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12 años de autismo: Familia

Por: Daniel Comin

El autismo entra de forma total en mi vida hace 12 años, día arriba, día abajo. Y entra como en casi todas las vidas, así, de repente, sin avisar ni nada. Y ahí empieza una nueva historia de tu propia vida, es como si eres el protagonista de una película, y a mitad del rodaje, te cambian el guión, el director, el productor, ¡hasta la banda sonora!, pero tú sigues teniendo el mismo papel, el del presunto protagonista. Y digo “presunto” protagonista, porque sin darte cuenta, resulta que hay alguien que adquiere todo el protagonismo, pero el de tu propia vida.

Tener un hijo con autismo puede generar un alto nivel de exigencia a la familia.

Y francamente, al principio vas muy despistado. Aunque claro, cada uno asume ese cambio de una forma diferente. Algunos son rápidos, otros no tanto, algunos les cuesta mucho o muchísimo, y es que un cambio inesperado siempre puede generar respuestas inesperadas.

Y de golpe ves, como siendo tú una persona normal y corriente, te ves envuelto en una situación extraordinaria, y te obliga a comportarte como si fueras una persona extraordinaria, aunque realmente no lo seas. Pero bueno, son exigencias del guión.

En mi devenir personal se han dado mis propias y excepcionales circunstancias, no sé si serán mejores o peores, pero ante ese cambio de guión tan abrupto e inesperado uno intenta dar lo mejor de sí mismo. Y ahí ando, intentando ir superando el día a día del rodaje, haciendo lo que buenamente puedo, a veces me sale mejor, a veces me sale peor.

Y es que este tipo de experiencias vitales a veces parece que sean propias de una película, da igual el género, sea ésta romántica, comedia, suspense, terror, drama, ciencia ficción, acción y aventuras, …, o quizá un poco de todas a la vez, en una especie vida caleidoscópica.

Pero 12 años son mucho tiempo, te vuelves medio loco acumulando títulos de formaciones especializadas, sumando horas y experiencias, compartiendo, haciendo cosas muy bien y otras muy mal. Recibiendo alabanzas y críticas, aunque donde más aprendes es en los errores y en las críticas, que es lo que te lleva a la realidad, esa que es tan compleja y extensa.

Aterrizarse en la realidad es complicado, sobre todo porque hay tantas realidades como personas, y ahí es donde más aprendes y comprendes, porque si no eres capaz de comprender tantas diferencias, estás perdido. La visión de una familia recién llegada al autismo, hasta la visión de adultos con autismo, todo un camino largo y diverso, emocionante, pero también muy desgastante.

Ves también como la ley se convierte en papel florido pero con poca utilidad, salvo que te empeñes en hacerla cumplir, ahí las cosas cambian, pero es muy difícil conseguir que la gente (que son también tus compañeros de viaje vital) superen el miedo tremendo que da el ir a ejercer y exigir los derechos de nuestros hijos. Nada me ha resultado más doloroso en estos años que ver como, el miedo, ha echado hacia atrás a muchas familias. Y es que saber que si luchas ganas, y no luchar por miedo a represalias u otras lindezas, es algo que alimenta el miedo. Vencer el miedo ha de ser uno de nuestros mayores desafíos. Sin miedo podremos avanzar, quizá sea lento, pero es seguro.

No tengo una receta para eso, no sé como se vence el miedo, supongo que cada persona tendrá sus propias excusas y razonamientos para apoyar ese miedo, seguro son todas legítimas, pero debemos ser conscientes de que ese miedo va en contra de todos. Pero debemos tener cuidado con las justificaciones, porque en realidad las generamos solo para nosotros mismos, lo que se denomina vulgarmente como los “es que”. Es que no puedo por esto o por lo otro, es que no tengo dinero, es que no tengo tiempo, es que … Nada hay peor que tener que estar buscando justificaciones para intentar explicar nuestro comportamiento. En primer lugar, no tienes porqué dar explicaciones a nadie, salvo a ti mismo, y en segundo lugar, no te justifiques ante ti mismo, reflexiona, crea un mapa de tus debilidades y fortalezas, y trabaja a partir de ahí.

Sí sé que uno de los detonantes del miedo es también el desconocimiento, el no saber a qué tienen derecho nuestros hijos y/o cómo actuar adecuadamente, y a veces no podemos salir de ese desconocimiento porque estamos totalmente bloqueados.

Y si hay algo que he aprendido en estos años, es que otro factor relevante que se combina es la dificultad emocional, que se tiñe de: rabia, ira, indignación, frustración, depresión, ansiedad, decepción, envidia, …, y un largo etcétera de emociones negativas. Estas emociones negativas, todas ellas (de la primera a la última) totalmente lógicas, nos empujan al bloqueo y al miedo. Es cierto que las situaciones que vivimos nos llevan de forma inexorable hacia esos sentimientos, y no es fácil vencerlos, porque no lo es, pero para las personas normales no es fácil. Además acabas metido en ese estado emocional sin darte cuenta, es como el autismo, que llega sin avisar, pues las emociones negativas también. No hay culpables, solo realidades personales. Esas realidades no deben juzgarse, sino comprenderse. De la comprensión llega la solución.

Y cuando estás en esa especie de estado de alerta perpetua, acabas también con una conducta agresiva, a la que te rozan saltas. Es como si el mundo confabulase en tu contra, aunque en realidad no es así. El mundo no va en tu contra, el mundo es que es así de imperfecto, y como es imperfecto, debemos intentar cambiarlo, debemos ser proactivos, participar del cambio, forzarlo si es necesario.

Me he dado cuenta que muchas de esas conductas “agresivas” explotan también en redes sociales, que son un reflejo muy bueno de nuestra sociedad. Porque no es una agresividad física, es emocional, verbal, actitudinal, …, o como prefieran denominarlo. Y periódicamente hay explosiones de gran calibre, a veces ante cosas absurdas, a veces ante cosas graves. Pero la explosión es siempre de alta intensidad. Y ahí perdemos la razón, el norte, el sentido, el discurso, …, lo perdemos todo. Pero no nos damos cuenta, ya que estamos en un proceso muy complejo, esto lo sabe el que lo vive. Para los “otros”, sencillamente, estamos “mal de la cabeza”.

Pero no, no estamos mal de la cabeza, lo que estamos es muy quemados. Ahora bien, debemos empezar a considerar que si nos matamos para que nuestros hijos tengan la mejor atención del mundo, quizá, tengamos que esforzarnos en tener, nosotros también, el mejor apoyo del mundo. No somos máquinas, somos seres humanos, nos equivocamos, nos deprimimos, nos alegramos, nos lo que sea. Y debemos considerar que, mientras nuestra situación emocional nos gobierne y nuestra capacidad de raciocinio sea dirigida por emociones negativas, nos va a ser muy difícil poder crear una acción de grupo, ya que acabamos siempre tirándonos los trastos a la cabeza los unos a los otros.

Yo, personalmente, he pasado por esos procesos, recuerdo una vez, en un parque, estaba con mi hijo, él tenía una serie de conductas extrañas, y una señora, bastante desagradable por cierto, me preguntó qué le pasaba a mi hijo. No lo dijo en plan empático, quiero saber o algo por el estilo, no. Fue grosera, le daba miedo que mi hijo pudiera hacerle algo horrible al suyo. Le respondí: “Tiene autismo. Ella me dijo ¿Eso es contagioso? Yo le dije, no, el autismo no es contagioso, pero su estupidez sí, así que por favor váyase ahora mismo no sea que usted contagie a mi hijo”. No fui nada amable, lo dije con un tono agresivo, la señora se fue despavorida. Estuvo mal. Aunque en aquel momento sentí cierto placer, con tintes sádicos incluso, por haber asustado a esa persona. Casi me sentía orgulloso. Fui agresivo, grosero, maleducado, …, no estuvo bien. Además perdí la oportunidad de explicarle a esa mujer qué era el autismo. Posiblemente debió pensar que yo estaba mal de la cabeza. Ciertamente la señora no fue agradable, pero eso no me excusaba a mi para comportarme así, me convertí a mi mismo en lo que yo reprochaba de esa persona. Los juicios hacia los demás suelen ser un reflejo de lo que nosotros mismos somos. Condené a esa persona por ser grosera y nada empática y yo hice exactamente lo mismo, o peor.

