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Cuestiono y rechazo la idea de los aprendizajes mínimos, con o sin pandemia

Por: Rosa Guadalupe Mendoza Zuany

Cuestiono y rechazo la idea de que los aprendizajes mínimos para la niñez, con o sin pandemia, sólo tengan que referirse a las matemáticas y el español. Desde antes de la pandemia mis hijas empezaron a notar por sí mismas esta tendencia en su propio proceso de aprendizaje en la escuela. No están satisfechas ni conformes. Ni yo, como madre e investigadora educativa. Las expectativas de la niñez van mucho más allá. Su derecho va más allá. Son conclusiones del fin del ciclo escolar.

El adelgazamiento del currículum está en boga. Circula la idea de que hay que centrarse en lograr y medir aprendizajes relacionados con el pensamiento matemático, con el lenguaje y la comunicación, y que esto permitirá detonar otros aprendizajes. Pero, ¿cómo la escuela mediará y propiciará que esos “otros” aprendizajes se desarrollen? Esta narrativa de que se aprenda “lo mínimo indispensable”, y más en tiempos de pandemia, atenta contra el derecho a la educación y vulnera las expectativas y los intereses de la niñez sobre su propio proceso de aprendizaje y el conocimiento del mundo. Las decisiones que se han tomado sobre qué es importante aprender obedecen a una lógica: que busca economizar y limitar lo que se aprende; que busca que se aprenda lo que se presenta como útil para una inserción laboral temprana, que favorezca un statu quo injusto y un nulo cuestionamiento de nuestro modelo económico;

que anula a la escuela como espacio de aprendizajes que conectan preocupaciones, conocimientos y prácticas locales como los que se plantean en un currículum más amplio que el efectivamente implementado;

que reduce las posibilidades de que la escuela sea un espacio de reflexión y detonadora de cambios necesarios para una vida justa y la transformación de nuestras formas de habitar el mundo;

que no considera y ni siquiera conoce las expectativas e intereses de niñas, niños y adolescentes, y que además desconoce su capacidad de asombro como motor para aprender.

La medición de los logros de aprendizaje se centra en estos mínimos que no satisfacen a quienes padecen esta visión reduccionista, vertical y limitante, y a su vez fortalece la idea de continuar reduciendo, imponiendo, limitando.

Nuestra experiencia como familia tanto en escuelas públicas como privadas nos ha permitido reflexionar qué aprendemos y para qué. Mi hija mayor hizo una lista de todo aquello que quiere aprender y no ha sido abordado en su escuela a lo largo de cinco años de tránsito por la primaria; al analizar su lista, observamos que asignaturas como ciencias naturales, geografía, historia, formación cívica y ética han estado casi borradas en su proceso educativo, y que cuando se abordan, es de forma superficial y sin lograrse aprendizajes significativos. Muchos de los aprendizajes que mi hija incluyó en su lista, se han desarrollado en casa y otros espacios; pero ella señala que en la escuela se pueden compartir, discutir, y así, formalizar su lugar y su relación con otros aprendizajes. Es su expectativa y su demanda.

Mi hija pequeña, a partir de su cambio de escuela de una privada a una pública, experimentó por primera vez – en tercer grado – la exploración de sus libros de texto, sobre todo los de las asignaturas olvidadas, y lo hizo con el acompañamiento de su maestra en sesiones en línea y para la realización de tareas. Fue un descubrimiento importante que no sugiere que recurramos a los libros de texto como fuente única o guía para el proceso de aprendizaje, sino que apunta a que a través de la exploración de los libros, mi hija se introdujo en una dimensión desconocida para niños y niñas que han vivido lo que las mías en sus escuelas: existen otras asignaturas, son todas interesantes e importantes, hay horizontes de conocimiento que queremos abordar en la escuela y no lo hemos hecho.

Esta reflexión es motor para lo que en el proyecto CARE a través de las progresiones de aprendizaje – desarrollado desde la Universidad Veracruzana en colaboración con docentes y escuelas – intentamos propiciar y analizar: un aprendizaje situado que sea detonante de transformaciones para la justicia social y ambiental desde una perspectiva que cuestiona las visiones coloniales, neoliberales y patriarcales de la educación. Finalmente, estos límites impuestos a los aprendizajes de niñas, niños y jóvenes responden a esa visión colonial que dicta qué aprender desde posiciones de poder heredadas y mantenidas en las instituciones educativas de todos los niveles, a esa visión neoliberal que concibe la escuela como productora de mano de obra que no cuestione ni transforme, y a esa visión patriarcal que ha intentado dejado atrás a las niñas y las jóvenes y las mujeres en general y ha vulnerado sus posibilidades de aprender y de posicionar sus conocimientos a la par de los generados por los hombres.

