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El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable

Por: Vijay Prashad

Sesenta años después de la Conferencia Tricontinental, el derecho al desarrollo —la base material de la dignidad— sigue siendo el horizonte de la revolución socialista y la liberación nacional.

En memoria de Mehdi Ben Barka (1920-1965), cuyos pasos seguimos.

Hace casi 60 años, en enero de 1966, cientos de revolucionarixs de todo el Tercer Mundo se reunieron en La Habana, Cuba, para la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina: la Conferencia Tricontinental. Allí discutieron la inevitabilidad de la descolonización y sus ideas para un mundo más allá del imperialismo. Fidel Castro y los demás organizadores convocaron la conferencia para reunir las dos corrientes de la revolución mundial: la corriente de la revolución socialista y la de la liberación nacional. Lxs delegadxs vieron la necesidad de radicalizar los ideales de soberanía que habían sido expresados 10 años antes en la Conferencia de Bandung. Les frustraba que el orden mundial seguía atrapado en las estructuras del neocolonialismo. Estas mantenían en ciclos de subdesarrollo incluso a los países recién independizados, con partidos de liberación nacional anteriormente revolucionarios desmovilizándose tan pronto como se izaban las nuevas banderas y comenzaban a sonar los nuevos himnos.

Para conmemorar el legado de la Conferencia Tricontinental, que da su nombre a nuestro instituto, este mes publicamos el dossier n° 95 El imperialismo será inevitablemente derrotado: el resurgimiento del espíritu tricontinental (diciembre de 2025). En el transcurso de 2026, también organizaremos varias discusiones y seminarios en línea y presenciales (el primero de ellos, coorganizado con CLACSO, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, puede verse aquí). En el dossier argumentamos que, mientras el espíritu de Bandung se anclaba en una insistencia en la soberanía y el multilateralismo, el espíritu tricontinental va más allá, fundamenta la verdadera emancipación en la dignidad y la lucha de clases.

Una de las ideas clave de las eras de Bandung y de la Tricontinental fue que la dignidad no puede lograrse sin desarrollo, y que el derecho al desarrollo pertenece a todos los pueblos del mundo. En noviembre de 1957, la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) adoptó la  Resolución 1161 (XII) sobre “Progreso económico y social equilibrado e integrado”. Cuatro años después, en 1961, la AGNU declaró que la década de 1960 sería el “Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo”. En mayo de 1968, hacia el final de esa década, lxs delegadxs en la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos celebrada en Teherán, Irán, aprobaron la Proclamación de Teherán, que advertía:

La creciente disparidad entre los países económicamente desarrollados y los países en desarrollo impide la realización de los derechos humanos en la comunidad internacional. Dado que el Decenio para el Desarrollo no ha alcanzado sus modestos objetivos, resulta aún más necesario que cada país, en particular los países desarrollados, procure por todos los medios eliminar esa disparidad

La Conferencia Tricontinental tuvo lugar a mediados del denominado decenio para el desarrollo. En ese momento, ya existía un reconocimiento claro entre los países líderes del Tercer Mundo de que el marco de desarrollo de la ONU no podría cerrar la brecha mientras la economía mundial se mantuviera organizada en torno a estructuras de dependencia. Pasarían casi dos décadas después de Teherán para que la ONU adoptara una declaración sobre el derecho al desarrollo. El 4 de diciembre de 1986, cuando muchos Estados del Tercer Mundo ya colapsaban bajo el peso de una crisis de deuda que se extendería hasta la década de 1990, la AGNU finalmente adoptó la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. El documento brillaba con los mejores ideales:

El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar de él.  (Artículo 1.1).

Los Estados deben adoptar, en el plano nacional, todas las medidas necesarias para la realización del derecho al desarrollo y garantizarán, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades para todos en cuanto al acceso a los recursos básicos, la educación, los servicios de salud, los alimentos, la vivienda, el empleo y la justa distribución de los ingresos. Deben adoptarse medidas eficaces para lograr que la mujer participe activamente en el proceso de desarrollo. Deben hacerse reformas económicas y sociales adecuadas con objeto de erradicar todas las injusticias sociales. (Artículo 8.1).

Los Estados deben alentar la participación popular en todas las esferas como factor importante para el desarrollo y para la plena realización de todos los derechos humanos.  (Artículo 8.2).

Estos ideales están consagrados en resoluciones y declaraciones de la ONU no por el altruismo del Norte Global, sino porque cientos de millones de personas en movimientos anticoloniales y socialistas lucharon por ellos.

Rafael Morante Boyerizo (OSPAAAL), No al militarismo y al hambre, 1981. Cortesía de The Radical Media Archive.

Dos años después de la adopción de la declaración, el Banco Mundial publicó el World Development Report [Informe sobre el desarrollo mundial] (1988), el que constataba que la deuda externa total del Tercer Mundo había alcanzado más de US$ 1,035 billones en 1986. Esta cifra representaba un aumento asombroso desde los US$ 560.000 millones en 1982 y los US$ 130.000 millones en 1974. El informe señalaba: “Sus deudas [de los Estados del Tercer Mundo] están aumentando, pero todavía enfrentan transferencias netas de recursos negativas porque las obligaciones del servicio de la deuda superan las limitadas cantidades de nuevo financiamiento. En algunos países en desarrollo la gravedad de esta prolongada recesión económica ya supera la de la Gran Depresión en los países industrializados, y en muchos países la pobreza va en aumento”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó a una conclusión similar en su propia evaluación, que situó la deuda total del Tercer Mundo en US$ 916.000 millones, una cifra ligeramente menor que aún apuntaba a la misma tendencia.

El próximo año se cumplirá el 40° aniversario de la Declaración de la ONU sobre el Derecho al Desarrollo, pero pocas personas lo conmemorarán. Desde 1986, se han realizado esfuerzos dentro del sistema de derechos humanos de la ONU para pasar de una declaración no vinculante y en gran medida simbólica a un instrumento jurídicamente vinculante. Sin embargo, esos esfuerzos han encontrado una resistencia sostenida por parte de las naciones más ricas, que consideran dicho instrumento como perjudicial para su monopolio sobre la riqueza y los recursos.

