El canal Cosmo produce por segundo año consecutivo una película que muestra diferentes facetas de la violencia machista
Ella y él están separados por un cristal. Ella contesta al teléfono y repasa en voz alta una vida en la que ha estado sometida a la manipulación constante de él, pequeños detalles que parecían normales pero no lo eran tanto. Escuchándose a sí misma, se va dando cuenta de que otra vida era posible y ahora ha reunido el valor para emprenderla. En menos de diez minutos, el corto A quien dices amar invita a reflexionar sobre situaciones cotidianas en las que cualquiera, ellas y ellos, se puede ver reflejado.
Este es el segundo año en que el canal COSMO produce un cortometraje con el que se une al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que se celebra hoy. Si el año pasado Animal mostraba el abuso psicológico, este año A quien dices amar (que se estrena hoy a las 23.00 en COSMO y se puede ver también en su web y en los servicios de vídeo bajo demanda de los operadores de pago) pone el foco en la manipulación más cotidiana.
Para Ana Polvorosa, protagonista de esta historia junto a Miki Esparbé, el corto explica «de una manera muy sutil, muy respetuosa y elegante, cómo la base de cualquier tipo de agresión física o psicológica puede estar en la manipulación, que puede ser algo muy chiquitito que puede convertirse en algo muy grande». Para ella, la gran virtud de esta producción es que invita a pensar. «Al verlo te das cuenta de que algo así no se puede normalizar. Es muy fácil caer en la manipulación emocional. Todos la hemos vivido o hemos sido partícipes de ella», dice la intérprete.
La también actriz Nadia de Santiago —compañera de reparto de Polvorosa en Las chicas del cable— es una de las responsables de A quien dices amar a través de la productora La Breve Historia. El guion y la dirección son responsabilidad de Inés Pintor y Pablo Santidrán, también productores de la cinta. «Queríamos hablar de algo muy sutil, que está muy normalizado pero que sigue siendo violencia, y hacerlo a través de personajes con los que pudieras empatizar por lo terriblemente normalizado que está», explica De Santiago. «Si la mujer no puede pedir ayuda es porque está atrapada en un círculo vicioso sin salida y ha aceptado cosas que no son normales. También hay que concienciar al hombre de la situación», añade.
Ambas se encuentran rodando la temporada final de Las chicas del cable. La primera serie española de Netflix se despedirá con una última entrega dividida en dos partes. En ella, Ana Polvorosa interpreta a un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. «Me ha hecho madurar muchísimo, diría que más personalmente que como actriz incluso. Lo he vivido como una absoluta novedad para mí y me ha servido para empatizar más, ser mejor persona, entender más el mundo. A nivel interpretativo ha sido muy complejo», dice en una pausa del rodaje.
Mira aquí el corto A quien dices amar, de COSMO:
Fuente del documento: https://elpais.com/cultura/2019/11/23/television/1574521100_932403.html?rel=str_articulo#1574760337560
Los responsables en América Latina de las tres agencias de la ONU orientadas a la alimentación y la agricultura defienden la necesidad de contar con el campo para cumplir con la Agenda 2030
Durante décadas, «desarrollo» se ha entendido como antónimo de «rural». Y eso ha contribuido, al menos en América Latina —y el Caribe— a un cierto olvido, a una falta de integración del campo. O eso opinan, en conversación con EL PAÍS, los responsables en la región de las tres agencias de Naciones Unidas dedicadas a la alimentación y la agricultura. Cuando los países de la zona se reúnen en un foro en Santiago de Chile para ver cómo van sus deberes en cuanto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (la agenda para un mundo mejor a cumplir en 2030) Julio Berdegué (FAO), Miguel Barreto (PMA) y Joaquín Lozano (FIDA) insisten en que mientras se margine al campo, no se alcanzarán esas metas. Pero primero hay que redefinir qué es el campo y entender —todos: Gobiernos, empresas y ciudadanos— que puede haber una ruralidad «moderna», sostenible y al tiempo respetuosa con las tradiciones y culturas.