Por ello, consideramos importante trabajar para cuestionar y derribar límites en los aprendizajes. Los aprendizajes a los que las niñas y los niños tienen derecho son ilimitados, deben ser situados, expansivos y transgresores de un statu quo que sostiene la injusticia y la inequidad. Para ello, es fundamental la colaboración entre escuelas, comunidades y familias para lograr aprendizajes más allá de los que ahora se plantean como relevantes. Es importante posicionar los conocimientos y prácticas locales y también a todos esos conocimientos desplazados por la lógica arriba descrita. La escuela no puede sola, nos necesita, necesita que expresemos nuestras expectativas – las de las niñas, los niños, los y las jóvenes, las familias, las comunidades – y que contribuyamos a que se cumplan.

Fuente de la información:  https://www.educacionfutura.org

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Las trabajadoras y su organización

Por: Cristina González Vítores

Decía la revolucionaria Alexandra Kollontai que no hay que hablar de la existencia de ningún problema de la mujer especial, ya que la sociedad burguesa oprime a la mujer por ser parte de esa gran contradicción entre el capital y el trabajo.

Y es esa contradicción en particular, sumada a la falta de derechos generales a lo largo de la historia de las mujeres, lo que desembocará en la aparición de un nuevo fenómeno verdaderamente importante: el movimiento general femenino. Un movimiento que desde el principio ya se dividirá en dos grandes bloques: el movimiento femenino burgués y el movimiento femenino obrero.

Y esta división se viene dando desde el principio. Mientras que el movimiento femenino burgués, que luego desembocará en diferentes fracciones feministas, ha venido defendiendo los intereses de las propias mujeres de la burguesía, a pesar de propugnar que ellas luchan por todas las mujeres. Y nada más lejos de la realidad: lo que de verdad han provocado ha sido un conflicto entre sexos, contraponiendo a hombres y mujeres, convirtiendo su lucha en una cuestión de sexos y no de clases.

En cambio, el movimiento femenino de la clase obrera siempre ha tenido claro cuál es su lucha: la emancipación de las trabajadoras ligado íntimamente a la lucha de clases. Desvincular la lucha general de clases de la lucha particular de la emancipación de las trabajadoras conlleva legitimar las relaciones capitalistas de producción, puesto que exoneramos al sistema capitalista de las condiciones en las que vivimos la clase obrera y afirmamos que solo con cambios legislativos, parciales y superficiales podremos llegar a la anhelada liberación de la mujer obrera y de la clase trabajadora.

Pensar que hoy en día es posible una alianza interclasista en nombre de la “igualdad” no es más que una ilusión. Pensar que las mujeres somos un grupo homogéneo por el simple hecho de ser mujeres es no ser consciente de la realidad que nos rodea. Pensar que es necesario organizarnos como mujeres sin tener en cuenta a qué clase social pertenecemos, es correr el peligro de perder derechos que hemos conquistado como trabajadoras hace años.

Si algo nos ha enseñado la historia es que cuando las trabajadoras se han unido en su propia organización han conseguido todo tipo de derechos: desde poder trabajar en cualquier profesión sin ningún tipo de tutela hasta sus derechos sexuales y reproductivos más básicos.

El sistema capitalista está lleno de contradicciones, y una de las más importantes es la propia situación de la mujer: les servimos para la producción, nos integran en ella, pero seguimos teniendo en nuestras espaldas la mayor carga de las tareas reproductivas y de cuidados.

Sin la necesaria socialización de esas tareas, la emancipación de las trabajadoras no va a llegar nunca. Pero además debemos tener claro que sin la organización de las mujeres de la clase obrera por la eliminación del sistema capitalista, no será posible esa socialización. Es la pescadilla que se muerde la cola: sin organización no hay emancipación de la mujer; y sin emancipación de la mujer no hay una nueva sociedad posible.

Por ello es tan necesario unirnos bajo una sola bandera, la de nuestra clase, y dejar de lado luchas y batallas ajenas. Empecemos con nuestra organización para conseguir esa sociedad a la que aspiramos, la del hombre y la mujer nueva, donde no haya ni explotados ni explotadores; en definitiva, ese país que la clase obrera necesita.

