Combina la neurociencia con la tecnología para potenciar las ondas cerebrales
Un nuevo sistema, que combina electroencefalografía y la retroalimentación visual, permite a principiantes mejorar significativamente el aprendizaje musical. La potencia de las ondas gamma del cerebro frontal mejora la calidad de la interpretación.
Investigadores de la Universidad Pompeu Fabra han descubierto un sistema que potencia el aprendizaje musical. Consiste en registrar la actividad cerebral de un estudiante cuando aprende a tocar el violín y al mismo tiempo medir la calidad de su interpretación mediante un sistema de retroalimentación visual.
De esta forma, el estudiante puede ir conociendo en tiempo real los progresos de su aprendizaje y obtener resultados mucho más significativos que si el aprendizaje se realiza por medios convencionales. Los resultados se publican en la revista Frontiers in Psychology.
“Estudiamos la actividad cerebral a través de técnicas de electroencefalografía (EEG) en un grupo de participantes sin experiencia previa en tocar violín mientras aprendían a producir un sonido estable (con respecto al tono, la dinámica y el timbre), a fin de poder encontrar biomarcadores de aprendizaje al realizar una tarea musical”, explican Angel Blanco y Rafael Ramírez, los autores de esta investigación.
Al mismo tiempo, los investigadores evaluaron la efectividad del uso de un sistema de retroalimentación visual de la calidad de sonido para mejorar el sonido producido por estudiantes de violín principiantes. De esta forma obtuvieron registros de la actividad cerebral de los participantes a través de electroencefalogramas (EEG) y registros del sonido que éstos produjeron con el violín.
Los participantes (18) fueron divididos en dos grupos. Ambos tuvieron acceso a materiales de aprendizaje y videos de referencia durante el experimento, pero además, uno de los grupos recibió información sobre la calidad de su interpretación a través del sistema de retroalimentación visual con calidad de sonido.
La calidad del sonido producido, así como la actividad de EEG de cada participante, se registró durante 4 bloques de 5 ensayos cada uno (20 ensayos en total). Un grupo adicional de 9 expertos en violín actuó de grupo control.
Mejoras significativas
Los resultados revelaron mejoras significativas en la calidad del sonido a lo largo de la sesión en todos los participantes, a excepción del grupo control, que no participó en el experimento.
Además, los participantes del grupo experimental mostraron un mayor interés en el proceso de aprendizaje y una mejora significativa después del segundo bloque de ensayos, lo cual no se objetivó en el grupo de control.
A nivel electrofisiológico, los autores han encontrado correlación entre los niveles de potencia de las ondas gamma del cerebro frontal y la mejora del sonido a lo largo de la tarea, tanto en el grupo experimental como en el de control.
Este resultado es consistente con el modelo de enlace temporal que asocia la potencia de las ondas cerebrales gamma con la integración de la información procesada en áreas corticales distribuidas.
La complejidad de la tarea exige más recursos cognitivos, más vinculante y, por lo tanto, mejora de la potencia de las ondas gamma, actividad que se reduce a medida que la tarea comienza a automatizarse.
Corresponde este título a una publicación de 1881, editada en Barcelona por la imprenta y litografía de Faustino Paluzie, obra muy popular en su tiempo que se siguió reeditando hasta 1954. Su edición estaba destinada al público infantil, especialmente niñas. El objetivo era fomentar la devoción y la educación moral entre ellas.
La autora de este texto, fue la cartagenera de cuna Pilar Pascual de Sanjuán, nacida en este municipio el 23 de octubre de 1827. Su padre Francisco Pascual, oficial de artillería, se encontraba en esta plaza formando parte de la guarnición, cuando Pilar vino al mundo.
A los 14 años de edad y tras el fallecimiento de su padre, Pilar Pascual junto con su madre, se trasladaron a la localidad de Mequinenza (Zaragoza) de donde era originaria esta última. Allí emprendieron una nueva vida llena de dificultades económicas, obligadas por las circunstancias a trabajar haciendo bordados y otras labores textiles.
Pero eso no fue óbice para que Pilar recibiera de su madre una sólida formación intelectual, fomentada desde la lectura de obras literarias y educativas. Compaginando el trabajo con la educación, la joven pronto pudo acceder a niveles educativos que generalmente estaban vetados a las mujeres de aquella época.
Otro hecho transcendental en la vida de esta cartagenera fue su matrimonio con el farmacéutico de Mequinenza y su posterior traslado a la ciudad de Lérida. Allí se le abrieron nuevas oportunidades. Obtuvo el título de maestra superior en 1856 y desarrolló una increíble labor como educadora y autora de numerosos libros, casi todos relacionados con la pedagogía. Así, se convirtió en la maestra más reconocida de su época.
Figura en el diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia como maestra de primera enseñanza, escritora y defensora de la educación de las mujeres. Destacó por su profundo sentimiento religioso, su respeto con las ideas sociales y pedagógicas más conservadoras y se convirtió en adalid de la dignificación de las mujeres y de su profesionalidad como maestras.
Al quedar viuda, abrió con éxito una escuela privada de niñas, pero decidió ingresar en el Magisterio público, donde las garantías de seguridad laboral eran más elevadas. Ejerció en escuelas de niñas de San Juan de Vilassar, Manresa y Sabadell y, finalmente, se trasladó a Barcelona donde fue regente de la Escuela Práctica Agregada a la Normal de Maestras, hasta su fallecimiento cuando contaba setenta y un años. Allí ejerció su magisterio y se convirtió en una escritora prolífica, especialmente de manuales escolares para niñas, pero también de tratados pedagógicos, de poesía y de artículos de opinión. Formó parte activa de varias entidades culturales y de varios tribunales y jurados y fue redactora del ‘El monitor de primera enseñanza’, revista de carácter profesional.
Sus obras alcanzaron tanto prestigio que, fueron premiadas en numerosos foros e instituciones. Destaca la Medalla de Oro que logró en la Exposición Universal de Barcelona, con su obra ‘El nuevo Fleurí’, en 1888.
