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La ilusión de la gratuidad y el fin de la autonomía universitaria

Por José de la Cruz Garrido

Al igual que en la magia, los distractores buscan ilusionar al público. Con la gratuidad, gran distractor que se ha puesto con éxito en el centro de la discusión, se esconde al público el fin a la autonomía económica y administrativa de las universidades a través del control de precios.

El proyecto de Ley de Educación Superior recientemente ingresado al Congreso tiene como objetivo acabar con la autonomía de las universidades públicas con financiamiento estatal y privado. Para ello, el gobierno ha diseñado una estrategia que se incubó en el denominado movimiento estudiantil (Confech), el que ha contado con la guía e instrucción del Partido Comunista y asesoría de Revolución Democrática, y que utiliza como distractor –al igual que la magia- la gratuidad. Poner el financiamiento gratuito en el centro del debate es un buen truco para construir una enorme burocracia de planificación estatal, sin que nadie lo note.

Ya el primero de los filósofos abocados a la educación, Platón, nos enseña el valor de la retórica para persuadirnos lo aparente como verdadero. En su diálogo Fedro, el personaje homónimo lee a Sócrates un extenso discurso de Lisias sobre el amor -probablemente el mayor representante de la escuela retórica ateniense de su tiempo-. En la respuesta de Sócrates, Platón nos muestra una ironía que es crítica a una conocida estrategia oratoria: si quieres engañar a tu audiencia, abulta información en largos discursos y revístelos de un tenor religioso. Rescatando esa vieja estrategia, la nueva ley de educación es un texto sin precedentes de más de 170 páginas. Y recién en el Artículo 198º se logra evidenciar la verdadera finalidad del cuerpo legal: derogar la autonomía universitaria, en sus dimensiones académica, económica y administrativa. En efecto, dicho artículo deroga el DFL1 de 1980, que define estos conceptos, y no los reemplaza por nada comparable. Cabe recordar que fue en la Constitución Política de 1925 -que el decreto mencionado recupera literalmente- donde la autonomía universitaria pasó a tener rango constitucional. En dicho cuerpo normativo, el artículo 10º Nº 7 referido al desarrollo de la libertad de enseñanza, suscribía la siguiente definición: “Las Universidades estatales y las particulares reconocidas por el Estado son personas jurídicas dotadas de autonomía académica, administrativa y económica”. En este contexto, la autonomía académica está definida en el DFL1 como “la potestad de la universidad para decidir por sí misma la forma como se cumplan sus funciones de docencia, investigación y extensión y la fijación de sus planes y programas de estudio”; lo que desaparece en el proyecto.

Al igual que en la magia, los distractores buscan ilusionar al público. Con la gratuidad, gran distractor que se ha puesto con éxito en el centro de la discusión, se esconde al público el fin a la autonomía económica y administrativa de las universidades a través del control de precios. No obstante los requisitos para la gratuidad transforman su implementación en algo ilusorio, el distractor sigue funcionando, y el público obnubilado espera que un bien, que es costoso de producir económicamente, sea libre de pago para sus beneficiarios. Lo que esconde el artilugio es un intrincado aparato estatal de control y planificación académica. En efecto, el Art. 3º del proyecto de ley condiciona cualquier autonomía al “marco que establece la ley”.

Así, sólo como ejemplo, el Art 9º del proyecto de ley establece que la nueva “Subsecretaria de Educación” tendrá 18 objetivos de control burocrático, que quedará a merced –como todo el aparato estatal- del cuoteo político. Sumado a ello, la Superintendencia –cuyo director será también nombrado por el Presidente- será la maquinaria fiscalizadora: auditorias, inspecciones e informes, todos ajenos a la institución académica. Así, supervigilará la “viabilidad financiera” de las universidades, al mismo tiempo que a éstas se las condiciona en sus ingresos, según lo que un panel de expertos (de perfil bastante ambiguo) considera razonable pagar.

Asimismo, la nueva ley señala la creación de un Consejo para la Calidad de la Educación afecto al Sistema de Alta Dirección Pública (Art 29º), que todos sabemos hoy es letra muerta. Este Consejo compuesto por un “panel de expertos” sustituirá los grupos colegiados autónomos, y estaría, supuestamente, en condiciones de tomar decisiones relacionadas con el diseño académico, por sobre las unidades académicas. ¿Ve usted algún espacio para la autonomía académica por aquí? En efecto, la última palabra sobre qué se enseña, cómo y a quiénes residirá finalmente en una burocracia elegida por el Presidente de la República –y su juicio partidista-.

Hoy, la amenaza a la autonomía universitaria es un hecho. Y esta amenaza ha contado con la complicidad de varios “expertos en educación”, algunos de los cuales al parecer han recapacitado frente al absurdo. Lo que está amenazado, bajo la retórica de una dialéctica del financiamiento público y privado, no es sino la esencia de la universidad: su capacidad de generar conocimiento fruto de la libertad académica y de cátedra. La nueva ley descansará en una serie de premisas sin precedentes en la historia de la economía política educacional, pero consecuente con una ideología que busca homogeneizar la educación y limitar la libertad de los académicos y las universidades.