Fuente de la información e imagen: https://nuevarevolucion.es

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Honestidad intelectual

Por: Manuel Gil Antón

 

Comparto un cuento que escribí ayer. Es muy breve: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí. Me quedó precioso, ¿no les parece? ¿Qué? ¿Por qué tanto barullo? Bien que escucho lo que dicen, envidiosos, pero están equivocados. ¿Cuál plagio? ¿Es a Monterroso al que atribuyen la originalidad de mi cuento? Sí, uno de ellos se parece al mío; incluiré su nombre en la bibliografía de mis obras excelsas reunidas, pero no es igual. Fíjense bien: él escribió: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. En mi obra no dice allí, sino ahí. Es nítida la diferencia. Desmentiré las calumnias e infamias orientadas a manchar mi buen nombre.

Es absurdo este relato. Pero en el fondo es lo que sucede en el caso del Dr. Gertz Manero, Fiscal General de la República e integrante del Sistema Nacional de Investigadores, ubicado en el Nivel III, casi el más alto en la escala de las distinciones que este programa otorga, pues en la cima están los eméritos. Pronto, si las cosas marchan como van, estará en el siguiente escalón. No faltaba más.

Guillermo Sheridan en su columna del 6 de julio del 2021 en estas páginas, aporta pruebas contundentes sobre la apropiación de la obra de otros autores, por parte de Gertz Manero, en una biografía de Guillermo Prieto que presume y firma como propia, y forma parte de su vasta obra como investigador. Por su claridad, me permito reproducir, con el crédito debido, el cotejo de Sheridan entre un párrafo del texto original del historiador Malcom D. McLean (publicado siete años antes) con el de Gertz:

Párrafo de McLean: “Después de tal demostración, el lector comprenderá que Prieto ganó sin embarazo las elecciones para diputado ante el decimosexto Congreso Constitucional. Lo reeligieron también para el decimoséptimo en compañía de su hijo Manuel G. Prieto” (p. 50). Párrafo de Gertz: “Con tal demostración, Prieto ganó sin embarazo alguno las elecciones para diputado en el Decimosexto Congreso; y lo reeligieron para el decimoséptimo en compañía de su hijo Manuel G. Prieto” (p. 41).

¿Idéntico? No. Como tampoco lo es mi ejemplo sobre Monterroso. Mas, ¿alguien puede dudar que este párrafo del fiscal —que en “su” libro no tiene las comillas que indican que está citando ni alguna referencia a McLean— constituye la apropiación del texto de otro? La RAE define al plagio como “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias” y añade que es “la acción de una persona para engañar a otra, exponiendo que sus ideas son originales.” Otra fuente indica que: “es usar el trabajo, las ideas, o las palabras de otra persona como si fueran propias, sin acreditar de manera explícita de donde proviene la información, y también lo es parafrasear de forma inaceptable un texto o una idea, sin citar su autor” (ver: página electrónica de la Universidad del País Vasco).

Habrá, sin duda, argumentos para descartar el caso porque en la legislación mexicana no hay una referencia explícita a estas conductas con el nombre de plagio. Será el sereno: estamos frente a evidencia sólida de un acto de deshonestidad intelectual que requiere una indagación oficial por parte de las autoridades del CONACyT y, en su caso, la sanción correspondiente.

El valor que está en entredicho, la decencia, es parte fundamental de la vida y de cualquier trabajo. Es un imperativo ético proceder a lo establecido en las normas que nos rigen. Las políticas para conducir la investigación científica y humanística son debatibles. Eso es normal y válido. Sus bases éticas no.

Fuente de la información e imagen:  https://www.educacionfutura.org

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Mis profesores muertos

Por: Ignacio Irazuzta


Aunque con incertidumbre, las instituciones educativas se están preparando para el regreso a las aulas luego de casi año y medio de educación virtual. La posible y menguada presencialidad para el nuevo año escolar ha reactivado el arsenal de capacitaciones pedagógicas que ahora, en el previsible futuro del regreso a las aulas, se reafirma en el presupuesto de un alumnado emocionalmente frágil y en la entrega al mundo cada día más avasallante de las tecnologías educativas. No es cosa nueva. Como en otros tantos asuntos, la pandemia ha venido a acelerar y por tanto reforzar lo previamente existente bajo un aparente manto cambio radical y, en esa revulsiva reaparición sobreexcitada de las nuevas pedagogías, se activa también el debate entre lo nuevo y lo viejo en la enseñanza universitaria; entre una universidad como la actual, entregada a la formación de sujetos para la sociedad de mercado y otra, menguante y acallada, que se quería crítica, reflexiva y autónoma a la vez que colectivista en su imaginario de proyección social.

