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La entelequia educativa

Un camión de la policía estatal embiste a estudiantes de la escuela normal rural Francisco de Quiroga en Michoacán, durante una protesta para solicitar apoyos del gobierno con el fin de realizar actividades culturales; como resultado, varios estudiantes heridos, uno de ellos en condición grave. En el Presupuesto de Egresos de la Federación se propone un recorte de más del 90% del presupuesto destinado a las escuelas normales, formadoras de docentes.

Se presenta también una Iniciativa de la Ley General de Educación Superior, en la cual se consideran elementos que abren la puerta a la exclusión educativa y docentes del Estado de México y Veracruz viajan a la Ciudad de México para exigir la resolución a distintas demandas pendientes. Todo esto prácticamente en la misma semana. Al parecer, el panorama educativo nacional no ha cambiado mucho a dos años de gobierno de la 4T,    salvo por la legitimidad de la cual goza el gobierno federal en amplios sectores del magisterio.

Más allá de las vicisitudes multinivel (federal, estatal, municipal) y partidista que desarrolla toda política, y el recurrente asedio directo a las instituciones formadoras de docentes por parte de autoridades estatales -entre las cuales el gobernador Silvano Aureoles ocupa un lugar importantísimo- lo cierto es que ha terminado por aclararse algo que muchos no esperaban y otras voces se han negado a aceptar: la continuidad del neoliberalismo en rubros importantes de la política educativa nacional, el cual, declarado en algún momento muerto, sigue vivito y coleando. Muestra de ello es el recorte presupuestal a programas docentes y escolares, la proliferación de alianzas público-privadas con grandes consorcios empresariales para la provisión del servicio educativo público, la creación de mercados educativos con el pretexto de la imperativa digitalización en tiempos de pandemia y post pandemia y el continuo golpeteo a la profesión docente, por la vía del des-financiamiento federal o de la represión física a nivel estatal.

Los elementos mencionados son herencia directa del neoliberalismo en educación, entendido este tanto en clave de política económica (ampliación de espacios de inversión al capital, contención del gasto público en servicios sociales) como de políticas de gestión de las poblaciones y colectivos (generación de lógicas disciplinarias y subjetivaciones específicas) solo que ahora recubierto de una retórica de cambio y primacía de los intereses populares.  Algo que no resulta precisamente novedoso en el contexto latinoamericano si tomamos en cuenta la experiencia en años recientes de Ecuador y Brasil, por ejemplo.

Si partirnos de la máxima cristiana por sus frutos los conoceréis, podemos afirmar con seguridad que la gran transformación educativa de la 4T es realmente una entelequia; es decir, una cosa irreal que habita en la imaginación de la burocracia educativa, de algunos cuadros del lopezobradorismo y del propio Presidente. Dicha idea ha generado cierto arraigo en distintos sectores de la población mexicana, lo cual responde parcialmente a que para la opinión pública ha resultado cuando menos nebuloso el proceso de diseño y ejecución de la política educativa en el sexenio en curso, con todo y el desfase entre el discurso público con el cual se han justificado las decisiones oficiales, los elementos clave plasmados en los documentos rectores de política educativa y los hechos concretos de su actuación.

Basta dar un vistazo tanto al Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 como al Programa Sectorial de Educación 2020-2024, en los cuales se hacen afirmaciones como: “el proyecto educativo de la presente administración garantizará el respeto a los derechos del magisterio, el fortalecimiento de las escuelas normales publicas, la creación de un sistema de promoción vertical y horizontal justo, y el reconocimiento del esfuerzo que realiza el personal docente en el aula” o “ningún joven que desee cursas estudios de licenciatura se quedará fuera de la educación superior” para comprender el desarrollo de una grandes expectativas que siguen vigentes en el el magisterio y las comunidades educativas.

En el Plan se afirma que durante el periodo neoliberal “se pretendió acabar con la gratuidad de la educación superior”, que “los ciclos básico, medio y medio superior fueron vistos como oportunidades de negocio para venderle al gobierno insumos educativos” y que “se emprendió una ofensiva brutal en contra de las normales rurales”. Ante ello, afirma, el gobierno federal se comprometió a “mejorar las condiciones materiales de las escuelas del país, a garantizar el acceso a todos los jóvenes a la educación y a revertir la mal llamada reforma educativa”.

