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.No matar al mensajero
No matar al mensajero
Carolina Vásquez Araya
Lo que está en juego es la vida del planeta, por ello la protesta debería ser unánime.
La campaña mediática y los comentarios –algunos francamente indignantes y ofensivos- para descalificar la campaña de protesta y concienciación iniciada hace más de un año por Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años, es uno de esos fenómenos difícilmente comprensibles. ¿Odio, miedo o simplemente rechazo a una realidad sobre la cual estamos más o menos conscientes? Quizá se pueda sumar a esta fórmula el pensamiento patriarcal, cuyo marco conceptual no solo considera a la mujer un accesorio incapaz de pensar por sí mismo, sino también coloca a la niñez y la juventud en una posición de subordinación y dependencia, cuyos límites a la libertad de expresión demarca con feroz autoridad.
Greta Thunberg dio ante la comunidad internacional una lección valiosa imposible de ignorar. Sus fuertes palabras para recriminar a los representantes de los países reunidos en la cumbre del clima en la sede de las Naciones Unidas, cayeron sobre una audiencia cuyos objetivos están determinados por la economía y el poder geopolítico, no así por la urgente necesidad de reformar sus políticas para detener el acelerado deterioro ambiental que amenaza la vida sobre la Tierra.
No es posible ignorar que un puñado de países industrializados y sus sociedades consumistas han agotado, en menos de un siglo, recursos no renovables extrayéndolos de países empobrecidos por la corrupción y los conflictos bélicos provocados para facilitar sus operaciones. Como consecuencia de esa destrucción sistemática del equilibrio natural de la vida en el planeta, la Humanidad se enfrenta a un futuro incierto y poblado de amenazas que ya es necesario atender.
Sin embargo, ese escenario resulta apocalíptico para las grandes corporaciones y los países hegemónicos que gobiernan al mundo. De establecerse parámetros estrictos de reducción de emisiones, sustitución de fuentes de energía y cese de explotación de recursos no renovables y de especies marinas, muchos serían los efectos en sus planes y perspectivas económicas, en sus políticas sociales y de consumo, pero sobre todo en un replanteamiento drástico del concepto de desarrollo. Por esa razón, observan con recelo las acciones y el impacto de una adolescente de 16 años quien, sin mayores alardes, ha levantado una oleada de protestas a nivel global exigiendo acciones urgentes para detener el cambio climático.
La situación de deterioro ambiental ha sido negada sistemáticamente por los gobiernos de países con mayores índices de consumo, por lo tanto los mayores responsables por la situación actual. Eso, porque en su carrera hacia el poder absoluto, un freno de esa magnitud echaría por tierra sus ambiciones y afectaría gravemente su hegemonía económica. De esa cuenta, el presidente de la nación más consumista del planeta no tuvo empacho en intentar descalificar la actuación de Greta Thunberg y tampoco desperdiciaron la ocasión quienes apoyan sus políticas.
Lo importante no es, en realidad, quien trae el mensaje sino lo que este comunica. Como mensajera, la joven sueca logró su cometido por la pertinencia de un tema que afecta de manera directa a la niñez y la juventud del planeta. Una juventud cuyas perspectivas de vida y desarrollo se ven limitadas por la codicia corporativa y las políticas de dominación de algunas naciones súper poderosas cuyos representantes intentaron matar –mediáticamente- a la mensajera; pero el mensaje logró infiltrarse en la conciencia de millones de jóvenes, para quienes la vida es mucho más importante que un sistema de consumo alienante, impuesto por razones ajenas al bienestar humano.
Autor: Carolina Vásquez Araya
.La contraofensiva de la derecha pierde fuerza en el mundo Emir Sader
Después de una primera década marcada por gobiernos antineoliberales en América Latina, que han proyectado a Hugo Chávez, Lula. Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mújica, Evo Morales y Rafael Correa como los grandes líderes de la izquierda a escala mundial, la derecha retomó la iniciativa y la ofensiva en la segunda década del siglo.
