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Homenaje a las y los educadores: guardianes del saber, la justicia y la dignidad

Nelva Reyes Barahona

La labor desempeñada por cada educadora y educador es noble y comprometida con la sociedad, orientada a lograr que sus estudiantes se conviertan en personas que contribuyan a la formación integral de la comunidad. Miles de educadoras y educadores han asumido con conciencia el papel de guiar a niñas, niños y jóvenes en valores, responsabilidad y compromiso, formando ciudadanas y ciudadanos que aportan al engrandecimiento de la sociedad.

Ninguna otra persona funcionaria pública realiza una tarea tan significativa como la que cumplen las y los educadores, quienes muchas veces se distancian de su hogar para compartir y brindar conocimientos en otras comunidades. Su objetivo no se limita al aspecto académico, sino que también abarca el desarrollo social, la convivencia pacífica y el fortalecimiento de la autoestima de sus estudiantes, procurando una formación que enriquezca a la comunidad. Son incontables las y los educadores que han perdido la vida en accidentes mientras cumplían su misión: caídas de caballo, ahogamientos, picaduras de serpiente, entre otros. La nobleza de las y los educadores se refleja también en gestos sencillos, como compartir con sus estudiantes los alimentos que llevan para su merienda, respondiendo a las necesidades de quienes lo requieren. En múltiples ocasiones, madres, padres y familias expresan gratitud al personal docente por haber guiado de manera correcta a sus hijas e hijos, evitando que se pierdan en el camino.

Las y los educadores panameños, de manera unida en distintos períodos, hemos luchado por conquistas fundamentales. Entre ellas, la Ley Orgánica n.° 47 de 1946, impulsada por la maestra Sara Sotillo; el fuero de maternidad, defendido por Marta Matamoros; y los 31 puntos planteados en 1978-79, muchos de los cuales aún no se han alcanzado. Ese pliego contenía demandas relacionadas con la población, la educación, el Canal y otros temas de gran relevancia nacional.

Este año, cuando las y los educadores se movilizaron para defender la Caja del Seguro Social frente a intentos de privatización, así como para rechazar la explotación minera, los embalses y el memorando de entendimiento, la respuesta del gobierno fue imponer la Ley 462. Ante la resistencia de educadoras, educadores, trabajadores de la construcción y trabajadores bananeros, se desplegaron más de mil efectivos en la provincia de Bocas del Toro. La represión dejó como consecuencia la muerte de un niño producto de los gases lacrimógenos. También se reprimió a compañeras y compañeros indígenas de Arimay, una de ellas fue detenida y esposada con grilletes. Más de 500 trabajadores del Sindicato de la Construcción fueron arrestados, y a educadores se les lanzó bombas lacrimógenas, se les tiró al suelo y se les detuvo. Nunca antes las y los educadores habían sido reprimidos de la manera en que lo hizo esta administración.

La dignidad y el respeto hacia cada educadora y educador deben ser siempre reconocidos y defendidos.

En este día de la y el educador, rendimos homenaje a quienes, con entrega y vocación, han dedicado su vida a sembrar conocimiento, valores y esperanza en cada estudiante. Reconocemos la labor de todas las educadoras y todos los educadores que, desde cada aula y comunidad, construyen futuro con paciencia, compromiso y amor por la enseñanza. Que esta conmemoración sea también un llamado a la sociedad para valorar y respetar la dignidad de quienes ejercen la docencia, porque en sus manos está la formación de generaciones que harán de Panamá un país más justo, solidario y humano.

Hoy celebramos a las y los educadores, pilares de nuestra nación, guardianes del saber, la justicia, la dignidad y sembradores de sueños.

Al mismo tiempo, reafirmamos la importancia de la lucha que históricamente han sostenido las y los educadores en defensa de la educación pública, de los derechos sociales y de la justicia. En este día enviamos un mensaje especial de solidaridad y respeto a las y los educadores destituidos, por esta indiferente administración, quienes con valentía se han mantenido firmes en la defensa de los derechos colectivos. Su ejemplo nos recuerda que la docencia no es solo enseñar, sino también resistir y luchar por un país más digno. Exigimos el reintegro de todas y todos ellos, porque su voz y su presencia son indispensables en las aulas y en la construcción de una sociedad más equitativa.

*La autora es educadora
https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/homenaje-a-las-y-los-educadores-guardianes-del-saber-la-justicia-y-la-dignidad-MM18056794
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Adolescencia y pantallas: riesgos ocultos

La aparición de las nuevas tecnologías, Internet, smartphones, redes sociales… han cambiado el paradigma relacional en el que vivimos y esto está afectando al conjunto de la población, pero con especial preocupación a nuestros adolescentes. Hace unos años leí en un artículo cómo la llegada de Internet a una remota tribu amazónica había provocado graves problemas en su población más joven, algunos de ellos derivados del consumo de pornografía. Las relaciones sexuales cambiaron y no solo ello, sino la percepción de las mujeres y del acceso a su cuerpo que tenían los más jóvenes.