Esta fue una de las situaciones en las que mis emociones negativas tomaron posesión de mi, no fue solo esa vez, fueron muchas más veces. No me siento nada orgulloso de las veces en las que me he comportado mal. Pero el pasado no se puede cambiar, aunque sí podemos cambiar el futuro.

Cuando a la mínima saltamos como un resorte, nos ponemos en modo defensivo, optamos por una actitud agresiva, ya que nos sentimos atacados (muchas veces con razón), y empezamos a perder.

Yo no puedo ir dando lecciones a nadie de como resolver nuestros estados emocionales, que bastante he tenido yo con los míos. Pero si puedo hablar sobre el cambio que tienes en la percepción de cuanto te rodea, de como puedes, en base a ese cambio emocional, enfrentar situaciones malas desde una perspectiva diferente. Muchas veces piensas dos veces lo que vas a decir, ¡y ojo!, si lo piensas tres veces, acabas callado en muchas ocasiones. Pasas del discurso vehemente al comentario reflexionado.

Luego está el reírse de uno mismo. Yo he hecho (y creo que hago) tantas tonterías y estupideces en mi vida que al final, en vez de sentirme mal por haber sido (y ser) tan tonto e incapaz, pues me río de mi mismo de forma sostenida, prefiero una sonrisa a un ceño fruncido. Me ayuda a resolver y analizar con más tranquilidad mis errores. Creo que debo tener un doctorado supra cum laude en meter la pata. Claro que quizá eso se deba a que hago muchas cosas, a veces alguna me sale bien y todo.

Pues eso de hacer muchas cosas, implica que te van a criticar. Y la crítica tiene algo muy positivo, incluso en críticas destructivas, es que te dan el punto de vista de otras personas. Y aprendes muchísimo de eso. No aprendes nada de quienes solo te aplauden, si acaso te alimentan el ego. Bueno, cuando te critican mucho también alimentan tu ego realmente, ya que mucha gente emplea su tiempo en hablar de ti. Pero ¡ojo a esa búsqueda perpetua del engorde del ego!, te llevará a posturas mesiánicas, equivocadas, a perseguir un protagonismo que seguramente ni mereces. Y cuando caes ahí, pierdes la visión de la realidad, y construyes una especie de mundo paralelo e irreal. Ni es bueno lo uno ni lo otro. Debemos entender que estamos en un aprendizaje constante.

Entre posturas depresivas a narcisistas, no hay nada bueno. Ambas te llevan a vivir realidades alteradas. Y tenemos una tremenda responsabilidad. Debemos ser, sí o sí, personas normales que viven en circunstancias excepcionales.

Hace algún tiempo conocí a una familia, cuya hija tenía una grave enfermedad, tenía convulsiones epilépticas continuadas, un tipo de epilepsia resistente a tratamientos, muy grave. Esa niña apenas tenía una hora al día de cierta estabilidad. En esa hora diaria a sus padres se les iluminaba el rostro de felicidad, doy fe, ya que tuve la suerte de coincidir en ese momento. Ambos sabían que su hija iba a morir, cosa que tristemente sucedió. Sin embargo me dijeron, que esa hora compensaba las otras 23. Que si en esa hora no eran capaces de demostrar a su hija su amor y su felicidad es porque fallaban como padres. En aquel momento atravesaba yo una etapa de malhumor crónico. Se me fue de golpe. No puedo ponerme en la piel de esa madre y ese padre, yo no vivía esa tensión permanente, no vivía con una espada de Damocles sobre mi cabeza. Pero sí entendí que la vida se disfruta a cada instante, sea ese instante bueno o malo. Que lo que pasó, pasó, pero hay que vivir con intensidad lo que está pasando ahora.

Y por eso, debes decidir cómo quieres vivir cada momento, si bajo una especie de malhumor crónico, o con serenidad y realismo, tampoco se trata de convertirse en un ser con felicidad permanente (ya que eso es también vivir una realidad paralela), ya que la vida debe ser un poco de todo. No tengo la fórmula que resuelve nuestros estados emocionales, aunque si sé qué provocan, y sí puedo advertir que muchas familias pasaron, están pasando o pasarán por esos momentos difíciles. Te das cuenta cuando a la mínima saltas, cuando cualquier cosa que en otra circunstancia te habría parecido absurda, hoy te hace explotar. Te das cuenta cuando te quieres comer a alguien porque piensas que mira mal a tu hijo, o porque hizo un comentario (movido por su ignorancia en la mayoría de las ocasiones) que era ofensivo para ti, etcétera, te descubres a ti mismo en una especie de estrés del guardaespaldas. Que ojo, o vas con una espada o hacha en la mano, o peor, estás tan hundido que todo parece superarte, que sería el otro efecto negativo. Quizá cuando vas en modo Terminator te crees sentirte más vivo, y piensas que lo estás dando todo. Ojo, aquí entran en juego las expectativas, he hablado bastante de ellas.

En su día aborde el cambio de expectativas en el autismo, que es un tema bien complejo, pero que también nos afecta a nosotros, esas expectativas sobre nosotros mismos, donde a veces no somos capaces de cumplirlas, nuestro hijo se convierte en una especie de termómetro de nuestra calidad como progenitores. Si el niño avanza como un tiro, somos fantásticos, pero si no es así somos incapaces (o el epíteto que prefiera cada cual). Hay una presión tremenda que generamos nosotros y alimenta el entorno. Obviamente nos tenemos que dejar a piel, esto no tiene discusión. Pero claro, también debemos saber modular adecuadamente. Cuando tu hijo o hija tiene grandes necesidades de apoyo, todo es bien complejo, difícil y agotador. Cuando tiene pocas necesidades de apoyo, todo parece ser más fácil y menos cansado. Pero en ambas posturas, el esfuerzo ha de ser siempre el máximo, pero no debes dejar que el esfuerzo te mate.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando no se dan los requerimientos mínimos? Por ejemplo: Dinero, cercanía a profesionales, capacidad personal, tiempo, apoyo familiar, apoyo laboral, …, porque cuando las cosas se ponen difíciles uno no está como para discursos sobre la felicidad absoluta, el amor incondicional, la fortaleza de espíritu, y todas esas frases preciosas. Si apenas duermes, si estas agotado, si no te alcanza el dinero, …, solo te falta que te vengan con el rollo de que si tu mejoras todo será mejor. Porque claro, te hace sentir culpable. Es como si te dicen: todo te va mal porque estas “deprimido, furioso, indignado, iracundo, bloqueado, …” ¡Ya, lo que te faltaba que te vengan a decir!

Pues lo dije previamente, yo no tengo soluciones para todos, pero sí sé, que a pesar de estar en situaciones difíciles, nuestra capacidad de superación es casi igual que la de nuestros hijos. Somos personas normales en situaciones excepcionales, que al final, acabaremos actuando todos como personas excepcionales. Pero lo primero es creernos que podemos, tener fe en nosotros mismos, tener fe en que somos capaces, aunque sea con ayuda, no importa. Pedir ayuda es un signo de fortaleza.

