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El Congreso Universitario de la Universidad Pedagógica Nacional: Un pasito pa’ delante, dos pasitos para atrás

Por: Miguel Ángel Pérez

Hace meses se dio a conocer el arranque formal de lo que se conoce como el Congreso Nacional Universitario (CNU) en el seno de la Universidad Pedagógica Nacional (U.P.N.), con una estructura nacional pensada para organizar y promover dicho congreso por Unidades y sub-sedes, estados, regiones e incluyendo la Unidad del Ajusco a la cual se le ha definido como la unidad central de la Universidad.

El congreso en cuestión ha caminado demasiado lento debido a la formalidad en sus reglas y al centralidad y exceso de atribuciones que ha tenido el Consejo Universitario de la Universidad, órgano facultado para cuidar de dicho proceso y que lo han cuidado tanto que el proceso camina despacio y con poca o pobre participación por parte de la comunidad universitaria.

Con tres grandes ejes programáticos:

  • Diagnostico institucional.
  • Definición de la figura jurídica y
  • Proyecto académico y de desarrollo institucional.

En estos momentos y después de haberse agotado el punto sobre el Diagnostico, la comunidad universitaria de una buena parte de la UPN a nivel nacional, comienza a adelantarse y a buscar consensos con respecto a la figura jurídica, perdón lo pondré así FIGURA JURIDICA debido a su importancia.

Como ya ha sido discutido y publicado por otros colegas, este CONGRESO es especialmente relevante, el cual se enmarca en un momento histórico relevante, nos coloca en una posición no solo de poder decidir el presente sino incluso el futuro de nuestra Universidad (aquí hablo en primera persona porque forma parte de la comunidad de esta Universidad pública).

Fundada en el mes de agosto de 1978, como organismo público desconcentrado del gobierno federal, con muchos logros y aciertos a lo largo de 40 años de historia, en estos momentos la comunidad de la UPN debe decidir sobre la base de una agenda y una serie de prioridades que se han ido acumulando con el paso del tiempo.

En la primera fase del Congreso, los resultados del diagnóstico por región y a nivel nacional demostraron las distintas carencias y las condiciones desfavorables bajo las cuales se encuentra la UPN a nivel nacional y algo sorprendente ha sido la pobre participación de los integrantes de la comunidad en la conformación de propuestas y en la integración de debates y discusiones informadas.

Al tener el año de 1992 como fecha clave para entender en un contexto global un poseso paulatino de perdida y de desprendimiento del proyecto nacional de la Universidad Pedagógica, en términos institucionales la Universidad se tornó en una losa pesada difícil de sostenerse desde el centro, no sólo en términos financieros, sino también operativos. Si bien la Universidad vivió su primera década con grandes apoyos, con el paso del tiempo pasamos a lo que le llano un descuido institucional tanto de adentro como de afuera de la propia UPN.

Las condiciones innequitativas en cuanto a recursos y apoyos, la contradicción insalvable en la relación Ajusco vs Unidades del país, dan cuenta de una Universidad fragmentada y segmentada en pequeñas parcelas. Hoy en día, el sistema de unidades en el país (se decía en los resultados del diagnóstico) se vive con los mismos recursos que hace 20 o 30 años, pero con un incremento incalculable en la incorporación de nuevas tareas, el incremento de asuntos de diversa naturaleza: la diversificacion de la oferta académica ha hecho que la UPN entre a un escenario de complejidad, pero bajo de implicación y el ninguneo institucional. Hace años los proceso de reclutamiento de nuevos docentes (concurso de oposición) y de recategorización o reclasificación para avanzar en la carrera académica eran regulares año con año, hoy en día sin justificación alguna vivimos en una constante nacional de inestabilidad en el empleo (la plantilla nacional da cuenta de que del 60 al 70% del personal docente labora bajo condiciones distintas a la basificación por falta de concurso y que muchos docentes ya dictaminados por la CAD, no pueden avanzar en el logro de categorías más altas en la carrera cadencia, debido a esta parálisis institucional que falta de los últimos años. Si bien este es un asunto laboral no es problema menor y afecta estructuralmente las condiciones de trabajo y la vida entera de las 76 unidades UPN en el país.

Bajo este marco, y bajo este contexto me surgen algunas preguntas:

¿De qué manera aprovechar este congreso universitario para fortalecer un proyecto nacional que atienda necesidades regionales y que beneficie a todas y todos?

¿Después de un largo y turbulento proceso de 40 años ahora a qué tipo de Universidad aspiramos y cómo pretendemos lograrlo con los recursos y las condiciones actuales?

¿Cómo resolver el asunto de los consensos y la legitimidad de los acuerdos de tal manera que este congreso se aproveche para avanzar estructuralmente, no para retroceder?

Al ser la UPN una universidad grande y diversa en pluralidad y en perspectivas. La diversidad de las propuestas es una de sus distinciones identitarias.  Desde hace años se ha arraigado una serie de grupos, bloques, agrupamientos, expresiones, corrientes, expresiones etc., que conforman iniciativas a académicas con un fondo ideológico por llamarlas de alguna manera al abanico de posibilidades que actualmente tenemos, ello nos coloca ante una realidad la cual no es posible ni negar ni tampoco evadir. Y el congreso está obligado a avanzar bajo esta realidad o a pesar e ella.

El tiempo para decidir el asunto de la figura jurídica ha comenzado su cuenta regresiva. En este sentido las posibilidades son varias: ¿autonomía, refundación, descentralización, desconcentración, el seguir igual, etc.? Y lo que se sume en este proceso. Sin embargo, el problema no sólo tiene que ver con el reconocimiento de identidades y pequeñas propuestas sino la forma en cómo vamos a abrir la discusión para lograr acuerdos, el problema no solo se decide a partir del sesgo institucional, no sólo se trata de pensar en lo que queremos, sino también en todo aquello que es viable, factible y lo que se espera (socialmente hablando) de una universidad nacional, temática y con una profunda tradición democrática.

Me parece que el primer punto sobre el que habría que consensuar es acerca de conservar el carácter nacional de la Universidad, pero también con un profundo respeto con respecto a las dinámicas y las necesidades regionales.

La nueva ley orgánica de la UPN por construirse, deberá ser lo sufrientemente clara que garantice definir no sólo lo que somos ahora (lo que es la UPN) sino también a lo que aspira, mantener los logros, el avance, definir necesidades del presente y una estrategia y ruta de acción que brinde claridad para el futuro inmediato.

El dilema consiste en pensar hacia dónde decidir en dónde colocarse. Si en el seno del mundo de las universidades (tipo ANUIES), con los beneficios de autonomía que ahí se tienen, pero también con la serie de limitantes sobre todo de corte financiero, o en el sub sistema de Normales (en la DGESPE), por el asunto de la formación en donde ya sabemos, la serie de limitantes que se viven sobre todo en los estados.

Esta contradicción no es poca cosa, por años hemos vivido una contradicción con distintos matices con el sub sistema de Normales. ¿a que aspiramos entonces, en dónde queremos estar?

Por lo tanto, las letras y los términos de la ley por escribirse deberán ser tan claros que no sólo resuelvan el problema del presente, sino que también contribuyan a prevenir los desafíos del futuro.