En octubre de 2021, por ejemplo, el Consejo de Derechos Humanos aprobó su resolución anual sobre el derecho al desarrollo por una votación de 29 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Los 13 votos en contra procedían íntegramente de países del Norte Global. Dos años después, en octubre de 2023, cuando el consejo votó a favor de presentar un proyecto de convención sobre el derecho al desarrollo a la AGNU, la resolución volvió a aprobarse con una votación de 29 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Todos los votos en contra procedían una vez más de los países del Norte Global. Es evidente que, a pesar del apoyo retórico del Norte al desarrollo, ha dedicado mucha energía a recortar las resoluciones de la ONU sobre el desarrollo e incluso a impedir cualquier discusión sobre un alivio mayor de la deuda, un paso crucial para el desarrollo del Sur Global.

Esta es la contradicción que encierra el derecho al desarrollo: proclamado como inalienable, pero denegado en la práctica. El dossier n° 95 retoma la insistencia del espíritu tricontinental en que la emancipación no puede medirse por banderas y discursos, sino por si la vida del pueblo mejora materialmente. El desarrollo no es un eslogan, ni un conjunto de objetivos que deben gestionarse desde arriba. Es el derecho a expandir la capacidad de la gente para vivir con dignidad. Pero tal derecho seguirá fuera del alcance de la mayor parte de la humanidad mientras el servicio de la deuda, las medidas económicas coercitivas y las guerras continúen drenando la riqueza social de las naciones más pobres.

Las aspiraciones de desarrollo del Sur Global no se lograrán en los pasillos de la ONU. Solo se harán realidad a través de la lucha organizada que obligue a las instituciones y los Estados a actuar.

Al terminar el año, también culmina la primera década de nuestra existencia como instituto de investigación. Comenzamos con la ambición de ser el centro de estudios inter-movimientos del Sur Global, con los pies arraigados en las más de 200 organizaciones de trabajadorxs y campesinxs y movimientos políticos que conforman la red de la Asamblea Internacional de los Pueblos. En el transcurso de la última década, nos dimos cuenta que teníamos dos tareas fundamentales: primero, amplificar las perspectivas de los movimientos y estimular un debate entre ellos y dentro de la sociedad; segundo, construir una nueva teoría de desarrollo para el Sur Global para cuando nuestros movimientos lleguen al poder y tengan la obligación de reestructurar la sociedad y llevarnos a un futuro mejor más allá de las cadenas del capitalismo. A medida que nuestro mandato crecía, también lo hacía el alcance de nuestro trabajo.

Por esa razón, y porque ustedes creen en nuestra misión, esperamos que decidan apoyar nuestro trabajo durante un año más. Dependemos de su solidaridad para sostenerlo. Hay muchas formas de contribuir:

  1. Si desean unirse a nuestra Brigada Internacional de Pasantes Tricontinental, escriban a intern@thetricontinental.org.
  2. Si desean ayudarnos con trabajo de edición y traducción, escriban a volunteers@thetricontinental.org.
  3. Si desean hacer una contribución financiera, escriban a donations@thetricontinental.org.

Realmente dependemos de su apoyo para continuar este trabajo.

Esperamos que se unan a nuestra comunidad Tricontinental.

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-desarrollo-sur-global/

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El frágil horizonte de América Latina en 2026

Por: Sergio Ferrari

Entre tumbos económicos casi generalizados a nivel mundial, el continente latinoamericano mira al 2026 sin mucho optimismo. La tendencia parece prever “más de lo mismo”: una incómoda zona de “confort” de bajo crecimiento.

“El motor se atasca”, afirma la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su Balance Preliminar 2025 al calcular un crecimiento regional del 2,4% en 2025 y apenas un 2,3% en 2026. Según CEPAL, se trata de “un ritmo insuficiente para reducir la pobreza y la desigualdad de manera significativa”, en otras palabras, “una senda de bajo crecimiento”.

La principal alerta, según CEPAL, es el hecho de que los dos pilares que han sostenido la actividad en los últimos años comienzan a flaquear. Por un lado, el consumo privado, responsable de más de la mitad del crecimiento regional, que pierde energía por un mercado laboral menos dinámico; por el otro, la demanda externa, que también muestra signos de debilidad.

El informe 2025 revela realidades subregionales divergentes: América del Sur bajando del 2,9% en 2025 al 2,4%; Centroamérica, aumentando de un 2,6% en 2025 a un 3,0%, aunque sintiendo el impacto de una menor demanda desde Estados Unidos y amenazada por serios riesgos, como la volatilidad en las remesas y los efectos del cambio climático; el Caribe, que si bien exhibe las cifras más altas (5,5% en 2025 y 8,2% en 2026), sigue siendo frágil si se tiene en cuenta que tanto el boom petrolero de Guyana como la normalización del turismo postpandemia esconden la alta fragilidad de esa región ante desastres naturales recurrentes (https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/d36b03d7-df19-41e7-a01f-514792ae8818/content).

Para escapar al bajo crecimiento, CEPAL insiste en la necesidad de políticas de desarrollo productivo de mayor ambición –especialmente hoy debido a las nuevas condiciones de rivalidad geoeconómica– combinadas con decisiones macroeconómicas que muevan más recursos para el crecimiento, la innovación, la diversificación económica, la transformación productiva y la creación de empleos de calidad. La receta que CEPAL recomienda sostiene que, en un mundo transformado por la fragmentación geoeconómica y la revolución tecnológica, América Latina y el Caribe no puede conformarse con un crecimiento raquítico. En otras palabras, lo que hace falta es “una combinación audaz de políticas que fomenten la transformación productiva para construir una región más resiliente, inclusiva y, finalmente, más próspera”.

Lucha contra la pobreza

Si bien los porcentuales de crecimiento son relativos y a menudo fuertemente cuestionados por no incluir ciertos coeficientes esenciales del desarrollo humano, de todos modos pueden servir como pista para descifrar tendencias futuras. Un análisis más completo y objetivo hace imprescindible la inclusión adicional de la situación de pobreza y de extrema pobreza, así como de pobreza monetaria. Esta última considera la situación crítica de las personas o las familias cuyos ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas, fundamentalmente vivienda, salud, educación y transporte.

Cuando se incluyen estos aspectos, las estadísticas de CEPAL son contundentes y revelan las contradicciones esenciales.  En América Latina y el Caribe, la concentración del ingreso sigue siendo extrema: el 10% más rico capta el 34,2% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre solo accede al 1,7%. Esta disparidad se traduce en el índice de pobreza monetaria más bajo desde que comenzó esta medición: en 2024, el 25,5% de la población latinoamericana (162 millones de personas) carecía de los ingresos suficientes para enfrentar sus necesidades más básicas. Se trata de una disminución de 2,2 puntos porcentuales respecto de 2023, y de más de 7 puntos porcentuales respecto de 2020, en plena pandemia de COVID-19. En cuanto a la pobreza extrema, en 2024 la misma afectó al 9,8% de la población (62 millones de personas), lo cual representa 0,8 puntos porcentuales menos que el año anterior, aunque 2,1 puntos porcentuales por encima de la tasa registrada en 2014, cuando alcanzó el nivel más bajo de las últimas tres décadas.

