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La Reforma patas arriba y la escuela al revés

Por: Lev M. Velázquez Barriga.

En el libro de Eduardo Galeano Patas arriba: la escuela del mundo al revés se describe un modelo de sociedad y de escuela que rompe con la lógica del sentido común, lleno de antivalores y prácticas opuestas al humanismo, la democracia y la justicia social. Mostrar de manera inversa una realidad cosificada, inhumana, carente de ética, deshonesta, en la que lo más importante no son los seres humanos, sino la ganancia, es tan sólo un recurso didáctico que nos ilustra lo cruda que es la educación en y para el mundo del capitalismo.

Cuando se consulta la versión acabada del Modelo educativo para la educación obligatoria, cuyos planes y programas fueron presentados por Aurelio Nuño hace unos días y publicados en el Diario Oficial de la Federación el pasado 28 de junio, nos recuerda la paradoja que evoca Galeano y pareciera que la Secretaría de Educación Pública (SEP) está planteando la reforma educativa al revés. El esquema contiene una serie de contradicciones que pueden ser leídas de forma opuesta a lo que discursa; de esa manera es posible develar su verdadera esencia.

En el modelo educativo al revés, el gobierno mexicano se propone educar para la libertad, pero impulsa una estrategia de censura propia de las dictaduras políticas, en la que se asesina a los periodistas que luchan por ella; balea y reprime a los estudiantes que la ejercen; encarcela, desaparece y persigue a quienes la buscan; espía a la ciudadanía y a sus opositores; además, amenaza a quienes denuncian las violaciones a la privacidad.

El modelo educativo al revés dice que los alumnos tendrán una formación integral, es decir, el desarrollo pleno de todas sus facultades, por eso propone enseñar menos para aprender más, reduciendo los aprendizajes a las competencias laborales para la sociedad del siglo XXI. Su pedagogía de la rentabilidad concibe al estudiante como capital humano, es decir, en su única dimensión económica y no en la complejidad ecobiosicosocial que lo define. Aun el desarrollo socioemocional está ligado a la transferencia de inteligencias, valores y habilidades de la escuela a los nuevos patrones organizativos empresariales del estilo Oxxo, que para seguir garantizando el éxito demandan empleados con mayor flexibilidad, capacidad para la autorregulación de las relaciones personales en el trabajo y manejo del estrés grupal.

Para ser inclusiva, la escuela al revés tiene que ser excluyente: sólo así niega a los alumnos con discapacidades el derecho a recibir educación y atención especial, confunde terriblemente integración con inclusión. La escuela de la diversidad está patas arriba, reconoce las diferencias, pero fomenta la evaluación estandarizada, de modo que para atender las muchas formas de aprender y de enseñar tiene una sola pedagogía universal que elimina a todas las demás, el enfoque por competencias.

Está tan de cabeza que por poner la escuela al centro deja a los alumnos fuera. El cierre masivo de escuelas multigrado o reconcentración escolar, que ya está en marcha, dejaría sin educación a millones de alumnos de comunidades rurales e indígenas, y a otros tantos los desplazaría de sus lugares de origen. Para crear oportunidades para los más vulnerables oferta becas en vez de escuelas y cierra las que están más cercanas, para que puedan ir a las más lejanas.

Fortalece la educación pública privatizándola; para garantizar que la educación sea gratuita, pide aportaciones económicas a los padres. El presidente de la República dio un gran discurso ejemplificando los beneficios de la autonomía de gestión: cuando falte algún vidrio o haya que arreglar alguna puerta, ya no tendrán que hacer engorrosos trámites burocráticos para que la SEP se haga cargo: ahora tendrán toda la facultad para hacer las cosas por sí mismos y pagar de su bolsillo lo que se necesite. La más innovadora de las propuestas trae dinero del futuro para invertir en el presente, dejando muy claro que eso no es deuda pública, pero hay que pagar intereses a 25 años.

En la reforma educativa al revés los profesores no son profesores, pues no hace falta estudiar esa profesión. Para fortalecer la formación inicial de los maestros se exterminan las normales y se contrata a quienes no tienen formación inicial docente. La escuela al revés profesionaliza al maestro desprofesionalizándolo, premia el individualismo y castiga su antigüedad con la evaluación para el despido, desconoce su experiencia y no le importa su preparación académica. Quizá lo que más puede presumirse en este tema es que busca la calidad de la enseñanza con la precariedad en el trabajo.

