsci, “tengan cabeza y no sólo pulmones y garganta”. Al fin y al cabo, como supo expresar Rosa Luxemburgo, esa otra rebelde con causa que también logró escamotear el encierro y ejercitar la libertad de manera tan radical como los pájaros, “a pesar de la nieve, de las heladas y de la soledad -los herrerillos y yo- creemos en la próxima primavera”.

Fuente: https://desinformemonos.org/antonio-gramsci-la-formacion-y-el-pensar-critico-como-anticuerpos-frente-al-encierro/

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Moisés Gandhi: zapatismo y paz

Por: Pietro Ameglio

El 21 de septiembre es el Día Mundial de la Paz -como cultura, educación y construcción, tres caras distintas de un mismo trébol-, y pocos ejemplos vividos directamente podría dar más claros de lo que significa construir justicia y dignidad con paz, que la comunidad zapatista de Moisés Gandhi, muy cercana a Ocosingo y situada en el estratégico crucero de Cuxuljá, parte del municipio autónomo Che Guevara en su origen y hoy de Lucio Cabañas, y situado en medio de varios otros municipios autónomos.

La vida me dio como regalo, y a muchos jóvenes y no tanto de nuestro colectivo “Pensar en Voz Alta”, haber podido conocer, aprender y compartir varios años de nuestra vida con esa comunidad, sobre todo en su proceso de educación autónoma y construcción de paz. Bajamos en el crucero de Cuxuljá -hasta 2001 con un puesto militar en su entrada- y subimos la pendiente detrás decenas de veces, ese nombre comunitario se convirtió en una especie de talismán de la vida para todos nosotros. Todas esas familias que nos acogieron con una generosidad y compromiso ejemplares, han sido quienes marcaron a fuego una etapa fundamental de humanización en nuestras vidas. Nadie de nosotros sería el mismo o la misma sin ese afecto y solidaridad recibidos gratuitamente, desde los niños hasta los más ancianos.  Y algo de lo más importante: nos enseñaron cómo se lucha con “firmeza permanente”, arma central de la resistencia noviolenta y del zapatismo.

Una fotografía del estilo y grado de humanización de esta lucha y sus jóvenes, de “cómo lo más pequeño es lo más hermoso”, de cómo la sencillez y la audacia son la gran arma de la lucha noviolenta, me la dio un día un promotor de educación autónoma de catorce años. Este adolescente casi niño aún con una cachucha más grande que su cabeza, apodado con nombre de pescado, dedicaba gran parte de su vida y energía a su escuela autónoma en su comunidad. ¿Cuántos alumnos tenía? 2 ¿Quiénes eran? Sus hermanitos menores. Y ¿cómo les enseñaba a escribir? Tomaba la mano del más chiquito dentro de la suya y le enseñaba lentamente los trazos acompañándolo en los movimientos, según textualmente nos describía con una sencillez únicas. Quedé muy marcado por este testimonio toda mi vida: una de las mayores revoluciones sociales de toda la historia de nuestra especie, como es la zapatista, por tamaño territorial, cantidad de gente y confrontación al modelo capitalista, tenía como una de las bases de su lucha y compromiso total por la autonomía noviolenta -que Gandhi llamaría “Programa Constructivo” y “Swaraj” (autogobierno)-, la mayor sencillez y la ternura (los sandinistas hablaban que “la solidaridad es la ternura de los pueblos”). Pero no ternura en un sentido romantizado o sentimental, sino de cuerpos en plena determinación de lucha contra un adversario muy violento y poderoso, como son el gobierno, ejército, paramilitares y finqueros mexicanos, entre otros.

Otra fotografía fue el nombre de la comunidad, a la que llegamos como campamentistas de paz del centro de DDHH Fray Bartolomé de las Casas: Moisés Gandhi. En lo personal, me pareció una coincidencia muy poderosa, pues unía las tres culturas, para mí, más humanizantes que yo conocía: la cristiana liberadora (Moisés encabeza el Éxodo de la esclavitud en Egipto a la tierra prometida libre), la resistencia noviolenta y la indígena; aunque con el tiempo constatamos cómo el nombre de Gandhi hacía referencia a un luchador zapatista victimado en enero del 94, pero todo el espíritu gandhiano estaba en esas comunidades. Incluso, con el azar histórico de construir colectivamente la pintura de estas dos figuras en la fachada de la iglesia.

En el fondo, todo esto sería -en una foto ampliada- el zapatismo: una gran revolución social, desde lo y los más pequeños y pequeñas, por la humanización de toda nuestra especie. Y todas sus fragilidades, que muchas veces son más nuestras que de ellos y ellas, no hacen más que confirmarlo cada día.

