Colombia tiene como meta ser el país más educado de América Latina en el 2025.
Por: Rosario Córdoba Garcés.
Colombia tiene como meta ser el país más educado de América Latina en el 2025. Para lograrlo, el Gobierno incluyó a la educación como uno de sus tres pilares prioritarios para el cuatrienio, junto con la paz y la equidad. Lo anterior está en línea con la importancia presupuestal que el sector ha ido ganando en los últimos años. Desde el 2010, se han incrementado en cerca del 27 por por ciento, en términos reales ,las apropiaciones presupuestales destinadas a educación. Para el 2017 este era el rubro con mayor asignación de recursos, 33 billones de pesos, superando a Defensa.
Esto ha permitido tener logros destacados en aspectos relacionados con el acceso, la cobertura, la pertinencia y la calidad de la educación, en todos sus niveles. No obstante, persisten retos enormes que impiden tener avances más contundentes. Uno de ellos, quizás el más relevante, está asociado con la calidad de los docentes.
Estrategias como incentivar el ingreso de mejor capital humano a la profesión docente, ya que quienes se deciden por esta no son los de mejor desempeño en pruebas estandarizadas; contar con una evaluación que cobije a toda la planta de educadores del país; continuar mejorando la calidad de programas de formación, como ‘Todos a Aprender’ y ‘Becas para la Excelencia Docente’, y nombrar profesores de planta a través de convocatorias oficiales y la aprobación de un examen de ingreso son un requisito sine qua non para tener una educación de mejor calidad. Afortunadamente, el Gobierno ha hecho esfuerzos para avanzar en medidas como las mencionadas. Por eso, sorprende que el pasado 15 de septiembre el Ministerio de Educación haya derogado en su totalidad la Resolución 2041/2016, reemplazándola por la Resolución 18583/2017.
La Resolución 2041 establecía unas características específicas de calidad de los programas de licenciatura para la obtención, renovación o modificación del registro calificado, en las cuales se definían unos conocimientos y competencias mínimas que debían ser desarrolladas por los aspirantes a educadores a lo largo de su proceso formativo. La nueva resolución establece que, en el marco de la autonomía universitaria, cada institución podrá determinar libremente las competencias o conocimientos que deben desarrollar los aspirantes a docentes. Es lo mismo que históricamente han hecho, y que ha llevado a que no se ajusten con los lineamientos y estándares del Ministerio para la carrera docente, explicando, en parte el bajo desempeño de los maestros.
Lo insólito es que esto va en contravía de lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo vigente, en el cual se advertía que el Ministerio debía establecer unos parámetros mínimos de calidad para las licenciaturas, así como la acreditación obligatoria de todos los programas de este tipo del país. En este último aspecto tampoco hay avances.
La autonomía universitaria ha posibilitado que algunas instituciones garanticen efectivamente los más altos estándares de excelencia y, por tanto, no debe utilizarse como argumento para bloquear propuestas que contribuyen a mejorar decididamente la educación. La calidad de la educación es fundamental para la competitividad. Una mejor educación contribuye a la disminución del desempleo y la informalidad, y posibilita una mayor remuneración de los factores productivos del país, lo que se refleja en el bienestar de su población y en el crecimiento de la productividad y de la economía. Medidas como las planteadas por la Resolución 18583, se constituyen en una barrera para lograrlo.
Mientras la educación sea una mercancía, los avances en escolaridad no nos harán mejores personas.
Por: Oscar Sánchez.
Pablo Gentili introdujo este concepto, que parece un oxímoron, para describir el proceso de escolarización en América Latina en los últimos cincuenta años, en el que se ha expandido notablemente el acceso de las masas recién urbanizadas (y por lo tanto, del grueso de la población) a la matrícula del ciclo básico en instituciones educativas precarias.
Es un proceso incluyente, pues sería necio negar el valor de esa presencia de los chicos en la escuela. Para entender la importancia del acceso y la permanencia que se han logrado en las ciudades de Colombia, solo hay que compararlas con el mundo rural disperso, donde la mitad de la población se queda por fuera de la secundaria y solo una cuarta parte llega a ser bachiller. Las condiciones de la población en ambos mundos son muy diferentes.
Pero en las ciudades, aun con el aumento de la cobertura, hay exclusión. No se puede llamar de otra forma a la desigualdad aberrante con la cual se ha hecho la expansión: mientras las clases medias pagan una educación con buenas condiciones, los pobres, con excepciones que confirman la regla, se quedan con el bagazo. Frente a ese hecho hay tres enfoques.