José de la Cruz Garrido, Centro de Políticas Publicas UDD.
 FOTO: RAÚL ZAMORA/AGENCIAUNO
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¿Es Internet un bien común?

Sursiendo

Seguimos con la campaña de Pensar desde los comunes, para traducir y editar el libro de David Bollier. Este se trata de una síntesis breve y accesible que intenta romper con ciertos prejuicios:

“Cualquier cosa de valor se suele asociar al “libre mercado” o al gobierno. La idea de que las personas puedan, efectivamente, organizar por sí mismas acuerdos duraderos para gestionar sus propios recursos y que este paradigma de gobernanza social genere un enorme valor, bueno, parece utópica, comunista o, cuando menos, poco práctica. La idea de que lo comunal pueda ser un vehículo para la emancipación política y la transformación social, como sugieren algunos defensores, parece simple y llanamente ridícula”.

En Sursiendo, desde hace años, venimos trabajando esto de lo comunal, los bienes comunes, el procomún o commons (que hay varias formas de nombrarlo);  desde el debate teórico y la investigación hasta su puesta en práctica y en acción.

video_comunes1Además de vincular distintas luchas, alternativas y propuestas relacionadas con los comunes, uno de nuestro ámbitos de trabajo es Internet. Y aún nos seguimos preguntando: ¿Qué es Internet? ¿Un medio, una herramienta, un espacio, un territorio, una red…? Y también nos surge esta interrogante:¿Internet es un bien común?

Entonces, esta misma pregunta se la hemos trasladado a algunas amigas y amigos de las redes, para hacer un primer intento de respuesta colectiva, comunal:

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No sé si la infraestructura (que debería serlo) pero las ideas y el espíritu abierto de compartir si es un buen común que hay que proteger y mantener esa filosofía contra el embate de plataformas como Facebook; uber y el propio Google que crean una red y una infraestructura cerrada y no distribuida (Alberto Escorcia).

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Lamentablemente no. Internet tal y como la conocemos hoy día necesita de una infraestructura que sólo puede ser gestionada por estados o empresas. Entonces, la gestión de la Internet que conocemos no puede ser entendida como un bien común. Ahora, Internet como lógica sí es un bien común del cual pueden surgir gestiones abiertas como son las redes libres comunitarias basadas en estructuras distribuidas (mesh) (Daniel Cotillas Ruiz).

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Solemos definir internet como un conjunto de infraestructuras, protocolos, plataformas y aplicaciones que permiten la circulación de recursos y servicios. Sin embargo, lo que construye internet no es únicamente su materialidad, sino sus habitantes. Pensar internet como un bien común significa que es producto de una comunidad que genera valor gracias a sus interacciones, a su capacidad de creación colectiva y a los lazos afectivos que teje: algo que construimos entre todas y de lo que nadie puede apropiarse. Por esta razón, hoy que internet se encuentra amenazada por el control de las corporaciones y los estados, debemos defender nuestro derecho a una red descentralizada, libre, abierta y neutral a la que todo ser humano tenga acceso, sin restricciones. Debemos defender internet como un espacio para ejercer nuestras libertades. Internet no debe ser el espacio para el control de los individuos y del territorio, como ocurre en la actualidad. No es posible hablar de democracia si internet no es libre (Paola Ricaurte).

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Internet debe ser considerado como un bien común porque posibilita el desarrollo humano. Sin embargo, para alcanzar esto, se debe garantizar un acceso de calidad, en una red neutral y sin discriminación, que permita emplear todo su potencial para el ejercicio de los derechos y libertades humanas (Digital Rights LAC).

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Internet no es un bien común, pero puede llegar a serlo. Decir que es un bien común no significa solamente que todos tengan acceso por igual. Para que Internet sea un bien común se requieren infraestructuras distribuidas, nodos de propiedad social y formas de articulación federada que permitan mantener esas condiciones. Este es un enfoque comunalista que encuentra los retos de mantener alejados a los intereses burocráticos y mercantiles, y no obstante respaldar la expansión de una red más autónoma. Internet debe convertirse en una asociación de productores libres con identidad plural. Mientras tanto, continúa siendo una actividad económica dominada por el empuje monopolista del gran empresariado y un foco del interés de control de los gobiernos (Santiago Roca).

