Si en la memoria histórica de la pandemia iremos de incluir la muerte de una niña de 12 años por hambre, es señal de que Bolivia anda muy mal. Somos el país líder en tristeza. ¿Qué nos muestra esta aciaga realidad? Que en ausencia de políticas sociales más certeras, queda agudizar la sensibilidad e intensificar los lazos solidarios en las redes familiares, vecinales y comunitarias que nos rodean para soslayar la muerte.
Las redes solidarias son prácticas precoloniales que permitieron soportar la vida en momentos de dureza y crisis de diferente índole. La ciencia y la tecnología a esta altura del siglo XXI han demostrado no ser suficientes para prevenir y enfrentar crisis sanitarias como la actual, por lo que tendremos que echar mano de un bien cultural valioso, como la solidaridad.
Las tendencias en el mundo vislumbran que la pandemia del coronavirus no presenta una temporalidad exacta. Esa variabilidad en los periodos de su desarrollo irá a desencadenar, inevitablemente, escasez, desempleo, hambruna, angustia y miedo ante la incertidumbre del hoy y el mañana, tanto de lo material como primera necesidad como lo utilitario, generado por la sociedad de consumo capitalista.
En ese devenir, la autoorganización de la sociedad desde su experiencia comunal, urbana y rural, alumbra un camino alternativo que puede reducir las carencias y quién sabe, ojalá, salvar vidas. Varias acciones ya han montado el andamiaje de esa estructura societal hace algunas semanas y esperemos perduren.
Carteles con “Toma lo que necesita” acompañan alimentos puestos en mesas callejeras y bolsas colgadas en las rejas de los garajes. Camiones de frutas distribuyen en casas de zonas populares. Ollas comunes se preparan en colegios e iglesias. Empieza a moverse la máquina de la solidaridad en los difíciles y complejos días que irrumpen en la vida cotidiana.
Los mercados y ferias están ahí puntuales, pero la oferta sube cada vez más los precios para bolsillos que se achican como uno de los efectos de la Covid19. Esa es la suerte de la población más carente de condiciones para enfrentar las restricciones que provoca la enfermedad, pero que también provoca la política social del gobierno transitorio, insuficiente e insostenible. Amplios sectores no recibirán los bonos o no aguantarán el peso del calendario.
La respuesta provisoria de la solidaridad a través de las redes vecinales, populares, familiares, gremiales y de organizaciones sociales y religiosas, es y será absolutamente imprescindible. Pequeñas y medianas empresas también aportan de acuerdo a sus posibilidades. En algunas plazas se pueden ver bolsas colgadas con pan, verduras y con el desprendimiento de la gente. La persona o familia que lo necesita va y lo toma. No hace falta ningún resguardo uniformado.
También existen donaciones mayores, como los camiones desplazados desde el Trópico hacia el Altiplano y los Valles. Esas acciones malinterpretadas y castigadas, fueron el bienestar de muchas familias. En algunas iglesias y colegios, las ollas comunes, donde vecinas y vecinos entregan alimentos, por turno, puede comer la gente que vive en la calle, que fue abandonada u olvidada. Incluso en Pisiga y Colchane, donde han confinado a varios compatriotas, la olla común ha mitigado el hambre de centenares de personas.
Así cual telaraña, la red de redes solidarias se extiende por el territorio nacional. En ese sentido, el aislamiento obligatorio encierra nuestra individualidad, mas no nuestro “yo colectivo”. Que así sea.
Fuente del artículo: https://rebelion.org/hambre-y-redes-solidarias/
Líderes indígenas solicitan se atienda abastecimiento de artículos de primera necesidad en las comunidades y se definan los protocolos para llevar insumos.
Monitores forestales ayudan en la divulgación de información para prevenir contagio por coronavirus.
El cierre total de sus territorios fue la primera medida que adoptaron las comunidades indígenas cuando el gobierno peruano, el 16 de marzo, decretó el Estado de Emergencia ante el avance del coronavirus.
Cerraron caminos, puentes, impidieron el ingreso de embarcaciones por ríos e incluso prohibieron los vuelos a lugares lejanos. Así, casi un millón de personas que viven en comunidades indígenas amazónicas de Perú apostaron por el aislamiento como la mejor forma de protegerse de la amenaza del nuevo virus.
Los pueblos indígenas se abastecen con los productos que cultivan o que obtienen de los ríos. Foto: Archivo Mongabay Latam.
Ahora, a un mes del inicio del aislamiento en Perú, las comunidades enfrentan más de un problema. Escasez de productos básicos, falta de servicios de salud y la ausencia de protocolos para atender a esta población ya de por sí vulnerable ante cualquier enfermedad.
“Durante las tres primeras semanas de cuarentena hemos insistido para ser visibles ante el gobierno”, dice Lizardo Cauper, presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).
El líder indígena señala que entre las propuestas presentadas al Ejecutivo consideran como las más importantes la atención en los servicios de salud, la implementación de un mecanismo de apoyo económico, la entrega de alimentos de primera necesidad y de mascarillas para su protección. “Se tienen que tener listos los protocolos desde el Estado. ¿Por qué han demorado tanto en visibilizar a los pueblos indígenas?»
El presidente Martín Vizcarra informa todos los días sobre el avance del COVID-19. Foto: Agencia Andina.
El jueves 9 de abril, el presidente Martín Vizcarra dijo que el gobierno está preparando un plan específico para las comunidades indígenas y amazónicas. “Como Estado debemos tener una propuesta integral de atención”, manifestó. Sin embargo, el tiempo pasa y los planes aún no se concretan.
Por lo menos 200 miembros de comunidades indígenas estaban de paso en Iquitos cuando el gobierno peruano decretó el Estado de Emergencia y el inicio de la cuarentena. La mayoría había llegado a la ciudad para hacer trámites de rutina o recibir atención médica.
Desde entonces, la situación se tornó crítica para estas personas que no contaban con los recursos suficientes para permanecer en la ciudad durante la cuarentena.
Las poblaciones indígenas son las más vulnerables debido debido a los altos índices de anemia y desnutrición. Foto: Ministerio de Cultura.
“Incertidumbre, abandono, necesidad, son los sentimientos de nuestros hermanos que vinieron a Iquitos sin saber que no iban a regresar a sus comunidades por la cuarentena”, dice Jorge Pérez, presidente de la Organización Regional de Pueblos Indígenas del Oriente (Orpio).
El líder indígena cuenta que algunos de ellos dormían en sus botes anclados en los puertos y trataban de sobrevivir como podían, mientras otros recibían ayuda de sus familiares. “Sus viviendas son muy precarias y comparten espacios muy reducidos”, apunta.
Hasta ahora, la única atención que han recibido ha sido la entrega de canastas con productos básicos que ordenó el gobierno se entregue a las familias de menos recursos.
Las comunidades indígenas tomaron la decisión de cerrar sus territorios desde que se decretó el Estado de Emergencia en Perú. Foto: Ministerio de Cultura.
Pero no ha sido el único caso. “Hemos mapeado unos 500 indígenas que viven en Lima que son awajún y wampís. Y desde Ucayali nos ha llegado una lista que solicita el bono de 380 soles”, dice Ángela Acevedo, viceministra de Interculturalidad del Ministerio de Cultura.
Loreto es una de las regiones con mayor cantidad de casos de COVID-19 en Perú, hasta el momento se han reportado 332 casos en esa región y son nueve las personas fallecidas.
Hace una semana, el virus llegó al centro poblado San Lorenzo, en Datem del Marañón, habitado por indígenas y colonos. El temor ante la llegada del coronavirus está presente en todas las comunidades indígenas.
Los pueblos de la Selva Central vigilan los ingresos por carretera a sus comunidades. Foto: Agencia Andina.