El reto al definir lo concerniente a la figura jurídica, es que se necesita que le soporte, sustento y legitimidad al marco de legalidad de la UPN de cara al futuro. Todo ello, no se podrá lograr, a partir de que una expresión (incluyo al Consejo Académico) se coloque por encima del resto, pero tampoco es posible pensar el tratar de acceder a una especie de eclecticismo en aras de avanzar. Se trata entonces de construir una propuesta potente que rescate los principales aportes de cada expresión, para ello se requiere disposición, diálogo y una profunda horizontalidad democrática. Se trata de que la UPN sea capaz de dar un gran salto y se piense como la Universidad Pedagógica del siglo XXI que México necesita. La descalificación de expresiones en diferencia, el madruguete de supuestos avances, son malos consejeros, que impiden la construcción de verdaderos consensos.

En todo este contexto la comunidad de la UPN a nivel nacional requiere de panqueas señales. De acciones que den cuenta de la una disposición verdadera por arribar a una Universidad que vive la democracia, no solo que habla de ella.

  • Se requiere regularizar las condiciones laborales de cerca del 70% de la plantilla nacional del personal académico.
  • Definir el asunto de la distribución equitativa de los recursos financieros.
  • Ordenar la oferta académica de los programas educativos nacionales y por estado.
  • Y el último punto de corto plazo, se trata de buscar un recurso que permita equilibrar las políticas y equilibrar la relación entre la autoridad nacional con las autoridades locales o estatales, delimitar funciones y atribuciones ¿Qué les toca a las autoridades de la Universidad y qué a los gobiernos estatales?

Necesitamos trabajar intensamente para construir consensos y que para que el Congreso Universitario resuelve un mejor futuro para la UPN en México. En todo ello y hasta ahora hay una serie de evidencias de excesos en la centralización de atribuciones y en la pobre participación de los integrantes de las comunidades universitarias.

Es necesario tomar con seriedad este congreso, y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Parece que el concepto de democracia se ha tornado en retórica, se trata de vivir la democracia en cada espacio y para lograr cada consenso. Un asunto prioritario, es poder equilibrar los espacios de participación, todas y todos tienen derecho a expresarse, pero pareciera que el congreso está siendo controlado o hegemonizado desde una sola perspectiva universitaria. Se trata de dar voz y poder a los grupos o expresiones que tradicionalmente han estado silenciadas o marginadas en la Universidad.

Arribaremos a mejores consensos cuando verdaderamente logremos sentir que este congreso es de todas y todos los integrantes de la UPN y entendamos que el mismo, es la oportunidad histórica para definir un mejor rumbo para la UPN.

Reconocer que somos herederos de una cultura de debate informado, que aportamos y aprendemos en comunidad, que el diseño de la oferta académica (amplia y diversa), se ha creado a partir de una cultura de participación hecho por todas y todos, que esa es la mística y la vocación que tenemos como huella fundacional, Construir de manera plural y colectiva. El congreso entonces será la principal obra que la UPN construya en esta segunda década del siglo XXI.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/el-congreso-universitario-de-la-universidad-pedagogica-nacional-un-pasito-pa-delante-dos-pasitos-para-atras/

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¿Por qué no abrimos las escuelas?

Por: Rafael de Hoyos

Los niños latinoamericanos son los que más días de clases presenciales han perdido desde que comenzó la pandemia. Con datos de la Unesco hasta el 30 de abril de 2021, los estudiantes en América Latina (AL) han perdido 217 días de clases presenciales, más de un ciclo escolar completo y 92 días más de lo que perdió el estudiante promedio en otras regiones del mundo. Como punto de comparación, en el Medio Oriente y África del Norte se han perdido 167 días; en África subsahariana, 116; en Asia, 107; en Europa, 93; y en Estados Unidos y Canadá, 46. En este ensayo trato de explicar, hasta donde me lo permiten los datos, lo que está detrás del largo cierre de escuelas en la región. Aunque hay algunos factores que nos ayudan a entenderlo, éstos no son suficientes para dar cuenta de la falta de prioridad que se les ha dado a las escuelas en el proceso de reapertura. Podría haber elementos subyacentes, difíciles de medir, como la falta de convicción de que la educación es un mecanismo de movilidad social, que pudieran explicar el injustificado cierre de escuelas durante tanto tiempo en AL.

A más de un año del comienzo de la pandemia, tenemos suficiente información para afirmar que, si se siguen protocolos sencillos, los riesgos sanitarios asociados a la reapertura de escuelas son relativamente bajos. Hoy también tenemos evidencia que comprueba lo que era obvio desde el comienzo de la pandemia: cerrar las escuelas disminuye los aprendizajes de los estudiantes. Al no tener un dispositivo con acceso a internet y padres con escolaridad suficiente, la pérdida de aprendizajes —con respecto al escenario en donde las escuelas permanecen abiertas— es mucho mayor entre los estudiantes en situación de pobreza. Las niñas y los niños en condición de pobreza no sólo han pasado más de un año sin adquirir aprendizajes curriculares, sin escuelas, muchos perdieron la ingesta calórica más importante del día a través de la comida escolar y para algunas y algunos el cierre de escuelas significó la falta de un espacio seguro, libre de la violencia, la negligencia y el maltrato que viven en su hogar.1 Esta información debería ser suficiente para que la autoridad educativa y la sociedad en su conjunto hicieran todo lo que estuviera a su alcance para reabrir las escuelas y, de no haber condiciones para hacerlo, se aseguraran de que las escuelas fueran las primeras en reabrir cuando el contexto lo permitiera.

A pesar de los altísimos costos económicos y sociales, de lo injusto que es empeñar el futuro de los niños más pobres al excluirlos del aprendizaje, las escuelas siguen cerradas en muchos países de AL. Todavía más difícil de entender es que, como sucede en México, otros sectores de mucho menor importancia para el bienestar futuro como restaurantes, bares, gimnasios y hasta estadios de futbol hayan abierto antes que los sistemas educativos. Estos sectores abrieron sin necesidad de demostrar que los riesgos sanitarios de su reapertura eran menores a los beneficios sociales, algo que sí es demostrable en el caso de las escuelas. Si debemos abrir o no las escuelas dejó de ser relevante, la verdadera interrogante es: ¿por qué no hemos abierto? ¿Qué características o condiciones nos ayudan a entender la decisión de mantener cerradas las escuelas en AL por un periodo mucho mayor al del resto del mundo?

El cierre de escuelas más prolongado en AL pudiera explicarse por un mayor impacto de la pandemia en la región, o bien porque los sistemas de salud tenían condiciones precarias para enfrentar el virus. Si éste fuera el caso, la intensidad de la pandemia —medida por el número de muertos por covid-19 por cada 100 000 habitantes— y el nivel de ingreso per cápita —el cual está altamente asociado a la capacidad de los sistemas de salud— deberían estar correlacionados con el número de días que las escuelas han permanecido cerradas. Utilizando información a nivel internacional, incluyendo casi todos los países del mundo, la figura 1 muestra que la pérdida de días de clases en cada país está correlacionada de manera positiva con la intensidad de la pandemia (medida por el desafortunado número de muertes por covid-19) y de forma negativa con los recursos para hacerle frente —medidos por el producto interno bruto (PIB) per cápita—. Quizá lo más relevante es que, con excepción de Chile, Perú y Uruguay, el número de días con escuelas cerradas en AL es mayor a lo que esperaríamos dado el número de muertes por covid-19 y el nivel de PIB per cápita y en la región.2

Cierre de escuelas, muertes por covid-19 y PIB per cápita

Otras dos variables pudieran ayudarnos a explicar el cierre de escuelas en AL. Si los sistemas educativos en la región no garantizan aprendizajes básicos a un porcentaje significativo de la población estudiantil, el cierre de escuelas podría ser visto como un costo menor para tratar de mitigar la propagación del virus. Por otro lado, la participación laboral de la mujer debería jugar un papel importante en el cierre o reapertura de las escuelas. En AL, el cuidado de los hijos mientras las escuelas han estado cerradas ha sido injustamente mayor para las madres trabajadoras, quienes han reducido su participación laboral.3 Por esta razón, en países con más participación laboral de la mujer se esperaría una mayor presión social por reabrir las escuelas.