A pesar de tener datos más que suficientes para empezar a alarmarnos de los perjuicios que provoca el uso de las nuevas tecnologías en niños, niñas y adolescentes no se financian estudios ni se pone freno al acceso de estos por parte de la población más joven y más vulnerable. Los daños que están provocando las redes sociales -aumento de las ideas autolíticas y las autolesiones, ansiedad, depresión, disforia corporal, comportamientos de riesgo…- cada vez son más notorios y por lo tanto más conocidos por todos, pero existen otras aplicaciones y redes sociales que solo conocen los adolescentes y que suponen un abismo peligroso del que al no ser conocedores ni tan siquiera les podemos acompañar para ofrecerles herramientas para protegerse.

Me refiero a los chats en vivo, plataformas ofrecidas por diversas aplicaciones y cuyo objetivo es establecer chats de vídeo y audio en directo con personas de todo el mundo. Normalmente los adolescentes se conectan en cualquier momento del día; en clase, en casa, en la calle con su grupo de amigos, en el recreo… Cuando no te interesa lo que ves o quieres pasar a otra sala simplemente basta con un toque a la pantalla y pasas a chatear con otras personas. A veces simplemente lo dejan conectado y en silencio para que los adultos que puedan estar cerca no se enteren de que está pasando. En principio parece muy inocente y una forma genial de conectar con personas de otros lugares para conocerse, pero estas aplicaciones en manos de menores que no entienden los riesgos que se esconden detrás de Internet y ni tan siquiera saben cómo hacer un uso responsable del mismo son dianas perfectas para adultos dispuestos a aprovecharse de esa situación y acabar abusando de menores en situaciones muy vulnerables.

Debido a mi trabajo he sido testigo en muchas ocasiones de cómo los adolescentes usan estas aplicaciones y lo normalizado que tienen el hecho de que se van a encontrar a hombres mayores masturbándose. “Mira, ahí hay otro pajillero”, me decían para corroborar lo que me habían contado y efectivamente cuando enfocaban la pantalla un señor de mediana edad y sin camiseta pasaba rápidamente la pantalla. Al ser todo tan instantáneo es difícil protegerse o poder rastrear a estos hombres sin las herramientas y conocimientos adecuados. Además, como decía, en muchas ocasiones las chicas dejan los chats activados mientras están en clase, o en su habitación y son el blanco perfecto para estos tipos. Además, los algoritmos seguramente le habrán hecho ver más de un vídeo de alguna influencer diciendo lo bueno y empoderador que es tener un “sugar dady” y lo rica que te puedes hacer si además te abres un Onlyfans. Todo ello unido a la normalización de determinadas conductas sexuales denigrantes y de riesgo debido al porno, conforman el campo perfecto para que abonen los abusos y la inducción a la prostitución.

Tener acceso a Internet sin restricciones es un arma muy potente en manos de personas que aún se están formando, que están desarrollando su cerebro. La noción de riesgo no se adquiere de manera sólida hasta los 25 años, así que imaginaros a una chica de 13, 14 o 15 expuesta a Internet, al mundo oculto que se esconde y a los peligros que le acechan. Y por mucho que queramos acompañarlos, estar al tanto de lo que ven o de lo que usan, no tenemos ni idea de lo que hacen en Internet y del mundo que van modelando en respuesta a lo que consumen. El auge de la violencia más extrema por parte de chicos cada vez más jóvenes, las redes de prostitución de menores tuteladas, todo ello es la punta del iceberg de lo que hay oculto, y si no se toman medidas urgentemente tenemos un porvenir muy oscuro.

Es necesario poner límites reales al acceso de Internet y a los smartphones por parte de menores de edad, tal como lo hacemos con otras cosas nocivas para su salud como el alcohol y el tabaco. Pero todo esto debe ir acompañado de una coeducación real en las aulas, que hable de igualdad y les inculque a los niños y niñas desde pequeños la noción básica pero olvidada de que somos iguales en derechos y deberes, que las mujeres no somos algo que se pueda usar y comprar como si fuésemos objetos. Una coeducación verdaderamente feminista que les enseñe la igualdad y los libere de los estereotipos de género y los valores patriarcales que tanto daño están haciendo en especial a las niñas y mujeres del mundo.

Fuente de la información e imagen: https://eldiariodelaeducacion.com

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El velo como excusa

Por: Rosa Cañadel

Hace pocos días, la Najat El Hachmi dijo: «Soy partidaria de prohibir el velo islámico en las escuelas. El islam hace trampas cuando dice que el velo es una pieza religiosa cuando no se dice en ningún sitio dentro del Corán. No podemos aceptar que los islamistas impongan el velo».

Por su parte, la líder de la extrema derecha catalana, Sílvia Orriols, en una intervención en el Parlament, dijo: «En vez de hacer leyes para castigarme a mí de cara a la pared, legislen para que el velo islámico, misógino y fundamentalista, no pueda sentarse dentro de esta cámara».

Susana Alonso

Así pues, dos mujeres, totalmente opuestas en origen y en ideología, están de acuerdo en «salvar» a las chicas y mujeres musulmanas de la «imposición del velo». Es evidente, sin embargo, que detrás de estas declaraciones hay intenciones y objetivos totalmente diferentes.