“No hay abastecimiento de insumos básicos. Los pueblos indígenas están abandonados. Solo una cooperante pudo llegar a tiempo con ayuda de víveres a los sectores de Santa Clotilde y Cushillococha”, agrega Pérez de Orpio.
El miércoles 8 de abril, una comisión multisectorial se reunió para evaluar la situación de Loreto. “Hemos establecido el comando Covid en esa región y continuaremos con las otras regiones amazónicas”, explica Acevedo, viceministra de Interculturalidad.
Acevedo señala que han sido las mismas organizaciones indígenas las que han colocado los temas en la agenda. Uno de estos puntos es la escasez de productos básicos en las comunidades. “Estamos evaluando cómo llegar a las comunidades para complementar su canasta básica. Pero tenemos que hacerlo con las mejores condiciones. El protocolo lo tenemos que diseñar con el sector Salud. Si se toma la decisión de llevar algo tiene que ser con toda la seguridad necesaria”, aclara.
Por su parte, el presidente de Orpio reclama que el tema indígena no es una prioridad. “Tuvimos que insistir para que nos escuchen”, comenta con relación a la reunión de todos los sectores para analizar las acciones en Loreto.
Una comisión multisectorial se reunió en Loreto para evaluar la situación de la región por el avance del COVID-19. Foto: Orpio.
“En Ucayali hay migrantes indígenas que viven en las ciudades en los denominados Asentamientos Urbanos Interculturales”, comenta Berlin Diques, presidente de la Organización Regional Aidesep Ucayali (ORAU).
Diques señala que estas comunidades urbanas congregan a una gran cantidad de personas. Le preocupa que se trata de población vulnerable porque ganan su sustento diario con trabajos informales. “Ahora no pueden realizar sus actividades y los problemas de falta de alimentos se agudizan para ellos”.
Julio Cusuriche, presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), señala que cumplir la cuarentena está resultando difícil para las 37 comunidades que pertenecen a esta organización.
El 25 de marzo, Fenamad envió una carta a la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Ariela Luna, solicitando que se incluya a las comunidades nativas en la entrega del bono de 380 soles que ha dispuesto el gobierno para las familias de escasos recursos económicos. “Ha empezado la escasez de los productos que no se producen en el campo. Y el bono de 380 soles no llega a las comunidades”, precisa Cusuriche.
Las comunidades se organizan para vigilar el ingreso a sus territorios. Foto: Agencia Andina.
El presidente de la Fenamad precisa que los líderes indígenas de la organización se mantienen en constante comunicación para tener un panorama de lo que sucede cada día en las comunidades. “No se permite el ingreso ni salida de los territorios. Las comunidades nativas fueron las primeras que cerraron sus fronteras para cumplir el aislamiento social. El control lo hacen los mismos comuneros, sin la presencia de policías y militares”.
Walter Quertehuari, presidente del Ejecutor del Contrato de Administración de la Reserva Comunal Amarakaeri (ECA-RCA), señala que su mayor preocupación es la posibilidad de que ingresen personas ajenas a la comunidad por el acceso que hay hacia la región Cusco. “Sabemos que hay personas que están escapando para la selva, además que transitan vehículos que trasladan alimentos. Tememos que el virus llegue porque somos una población muy vulnerable”.
En Loreto el aislamiento de las comunidades no ha sido del todo respetado. Cuando ya se había decretado la cuarentena, embarcaciones que salen desde Iquitos hacia Mazán y el río Napo partieron evadiendo la orden de inamovilidad.
La vigilancia también se da en las riberas de los ríos por donde transitan embarcaciones hacia as comunidades. Foto: Orpio.
“Hemos tenido que bloquear los ríos para impedir que transite cualquier tipo de embarcación”, cuenta Betty Rubio, presidenta de la Federación de Comunidades Nativas del Medio Napo Curaray y Arabela (Feconamncua).
La viceministra de Interculturalidad, Acevedo, señala que uno de los ejes considerados para atender a la población indígena es el control territorial. “Existen demandas para lograr un control efectivo en ríos y puertos y estamos coordinando con los gobiernos regionales y las Fuerzas Armadas. Inicialmente no hubo un control efectivo en los ríos”, reconoce.
Acevedo confirma que durante la primera semana de aislamiento social hubo embarcaciones que partieron de Iquitos, pero que el gobierno regional ha tomado el control. Sin embargo, la funcionaria señala que la realidad de cada región es distinta y por ello deben actuar de acuerdo a cada lugar. “En la selva central el acceso es principalmente por carretera, mientras que en Madre de Dios los ingresos se pueden dar por Puerto Maldonado o Cusco. Esto nos plantea más retos para resguardar sus vidas”.
Desde la Selva Central, Irupé Cañari, asesora legal del Comité Central de Autodefensa del Valle del Río Ene (CARE) también se refirió a los problemas de tránsito que se han presentado en la Selva Central. “Existe mucho traslado de colonos de la cuenca del Ene, trabajadores migrantes que se habían trasladado de Ayacucho, Junín y Cusco hacia el VRAEM. Ahora están tratando de regresar a su localidad tomando la ruta que va desde Pichari en Cusco hasta Satipo en Junín”.
En la ruta de Pichari a Satipo existen varias comunidades nativas. Fuente: Google maps.
En este caso preocupa a Cañari que quienes circulan por esta vía se conviertan en un riesgo de contagio para las comunidades indígenas ubicadas a lo largo de la carretera. “La semana pasada hubo movimiento masivo por esta carretera. Nos preocupa porque potencializa el riesgo”.
Cañari también menciona que hasta el momento no hay ningún caso de COVID-19 en las comunidades nativas de la Selva Central. “Eso es alentador”, agrega. Sin embargo, le preocupa que ya se han reportado dos contagios en Pichanaki, ciudad ubicada a una hora de Satipo, zona de ingreso a las comunidades nativas del VRAEM.
Los monitores forestales de Loreto están usando ahora la tecnología que tienen al alcance para difundir entre las comunidades indígenas las acciones de prevención contra la pandemia.
Monitores forestales utilizan la tecnología para informar sobre prevención por el coronavirus. Foto: Orpio.
“Enviamos las cartillas e infografías con información de cómo prevenir el contagio a través del whatssapp de los teléfonos que usamos para el monitoreo de las acciones ilegales en nuestros territorios”, cuenta Betty Rubio, presidenta de Feconamncua e integrante de la red de monitores forestales creada por la organización Rainforest Fundation US.
Así, relata Rubio, las medidas de prevención están llegando a las comunidades del río Napo en Loreto, además de que pueden intercambiar información de lo que sucede en cada lugar.
Los monitores han descargado la infografía elaborada por Orpio en los teléfonos y tablets que normalmente usan para rastrear la deforestación. Estas herramientas tecnológicas ahora las utilizan para brindar información a las comunidades.
En las comunidades se elaboran paneles con información relevante sobre el COVID-19. Foto: Orpio.
Una acción que busca, de alguna forma, suplir las serias deficiencias que presentan los servicios de salud en las comunidades nativas. Según el censo de 2017, de cada diez comunidades indígenas en Perú, menos de cuatro cuentan con un centro de salud en sus territorios, situación que coloca a los pueblos indígenas en mayor riesgo.
Según la antropóloga Beatriz Huertas, la situación de los pueblos indígenas es de extrema vulnerabilidad. La desnutrición y anemia, así como la alta prevalencia hepatitis B, tuberculosis, malaria o dengue los dejan sumamente expuestos a otras enfermedades.
Zebelio Kayap, líder indígena de las etnias awajún y wampís en la zona de frontera con Ecuador, menciona que en muchas comunidades nativas no se cuenta con centros de atención médica y en la situación actual de cuarentena tampoco llegan las brigadas de salud para que informen sobre el coronavirus.
“Brindamos información por teléfono. Pero donde no hay cobertura telefónica ni radio, no podemos alertar de los riesgos ni de las medidas de prevención”, comenta el líder indígena.