La brecha entre las grandes ciudades y las zonas rurales es grande en prácticamente todos los países. En las primeras se ha avanzado en lucha contra la pobreza y el hambre, salud… y las segundas se quedan rezagadas. «Hay muchas políticas con un sesgo urbano muy fuerte, que no entienden que las características de la pobreza urbana y la rural son muy diferentes», apunta Berdegué, de FAO. «En el campo hay una mayoría de trabajadores informales, empresas muy pequeñas… Es un mercado laboral entre comillas muy distinto del de urbes como Santiago [Chile] o Guadalajara [México]».
LAS «AGENCIAS CON SEDE EN ROMA»
En la jerga de Naciones Unidas se les conoce como las «Rome-based agencies«, o agencias con sede en Roma. La FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura, el Programa Mundial de Alimentos y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola se ocupan principalmente de los hambrientos y los agricultores del mundo. Quienes, paradójicamente, en la mayoría de los casos son los mismos.
Las tres organizaciones trabajan en evitar duplicidades —«a veces, incluso triplicidades«, en palabras de Berdegué, de FAO— y mejorar su efectividad. Eventos como este buscan visibilizar los problemas rurales y de los pequeños agricultores, ocultos muchas veces entre las cifras macroeconómicas o los análisis a nivel nacional. Ahora trabajarán estrechamente en tres países (Colombia, Haití y Guatemala) para mejorar el trabajo conjunto.
«Y aún dentro de ese ámbito, hay dos mundos rurales muy distintos», agrega Joaquín Lozano, del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. «Por un lado hay una industria competitiva enfocada a la exportación, con acceso a tierras de calidad, y luego hay campesinos con tierras peores, a los que les falta acceso a los servicios básicos», señala. Las diferencias dentro de los países son enormes. «Si hacemos un zooming sobre Brasil, un país con éxito en lo económico y en la lucha contra la pobreza, veremos que hay municipios que se comparan con las aldeas más pobres de África», argumenta Lozano. Y muchas comunidades ni siquiera tienen acceso a los mercados para vender los productos de los que viven, añade Miguel Barreto, del Programa Mundial de Alimentos, que insiste en ello como la clave para evitar que se queden atrás.
«No se trata tanto de repensar los sistemas productivos como de adecuarlos a la modernidad», sostiene Barreto. Lozano coincide, y pide adaptar el campo a la «ambición» de los jóvenes rurales de hoy. «Hay muchas actividades de valor agregado, marketing, servicios… que se pueden llevar a cabo en el campo. Pero para eso hay que llevar internet, cultura, vías de comunicación…», apunta el responsable del FIDA, que se centra en dar créditos a proyectos de cooperativas. Porque el riesgo de que esos jóvenes vayan a las ciudades sin preparación adecuada es, según Lozano, que pasen de ser pobres a ser «aún más pobres».
“Llevamos 70 años con estrategias de desarrollo que buscaban superar lo rural, y eso no se cambia de un día para otro”
Pero en toda esta dualidad rural – urbana, Berdegué insiste en hacer una reflexión. «Hay un concepto equivocado: en México una pequeña aldea de 2.501 habitantes se considera urbana, aunque la mitad de su población viva de la agricultura. Lo mismo en Chile», critica. Es definición hace que el ámbito rural (y sus problemas) queden minimizados por las estadísticas. «Y eso condiciona los recursos que vamos a destinar. Si creemos que el problema es pequeño, destinaremos menos esfuerzos», coincide Lozano.
Aunque todos están de acuerdo en que hay otro problema de definición —el que encuadra a la mayoría de los Estados de la zona como economías de renta media— que afecta a los fondos que reciben para desarrollo, Berdegué no cree que el problema principal sea la falta de recursos. «Si medimos la voluntad política en función del presupuesto, creo que hay bastante voluntad política», mantiene. «En muchos países el problema no es tanto de fondos como de la calidad de las políticas públicas. En muchos casos se hacen políticas asistenciales hacia la agricultura familiar, en lugar de en apoyarles para que ellos puedan superar la pobreza». El representante de la FAO denuncia también los «importantes» problemas de «corrupción y clientelismo» en el gasto público rural.
Como ejemplo de esa falta de eficiencia en el uso de recursos, Barreto aprovecha para resaltar el cambio climático como un fenómeno que no se puede obviar. «En un estudio en Perú vimos que el Estado llegaba con transferencias de dinero a ocho millones de personas en áreas rurales, sin ningún componente contra el cambio climático, y esas poblaciones, por más que recibían millones cada año, no conseguían cambiar su situación».