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Según el sociólogo Boaventura de Sousa Santos hay tres tipos de bienes: bienes privados, bienes públicos y los bienes comunes. Los bienes comunes pertenecen a todos, no son del gobierno ni de los poderes privados; para nosotros internet es un bien común. Esto es así porque en la construcción de internet, si bien han participado y participan los poderes públicos y privados, la red no se entendería sin la participación de todas las personas y sus aportaciones durante más de 30 años. Sobre internet hay poderes privados que han pensado que pueden mandar sea por su presencia dominante, por los servicios que ofrece o por la posibilidad de configurar la experiencia de millones de usuarios de lo que internet significa. Sobre esa visión hay que afirmar una y otra vez que internet es un bien común porque no puede reducirse a los servicios que las empresas privadas proveen y simple y sencillamente no existiría sin la participación de millones de usuarios, personas con derechos que configuran millones de intercambios cotidianos y con eso forman internet tal y como lo conocemos. Por la sola razón de que las plataformas no existirían sin la existencia de usuarios libres con derechos, por esa simple razón internet es un bien común (Compas ContingenteMX).

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Pregunta que parece fácil pero en realidad se vuelve difícil contestar. Todo depende de como entendemos o consideramos “bien común”. Si lo entendemos como “interés público” es quizás muy fácil decir claro que si.
Si lo vemos desde la definición económica puede ser más complejo – ¿se debe de asegurar que nadie se  excluye y que el uso por una persona de internet no afecta la disponibilidad de internet para otro? Suena muy onito la idea – pero en realidad es factible? ¿De quien es la responsabilidad asegurarlo y con cuales  mecanismos de regulación y financiamiento?  Estas preguntas nos llevan a debates sobre neutralidad en la red otro concepto muy peleado y en el mundo técnico descartado en términos puros, pues no hay neutralidad porque se tiene que optimizar desempeño. Es un concepto clave para la defensa de una internet abierta y libre. Hay quienes piensan que acceso a internet debería de ser garantizado como derecho básico, y en México hasta se incluyó en la constitución. Otrxs lo ven más bien como derecho que facilita los derechos básicos de acceso a información y comunicación (Erika).

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Desde mi punto de vista por el momento internet no es un bien común ya que el acceso igualitario con niveles de calidad semejantes para diferentes usuarias está lejos de ser una realidad. Sin embargo creo que desde su creación y en especial con el aporte de Tim Berners Lee y su liberación de código a dominio público se habilitó un trampolín  para que internet pudiera ser usada como un bien común. Creo que está en el esfuerzo de todas las personas que creemos en una internet libre (y feminista :-)) y que intentamos abrirla cual caja negra está la clave para que sea efectivamente un bien común: de acceso libre, igualitario y transformador. Para ésto claro debemos pensar y problematizar el papel de empresas y gobiernos , junto con la participación de comunidad técnica y sociedad civil en relación a sus diferentes capas, el financiamiento de su  funcionamiento y las guerras que se libran en internet, están más vinculadas al control de la publicidad y el manejo de datos para vender productos y servicios (Flor).

Para finalizar este post colectivo, regresamos a los comunes y le damos la palabra a Helene Finidori, coordinadora de Commons Abundance Network:

El procomún (o los comunes) se puede explicar como un sistema social que relaciona íntimamente a las personas o partes interesadas con sus recursos y con las formas participativas en las que los gestionan/producen y cuidan de ellos (…) Nutrir y cultivar el procomún en todas sus dimensiones y manifestaciones puede servir de referente para una ciudadanía global y una justicia global

¿Y ustedes qué opinan?

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PD: la imágenes que acompañan este post son del video Pensar los Comunes y los perfiles de la red Twitter.

Fuente del articulo: http://sursiendo.com/blog/2016/03/es-internet-un-bien-comun/#more-5491

Fuente de la imagen: http://sursiendo.com/blog/wp-content/uploads/2016/03/video_comunes3.png

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Saberes socialmente útiles

Por: Rosa Maria Torres

Durante la crisis de fines de los 1990s e inicios del 2000, en Argentina se extendió el trueque, tanto de objetos como de servicios. Millones de personas se organizaron en nodos, redes y clubes de trueque en todo el país. Vivía entonces en Buenos Aires y conocí varios sitios de trueque en diferentes lugares del país.

Uno que me llamó especialmente la atención fue un mercado de trueque de servicios, de los primeros que surgió. Las personas habían preparado carteles para anunciar los servicios que ofrecían; los tenían sobre una mesa, en el suelo, o bien colgados del cuello, Algunos carteles incluían el nombre del oficio: dentista, enfermero, profesor, diseñador gráfico, etc. Otros describían el servicio ofrecido: cuido a personas mayores, doy clases de guitarra, ayudo con las tareas escolares, pongo inyecciones, doy masajes, hago pasteles de cumpleaños, reparo televisores, hago planos, etc.

Mientras observaba y recorría el lugar pensaba qué servicios podría ofrecer yo en un lugar de intercambio como éste. Mis oficios – los que me gustan, de los que vivo y para los que soy buena – tienen que ver primordialmente con leer, escribir, editar, investigar, asesorar, enseñar, traducir, viajar, usar la computadora y navegar en internet. ¿Qué de eso puede servirle a personas en crisis que buscan satisfacer necesidades básicas con saberes y habilidades de otros?