Uno que podemos llamar cínico, niega la exclusión y afirma que simplemente estamos haciendo lo que se puede. Que la desigualdad educativa es una condición temporal y que por el camino que llevamos llegaremos a la educación buena para todos, cada quien en su propia realidad. Y que cualquier esfuerzo adicional atentaría contra la sostenibilidad fiscal y la iniciativa privada. Es común escucharlo, expresado con crudeza, en boca de funcionarios a cargo de las finanzas públicas, y camuflado con eufemismos, en boca de buena parte de quienes manejan la educación.
Un segundo enfoque, que es el que venimos poniendo en práctica algunos convencidos del poder de la razón emancipadora y el empoderamiento popular, es el del desarrollo de las capacidades humanas. Este consiste en buscar gobernantes dispuestos a alimentar altas expectativas y apoyar con ingentes recursos públicos a los educadores y comunidades ejemplares en escuelas pobres, para cerrar brechas dando más al que tiene menos, sin forzar a los poderosos a una igualdad impuesta. Hemos apostado por formar a una nueva generación que entienda que la inclusión tiene que ser plena y que la buena educación, como el empleo decente, la salud preventiva y la seguridad ciudadana son derechos y no pueden ser desiguales, o dejan de serlo.
¿Seremos ingenuos quienes atribuimos a la educación en sí misma la capacidad de transformar el sistema ofreciendo a los débiles un lugar en el mundo?
Gentili, que ha sido dirigente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, de Flacso y del Foro Mundial de Educación, propone un tercer enfoque que profundiza el anterior. Afirma que la inserción institucional, si bien es un avance, está muy lejos de marcar el camino del goce efectivo de los derechos y las relaciones humanas igualitarias que constituyen las bases de una sociedad democrática sustantiva. Lo que este autor llama ‘universalización sin derechos’ va más allá de la idea hoy aceptada en el mundo de que no basta con el acceso y hay que apostar a la calidad.
Gentili introduce tres reflexiones: i) existen la pobreza y la desigualdad educativas, aunque haya mayor acceso a la escuela, porque la universalización de la matrícula no cambia las estructuras sociales; ii) una educación con igualdad formal ante la ley y brutal desigualdad frente al mercado da como resultado un sistema segregado, en el que la educación no es un bien común, sino uno excluyente y, por lo tanto, no es pública, aunque se haya aumentado la oferta oficial, y iii) se ha impuesto recientemente una tendencia economicista que hace ver la educación predominantemente como un factor de producción, y se ha perdido su sentido como base de la humanización planetaria, planteado en las declaraciones de derechos humanos de hace 70 años.
En algo estamos de acuerdo con Gentili: mientras la educación sea una mercancía más, la formación integral de calidad sea un privilegio y prime el fin de educarse para ganarse la vida, antes que para construirse una vida, los avances en escolaridad no nos harán mejores personas ni nos llevarán a la justicia social.
Me queda la inquietud: ¿seremos ingenuos quienes atribuimos a la educación en sí misma la capacidad de transformar el sistema ofreciendo a los débiles un lugar en el mundo? ¿El cambio de las estructuras políticas, económicas y culturales es una condición para tener un derecho efectivo a la buena educación, o cambiando las mentes con un mayor esfuerzo político y pedagógico dentro del sistema actual podemos hacer que cambien esas estructuras?
He revels in a public discourse that threatens, humiliates and bullies.
He has used language as a weapon to humiliate women, a reporter with a disability, Pope Francis and any political opponent who criticizes him. He has publicly humiliated members of his own cabinet and party, including Attorney General Jeff Sessions and a terminally ill John McCain, not to mention the insults and lies he perpetrated against former FBI Director James Comey after firing him.
Trump has humiliated world leaders with insulting and belittling language. He not only insulted North Korean leader Kim Jong-un with the war-like moniker “Rocket Man,” he appeared before the United Nations and blithely threatened to address the nuclear standoff with North Korea by wiping out its 25 million inhabitants.
He has attacked the mayor of San Juan, Puerto Rico for pleading for help in the aftermath of a hurricane that has devastated the island and left many Puerto Ricans without homes or drinking water.
He has emboldened and tacitly supported the violent actions of white supremacists, and during the presidential campaign encouraged right-wing thugs to attack dissenters — especially people of colour. He stated that he would pay the legal costs of a supporter who attacked a black protester.
During his presidential campaign, he endorsed state torture and pandered to the spectacle of violence that his adoring crowds treated like theatre as they shouted and screamed for more.
Violence for Trump became performative, used to draw attention to himself as the ultimate tough guy. He acted as a mafia figure willing to engage in violence as an act of vengeance and retribution aimed at those who refused to buy into his retrograde nationalism, regressive militarism and nihilistic sadism.