Y es que en estos 12 años, he visto muchas familias que, incluso en situaciones vitales tremendamente difíciles, llevaron a cabo ese cambio de actitud, de forma de enfrentar la vida. Siguen sin tener dinero, sin tener condiciones laborales adecuadas, siguen teniendo que pelear por todo a diario, siguen con poco acceso a buenos profesionales, etc, etc. Es decir, que están igual que antes. Lo único que cambia es su forma de actuar hacia sí mismos. Es cambio interior, significó una liberación de los aspectos negativos interiores, que no de los del entorno. No confundamos. Pero si les ayudó a enfrentar el día a día de una forma mejor.

Cuando debes afrontar la vida desde un cambio brutal de lo que tú pensabas que iba a ser tu vida, no debes -por tanto- buscar culpas en tu interior, no pasa nada si te sientes totalmente fundido o quemado. Pero sí debes ser consciente de tu situación, de como te sientes como persona, de cómo tus esperanzas pueden fluctuar tremendamente. Debes reacomodar todo, realmente no te queda más remedio. Y sobre todo, debes intentar liberar tus emociones negativas.

Nunca pienses que ya aprendiste todo, nunca pienses que llegaste a tu tope, nunca pienses que algo es imposible, nunca pienses que no puedes lograrlo. No importa si te cuesta mucho aprender algo, no importa si te sientes incapaz de resolver determinadas situaciones, no importa si sientes que el mundo no está adecuado a las necesidades de todo. No importa. Tienes derecho a pensar y sentir emociones negativas, pero debes aprender a usar esas emociones negativas como forma de superación. La tristeza es la otra cara de la felicidad, solo debes recordar, que cuando estés triste, o deprimido, o cualquier otra emoción negativa, recuerda que estás viviendo una situación excepcional, y que también puedes comportarte de forma excepcional.

Y sobre todo, cuando juzgues a alguien, luego reflexiona sobre ese juicio, busca en tu interior esos sentimientos que te llevaron a enjuiciar a otras personas, posiblemente encontrarás casi todas las respuestas hablando contigo mismo. Y nunca, nunca, te compares con nadie, ni quieras parecerte a nadie, ni quieras ser como otras personas a las que -aparentemente- todo les va mejor.

Vivimos en una sociedad muy desigual, poco equitativa, muy egoísta, y donde hay mucha solidaridad, pero de sillón. Esto no es novedad, pero también hemos de partir de la premisa que la gente es -en su gran mayoría- buena gente, pero a veces debemos darles la oportunidad de ejercer de buena gente, si nos comportamos en la forma que que yo mismo hice con la señora del parque, pues alentamos posturas inadecuadas. Sé que decirlo es muy fácil, hacerlo no tanto, sobre todo cuando tienes que pasar por situaciones complicadas, cuando estás en una situación donde ves como se menosprecia a tu hijo, se le considera inferior, cuando son los otros los que le juzgan a él y por extensión a ti. Pues lo normal es que tu indignación se dispare, y de ahí a ponerte en una postura agresiva hay un paso.

¿Debemos ser el Dalai Lama? Pues tampoco, no es cuestión de que a pesar de los pesares nos pasemos el día repartiendo flores, paz y amor, y además pongamos la otra mejilla. Sí debemos tener firmeza y determinación a la hora de exponer nuestra realidad, nuestras necesidades, nuestros derechos, pero -y en la medida de lo posible- intentar llevar a cabo esta acción con serenidad, la que debe estar alimentada por nuestras convicciones, por nuestro amor, y no por nuestra parte negativa.

He visto como en muchas ocasiones, una postura serena, firme y decidida, consigue mucho más que las posturas basadas en la conducta negativa, o quizá más viscerales o emocionales. No es cuestión de ser seres que alcanzaron al iluminación y que flotamos, no, es cuestión de determinación. De saber gestionar nuestras emociones negativas a nuestro favor. Si algo nos hace sentir mal, es porque ese algo es malo, y si es malo, habrá que cambiarlo. Por tanto, esos sentimientos negativos son lícitos y son lógicos, y además nos sirven para identificar lo malo. Aprender a usar nuestros sentimientos negativos como una vía de conocimiento personal es bien complejo, pero también nos ayudará incluso a entender mejor a nuestros propios hijos.

Es un camino difícil, complejo, y largo, pero no es imposible. Y no lo es, porque en el camino nos convertimos en personas excepcionales. Aprendemos a ser más comprensivos, a ser mucho más fuertes de lo que pensábamos que podíamos ser, a ser más tenaces y pacientes, y todo eso se genera por un sentimiento hermoso y positivo, que es el amor hacia nuestros hijos. Usemos la gran potencia que nos da ese amor para usarlo como una energía que nunca se agota, pero desde la visión más serena que seamos capaces.

Y si en algún momento tus fuerzas flaquean, te sientes más débil, o ves que la situación te ha superado, pregúntale a tu hijo si él cree que tú puedes. Y recuerda, quien no comprende una corta mirada, jamás entenderá una larga explicación. En la mirada de tu hijo siempre encontrarás la fuerza que necesitas.

Fuente: https://autismodiario.org/2017/04/13/12-anos-autismo-familia/

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Escuelas de Segunda Oportunidad: un modelo consolidado para recuperar a los jóvenes del fracaso escolar

Por: Pau Rodriguez

  • Escuelas como El Llindar (Cornellà) hace años que trabajan con jóvenes ‘expulsados’ del sistema escolar y los ayudan a retomar las ganas de estudiar.
  • Estos centros se agruparon hace un año en la asociación Escuelas Españolas de Segunda Oportunidad, que ya cuenta con 22 integrantes.

Que uno de cada cinco jóvenes españoles (20%) haya abandonado los estudios –porcentaje sin parangón en Europa, con una media del 11%– no es casual. Muchos de ellos acumulan años de suspensos y frustración en escuelas e institutos. Y entre los que consiguen el título de la ESO, algunos terminan perdiéndose en itinerarios de formación donde no cuentan con nadie que los oriente y los acompañe. Que les pregunte qué necesitan. Así se expresan los jóvenes que tienen la suerte de ir a parar en alguna Escuela de Segunda Oportunidad (E2O), centros de acceso gratuito que trabajan para hacerles recuperar las ganas de aprender y ofrecerles, de manera casi personalizada, propuestas de formación profesional.

Estos centros, que en su mayoría son fundaciones, se agruparon hace un año en la asociación Escuelas Españolas de Segunda Oportunidad.   Empezaron seis y ahora ya son 22 . «Trabajamos con los jóvenes uno a uno, intentando responder a lo que necesitan, con el objetivo de que retomen las ganas de formarse y vuelvan a entrar en el sistema», expone José María Usón, director de la asociación y de uno de estos centros, de la Fundación Federico Ozanam de Zaragoza.

Crecidas en los márgenes del sistema educativo reglado en toda España, estas escuelas están atrayendo ahora la atención de las administraciones catalanas. El anuncio de Barcelona de poner en marcha centros de este perfil , conversaciones avanzadas con las consejerías de Educación y de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, y el apoyo de la diputación de Barcelona son formas cada vez más claras de reconocimiento al éxito de un modelo que ha sabido lidiar con el siempre temido fracaso escolar.

«Ellos tienen que reaprender a ser alumnos, volver a tolerar el aprendizaje, y después nosotros hacemos lo necesario para facilitarles los itinerarios formativos», explica Begoña Gasch, directora de El Llindar  (Cornellà), que con 400 alumnos y trece años de experiencia ha sido uno de los centros que más ha hecho para proyectar la labor de las escuelas de segunda oportunidad en Catalunya.

