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Política Internacional: Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Eric Toussaint

Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos. Este enfoque se ha hecho añicos. En el espacio de diez años, China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un competidor cooperativo a un «adversario estratégico principal ». Esta transformación no es el resultado de un cambio de régimen en Pekín ni de una ruptura de China con el sistema capitalista globalizado, sino todo lo contrario: el rápido ascenso de una potencia que ha sabido explotar las reglas del orden capitalista existente hasta el punto de amenazar su jerarquía. Comprender esta evolución es indispensable para entender la lógica de confrontación que ahora asume Washington, especialmente en el Indo-Pacífico, y los riesgos de nuevas conflagraciones que ello supone para los pueblos del planeta.

¿Por qué los dirigentes de Washington consideran que China es el principal adversario?

China lleva casi 40 años (podríamos remontarnos a los acuerdos Nixon-Mao de la década de 1970) participando en el mantenimiento del orden capitalista internacional y desde la década de 2010 ha adoptado una política económica y comercial de expansión internacional, ganando enormes cuotas de mercado en todo el mundo. Ha abierto parcialmente su economía a inversiones extranjeras masivas, en particular de grandes empresas estadounidenses, europeas, taiwanesas, etc. Durante dos décadas Estados Unidos ha considerado a China un socio económico y comercial interesante, a pesar de que acumulaba enormes superávits comerciales.

Posteriormente, China no se contentó con exportar productos manufacturados y atraer capital extranjero, sino que a partir de 2014 invirtió masivamente capital en la extracción y producción de mercancías a escala planetaria (en todos los continentes) y se convirtió en un prestamista e inversor de primer orden (véase Éric Toussaint, «Preguntas y respuestas sobre China como potencia acreedora de primer orden», CADTM, publicado el 20 de febrero de 2024).

Las autoridades de Washington, habida cuenta el pronunciado declive de la economía estadounidense, decidieron reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que hasta ahora ha utilizado medios pacíficos para ganar puntos y reforzar su poder. En diferentes lugares del planeta Washington ha continuado y multiplicado el uso de la fuerza sin atacar directamente a China. Trump, con motivo de su segundo mandato, ha decidido desplegar de forma ofensiva una estrategia económica, militar y diplomática dirigida contra China.

Washington ha decidido reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que ha utilizado medios pacíficos para reforzar su poder

El cambio se inició al final del mandato de Barack Obama en 2015-2016, se acentuó claramente durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2020) y continuó durante el mandato de Joe Biden (2021-2024). El regreso de Trump a la presidencia a principios de 2025 acentúa la ofensiva de Estados Unidos contra China. En el documento publicado por la Administración Trump en diciembre de 2025 (NSS 2025) China se define de hecho como «adversario estratégico central».

A partir de los documentos oficiales, ¿cómo ha evolucionado la posición de Washington sobre las relaciones con China en los últimos diez años?

En 2015 la administración dirigida por Barack Obama afirmaba:

«Estados Unidos se congratula por el surgimiento de una China estable, pacífica y próspera. Buscamos desarrollar con China una relación constructiva que beneficie a nuestros dos pueblos y promueva la seguridad y la prosperidad en Asia y en todo el mundo.

Buscamos cooperar en retos regionales y mundiales comunes, como el cambio climático, la salud pública, el crecimiento económico y la desnuclearización de la península de Corea. Aunque habrá competencia, rechazamos la inevitabilidad de una confrontación. Al mismo tiempo, gestionaremos la competencia desde una posición de fuerza, al tiempo que insistiremos en que China respete las normas y estándares internacionales en cuestiones que van desde la seguridad marítima hasta el comercio y los derechos humanos». (NSS 2015, p. 24)

Bajo Obama el discurso oficial sigue siendo el del «compromiso cooperativo», como muestra la NSS 2015, pero en la práctica varios acontecimientos marcan un giro hacia la designación de China como adversario. Al final del mandato de Obama Estados Unidos reforzó significativamente su presencia militar y estratégica en Asia-Pacífico Indo-Pacífico.

En 2017, durante el primer mandato de D. Trump, se mantiene la orientación hacia China y se presenta a este país como una amenaza:

«La región del Indo-Pacífico, que se extiende desde la costa oeste de la India hasta las costas occidentales de Estados Unidos, representa la parte más poblada y dinámica del mundo a nivel económico. El interés de Estados Unidos por una región del Indo-Pacífico libre y abierta se remonta a los primeros días de nuestra república. Aunque Estados Unidos busca continuar su cooperación con China, esta última utiliza incentivos y sanciones económicas, operaciones de influencia y amenazas militares implícitas para persuadir a otros Estados de que se ajusten a su agenda política y de seguridad. Las inversiones en infraestructura y las estrategias comerciales de China refuerzan sus aspiraciones geopolíticas. Sus esfuerzos por construir y militarizar puestos avanzados en el mar de China Meridional ponen en peligro la libre circulación del comercio, amenazan la soberanía de otras naciones y comprometen la estabilidad regional. China ha emprendido una rápida campaña de modernización militar con el objetivo de limitar el acceso de los Estados Unidos a la región y dar a China una mayor libertad de acción en esta zona. China presenta sus ambiciones como mutuamente beneficiosas, pero su dominio corre el riesgo de disminuir la soberanía de muchos Estados de la región indopacífica. Los Estados de toda la región piden a Estados Unidos que mantenga su liderazgo en el marco de una respuesta colectiva que preserve un orden regional respetuoso con la soberanía y la independencia. (SSN 2017, p. 45-46, pasajes en negrita por Éric Toussaint).

La NSS 2017 supone una ruptura doctrinal: China se describe ahora como una potencia hostil y amenazante que utiliza la coacción económica, la influencia política y la militarización para cuestionar el orden regional y el liderazgo estadounidense.

En el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en 2022, la administración de Joe Biden sigue la línea del enfoque de D. Trump con respecto a China:

« La República Popular China es el único competidor que tiene la intención de remodelar el orden internacional y cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo. Pekín aspira a crear una esfera de influencia reforzada en la región indopacífica y a convertirse en la primera potencia mundial. Utiliza sus capacidades tecnológicas y su creciente influencia en las instituciones internacionales para crear condiciones más favorables a su propio modelo autoritario y para modelar el uso y las normas tecnológicas mundiales con el fin de privilegiar sus intereses y valores. Pekín utiliza con frecuencia su poder económico para coaccionar a los países. Se beneficia de la apertura de la economía internacional, al tiempo que limita el acceso a su mercado interior, y trata de hacer que el mundo sea más dependiente de la RPC, al tiempo que reduce su propia dependencia del mundo. La RPC también invierte en un ejército que se moderniza rápidamente, cuyas capacidades en la región indopacífica y cuyo poder y alcance a escala mundial no dejan de crecer, al tiempo que trata de erosionar las alianzas de Estados Unidos en la región y en el mundo. (…) Es posible que Estados Unidos y la República Popular China coexistan pacíficamente, compartan y contribuyan juntos al progreso humano (…) En la competencia con la República Popular China, como en otros ámbitos, está claro que los próximos diez años serán la década decisiva. Nos encontramos hoy en un punto de inflexión en el que las decisiones que tomemos y las prioridades que persigamos nos llevarán por un camino que determinará nuestra posición competitiva a largo plazo. Muchos de nuestros aliados y socios, especialmente en la región indopacífica, están en primera línea frente a la coacción de la República Popular China y están decididos, con razón, a garantizar su autonomía, su seguridad y su prosperidad. (…) Haremos responsable a Pekín de los abusos cometidos —genocidio y crímenes contra la humanidad en Xinjiang, violaciones de los derechos humanos en el Tíbet y desmantelamiento de la autonomía y las libertades de Hong Kong—, aunque Pekín intente silenciar a los países y las comunidades. (…) Nos oponemos a cualquier modificación unilateral del statu quo por cualquiera de las partes y no apoyamos la independencia de Taiwán». (NSS 2022, págs. 23-24, negrita añadida por Éric Toussaint).

Aunque de forma menos brutal, la administración Biden confirma y profundiza el giro de 2017 al calificar a China como el principal competidor estratégico global, involucrado en una rivalidad sistémica a largo plazo que afecta a la economía, la tecnología, la seguridad y las normas internacionales.