‘Lock her up’
The endless call at his rallies to “lock her up” was more than an attack on Hillary Clinton; he endorsed the manufacture of a police state where the call to law and order become the foundation for Trump’s descent into authoritarianism.
Donald Trump supporters in Virginia in November 2016.(AP Photo/ Evan Vucci)
On a policy level, he has instituted directives to remilitarize the police by providing them with all manner of Army surplus weapons — especially those local police forces dealing with issues of racism and poverty. He actually endorsed and condoned police brutality while addressing a crowd of police officers in Long Island, New York, this summer.
These are just a few examples of the many ways in which Trump repeatedly gives licence to his base and others to commit acts of violence.
What’s more, he also appears to relish representations of violence, suggesting on one occasion that it’s a good way to deal with the “fake news” media. He tweeted an edited video showing him body-slamming and punching a man with the CNN logo superimposed on his head during a wrestling match.
And recently, he retweeted an edited video from an anti-Semite’s account that showed Trump driving a golf ball into the back of Hillary Clinton’s head.
Trump’s domestic policies instill fear
The violence has found its way into Trump’s domestic policies, which bear the weight of a form of domestic terrorism — policies that instill in specific populations fear through intimidation and coercion.
Trump’s call to deport 800,000 individuals brought to the United States as illegal immigrants through no intention of their own — and who know no other country than the U.S. — reflects more than a savage act of a white nationalism. This cruel and inhumane policy also suggests the underlying state violence inherent in embracing the politics of disappearance and disposability.
In this Sept. 6 photo, Karen Caudillo, 21, of Florida and Jairo Reyes, 25, of Rogers, Ark., both brought to the U.S. as children, attend a Capitol Hill news conference in Washington. DACA has shielded them from deportation.(AP Photo/Jose Luis Magana, File)
There’s also Trump’s pardon of the vile Joe Arpaio, the disgraced former Arizona sheriff and notorious racist who was renowned by white supremacists and bigots for his hatred of undocumented immigrants and his abuse and mistreatment of prisoners.
This growing culture of cruelty offers support for a society of violence in the United States. Before Trump’s election, that society resided on the margins of power. Now it’s at the centre.
Trump’s disregard for human life is evident in a range of policies. They include withdrawing from the Paris Agreement on climate change, slashing jobs at the Environmental Protection Agency, gutting teen pregnancy prevention programs and ending funds to fight white supremacy and other hate groups.
Budget punishes poor children
At the same time, Trump has called for a US$52 billion increase in the military budget while arguing for months in favour of doing away with Obamacare and leaving tens of millions of Americans without health coverage.
Many young, old and vulnerable populations will pay with their lives for Trump’s embrace of this form of domestic terrorism.
He’s added a new dimension of cruelty to the policies that affect children, especially the poor. His proposed 2018 budget features draconian cuts in programs that benefit poor children.
Trump supports cutting food stamp programs (SNAP) to the tune of US$193 billion; slashing US$610 billion over 10 years from Medicaid, which aids 37 million children; chopping US$5.8 billion from the budget of the Children’s Health Insurance Program which serves nine million kids; defunding public schools by US$9.2 billion; and eliminating a number of community-assisted programs for the poor and young people.
These cruel cuts merge with the ruthlessness of a punishing state that under Trump and Attorney General Sessions is poised to implement a law-and-order campaign that criminalizes the behaviour of the poor, especially Blacks.
It gets worse. At the same time, Trump also supports policies that pollute the planet and increase health risks to the most vulnerable and powerless.
Violence an American hallmark
Violence, sadly, runs through the United States like an electric current. And it’s become the primary tool both for entertaining people and addressing social problems. It also works to destroy the civic institutions that make a democracy possible.
Needless to say, Trump is not the sole reason for this more visible expression of extreme violence on the domestic and foreign fronts.
On the contrary. He’s the endpoint of a series of anti-democratic practices, policies and values that have been gaining ground since the emergence of the political and economic counterrevolution that gained full force with the election of Ronald Reagan in 1980, along with the rule of financial capital and the embrace of a culture of precarity.
Trump is the unbridled legitimator-in-chief of gun culture, police brutality, a war machine, violent hypermasculinity and a political and social order that expands the boundaries of social abandonment and the politics of disposability — especially for those marginalized by race and class.
He’s emboldened the idea that violence is the only viable political response to social problems, and in doing so normalizes violence.
Violence that once seemed unthinkable has become central to Trump’s understanding of how American society now defines itself.