Por su parte, el Programa matiza la retórica de ruptura total al recordar el compromiso adquirido por el Estado mexicano respecto a la realización del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, enfocado a “garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje”, lo cual plantea una continuidad tácita en ciertos rubros de política pública. Aún así, el documento afirma un cambio profundo en el proyecto educativo a través del desarrollo de seis objetivos prioritarios: a) educación equitativa, inclusiva, intercultural e integral; b) educación de excelencia; c) revalorizar a las maestras y los maestros; d) entornos favorables para el proceso de enseñanza-aprendizaje; e) derecho a la cultura física y f) fortalecer la rectoría del Estado en la educación. Todos articulados en 30 estrategias prioritarias y 274 acciones puntuales.

El preocupante desfase entre retórica y acción resulta cada vez más claro. Es curioso ver cómo a escasos dos meses de la publicación del Programa, sus contenidos parecen ya quedar inoperantes. Como muestra, dos cuestiones:

La acción puntual 1.6.4, perteneciente a la Estrategia Prioritaria 1.6, respecto a la obligatoriedad y gratuidad de la educación media superior y superior consiste en: “promover la revisión de los mecanismos de selección y admisión de estudiantes para la inclusión de grupos sociales desfavorecidos en las oportunidades de acceso al sistema, respetando, en su caso, la autonomía de las universidades. No obstante, en la Iniciativa de Ley General de Educación Superior se mantiene una política de exclusión educativa fundada en los “requisitos” de las instituciones de educación superior, lo cual permite pensar que “estamos frente a una inaudita cesión de una función del Estado (garantizar la educación) a lo que decidan establecer las autoridades de las instituciones públicas y también las de las privadas” (https://www.jornada.com.mx/2020/09/12/opinion/016a2pol). ¿Hasta qué punto dicha sesión fue producto de un acuerdo cupular entre burocracias universitarias y élites empresariales del CCE y la COPARMEX? Aún no lo sabemos.

Por otro lado, la acción puntual 4.1.4, de la Estrategia Prioritaria 4.1 respecto a asegurar las condiciones de infraestructura física educativa, considera: “fortalecer la infraestructura y el equipamiento de las escuelas normales y de las instituciones de educación superior formadoras de maestras y maestros”. Algo prácticamente impensable tras las proyecciones de gasto destinadas a las necesidades de las escuelas normales así como programas de formación docente.

En un contexto de confusión respecto a la práctica concreta de la política educativa lopezobradorista, el presupuesto y la unidireccionalidad de la toma de decisiones han resultado clarificadores. Y es que es importante preguntarnos que, sin fortalecimiento a la profesión docente, sin acciones afirmativas del Estado por extender la educación superior a un número cada vez mayor de jóvenes (más allá del proyecto de Universidades para el Bienestar Benito Juárez García), sin inversión considerable en educación de primera infancia, sin un criterio novedoso para evaluar el sistema educativo nacional (dada la primacía acrítica por la prueba PISA, establecida también en el Programa), sin una participación real de las distintas expresiones magisteriales en las discusiones sobre el desarrollo de su trabajo, etc.,  resulta muy complicado aceptar la narrativa de la transformación.

Es verdad que la reforma constitucional de la 4T desvinculó la evaluación docente de su permanencia en el empleo, y con ello puso fin a la terapia de choque a la cual había sido sometido el sistema educativo nacional. Sin embargo, dado el apoyo electoral brindado por el magisterio en la campaña electoral de López Obrador, así como su entrega constante en el trabajo en el aula, ya sea física, virtual o inexistente, tal medida debería ser el inicio de un sistemático cambio educativo de largo aliento, y no un dispositivo de control sobre la crítica y la movilización. Alguien podrá decir que de poco sirve señalar las inconsistencias de la política educativa en curso. Sin embargo, vale la pena reconocer que la educación es esencialmente, un campo en disputa. Una disputa que se construye con las luchas cotidianas y que en términos concretos, no está definida a priori. Y ante el contexto de un gobierno que pese a ciertas definiciones aún se construye, resulta fundamental identificar las los claroscuros, para llamar a caminar en un sentido distinto.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/la-entelequia-educativa/

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“La pobreza no puede determinar el destino de nadie”: experta internacional en educación

Avis Glaze ha asesorado a más de 50 gobiernos en diferentes países del mundo para reformar sus sistemas educativos. En la Cumbre Líderes por la Educación habló sobre lo principal que debe tenerse en cuenta a la hora de garantizar un sistema equitativo.

La excomisionada de Educación de Ontario, Avis Glaze, quien a lo largo de su carrera ha asesorado a diferentes jurisdicciones de países como Alemania, Canadá, Escocia entre otros, considera que, para mejorar los niveles de equidad en un sistema educativo, los gobiernos deben concentrarse en unos objetivos específicos y no intentar abarcar muchos frentes, pues terminarán alcanzando malos resultados en todos.