Las organizaciones indígenas difunden por redes sociales mensajes de prevención y atención de la emergencia. Fuente: Orpio.
“El Estado hasta ahora no tiene un plan de contingencia para las poblaciones vulnerables. Los puestos de salud de las comunidades nativas, cuando existen, están muy mal implementados. Si ocurre un caso de contagio en una comunidad, sería devastador, porque no estamos preparados”, dice Diques, presidente de ORAU.
Irupé Cañari de CARE también se refiere a los problemas de atención de salud en las comunidades. “No se han habilitado espacios específicos para atender a pacientes con COVID-19, tampoco hay protocolos de atención para pueblos indígenas. No sabemos cómo proceder en el hipotético caso de que se presente una persona afectada por el virus, ni como sería el traslado”.
La viceministra de Interculturalidad, Ángela Acevedo, comenta que los problemas de los últimos años en el sector salud en esta situación de emergencia se han hecho más evidentes. “Si bien no ha llegado el virus a las comunidades, existe un alto riesgo. Estamos viendo el mejor mecanismo para definir un protocolo de salud adecuado”.
Desde Amarakaeri, el líder indígena Quertehuari recuerda que hay muchas comunidades sin agua potable y que el abastecimiento de este recurso depende de pozos o directamente de los ríos. “El lavado de manos es muy importante, pero como cumplirlo si no se cuenta con agua potable ni jabón”.
Un derrame en la Refinería de Iquitos ocurrió el 8 de abril. Foto: OEFA.
Además de la falta de servicios básicos, muchas comunidades están expuestas a los derrames de petróleo que afectan directamente su provisión del recurso. En plena cuarentena, el 8 de abril, un derrame de hidrocarburo se produjo en la Refinería de Iquitos, ubicado en el distrito de Punchana, en Maynas, Loreto. La filtración del crudo afectó las localidades de Santa Clara del Ojeal y Barrio Florido.
El Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) ha informado que se está supervisando la implementación del plan de contingencia de PetroPerú, empresa estatal a cargo de la refinería, así como las acciones de contención y limpieza de la zona afectada.
Fuente del artículo: https://es.mongabay.com/2020/04/covid-19-pueblos-indigenas-alimentacion-salud-peru/
Ahora que volvamos a clases y nos quede poco tiempo para terminar el ciclo escolar, ¿renunciarías a los últimos contenidos […] por actividades inolvidables para tus alumnas y alumnos? ¿Te atreverías a olvidarte del currículo […] y a hablar de lo que sucede a nuestro alrededor, de lo que de verdad importa y nos conecta con la vida, aún a sabiendas de que eso no está en el programa? (Giráldez, 2020).
Al final de un artículo de Andrea Giraldez, encontré algo similar a las preguntas que acabas de leer. Aunque aparentemente ella, con ello cerró su texto, estoy seguro, que lo hizo sabedora que lo dejaba total y provocativamente abierto a la reflexión y que al punto que se vio al final, había que añadirle dos más para poder continuar…
Tres puntos suspensivos que hoy me permiten comenzar desde un lugar, pero que de igual manera, podrían permitirle a otra persona comenzar desde otra perspectiva.
En mi opinión, actualmente en nuestro sistema educativo mexicano y específicamente en el nivel primaria, los procesos de enseñanza-aprendizaje se encuentran muy centrados en el currículo y en ello, los libros de texto de los y las estudiantes determinan en gran medida lo abordado en clases.
Cuando el Secretario de Educación Pública en México habla de salvar el ciclo escolar ¿para él, qué significa salvarlo? y ¿salvarlo para quién?
¿En qué pensamos cuando nos dicen que tendremos que recuperar el tiempo perdido?
Sin duda, habrán variadas respuestas, pero muchos, sé que están pensando en contenidos, en el bloque donde quedaron. Como explica Andrea Giraldez “hay una obsesión por terminar un programa”, ¿de dónde surge esa obsesión?, ¿quién o quiénes nos presionan?
En ese sentido, en el mensaje de regreso a clases (virtuales) el titular de la SEP, el 17 de abril dijo: “continuaremos con las clases siguiendo los libros de texto gratuitos a través del programa aprende en casa”[1]. Más adelante también agregó: “lo que no nos debe quedar en duda es que el ciclo escolar se va cumplir y que nos vamos a asegurar de lograr los aprendizajes esperados en los contenidos de planes y programas” (Barragán, 2020).
A partir de esta idea también fueron diseñadas las actividades del programa aprende en casa, porque asimismo, precisó que dicho programa: “se sustenta en los libros de texto y en la televisión, porque 9 de cada 10 familias tienen acceso a ella. Es la herramienta más utilizada que tenemos en el mundo para poder ser equitativos”[2].
Al respecto, supongamos que las estadísticas del secretario de educación sean correctas y que 9 de cada 10 familias tienen por lo menos un televisor. Lo que no se dice ahí es que en muchos hogares el único canal que trasmite dicho televisor es el canal de las estrellas y en algunos otros casos el canal 13 de TV Azteca. Porque no cuentan con la TV de paga. Recordemos que en el año 2015 en México se efectuó el apagón analógico. Por lo tanto, el comunicado oficial de clases por televisión llevó a muchas familias a contratar los canales requeridos, adelgazando con ello su economía, siendo que en estos momentos de apremio el poco dinero que la gente tiene, le está sirviendo para subsistir y ese es un lujo que ellos no pueden darse.
Es así como la crisis sanitaria pone en evidencia con mayor descaro las profundas desigualdades sociales y económicas que hay en el mundo y aunque el tema de la justicia social me gustaría abordarlo en otro artículo, aquí solo quiero enfatizar, que las nobles intenciones de equidad, mencionadas por el Secretario de Educación Pública, en el sentido etimológico del término, estuvieron muy lejos de ser alcanzadas.
Más adelante, el titular de la SEP mencionó: “hemos rescatado los contenidos del libro de texto gratuito, para ponerlos en programas ágiles, me atrevo a decir, divertidos en televisión”[3]. En ese sentido, las actividades, aunque parezcan atractivas, en concordancia con cuadernillos que fueron distribuidos ya sea de manera digital o de forma impresa, siguen la lógica que tienen los instructivos y manuales, fomentando con ello, la razón instrumental en los y las alumnas.
Posteriormente agregó que: “los niños deberán construir una carpeta de experiencias, donde se junten todas las respuestas de todo lo que vean ellos en televisión y esa carpeta se entregará a su regreso a clases y será un elemento de evaluación”[4]. Por lo tanto, docentes y estudiantes, padres y madres, deberán seguir esas instrucciones. Aquí en mi barrio pobre, ya escucho las quejas de las madres y veo rostros de niños y niñas atormentadas por dicha carpeta. Es necesario tomar en cuenta las condiciones de cada una de las familias “además de la tecnología, es importante reflexionar sobre la escolaridad de los padres, las prácticas pedagógicas y la situación emocional en los hogares, entre otros asuntos” (Ruiz, 2020).
En ese sentido, Luis Bonilla Molina en el webinar del 24 de abril denominado: Las educaciones Populares en el marco de la actual crisis educativa evidenciada con el Covid-19, mencionó que “hoy ante la pandemia, en los sistemas educativos existen alumnos/as desaparecidos/as y estudiantes torturados” [5]. Los primeros, son aquellos, sin internet, computadora, televisor, radio, electricidad, etc. los segundos, pueden tener por lo menos un televisor, pero están siendo torturados/as con exceso de tareas escolares, ante padres y madres, con escasa o nula escolaridad, que ante el confinamiento luchan por subsistir, buscando el pan para comer y con ello salvar el día.
Por su parte, el Secretario de educación agregó además que, “felicita al magisterio porque son incontables los trabajos que le han llegado de todo México”[6]. Aquí me pregunto: ¿qué significará para él, “todo México”?, porque me queda claro que muchos y muchas de mi barrio pobre, no están dentro de ello.