Language in the service of violence has a long history in the United States, and in this current historical moment, we now have the violence of organized forgetting.
Violence as a source of pleasure
As memory recedes, violence as a toxin morphs into entertainment, policy and world views.
What’s different about Trump is that he revels in the use of violence and war-mongering brutality to inflict humiliation and pain on people. He pulls the curtains away from a systemic culture of cruelty and a racially inflected mass- incarceration state. He publicly celebrates his own sadistic investment in violence as a source of pleasure.
At the moment, it may seem impossible to offer any resistance to this emerging authoritarianism without talking about violence, how it works, who benefits from it, whom it affects and why it’s become so normalized.
But this doesn’t have to be the case once we understand that the scourge of American violence is as much an educational issue as it is a political concern.
The challenge is to address how to educate people about violence through rigorous and accessible historical, social, relational analyses and narratives that provide a comprehensive understanding of how the different registers of violence are connected to new forms of American authoritarianism.
This means making power and its connection to violence visible through the exposure of larger structural and systemic economic forces.
‘Dead zones’ of imagination
It means illustrating with great care and detail how violence is reproduced and legitimized through mass illiteracy and the dead zones of the imagination.
It means moving away from analyzing violence as an abstraction by showing how it actually manifests itself in everyday life to inflict massive human suffering and despair.
The American public needs a new understanding of how civic institutions collapse under the force of state violence, how language coarsens in the service of carnage, how a culture hardens in a market society so as to foster contempt for compassion while exalting a culture of cruelty.
How does neoliberal capitalism work to spread the celebration of violence through its commanding cultural apparatuses and social media?
How does war culture come to dominate civic life and become the most honoured ideal in American society?
Unless Americans can begin to address these issues as part of a broader discourse committed to resisting the growing authoritarianism in the United States, the plague of mass violence will continue — and the once-shining promise of American democracy will become nothing more than a relic of history.
Termina el horario lectivo y muchos niños continúan ampliando sus conocimientos o haciendo deporte.
Lenguas extranjeras, ballet, ajedrez, balonces, balonmano… ¿Son útiles o es mejor evitarlas? Lo importante es que tengan un marcado componente lúdico, que los escolares aprendan mientras se divierten y que no terminen odiando lo que hagan. Lo mejor es que elijan, pero la experiencia de sus padres ha de ser un grado
Comienza el curso escolar y con él, la vuelta a la rutina para muchas familias. Las exigencias de la actual sociedad imponen que el colegio ya no solo sea el lugar donde el alumno es instruido y educado, sino también el espacio donde permanece para permitir la conciliación familiar y laboral de los padres. Es probable que los niños de hoy pasen mucho más tiempo en sus centros educativos que los de la generación anterior. Las actividades extraescolares son una buena opción para que el escolar amplíe sus conocimientos. Pero hay veces que se olvida que los niños tienen que tener tiempo de ser niños.
Ahí está la eterna discusión. Porque mientras algunos profesores las consideran útiles, otros sostienen que crean estrés en los alumnos y que es mejor evitarlas.
«O las actividades extraescolares tienen un enfoque muy lúdico o vamos a terminar machacando al niño», sostiene Marcos Ruiz Valle, pedagogo y director del colegio Prácticas número 1 de la capital. Lo ideal, por tanto, es que el menor tenga la posibilidad de elegir, en función de sus gustos o intereses. «Porque lo más importante es que sea feliz», insiste Ruiz.
Claro que aquí también entra en juego la capacidad negociadora de los padres. De hecho, el pedagogo considera que esmuy importante que el niño se dé cuenta de que la experiencia es un grado, «de que sea consciente de que nosotros sabemos más que él».
Es decir, que a la hora de elegir, hay que tener en cuenta también las actividades que los padres consideran más útiles para el desarrollo del niño como persona.
«Lo importante es que los niños no odien lo que hagan», insiste este experto. Entonces, ¿les dejamos hacer papiroflexia aunque pensemos que no sirve para nada o es mejor apuntarle en inglés desde pequeños, porque consideremos que es fundamental para su futuro? Los padres, por norma general, siempre van a querer lo mejor para sus hijos. Pero el pedagogo recomienda ver el asunto con suficiente perspectiva. A veces, según dice, de nada sirve obligar a que un alumno estudie inglés si no quiere, cuando el mejor inglés se aprende en Inglaterra. Es decir, «en dos semanas con una familia británica se aprende más que en dos años de academia», asegura.
Y habla por propia experiencia. «Yo estaba solo. O aprendía o aprendía. Mi forma de apreciar el inglés fue totalmente diferente. Interiorizaba no solo la parte gramatical, sino la necesidad y la necesidad es intrínsica y las motivaciones son internas», sostiene.
