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Las emociones y la escuela

Por: Xavier Besalú. El Diario de la Educación. 

La educación de las emociones no puede consistir simplemente en identificarlas, nombrarlas o relacionarlas con una imagen predeterminada o un color. Para esa empresa no valía la pena tanto estruendo.

Nosotros, los humanos, siempre hemos sabido de nuestras emociones, de nuestros afectos, sentimientos e intuiciones. Conocemos sus nombres y podemos identificar sin demasiados problemas sus rasgos más característicos porque las hemos experimentado en propia piel, porque las hemos sufrido o disfrutado, porque las hemos usado –consciente o inconscientemente– para tomar decisiones, tanto las más trascendentes como las más irrelevantes, y porque forman parte indivisible de nuestras vidas, como los sentidos o el mismo lenguaje. Por ello, cuando Gardner o Goleman pusieron de relieve la importancia de conocer y dar nombre a nuestras emociones, no nos extrañamos lo más mínimo de su apuesta por dar visibilidad y reconocimiento a algo tan presente y cotidiano en nuestro quehacer diario.

Por las razones que sean, hoy en los centros educativos la educación emocional se ha convertido en un emblema, en una prioridad; para algunos incluso en un atributo de identidad, que daría a entender a las familias su puesta al día y su vocación innovadora. Y para cierto sector del profesorado en una preocupación curricular primera, que dejaría en un segundo plano tanto los saberes propiamente dichos como la dimensión ética y estética de la educación y el resto de habilidades y competencias a adquirir.

Pero, ¿se pueden educar las emociones? ¿O más bien se trataría de garantizar y promover su expresión libre y contextualizada, su gestión razonable, su control responsable, atento al impacto que puede causar en el propio protagonista y respetuoso para con los demás, su experimentación acompañada y orientada por los adultos, para no dar rienda suelta a ese caballo desbocado y salvaje en que podría convertirse sin estas salvaguardas? En cualquier caso, la educación de las emociones no puede consistir simplemente en identificarlas, nombrarlas o relacionarlas con una imagen predeterminada o un color. Para esa empresa no valía la pena tanto estruendo.

Hoy sabemos a ciencia cierta que las emociones siempre han estado ahí, siempre han formado parte de nuestro ser personal y social, que forman una unidad indisociable con el mundo racional, que nunca han sido dos hemisferios opuestos y enfrentados por llevarse el gato al agua. Todas nuestras decisiones, pensamientos y actitudes están impregnadas de intereses, pasiones, intuiciones y afectos. Nuestra mente no es una máquina fría y calculadora, sino un artefacto profundamente sensible y, en definitiva, condicionado pero libre. No hay más que echar una ojeada a nuestras propias vidas para comprobar cómo están repletas de actuaciones e inhibiciones, algunas exitosas y otras fracasadas, que buscaban por encima de todo la felicidad, evitar el sufrimiento, el mal menor cuando todas las opciones conllevaban consecuencias indeseables, sobrevivir cuando nos hemos sentido abrumados…

Es cierto que venimos de una educación (la nacionalcatólica, pero también la cientifista) que consideraba que los deseos, las emociones, las intuiciones, la imaginación… deberían ser debidamente ocultadas y reprimidas, porque eran vistas como obstáculos que evitar para llegar a ser personas formadas, inteligentes, plenamente conscientes y moralmente íntegras. Pero la profunda crisis del proyecto moderno ha puesto al descubierto la falacia de este supuesto, que no solo dejaba al margen de la escuela las emociones, sino también los cuerpos. Pero de ahí a entronizar lo emotivo como una alternativa progresista e innovadora frente a lo racional va un verdadero abismo.

Y es en esta órbita que puede tener sentido relacionar este auge de lo emocional con la hegemonía teórica y práctica del neoliberalismo que nos corroe, que pone el acento en lo individual (frente a lo colectivo), en lo afectivo (frente a lo político o lo emancipatorio), en la convivencia amable (frente a la conflictividad y la exclusión), en la flexibilidad personal y en la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos y condiciones de vida (frente a la historia, a la crítica y a la autonomía personal).