En el gobierno también se actúa al revés: el modelo educativo se anuncia al principio y se hace al final; el secretario de Educación cobra como funcionario, pero actúa como candidato; uno de los grandes estatistas de la reforma educativa no supo escribir su propia tesis y el otro no sabe hablar. Los planes y programas de estudio no serán para llevarse a cabo en este sexenio, sino en el otro; no obstante, dejan márgenes estrechos para enderezar la reforma patas arriba durante los próximos 12 años, de suerte que la solución no vendrá desde arriba ni con el cambio de gobierno; sólo será posible si los maestros son capaces de consolidar en cada escuela las contrapropuestas pedagógicas que ya se practican y construyen en varios estados.

*Doctor en pedagogía crítica

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/07/05/opinion/014a1pol?partner=rss
Fotografía: revistacapital
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El magisterio nacional, ¿Instrumento o actor clave de la educación?

Centro América/ Nicaragua/Julio del 2017/ Rafael Lucio Gil /http://www.elnuevodiario.com.ni

Por: Rafael Lucio Gil

Es frecuente que el tema del magisterio asome en los medios de comunicación, cada día, con mayor interés. Pero también es cierto que, por lo general, se hace recaer injustamente en su desempeño, la causa de todos los males de nuestra educación.

Es indiscutible el grado de responsabilidad que tienen maestros y maestras en la educación, pero también lo es que, buena parte de las responsabilidades de la familia en la educación de sus hijos, pareciera estar siendo trasladada al personal docente, recargando, en gran medida su responsabilidad y trabajo, ante la desresponsabilización familiar.

Esta responsabilidad docente cada día se complica aún más, habida cuenta que la sociedad y la tecnología, presentan nuevas sensibilidades que complejizan su escasa y rezagada preparación, a la vez que demuestran su total desconocimiento de las mismas, para las cuales nadie les ha preparado.

A esta sobrecarga se añade un tema de fondo: El modelo de formación que reciben estos profesionales, responde mucho más a un paradigma instrumental, que a un enfoque reflexivo crítico transformador. Basta analizar los perfiles curriculares de formación docente de las Escuelas Normales y Facultades de Educación en las Universidades, para denotar fácilmente esta perspectiva.

Es obvio que tal enfoque resulta sumamente agradable y cómodo para dirigentes de la educación básica y media, por cuanto orientan al personal docente tareas o comportamientos específicos que deben ser cumplidos. Esta comodidad será aún mayor, en tanto no medie la reflexión, el análisis y valoración de las mismas, ni enfrenten posiciones críticas o propositivas de parte de maestros y maestras. Pero ¿es esto lo que favorece una educación de calidad?, ¿se trata únicamente de que el personal docente sea dócil y capaz de instrumentar, con efectividad, orientaciones y decisiones que otros toman? Por supuesto que no. De alguna manera, tal comportamiento, aunque muy cómodo para las partes, son profundamente perjudiciales para el logro de procesos y resultados educativos de calidad.

Esta perspectiva instrumental tiene su nicho ecológico en el enfoque curricular de la formación que recibe el personal docente, reforzada por un perfil de gestión institucional, que a todos los niveles es profundamente dañino por varias razones.

Cuando un maestro o maestra visualiza la función de su profesión, como el necesario cumplimiento de lineamientos y órdenes, empobrece notablemente su capacidad como persona y  profesional de reflexionar analítica y críticamente sobre su rol docente; imposibilita su acción creativa, anula sus potencialidades para ajustar el proceso de enseñanza aprendizaje a las condiciones y exigencias del contexto y de cada estudiante y, en definitiva, asfixia cualquier posibilidad de innovación; pierde su capacidad de mejorar y retroalimentar las orientaciones recibidas, y acaba por funcionar como simple correa de transmisión. De esta manera, transmuta su rol de profesional por el de un simple funcionario cumplidor de órdenes. Nada más dañino para nuestra educación.