Objetivos
¿Para qué sirven, además, las extraescolares? El objetivo principal es ayudar a los alumnos a aprender a organizarse mejor en su vida cotidiana. La propuesta suele requerir altos niveles de gestión y organización de las herramientas y habilidades disponibles por fuera del co texto escolar. Una buena forma de ayudar e incentivar a los más pequeños con las tareas extraescolares es organizando un horario escolar y extraescolar. De esta forma podrán organizarse para cada día y saber qué cosas llevar y cuáles no.
Al igual que la escuela, las actividades extraescolares sirven como contexto de socialización por fuera de la familia y la institución escolar. Allí aprenderán a relacionarse con otros niños de su edad, cooperar, trabajar en conjunto o competir sanamente para mejorar día a día en ciertos aspectos.
Otra cosa con la que hay que tener especial cuidado es que el niño no crea que toda su familia gira en su torno. Que no le llevan la agenda. «Estamos criando niños que son los pequeños emperadores», asegura Ruiz Valle. «El niño tiene su vida y los padres otra vida, pero no puede hacer entender que la vida gira en torno del niño. Es un fracaso de la cultura mediterránea», señala, y pone como ejemplo Finlandia, a la que siempre se suele recurrir en materia educativa, ya que los países nórdicos encabezan la clasificación de PISA. Allí los niños desarrollan la autonomía mucho antes. «No puedes ser el secretario de tu hijo. Pedagógicamente es un suicidio. Al niño nunca se le delega la responsabilidad», insiste.
Las actividades escolares más populares están relacionadas con la música y los deportes. Sirven primero para desarrollar el cuerpo, pero también para mejorar el trabajo en equipo. Y para que el niño queme energías. «¿Pero por él o para que me deje un poco tranquilo cuando llego cansado a casa del trabajo?», se pregunta Ruiz. «¿Nos preguntamos si realmente le viene bien a su estado emocional y fisiológico?», añade.
Porque en muchas ocasiones el niño pasa demasiado tiempo en su colegio. Muchas horas, hasta que los padres pueden ir a recogerle. «Y eso más que perjudicial, es cruel». «Si tienes la necesidad de tener 10 horas al niño en el colegio, en algo me estaré equivocando», añade este pedagogo, que reconoce, no obstante, que en cada familia se vive una situación distinta.
Y dentro de esta variedad, lo que sí que resulta habitual es que, al hablar de actividades extraescolares, se suele olvidar la situación de miles de familias en situación de riesgo de exclusión social con niños escolarizados en centros de compensatoria. Para ellas, seguramente, mucho más importante que decidir entre ajedrez o ballet, entre kárate o un idioma extranjero, está la posibilidad de tener un profesor de apoyo educativo dentro del plan de refuerzo (PROA), o si son extranjeras, tener clases de inmersión lingüística para aprender cuanto antes español.
El programa La Escuela al Centro y la autonomía escolar representan acciones institucionales que buscan mayor eficacia en la tarea de otorgar educación de calidad con equidad. Con ellas, el Estado muestra su interés por cumplir con el derecho de los mexicanos a la educación, afirmó hoy el titular de la Unidad de Normatividad y Política Educativa del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), Francisco Miranda López.
En la sesión La Escuela al Centro y el Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela (SATE), del seminario La Reforma Educativa: avances y desafíos, organizado por este Instituto,destacó: si se quiere que la escuela se convierta en columna vertebral de nuestro sistema educativo, se tienen que revertir las desigualdades educativas y avanzar, de manera sustantiva, en garantizar el derecho a una educación de calidad para todos.
En su intervención como comentarista, Miranda López consideró que el diseño de la estrategia de La Escuela al Centro es, en términos generales correcta, pero que le faltan piezas y elementos que integrar y cuidar para enfrentar con éxito el escenario de implementación que vendrá en los próximos años.
En este punto, recomendó fortalecer los esquemas concurrentes de fondos de inversión directa a las escuelas e incrementar el apoyo de políticas focalizadas a poblaciones que se sostengan con esquemas de autonomía de gestión escolar.
Por último, dijo que es fundamental fortalecer el Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela (SATE) para que apoye el incremento de capacidades y en el mejoramiento de los funcionamientos escolares, tareas para la que son fundamentales los Asesores Técnico Pedagógicos.