A la derecha y extrema derecha, que ha hecho bandera de su propaganda antiinmigración, ¿le importan las mujeres musulmanas, o las utiliza para justificar su islamofobia?

Yo no tengo claro que se tenga que prohibir el velo, más bien lo contrario, pero de lo que sí estoy segura es que es una gran contradicción estar en contra de la inmigración, especialmente la musulmana y luego querer «defender» a las mujeres de las imposiciones de su cultura, religión y/o familia. Y es que la sensación que tengo es que lo que les molesta no es que las mujeres musulmanas tengan que llevar «obligatoriamente» el pañuelo o la hiyab, sino que les molesta el propio pañuelo (tanto si lo llevan voluntariamente como si lo llevan obligadas), porque este pañuelo es un símbolo claro de que pertenecen a «otra cultura». despreciada constantemente por todos estos sectores. En definitiva, el velo como excusa.

También es curioso, que los sectores de la derecha que dicen «defender» a las mujeres musulmanas de la «imposición» que supone el velo, son los mismos sectores que defienden a Israel y su genocidio sobre Palestina. O sea, les preocupa que a las mujeres musulmanas les impongan un velo pero no parece que les preocupe nada que en Palestina las asesinen por miles, a ellas y a sus hijos e hijas.

Hay que denunciar todas estas contradicciones y es necesario también buscar una estrategia educativa que evite que la población en general y los más jóvenes en particular absorban esta cultura y se instale el racismo y la islamofobia entre nosotros.

Por otro lado, sobre las declaraciones que hace Najat El Hachmi, desde la izquierda y el feminismo, tengo muchas dudas sobre si realmente prohibir el velo en las escuelas es la mejor estrategia para ayudar a las chicas musulmanas. Creo que prohibir el velo en la escuela dejaría a las chicas entre dos prohibiciones, la de la familia (si es que es esta que la ha impuesto) y la de la escuela. Dos prohibiciones contradictorias y en las que la chica, o la mujer, no ha tenido nada que decir.

Por otro lado, la prohibición siempre conlleva un juicio moral, se prohíbe lo que está mal. Y, en este caso, ¿qué es lo que «está mal», que una chica o una mujer lleve un pañuelo en la cabeza, o que a una chica o una mujer la obliguen a llevarlo? Es evidente que yo estoy en contra de cualquier imposición a cualquier mujer, pero la prohibición no ayuda a cambiar la situación, sino que la puede complicar más. A la chica se le plantea un dilema muy cruel: hacer caso a lo que le «impone» la escuela, con el peligro de ser marginada por la familia o la comunidad, o hacer caso a la familia y tener que dejar la escuela, si es que la prohibición se hace efectiva. En el fondo, dejamos a la chica aún más marginada y estigmatizada.

No sabemos tampoco, exactamente, cómo viven las chicas y mujeres esta cuestión. Puede ser que para unas sea una grave obligación y quieran cambiar la situación, y en este caso las tendremos que ayudar, pero también puede ser que se sientan cómodas formando parte de una comunidad que las acoge frente a otra comunidad que las rechaza. Yo diría, que si lo que nos molesta de verdad es la imposición, tendremos que buscar fórmulas para ayudarlas, y la escuela y las feministas podemos hacer este papel sin tener que prohibir nada.

A mí el velo, en sí, no me molesta más que muchas otras cosas que, si pudiera, cambiaría, como la discriminación que sufren muchas niñas y jóvenes de familias inmigrantes al acceder a las actividades de ocio, a la sociabilidad, o a seguir estudiando, lo que vulnera sus derechos fundamentales (tal y como varias voces han denunciado en la presentación de la Asociación «Per elles»). Justamente todo eso es lo que no preocupa nada a la derecha que sólo está preocupada por el velo.

Quizás sería mejor empoderar a las chicas y a las mujeres musulmanas y darles herramientas para luchar por su emancipación, en lugar de intentar «liberarlas» desde fuera. Así es como las mujeres de mi generación conseguimos muchos derechos que nuestras abuelas y madres no tenían.

https://www.eltriangle.eu/es/2025/11/21/el-velo-como-excusa/

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Por qué la izquierda necesita volver a pensar la cuestión generacional

La izquierda envejece cuando deja de seducir a la juventud. La extrema derecha ya lo entendió: conquistó las redes, el lenguaje digital y la rebeldía. Recuperar esa energía es una tarea urgente.

Una corriente que invalida el saber de las antiguas generaciones de militantes anula con ello no solo su memoria, sino también su capacidad presente de actuación y lucha. Construir direcciones lleva tiempo. Por eso, las generaciones más viejas son el cimiento de cualquier agrupamiento. Ellas cargan con la experiencia política, la tradición ética y organizativa, el programa histórico. Su papel, por tanto, no es el de sabios y pasivos consejeros, sino el de miembros activos. Pero el cimiento no es todavía el edificio. Es la juventud la que debe constituir las paredes, las aberturas y el acabado fino del edificio. Un colectivo que no promueva la renovación generacional de sus cuadros dirigentes está condenado a la crisis y al estancamiento. No fueron pocas las rupturas recientes en el campo de la izquierda que tuvieron como motivo alguna forma de conflicto generacional. La integración de las distintas generaciones en la estructura de la organización es un tipo de arte tan delicado como imprescindible para la salud interna de una corriente.