Pilar Pascual de Sanjuán
En 1889, doce de sus obras ya habían sido aprobadas como texto para las escuelas. Según sus biógrafos, sus postulados sobre la educación de las niñas se basaban en la defensa de una doctrina separada entre hombres y mujeres y exaltaba el ideal de feminidad imperante a la época. A pesar de que no cuestionaba los rasgos fundamentales de esta dicotomía, cuando definía el modelo de mujer basado en la figura del ángel del hogar, lo hacía desde una perspectiva propia que, pretendía dignificarlo para mejorar la autoestima y las condiciones de vida de las mujeres.
Esta opción, atendidos los estrechos límites de actuación que se reconocían a las mujeres de mediados de siglo XIX, hay que valorarla cómo una de las pocas estrategias de intervención viables del momento. A Pilar Pascual se la relacionó con el movimiento feminista del siglo XIX. Fue, claro está, una feminista de su tiempo, algo que no le impidió denunciar la desigualdad salarial establecida por la Ley Moyano de 1857, ni reclamar la dignificación del estatus de las maestras y un reconocimiento social equiparable al de sus colegas, impulsando campañas que desembocaron en 1883 con la promulgación de la Ley de Nivelación salarial entre el magisterio de ambos sexos, una de las pioneras en el mundo en esta línea.
Como decimos, su obra es extensa. Destaca la anteriormente citada ‘El nuevo fleuri’, junto a ‘El trovador de la niñez’; colección de composiciones en verso para que los niños se ejerciten en la lectura de poesía. Se convirtió en libro de lectura obligatoria en muchas escuelas españolas. ‘Breve tratado de urbanidad para las niñas’, ‘Prontuario del ama de casa’ fueron tratados elementales de labores para las niñas y las jóvenes.
En definitiva, rescatamos para nuestra sección la importante figura de esta educadora del siglo XIX, nacida en Cartagena, pero con poca presencia y reconocimiento en nuestra ciudad, solamente en 1926 se le puso su nombre a un grupo de escuelas afiliadas a la cruz roja en la Casa del Niño, no perdamos ahora la oportunidad de hacerlo.
Reducir el tamaño del número de alumnos en las clases suena a una gran idea.
Pero un análisis internacional sobre su impacto muestra consecuencias inesperadas: a menudo puede implicar una menor remuneración para los docentes y no hay mucha evidencia de que ofrezca buenos resultados para los estudiantes.
Hacer que los grupos en la clase sean más pequeños ha sido una política popular en muchos países, frecuentemente apoyada por padres, políticos y maestros.
Fue una de las grandes tendencias de la última década.
El tamaño de las clases disminuyó en promedio un 6% entre 2006 y 2014 en los años de secundaria en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLos sistemas educativos altamente calificados en el este de Asia a menudo tienen clases numerosas.
Clases pequeñas, más profesores
La expectativa era que las aulas con menos alumnos significarían una educación más personalizada, con mejoras en el comportamiento y el aprendizaje.
Pero cuando se trata de invertir en escuelas, suelen aparecer también puntos negativos, y los países solo pueden gastar su dinero una vez.
Cuando los presupuestos en educación se centran en reducir el tamaño de las clases, las cifras muestran que usualmente hay reducciones en otros aspectos, en particular en el salario de los maestros.
En todo el sistema educativo, aulas con menos alumnos representan un mayor número de clases. Esto requiere de los servicios de más maestros, lo que a su vez significa costos más altos.
Además de necesitar más docentes, reducir el tamaño de alumnos por clase también puede necesitar la construcción de más aulas y ampliación de las escuelas.
Opciones de gasto
Por primera vez, la OCDE analizó las consecuencias de reducir la cantidad de alumnos en las clases y su magnitud es sorprendente.
Para compensar el costo de reducir el tamaño promedio de la clase en un solo estudiante, los salarios de los maestros tendrían que disminuir en más de US$3.000 por año en la mayor cantidad de países de la OCDE.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionReducir el tamaño de los estudiantes en las clases ha sido una tendencia internacional popular en los últimos años.
En Suiza y Alemania significaría reducir la paga de los docentes en más de US$4.000 anuales y más de US$3.000 en países como Austria, Noruega, Estados Unidos, Finlandia, Australia, España y los Países Bajos.
Los sueldos de los maestros representan una parte importante del gasto escolar y cualquier medida que vaya a aumentar el número de docentes pronto tendrá un gran impacto en los presupuestos de Educación.
En la actualidad, los maestros de escuela secundaria reciben un pago de solo el 88% de lo que ganan otros trabajadores graduados.
Problemas de reclutamiento
Si los salarios de los docentes no son competitivos, habrá problemas de reclutamiento, y el riesgo de que los maestros dejen la profesión para buscar trabajos mejor compensados.
Entre 2005 y 2015, el salario de los docentes en la OCDE aumentó en promedio solo un 6% después de la inflación.
En un tercio de los países de la OCDE, hubo una disminución de la remuneración en términos reales.
En el país escandinavo se está experimentando con un nuevo entorno abierto de aprendizaje.
Pueden haber otros factores económicos en cada país que afecten el salario de los docentes, como una crisis financiera y políticas sobre salarios del sector público.
Pero reducir el tamaño de las clases significará tomar dinero que podría gastarse en otro lugar.
Existen otras opciones. Por ejemplo, los maestros podrían trabajar durante más horas en el aula y reducir su tiempo de preparación. O podría haber una reducción en el tiempo de la lección.
Pero alcanzar un equilibrio puede tener un precio alto.
En algunos países significaría reducir el tiempo de instrucción de los estudiantes en casi 70 horas por año para ahorrar el costo adicional de reclutar más maestros con el objetivo de reducir el tamaño de las clases.
¿Mejores resultados?
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl costo de clases más pequeñas puede terminar en que haya menos dinero para invertir en los maestros.
¿Vale la pena entonces reducir el número de alumnos por clase?