Tierras recuperadas y dignificadas por sus dueños ancestrales y verdaderos

Esa comunidad recuperó legítimamente las tierras a un ganadero con el levantamiento de enero del 94, mismas tierras que anteriormente fueron de una hacienda azucarera donde por décadas algunos de estos mismos zapatistas habían trabajado en semi-esclavitud: azotes si no acababan la tarea, no poseían nada de tierra, uno o dos pesos al día de paga o a veces sólo un trago…Ahora, en cambio, según ellos mismos nos contaron: “Resistir es una forma de luchar que tiene razón y justicia…es el rechazo a lo injusto”. Los mismos indígenas tseltales que habían vivido casi en esclavitud empezaron a ver crecer a sus hijos e hijas como hombres y mujeres libres, con autonomía de pensamiento, salud, organización, propiedad de tierras y producción autosuficiente y para comercializar. En dos generaciones de enorme sacrificio, valor, lucha, organización, ese cambio de identidad social individual y colectivo tan radical, profundo y libertario ya se había construido. El centro regional de salud (Nueva Esperanza) primero, los auditorios y la educación después -ejemplares en todo sentido desde los promotores- fueron unos de los primeros grandes símbolos de esa lucha para todas y todos en esa región.

Pero ellos y ellas saben mejor que nadie en el mundo que cada día hay que luchar para mantener esos logros, renovarlos y hacerlos crecer, no se puede bajar la guardia ni confiarse un solo momento. Y la prueba son los ataques recientes de la ORCAO, así como las permanentes agresiones y amenazas en estos más de 26 años.

La deshumanización de los violentos

Por todo lo anterior, la indignación y digna rabia fueron totales al enterarnos el 22 de agosto del ataque tan violento y artero de campesinos de la Organización de Cafeticultores de Ocosingo (ORCAO), que saquearon e incendiaron dos bodegas de maíz y café en el crucero de Cuxuljá, situadas en el Centro de Comercio Nuevo Amanecer del Arco Iris, y pertenecientes a las bases de apoyo zapatistas de ese municipio autónomo. ¡El trabajo, la comida y la vida de todas esas comunidades robado en sus granos, y las instalaciones de madera y lámina quemadas! ¡Cuánta miserabilidad humana!

Cuando nosotros compartíamos parte de la vida con esas comunidades zapatistas, desde mediados de los 90, la ORCAO estaba en alianza con ellas, pero a partir sobre todo del 2000 con el gobierno de Pablo Salazar -que buscaba dividir y cooptar más a las comunidades- esta organización comenzó a tejer alianzas con el gobierno estatal y a recibir fondos públicos , y consecuentemente a atacar violentamente (en forma paramilitar a veces) en numerosas ocasiones al zapatismo y sus tierras recuperadas.

El Congreso Nacional Indígena denunció enseguida que “la ORCAO ha mantenido desde hace años una presión y violencia constante sobre las comunidades zapatistas; como es el caso del municipio autónomo Moisés Gandhi, para detener la organización autónoma, privatizar las tierras que han costado la lucha y organización de los pueblos originarios, bases de apoyo zapatista…que soñamos la lucha por la vida, con sanar a nuestra madre tierra y no dejar que se privatice, que no regresen nunca más los patrones capitalistas y los malos gobiernos”.

La disputa tiene que ver con la posesión de esas tierras que la ORCAO reclama por haber entrado a los programas de regularización, parcelización y privatización de tierras del gobierno estatal, que concedía tierras recuperadas zapatistas a otros campesinos no zapatistas, mientras los zapatistas reclaman su derecho a la propiedad colectiva de esa tierra según la Ley Agraria zapatista del 2007-08. Pero, en el fondo, se trata de una estrategia más de contrainsurgencia contra las comunidades, para dividirlas y fracturarlas en su organización y redistribución de las tierras y riquezas naturales, usando para ello todo tipo de tácticas: desde reformas agrarias legalistas y espurias, hasta grupos paramilitares muy violentos e impunes, liderados por caciques empresariales y políticos regionales.

Vemos así una vez más, la enorme firmeza, dignidad y capacidad organizativa de la lucha zapatista, y la inteligencia extrema de una de sus estrategias centrales desde el inicio de su lucha: no aceptar ningún trabajo, recurso material o humano, de ninguna instancia gubernamental o partidista de los tres niveles. Justamente este boicot a los fondos y relaciones laborales públicos es algo que ha sido muy duro para la resistencia en el nivel del mantenimiento cotidiano de familias en alto grado de pobreza y sin casi recursos de dinero muchas veces, pero ha evitado muchas divisiones y penetraciones del poder. La ORCAO es un claro ejemplo de degradación institucional y social a partir de su identidad cercana a los rebeldes en 1994, y ya después muy penetrada, corrompida e íntima al peor poder desde 1997.