Al exponer el tema, el subsecretario de Educación Básica, de la Secretaría de Educación Pública, Javier Treviño Cantú; y el secretario técnico del Consejo Directivo Nacional “La Escuela al Centro” de la SEP, Pedro Velasco Sodi, manifestaron que La Escuela al Centro es un medio, no un fin en sí mismo, y que su objetivo es establecer las condiciones adecuadas para que cada centro escolar, independientemente de su contexto, pueda garantizar una educación de calidad, con equidad e inclusión a las niñas, niños y jóvenes.
Dijeron que esta estrategia significa escuelas fortalecidas como comunidades de aprendizaje, con mejor infraestructura y mayores: recursos financieros y materiales; acompañamiento y asistencia; facultades para tomar decisiones y con mayor participación de las familias y la comunidad.
Treviño Cantú informó que una nueva generación de directores, 13 mil 639 docentes promovidos, representan un área de oportunidad para la innovación; y que en 2016-2017, 36 mil 355 directores fueron capacitados a través de formación presencial y en línea en liderazgo y gestión, herramientas del sistema de Alerta Temprana, observación del aula y certificación en autonomía de gestión.
Finalmente, el subsecretario de Educación Básica dijo que en la presente administración se incrementó en 274% las Escuelas de Tiempo Completo, pasando de 6,708 a 25,134.
También participó como comentarista Oralia Bonilla Pedroza, presidenta del consejo directivo de Innovación y Asesoría Educativa AC. La sesión fue moderada por el periodista José Buendía.
El seminario organizado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) tiene como objetivo efectuar un balance de la Reforma Educativa, que permita establecer un punto de partida para definir la evolución de la educación nacional. Con él también se propone promover un debate nacional, informado y de altura, en torno al curso que México debe seguir en materia de educación.
La próxima sesión se realizará el miércoles 4 de octubre a las 17:00 horas. Se analizará el tema La atención educativa a las poblaciones desfavorecidas. El ponente será el subsecretario de Educación Media Superior, Rodolfo Tuirán. Los comentarios los realizarán la consejera del INEE, Margarita Zorrilla Fierro, y Emilio Blanco, investigador de El Colegio de México. La mesa será moderada por la periodista Gabriela Warkentin.
A partir de este 27 de septiembre y hasta el 8 de noviembre próximo, las sesiones serán transmitidas todos los miércoles a las 22:00 horas por el canal 14.1, del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano.
El 26 de septiembre se quedará en la memoria de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, UPTC, como el día de la mas grande movilización universitaria de la ultima década en defensa de la educación publica, y por garantías a los principios de autonomía, democracia y financiación con presupuesto del estado, por su carácter de universidad publica del orden nacional.
Treinta años atrás ocurrieron las revueltas por libertades en economía (1997), de la que quedó para la memoria la disputa entre base y deslinde. Hace veinticinco las movilizaciones fueron contra la represión del estado a la sombra del criminal estatuto de seguridad de Turbay, fiel a los mandatos de Santafé II, orientado a eliminar cualquier vestigio de foco comunista con tiras, infiltrados y esquiroles buscando y creando enemigos en residencias universitarias, aulas, cafeterías y calles, quienes ante la falta de “positivos” desaparecieron a un estudiante (Hernando Benítez) que llevó a la toma de la catedral de Tunja (el catedralazo). Y la otra gran movilización fueron las Malvinas, que sumo a familias, trabajadores y profesores con el lema “La universidad es del pueblo y el pueblo la defiende”, y emprendió la marcha hacia Bogotá, bendecida con una apoteósica despedida campal ofrecida por Monseñor Augusto Trujillo Arango. Se reclamaba del estado 411 millones para impedir el cierre de la universidad. Hace 20, 15 y 10 años se repitieron decenas de pequeñas revueltas y movilizaciones, por libertades, financiación y educación con contexto y calidad, que se concentraron en la confrontación al modelo neoliberal que impuso la autofinanciación, es decir la privatización económica, pero también ideológica y social, que paulatinamente legaliza a la universidad como agencia de negocios y empresa de servicios, a sus profesores como simples operarios productores de mercancías-conocimiento y a los estudiantes como clientes.
El 26 de septiembre, en una secuencia no lineal de su historia, los estudiantes contados por miles salieron a las calles de la colonial ciudad de Tunja a ratificar que la protesta es un derecho humano, pactado en 1789 y reconocido implícitamente en las normas de autodeterminación, lo que llama a observar que quien protesta está en su derecho e impedirla puede convertir a un funcionario o a cualquier agente del estado en violador de derechos, mas ahora que es tiempo para construir paz en colectivo, aprender a reconocer y respetar al otro y derrumbar los muros que restringen la democracia, no es tiempo de estigmatización ni de creer que quien se opone al poder es un enemigo a perseguir, intimidar o eliminar, como enseñaron el estatuto de seguridad y la seguridad democrática.