No existe un vínculo claro entre los sistemas educativos con clases más pequeñas y un mejor aprendizaje.
Los resultados de las últimas pruebas Pisa no muestran ninguna asociación entre el tamaño promedio de las clases y el rendimiento de los alumnos en ciencias.
De hecho, los países asiáticos como Singapur y China, a menudo encabezan las clasificaciones tanto en términos de rendimiento como en clases numerosas.
Otro dato que tal vez puede ser inesperado es que los resultados en ciencia muestran puntajes más altos en estudiantes en clases más grandes y en escuelas con maestros que deben enfrentar aulas más populosas.
Quizás lo que realmente se necesita es que se produzca una reducción significativa en el tamaño de la clase para tener un impacto positivo.
Pero parece que cada vez que los sistemas educativos con alto rendimiento tienen que elegir entre clases más pequeñas e inversiones en docentes, eligen lo último.
Derechos de autor de la imagenREUTERSImage captionLos salarios de los docentes son frecuentemente tema de conflicto.
Por supuesto, pueden surgir otras decisiones políticas y económicas, como un mayor financiamiento para las escuelas, con el objetivo de que los salarios de los maestros reciban un incremento.
Pero dado que los presupuestos son a menudo limitados, este estudio muestra cómo las opciones de gasto pueden tener resultados imprevistos.
Reducir el tamaño de la clase es una medida costosa, por lo que vale la pena considerar sus beneficios frente a otras políticas.
Si esta fuera una decisión financiera, ¿cómo obtendrías más por tu dinero invertido?
¿Cómo se compararía con gastar más en aumentar los salarios de los maestros, invertir en la capacitación de docentes o cambiar el plan de estudios?
¿Vale la pena, entonces, aplicar la popular política de reducción en el número de alumnos en las clases, a costa de la calidad de la enseñanza?
En Venezuela, los acontecimientos políticos y sociales no dejan de marcar pauta, a tal punto que en las tres últimas semanas se han convertido en marcadas tendencias en las redes sociales mundiales. Las etiquetas que construyen los ciudadanos e instituciones nacionales o internacionales reflejan la aguda postura que se han asumido en torno a muchas realidades o imaginarios encarnados desde la experiencia de vida individual y colectiva.
Uno de los temas que más han generado escozor en las redes es el salarial. El pago que reciben los educadores en cualquiera de sus niveles ha puesto en peligro la permanencia de profesionales en sus lugares de trabajo, manifestando estar frente a una desvergonzada desprotección social en toda su historia laboral al encontrarse desamparadxs por el gobierno nacional en este tema, quien a pesar de los reclamos justos, aún no termina de sentarse con las partes involucradas para dar salida positiva a la situación.
La persistencia del alto costo de la vida, marcado entre otras cosas por una economía manipulada malsanamente por empresarios inescrupulosos, con el claro propósito de invisibilizar la posibilidad la existencia y crear escenarios de violencia y agresión es asunto que tampoco ha tenido por parte del gobierno, las medidas ni previsiones necesarias para erradicarlo. Cada vez se hace más complejo adquirir cualquier artículo de consumo principal como los alimentos, amén de medicinas, vestido, calzado o un poco de higiene mental.
Los temas de conversaciones en la mayoría de los académicos han dejado de ser sus deseos de formación, las producciones intelectuales o los trabajos de ascenso. Se ha perdido el interés por pertenecer y permanecer en colectivos científicos y de investigación que puedan dar respuesta a las exigencias de las comunidades o al desarrollo del país. Ahora, lo común es saber dónde venden algo que puedan costear con el deseo de no llegar sin nada a la casa, pues se tienen necesidades y compromisos familiares que son ineludibles. De manera preocupante y ya casi nada sorprendente, se comentan entre los que asisten, los malabares y odiseas para poder “cumplir” cotidianamente con tales responsabilidades. Aventuras que suelen terminar adversas y desfavorables dadas las dificultades reales por encontrar y pagar lo que se busca. Se es presa fácil del bachaquerismo inescrupuloso que se suma como otro problema social, alimentando la cultura del “más vivo” ante la crisis.
En el docente, se ha hecho notoria la desmejora de la imagen o recordada buena presencia. La alegría poco se percibe muy a pesar del esfuerzo que se hace por seguir siendo personas contentas, entusiastas, de buen trato y agradable convivencia. El sentimiento depresivo como trastorno emotivo se es casi general, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de mostrarse acompañado por la ansiedad y desespero
Esas situaciones junto a otras han hecho que un elevado número de docentes se marchen del país a diario. “El talento se nos va”. Incierto viaje emprenden en búsqueda de un mejor porvenir, el sueño de conquistar otro tipo de consideración remunerativa hace que llenen la maleta y posiciona a nuestros profesionales en otro contexto donde tal vez tampoco sean valorados, pero lo írrito, la tristeza y hasta la frustración se apropia de sus pensamientos y proyecta en su imaginario una ilusión por un mejor porvenir.
Ante estas desgarradoras verdades será que las máximas autoridades ministeriales se ha preguntado: ¿si quienes parten son madres o padres que no tienen otro apoyo para proveer lo necesario en sus hogares?, ¿Si tienen familia y enfermos que dependen de ellxs? ¿Cómo hacen para sobrevivir con estas remuneraciones?,¿Por qué dejar que nuestra gente se vaya a otros países que también sufren crisis económicas o delincuencia? O peor aún ¿por qué dejar partir a nuestrxs hermanoxs a países donde nos hacen la guerra? ¿Qué tan insignificante ha sido la inversión nacional en formar profesionales que antes de recibir su título ya han marchado a otras fronteras? ¿No importan los y las grandes docentes que forman a nuestrxs niñxs y juventudes para el gobierno, que sin mayor esfuerzo por reconsiderar los pagos asignados en las contrataciones colectivas legalmente firmadas los deja ir?.