Acaban maestros y maestras siendo “cosificados” por este modelo de actuación, perdiendo la posibilidad de construirse y reconstruirse como personas profesionales reflexivos. Así, quedan inhabilitados para desarrollar su función docente con calidad, reducidos a ser ejecutores de lo que otros piensan y, en consecuencia, transmitiendo a sus estudiantes, de forma velada o explícita, la importancia que tiene que tomen nota de lo que les transmiten (“siéntense, cállense y copien”), para lo que no hay tiempo ni interés de debatir. Esta acción domesticadora, acaba por anular múltiples capacidades que necesitamos reavivar en nuestros maestros y maestras y, en consecuencia, en el estudiantado que culmina con su bachillerato.

Se anula, de esta manera, la posibilidad de desarrollar capacidades en niños, niñas y adolescentes, afianzando roles de perfectos repetidores de mensajes, información y lemas, sin lugar a construir sentidos y significados de su práctica.

Estas condiciones de instrumentalización de la profesión docente, llegan a su punto culminante, cuando, sin previa consulta, se les demanda ser repetidores del pensamiento político único, y acaban funcionando como los mejores replicadores de una educación centrada en instrumentar respuestas y apuestas a un proyecto político específico, sin aceptar que se pueda pensar y optar en diversidad de opciones.

Cuando niños, niñas y adolescentes son instrumentalizados y “programados” por docentes debidamente entrenados en esta tarea, se termina convirtiendo la educación en un ente bancario (Paulo Freire), que atesora información, pero sin lugar a pensar distinto, o tomar otras decisiones u opciones, por estar programados para ello.

Al alimentar, así, a nuestra sociedad, con personas jóvenes sin criterio ni capacidad de argumentar ni decidir, más allá de la única perspectiva en la que han sido entrenados, logramos que la sociedad acaudale méritos suficientes, para ser un país con mucho crecimiento económico, pero sin alma ni espíritu reflexivo, crítico y transformador.

Tal modelo no es sustentable y promete ser, a mediano plazo, “un modelo de desarrollo del subdesarrollo de capacidades”. Este vínculo estrecho entre educación y desarrollo, evidencia la necesidad de que, como país, comprendamos que debemos superar este paradigma instrumental de la formación y práctica del personal docente, y en consecuencia, también de sus educandos.

Fuente:

http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/433014-magisterio-nacional-instrumento-o-actor-clave-educ/

Fuente imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/0wIIec7TmqrYPkfUQILxmBur2AhZtWc4lhVXHAHofUXQyzoMJp8uBL1MDf18Dp7CKTKY=s85

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Maker Spaces: hacer, acceder, activar

“El hombre educado no es el que sabe, sino el que sabe hacer, y transporta, mediante la acción, a la vida las ideas. Y a hacer, solo se aprende haciendo, y a indagar y pensar, que es un hacer fundamental, pensando, no pasivamente leyendo, ni contemplativamente escuchando…”

La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo, sostenía a principios de los años 70 el tecnólogo Alan Kay. Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción, decía un Paulo Freire para quien enseñar exigía comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo. Aprendemos para entender el mundo y poder actuar sobre él. Para actuar y cambiar el mundo hay que hacer cosas, dice la cultura maker.

Enseñar no es transmitir conocimientos sino de adquirir herramientas que permitan explorar y comprender con rigor la realidad. (Miguel Ángel Santos Guerra. Una pretensión problemática: educar para los valores y preparar para la vida. 2010. Revista educación).Construimos nuestro entendimiento del mundo mediante la exploración activa, la experimentación, la discusión y la reflexión (Mitchel Resnick Rethinking Learning in the Digital Age). Aprender hoy tiene que ver con nuestra capacidad de adquirir al mismo tiempo saberes, habilidades y actitudes. Tiene que ver con manejar alfabetizaciones múltiples. Participar en el propio proceso de aprendizaje. Desarrollar un aprendizaje abierto, relevante, conectado, situado y contextualizado. Tiene que ver con crear redes de aprendizaje, compartir prácticas y experiencias, comprender y manejar el aprendizaje colaborativo.