Desde otra experiencia, pero mostrando la fuerza de un boicot con alto consenso social de una identidad común, vimos en estos días cómo los basquetbolistas -y futbolistas de la MLS- de la NBA de Estados Unidos, encabezados por sus principales figuras de fuerza moral social, suspendieron los juegos finales en solidaridad con la lucha contra el racismo y la violencia policial en su país, como parte del gran movimiento Black Lives Matter, en reacción al ataque armado contra Jacob Blake en Wisconsin, por parte de unos policías blancos locales.

Todo esto nos reafirma en la idea que hemos venido compartiendo desde hace años, acerca de lo central que sería para muchas luchas sociales de resistencia noviolenta y civil en nuestro país, de buscar articular e impulsar lo más masivamente posible acciones puntuales de no-cooperación contra el poder injusto, como, por ejemplo, hacen los familiares de desaparecidos y desaparecidas.

Fuente e imagen: https://desinformemonos.org/moises-gandhi-zapatismo-y-paz/

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La noción de trabajo decente, ¿un ardid de la teología del capitalismo?

Por: Eduardo Camín

 

El lenguaje es una de las herramientas usuales para interpretar y comprender la realidad. En nuestros días es habitual la utilización del lenguaje fingido, para controlar la forma de pensar o legitimar desigualdades. Y ciertas nociones o enunciados que surgen de un determinado contexto se convierten en claves para objetivar cuestiones hasta entonces no objetivadas.

Un concepto muy manido en estos tiempos es el del trabajo decente, emergente del actual contorno socio-histórico en donde la situación laboral es endeble y la categoría trabajo ha perdido significación, un concepto que se constituye en un término altamente valorativo y explicativo de la realidad, pero que, paradojalmente lleva implícito su déficit.Ponencia sobre el trabajo decente

Si bien el sentido ético es el carácter más visible de este término, cuestión que puede llevar a confundirlo con un anhelo, las dimensiones que la constituyen estructuran una sólida noción analítica y dan cuenta de cómo puede ser el trabajo, o bien, de cuánto adolece hoy en día y en cada lugar esta actividad vital, ese acto social propiamente humano.

En el marco de este proceso de formación de una nueva cultura civilizatoria, en la que teoría e historia van configurando nuevos escenarios de conocimiento y realidades sociales, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó en 1999, el Programa de Trabajo Decente ,con el cual se compromete a promover las condiciones que brinden oportunidades para que los hombres y las mujeres puedan conseguir un trabajo digno y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana.

Y lo definició como “el trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, en el cual los derechos son protegidos y que cuenta con remuneración adecuada y protección social” (OIT 1999a: 4).

Después de aquella 87ª reunión de la OIT, esta organización ha elaborado varios documentos en los que se profundiza en el concepto. En el 2000, el entonces Director General Juan Somavia, presentó una nueva metodología en la que el trabajo decente debe entenderse como un concepto integrador, en cuya realización es necesario combinar aspectos relativos a los derechos, el empleo, la protección y el diálogo en un todo.

Además debe constituir una meta, un marco para la definición y la actuación de políticas, un método de organización de actividades y programas, y una plataforma para la asociación con otras entidades (OIT 2000: párrafos 1.1 y 3.5).

Trabajo decente en condiciones indecentes

El trabajo decente | Voces en el FenixCuando hablamos de trabajo, hemos limitado su significado habitual al empleo, al trabajo asalariado. Pero abarca mucho más que eso, en capacidad creadora, construcción social, desarrollo humano, solidaridad… Muchos de los trabajos que desarrollamos, sin ser empleos, son imprescindibles para la vida humana (el trabajo en el hogar y la familia, el del cuidado, el voluntariado…) y sin ellos el empleo no se podría sostener.

La OIT acuñó el término “trabajo decente” y lo convirtiera en su prioridad a partir de 1999, entendido desde la promoción de oportunidades para que hombres y mujeres pudieran conseguir un trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana.

Desde ese momento comenzó a diseñar estrategias internacionales para que el trabajo decente ocupara un lugar central en las políticas de los gobiernos y, con ello, se lograra un progreso social y económico que fortaleciera a personas, familias y comunidades. El objetivo era reafirmar que el trabajo decente es fuente de dignidad personal, indispensable para reducir la pobreza y alcanzar un desarrollo equitativo, global y sostenible.

La realidad neoliberal: ¿cómo andamos de trabajo decente?

Nuestras sociedades se han ido configurando de tal manera que lo no-productivo, lo que no es útil para obtener beneficio en el menor tiempo posible, se desecha, se descarta. En el actual contexto globalizador, el mundo se mueve alrededor de la “economía”, del mercado: trabajo, política, sociedad, ocio, relaciones, la persona es un todo. Nada queda fuera del alcance del culto al dios dinero, que convierte todo en mercancía. Incluidas las personas. Una economía que destruye toda noción de vida.