Si el problema es de recursos, Glaze asegura que dos elementos fundamentales en los que deben concentrarse son el mejoramiento de la efectividad educativa y el desarrollo de liderazgo en los directivos de los colegios. “Los rectores son responsables de sus escuelas y saben perfectamente lo que la comunidad necesita. Ellos solo quieren aprender cómo transformar sus entornos y en eso deben invertir los gobiernos”, dice.

 

 

Además, explica que es fundamental que las escuelas trabajen en la equidad, pues no se puede alcanzar la excelencia si aún persisten las brechas sociales y económicas. Tenemos que asegurarnos de que la pobreza no condicione el destino de un niño o una niña, ni debemos nunca subestimar su potencial. Ellos solo necesitan tener acompañamiento profesional para alcanzar todo lo que se proponen, agrega la experta en educación, para quien las bajas expectativas que históricamente han tenido los entornos más pobres se deben a que no han tenido modelos a seguir ni se han rodeado de personas que los motiven a conseguir un futuro diferente.

Allí, los profesores tienen un rol determinante. Por esto, Glaze considera que la formación que se le dé a los maestros debe ser personalizada, pues cada uno tiene una necesidad diferente. Algunos requerirán conocimientos sobre cómo mejorar los niveles de disciplina de sus estudiantes, otros sobre herramientas tecnológicas u otros sobre pedagogías para enseñar a escribir, a razonar o a argumentar, por poner algunos ejemplos. “Los profesores saben lo que saben y lo que no saben. Por eso hay que escucharlos para diseñar sus programas de capacitación”, asevera.

Por último, el otro elemento trascendental para mejorar los resultados educativos es ganarse la confianza pública de los padres y las comunidades en el sistema de educación. Los padres quieren ayudar a sus hijos y si se les involucra en su educación y en sus colegios, los resultados serán ampliamente mejores. Las estrategias para alcanzar ese objetivo son múltiples. Desde escuelas de padres, hasta festivales comunitarios en los entornos educativos. El caso, concluye, es que los padres se sientan comprometidos y quieran con convicción enviar a sus hijos a las escuelas públicas.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/la-pobreza-no-puede-determinar-el-destino-de-nadie/632841/

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Todo el universo podría ser una red neuronal

Todo el universo sería una enorme red neuronal que concilia la relatividad general, la mecánica cuántica y los observadores: es el eslabón perdido del conocimiento humano.

Todo el universo en su nivel más fundamental sería una red neuronal, según explica el físico y cosmólogo Vitaly Vanchurin, de la Universidad de Minnesota en Duluth, en una prepublicación presentada en arXiv.

Vanchurin cree que la hipótesis de que todo el universo es una enorme red neuronal podría constituir el eslabón perdido del conocimiento humano, que permitiría reconciliar la mecánica cuántica y la relatividad general.

En su artículo, Vanchurin considera que las redes neuronales artificiales se comportan en la práctica como si la mecánica cuántica y la relatividad general ya se hubieran reconciliado.

La principal diferencia entre ambas teorías universales es el así llamado “problema del tiempo”: si para la mecánica cuántica el tiempo es universal y absoluto, para la relatividad general el tiempo es relativo, ya que no siempre discurre de la misma forma.

Hay otra diferencia notable entre ambas teorías universales, la conocida como el problema de la gravedad cuántica: los efectos gravitatorios del universo se confunden con los del mundo cuántico cuando las distancias entre objetos son mayúsculas y las energías extremas. Sin embargo, el problema es que no tenemos una teoría que explique este aparente imposible.

El tercer factor que enfrenta a ambas teorías universales son los llamados observadores: todavía no sabemos realmente qué papel desempeñamos en el conocimiento de la materia, ni en qué medida el mundo depende de nuestra observación. Hay todavía un apasionado debate sobre este tema y sobre la validez de la objetividad científica.

Salto cuántico

Vanchurin da un salto de audacia para proponer, no la pretendida teoría del todo unificado, que explicaría todos los fenómenos físicos conocidos, mayúsculos y minúsculos, sino más bien abrir un posible trayecto que conduzca a ella.

Para conseguirlo propone añadir a la ecuación cósmica un tercer factor, además de la relatividad general y a la mecánica cuántica: el observador, ese oscuro objeto del deseo que ha llevado a convertir el conocimiento humano en un consenso, más que en una descripción objetiva e inapelable de lo real.

Aun asumiendo que la mayoría de los físicos considera la mecánica cuántica como el pilar de todo lo que conocemos, Vanchurin propone que la realidad es más sutil: todo emana de una red neuronal microscópica, tanto la mecánica cuántica, como la relatividad general y los observadores.