¿Se pueden explicar los 92 días adicionales que han permanecido cerradas las escuelas en AL por diferencias, entre nuestra región y el resto del mundo, en muertes por covid-19 (por cada 100 000 habitantes), PIB per cápita, aprendizajes medidos por pruebas estandarizadas internacionales como PISA y participación laboral de la mujer? Para responder a esta pregunta, incluimos estas cuatro variables en un solo modelo estadístico en donde la variable a explicar son días con escuelas cerradas.4 Los resultados muestran que los cuatro factores (aprendizajes, muertes por covid-19, participación de la mujer y PIB per cápita) explican 15 de los 92 días adicionales que las escuelas han permanecido cerradas en AL. Otra forma de interpretar estos resultados es que las escuelas han permanecido cerradas 77 días en exceso o por encima de lo que se esperaría considerando los factores ya mencionados. Claramente que estos resultados son sólo asociaciones que no implican una relación causal y podría haber otras variables relevantes que no estoy tomando en cuenta, pero lo que muestran los datos es que los días de clases presenciales que se han perdido en México y el resto de AL están muy por encima de lo que ha sucedido en otras regiones del mundo, aun tomando en cuenta diferencias en factores relevantes en la decisión de abrir o mantener las escuelas cerradas.

El cierre de escuelas en exceso en AL tiene implicaciones que podrían ir más allá de sus terribles impactos económicos y sociales, pudiera ser una manifestación de un problema estructural que no se irá con la pandemia. Si entre las familias en AL la educación no se percibe como la vía para alcanzar un mayor bienestar futuro, poco harán para exigir rendición de cuentas a la autoridad educativa y demandar los cambios necesarios para garantizar aprendizajes para todos.

Una baja valoración de la educación entre las familias en AL, sobre todo aquéllas en pobreza, no es del todo sorprendente cuando la mayoría de ellas recibe una educación de baja calidad que no garantiza aprendizajes y, por lo tanto, no produce movilidad social. La falta de movilidad social puede hacer que la percepción del costo de mantener las escuelas cerradas y la pérdida de aprendizajes asociada a ésta sea menor que los riesgos sanitarios. Sin un sistema educativo que promueva la movilidad social no hay exigencia ciudadana para priorizar a las escuelas en el proceso de reapertura, no hay una demanda por llevar a cabo un plan de recuperación de los aprendizajes. Pero tampoco hay el apoyo social necesario para emprender reformas educativas complejas que atenten contra intereses de grupos de poder. Visto desde esta perspectiva, no resulta sorprendente que el cierre de escuelas más prolongado se haya dado en la región más desigual del mundo.

El proceso de reapertura durante la pandemia ha revelado nuestras verdaderas preferencias y la educación parece no ocupar los primeros lugares.5 Cambiar nuestras prioridades no será sencillo porque están insertas en un juego perverso de endogeneidad: para hacer de la educación una verdadera prioridad ésta debe mejorar su calidad; pero para mejorar su calidad, la educación tiene que ser una prioridad para la sociedad. Este ciclo se rompe con una autoridad educativa comprometida con los aprendizajes, priorizando a los más pobres. En México está claro que la construcción de un sistema educativo que genere aprendizajes no está dentro de las prioridades del gobierno federal, pero hay otras 32 oportunidades para que la autoridad educativa actúe con responsabilidad y haga del sistema educativo un motor de la movilidad social.

Rafael de Hoyos
Profesor de Economía de la Educación en el ITAM y socio fundador de Xaber


1 Para un resumen de la evidencia internacional sobre los riesgos sanitarios asociados al regreso a clases y los costos de mantener las escuelas cerradas ver: De Hoyos, R., y Saavedra, J. “Es hora de volver a aprender”, Banco Mundial, 24 de marzo de 2021.

2 Excluimos a Nicaragua del análisis por tratarse de un caso atípico en donde el gobierno nacional tomó la decisión de no cerrar escuelas.

3 Bergallo, P.; Mangini, M.; Magnelli, M., y Bercovich, S. “The impacts of COVID-19 on women’s economic autonomy in Latin America and the Caribbean”, UNDP LAC C19 PDS, núm. 25, 2021.

4 Se estimó una regresión lineal en donde la variable dependiente es el número de días con escuelas cerradas y las variables independientes incluyen cuatro factores (participación laboral de la mujer, aprendizajes, muertes por covid-19 y PIB per cápita) más una variable-indicador (dummy) para los países de AL, la cual captura el cierre de escuelas en exceso.

5 Con el movimiento Padres Organizados, la ciudad de Buenos Aires es una excepción en la región.

Fuente e Imagen: https://www.nexos.com.mx/?p=56391

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Universidades presenta la nueva Ley de Convivencia Universitaria que sustituirá al reglamento franquista de 1954

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Maestros rurales en riesgo

Por: Gloria Muñoz Ramírez

Los 17 normalistas de Mactumactzá, Chiapas, fueron excarcelados, pero no liberados, al igual que sus 74 compañeras quienes, además, fueron abusadas sexualmente sin que hasta el momento haya ningún responsable tras las rejas por esas agresiones. Fue la presión ejercida por sus compañeros, familiares y colectivos de profesores en diferentes estados lo que los y las puso en las calles, pero tendrán que continuar su proceso jurídico, no podrán participar en actividades políticas y tendrán que acudir a firmar periódicamente, con el riesgo latente de ser reingresados al penal de El Amate, como amenazó la Fiscalía de Chiapas.

Los y las futuras maestras rurales no están en libertad. Lo estarán no sólo cuando los absuelvan de todos los cargos, sino cuando, por fin, logren que el Estado deje de atacarlos y renuncie a tratarlos como delincuentes. Las jornadas de protesta que se iniciaron el 18 de mayo pasado para exigir exámenes presenciales para el alumnado mayoritariamente indígena y rural, no han terminado. No los conoce quien piense que con la represión va a callarlos. Tampoco quien imagine que se van a quedar solos, pues aunque grandes sectores de la sociedad los ignore, se tienen a ellos mismos y, por principios fundamentales, no se abandonan.

Así sucedió en la Normal Rural Carmen Serdán, en Teteles, Puebla, donde el fatídico 43 volvió a imponerse. Fueron 43 estudiantes detenidas en una movilización en la que exigían el esclarecimiento de la muerte de dos compañeras. Fueron liberadas, pero sus familiares desconocen los términos y condiciones de su excarcelamiento.