No es de extrañar que muchas de las empresas que cotizan en bolsa estén impulsando directa o indirectamente proyectos de educación o gestión de las emociones, o que vehiculen sin rubor mensajes propagandísticos destinados a tocar la fibra de los afectos, mientras con frialdad inhumana toman decisiones que deterioran gravemente la vida y la salud de miles de personas. Que los mismos culpables de ese deterioro nos propongan el antídoto adecuado para sobrellevar las propias penas –lo emocional como paliativo, la gestión de las propias emociones– raya casi la vileza.

Ante ello se difuminan la lucha contra las desigualdades y contra el enriquecimiento corrupto e ilícito, se emborronan las causas estructurales y reales de la situación de angustia o postración que viven las víctimas para poner el foco justamente en las propias víctimas. Tomadas individualmente, por supuesto.

Xavier Besalú es profesor de Pedagogía de la Universidad de Girona

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/02/08/las-emociones-la-escuela/

Fotografía: DPO Consulting

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Education: Still searching for Utopia?

By. Courier. UNESCO

“Learning to live together, by developing an understanding of others and their history, traditions and spiritual values and, on this basis, creating a new spirit which  […] would induce people to implement common projects or to manage the inevitable conflicts in an intelligent and peaceful way. Utopia, some might think, but it is a necessary Utopia, indeed a vital one if we are to escape from a dangerous cycle sustained by cynicism or by resignation.” This was the recommendation in the Report to UNESCO of the International Commission on Education for the Twenty-first Century – chaired in 1996 by Jacques Delors, former French Minister of Finance and President of the European Commission from 1985 to 1994.

Two decades later, we are still searching for this Utopia – a creative form of education that forms the basis for a new spirit. But how do we get there?

The central theme of this issue of the Courier, commissioned and edited by Mary de Sousa (United Kingdom), approaches this question from several different angles. Can education really change lives? The response is ‘yes’, if we are to listen to Kailash Satyarthi (India), Nobel Peace Prize 2014 laureate, who has rescued over 85,000 Indian children from slavery, through education and employment. And how do we stop schools from becoming targets in times of war? Drawing on his experience in the field, journalist Brendan O’Malley (United Kingdom) offers some leads. Can peace be taught? The methods of the Nobel Peace Center in Oslo (Norway) provide an edifying example.

Training for global citizenship? The innovative curricula of Harvard University, designed by the Venezuelan expert Fernando M. Reimers, prove that it is possible. Is the brain drain inevitable? According to Cameroonian specialist Luc Ngwé, it is possible to turn the situation around so that everyone benefits. Why is it essential that we restore the image of the social sciences and the humanities? Find answers in the article by Jean Winand, professor at the University of  Liège, Belgium.

Source:

https://en.unesco.org/courier/2018-1

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La calidad de la educación: los términos de su ecuación. V

Por: Bonifacio Barba

En las entregas anteriores, al exponer el significado de la calidad de la educación como una cualidad de la formación humana que se logra en una relación específica del aprendizaje y de la equidad (CE = ae), se han expresado algunas reflexiones concernientes al porqué de esta forma de presencia de la equidad  en la ecuación. Dada la importancia de este valor, ahora un principio constitucional de la educación por la reforma constitucional de 2013, esta entrega se concentra en la pregunta ¿por qué la equidad se establece con esa relación para exponer la naturaleza de la calidad de la educación? En otra forma, si la educación es un bien necesario pero desigual en su disposición, a causa de las desigualdades existentes en la vida social, económica y política; si evaluar la educación es una acción necesaria para saber acerca de la realización de ese bien sustantivo de un derecho reconocido, ¿por qué la equidad puede mostrarse como un factor que multiplica al aprendizaje?

En primer término, porque la transformación de la sociedad que está proyectada en nuestra Constitución es una meta histórica –tanto porque tiene un origen y un devenir social y político, como por ser una meta social válida aquí y ahora-, que no sería realizable si los aprendizajes en la escuela carecen de ese vínculo con la equidad, un vínculo que les da un valor adicional actuando como factor multiplicador, lo que significa que la equidad adquiere la función de valorar desde fuera los aprendizajes por las condiciones sociales, económicas y políticas que estructuran el servicio educativo. Es importante que lo haga con todos los aprendizajes, no sólo con los de contenido social y político. El aprendizaje matemático como el cívico, quedan sujetos al juicio de la equidad, es decir, a lo que ocurre fuera de la escuela, a lo que estructura las relaciones sociales. No será plenamente bueno el aprendizaje matemático, si el aprendizaje de los valores cívicos es bajo.