Lo que en este texto presento no es una disertación desde mi campo de especialidad, sino una reflexión desde mi experiencia nativa de profesor universitario, seguramente sesgada por un exceso de proximidad al objeto de análisis, pero también atemperada por el sentir y el decir de colegas de mi universidad y de otras. Mi reflexión, entonces, se mueve entre dos tipos ideales de docencia universitaria que, simplificando, intentan explicar la actual encrucijada.

El primero de estos tipos, que describe el momento actual, está hecho de educación por competencias, innovación educativa e imperativos de realidad social -que no es más que realidad de mercado- como principios y guía de la labor docente. El otro, asociado al pasado, pero con algunos “resabios” actuales que las huestes pedagógicas del presente combaten con ahínco, es el de la docencia del contenido y la preeminencia cartesiana de la duda. Al primero lo llamo el tipo actual; al segundo el de mis profesores muertos. El tipo actual carga con el peso del quehacer cotidiano de los cursos de capacitación sobre el “valor de la educación para la sociedad del futuro” y las prescripciones de las nuevas tecnologías educativas; el de mis profesores muertos con los esquemas de pensamiento guiados por el principio de la crítica hacia la arbitrariedad cultural y unas prácticas docentes cavilantes entre el orden establecido y las posibilidades de cambio social radical.

La marca de este último tipo, el de mis profesores muertos, me inclina a ser más incisivo en la caracterización del tipo actual, así que a ello voy.

El mundo de las nuevas tecnologías educativas. Imagen tomada de Internet

La universidad de la innovación educativa concibe al sujeto desde cero, al punto que parece no reconocer su trayecto formativo previo. El mandato de la economía de mercado y la competitividad, con su pregonado valor de la disrupción como requisito de innovación y emprendizaje requiere de individuos sometidos a las condiciones de un saber hacer que sobrepasa los saberes disponibles, que si los si los considera necesarios han de presentarse des-disciplinados y al servicio de problemas definidos desde la empresa. El “aprender a aprender” como competencia fundamental compite con la formación previa del sujeto y socava la función igualadora y de reproducción social asociada tradicionalmente a la escuela. Sumado a ello, como acompasando ese cometido, las nuevas tecnologías educativas que promueven el gamification como método de aprendizaje dan como resultado una infantilización de unos sujetos que son legalmente mayores de edad y que, por ello, se los supone con una capacidad de juicio sobre la sociedad ejercida mediante el derecho al voto.

En cambio, el tipo ideal de mis profesores muertos es, quizá más por sus anhelos que por sus resultados, el de la docencia de la autonomía. Fundado en los principios de la libertad de cátedra del profesorado, de un alumnado adulto y por ello autónomo y facultado en la tradición de disciplinas de conocimiento que sostiene una educación de contenidos, la docencia de este tipo tiende a relegar la pedagogía a la formación previa del sujeto.

Imagen de la Universidad de Córdoba cuando la Reforma Universitaria de 1918. Tomada de Internet

Desde la perspectiva del tipo de mis profesores muertos, el de la educación actual es un modelo heterónomo en tanto que delega la formación del estudiante al supuesto libre juego de las reglas del mercado. En efecto, detrás del empoderamiento y empresarialización del sujeto del tipo actual reside una profunda heteronomía. En este tipo el individuo estaría dominado por el presente y, si acaso él habla de cambio -que lo hace, y con insistencia-, es el cambio que toma por asalto, propio de un entorno que el individuo no controla y al que debe adaptarse.

Es cierto que una defensa a ultranza de los viejos valores de la docencia universitaria corre el riesgo de posicionarnos en un lugar políticamente conservador, pero pensando en las ciencias en las que me desempeño, las sociales, no puedo abandonar algunos de los principios en los que me formaron mis profesores. Principalmente en los que orientan su desempeño hacia la crítica más que hacia el hacer, o hacia el hacer como una forma de crítica. Con base en ello, pienso, por ejemplo, en que si la ciencia política abandonara su empeño en el hacer políticas públicas para pasar a ejercer verdaderamente esa función crítica, ganaríamos seguramente en democracia que, como bien lo dijo Castoriadis[1], es aquella forma de vida política que ocurre cuando las sociedades y sus individuos trascienden la heteronomía y ganan en autonomía.