Los venezolanos que han partido cuentan que la vida de un inmigrante no es sencilla. La discriminación y xenofobia se hacen presentes. Cuesta encontrar un buen trabajo, aunque hay quienes luchan y demuestran ser capaces de salir adelante, pero con el precio de honrar otra bandera, cantar otro himno e incluso no trabajar en su formación académica y lo más desgarrador, abandonar temporalmente a su hogar. Esto último representa un costo que no todxs logran soportar.
Para el colectivo docente, la mayor causa de deterioro emocional ha sido el desconocimiento de las Contrataciones Colectivas desde el pasado agosto 2018, acto que se cataloga de irrespetuoso e inconstitucional. Es absurdo y contradictorio creer que las convenciones pueden quedar por debajo de lo que decreta el Presidente y pasar una tabla rasa a la experiencia y al conocimiento que tiene un educador. Que a los profesionales de la docencia aún con postgrados de 5to nivel, el salario se ha hecho insuficiente incluso para pagar el pasaje, menos se puede financiar alquiler de vivienda, medicinas, costear estudios de sus hijos que puedan estar en instituciones públicas, se ha vuelto una odisea, todo esto debido a que las condiciones de pobreza son cada vez mucho más evidentes.
Otra realidad en el tapete es la discrepancia fenomenológica que hoy vemos en quienes luego de ser sindicalista de lucha social y gremial pasan a cumplir funciones ministeriales, colocándose a espaldas de la realidad económica que viven los maestros, maestras y profesores del país, convirtiéndose en un tema sutil con urgencias investigativas, donde seguramente emergen dolorosas categorías de mezquindad, oportunismo, falsedad, traición, engaño, bajeza, crueldad, inhumanidad y otros tantos calificativos negativos merecedores.
Quienes aún nos mantenemos en el ejercicio docente muy a pesar de esta delicada situación descrita pedimos a las autoridades respectivas, que no se hagan oídos sordos y menos aún que sigan simulando que no está pasando nada. Esta cruda realidad está afectando en todas las dimensiones de nuestras vidas y socavando la posibilidad de seguridad laboral.
Es por estas y otras verdades no manifestadas en este artículo de opinión que, los trabajadorxs de la educación en los últimos días protagonizamos asambleas y movimientos de calle en contra de medidas económicas desfavorables que pauperizan al gremio con sueldos por debajo del precio de la canasta básica, lo que limita cualquier posibilidad de vida digna.
En definitiva, el llamado es a rescatar en nuestro país la importante figura de los Educadores del siglo XXI, nacidos en medio de contrariedades y que en el momento presidencial de Hugo Chávez recibieron otra connotación. #SalarioDocenteDignoYa de lo contrario “Pareciera que ante tal indiferencia hay un ataque a la educación pública”.
Andria Zafirakou está considerada la mejor profesora del mundo al haber sido galardonada con el Global Teacher Prize de 2018 considerado como el Nobel de la Educación y dotado de 1 millón de dólares.
Zafirakou es subdirectora y profesora de Artes y Textiles en Alperton Community School, una escuela de secundaria de Reino Unido donde muchos de sus alumnos ni siquiera hablan inglés.
En el Foro Económico Mundial, Andria Zafirakou ha hablado de su experiencia como profesora y ha revelado lo que en su opinión es lo más importante en educación.
Zafirakou considera que el arte es capaz de construir clases más inclusivas, fomentar el desarrollo de los alumnos y crear las mentes creativas necesarias en la sociedad del futuro.
Andria Zafirakou es la mejor profesora del mundo. Así lo certifica el haber sido galardonada con el Global Teacher Prize de 2018 considerado como el Nobel de la Educación y dotado de 1 millón de dólares.
Y méritos tiene de sobra.
Andria Zafirakou es la profesora que cada mañana saluda a sus alumnos en 35 idiomas, redefinió los horarios de su escuela para que los alumnos que no pudieran estudiar en casa lo hicieran en el colegio y puso en funcionamiento un programa destinado a acompañar a los alumnos a la parada de autobús para evitar que fueran captados por pandillas de la zona.
✔@GESForum At this year’s #GESF, @Andriazaf was awarded the 2018 Global #TeacherPrize but who will be the next winner? Applications and nominations for the 2019 Global Teacher Prize are now open http://bit.ly/2LaJqNB4
Zafirakou es subdirectora y profesora de Artes y Textiles en Alperton Community School, una escuela de secundaria en el distrito de Brent, consideradouno de los lugares de mayor diversidad étnica de Reino Unido. Sus alumnos provienen en gran medida de las familias más pobres del país y en muchos de los casos ni siquiera hablan inglés.
Dispuesta a mejorar esas limitadas habilidades con las que muchos menores llegaban a la escuela, Zafirakou rediseñó el currículo en todas las materias desde cero, priorizando el arte. Los resultados obtenidos con ello, no solo le han servido para ganar el premio a la mejor profesora del mundo,también han impulsado las calificaciones y acreditaciones de la escuela .
En el Foro Económico MundialAndria Zafirakouha hablado sobre su experiencia, revelando lo que considera es lo más importante en educación.
Un aula inclusiva y cohesiva
En una era de primacía de los conocimientos matemáticos y científicos Zafirakou considera que el arte es el recurso pedagógico fundamental para el desarrollo de los alumnos.
«Los estudiantes que no hablan inglés no pueden escribir un ensayo, no pueden acceder a ningún otro plan de estudios, pero en Arte, todo lo que se les pide que hagan es dibujar y explorar materiales. Son libres de expresarse» ha relatado Zafirakou en su discurso. » A través del arte, estamos elevando su confianza y autoestima y permitiéndoles encontrar y contar esas historias»,
«El trabajo de la educación es ser inclusivo», ha afirmado y en su opinión el arte es el elemento perfecto que permite igualar a todos en el aula, sean cuáles sean sus necesidades o ritmos de aprendizaje.
En el arte cada alumno puede aprender a su propio ritmo, en opinión de Zafirakou, «no hay respuestas correctas o incorrectas, por lo que los alumnos repetidamente regresarán y perseverarán con su trabajo». Y esta capacidad para aprender a un ritmo individual, permite avanzar en el propio trabajo y «sentirse orgulloso» al alumno con los progresos. Lo que a la larga, considera, contribuye a la participación y la inclusión del grupo.