Con esta relación de aprendizaje y equidad, esta valora tanto la acción escolar como la acción social, porque lo que importa de la calidad de la educación, junto con el desarrollo personal, es su vínculo con la vida fuera de la escuela.

Pongamos un ejemplo simplificado del modelo, pues la elaboración de las escalas de medición es un trabajo técnico más amplio. Primero, teóricamente el aprendizaje puede adquirir diversos valores en una escala que va de 0 a 10. Segundo, se integra un índice de equidad con diversos elementos del funcionamiento de la estructura social –por ejemplo, la distribución del ingreso, la participación política libre en la designación de autoridades, la distribución de los recursos públicos con atención a las necesidades sociales, las oportunidades reales de trabajo con condiciones y remuneraciones justas, las condiciones de la oferta de los servicios educativos, entre otros elementos-, que se exprese también en valores de la escala de 0 a 10. Este índice, por basarse en los DH que deben ser garantizados o protegidos por el Estado, habrá de comprenderse como como una medición de la realización de la democracia sustantiva. En el diseño del índice puede procederse con una metodología de integración progresiva de elementos, pues puede resultar complejo la integración de las mediciones del conjunto de eleentos y ponderar su participación en el índice que se forme. En todo caso, se debe expresar con los valores mencionados.

En tercer lugar, disponiendo de valores de aprendizaje y de equidad se procede a aplicar la fórmula de CE = ae. Si para una población estudiantil de un estado de la república el aprendizaje promedio en matemáticas se expresa con 8, y el índice de equidad del mismo estado es de 7, el resultado para CE es 56 sobre el valor máximo posible de 100. Si para otra población estudiantil el resultado de aprendizaje promedio en matemáticas es y el índice de equidad es de 8, el resultado para CE es también de 72, sobre el máximo de 100. Es decir, en el segundo caso la calidad educativa es mayor.

¿Qué utilidad tiene este proceder? Su utilidad se deriva de la naturaleza y fines de la escuela como institución de interés público. Por ser una institución social especializada debido a los fines de formación de los ciudadanos que debe promover y, por los aprendizajes de estos, especializada también en la transformación de las relaciones sociales, sus resultados se valoran de acuerdo con el índice de realización de la democracia sustantiva fuera de su ámbito, es decir, en el conjunto de las políticas públicas. De esta manera se crea una dinámica integradora de políticas públicas –las educativas y todas las otras encaminadas a otros DH-, que vincula ambas mediciones y no se esperará sólo del trabajo que haga la escuela todo aquello que la sociedad a que pertenece no tenga como realizado o en vías de realización, de la democracia sustantiva. Desde la perspectiva interna de la escuela, los indicadores de mejoramiento de su actividad formadora estarán mostrando que en el presente y en el mediano y largo plazos está contribuyendo a mejorar el índice de realización de los derechos. En otras palabras, estará contribuyendo al logro de la democracia como la define el artículo 3°: “no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Esto tiene una relación fundamental con uno de los rasgos del régimen político, según lo enuncia el Artículo 39 de la Constitución: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”. De aquí surge la exigencia de que todas las instituciones públicas y todas sus políticas concurran al logro de los DH y, en relación con la calidad de la educación, aquí se origina la relación entre los términos  de la ecuación que se ha venido considerando.

Esto es lo que constituye la característica atribuida al Estado como entidad social, es decir, no sólo porque uno de sus elementos sea la sociedad,  sino porque todas las acciones de desarrollo de esa sociedad se orientan a la equidad que está configurada por el conjunto de los DH.