Como sea, entre un tipo ideal y otro, como entre la distancia generacional entre profesores y alumnes, seguramente se esté gestando algo que pasa ahora para mí desapercibido. Quizá lo dicho no sea más que un anhelo de ser para mis estudiantes en el futuro su profesor muerto, como lo son hoy para mí Horacio y Alfonso. Después de todo, de ellos aprendí ese empeño de lucha continua que busca cuestionar y modificar la misma estructura de la que el homo academicus[2] forma parte, es decir, la propia universidad, tan mermada hoy de autonomía como la misma sociedad.



[1] Castoriadis, C., Los dominios del hombre, las encrucijadas del laberinto, Barcelona: Gedisa, 1986.

[2] Bourdieu, P., Homo academicus, Madrid: Siglo XXI, 2008.

 

Fuente de la información e imagen: https://academicxsmty43.blog/

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Cómo exprimir una vida universitaria que va mucho más allá de las aulas

Por: Belén Rodrigo

Una formación no es completa si se ciñe a los límites de las facultades y se olvidan las posibilidades paralelas de crecimiento personal y profesional

El inicio de la carrera universitaria es también el comienzo de una de las mejores etapas para los jóvenes. Un periodo en el que los estudios son solo una parte de la gran oferta que existe en el entorno universitario. Son años que cada alumno vive de forma muy distinta, cerca o lejos del hogar, pero a veces están alejados de todo lo que no ocurra en su facultad. «La universidad es libertad, los alumnos deben disfrutar estos años, conocer gente, hacer todo tipo de actividades», comienza por señalar David Berna, antropólogo social, profesor en la UCM y asesor en el vicerrectorado de Estudiantes de la UCM. Desde las universidades se está haciendo un gran esfuerzo para divulgar todo tipo de actividades porque consideran que además de una experiencia enriquecedora son una parte importante en su currículo de cara a su futuro laboral. Generalmente los alumnos no son conscientes de todo lo que tienen a su alcance. «Viven un poco en facultades, en micromundos y dan demasiada importancia, desde que empiezan, a su futuro. Viven con ansiedad», añade el docente. Son varios los aspectos a tener en cuenta para aprovechar al máximo la vida universitaria.

Aprender a querer lo que se estudia

Después de un año muy preocupados por las notas, es el momento de cambiar el chip. «Tienen que pensar que lo que van a aprender forma parte de su vida y deben buscar la forma de querer lo que estudian. La universidad es mucho más que una nota», recuerda Berna. Si la elección no ha sido la correcta, hay posibilidad de cambiar. No se debe ver como algo negativo, ya que proporciona conocimientos de gran valor y un grado de experiencia que otros estudiantes no tienen.

Ir mucho más allá del currículo

Grupos de teatro, banda, coros, equipos deportivos, lectura, debate, idiomas… La oferta de actividades es muy grande en la universidad y normalmente a buenos precios. «La universidad es vida, en general vengamos de donde sea, descubres el mundo y hay que aprovecharlo. Son mayores de edad y tienen esa libertad de hacer mil cosas que les aparezca, disfrutar también del tiempo de ocio», indica el antropólogo social.

Men sana in corpore sano

Las universidades cuentan con muy buenas instalaciones deportivas como piscinas y gimnasios a precios económicos. Además, hay equipos universitarios de distintos deportes y modalidades, a nivel individual y en equipo, e incluso competiciones deportivas.

Derribar todas las fronteras

A lo largo de la carrera los estudiantes van a tener numerosas oportunidades para apuntarse a estancias en el extranjero. No solo las conocidas becas Erasmus sino también otros programas que permiten la salida de los jóvenes en periodos de distinta duración y que es igualmente una gran experiencia de vida y aprendizaje.

Mucho mejor en compañía

La parte asociativa cobra mucha importancia en la universidad, donde existen asociaciones de todo tipo. «Es bueno para los estudiantes que se asocien, son espacios donde encuentran sus iguales y conocen más gente», señala David Berna.

La experiencia de los colegios mayores

Además de una posibilidad de alojamiento, un colegio mayor es una forma de participación activa en la vida universitaria. La Asociación de Colegios Mayores de Madrid reúne 40 colegios que agrupan a 7.000 universitarios y 1.000 trabajadores, con un equipo educativo formado por 120 personas. «La universidad no es solo ir a clase, todo lo que se genera alrededor es una experiencia vital», Gabriel Beltran, director de la asociación. «En la empresa lo que van a pedir no es la nota que tienes sino en qué te has formado», añade.