Las estudiantes de Teteles desmintieron al gobernador de Puebla, Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, quien las acusó de iniciar las agresiones contra los policías, cuando en realidad hubo excesiva fuerza pública y violentaron sus derechos.

Las normales atacadas insisten en mesas de diálogo. No viene de ellas la violencia, aunque sí la protesta y la exigencia de que se resuelvan sus demandas educativas, tales como que no se reduzca la matrícula de ingreso, porciones alimentarias justas y arreglos a la infraestructura escolar.

Resisten 17 escuelas normales rurales en el país y en todas se siembra el pensamiento crítico, por eso las quieren desaparecer los gobiernos en turno.

desinformémonos.org

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/06/05/opinion/010o1pol
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Internacionalismo o extinción: NOAM CHOMSKY

Transcripción del discurso del filosofo, lingüista y activista político Noam Chomsky,  durante la apertura en la cumbre inaugural de la Internacional Progresista (Septiembre 2020).*

Por: Noam Chomsky
Nos reunimos en un momento extraordinario, un momento que es, de hecho, único en la historia de la humanidad, un momento tanto de mal augurio y presagio y al mismo tiempo brillante de esperanzas por un futuro mejor. La Internacional Progresista tiene un papel crucial que desempeñar en determinar qué dirección tomará la historia.
Nos reunimos en un momento de confluencia de crisis de extraordinaria gravedad, con el destino del experimento humano literalmente en riesgo. En las próximas semanas, los problemas llegarán a un punto crítico en los dos poderes imperiales más grandes de la era moderna.
La decadente Gran Bretaña, habiendo declarado públicamente que rechaza la ley internacional, está a orillas de una fuerte ruptura con Europa, en camino de convertirse en un satélite estadounidense aún más de lo que ya es. Pero, por supuesto, lo más trascendente para el futuro es lo que pasa en la hegemonía global, disminuido por la bola de demolición de Trump, pero aún con abrumadora potencia e incomparables ventajas. Su destino, y con él el destino del mundo, puede determinarse en noviembre.
No sorprende que el resto del mundo esté preocupado, si no horrorizado. Sería difícil encontrar un comentarista más sobrio y respetado que Martin Wolf del Financial Times de Londres. Escribe que Occidente está enfrentando una grave crisis, y si Trump es reelegido, “esto será el terminal (el final)”. Palabras fuertes, y ni siquiera se refiere a las grandes crisis que enfrenta la humanidad.
Wolf se refiere al orden global, un asunto crítico, aunque no a la escala de las crisis que amenazan con consecuencias mucho más serias, las crisis que dirigen las manecillas del famoso Reloj del Apocalipsis hacia la medianoche—hacia la extinción.
El concepto “terminal” de Wolf no es algo nuevo en el discurso público. Hemos vivido bajo su sombra durante 75 años, desde que aprendimos, en un día inolvidable de agosto, que la inteligencia humana había creado los medios que pronto producirían la capacidad para una destrucción terminal. Eso fue abrumador, pero había más. No se entendió por aquel entonces que la humanidad estaba entrando en una nueva época geológica, el Antropoceno, en el cual las actividades humanas están despojando el medio ambiente de tal manera que ahora también se acerca a la destrucción terminal.
Las manecillas del Reloj del Apocalipsis fueron establecidas poco después de que las bombas atómicas fueran usadas en un paroxismo de matanza innecesaria. Las manecillas han oscilado desde entonces, a medida que las circunstancias globales han evolucionado. Cada año que Trump ha estado en el cargo, las manecillas se han acercado a la medianoche. Hace dos años se acercaron como nunca antes. El pasado enero, los analistas abandonaron minutos, y cambiaron a segundos: 100 segundos para la medianoche. Citaron las mismas crisis que antes: las crecientes amenazas de la guerra nuclear y de catástrofe medioambiental, y el deterioro de la democracia.
Esta última podría parecer fuera de contexto a primera vista, pero no lo es. El deterioro de la democracia encaja en este trío sombrío. La única esperanza de escapar de las dos amenazas de extinción es una democracia vibrante en la que ciudadanos preocupados e informados participen plenamente en la deliberación, la formación de políticas y la acción directa.
Eso fue el pasado enero. Desde entonces, el presidente Trump ha amplificado las tres amenazas, un logro no insignificante. Ha continuado su demolición del régimen de control de armas, que ha ofrecido alguna protección contra la amenaza de una guerra nuclear, a la vez que apremia el desarrollo de nuevas armas aún más mortíferas, para el gran deleite de la industria militar. En su dedicado compromiso por destruir el medio ambiente que sostiene la vida, Trump ha abierto nuevas y vastas áreas para perforar, incluyendo la última gran reserva natural. Mientras tanto, sus secuaces están desmantelando sistemáticamente el sistema regulatorio que mitiga de algún modo el impacto destructivo del uso de combustibles fósiles, y que protege a la población de químicos tóxicos y de la contaminación, una maldición que ahora es doblemente mortal durante una grave epidemia respiratoria.
Trump ha llevado también hacia adelante su campaña para socavar la democracia. Por ley, los nombramientos presidenciales están sujetos a la confirmación del Senado. Trump evita este inconveniente dejando las posiciones abiertas y, en cambio, llenando las oficinas con “nombramientos temporales” que responden a su voluntad – y si no lo hacen con suficiente lealtad al señor, son despedidos. Ha purgado al ejecutivo de cualquier voz independiente. Solo quedan los aduladores. El Congreso estableció hace mucho tiempo Inspectores Generales para monitorear el rendimiento de la rama ejecutiva. Empezaron a mirar en el pantano de corrupción que Trump ha creado en Washington. Este rápidamente se cuidó en salud despidiéndolos. Apenas hubo nadie del Senado Republicano que se asomó para ver lo que pasaba, ya que Trump se los había metido a todos en el bolsillo, con lo que apenas quedaban destellos de integridad, aterrorizados por la base popular que Trump ha movilizado.
Esta arremetida contra la democracia es sólo el comienzo. La última jugada de Trump es advertir que podría no abandonar el cargo si no está satisfecho con los resultados de las elecciones en noviembre. La amenaza se ha tomado muy en serio en las altas esferas. Para mencionar unos ejemplos, dos respetados comandantes jubilados de alto rango publicaron una carta abierta al presidente del Estado Mayor Conjunto, general Milley, revisando su responsabilidad constitucional de enviar al ejército  para destituir por la fuerza a un “presidente ingobernable” que se niegue a abandonar el cargo después de una derrota electoral, añadiendo en su defensa los tipos de unidades paramilitares que este despachó a Portland, Oregón, para aterrorizar a la población por encima de la fuerte objeción de lxs funcionarios electos.
Muchas figuras del establishment consideran que la advertencia es factible, entre ellas el Proyecto de Integridad de la Transición, que acaba de comunicar los datos de los “juegos de guerra” que ha estado realizando sobre los posibles resultados de las elecciones en noviembre. Los miembros del proyecto son “algunos de los republicanos, demócratas, funcionarios públicos, expertos de los medios, encuestadores y estrategas mejor formados que hay”, explica el codirector del Proyecto, incluyendo figuras prominentes de ambos partidos. Bajo cualquier posible escenario aparte de una clara victoria de Trump, los juegos conducen a algo parecido a una guerra civil, con Trump escogiendo terminar “el experimento estadounidense”.
Otra vez palabras fuertes, jamás escuchadas de las voces sobrias de la corriente principal. El simple hecho de que tales pensamientos surjan es de mal augurio. No están solos. Y dado el incomparable poder de los EE.UU., es mucho más que “el experimento estadounidense” lo que está en riesgo.
Nada como esto ha ocurrido en la historia de la democracia parlamentaria a menudo problemática. Y si nos ceñimos a años recientes, Richard Nixon —una persona no muy agradable en la historia presidencial— tenía razón en creer que había perdido las elecciones de 1960 sólo por la manipulación criminal de operativos demócratas. No impugnó los resultados, poniendo el bienestar del país por delante de la ambición personal. Albert Gore hizo lo mismo en el año 2000. Pero hoy no.
Creando nuevos caminos en desprecio por el bienestar del país no es suficiente para el megalómano que domina el mundo. Trump también ha anunciado una vez más que él podría ignorar la Constitución y “negociar” por un tercer mandato si él decide que tiene derecho a ello.
Algunos eligen reírse de todo esto como si fuera el juego de un bufón. A su propio peligro, como muestra la historia.
La supervivencia de la libertad no está garantizada por “barreras de pergamino”, advirtió James Madison. Las palabras en papel no son suficientes. Está fundada en la expectativa de la buena voluntad y la decencia común. Eso fue hecho trizas por Trump junto con su coconspirador el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, quien ha convertido el “mayor cuerpo deliberativo del mundo”, como se denomina a sí mismo, en una broma patética. El senado de McConnell se niega incluso a considerar propuestas legislativas. Se preocupa por ser generoso con los ricos y apilar el poder judicial, de arriba a abajo con abogados jóvenes de extrema derecha capaces de salvaguardar la agenda reaccionaria Trump-McConnell por una generación, sin importar lo que quiera el público, sin importar lo que el mundo necesite para sobrevivir.
El despreciable servicio hacia los ricos por parte del partido republicano Trump-McConnell es sorprendente, incluso para los estándares neoliberales que exaltan la codicia. Una ilustración es dada por los principales especialistas en política fiscal, los economistas Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman. Muestran que en 2018, después de la estafa fiscal que fue el único logro legislativo de Trump-McConnell, “por primera vez en los últimos cien años, los multimillonarios han pagado menos [en impuestos] que los trabajadores del acero, los profesores de escuelas y los jubilados”, eliminando “un siglo de historia fiscal”. “En 2018, por primera vez en la historia moderna de los Estados Unidos, el capital ha tenido menos impuestos que el trabajo”: una victoria verdaderamente impresionante de la guerra de clases, llamada “libertad” en la doctrina hegemónica.