La ofensiva derechista perdió aliento, con Johnson perdiendo la mayoría en el Parlamento, con Trump teniendo que deshacerse de Bolton, su “señor de la guerra”, así como teniendo que pasar a la defensiva, con el impeachment. Con la derrota del gobierno derechista en Italia, con la elección de un gobierno socialista en España, a la vez que Netanyahu no logra organizar un gobierno en Israel. En la misma América Latina la situación volvía a tener cambios en la dirección progresista, con la elección de Lopez Obrador en México.
La agenda mundial, que había asumido tonos conservadores, con retrocesos profundos, con los dos liderazgos del bloque occidental hace más de un siglo en retirada respecto a la globalización, ha dejado un vacío de conducción, dando síntomas de agotarse. Trump tiene que cambiar las formas más radicales de enfrentar los conflictos externos. Johnson no puede implementar la salida salvaje del brexit. Un gobierno socialista en España rompe con el aislamiento del gobierno de Portugal.
En Argentina la espectacular victoria de Macri hace cuatro años, con el restablecimiento del modelo neoliberal, llevó a su gobierno a un no menos espectacular rechazo, confirmando la incapacidad de ese modelo de conquistar bases sociales estables de apoyo. Ha confirmado que la derecha no tiene alternativa a ese modelo, que promueve los intereses del capital financiero a expensas de los derechos de la gran mayoría de la población. Por ello se agota rápidamente y fracasa.
El escenario lationamericano vuelve a cambiar, con dos de los tres principales países latinoamericanos –Mexico y Argentina– con gobiernos progresistas, antineoliberales, aislando al gobierno de extrema derecha de Brasil. En Bolivia, Evo es favorito para ser reelegido en primera vuelta, mientras la disputa en segunda vuelta está abierta en Uruguay.
La contraofensiva conservadora va así perdiendo fuerza, demostrando que no tiene propuesta ni para que la economía global vuelva a crecer, ni para que los focos de guerra sean pacificados, tampoco para que las desigualdades disminuyan en el mundo y en cada país. Tenemos un mundo en que los focos de guerra se multiplican, en que un nuevo ciclo recesivo llega, en el que los gobiernos son cada vez más inestables, los organismos internacionales están cada vez más desgastados, un mundo cada vez más inseguro.
Las viejas potencias imperiales demuestran ser incapaces de conducir el mundo a un futuro mejor. Los discursos de odio y de guerra tienen como respuesta acciones violentas e inestabilidad política todavía más grande.
Nadie se ocupa del mundo. Cada gobernante de las grandes potencias piensa en los intereses inmediatos de su país. Los más fuertes saben defenderse. La gran mayoría de la humanidad se siente desvalida, entregada al hambre y a la miseria. Los conflictos bélicos siguen produciendo muertos e inmigrantes, rechazados por los mismos países responsables de esas guerras.
El impulso conservador pierde aliento, porque no tiene nada que proponer, a no ser más violencia y más beneficios para el capital financiero. Sus gobiernos se desgastan rápidamente y fracasan. Eso es lo que está pasando con Trump y con Johnson o con Salvini y con Macri.
Trump era favorito para ganar la reelección. A pesar del alto nivel de rechazo (48%), mientras la economía creciese, podría ser reelegido. Pero los síntomas de un nuevo ciclo recesivo en la economía internacional se harán sentir también sobre la economía norteamericana y el clima político tiende a revertirse. Los candidatos demócratas lo derrotan en las encuestas, proyectando un escenario de no reelección para Trump.
En el Reino Unido, el brexit no logra materializarse en los términos propuestos por la derecha, los conservadores se han dividido, hoy los laboristas aliados a los liberales, ganarían las elecciones.
En América Latina, la derrota de Macri revela el vuelo corto de la remontada neoliberal y hace prever que pasará lo mismo en Brasil.
En Europa, la derrota de la derecha en Italia y en España, confirma también el vuelo corto de los conservadores, aun antes de que la recesión económica vuelva a golpear sus economías, con la misma Alemania entrando en crisis.
Después del primer ciclo político en el siglo XXI, marcado por gobiernos antineoliberaies en América Latina, el segundo fue marcado por el ascenso de la derecha, con Trump y el brexit dando el tono. Macri y Bolsonaro eran coadyuvantes de esa tendencia.