Al llegar a mi departamento ese día me dediqué a pensar y anotar en una libreta mis saberes y habilidades prácticos, potencialmente útiles en situaciones de precariedad y emergencia. La verdad es que me sorprendí con lo que descubrí.

Empecé explorando mis habilidades manuales. No me sorprendió comprobar que son pocas, pero me ayudó refrescar que tengo algunas. No me sorprendió confirmar que mis fortalezas están alrededor de la lectura y la escritura, los idiomas, la enseñanza, la investigación, la comunicación, la asesoría, el uso de la computadora, los viajes, pero sí me sorprendió encontrar muchas tareas concretas en las que esos saberes pueden adquirir valor de uso y valor de cambio, ser herramientas útiles para otros y recursos para la propia supervivencia.

Nunca he participado en un mercado de trueque de servicios ni en los trueques que se hacen virtualmente, pero me he imaginado muchas veces en uno de ellos parada con mis carteles, ofreciendo mis habilidades:

– tejer (bufandas, suéteres, chalecos, ponchos, chales, bolsos, colchas)
– hacer crochet (cojines, agarradores de ollas, tapetes, cintillos, pulseras, marcadores de libros)
– manejar
– lavar platos
– fabricar velas
– llenar o ayudar a llenar un formulario
– hacer o ayudar a hacer carteles, rótulos, certificados, hojas volantes (bien hechos, sin errores)
– hacer o ayudar a hacer una hoja de vida (curriculum vitae)
– ayudar a prepararse para una entrevista de trabajo
– corregir errores de ortografía
– editar cualquier texto (carta, solicitud, menú, monografía, folleto)
– poner un texto difícil en fácil
– hacer guiones para radio
– enseñar a leer y escribir a niños, jóvenes y adultos
– hablar, leer y escribir en inglés
– leer y comprender portugués
– dar clases de español o de inglés
– traducir del español al inglés y viceversa
– enseñar a usar una computadora, a abrir y manejar una cuenta de correo, a buscar información
– crear y moderar una comunidad virtual
– hacer y enseñar a hacer y administrar un blog
– ayudar a pensar y a analizar
– enseñar a argumentar
– buscar y comprar artesanías, identificar de qué país o lugar son
– hacer, enseñar a hacer o ayudar a hacer un proyecto
– aconsejar sobre asuntos escolares y educativos
– aconsejar sobre cómo hacer una tesis
– aconsejar y acompañar a mujeres que están pasando por una crisis de pareja o un divorcio
– aconsejar sobre viajes y lugares

Conservo esa lista, que luego seguí ampliando con más habilidades ‘descubiertas’. Hacerla fue un ejercicio importante de introspección, de metacognición, de toma de conciencia y empoderamiento. Y me alegra constatar que hoy tengo más saberes y habilidades socialmente útiles que agregar a la lista: saber qué hacer en un sismo, usar y enseñar a usar Twitter, distinguir alimentos saludables y no saludables, conocer las propiedades de verduras y frutas y los usos medicinales de muchas plantas, saber comprar en la tienda o el supermercado, usar productos naturales en vez de muchas medicinas y productos de limpieza y belleza, cocinar, cocinar sin aceite.

En estos años incorporé este ejercicio de introspección (individual y colectivo) como método de trabajo en reuniones, talleres, consultas y asesorías. Lo recomiendo siempre.

Cada persona tiene su catálogo propio y único de saberes, aptitudes, habilidades, que amplía y renueva constantemente. Esos que, lastimosamente, nunca o casi nunca se dejan ver en el curriculum vitae. Y que se adquieren en una multiplicidad de lugares y de prácticas, gracias a aprendizajes formales, no-formales e informales, y a lo largo de la vida.

Ser conscientes de qué sabemos y de qué sabemos hacer (y de qué no), de cuáles son nuestros saberes socialmente útiles, reconocibles y valorados como tales por otros, es esencial para el aprender a aprender, el aprender a ser, el aprender a hacer y el aprender a convivir con otros.

  • Articulo tomado de: http://otra-educacion.blogspot.com/
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Educación popular y lucha social

Por: Pablo Díaz

Revista Hemisferio Izquierdo / Nro 4

“De lo que se trata es de ir abriendo, a nivel local, nacional y continental … espacios cada vez más amplios de autonomía con respecto a la dictadura del mercado trasnacional y a su cultura; autonomía primero intelectual y moral, es decir capacidad de pensar con su propia cabeza y de escoger el sistema de valores que corresponde a las aspiraciones más profundas de cada uno; autonomía, por supuesto, política, expresada en las organizaciones populares, sociales y políticas; autonomía económica en formas de autogestión y de cooperativas”…“El papel de la vanguardia puede ser el de dirigir desde arriba las luchas, elaborando los proyectos, tomando las decisiones fundamentales, bajando sus orientaciones al pueblo y limitándose a buscar su consenso; o puede ser el de promover la iniciativa del pueblo, estimulando su búsqueda, su reflexión colectiva, su investigación participativa, respetando la autonomía de las distintas instancias de poder popular” Giulio Girardi (1).