En el documento hecho público a principios de diciembre de 2025 la administración de D. Trump radicaliza aún más la política de Washington con respecto a China:

«El presidente Trump, por sí solo, ha revertido más de treinta años de erróneas hipótesis estadounidenses sobre China: a saber, que al abrir nuestros mercados a China, alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra producción a China, facilitaríamos la entrada de China en el llamado «orden internacional basado en normas ». Esto no ha sucedido. China se ha enriquecido y ha adquirido poder, y ha utilizado su riqueza y su poder en su beneficio. Las élites estadounidenses —bajo cuatro administraciones sucesivas, de todos los partidos políticos— han apoyado voluntariamente la estrategia china o la han negado». (NSS 2025, p. 19)

Trump no adopta explícitamente una postura belicista hacia China, según se lee en el documento estratégico de seguridad nacional:

«Si Estados Unidos sigue creciendo y puede mantenerlo mientras conserva una relación económica verdaderamente mutuamente beneficiosa con Pekín (…)» («If America remains on a growth path—and can sustain that while maintaining a genuinely mutually advantageous economic relationship with Beijing (…)» (NSS 2025, p. 20)

Pero también hay pasajes muy negativos sobre las amenazas que representaría directamente la política china, con toda una serie de acusaciones:

«En primer lugar, Estados Unidos debe proteger y defender su economía y su población contra cualquier amenaza, venga de donde venga. Esto significa poner fin (entre otras cosas) a:

• las subvenciones y estrategias industriales depredadoras orquestadas por el Estado

• las prácticas comerciales desleales

• la destrucción de puestos de trabajo y la desindustrialización

• el robo masivo de propiedad intelectual y el espionaje industrial

• las amenazas a nuestras cadenas de suministro que ponen en peligro el acceso de Estados Unidos a recursos esenciales, como minerales y tierras raras

• la exportación de precursores del fentanilo que alimentan la epidemia de opioides en Estados Unidos

• la propaganda, las operaciones de influencia y otras formas de subversión cultural. » (NSS 2025, p. 21)

¿Cuál es el mensaje que Trump envía a Pekín?

En relación con la estrategia adoptada por China frente a las barreras arancelarias y otros obstáculos económicos impuestos por Washington para hacer frente a la expansión del comercio y las inversiones chinas en el mundo y en el mercado estadounidense, Trump afirma en la NSS 2025 (p. 20) que los métodos utilizados por Pekín para eludir las barreras y otros obstáculos impuestos a partir de 2027 se identifican… y se consideran hostiles. El pasaje sobre el uso que hace China de México como lugar de producción para llegar después a Estados Unidos, la sustitución del mercado estadounidense por el de los países de bajos ingresos o las exportaciones indirectas, envía un mensaje muy preciso a Pekín que se puede resumir así: sabemos exactamente cómo eluden nuestros aranceles y controles. En respuesta, impondremos nuevas sanciones, ejerceremos presión y coacción sobre los países intermediarios, en particular en el hemisferio occidental, y cuestionaremos los acuerdos comerciales con los países que sirven de enlace a los chinos.

¿La respuesta de Trump es únicamente económica?

Bajo Trump, China es percibida como un adversario estructural contra el que Estados Unidos debe implementar una estrategia más agresiva de confrontación económica y competencia militar.

¿Cuál es la posición de Trump con respecto a China en el Indo-Pacífico?

En primer lugar hay que precisar que el Indo-Pacífico es en gran medida un espacio geopolítico o geoestratégico definido por Washington en función de sus intereses. La dimensión militar y económica es determinante en la adopción de esta definición. Trump quiere que el Indo-Pacífico sea «seguro y dominado» por Estados Unidos. Pekín prefiere utilizar la expresión Asia-Pacífico.

En la NSS 2025, el Indo-Pacífico corresponde, a grandes rasgos, a un arco continuo que, de oeste a este, abarca la costa oriental de África, el océano Índico y los puntos de paso clave: el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el estrecho de Malaca, el sur de Asia (con la India como eje), el sudeste asiático (ASEAN), el mar de China Meridional, Taiwán , la península de Corea y Japón. A ello se suman, al sur y al este: Australia, los archipiélagos y los Estados insulares del Pacífico. Este espacio se extiende hasta la costa pacífica de los Estados Unidos.

Para Trump el Indo-Pacífico es ante todo un espacio marítimo y militar por el que pasa más del 60% del comercio mundial. Es un área esencial para la energía, las cadenas de suministro y la supremacía naval. Washington cuenta allí con una red de países aliados: Japón, Corea del Sur, Australia, Singapur, Filipinas, Tailandia, Taiwán (que oficialmente forma parte de China) y, en cierta medida, la India, que es un socio clave pero no un aliado formal. Para Trump esta red debe constituir un frente antichino.

En la NSS 2025 de Trump las fuerzas estadounidenses en el Indo-Pacífico se conciben como un dispositivo militar, principalmente marítimo y aéreo, orientado a un conflicto de alta intensidad con China. Aunque Trump presenta este dispositivo como meramente disuasorio, no es así. Washington mantiene allí el mayor despliegue militar fuera del continente americano.

Estados Unidos despliega 375 000 soldados[1] y personal civil del ejército en el Indo-Pacífico y mantiene allí 66 bases militares permanentes, a las que hay que añadir varias decenas de instalaciones militares menos importantes (véase el sitio web oficial del Congreso de los Estados Unidos: https://www.congress.gov/crs-product/IF12604 ). Las principales instalaciones militares de Washington en el Indo-Pacífico se encuentran en Japón (bases aéreas y navales, más de 50 000 soldados), en Corea del Sur (más de 28 000 soldados ) y en territorios que pertenecen directamente a los Estados Unidos, como Guam (6000 soldados) en las Islas Marianas, Hawái (44 000 soldados), Alaska, etc., a lo que hay que añadir el acceso a bases militares en Filipinas, Singapur, Tailandia y Australia.

¿Cuál es la posición de China con respecto al espacio geoestratégico que Washington denomina Indo-Pacífico?

Según China, el Indo-Pacífico es un concepto artificial forjado por Estados Unidos con el objetivo de ampliar y legitimar una estrategia de contención contra China (Quad[2], AUKUS[3] o alianzas navales). A los ojos de Pekín, Indo-Pacífico significa la ampliación por parte de Washington del teatro antichino hasta la India. Para China, el Indo-Pacífico sirve para internacionalizar la cuestión china (China continental y Taiwán), convertir a China en un problema de seguridad global y legitimar una presencia militar estadounidense masiva. En resumen, para Pekín, el Indo-Pacífico no es una región natural, sino una construcción geopolítica hostil.

Para China, Estados Unidos es una potencia extranjera en la región que rodea militarmente a China, una potencia extranjera que quiere obstaculizar el libre desarrollo del comercio y las inversiones chinas en su entorno geográfico natural. Washington adopta un punto de vista completamente diferente y considera que Estados Unidos tiene derecho a dominar el Indo-Pacífico y que China corre el riesgo de utilizar su fuerza para exigir derechos de peaje, amenazar la seguridad de sus vecinos y bloquear las cadenas de suministro.

En cuanto a Taiwán, ¿cuál es el mensaje que contiene la NSS 2025?

Sobre la cuestión de Taiwán, la NSS 2025 reafirma su oposición a cualquier reunificación por la fuerza, al tiempo que se niega explícitamente a apoyar una declaración de independencia taiwanesa. Esta postura tiene menos como objetivo estabilizar el estrecho, que mantener una presión permanente sobre Pekín, convirtiendo a Taiwán en un punto de fricción estructural, más que en un objeto de acuerdo político.

¿Cómo ven las autoridades indias el Indo-Pacífico?

Nueva Delhi tiende a retomar la expresión Indo-Pacífico porque le permite reforzar su estatus de gran potencia autónoma, salir del enfrentamiento regional con China y ampliar su horizonte estratégico hacia el sudeste asiático y el Pacífico. Para la India, el Indo-Pacífico es un multiplicador de poder, no una simple herramienta antichina. Aunque participa en el Quad, India rechaza las alianzas militares formales, mantiene su doctrina de autonomía estratégica y coopera con Washington sin alinearse completamente. Por supuesto, hay que tener en cuenta que la India está en conflicto con su vecino Pakistán, donde China está invirtiendo masivamente. India también tiene un conflicto fronterizo con China, utilizando el Indo-Pacífico para responder a la presencia china en el océano Índico, en Pakistán (el puerto de Gwadar, conectado con China por vía terrestre), en Sri Lanka (el puerto de Hambantota, objeto de una concesión de 99 años otorgada a una empresa china) y en el océano Índico occidental.

Al mismo tiempo, junto con China y Rusia, la India es miembro del BRICS, que presidirá en 2026. India compra a Rusia importantes cantidades de combustible a pesar de las sanciones impuestas a Moscú desde la invasión de Ucrania. Por último, el Gobierno neofascista de Modi ha desarrollado una estrecha relación (militar y comercial) con el Gobierno neofascista de Israel.

¿No es amenazante el mensaje de Trump? De hecho, ¿no está buscando un pretexto, como el de garantizar la libertad de comercio, para tener un argumento y atacar militarmente a China? Esto recuerda el pretexto para desencadenar la guerra del opio en la década de 1830. En el caso de las guerras del opio, Estados Unidos y otras potencias utilizaron la libertad de comercio como pretexto y aquí ocurre lo mismo, ¿no es así?