Lo rescatable:
El titular de la SEP exhortó a los y las docentes a “externar de los niños y de las niñas, lo que hayan sentido en el encierro, porque vamos a tener que trabajar mucho con ellos y ellas en materia emocional”[7]. Por aquí hubiéramos empezado, pero está claro, que estamos patas arriba. Lo más importante, es la vida de cada niño/a y es el principal punto de partida.
En el mundo existen niños y niñas que sufren de violencia doméstica y, durante la actual crisis sanitaria (económica, educativa, política, social y humanitaria), han estado más tiempo con sus agresores/as ¿qué es lo que más necesitan actualmente estos/as Alumnos/as?
En la población vulnerable, se hallan estudiantes que son discriminados, explotados y humillados. Lastimosamente, son aquellos y aquellas, olvidados/as y nunca escuchados/as. “La prioridad debe ser asegurar primero el bienestar emocional […] de los y las niñas, es así como se establece un espacio seguro para el aprendizaje en todos los niveles” (Bullé, 2020).
Por lo anterior, veo necesario reflexionar, sobre lo que nos planteó Andrea Giraldez:
¿Quién crees que favorece más el aprendizaje […] de sus alumnos/as: el profesor que sigue un libro de texto, el que tiene una programación estricta que hay que terminar sí o sí, el que trabaja por proyectos (y por tanto hace una selección de contenidos) o el que crea una programación con propuestas a la medida de sus alumnas y alumnos? (Giráldez, 2020).
Según Andrea, “la respuesta a estas preguntas suele determinar por qué hacemos lo que hacemos y por qué enseñamos lo que enseñamos”. Y como decía Freire: “el objetivo central de la educación es la humanización del hombre”. Nuestra tarea no está en consumir ideas e información, sino, como él mismo expresó “en crearlas y recrearlas” (Freire, 1969). El virtuoso educador brasileño siempre nos desafió a la denuncia de un mundo cada vez más deshumanizado y eso que él, no vivió en estos tiempos, ahora con mayor urgencia nos haría ese llamado.
Al respecto, en nuestra práctica educativa nuestra acción no es neutral, (como él nos enseñó) o humaniza o deshumaniza, o libera u oprime. Convendría preguntarnos ¿en cuál de los lados estamos?
En ese sentido, Paulo Freire (1985) en Conversaciones Con Antonio Faundez, sostiene: “toda práctica educativa que se funda en lo estandarizado, en lo preestablecido, en la rutina en que todas las cosas están predichas, es burocratizante, y por eso mismo antidemocrática”(Pág.7). De tal forma que, al seguir al pie de la letra libros de textos y guías, sin tomar en cuenta las particularidades de cada estudiante con su contexto histórico, social y económico, significa disolver la democracia. En palabras de Freire:
No es posible respetar a los educandos, su dignidad, su ser en formación, su identidad en construcción, si no se toman en cuenta las condiciones en que ellos vienen existiendo, si no se reconoce la importancia de los «conocimientos hechos de experiencia” con que llegan a la escuela. El respeto debido a la dignidad del educando no me permite subestimar, o lo que es peor, burlarme del saber que él trae consigo a la escuela (Freire, 2004, pág. 30).
Por todo lo anterior, insisto en liberarnos de la presión curricular que nos ha impuesto el sistema y propiciar tanto el diálogo como las actividades lúdicas y aquellas que fortalecen los vínculos entre las y los alumnos, de tal forma que nuestro regreso no esté condicionado y presionado por carpetas de evidencias basadas en contenidos programáticos, sino en la expresión de experiencias vividas por los y las estudiantes. Que la escuela sea ese espacio que ayude a niños y niñas a la liberación de sus emociones, no un lugar burocrático que se dedique a cumplir agendas administrativas.
Asimismo, al llevar a cabo lo anterior, ¿Por qué no establecer una «intimidad» necesaria entre los saberes curriculares fundamentales para los alumnos y la experiencia social que ellos tienen como individuos? Y a su vez, como aconsejaría Freire ¿Por qué no discutir las implicaciones políticas e ideológicas de tal falta de atención de los dominantes por las áreas pobres de la ciudad y la ética de clase incrustada en esa desatención?
Palabras clave: Presión curricular, Implicaciones políticas, Actividades lúdicas, Diálogo, liberación de emociones, Clases por televisión, TV de paga, Apagón analógico, Obsesión, Razón Instrumental, Carpeta de Evidencias, Desaparecidos y torturados.
Referencias:
Barragán, E. M. (17 de Abril de 2020). Mensaje de regreso a clases (virtuales) para maestras y maestros. Recuperado el 17 de abril de 2020, de https://www.youtube.com/watch?v=naFNJEg_Xzc
Bullé, S. G. (27 de Abril de 2020). observatorio.tec.mx. Recuperado el 27 de Abril de 2020, de https://observatorio.tec.mx/edu-news/padres-escuela-online
Freire, P. (1985). Hacia una pedagogía de la pregunta «Conversaciones con Antonio Faúndez».
Ginebra, Suiza: Ediciones Aurora.
Freire, P. (2004). Pedagogía de la Autonomía. En P. Freire. Sao Paulo: Paz e Terra SA.
Grupo de Contacto Internacional. (24 de Abril de 2020). Webinar: Las educaciones populares en el marco de la actual crisis educativa evidenciada con el COVID-19. Recuperado el 24 de Abril de 2020, de https://youtu.be/29822a2MJ7Y
Ruiz, R. J. (24 de Abril de 2020). profelandia.com. Recuperado el 25 de Abril de 2020, de https://profelandia.com/aprende-en-casa-de-quien/
El mundo actual es muy diferente de aquél en que nuestra civilización floreció: más caliente, más extremo, más inseguro. Y hacia el futuro, más allá de las incertidumbres, tenemos certezas: la cosa puede ir todavía a peor. El sistema de producción en el que vivimos ha generado una devastación social y ambiental sin precedentes en la historia de nuestra especie. De entre todas las transformaciones, el cambio en la composición de nuestra atmósfera y el calentamiento global del planeta destacan por su potencial catastrófico, modificando los climas en los que nuestra especie ha proliferado.
Mucho más allá de blogs, fake news y teorías de la conspiración, es importante entender todo lo que está ocurriendo en nuestro mundo, y hacerlo de la forma más rápida posible. Este manual, de divulgación científica y de lucha, recorre la base científica del cambio climático y nos asoma al posible escenario que se abre para el Estado español y para el mundo en función de los caminos por los que la civilización opte en los próximos años.
En un mundo cada vez más desigual, oscilan sobre nosotros varias crisis simultáneas: bancaria, financiera, laboral, ambiental, energética, productiva, climática, democrática, sistémica. Es la crisis del propio Homo sapiens, en una confrontación entre lo que es y lo que puede ser. Nada o todo: la urgencia del cambio climático es la urgencia de la humanidad. Para esa emergencia son necesarias luchadoras y luchadores, personas organizadas y empeñadas en rescatar el futuro. Por eso, para aprender y para enseñar a combatir, este libro es un (feroz) manual de lucha.
Este es un libro para los que no son especialistas. Si ya has oído hablar sobre el cambio climático pero todavía no sabes exactamente lo que es, si no te cuadra que a veces haga frío cuando lo que se oye es que la temperatura es cada vez mayor, si crees que eso es algo que solo sucederá dentro de muchos años y que para ese momento ya se habrá descubierto una solución para el problema, si incluso has oído que no es más que una teoría de la conspiración para distraernos de otros problemas, necesitas leer este libro.