Sin embargo, constata CEPAL, esta pequeña mejoría en 2024 no significa que el continente en su totalidad haya logrado resultados positivos en su lucha contra la pobreza. Se debe, principalmente, a los relativos avances de México y, en menor medida, de Brasil, los dos “gigantes” de la región. El resto del continente casi inmutable. (https://www.cepal.org/es/comunicados/la-concentracion-ingreso-sigue-siendo-extrema-america-latina-10-mas-rico-capta-342).

Marco mundial complejo

Las perspectivas económicas para América Latina y el Caribe en 2026 proyectan un bajo dinamismo, con tasas de crecimiento moderadas debido a un entorno internacional incierto y persistentes limitaciones internas, todo lo cual afecta el impulso de la inversión, el fortalecimiento de la productividad y la expansión del empleo formal. En consecuencia, una mayor desaceleración de la economía mundial, con una proyección de 3,2% de crecimiento, menor que en 2024 y 2025.

Este panorama se ha agravado, en parte, por la escalada arancelaria desatada por Estados Unidos, así como los altos niveles de deuda pública, que restringieron el espacio del gasto gubernamental e impusieron altas tasas de interés a largo plazo. Mayores aranceles y endeudamiento se erigieron en obstáculos contra mayores niveles de inversión.

Según CEPAL, a esto se suman problemas estructurales, como la crisis de productividad en la zona del euro y la persistente deflación en China, factores que limitan el impulso global. En Europa, el crecimiento siguió siendo débil por la menor demanda externa, la debilidad de la inversión y problemas persistentes de productividad, particularmente en Alemania y Francia. Aunque la inflación europea se acercó a la meta del 2%, lo que permitió estabilizar la política monetaria, los altos niveles de endeudamiento continúan limitando los márgenes de acción. La excepción, según CEPAL, ha sido España, que se consolidó como la economía de mayor crecimiento (aunque de grandes disparidades internas) , con una tasa de alrededor del 2,6%, apoyada fundamentalmente por el turismo, la inversión en infraestructura y el avance de las energías renovables.

Las economías emergentes y en desarrollo han mostrado un desempeño favorable. Tal es el caso de India y China. Por otra parte, el comercio mundial registró en 2025 una recuperación parcial gracias al mayor dinamismo del comercio Sur-Sur y a pesar de verse afectado por los nuevos aranceles de importación impuestos por Estados Unidos. Sin embargo, las condiciones macrofinancieras y los altos niveles de endeudamiento público de las economías avanzadas reducen sus márgenes para la aplicación de políticas fiscales locales contra cíclicas, mientras que las tasas de interés a largo plazo permanecen elevadas, lo que restringe la inversión. En otras palabras: el costo de financiamiento de sus respectivas deudas nacionales sigue condicionado por la volatilidad global y la incertidumbre con respecto a la trayectoria futura de la política monetaria estadounidense.

Si bien a nivel continental la desocupación se ubica en un 6%, una de las más bajas de los últimos tres lustros, la informalidad y la desigualdad persisten y exigen respuestas urgentes. Especialmente en el importante sector agrícola, donde el 80% del trabajo es informal. Esto afecta en particular a las mujeres, los jóvenes y las personas mayores en el ámbito rural. Y algo no menos importante: este mismo sector concentra el 46% del trabajo infantil regional y más de la mitad de la mano de obra con baja escolaridad.

Los retos sociales y laborales en América Latina y el Caribe en 2026 son enormes. Defendidos por sindicatos y movimientos sociales, ninguneados e ignorados por los gobiernos latinoamericanos de derecha y extrema derecha que siguen apostando a más ajuste y menos Estado social.

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México: Una disputa por la educación

Una disputa por la educación

Cristóbal León Campos

En días pasados ha regresado a los encabezados de diversos medios nacionales (muchos de ellos conservadores) la disputa que a nivel nacional se ha incrementado en relación a la implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y los Libros de Texto Gratuitos (LTG), la privatización de la educación y la organización alternativa de docentes en torno a los preceptos filosóficos del actual Plan de Estudio de 2022, donde se enfatiza la generación de pensamiento crítico, la autonomía profesional, el codiseño y la contextualización como elementos indispensables para una transformación de la educación en México.

Este debate visibiliza muchos aspectos que hoy deben ser analizados y cuestionados desde la base magisterial, pues no se trata, como muchos sectores reaccionarios quieren hacer creer, de únicamente la permanencia de los LTG que fueron diseñados mediante una serie de convocatorias emitidas por la Dirección General de Materiales Educativos (DGME)de la SEP, resultando en un hecho histórico, pues si bien no es la primera vez en la historia de la educación mexicana en que las y los docentes participan en la elaboración de los LTG, pero sí se trata de un acontecimiento que, por lo menos, desde todo el periodo neoliberal no sucedía, siendo que la respuesta del magisterio fue favorable porque se le incluyó y escuchó en un proceso de análisis dialógico de donde nacieron los materiales educativos que hoy sirven de complemento a las y los profesores de educación básica a nivel nacional.

Además, esas convocatorias al magisterio para ser parte del diseño de los LTG han sido la primera de muchas iniciativas de la DGME para fomentar la concientización magisterial y la participación directa de las y los docentes en procesos pedagógicos-epistemológicos, con la finalidad de propiciar cambios sustantivos en las comunidades educativas de todo el país. Entre estas iniciativas podemos mencionar las Fogatas Freireanas (hoy Fogatas Insurgentes), la participación en la revista de análisis “Asalto al cielo”, y ahora la conformación de comités de defensa de la NEM. Y claro está, que son estas iniciativas las que han incomodado a sectores amplios de la burguesía mexicana. Primero, porque propician lo que el capitalismo-neoliberal tanto quiere evitar; la creación de comunidades de aprendizaje dejando atrás el individualismo egoísta y la desvinculación del magisterio de las problemáticas educativas del país.

Segundo, porque el negocio millonario que durante años de neoliberalismo benefició a unos cuantos monopolios y políticos al acaparar la producción, impresión y distribución de los LTG fue desarticulado al realizarse el proceso de diseño, impresión y distribución con la participación de docentes de todo el país, regresando a la SEP la responsabilidad y el cuidado de los LTG, y esa es la verdadera razón de la guerra que hoy se recrudece contra la DGME y su director Marx Arriaga Navarro, pues él ha señalado con claridad los nombres de quienes desean regresar al acaparamiento y privatización de los LTG; es decir, la disputa nunca ha sido educativa ni por los libros en sí, siempre ha sido por el deseo de los monopolios y de algunos políticos de recuperar los millones que dejaron de ganar al privatizar la producción de los LTG.