La lógica del modelo económico neoliberal dominante ha impuesto una nueva configuración del trabajo en la que el desempleo y la precariedad son lo habitual, lo normal, puesto que lo nuclear no son las personas sino la rentabilidad. Desde esa perspectiva, el empleo, y las personas que lo desarrollan, se vuelve inestable, inseguro, a merced de las fluctuaciones del mercado.El trabajo decente sigue lejos para mujeres latinoamericanas

Éste es el que acaba decidiendo qué persona y en qué lugar trabajará o no hoy, en qué empresa, con qué horario, en qué puesto, por cuánto salario. Se precariza el empleo y, con él, la vida de las y los trabajadores y de sus familias. Tanto que cada vez es más difícil planificar el futuro: se dificultan las relaciones familiares y sociales, así como la participación.

Del trabajo decente pasamos a una “flexiprecariedad”, a la fragmentación del mundo del trabajo ante las diversas y siempre cambiantes modalidades de empleo, con constantes salidas del mercado laboral y con retornos, la mayoría de las veces, en peores condiciones.

El salario cada vez cumple menos su función de dar estabilidad, seguridad y cubrir necesidades personales y familiares. Ahora tener un trabajo no asegura estar fuera de la pobreza: miedo a perderlo es, muchas veces, miedo a la exclusión que acecha.

Las malas condiciones de trabajo también se manifiestan en los bajos ingresos. En 2019, más de 630 millones de trabajadores en todo el mundo –el 19 por ciento de todos los empleados– no ganaron lo suficiente para salir ellos y sus familias de la pobreza extrema o moderada, que se define como la situación en la que los trabajadores ganan menos de 3,20 dólares al día, en términos de paridad de poder adquisitivo.

Así, se niega en la práctica el derecho al trabajo: Los derechos laborales son un obstáculo para la rentabilidad; se estigmatiza la negociación colectiva, pues el objetivo es que el trabajador – y su familia – sea “flexible”, se adapte a las exigencias de la producción.

Sin embargo, nunca en la historia ha habido tanta riqueza acumulada como ahora. El problema del hambre es solucionable, al igual que la posibioidad de que todas las personas puedan vivir dignamente. Es un problema de equidad, de solidaridad y de justicia, que debe traducirse en prioridades políticas, económicas y sociales.

Necesitamos trabajo y sustento … y nos ofrecen empleo cada vez más precario, cada vez más indecente. Este es el problema por resolver. Y no tiene solución viable razonando con la lógica del lucro, del dinero.

Covid 19, realidad convertida en ardid

El Derecho del Trabajo en la emergencia del Covid-19 | Blog Alternativas | EL PAÍSSomos conscientes de las consecuencias del Covid-19 en el empleo son profundas, de gran alcance y sin precedentes. El ajuste del empleo suele seguir a la contracción económica con cierto retraso. La presente crisis, los cierres y otras medidas han afectado al empleo directamente y en una magnitud mayor a la prevista inicialmente al comenzar la pandemia.

Vivimos la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial, con un rápido aumento de la destrucción de empleo en el mundo Para captar con mayor precisión las características actuales de la crisis del COVID-19.

El Estado podría –y debería– ampliar sus competencias para ofrecer siempre oportunidad de trabajo e ingreso a cualquier personas empleadas de empresas privadas, públicas o cooperativas lanzadas al desempleo por las fluctuaciones de la demanda. Ante esta situación, el empleo –tenerlo o no, las condiciones en que se desarrolla, los ingresos que aporta– condiciona enormemente la vida de las personas, de las familias y de la sociedad entera.

Hasta hoy el empleo es un elemento decisivo en la inclusión social y no tenerlo aboca a muchas personas y familias a la pobreza o la exclusión. En el modelo capitalista, el capital privado sufraga una parte de la vida del obrero que no tiene nada que ver con la esfera productiva. Cumple, por tanto, una función social, que convierte al capitalista en un gestor que goza de un importante poder para condicionar la vida de un número de personas.

El capitalismo sustrae a los actores reales de la actividad económica la soberanía material sobre sus vidas: los convierte en juguetes zarandeados por estrategias empresariales orientadas al máximo beneficio para el capital.

El «impotente» discurso de los gobiernos sobre el “trabajo decente” se ha transformado, en definitiva, en una versión laica de las encíclicas papales. Obviamente, la caridad no es vocación de las empresas.

Los dueños de empresa y los operadores financieros tienen todos los motivos del mundo para felicitarse por el estado de cosas y vivir la vida que se presenta como una situación y una época bendita, ya que ninguna teoría, ninguna manera de pensar; ninguna acción seria se opone a ellos. El virus tampoco, lo hará.

Entonces, ¿por qué continuar en la retórica discursiva de la «indignación» en los foros sociales, en las cumbres mundiales y renunciar a una acción seria en sus propios países, que se oponga a este estado de las cosas?