«La red neuronal es todo lo que existe. Es un sistema dinámico que experimenta una evolución de aprendizaje y, como resultado, experimentamos muchos fenómenos emergentes interesantes como el espacio-tiempo, las partículas y, quizás lo más importante, los observadores», declara a Turingchurch.

Por lo tanto, si queremos reconciliar los tres aspectos conocidos de la realidad, habría que considerar que el sustrato del universo es una red neuronal, presumiblemente cuántica: integraría las leyes de la relatividad general, los principios del mundo cuántico y el papel de los observadores en este nuevo marco teórico.

También resolvería el dilema de los supuestos multiversos de Everett y de las variables ocultas que, supuestamente, tendrían los secretos del mundo cuántico.

Según Vanchurin, las variables ocultas serían los estados de las neuronas individuales y las neuronas aprendices representarían a lo que llama variables cuánticas.

Aprendizaje profundo

Para comprender cómo ha sido concebida esta propuesta teórica, que ha suscitado escepticismo entre otros físicos, Vanchurin cuenta que es la deducción lógica del estudio de las redes neuronales artificiales a las que ha dedicado mucho tiempo.

Las redes neuronales artificiales están formadas por una serie de circuitos electrónicos que se comportan como las neuronas biológicas.

Son una rama de la Inteligencia Artificial que imitan al cerebro humano a través del llamado aprendizaje profundo, una forma de automatizar el análisis predictivo: la capacidad que tiene el cerebro biológico de analizar un amplio espectro de datos para anticipar posibles acontecimientos.

Analizando esta tecnología, Vanchurin apreció que la dinámica de aprendizaje de las redes neuronales artificiales era muy similar a la dinámica que se observa en los sistemas cuánticos.

Las dos teorías universales y los observadores conviven en los procesos de aprendizaje de las redes neuronales artificiales. Esta constatación le llevó a suponer que, en los niveles más básicos del universo, todo se reduce a lo mismo: a una red neuronal que todo lo engloba.

Vanchurin reconoce que la idea es una locura, pero al mismo tiempo señala, en declaraciones a Futurism, que será relativamente fácil rebatirla: sólo es preciso encontrar un fenómeno físico que no pueda modelarse como una red neuronal.

Eso no significa que vivamos en Matrix, concluye Vanchurin, sino que vivimos y formamos parte de una red neuronal universal, aunque no podemos notar la diferencia.

Referencia

The world as a neural network. Vitaly Vanchurin.  arXiv:2008.01540 [physics.gen-ph]

Fuente: https://tendencias21.levante-emv.com/todo-el-universo-podria-ser-una-red-neuronal.html

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Lo que la pandemia nos dejó

Por: Sergio Martínez Dunstan

 

En mi colaboración anterior, “Rezago Educativo”, señalé que la pandemia arrojó un saldo negativo traducido en crisis sanitaria, económica y educativa. Esta última, a diferencia de las otras dos, resulta de proporciones incuantificables dada la ausencia de unidades de medidas precisas o indicadores que den cuenta de la magnitud. Advertí que el rezago educativo bien pudiera ser de la misma magnitud que el daño económico. Al parecer, juzgué, se están dando palos de ciego en la política educativa porque se desconocen las dimensiones del problema. Es indudable el retraso del aprendizaje en los alumnos, concluí. Cuestioné: ¿cómo se resolverá tan grave situación? Y propuse la necesidad de contar con un Plan Emergente de Educación. Al menos concretar y darle viabilidad al Acuerdo Nacional referido en la Ley General de Educación.

Al día siguiente de la publicación de mi columna, el ocho de septiembre, entregó el Paquete Económico 2021 a la Cámara de Diputados, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Su titular, resaltó cuatro elementos que influyen en el panorama. Entre otros la contracción económica derivada de la pandemia. Algunos académicos analizaron y externaron sus puntos de vista sobre este Proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación en diversos medios. Por ejemplo, Profelandia, cabeceó “Perfilan desaparición del Programa de Escuelas de Tiempo Completo”. Se citaron algunos twiter que dieron cuenta del cese de algunos programas de gobierno tendientes a garantizar el derecho a la educación. Por ejemplo, el aludido en el título así como la atención a la diversidad de la educación indígena y de la Población Migrante. Se precisó con toda puntualidad en la nota informativa  “¡Estos son los programas educativos que desaparecen del presupuesto de egresos 2021!”