Tercero, la base ideológica de la NEM, con Paulo Freire por delante, siempre ha incomodado a los sectores de la derecha y del conservadurismo mexicano, nada nuevo hay en el rechazo conservador de la educación popular, de la concienciación magisterial y de la creación de comunidades de aprendizaje, pues la derecha lo que busca es la enajenación y alienación de la sociedad, siendo el control de la educación la base del adoctrinamiento para la dominación, algo que Freire estudió, cuestionó y combatió la hablar de Educación Bancaria y de la necesidad de alternativas de educación liberadora y transformadora. Pero ojo, hay que reconocer que esto también incomoda a algunos sectores del partido en el poder, pues se sabe que dentro de él hay mucho converso del prianismo, así como disputas por el poder y el acomodo de la correlación de fuerzas conservadoras en las estructuras gubernamentales, siendo los oportunistas uno de esos parásitos sociales que ahora quieren propiciar conflictos más allá de donde los hay.

Cuarto, la nueva iniciativa de la DGME para la creación de comités estatales que defiendan a la NEM, no es, como la derecha quiere hacer creer, una rebelión antigubernamental, pero sí es un necesario cuestionamiento sobre el presente y el futuro de la educación y una iniciativa más para la defensa de la educación pública. Además, si bien la NEM tiene cuestiones perfectibles, y en realidad su naturaleza busca eso, la NEM es la propuesta institucional y gubernamental más avanzada y progresista en materia educativa que se ha implementado en México desde la educación socialista de la época postrevolucionaria, aunque esto pese incluso a algunos conversos.

Quinto, la disputa educativa requiere de la participación del magisterio, el riesgo del retorno a la privatización mayor sigue en pie; no es falso. Además, se sabe que los resabios neoliberales siguen en diversas estructuras del poder, no sólo en el sector educativo. Hoy la derecha y los conservadores buscan crear grietas en el orden gubernamental justo donde debemos profundizar las transformaciones. La NEM es una propuesta y una oportunidad para incrementar el análisis de los problemas educativos desde sus ejes articuladores y sus campos formativos con un impacto directo en las comunidades educativas, y puede ser también la base para la transformación mucho más profunda que el país necesita.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/una-disputa-por-la-educacion/

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Mudo Educativo: Cinco lecciones aprendidas de los mejores administradores escolares en 2025

Cinco lecciones aprendidas de los mejores administradores escolares en 2025

En 2025, las conversaciones de K-12 Dive con líderes escolares y distritales abordaron las mejores prácticas, los desafíos superados y las lecciones aprendidas en diversos temas, desde la provisión de apoyo escolar a los estudiantes hasta la colaboración con las comunidades escolares. Con el inicio de 2026, repasamos esas conversaciones para destacar cinco conclusiones clave que ofrecen orientación y perspectiva al comenzar la segunda mitad del año escolar.

Esté atento a las voces que no siempre se escuchan

Soy receptivo a la comunidad a la que sirvo, un verdadero servidor público. Y en nuestra comunidad, a veces no se invita a las poblaciones históricamente marginadas y, en ciertos casos, simplemente son invisibles. Lo que intento hacer es no dejarlas de lado —porque eso también sería inapropiado—, pero las escucho alto y claro.

Me preocupa el miembro de la comunidad que quizá no sea coloradense de quinta generación, pero que está en Colorado porque emigró aquí. Me preocupan quienes tienen una visión diferente de la educación. El componente cultural juega un papel fundamental.

Hay ciertas culturas donde no sienten que deban decir lo que el sistema escolar debería hacer, porque de donde provienen, el sistema escolar suele tener la razón y ”¿Quiénes son ellos para imponer sus ideas?”. ¿Cómo puedo empoderarlos para que digan: “Así no es como funcionamos aquí?”. Esa es la parte más difícil.

– Alex Marrero , superintendente de las Escuelas Públicas de Denver en Denver, Colorado

La remediación no tiene por qué sentirse como un trabajo de niños

A veces, la gente piensa que los estudiantes de secundaria se sentirán avergonzados por carecer de algunas habilidades. Y hay algunos estudiantes que se sienten así.

Esta es una foto de rostro de Thelma Ramsey-Bryant, directora de la escuela secundaria John L. Costley en East Orange, Nueva Jersey.
Thelma Ramsey-BryantPermiso concedido por Thelma Ramsey-Bryant

“Descubrimos que a veces los estudiantes tienen problemas de conducta, y cuando se llega a la raíz de esos problemas, es porque tienen dificultades para leer y no quieren que otros estudiantes lo sepan, por lo que se portan mal.

Empezamos a hablar con los estudiantes sobre: ​​“Queremos ayudarlos con su lectura, y así es como lo haremos”. Tuve un profesor aquí que logró conectar con los estudiantes de una manera que no los hizo sentir como si fueran tareas menores. Les presentamos temas a su nivel, pero les ayudamos a entender que esto los haría mejores lectores, y de hecho, se sintieron atraídos por ello y lo apreciaron.

– Thelma Ramsey-Bryant , directora de la escuela secundaria John L. Costley en East Orange, Nueva Jersey

Al adoptar nueva tecnología, piense primero en las necesidades de las escuelas

Lo más importante es no tener miedo, sino preguntarse específicamente: ”¿Qué necesitamos? ¿Qué necesidad intentamos abordar?”.

Esta es una foto de rostro de Scott Langford, director de escuelas del condado de Sumner en Tennessee.
Scott LangfordPermiso concedido por Scott Langford

Creo que [la inteligencia artificial] es la más adecuada actualmente para satisfacer necesidades definidas, como las individualizadas o específicas que pueda tener una escuela. Si se identifica la necesidad, existen muchas empresas de IA excelentes.

También necesitas hablar no solo con un representante de ventas, sino también con el director ejecutivo o alguien de alto rango en la empresa. Antes, simplemente decían: “Puedes tener lo que quieras, siempre y cuando se vea así, y luego adaptas lo que estás haciendo a lo que hemos producido”. Ahora, las mejores empresas de IA prácticamente crean un producto a medida para satisfacer las necesidades de tu escuela o distrito.