El nuevo siglo llega al final de su segunda década con las disputas por la hegemonía mundial abiertas, con el desgaste del poderío norteamericano y el fortalecimiento de los BRICS. El neoliberalismo sigue como modelo predominante, pero su agotamiento es ahora reconocido hasta por algunos de sus defensores tradicionales, sin que el capitalismo encuentre modelo alternativo. El retorno de un gobierno antineoliberal en Argentina es un desafío importante para la apertura de un nuevo ciclo político en el siglo XXI.
La contraofensiva de la derecha en el mundo pierde fuerza y abre perspectivas para que una recuperación del ciclo antineoliberal pueda marcar la tercera década del nuevo siglo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
.La envidia entre mujeres
.La mirada económica de Rosa Luxemburgo
Claudio Katz
Exposición en las Jornadas sobre Rosa Luxemburgo. A 100 años de su asesinato, Buenos Aires 24 de septiembre de 2019.
Buenas tardes, gracias por la invitación y me alegro mucho de esta incorporación de Rosa Luxemburgo, a la lista de lista de revolucionarios homenajeados, como ya hicimos con Marx, Lenin, el Che o Fidel. Bienvenido este tributo a los 100 de Rosa, que fue una excepcional exponente del marxismo clásico. Como todos sus pares ella fusionaba la acción política con la teoría y la militancia con el pensamiento. Por esa razón desenvolvió una vida tan integral.
Puesto que no alumbró una corriente específica perdurable, su obra fue poco visitada y poco citada durante muchos años. Yo creo que abordó problemas de gran actualidad al actuar en un partido socialista, que principios del siglo XX ya era una organización de masas, con gran predicamento sindical y fuerte protagonismo parlamentario.
En esta mesa de las Jornadas nos concentramos en Rosa como economista y como partícipe de la extraordinaria generación de teóricos que sucedió a Marx. Yo creo que en ese terreno nos legó aportes muy significativos en varios planos.
Primero en la metodología de investigación del capitalismo. En su época ya se había generalizado el estudio del Tomo 1 de El Capital, con gran atención entrados en la explotación, la plusvalía y los desequilibrios de la órbita productiva. Rosa fue la primera en ir más allá de estos enfoques, propiciando un análisis de toda la dinámica de la reproducción. Integró especialmente la esfera de la circulación, mediante la exhaustiva incorporación del Tomo 2 a la indagación del capitalismo.
Revisó con gran audacia los esquemas de reproducción ampliada de la obra de Marx, que ofrecían un modelo integral de funcionamiento del sistema. Se propuso incluso enmendar los errores que observó en esos esquemas, para formular a partir de allí su propia teoría de la crisis.
Luxemburgo discutió acaloradamente esa corrección con varios economistas. Sus críticos objetaban la introducción de un razonamiento empírico directo, en modelos abstractos. Esos esquemas estaban concebidos con muchos supuestos, con el objetivo de evaluar cómo puede funcionar un sistema socavado por tantas contradicciones. Yo creo que los críticos tenían razón. Pero las grandes pensadoras suelen abrir extraordinarios caminos de renovación, cuando transitan incluso por pistas falsa.
Rosa inauguró el estudio contemporáneo de El Capital como totalidad y como valor en movimiento. Tomo en cuenta la metamorfosis de todos sus componentes. Sólo ese abordaje permite comprender el proceso general de distribución, realización y valorización del capital. No alcanza con indagar lo que sucede en el ámbito de la producción y en la generación de plusvalía. El capitalismo está socavado por múltiples contradicciones, que irrumpen en todos los planos de su desenvolvimiento. Ese abordaje totalizador fue comenzado por Luxemburgo.
El segundo tema es la crisis. En la época de Rosa se discutía intensamente cuál era el desequilibrio principal del capitalismo. Ella integraba la corriente subconsumista que atribuía esas convulsiones a la estrechez de los salarios, recordando que un sistema basado en la explotación no genera la demanda requerida para su propio funcionamiento. Consideraba que el capital emigraba de un país a otro para contrapesar la insuficiencia del consumo insuficiente y situaba los límites del sistema, en el agotamiento de los mercados no capitalistas.