Begonya Gasch, al fondo, explica el modelo de su centro / © Sandra Lázaro
Begonya Gasch, al fondo, explica el modelo de su centro / © Sandra Lázaro

«No aguantaba las seis horas en el instituto, me agobiaba toda la teoría», reconoce Bilal, un adolescente de 15 años que se rebotaba ante los profesores y al que expulsaban a menudo. «Aquí estoy mejor, empecé haciendo menos horas para estar tranquilo, y me escuchan más», valora.

En El Llindar, Bilal intenta aprobar la ESO en unas condiciones más flexibles, con menos horas, alternancia los talleres prácticos con las tradicionales asignaturas, y un tutor que comparte con sólo diez compañeros. «El año que viene voy a intentar hacer una formación profesional de mecanizado», explica ante una comitiva de profesionales de otras escuelas de segunda oportunidad que han venido esta semana a conocer El Llindar y a participar, este miércoles, en un seminario sobre este tema en el Palau Macaya de Barcelona.

Un modelo que nace en Francia

Entre los visitantes se cuentan educadores de cuatro centros de Francia, el país que dio a luz, en 1995, a este modelo de escuelas para recuperar a estudiantes que han abandonado y que no encuentran trabajo. Los que ahora cargarían con la etiqueta  ni-nis. Lo cuenta Marc Martin, director de la École de la Deuxièmme Chance de Tolouse y presidente de la asociación que agrupa los 110 centros que hay en todo el país. «Estos jóvenes son los expulsados del sistema; para ellos, aprender es sinónimo de fracaso y humillación», expone, y subraya que para reconducirlos hacia la formación hace falta algo más que una buena oferta de FP o de cursos de competencias técnicas.

«Lo primero que hacemos nosotros es intentar definir cuál es el proyecto personal de cada joven, y para ello hay que evaluar sus competencias, sus obstáculos sociales, y evidentemente preguntarles qué quieren hacer», describe Martin. A eso se dedican los primeros meses.

Es una labor educativa que se acerca a la «artesanía», acompaña Gasch. En El Llindar, los educadores destinan de media 2,5 horas a la semana a reunirse para reflexionar sobre sus métodos y el progreso de sus alumnos (coordinaciones y claustros aparte).

Itinerarios personalizados

La personalización de los itinerarios es la principal obsesión de las escuelas de segunda oportunidad, que se han convertido algunas de ellas en auténticas ingenieras de la formación postobligatoria. En el caso de El Llindar, ya sea con acuerdos con empresas o mediante ayudas públicas, ha conseguido una oferta que abarca hasta siete ámbitos laborales –comercio, jardinería, restauración o multimedia– y cubre desde el final de la ESO, adaptada para los que lo necesitan, hasta la formación profesional especializada, pasando por cursos de Formación Profesional Inicial (FPI), el nombre que en Catalunya se le da a la FP Básica.

Lo más importante para ellos es que todos estos itinerarios se pueden hacer bajo un mismo techo, el de El Llindar, con los mismos tutores y las mismas caras conocidas, a diferencia del universo fragmentado de cursos y centros que suele ser el mundo de los estudios post obligatorios. Es por ello que este centro de Cornellà ha cerrado acuerdos con empresas como Cebado para la formación de peluquería o con Tragaluz para la restauración. «Las alianzas con empresas son fundamentales para nosotros», dice Gasch, que defiende un modelo de formación dual donde los jóvenes pueden aprender mientras trabajan.

Una alumna de El Llindar, en el taller de carpintería. / © Sandra Lázaro
Una alumna de El Llindar, en el taller de carpintería. / © Sandra Lázaro

En Francia, las escuelas de segunda oportunidad son de titularidad municipal o regional, pero están gestionadas en su mayoría por entidades sociales. Como si fuera un concierto educativo. En España, las iniciativas que hay, privadas todas, consiguen la financiación ya sea a través de subvenciones públicas o con ayudas de empresas privadas. Pero este es un camino que desgasta. De hecho, uno de los motivos de la constitución de la asociación Escuelas Españolas de Segunda Oportunidad es pedir que las ayudas se adapten a sus necesidades. «A menudo se da el caso de que las subvenciones van de septiembre a junio, o que tienen como finalidad cursos concretos, cuando nosotros nos movemos por otros parámetros», afirma Usón.

Hasta ahora, todas estas escuelas se habían buscado la vida por su parte. Algunas, como la de Usón, o como El Llindar, durante décadas. Con la constitución de la asociación, lo que quieren también es hacer reconocer todas las escuelas de segunda oportunidad que hay y certificarlas. Es por ello que han desarrollado toda una serie de criterios y principios que comparten. Entre ellos, promover la orientación, la formación integral de la persona y la colaboración con las empresas.

El paso por estos centros puede ser crucial para muchos de los jóvenes que ponen rostro al 20% del abandono escolar. Uno de ellos podría ser Ari, que con toda serenidad cuenta que unos «problemas psicológicos» que tuvo el año pasado la abocaron al choque con sus profesores en el instituto. «No hacía nada en clase, a veces me rebotaba y me reñían a menudo», recuerda. Desde que la trasladaron, asegura estar «mucho mejor». En la difícil encrucijada que suele ser la adolescencia para algunos, Ari tuvo la suerte de encontrarse con El Llindar.

Fuente: http://www.eldiario.es/catalunya/educacion/Escuelas-Segunda-Oportunidad-consolidado-recuperar_0_636937322.html

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¿Cómo lograr que nuestros niños sean activistas por el medio ambiente?

Por: Ecoportal

Estos pequeños pasos harán una gran diferencia y aydarán a que las futuras generaciones sean mucho más amables con el planeta de lo que hemos sido nosotros.

La consciencia ambiental no sólo es cosa de los adultos, cada día es más importante desarrollar el respeto hacia la naturaleza en los niños. Una forma muy sencilla de involucrarlos es añadirles actividades relacionadas al cuidado del medio ambiente en su rutina y así, de forma natural, se les desarrollarán hábitos para el cuidado de la naturaleza y el Planeta.

Más allá del cuidado y respeto de los árboles y animales, que es importante, hay otras acciones que también se les debe de inculcar para tener un planeta sano y un mejor futuro para todos.

Es por ello que la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) precisó un decálogo para que los niños pongan en práctica y puedan contribuir en la protección del medio ambiente:

1- Reciclar es un juego muy divertido cuando deseas colocar cada cosa en el cubo del color adecuado. Existen contenedores diferentes para cada tipo de basura y separar los residuos puede ser muy entretenido para los niños.

2- El agua es un bien escaso. Cuando se laven los dientes después de comer o las manos antes de cada comida, no deben olvidar cerrar el grifo. El mundo les agradecerá ahorrar agua.

3- No hay que tirar desechos al suelo. Si van de paseo por la calle y no ven ningún contenedor guarden en el bolsillo lo que quieran tirar para después desecharlo en casa, en el cubo del color que le corresponde.

4- Apaga la luz de la habitación (cuarto, cocina, salón, etc.) cada vez que salgas.

5- Como los recursos son limitados, enséñale a compartir juguetes y su material escolar con otros niños. Cuando no los use más, dónenlos a otros niños.

6- Cuando quiera dibujar, aprovechen la parte trasera de una hoja ya usado, así estarán reutilizando papel.

7- Las plantas son seres vivos, por tanto no hay que pisarlas ni arrancarlas y hay que regarlas a diario. Ellas dependen del cuidado humano.

8- Las mascotas son animales de compañía que pueden estar a su cuidado bajo tu asesoría. Por ello tienen que darles de comer, de beber, llevarlas al veterinario frecuentemente y no solo cuando se enferman; jugar con ellas, sacarles a pasear para que vayan al baño, darles cariño… Y sobre todo, no hacerles cosas que les puedan molestar, doler o hacer sufrir.