Saber defender las ideas propias

No es algo exclusivo de los colegios mayores pero sí es cierto que desde hace cerca de diez años se ha alcanzado un gran nivel en la competición de debates que se realiza en estos colegios. «El universitario debe saber defender sus ideas y casi todos los colegios hacen debate y también mediación», cuenta Beltrán. Ya en las universidades lo más habitual es encontrar estos grupos en las facultades de Ciencias Sociales y Humanas, e incluso se compite internacionalmente.

El diálogo con los profesores

La relación entre alumno y profesor universitario ha cambiado mucho, «es más directa, se dialoga más», señala el profesor de la UCM. Cree que hay una gran abertura por parte de los docentes, dispuestos a realizar tutorías en cualquier momento y a explicar todo aquello que no entiendan en clase. «Deben aprovechar esta accesibilidad, para intercambiar ideas y resolver dudas», añade.

Una defensa desconocida

Es habitual que se desconozca su existencia pero el Defensor Universitario es la figura encargada de velar por el respeto a los derechos y libertades de los profesores, personal investigador, estudiantes y personal de administración y servicios, ante las actuaciones de los diferentes órganos y servicios universitarios. «Si hay algo que quieran reclamar, el defensor universitario debe atenderles. Existen igualmente oficinas de atención a la diversidad», indica David Berna.

Fuente e imagen:  https://www.abc.es/

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Nuevo ciclo escolar sin plan de estudios de la Nueva Escuela Mexicana

Por: Abelardo Carro Nava

La SEP ha fallado en las propias fechas y acciones que ésta misma agendó al inicio de su gestión

Con la Reforma Integral a la Educación Básica (RIEB) implementada en preescolar en 2004, secundaria en 2006 y primaria en 2008, se dio vida a lo que el magisterio conoció como el Plan de Estudios 2011; no obstante, años después, este mismo magisterio transitó al tan renombrado modelo educativo y propuesta curricular Aprendizajes Clave para la Educación Integral justo a un año de que el gobierno peñanietista dejara Palacio Nacional.

El primero tenía como propósito que los estudiantes desarrollaran 5 competencias en los tres niveles educativos porque, según se dijo: “eran para toda la vida”. Su base, como pudimos conocer, estaba fincada en estándares que definían el perfil de egreso en razón de los aprendizajes esperados y organizados en lo que se definió como campos de formación, que no eran lo mismo que campos formativos, puesto que los de formación organizaban, regulaban y articulaban los espacios curriculares y, los formativos, eran los procesos de desarrollo infantil, mismos que constituían los cimientos de los aprendizajes más formales de los alumnos a lo largo de su trayecto escolar y, para ello, se establecieron 12 principios pedagógicos.

El segundo, como su nombre lo indica, consideraba que los estudiantes de educación básica requerían estar preparados para afrontar las demandas sociales y del conocimiento impuestas por el mundo actual. Al igual que en el Plan 2011, se contemplaba un perfil de egreso con ciertos rasgos deseables que deberían trabajarse para cumplirse. Su enfoque fue una cosa extraña que llegó a conocerse con el nombre de “competencial”, y cuya diferencia con el anterior fue que, mientras en el 2011 se especifica que las competencias eran el punto de partida para la generación de aprendizajes, en el 2017, dichas competencias se convirtieron en el punto de llegada o la “meta final”. Y bueno, tales concepciones dieron como resultado otra cosa extraña que recibió el título referido “Aprendizajes Clave”, esto, además de la configuración de las áreas de desarrollo personal y social, aunado a los ámbitos de autonomía curricular con 14 principios pedagógicos.

Con la llegada de una nueva administración al Gobierno Federal en 2018 y, por supuesto, a la Secretaría de Educación Pública (SEP), se dijo que se elaboraría un nuevo modelo educativo ¿otro modelo? fincado en otra cosa extraña que se denominó Nueva Escuela Mexicana y, para ello, se dio a conocer el proceso de construcción “colectiva” que tendría el “nuevo modelo” con su respectivo plan de estudios: a) de mayo a diciembre de 2019, evaluación del plan y los programas de estudios partiendo de las premisas qué fortalecer, qué eliminar y qué nuevos contenidos se incorporarían, y para ello se sugería un análisis técnico, valoración en campo y grupos de enfoque con maestras y maestros; b) de enero a marzo de 2020, versión preliminar del currículum, considerando un análisis con algún cuerpo directivo de la SEP, un consejo de expertos, un organismo coordinador del Sistema Nacional de Mejora Continua de la Educación; c) de abril a junio de 2020, versión final para discusión contemplando análisis con grupos de enfoque con maestras y maestros (general y por nivel); d) en julio de 2020, publicación del plan y programas de estudios en el Diario Oficial de la Federación; e) de julio 2020 a julio 2021, acciones preparatorias para la puesta en marcha del currículum con difusión, capacitación al magisterio y desarrollo, evaluación y selección de materiales educativos; f) en agosto de 2021, etapas de la puesta en marcha del currículo, consistentes en que durante el ciclo escolar 2021-2022, se implementaría de 1º a 3º de preescolar, 1º y 2º de primaria y 1º de secundaria para que, durante el ciclo escolar 2022-2023, se aplicara en toda la educación básica.