El PMA, centrado tradicionalmente en llevar asistencia alimentaria, quiere seguir haciéndolo mediante los programas de alimentación escolar, pero con otro enfoque: «Si lo que se da a 96 millones de niños en la región se comprara a pequeños productores, habría un mercado cautivo grandísimo para estos: Brasil ya lo hizo de forma muy eficiente», señala Barreto. Pero también ir más allá y buscar, insiste su responsable, «integrar a las poblaciones rurales en los mercados» a través de redes de protección social contra la pobreza.
“Si hacemos un zooming sobre Brasil, un país con éxito en lo económico y en la lucha contra la pobreza, veremos que hay municipios que se comparan con las aldeas más pobres de África”
Porque la pobreza (y el hambre, y la malnutrición, y los problemas de salud…) afectan mucho más a quienes viven en el campo. Y más todavía a las poblaciones indígenas. «Sigue habiendo una idea en ciertos sectores de que si el territorio es de una comunidad indígena se puede más o menos disponer de él como si no lo habitara nadie», lamenta Berdegué. «Por suerte hoy día estos pueblos y los actores ambientales han aprendido a usar las herramientas de una democracia: recursos legales, acción política prensa… Pero la brecha era tan grande que a pesar de los avances las desigualdades son enormes», asume.
En definitiva, eventos como el que estas tres agencias y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura celebran hoy en el foro organizado por la CEPAL (la comisión económica de la ONU que reúne a los países de la región), tienen que ayudar a superar una visión del desarrollo dirigida a erradicar la ruralidad. «La población tiene que entender que si no trabajamos en ello, si lo vemos solo como una carga, tendremos problemas a largo plazo, incluso de seguridad pública», advierte Barreto.
«Guste o no, la mitad de las exportaciones en esta región son agroalimentarias», apunta Berdegué para destacar el peso de la agricultura en la economía regional. «Debemos fomentar una ruralidad dinámica, innovadora, pero llevamos 70 años con estrategias de desarrollo que buscaban superar lo rural, y eso no se cambia de un día para otro», reflexiona el subdirector general de la FAO. «Esto implica vencer muchas resistencias, porque hay quienes se benefician políticamente de que las cosas sigan siendo como son. Y tenemos que vencerlas por medios democráticos, que son más lentos, pero son los únicos posibles», defiende.
Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2018/04/16/planeta_futuro/1523887469_688493.html?ssm=FB_CC
El Comité Directivo y los Centros Miembros de CLACSO (Colombia) nos solidarizamos con las amplias, diversas y multitudinarias manifestaciones desarrolladas por la sociedad colombiana en el marco del Paro Nacional del pasado 21 de noviembre y la movilización social que continúa.
Este Paro Nacional ha sido convocado por el conjunto del movimiento social, sindical y popular colombiano en rechazo al gobierno del presidente Iván Duque, al neoliberalismo y la guerra. Las consignas de los y las manifestantes en las calles han sido claras: La defensa de la paz y el derecho humano a la protesta social; la protección de la vida de los líderes y lideresas sociales y defensores de DD.HH.; el cuidado de los bienes comunes y de la naturaleza; el repudio al despojo, la exclusión y la precarización, pilares fundamentales del modelo neoliberal; la exigibilidad al cumplimiento de los acuerdos firmados por el gobierno con el magisterio y el movimiento estudiantil y profesoral universitario; el rechazo a todas las formas de violencia contra la mujer y la infancia; entre otros asuntos.
Esta sociedad ha expresado su cansancio con una guerra sistemática que sufre desde hace más de cinco décadas. Guerra que no ha podido frenarse por la reticencia del Estado Colombiano y, particularmente, de este Gobierno, para dar cumplimiento al Acuerdo Final de Paz. También es una manifestación contra los altos niveles de concentración de la riqueza (entre los más elevados de la región) y el deterioro de las condiciones de vida de la gente.
Estas proclamas expresan un sentir colectivo por la defensa de la vida digna de las comunidades y de sus territorios. Millones de mujeres y hombres se han juntado en las plazas públicas, en sus barrios, con sus vecinos, amigos y desconocidos en un grito de esperanza que no vivía Colombia con tanta intensidad desde hace décadas, al decir de muchos solo comparable con el paro cívico de 1977. La juventud ha sido la fuerza vital de este encuentro. Las cacerolas y los cacerolazos han llenado de alegría las calles de Colombia.