Aprender no es copiar, ni reproducir la realidad, ni replicar sin cambios una información suministrada, nos dicen desde hace años las ciencias de la educación. No se trata de verter información en la cabeza de nuestros alumnos. Al contrario, aprender es un proceso activo (Mitchel Resnick). Aprender siempre implica construir pero el resultado del aprendizaje no es solo un producto. En el aprendizaje producto y proceso son relevantes. Aprendemos haciendo, o mejor, aprendemos haciendo y reflexionando sobre lo que hemos hecho, mantienen desde hace décadas los defensores de las pedagogías activas y centradas en los alumnos. Inventar, colaborar, aprender haciendo y compartiendo con otros de forma abierta, sostienen también desde el movimiento maker.

No aprendemos sobre la nada. No se construyen nuevos conocimiento sobre el vacío, sino desde unos conocimientos previos que nos permiten dotar de significado a los nuevos. Aprender nos exige también el esfuerzo de modificar lo que sabemos. Aprender es combinar, mezclar y compartir. Aprendemos pensando, haciendo y compartiendo. Lo nuestro y lo de otros. Aprendemos modificando nuestros recursos internos y también manejando recursos externos. Aprendemos pensando, haciendo, combinando, transfiriendo conocimientos, dando sentido a la realidad.

No basta. También hay que compartir. No aprendemos solos. Aprendemos de y con otros. Aprendemos en la interacción con los demás. Aprendemos en el mismo proceso de compartir. La única manera de enseñar es aprendiendo (Paulo Freire). Aprendemos colaborando. Aprendemos unos de otros. Aprendemos dando sentido al conocimiento pero también compartiéndolo. Aprender hoy sería aprender a editar un mundo de cultura abierta y conocimiento compartido.

Compartir conocimiento no es una tarea fácil. La mayor parte del conocimiento no es explícito sino tácito. Y el conocimiento tácito es difícil de comunicar. Siempre sabemos hacer más de lo que podemos decir y podemos decir más de lo que podemos escribir.

Documentar es liberar el conocimiento generado en un proceso de aprendizaje, creativo y colaborativo, y hacerlo accesible a otros. Documentar es hacer transferible el conocimiento. Documentar es hacer a otros competentes. Documentar es aprender y es enseñar. Es permitir que otros aprendan de lo ya hecho, que lo puedan replicar. Explicitar nuestras representaciones nos permite no solo generar nuevo conocimiento, sino también dar nuevo sentido al que ya tenemos, es decir, aprender y, por tanto, poder enseñar.

La gran revolución que estamos viviendo está vinculada a la producción y a la distribución de conocimiento, pero también a la transformación de las prácticas, los procesos y las formas de crearlo. Necesitamos espacios para un aprendizaje abierto, compartido, participativo y común.

  1. Hacer del makerspace un lugar de aprendizaje abierto, compartido y participativo.
  2. Convertir el makerspace en un lugar producción de conocimiento y de colaboración de expertos y no expertos. Un lugar donde mezclar y combinar distintos campos del saber. Un ecosistema abierto de aprendizaje donde convivan recursos y personas.
  3. Utilizar contenidos (OER), procesos, prácticas (OEP) e infraestructuras (software y hardware libre) abiertos.
  4. Producir y licenciar todo en abierto.
  5. Documentar todos los productos, procesos y prácticas con licencias CC o copyleft.
  6. Publicar los productos, procesos y prácticas con sus documentaciones.
  7. Establecer un plan de comunicación que favorezca la interacción con la comunidad.
  8. Abrir el makerspace al barrio y a la comunidad.
  9. Crear una red de intercambio de prácticas con otros espacios.

Fuente:http://santillanalab.santillana.com/index.php/2017/07/05/maker-spaces-acceder-activar/

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«Mi escuela es formidable porque no hay reuniones: ¿Dónde quedan los procesos participativos?

Por Jaume Martínez Bonafé.

Si cuando voy a la reunión del Claustro ya sé que nada va a cambiar, porque todo discurre en el interior de un campo de juego marcado por adelantado, es muy difícil ilusionarse por lo que aún se desconoce.

En una conversación con maestras y maestros de enseñanza primaria alguien dijo: “!Mi escuela es formidable porque casi no se hacen reuniones!”. ¿Qué le ha pasado a la democracia, al sentido original de la participación, al deseo en la construcción de lo público, para que nos aburran las reuniones?