El 26 de septiembre se convirtió en un carnaval que le mostró a la ciudad, al país y al mundo que los estudiantes todavía no son clientes de una empresa dirigida por empresarios exitosos. El lunes 25 el recinto asambleario tuvo lleno total y con paciencia y argumentos repasaron la agenda por la defensa de derechos y garantías, que también recoge al profesorado que pone en evidencia el estado de avance en el desmonte de la carrera docente donde solo queda un profesor en planta por cada tres a contrato de reducidas garantías y, descubre una propuesta de reforma al estatuto docente que niega la figura del intelectual asociado al librepensamiento e impone la formula del funcionario docente que labora por horas y objetivos medibles todos, conforme al lenguaje y practicas mas neoliberales,
incluidas conductas homogéneas, controles y reglas insalvables de la economía del mercado.
La agenda común en curso, se sintetiza en la defensa del carácter publico de la universidad, traducido a democracia, autonomía y financiación, que salvaguardan el espíritu y naturaleza de origen de la universidad en su hacer político para tomar decisiones con participación de todos sus integrantes, y usar el control de aparato institucional para afirmar la autodeterminación sin injerencias externas sean estas políticas, jurídicas o económicas. Se parte de suponer que toda universidad publica (y por supuesto privada), actúa en el marco de la constitución y las leyes, pero con independencia de los poderes públicos, inclusive el judicial, y que sus planes no tienen que ser apéndices del programa político y electoral del poder político, ni vivir bajo la zozobra y el chantaje que le impone la competencia por indicadores para acceder a recursos. Para la UPTC la totalidad del presupuesto depende de los ingresos de la nación y de ello depende en mayor medida su condición de patrimonio cultural y científico de la nación, lo que le señala al pueblo su papel protagónico para defenderla como derecho y deber ciudadano, sea con foros o con la protesta como derecho humano, con el fin de derrotar una concepción que esta privatizando la vida misma, a la que trata de enajenar y corromper. La lucha global es contra la ideología del capital, e interna contra los mecanismos de privatización y captura de la democracia por redes y sistemas contrarios a su orden, pero también es un llamado a fijar responsabilidades sobre quienes con sus erradas actuaciones han provocado el desastre de la desfinanciacion y tomado el control de la institución ampliando el déficit democrático.
La movilización del 26 deja esperanzas que permiten renovar la idea de que es posible, viable y necesaria la lucha por la gratuidad, teniendo en cuenta que los recursos por matriculas de pregrado representan menos del 12% del presupuesto y los recaudos por venta de servicios, convenios y posgrados representan mas del 50%. No es totalmente cierto que la gratuidad provoque mas desfinanciacion, el debate esta abierto y su tratamiento depende de la concepción que se escoja para mirar la complejidad de esta situación que va mas allá de las sumas y restas sin contexto, asépticas y lejanas a un pueblo empobrecido, que olvidaron los consultores externos. La gratuidad existe, incluso en países con capitalismo desbordado, la tienen universidades publicas del continente en Ecuador, Argentina y Uruguay y en no menos de 10 países de la Unión Europea entre otros y es buen momento para que la universidad convierta la energía de sus luchas en una agenda común, que convoque por esta vez, a las directivas a ponerse del mismo lado en la defensa del bien publico llamado UPTC y que el momento de crisis e inicio de la implementación de acuerdos de paz, sirva para llamar al gobierno a privilegiar la inversión de recursos en educación universitaria, antes que alimentar los mismos sistemas de corrupción nacionales y locales o dilapidar impuestos en ejércitos para la muerte.
El 26 de septiembre de 2017 se quedará, en todo caso, en la memoria colectiva de las luchas universitarias y en la retina de la sociedad con la imagen de miles de estudiantes en las calles demostrando que la protesta colectiva es un derecho y una herramienta política fundamental para seguir defendiendo la universidad publica, que es del pueblo y que el pueblo defiende.
La semana pasada comentamos aquí los primeros resultados de la prueba PLANEA-2017 e hicimos notar la persistencia de graves problemas en el área de matemáticas. Las dificultades para que todos los estudiantes, al menos la mayoría, logre los objetivos de la disciplina en educación básica es una preocupación que se comparte en la mayoría de los países, avanzados y subdesarrollados. Es un problema no resuelto e implica una tensión entre la retórica de la sociedad del conocimiento y la contundente realidad según la cual apenas un segmento de la población, una élite, logra capacidades para desempeñarse exitosamente en el nuevo entorno.