Pero las cosas cambian un poco de figura cuando se habla de la composición general del grupo. Una organización que pretenda cumplir algún papel en la historia necesita ser, en promedio, una organización joven. El envejecimiento generalizado de una corriente, la permanencia de un mismo equipo de dirección durante largos años al frente del aparato partidario, la desaparición del papel de la juventud en la estructura del colectivo, una débil actuación en el movimiento estudiantil y juvenil son síntomas que deben preocupar.

No se trata de un deseo interno, sino de una necesidad de la lucha. Difícilmente podemos encontrar algún movimiento histórico importante que no haya tenido a la juventud como protagonista: desde la Revolución Rusa hasta las actuales protestas de la Generación Z (aún no estudiadas por la izquierda), pasando por la Revolución Cubana, la Revolución de los Claveles, el Mayo del 68, la resistencia contra las dictaduras en América Latina, las protestas de los últimos años en la región y el mundo, las luchas de solidaridad en defensa del pueblo palestino y muchas otras.

En el mundo actual, en que se profundiza el abismo generacional debido al acelerado avance de la tecnología y a la precarización y «plataformización» de la vida, esta cuestión asume dimensiones dramáticas. Una organización que no logre atraer a la juventud (no solo la estudiantil, sino también la periférica, la de los movimientos culturales, la de la clase trabajadora, la de las clases medias intelectualizadas) simplemente no tiene futuro. El vicio del «presentismo» es tanto la ignorancia del pasado como el olvido del inevitable porvenir. La extrema derecha está muy por delante de la izquierda en el manejo de las redes sociales y del lenguaje digital. Nuestros ensayos han sido tímidos. La renovación de la dirección fascista también es una realidad, con figuras emergentes, organizaciones relativamente jóvenes y miles de influencers esparcidos por todas las plataformas y explorando todo tipo de formato. La idea de que el fascismo es un movimiento de viejos acomodados es extremadamente equivocada. Tal vez haya sido así hace algunos años. Ya no lo es. Es imprescindible conectarse con la juventud. No cabe aquí el viejo consuelo de que el movimiento estudiantil es tradicionalmente de izquierda y por lo tanto constituye un espacio naturalmente nuestro. Esa realidad ya está cambiando. Lo que hoy son incursiones puntuales de provocadores en las universidades públicas mañana puede convertirse en trabajo estructural del fascismo. Si eso sucede, las cosas se pondrán mucho más difíciles para nosotros.

La juventud es un dinamizador de las luchas

La juventud no es una clase social ni un sector política o ideológicamente diferenciado. Hay jóvenes ricos y pobres, revolucionarios y reaccionarios. La juventud es solo un período de la vida. Pero la vida humana tiene una cierta mecánica más o menos previsible en cualquier cultura. Por eso, en todas las sociedades, la juventud es siempre el sector más dinámico. El propio análisis económico y social de fondo debe tener en cuenta el peso de la juventud. Es sabido que los países más viejos pierden dinamismo económico, cultural, político y militar. En cambio, los países más jóvenes disfrutan del llamado «bono demográfico», cuando la población activa es mayor que la población inactiva (niños y ancianos), lo que crea una importante ventana de oportunidades para el crecimiento y la innovación.

Este hecho debe orientar también la actuación de las organizaciones socialistas. Los análisis políticos deben considerar el humor de la juventud, su condición estructural, su situación laboral, el problema de la educación y del movimiento estudiantil, las nuevas tendencias culturales del mundo analógico y digital.

Se trata aquí de comprender realmente la dinámica política de la juventud, el papel más profundo de ese grupo etario en la propia historia del país. Y estar atentos a los signos de crisis e insatisfacción de ese sector de la población. Ser joven tiene consecuencias programáticas.

La juventud es ideológica

Una organización política que no realice trabajo ideológico tendrá mucha dificultad para conectarse con la juventud. Cuando se tienen 16, 20 o 24 años, las ideas importan más que cuando se tienen 40 o 50. Con frecuencia, ellas determinan los proyectos de vida, las elecciones profesionales y personales de esas nuevas generaciones. Basta recordar la importancia que las ideas tuvieron para nosotros, miembros de las generaciones más viejas. Empezamos a militar en alguna lucha concreta, alguna huelga, alguna movilización. Pero no elegimos cualquier organización. Optamos por aquella que mejor representaba nuestro deseo de cambiar el mundo. Nuestra elección se basó en ideas. Una organización que sustituya la política concreta por la propaganda abstracta está condenada a la marginalidad. Pero una corriente que no hable de comunismo, revolución, alienación, capitalismo y de cómo construir una nueva sociedad no merece llamarse socialista.