Por otra parte, ese mismo día, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, conocida como la OCDE por sus siglas en inglés, presentó “Education at a Glance. OECD Indicators” acerca del estado que guarda la educación en el mundo así como el desempeño de los sistemas educativo en los países aglutinados en dicha organismo. En este marco, se presentó también “The Impact of COVID-19 on Education. Insights from Education at the Glance” de la autoría de Andreas Schleicher. Resalta que la pandemia está afectando con mayor severidad a quienes provienen de entornos más desfavorecidos. Se asevera que la inequidad se ha acentuado. Las poblaciones más vulnerables , se dice, dependen de sus escasos recursos para continuar aprendiendo de forma remota a través del internet y corren el riesgo de rezagarse.

Los efectos en el aprendizaje, arrojaría el bajo o nulo desarrollo de ciertas habilidades que las personas poseen las cuales están relacionadas con la productividad, se menciona en dicho estudio. Se sustenta en la investigación de Hanushec y Woessman quienes afirman que el PIB podría estimarse en 1.5% más bajo en promedio durante el resto del siglo y el valor actual del costo total podría ascender al 69% en algunos países (p. 4). Es previsible, se menciona, que el gasto en educación se reducirá porque los fondos públicos se destinarán a la salud y el bienestar social. De igual manera, el financiamiento privado también escaseará  a medida que la economía se debilite y aumente el desempleo (p. 5). También se pondera la importancia de los impuestos para la educación y resulta clave para los futuros ingresos fiscales. Se observa la desaceleración del crecimiento económico asociada con la propagación del virus. Traerá como afectación la disponibilidad de fondos públicos para la educación porque los ingresos fiscales disminuirán y los fondos de emergencia se canalizarán para respaldar el aumento de los costos de atención (p. 7). Se sentencia que la crisis actual afectará los presupuestos de educación a la par que los ingresos públicos disminuyan drásticamente y los gobiernos revisen la priorización de la educación en los presupuestos nacionales. De igual manera, se contempla un crecimiento del gasto en educación a tasas significativamente más bajas en comparación de como sucedía antes de la pandemia.

Además del impacto anteriormente aludido, refiere a la encuesta realizada recientemente por la OCDE y la Universidad de Harvard, bajo la conducción del propio Andreas Schleicher y Fernando Reimers, sobre las condiciones educativas que enfrentan los países y los enfoques adoptados para mantener las oportunidades educativas durante la pandemia. Afirman que el aprendizaje de los estudiantes ha sucedido sólo en una pequeña proporción durante el periodo que las escuelas se mantuvieron cerradas. Asimismo, consideran que la reapertura de la escuelas traerá beneficios que repercutirá a la contribución económica a largo plazo. Concluyen que este tipo de rezago educativo, de no remediarse, probablemente se presente en forma de reducción de la productividad  y el crecimiento. Consideran de particular relevancia evaluar la pérdida de aprendizaje poniendo foco en las competencias desarrolladas en relación con lo previsto en el currículum. Cuando la pandemia deje de representar un problema sanitario mayúsculo la educación quizá no vuelva a ser igual que antes. Con todo y ello, las afectaciones dependerá de la naturaleza de las respuestas colectivas y sistémicas, remata.

En otras palabras, del contexto mundial emana la preocupación por una crisis educativa derivada de la pandemia. Un bajo o nulo desarrollo de determinadas competencias en los estudiantes reduciría la productividad laboral y, por ende, el crecimiento económico, entre otras repercusiones, en las sociedades. Afortunadamente las consecuencias resultan indeterminadas. Dependen en buena medida de la forma en cómo se acometa el problema para atenuar sus efectos. Desde esta perspectiva es entendible el PEF 2021. Pero también a partir de ello es incomprensible la obtusa visión gubernamental de negar soslayar la grave situación. a un problema que se avizora de proporciones descomunales. ¿Y el plan emergente de educación? ¿y el financiamiento para garantizar su correcta implementación? No se habla de ninguna crisis en la educación, se niega su existencia. Tampoco se dice de sus efectos mas allá del propio ámbito educativo y menos se ha puesto sobre la mesa la manera de afrontarlo. Y del financiamiento mejor ni decimos nada porque en lugar de disponer recursos extraordinarios se restringe considerablemente el gasto público en comparación con los ejercicios anteriores. Lo que la pandemia nos dejó y quedará dada la prevalencia de sus causas.

Carpe diem quam minimun credula postero

Fuente: http://www.educacionfutura.org/lo-que-la-pandemia-nos-dejo/

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Primeros casos de coronavirus en colegios: ¿cómo manejar el miedo de los niños y los padres?