El Reloj del Apocalipsis fue puesto en hora en enero pasado antes de que se entendiera la escala de la pandemia. Tarde o temprano la humanidad se recuperará de la pandemia, a un costo terrible. Es un costo innecesario. Lo vemos claramente en la experiencia de países que tomaron medidas decisivas cuando China el 10 de enero, proporcionó al mundo información pertinente sobre el virus. Entre ellos estaban principalmente el este y sudeste asiático y Oceanía, y otros que se quedaron rezagados, y en la retaguardia unos cuantos absolutos desastres, en particular los Estados Unidos, seguidos por el Brasil de Bolsonaro y la India de Modi.
Pese a la mala conducta o indiferencia de algunos líderes políticos, al final habrá una especie de recuperación de la pandemia. Sin embargo, no nos recuperaremos del derretimiento de los casquetes polares, ni de la explosiva velocidad de incendios árticos que liberan enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, ni de otros pasos en nuestra marcha hacia la catástrofe.
Cuando los científicos más prominentes nos advierten “Entren en Pánico”, no están siendo alarmistas. No hay tiempo que perder. Pocos están haciendo lo suficiente, y lo que es peor, el mundo está maldecido con líderes que no sólo rechazan tomar medidas suficientes sino que deliberadamente aceleran nuestro trayecto hacia el desastre. La maldad en la Casa Blanca está a la cabeza de esta monstruosa criminalidad.
No son sólo los gobiernos. Lo mismo se aplica a las industrias de combustibles fósiles, los grandes bancos que las financian y otras industrias que se benefician de acciones que ponen en grave riesgo la “supervivencia de la humanidad”, según las palabras de un memorando interno filtrado del mayor banco de Estados Unidos.
La humanidad no sobrevivirá a esta malignidad institucional. Los medios para manejar la crisis están disponibles, pero no por mucho tiempo. Una tarea primordial de la Internacional Progresista es asegurar que todos entremos en pánico ahora, y actuemos en consecuencia.
Las crisis a las que nos enfrentamos en este momento único de la historia son, por supuesto, internacionales. El desastre medioambiental, la guerra nuclear y la pandemia no tienen fronteras. Y de una manera menos transparente, lo mismo es verdad sobre el tercero de los demonios que amenazan la tierra y dirigen las manecillas del Reloj del Apocalipsis hacia la medianoche: el deterioro de la democracia. El carácter internacional de esta plaga se hace evidente cuando examinamos sus orígenes.
Las circunstancias varían, pero tienen algunas raíces comunes. Mucha de la maldad se remonta al asalto neoliberal lanzado con fuerza a la población mundial hace 40 años.
El carácter básico del asalto fue plasmado en los pronunciamientos iniciales de sus figuras más prominentes. Ronald Reagan declaró en su discurso inaugural que el gobierno es el problema, no la solución, lo que significa que habría que remover las decisiones de los gobiernos, que al menos parcialmente están bajo control público, y pasarlas al poder privado, que es completamente irresponsable al público, y cuya responsabilidad es el autoenriquecimiento, como proclamó el economista Milton Friedman. La otra fue Margaret Thatcher, quien nos instruyó que no existe la sociedad, sólo un mercado en el cual las personas son arrojadas para sobrevivir lo mejor que puedan, sin organizaciones que les permitan defenderse contra sus estragos.
Sin darse cuenta, Thatcher estaba parafraseando a Marx, quien condenó a los gobernantes autocráticos de su época por convertir a la población en un “saco de papas”, indefenso ante el poder concentrado.
Con una consistencia admirable, las administraciones Thatcher y Reagan se movieron rápidamente  para destruir el movimiento obrero, el principal impedimento al duro dominio por parte de los amos de la economía. Al hacerlo, adoptaban los principios rectores del neoliberalismo de sus comienzos en la Viena de entreguerras, donde el fundador y santo patrono del movimiento, Ludwig von Mises, apenas pudo contener su alegría cuando el gobierno protofascista destruyó violentamente la vibrante socialdemocracia austriaca y los despreciables sindicatos de comercio que interferían con la economía sana al defender los derechos de los trabajadores. Como von Mises explicó en su clásico neoliberal de 1927 Liberalismo, cinco años después de que Mussolini iniciara su brutal mandato, “No puede negarse que el fascismo y movimientos similares que apuntan al establecimiento de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha salvado por el momento a la civilización europea. El mérito que el fascismo se ha ganado por sí mismo vivirá eternamente en la historia” – aunque sólo será temporal, nos aseguró. Los Camisas Negras se irán a casa después de haber terminado su buen trabajo.
Los mismos principios inspiraron el entusiasta apoyo neoliberal para la espantosa dictadura de Pinochet. Unos años después, de forma diferente se pusieron en operación en el escenario global bajo el liderazgo de Estados Unidos y del Reino Unido.
Las consecuencias eran predecibles. Una fue la fuerte concentración de riqueza yuxtapuesta al estancamiento de gran parte de la población, reflejado en el campo político al socavar la democracia. El impacto en los Estados Unidos muestra con claridad lo que se podría esperar cuando el régimen de los negocios es prácticamente indiscutible. Tras 40 años, el 0.1 por ciento de la población tiene el 20 por ciento de la riqueza, el doble de lo que tenían cuando Reagan fue elegido. La remuneración de los directores ejecutivos se ha disparado, aumentando con ella la riqueza de la gerencia en general. Los salarios reales para los trabajadores masculinos que no están en puestos de supervisión han disminuido. Una mayoría de la población sobrevive de cheque en cheque, casi sin ahorros. Las instituciones financieras, en su mayoría depredadoras, han explotado en extensión. Ha habido repetidas crisis financieras, aumentando en gravedad, tras las cuales los perpetradores son rescatados por el amable contribuyente, pese a que eso es el menor de los subsidios estatales implícitos que reciben. El “mercado libre” condujo a la monopolización, con una reducción de la competencia y la innovación, ya que los fuertes tragaron a los débiles. La globalización neoliberal ha desindustrializado el país a través del marco de acuerdos de inversión y comercio mal etiquetados como “acuerdos de libre comercio”. Adoptando la doctrina neoliberal de “impuestos son robos”, Reagan abrió la puerta a paraísos fiscales y empresas fantasmas, previamente prohibidas de ejercer por leyes de cumplimiento efectivo. Eso creó una gran industria de evasión de impuestos que facilitó el robo masivo de los más ricos y del sector corporativo a la población en general. No fue un cambio pequeño. El alcance se estima en decenas de billones de dólares.
Y así continúa, mientras la doctrina neoliberal se arraigó.
Mientras el asalto apenas estaba tomando forma, en 1978, el presidente de la United Auto Workers, Dougherty Fraser, renunció a un comité de gestión laboral establecido por la administración Carter. Se escandalizó al ver que los líderes empresariales habían “elegido librar una guerra de clases unilateral en este país – una guerra contra los trabajadores, los desempleados, los pobres, las minorías, los más jóvenes y los más viejos, e incluso muchos de la clase media de nuestra sociedad”, y habían “roto y desechado el pacto frágil y no escrito que existía previamente durante un período de crecimiento y progreso” —durante el período de colaboración de clases bajo un capitalismo reglamentado.
Su reconocimiento de cómo funciona el mundo se demoró, de hecho era demasiado tarde para evitar la amarga guerra de clases lanzada por los líderes empresariales a quienes pronto se les dio rienda suelta por parte de gobiernos complacientes. Las consecuencias en gran parte del mundo no sorprenden –  rabia general, resentimiento, desprecio por las instituciones políticas mientras las principales instituciones económicas, una propaganda efectiva las oculta de la vista. Todo esto crea un territorio fértil para demagogos que pretenden ser tus salvadores mientras te apuñalan por la espalda, mientras que desvían la culpa de tus condiciones a chivos expiatorios: inmigrantes, negros, China, quien sea que encaje en los viejos prejuicios.
Volviendo a las grandes crisis que enfrentamos en este momento histórico, todas son internacionales, y dos de las internacionales se están formando para hacerlas frente. Una da inicio hoy: la Internacional Progresista. La otra se ha formado bajo el liderazgo de la Casa Blanca de Trump, una Internacional Reaccionaria compuesta por los estados más reaccionarios del mundo.
En el hemisferio occidental, la Internacional Reaccionaria incluye el Brasil de Bolsonaro y algunos otros. En Medio Oriente, los principales miembros son familias dictaduras del Golfo; la dictadura egipcia de al-Sisi, tal vez la más dura en la historia de Egipto; e Israel, que hace tiempo que descartó sus orígenes socialdemócratas y se desplazó lejos a la derecha, el efecto previsto de la prolongada y brutal ocupación. Los acuerdos actuales entre Israel y las dictaduras árabes, que formalizan antiguas relaciones tácitas, son un paso significativo hacia la consolidación de la base de la Internacional Reaccionaria en el Medio Oriente. Los palestinos son pateados en la cara, el destino apropiado para quienes carecen de poder y no se postran a los pies de los amos naturales.
Al este, un candidato natural es la India, donde el Primer Ministro Modi está destruyendo la democracia secular del país y convirtiéndolo en un Estado racista nacionalista hindú, mientras aplasta a Cachemira. El contingente europeo incluye la “democracia iliberal” de Orban en Hungría y elementos similares en otras partes. La Internacional Reaccionaria también tiene un poderoso respaldo en las instituciones económicas mundiales dominantes.
Las dos internacionales abarcan una gran parte del mundo, una a nivel de Estados, la otra al nivel de movimientos populares. Cada una es un representativo prominente de fuerzas sociales mucho más amplias, que tienen imágenes del mundo muy contrapuestas que deberían emerger de la pandemia actual. Una de esas fuerzas está trabajando implacablemente para construir una versión más dura del sistema neoliberal global del cual se han beneficiado enormemente, con medidas de vigilancia y control más intensas. La otra mira hacia adelante a un mundo de justicia y paz, con energías y recursos dirigidos a servir las necesidades humanas en lugar de las demandas de una pequeña minoría. Es una especie de lucha de clases a escala global, con muchas facetas e interacciones complejas.
No es exagerado decir que el destino del experimento humano depende del resultado de esta lucha.
Fuente: Rebelion.org
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Fuente e imagen: https://www.bloghemia.com/2021/06/internacionalismo-o-extincion-por-noam.html
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Rompiendo el estigma de la salud mental