Independientemente de que tengas estudios superiores o no, vivas en el interior o en la costa del Estado español, Portugal, Brasil o China, este libro explica lo que va a pasar con los países, los continentes, el planeta y las personas. El calentamiento global y el cambio climático no son un tema solo para especialistas, ya que va a transformar nuestra civilización tal y como la conocemos y por eso sería una tontería que necesitaras tener un grado en Física, Biología o Climatología para entender lo que está en juego. Energía, transportes, alimentación, salud, bosques, océanos, riqueza, economía, desigualdad, democracia, poder etc., son asuntos relacionados con el cambio climático; no existe ningún aspecto de nuestra vida que no se vea afectado.
Si estás desesperado o desesperada porque ya has visto escenas del fin del mundo en la tele, desconfías de lo que ves porque te parece demasiada información -y además confusa-, o eres escéptico porque te han dicho que esto es solo una moda, este libro tiene como objetivo explicar desde el comienzo, lo que está pasando con el clima y con el planeta, lo que sucederá en el futuro y lo que podemos hacer colectivamente para lidiar con esta situación.
Reunimos los datos más actualizados y más confiables, los escenarios más recientes y damos unas pinceladas sobre algunos impactos esperables en las diferentes zonas de nuestro país. Necesitamos reunir información y conocimiento para construir un nuevo futuro, que será muy diferente del mundo en el que vivimos hoy. Por otro lado, analizaremos el pasado para ver como pequeños cambios en el clima han tenido un profundo impacto sobre toda la vida en la Tierra, y en particular sobre la especie humana y sus diferentes civilizaciones.
Hemos recogido el conocimiento más actual y la mejor ciencia disponible e intentamos hacerla accesible a todo el mundo para que todas las personas puedan entender la gran revolución que está sucediendo. Además, estudiamos las soluciones que ya existen, dadas por millones de personas en todo el mundo, pero desde una perspectiva crítica: no todas son buenas, muchas no funcionan e incluso tienen el efecto contrario a lo que necesitamos.
El escenario no es bueno y la posibilidad de que hagamos irreversible la destrucción causada al planeta es muy real. Tenemos poco tiempo y mucho que hacer. Si la especie humana pretende tener un futuro, necesita de luchadores y luchadoras, personas informadas, organizadas y empeñadas en rescatar el futuro. Por esta razón hemos hecho un manual de lucha. Para aprender y para enseñar a combatir. Te necesitamos.
Link del libro: https://www.ecologistasenaccion.org/transferencias/libro/manual-de-lucha-contra-el-cambio-climatico.pdf
Fuente de la reseña: https://www.ecologistasenaccion.org/126762/manual-de-lucha-contra-el-cambio-climatico/
Desde 1970, la comunidad internacional celebra el Día Mundial de la Tierra. Y, a partir del 2009, la ONU, a propuesta del gobierno indígena de Bolivia, estableció el 22 de abril como el Día Mundial de la Madre Tierra.
El concepto de Madre Tierra supera la concepción cartesiana (moderna) de la Tierra como un recurso o natura inerte para satisfacer necesidades humanas. El concepto de Madre Tierra, no sólo reconoce la cualidad de sujeto y portadora de derechos a la Tierra. Sino, también nos evoca nuestra condición de hij@s de la Tierra en comunidad con los otros seres.
Nos recuerda nuestra dependencia existencial de la Tierra como fuente (de Ella venimos) y como destino (hacia Ella vamos). Incluso nuestra identidad como Tierra que somos. No únicamente porque corporalmente estamos compuesto de elementos químicos que preexisten en la Tierra, sino porque en la medida que hacemos auto conciencia inmersos en la Tierra, somos tierra que siente, tierra que llora, tierra que piensa, que sufre y se regenera.
Esto no es ninguna elucubración metafísica. Es únicamente una básica constatación real, muy a pesar de las doctrinas antropocéntricas (modernas) y teológicas celestiales. A mis padres, cuando fallecieron, los reincorporamos al vientre fecundo de la Madre Tierra, y Ella los re acogió para que continúen conviviendo con nosotr@s, conspirando contra la muerte y construyendo el Buen Vivir. Es lo que vemos y sentimos.
¿Qué mensaje nos está dejando la Madre Tierra con esta pandemia del COVID19?
Aunque no se sabe con certeza el origen del virus COVID19, por su carácter desconocido, se asume que proviene de otro ecosistema que no es el cuerpo humano. En este sentido el mensaje parece ser: “Respete los ecosistemas. No los destruyas, ni manipules más de la cuenta. Cultiva con mesura”.
Después de cinco siglos continuos de la modernidad prepotente (varón blanco, montado en su razón y su maquinaria), un imperceptible e impredecible virus exógeno humilla en el planeta al arrogante antropocentrismo moderno. El mensaje parece ser: “Los humanos, por muy modernos que sean, no son dueños, ni tienen el control total de lo que les rodea. La ciencia no es exacta, ni es capaz de predecir la conducta de agentes externos”.
Viendo a millones de ciudadanos libres desesperados, encarcelados en sus domicilios urbanos, y a muchos campesinos intentando volver hacia sus comunidades rurales empujados por el instinto de la sobrevivencia, otro mensaje para el ser humano parece ser: “Vuelve a la Tierra. Sin comida, ni agua, no puedes sobrevivir a ninguna pandemia. Tu sustento cotidiano viene de la Tierra no del supermercado”.
Nos duele que COVID19 se lleve, sobre todo, a los adultos mayores, dejando a la juventud huérfana de referentes socioculturales, pero con la posibilidad de reinventar un mundo diferente al mundo moderno pre COVID19. ¿Será que la Madre Tierra busca despejar a las siguientes generaciones de los promotores, depositarios o transmisores de las tradiciones de desarrollo no amigables con la comunidad cósmica y humana?
Otra de las lecciones que nos deja parece ser: “El destino de la humanidad es la comunidad, colectividad. Mas no el individualismo acumulador”. En tiempos de pandemia, la filosofía neoliberal está de rodillas en sociedades capitalistas. Está demostrado que el interés privado no había sido el mejor proveedor de servicios y ni de bienes que prometía.
Es más, los países capitalistas (EEUU., Unión Europea) que acusaban de “malos” a los países de tendencia socialista están estupefactos viendo cómo aquellos “malos” como Cuba, China, Rusia, Venezuela, son los que mejor cooperan y ayudan al mundo a enfrentar la pandemia. “COVID19 está desnudando la perversidad de los supuestos buenos. Y mostrando la benignidad/solidaridad de los supuestos malos”.
“El tiempo de cuarentena por el coronavirus es el tiempo para ajustar los mecanismos del nuevo formato capitalista, pero también les sirve la inacción de los posibles actores de la alternativa de construir un mundo mejor, duermen la siesta”.
“Los que hacen la revolución pacífica imposible, harán inevitable la revolución violenta. Cuanto más se oprime un conjunto de necesidades y cuanto más se impide que se ejerzan derechos, más se facilita que estallen revoluciones claramente violentas” (John F. Kennedy).
“Para que la reorganización de la sociedad beneficie a la raza humana tiene que ser completa en todas sus partes. Es necesario que las cosas viejas perezcan y todo se renueve. La religión, las leyes, el gobierno, las clases, las instituciones y todas las reglamentaciones comerciales del viejo mundo, deben ser puestas de lado y abandonadas apenas se realice la nueva organización y ocupe el puesto de aquella que incluye en su seno toda la vieja miseria humana” (Robert Owen).
Partimos de la fuerte convicción de que estamos en una situación de extrema peligrosidad sanitaria mundial, pero también, ello conllevaría la bancarrota del sistema capitalista mundial, al menos en su versión actual. Está en entredicho el modelo de la oferta y demanda.
Ahora, más vale que nos preguntarnos: ¿Cuáles son los retos urgentes del movimiento cooperativo ante la situación de catástrofe generada por la pandemia y que indican al mismo tiempo el fin del capitalismo actual, pero no su desaparición?
