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Neuronas espejo: Mentes conectadas sin brujería

Por: Marco Iacoboni

Las neuronas espejo son células que se activan durante la ejecución y observación de una acción específica. Se han vinculado a muchos comportamientos y habilidades, desde la empatía y el aprendizaje por imitación, hasta su implicación en trastornos como el autismo.

Las neuronas espejo fueron identificadas en los cerebros de los monos macacos por un equipo de investigadores italianos durante una serie de experimentos realizados en la década de 1990.

Los investigadores, que estaban estudiando cómo el cerebro controla los movimientos de la mano y la boca,  implantaban microelectrodos en los cerebros de los primates con el fin de supervisar la actividad de las células individuales, mientras que los animales alcanzaban trozos de comida y los llevaban a sus bocas. Estos experimentos revelaron que la actividad de ciertas células aumentaba cuando los monos realizaban esta acción.

Las células en cuestión se encuentran en la corteza premotora, una parte del cerebro involucrada en la planificación y ejecución de los movimientos, por lo que el hallazgo no era en sí mismo particularmente sorprendente.

Por casualidad, sin embargo, los investigadores descubrieron que algunas de las mismas células también se disparaban débilmente cuando los animales se limitaban a observar a los investigadores poner comida en sus propias bocas, y se dispararon con más fuerza cuando vieron a otros monos realizando la misma acción.

Posteriormente, el mismo equipo de investigadores identificó las neuronas espejo en varias otras regiones del cerebro del primate. También encontraron células que se activaban cuando los monos observaban una acción, así como cuando escuchaban el sonido relacionado con ella.

Pero, ¿qué significa todo esto? El papel preciso del sistema de las neuronas espejo en los monos todavía no se conoce, aunque los investigadores que las descubrieron creen que realizan dos funciones:

En primer lugar, estarían involucradas en la comprensión de las acciones de los demás. La observación de una acción activa el sistema de neuronas espejo para generar una representación de la misma, transformando la información visual en conocimiento de la intención de las acciones de los demás. (No debe confundirse con la conocida Teoría de la Mente). La segunda función propuesta es la de imitación o aprender a realizar una acción mediante la observación de otros.

Para entender mejor este importante avance de las neurociencias, te propongo visualizar este documento gráfico: “Mentes conectadas sin brujería”, en el que se hace un repaso por uno de los grandes descubrimientos de las últimas décadas, a lo largo de una entrevista realizada por Punset al neurocientífico Marco Iacoboni, de la Universidad de California.

Fuente: https://desqbre.wordpress.com/2014/10/06/neuronas-espejo-mentes-conectadas-sin-brujeria/

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Escuela y teorías de la resistencia por Henry Giroux

América del norte/ EEUU/Septiembre 2016/Henry Giroux/http://www.pedagogica.edu.co

En los últimos 10 años los educadores radicales han desarrollado varias teorías acerca de las nociones de reproducción y resistencia. En este artículo, Henry Giroux analiza críticamente las principales posiciones de estas teorías, encontrándolas inadecuadas como fundamento para una ciencia crítica de la escolarización. El concluye delineando las direcciones para una nueva teoría de la resistencia y escolarización que contiene una comprensión de cómo el poder, la resistencia y la acción humana (el agenciamiento humano) pueden transformarse en elementos centrales en la lucha por la justicia social en las escuelas y en la sociedad.

Escuela y teorías de la resistencia El concepto de “resistencia” es relativamente nuevo en la teoría educacional. Las razones de este abandono teórico pueden atribuirse en parte a las fallas de ambos acercamientos, conservadores y radicales, a la escuela.

Los educadores conservadores analizaron la conducta de oposición primariamente a través de categorías psicológicas que sirvieron para definir a tal conducta no sólo como desviada, sino fundamentalmente como desorganizadora e inferior, una falla de parte de los individuos y los grupos sociales que la exhibían.

Los educadores radicales, por otra parte, ignoran en general el trabajo interno de la escuela y tendieron a considerar a las escuelas como “cajas negras”. Debajo de un discurso primariamente concerniente a las nociones de dominación, conflicto de clase, y hegemonía, ha habido un silencio estructurado en cuanto a cómo los maestros, estudiantes y otros viven sus vi-das cotidianas en la escuela. En consecuencia, ha habido un sobreénfasis en cómo los determinantes estructurales promueven la desigualdad económica y cultural, y un subénfasis en cómo el agenciamiento humano se acomoda, mediatiza y resiste a la lógica del capital y sus prácticas sociales dominantes.

Más recientemente, han surgido un número de estudios educacionales que tratan de llevar más allá los importantes pero de alguna manera, limitados a ciertos teóricos de la teoría de la reproducción. Tomando los conceptos de conflicto y resistencia como puntos de partida para sus análisis, estas posiciones han buscado redefinir la importancia de la mediación, el poder y la cultura en la comprensión de las complejas relaciones entre las escuelas y la sociedad dominante. En consecuencia, el trabajo de un número de teóricos ha sido instrumental al proveer un rico cuerpo de literatura detallada que integra la teoría social neomarxista con estudios etnográficos para iluminar la dinámica de la acomodación y la resistencia en cuanto ellas actúan en los grupos contraculturales dentro y fuera de las escuelas70.

La resistencia, en estas posiciones, representa una significativa crítica de la escuela como institución y apunta a las actividades y prácticas sociales cuyos significados últimos son políticos y culturales. En contraste con una vasta cantidad de literatura etnográfica sobre la escuela en los Estados Unidos e Inglaterra71 , las teorías de la resistencia neomarxistas no han sacrificado la profundidad teórica ante el refinamiento metodológico.

Esto es, los recientes estudios neomarxistas no han seguido el método de ofrecer meramente unos análisis descriptivos superexhaustivos de los funcionamientos internos de la escuela. En cambio, ellos han tratado de analizar cómo actúan las estructuras socioeconómicas determinantes incluidas en la sociedad dominante, a través de las mediaciones de la clase y la cultura, para dar forma a las experiencias antagónicas de la vida cotidiana de los estudiantes.

Rechazando el funcionalismo inherente a las versiones conservadoras y radical de la teoría educacional, las posiciones neomarxistas han considerado el curriculum como un complejo discurso que no sólo sirve a los intereses de la dominación sino que también contiene aspectos que proveen posibilidades emancipatorias. El intento de unir las estructuras sociales y de agenciamiento humano para explorar la manera en que interactúan dialécticamente representa un avance significativo en la teoría educacional.

Por supuesto, las teorías neo-marxistas de la resistencia también están rodeadas de problemas y yo sólo mencíonaré algunas de las más sobresalientes aquí. Su logro singular es la importancia primaria que asignan a la teoría crítica y el agenciamiento humano como las categorías básicas a usar en el análisis de las experiencias cotidianas que constituyen los funcionamientos internos de la escuela.