Mientras leemos este artículo, ¿cuántos jóvenes estarán buscando en ChatGPT cuál es la organización más revolucionaria, más socialista y más radical? Por eso, hacer lucha ideológica en el siglo XXI es tener presencia en las redes, promover debates, participar en lives, producir videos. No bastan los viejos encuentros presenciales. Siempre serán importantes, pero ya no satisfacen nuestras necesidades. Se necesita no solo un perfil político y organizativo, sino ideológico.

La juventud quiere enfrentarse al mundo

Las posiciones sindicales, los despachos parlamentarios, la «institucionalidad» (vida cotidiana ordenada) del movimiento de masas son muy importantes. Ayudan a dar un sentido de continuidad, estabilidad y fuerza a la lucha. Son instrumentos poderosísimos, sobre todo en tiempos de retroceso y avance del fascismo. Pero una organización que se limite a esa institucionalidad tendrá enormes problemas para conectarse con los sectores más combativos, más valientes de la juventud. Es necesario combinar distintos terrenos de lucha. Quien reivindica para sí la designación de revolucionario debe estar en la primera línea del enfrentamiento extrainstitucional. No necesitamos inventar nada, ningún foco ejemplar. La lucha de clases ya está llena de conflictos callejeros, acción directa, resistencia activa. Basta con ser parte de ellos. Y no solo estar presentes, sino ser el sector más consciente, proponer no solo tácticas de lucha, sino salidas estratégicas.

La juventud es antropofágica

Existe un cierto sentido común bastante difundido según el cual «¡La juventud no lee!», «¡La juventud no estudia!». Sería necesario acceder a estadísticas serias al respecto para formarse una opinión. Sin embargo, por la forma en que ese asunto suele surgir, parece mucho más una ideología justificativa de la dificultad, por parte de los mayores, de establecer un diálogo intergeneracional. La juventud vive en las redes, es verdad. Lee menos que nuestra generación —también parece verdad—. Pero está absorbiendo el mundo, devorando ideas, nutriéndose de todo lo bueno y lo malo que circula en las redes, exactamente como nosotros lo hicimos en nuestra época. La juventud mira toneladas de cursos, conferencias, clases en línea, pequeños videos, carruseles, stories. ¡Quiere saber, y mucho! Pero lo hace a su manera, a la manera de su generación. Somos nosotros, los mayores, quienes miramos esta nueva forma de devorar el mundo con cierta arrogancia y muchas veces dejamos de dialogar. La juventud está en el apogeo de su curiosidad intelectual. Es necesario aprovechar esa estrecha ventana. Son pocos los individuos en los que ella no se cierra después, allá por los 40 o 50 años.

La juventud quiere más que política

«No solo de política vive el hombre», escribió Trotsky en su famoso artículo de 1923 publicado en la colección Cuestiones del modo de vida. En ese texto magistral, el organizador del Ejército Rojo defendía la necesidad de que el partido bolchevique se conectara con las masas a través de otros canales además de la política pura: cine, cultura, fiestas populares, clubes de alfabetización, incluso la secularización y resignificación de los rituales religiosos. Todo valía en la lucha por conectar con una población interesada no solo en las cuestiones estatales, sino sobre todo en la propia vida humana. La revolución socialista era un despertar total del individuo, y era necesario tenerlo en cuenta.

Lo mismo sucede con la juventud, que también puede ser vista desde el punto de vista de la consolidación de la personalidad, del establecimiento de los gustos personales, del autodescubrimiento y del desarrollo psíquico. Por eso, una organización que desee conectarse con la juventud necesita ofrecerle más que política. No se trata de crear nuevas pequeñas sectas destinadas a suplir todas las necesidades de conexión. No. La organización política no sustituye el mundo real. Pero es necesario que existan, dentro de la corriente juvenil, espacios de expresión y promoción artística, literaria, de ocio, de estudios más allá de la política, incluso de deporte y salud. «Nada de lo humano me es ajeno», habría dicho el dramaturgo romano Terencio en el siglo II a.C., y lo repitió Marx en una carta a su padre en 1837, en su fase bohemia y lírica. Y eso es muy sintomático. El hombre que escribió El capital pasó su juventud bebiendo cerveza en las tabernas alemanas y escribiendo poemas para su amada Jenny. Debemos orientarnos por esa vía: una juventud que no sea solo política, sino que ofrezca a sus miembros y simpatizantes un sentido de pertenencia más amplio. La Iglesia sabe aprovechar esto muy bien y ofrece a sus fieles mucho más que religión. Nosotros debemos hacer lo mismo.