Roberto Fermín Bertossi en su artículo denominado “Desafíos cooperativos por el COVID-19” nos ilustra con su extraordinaria pluma y dispara al inicio que “Después de semejante pandemia mundial, nada será lo mismo. La revalorización de la vida y el temor a la muerte, súbitamente, recobraron toda su real dimensión, connotaciones e intensidad pues, siendo mortales, vivíamos como inmortales”.
Sus argumentos siguientes son en verdad sólidos y convincentes, nos vimos en la extenuante tarea de resumir para centrarnos en lo que consideramos el meollo de la cuestión:
“Ello nos sugiere un nuevo tiempo, un nuevo orden ecológico, social, sanitario, económico y financiero (menos líquido, más humano), político y cultural; un nuevo contrato social entre todos los pueblos del mundo a partir de la persona, de la familia, de lo cooperativo, madurando la “unión productor/consumidor”, “prestador/usuario”, etc.; siempre desde el respeto mutuo, simétrico”…” un nuevo orden mundial requiere creatividad e inventiva para asumir sin demora, este inédito desafío mundial con activo compromiso cooperativo sobre información y conocimiento, con conciencia educativa solidaria, con ciencia y previsión, con legitimidad actual, experticia y anticipación gubernamental, asignando un rol vital al “cuidado de la casa común”; democratizando ciencia y tecnología para que cooperen sin prevalecer sobre el bien común ni el bienestar general”.
Ahora, ¿Quién o quiénes serán los sujetos de cambio? ¿Quiénes organizarán la potencia necesaria para acometer tal faena anhelada? Y lo más áspero que se deberá resolver: La resistencia más vigorosa que, sin dudas, presentarán los bancos internacionales, el trust, cártel, holding, los auténticos poderes del mundo, no dejarán así como así la construcción de ese “nuevo orden mundial”, porque, como dijo alguien “el mundo no está hecho tan felizmente”.
Pero además, esos sectores, tan afines a tener todo bajo control, que poseen medios y herramientas, intelectuales y científicos a su disposición, por lo que no sería un acto de profanación pensar que su fase de reconversión productiva capitalista no esté ya en plena acción.
A tenor de nuestra capacidad como movimiento cooperativo y mutual, de la economía popular y social, de influir hacia ese cambio, será hoy, en esta circunstancia de apertura y entredichos posiblemente sea mayor que la que hemos tenido en tiempos pretéritos.
Así que, la peor actitud que puede asumir el cooperativismo organizado es tener una actitud pasiva, de espera, de renuncia a iniciativas, en fin, a seguir de furgón de cola.
Tiempos de reconfiguración socioeconómica
Se ha abierto un tiempo en el mundo, que a nuestro criterio, podríamos denominarlo “Tiempo de reconfiguración socio-económica”, hablamos de reconfigurar el modelo capitalista por otro modelo organizativo socio-económico global, o cuanto menos, en Argentina, hablamos de construir un mundo mejor. Requerimos un sujeto constructor, ese escultor que labre su obra, un mundo cooperativo real, palmario y no meramente una sana y bonita aspiración, pero inconducente.
El capitalismo imperial y globalizado necesita y así se evidencia, instalar contextos represivos con aceptación prudente del pueblo, que se asuma tales agresiones como oportunas y naturales, así procede sin más. Pero también en su fase de reconversión productiva capitalista requiere expoliar con más intensidad y menos resistencia al mismo tiempo.
Ya está inferido, con indicios ciertos, que el capitalismo está en pleno proceso de reconversión, eso ya no es novedad. Están utilizando el tiempo de cuarentena para ajustar los mecanismos del nuevo formato capitalista, pero también les sirve la inacción de los posibles actores de la alternativa de construir un mundo mejor, duermen la siesta.
Dicho esto, el movimiento cooperativo Latinoamericano y universal debe re-plantearse seriamente sus visiones y estrategias que devienen hoy, claro está, cuanto menos desfasados, dado que no estamos en tiempos normales, por tanto, corresponde -a nuestro criterio- esa acción revisora y la elaboración de estrategias y tácticas superiores acordes a los tiempos actuales y coyunturales que es un tiempo de definición, tiempos de reconfiguración soci-económica.
El escenario, entonces, puede ser una oportunidad en cuanto a dar un paso adelante, asumir un tiempo de avance hacia el estadio superior de la cooperación, descontando que nada será facil, pero la realidad así lo impone.
Se requiere, sin dudas, para acometer esa renovación, de un Stratego, de un conductor político-cooperativo y cuadros tácticos con enorme vocación organizativa y de una concepción que anime una acción en unidad para impulsar el desmantelamiento capitalista y construir el mundo cooperativo.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!
Autor: José Yorg
Fuente de la Información: https://rebelion.org/los-retos-urgentes-del-movimiento-cooperativo-ante-el-tiempo-de-reconfiguracion-socioeconomica-capitalista-global/
La hegemonía neoliberal se muestra en las prácticas y los enfoques, tanto “regulares” como contingentes, por ello los discursos “radicales”, sin correlato en prácticas razonadas de resistencia resultan significantes vacíos. El capitalismo muta en apariencia y performance según el tiempo histórico, se reacomoda, absorbe parte de las iniciativas del cambio y las hace funcionales a su lógica de dominación. Por ello debemos estar atentos, la agenda de transformación radical también debe cambiar de manera permanente, sin desdibujar el horizonte; no basta con hacer lo que era revolucionario en los setenta u ochenta del siglo XX, resulta que en el presente hay que hacer eso y otras muchas cosas y, seguramente el foco de atención cambio de manera drástica.
Este cambio incesante genera causa una especie de vértigo, una sensación de inestabilidad permanente en las burocracias educativas nacionales, que como “pájaros en grama” buscan en todas las direcciones las claves de lo nuevo que se hace evidente en anuncios de las bancas de desarrollo, los organismos mundiales del capital. Las burocracias educativas acostumbradas a recibir órdenes, buscan el manual que contenga los pasos a seguir para su perspectiva de la transformación de los sistemas escolares; no terminan de entender que el capitalismo incluso requiere una nueva casta burocrática. El viejo modo de entender los sistemas escolares comienza a ser un obstáculo para el capitalismo cognitivo del siglo XXI. A los burócratas neoliberales la ansiedad propia de los “mandaderos” del sistema, le hace estar mirando para todo lado, intentando hallar las respuestas que les resultan esquivas.
Incluso la burocracia educativa “bien intencionada”, aquellos(as) que consideran que las reformas educativas son la mejor solución posible, los ahoga la falta de discusión, debate y análisis crítico. Sin reflexiones estructurales que les permitan comprender lo que está pasando y construir escenarios realistas, la actual aceleración del cambio les impulsa a sentirse atacados, por ello la piel se les pone “de gallina” y reaccionan con recetas de propaganda.
En el campo de la izquierda pedagógica la situación también es dramática. La reflexión estructural sobre las repercusiones de la tercera revolución industrial en lo escolar y educativo fue una agenda esquiva para este campo. Un “tufo” a desprecio por lo tecnológico sirvió para eludir las necesarias discusiones sobre las nuevas perspectivas del capital y la redefinición de las narrativas y prácticas de resistencia.
Todo está cambiando y los sistemas escolares no escapan a ello. La disolución de la vieja escuela, que venimos denunciando desde 2015, comienza a generarse, a abrirse paso. Es tan drástico lo que comienza a perfilarse que la incredulidad es el signo predominante en el magisterio. Pasada el confinamiento preventivo contra la pandemia volveremos a la arquitectura escolar, a los espacios escolares y muchos pensaran que solo se trata de recuperar contenidos y poner nuevamente en marcha la vieja máquina educativa newtoniana. Esta mirada, formulada para evitar salir de la zona de confort propia de las rutinas escolares, no impedirá que el Ministerio de Educación Planetario, que es hoy la alianza OCDE-Banco Mundial, siga trabajando para destruir la vieja escuela pública presencial que conocimos. La tensión entre presencialidad y virtualidad se agudizará y es aún impredecible el curso que tomará. Pero lo que sí es evidente es que el capitalismo está empujando el surgimiento de una nueva máquina educativa.