Es central a las teorías de la resistencia un énfasis sobre las tensiones y conflictos que median en las relaciones entre el hogar, la escuela y el lugar de trabajo. Por ejemplo, Willís72 demuestra en su estudio de los “lads” —un grupo de varones de clase trabajadora que constituye la “contracultura” en una escuela secundaria inglesa— que mucha de su oposición a las etiquetas, significados y valores del curriculum oficial y oculto está informado por una ideología de la resistencia cuyas raíces están en las culturas “shopfloor” ocupadas por los miembros de sus familias y otros miembros de su clase. El ejemplo más poderoso de este modo de resistencia de los “lads” está en su rechazo de la primacía del trabajo mental por sobre el manual. No sólo los lads rechazan la pretendida superioridad del trabajo mental, también rechazan su lógica subyacente de que respeto y obediencia se deben dar, a cambio de conocimiento y éxito.

Los “lads” se oponen a esta ideología porque la contra-lógica incluida en las familias, los lugares de trabajo, y la vida de las calles que conforman su cultura señala una realidad diferente y más convincente. Entonces, una contribución importante que ha surgido de los estudios de resistencia es la comprensión de que los mecanismos de la reproducción nunca son completos y siempre se enfrentan con elementos de oposición parcialmente comprendidos.

Además, este trabajo apunta a un modelo dialéctico de la dominación, uno que ofrece alternativas valiosas a muchos de los modelos radicales de reproducción analizados previamente. En lugar de ver a la dominación simplemente como el reproductor de fuerzas externas, por ejemplo, el capital o el Estado, los teóricos de la resistencia han desarrollado una noción de reproducción en la cual la subordinación de la clase trabajadora se ve no sólo como el resultado de las limitaciones estructurales e ideológicas incluidas en las relaciones sociales capitalistas, sino también como parte del proceso de auto-formación dentro de la clase trabajadora misma.

Un tema clave planteado por esta noción de dominación es la cuestión de cómo la lógica que promueve variadas formas de resistencia se vuelve implicada en la lógica de lareproducción. Por ejemplo, las teorías de la resistencia han tratado de demostrar cómo los estudiantes que rechazan activamente la cultura escolar frecuentemente muestran una lógica y visión del mundo que confirma más que critica las relaciones sociales capitalistas existentes.

Dos ejemplos demuestran este punto. Los “lads” de Willis rechazaban la primacía del trabajo mental y su ethos de apropiación individual, pero haciendo así cerraban cualquier posibilidad de conseguir una reacción emancipatoria entre el conocimiento y el disentimiento. Rechazando el trabajo intelectual, los “lads” desestiman el poder del pensamiento crítico como una herramienta de transformación social73.

La misma lógica es mostrada por los estudiantes del estudio de Michelle Fine sobre las deserciones de high schools alternativas en el Souter Bronx de Nueva York74. Fine había supuesto que los estudiantes que desertaban de estas escuelas eran víctimas de “desamparo (debilidad, impotencia) aprendido”, pero ella descubrió en cambio que eran estudiantes más críticos y astutos políticamente de las escuelas alternativas.

“Para nuestra sorpresa colectiva (y consternación) los desertores eran esos estudiantes más propensos a identificar la injusticia en sus vidas sociales y en las escuelas, y los más preparados para corregir una injusticia criticando o desafiando a un maestro. Los desertores eran menos deprimidos, y habían alcanzado niveles económicos equivalentes a los de los estudiantes que permanecieron en la escuela”75.

Hay una cierta ironía aquí; mientras tales estudiantes eran capaces de desafiar a la ideología dominante de la escuela, ellos fracasaban en reconocer los límites de su propia resistencia. Abandonando la escuela, estos estudiantes se ubicaban en una posición que los excluía de los caminos políticos y sociales conducentes a la tarea de reconstrucción radical.

Otro rasgo importante y distintivo de las teorías de resistencia es su énfasis en la importancia de la cultura y, más específicamente, la producción cultural. En los conceptos de producción cultural encontramos la base para una teoría del agenciamiento humano, construida a través del medio activo, progresista, colectivo, de las experiencias de los grupos oprimidos.

En un trabajo más reciente, Willis elabora esta idea, sosteniendo que la noción de producción cultural “insiste en la naturaleza activa, transformadora de las culturas y en la habilidad colectiva de los agentes sociales, no sólo para pensar como teóricos, sino para actuar como activistas. Las experiencias vitales, los proyectos individuales y grupales, el conocimiento secreto ilícito e informal, los miedos y fantasías privadas, el poder anárquico amenazante que surge de la asociación irreverente.., no son agregados meramente interesantes…

Estas cosas son centrales determinadas, pero también determinantes. Ellos deben ocupar, “fully fledged in their own right”, un lugar transformador teórico y político vital en nuestros análisis. Esto es, en parte el proyecto de mostrar las capacidades de la clase trabajadora para generar formas de conocimiento colectivas y culturales, aunque ambiguas, complejas y frecuentemente irónicas, no reducibles a las formas burguesas, y la importancia de esto como una de las bases del cambio político76.

Como Willis sugiere, las teorías de la resistencia señalan nuevas maneras de construir una pedagogía radical desarrollando análisis de las maneras en que clase y cultura se combinan para ofrecer los lineamientos de “política cultural”. En el núcleo de tal política está una lectura semiótica del estilo, rituales, lenguaje y sistemas de significado que conforman los terrenos culturales de los grupos subordinados. A través de este proceso se vuelve posible analizar qué elementos contra-hegemónicos contienen tales campos culturales, y cómo tienden a incorporarse a la cultura dominante y subsecuentemente a despojarse de sus posibilidades políticas.

Está implícita en tal análisis la necesidad de desarrollar estrategias en las escuelas en las que se pueda rescatar a las culturas de oposición de los procesos de incorporación con el objeto de proveer la base para una fuerza política viable. Un elemento esencial de tal tarea ha sido abandonado generalmente por los educadores radicales, es el desarrollo de una pedagogía radical que ligue una política de lo concreto no sólo con los procesos de reproducción sino también con la dinámica de la transformación social. La posibilidad de tal tarea ya existe y está presente en el invento de los teóricos de la resistencia de ver a las culturas de los grupos subordinados como más que el subproducto de la hegemonía y la derrota77.

Otro rasgo importante de la teoría de la resistencia es una comprensión mas profunda de la noción de autonomía relativa. Esta noción está desarrollada a través de un número de análisis que señalan esos momentos no reproductivos que constituyen y apoyan la noción crítica de agenciamiento humano. Como he mencionado, la teoría de la resistencia asigna un rol activo al agenciamiento humano y la experiencia como eslabones mediadores clave entre los determinantes estructurales y los efectivos vividos. En consecuencia, se reconoce que las diferentes esferas o sitios culturales —escuelas, familias, medios masivos— están gobernados por atributos ideológicos complejos que frecuentemente generan contradicciones dentro y entre ellos. Al mismo tiempo, la noción de dominación ideológica unitaria y que todo lo abarca en su forma y contenido es rechazada, y se sostiene correctamente, que las ideologías dominantes mismas son frecuentemente contradictorias, como lo son las diferentes facciones de las clases gobernantes, las instituciones que las sirven, y los grupos subordinados bajo su control

Considerando las debilidades de las teorías de la resistencia, haré varias críticas que representan puntos de partida para el ulterior desarrollo de una teoría crítica de la escuela.

Primero, aunque los estudios de la resistencia señalan esos sitios sociales y “espacios” en los que enfrentan y desafían a la cultura dominante los grupos subordinados ellos no conceptualizan adecuadamente el desarrollo histórico de las condiciones que promueven y refuerzan los modos contradictorios de resistencia y lucha.