Una de las tentaciones permanentes es acabar aceptando el mensaje mil veces repetido, de que las cosas son así y no hay alternativa posible. Hasta que no se elabore una propuesta real y valiente para intentar salir de la situación presente – y no simplemente para paliar sus efectos más atroces, con planes de emergencia, ayudas sociales y trabajo decente – su destino político seguirá preñado de melancolía.

¿Será cierto que un mundo de transformación seguirá reduciéndose en la nostálgica llorona de un universo perdido en décadas de miseria. ¿El mundo de las modernidades nacionales, y la retórica del discurso del neoliberalismo conservador globalista, seguirá marcando el sentido de los tiempos? … A esta barbarie parece que vamos encaminados.

Fuente e imagen:  http://estrategia.la/2020/09/12/la-nocion-de-trabajo-decente-un-ardid-de-la-teologia-del-capitalismo/

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Vendedores de humo y revalorización del magisterio

Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz*

 

En la mayoría de sus discursos, el secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, no ha dudado en ensalzar la figura del docente. Ha insistido, en más de una ocasión, que los maestros son insustituibles, destacando una y otra vez la relevancia social de su función, en sintonía con uno de los ejes del ideal educativo oficial: la revalorización del magisterio. En abril del año pasado, al presentar la nueva Reforma Educativa, Moctezuma Barragán advirtió a los medios de comunicación que el mero cambio de discurso –de la denostación al reconocimiento– se había traducido (según una encuesta de la que no dio mayores detalles) en un incremento del nivel de aprecio de la sociedad hacia los profesores: puede que tenga razón, pero no es suficiente.

Además de las palabras, la revalorización del magisterio ha sido respaldada por un marco legal: el título cuarto de la Ley General de Educación (LGE) reconoce que deberá buscar, entre otros fines, fortalecer el desarrollo y superación profesional del docente mediante la formación, capacitación y actualización; fomentar el respeto a la labor docente y a su persona; reconocer su experiencia, así como su vinculación y compromiso con la comunidad y el entorno donde labora, y otorgar un salario profesional digno.  Tales propósitos son replicados, de manera literal, por la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros.

Así pues, la revalorización del magisterio ha sido cobijada no sólo por los discursos, sino también por un marco legal que sienta las bases para su operación. Evidentemente ambos elementos, las palabras y las leyes, son insuficientes para concretar la tan anhelada recuperación de la notoriedad del docente. A casi dos años del inicio de un nuevo gobierno, el endulzamiento del oído del profesorado no ha estado acompañado de acciones que redunden en condiciones profesionales y salariales más favorables para los maestros.

De hecho, los discursos y las leyes parecen ir en sentido contrario de algunos hechos recientes en la vida pública: el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2021 contempla la reducción presupuestal de más del 95% para la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE), de la que dependen las Escuelas Normales. Nuevamente, pese a que las leyes educativas mandatan el fortalecimiento de estas instituciones (LGE, título cuarto, capítulo II) y a que las palabras de las autoridades apuntan hacia la corrección de su situación de abandono, los hechos se oponen con fuerza. Independientemente de que la cuestión presupuestal sea enmendada a partir del debate legislativo, ¿qué mensaje envían los autores de la propuesta? Si el sexenio pasado estuvo marcado por la asfixia de la matrícula normalista, éste podría distinguirse por propinar a estas instituciones un golpe presupuestal brutal.

Por si fuera poco, en el PPEF se advierte otra situación contraria a la revalorización magisterial: se prevé la disminución del 49% del presupuesto destinado al Programa para el Desarrollo Profesional Docente. Por más que se hable de austeridad y de pulcritud en el ejercicio de los recursos, ¿cómo pueden estas cifras conciliarse con el supuesto interés por tener maestros mejor preparados? ¿son congruentes con lo establecido en las leyes educativas? ¿no es éste un agravio al derecho de los docentes de acceder a opciones formativas dignas?

Uno de los asuntos de mayor relevancia en relación a la revalorización del magisterio fue la polémica evaluación docente. Si bien fue un logro digno de celebrarse el despojarle su carácter punitivo, el cambio en la evaluación ha quedado inconcluso. Se mencionó que, a partir de la nueva Reforma Educativa, se daría énfasis a su enfoque formativo para que sus resultados fueran la base para generar opciones de capacitación y actualización del magisterio; nada de eso ha sucedido aún, pese a que está marcado en la ley: no se han promovido ejercicios evaluativos diagnósticos para los profesores y, de este modo, las ofertas formativas siguen desvinculadas de las necesidades particulares. Así pues, las intenciones por hacer de la evaluación ya no un instrumento para despedir profesores, sino para fortalecerlos, quedaron a medias.