Las terribles cifras previas a la pandemia
En 2018 el Instituto Internacional de estadísticas de la UNESCO publicaba el “eatlas sobre niños fuera de la escuela”, en el cual se indicaba que 258 millones de niños, adolescentes y jóvenes en el mundo entero están fuera de los sistemas escolares, por razones diversas, fundamentalmente vinculadas a la pobreza extrema, la carencia de electricidad y agua potable, las guerras y migraciones forzadas. Esta cifra está compuesta por 59 millones de niños y niñas en edad de estudiar primaria, 62 millones de jóvenes y adolescentes y 138 millones de jóvenes que fueron excluidos y no pueden culminar los últimos años de la secundaria.
Son las llamadas cifras rojas de la cobertura escolar, el eufemismo con el cual se habla de las consecuencias educativas directas del sistema capitalista. A ello se le debe adicionar que por lo menos un 50% de los niños y niñas que asisten a la escuela, pueden allí contar con el alimento que no pueden tener en sus hogares; para ellos la escuela es un espacio de contención social, donde aprender los contenidos es lo adicional. Para muchas niñas, niños y jóvenes la escuela es también un escape al abuso, la violencia intra familiar y la explotación laboral.
En aquellos países donde la educación secundaria no es obligatoria, ello incrementa la exclusión. Alerta UNICEF (2019) que la imposibilidad de acceso cercano a un centro con educación secundaria impedía que 25 millones de niños más pudieran estudiar, de ellos 15 millones niñas y 10 millones niños.
Menos de la mitad de la población del mundo tiene acceso a internet o una computadora. La crisis educativa evidenciada por la pandemia del COVID-19 pone de relieve que el acceso a la internet y a computadoras se convierte en un derecho humano fundamental. Y como hemos señalado en otros artículos, la dotación de computadoras con fines educativos debe ser en un primer orden y momento para las escuelas y en segundo lugar personales para los estudiantes y, los y las maestras y profesores.
En mi artículo “Pongámonos serios ¿educación virtual en casa? (https://luisbonillamolina.wordpress.com/2020/04/10/pongamonos-serios-cada-familia-una-escuela/ ) trabajé el recorrido del paradigma neoliberal, con sus aristas de calidad y pertinencia que fueron construyendo la cultura evaluativa, requerimiento indispensable para consolidar el paradigma de la “escuela en crisis”. Y para salir de esta “crisis” que el propio neoliberalismo generaba con las reformas educativas permanentes, fueron impulsando políticas internacionales que construyeran las condiciones de posibilidad para el emerger de la educación virtual como “nuevo incluido” que iniciaría la disputa por el presupuesto educativo dedicado a la nómina docente, fomentando la idea de la casa como el nuevo lugar privilegiado para que ocurran los aprendizajes. Estas políticas públicas, impulsadas por el centro capitalista en materia educativa, se abrieron paso a través de:
Acciones de los gobiernos que comenzaron a dotar a los estudiantes de computadores personales para llevar a la casa, no entendiendo que con ello contribuían a relocalizar el epicentro de lo educativo en la casa;
Exclusión de los docentes de estos programas, pues no se les asignaban computadoras, ello para poder mostrar la obsolescencia y desactualización de la práctica docente, haciendo aparecer el saber pedagógico como obsoleto;
De la desinversión en infraestructura tecnológica en los espacios escolares. En muchos países la dotación de computadoras y conexión a internet de las escuelas fue una tarea no abordada. Unas escuelas sin equipamiento ni infraestructura tecnológica, nos mostraban planteles escolares llenos de láminas, papeles y un modelo de educación frontal, centrada en el pizarrón. La escuela deliberadamente fue inducida a abandonar su rol de epicentro del saber y forzada a reconvertirse en museo de lo educativo. La contención social y el encuentro humano pasaron a ser las tablas de salvación de una escuela que perdía su capacidad de explicar y trabajar desde lo nuevo;
La carencia de nubes educativas por parte de los ministerios de educación, que dejaba en manos de las trasnacionales de la informática y las corporaciones educativas la generación de contenidos educativos digitales;
El sostenimiento del modelo frontal de aprendizaje impedía el desarrollo de novedosas formas de aprendizaje usando el desarrollo científico-tecnológico;
Unas políticas de formación de formadores que desestimaban el vínculo de lo pedagógico con la aceleración de la innovación científico tecnológica y en otros casos, que hacían de los enfoques sociológicos una forma de ocultar la despedagogización que promovía el capitalismo neoliberal;
Del cumplimiento del currículo preestablecido a la progresiva construcción de un currículo hecho a la medida de las exigencias de las pruebas estandarizadas, tipo PISA-OCDE, LLECE-UNESCO, se fue ocultando el hecho que lo que estaba en crisis era el currículo pre-establecido, que para cambiar la escuela había que destruir la vieja noción de currículo, pero la autonomía escolar suele asustar a todes, tanto de derechas como de izquierdas;
Los desaparecidos del modelo neoliberal de educación en casa
El control epidemiológico del Coronavirus llevó a la sociedad mundial al confinamiento en sus casas. El 24 de marzo de 2020 la UNESCO advertía que 1.370 millones de niños y niñas estaban fuera de las escuelas, es decir, el 80% de los estudiantes registrados. La mayoría de gobiernos, como en una película de Walt Disney expresaron que se garantizaría el derecho a la educación mediante la “educación en casa”, “educación en familia”, “cada familia una escuela”; el paradigma neoliberal de la sociedad educadora se imponía en todo el orbe. En realidad, la transferencia de las responsabilidades educativas de los Estados a las familias dejaba en estado de in indefensión a millones de seres humanos.
Para que la casa sea el escenario contingente de lo escolar se requería de partida que en el hogar de cada uno y una de los estudiantes existiera por lo menos una computadora y conexión internet; y ello sin contar los hogares con más de estudiantes, padres docentes y o quienes laboran en el teletrabajo. Sin embargo, el Informe de “We are social y Hootsuite (2020) señala que solo el 59% de la población mundial tiene acceso a la internet, es decir 4.5 billones de personas y que la tendencia es que se privilegie la conexión a través de celulares por encima de las de computadores personales. El dato relevante en términos de inclusión y cobertura educativa es que un poco más del 40% de la población mundial no tiene acceso a internet. Continua el citado informe señalando que, a nivel mundial, “más de 5.19 billones de personas usan ahora teléfonos móviles” (We are Social y Hootsuite, 2020). Dos cosas nos interesan resaltar de este último dato, la primera que aún más de dos mil millones de personas no usan un celular y el segundo, que pareciera que la estrategia de comunicación educativa debería reorientarse hacia la computadora de bolsillo que es el celular; ello encuentra enormes resistencias entre los docentes, sobre todo por el tamaño de las letras y formatos, pero también porque no se les ha enseñado a usar pedagógicamente el celular. Por el contrario, hasta hace semanas el celular se prohibía en muchas ciudades y escuelas del planeta. El dato relevante sigue siendo la imposibilidad de cobertura 100% en la “estrategia contingente de educación virtual en casa”, pareciera que un mínimo del 40% queda fuera del alcance de esta iniciativa. En Estados Unidos solo 57 de cada 100 personas tiene un computador personal, esta cifra es aún más baja cuando se estratifica por estratos sociales y profesiones. Los docentes suelen ser una de las profesiones que más tiene computadores personales en casa, pero las cifras de los gremios de América latina ubican esta cantidad por debajo de la media norteamericana. Es decir, muchos de los docentes sobre los cuales se soporta la propuesta de educación virtual en casa no cuentan con computador para ello; comienzan a ser los primeros desaparecidos de la estrategia educativa de los ministerios de educación.