Por: Paulette Delgado

Nueve de diez personas con problemas de salud mental se sienten afectadas por el estigma que rodea su diagnóstico.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por las siglas de su nombre en inglés), más del 50 % de los adultos en Estados Unidos necesitarán tratamiento por temas de salud mental en algún momento de su vida. Además, 1 de cada 25 personas vive con una enfermedad mental grave, por ejemplo, un trastorno alimentario, trastorno bipolar, trastorno de estrés postraumático (TEPT) o depresión. Aún así, existe un gran nivel de estigma alrededor del tema, perjudicando a los afectados.

Un estudio publicado en el 2020 analizó investigaciones pasadas sobre estigma y salud mental, indica que los trastornos de salud mental prevalecen en todo el mundo. De acuerdo con el estudio titulado Interventions to Reduce Stigma Related to Mental Illnesses in Educational Institutes: a Systematic Review, los trastornos mentales representan el 7 % de las enfermedades a nivel mundial y causan el 16 % de las lesiones en personas de 10 a 19 años, haciendo del suicidio la tercera causa de muerte en adolescentes, quienes son una población social sumamente vulnerable, ya que buscan la aprobación de sus compañeros y las redes sociales.

El estigma de la salud mental

El diccionario de Cambridge define el estigma como “un fuerte sentimiento de desaprobación que la mayoría de la gente en una sociedad tiene sobre algo, especialmente cuando este juicio social es injusto”.