En Educación Popular decidimos tomar partido por el pueblo como sujeto, el sujeto popular en un largo proceso de emancipación y resistencia (Rebellato). Camino superador, complejo y dialéctico.

Pero debemos advertir que “no jugamos a ganar” para salir de la marginalidad, porque no jugamos del lado de los “favoritos” vencedores de la historia sino del lado de los vencidos de hoy. No jugamos a ganar, sino a ganar-perder-ganar…, y estamos dispuestos a una nueva Redota, si la misma implica ganar la dignidad que somos, o la dignidad que pueda quedar en la idea de política que conservaremos en una nueva síntesis.

Para esa “nueva” (vieja-nueva…) política educamos al pueblo, nos auto-educamos como sujeto popular en movimiento constante, caminando por las rayadas huellas de la historia.

Esta idea de una síntesis política y educativa en constante superación puede ser (y de hecho es) pasto para las fieras posmodernas del análisis del discurso y la retórica. Muy a tono en cualquier clase media intelectual de cualquier metrópoli latinoamericana, formadora a su vez de la tecnocracia que nos gobierna y “nos educa”. En la pedagogía nacional también el snob ha sido la regla, mientras que los problemas del Sistema Educativo mantienen tendencias invariables desde la época de la CIDE (2) (por ejemplo, en enseñanza media superior). Una pedagogía de espaldas a la educación, muda-enmudecida ante la política, sin horizonte.

Pero ¿con qué herramientas contamos para avanzar? Nos enseñaron que la construcción del sujeto popular se basa en arribar a una síntesis que referencia al conjunto pero: ¿cómo? ¿Representamos las iniciativas populares o generamos espacios para el protagonismo popular directo?

El vino nuevo en odres nuevos. Para nosotros la lucha social vale en sí misma, no precisa que alguien la represente, porque se puede presentar ella misma y disputar poder. Para la política partidaria convencional la lucha social es incompleta, requiere de la polea del partido. Por eso comprender la diferencia entre el momento de coincidencia y de divergencia de las valoraciones de las luchas sociales nos puede ayudar a trazar una estrategia política que no le llene las bodegas a “un partido de representantes” que sintetizan y se alimentan de las luchas sociales que representan, pero que terminan fagocitados por el sistema, sin espacios de autonomía política.

Lo otro ya es conocido: el perfilismo, la retórica, etc. Educar a “nuestros representantes” es lo que hemos tratado de hacer como pueblo, haciéndole el caldo gordo a… el progresismo. Básicamente nuestros antecesores le dieron la oportunidad al Frente, que “representaba” a un movimiento popular ausente en el sistema político. Pero a nuestros descendientes deberíamos dejarles el botón de muestra que como generación la historia nos exige.

Quizás el Frente Amplio se esté acercando a lo que implicó en el país vecino el “peronismo”: en constituirse la oposición y el oficialismo a la vez (ser en sí mismo un “sistema de partidos”) y en domesticar a las expresiones organizadas de la sociedad civil.

Pero igualmente bajo el progresismo ¿no les parece que cuando luchamos y conquistamos la dignidad con independencia nos sentimos dueños de nuestro propio esfuerzo? Sin embargo no hemos sido capaces de hacer de nuestra independencia un espacio pedagógico, ni de acumulación de poder, corriendo el riesgo de alimentar la vieja mecánica política de la polea de transmisión.

Educar al sujeto colectivo que somos implica poner la independencia arriba de la mesa y hacer de ella un desafío, que acompañe nuestra pelea por un proyecto popular nacido, sentido y defendido desde abajo.

Este problema político-educativo (el de la auto-educación colectiva del sujeto popular) nos lleva a ser creativos en buscar otras combinaciones entre la dinámica instituyente e instituida, entre el contra-poder y el doble poder, entre lucha social y disputa política.

En este sentido, el economista y pedagogo brasileño Marcos Arruda enseñaba a fines del siglo pasado que hay dos factores que pueden explicar lo “terminal o no” de esta crisis del sistema: “el agravamiento de las las contradicciones del propio capitalismo” y la “capacidad creativa de los trabajadores” de “introducir nuevas formas de organización del trabajo, de la producción, el consumo, las finanzas, el comercio, el conocimiento y el poder político”. Cuando coincidan estos dos factores una gran transformación ocurrirá.

Para ese otro “futuro posible” me parece más acertado el Tambero que el Tropero de Buenaventura. Dice la “Experiencia” del Tambero que a veces no hay que cuidar la “punta” porque el pueblo se encarga. El pueblo es el estratega.

* Profesor de la Universidad de la República. Integrante del Movimiento por la Tierra.