– Scott Langford , superintendente de las escuelas del condado de Sumner en Gallatin, Tennessee

Algunas formas de comunicación superan las barreras lingüísticas

Los gráficos y las tablas son universales. Es muy útil mostrar a una familia la trayectoria de crecimiento de un estudiante, comparar la línea de crecimiento de otros estudiantes de ese grado en esa escuela con el promedio nacional y el de su propio estudiante.

Esta es una foto de rostro de Heidi Sipe, superintendente del Distrito Escolar de Umatilla en Umatilla, Oregón.
Heidi SipePermiso concedido por Heidi Sipe

Es muy útil recalcarles la idea de ‘Miren cuánto han crecido’ o ‘Un momento. Tenemos verdaderas preocupaciones’. Sobre todo cuando vemos esas trayectorias de crecimiento positivas, es muy reconfortante para los padres ver que su hijo va por buen camino.

Incluso si aún no están en el nivel de rendimiento que necesitan, si crecen al mismo nivel que sus compañeros o por encima de ellos, sabemos que alcanzarán esa trayectoria o meta de crecimiento, y que van por buen camino. Es bueno que los padres lo sepan.

– Heidi Sipe , superintendente del Distrito Escolar de Umatilla en Umatilla, Oregón

Cada rol importa en un cambio de distrito

Es decir, estábamos creciendo [académicamente] antes de la pandemia, y en cierto modo se pierde en el panorama general, porque muchos distritos no han crecido mucho desde la pandemia. Algunos ni siquiera han recuperado sus puntuaciones originales antes de la pandemia. Nos recuperamos muy rápido.

Esta es una foto de rostro de Darin Brawley, superintendente del Distrito Escolar Unificado de Compton en California.
Darin BrawleyPermiso otorgado por el Distrito Escolar Unificado de Compton

Hay mucho que debemos reconocer a esto. En primer lugar, contamos con un profesorado fabuloso, además de excelentes administradores y estudiantes excepcionales que trabajan por el objetivo común de la mejora continua. Contamos con un proceso que se basa en los estándares de excelencia en el desempeño de Malcolm Baldridge , donde comparamos constantemente nuestro desempeño con el de nuestros competidores cercanos —es decir, distritos escolares cercanos— e identificamos aquellos distritos que queremos superar.

Fuente: Roger Riddell / k12dive.com

Fuente de la Información: https://www.redem.org/cinco-lecciones-aprendidas-de-los-mejores-administradores-escolares-en-2025/

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La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

Luis Bonilla-Molina

América Primero!! Es la expresión que condensa la actitud imperialista, neofascista y neocolonial norteamericana en el presente. La Declaración de Trump de este martes 16 de diciembre de 2025 es una profundización radical en la ofensiva imperialista sobre Venezuela. Ya no quiere “perseguir cárteles de droga”, ni producir un simple cambio de régimen, sino que exige el control absoluto por parte de Estados Unidos del petróleo venezolano, demandando la “devolución de territorios” que no es otra cosa que cambiar la condición de dependencia por una relación territorial neocolonial. Estados Unidos amenaza con anexar parte o la totalidad del territorio venezolano, algo sin precedentes y de una significación dramática.

Esta confesión de parte en las intenciones de los Estados Unidos nos debe convocar a la conformación de un amplio frente internacional contra la ofensiva imperialista a Venezuela, que con la movilización y denuncia en todos los rincones del orbe, evite este desafuero gringo de tomar posición de la soberanía territorial venezolana.

Los hechos

En noviembre de 2025 la administración de Trump publicó el documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, en cuyas 57 páginas -versión en español- define sus prioridades, énfasis, propósitos y curso de acciones. Reivindicando y relanzando la Doctrina Monroe, este documento es un texto pragmático, una hoja de ruta para el momento político de construcción de un reordenamiento capitalista global, en el cuál Estados Unidos necesita afianzar su poder porque pretende dirigir esta transición.

La Estrategia de Seguridad Nacional tiene continuidades imperiales que hemos venido analizando en ensayos recientes, pero también las particularidades propias de un momento histórico singular en el cuál otros países capitalistas le disputan la supremacía económica (China), el equilibrio militar (Rusia), el eje de la innovación que se ha vitalizado en lo que se  denomina como la región Indo-Pacífico, y Europa ya no tiene posibilidades ni capacidades para seguir siendo su anillo de seguridad y contención en Eurasia. Es imposible comprender el giro iliberal y neofascista de la administración Trump sin vincularlo a estas dinámicas. Se equivocan terriblemente quienes caracterizan el momento como una simple etapa de liderazgo divergente en el imperio.

El nuevo orden mundial que puja por nacer es increíblemente capitalista y militarista, y Estados Unidos aspira no solo a ser parte de él, sino a seguir siendo la nación hegemónica. No hay un contrapeso de Estado anticapitalista en este tablero, aunque la revolución de los de abajo sigue apareciendo en el horizonte como posibilidad. En ese reacomodo, el control de la energía y los insumos para la innovación (petróleo, uranio, litio, tierras raras) juegan un rol central.  Estados Unidos no quiere repetir la historia del declive del imperio español ante el británico, quiere estar al frente de los cambios geopolíticos que acompañan a la cuarta revolución industrial.

La administración Trump ha definido claramente sus prioridades territoriales en lo que denomina el hemisferio occidental, una especie de frontera ampliada que incluye a toda Latinoamérica y el caribe, Canadá y Groenlandia.  En ese escenario Venezuela adquiere un valor estratégico, por sus riquezas minerales -la mayor reserva de petróleo, potencialidad de tierras raras en la zona sur/Orinoco- biodiversidad -agua y reserva genética- además de una situación militar privilegiada al norte de Suramérica, al sur del Caribe con fachada al Atlántico, a escasos kilómetros del Canal de Panamá que le permite acceso al Pacífico. Estados Unidos no quiere compartir estos privilegios con China, Rusia ni ninguna nación emergente. Es decir, Venezuela para los norteamericanos, como sentencia de la Doctrina Trump. Desde la apertura de la relación abierta neocolonial de Estados Unidos con Venezuela, después del bloqueo europeo a las costas venezolanas (1902-1903), su mediación para la solución del impasse -justificada en el marco de la Doctrina Monroe- y el golpe de Estado liderado por Juan Vicente Gómez -que por lo menos EEUU avaló- este es un giro sin precedentes de violación a la soberanía territorial y política.