“Con el arte no se trata del producto final, es el proceso, el viaje, son las habilidades y el conocimiento que los niños aprenden sobre la forma de llegar a ese resultado final. A partir de eso, pueden identificar quiénes son, qué los emociona, qué los desencadena y pueden dejar su propia marca en la escuela y en la sociedad «, ha explicado Zafirakou.
Mentes creativas para el futuro
Ante esta relevancia del arte, la mejor profesora del mundo no ha querido pasar la oportunidad de resaltar el escaso papel que este ocupa en la actualidad.
«Algunos países y líderes aún no han entendido la importancia de las artes creativas y es realmente preocupante», ha asegurado Zafirakou en el Foro Económico Mundial, lamentándose del retroceso que las asignaturas artísticas están sufriendo en las escuelas, motivado en parte por el papel relevante que la digitalización está otorgando a las materias científicas.
Pero para Zafirakou el arte puede ayudar también a los alumnos a desarrollar las competencias necesarias que demanda la transformación digital. Para solventar los retos y problemas futuros se requerirán mentes creativas. Y es a través del arte como se puede generar este pensamiento creativo.
«Necesitamos que los niños sean la generación de resolución de problemas y, a menos que les enseñemos habilidades de resolución de problemas, lo que proviene de los sujetos creativos, eso no sucederá.»
Creo que ya todos pensamos que la educación occidental necesita un cambio. Un cambio profundo que ya nadie cuestiona. Un cambio radical que ponga patas arriba todo lo que se ha considerado necesario hasta el momento. En esto estamos, afortunadamente, todas y todos de acuerdo. La pregunta que nos estamos haciendo ahora, es más bien cómo llevar ese cambio a cabo.
En esta ardua cuestión metodológica, con diferentes ópticas y enfoques, hay una realidad que destaca sobre todas los demás: la #rEDUvolution solo podrá ejecutarse a través de una formación disruptiva del profesorado, una formación contemporánea que aborde los problemas de las prácticas educativas que nos rodean en vez de abordar los problemas de un modelo que definitivamente hoy ya no tiene sentido. Una práctica educativa que en vez de dar recetas, ayude a posicionarse, que en vez de obsesionarse con la evaluación, se obsesione con los afectos, que en vez de perpetuar sistemas jerárquicos verticales, trabaje sobre procesos que posibiliten una democracia participativa, no solo en el aula, sino también fuera de ella.
Si existe una serie de lugares que perpetúan de forma anacrónica, pero persistente, el modelo obsoleto que pretendemos cambiar, esos lugares son (en España) lasFacultades de Educación; esos lugares donde se prepara de forma inicial a aquellas personas que han decidido dedicarse a la docencia como futuro profesional. Ideológicamente muy conservadoras, por su pasado y presente fuertemente vinculado al catolicismo y otras organizaciones religiosas, evidentemente heredadas del franquismo, y que hoy en día están interviniendo en la legislación de forma directa debido a sus alianzas con el poder, uno de los problemas más graves de la educación en nuestro país. Muchas de las Facultades de Educación que conozco operan comoverdaderas perpetuadoras de un sistema pedagógico tradicional y absurdo. Quizás es que, como ya he comentado en otros post, la universidad ya no es la institución que está liderando el cambio social sino que son las asociaciones, las instituciones culturales, los colectivos híbridos, los estudios de diseño y arquitectura, en definitiva, las organizaciones que interactúan con la sociedad de una manera real, las que están dando ese paso. Liberadas del corsé academicista, del simulacro de la investigación, del engrose curricular y de la certificación absurda, son las que están liderando la Revolución Educativa a través de esa formación diferente del profesorado que tanto necesitamos. El curso pasado (2013/14), además de coordinar la Escuela de Educación Disruptiva (una apuesta evidente a una formación alternativa), he tenido el placer de ser invitada a tres acciones de formación del profesorado que pueden configurarse como líneas de fuga del mapa que tenemos que estar dispuestos a trazar.
La primera de ellas tuvo lugar en el mes de marzo, en una ciudad tan posmoderna como Zamora. Un evento diseñado por la universidad, pero desde sus márgenes, se identificó más con una reunión de carácter cultural y festivo que con un curso. Mi compañera de Pedagogías Invisibles , Sara Torres, y yo, fuimos invitadas por el profesor/agitador Miguel Elías, para trabajar con sus estudiantes la #rEDUvolution. Este hecho reiteró una vez más los profesores que se sitúan “out of the box”: profesores de artes visuales, danza y música, son los que se sienten más cercanos a esta necesidad de cambio. Sara y yo quedamos impactadas por la auténtica voracidad, la verdadera pasión, con la que los estudiantes de magisterio reciben estas propuestas, porque, no nos engañemos, los estudiantes sí quieren hacer la #rEDUvolution, son las instituciones y, muchas veces, los profesores (y en concreto los profesores de universidad) los que se aferran a las prácticas que dominan, cerrando definitivamente la puerta al cambio.