Esta interpretación del documento de Trump es totalmente legítima y toca un punto muy sensible que muchos análisis occidentales minimizan, pero que los estrategas chinos ven perfectamente. La respuesta breve es: sí, el pasaje de la NSS 2025 relativo a la libertad de comercio marítimo en el Indo-Pacífico puede interpretarse como más amenazador que la lectura de «disuasión defensiva», y sí, la analogía con la «libertad de comercio» de las guerras del opio es pertinente desde el punto de vista teórico e histórico.

Cuando Trump escribe que el mar de China Meridional no debe estar sujeto a peajes ni a cierres arbitrarios, está haciendo tres cosas muy importantes:

1. Convierte un espacio regional disputado en bien público mundial. Este es exactamente el mecanismo histórico de las potencias marítimas: se desnacionaliza un espacio, se recalifica como arteria global y luego se legitima la intervención armada en nombre de todos. Es el mismo razonamiento jurídico y estratégico que utilizaron los británicos frente a la China Qing en el siglo XIX o las potencias occidentales frente al Imperio otomano y más recientemente, por Estados Unidos frente a Irán en el Golfo. La «libertad de comercio» se convierte entonces en un principio superior a la soberanía.

2. Trump establece un umbral de intolerancia muy bajo. No habla de un bloqueo total, ni de una guerra declarada de la que China sería culpable, sino de un riesgo de peaje, de control, de una capacidad de cierre discrecional que China podría hipotéticamente ejercer o activar. En otras palabras, basta con la intención presunta. Esto es extremadamente importante: no es necesario que China bloquee realmente el mar de China Meridional para justificar una acción. Según la doctrina que defiende Trump, basta con que tenga la capacidad creíble de hacerlo. Este es exactamente el tipo de pretexto estratégico que se ha utilizado en el pasado.

En el siglo XIX, el argumento de las potencias imperialistas occidentales contra China era «China viola la libertad de comercio»; hoy, el argumento esgrimido por Trump es «China amenaza las vías vitales del comercio mundial». En ambos casos Occidente se erige en guardián de los flujos y China se describe como cerrada, coercitiva, arbitraria y peligrosa para la economía mundial. Para un lector chino este pasaje suena exactamente como un discurso imperialista clásico. Y es totalmente justificable que una persona china lo interprete de esta manera, al igual que cualquiera en su sano juicio que intente descifrar la NSS 2025.

3. Trump está realmente preparando una escalada de legitimidad, no una guerra inmediata. Trump está construyendo una «caja jurídica y estratégica», diciendo en esencia: si China intenta controlar, gravar o cerrar las rutas marítimas, entonces el uso de la fuerza no sería una guerra, sino una acción para mantener el orden económico mundial. Esto es exactamente lo que hacen las grandes potencias antes de los conflictos para preparar la opinión pública, alinear a los aliados y reducir el coste político de la escalada. Trump reactiva un vocabulario históricamente imperialista, la «libertad de comercio» sirve aquí como principio superior que justifica el uso de la fuerza. Esto se percibe en Pekín como una amenaza latente, incluso como una preparación doctrinal para la escalada, aunque la reacción oficial de las autoridades chinas al NSS 2025 haya sido muy moderada.

¿Cuál ha sido la reacción oficial de China en diciembre de 2025 ante la publicación de la NSS 2025 por parte de Trump?

La reacción china fue muy cortés, con el fin de evitar envenenar la relación.

En una rueda de prensa celebrada el 8 de diciembre de 2025, pocos días después de la publicación de la NSS 2025, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, declaró:

«China siempre ha estado convencida de que la cooperación entre China y Estados Unidos es beneficiosa para ambos países, mientras que la confrontación les perjudica. El respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para ambas partes constituyen el camino correcto a seguir para que China y Estados Unidos se entiendan, y es la única opción justa y realista. China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos para mantener el desarrollo estable de las relaciones bilaterales, al tiempo que defiende firmemente su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo. Esperamos que Estados Unidos trabaje con China en la misma dirección, apliquen los importantes acuerdos alcanzados entre los jefes de Estado de ambos países, intensifiquen el diálogo y la cooperación, gestionen adecuadamente sus diferencias, promuevan el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones entre China y Estados Unidos y aporten más certidumbre y estabilidad al mundo.

En cuanto a la cuestión de Taiwán, subrayamos que Taiwán es la Taiwán de China y forma parte integrante del territorio chino. La cuestión de Taiwán es fundamental para los intereses básicos de China y constituye la primera línea roja que no debe cruzarse en las relaciones entre China y Estados Unidos. La resolución de la cuestión de Taiwán es un asunto que concierne únicamente al pueblo chino y que no admite ninguna injerencia exterior. Estados Unidos debe respetar escrupulosamente el principio de una sola China»

En cuanto a las pretensiones de Washington recogidas en la NSS 2025 con respecto al hemisferio occidental, y en particular a Venezuela, China también ha reaccionado con cautela.

¿Cuál ha sido la reacción de China ante la agresión militar estadounidense contra Venezuela perpetrada el 3 de enero de 2026?

Después de que Washington agrediera a Venezuela el 3 de enero de 2026, China denunció las pretensiones de Trump de tomar el control del petróleo venezolano y exigió la liberación inmediata de la pareja presidencial, pero hasta ahora no ha tomado ninguna contramedida para sancionar a Estados Unidos.

Síntesis-Conclusión

La evolución de la posición oficial de Washington con respecto a China durante la última década pone de manifiesto un cambio estratégico importante, que va mucho más allá de los cambios de administración o de orientación partidista. En el espacio de diez años China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un socio económico competitivo pero cooperativo a ser un «adversario estratégico central». Este cambio no refleja una ruptura repentina, sino el resultado de un proceso acumulativo relacionado con el auge económico, financiero, tecnológico y geopolítico de China dentro del propio orden capitalista mundial.

Hasta mediados de la década de 2010 la administración Obama seguía aplicando una lógica de integración condicional de China en el orden internacional dominado por Estados Unidos. El giro se produjo al final de la administración Obama y durante el primer mandato de Donald Trump y consistió en rechazar explícitamente este enfoque. A partir de 2017 China es descrita como una potencia hostil que utiliza la economía, las inversiones, las infraestructuras y la modernización militar para cuestionar el dominio estadounidense, en particular en la región indopacífica. Esta redefinición de China como amenaza estructural ha continuado y se ha profundizado bajo la administración Biden, que ha retomado lo esencial del diagnóstico de Trump, al tiempo que lo inscribe en un marco multilateral e ideológico más afirmado, oponiendo un «modelo autoritario» chino a un orden internacional presentado como basado en valores democráticos.

El documento estratégico de 2025 marca una nueva etapa: ya no se limita a constatar la rivalidad, sino que señala explícitamente el error histórico de las élites estadounidenses que favorecieron el ascenso de China. Esta se presenta ahora no solo como un competidor, sino como una amenaza directa para la economía, la cohesión social, las cadenas de suministro, la seguridad nacional e incluso la estabilidad cultural de Estados Unidos. El conflicto se amplía así a todas las esferas económicas, tecnológicas, ideológicas y sociales, sin asumir formalmente una opción militar directa.

En definitiva, si los dirigentes de Washington consideran hoy a China como el principal enemigo, no es porque Pekín haya roto con el orden capitalista mundial, sino precisamente porque se ha integrado con éxito en él, explotando los mecanismos hasta el punto de erosionar de manera significativa la supremacía estadounidense. La rivalidad entre China y Estados Unidos parece menos un enfrentamiento entre dos sistemas antagónicos, que una lucha asimétrica por el liderazgo dentro de un mismo orden económico mundial, cuyas reglas han sido escritas durante mucho tiempo por los propios Estados Unidos. Esta dinámica, marcada por la agresividad de Washington, hace que la confrontación sea duradera, estructural y potencialmente muy peligrosa para todos los pueblos del planeta.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Donald Trump marca un importante cambio doctrinal en la forma en que Estados Unidos concibe su rivalidad con China. Detrás del lenguaje de la disuasión, la libertad de comercio y la seguridad de las rutas marítimas, se perfila una lógica de poder más asumida, en la que Estados Unidos, que es una potencia extrarregional, reivindica el derecho a estructurar militarmente la región Indo-Pacífico con el fin de preservar un orden económico favorable a sus intereses. Sin embargo, este enfoque puede interpretarse en Pekín como una estrategia de cerco y coacción, reavivando un profundo dilema de seguridad con implicaciones históricas, geopolíticas y sistémicas.

 

El autor agradece a Omar Aziki, Patrick Bond, Sushovan Dhar, Fernanda Gadea y Maxime Perriot la revisión del texto. El autor es responsable de los posibles errores que pueda contener.