La juventud quiere y tiene derecho a espacio

No es raro que en el interior de las organizaciones socialistas la juventud sea considerada un «sector» como cualquier otro, cuando debería constituir el objetivo general de la corriente en términos de construcción. ¿Cuántos dirigentes de la vieja generación están dedicados al apoyo de la juventud? No se trata de colocar artificialmente adultos de 30 o 40 años a recorrer aulas convocando reuniones de centros de estudiantes, sino de brindar apoyo político, ideológico y organizativo a los cuadros que están al frente de las tareas. No basta con integrar representantes de la juventud en los organismos de dirección. Eso es solo el primer paso. Es necesario promover su formación, realizar cursos, campamentos, discutir los documentos de juventud en la máxima dirección de la corriente. Es preciso que una parte significativa del presupuesto de las organizaciones se destine al trabajo con la juventud. El cuidado con las profesionalizaciones demasiado largas de jóvenes que aún no han ingresado al mercado de trabajo es válido e importante, pero no anula la necesidad de un alto grado de inversión. En este terreno, tenemos importantes experiencias que pueden enseñarnos mucho. Es necesario conocerlas y debatirlas.

El futuro les pertenece

El gran historiador Pierre Broué describió la construcción del partido bolchevique como una sucesión de olas generacionales que comenzaron a ingresar en la fracción leninista desde finales del siglo XIX hasta 1917. En todas esas olas, la juventud fue la vanguardia. Y en relación con todas ellas, Lenin siempre fue el decano: «Por eso, la inmensa autoridad que posee sobre sus compañeros no es la de un sacerdote ni la de un oficial, sino la de un pedagogo o camarada, de un profesor y de un veterano —muchos lo llaman “El Viejo”—, cuya integridad e inteligencia se admiran y cuyos conocimientos y experiencias son muy estimados». Pero el propio Lenin tuvo en su tiempo la oportunidad de trabajar con los monstruos sagrados de la socialdemocracia europea: Plejánov, Axelrod, Vera Zasúlich y Potrésov durante el período londinense del Iskra, en los primeros años del siglo XX. La revolución más profunda de la historia fue un encuentro y una síntesis de generaciones.

De la misma forma, la revolución latinoamericana es inconcebible sin el protagonismo de la juventud, por el simple hecho de que ninguna revolución ha sido posible sin jóvenes. Los socialistas deben encarar el reclutamiento de la juventud como una tarea de vida o muerte, estratégica en todos los sentidos, no solo para una u otra organización concreta, sino para el propio país. El futuro siempre les ha pertenecido y siempre les pertenecerá. Y ellos harán de ese futuro lo que bien les plazca. Nos corresponde a nosotros abrir espacio. Al final de cuentas, la función principal de una generación es ser el puente hacia la generación siguiente. En eso consiste el mecanismo fundamental de la propia vida.

Fuente: https://jacobinlat.com/2025/11/por-que-la-izquierda-necesita-volver-a-pensar-la-cuestion-generacional/

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Las infancias en América Latina: Entre la celebración y la deuda histórica

Por: Luz Palomino/CII-OVE

Cada 20 de noviembre el mundo conmemora el Día Mundial de las Infancias, una fecha que expone la distancia entre los derechos reconocidos y las realidades que viven millones de niñas, niños y adolescentes. En América Latina y el Caribe, una región marcada por desigualdades estructurales, la deuda con las infancias sigue siendo profunda.

La pedagoga brasileña Nélida Piñon nos recuerda que “una sociedad se revela en la forma en que cuida a quienes no pueden defenderse”. Sin embargo, hoy las cifras muestran un panorama que exige acción urgente.

Violencias que persisten

Según el informe “Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes en América Latina” (UNICEF, 2024):

  • 1 de cada 4 niñas y niños en la región ha sufrido algún tipo de violencia física antes de los 15 años.

  • El 32% de los adolescentes reporta haber sido víctima de violencia psicológica en el hogar.

  • 1 de cada 5 niñas ha enfrentado algún tipo de violencia sexual antes de cumplir 18 años.

  • Más de 13 millones de niños viven en contextos donde la violencia armada limita su libertad, educación y salud.

En algunos países estos niveles de violencia llegan a extremos: por ejemplo, en Haití, Jamaica y Surinam, más del 80% de los niños entre 1 y 14 años experimentan castigos violentos. UNICEF+1
Esto demuestra que la agresión en la crianza no es solo un tema doméstico: es una cuestión cultural y estructural.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023) documenta que:

  • El 25% de las mujeres y el 10% de los hombres reportan haber sufrido abuso sexual en la infancia.

  • En América Latina, los casos de explotación infantil en línea aumentaron más del 30% entre 2020 y 2023, según la Interpol.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, en sus ensayos sobre libertad y niñez, afirmó que “la violencia hacia los niños es la forma más cobarde de la brutalidad humana”. Las cifras actuales, lamentablemente, le dan la razón.

Infancias latinoamericanas en desigualdad

La pobreza infantil sigue siendo uno de los desafíos más persistentes:

  • 39% de las niñas y niños de ALC vive en pobreza, y

  • 8.4% en pobreza extrema (CEPAL, 2024).

  • En algunos países del Caribe, la pobreza infantil supera el 45%.

El educador brasileño Paulo Freire sostenía que “ningún niño nace marcado para la marginalidad”. Sin embargo, millones de niñas y niños siguen impedidos de ejercer plenamente sus derechos básicos: alimentación, salud, educación, juego y protección.

Los entornos digitales: un nuevo territorio de riesgo

Mientras gobiernos celebran la expansión digital, UNICEF advierte:

  • 1 de cada 3 niñas y niños en la región sufre ciberacoso.