Proceso que a todas luces no se cumplió; es más, se desconocen los avances que la SEP pudiera tener sobre ello y eso que ya estamos a unas semanas de iniciar el ciclo escolar 2021-2022. Supongo, la pandemia también vino a “alterar” los trabajos que se desarrollarían para este propósito, pero, ¿era necesaria la presencialidad para dar continuidad a los mismos puesto que, como se señaló en el documento de ruta de construcción colectiva, se conformarían grupos de trabajo con diferentes actores?, ¿no acaso, por ejemplo, las maestras y los maestros, continuaron con su labor docente, misma que incluye, entre otras cuestiones, la realización de sus Consejos Técnicos a distancia? En fin, ¿cuál será la explicación que dará la SEP sobre este asunto?

Lo que se sabe sobre este tema, hasta el momento, es lo que se ha dado a conocer a través de, por ejemplo, el taller de capacitación denominado “Hacia una Nueva Escuela Mexicana” impartido a principios del ciclo escolar 2019-2020, y lo que algunos que otros colegas han escrito en diferentes espacios o medios de comunicación, pero nada más. Lo que sí fue un hecho es que, por instrucción Secretarial, se “suspendió” o “interrumpió” la aplicación del documento denominado Aprendizajes Clave en las escuelas para tomar como referente el de 2011 para el trabajo docente puesto que, según se digo, se tenía que transitar hacia otro modelo menos neoliberal para la generación de aprendizajes en los educandos y, por tal motivo, tendría que surgir como el Ave Fénix “La Nueva Escuela Mexica”.

Cosa curiosa resultó esa “suspensión” o interrupción” puesto que, en los procesos de admisión y promoción del magisterio de este año y que organizó desastrosamente la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM), sí fueron considerando ambos modelos o planes, tanto el de 2011 como el 2017 para valorar los conocimientos y aptitudes de los profesores ¿entonces? Un mar de contradicciones.

En resumidas cuentas, mi estimado lector, estamos en la antesala de un misterio más que en próximos días podría resolverse. La tan prometida revalorización del magisterio nada más no llega con este gobierno, pero lo más preocupante es, desde mi perspectiva, responder de qué manera se logrará la “excelencia” que fuertemente se impulsó para lograr la reforma a la mal llamada reforma educativa de 2013 si, en los hechos, la SEP ha fallado en las propias fechas y acciones que esta misma agendó al inicio de su gestión.

Con negritas:

Si usted revisa la Guía del Taller de Capacitación “Hacia una Nueva Escuela Mexicana” fechada en 2 de agosto de 2019, en el apartado denominado Presentación, párrafo tres se señala: Hoy, en el inicio del ciclo escolar 2019-2020, comenzaremos un ejercicio democrático y participativo para construir la Nueva Escuela Mexicana (NEM). La Secretaría de Educación Pública recibirá todas las propuestas y sugerencias sobre cómo debe ser esta nueva escuela, a través del sitio www.nuevaescuelamexicana.edu.mx; sin embargo, este sitio no está habilitado, es más, creo que nunca lo estuvo. ¿Democracia y participación entonces?

Así las cosas…

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Significado pedagógico de la expresión Regreso a Clases Presenciales

Por: Angel Díaz-Barriga

Estamos ante varios retos, uno es la afirmación «En agosto se regresará a clases presenciales». Tema que requiere un análisis en múltiples dimensiones: La laboral (el establecimiento de condiciones para los maestros, regularización de sus plazas, revisión de contratos temporales, reemplazo de la plazas docentes, etc; las condiciones físicas de las escuelas y sus posibilidades de contar con agua potable (jabón y satinizantes); la evolución de la llamada tercera ola de contagios y la eficacia de la vacunación (tema que toca más a las autoridades de salud); las pedagógicas (que en general se suelen olvidar).