Lo que falta en esta perspectiva son los análisis de esos factores mediados cultural e históricamente que producen una gama de conductas de oposición, algunas de las cuales constituyen resistencias y otros no. Dicho en forma simple, no toda conducta de oposición tiene una “significación radical”, ni es toda conducta de oposición una respuesta bien definida a la dominación.

La idea aquí es que ha habido demasiado pocos intentos de los teóricos educacionales de comprender cómo los grupos subordinados encarnan y expresan una combinación de conductas reaccionarias y progresistas —conductas que encarnan las ideologías que subyacen a la estructura de dominación social y contienen la lógica necesaria para superar a la misma.

La conducta de oposición no puede ser simplemente una reacción de impotencia, sino que puede ser una expresión de poder que está abastecida por y reproduce la gramática más poderosa de la dominación.

Entonces, en un nivel, la resistencia puede ser la simple apropiación y muestra de poder, y puede manifestarse a través de los intereses y discurso de los peores aspectos de la racionalidad capitalista. Por ejemplo, los estudiantes pueden violar las reglas escolares, pero la lógica que informa tal conducta puede tener sus raíces en formas de hegemonías ideológicas tales como racismo y discriminación sexual. Más aún, la fuente de tal hegemonía frecuentemente se origina afuera de la escuela. Bajo tales circunstancias, las escuelas se vuelven sitios sociales donde la conducta de oposición simplemente aparece, surgiendo menos como una crítica a la escuela que como una expresión de la ideología dominante.

Esto está más claro en la descripción de Angela McRobbie de alumnas de sexto año en Inglaterra quienes, haciendo valer agresivamente su sexualidad, parecen estar rechazando la ideología oficial de la escuela con su énfasis sexualmente represivo en la prolijidad, pasividad, sumisión y “femineidad”78. Su oposición toma la forma de tallar los nombres de los novios en los bancos escolares, lucir ropas ajustadas y maquillaje, ostentando sus preferencias por los muchachos más grandes, maduros y pasando interminables cantidades de tiempo hablando de muchachos y novios. Se podría sostener que este tipo de conducta de oposición, más que sugerir resistencia, muestra primariamente un modo opresivo de discriminación sexual.

Su principio organizador parece estar ligado a las prácticas sociales conformadas por el objetivo de lograr desarrollar un casamiento sexual y en última instancia exitoso. Entonces, parece subrayar una lógica que tiene poco que ver con la discriminación sexual que caracterizó la vida de la clase trabajadora y la cultura masiva en general.

Esto no significa decir que tal conducta puede darse por perdida y describirse simplemente como reaccionaria. Obviamente, el hecho de que esas jóvenes actúen colectivamente y traten de definir para sí mismas lo que ellas quieren de la vida contiene un momento emancipatorio.79 Pero en el análisis final, este tipo de oposición está in-formado de una lógica de dominación más que de liberación.

La escuela simplemente se transforma en el lugar donde se expresa la naturaleza opuesta de esos imperativos. En resumen, las conductas de oposición se producen entre los discursos y valores contradictorios. La lógica que informa un acto de resistencia dado puede por una parte estar ligado a intereses que son específicos de clase, sexo o raza.

Por otra parte, puede expresar los momentos represivos inscritos en tal conducta por parte de la cultura dominante más que un mensaje de protesta contra su existencia.

Para comprender la naturaleza de tal resistencia, debemos ubicarla en un contexto más amplio para ver cómo ella es mediatizada y articulada en la cultura de tales grupos de oposición. Por una falla en la comprensión de la naturaleza de la resistencia, la mayoría de las teorías de la educación trataron de alguna manera, superficialmente el concepto.

Por ejemplo, cuando se acentúa la dominación en tales estudios, los retratos de las escuelas, los estudiantes de clase trabajadora y la pedagogía de aula frecuentemente aparecen demasiado homogéneos y estáticos como para ser tomados en serio. Cuando se discute la resistencia, su naturaleza contradictoria generalmente no se analiza seriamente ni se trata dialécticamente la conciencia contradictoria de los alumnos y los maestros.

Un segundo punto débil en las teorías de la resistencia es que ellas raramente toman en cuenta aspectos concernientes a sexo y raza. Como lo ha señalado un número de feministas, los estudios de resistencia, cuando se analizan dominación, lucha y escuela, generalmente ignoran a las mujeres y los aspectos sexuales, y se centran en cambio en los hombres y aspectos de clase80.

Esto ha significado que las mujeres no son consideradas en conjunto o se las incluye sólo en términos que reflejan los sentimientos de los grupos contra-culturales masculinos que se están describiendo, Esto acarrea un número de importantes problemas que futuros análisis deben resolver.

Un problema es que tales estudios fallaron en explicar la noción de patriarcado como un modo de dominación que corta transversalmente varias esferas sociales y que media entre hombres y mujeres dentro y entre las diferentes formaciones de clases sociales. El punto aquí es, por supuesto, que la dominación no está informada singularmente ni agotada por la lógica de la opresión de clase, ni afecta a hombres y mujeres de manera similar.

Las mujeres, aunque en grados distintos experimentan dobles formas de dominación, en el hogar y en el lugar de trabajo. Cómo las dinámicas de estas formas se interconectan, reproducen y mediatizan en las escuelas representa un área importante de investigación continua.

Una tercera debilidad que caracteriza a las teorías de la resistencia, como lo señala Jim Walker, es que ellas se han centrado orimariamente en los actos abiertos de la conducta estudiantil rebelde81. Limitando así sus análisis, las teorías de la resistencia ignoran las formas menos obvias de resistencia entre los estudiantes y malentendieron frecuentemente el valor político de la resistencia abierta. Por ejemplo, algunos estudiantes minimizan su participación en las prácticas rutinarias de la escuela mientras que al mismo tiempo muestran conformidad externa con la ideología de la escuela, optando por modos de resistencia que son silenciosamente (poco) subversivos en el sentido más inmediato, pero que tienen el potencial de ser progresivos políticamente a la larga.

Estos estudiantes pueden usar el humor para desorganizar una clase, usar la presión colectiva para desviar a los maestros de las lecciones, y voluntariamente ignorar las direcciones del maestro mientras tratan de desarrollar espacios que les permitan escapar del ethos del individualismo que penetren en la vida escolar.

Cada tipo de conducta puede indicar una forma de resistencia si surge de una condena ideológica latente o abierta de las ideologías represivas subyacentes que caracterizan a las escuelas en general. Esto es, sí vemos estos actos como prácticas que involucran una reacción política consciente o semiconsciente contra las relaciones de dominación construidas por la escuela, entonces estos estudiantes están resistiendo a la ideología de la escuela en una manera que les da el poder de rechazar al sistema en un nivel que no los hará impotentes para rechazarla en el futuro.