9- Las cosas que hay en la calle, como bancas, faroles, letreros, jardineras, son de todos y no hay que dañarlas, romperlas o ensuciarlas.

10- Hay que cuidar y respetar el medio ambiente, pero también hay que respetar y cuidar a las personas que te rodean.

Estos pequeños pasos harán una gran diferencia y aydarán a que las futuras generaciones sean mucho más amables con el planeta de lo que hemos sido nosotros. No lo dejes pasar, e involucra a tus pequeños, hijos, sobrinos y primos.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más in información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic.

Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Educacion-Ambiental/Como-lograr-que-nuestros-ninos-sean-activistas-por-el-medio-ambiente

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Reforma educativa,¿con qué cara?

Por:

Lo que expresa el discurso de la reforma educativa, en cuanto a la formación en valores cívicos, lo contradice, de manera contumaz y cotidiana, la acción, palabra y silencio de quienes la proponen e impulsan: el gobierno actual carece de la legitimidad ética e intelectual para sostenerlo. Se solía armar, hace tiempo, que lo que la escuela hace en la mañana, en la tarde la televisión lo desmorona: se procura una formación basada en el conocimiento racional y riguroso, ajeno a dogmas y supersticiones, y en la tele (casi) no falta, digamos, el horóscopo.

De forma más aguda, lo que en las aulas se trata de aprender, y en el espacio escolar vivir en materia de honradez, cumplimiento de la ley, respeto por, y cuidado de, las instituciones democráticas y el lenguaje, la administración que padecemos lo destroza con ahínco y sin pudor. Lo que se advierte en el caso del ex gobernador Duarte, abrumador en cuanto a cinismo y la magnitud del atropello, es solo un botón de muestra que contradice el propósito fundamental de todo proceso educativo: adherirnos a los valores de la responsabilidad con los otros y la honradez.

Ofende, aún más, el uso mediático de su detención. Los cómplices que voltearon para otro lado, los beneficiarios del desvío de los dineros públicos para fines personales o de coalición delictiva (en buena medida arrebatados a los fondos para la educación); esas autoridades que durante 6 años solaparon y permitieron la corrupción gigantesca de ese supuesto servidor público, con alarde inaudito, arman que la detención es una muestra de su compromiso con la legalidad y la transparencia. Los rateros, por su cuenta, y socios de los hurtos del ahora procesado al que, a todas luces —¿o sombras?— dejaron escapar, ahora piden que se le aplique todo el peso de la ley.

Solo hay una palabra que los describe: hipócritas; si sabían lo que sucedía y lo consintieron, mal; y si no lo sabían, peor. Duarte es, nada más, uno de tantos casos. Impune y buen amigo de los ahora indignados, dizque representante de un nuevo tipo de funcionario eficiente y honrado, es parte de una élite política a la que zurce la complicidad.

En otra forma de la misma erosión ética, no hay reparo ni explicación cuando, con pruebas irrefutables, se da a conocer (EL UNIVERSAL, 4/04/ 2017) que la SEP entregó al SNTE, cuando menos, 550 millones de pesos para “promover la reforma educativa”. Dinero de todos que debería destinarse a la educación en serio, se entrega al sindicato —proveniente de la partida de Prestaciones— para hacer propaganda al gobierno en turno.

Roban sin límite dinero, pero hurtan también algo más caro: el esfuerzo educativo cotidiano, ético, que descansa en el patrimonio común. Lo desmienten a pesar de mentarlo como raíz de su aparente proyecto reformista.

Y en la premura de justificar lo educativo de una reforma que no es tal, plagian y hasta la correcta forma de escribir nos escatiman: “El número de horas cuyos contenidos serán determinados con autonomía curricular varían del nivel y modalidad educativos. Por ejemplo, una primaria de ‘joornada’ (sic) regular puede tener desde 2.5 horas lectivas de 50 a 60 ‘minútos’ (sic) de autonomía curricular a la semana, pero si es de jornada de tiempo completo ‘éstas’ (sic) pueden ascender hasta a 20”, (p. 76 del Nuevo Modelo Educativo). Sin palabras. Escribir con tal sintaxis y descuido los desnuda. Y el colmo: frente a la crítica, el Presidente, molesto, dice: “No hay chile que les enchufe”. ¿Eso es propio de un jefe de Estado al que interesa lo educativo? De ninguna manera.

Es preciso repetirlo: en materia educativa, nadie da lo que no tiene. Y estos señores, gerentes mediocres y usufructuarios inmorales de los bienes públicos, carecen de lo elemental a pesar de sus poses, trajes y corbatas: dignidad. Descarados y enmascarados.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/author/manuel-gil-anton/

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Ni calco ni copia. Mariátegui y la educación como praxis descolonizadora

Por: Hernán Ouviña

En Nuestra América, uno de los precursores dentro de la tradición del marxismo crítico en concebir de manera prioritaria a los procesos formativos y a la educación popular, como ejes transversales de una praxis revolucionaria y descolonizadora, ha sido sin duda el peruano José Carlos Mariátegui. Nacido el 14 de junio de 1894 en Moquegua, al sur de la ciudad de Lima, siendo niño sufre un accidente que le lesiona la pierna izquierda y lo deja postrado durante años, con secuelas para el resto de su ajetreada vida. A raíz de esta inmovilidad, suspende sus estudios primarios y se vuelca de lleno hacia el hábito de la lectura y la formación autodidacta.

A los 15 años, ingresa a trabajar en La Prensa, diario donde luego de realizar diversas tareas manuales es designado como cronista y comienza a publicar artículos, bajo el seudónimo de Juan Croniqueur, por lo que sus principales maestros en su etapa juvenil fueron el periodismo y las agitadas calles de Lima, tomadas por las multitudes obreras y estudiantiles en ebullición, de las que junto con las rebeliones indígenas que irrumpieron con fuerza por esos años en el resto del Perú, aprende sus primeras armas intelectuales. Dedicado cada vez más a la producción periodística, participa de varias iniciativas literarias, entre ellas la revista Colónida, de la que dirá años después que constituyó una “insurrección contra el academicismo y sus oligarquías”.

En mayo de 1919 crea, junto con su amigo César Falcón, el periódico La Razón, que funge de caja de resonancia de las luchas obreras y del movimiento estudiantil en Perú. Debido al creciente malestar que genera esta publicación en el gobierno de Arturo Leguía, ambos serán enviados por éste a Europa, en una suerte de “exilio blando”. José Carlos vive allí de finales de 1919 a comienzos de 1923 y se nutre intelectual y políticamente del estrecho vínculo que entabla con las corrientes artístico-culturales y las organizaciones revolucionarias que proliferan como hongos, en particular en la Italia del “bienio rojo” que oficia de verdadera escuela a cielo abierto, y donde activa por aquel entonces el joven Antonio Gramsci. Este distanciamiento de su tierra natal, lejos de aplacar su voluntad transformadora, lo estimula a conocer en profundidad lo específico de la realidad peruana: “por los caminos de Europa descubrí el país de América en el que había vivido casi extraño y ausente”, reconocerá más tarde en tono autocrítico.