En términos económicos, la revalorización del magisterio sigue a la espera. Sin contar el aumento salarial de este año, que se suscita en condiciones especiales, el de 2019 fue apenas superior (0.15%) que el último de la administración federal anterior. Pese a que ya se cuenta con un marco normativo que mandata un salario profesional digno, desde el 2018 los maestros no han podido participar en algún programa de incentivos que, en otras épocas, hacía del sueldo de los maestros mexicanos uno de los más elásticos (no mejor pagados) de la OCDE; sería hasta 2021 que los profesores podrían gozar de algún estímulo en sus bolsillos. Así pues, el estancamiento salarial del magisterio durará, cuando menos, los tres primeros años del gobierno actual.

De este modo, se observa que falta mucho por hacer realidad la revalorización del magisterio. No se esperaba que de la noche a la mañana se resolviera la compleja situación docente, pero tampoco acciones a todas luces contrarias a la revalorización magisterial, tales como los intentos de reducción presupuestal mencionados. No se menosprecia la importancia de un cambio de discurso que reconoce la importancia del docente, sobre todo después de años de linchamiento pública y tampoco se minimiza la trascendencia de contar ya con un marco legal propicio para hacer realidad mejores condiciones para el profesorado.

Hasta el momento los discursos optimistas sobre la revalorización del magisterio no concuerdan con las condiciones actuales de los docentes ni mucho menos con las intenciones que se han dejado entrever en relación a la asignación presupuestal. Las palabras seguirán siendo huecas y las leyes letra muerta mientras no haya una auténtica dignificación de la labor docente. Mientras siga el divorcio entre el discurso y la realidad, los promotores de la revalorización del magisterio correrán el riesgo de quedar como auténticos vendedores de humo.

Fuente e imagen: https://proferogelio.blogspot.com/2020/09/vendedores-de-humo-y-revalorizacion-del.html?m=1

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Criando ratas

Por:  Daniel Seixo

Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.

El club de la lucha

«No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!«

Charles Bukowski

«Es rarísimo que por un momento estemos aquí y al siguiente hayamos desaparecido. En un par de generaciones, a nadie le importará una mierda. No seremos más que unos gilipollas con ropas graciosas en fotografías descoloridas que un triste descendiente con demasiado tiempo libre saca del aparador para mirar de vez en cuando.«

Irvine Welsh

La vida es como el mar, tienes que ahogarte para sentir su intensidad.

Blow

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Algo aparentemente sencillo hace no tanto tiempo, convertido en nuestros días en una maldita odisea propia de héroes modernos, tristemente encarcelados en una espiral de consumo y plena decadencia civilizatoria. Supongamos por un instante que has nacido en la parte privilegiada del mundo, esa de las tres comidas al día, los anuncios en televisión y las marcas comerciales. Una realidad muy alejada de las guerras, el hambre crónica, los matrimonios infantiles o las consecuencias de las acciones estadounidenses que desgraciadamente pueblan de dolor gran parte de este planeta. Supongamos que has tenido esa suerte –porque no olvidemos que nacer en uno de esos países supone en sí mismo un gran golpe de suerte– entonces entrarán en juego otros muchos factores en tu desarrollo vital.

Entre ellos los más destacables e inamovibles, se encuentran tu sexo – no es lo mismo ser un hombre que una mujer, las violaciones grupales, el techo de cristal, las miradas a tu escote, los insultos como necio ritual de cortejo, la explotación sexual, laboral, reproductiva o simplemente evitar que te asesinen por no someterse al control masculino, todo eso son cosas que un hombre se ahorrará por el hecho de nacer con un puñetero pene entre sus piernas– tu color de piel – admitámoslo, incluso cuando tus padres te hayan traído al mundo en este estado tan democrático, los policías del barrio no saben nada de eso y siempre resulta más fácil cachear y humillar a un joven negro que a un blanco, tampoco a la hora de entrar a un pub de moda, en tu última entrevista de trabajo o al plantarte ante los padres «conservadores» de ese nuevo ligue la cosa resulta sencilla siendo negro o amarillo, por no hablar de los malditos cabeza rapadas o algún que otro «nostálgico» alterado por el peso electoral de los de Santiago Abascal– y muy especialmente tu clase social, este último factor lo atraviesa irremediablemente todo y va a condicionar de forma definitiva todas tus vivencias. No en vano, incluso en un país supuestamente avanzado como España la pobreza infantil afecta a un 28,3 % de los niños y niñas, es decir, 2,2 millones de infancias que no soñarán con esa última videoconsola, una bicicleta mountain bike, vacaciones en la playa o incluso con cosas tan simples como cereales de marca para desayunar. Y que en caso de que se atrevan a hacerlo guiados por la hiperpresente publicidad, pronto se acostumbrarán en sus vidas a las decepciones continuas.