No renunciaron a su acceso al conocimiento y las capacidades que pueden permitirles moverse más allá de las posiciones específicas del callejón sin salida, del trabajo alienante que la mayoría de los rebeldes llamativos ocuparán eventualmente82

Lo que los teóricos de la resistencia fallaron en reconocer es que algunos estudiantes son capaces de ver a través de las mentiras y promesas de la ideología escolar dominante pero deciden no traducir este descubrimiento en formas extremas de rebelión. En algunos casos la causa de esta decisión puede ser una comprensión de que la rebelión abierta puede ser impotente ahora y en el futuro. No es necesario decirlo, ellos pueden también pasar la escolaridad en sus propios términos y aun enfrentar oportunidades limitadas en el futuro. Pero, lo que es de importancia fundamental aquí es que cualquier otra alternativa parece ideológicamente inocente y limita cualquier esperanza trascendental para el futuro que estos estudiantes puedan tener83.

Una cuarta debilidad de las teorías de la resistencia es que no han prestado suficiente atención al aspecto de cómo la dominación alcanza la estructura de la personalidad misma. Hay poco concerniente a la relación frecuentemente contradictoria entre comprensión y acción. Parte de la solución de este problema puede estar en descubrir la génesis y operación de esas necesidades socialmente construidas que atan a las personas a las estructuras de dominación más amplias.

Los educadores radicales mostraron una lamentable tendencia a ignorar la cuestión de las necesidades y los deseos en favor de expresiones centradas en la ideología y conciencia. Una Psicología crítica se necesita que señale la manera en que la “no-libertad” se reproduce en la psique de los seres humanos.

Necesitamos comprender cómo las ideologías dominantes impiden el desarrollo de necesidades multifacéticas en los oprimidos, o en otras palabras, cómo las ideologías hegemónicas actúan para impedir en los grupos oprimidos la creación de necesidades que van más allá de la lógica instrumental del mercado Yo estoy involucrado aquí con tales necesidades radicales como esas que representan el empuje vital hacia nuevas relaciones entre hombres y mujeres, las generaciones, las diferentes razas y la humanidad y la naturaleza.

Más específicamente necesitamos comprender cómo remplazar por las necesidades radicales organizadas alrededor del deseo de un trabajo significativo, solidaridad, sensibilidad estética, eros y libertades emancipatorias, la codicia egoísta, agresiva, calculadora de los intereses capitalistas. Las estructuras de necesidades alienantes —esas dimensiones de nuestra psique y personalidad que nos atan a relaciones y prácticas sociales que perpetúan los sistemas de explotación y servidumbre de la humanidad— representan un de las áreas más cruciales desde las cuales dirigir una pedagogía radical.

La cuestión de la génesis histórica y la transformación de las necesidades constituye, en mi mente, la base más importante para una teoría de la práxis educacional radical. Hasta que los educadores puedan señalar las posibilidades de desarrollo de “necesidades radicales que desafíen el sistema de intereses y reproducción existentes y apunten a una sociedad emancipada”84, será excepcionalmente difícil comprender cómo las escuelas funcionan para incorporar a la gente, o lo que eso puede significar para el establecimiento de una base para el pensamiento crítico y la acción responsable.

Dicho de otra manera, sin una teoría de las necesidades radicales y una psicología crítica, los educadores no tienen manera de comprender a la gama y la fuerza de las estructuras sociales alienantes tal como se manifiestan en los aspectos vividos y no discursivos de la vida cotidiana85.

Fuente:

http://www.pedagogica.edu.co/storage/rce/articulos/17_07pole.pdf

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Los libros de texto suspenden en sostenibilidad

Septiembre 2016/ecologistasenaccion /http://www.ecologistasenaccion.org/

“Si fuera millonaria… compraría un deportivo, una scooter, un yate privado, ya que si cojo el autobús llegaré tarde…”. Esta cita, contenida en un libro de inglés, es uno de los ejemplos sobre los valores antiecológicos que se fomentan en los libros de texto.

El estudio, realizado por Ecologistas en Acción sobre 60 libros de texto, afirma que los mismos no mencionan la creciente insostenibilidad del modelo económico y social actual y ocultan el deterioro acelerado de todo lo necesario para vivir: el agua y el aire limpio, el territorio fértil y los alimentos sanos…

Confunden de forma sistemática el bienestar con el crecimiento económico, a pesar de las numerosas y crecientes evidencias, tanto humanas como ambientales, en contra de dicha idea. En este sentido los libros de texto no relacionan la destrucción ambiental con el actual modelo de desarrollo que prioriza la economía monetaria y especulativa sobre todas las cosas.

Alaban sin cesar las posibilidades de la tecnología sin analizar ni cuestionar los grandes desastres ambientales derivados del escaso debate y control social que hay sobre los usos y orientaciones de la misma. No mencionan que el control empresarial y militar de la ciencia y la tecnología han hecho de ellas un factor impulsor de primer orden en la degradación de las condiciones de vida.

Los libros de texto ignoran de forma sistemática los trabajos gratuitos que históricamente vienen realizando las mujeres y la naturaleza y que son claves para la sostenibilidad, de la misma manera que se desprecia con el calificativo de “atrasadas” a todas las culturas que han sido capaces de vivir en armonía con su entorno.

No solamente ignoran uno de los conceptos básicos para entender la sostenibilidad, como es el de los límites físicos al crecimiento, sino que además educan de forma clara para que las chicas y chicos se incorporen felizmente a un mundo de consumo, hipermovilidad y sobreurbanización que esquilma los recursos del planeta. Los libros de texto apenas mencionan la existencia de las multinacionales y el papel que estas juegan en el saqueo y destrucción de los ecosistemas y culturas; las escasas ocasiones en que aparecen las empresas es con carácter publicitario.

Como conclusión del estudio, Ecologistas en Acción afirma que los libros de texto actuales sirven fundamentalmente para legitimar el actual sistema de destrucción ambiental. Los libros de texto ayudan bien poco a fomentar actitudes y comportamientos en la línea de respetar y salvar el planeta. Como los libros de texto representan el conocimiento que la sociedad considera serio y objetivo, Ecologistas en Acción considera que urge una profunda revisión de todas las categorías y conceptos con los que el sistema educativo, y la sociedad en su conjunto, se plantean la relación de la sociedad con la Naturaleza.

Ecologistas en Acción va a comenzar una campaña de información y difusión del informe, que tendrá como destinatarios principales a profesores, editoriales, autoridades educativas, sin dejar de lado a la ciudadanía en general.

Fuente:

http://www.ecologistasenaccion.org/article6099.html

Fuente imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/fYO0R_9YyLb8wlumBL69ekapavzxyaWmmqgWR8gpqH28twIMWjF7tSms3g3Yrg_0hhGmig=s128

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Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad por Grimson, Alejandro.

América del Sur/ Brasil/ Septiembre 2016/Alejandro Grimson/http://www.biblioteca.unlpam.edu.ar/

Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad por Grimson, Alejandro.

En Los Límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad, Alejandro Grimson, doctor en Antropología por la Universidad de Brasilia, investigador del CONICET y decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín, ayuda a llenar un vacío que caracteriza las ciencias sociales argentinas y la antropología en particular: la producción de teoría.

El autor no solo repasa y critica sino que, además, propone categorías que el tiempo dirá si son incorporadas en los debates futuros. Podríamos inscribir este libro en una producción académica presente los últimos 20 años en Latinoamérica, ubicada en la intersección de líneas de trabajo como los Cultural Studies, Antropología del Estado, Estudios subalternos y Estudios Latinoamericanos sobre Cultura y Poder.