  • El 20% de los casos de abuso sexual infantil incluye contacto inicial vía redes sociales.

  • La mitad de los menores no cuenta con supervisión adulta significativa durante su uso de internet.

No se puede hablar de derechos en el mundo digital sin condiciones materiales que los sostengan y adultos capaces de acompañar.

El Día Mundial de las Infancias no es un festejo: es un llamado

Desde 1959, cuando la ONU adoptó la Declaración de los Derechos del Niño, esta fecha busca recordarle a los Estados su responsabilidad. Pero en América Latina aún hay un abismo entre las leyes y la vida cotidiana.

El escritor colombiano Germán Castro Caycedo escribió alguna vez que “un país que no escucha a sus niños está condenado a repetir sus tragedias”. Sus palabras resuenan hoy con fuerza.

Las organizaciones de infancia insisten en medidas urgentes:

  • Sistemas de protección robustos y financiados.

  • Más políticas de prevención del abuso sexual infantil.

  • Educaciones que integren la ciudadanía digital crítica.

  • Apoyo a familias cuidadoras en contextos de pobreza.

  • Participación real de niñas, niños y adolescentes en políticas que les afectan.

Porque las infancias no son “el futuro”: son el presente más urgente de América Latina.

El Día Mundial de las Infancias no puede seguir siendo una fecha simbólica ni un gesto protocolar. Las cifras muestran que América Latina mantiene una deuda histórica con quienes deberían ser el centro de toda política pública.

Escucharles hoy implica atender el sufrimiento que las estadísticas revelan, pero también la esperanza que representan. Porque cuando una infancia es protegida, todo un país encuentra futuro.

Fuentes: 

Castro Caycedo, G. (2004). Dejad que los niños vengan a mí. Planeta.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2024). Panorama Social de América Latina y el Caribe. CEPAL.

Europol & Interpol. (2022). Child Sexual Exploitation and Abuse (CSEA) Threat Assessment. Europol.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Organización Mundial de la Salud. (2023). Global Status Report on Violence Against Children 2023. OMS.

Piñon, N. (2005). Aprendiz de Homero. Alfaguara.

UNICEF. (2024). Violencia contra niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Vargas Llosa, M. (1993). Desafíos a la libertad. Tusquets.

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Ciencia para la paz y el desarrollo sostenible

https://davidaurisvillegas.com

A propósito del Día de la ciencia para la paz, recuerdo a un colega con doctorado en estudios de paz que discutía por todo. Justificaba sus reclamos como actos de justicia y afirmaba que solo hacía respetar sus derechos. Aquella contradicción me hizo entender que la paz no se sostiene en cartones, sino en actitudes armoniosas. Desde entonces, gracias a la investigación y la reflexión constante, intento practicar la paz en mi transitar cotidiano.

En este marco, el 10 de noviembre la Unesco lideró nuevamente el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo bajo el lema: “Confianza, transformación y futuro: La ciencia que necesitamos para 2050”. Este mensaje invita al sistema educativo a priorizar la educación científica como pilar del desarrollo sostenible; así la ciencia se convierte en una brújula ética que permite construir sociedades más justas y conscientes.

Como sostiene Lidia Arthur Brito, de la Unesco, avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible requiere integrar la ciencia en la vida cotidiana, fortalecer la cultura científica y consolidar la confianza social en la investigación. Sin esa confianza, la ciencia pierde su capacidad de orientar el progreso humano. A ello se suma la necesidad de cooperación internacional y transferencia de conocimientos, columnas para construir comunidades capaces de afrontar desafíos globales con visión compartida.

Asimismo, Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, subraya la urgencia de promover una ciencia ética, solidaria y orientada al bien común. Su llamado recuerda que el desarrollo auténtico no depende solo de innovaciones tecnológicas, sino de personas reflexivas capaces de aplicar la ciencia al servicio del buen vivir. La paz nace cuando el conocimiento se transforma en responsabilidad social, justicia y compromiso con la equidad que toda comunidad merece.

En este debate, el sistema educativo ocupa un lugar central, pues es el espacio donde se gestan los paradigmas que orientan la convivencia. Investigar con ética y cultivar el pensamiento crítico permite ver al otro como aliado para la sostenibilidad y la paz. Alfabetizar científicamente a los docentes resulta indispensable para enseñar a investigar desde la responsabilidad y la empatía.

Sintetizando, la ciencia con rostro humano es una tarea colectiva. El sistema educativo, al trabajar directamente con personas, se convierte en líder imprescindible para impulsar la investigación y promover una ciencia orientada a la paz y al desarrollo de toda la humanidad.

© David Auris Villegas. Ha publicado: Hacia una educación del buen vivir y Cómo redactar y publicar artículos científicos. Edita y divulga la revista AURIS.