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Luego de su regreso a Perú en marzo de 1923, se suma a la experiencia de las Universidades Populares “González Prada”, un espacio de formación y autoeducación impulsado por el movimiento estudiantil en Lima y Vitarte. Allí, primero asiste a una serie de clases y talleres en carácter de “estudiante” (tal era el requisito previo para poder participar como “educador”), y al poco tiempo dicta un conjunto de conferencias, a las que el mismo Mariátegui sugiere llamar “conversaciones”. Tras lamentarse por la carencia de maestros “capaces de apasionarse por las ideas de renovación que actualmente transforman el mundo y de liberarse de la influencia y de los prejuicios de una cultura y de una educación conservadoras y burguesas”, expresa que “la única cátedra de educación popular, con espíritu revolucionario, es esta cátedra en formación de la Universidad Popular”. En ella, durante varios meses de 1923 y comienzos de 1924, Mariátegui convida su original lectura de la crisis mundial, aunque no desde una actitud distante y erudita, sino teniendo en cuenta que aquél era “un curso popular”, por lo que se debía -según sus propias palabras- “emplear siempre un lenguaje sencillo y claro y no un lenguaje complicado y técnico”, de manera tal que cada exposición pudiese ser “accesible no sólo a los iniciados en ciencias sociales y ciencias económicas sino a todos los trabajadores de espíritu atento y estudioso”. Fiel a su vocación dialógica y de reconocimiento de la importancia de que las clases populares se formen y conozcan de manera rigurosa la realidad que pretenden transformar, Mariátegui afirma en la inauguración del conversatorio: “Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial, sino a estudiarla yo mismo con ellos. Yo no os enseño, compañeros, desde esta tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros”.

Tras esta breve pero intensa experiencia en el seno de las Universidades Populares, a las que define como “escuelas de cultura revolucionaria” que “no viven adosadas a las academias oficiales ni alimentadas de limosnas del Estado”, sino “del calor y la savia populares”, serán variadas y complementarias las apuestas por el estudio y la formación política que dinamice Mariátegui, consciente de que “la burguesía es fuerte y opresora no sólo porque detenta el capital sino porque detenta la cultura”, por lo que ésta tiende a ser “el mejor gendarme del viejo régimen”. Desde periódicos y revistas militantes, como Claridad (laMariátegui imagen 2 cual inicialmente apuntaba a un público estudiantil, pero Mariátegui durante su breve dirección la reformula como punto de conexión y producción conjunta entre obreros/as e intelectuales) Labor (que bajo el subtítulo de “Quincenario de Información e Ideas” logra abarcar a un público más amplio que el del activismo gremial y político) y Amauta (que iba a llamarse en un principio “Vanguardia”, pero finalmente opta por este nombre de gran significación indígena, ya que equivale a “maestro” o “sabio” en lengua quechua), pasando por emprendimientos como la Editorial Minerva y la Oficina de Autoeducación Obrera en el marco de la flamante CGT peruana (de la que redacta sus Estatutos y Reglamentos), hasta las propias “tertulias” y reuniones culturales en su emblemática casa de la calle Washington, en las que se congregan una infinidad de personalidades y activistas de las más diversas tendencias (artistas, dirigentes sindicales y políticos, feministas, líderes indígenas y estudiantiles), para dialogar y socializar sus saberes y sentires mutuos.

Pensar con cabeza propia y de forma descolonizada, con la perspectiva de intervenir en la realidad creativamente, de manera tal que se pueda hacer del lema “Ni calco ni copia” un principio epistemológico y militante, tal fue el horizonte de estos proyectos pedagógico-políticos impulsados por Mariátegui (una verdadera red de producción y promoción de las diferentes y complementarias culturas emancipatorias), por lo que para él la formación y el estudio riguroso del marxismo no consistía en aprender un itinerario prefabricado en otras latitudes y tiempos históricos, sino en adquirir y poner en práctica una brújula para orientar la lectura y transformación radical de una realidad siempre refractaria a las recetas y esquemas de pizarrón. Quizás su mayor obra en este sentido haya sido los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicado a finales de 1928 y considerado uno de los textos pioneros en la construcción de un marxismo enraizado en Nuestra América. Además de dedicar en él un capítulo entero a la problemática educativa, donde denuncia que la educación en Perú “tiene un espíritu colonial y colonizador” y postula sin medias tintas que “no es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar su economía y su superestructura política”, insiste en la necesidad de entender y analizar a las sociedades a partir del principio epistemológico de la totalidad (que implica concebir al capitalismo como un sistema, evitando disociar, salvo en términos estrictamente analíticos, las diferentes y complementarias dimensiones que lo constituyen como tal, y contemplando de manera imbricada las relaciones de explotación, dominio y resistencia que lo dotan de sentido).

En sintonía con estos planteos, Mariátegui también sugiere que es preciso corregir al filósofo René Descartes y pasar del “pienso, luego existo” al “combato, luego existo”, en la medida en que la conflictividad y la lucha constituyen un punto de partida clave para el conocimiento de nuestras sociedades, que permite a la vez hacer visibles a sujetos y movimientos que -por lo general- son “producidos como no existentes” por la ciencia colonial y las clases dominantes, debido a su carácter subversivo y anti-sistémico. Y de manera análoga a Gramsci, en su propuesta revolucionaria lo central no era definir al socialismo en función exclusivamente de su rigurosidad científica, sus coherencias lógicas y sus supuestas “leyes”, sino a partir sobre todo de su capacidad movilizadora y su estímulo para la intervención activa en la realidad. José Carlos supo referirse al mito no en los términos de una “mentira” o ficción imposible de concretar, sino en la clave de un conjunto de imágenes-fuerza que, arraigadas en las condiciones de vida concretas de los sectores populares y en su memoria colectiva, evocan sentimientos, cohesionan a las masas y las dotan de una subjetividad irreverente que empalma con los ideales de las luchas emancipatorias.

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He aquí, según Mariátegui, otro elemento a destacar en todo proceso formativo, que remite a los factores espirituales, la imaginación creativa y la mística como catalizadores del proceso de concientización de los pueblos y clases subalternas en su camino de autoliberación, ya que según él la revolución “será para los pobres no sólo la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del espíritu”. En el caso específico del Perú (pero también en otras latitudes de Nuestra América), ese mito capaz de dinamizar la reconstitución de la nación desde una perspectiva plural, debía tener como punto de partida la defensa de los pueblos indígenas sojuzgados por siglos de racismo, explotación y despojo. Sin embargo, “no es la civilización, no es el alfabeto del blanco, lo que levanta el alma del indio. Es el mito, es la idea de la revolución socialista”. De ahí que concluya proclamando que “nuestro socialismo no sería peruano, ni sería siquiera socialismo, si no se solidarizase primeramente con las reivindicaciones indígenas”.

Sus últimos años de vida los dedica a fomentar procesos organizativos de base, entre los que se destacan la creación del Partido Socialista Peruano y de la Confederación General de Trabajadores (concebidas ambas como verdaderas escuelas de formación en la construcción y ejercicio de un poder alternativo al del Estado y las clases dominantes), aunque sin descuidar la batalla de ideas en contra de aquellas lecturas dogmáticas que hacían del marxismo un conjunto de verdades irrefutables, o bien frente a quienes pretendían arrojarlo al basurero de la historia por considerarlo ajeno a las corrientes y movimientos de lucha gestados por fuera del campo de la izquierda tradicional. A contrapelo, para Mariátegui no debía concebirse como un sistema cerrado y escolástico a “aplicar”, sino en tanto teoría subversiva en constante enriquecimiento y complejización, basada en una dialéctica del cambio y en una producción siempre situada, ya que “no es, como algunos erróneamente suponen, un cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los climas históricos y todas las latitudes sociales”.