Para lograrlo, desde agosto del 2025 se ha generado el más impresionante desplazamiento militar y de tropas conocido en la región por décadas. El ataque a botes de pescadores, acusados de ser “mulas” del narcotráfico, ha sido la melodía trágica de presentación de su ofensiva sobre Venezuela que se recrudece cada día. La intervención del espacio aéreo venezolano, con NOTAM emitida por la autoridad de tráfico aéreo norteamericano y la orden presidencial directa de Trump de prohibir los vuelos hacia el país, fue escalada con la piratería marítima de captura y confiscación de un buque petrolero. Este 16 de diciembre, el propio Donald Trump ha declarado que le exige a Venezuela que “le devuelva el petróleo, tierras y otros activos a Estados Unidos. Es decir, ha declarado públicamente su decisión de apoderarse de las reservas petroleras y el deseo de colonizar directamente parte del territorio venezolano.

Eso solo lo puede lograr mediante la ocupación militar directa del territorio, colocando bases militares. Pero quiere hacerlo con el menor costo posible, en términos de pérdida de vidas de soldados gringos, gastos operativos e impacto político. Por eso, la decisión de confiscar todos los barcos petroleros no autorizados por el Departamento del Tesoro norteamericano es otra escalada para asfixiar al gobierno de Maduro y crear las condiciones para su caída, ya sea por implosión interna, golpe de Estado desde el mismo Madurismo para iniciar una transición pactada en los términos de la Estrategia de Seguridad Nacional, o como resultado de una “operación quirúrgica” que permita colocar en el poder a la dupla Edmundo González Urrutia (EGU)– María Corina Machado (MCM). La asfixia económica del país pareciera ser la herramienta ideal para concretar cualquiera de estas iniciativas coloniales. Estaríamos hablando del riesgo de una hambruna sin precedentes para la población venezolana.

La colocación de bases militares norteamericanas en territorio venezolano le permitiría establecer una relación colonial cercana a las reservas petroleras, asegurándose la exclusividad de su acceso. En un país como Venezuela, en el cuál incluso su aliado histórico Rómulo Betancourt no aceptó la colocación de bases militares gringas en el territorio, por los efectos que tendría el nacionalismo criollo en la voluntad electoral del pueblo, esto solo es posible lograrlo con una larga transición caótica -que prolongue y aunque parezca increíble, eleve la miseria y tragedia de las condiciones materiales de vida de la población vividas en el periodo madurista- algo que cada vez aparece de manera más nítida en la ofensiva gringa.

El daño colateral inmediato se está sintiendo en Cuba, imposibilitada de recibir el auxilio venezolano en materia de combustible y petróleo para su economía y el mantenimiento del sistema eléctrico. Estados Unidos apuesta por un efecto dominó en la región, que produzca la “carambola” de desplazar de un solo golpe a los gobiernos de Caracas, La Habana y Managua.  Es decir, el posicionamiento es para el control total del llamado hemisferio occidental.

Adicionalmente, usando los avances tecnológicos de última generación, en captura y procesamiento de datos, Estados Unidos avanza en la puesta en marcha del régimen de control predictivo al disponer de una información extremadamente valiosa sobre el comportamiento de la población -del hemisferio occidental en general y Venezuela en particular- ante su despliegue militar en el Caribe sur. Por eso, la clínica de rumores y contra informaciones que genera día a día en las redes sociales, para incentivar respuestas de la población, poderlas segmentar y clasificar, para la construcción de sus escenarios de acción.  Estamos viviendo la primera ofensiva militar regional con tecnología, técnica y propósitos propios de la cuarta revolución industrial, por lo cual resulta terriblemente limitada su interpretación con las claves paradigmáticas de las tres primeras revoluciones industriales.

La transición imposible

María Corina Machado (MCM) tiene un liderazgo indiscutible entre la población venezolana, incluso en sectores que históricamente apoyaron al Chavismo. Eso se lo debe en buena medida a Maduro, quién en su afán de polarizar para evitar la consolidación de una oposición de izquierda, ha jugado el juego que más le conviene a MCM. Pero liderazgo -de MCM- socialmente arraigado, no es lo mismo que capacidad para gobernar, especialmente si es errado el diagnóstico que se tiene de la crisis venezolana y el camino de su superación. La apuesta de MCM es el impulso de un gobierno iliberal que continué y profundice las políticas neoliberales aplicadas por Maduro, especialmente implementadas a partir de 2018. Su estrategia de liberalización absoluta de la economía del mercado como fórmula para generar empleo, la coloca de espaldas al problema central del venezolano en el corto plazo, salarios y retorno de condiciones materiales de vida mínimamente decentes. La “bonanza post madurista”, de una economía sin sanciones, MCM la piensa en clave de privatizaciones, flexibilización del empleo y atracción de capitales internacionales, solo posible manteniendo bajos salarios.

Estados Unidos lo sabe, por eso su apuesta por una transición de EGU-MCM, para abrir paso a la larga transición caótica que le permita instalar su relación abiertamente colonial con el territorio y las riquezas venezolanas.  De hecho, MCM lo ha dicho en reiteradas oportunidades, que la “recuperación de Venezuela” exigirá niveles más profundos de cooperación con Estados Unidos.

Los errores de cálculo del Madurismo

El antiimperialismo del Madurismo tiene los límites de su sobrevivencia en el poder. El Madurismo no es de izquierda, mucho menos revolucionario. Desde la guerra de Ucrania ha procurado un acuerdo estratégico con Estados Unidos, canjeando petróleo a cambio de permanencia en el poder, cabalgando la posibilidad de levantamiento de las criminales Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) aplicadas con fuerza por Estados Unidos contra Venezuela desde el año 2017. El problema es que ahora la administración Trump quiere ir mucho más allá.

El gobierno de Maduro ha sido una desgracia para la población y la clase trabajadora venezolana. No solo en términos salariales y de condiciones materiales de vida, sino en restricción de libertades democráticas básicas, como derecho a opinar, libertad de expresión, posibilidades de organizarse autónomamente en sindicatos y partidos políticos, arraigo territorial y desarrollo humano integral. Maduro ha sido un terminator de los avances ocurridos en el periodo chavista y un profundizador de sus errores. Ningún venezolano vivo ha conocido peor gobierno que el de Maduro.