Fuente de la información: https://insurgenciamagisterial.com

Fotografía: The United Nations

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Sin derechos de la Naturaleza, la libertad es una ilusión

Por: Alberto Acosta

NO a la destrucción de la Madre Tierra

«Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta». -Papa Francisco (Encíclica Laudato Si)

Ecuador sorprendió y sacudió al mundo con los Derechos de la Naturaleza. La honda expansiva que provocó el sacudón constitucional de Montecristi es imparable. Estos derechos ya son una realidad en una cuarentena de países, distribuidos en todos los continentes. Se cristalizan a través de múltiples vías legales. El hecho de que nuestro país sea un pionero en este esfuerzo de alcance civilizatorio, indispensable para superar el colapso ecológico y social, debería llenarnos de orgullo.

Fue un logro posible por una suerte de mestizaje jurídico que recuperó elementos vitales de las culturas indígenas emparentadas por la vida, que entienden con sobradas razones que la Madre Tierra o Pacha Mama –como un espacio territorial, cultural y espiritual– merece respeto y admiración. Simultáneamente, influyeron las luchas de diversos grupos de la sociedad que defienden el ambiente sano para los seres humanos. Vivíamos un momento de creación que se inserta en el proceso de emancipación de la Humanidad.

No fue fácil. Bien sabemos que el derecho a tener derechos siempre ha exigido un esfuerzo político para cambiar las normas que niegan los derechos nuevos, como fueron los derechos de las mujeres, de los esclavos, de los indígenas. Y eso fue lo que se plasmó en los Derechos de la Naturaleza en Ecuador; ver sobre todo los artículos 71 a 74 de la Constitución.

Estos derechos no son equiparables a los derechos ambientales, pero si complementarios. En su centro está puesta la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos que le den los humanos, implicando una visión biocéntrica. La Naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad puede exigir su cumplimiento ante autoridad pública. Se establece el derecho de restauración independiente de la obligación que tienen el Estado y las personas naturales o jurídicas de indemnizar a los individuos y colectivos que dependan de los sistemas naturales; obligación de se deriva de los Derechos Humanos a un ambiente sano. Por igual se incorporan los principios de precaución y restricción para evitar para las actividades que puedan conducir a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o la alteración permanente de los ciclos naturales. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada; se fijan en los ecosistemas, en las colectividades, no solo en los individuos, sin tolerar en ningún caso la tortura de ningún ser vivo.

En la práctica legal se avanza. Con cada vez más sentencias, incluso algunas de la Corte Constitucional, se reconoce a la Madre Tierra como sujeto de derechos. Simultáneamente, como un punto medular, estos derechos se han transformado en una poderosa bandera de lucha para quienes defienden sus territorios. Y todo como parte de un indudable proceso de pedagogía política de alcance global.

El mensaje es claro. No hay derecho para explotar sin límites la Naturaleza y menos aún para destruirla, sino solo derecho a una relación ecológicamente sostenible. Las leyes humanas -incluyendo las económicas, por supuesto- deben estar en concordancia con las leyes de la Naturaleza. Y, además, tengamos presente, que, en realidad, la Naturaleza es la que nos da el derecho a la existencia a los seres humanos, y que ella, en su permanente búsqueda del equilibrio, no se equivoca; solo algún despistado puede llegar a afirmar que la Naturaleza no es un ente vivo.

De hecho, cuando protegemos la Naturaleza, la asumimos como una condición básica de nuestra existencia y, por lo tanto, también como la real base de los derechos colectivos e individuales de libertad. Así como la libertad individual solo puede ejercerse dentro del marco de los mismos derechos de los demás seres humanos, la libertad individual y colectiva solo puede ejercerse en armonía con la Naturaleza, es decir respetando los Derechos de la Naturaleza, pues sin dichos derechos la libertad misma es una ilusión.

La historia detrás de estos derechos, más allá del trascendental paso que se dio en Ecuador, es de larga data y tiene muchas entradas. Estos derechos no son, entonces, el resultado de una novelería jurídica; son parte de respuestas cargadas de una ética global para garantizar la sostenibilidad de la vida.

En la medida que estos derechos se expanden, crece, sin embargo, la resistencia de quienes pretenden proteger sus privilegios sostenidos en la explotación de la Naturaleza y de los humanos. Por eso hay grupos que proponen derogarlos a través de una nueva Asamblea Constituyente, impulsada por el presidente Noboa. La regresión en estos Derechos de la Naturaleza y otros muchos derechos, que constituyen la base para construir una sociedad afincada en la justicia social y ecológica, sería un duro golpe: provocaría, entre otras afectaciones, una avalancha de las actividades mineras y petroleras con brutales impactos sobre las comunidades y la Naturaleza. La ambición desmedida puede destruir lo que nos importa.

Las razones para proteger la actual Constitución son múltiples. Defender derechos, es asegurar la posibilidad de construir una sociedad más justa en todos los sentidos. En última instancia, decir NO a las pretensiones del presidente ecuatoriano implica, además, frenar la posibilidad de que se consolide un gobierno cada vez más autoritario y extractivista. Se trata de defender la democracia y la vida misma.

Todo esto está en juego en la consulta popular del próximo 16 de noviembre.

Alberto Acosta: Presidente de la Asamblea Constituyente 2007-2008

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