En suma, volviendo a la escuela y a la esperada calidad de su actividad de formación y promoción del desarrollo humano, lo que ella pueda disponer como elementos de trabajo y lo que logre –a-, será un indicador de la coherencia y la consistencia con que la sociedad ponga en operación todos sus recursos para acercarse al ideal de calidad educativa, que concurre a su vez al ideal de justicia, que es una realización progresiva, contundente, indubitable, de los DH. De ahí la importancia de relacionar con como lo propone la ecuación.

Fuente del Artículo:

La calidad de la educación: los términos de su ecuación. V

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¿Cómo imaginas que será la educación superior en 2049?

Por: Josefina Martínez

Esta es la pregunta que busca responder “10X Learning Prize”, iniciativa que invita a creativos y visionarios a compartir su visión por medio de la ciencia ficción.

A la fecha ya han postulado más de 500 innovadores de 46 países del mundo. Preocupados del futuro de la educación, sin importar su edad, nacionalidad o grado de especialización, han echado a volar su imaginación para buscar mejores alternativas para las próximas décadas.

Y es que la educación se encuentra en un punto de inflexión histórica. “Las necesidades de los alumnos están cambiando y la educación superior debe tener la capacidad de adaptarse. Para lograrlo, requiere dar un salto cuántico que difícilmente se logrará al ritmo y con las estrategias realizadas a la fecha”, asegura José Escamilla, director del laboratorio de innovación educativa del Tecnológico de Monterrey.

La tecnología tiene mucho que ver con esto y las universidades están viendo dos caras, las oportunidades que arrastra y la incertidumbre que genera respecto al futuro. “El mundo está pidiendo una educación moderna, no impositiva y politemática, en la que el conocimiento se pueda ir contruyendo y adaptando a las necesidades del entorno”, añade Arturo Cherbowski, director ejecutivo de Santander Univesidades y director general de Universia.

Teclabs y Universia lanzaron a fines del año pasado “10X Learning Prize”, iniciativa que busca transformar la educación rompiendo paradigmas desarrollando modelos que respondan precisamente a las necesidades del futuro. De esta forma, convocó a creativos y visionarios a imaginar cómo será la educación superior en 2049.

“Necesitamos propuestas completamente disruptivas” dice Escamilla. Agrega que “las decisiones que tomemos ahora será cruciales para determinar nuestro rumbo para las décadas que vienen por lo que debemos empezar hoy a contruir la educación superior que queremos y necesitamos”.

Para esta iniciativa, los innovadores han tenido que plasmar sus ideas por medio de la ciencia ficción, es decir, a través de cuentos cortos, cómics o cortometrajes. ¿Por qué? El director de TecLabs nos dice que por tres razones:

  • El perfil de las personas que buscan atraer están en las industrias creativas.
  • La ciencia detrás de storytelling demuestra que las historias conectan más que los datos, ayudan a relacionarnos, dan propósito e inspiran a actuar.
  • De acuerdo a un estudio reciente de Cisco, en 2019 los videos representarán el 80% del tráfico en internet. Es un formato popular.

Los interesados podrán postular hasta el 27 de abril a través de la página web de HeroX y el proceso de selección estará a cargo de tres jueces que serán anunciados durante el cierre de la convocatoria. Ellos evaluarán las propuestas calificando su creatividad, calidad, originalidad y evidencia que respalde el futuro propuesto.

Claro está que las mejores puntuaciones de cada categoría ganarán la competencia, cuyos nombres se darán a conocer del 5 al 8 de marzo durante la SXSW EDU 2018. Se premiará con US$12.000 al mejor cortometraje, US$4.000 al mejor cuento corto y el mismo monto al mejor cómic.

La educación del futuro

Este concurso busca atraer las mentes más brillantes y conectar a la comunidad eduativa para contruir en conjunto el futuro de la educación superior. “Aceleraremos a las mejores soluciones para maximizar su impacto mediante pruebas locales en diferentes partes de latinoamérica, de forma que reduzcamos la brecha que existe entre la realidad actual y el futuro propuesto”, asegura Escamilla.

El director general de Universia agrega “la educación en 2049 debería estar vertebrada completamente por la tecnología, explorando la neurociencia, entendiendo los impactos que ya están teniendo las nuevas tecnologías a nivel orgánico en el cerebro y las formas de aprender. Uniendo todo esto a los avances que seguirá teniendo la inteligencia artificial y al machine learning, podremos tener una educación prácticamente personalizada a cada individuo. ”.