Asimismo, podríamos aventurar que para él la relevancia del marxismo como filosofía de la praxis no implica autosuficiencia ni endogamia, ya que “no es posible aprehender en una teoría el entero panorama del mundo contemporáneo y no es posible, sobre todo, fijar en una teoría su movimiento. Tenemos que explorarlo y conocerlo, episodio por episodio, faceta por faceta. Nuestro juicio y nuestra imaginación se sentirán siempre en retardo respecto de la totalidad del fenómeno”. Aún cuando asume al marxismo como una potente brújula, Mariátegui supo tender puentes y aprender a dialogar con un crisol de tradiciones políticas, procesos de lucha, vanguardias culturales y corrientes de pensamiento no emparentadas en sentido estricto con el marxismo, en pos de actualizar las armas de la crítica para combatir, con más fuerza aún, al capitalismo como sistema de dominación múltiple. Entre ellas, vale la pena destacar al feminismo, al que José Carlos considera “esencialmente revolucionario” debido a que, lejos de ser una “cuestión exótica” que “se injerta en la mentalidad peruana”, constituye una idea y una práctica humana “que encuentra un ambiente propicio a su desarrollo en las aulas universitarias y en los sindicatos obreros”. Por lo tanto, no sólo se trata de indigenizar al marxismo (tal como propone en sus Siete ensayos y en numerosos artículos periodísticos, en particular aquellos compilados bajo el título de Peruanicemos al Perú), sino también de despatriarcalizarlo. “Los que impugnan el feminismo y sus progresos -dirá- pretenden que la mujer debe ser educada sólo para el hogar. Pero, prácticamente, esto quiere decir que la mujer debe ser educada sólo para las funciones de hembra y de madre. La defensa de la poesía del hogar es, en realidad, una defensa de la servidumbre de la mujer. En vez de ennoblecer y dignificar el rol de la mujer, lo disminuye y lo rebaja”. En este punto, Mariátegui entiende que es el macho-varón quien debe ser “educado” y (trans)formado por esta causa de relevancia universal. Por ello concluye: “A este movimiento no deben ni pueden sentirse extraños ni indiferentes los hombres sensibles a las grandes emociones de la época. La cuestión femenina es una parte de la cuestión humana”.

El 16 de abril de 1930, con tan sólo 35 años, José Carlos fallece tempranamente en Lima, viéndose frustrado su proyecto de trasladarse a la Argentina con el objetivo de radicarse en Buenos Aires. Varias propuestas intelectuales y políticas quedarán truncas tras su partida. Entre ellas, la publicación de una revista de carácter continental y cuyo sugerente título iba a ser Nuestra América. Revitalizar el proyecto mariateguista de un socialismo no eurocéntrico ni burocratizado, rabiosamente anti-imperialista y anti-patriarcal, y que pueda forjarse a partir de las diversas tradiciones emancipatorias gestadas a lo largo y ancho del continente, resulta hoy una desafío urgente para quienes seguimos apostando, sin prisa pero sin pausa, a la creación heroica de los pueblos.

Fuente: https://desinformemonos.org/calco-copia-mariategui-la-educacion-praxis-descolonizadora/

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Mucho Modelo Educativo, ¿y las normales?

26 de abril de 2017 / Fuente: http://www.educacionfutura.org

Por: Abelardo Carro Nava

Muy pocos somos los que nos hemos detenido a escribir sobre un subsistema que, desde mi punto de vista, es fundamental dentro del complejo Sistema Educativo Mexicano (SME). Me refiero pues, al subsistema de educación normal que por más que se diga lo contrario, desde 1984 a la fecha, no ha sufrido verdaderas transformaciones educativas.

Intentos ha habido, no lo niego. Sin embargo, éstos son escasos si los comparamos con lo que ha acontecido con el nivel básico de enseñanza de nuestro país pero, como siempre digo, vayamos por partes, porque de este asunto varias cuestiones se desprenden.

Como recordaremos, el pasado 13 de marzo con bombos y platillos, el Secretario de Educación, Aurelio Nuño, presentó ante la sociedad el Nuevo Modelo Educativo – versión 2017 – que, salvo algún agregado en la propuesta curricular, nada de nuevo tiene. Si, ya sé que algunos de ustedes me cuestionarán sobre tal afirmación pero, permítanme por el momento, sostener este argumento, en razón del espacio que amablemente me brindan mis colegas de Educación Futura.

Pues bien, en dicho modelo se hace referencia al papel que desempeña la formación inicial de maestros. Como parece obvio, se le asigna un papel trascendental a las escuelas normales para el logro de este propósito; vaya, para acabar pronto, se asegura que solo puede existir una “buena” educación si en las normales se forman a los mejores maestros, y es cierto. Este planteamiento me parece de lo más importante; de hecho, en las diversas entrevistas que el Secretario de Educación brindó a diversos medios de comunicación, así lo confirmó, y no se equivocó, solo que en medio de todo este pronunciamiento, algo parece estar en el aire: ¿cómo hacer para que las instituciones formadoras de docentes cumplan con la encomienda que les fue conferida en el nuevo modelo?

En este sentido, debo reconocer que el “qué hacer” es importante pero, desde mi perspectiva, resulta trascendental que se mencione el “cómo pueden lograrlo”, y es ahí donde de manera clara y precisa, entra mi planteamiento: ¿cómo hacer que las escuelas normales cumplan con las tres áreas sustantivas que le fueron  asignadas después de 1984 si en los hechos no se han fortalecido a las mismas en el ámbito pedagógico, administrativo y laboral? Me explico.

Después de que el subsistema de educación normal se separó de la educación básica, la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE), dependiente de la Subsecretaría de Educación Superior, se hizo cargo de todo lo concerniente a las normales. No sé qué tantos beneficios haya traído esta decisión, lo que tengo claro es que a partir de la misma, se abrió una brecha que ha traído como consecuencia una desvinculación con lo que acontece en el nivel básico del propio SEM. ¿Cómo lograr que los estudiantes de las normales tengan una adecuada y pertinente vinculación con lo que a su egreso será su campo de trabajo si las reformas a la educación básica han marcado la pauta en y para el trabajo docente mientras las normales y sus respectivas licenciaturas (preescolar, primaria y secundaria) no van a la par de dichas reformas? Basta con revisar los Planes de Estudio de las licenciaturas que refiero para darse cuenta de ello. Algo que se antoja bastante ilógico y sin mucho sentido que digamos.

Ciertamente desde hace unos años, la Mtra. Marcela Santillán, ex directora de la DGESPE, y en estos días, el Dr. Mario Chávez, han hecho un trabajo considerable con la intención de que las instituciones formadoras de docentes adquieran ese papel protagónico que los anteriores Secretarios de Educación, expresaron en sus discursos. Lo malo de este asunto, es que los cambios se han quedado en eso, en meros discursos y hasta la fecha no se ha logrado posicionar a las normales como se ha esperado.

Motivos para que no se hayan tomado las decisiones que pudieran mejorar al subsistema, son muchos y muy variados pero, por el momento, me concentraré en el que, desde mi punto de vista, parece marcar esas decisiones de quien dirige los destinos de la educación del país desde la Calle de República de Argentina en la Ciudad de México: el político.

Recuerdo que hace días, en tremenda conversación que sostuve con algunos colegas normalistas, uno de ellos expresaba: “me gustaría saber quién le pondrá el cascabel al gato”; haciendo alusión a la necesaria reforma que tiene que darse en las normales del país, sobre todo, por la serie de implicaciones políticas que traería consigo. Lo que sucedió en el 2011, con la implementación del nuevo plan de estudios (2012), fue un claro ejemplo de ello. No sé si usted lo conozca o se haya enterado, pero ante la implementación en ese año de dicho plan de estudios, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tiró la propuesta que la Secretaría de Educación (SEP) había dado a conocer a varias “escuelas normales piloto”. Así sin más ni más, la tiró. ¿Los argumentos? No se había considerado su opinión ni su consentimiento para la aprobación de esa propuesta curricular. Así de simple, así de complejo.