Miguel y su equipo trabajan a fondo el concepto de Reproducción Pedagógica, acuñado por Bordieu y Passeron en el libro que publicaron con el mismo nombre, y que identifica el principal problema de la lógica de la pedagogía tradicional: cómo las Facultades de Educación se erigen como perpetuadoras de la pedagogía tóxica al no ofrecer a los futuros maestros alternativas metodológicas a la pedagogía tradicional. El primer día que les toca dar clase, estos maestros y maestras, aún estando en total desacuerdo con muchas de las metodologías que han sufrido a lo largo de su vida académica, reproducen el proceso de forma natural, convirtiéndose en piezas de un tablero manejados por otros. Ofrecer a los maestros y maestras una pedagogía de la posibilidad, una pedagogía que rompa con la Reproducción y les invite no solo a visualizar otras metodologías, sino a desarrollar pedagogías propias que cambien con cada grupo de estudiantes y a cada momento, es uno de los retos evidentes que tenemos como formadores de formadores, una realidad que está teniendo lugar en la Facultad de Educación de Zamora…
En abril, Clara Megías y yo, nos fuimos a Menorca, en este caso invitadas por Pep Domínguez y el CEIP de la isla, quienes organizaron dos sesiones #rEDUvolucionarias. Pep y el grupo de profesores con el que trabajamos, se tomaron muy en serio todos los aspectos que consideramos importantes para romper el formato, empezaron por emplazar el curso en una de las salas de psicomotricidad de un centro de educación infantil. Esto nos permitió trabajar el cuerpo al mismo nivel que la mente, espacio que se constituyó como la quintaesencia de lo blando al darnos como única oportunidad el uso de cojines y colchonetas, un lugar que propiciaba lo lúdico en todos los aspectos resquebrajando el falso autoritarismo y academicidad que se supone que la formación del profesorado requiere.
Además del lugar, la comida constituyó otro de los ingredientes básicos en la rotura de formato: ensaimadas y cocas menorquinas nos invitaron a transformar un encuentro formal en una celebración comunitaria porque compartir los alimentos no es otra cosa más que un acto simbólico de reparto del poder. Y, para terminar, el sistema que elegimos para visualizar los cinco elementos clave de la #rEDUvolution fue la performance, de manera que la recuperación del inconsciente, el abuso de poder, la necesidad de habitar el aula, la transformación del simulacro en experiencia y el repensar la evaluación, fueron procesos simbolizados desde nuestros cuerpos, trabajados en grupo y desarrollados como micro acciones cargadas de sorpresa, creatividad y aprendizaje.
Como último ejemplo de las instituciones que están dando el salto en esta ardua tarea de desarrollar otros sistemas de formación del profesorado, ha sido la FUHEM (una de las organizaciones punteras en cuanto a la ejecución de una pedagogía del cambio en todas sus actividades). En concreto, su director de educación, Víctor Rodríguez, fue quien invitó a Pedagogías Invisibles a co-diseñar el curso De transmisores de contenidos a arquitectos de experiencias, actividad de cinco días que intenta repensar las competencias que debe desarrollar el profesor o la profesora que ejecute el cambio: la competencia de la invisibilidad (y todo lo que tiene que ver con detectar la información implícita en el aula); la competencia política (en este caso especialmente relacionada con la ecología); la competencia sentimental (relacionada con la incorporación de aquellos que no son los alumnos normativos); la competenciacreativa y la posibilidad de redescubrirnos no solo como transmisores sino como productores de conocimiento y, por último, la competencia tecnológica desde la perspectiva de la visualización del cambio y la creación de redes.
El primer rol fue abordado por Ana Cebrián, Noemí López y Eva Morales (las tres miembras del colectivo Pedagogías Invisibles) mediante una sesión en la que se hizo especial hincapié en todo aquello que decididamente enseñamos pero… que no queremos enseñar y la dificultad y valentía de aquellas y aquellos que deciden analizarse a sí mismos y a sus prácticas para transformar el currículum de macro en micronarrativa. El segundo día Luis González de FUHEM Ecosocial, trabajó sobre el rol del profesor como agente político. El profesor que entiende sus asignaturas no como temas de estudio sino como marcos de acción social, en su caso con respecto a cómo abordar la ecología como un eje transversal que debe cruzar cada una de las actividades que diseñamos y que debe ser un marco referencial en el currículum.
La tercera sesión corrió a cargo de Lars Bonell, quien hizo algo sumamente difícil: dio la clase con la boca cerrada dando vivo ejemplo de lo importante que es dejar hablar a los demás y el valor que tiene la escucha activa… El cuarto día Jordi Ferreiro abordó el tema del #profesorcomoDJ, como productor cultural, como creador, porque creemos firmemente que la competencia más importante para un educador del siglo XXI es la creatividad y que no solo los artistas son intelectuales, sino que también lo somos los profesores. Jordi llenó la sala de microacciones y juegos demostrando que solo aprendemos cuando además del contenido, cambiamos el formato. La quinta y última sesión corrió a cargo de Clara Boj que demostró que la tecnología puede y debe ser una herramienta viva que sirva para visualizar la redes de afectos no-virtuales que se generan entre profesores y que constituyen verdaderos marcos de acción más allá de las instituciones formales.
Sin cambiar la formación del profesorado de forma drástica y urgente, la Revolución Educativa simplemente nunca llegará. Necesitamos coordinadores valientes que se atrevan a dar el salto, agentes de cambio que como Miguel, Pep o Víctor, decidan NO poner en marcha cursos vacíos que solo persiguen la certificación, sino acciones transformadoras que den tanta importancia al contenido como al formato, empoderen a los futuros profesores, y a los que ya están en activo, para dar el salto o hacer más largo el recorrido de caída: un salto que quizás llegue algún día hasta la universidad.
En el 2016 Eva Méndez me invitó a participar en las XIV Jornadas españolas de documentación organizadas por Fesabid bajo el lema CA:CC Cultura Abierta: Conocimiento Compartido. La invitación suponía intervenir en el tercero de los tres ejes de las Jornadas dedicado a la Educación abierta y nuevas competencias y dar una visión, desde fuera del sector, sobre el papel que deben jugar las bibliotecas en este nuevo entorno. Tengo que decir que tanto la conceptualización en tres ejes (Información pública y datos abiertos; Investigación abierta y Educación abierta), como el programa y el lema elegido me parecieron en su momento muy adecuados para pensar en el futuro de los profesionales de la información. El resultado, por lo que he podido ver estos días siguiendo primero en la distancia el hashtag#fesabid15 y después presencialmente en el congreso no ha defraudado. Así que, antes de seguir, vaya desde aquí mi enhorabuena a la organización y mi agradecimiento por la invitación al comité científico.