Esta visión podría dejar de ser ciencia ficción. Las tendencias educativas y tecnológicas serán la base de las propuestas que podremos conocer en mayo, cuando se den a conocer los ganadores de “10X Learning Prize”.

Y tú, ¿estás preparado para ser parte de esta transformación?

FOTO: PEXELS.COM

Fuente del Artículo:

https://mba.americaeconomia.com/articulos/reportajes/como-imaginas-que-sera-la-educacion-superior-en-2049

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Educación superior privada siglo XXI

‘[…] la universidad, […], debe […] estar en el estado del arte en conocimientos, informaciones y propuestas de soluciones’

Eduardo L. Lamphrey R.
opinion@laestrella.com.pa

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CLADE: Sistema de Monitoreo del Financiamiento del Derecho a la Educación en América Latina y el Caribe

por: CLADE

Introducción

La educación es un derecho humano fundamental, que ha sido consagrado en una amplia red de tratados internacionales, en las Constituciones y en los marcos legales de todos los países de nuestra región. A través de este reconocimiento los Estados se han comprometido a garantizar los medios efectivos para la realización concreta y el goce efectivo de este derecho en condiciones de universalidad, gratuidad, y libre de toda forma de discriminación.

No basta la incorporación del Derecho Humano a la Educación (DHE) en los marcos jurídicos, es necesario que los Estados diseñen y ejecuten políticas públicas concretas para llevar a cabo la realización de su contenido. Como lo señala la Observación general de número 13 del Comité DESC/ONU, este contenido implica el establecimiento de sistemas educativos que garanticen disponibilidad adecuada de la oferta pública, accesibilidad geográfica y económica, aceptabilidad de los espacios, contenidos y prácticas del proceso educativo, así como adaptabilidad frente a las necesidades, intereses y expectativas de los sujetos de derechos y las comunidades a las cuales pertenecen.

Garantizar todas estas condiciones en la política educativa, y su concreción en un sistema público de educación, requiere que el Estado disponga de un presupuesto suficiente y adecuado . Es obligación de los Estados utilizar al máximo los recursos disponibles para asegurar la realización progresiva de todos los derechos económicos, sociales y culturales (Comité DESC, 1999). Sin un presupuesto público adecuado no se puede garantizar ningún derecho humano, y cuando faltan sistemas públicos educativos debidamente consolidados y fortalecidos, el derecho humano a la educación pública y gratuita no tiene condiciones adecuadas para su realización.

La CLADE, red de la sociedad civil que trabaja por la realización del DHE, ha desarrollado procesos de deliberación pública, visibilización, producción de conocimiento e incidencia política a fin de que los Estados destinen más recursos al sistema educativo público, garanticen su gratuidad, protejan los recursos que ya están asignados, los envíen oportunamente a las secretarías de educación y escuelas, permitan la participación ciudadana en la definición de su orientación, y lleven a cabo la rendición de cuentas que les corresponde.

Como parte de esta tarea, y teniendo en el horizonte el fortalecimiento de capacidades de la sociedad civil para exigir el cumplimiento del DHE, la CLADE ha creado este Sistema de Monitoreo del Financiamiento del Derecho Humano a la Educación en América Latina y el Caribe, el cual compila información de 20 países de la región en el periodo 1998-2015, a partir de tres dimensiones de análisis: Esfuerzo Financiero Público, Disponibilidad de Recursos y Equidad en el Acceso Escolar.