El texto reúne una serie de análisis que Grimson viene desarrollando en dicho contexto y ha compartido en diversas instancias tales como capítulos de libros, publicaciones en revistas y conferencias, además de diversos medios de comunicación.

En esta ocasión plantea una revisión de posturas clásicas y posmodernas sobre las nociones de cultura, identidad, conocimiento y política. Su objetivo es promover una teoría con aplicabilidad al contexto intercultural actual, caracterizado por la intensa interconexión global, y capaz de aportar políticamente para la integración social, la tolerancia ante la diferencia y la disminución de la desigualdad

El libro está organizado en una introducción, seis capítulos y un epílogo. En la introducción repasa la disputa entre las posturas objetivistas clásicas (que en el análisis cultural se tradujo en el culturalismo esencializante que caracterizó a la antropología hasta las dé- cadas del 70-80) y las constructivistas posmodernas.

Aún reconociendo los aportes de éstas últimas al incorporar nociones de historicidad, poder, subjetividad, construcción y deconstrucción, Grimson sostiene que el constructivismo está agotado y es insuficiente para explicar procesos que, si bien fueron (inter)subjetivamente inventados, una vez cristalizados e incorporados a la práctica social, resultan (y operan como) naturalizados y objetivados.

La idea de que “todo es inventado” es fehaciente, pero invita al fin del análisis, descontextualiza la voluntad y sentimiento de los actores, y no explica las relaciones de poder entre las distintas invenciones sociales. Asimismo, argumenta que el paradigma posmoderno y su modelo multiculturalista fueron funcionales al neoliberalismo y contribuyeron a profundizar la desigualdad en el mundo. Su objetivo será entonces ir más allá de la crítica al posmodernismo y avanzar en el conocimiento de la relación entre cultura, identidades y política.

En el primer capítulo, “Dialéctica del Culturalismo”, el autor repasa la historia del concepto de cultura y sus efectos ético-políticos. Después de las concepciones evolucionistas (funcionales al colonialismo) y relativistas (críticas a la jerarquización entre culturas), la desacreditación del concepto de raza a causa del holocausto dio lugar a un mayor uso del concepto de cultura.

Éste fue naturalizándose como criterio esencializante de clasificación, y su politización lo llevó a cumplir el mismo rol justificante de desigualdades que antes cumplía la noción de raza. Según plantea el autor durante un tiempo primó la concepción del “archipiélago”, la cual sugería una mirada homogeneizante de culturas con límites fijos y un despliegue global territorialmente establecido.

Sin embargo, hechos como el colonialismo, las migraciones y el desarrollo en las comunicaciones contradijeron la “metáfora insular”, la cual traería consecuencias teóricas y políticas al desconocer la interconexión (desigual) entre los grupos humanos así como sus heterogeneidades, conflictos y desigualdades internas. Asimismo Grimson advierte que el “fundamentalismo cultural”, cuya simplificación más absurda sería equiparar cultura con identidad, facilitaría la reproducción de una xenofobia basada en las diferencias culturales. Pero además no sería una retórica exclusiva de los discursos conservadores de los países centrales, sino también de grupos históricamente discriminados. Por último, el autor sostiene que el culturalismo fue funcional al neoliberalismo.

Éste, abrazando un falso discurso de igualdad social, buscó hegemonizar el lenguaje en cuyo terreno se debatirían las demandas, y encontró en “la cultura” el elemento oportuno. Se reconoció la diversidad y el derecho a la diferencia pero esto no incluyó el reconocimiento de las desigualdades dadas a partir de esas diferencias. En el segundo capítulo, “Conocimiento, política, alteridad”, Grimson reflexiona sobre la relación entre conocimiento científico y aplicación política. Su propuesta es que, para ampliar los horizontes de la investigación, es necesario distinguir entre los resultados obtenidos y los objetivos políticos que los motivaron.

Las intenciones del investigador pueden llevar a idealizar (e identificarse con) los sujetos que trata de comprender. No obstante, los resultados pueden mostrar algo distinto a lo que se esperaba, y producir un desencanto ético y político. Sin embargo, esta misma situación, señala Grimson, tiene que ser considerada en el proceso de análisis.

El planteo es valioso, sin embargo no explicita una circunstancia cuya reflexión sería muy rica: ¿qué sucede cuando el investigador forma parte del mismo grupo que estudia y sus resultados involucren consecuencias políticas? En el tercer capítulo, “Las Culturas son más híbridas que las identificaciones”, el autor reflexiona en torno a la noción de frontera con el fin de introducir un problema que desarrollará en el apartado siguiente: la distinción entre los conceptos de cultura e identidad.

Reivindica la importancia de etnografías recientes realizadas en zonas fronterizas de América del Sur, ya que estos espacios serían referentes empíricos que dan cuenta de procesos sociales que ni el culturalismo ni el constructivismo han logrado explicar. Situaciones en las que, por ejemplo, sujetos que comparten una misma cultura (lengua, tradiciones, etc.) se sienten parte de Estados Nación distintos, como en el caso de la frontera de México y Estados Unidos, permiten sostener una primera distinción entre cultura e identidad.

Demuestran además, en oposición a las posturas clásicas, que la construcción de la nacionalidad no siempre es de arriba hacia abajo, sino todo lo contrario. En el cuarto capítulo, “Metáforas teóricas: más allá de esencialismo versus instrumentalismo”, propone una reconceptualización y diferenciación de los conceptos de cultura e identidad los cuales, en primera instancia, caracteriza como la trama de prácticas y significados sedimentados por un lado, y los sentimientos de pertenencia por el otro.

El problema, sostiene el autor, es que en la práctica las fronteras de una y otra no siempre coinciden. Los debates sobre la identidad se alimentaron históricamente de la “metáfora de la etnicidad” y la propuesta es que el concepto de cultura incorpore aportes de las teorías sobre la nación así como articulaciones entre las tradiciones esencialistas y constructivistas.

De este modo repasa planteos como el de “perspectiva distribucional de la cultura” y “perspectiva diaspórica”. Y, ante el desprestigio de la noción de “aculturación”, rescata conceptos como el de “articulación social” de Hermitte y Bartolomé, y “fricción interétnica” de Cardoso de Oliveira, pero critica un instrumentalismo implícito que, con su énfasis anticulturalista, daría excesiva importancia a los intereses políticos, no siempre suficientes para explicar la complejidad social.

Por otro lado, menciona perspectivas latinoamericanas que volvían a enfatizar la cultura, como la idea de “hibridación” de García Canclini. Finalmente, aborda la crítica a la perspectiva relacional mencionando la disputa teórica entre los antropólogos brasileños Pacheco de Oliveira y Viveiros de Castro. En el capítulo quinto se llega al punto nodal del libro, ya que el autor presenta su propuesta teórica, el concepto de configuraciones culturales.

Esta noción busca articular y superar ambas tradiciones, tanto culturalistas como posmodernas instrumentalistas, con el objetivo de construir respuestas adaptadas a la complejidad del mundo contemporáneo. El concepto “enfatiza la noción de un marco compartido por actores enfrentados o distintos, de articulaciones complejas de la heterogeneidad social” (172), y se caracteriza por cuatro elementos.