Solo la clase obrera tiene el poder de transformarlo todo, para comenzar un nuevo proyecto común

Lo normal tras ese golpe vital de suerte inicial que ha hecho que no pases tus primeros años en Afganistán víctima de un matrimonio infantil, el opio o alguna guerra que no debería significar nada para ti, es ver como tu infancia transcurre en un barrio obrero. Tu introducción a la sociedad, sucederá viendo a tus padres más bien poco por sus jornadas maratonianas de trabajo. Pero no te preocupes, internet, tus amigos y algún que otro influencer de moda te servirán como guía sustitutiva mientras los adultos de la casa continúan inmersos en la ficción de que un trabajo que los ahoga y una educación pública sin apenas recursos, no suponen realmente un condicionante para el desarrollo de los más pequeños de la casa.

No sé exactamente a que edad comienza la sexualización de los menores, pero te aseguro que será pronto, especialmente –otra vez– si no has nacido con pene. Posturas insinuantes para fotos en redes sociales que «te hacen parecer mayor», pervertidos intentando contactar contigo por redes sociales, maquillaje, ropa de Zara para niña –aunque realmente ya cueste mucho diferenciar entre sus supuestas modelos y niñas e incluso entre las líneas para adultas y niñas– estrellas Disney que pasan inmediatamente a estrellas pornomusicales… Todo te llevará directamente a comenzar a vivir tu sexualidad a una edad demasiado temprana, cuando aún tus decisiones no son del todo racionales. Es ahí cuando el porno entrará en escena, en este caso los hombres «tienen ventaja». Pronto las clases y cualquier otra cosa pasará a un segundo plano y las competiciones de testosterona terminarán en maratones de sexo duro en internet, intentos desesperados por perder la virginidad y sexo rápido, patriarcal y aunque nos te lo parezca, insatisfactorio. Pero vamos, esto tampoco es ninguna sorpresa, son la generación de Pornhub en el bolsillo, casas vacías a todas horas y una nula educación sexual más allá de series para adolescentes en las que las drogas, las relaciones rápidas y el sexo casual es presentado como glamuroso. Lo raro es que esta gente no tenga al menos una sobredosis o un aborto al mes –aunque si fueses estadounidense andarías realmente cerca– se han pasado toda su escasa vida inmersos en cosas que no deberían conocer hasta ser adultos y en muchos casos saben mucho más de todo eso que sus propios padres. Los adolescentes simplemente buscan su identidad en un mar de estímulos mientras el mundo se desmorona y sus padres intentan no ser desahuciados por no pagar el alquiler con un sueldo cada día más menguante.

Tras eso, si tienes suerte, llegará la universidad, un curso de FP o directamente te tocará buscar curro en algún centro comercial o en el taller del barrio. No sé, puede que te decidas a montar un bar y ser eso que llaman emprendedor, pero con ese historial familiar de propiedades al límite del embargo que llevas encima y esa cara de proletario que no te quitas ni con el nuevo peinado de Cristiano Ronaldo, lo más seguro es que de tu banco te echen a patadas antes de que consigas abrir la boca. Vamos chaval, vives en un país en el que 4 de cada 10 jóvenes no tienen trabajo, os han llamado ninis porque «jóvenes que saben que lo tienen muy crudo hagan lo que hagan y muestran su desencanto total y absoluto por el sistema cobijandose en el consumo y el puro hedonismo», en realidad quedaba muy largo para las campañas de criminalización en los informativos de la mañana. Vas a encadenar trabajos basura durante muchos años independientemente de tu formación, pero si esta es buena, tarde o temprano conseguirás despegarte solo un poco de esos otros que decidieron dejar los estudios en busca de un sueldo que les permitiese ser adultos o simplemente sobrevivir. Sea como sea, la buena vida se ha terminado para ti, trabajos duros, horas extra sin remunerar, miedo al despido, sumisión ante un ejército industrial de reserva desesperado y alienado con las dinámicas del patrón.

El mundo real ya estaba hecho una mierda y el coronavirus tan solo nos ha otorgado tiempo para reflexionar sobre nuestros pecados en esta global sociedad de consumo

Todo parece una jodida broma, pero es el cuerpo material de lo que va a ser tu vida, puedes adornarlo con un buen coche, un peinado caro, una buena casa y cenas en un restaurante de moda dos veces a la semana si las cosas te van realmente bien. Pero si has nacido en un barrio humilde y obrero, yo no contaría demasiado con eso. Esos sueños son como la lotería, requieren muchas papeletas de saliva en el culo de tus jefes, una pizca de suerte e intentar que todo eso llegue mientras puedas disfrutarlo. Ya sé que la MTV o Netflix te ha vendido otra cosa, pero despierta, ninguno de los cretinos de Friends podría pagarse aquellos malditos pisos con trabajos precarios y muchos de tus amigos que todavía siguen, o han regresado tras un despido inoportuno, a casa de sus padres. No es casualidad que el 53,1% de los jóvenes de entre 25 y los 29 años y el 25% de los que ya tienen entre 30 y 34 años todavía vivan en casa de sus padres. Si cruzamos esos mismos datos con nuestro desempleo juvenil, incluso a los políticos ineptos que nos gobiernan deberían salirle las cuentas.