Como decía, CA:CC cultura abierta, conocimiento compartido constituye un lema perfecto para describir el impacto de la transformación digital no solo en el ámbito de la producción y difusión del conocimiento, sino en nuestra manera de entender el mundo hoy. Afirmar que el mundo ha cambiado es una obviedad. Nadie pone ya en duda, como dice Manuel Castells, que “hemos cambiado para siempre la forma en que nos comunicamos, nos informamos, trabajamos, nos relacionamos, amamos o protestamos“. Hace 45 años, Peter Drucker en The Age of Discontinuity diagnosticaba el surgimiento de una sociedad del conocimiento (knowledge society) poblada de trabajadores del conocimiento (knowledge workers). Dado el impacto de las tecnologías de la información hay quien hoy prefiere hablar de sociedad de la información. El debate sobre si estamos en una sociedad de la información o del conocimiento está abierto y los defensores de una u otra opción ponen el acento en distintos matices. El citado Castells, por ejemplo, prefiere hablar de Sociedad informacional, en el mismo sentido que hablamos de sociedad industrial (que no es lo mismo que una sociedad de la industria). A mi me gusta más la propuesta del filósofo Daniel Inneraity quien sostiene que nuestra sociedad “ha efectuado una radical transformación de la idea de saber, hasta el punto de que cabría denominarla con propiedad la sociedad del desconocimiento.” Nuestra sociedad, la sociedad del conocimiento sería “una sociedad que es cada vez más consciente de su no-saber y que progresa, más que aumentando sus conocimientos, aprendiendo a gestionar el desconocimiento en sus diversas manifestaciones: inseguridad, verosimilitud, riesgo e incertidumbre.” Y no faltan, y yo también me adhiero, quienes prefieren hablar directamente de Sociedad del aprendizaje, para destacar que es la necesidad de aprender a aprender y de aprender a lo largo de la vida lo que mejor caracteriza a nuestro tiempo.
No son pocos los que mantienen que, en realidad, en la llamada sociedad del conocimiento lo que nos sobra es conocimiento y que su exceso ha provocado que éste haya perdido su valor. No son pocos, tampoco, los que sostienen que “padecemos una superabundancia de información sin refinar ni digerir que surge de todos los medios que nos rodean… puede haber demasiada información. Tanta, que el bosque se pierde entre los árboles” (Theodore Roszak).
“La sociedad del conocimientoha acabado con la autoridad del conocimiento” afirma, por su parte, Michel Serresen su libro Pulgarcita. Nuestro reto hoy no sería gestionar la escasez de conocimiento sino superar la parálisis que nos provoca su abundancia (Barry Schwartz). En realidad, para ser más precisos, podríamos decir que nuestro verdadero problema hoy es que nos sobra información pero nos falta “saber” entendiendo por “saber” “una forma de apropiación del mundo” (Innerarity en El País). El reto que tenemos por delante es entonces el de formar ciudadanos que sean capaces de dar respuestas a las preguntas acerca de los por qué.
Nos sobran datos, nos sobra información pero nos faltan competencias que nos permitan interpretar esa información y esos datos. Competencias que nos ayuden a dar sentido a la información. En definitiva, competencias que nos ayuden no solo a describir el mundo sino a apropiarnos del mundo. Parafraseando a Richard Rorty, más que verdades absolutas necesitamos desarrollar capacidades que nos permitan describir el mundo en términos novedosos que a su vez nos posibiliten imaginar más y hacer más.
Nos faltan, en definitiva, competencias que nos permitan aprender a vivir en la incertidumbre, aprender en la incertidumbre y trabajar en la incertidumbre. Que nos permitan aprender a aprender, que por cierto, era la principal competencia que ya en 1969 reclamaba Peter Drucker para vivir en la sociedad del conocimiento que predecía.
Volviendo a las jornadas Fesabid15, la propuesta consistía en repensar la función educadora de las bibliotecas o dicho de otra manera repensar el papel hoy de unas instituciones del conocimiento (la escuela o la biblioteca por ejemplo) que se construyeron sobrela premisa de la escasez. Escasez de conocimientos, dificultad para acceder a esos conocimientos y reglas estrictas para decidir que era y que no era conocimiento y quién podía certificarlo (expertos).
Reflexionar sobre ese papel educador de las bibliotecas es preguntarse, en primer lugar, qué entendemos por aprendizaje en la sociedad del aprendizaje. Es en realidad cuestionarse, entre otras cosas, sobre el qué aprendemos, cómo aprendemos, dónde aprendemos o de quién aprendemos. Es preguntarse cómo debe ser la educación cuando están cambiando las motivaciones personales para el aprendizaje, las metodologías utilizadas, los lugares donde aprendemos. Cómo debe ser el aprendizaje ante la abundancia de información, datos y recursos, el impulso de lo abierto, el surgimiento de nuevas formas de evaluación y de acreditación, la necesaria hibridación entre aprendizaje formal, no formal e informal o entre aprendizaje presencial y online.
Aprender hoy tiene que ver con nuestra capacidad de adquirir al mismo tiempo conocimientos y habilidades. Manejar alfabetizaciones múltiples. Participar en el propio proceso de aprendizaje. Desarrollar un aprendizaje abierto, relevante, conectado, situado y contextualizado. Tiene que ver con crear redes de aprendizaje, compartir prácticas y experiencias, comprender y manejar el aprendizaje colaborativo.
Parece que más que soluciones cerradas, nuestro tiempo reclama diversidad. Más que lugares concretos para aprender necesitamos comunidades abiertas. Más que dar respuestas necesitamos saber hacernos preguntas.
Aprender hoy es desarrollar (José Manuel Pérez Tornero en blog Fernando Trujillo) competencias informacionales que incluyan el pensamiento crítico y la lógica, la interpretación y la construcción; competencias pragmáticas que incluyan las estrategias y el sentido de iniciativa y autonomía para la acción; y competencias comunicativas que incluyan las competencias semióticas, interlocutivas e imaginativas.