No seré tan cínico como para dejar solo en la boca de aquel colega lo que a mí mismo me ha sucedido al vivir con resignación y hastío muchas de las convocatorias a reunión de Consejo de Departamento. La cuestión, por tanto, más allá de las actitudes de cada cual, es si los procedimientos de los que nos dotamos en los procesos participativos responden realmente a la construcción de un proyecto público o simplemente sostienen lo que es puramente formal: una democracia de consumo, algo ya construido para que no sea necesario soñarlo de nuevo.

Me parece imposible pensar, enriquecer, mejorar la escuela pública, hacer más pública la escuela pública, si no nos dotamos de procesos de discusión y toma de decisiones en los que la pluralidad real de la vida social se sienta reconocida, y los significados diversos con los que dotamos de sentido a nuestras prácticas no puedan ser conocidos y contrastados.

Somos sujetos políticos, sujetos sujetados, pero sujetos, con capacidad para la construcción del proyecto público de educación. Cuando se reduce, se niega, o se pervierte el sentido original de nuestra participación, se nos traslada a la condición de objeto, se nos impide sabernos, sentirnos sujetos. Me parece que el 15 M fue una clara manifestación de la indignación por el proceso progresivo de reduccionismo de nuestra capacidad de ser sujeto, de nuestra capacidad de poder y querer protagonizar la política, todos los sentidos cotidianos de la política.

Ustedes me disculparán este rollo, pero no puedo entender la escuela, la escuela que es de todos y todas, y que está hecha por todas y todos, no puedo entender ese espacio público común, dialógico y plural, sin la voluntad de participación activa y consciente de todos y todas. Por eso no sería mala idea que a quienes el asunto nos preocupa echáramos un vistazo, bueno, un vistazo en profundidad, a los mecanismos y dispositivos que poco a poco pervierten y dificultan la política viva, la política de la participación real en la escuela.

Apunto algunas cuestiones, que podrán estar presentes en ese análisis. La primera, la institucionalización burocratizante de la práctica. Recuerdo aquella escuela que hacía asambleas con los chavales los viernes por la tarde, y decía que practicaba la pedagogía freinet, mientras la vaciaba de significado. La segunda, la tecnologización de la experiencia educativa: un día le pedí a un colega de la Facultad sus horas de la tarde para hacer una salida a la ciudad con mis alumnos, y me dijo que me las cedería encantado pero tenía mucha dificultad porque le rompía su programación que desde el inicio de curso cumplía a rajatabla. La tercera, la profesionalización del expertismo. Nunca olvidaré la transformación de aquel despacho en el que originalmente se reunía un equipo de maestras en formato de dirección colegiada de la escuela, y acabó en desierto solitario de un barbudo que aportó sus titulaciones y diplomas para optar a la nueva dirección de la escuela. Cada cual puede proseguir su particular listado. Yo apuntaré una última cuestión: el sentido de la política y la participación: la política como eje de las transformaciones sociales o la política como negación de esas transformaciones, quedando en un plano puramente instrumental y técnico. Si cuando voy a la reunión del Claustro ya se que nada va a cambiar, porque todo discurre en el interior de un campo de juego marcado de antemano, es muy difícil ilusionarse por lo que todavía se desconoce, por lo que todavía puede ser posible.

Claro que el asunto problemático de la democracia real y la participación activa no está solo dentro de la escuela. También habrá que leerlo en otros planos o espacios institucionales. Si las leyes educativas se hacen al margen de la opinión, la experiencia, y el saber de los maestros y las maestras, de los padres y las madres, de los niños y las niñas, no me digan luego que esperan de estos sectores de la sociedad civil una ilusionada participación en la implementación y desarrollo de esas leyes. Algo de esto creo que se está recordando en la llamada Subcomisión para el Pacto Educativo. A ver si se hace posible,…

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/05/25/mi-escuela-es-formidable-porque-no-hay-reuniones-donde-quedan-los-procesos-participativos/

Fotografía:  El Diario de la Educación

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En el aprendizaje cooperativo la diversidad es un valor añadido, en el aprendizaje tradicional, un problema

De Juan Domingo Farnos

Con el fin de crear un entorno en el que el aprendizaje cooperativo puede tener lugar, tres cosas son necesarias. En primer lugar, los estudiantes necesitan sentirse seguros, pero también cuestionado. En segundo lugar, los grupos deben ser lo suficientemente pequeño que todo el mundo puede contribuir. En tercer lugar, los estudiantes trabajan juntos en tareas deben estar claramente definidas. Las técnicas de aprendizaje cooperativo y colaborativo que aquí se presenta debe ayudar a que esto sea posible para los maestros.