 

 


[1]La impresionante cifra de 375 000 procede de la página web oficial del Congreso de los Estados Unidos. A continuación se incluye un extracto: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos de combate unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas a la zona de responsabilidad (AOR) del comando, que comprende el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su cuartel general en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con unos 375 000 militares y civiles asignados a su zona de responsabilidad. » En inglés: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos combatientes unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas al área de responsabilidad (AOR) del mando, que incluye el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su sede en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con aproximadamente 375 000 efectivos militares y civiles asignados a su AOR». Congress.com, publicado el 03/05/2024. Ver también: https://www.msn.com/es-mx/noticias/mundo/maniobras-militares-de-eu-en-el…

[2]Quad (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad) es un marco de cooperación informal con Australia, India y Japón, cuyo objetivo es promover un espacio Indo-Pacífico libre y abierto, en respuesta a la creciente influencia de China, haciendo hincapié en la seguridad marítima, la cooperación tecnológica (5G, semiconductores), las infraestructuras y la democracia. Se trata de un componente clave de la política estadounidense de «Indo-Pacífico libre y abierto», que complementa otras alianzas como AUKUS.

[3] En la estrategia estadounidense, AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) es un pacto de seguridad trilateral crucial para contener la influencia china en el Indo-Pacífico, dotando a Australia de submarinos de propulsión nuclear, reforzando así la disuasión regional e integrando más estrechamente a Canberra en la arquitectura de seguridad estadounidense frente a Pekín. Es un pilar de la política estadounidense destinada a proyectar una fuerza militar avanzada en la región, complementaria a otras asociaciones como el Quad.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/2026/01/educated-unemployment-a-major-challenge-for-the-new-government/

 

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Brecha digital de género: más allá del acceso a la tecnología

Por:  Karen Lizette Matías López

La brecha digital no se trata solo de acceso, sino de desigualdades estructurales que afectan especialmente a mujeres y niñas. Este artículo analiza cómo se expresa la desigualdad en habilidades, participación y oportunidades en la era de la inteligencia artificial, y propone acciones desde la educación para construir una ciudadanía digital más justa e incluyente.

 

La brecha digital es mucho más que el acceso a dispositivos, conectividad o habilidades informáticas. En realidad, es una expresión contemporánea de desigualdades históricas entre mujeres y hombres, tal como lo muestran los análisis regionales en América Latina[1]. Las tecnologías digitales no se desarrollan en un vacío social: emergen en sociedades donde persisten desigualdades económicas, educativas y de cuidados que influyen directamente en quién accede, quién aprende y quién participa en los entornos digitales.

En un contexto donde la inteligencia artificial (IA), la automatización y la transformación digital están redefiniendo la educación y el trabajo, comprender la brecha digital desde una perspectiva de género es indispensable para construir un futuro más justo.

La brecha digital es estructural

Los estudios de la región[2] muestran que la desigualdad digital refleja desigualdades sociales previas en género, territorio, nivel educativo, ingreso y condiciones de cuidado. Las mujeres, especialmente las que viven en zonas rurales o en contextos de pobreza, enfrentan barreras simultáneas, como menor autonomía económica, menor escolaridad, menor acceso a dispositivos y limitada disponibilidad de tiempo debido a la distribución desigual del trabajo de cuidados.

Estas desigualdades no solo determinan si una mujer puede conectarse, sino cómo puede hacerlo y para qué puede usar la tecnología.

Acceso desigual en México: un punto de partida necesario

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, ENDUTIH, 2024 confirma que en México persisten diferencias de acceso entre mujeres y hombres: mientras 84.1 % de los hombres usa Internet, solo 82.3 % de las mujeres lo hace[3]. Aunque la diferencia parezca pequeña, se amplifica cuando se observa la dimensión territorial: En zonas urbanas, se conecta el 86.9 % de las personas, mientras que en zonas rurales, solo lo hace el 68.5 %[4].

Esta brecha territorial afecta más a las mujeres, quienes suelen enfrentar mayores obstáculos económicos y educativos. Además, la mayoría de las personas se conecta mediante teléfonos móviles, un dispositivo que limita las actividades educativas, laborales o formativas que se benefician de pantallas más grandes, programas especializados o mejor ancho de banda.

De ahí que el acceso, por sí mismo, no garantice la inclusión.

Brechas invisibles: habilidades, confianza y usos diferenciados

Más allá del acceso existe la brecha en habilidades digitales, que es una de las más profundas y menos visibles. Según la UNESCO y la CEPAL[5], las mujeres latinoamericanas tienen menor acceso a formación tecnológica, así como menos oportunidades de desarrollar habilidades digitales avanzadas.

En México, la ENDUTIH[6] revela diferencias claras en los usos asociados a la autonomía, la movilidad y la exploración. A menor uso de aplicaciones de navegación, menor participación en videojuegos, y menor presencia en actividades digitales avanzadas. Estas diferencias no responden a una falta de capacidad, sino a barreras estructurales que influyen en la confianza, la familiaridad tecnológica y el tiempo disponible para aprender.

La brecha se vuelve más evidente con la IA generativa. Hay estudios[7] que muestran que las mujeres usan menos herramientas de IA que los hombres, incluso cuando tienen un acceso comparable. Las razones incluyen menor familiaridad, menor confianza y mayor preocupación ética, especialmente en contextos educativos. Esta realidad importa porque los modelos de IA se entrenan con los datos derivados de las personas que los usan. Menos mujeres interactuando con estas herramientas significa que la IA aprende menos sobre ellas y sus contextos.

La inteligencia artificial reproduce desigualdades

La IA no es neutral. Diversos estudios muestran que los sistemas de lenguaje pueden reforzar estereotipos de género, por ejemplo, evidencian que el modelo de lenguaje autorregresivo, conocido como GPT-3, presenta patrones consistentes en los que asocia a las mujeres con roles de cuidado o rasgos de debilidad, mientras que atribuye a los hombres roles vinculados con liderazgo, poder y acción[8].

Otro estudio[9] identificó que los modelos más avanzados de IA aún reproducen sesgos en tareas narrativas, asociaciones profesionales y contenido visual. Estos sesgos son persistentes y aparecen incluso cuando las indicaciones –o prompts– no hacen referencia al género.

A nivel regional, la preocupación no solo es simbólica, sino también laboral. El BID[10] señala que la IA afecta de manera desigual a las mujeres en el mundo del trabajo, especialmente en sectores altamente feminizados expuestos a la automatización, como son los servicios, la administración y la educación. Además, advierte que las mujeres están subrepresentadas en los equipos que diseñan, implementan y supervisan la IA, lo que limita la diversidad de perspectivas en la generación de innovaciones.

La transformación digital empresarial refuerza esta preocupación, pues las mujeres tienen menor acceso a roles tecnológicos, menor participación en procesos de innovación y menor presencia en puestos directivos relacionados con lo digital[11].

Violencia digital: una capa adicional de exclusión

El análisis de la UNESCO y la CEPAL[12] –aunque no es el foco de los documentos de accesibilidad– incluye un elemento clave para comprender la participación de las mujeres en entornos digitales: la persistencia de entornos hostiles. El reporte señala que la violencia digital, el acoso y los discursos discriminatorios afectan la participación pública y el desarrollo profesional de mujeres y niñas, especialmente en contextos educativos y laborales mediados por plataformas. Un entorno inseguro limita la libertad de expresión y la permanencia en espacios digitales, lo que reproduce las desigualdades y afecta al bienestar.

CRÉDITO: Generada por IA

¿Qué podemos hacer desde la educación?

Cerrar la brecha digital requiere políticas educativas y acciones institucionales que atiendan las desigualdades estructurales identificadas en las fuentes.

  1. Alfabetización digital e IA con enfoque de género. La formación en IA no debe limitarse al uso técnico, debe incluir análisis de sesgos, comprensión crítica de modelos y prácticas de seguridad digital[13].
  2. Programas de acceso significativo. No solo se requieren dispositivos, también son necesarios la infraestructura, la conectividad estable, el apoyo docente y los procesos de acompañamiento.
  3. Habilidades digitales avanzadas para mujeres. Es necesario promover que las mujeres y las jóvenes desarrollen competencias en programación, ciencia de datos, análisis de información y uso avanzado de la IA[14].
  4. Inclusión en la transformación digital empresarial. Es imperativo asegurar procesos de reclutamiento sin sesgos, mentorías, participación en innovación y promoción de mujeres a puestos de decisión tecnológicos[15].
  5. Instituciones educativas que garanticen entornos seguros. Diseñar e implementar protocolos que atiendan los riesgos digitales y el fortalecimiento de comunidades de aprendizaje para mujeres.

Hacia una participación plena en lo digital

Cerrar la brecha digital con perspectiva de género no es tanto un asunto técnico como un reto profundamente social. Los datos muestran que las mujeres enfrentan desigualdades estructurales en acceso, habilidades, tiempo disponible, seguridad y participación en ecosistemas digitales.