Y ahora que ya eres adulto, decide si quieres y puedes tener hijos, paga sus pañales, intenta conciliar algún trabajo basura con sus horarios, preocuparte de su educación, llevarlos al parque, preocúpate especialmente de que no vean porno en internet, háblale sobre las drogas, sufraga la universidad y en definitiva repasa todos y cada uno de los puntos de esta pesadilla que te ha llevado hasta aquí, pero ahora viendo como es otro el que la sufre y se arrastra poco a poco a una sociedad que se hunde y a una vida que lo hace con ella. ¡Eh!, las cosas no deberían ser así, pero también se supone que ya no existe una guerra de clases y a ti te están atizando de lo lindo sin que muevas un dedo por cambiarlo, campeón. La vida no es justa.

Llegado el momento jubílate y prepárate poco a poco para la muerte entre un mar de medicamentos que seguramente tengas que pagar en su mayor parte, aunque si las reformas de las pensiones continúan este ritmo, seguramente la parca te pille camino del trabajo o incluso camino a casa de algún chaval que permanece todavía ajeno a todo lo que se le viene encima, pero que ha decido encargar una hamburguesa a domicilio transportada por un viejo currante al que no le queda otra opción que funcionar como falso autónomo en forma de chico de los recados de una clase adormecida y preocupada únicamente por sus seguidores en Instagram y ese mundo virtual que sin duda parece más apetecible que su propio futuro.

Vamos, no nos deprimamos por esta bofetada en la cara a estas alturas, el mundo real ya estaba hecho una mierda y el coronavirus tan solo nos ha otorgado un tiempo extra de reflexión sobre nuestros propios «pecados» en esta sociedad global de consumo. Pero en lugar de eso, hemos decidido en el mejor de los casos seguir actuando igual pero en esta ocasión con una mascarilla barata en nuestra boca, ¿quizás decorada con algún estampado que pretenda reflejar esa personalidad e identidad que nos falta e intentamos constantemente cubrir con cualquier producto de consumo?

Supongamos por un instante que has nacido en la parte privilegiada del mundo, esa de las tres comidas al día, los anuncios en televisión y las marcas comerciales, una realidad muy alejada de las guerras, el hambre crónica, los matrimonios infantiles o las consecuencias de las acciones estadounidense

No hemos cambiado ni un ápice y esto se termina amigos. En el fondo todos sabemos que tras los atentados del 11-S las cosas no volvieron nuca a ser iguales en materia de derechos sociales y libertades, la crisis económica de 2008 nos arrebató nuestro modo de vida y nos obligó a apretarnos el cinturón renunciando a derechos laborales que nunca regresarían y tras todo esto muchas cosas van a cambiar para siempre en nuestras cada día más asfixiantes vidas y ninguna de ellas lo hará previsiblemente para bien. Aunque parezca irreal, Occidente está descomponiéndose ante nuestros pies y nunca el final de toda una civilización es agradable para aquellos que la sufren, especialmente para los perdedores del Imperio derrotado, aquellos que apenas vislumbraron más que una ilusión de sus pingues beneficios.

“Cómo han cambiado irremediablemente nuestras vidas. Siempre es el último día de verano y nos quedamos fuera, en el frío, sin una puerta para volver a entrar. Hemos tenido más oportunidades de revolución social de las que por derecho nos corresponderían, para muchos la vida les pasa de largo mientras viven a todo tren con los réditos de la explotación de trabajo de nuestra clase social. Mientras que otros, a lo largo de nuestras vidas hemos dejado trozos de nuestras esperanzas y nuestras ganas de luchar aquí y allí, y ahora apenas nos queda el suficiente corazón para seguir luchando, pero forzamos una sonrisa, sabiendo que no existe otra salida que seguir en esta constante lucha de clases, derrota tras derrota, hasta la esperada victoria final. Ya no hay apenas movimiento obrero en los estados, ni partidos realmente socialistas en nuestros parlamentos, pero aun así la lucha es parte de nuestra vida. No podemos evitarla, ni esquivarla. Es esa parte vital que realmente no necesito explicarles en estas páginas, ese motivo por el que la sangre les ha hervido lentamente de rabia y frustración mientras llegaban al desenlace de este humilde artículo. Es eso que puede y debería hacerlos despertar ante tanta injusticia.”

De nosotros depende cambiar el desarrollo de los acontecimientos, solo la clase obrera tiene el poder de transformarlo todo para comenzar un nuevo proyecto común. Pero eso, no va a hacerse solo. Y si quieren evitar que de ahora en adelante generación tras generación cometamos los mismos errores, es hora de moverse. Es hora de luchar para cambiar las cosas.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/criando-ratas/

Imagen: https://pixabay.com/

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