Por: ABC

Ser honestos con los niños, aceptar sus miedos y enfrentarlos día a día son algunos de los consejos de los expertos para manejar el estrés que genera esta situación.

Desde el inicio del año escolar más de 200 colegios han enfrentado diversas situaciones por casos de coronavirus. Mientras continúan reintegrándose más alumnos a las aulas, los temores y las preocupaciones de padres y estudiantes por el riesgo de contagio se agudizan. Además de las emociones típicas que caracterizan estos primeros días en los pupitres, también hay incertidumbre y miedo por la «nueva normalidad» que se vive ahora en el entorno escolar, marcada especialmente por medidas como el uso obligatorio de las mascarillas y las reglas de distanciamiento social.

ProntoPro.es ha consultado con psicólogos de la plataforma sobre cómo afrontar las dudas y el estado de ánimo que caracterizarán estas primeras semanas de clases. Estos son sus cinco consejos.

1. Bajo nivel de previsibilidad

El coronavirus no ha desaparecido, la evolución que pueden tener los contagios con la llegada del frío está envuelta en una fuerte sensación de incertidumbre. Se trata de una inestabilidad, una sensación que es aún más intensa en los niños más pequeños, que viven una edad en la que la rutina y la previsibilidad son la base para construir su sensación de seguridad, explican los expertos. Hacerles saber a los niños esta realidad, puede ser una forma de ayudarles a entender lo que está pasando y lo que pueden esperar.

2. Capacidad de adaptación

«Un hombre que camina nunca está en equilibrio, sino que corrige continuamente su desequilibrio», dijo Gregory Bateson, un destacado psicólogo británico. De acuerdo con profesionales inscritos en la plataforma, esto es lo que tenemos que hacer para afrontar estos tiempos particularmente inciertos: formar y entrenar en nuestros hijos la capacidad de adaptación . Acompañarlos, sobre todo, en la búsqueda de sus herramientas, sus recursos, sus posibilidades para afrontar las adversidades que la vida, de manera más o menos inevitable y más o menos intensa, nos pone delante.

3. Autenticidad

No tenemos que verter nuestras ansiedades y preocupaciones sobre los niños; pero, por otro lado, tampoco podemos dorar demasiado la píldora. El reto para todos los padres es encontrar palabras auténticas que puedan ayudar a sus hijos a hacerse una idea de lo que está sucediendo, explicando claramente las nuevas reglas a seguir y las posibles consecuencias si un profesor o un compañero de clase contrae el virus, por ejemplo.

4. Aceptar los miedos

Entender lo que siente el niño o la niña es un elemento fundamental. No se deben minimizar sus temores. Como adultos, por ejemplo, el miedo a la oscuridad nos parece tonto, pero de niños no era así. Si no se acepta este miedo, sino que se minimiza y se ridiculiza, ¿qué pasa? Ciertamente no desaparece, pero se queda ahí, sin cambios. Aceptar los momentos difíciles de los niños e intentar superarlos juntos es definitivamente el camino a seguir, explican los expertos.

5. Un día a la vez

La mejor manera de tratar un problema es descomponerlo en partes pequeñas y más fáciles de resolver. Vivir un día a la vez puede parecer ciertamente trivial, pero en este concepto se basa la eficacia de muchos grupos de autoayuda. Por eso será de mucha utilidad afrontar estos problemas a medida que surgen, y resolverlos paso a paso.

Fuente e Imagen: https://www.abc.es/familia/educacion/abci-primeros-casos-coronavirus-colegios-como-manejar-miedo-ninos-y-padres-202009170123_noticia.html

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Regreso incierto a clases remotas en México

Por: Juan Carlos Yáñez

  • Después de tres semanas de haber regresado a clases no presenciales para un periodo de evaluación, recuperación y repaso, el lunes 14 de septiembre, unos 30 millones de niños mexicanos (3-14 años) iniciaron formalmente el ciclo escolar 2020-2021 lejos de las aulas y cerca de las pantallas, WhatsApp y libros de texto gratuitos.

Con exactitud todavía no se sabe cuántos alumnos volverán, dadas las especulaciones sobre el abandono escolar. 30 millones fue la cifra reportada por el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, al inicio del periodo preparatorio. Lo cierto es que en algunas semanas, cuando las estadísticas se hagan públicas, podrían desgranarse cientos de miles de aquella cifra.

El inicio insólito es un experimento controvertido, basado en las cadenas de televisión de mayor cobertura, entre ellas, los dos poderosos emporios que controlan el sector televisivo, equipos del fútbol profesional y que crecieron al amparo de los grupos políticos gobernantes.