En medio de estas condiciones de ofensiva imperialista Maduro continúa con su línea de acción autoritaria y de supervivencia del sector de la nueva burguesía que representa. Una ofensiva imperialista como la desatada desde agosto de 2025 en el sur del Caribe solo se puede enfrentar con un gran frente nacional antiimperialista resultante del consenso mínimo nacionalista, pero esto pasa por revertir sus propias políticas, generando la libertad de los presos políticos -entre los que se cuentan dirigentes sociales, progresistas y de izquierda- amnistía general para todos los enjuiciados, presos y quienes son objeto de medidas restrictivas, devolución de los partidos políticos a sus legítimos militantes, y una reorientación de los menguados ingresos nacionales hacia sueldos y salarios. Pero ha hecho todo lo contrario, ha profundizado la represión, aumentado el número de detenidos y enjuiciados, profundizado la caída del salario y la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Hace todo lo contrario a lo que la lógica demanda, porque su compromiso no es con el pueblo sino con el sostenimiento de un modelo de acumulación que favorece a los ricos.

La retórica de Maduro no se corresponde con lo que socialmente ocurre. Para el ciudadano común, el ataque norteamericano es fundamentalmente contra Maduro, y no hay razones para defenderlo. Ante este panorama, el desespero de la sobrevivencia ha hecho pensar a amplias capas de la población que una salida de Maduro, por cualquier vía, sería el inicio de la recomposición de la situación de oprobio en la cual se vive. Para el común de la población la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos poco importa, porque Maduro disolvió la esperanza en un mañana mejor.

Se trata de un panorama complejo para las fuerzas nacionalistas, progresistas y quienes no han renunciado a la identidad de izquierda, negándose a colocarse bajo la dirección de EGU-MCM o la aceptación del desgobierno madurista.  Lo significativo es que el país vive hoy, desde el mundo del trabajo y la clase trabajadora, iniciativas de despolarización a partir de la construcción de un programa mínimo de defensa del salario y las libertades democráticas básicas. La interrogante es si darán los tiempos para construir un polo autónomo para otra transición posible.

¿Qué hacer?

Continuar apostando -y trabajando- por la constitución de un polo político autónomo de los y las trabajadoras, apoyando sin reservas iniciativas como la conformación este 12 de diciembre del Acuerdo Unitario de 6 centrales sindicales, federaciones, gremios y sindicatos por el rescate del salario. Un evento como este, en medio de las tensiones militares en el Caribe, habla del instinto de la clase trabajadora ante cualquier escenario en el corto y mediano plazo.

Aunado a ello, se debe profundizar la campaña por una Amnistía General, que libere a todos los detenidos, enjuiciados y sometidos a medidas restrictivas, abriendo camino al encuentro de múltiples voces para pensar la soberanía nacional en tiempos de ataque imperialista. Exigir la devolución de los partidos, sindicatos y federaciones sindicales a sus legítimas representaciones.

Cualquier diferencia con Maduro, partido político o personalidad, no puede servir de excusa para no desarrollar un auténtico antiimperialismo, eso sí desde los intereses de la clase trabajadora. Todas las fuerzas democráticas, progresistas, populares y de izquierda deben denunciar y enfrentar la ofensiva norteamericana sobre Venezuela, lo que no significa de modo alguno defender al gobierno de Maduro. La salida del Madurismo debe ser una decisión y proceso soberano del pueblo venezolano, liderado por su clase trabajadora. En este sentido, son días de impulso de una política antiimperialista sin dobleces ni dudas.

Sea frente a Maduro, EGU-MCM o cualquier gobierno, la clase trabajadora debe defender su autonomía y reafirmar que solo su capacidad de lucha le permitirá salir del actual drama. Los y las revolucionarias debemos con humildad y decisión abonar en este sentido y dirección. En esta dirección la conformación de un frente antiimperialista internacional puede contribuir a conjurar el rostro horrible de la guerra y la recolonización territorial. Avancemos en esa dirección.

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

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Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Aram Aharonian

El ataque militar de la flotilla estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro es un hecho gravísimo, pero en medio de tantas incertidumbres, en Venezuela la vida sigue y el Tribunal Superior de Justicia  venezolano consagró como presidenta a Delcy Rodríguez, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana llamó a la población a retomar la normalidad y la estabilidad del país. La situación es de una tensa calma y no se descartan conflictos.

Estados Unidos demostró que  tiene fuerza y capacidad militar de secuestrar a un presidente o asesinar a un líder opositor a sus planes con un misil. Tras el ataque, Donald Trump anunció que su país va a monitorear todas las decisiones que se tomen en Venezuela, y va administrar su petróleo, el llamado excremento del diablo.

No cabe duda que los bombardeos en Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, han golpeado al gobierno bolivariano, pero también han deslegitimado a Trump, quien se presentara ante muchos países del mundo como alguien que acabaría con las guerras –en el camino fue coautor del genocidio de gazatíes- y se atribuye el poder de cambiar presidentes en países extranjeros. Lo triste es que algunos sectores de la oposición venezolana incluso festejan la decisión estadounidense de reincorporar a su país como “territorio colonial”.

Pese a las presiones de Washington, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su “profunda preocupación y rechazo” frente a lo que calificaron como una acción unilateral que contraviene normas esenciales del sistema internacional.

El ministro  de Defensa, Vladimir Padrino López indicó que, pese a la vulneración de la soberanía en lo que calificó como un «despliegue sin precedentes» por parte de Estados Unidos, el país «debe encaminarse sobre su riel constitucional». Informó que la Fuerza Armada Nacional activó su apresto operacional en todo el país «a fin de enfrentar la agresión imperial».

Más allá de muchas confusiones e incertidumbres, en Venezuela la vida sigue: no se quebró la cadena de mandos y en la presidencia quedó una persona de extrema confianza de Maduro, pese a los intentos de Trump de asociarla a la conspiración. Hay cambio de presidente, pero –por ahora- no hay cambio de régimen, que siempre ha sido el objetivo de Estados Unidos.

La Fuerza Armada Nacional, columna vertebral del dispositivo bolivariano, se mantiene en pie, quizá porque Trump no quiere generar un vacío de poder que lleve a un escenario de anarquía como en Irak, y así alimenta las versiones sobre una posible transición pactada.

Si bien la calle  estaba desierta el sábado, este domingo ya comenzó a normalizarse: hay metro, aviones y colas moderadas en los supermercados. Y una marcha grande en respaldo al bolivarianismo… pero la militancia carece de línea y hay confusión.

Rubio, ¿el procónsul?

El cubanomiamero Marco Rubio, canciller (su título es de Secretario de Estado) de Trump esbozó la hoja de ruta tras el secuestro de Maduro: control del petróleo, presión financiera extrema, amenaza militar latente y una negociación condicionada con las nuevas autoridades que impongan. Desestimó –por ahora- la ocupación militar con tropas en el terreno y dijo estar dispuesto a trabajar con Delcy Rodríguez, “siempre y cuando se tomen las decisiones correctas” (es decir, las imposiciones de EEUU).