Además, en pequeños grupos de aprendizaje cooperativo proporcionar un lugar donde:

-los alumnos participan activamente;

-los maestros se conviertan en aprendices a veces, y enseñar a los alumnos a veces;

-el respeto se da a cada miembro;

-proyectos de interés y las preguntas y desafiar a los estudiantes;

-se celebra la diversidad, y todas las contribuciones son valoradas;

-los alumnos aprenden técnicas para resolver los conflictos que puedan surgir;

-los miembros recurren a su experiencia pasada y al conocimiento;

-los objetivos están claramente identificados y se utiliza como una guía;

-las herramientas de investigación tales como el acceso a Internet están disponibles;

-los estudiantes se invierten en su propio aprendizaje y son los RESPONSABLES del mismo (cambio de roles)

El aprendizaje cooperativo tiene lugar cuando los estudiantes trabajan juntos en el mismo lugar en un proyecto estructurado en un pequeño grupo. Los grupos de habilidades mixtas pueden ser especialmente útiles para los estudiantes en el desarrollo de sus habilidades sociales.

Las habilidades necesarias para trabajar juntos en grupos son muy distintas de las utilizadas para tener éxito en escribir un artículo por su cuenta o completar la mayoría de las tareas o asignaciones de «asiento». En un mundo donde ser un «jugador de equipo» es a menudo una parte clave del éxito empresarial, el aprendizaje cooperativo es una herramienta muy útil y relevante.

Debido a que es sólo uno de un conjunto de herramientas, sin embargo, se puede integrar fácilmente en una clase que utiliza múltiples enfoques. Para algunas tareas el trabajo individual puede ser más eficiente, mientras que para otros los grupos cooperativos funcionan mejor.

Los críticos del aprendizaje en grupos pequeños a menudo apuntan a problemas relacionados con objetivos vagos y pobres expectativas de rendición de cuentas. El trabajo en grupos pequeños, afirman algunos, es una evitación de la enseñanza. Según estos críticos, la división de la clase en pequeños grupos permite al profesor escapar de la responsabilidad.

Vicki Randall (1999), quien ha enseñado a estudiantes de primaria, secundaria y universitaria, advierte contra el abuso y uso excesivo del trabajo grupal. Según Randall, los muchos beneficios del aprendizaje cooperativo a veces nos ocultan sus desventajas. Ella identifica las siguientes prácticas como debilidades comunes:

Hacer que los miembros del grupo sean responsables por el aprendizaje de cada uno. Esto puede suponer una carga demasiado pesada para algunos estudiantes. En los grupos de habilidad mixta, el resultado es a menudo que los estudiantes más fuertes son dejados para enseñar a los estudiantes más débiles y hacer la mayor parte del trabajo.

Fomentar sólo el pensamiento de nivel inferior e ignorar las estrategias necesarias para la inclusión del pensamiento crítico o de nivel superior. En grupos pequeños, a veces sólo hay tiempo suficiente para centrarse en la tarea en su nivel más básico.

Las recomendaciones de los defensores del aprendizaje cooperativo para abordar los temas que plantean los críticos incluyen:

1. . Asegurándose de identificar preguntas claras desde el principio y mostrar cómo estas preguntas se relacionan con los intereses y habilidades de los estudiantes y los objetivos de la enseñanza;
2. . Resolver los conflictos de grupos pequeños tan pronto como se presenten y mostrar a los estudiantes cómo prevenir problemas en el futuro;
3. . La creación de rúbricas 1 al comienzo de cualquier tarea y su uso para guiar el proceso de aprendizaje y para evaluar el trabajo final;
4. . Ayudar a los estudiantes a reflexionar sobre su progreso de manera regular;
5. . Esperando la excelencia de todos los estudiantes y dándoles a conocer que usted cree en ellos y su capacidad para producir un trabajo excelente.