La IA y la transformación digital abren oportunidades inéditas, pero también riesgos claros si las mujeres no participan plenamente. Una ciudadanía digital con igualdad requiere que las mujeres no solo usen tecnología, sino que formen parte de su diseño, regulen su implementación y definan su futuro.

El reto es grande, pero también lo es la posibilidad de construir un entorno digital más justo, más inclusivo y humano.

https://www.muxed.mx/blog/brecha-digital-genero-acceso

………………

Karen Lizette Matías López. Integrante de MUxED. Especialista en innovación educativa y tecnologías emergentes aplicadas a la enseñanza. Coordina el Laboratorio de Aprendizaje Digital de la Coordinación de Universidad Abierta y Educación Digital de la UNAM, donde impulsa proyectos de alfabetización digital, formación docente e integración ética de la inteligencia artificial en la educación. Interesada en la equidad digital, la evaluación educativa y la inclusión con perspectiva de género.

Correo: karenlmatiasl@hotmail.com

Referencias

Banco Interamericano de Desarrollo. (2022). La dimensión de género en la transformación digital empresarial de América Latina y el Caribe.

Banco Interamericano de Desarrollo. (2023). Los efectos de la inteligencia artificial en la vida laboral de las mujeres.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2024)https://www.inegi.org.mx/programas/dutih/

Lucy, L., y Bamman, D. (2021). Gender and representational harms in language models: The case of GPT-3 in generated stories. En Proceedings of the 3rd Workshop on Narrative Understanding (pp. 47–55).

Otis, R., Bastian, M., Li, S., y Zhao, Y. (2024). Global evidence on gender gaps in generative AI. World Bank Policy Research Working Paper Series.

UNESCO y Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2022). Innovación y cambio tecnológico, y educación en la era digital para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas. https://lac.unwomen.org/sites/default/files/2023-02/ESP%20Innovacion%20y%20cambio%20tecnologico%20y%20educacion.pdf Zhang, Y., Wang, H., & López, M. E. (2024). A comprehensive analysis of gender, racial, and prompt-induced biases in large language models. International Journal of Data Science and Analytics15(3), 221–240.


[1] UNESCO y CEPAL, 2022.

[2] UNESCO y CEPAL, 2022.

[3] INEGI, 2024.

[4] INEGI, 2024.

[5] UNESCO y CEPAL, 2022.

[6] INEGI, 2024.

[7] Otis, R. et al., 2024.

[8]  Lucy, L. y Bamman, D., 2021.

[9]  Zhang, Y. et al., 2024.

[10] Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

[11] Banco Interamericano de Desarrollo, 2022.

[12] UNESCO y CEPAL, 2022.

[13] UNESCO y CEPAL, 2022.

[14]  Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

[15] Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.

Fuente de la información e imagen:  https://revistaaula.com

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Centros educativos y docentes, el tomate no es la solución

Hace unas semanas, realizaba una publicación en Instagram que se volvió un poco viral, o al menos eso me pareció a mí, con los poquitos seguidores que tengo en esa red. En ella, hablaba de que ni desde las cuentas de los centros educativos ni desde las cuentas del profesorado se debían compartir imágenes o vídeos de niños y niñas. Ni de frente, ni de espalda, ni con un tomate en la cara.

Desde el primer momento que saqué la publicación, me empezaron a llegar algunos mensajes privados y bastantes comentarios públicos, que podéis leer, tanto a favor, como en contra. Algunas de las aportaciones iban en la línea de argumentos que ya llevaba tiempo escuchando: por un lado, “yo cuento con permiso firmado por la familia” y, por otro lado, “es muy importante poder ver cómo se llevan a cabo las actividades para aprender de los compañeros y compañeras”.

Carteles informativos que advierten sobre no mostrar imágenes, voces ni datos personales de menores para proteger su privacidad.

Si tengo permiso de la familia, solucionado

Dejando al margen los aspectos legales, así como que los permisos a veces se piden mal y que no siempre se cumple con las excepciones (hay casos de familias que no firman ese permiso y sus hijos aparecen en redes), creo que hay un tema que subyace y que está por encima de todo lo anterior.

Los y las docentes conocemos los peligros que se esconden detrás de las redes sociales. Desde luego, en los centros educativos se conocen. Hay charlas, formaciones y se cuenta con la figura del coordinador o la coordinadora de bienestar. No podemos decir que no sabemos nada de todo esto. Somos conocedores, en mayor o menor medida, de los peligros que hay para niños, niñas y adolescentes en redes sociales. Las familias pueden no ser conscientes (ojo, eso no les exime de su responsabilidad).

Y no se trata únicamente de que la fotografía de un niño o una niña pueda ser empleada para alimentar una IA con finalidades poco recomendables. Reconocer a la persona es suficiente para dar lugar a muchos problemas: bullying, acoso, maltrato, autolesiones, etc., como no paran de recordarnos Pablo Duchement o Me llaman Sil desde sus redes. Por eso, tapar la cara con un tomate o dar un ligero difuminado no es suficiente.

Además, estamos tratando con personas en pleno desarrollo, con una autoimagen que, en muchos casos, se distorsiona y con una autoestima muy sensible a las influencias y opiniones externas, sobre todo a determinadas edades. Añadido a ello, recordemos que tienen derecho a su identidad digital, que es suya, al igual que lo es su privacidad.

Niño sentado en el suelo con las rodillas encogidas y la cabeza escondida entre los brazos, expresión de tristeza o vulnerabilidad
Imagen de Pixabay. Autor: Arhavisual

Y no olvidemos los problemas que puede llegar a suponer quedarse fuera si tu familia no firma el permiso. En algunos casos, te apartan para que no salgas “en la foto” o incluso llegan a dejarte al margen de una actividad para poder grabar bien el vídeo para Instagram. No digo que pase siempre, pero pasa.

¿Sabéis como se siente el niño o la niña que es excluida o apartada? Pues os lo digo, porque me lo han contado. Muy mal, sin entender nada, sintiéndose diferente a todos los demás. Quedándose dormida de tanto llorar.

Puedes tener excusas o razones, el resultado es el mismo

Y repito algo que ya he comentado en publicaciones anteriores: ¿para qué se pide ese permiso? ¿Con qué finalidad? ¿Por qué es necesario subir imágenes o vídeos de tu alumnado a redes sociales abiertas?

Porque si es para la publicidad de un centro, mal.

Y si es para compartir con compañeros y compañeras, ¿no podemos buscar otras vías para hacerlo u otros modos de compartir sin exponerlos? ¿Está la didáctica por encima de la seguridad, privacidad y los derechos de los más jóvenes?

Yo he visto tuits, hilos, publicaciones o reels en los que se hablaba de un proyecto de aula, de una experiencia o de un evento y no salían menores en pantalla. Se explicaba, hablaba el docente o se veían los trabajos (que en realidad tampoco sería lo ideal), pero no a los peques. Ni se les veía ni se les escuchaba. He visto profesorado de Educación Física que enseñaba cómo desarrollar una actividad, explicándola y actuando como modelos de la misma.

Cierto es que diréis que esto no es lo mismo, lo puedo llegar a entender. Pues quizás deberíamos plantearnos, como decía, buscar canales alternativos para compartir este tipo de material más sensible y no una red social pública: ¿para qué necesitamos que todo Twitter o todo Instagram vea lo que hacemos en clase mostrando a esos niños y niñas?

Ilustraciones con mensajes que recuerdan la obligación de proteger la privacidad y la identidad digital de los menores.

En este punto lo tengo claro: los centros educativos, docentes incluidos, no deberían aprovechar la confianza que las familias depositan en la escuela, y en los maestros y maestras, para pedir este tipo de permisos. No encuentro ningún beneficio didáctico o pedagógico que respalde la petición de estos permisos para publicar imágenes o vídeos de los menores en redes sociales abiertas.

¡Pero qué exageración, si ellos están todo el día en redes!

Si te parece una exageración, te vuelvo a remitir a los perfiles que te he nombrado más arriba, un vistazo a sus redes y podrás comprobar que de exageración no tiene nada. También en mi publicación de Instagram mucha gente dijo que esto era una exageración. Me resultó muy curioso que la mayoría de las personas que me lo decían tenían sus cuentas privadas. ¡Qué irónico! Para ellos, adultos, cuentas cerradas, pero para los menores cuentas abiertas en redes sociales. Cuanto menos resulta curioso.

Este comentario solía venir seguido de: “es que ellos están todo el día en redes” o “es que sus familias no dejan de colgar fotos”. Y ahí es precisamente donde yo quería llegar en este artículo: ¿que las familias o los propios niños, niñas y adolescentes lo hagan mal quiere decir que nosotros también debemos hacerlo mal? ¿Nos da derecho a ello?