Mientras la pandemia no cesa en México y ya cobró más de 70 mil muertes el fin de semana anterior, las posibilidades de un retorno a las aulas parecen lejanas. Ese escenario, además, es peligroso en extremo, cuando miles de las más de 200 mil escuelas del país carecen de servicios básicos, como agua potable, baños o electricidad, para no mencionar las condiciones específicas que requeriría una vuelta segura.

El gran instrumento igualador del sistema educativo mexicano, los libros de texto gratuito que se reparten a todos los niños de preescolar, primaria y secundaria de las escuelas públicas y privadas, en los que el gobierno federal confía para acompañar a los estudiantes y sus familias, todavía no se han entregado a las escuelas, ni siquiera han llegado completos a los estados. La demora es un yerro injustificable, pero el Gobierno Federal está acostumbrando al sector al silencio, a no explicar, menos a la autocrítica. Así, hoy enfrenta cuestionamientos severos del magisterio porque los prometidos mecanismos de ascensos y mejoras salariales no se han puesto en práctica cuando el Gobierno concluye su segundo año de gestión.

Si las perspectivas son críticas por la pandemia, con sus efectos sanitarios y económicos, a los rezagos históricos de la educación mexicana se suma un presupuesto para el siguiente año que no contempla aumentos y recorta brutalmente programas presupuestales que demostraron progresos y fueron efectivos para paliar desigualdades sociales, como el programa Escuelas de Tiempo Completo, que permitía la ampliación de la jornada escolar en 25 mil escuelas (2018), con énfasis en aquellas ubicadas en zonas marginadas. Sus estudiantes obtenían, además de ampliación de la jornada, un desayuno y una comida al día, beneficio que de otra forma será imposible en las zonas más pobres. Este programa, que demostró mejoras en los resultados del aprendizaje, es uno de los 13 que el gobierno del presidente pretende eliminar, a contracorriente de su discurso de que primero estarían los pobres. Son los niños pobres los perdedores, los de siempre.

En el mismo tenor, los recursos para las escuelas normales y para la formación de los maestros en servicio sufrieron reducciones drásticas, que desde las primeras horas generaron un rechazo contundente en el gremio.

En una medida encomiable, durante la segunda semana de septiembre se presentó en el Congreso de los diputados una iniciativa para que toda la educación superior pública sea gratuita, lo que significaría que las universidades e institutos tecnológicos ya no podrían cobrar las cuotas que se establecen en cada una de ellas, con diferencias enormes entre la Universidad Nacional Autónoma de México, prácticamente gratuita, y otras universidades en donde se pagan varios miles de pesos mexicanos, especialmente en las carreras más prestigiadas y de alta demanda, como Medicina, Odontología o Arquitectura.

No obstante que la iniciativa es presentada por el partido gobernante, el proyecto de presupuesto público para ejercerse en 2021 no contempla incrementos que palien los recursos que necesitarían las universidades al ya no cobrar cuotas, en cambio, suprimen dos programas de recursos extraordinarios para la educación superior, entre ellos, uno de ampliación de la matrícula.

Las contradicciones rondan por doquier y el inicio del año escolar siembra dudas sobre los efectos que podrían tener la conjunción de los efectos pandémicos y las decisiones de política educativa. En cualquier circunstancia, la única señal positiva que advierto es el compromiso declarado y fehaciente de miles de maestros que han extendido su jornada laboral, diversificado actividades, pero no encuentran el acompañamiento necesario. ¿Hasta cuándo será suficiente con eso para desatascar al sistema? No parece que sólo con ellos, con pura buena voluntad, alcance para lograr que se cumplan las dos banderas más importantes: el derecho a la educación de todos los niños y jóvenes y la calidad de la educación que reciben. Es el futuro, con un presente precario, el que se juegan los mexicanos en el ciclo escolar naciente.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/09/16/regreso-incierto-a-clases-remotas-en-mexico/

 

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Profesiones de lo humano: docentes y personal de salud ante el Covid-19

Por: Pluma Invitada

En meses pasados, los investigadores rastrearon las repercusiones del confinamiento, provocado por el Covid-19, en la expansión del tele-trabajo. Se centraron en la productividad de los trabajadores que bascularon hacia esa modalidad, de manera brusca, y en sus ventajas y desventajas, en situación de pandemia. Analizaron el cumplimiento de las obligaciones laborales, el respecto de los derechos de los trabajadores y las afectaciones psicológicas a la vida familiar y personal, acarreadas por esa coyuntura. En vísperas de la reanudación de actividades presenciales, en las profesiones esenciales y, luego, en las “no –esenciales”, abordaron el derecho humano a quedarse en casa para no arriesgar la salud, por lo menos en los sectores que tenían la posibilidad (legal y económica) de elegir hacerlo.