Las personas pueden aplicar estigmas a un sinfín de cosas, como personas que tienen cierta cultura, cierto estilo de vida, o que viven con problemas de salud, como enfermedades mentales. El estigma sobre la salud mental se ha convertido en una barrera para que la gente busque ayuda, más específicamente que quieran tratarse y vivir una mejor vida. Este sentimiento puede venir de la familia, amigos, compañeros de trabajo, o la sociedad en general.

El problema viene de que esas creencias muchas veces son representaciones simplificadas o generalizadas sobre grupos de personas que son inexactas y ofensivas. Al ser negativas, provocan que una persona tenga una idea errónea de lo que es vivir con alguna enfermedad mental.

Un ejemplo de ello es el trastorno de identidad disociativo (TID), antes conocido como desorden de personalidad múltiple o trastorno de personalidad múltiple. El TID se desarrolla en personas que sufren de algún trauma desde pequeños y es definido por Wikipedia como “la existencia de dos o más identidades en una persona, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente”. La película “Fragmentado”, estrenada en el 2016, cuenta la historia de un hombre que sufre de esta enfermedad. El filme lo muestra como un peligro para la sociedad. La realidad es que la gente que sufre de TID tiene la misma posibilidad de ser alguien violento como alguien sin ninguna situación que afecte su bienestar mental. Además, muchas veces las diferencias entre las distintas “personalidades”, que en realidad se conocen como alters, no son muy notorias. Otro ejemplo es la película “Psicópata Americano” que también empeora el estigma de las personas que sufren de este trastorno.

Por otro lado, los estigmas se pueden observar en la manera en la que se habla de las enfermedades. Por ejemplo, describir la tristeza o el estrés como depresión o ansiedad. Esto se vuelve un problema cuando las personas empiezan a asociar estos trastornos con emociones o sentimientos, pensando que es algo fácil de superar, invalidando las experiencias de otros. Según el Centro de Adicciones y Salud Mental de Canadá (CAMH por sus siglas en inglés), el estigma alrededor de estas enfermedades previene que un 40 % de personas busquen tratarse.

Debido a la manera en que Hollywood retrata a las personas con enfermedades mentales muchos temen ser diagnosticados o buscar apoyo en otras personas porque no quieren ser etiquetados como “locos” o peligrosos. En realidad, estas personas tienen diez veces más probabilidades de ser víctima que ser el atacante, siendo una población vulnerable.

Más allá de los medios, el estigma sobre la salud mental proviene de distintas fuentes como creencias y las propias enfermedades que hacen que alguien pueda actuar fuera de la norma. Según la Fundación de Salud Mental de Inglaterra, nueve de cada diez personas con algún tipo de problema de salud mental sienten que el estigma y la discriminación tiene un efecto negativo en sus vidas. Las personas con algún diagnóstico de este tipo pasan por serias dificultades para encontrar trabajo, tener relaciones a largo plazo y ser incluidos en la sociedad.

En ocasiones este estigma no es notorio, otras sólo es la manera en que la gente describe una condición o persona que vive con una enfermedad mental. Aún así, esto puede producir efectos como: internalizar creencias negativas, aislamiento, baja autoestima, desesperación, evitar buscar tratamiento, empeoramiento de los síntomas, discriminación e injusticias.

Para superar el estigma, la escuela y el sistema educativo en general debe apoyar para aumentar el conocimiento sobre las enfermedades mentales, ya que gran parte de los sentimientos en contra de las personas con afectaciones de salud mental se forman por falta de conocimiento y la sobreexposición a ejemplos negativos.

Reduciendo el estigma en la escuela

La Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales de los Estados Unidos ha informado que el 27 % de los estudiantes tienen depresión. Por eso, las escuelas juegan un papel importantísimo en apoyar a sus alumnos y crear un ambiente seguro para ellos. Para empezar a ayudarlos, los educadores pueden guiar a sus alumnos para que abandonen los estereotipos que tienen sobre la salud mental, fomentando conversaciones reflexivas al respecto. Además de que esto ayuda a crear un lugar seguro para compartir sus experiencias. También hablar del tema ayuda a normalizar hablar sobre salud mental, rompiendo prejuicios como pensar que las personas con problemas mentales están locas, por ejemplo.

Durante esos momentos de discusión, es importante también incluir estrategias de mindfulness (prestar atención plena) ya que esto ayuda a comprender mejor lo que están diciendo otras personas, así como saber cómo actuar ante las experiencias de otros, creando un aula segura para todos.

Invitar a expertos también es una gran herramienta para eliminar estigmas por cuanto son personas capacitadas para el diagnóstico y tratamiento. Han tratado con todo tipo de personas con enfermedades mentales y pueden ayudar a brindar una idea más clara de cómo se ven esos diagnósticos. Además, ayudan a reforzar que los problemas de salud mental son como cualquier otra cuestión de salud que necesita de doctores y tratamiento para sobrellevarlos.

Además de expertos es importante involucrar a las familias. Muchas veces, los jóvenes creen que los adultos no logran comprenderlos o que no entienden que es la depresión, ansiedad o cualquier otra enfermedad mental, por eso, invitarlos y educarlos a la par de sus hijos puede ayudar a todos. Sin embargo, ninguna de estas acciones podrá reemplazar la ayuda de los expertos en salud mental. Es por eso que los docentes deben insistir a los estudiantes y a sus familias para que busquen ayuda profesional.

La salud mental va más allá de sentimientos de angustia o tristeza, es un problema de salud pública que ha obtenido una pésima reputación debido a los estigmas y prejuicios de la sociedad. Romper con los estigmas es un trabajo en equipo, se necesita del esfuerzo de todos para mejorar la calidad de vida de aquellos que sufren de alguna enfermedad mental. No sólo se trata de buscar mejores fuentes y educarse, sino exigir que los medios dejen de esparcir estereotipos dañinos de trastornos. Uno de los factores más importantes que hace que el estigma sea tan poderoso es que, en un nivel extremo, puede llevar a las personas a rechazar o excluir a otras. Es por eso por lo que buscar información sobre el tema y hablar al respecto puede ser la diferencia entre que una persona busque tratamiento profesional o no.

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx

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Cuidar la vista de niños y adolescentes en la “era de las pantallas”

Por: Marta Sánchez

La cantidad de horas que los niños y los adolescentes pasan ante las pantallas de móviles, tabletas u ordenadores no solo están avanzando la edad de las miopías sino también aumentando las graduaciones de los nuevos llamados «nativos digitales»

Qustodio, plataforma de seguridad y bienestar digital por las familias, presenta su informe anual en el que analiza los hábitos digitales de los menores en 2020, incluyendo los datos de 100.000 familias con niños de 4 a 15 años, de España, Estados Unidos y Reino Unido. Desde el inicio de la pandemia de la Covid-19, globalmente, el tiempo dedicado a vídeo en línea ha crecido un 25%, en aplicaciones de videojuego un 23%, en aplicaciones de educación un 54% y un 49% en aplicaciones de comunicación. Aun así, el mayor aumento lo encontramos en las redes sociales donde los menores estuvieron un 76% más. El estudio concluye que los niños dedican más del 50% del tiempo a dispositivos digitales.

Las aplicaciones de vídeo en línea, debido a la necesidad de entretenimiento derivada del confinamiento, han visto aumentado su uso en un 25%, es decir, una media de 45 minutos diarios. Netflix agregó 25 millones de nuevos suscriptores solo en la primera mitad de 2020. La plataforma de vídeo en línea que ha experimentado un crecimiento más alto ha sido Twitch, un 150%, situándose en la tercera posición en el ranking de apps de vídeo más utilizadas.