Notas

(1) Giulio Girardi (1999): “Desafíos ético-políticos de la Educación popular en la Transición al siglo XXI”, IIPS-CENTROTAC, La Paz, Bolivia (p. 149)

(2) CIDE: Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (1960-1967)

Fuente: http://www.hemisferioizquierdo.uy/#!Educación-popular-y-lucha-social/nnsaa/5797dc1b0cf24688e1992a65

Imagen: Fragmento de «La maestra rural», Diego Rivera (1922-1923)

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Informe: Equidad para los Niños. Una Tabla Clasificatoria de la Desigualdad respecto al Bienestar Infantil en los Países Ricos

Fecha de Publicación: 2016

En este Report Card se describen las desigualdades en el bienestar infantil en 41 países de la Unión Europea (UE) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Se examina la desigualdad en el extremo inferior de la distribución, es decir, la brecha entre los niños que se sitúan en la parte baja y los que ocupan la posición media. Al mismo tiempo, se estudia hasta qué punto se deja que los niños se queden atrás en  términos de ingresos, educación, salud y satisfacción en la vida. En todos los países de la OCDE, el riesgo de caer en la pobreza era mayor para los ancianos, pero desde la década de 1980, el riesgo amenaza principalmente a los jóvenes. Esa evolución acentúa la necesidad de supervisar el bienestar de los niños más desfavorecidos —aunque la desigualdad de ingresos también tiene consecuencias de amplio alcance para la sociedad—, puesto que socava los logros académicos, los resultados sanitarios clave e incluso el crecimiento económico. El interés por instaurar la equidad y la justicia social obliga a determinar si la desigualdad que sufren algunos miembros de la sociedad es tal que afecta injustamente a su vida presente y futura. En este Report Card se plantea la misma pregunta básica que en el Report Card n.° 9, el cual se centraba en la desigualdad en el bienestar infantil, pero se emplean los datos disponibles más recientes y se abarca un mayor número de países.

Para descargar el informe:

https://www.unicef-irc.org/publications/832/

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Luchas contradictorias

Por Adan Morgan
Narrador: A. Adriana Gómez 
Ingresé a la Escuela Normal hace tres años. Siempre fui de las que he sido firme en mis decisiones, recuerdo que desde que tenía 10 años tenía el deseo de ser profesora. Mi madre, profesora de preescolar, siempre pretendió disuadirme para que eligiera otra profesión, su mayor temor eran las experiencias que ella estaba viviendo desde 2011 donde se hablaba de una reestructuración curricular y el impulso de una reforma educativa. A mí madre no le angustiaban los cambios, sino las malas frases y etiquetas que tanto los medios, como muchos sectores de la sociedad se encargaban de estigmatizar en contra de los profesores.
Fui testigo muda de las angustias de mi madre, hasta antes de la reforma y la persecución de las evaluaciones la encontraba siempre contenta preparando sus clases todas las noches, preparando materiales, haciendo recortes, entre otras actividades que la desvivían por sus niños. Podría decirles con toda honestidad que hubieron muchos días que mi madre con la intención de hacer lo mejor por los niños, dejaba de hacer lo que correspondía conmigo, su única hija. Y digo su única hija, porque después de que mi padre se fue de migrante a Estados Unidos, y un día recibimos la noticia de su fallecimiento; mi madre no ha decidido volver a casarse, ni vivir con otra pareja. Su amor lo volcó, desde entonces en mi y sus niños (de preescolar) como ella dice.
Aún con las angustias y temores de mi madre decidí ingresar a la Escuela Normal. Recuerdo que mi ingreso fue toda una odisea porque decidí estudiar en San Cristóbal de Las Casas, por lo que tenía que viajar desde la comunidad de la Gloria, municipio de Ocosingo, Chiapas. Mi Madre después de la noticia del fallecimiento de mi padre decidió que nos quedáramos a vivir en esa comunidad, porque ahí estaba su centro de trabajo. En mi caso siempre acompañado de mi madre estudie la primaria en el pueblo, la secundaria y la preparatoria en otra comunidad cercana a la Gloria. Para mí madre fue importante mi crecimiento en el pueblo de la Gloria, no quiso dejarme con mis abuelos, siempre me dijo que era importante que fuera consciente de alegrías, tristezas y dificultades que ella pasaba como profesora para brindarme las condiciones necesarias.
En san Cristóbal las cosas no fueron fáciles, porque para ingresar a la normal había que hacer muchas vueltas, muchos gastos y sobre todo lograr entrar compitiendo con la corrupción porque en esa normal hay un profesor que ofrece su servicios dando un curso para preparar alumnos y él forma parte de los aplicadores de exámenes, así que es juez y parte del proceso, por eso muchos de los que llevan el curso con él tienen segura la entrada. Por eso fueron dos ocasiones que intenté ingresar, en la última ocasión fui aceptada en el lugar 34 de 40 matrículas que se ofertaron.
Ya en la Escuela Normal los discursos florecen en cada parte, estaba ilusionada con las clases, las asesorías, las posturas, la información que ahí discutíamos de 3 de la tarde a 10 de la noche. Al concluir mis clases me disponía hacer mis tareas por las noches. En el barrio de Tlaxcala recuerdo que entre varias compañeras logramos rentar un cuarto donde instalamos dos literas y entre las cuatro pagamos el cuarto e instalamos lo necesario para nuestros alimentos y los recursos necesarios para sobrellevar los estudios.
Recuerdo las palabras de las compañeras emocionadas con el discurso de profesoras y profesores. Por las noches nos gustaba hablar de autores destacados que se habían discutido en las clases como I. Ilich, P. Freire, A. Gramsci, Giroux, entre otros tantos pensadores que han cuestionado el sistema educativo utilitarista y capitalista. Nuestra formación teórica se hacía cada vez más aguda con el movimiento que se comenzaba a gestar en las Escuelas Normales en Chiapas con nuestra gloriosa y combativa Coordinadora de Estudiantes Normalistas del Estado de Chiapas (CENECH).
La experiencia en el movimiento había rebasado todas mis expectativas, todos los temores y angustias que pasaba mi madre como profesora se habían convertido en mi bandera de lucha. Mi madre estaba convencida que la educación no podía reducirse a estándares, que la calidad no podía medirse con un examen, mucho menos pensar que todo podía reducirse a lo laboral. Por eso siempre me dijo que la escuela debía promover que los niños fueran felices, no cargarlos de más contenidos, dejar de ver a las escuelas como fábricas que producen personas para que sean productivos laboralmente. Los niños necesitan más espacio para ser felices y desenvolverse como niños.
Esa fue mi consigna cuando pidieron nuestro consentimiento para participar en el paro de actividades. Nuestros compañeros organizadores en una reunión con todos los grupos de la Escuela Normal sometieron a consenso nuestra participación. La decisión fue unánime, todos emocionados decidimos integrarnos a la lucha magisterial, como estudiantes nos sumaríamos a la CENECH para hacer desde ahí nuestras peticiones y participar en todos los movimientos y actividades que propusieran.
La mayoría de estudiantes estábamos emocionados con la decisión, de inmediato cada grupo se organizó para hacer las guardias, formas de participación y la manera de hacerse de recursos para sostenerse en el paro magisterial.
También observamos que los profesores de la Escuela Normal se estaban organizando. Nos emocionaba saber que nuestras profesoras y profesores, los mismos que con sus discursos comentaban y discutían en los salones se incluían en la lucha, eso hacía hasta ese momento coherente el discurso con la práctica. Nos llenaba de orgullo saber que lucharíamos codo a codo con nuestros profesorxs de la Escuela Normal.
Pero las luchas discursivas son contradictorias, porque hay muchos profesorxs que en el momento de dar sus clases se desgarran las vestiduras contra el sistema, pero en el momento de hacer las cosas, de enfrentarse, de luchar, de protestar, de salir a las calles; simplemente brillan por su ausencia.
A poco más dedos meses y medio nos damos cuenta que el discurso y la práctica no son coincidentes. Nos observamos entre compañerxs alumnxs en el campamento y en las actividades que realizamos y siempre estamos los mismos, buscamos entre las multitudes a nuestros profesorxs de la Escuela Normal sin tener éxito, hemos visitado un campamento que instalaron en el parque central y la carpa que se instaló parece derrumbarse, nadie ha visitado el lugar desde hace varios días. Pareciera como si el fantasma del pueblo de Luvina de Rulfo corroe y rasga la lona que dejaron. ¿Acaso decidieron ir a disfrutar sus vacaciones mientras los alumno seguimos luchando y resistiendo? ¿Qué pasa con la delegación sindical de nuestra institución y su flamante secretario general quienes afirman ser combativos?
¿Cómo creer en nuestros profesorxs «críticos» y sus discursos, si en el momento de luchar y poner el ejemplo solo brillan por su ausencia?
No tenemos las preguntas concretas, solo muchas dudas, decepción y coraje; porque los profesorxs de las Escuelas Normales en Chiapas deberían de ser ejemplo de lucha; ser ejemplo para sus alumnos; deberían tener una propuesta concreta en el pliego petitorio para fortalecer las Escuelas Normales.
Las luchas son contradictorias, desiguales e injustas. Lo digo como alumna, como hija, como ciudadana. La escuela, la formación no sólo está en los libros y en la teoría, también está en el ejemplo constante resistiendo y luchando no sólo en las aulas, sino también en las calles.
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Proyecto educativo, organización popular

Lev Moujahid Velázquez Barriga*

La ausencia de la SEP y delINEE en el foro Hacia la construcción del proyecto de educación democrática, organizado por la CNTE, en el que se habían comprometido a debatir y construir las bases mínimas para una Evaluación educativa integral, dejó ver que su propuesta punitiva es indefendible de manera abierta, pública y transparente.