Es, pasar de las 3R (wRiting, Reading & aRithmetic) a las 3X (eXploration, eXpression, eXchange) de Idit Harel. Aprender hoy es ser capaces de buscar, recopilar y filtrar los datos, ser capaces de trabajar colaborativamente para sacarles el mejor provecho, ser capaces de compartirlos y comunicarlos (Lafuente, Alonso y Rodríguez. Todos sabios).
Es decir, aprender hoy es aprender a pensar, a hacer y a conectar
La revolución de Internet, nos dicen Lafuente, Alonso y Rodríguez, es una revolución de la edición. Es una revolución de “los modos y maneras de crear y hacer llegar, a quien pueda estar interesado, los frutos y las deliberaciones y reflexiones de cualquiera de nosotros, y también de la posibilidad de compartir y colaborar”, continúan. Aprender hoy sería entonces aprender a editar.
O mejor,siguiendo el lema de las Jornadas Fesabid, aprender hoy sería aprender a editar un mundo de cultura abierta y conocimiento compartido.
Pero la transformación digital no solo está modificando los qué y los cómo aprendemos (haciéndonos ir desde los contenidos a las competencias) sino que también está modificando los dónde. Lo digital ha hecho evidente algo que ya sabíamos que lo importante no son solo los qué sino también los cómo. Lo importante no son solo los contenidos sino también (sobre todo dirán algunos) las competencias. Y lo digital también ha puesto en valor los espacios y las comunidades. Ha hecho que prestemos especial atención a la creación y al mantenimiento de comunidades y a los lugares y los entornos donde suceden las cosas. Ha puesto en valor los contextos, lo local, los momentos, lo diverso, lo marginal.
Lo digital nos ha hecho si cabe más presenciales y más sociales. Y quizá de ahí también el acierto del lema cultura abierta y conocimiento compartido.
Por eso, parece llegado también el momento de repensar los lugares físicos dedicados a la producción y difusión del conocimiento (escuelas, aulas, bibliotecas, laboratorios). La gran revolución que estamos viviendo está directamente vinculada a la producción y a la distribución de conocimiento, pero también a la transformación de las prácticas, los procesos y las formas de crearlo y, por tanto, a los lugares y los espacios donde se produce.
La pregunta ahora sería ¿Qué pasa con los lugares de aprendizaje cuando sabemos que aprender es más que nunca un asunto no circunscrito únicamente a unos espacios concretos, ni a unos contenidos normalizados?.
Históricamente el conocimiento se configuró en torno al libro y construimos instituciones en torno a la tecnología del libro: bibliotecas, escuelas, universidades. Pero hoy el libro ha dejado de ser el recurso principal de acceso a la información.
¿Tienen sentido las bibliotecas cuando el libro ha dejado de ser el principal medio de acceso y transmisión del conocimiento? ¿Cuál es el papel de las bibliotecas cuando la escasez al conocimiento ya no es el problema? ¿Cuál es el papel de las bibliotecas en la sociedad del aprendizaje que estamos describiendo?
En los últimos 20 años además han surgido nuevos espacios, nuevos lugares de encuentro que permiten el ensamblaje de distintos campos del saber, la producción de conocimiento y la colaboración de expertos y no expertos. Han surgido unos espacios híbridos que se caracterizan por ser al mismo tiempo lugares físicos y comunidades digitales y por ser transdisciplinares en su concepción.
Parece claro que las bibliotecas deben superar su papel tradicional como guardianas del conocimiento y garantes del pasado para adoptar un rol activo en la construcción de nuestro futuro.
Personalmente me resulta especialmente sugerente la metáfora de Hugh Rundle de la biblioteca como software(también la biblioteca como plataforma, como infraestructura, como MOOC). “Los usuarios no vienen a la biblioteca buscando libros, revistas, publicaciones, películas o música. Vienen para informarse, para soñar, para crear, para horrorizarse, maravillarse o divertirse. Vienen para huir de la realidad o para entenderla mejor. Vienen a buscar refugio o motivaciones, compañía o soledad. Vienen por el software“, dice Rundle,
“En lugar de ordenar, colocar, adquirir y comprar objetos físicos o digitales, los bibliotecarios aportarían más organizando y compartiendo información y construyendo relatos” (Rundle). Lo que nos hace pensar en las bibliotecas como motores de creación. Las bibliotecas como plataformas sobre las que construir y crear (Weinberger). Las bibliotecas como ecosistemas que generan redes de aprendizaje, conocimiento y discusión.
La biblioteca más como un nodo de una red de nodos que un punto de acceso único. Las bibliotecas como plataformas abiertas de contenidos y comunidades. Las bibliotecas, en definitiva, como un lugar de aprendizaje. Un lugar para que sus comunidades compartan, aprenden y se conecten. Las bibliotecas como un lugar donde aprender en la sociedad del aprendizaje, es decir, un lugar donde pensar, hacer y conectar. Un espacio donde ir a explorar, construir y comunicar. Un espacio para aprender a vivir y trabajar en la incertidumbre. La biblioteca como una máquina de (auto) edición. Edición de uno mismo y edición del mundo. Un lugar donde aprender a dar sentido a la información y al mundo, individualmente y colectivamente. De manera personalizada pero junto con otros.
La biblioteca por venir es, ante todo, un lugar para el aprendizaje abierto, compartido, participativo y común. O mejor, un lugar de comunidad abierto, compartido, participativo y común. Un lugar para fortalecer nuestra democracia.
Pensar en el porvenir de la biblioteca es hacerlo desde lo que es y desde lo que puede ser. Son un lugar de acceso (es una de las instituciones con más capilaridad y más conectadas entre ellas) y un lugar de creación de comunidad (construidas sobre los intereses comunes pero también sobre los espacios físicos y la vinculación al territorio, a los pueblos y los barrios), pueden ser un lugar de aprendizaje y un lugar de construcción de futuro.
Pensemos, hagamos y conectemos la biblioteca. Una biblioteca que piensa, hace y conecta. Una biblioteca que nos ayuda a pensar, hacer y conectar.
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