La respuesta para mí es contundente: NO. Precisamente, si hay familias que lo hacen mal y existen estudiantes que también lo hacen mal, nosotros debemos hacerlo bien. Porque somos modelo, porque sabemos los riesgos y porque nos encontramos en la situación de poder dar ejemplo a unos y a otros de cómo se puede hacer bien. No hablo de obligación. Hablo de un compromiso ético con la educación.

¿Y qué hacemos entonces si las familias protestan porque quieren fotos o si desde el centro se nos piden? Nadie dijo que fuese fácil. No todos estamos en los mismos tipos de centro. Lo ideal sería buscar otro modo de “contentar” a las familias o al centro, sin tener que hacerlo a través de redes sociales abiertas. Aunque sé perfectamente que no es así de sencillo.

Al final, no deja de ser una labor de concienciación y educación que parte del centro para el resto de la sociedad. ¿Debería ser así? Probablemente no. ¿Siempre se nos va a apoyar? Con seguridad respondo que no. Hagamos lo que podamos. Creo que se trata de dar pequeños pasos en la dirección adecuada.

Precisamente por eso, nosotros debemos decir no

No demos a firmar permisos que solo sirven para segregar, para poner en peligro a los pequeños en redes sociales y para exponerles, bien sea por una finalidad didáctica o claramente publicitaria. Son diferentes objetivos pero las consecuencias son las mismas: las niñas y niños son expuestos innecesariamente.

Somos suficientemente creativos para poder buscar otro modo de compartir materiales o experiencias, así como o de encontrar otro lugar o plataforma más segura para hacerlo.

Carteles educativos que denuncian la exposición de menores en redes sociales y reclaman preservar su intimidad, seguridad y privacidad.

Estamos hablando de redes sociales abiertas. Las mismas redes que se están empezando a prohibir a los propios menores en algunos países, con mayor o menor acierto, que ese ya es otro tema. No es algo que diga yo. Si se les está prohibiendo el acceso, si se está debatiendo, ¿qué sentido tiene que la exposición parta de nosotros?

Sé que soy pesada, pero cada vez lo tengo más claro, ni de frente ni de espalda, ni con un tomate en la cabeza, ni sus voces, ni sus pies. Desde el ámbito educativo los menores no deben exponerse en redes sociales.

Lo que hagan ellos mismos o lo que hagan sus familias es otra cosa, pero, desde luego, mi opinión personal es que los centros educativos, y su profesorado, tienen que ser ejemplo del buen uso de la tecnología educativa. Y, en este sentido, la seguridad, privacidad y el derecho a la identidad digital de los niños, niñas y adolescentes debe estar por encima de todo.

¿Deberían ser las familias más conscientes de estos peligros y actuar en consecuencia? Sí, totalmente. ¿Se trata de un problema social? Por supuestísimo que sí. No se trata de un problema creado en los centros educativos ni que se vaya a resolver desde los centros. No se trata de culpabilizar, pero, desde mi punto de vista, sí tenemos la responsabilidad, y sobre todo el privilegio, de poder hacerlo bien, al menos mientras esperamos otro tipo de movimientos que no sabemos si llegarán. Ya estamos acostumbrados a ir por delante en esto y en muchas otras cuestiones.

A pesar de que pueda sonar radical en la forma de mi discurso, no pretendo serlo en el fondo. Soy consciente de que la realidad es compleja. Ojalá hubiese cambios en la sociedad, en casa o en las plataformas. Ojalá. Sin embargo, como decía, creo que no debemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que otros lo hagan bien. No podemos pensar que no servirá de nada. No podemos permitírnoslo. Poco a poco, todo lo que hagamos será un comienzo.

Fuente de la información e imagen:  https://eldiariodelaeducacion.com

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Recolonización trumpista y las resistencias por venir

Por: Luis Bonilla Molina 

Durante los últimos meses insistimos en que el propósito que tenía la administración Trump era el control político, económico y militar del petróleo, las riquezas minerales de Venezuela y el manejo de los datos de comportamiento de la población para instaurar el régimen de control predictivo sobre el país, para lo cual la colocación de bases militares gringas en la patria de Bolívar estaba en el horizonte. Pero nos quedamos cortos al pensar que para lograrlo a Estados Unidos le bastaba colocar al frente del gobierno venezolano a María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia (EGU), dos personajes históricamente aliados de la Casa Blanca, con liderazgo social, pero de absoluta incapacidad para gobernar un país tan escindido como Venezuela. El propio 3 de enero, día del ataque militar contra Venezuela y secuestro del presidente Maduro junto a su esposa, Donald Trump “bajó de la nube” a la oposición de derechas venezolana y señaló que MCM “no era respetada en el país” y quedaba excluida de la “transición”.

Donald Trump afirmó que a partir de ese momento Venezuela sería gobernada por él y su equipo más cercano, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el subjefe del gabinete Stephen Miller, el director de la CIA John Ratcliffe y el general Dam Caine del estado mayor conjunto, abriendo una situación de amenaza colonial, real, tangible e inusitada sobre Venezuela. Lo que ha ocurrido los días siguientes lo confirma.

La nueva compañía Gipuzcoana

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue la sociedad mercantil española fundada en 1728, que operó en Venezuela entre 1730-1785, como parte de la relación colonial con Venezuela. Sus propósitos principales fueron: controlar el comercio exclusivo entre España y Venezuela, exportando productos (cacao, tabaco, algodón, índigo y cueros) e importando mercancías europeas (herramientas, tejidos, vinos, etc.), combatir el contrabando holandés, inglés y de otras naciones, así como orientar el desarrollo económico local para incrementar las ganancias de la Corona española.

Lo que plantea Trump para Venezuela es una nueva situación de control territorial y comercial que recuerda a esta empresa colonial. Pero lo hará con otra figura más moderna, la embajada norteamericana, por eso la prisa con la que ha anunciado de reabrir la representación diplomática norteamericana en Caracas. La embajada gringa cumplirá ese papel, solo que ahora será para la apropiación del petróleo, oro, tierras raras y otras riquezas, así como para seguir capturando sobre el terreno datos e informaciones, vitales para el pleno desarrollo del modelo predictivo de control basado en tecnologías de punta.

Recientemente, Karoline Leavitt, la portavoz de la Casa Blanca ha afirmado que «en este momento tenemos la máxima influencia sobre las autoridades interinas de Venezuela», mientras Marco Rubio sentenció que «Venezuela no puede mover petróleo a menos que le permitamos hacerlo». Esto ha sido complementado con la declaración de Trump que indica que «Delcy Rodríguez se ha comprometido a solo comprar productos estadounidenses», mientras existen rumores de amenazas sobre dirigentes del gobierno como Diosdado Cabello para disciplinar su debida obediencia al gobierno de Delcy Rodríguez.

Las tres fases de la colonización

El 5 de enero por la noche, Donald Trump anunció su regalo de reyes para Venezuela: Estados Unidos tomaría a la fuerza 30-50 millones de barriles de petróleo venezolano. El 7 de enero, el secretario de Estado Marco Rubio anunció las tres fases de recolonización de Venezuela. La primera fase, tomar por asalto en el corto plazo la producción petrolera disponible, hasta alcanzar los 50 millones de barriles de petróleo. No se trata de una compra forzada a Venezuela, sino del anuncio del robo público de la riqueza venezolana, usando su poderío militar y esperando poca oposición local.

La segunda fase, asumir el papel de administrador colonial, vendiendo Estados Unidos directamente en el mercado mundial el petróleo venezolano, abrogándose el uso y administración del botín de guerra. Para suavizar el impacto comunicacional de esta violación al orden comercial capitalista, Marco Rubio señaló que EEUU administraría esos recursos para la reconstrucción de Venezuela y los intereses norteamericanos. Obviamente, quieren recuperar parte del gasto militar generado en los meses de bloqueo naval en el sur del caribe, y usar los propios recursos de Venezuela para reparar la infraestructura petrolera que será ahora usada para la extracción colonial del petróleo por parte de compañías petroleras convocadas por la administración Trump.

Tercera fase, iniciar la transición gubernamental venezolana, que pareciera ser el anuncio de evaluar a partir del comportamiento post agresión del 3 de enero, qué hacer con el gobierno de Caracas liderado por Delcy Rodríguez, así como el momento de construcción de las representaciones políticas (con gente buena) que le garanticen el sostenimiento de su relación colonial con el país.

Marco Rubio sabe que no podrá convertir una República en una colonia sin resistencia local, por lo que esto augura una etapa en la cual el poderío militar-policial y de inteligencia norteamericano tendrá un papel protagónico, seguramente aspirando lograr colaboración de las fuerzas militares-policiales locales, algo que está por verse.

Protectorado o gobierno nacionalista

El gobierno venezolano que se instaló el 3 de enero deberá superar algunas tormentas interiores, para demostrar que tiene la fuerza necesaria para contener al imperialismo o asumir un rol colaboracionista. En cualquiera de los escenarios necesita consolidar su capacidad de gobernar.