Quienes me conocen en persona y a través de este espacio, sabrán que soy un defensor apasionado – siempre objetivo o al menos lo intento – del normalismo mexicano. De hecho hace unos días, tuve la oportunidad de dar una conferencia en la Escuela Normal Rural “Emiliano Zapata” de Amilcingo, Morelos, y ahí mismo, aseguré como lo he asegurado, que el normalismo es y será la piedra angular de la educación de nuestro país, y no me equivoco. Miles de maestros que hoy día se encuentran prestando un servicio educativo en mi México querido, se formaron en estas instituciones cuya tradición es necesario entender para comprender las complejidades del SEM.

Esperemos que la tan anunciada reforma a la educación normal se lleve a cabo y en los mejores términos posibles, no bastan los recursos asignados mediante el famoso “PACTEN” o el de las Escuelas Al Cien para el logro de tal propósito. Como seguramente sabrán en la SEP, se requiere de un análisis concienzudo sobre la situación que guardan éstas, de largas charlas con sus actores directos para asegurar un buen proceso de transición, de tomar las decisiones que deban tomarse en base a ese consenso y convencimiento; esto, sin pretender cambiar esa tradición que por años ha permeado la formación de maestros y maestras de mi querida República Mexicana. En concreto, parafraseando a un gran investigador, Manuel Gil Antón: ¿se debe transformar la educación normal?, sí, pero no así.

Fuente artículo: http://www.educacionfutura.org/mucho-modelo-educativo-y-las-normales/

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Las tribulaciones de la enseñanza de las ciencias sociales

26 de abril de 2017 / Fuente: http://compartirpalabramaestra.org/

Por: Jairo Hernando Gómez Esteban

Los llamados a eliminar o reducir las ciencias sociales y las humanidades de todos los niveles educativos en diferentes países, aunadas a una política estatal que las menosprecia, han puesto a esta área del saber en su mayor encrucijada.

Las ciencias sociales se encuentran en una de las mayores encrucijadas y desafíos de su corta historia, tanto a nivel mundial como nacional: por un lado, la configuración de una tendencia mundial a descalificarlas y expulsarlas de los procesos formativos en todos los niveles, como lo demuestra la exigencia del ministro de educación japonés de cerrar las carreras de humanidades en 60 universidades, y la eliminación de la filosofía y la reducción curricular de las ciencias sociales en educación básica en países como España, Chile y México; y por otro lado, el menosprecio de la política estatal colombiana por los grupos de investigación social expresada a través de Colciencias tanto en su baja participación en los niveles de Senior y Asociado (los más altos), como en el hecho de que ninguno de los aspirantes a becas de doctorado en este campo de la ciencia haya pasado, así lo demuestra.

Las razones que se aducen para esta eliminación o reducción son las de siempre: no son rentables, ni contribuyen al crecimiento económico, ni a los planes de desarrollo y, sobre todo, porque la educación debe centrarse en las competencias tecnológicas y científicas que, según los tecnócratas, son las únicas que garantizan el cumplimiento de los objetivos económicos de una nación. Es como si siguiéramos creyendo que solo hay dos culturas, la científica y la humanista-social, en la que esta última ya no solo resulta superflua sino estorbosa.

Ahora bien, si nos atenemos a los resultados de la mayoría de investigadores(as) en enseñanza de las ciencias sociales, los objetivos de esta acción pedagógica se podrían sintetizar en tres:

a) El estudio de conocimientos disciplinares  (historia, geografía, filosofía, economía, etc.)
b) La formación de sujetos sociales y políticos, que implica la constitución de la subjetividad política y el aprendizaje ciudadano para expresar y ejercer la capacidad de ser actores sociales y políticos
c) La comprensión de saberes, imaginarios, prácticas sociales, cosmovisiones y concepciones que hacen parte de un contexto cultural particular, que a su vez involucran las actividades y formas de actuar propias de una comunidad o etnia específica.

¿Qué “utilidad” tienen estos objetivos para el desarrollo de un país? Mayor democracia, mejor calidad de vida, respeto por el otro, empatía, imaginación, pensamiento crítico, participación política, convivencia, derechos y deberes, incremento del sentido de la vida. Además, la evidencia de que el famoso crecimiento económico  tiene una escasa correlación con la democracia, la salud o la educación es absolutamente contundente (Amartya Sen, Stiglitz y otros economistas sociales), y por tanto, su justificación no solo es falaz y acomodaticia, sino que niega, de un manotazo arrogante y torpe, las posibilidades de una vida digna y el florecimiento espiritual y cultural de las naciones, reduciéndolo a proyectos puramente rentables y económicos, como si esa fuera la única razón de ser de los humanos.

Las razones que se aducen para esta eliminación o reducción son las de siempre: no son rentables, ni contribuyen al crecimiento económico, ni a los planes de desarrollo y, sobre todo, porque la educación debe centrarse en las competencias tecnológicas y científicas que, según los tecnócratas, son las únicas que garantizan el cumplimiento de los objetivos económicos de una nación

No se trata, entonces, de reclamar que la historia o la geografía vuelvan a las aulas como si ellas nos fueran a salvar de la catástrofe; al fin y al cabo ellas siguen allí. Desde una perspectiva interdisciplinaria, el trabajo pedagógico tiene que transformarse en proyectos y experiencias que se articulen y se complementen con las otras ciencias sociales para no repetir la historia llena de próceres y fechas ni la geografía física de datos inertes y mapas calcados, ese es un problema de los puristas o cientificistas que creen que solo la enseñanza de las disciplinas científicas, con todo su rigor y su verdad, nos podrán a la altura de las ciencias naturales y la tecnología.

De lo que se trata es de retomar los tres grandes desafíos que, siguiendo a Wallerstein, tienen las ciencias sociales en el siglo XXI, y transformarlos en retos pedagógicos. En primer lugar, esforzarse por un reencantamiento del mundo como una tarea práctica, demostrar el valor de sus hallazgos, su potencia heurística, su capacidad de transformación real para beneficio de la sociedad.

En segundo lugar, manejar pedagógicamente las dimensiones de espacio y tiempo -inherentes a cualquier hecho social- debe tener como propósito principal el de hacer comprender el sentido con el que la humanidad actúa, visibilizar los móviles que impulsan a las personas a actuar de una u otra manera en  un momento y un lugar determinados, los fines que persiguen, el significado coyuntural y contextual que tiene para cada uno de nosotros. Es importante el “mostrar diciendo” y “mostrar haciendo” y tener en cuenta que toda acción humana no puede sustraerse a la determinación temporo-espacial en que se realiza y, en consecuencia, el significado y el sentido con el que dotamos nuestras acciones y pensamientos siempre estarán envueltos por esas dimensiones que nunca, en ningún momento, deben asumirse como variables o factores invariantes y externas, sino por el contrario, como dimensiones constituyentes de las sociedades humanas.

¿Qué “utilidad” tienen estos objetivos para el desarrollo de un país? Mayor democracia, mejor calidad de vida, respeto por el otro, empatía, imaginación, pensamiento crítico, participación política, convivencia, derechos y deberes, incremento del sentido de la vida.

En tercer lugar, el problema de que la neutralidad debe asumirse de cara a la interdisciplinariedad y la diversidad de perspectivas ético-políticas y retoma un viejo problema de las Ciencias Sociales planteado por Weber sobre la neutralidad valorativa de la ciencia. En este sentido, la tarea pedagógica debe ser distinguida del juicio de valor o la valoración, los cuales la impregnarían de proposiciones metafísicas o descripciones acomodaticias que, generalmente, obedecen a la adscripción a una ideología o a una posición ético-política previa.

Fuente artículo: http://compartirpalabramaestra.org/columnas/las-tribulaciones-de-la-ensenanza-de-las-ciencias-sociales

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