En primer lugar las configuraciones culturales son campos de posibilidad, es decir que en cualquier sociedad hay representaciones, prácticas e instituciones posibles, otras que son imposibles y otras que son hegemónicas. En segundo lugar, implican una lógica de interrelación entre las partes, lo cual alude a “la existencia de una totalidad conformada por partes diferentes que no solo tienen relaciones entre sí sino una especifica lógica de relación” (176).

En tercer lugar, una trama simbólica común, que más allá de la heterogeneidad de las interpretaciones, constituye lenguajes, principios de división del mundo y formas de enunciación compartidas. En cuarto lugar, presentan otros elementos culturales compartidos. A través del concepto de configuración cultural, Grimson se interesa por cuestiones como heterogeneidad, conflictividad, desigualdad, historicidad y poder. De este modo, el autor entiende las fronteras culturales ni de manera absoluta y cosificada ni como meras “ficciones”, sino como regímenes de significación diferenciados y percibidos por sus propios participantes.

El planteo es útil para abordar procesos complejos de orden político, económico, etc. que no dejan de estar atravesados por “lo cultural”, aunque no evidencien una Cultura discreta en particular. El sexto y último capítulo presenta los aspectos metodológicos de la propuesta.

Grimson menciona casos empíricos para dar cuenta de la complejidad conceptual que implica la distinción entre configuraciones culturales e identificaciones. Ambos elementos deben ser analizados por separado. En primer lugar, advierte que los términos cultura e identidad pueden tener un uso culturalista “de sentido común” pero no por eso deben ser descartados por el investigador, al contrario, es necesario explorar los significados que los sujetos les atribuyen.

Un segundo problema se relaciona con entender las identificaciones y las culturas de modo excluyente. Ante esta idea, Grimson destaca el carácter multidimensional de las identidades. En este sentido reivindica el concepto de interculturalidad para abordar un “mundo con intersecciones múltiples entre configuraciones culturales que, además, tienen fronteras y significados cambiantes” (198).

Por otro lado, ante la pregunta de cómo abordar la investigación cultural, Grimson sugiere la utilización de la estrategia “llave”, la cual trata de “encontrar las llaves que abren las cajas negras de las configuraciones culturales” (222), como pueden ser rituales, palabras y expresiones distintivas de una configuración y naturalizadas por sus integrantes.

Finalmente en el epílogo, el autor vuelve a destacar la complejidad que implica la interconexión del mundo actual y la necesidad de construir conceptos que se adapten a esta coyuntura y revaloriza, nuevamente, el de interculturalidad. Repasa la historia de la noción de identidad en Latinoamérica, mencionando desde los nacionalismos homogeneizantes hasta el multiculturalismo neoliberal. Concluye que ambos fracasaron en tanto fueron modelos planteados desde un poscolonialismo del saber, y no de manera autónoma por las sociedades latinoamericanas.

Lo importante, dice el autor, no es formular el problema como “cambio cultural contra conservación cultural, sino como imposición desde arriba o desde afuera, en oposición a agencia cultural y empoderamiento” (243).

El problema no es el cambio en sí, sino cuando el cambio es impuesto desde afuera. En definitiva, la lectura del libro es recomendable, ya sea para académicos como para público en general. Su propuesta es original, en tanto ensaya una teoría propia, y busca comunicarla en un lenguaje accesible. Es valioso el intento de superar categorías con notorios signos de desgaste, así como asumir que no existe un vínculo ingenuo entre el conocimiento y sus posibles aplicaciones, sino que los significados que se construyan sobre los sujetos y sus relaciones conllevan consecuencias políticas.

Ignacio Roca Instituto de Estudios Socio-Históricos Facy la propuesta es que el concepto de cultura incorpore aportes de las teorías sobre la nación así como articulaciones entre las tradiciones esencialistas y constructivistas. De este modo repasa planteos como el de “perspectiva distribucional de la cultura” y “perspectiva diaspórica”. Y, ante el desprestigio de la noción de “aculturación”, rescata conceptos como el de “articulación social” de Hermitte y Bartolomé, y “fricción interétnica” de Cardoso de Oliveira, pero critica un instrumentalismo implícito que, con su énfasis anticulturalista, daría excesiva importancia a los intereses políticos, no siempre suficientes para explicar la complejidad social.

Por otro lado, menciona perspectivas latinoamericanas que volvían a enfatizar la cultura, como la idea de “hibridación” de García Canclini. Finalmente, aborda la crítica a la perspectiva relacional mencionando la disputa teórica entre los antropólogos brasileños Pacheco de Oliveira y Viveiros de Castro. En el capítulo quinto se llega al punto nodal del libro, ya que el autor presenta su propuesta teórica, el concepto de configuraciones culturales.

Esta noción busca articular y superar ambas tradiciones, tanto culturalistas como posmodernas instrumentalistas, con el objetivo de construir respuestas adaptadas a la complejidad del mundo contemporáneo.

El concepto “enfatiza la noción de un marco compartido por actores enfrentados o distintos, de articulaciones complejas de la heterogeneidad social” (172), y se caracteriza por cuatro elementos. En primer lugar las configuraciones culturales son campos de posibilidad, es decir que en cualquier sociedad hay representaciones, prácticas e instituciones posibles, otras que son imposibles y otras que son hegemónicas.

En segundo lugar, implican una lógica de interrelación entre las partes, lo cual alude a “la existencia de una totalidad conformada por partes diferentes que no solo tienen relaciones entre sí sino una especifica lógica de relación” (176).

En tercer lugar, una trama simbólica común, que más allá de la heterogeneidad de las interpretaciones, constituye lenguajes, principios de división del mundo y formas de enunciación compartidas.

En cuarto lugar, presentan otros elementos culturales compartidos. A través del concepto de configuración cultural, Grimson se interesa por cuestiones como heterogeneidad, conflictividad, desigualdad, historicidad y poder. De este modo, el autor entiende las fronteras culturales ni de manera absoluta y cosificada ni como meras “ficciones”, sino como regímenes de significación diferenciados y percibidos por sus propios participantes.

El planteo es útil para abordar procesos complejos de orden político, económico, etc. que no dejan de estar atravesados por “lo cultural”, aunque no evidencien una Cultura discreta en particular. El sexto y último capítulo presenta los aspectos metodológicos de la propuesta. Grimson menciona casos empíricos para dar cuenta de la complejidad conceptual que implica la distinción entre configuraciones culturales e identificaciones.

Ambos elementos deben ser analizados por separado. En primer lugar, advierte que los términos cultura e identidad pueden tener un uso culturalista “de sentido común” pero no por eso deben ser descartados por el investigador, al contrario, es necesario explorar los significados que los sujetos les atribuyen.