La posibilidad de cohesionar una amplia unidad nacional contra el coloniaje gringo pasa por superar el trauma de la captura y secuestro de la pareja Maduro-Flores, ocurrida con poquísima resistencia militar, lo que ha generado la sombra de la traición interna. Localizar y hacer creíble quienes encarnaron esta felonía es un desafío de la actual administración bolivariana. Esto se vincula a la urgencia de elevar la moral de las fuerzas armadas nacionales, quienes sufrieron decenas de bajas (al igual que los 32 combatientes cubanos del entorno presidencial) sin que pudieran hacer lo propio con las fuerzas invasoras.

Por otra parte, Donald Trump, como parte de una estrategia o realidad objetiva (el tiempo lo dirá) ha señalado reiteradamente que el gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez está colaborando con su administración y “no quiere cometer los mismos errores de Maduro”. La presidenta encargada Delcy Rodríguez ha desmentido tímidamente estas afirmaciones, eso sí, señalando que el petróleo que salga de Venezuela, lo hará en condiciones de venta y pago comerciales ordinarias. Esta ambigüedad, entendible porque aún se está saliendo del impacto del despliegue y acciones militares del 3 de enero, debe ser superada, ya sea para organizar la resistencia anticolonial, o para sumir el rol de junta de administración colonial. Hacemos votos para que la decisión sea la primera.

El sentimiento nacionalista recorre el país, pero no encuentra una dirección política clara que lo encauce. La izquierda venezolana, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la Corriente Comunes han expresado de manera nítida su oposición a los intentos coloniales de la administración Trump, a la par que señalan al Madurismo (del cual formaba parte hasta hace poco Delcy Rodríguez) de llevar al país a esta terrible situación, con la aplicación de un programa anti-clase trabajadora y liquidador de las libertades democráticas mínimas para quienes deseen organizarse de manera autónoma. Pero un frente nacionalista capaz de cambiar la actual situación defensiva no puede ser solo construido con la izquierda radical. La posibilidad de una resistencia efectiva a la agresión militar y coloniaje norteamericano pasa por construir un amplio frente nacional, que no tenga una política de dos aguas frente al imperialismo. El gobierno de Delcy Rodríguez aún no ha mostrado que quiera asumir hasta sus últimas consecuencias ese rol.

Las tareas revolucionarias

Hasta el 2 de enero la principal tarea de los revolucionarios era recuperar las libertades democráticas mínimas que le permitieran a la clase trabajadora opinar y organizarse para enfrentar la ofensiva imperialista y la deriva autoritaria del gobierno madurista. A partir del 3 de enero, y después de los anuncios de la Casa Blanca de convertir a Venezuela en una colonia gringa, la prioridad pasa a ser la defensa de la independencia nacional con el más amplio régimen de libertades políticas para las fuerzas patrióticas. Los hechos dirán si la situación evoluciona hacia una etapa de liberación nacional.

No puede existir duda alguna respecto a impulsar la más amplia unidad de acción, con todas las fuerzas políticas y sociales que coloquen la soberanía y la independencia nacional como la prioridad en esta etapa. Es momento de centrarnos en las coincidencias en torno a la defensa de la nación, su soberanía e independencia.

Luis Bonilla-Molina es profesor universitario e investigador en pedagogía y ciencias sociales. Integrante del Consejo Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), integrante de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la educación (CLADE) y director de investigaciones de Otras Voces en educación.

https://luisbonillamolina.com/2026/01/08/venezuela-recolonizacion-trumpista-y-las-resistencias-por-venir/

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México: inconformidad social

Por: Luis Hernández Navarro 

Distintos conflictos sociales y gremiales sacudieron la geografía nacional durante los últimos seis meses de 2025. Maestros democráticos, estudiantes y profesores de instituciones de educación superior, funcionarios universitarios, agricultores, transportistas, defensores del territorio el agua, opositores a megaproyectos y madres buscadoras de desaparecidos protestaron tomando calles, plazas públicas y carreteras. Muchos de esos movimientos siguen vivos y se desplegarán a lo largo de los primeros meses del próximo año.

No está en el centro de su lucha enfrentar a la Presidenta o a la 4T, aunque en sus movilizaciones choquen con la mandataria y con su proyecto. Mucho menos una dinámica desestabilizadora de corte derechista. No buscan incidir en procesos electorales o disputas partidarias. Salen a las calles para que sus demandas se resuelvan. Lo digan o no explícitamente, no están dispuestos a sumarse a una dinámica de “unidad a toda costa” ni ser incorporados a un “pacto de clases”.

No se ciñen a una interpretación de nuestra historia como resultado del enfrentamiento entre liberales y conservadores. Tampoco están de acuerdo en que la 4T sea la síntesis de todas las causas emancipadoras. Objetan la consigna de “los radicales de los dos lados se juntan”. Reivindican su autonomía y la necesidad de resolver sus demandas, independientemente de quien gobierne.

A pesar de que distintas fuerzas al interior de estos movimientos buscan su convergencia, no se ha producido. Ni siquiera en grupos afines a su problemática, como lo son los universitarios o los colectivos de buscadoras, hay unidad de acción. La naturaleza de sus liderazgos, la diversidad de sus demandas, sus distintas formas de lucha, sus tiempos y ritmos de movilización diferenciados hacen difícil ese encuentro. Pero eso no quiere decir que no vayan a procurar en el futuro ciertas formas de coordinación. Por lo pronto, hemos visto en los últimos tres meses una inédita alianza entre agricultores y una organización de transportistas.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) exige la derogación de la Ley del Issste de 2007, abrogar una reforma educativa que los mantiene en una legislación laboral de excepción, y democratizar su sindicato. El senador por Morena Alfonso Cepeda, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), está al frente de la gremial de manera ilegal. Terminó su interinato en febrero de 2024. Solicitó al consejo nacional una extensión de su mandato hasta noviembre de ese año. La fecha ya pasó y, desde entonces, funge de secretario general irregularmente.

En la segunda quincena de enero, el magisterio democrático comenzará una jornada de brigadeo nacional impulsada, fundamentalmente, por Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Zacatecas. La Coordinadora realizará su asamblea nacional en Yucatán, en donde hay un vigoroso movimiento en ascenso. Probablemente, estalle un paro de 72 horas hacia mediados de marzo. Mientras tanto, mantendrán una diversidad de acciones de protesta.

Según el colectivo Insurgencia Magisterial, este ha sido un otoño caliente en universidades, normales y tecnológicos de prácticamente todo el país. Entre agosto y septiembre, más de 70 protestas llegaron al paro y toma de instalaciones. Multitud de escuelas y facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Instituto Politécnico Nacional (IPN) y Universidad de Guadalajara suspendieron labores. Sus peticiones van del cuestionamiento de la inseguridad escolar a las denuncias de hostigamiento sexual por parte de maestros; de comedores para estudiantes a exigencias de remoción de funcionarios.

Muchos de estos conflictos no se han resuelto, por ejemplo, en la Universidad Pedagógica Nacional Ajusco. La situación financiera de muchas universidades es grave y las críticas a la opacidad y la ausencia de rendición de cuentas de sus cuerpos directivos es una constante.

Las protestas de agricultores no cesan. A cada anuncio gubernamental de que el problema está resuelto, los campesinos responden con nuevas movilizaciones. Según la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), los bloqueos provocaron pérdidas económicas de hasta 6 mil millones de pesos. Ramas industriales –como la automotriz– sufrieron duros golpes.

No obstante algunas negociaciones locales, como la que se efectuó con los maiceros del Bajío, la inconformidad brota por todos lados. A pesar de los intentos oficiales de excluir de las negociaciones a los dirigentes del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM), esta organización desempeñó un papel fundamental en los diálogos para modificar la Ley de Aguas y lo sigue teniendo en acuerdos como el esquema de pignoración que posibilitará que los productores obtengan del gobierno un anticipo a sus cosechas de básicos, utilizando éstas como garantía.

Las expresiones de inconformidad de familiares de desaparecidos brotan prácticamente todos los días. Denuncian casos concretos de nuevas víctimas de este delito y critican la indolencia gubernamental. Organizados en un verdadero archipiélago de colectivos o de grupos familiares, realizan búsquedas y se han dado a la tarea de que se conozca la verdad y haya justicia para más de 133 mil personas desaparecidas, según datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), que contabiliza las desapariciones desde 1950. Su protagonismo y radicalidad van en aumento, especialmente en Jalisco.

Este malestar social, evidente con la mera lectura de la prensa diaria, no necesariamente queda registrado en las encuestas publicadas, que buscan medir otros tipo de indicadores (como la aceptación o rechazo de funcionarios públicos y políticos). Pero eso no quiere decir que no exista. Y, menos aún, que no vaya a seguir aflorando el año próximo.