En paralelo, los especialistas se interesaron en profesiones cuyos integrantes no sólo no suspendieron labores sino que soportaron cargas profesionales duplicadas. Las estadísticas muestran que el personal de salud y los trabajadores encargados del mantenimiento de las infraestructuras hospitalarias no sólo no se quedaron en su casa sino que incrementaron, más allá de sus horarios contractuales, sus tiempos de permanencia en el trabajo para cuidar a los pacientes. Pagaron un precio excesivo por su dedicación y sufrieron porcentajes de defunción superiores al promedio, en una coyuntura de ausencia de reconocimiento social a sus compromisos.

Los docentes, por su parte, se encuentran en una situación ambigua. Ellos, como los médicos y enfermeros, son trabajadores “esenciales” para garantizar el funcionamiento “normal” de gran parte de la sociedad. Gracias a que atienden a los alumnos en los espacios escolares, los familiares de los jóvenes pueden trabajar, con cierta tranquilidad. Pero, a diferencia del personal de salud, durante el medio año que acaba de transcurrir, los profesores dejaron de ocuparse directamente de los niños.
La decisión de la Secretaria de la Educación Pública (SEP) de cerrar tempranamente de las escuelas y no reabrirlas en agosto, los llevó en efecto a “abandonar” las instalaciones educativas y, desde sus casas, a experimentar prácticas a distancia de atención a los alumnos. En encuestas y pronunciamientos, opinaron que la enseñanza no presencial fue una solución de sustitución, útil transitoriamente y en condiciones excepcionales. Advirtieron que no debía representar un cambio irreversible ya que su adopción, definitiva y en amplia escala, supondría reformular los principios éticos de una profesión que, como las de la salud, se define como “una profesión de lo humano”. Todas las que se ubican en esa categoría, según los sociólogos del trabajo, enfatizan, como sus ejes organizativos esenciales, las interacciones permanentes con los otros, las modalidades colectivas de realización de tareas y una adhesión fuerte a una vocación de servicio.

Esa autodefinición indica que, para reanudar la docencia presencial añorada por igual por prestadores, usuarios indirectos y beneficiarios directos, no bastan soluciones técnicas y reglamentarias. Urge negociar compromisos con los sindicatos, las asociaciones académicas, los desesperados madres y padres de familia, que batallan a diario por sentar a sus hijos ante la televisión en los horarios de transmisión de los cursos, supervisar su desempeño y llenar las bitácoras de evidencia y los alumnos (grandes ausentes en los diagnósticos sobre las rutas de salida de la crisis),

Además, cuando vuelvan a encontrarse cara a cara los sujetos colectivos que animan la vida escolar, tomando en cuenta las exageradas tasas de mortalidad de médicos y enfermeras, será preciso que todos obtengan una protección sanitaria adecuada y respecten los lineamientos para la convivencia en los ámbitos educativos. Para evitar que las escuelas sean “clusters” de contagio, habrá que disponer de una cantidad de “tests”, suficiente para medir oportunamente contagios de doble vía, de los docentes y otras categorías de personal hacia los alumnos y vice-versa. Habrá que contar con capacidades instaladas de tratamiento de las muestras para que los laboratorios de análisis clínicos entreguen expeditamente resultados. Es en efecto indispensable asegurar un control de las cadenas de transmisión de la enfermedad en las instalaciones educativas, que abarque todo el país y todos los tipos de escuelas.

En otras palabras, urge planear el regreso a clases simultáneamente en los niveles intra- y extraescolares, aunque no se haya fijado todavía fechas de reocupación de las aulas, y hacerlo de manera previamente concertada. Considerando lo que todavía se desconoce sobre la enfermedad y los alcances de las vacunas, pensar que, en automático, el semáforo verde garantizará un regreso terso a la escuela o la universidad es ilusorio. Partir de las dimensiones humanas que se entrecruzan en y en torno a la profesión docente para identificar las esperanzas y los miedos subyacentes a las propuestas de reapertura escolar y responsabilizar a los actores involucrados en ella, son, por tanto, estrategias susceptibles de aminorar un riesgo, que todos desearíamos dejar atrás pero que, desgraciadamente, sigue presente (y lo seguirá estando por largo tiempo).

Fuente: http://www.educacionfutura.org/profesiones-de-lo-humano-docentes-y-personal-de-salud-ante-el-covid-19/

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