En el aprendizaje cooperativo la diversidad es un valor añadido, en el aprendizaje tradicional, un problema.

Fuente: https://www.facebook.com/juandon/posts/10214167871577173

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El Terrorismo en Venezuela

Por Alfredo Mancilla Serrano

No buscan ganar electoralmente sino destruir un país por completo, incluso con gente adentro. Una minoría opositora venezolana ha decidido definitivamente abandonar la vía política. El objetivo es interrumpir la vida democrática del país sin importar el costo, ni económico, ni humano. Matan, queman, golpean, saquean. La violencia llevada a su máxima expresión para que la cotidianidad deje de existir.

Estas prácticas fascistas son injustificables. Los errores que haya podido cometer el gobierno o las discrepancias que muchos puedan tener con tal o cual decisión no pueden servir como excusas para que estas acciones violentas se impongan como praxis diaria por parte de un grupo minoritario de opositores en Venezuela. No hay razón para asesinar, perseguir o insultar a quién opina diferente. Eso es lo que está ocurriendo en Venezuela por parte de un minúsculo grupo opositor que en nombre de la democracia y libertad paradójicamente están instaurando un régimen de pánico.

En la democracia cabe la discusión política y la confrontación de ideas. Se puede discrepar absolutamente de todo. Pero de ninguna manera nadie está habilitado para salir a la calle para infundir terror en la ciudadanía. Hay miedo pero no es por culpa del gobierno. En 18 años de chavismo seguramente habrá habido traspiés, pero nunca jamás había existido una sensación de que te pueden apalear en cualquier esquina. Esta es una responsabilidad absoluta de este brote fascista que ha venido con la intención de quedarse sine díe. Que el gobierno haya podido cometer errores, no lo niega nadie. Pero una cosa es poder equivocarse en la política y otra cosa bien diferente es dedicarse únicamente a permanecer más de 90 días con la intención de desestabilizar mediante muertes y más muertes (ya vamos por 84).

Muchos medios de comunicación prefieren hablar de los errores del presidente Nicolás Maduro. Y están en todo su derecho. Pero lo que es inadmisible es que silencien o justifiquen los actos terroristas que están aconteciendo casi a diario. Al hacerlo son cómplices de esta barbarie, como tantas veces sucedió en la historia.

No podemos ni debemos normalizar este terrorismo cotidiano. Es condenable en todos sus sentidos. La violencia no puede sustituir a la política. La oposición venezolana apostó en octubre de 2012 y abril de 2013 por la vía electoral y perdieron en ambas citas presidenciales. Después volvieron a perder las municipales de diciembre de 2013. Y es verdad que ganaron luego la Asamblea Nacional (diciembre de 2015), pero seguramente se confundieron en cuanto a las competencias que tenían para gobernar el país. Tenían potestad legislativa pero no ejecutiva. Y no tuvieron en cuenta que se trata de un país altamente presidencialista según lo fija su propia Constitución. Este choque de trenes, entre Legislativo y Ejecutivo, más allá de toda la controversia que haya podido suscitar, no puede de ninguna manera ser la base para argumentar en favor de una respuesta opositora tan salvaje e inhumana.

La oposición venezolana ha tenido la oportunidad de separarse de estas prácticas terroristas. Podrían haber condenado algunos de los flagrantes acontecimientos. Por ejemplo, el ataque del helicóptero robado contra varias instituciones de los poderes públicos o la quema de personas por supuestamente ser chavistas. Pero no lo hacen. No lo quieren hacer. Les molesta todo aquello que huela a diálogo. Han atacado al ex secretario general de Unasur y al ex presidente español Zapatero por querer buscar una vía dialogante para rebajar la tensión al conflicto político. Se sienten incómodos cada vez que el Papa apela a la paz y a la no violencia. Salvo contadas excepciones, la mayoría de los máximos representantes de la oposición venezolana han sido promotores de esta dinámica antidemocrática. Fueron participes del golpe de 2002, de las guarimbas (actos violentos de la oposición) de 2014 y aún conservan esa esencia. Prefieren la parapolítica a la confrontación democrática.