La Jornada

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En la Nueva Escuela Mexicana: ¿No hay más ruta que la nuestra?

Por: Manuel Gil Anton 

Lo más grave que le puede suceder a la pedagogía crítica, es que se transforme en dogma. Es una contradicción que la destroza porque el pensamiento único que deriva de supuestas verdades incontrovertibles, no da espacio al ejercicio formativo del análisis que parte de preguntas fincadas en la duda.

Si así sucede, se convierte, vaya paradoja, en el adversario contra quien se construyó como alternativa: el enciclopedismo que, en la repetición de contenidos inconexos e irrelevantes, fincaba su (aparente) éxito. Para decirlo en sus propios términos, pasa a ser una nueva versión, contrahecha, de la “educación bancaria”, donde el que sabe vierte su conocimiento en la cubeta vacía de quien ignora.

La Nueva Escuela Mexicana (NEM), cuya base es una estrategia pedagógica que a través de proyectos indagadores (generados por las y los alumnos), con la contribución central del personal docente que se coordina para generar ambientes de aprendizaje basados en la colaboración, es un horizonte educativo abierto a la creatividad, al diálogo y debate, a estudiar lo conocido para, si es preciso, ponerlo en cuestión y generar otras formas de comprender lo que sucede en la naturaleza, en la sociedad y sus relaciones a través del tiempo y en distintos lugares.

Lograr una modificación de tal magnitud, y hacerlo bien, es un reto inmenso. La importancia de esta forma de encarar el proceso educativo en las aulas y las escuelas, es directamente proporcional a la dificultad para realizarla: la promesa de una educación activa, interesante y sólida, implica un esfuerzo enorme por parte de los y las maestras, así como de quienes   procuran coordinar procesos tan complejos. No solo es difícil, sino que requiere tiempo y paciencia para construir las condiciones que la hagan posible.

En torno a este asunto se ha generado tensión en las últimas semanas del 2025. Más allá de los protagonistas y sus estilos, podemos ubicar varias tendencias: una, la de quienes están convencidos de la idoneidad no solo de la propuesta sino en cómo se ha llevado a cabo. Otra, conformada por muchas y muchos docentes que consideran al enfoque de la NEM adecuado, pero no su implementación apresurada. Un sector amplio del magisterio que para evitarse problemas acata los formatos, sin modificar sus prácticas. Sin duda juegan también intereses creados que frente a esta situación quisieran recuperar canonjías pasadas. Hay quienes, en pleno ejercicio de la crítica, no están de acuerdo y tienen argumentos serios. A su vez, una añeja burocracia enquistada en sus cotos de poder, quiere todo menos movimiento que la descoloque y tenga que esforzarse, y un sector dirigente confundido en búsqueda de un liderazgo ausente.

Así vistas las cosas, podemos entender el conflicto más allá de posiciones mesiánicas, expresiones huecas de adhesión a la NEM, peticiones de que alguien ponga orden (pero el que yo quiero), y un juego que superficialmente es de personalidades -delirios o conspiraciones – cuando lo que está en juego es el destino educativo del país.

Corresponde, creo, a la presidencia de la república, establecer una política  de Estado, para superar la frivolidad y abandonar el penoso vodevil actual.

Es tiempo de hacer política, escuchar con atención y revisar lo andado. Y evitar, a toda costa, que el futuro de la educación básica en México se dilucide en el terreno baldío del blanco y negro. ¿Conmigo o contra mí? ¡No!

Contra ese falso dilema, es preciso recordar que aprender a dudar es aprender a pensar.

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México mgil@colmex.mx @ManuelGilAnton

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¿Del escritorio al aula? Las paradojas del liderazgo pedagógico en la supervisión escolar de educación básica

Por: Fernando David García Culebro

La SEP impulsa un Taller Intensivo, a inicios de 2026, para directores y supervisores con la aspiración de trasladar la gestión escolar del escritorio al aula y reorientar una función históricamente definida por lógicas burocráticas hacia el liderazgo pedagógico (Profelandia, 2025), aunque la estructura del sistema continúe reforzando los mecanismos administrativos que dice querer superar.

Difícilmente alguien podría oponerse a la idea de fortalecer el liderazgo pedagógico en las escuelas de educación básica. El problema no está en el propósito, sino en la distancia que existe entre ese discurso y las condiciones reales en las que hoy operan las supervisiones escolares, particularmente en contextos como el de Chiapas, donde las condiciones geográficas, sociales y administrativas complejizan de manera significativa el ejercicio de la función de las y los supervisores.

La primera contradicción es evidente para cualquier supervisor en activo. Mientras se le exige acompañar pedagógicamente a las escuelas, se le demanda de manera simultánea una cantidad creciente de reportes, formatos y evidencias administrativas, muchas de ellas innecesarias o francamente duplicadas. Documentos que se solicitan dos o incluso tres veces por distintas áreas de la propia Secretaría de Educación Federalizada, sin coordinación entre instancias ni claridad sobre su uso real. El tiempo que podría destinarse a observar clases, dialogar con docentes o reflexionar colectivamente sobre las prácticas pedagógicas —en aulas multigrado, rurales o indígenas— se diluye en una lógica de control fragmentado que termina por convertir al supervisor en un gestor de trámites.

Conviene subrayarlo: no se trata únicamente de una sobrecarga laboral. El problema es más profundo. Se trata de trabajo mal diseñado. Un sistema que proclama el liderazgo pedagógico, pero organiza la gestión para vigilar, reportar y cumplir, termina atrapando a sus figuras clave en tareas que poco contribuyen a la mejora educativa, especialmente en los niveles de educación básica donde el acompañamiento cercano resulta fundamental.

La segunda contradicción tiene que ver con la gestión permanente de la emergencia. En muchas zonas escolares de Chiapas, caracterizadas por una alta dispersión territorial y condiciones de difícil acceso, los supervisores enfrentan escuelas con faltantes de personal docente, directivo o de apoyo. Estas carencias generan conflictos cotidianos: grupos sin maestro, inconformidad de madres y padres de familia y tensiones comunitarias que, en no pocos casos, se entrelazan con dinámicas políticas y sociales locales.

En este escenario, el supervisor dista mucho de fungir como acompañante pedagógico. Se convierte, más bien, en mediador, gestor y amortiguador institucional, obligado a solicitar reiteradamente ante la autoridad educativa soluciones que, con frecuencia, no llegan o lo hacen de manera tardía. No se acompaña lo pedagógico porque la prioridad es contener la crisis. No se reflexiona sobre el aula porque el sistema empuja, una y otra vez, a apagar incendios.

En este contexto, exigir liderazgo pedagógico sin atender las condiciones estructurales que lo obstaculizan equivale a responsabilizar a los sujetos de fallas que son, en realidad, institucionales.

La tercera contradicción resulta especialmente preocupante. Al mismo tiempo que se exige a la supervisión escolar de educación básica un rol cada vez más complejo, formativo y pedagógico, se ha reducido el personal que podría hacerlo posible. La disminución de personal administrativo en las supervisiones y la reducción de figuras de asesoría técnico-pedagógica debilitan la estructura mínima de acompañamiento. Se pide más liderazgo con menos manos, más orientación con menos apoyos y mayor presencia pedagógica en territorios amplios y diversos, con menos tiempo disponible.

El resultado es previsible. Un discurso progresista sostenido sobre una maquinaria administrativa que no ha sido transformada. Talleres intensivos, lineamientos renovados y llamados al compromiso chocan una y otra vez con normativas rígidas, sistemas de control heredados y exigencias burocráticas que permanecen intactas. Se impulsa un cambio de rol sin modificar las reglas, los incentivos ni las condiciones en las que ese rol se ejerce.

La pregunta, entonces, no es retórica ni ideológica, sino profundamente práctica: ¿puede hablarse seriamente de liderazgo pedagógico en la educación básica mientras la gestión escolar siga organizada para vigilar, reportar y cumplir, más que para acompañar y orientar? En entidades como Chiapas, donde las carencias estructurales son evidentes y la complejidad territorial forma parte de la vida cotidiana del sistema educativo, esta pregunta adquiere un peso particular.

Tal vez el problema no sea la falta de talleres, ni de discursos, ni siquiera de voluntad individual. Tal vez el desafío de fondo esté en revisar la arquitectura administrativa de la educación básica: simplificar procesos, coordinar instancias y liberar tiempo y recursos para aquello que se dice querer fortalecer. Mientras eso no ocurra, cualquier intento por mover la gestión del escritorio al aula corre el riesgo de quedarse, precisamente, en el escritorio.

Referencias bibliográficas:  Profelandia. (2025). SEP plantea un giro en la función de directores y supervisores. https://profelandia.com/sep-plantea-un-giro-en-la-funcion-de-directores-y-supervisores/

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