Por Ignacio Roca

Instituto de Estudios Socio-Históricos

Facultad de Ciencias Humanas- UNLPam

Fuente:

http://www.biblioteca.unlpam.edu.ar/pubpdf/anuario_fch/v10n2a10roca.pdf

Fuente imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/8QfrLv0wFXs9b3G4QLeZKE-S2KS9lFH-iaH6utwRdf8BMhcFg9aYy6Jxc03aWRDZwr5gy6M=s85

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«¡ Se acabó La Piladera! » Una cocina, un molino y los insumos


América del Sur/Venezuela/Septiembre 2016/Mirna Sojo/ http://www.aporrea.org/

Por: Mirna Sojo

Quien iba a pensar que ese slogan de los años 50 de la novedosa harina deshidratada iba a costarnos caro en este siglo XXI. Y con él se nos fue la memoria de lo que fue la cotidianidad de moler el maíz para hacer las arepas. Claro, el desarrollo… y no faltará quien diga que queremos volver “al guayuco”, pero si volver al guayuco significa nuestra liberación entonces ¡Bienvenido!.

Mariátegui dice que el socialismo nuestroamericano debe ser creación heroica, es decir un pueblo que se las inventa para asumir los medios de producción, pero tenemos un gobierno que…cree en el poder popular, entonces hagamos heroísmo y seamos el bravo pueblo.

Soñamos con empresas, pequeñas industrias (así le decía Simón Rodríguez a las pequeños acometimientos) regadas por todo el país, en las casas, en las calles, en las cuadras, en las comunas, en las barriadas…urbanizaciones…y sigamos contando…

Un espacio limpio, una cocina, un molino, y el insumo principal. El Maíz Pilao, que puede obtenerse, si nos organizamos bien en algún establecimiento donde haya un molino que lo pile (existen ya las máquinas que lo hacen por montones…tecnología popular) y pueda ser distribuido por los establecimientos de la molienda…

Luego, un espacio donde ese maíz se cocina y se muele (tecnología popular que ya existe) para que la gente compre la masa. Y si no quiere la masa se le hacen las arepas envasadas al vacío…en el firmamento…el la galaxia como la pidamos y al alcance de todos.

La arepa al alcance de todos.

Y… Lorenzo que siga sacando su maíz deshidratado para los paladares solidarios de su burguesía.

Fuente

http://www.aporrea.org/actualidad/a193147.html

Fuente imagen :

https://lh3.googleusercontent.com/4yYG1G5lOSPsj64EMJgqJv1alqpzo7zC0pMbZv37WhqwWJI3-JGpRRO9YDyKOk7-OtcJ=s85

誰曾想到,這部小說的50年代的口號,脫水麵粉將花費我們在本世紀親愛的。 和他一起,我們去的是什麼日常碾玉米,使arepas內存。 當然,發展……有些人會說,我們要重返“guayuco”,但如果你回到guayuco意味著那麼我們解放歡迎!

Mariátegui說nuestroamericano社會主義必須是一個英雄的創造,是發明了把生產資料鎮,但是…我們有一個政府,在人民的力量相信,然後讓我們的英雄氣概和勇敢的人。

我們夢想的企業,小工業(和西蒙·羅德里格斯告訴小acometimientos)分散在全國各地,在家裡,在街上,在馬厩裡,公社,在貧民窟……和發展繼續計數…

一個乾淨的房間,一個廚房,一個廠,主要投入。 玉米Pilao,可以得到,如果我們在任何環境組織以及在有一個磨那堆(已有的機器,使流行技術紛紛…),並且可以通過研磨機構分發.. 。

然後,在玉米煮熟的空間和(已存在流行的技術)是地面的人買的麵團。 如果你不想讓麵團將使arepas真空包裝……在蒼穹……銀河的要求和對所有人開放。

AREPA向所有人開放。

而且……洛倫佐繼續畫他的脫水其資產階級玉米團結口味。

N/B.

«The piladera is over!»

A kitchen, a mill and inputs

Who would have thought that the slogan of the 50s of the novel dehydrated flour would cost us dear in this century. And with him we went memory of what was the everyday grind corn to make arepas. Of course, development … and some would say that we want to return «to guayuco» but if you return to guayuco means our liberation then Welcome !.

Mariátegui says the nuestroamericano socialism must be a heroic creation, is a town that invents to take the means of production, but … we have a government that believes in the people’s power, then let us be the heroism and brave people.

We dream businesses, small industries (and Simon Rodriguez told the small acometimientos) scattered all over the country, in homes, in the streets, in the stables, in the communes, in the slums … … and developments continue counting …

A clean room, a kitchen, a mill, and the main input. Corn Pilao, which can be obtained, if we organize well in any setting where there is a mill that pile (there are already machines that make popular technology in droves …) and can be distributed by milling establishments .. .

Then, a space where the corn is cooked and (popular technology that already exists) is ground for people to buy the dough. And if you do not want the dough will make arepas vacuum packed … in the firmament … the Galaxy as ask and accessible to all.

Arepa accessible to all.

N/B.

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Libro:América en guerra consigo mismo Henry A. Giroux

América del Norte/EEUU/Septiembre 2016/Reseña/http://www.citylights.com/

Prólogo: Robin DG Kelley

De agua envenenada y la violencia policial en nuestras ciudades, a las masacres de armas y sembraba odio en la campaña electoral presidencial, evidencia de que Estados Unidos está en guerra consigo mismo está en todas partes a nuestro alrededor. La cuestión no es si o no está sucediendo, pero la forma de entender las fuerzas en el trabajo con el fin de evitar que las condiciones empeoren. Henry A. Giroux ofrece una potente, de amplio alcance crítica de los intereses económicos, las dimensiones culturales, y la dinámica política que intervienen en el desplazamiento de la nación hacia formas cada vez más abusivo del poder. Su análisis nos ayuda a formular preguntas críticas acerca de lo que se puede y se debe hacer para cambiar las cosas mientras podamos.

Al reflexionar sobre una amplia gama de temas sociales, Giroux contrasta Latina de Donald Trump con Sandra Bland de entender que realmente se beneficia de la intolerancia política aprovisionado de combustible para los inmigrantes, las comunidades de color, los musulmanes, las familias de bajos ingresos, y los que desafían Estado y el poder corporativo. Un apasionado defensor de los derechos civiles y la importancia de la imaginación, Giroux sostiene que sólo a través de la inversión social generalizada en la democracia y la educación puede el bien común esperanza de prevalecer sobre la influencia cada vez más concentrada de los políticos de extrema derecha y los intereses económicos egoístas.

Elogios para América en guerra consigo mismo :

«Este es el libro estadounidenses tienen que leer ahora. Nadie es mejor que Henry Giroux en el análisis de las amenazas verdaderamente peligrosos para nuestra sociedad. Se perfora las perturbaciones mentales y nos ofrece una visión convincente e ilustrada de una mejor manera. América en guerra consigo mismo es el mejor libro del año. «- Bob Herbert , senior Fellow Distinguido de Demos y ex columnista de opinión para el New York Times

«En los Estados Unidos en guerra consigo mismo , Henry Giroux vez más demuestra ser uno de América del Norte más perspicaz filósofos radicales de la educación, la cultura y la política: radical porque descarta la paja de la crítica liberal y los recortes a la raíz de los males que están marchitando la democracia. Giroux también conecta los puntos de la codicia imprudente, impunidad empresarial, la pobreza, el encarcelamiento en masa, el racismo y la cooptación de la educación para aplastar el pensamiento crítico y la promoción de una cultura que denigra e incluso penaliza la sociedad civil y el bien público. Su último trabajo es el antídoto a una marea alarmante de autoritarismo tóxica que amenaza con hundir Latina el libro no podía ser más oportuna. «-. Olivia Ward, , Toronto Star