También esa mirada suscitó fuertes polémicas con sus pares marxistas, que resaltaron cómo el propio sistema genera contrapesos a ese desequilibrio, mediante otros consumos, mayores demandas de bienes producción y nuevos mercados. De ese debate emergió en mi opinión la mejor síntesis contemporánea de la teoría de la crisis, que integra las insuficiencias de la demanda a todos los desequilibrios concentrados en la sobreproducción. El principal problema del capitalismo no es la pobreza de las masas, sino la tendencia capital a expandir la producción por encima del consumo.
Pero la atención de Rosa a los desequilibrios de la demanda tiene gran actualidad, puesto que el neoliberalismo provoca un serio deterioro del poder de compra. Incentiva el consumo sin brindar la correspondiente contraparte de ingresos superiores y e n gran parte de la periferia inferior directamente recrea el drama del subconsumo. En el caso de América Latina incide en el desencadenamiento de periódicas crisis de intensa gravedad
El tercer tema es la dimensión económica del imperialismo. Al igual que Lenin, Luxemburgo estimaba que la competencia obliga a los capitalistas a incursionar en el mercado mundial, para capturar nuevos territorios. Pero Rosa atribuía esa compulsión a la existencia de mercancías invendibles y a la necesidad de realizar en la periferia, la plusvalía no absorbida en las economías centrales. Por el contrario, Lenin explicaba el imperialismo por el proteccionismo, la supremacía financiera, el monopolio y la exportación de capitales sobrantes.
Mientras que la mirada de Lenin ha sido actualizada por los teóricos del capital rentista, el enfoque de Luxemburgo es retomado por los teóricos del Nuevo Imperialismo. Resaltan especialmente el papel de esa nueva configuración para lidiar con la sobreproducción global itinerante. Yo creo que esta segunda vertiente es más fructífera, en la medida que evita todos los inconvenientes de localizar exclusivamente la crisis en el plano financiero.
En la interpretación política del imperialismo existió total convergencia entre Lenin y Luxemburg. Ambos cuestionaban la ilusión de impedir el estallido de la Primera Guerra Mundial mediante pactos entre las potencias. Objetaban las ilusiones en el desarme negociado y convocaban a la lucha para impedir la matanza de los pueblos. En esa actitud frente a la guerra radica, en mi opinión, el eje de la teoría clásica del imperialismo. En un período de grandes guerras por la apropiación del botín colonial, ese enfoque aportó el fundamento político para el rechazo revolucionario de la guerra.
Ese escenario se modificó radicalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Pero mediante el Pentágono, la CIA y los marines, el imperialismo persiste como el gran instrumento de dominación de las empresas transnacionales. Luxemburgo señalaba especialmente que el capitalismo se sostiene en el uso de la fuerza. Y como el sistema necesita recurrir a esa coerción, es un gran error suponer que el imperialismo ha sido reemplazado por rivalidades meramente hegemónicas, disputas ideológicas o búsquedas de consenso.
Yo creo que se incurre en el mismo equívoco, cuando se analizan las relaciones internacionales en términos de unipolaridad o multipolaridad. La dramática vigencia del imperialismo se verifica en las guerras que devastaron al continente africano y al mundo árabe y que han desintegrado varios países para asegurar la captura de las materias primas.
Luxemburgo nos aportó también el primer análisis de la forma en que la periferia queda plenamente integrada a la dinámica global del capitalismo. D etectó las relaciones desiguales que vinculan a las economías dominantes y subordinadas y anticipó las teorías del “desarrollo del subdesarrollo” . Describió especialmente cómo la periferia es doblemente esquilmada por succiones económicas y pillajes coloniales y señaló, además, que la acumulación primitiva de capital no fue sólo un proceso histórico de preparación del capitalismo. Constituye una dinámica recurrente en el funcionamiento del sistema.
De esa mirada surgió el concepto de acumulación por desposesión. Ya no se aplica al estudio de la depredación de las colonias durante las grandes guerras, sino al análisis de la expropiación que implementa el neoliberalismo especialmente en el terreno de las privatizaciones o el extractivismo.