La primera dimensión se refiere a la cantidad global de recursos que cada país está asignando periódicamente al sistema educativo público, como parte del presupuesto estatal y de la riqueza nacional. Se busca así aproximarse al Esfuerzo que está haciendo cada Estado para financiar la educación pública. La segunda dimensión, se centra ya no en los recursos globales, sino en observar la Disponibilidad que se tiene de los mismos para cada ciudadano/a en edad escolar. Es una medida per cápita del presupuesto público disponible, teniendo en cuenta no solamente a quienes se encuentran en la escuela, sino también a aquellas personas que aún no han sido incorporadas en el sistema educativo. La tercera dimensión, por su parte, aborda la perspectiva de la Equidad en el Acceso Escolar, en particular observando la diferencia de asistencia escolar entre los quintiles de ingreso más alto y más bajo de la población de cada país. Esta dimensión trata de aproximarse a las discriminaciones y desigualdades históricas que han operado en nuestros sistemas públicos de educación, debido, entre otras razones, a una inadecuada disponibilidad de recursos que garanticen el acceso a la educación en condiciones de igualdad a todas/os las y los ciudadanas/os.

Cada una de estas dimensiones, con sus respectivos indicadores, son presentadas para la mayoría de los países de la región, de acuerdo a la disponibilidad de información en las bases de datos internacionales que fueron consultadas. De esta manera, el sistema de monitoreo permite hacer un análisis del financiamiento educativo en cada uno de los países, pero también sugiere una tipología para analizar las tendencias que se han observado en los distintos indicadores.

La elaboración de esta batería de indicadores y el análisis de las tipologías de tendencias apuntan a enriquecer la comprensión de la diversidad de trayectorias que existen en los distintos países, de manera que puedan alimentarse los análisis y el reconocimiento de la complejidad de la financiación del DHE en nuestra región. Es necesario recordar que cada país presenta trayectorias distintas, originadas por sus respectivos procesos políticos y sociales, y por sus condiciones históricas particulares, de manera que este sistema enfatiza la identificación de trayectorias en cada país, resaltando sus cambios, avances y retrocesos, y en ningún caso pretende llevar a cabo un escalafón de realidades cuya naturaleza es profundamente diferente y no debe ser simplificada.

Este esfuerzo de producción de información y conocimiento, como tal, abre la puerta para seguir profundizando la incidencia política desde la sociedad civil, con miras a lograr una financiación adecuada a la realización del DHE de todos y todas.

Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación

Para ver más sobre la campaña, entra a la siguiente dirección:

http://monitoreo.campanaderechoeducacion.org/

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“No sabemos que no sabemos”: La Filosofía y la educación media, un problema de sentido

por CRISTIÁN LÓPEZ PÉREZ

Pretender que una sola asignatura sea la responsable del desarrollo del pensamiento, habilidades, reflexiones sobre virtudes y actos en un estudiante es sencillamente una pedantería insostenible. Sin embargo, la defensa de la permanencia de la Filosofía como asignatura en el Plan General de Educación Media Científico-Humanista y Técnico Profesional tiene que ver con un diagnóstico incuestionable para todos los que llevamos los últimos 20 años en aula, y tiene que ver con el aprendizaje significativo, relevante e integral de los estudiantes que va más allá del resultado puntual en una prueba de selección múltiple de la naturaleza que sea. Así como sostengo que la Filosofía no es la única encargada del desarrollo y crecimiento de un estudiante, sostengo con firmeza la imposibilidad de captar en la inmediatez de dos años (tercero y cuarto medio) los aprendizajes que ésta asignatura entrega a los jóvenes como para cuestionar su pertinencia en los actuales niveles.

Es responsabilidad, por cierto, de todos los profesores y de todas las asignaturas, propender y relevar el pensamiento crítico, apropiarse de virtudes como la tolerancia y la importancia de otras perspectivas de pensamiento, sin embargo, es innegable que por su “naturaleza”, la Filosofía está llamada a abordarlos.

A mediados de los ’90, en los albores de la reforma de Frei, en sus orientaciones se definía a la Filosofía como una actividad intelectual, definición interesante, por cierto, pues remite a una actividad que en su profundidad es propia y natural del hombre. Es decir, la Filosofía no es una ocurrencia mágica, es sencilla y complejamente, la relación intelectual y sensorial cotidiana del hombre con su entorno y con su propia interioridad expresada en problemas a resolver, la capacidad de asombro, el maravillarse con el espectáculo de la naturaleza, el observar el comportamiento de otros y el observarse a sí mismo, por lo tanto y, en mi experiencia como docente, la mayor virtud de la Filosofía es que “es una provocación” al intelecto y los sentidos del estudiante, para que “cuestione”, busque soluciones, se motive a investigar, conozca, comprenda y respete otras respuestas a los mismos problemas dotando de sentido a su existencia, eso la transforma entonces en una asignatura URGENTE Y NECESARIA.