«El actual descenso de Estados Unidos en el autoritarismo no acaba de suceder. Como Henry Giroux muestra brillante que era el resultado del trabajo pedagógico pública en una serie de instituciones que formaban parte de un asalto desde hace mucho tiempo en los bienes públicos, el contrato social, y la propia democracia . Giroux Engancha poderosamente las fuerzas de opresión con la claridad sello y el rigor que lo convirtió en uno de los críticos culturales más importantes e intelectuales públicos en América del Norte ha hecho. Sus puntos afilados proporcionan a los lectores las herramientas intelectuales para impugnar la maraña de fundamentalismos que caracterizan el sistema político , la economía y la cultura en la coyuntura actual. América en guerra consigo misma hace que el caso de un cambio ideológico y estructural real en un momento en que la necesidad y el juego no podría ser mayor. Todo el mundo que se preocupa por la supervivencia y la recuperación de la democracia tiene que leer este libro. «- Kenneth Saltman , profesor de la Universidad de Massachusetts Dartmouth, Autor delfracaso de la reforma Escuela Corporativa

«En un libro tras otro, década tras década, Henry Giroux ha unido a Noam Chomsky entre nuestros más prolíficos, intelectuales públicos claramente establecidos. Su último, los Estados Unidos en guerra consigo mismo , comienza con el ascenso de Donald Trump en la elección 2016 como un síntoma de la lucha contra Giroux fuerzas democrático se ha anatomizado en la sociedad estadounidense, incluyendo el dominio del autoritarismo, la violencia, el militarismo, y ‘el terror del neoliberalismo. Este libro proporciona refuerzo revelaciones de la evasión de análisis causal convincente en nuestra corriente principal del discurso público. Por ejemplo, «La convocatoria de las derechas del arma pasos convenientemente secundarios e ignora criticar una cultura popular y los medios de comunicación controlados por la empresa que utiliza la violencia para atraer a los espectadores, aumentar la audiencia de la televisión , producir películas de Hollywood, y vender videojuegos que celebran shooters en primera persona…. Este tipo de violencia no sólo sirve para producir una insensibilidad a la violencia en la vida real, pero también funciona para normalizar la violencia tanto como una fuente de placer y como una práctica para tratar los impactos sociales problemas ‘. «- Donald Lazare, autor depensar críticamente medios y la política y qué enseñanza superior debería tener un sesgo de izquierdas.

Henry A. Giroux libros más recientes ‘s incluyen la Violencia Organizada de olvido y de la adicción de EEUU al terrorismo . Un prolífico escritor y comentarista político, que ha aparecido en una amplia gama de medios, incluyendo el New York Times y Bill Moyers .

Editor City Lights Publishers
formato Paperback
No de páginas 336 p.
ISBN-10 0872,867323 millones
ISBN-13 de 9780872,867321 millones
Fuente
http://www.citylights.com/book/?GCOI=87286100277470
Fuente imagen:
 https://lh3.googleusercontent.com/JAg1NFrrNe9h4jQHtxthJWs7Yz1S_Ho2U_fevlX-oyhu0xsdQtv3TLh3csSWSG3nAGWz=s85
America at War with Itself
Henry A. Giroux

From poisoned water and police violence in our cities, to gun massacres and hate-mongering on the presidential campaign trail, evidence that America is at war with itself is everywhere around us. The question is not whether or not it’s happening, but how to understand the forces at work in order to prevent conditions from getting worse. Henry A. Giroux offers a powerful, far-reaching critique of the economic interests, cultural dimensions, and political dynamics involved in the nation’s shift toward increasingly abusive forms of power. His analysis helps us to frame critical questions about what can and should be done to turn things around while we can.

Reflecting on a wide range of social issues, Giroux contrasts Donald Trump’s America with Sandra Bland’s to understand who really benefits from politically fueled intolerance for immigrants, communities of color, Muslims, low-income families, and those who challenge state and corporate power. A passionate advocate for civil rights and the importance of the imagination, Giroux argues that only through widespread social investment in democracy and education can the common good hope to prevail over the increasingly concentrated influence of extreme right-wing politicians and self-serving economic interests.

Praise for America at War with Itself:

«This is the book Americans need to read now. No one is better than Henry Giroux at analyzing the truly dangerous threats to our society. He punctures our delusions and offers us a compelling and enlightened vision of a better way. America at War with Itself is the best book of the year. «––Bob Herbert, Distinguished Senior Fellow at Demos and former Op-Ed columnist for theNew York Times

«In America at War with Itself, Henry Giroux again proves himself one of North America’s most clear-sighted radical philosophers of education, culture and politics: radical because he discards the chaff of liberal critique and cuts to the root of the ills that are withering democracy. Giroux also connects the dots of reckless greed, corporate impunity, poverty, mass incarceration, racism and the co-opting of education to crush critical thinking and promote a culture that denigrates and even criminalizes civil society and the public good. His latest work is the antidote to an alarming tide of toxic authoritarianism that threatens to engulf America. The book could not be more timely. «––Olivia Ward,Toronto Star

«The current U.S. descent into authoritarianism did not just happen. As Henry Giroux brilliantly shows it was the result of public pedagogical work in a number of institutions that were part of a long-standing assault on public goods, the social contract, and democracy itself. Giroux powerfully skewers oppressive forces with the hallmark clarity and rigor that has made him one of the most important cultural critics and public intellectuals in North America. His sharp insights provide readers with the intellectual tools to challenge the tangle of fundamentalisms that characterize the political system, economy, and culture in the current conjuncture. America at War with Itself makes the case for real ideological and structural change at a time when the need and stakes could not be greater. Everyone who cares about the survival and revival of democracy needs to read this book.»––Kenneth Saltman, Professor, University of Massachusetts Dartmouth, Author of The Failure of Corporate School Reform

«In book after book, decade after decade, Henry Giroux has joined Noam Chomsky among our most prolific, clear-sighted public intellectuals. His latest,America at War with Itself, begins with Donald Trump’s rise in the 2016 election as symptomatic of the anti-democratic forces Giroux has anatomized in American society, including the sway of authoritarianism, violence, militarism, and ‘the terror of neoliberalism.’ This book provides bracing revelations of the evasion of cogent causal analysis in our mainstream public discourse. For example, ‘The call for gun rights conveniently side steps and ignores criticizing a popular culture and corporate controlled media which uses violence to attract viewers, increase television ratings, produce Hollywood blockbusters, and sell video games that celebrate first person shooters. . . . Such violence serves not only to produce an insensitivity to real life violence but also functions to normalize violence as both a source of pleasure and as a practice for addressing social issues.'»––Donald Lazare,author of Thinking Critically About Media and Politics and Why Higher Education SHOULD Have a Leftist Bias.

Henry A. Giroux‘s most recent books include The Violence of Organized Forgetting and America’s Addiction to Terrorism. A prolific writer and political commentator, he has appeared in a wide range of media, including The New York Times and Bill Moyers.

Publisher City Lights Publishers
Format Paperback
Nb of pages 336 p.
ISBN-10 0872867323
ISBN-13 9780872867321
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