Uno de los puntos más llamativos de la entrevista de Trump en EEUU fue la confirmación de contactos con  la vicepresidenta venezolana, quien asumió el poder tras el secuestro de Maduro.  Rubio evitó dar detalles de la conversación por tratarse de temas «delicados», pero marcó una diferencia sustancial entre ella y Maduro.

Dijo que  «la clave de la que depende ese régimen es la economía impulsada por el petróleo», lo que supone un bloqueo naval de facto para interceptar y confiscar cualquier buque de transporte de petróleo no autorizado por Washington. Y para que no quedaran dudas, señaló que esta “cuarentena” es “el despliegue naval más grande los historia moderna en el Hemisferio occidental”.

«Vamos a juzgar avanzando. Vamos a juzgar todo por lo que hagan», dijo Rubio, quien señaló que con Maduro «simplemente no se podía trabajar» porque rompía todos los acuerdos, mientras que ahora se abre una etapa de «evaluación» sobre las decisiones que tome la nueva cúpula.

Rubio enumeró una lista de exigencias concretas que la Casa Blanca espera que cumpla el nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, que parecen más bien dirigidos a crear una imagen ominosa para el gobierno venezolano y siguen el libreto de los discursos de Trump.  Los puntos que describió como innegociables son: que la industria petrolera beneficie a la sociedad (no especificó si a la estadounidense), el cese total del tráfico de drogas, el desmantelamiento de las bandas criminales que denuncia Estados Unidos, la expulsión de grupos armados como las FARC y el ELN, y el fin de la alianza con Hezbollah, Irán y Cuba.

En vez de anunciar a un «mandatario legítimo» Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Rubio intentó suavizar el mensaje y aseguró que siente una «tremenda admiración» por Machado y por Edmundo González Urrutia, pero se abstuvo de señalar que ellos debieran asumir el gobierno. Ya le regalaron un Premio Nobel por los servicios prestados.

«En el siglo XXI, bajo la administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro propio hemisferio actuando como cruce de caminos para Hezbollah, para Irán y para cualquier otra influencia maligna», sentenció Rubio.

¿Quién tiene el control?

Lo cierto es que Trump no tiene el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una «acción cinética» tendiente a secuestrar a un presidente en  funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio.

Según los expertos, la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe no son suficientes para tomar control de la accidentada y extensa geografía venezolana, ni siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares.

La invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos. En suma, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga trumpiana llama «extracción».

Para algunos analistas,  el principal objetivo no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que desde inicios de siglo -en especial en 2002- tanto EEUU como la oposición vernácula han intentado sin éxito.

Para otros, el talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional «legítima» contra la «tiranía», dando una seudo coartada democrática a la agresión estadounidense. Esto explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y no se pueda descartar que la situación escale a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la «comunidad internacional» no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz

Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones o una insurrección popular (o  ambas), ésta no se produjo. Entonces, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo.

Aquí habría que definir quién es el enemigo: si el gobierno o el pueblo. EEUU jaqueó al rey (Maduro) pero aún no ganó la partida y el control de Caracas y el país por las tropas venezolanas es real. No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo: 2026 no es 2014 ni 2017. Es más: las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, son desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y la restitución por movilización popular de Chávez).

Desde las fuerzas venezolanas dudan  que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones. Según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a EEUU en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y comienzos de este siglo.

El caso de Venezuela deja en claro que otros países también están bajo la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles de las drogas o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más belicosa, el dominio geopolítica de Latinoamérica y el Caribe, y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/es/2026/01/venezuela-lo-empujan-hacia-un-estado-libre-asociado/

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Internacional: «La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

«La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque en Venezuela como el colapso de la diplomacia y las reglas posguerra, asegurando que la acción instaura la «ley del más fuerte» como norma global, con graves riesgos geopolíticos.

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque a gran escala perpetrado por Estados Unidos en Venezuela como el inicio de una fase donde la diplomacia ha muerto definitivamente. En conversación con la programación especial de Radio Universidad de Chile, el académico aseguró que la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro confirma el colapso de las reglas que rigieron al planeta desde la posguerra.

Borón advirtió que la captura de Maduro mediante una incursión extranjera instaura la “ley del más fuerte” como norma global. “Me parece que esto es un proceso ya final de descomposición del orden mundial… Es inadmisible, no se puede normalizar una situación como esta”, señaló el académico, advirtiendo sobre las peligrosas repercusiones geopolíticas de validar una acción de este tipo.

El Efecto Dominó: De Caracas a Taiwán

Para Borón, el peligro no se circunscribe solo a Sudamérica. Al romper el derecho internacional, Estados Unidos podría estar habilitando tácitamente a otras potencias a resolver sus disputas territoriales por la fuerza.

El politólogo ejemplificó el riesgo: “Mañana no podemos sorprendernos si Azerbaiyán simplemente se apodera de Armenia, o si China finalmente decide incorporar ya a Taiwán a su jurisdicción nacional”. Según su análisis, Beijing podría argumentar: “Si Trump hace esto en Venezuela, ¿por qué nosotros no vamos a hacer esto en Taiwán?”.

Fotografía del analista internacional Atilio Borón.

Petróleo, Guerra Civil y el Colapso de la ONU

Sobre las motivaciones de la Casa Blanca, Borón desestimó la narrativa oficial centrada en el narcotráfico o la democracia, afirmando que el interés es puramente estratégico y económico. “A Trump lo que le interesa no es Maduro, le interesa el petróleo venezolano. El presidente Maduro es un dato absolutamente irrelevante para él; lo relevante es que ese petróleo está ahí y Estados Unidos dijo ‘nos lo vamos a tomar porque es nuestro’”, afirmó.

Respecto al escenario interno, el analista se mostró pesimista sobre una transición pacífica. Advirtió que la operación podría ser “el primer acto de una guerra civil muy preocupante”, con el riesgo de incendiar el “patio trasero” de Washington y extender la violencia hacia Colombia.

Finalmente, Borón fue crítico con el rol de los organismos multilaterales, asegurando que el sistema de Naciones Unidas “ha colapsado” y carece de capacidad para frenar a la potencia del norte, tal como falló previamente en Gaza o Ucrania. Concluyó su análisis citando a Violeta Parra para reflexionar sobre la naturaleza del poder imperial, recordando que el “león imperial es así siempre”, incluso bajo administraciones demócratas como la de Barack Obama.

Fuente de  la Información: https://otrasvoceseneducacion.org/wp-admin/post-new.php

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