Los altos funcionarios del Estado mexicano, acostumbrados a falsas consultas predeterminadas por los mandatos empresariales, al vasallaje político del SNTE y además hechas a puerta cerrada, no quisieron arriesgar la obediencia siempre selectiva de sus foros, para enfrentar la inteligencia colectiva de los maestros, los investigadores y ciudadanos informados.

Sin embargo, mientras el gobierno federal se negaba a dialogar, un día después Aurelio Nuño se encaminaba a Coalcomán, Michoacán, para entregar una escuela pública a un organismo tan cuestionado por sus constantes violaciones a los derechos humanos, como es el Ejército, y no a la comunidad o a los maestros, quienes deberían ser realmente los guardas y promotores de la cultura nacional.

Por su parte, la SCJN también contribuyó a cancelar cualquier posibilidad de una propuesta evaluativa integral, respetuosa del derecho humano al trabajo. Su reciente fallo contra los docentes no hace más que confirmar lo que sistemáticamente ha negado la autoridad educativa: que la evaluación sí es la antesala para despedir y sí es retroactiva en perjuicio de los maestros en activo.

La triada SEP-INEE-SCJN deja de manifiesto que no hay espíritu republicano en sus malas decisiones, no existe en ellos la mínima integridad, equilibrio, independencia ni autonomía política para representar los intereses mayoritarios de los ciudadanos y separarlos del interés privado de las corporaciones económicas, que hoy demandan, con rabiosa insistencia, el uso de la violencia física, laboral y administrativa contra el magisterio.

En medio de esta falta de credibilidad, legitimidad y representatividad de las instituciones públicas del Estado mexicano, el foro nacional Hacia la construcción del proyecto de educación democrática adquiere dimensiones y posibilidades de amplio espectro, que apuntan a nuevos desafíos para la coordinadora.

La CNTE no sólo fue capaz de convocar ampliamente a un espacio de diálogo incluyente y plural, en el que se desnudó ante la diversidad de representaciones para mostrar las fortalezas y debilidades de su proyecto educativo, imperfecto, pero abierto a transformarse y fortalecerse con las múltiples voces del pueblo mexicano desde hace 20 años.

Además, generó una importante expectativa, según expresaron los asistentes, para posicionarse como ente articulador de las luchas sociales, de la disputa por la educación pública en el terreno físico e ideológico de las escuelas, pero también por la conducción de la nación que hoy está en manos de una élite neocolonial, cuyas reformas neoliberales implican el desarme de la soberanía política y cultural de los pueblos indígenas, mestizos y desposeídos de México.

La coordinadora está obligada a construir, sí, la otra escuela pública, la que forma en la conciencia crítica, la del currículo para la insurgencia ciudadana, que se evalúa integral y horizontalmente, pero no debe soslayar esta coyuntura política de debilidad orgánica para el Estado y de fortaleza para el movimiento social, en la cual es posible que de forma paralela se vayan sentando la bases para una nueva institucionalidad de carácter popular.

La ruta de nuevos foros abre horizontes a favor para concluir una primera etapa organizativa que instituya al Congreso Nacional de Educación como el órgano de poder popular responsable de diseñar y orientar la política educativa, cultural y para el buen vivir, desde la soberanía y la legítima autonomía del pueblo mexicano, para autoproclamar un nuevo sentido histórico cuya raíz ha crecido de manera opuesta al proceso destructivo del capitalismo y su modernidad patriarcal, racista, ecocida y epistemicida.

Se trata de un camino que se recorre también desde abajo, al que los maestros de la CNTE deben contribuir, para que la autonomía como poder horizontal y comunitario se viva y se construya también desde la escuela. La verticalidad, el burocratismo y el control educativo que se ejerce a través de los consejos técnicos escolares y los consejos de participación social, son motivo suficiente para generar ahí procesos ocupacionales de la escuela con nuevos actores que habían sido excluidos, nuevas pedagogías emancipadoras, así como proyectos culturales, tecnológicos, económicos, formativos y organizativos que transciendan los cercos perimetrales, abran los centros escolares a las necesidades comunitarias y su desarrollo endógeno.

No estoy inventando nada. Los Congresos Populares de Educación ya se han impulsado en este sentido en varias secciones del magisterio democrático, las experiencias comunitarias existen de forma embrionaria, unas veces a iniciativa de la CNTE en comunidades no indígenas y barrios urbano populares de zonas marginales; otras acompañando a los pueblos originarios, pero que en esta etapa de la lucha magisterial se pueden potenciar y ampliar, toda vez que 120 mil campesinos del país dieron su respaldo a la coordinadora para detener la reforma educativa en sus poblaciones de origen e infinidad de movimientos sociales y sindicales también están a la espera del siguiente paso organizativo.

Fuente del Artículo:

http://www.jornada.unam.mx/2016/08/13/opinion/019a2pol

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