El 21 de abril, el Task Force de trabajo docente publicaba en el portal de UNESCO que de los 1.730 millones de niños, niñas y jóvenes en casa, 826 millones no tienen acceso a computadora en el hogar, mientras que 706 millones no tienen acceso a internet a casa; es decir el 50% de la población estudiantil. Estas cifras varían según el país y la región, pero en ningún caso la cifra es menor del 40% sin internet ni computadora. Es decir, mientras los gobiernos declaran la “continuidad” de lo educativo, millones de niños, niñas y jóvenes han desaparecido de los sistemas escolares.
Son estos nuevos desaparecidos de la educación, los que no aparecen en los discursos de las burocracias educativas. Este hecho, nos hace recordar el tristemente célebre discurso de un dictador del cono sur en los finales de los setenta del siglo XX cuando se le increpaba por los desaparecidos y contestaba “simplemente no están”. Precisamente ¿Dónde están esos millones de niños, niñas y jóvenes que hasta febrero contaban con una escuela pública para estudiar? Más allá de la crisis previa de lo escolar, era innegable el papel socializador de la escuela, por ello responder por los desparecidos de lo educativo se convierte en el grito mundial del presente.
Los torturados por el modelo de educación en casa
Aquellos privilegiados que cuentan con una computadora en casa viven otro drama, el de la tortura por lo educativo como nueva normalidad cotidiana. Primero, las familias tienen que priorizar y decidir sobre los tiempos de uso del computador de casa y la conexión, cuando son varios los integrantes del núcleo familiar que se disputan el acceso al equipo y la internet. Esto se agudiza en aquellos países y lugares donde los cortes de luz, el racionamiento eléctrico son una constante, donde la conexión es inestable o solo disponible en determinados horarios.
Segundo, para los “desaparecidos de facto”, aquellos que no tienen forma de conectarse para resolver las tareas y continuar en la “normalidad escolar” en tiempos de Coronavirus, la angustia, el estrés por sentirse excluidos se convierten en una cruel tortura emocional y cognitiva. Es la toma de conciencia abrupta respecto a la exclusión social en la que vivían, a la par que sienten amenazada la posibilidad de salir de la pobreza a través del estudio, idea que sembró el liberalismo educativo.
Tercero, el aprender a manejar “plataformas educativas digitales” que desconocían hasta entonces. Y aprender en plural, porque ello se convirtió en un ejercicio de madre, padre, abuelos, tíos y estudiantes; todo aquel que coadyuvaba al aprendizaje en el hogar tuvo que dar el “salto a lo tecnológico” en un tiempo breve, sin manuales, ni clases metódicas. Ello también depende del capital cultural de una familia, porque en algunos casos contar con computadora e internet no resulta suficiente; entonces hay que pedir “auxilio” a alguien externo en medio de la cuarentena.
Cuarto, para los y las maestras y profesores, en su mayoría nacidos antes del clip tecnológico que trajo la década de los ochenta, quienes vieron lo tecnológico como entretenimiento y no en su impacto en el cambio del paradigma educativo, ahora deben reaprender lo pedagógico en un contexto digital. Y el único referente que tienen son los cursos a distancia, del tipo “academia americana”, con textos para leer y llenar respuestas, o la televisión educativa de los setenta con libros para llenar a partir de los videos pregrabados, solo que ahora con computadora, celular y cámara digital. Maestros y profesores que no recibieron formación previa por ello y hoy en un neo darwinismo social son lanzados a un “cada quien resuelva como mejor pueda”. Esa entropía está generando una fragmentación de lo educativo como no habíamos visto en décadas, quizá desde los inicios de la escuela moderna. Para colmo tienen a los directores y supervisores exigiéndoles el cumplimiento de la planeación curricular; lo importante es el cumplimiento de la administración curricular en cualquier contexto. También es justo decir, que estos directores y supervisores son fustigados para que envíen los reportes sobre el “cumpli-miento” (así, con guión intermedio) escolar, para que las altas jerarquías educativas puedan comunicar que “todo marcha bien”.
Quinto, el volumen de contenidos y tareas que le llegan a les estudiantes como educación bancaria virtual es impresionante; pasan cada día cinco, seis y hasta ocho horas resolviendo las guías, cuestionarios, dibujos, ejercicios, crucigramas, sudokus, etc., en la lógica comunicacional unidireccional. En muchos casos los videos enlatados que les envían son de trasnacionales de la educación. Esta dinámica está enviando a millones de estudiantes a los brazos del “Dr. Google”, a la copia mecánica e irreflexiva de contenidos. Además, nadie tenía previsto este largo encierro en casa, por lo que las hojas de papel, los lápices y plumas, los borradores y los colores comienzan a escasear; no hay margen para el error, cada hoja es valiosa, cada grafito puede ser el último que se consiga. Como en un reality show educativo se compite por la hora de entrega. Estudiar se esta convirtiendo en una carrera de obstáculos en casa, en una tortura que no garantiza aprendizaje alguno
Sexto, los padres, madres, hermanos, tías ya abuelos que tienen que dedicar horas de su tiempo para recordar contenidos que hace muchos años no usan, reaprender como se hace ahora y aprender cosas de las que nunca habían escuchado. Eso pudiera sonar fascinante a no ser porque ello se hace compitiendo con el tiempo necesario para sobrevivir, en medio de cifras espeluznantes que hablan de 2.000 millones de trabajadores informales, 1.200 de ellos altamente precarizados que viven el día a día. Tienen que estudiar con sus hijos e hijas mientras resuelven cómo llevar un bocado de pan a la mesa.
Séptimo, les maltratades por la cultura patriarcal, la misoginia, el machismo en las casas. Las opresiones afloran en los encierros forzados como magistralmente lo escribiera José Saramago en “la ceguera”. Para muchas mujeres y niñas la escuela presencial era también un lugar para escapar por horas al trato inhumano en casa, así como para los más pequeños quienes sufrían el maltrato infantil. La escuela presencia no es perfecta y tenemos que colocarla patas arriba, pero ese es tema de otro artículo.
Todos los actores del hecho educativo estamos siendo torturados y algunos replican la acción. Con esta política de “educación en familia” la casa, pasa a ser un lugar para tortura mentes y muertes, para adormecer conciencias, en un proceso de ensayo de educación virtual que más se parece a un lavado cerebral. La casa tiene que ser un espacio educativo basado en el diálogo, el encuentro, el aprender haciendo, el aprendizaje amoroso y, esta situación de contingencia debería concentrarse más en ello.
NO quiero que me desaparezcan ni torturen ¿Qué hago?
La vieja escuela no servía para construir hombres, mujeres y sexo diversos libres, pero estas pasantías de educación virtual en casa elevan de manera exponencial el modelo de educación para la servidumbre y la repetición. Primero, tenemos que abrir un debate global sobre esta situación; segundo, pasar del debate a la acción, como lo están haciendo los universitarios de Galicia promoviendo la primera huelga virtual, pero esta huelga tiene que ser mundial. En consecuencia es urgente construir espacios de articulación estudiantil, de maestras y profesores, de familias, de pedagogos críticos de sindicatos y gremios, de generadores de opinión crítica; tercero, hay que comenzar a pensar esa otra escuela, sin currículo preestablecido, con algunos estándares consensuados por grado o año escolar, pero además, construir otro modelo de formación de profesores basado en colectivos pedagógicos, que rescaten el saber pedagógico y la acción educativa para aprender a pensar.
OtrasVocesenEducacion.org existe gracias al esfuerzo voluntario e independiente de un pequeño grupo de docentes que decidimos soñar con un espacio abierto de intercambio y debate.
¡Ayúdanos a mantener abiertas las puertas de esta aula!