Dentro del ámbito de los videojuegos, el análisis de Qustodio muestra que en la gran mayoría se trata de juegos inspirados en guerra, batalla, supervivencia y con contenidos violentos. Además se ha experimentado un aumento de las horas de juego en un 23% en relación con el año 2019. A nivel mundial, Roblox, se mantiene como la aplicación de videojuegos más popular con un 35% de los niños jugando en todo el mundo.

Las aplicaciones educativas se convirtieron durante meses en sustitutas de las aulas, según el estudio de Qustodio, el primer semestre, el uso de estas apps se disparó un 162% y el resto del año creció un 54%, siente España la región con el mayor aumento en el uso de aplicaciones educativas durante la pandemia.

Las aplicaciones de comunicación también fueron fundamentales durante este periodo, permitiendo el contacto entre amigos y familiares, el tiempo dedicado a estas plataformas aumentó hasta los 91 minutos diarios.

Afectaciones en la salud visual

En cuanto a la visión, pasar un tiempo excesivo haciendo trabajos de cerca, así como actividades en espacios cerrados, se ha asociado a un incremento de la prevalencia de miopía, que se ha duplicado en las últimas décadas. Periodos de más de 30 minutos de trabajo próximo y a una distancia de menos de 30 centímetros han demostrado un aumento del riesgo de aparición de miopía.

A parte de la miopía y las consecuencias de futuro que puede tener esto, existe el síndrome visual informático. Recoge toda una serie síntomas que estan relacionados con la exposición prolongada a pantallas que se manifiesta por sensación de sequedad visual, picor, dificultad para enfocar, visión borrosa, visión doble, dolor de cabeza e incluso se han descrito episodios de ceguera transitoria. Se ha observado que todos estos síntomas empiezan a ser muy frecuentes a partir de las 4 horas de exposición diaria.

Estos síntomas se producen por la disminución a la frecuencia de parpadeo, y por tanto, la hidratación de la superficie ocular, por configuraciones de las pantallas con brillo excesivo. Normalmente parpadeamos entre 12 y 15 veces para mantener una lubricación del uso correcta, cuando leemos un libro esta frecuencia baja a 10, pero cuando estamos delante de las pantallas se reduce a 7.

Niños y pantallas

La doctora Isabel Ayet, oftalmóloga pediátrica en el Hospital Sant Joan de Déu, nos explica que después del confinamiento el efecto miopizante de las pantallas se ha podido observar más en los adolescentes. “El confinamiento reúne todos los requisitos para desencadenar una miopía o para que esta progrese más rápidamente: largas horas de visión próxima, condiciones de mala luz y pocas oportunidades de relajar la vista”.

El colegio nacional de ópticos-optometristas advierte que “el uso abusivo e incontrolado de dispositivos electrónicos como móviles o tabletas aumenta el riesgo de sufrir miopía en niños”. Esto se produce porque cuando focalizamos mucho la visión central en dispositivos electrónicos, favoreciendo la visión tabular que puede producir estrés y fatiga visual estimulando la aparición y la progresión de la miopía.

La Academia Americana de Pediatría (ADA) recomienda que los niños de 0 a 2 años no estén expuestos a ningún tipo de pantallas, de los 3 a los 12 años se produce un aumento progresivo, una media de entre media y una hora al día ante las pantallas, de 12 a 15 años, una hora y media en el día y de más de 16 años, 2 horas. Estas recomendaciones de horas fueron casi imposibles de lograr durante el periodo de confinamiento.

La doctora Ayet, nos explica que el impacto más inmediato que nos encontraremos cada vez de manera más frecuente en niños y adolescentes es el aumento de la miopía. Sí vemos que los niños empiezan a ser miopes desde pequeños, tienen mucho más tiempos para que esta miopía aumente y así llegaremos a los 20 años con mucha más gente miope, y con miopías más altas. “La miopía no es solo llevar gafas para ver de lejos, sino que es una factor de riesgo para tener enfermedades oculares que poder hacer perder mucha visión de manera definitiva, incluido la ceguera”, comenta la doctora Ayet.

Según una encuesta del Colegio oficial de ópticos y optometristas de Cataluña (COOOC), la miopía ha aumentado en 1,75 dioptrías en los últimos cinco años entre los menores de 8 años y la causa es el uso diario del móvil.

Principales problemas que comporta el uso de pantallas

Entre los problemas más comunes en niños, destacan los errores de refracción (miopía, hipermetropia y astigmatismo), que son trastornos oculares, en el que los ojos no pueden enfocar las imágenes de manera clara, y los niños ven borroso. Además de estos problemas oculares la doctora Ayet también comenta otros problemas que pueden derivar del uso excesivo de las pantallas, por ejemplo, se ha relacionado este uso con una dificultad en la adquisición del lenguaje, es decir, los niños tardan más en hablar, en un desarrollo cognitivo más lento, y también afecta a los trastornos del sueño.

El problema que trobarem de manera més freqüent serà l’augment de la miopia. És un factor de risc per tenir malalties oculars, fins i tot, ceguera.

Doctora Isabel Ayet, oftalmológa pediátrica de l’Hospital Sant Joan de Déu

 

Las pantallas cada vez están ocupando mayor parte de nuestra vida y de nuestro día a día, actualmente, hay muchas cosas que podemos hacer sentados desde nuestro sofá a través del móvil como, por ejemplo, hacer la compra de la semana, acceder a las nuestras cuentas del banco, etc. La doctora nos incide en que es importante que dejemos que el niño haga aquello que le toca por su edad y por su instinto natural, si su condición natural es jugar y experimentar con objetos del entorno, o juguetes adecuados en su edad, será mejor que los adultos no ofrezcamos móviles o tabletas.

Recomendaciones para una mejor salud visual

Los expertos aportan una serie de consejos para poder tener una buena salud visual:

  • Hacer un uso racional de las pantallas.
  • Si tenemos alternativas, elegir la pantalla que esté más lejos y la que sea más grande.
  • Ventilación y luz: ventilar la habitación e importante contar con luz natural y evitando los reflejos. La falta de luz puede obligar a forzar el ojo.
  • Trabajar con un buen contraste en las pantallas.
  • Respetar los descansos (20-20-20), cada 20 minutos de trabajo de visión próxima, tendríamos que mirar a una distancia de 6 metros o más durante 20 segundos, esto es difícil llevar a la práctica, pero nos tendríamos que adaptar al máximo posible.
  • Mantener buenas distancias y orientaciones de las pantallas, por ejemplo, la televisión no menos de 2 o 3 metros, y la distancia próxima a unos 50 centímetros y ligeramente por debajo del nivel de los ojos (ergonomía visual).
  • Actividad física: evitar el sedentarismo y practicar deporte o actividades al aire libre, permitir que el niño ejercite el ojo distancias lejanas.
  • Y por último, hacer revisiones al oftalmólogo, una vez al año, para detectar alteraciones oculares que pueden afectar al aprendizaje.

Fuente e imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/educacion-en-salud/2021/06/10/cuidar-la-vista-de-ninos-y-adolescentes-en-la-era-de-las-pantallas/

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