Sobre el tema específico del trabajo, yo observo a Luxemburgo como una estudiosa de la compleja dinámica de la explotación. Me parece que su mirada es muy útil para evaluar el curso contemporáneo de la precarización, el desempleo y la intensificación de la jornada de trabajo. Siempre subrayaba la importancia de las conquistas obreras y los logros en materia de ingresos o condiciones laborales. Ponía especial atención a la evolución del componente histórico social del valor de la fuerza de trabajo.
Por eso entiendo que era crítica de teorías simplificadas de la pauperización absoluta y no veo sintonía de su enfoque, con un postulado general de pago usual de los trabajadores por debajo del valor de su fuerza de trabajo. Observó, en cambio, una gran familiaridad con las nuevas síntesis de la Teoría del Proceso de Trabajo, que remarcan el peso del control patronal y la dinámica contradictoria de diferenciación y recalificación de la fuerza de trabajo.
Finalmente, sobre el futuro del capitalismo Rosa nos legó dos planteos. Por un lado, cierta sugerencia de crisis terminal del sistema por agotamiento de los mercados no capitalistas, a tono con las teorías del derrumbe de la entre-guerra. Por otra parte, una gran atención a la competencia y al crecimiento exponencial, con el consiguiente distanciamiento del estancacionismo. Este segundo registro es retomado por los teóricos del Nuevo Imperialismo, cuando avizoran un futuro de crisis capitalistas sucesivas y peligrosas, pero evitando augurios de desenlaces terminales.
En cualquier caso, Luxemburgo observaba el futuro como una disyuntiva entre el socialismo y la barbarie. Y basta registrar la gravedad de la destrucción del medio ambiente para notar la dramática actualidad de esa encrucijada. Bajo el capitalismo la barbarie no es una opción de futuro. Es una realidad cotidiana en todos los países.
Y la encrucijada que planteo Rosa implica que el futuro depende de la lucha. Depende de nosotros y de nuestra construcción de alternativas. Ese fue el mensaje central de Luxemburgo: la reflexión teórica para el compromiso con las mayorías populares, el estudio para la acción militante y el debate entre compañeros para construir una sociedad sin explotadores ni explotados.
Claudio Katz, economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Autor: Claudio Katz
.Greta, los efectos y sus causas
Greta, los efectos y sus causas
Atilio Borón
La conmovedora defensa del medio ambiente y la denuncia de los estragos producidos por el cambio climático hecha por Greta Thunberg así como su durísima crítica a la dirigencia política mundial, esa que por su ineptitud, inconsciencia o corrupción ha defraudado a los niños y jóvenes al dejar como herencia un medio ambiente contaminado, semidestruido (y, para muchas especies, invivible), adquirió en tiempos recientes una resonancia verdaderamente excepcional. Esto provocó la respuesta o la repulsa de personajes tan siniestros como Donald Trump o Jair Bolsonaro, para mencionar apenas a los más notorios, así como de otros bufones y paniaguados de la derecha y el imperialismo cuyo oficio es reproducir las barbaridades de sus jefes y alabarlos sin cesar. Pero las burlas y los sarcasmos de aquellos homínidos lejos de desmerecer la crítica de la jovencita sueca no hicieron sino ratificar la verdad y la justicia de la causa que Greta defiende con tanto ardor.
Claro está que sus planteamientos serían mucho más sólidos si tomaran en cuenta lo que una vez sentenciara Chico Mendes -el recolector de caucho, ambientalista y sindicalista brasileño asesinado en 1988 por quienes hoy incendian la Amazonía- cuando dijo que “la ecología sin lucha social, es solo jardinería.” En otras palabras, la defensa del medio ambiente y la denuncia del cambio climático y sus estragos requiere atacar las causas del holocausto ecológico en marcha. El origen de esta tragedia no puede atribuirse a “los hombres” o al “género humano” y su maldad o inconsciencia sino que se encuentra en la esencia misma del capitalismo, un régimen de producción que incesante e inexorablemente trata a mujeres, hombres y la naturaleza como simples mercancías sólo merecedoras de ser cuidadas y preservadas en la medida en que sean fuentes de ganancias. Por consiguiente, sería importantísimo que los jóvenes que se nuclean tras el liderazgo de Greta sepan que su lucha estará destinada al fracaso en la medida en que se limiten a combatir los efectos predatorios del capitalismo en el medio ambiente (y en la sociedad) y no se lancen, con el mismo ardor, a luchar contra el origen o las causas del desastre ambiental que no es otro que el capitalismo. Mientras este subsista, mientras la dinámica de la acumulación siga su carrera hacia el abismo y la barbarie, el deterioro ecológico seguirá su marcha hasta su cataclísmico final. Por eso hay que acabar con el capitalismo antes de que éste haga lo propio con la naturaleza y la humanidad. Ojalá Greta y los millones de jóvenes que la siguen en todo el mundo comprendan este mensaje.