La tarea práctica de la Filosofía es mostrar a los estudiantes, la historia del pensamiento humano en temáticas y disciplinas que se han estructurado a partir de problemas fundamentales, se trata de no seguir atomizando el conocimiento, sino que todo lo contrario, la Filosofía tiene elementos de sobra para generar aprendizajes integrados por medio de diversas estrategias colaborativas o estrategias de enseñanza para la comprensión que permiten no solo integrar sino que, lo más importante, generar conocimientos nuevos, sintetizando, investigando, comparando, evaluando, aportando significativamente en la comprensión lectora y elaborando juicios críticos.

 En vez de discutir sobre la pertinencia de la asignatura, debiéramos estar discutiendo como implementamos la Filosofía en la Educación Básica, un niño o niña que construye las preguntas acertadas de seguro provocará para sí mismo y para su comunidad aprendizajes nuevos, significativos, en lo emocional, en la virtudes, actitudes y eminentemente en lo cognitivo.

No debemos cerrar los ojos, nuestro sistema educativo posee contradicciones vitales brutales, desconexión entre la educación escolar y la vida cotidiana, o la educación escolar y la educación superior, que con prácticas y metodologías muy distintas tratan de relacionarse, tratan de responder a preguntas en teoría o en el marketing parecidas, pero muy distintas en la realidad: ¿Los aprendizajes de la educación media tienen relación con la forma de vida (cultura) o con lo que la educación superior necesita y espera? Probablemente es por lo que algunos piensan que la Filosofía no es pertinente ni necesaria, menos algo útil por supuesto.

Es necesario enmarcar, en todo caso, el problema de la Filosofía, dentro de la valoración de las Humanidades en nuestro país, ésta es una pregunta relevante que los especialistas y visionarios en educación deben responder antes de sancionar la pertinencia de alguna asignatura para el sistema educacional. Es más, lo primero y siendo consecuente con la asignatura que defiendo, lo más importante sería construir las preguntas adecuadas para la estructuración del currículum, sería interesante observar lo que ocurre en otras partes del mundo, para crear y proyectar sobre lo necesario de invertir en Humanidades para cualquier sociedad.

Existen múltiples argumentos para defender la idea de que la Filosofía no solo sea una asignatura electiva en Tercero y Cuarto Medio según las nuevas bases curriculares. Desde lo pragmático de las horas y cómo se verán afectados muchos profesores de Filosofía y los actuales estudiantes en varias universidades, a la innegable desigualdad que se producirá cuando solo algunos tengan la oportunidad de tener este ramo dentro de su malla de aprendizajes, desigualdad que de seguro tendrá otros efectos más nefastos a largo plazo.

Como no conocemos los argumentos de la carencia de “pertinencia”, solo puedo argumentar desde la más singular experiencia docente en estos 20 años de aula. De seguro, muchos pedirán datos y cifras para “respaldar” alguna que otra afirmación arriesgada de este texto, me disculpo, ese dogma de las cifras no lo respeto mucho, menos cuando la realidad en que se sostiene cambia según quien interpreta, más con la experiencia que tengo en el aula. En vez de discutir sobre la pertinencia de la asignatura, debiéramos estar discutiendo como implementamos la Filosofía en la Educación Básica, un niño o niña que construye las preguntas acertadas de seguro provocará para sí mismo y para su comunidad aprendizajes nuevos, significativos, en lo emocional, en la virtudes, actitudes y eminentemente en lo cognitivo. En esta pasada les dejo una sentencia, usted deberá buscar a su creador, puede que sea una buena motivación para acercarse al mundo del amor al saber: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”… ésta es la actitud filosófica a desarrollar en el aula, es Filosofía viva, es construir sentido.

Fuente del Artículo:

http://www.elmostrador.cl/braga/2018/02/22/no-sabemos-que-no-sabemos-la-filosofia-y-la-educacion-media-un-problema-de-sentido/

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