Así es el terrorismo… Y medio mundo le está dando la espalda sin condenarlo.

*Director CELAG

Twitter: @alfreserramanci

 

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/07/06/opinion/016a2pol

Imagen tomada de: https://lapatrianueva.files.wordpress.com/2014/05/guarimba.jpg

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In-consciencia

Por Gloria Hurtado

Francisco Piedrahíta, rector del Icesi, en su discurso de grado de este año, hizo una valoración sorprendente de las emociones por encima si se quiere de la razón. Y lo señalo como sorprendente porque Pacho Piedrahíta ha sido un hombre tenazmente racional. Leer sus palabras es gratificante porque pareciera como si el mundo intelectual empezara a desmitificar el imperio de la razón. No para desprestigiarlo sino para ubicarlo en el nivel que corresponde. Años de historia considerando a la razón como lo más valioso de la condición humana parece que estuvieran terminando. En busca, claro, de un equilibrio. La nueva mirada “primero sentimos y luego razonamos”, ¿qué tan cierta es?

La inteligencia ha mandado la parada y ¡de qué manera! Las pruebas hablan de la asombrosa inteligencia de Donald Trump, cuyo coeficiente intelectual de 152 es el más alto entre los presidentes de USA. Obama ‘sólo’ llega a 140. De allí para abajo están el resto de exmandatarios. Hoy, de acuerdo a lo que estamos viviendo, ¿queremos seguir fomentando la inteligencia como el valor primordial para un ser humano? ¿Queremos seguir educando hijos e hijas inteligentes? ¿Queremos seguir evaluando a los seres humanos por su CI? ¿Una mente inteligente lleva cosida a la razón un comportamiento ético o integral? ¿Seres inteligentes son sinónimo de seres coherentes?

Se habla entonces de emociones como también de razón (o inteligencia) pero sigue existiendo un vacío: no se habla de conciencia. ¿Qué es conciencia? ¿Dónde se ubica la conciencia? Pensadores, filósofos y psicólogos, en todas las épocas, han hablado de niveles de conciencia. Ken Wilber, vivo, moderno y actual lo expresa en forma precisa. Podría hacerse un paralelo con el desarrollo del niño: su construcción empieza con una mirada egocéntrica, totalmente justificable, hasta que va desarrollando, etapa tras etapa, su capacidad de integrarse al mundo. Lo mismo sucede con los seres humanos, con las comunidades y con los pueblos, que de acuerdo a su evolución, tienen comportamientos más conscientes, más integrales y más coherentes. O, por el contrario, su elementalidad puede llevar a actitudes como las del estado islámico cuyo nivel de violencia es inconcebible para otros niveles de conciencia. Para ellos es perfectamente justificable. Aún más, necesario.

Los niveles de conciencia muestran que los humanos no hacemos lo mismo, no tenemos iguales intenciones, ni estamos montados en el mismo bus. La evolución marca la diferencia. Son necesarios ‘representantes’ de todos los niveles para poder aprender. Igualarnos es una utopía. Lo valioso es tratar de que cada día más personas ‘superen’ el kínder de la conciencia, para escalar otros grados donde la coherencia guíe nuestro actuar. Para despertar conciencia no es indispensable ser profesional, ni tener carro, ni ser jefe, ni pertenecer a determinado estrato social. ‘Solo’ caer en la cuenta de lo que se vive. No más ‘modo automático’ donde no me doy cuenta ni de lo que digo, ni lo que hago ni como actúo. No es fácil porque la conciencia no está en la mente y menos en la inteligencia. A menudo sucede que sólo hay interés por la conciencia cuando algo golpea o no se encuentran respuestas ni en la inteligencia ni en la razón. Aparecen entonces atisbos de conciencia.

Fuente: http://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/gloria-h/in-consciencia.html

Imagen tomada de: http://4.bp.blogspot.com/-9TpDTB0oEqY/VT_wf1XbZrI/AAAAAAAAFTs/CAI8bUzgIsQ/s1600/conscioushumanenergy22_01_small.jpg

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