Por ello, en 2008 el Consejo de Europa incluyó en el documento “Marco Estratégico para la Cooperación Europea en el ámbito de la Educación y la Formación (ET-2020)” la meta: “el porcentaje de jóvenes de 15 años con escasa competencia lectora, matemática y científica ha de ser inferior a 15 por ciento”, entendiendo por “escasa competencia” los primeros dos niveles de la prueba PISA de la OCDE. Además, se solicitó a la Comisión Europea desarrollar un estudio sobre los factores que inciden en los resultados de matemáticas y ciencias, producto de lo cual resultó el informe, elaborado por la red Eurydice, “La enseñanza de las matemáticas en Europa. Retos comunes y políticas nacionales” (2011).
El informe incluye información de los 31 países de la red, es decir los estados miembros de la Unión Europea, más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Turquía, se refiere a las estructuras curriculares y modelos pedagógicos en primaria y secundaria, y toma en cuenta los resultados la prueba TIMSS (Trends in International Mathematics and Science Study) y la prueba PISA (Programme for International Student Assessment).
En el informe se revisan los datos de TIMSS y PISA, se describe el currículum de matemáticas de los países, se consideran los enfoques pedagógicos, métodos didácticos y organización del aula, y se presentan las políticas de evaluación y las estrategias ensayadas para la mejora del rendimiento. Además, el informe aborda dos temas específicos que, a la luz de los resultados, se consideran estratégicos: cómo mejorar la motivación del alumnado y cómo mejorar la formación inicial y permanente del profesorado del área. Aparte de los resultados de las pruebas internacionales, el informe incorpora los datos de la encuesta SITEP (Survey on Initial Teacher Education Programmes in Mathematics and Science) elaborada por Eurydice.
Como primer resultado destaca el fuerte peso de factores de índole social. El origen socioeconómico está estrechamente correlacionado con el rendimiento en matemáticas. Se concluye que “la ventaja de asistir a un centro en el que la mayoría de los alumnos proceden de un entorno familiar favorable se relaciona con un gran número de factores, incluyendo la influencia que ejercen los compañeros, un clima de aprendizaje positivo, las expectativas del profesorado respecto a los alumnos y las diferencias en cuanto a los recursos o la calidad de las escuelas.” También se hace notar que el contexto socioeconómico de los centros escolares es un factor con aun mayor capacidad predictiva que las diferencias socioeconómicas de nivel individual. y que la correlación no es absoluta: hay estudiantes que, con todo y ventajas socioeconómicas, presentan déficit de aprendizaje y viceversa, estudiantes que pese a la adversidad consiguen sobresalir.
Hay otros factores que tienen incidencia en el fenómeno. Según el estudio tres son relevantes: la preparación de los maestros en la disciplina y en materia pedagógica, las condiciones de los centros escolares, y la distribución curricular en primaria y secundaria. La capacitación de los profesores es fundamental. Se hace notar que una planta docente bien preparada es la mejor solución para infundir a los estudiantes actitudes favorables: confianza, motivación y autopercepción positiva. Si los profesores carecen de esa motivación es imposible transmitirla.
Un experimento interesante, aplicado con diferentes metodologías en Suecia y en España demostró que los profesores con estudiantes de bajo rendimiento suelen ser docentes con conocimientos insuficientes en matemáticas. El seguimiento de la reforma de educación básica de Noruega advirtió que la aplicación ortodoxa del “aprender a aprender” y “aprender haciendo”, en matemáticas de primaria y secundaria, hizo decrecer los resultados de aprendizaje. Lección: el acompañamiento docente es indispensable en esta área de conocimiento. En cambio, la reforma de la formación y actualización de profesores de matemáticas en Portugal y Turquía generó buenos resultados en el corto plazo.
De gran interés, aunque no hay espacio para desglosarlo, la organización temática por país. En la mayoría, el énfasis en primaria está en el dominio de la aritmética, pero en el ciclo secundario hay una importante diversificación: mayor peso a geometría, iniciación al álgebra, o introducción a la interpretación de tablas, estadísticas y cálculo de probabilidades. También ha diferencias en la cantidad de horas de estudio dedicadas a la materia y en las tareas para los estudiantes. Pero estos factores no parecen ser decisivos, como sí lo son la preparación de los profesores y los ambientes de aprendizaje.
En las conclusiones se recomienda, como prioridades: la formación docente, la intervención temprana, sobre todo en los primeros dos años de primaria, el tratamiento de necesidades específicas de aprendizaje, el impulso a los factores motivacionales y la atención a dificultades de lectoescritura, cuyos problemas suelen trasladarse al de área matemática.
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