Autor: Atilio Borón
Revolución permanente del sentido… André Breton
Muy pronto estaremos celebrando el Centenario del Surrealismo (1924) y con él sus Manifiestos [1], que siguen vigentes y desafiantes como en la primera hora: el Amor y la Poesía como fuentes Revolucionarias; la “realidad” del “establishment” como mascarada ideológica y emboscada para esconder las verdades humanas; Revolución en las potencias lúdicas, eróticas y creadoras como vertederos de libertad y Arte; como fuerza para la transformación del mundo. (Bonet) “Breton sigue siendo un irrecuperable. Su inmenso proyecto –necesariamente inacabado– de fusión alquímica entre el amor loco, la poesía de lo maravilloso y la revolución social es inasimilable para el mundo burgués y filisteo. Permanece irreductiblemente opuesto a esta sociedad y tan duro de roer como un hueso –un hermoso hueso, semejante a los que los indígenas de las islas Salomón llenan de inscripciones e imágenes– atravesado en el gaznate capitalista”.
Es imprescindible estudiar el aporte de Bretón, y de los surrealistas, para sentir, como propia, su batalla vigente en las fuerzas revolucionarias del “sentido” que, desde muy temprano, se asentaron entre las expresiones fundamentales del Siglo XX… pero, también porque es indispensable mostrar la vigencia del Movimiento Surrealista que plantó su dinámica revolucionaria en pleno corazón de la podredumbre capitalista realmente existente. En “Primer Manifiesto” aparecen los “principios” programáticos, las bases y las herencias del surrealismo y se ofrece un método poético para la creación, la intervención directa en la vida y la subordinación de todos los instrumentos del conocimiento a la rebelión de los sentidos. En el “Segundo Manifiesto” se expone un plan político para la poesía (lo que los surrealistas definieron como poesía) y en los “Prolegómenos para una Tercer Manifiesto” se dispone a detonar todo el edificio de la ideología dominante con los explosivos del surrealismo como una semiótica-ética. Tres manifiestos que, en realidad, son una unidad indivisible. Contra todo lo que digan los sepultureros de las revoluciones.
El Movimiento Surrealista desarrolla una radiografía, material y concreta, del mundo que ha sido secuestrado por el capitalismo y propone armas para combatirlo echando mano de la emancipación de la imaginación, del amor y de la poesía. Su táctica consiste en sublevar la expresión libre, directa, sin la intervención de la “razón” hegemónica. Lo valioso de una acción surrealista no es sólo el “producto” sino, también, los estragos, las fisuras, los quiebres epistémicos duraderos que puedan ocasionarse en el “espíritu” belicista, financista, ilusionista…de la época (la ideología de la clase dominante) y en todos sus mecanismos alienantes, incluidos sus bastiones de “belleza”, “arte” e instituciones morales. El modo como se desencadena la ofensiva surrealista descansa en ráfagas de imágenes, mediante el “automatismo psíquico” que fue ensayado por primera vez por Breton y Soupault: “Campos magnéticos”. Método de insurrección consciente para facilitar las erupciones del inconsciente. Como lo entendieron.