Dedicaremos este planteamiento a analizar algunas de las implicaciones pedagógicas del llamado a regresar a clases presenciales para ello quisiera exponer algunos puntos relevantes que no se han mencionado o tomado en cuenta:

1) Lo que llaman regresar a clases presenciales no significa que la escuela que existía antes de la pandemia se vaya a restaurar, esa escuela ya no existirá. Asistirán a clases presenciales sólo un pequeño grupo de estudiantes de cada grupo escolar. Pensemos un grupo de 40 alumnos quizá puedan asistir un día 15 estudiantes del grupo, e incluso menos. Pero eso ¿qué significa? que 25 estudiantes no estarán en la escuela (se supone que en su casa acompañados por un adulto) (cuando además se está reestableciendo la dinámica económica); pero se supone algo más QUE RECIBIRÁN EDUCACIÓN HIBRIDA, sin tener claro que puede significar eso, en el fondo significa más trabajo para los docentes. Los maestros de grupo reconocen que antes de la pandemia se tenían que desdoblar entre la jornada que atendían presencialmente a sus estudiantes y todo el trabajo que se llevaban a casa (preparación de clases, preparación de materiales didácticos, revisión de cuadernos, tareas, calificaciones), ahora sin decirlo se supone que se tendrán que desdoblar en muchos más elementos: hacer una preparación para los estudiantes que tendrán en situación presencial. En el mejor de los casos un tercio de sus alumnos y pensar como dejar trabajos (quizá trabajar por proyectos) para los alumnos que permanecerán en sus hogares. Ojalá la SEP no insista en aprende en casa, que ha sido un fracaso, y deje que los docentes elaboren las propuestas de trabajo con sus alumnos;

2) Eso requiere no sólo modificar las estrategias didácticas para el trabajo con sus alumnos, sino también hacer una reestructuración curricular, para seleccionar los temas que consideren más relevantes. Esto va contra todo el pensamiento eficientista que circula en ciertos sectores de la sociedad, que están preocupados por recuperar el tiempo perdido, por reestablecer el logro de los aprendizajes previstos en los programas de estudio. La pandemia obligó a un vuelco en la escuela, hoy no se trabaja desde el programa o desde el plan de estudios (ni desde PISA) hoy se trabaja desde lo que se considera relevante para el aprendizaje de los alumnos, incluso desde la forma como la realidad se ha convertido en una fuente de aprendizaje para los niños y adolescentes. Enseñar matemáticas, física, historia, biología, español, etc se puede hacer dejando al plan de estudios de lado y atendiendo a los procesos que los niños y adolescentes están viviendo;

3) Esto reclama que la autoridad educativa empiece a definir cuáles son los aprendizajes sustantivos, los conocimientos básicos, los núcleos de aprendizaje que hay que fomentar en los alumnos, no para prepararlos para la prueba PISA o para la Prueba PLANEA, sino para prepararlos para la vida, esto implica reconocer que durante la pandemia no hay perdida de aprendizajes, sino que se generaron otros aprendizajes, no previstos curricularmente pero significativos para la vida de los alumnos. Esto significa cambiar la lógica escolar y reconocer la realidad como fuente de definición de contenidos curriculares, significa abandonar a la OCDE y dejarla que se quede con su concepto de ciudadanía global y emplear los recursos que se designan a esta institución insignia del neoliberalismo, a las necesidades de docentes y alumnos.

La diversidad y heterogeneidad de estudiantes y de sus condiciones materiales demanda diversidad y heterogeneidad de proyectos de trabajo escolares. Demanda reconocer lo que han hecho los docentes durante la pandemia, ellos son los que han sostenido al sistema escolar, construyendo la forma de trabajar con sus alumnos, a través del whatsapp, de hacer cuadernillos y fotocopiarlos, de ir a casa de los alumnos que han dejado de participar en el trabajo escolar. La diversidad del trabajo docente, ahora 24 X 7, en la que con responsabilidad y asumiendo el reto profesional de trabajar en condiciones no previstas llevaron adelante el trabajo escolar durante el ciclo 2020-2021, no es un problema de capacitar en uso de tecnología, ni de proporcionar los recursos abiertos que ofrece google, es un tema que reclama la existencia de un pensamiento didáctico que oriente el trabajo docente. REGRESAR A CLASES PRESENCIALES RECLAMA PENSAR EL RETO PEDAGOGICO DE TRABAJAR DESDE LA REALIDAD CON UN TERCIO DE ALUMNOS EN EL SALÓN DE CLASES Y DOS TERCIOS EN EL ESPACIO DE SU CASA, armar proyectos de trabajo y replantear contenidos es la tarea del ciclo 2021/2022

Fuente de la información e imagen: https://www.educacionfutura.org

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