Aragón decía: “El surrealismo es la inspiración reconocida, practicada y aceptada. No ya corno una visita inexplicable sino corno una facultad que se ejerce. De una amplitud variable según las fuerzas individuales y con resultados de interés desigual. El fondo de un texto surrealista importa en el más alto grado, pues es el que le concede su inestimable carácter de revelación”. En la palabra “revelación” para el surrealismo habita la palabra revolución. Ansias de liberar a la humanidad de toda forma de opresiones, esclavitudes y tristezas.
El movimiento surrealista fue acción directa en el territorio del sentido común hegemónico: político-cultural-artístico… y combatió sin atenuantes al sistema capitalista, sus modos de producción y sus relaciones de producción. Desmantelaron, a su modo, la ideología de la clase dominante y desnudaron el plan de alienación, cosificación y mercantilización contra la especie humana. El Segundo Manifiesto –1930- es un programa en el que se profundiza el objetivo de “arruinar las ideas de familia, patria, religión” esgrime la libertad relativa para todas las iniciativas artísticas transformadoras. “‘Transformar el mundo’, dijo Marx; ‘cambiar la vida’, dijo Rimbaud: estas dos consignas para nosotros no son más que una”.
En 1938 Breton viajó a México donde fue huésped de Diego Rivera y de León Trotsky. De ese encuentro surgió la FIARI (Federación Internacional de Artistas Revolucionarios Independientes y donde intervinieron Diego Rivera, Breton y el propio Trotsky) “Por un arte revolucionario independiente”: “Si para desarrollar las fuerzas productivas materiales, la revolución tiene que erigir un régimen socialista de plan centralizado, en lo que respecta a la creación intelectual debe desde el mismo comienzo establecer y garantizar un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni el menor rastro de mando!”.
Contra todo el palabrerío desatado por los santones intelectuales de la burguesía, el Movimiento Surrealista entraña –hasta el presente- una vocación de acción revolucionaria directa conectada indisolublemente con las bases. De ninguna manera anheló ser una desplante de élite ni un plan de escándalos “estéticos” propio de artistas burgueses. Lo escribieron con todos “los puntos sobre las íes”: “El otro problema es el de la acción social pendiente. Nosotros nunca la rechazamos y afirmamos que encuentra su método propio en el materialismo dialéctico; por lo demás, no podíamos desinteresarnos de ella ya que nos adherimos sin reserva al materialismo dialéctico y consideramos la liberación del hombre la condición sine qua non para la liberación del espíritu, y sólo podemos esperar esta liberación del hombre de una revolución proletaria.” [2] Es en el Segundo manifiesto del surrealismo (1930) donde expone todas las consecuencias de este acto, al afirmar, “totalmente, sin reservas, nuestra adhesi ón al principio del materialismo hist ór ico”. Breton insiste “el surrealismo se considera ligado indisolublemente, como consecuencia de las afinidades antes señaladas, a la trayectoria del pensamiento marxista, y sólo a esa trayectoria”. No hace falta se ña lar que el marxismo que defiende Breton no tiene nada que ver con la vulgata oficial del estalinismo. Como lo definió Sánchez Vázquez.
Supieron poner el debate que arde sobre ciertas heridas en la dialéctica de la autocrítica: “…también es imposible que el marxismo se abstenga más tiempo de tomar en cuenta la base científica de las investigaciones sobre el origen y el cambio de las imágenes ideológicas.” A. Breton. Todo lo denunciado por el Surrealismo, hace casi 100 años, persiste agravado. “Muralla del dinero salpicada de sesos”. Breton dijo que, “finalmente”, habrá “una revisión radical de la historia revolucionaria de estos últimos cuarenta años, historia cínicamente deformada y donde no solamente se haga completa justicia a Trotsky, sino que también alcancen todo su vigor y amplitud las ideas por las que dio su vida”. Eso mismo habrá que decir de Bretón. Y de tantos otros.
[1] http://blogs.fad.unam.mx/asignatura/raquel_garcia/wp-content/uploads/2014/02/Primer-manifiesto-surrealista.pdf
[2] Fragmento de: Bradu, Fabienne. “André Bretón en México”. iBooks. https://books.apple.com/ar/book/andr%C3%A9-bret%C3%B3n-en-m%C3%A9xico/id839144473
*Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=260897&titular=andr%E9-breton-






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