La legitimidad de la protesta social y las justas exigencias del movimiento han sido repelidas, estigmatizadas y criminalizadas por la institucionalidad estatal. El Gobierno del presidente Iván Duque ha privilegiado un tratamiento militar en contravía del diálogo. La fuerza pública del país, especialmente la fuerza represiva del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) ha desplegado una campaña reaccionaria contra los y las manifestantes; las agresiones han sido múltiples y de diverso orden y han dejado un saldo humanitario lamentable.
En las últimas horas algunos mandatarios decretaron toques de queda y en articulación con el Gobierno Nacional han militarizado las ciudades, desatando una campaña de miedo individual y Pánico Colectivo que deslegitime la protesta y contenga la vitalidad de la resistencia que se expresa en el paro.
El Comité Directivo de CLACSO y los Centros Colombianos, expresión del pensamiento crítico comprometido con la búsqueda de la justicia, la paz, la defensa de los derechos humanos y la vida digna, rechazamos el tratamiento militar a la protesta y la estigmatización de la que ha sido objeto a través de diversos medios, especialmente de las redes sociales y los medios de comunicación masiva. Repudiamos la campaña de estigmatización contra los migrantes venezolanos que hoy residen en Colombia; la migración es un derecho humano. La violencia, los saqueos y el pillaje no son expresión de la protesta masiva y ciudadana que hoy se vive en Colombia.
Hacemos un llamado al Gobierno Nacional de Colombia a generar todas las garantías para que se continúe desarrollando la movilización pacífica y la libre expresión y que adelante una mesa de diálogo con garantías reales y efectivas sobre las demandas expuestas por el conjunto del movimiento popular.
Fuente del documento: https://www.clacso.org/en-apoyo-a-las-movilizaciones-sociales-en-colombia/
Seguramente en estos días estaremos todos disfrutando de la elaboración de las programaciones y, más específicamente (porque está en boca de muchos y ha creado varios hilos en Twitter) de la evaluación, de cómo evaluar. Y es que desde hace un tiempo, sobre todo desde que se empezó a cuestionar la sacrosanta tradición de los porcentajes de los maravillosos contenidos, procedimientos y actitudes, una solución cuasi milagrosa que nos había alumbrado en el lúgubre camino de la evaluación (bueno, seamos serios, de la calificación), para muchos el tema se ha convertido en una especie de síndrome de evaluación, tanto en su acepción de síntomas de una enfermedad o estado determinado o en la de conjunto de signos reveladores de una situación negativa. Y este síndrome general de evaluación, tiene diferentes manifestaciones que vamos a analizar a continuación desde los de mayor a los de menor gravedad.
Síndrome de la calificación, que se manifiesta por una incapacidad absoluta para diferenciar entre la calificación y la evaluación, pensando que es lo mismo o que incluso sólo existe, o debería existir, la primera. Este síndrome es muy peligroso para quien lo sufre porque se desvive en un continuo quiero y no puedo, o más bien, puedo y no quiero.
Síndrome del examen que se manifiesta en aquellos docentes (muchos, la verdad) que piensan que sólo se puede calificar y, si acaso, evaluar (aunque de esto último no están muy seguros) con exámenes y que no existen otros instrumentos o, si los hay, no los conocen ni tienen mucho interés en que se los presenten. Normalmente se refleja cuando estos docentes hacen algunas muecas, como de incredulidad mezclada con algo de desprecio, cuando otro docente les dice que usa otros instrumentos diferentes o que incluso no hace exámenes.
Síndrome del currículo que se manifiesta en un desconocimiento absoluto del currículo que hay que desarrollar puesto que confunden currículo con contenidos de libros de texto y todo lo demás (objetivos, criterios, competencias, y sobre todo estas últimas) son inventos malévolos e infernales que lo complican todo y están creados para fastidiar a los docentes. Frecuentemente, se manifiesta con un cierto recelo y miradas torvas para quien no usa libro de texto
Síndrome de la inutilidad, que se manifiesta visiblemente con expresiones como “esto no sirve de nada”, “el inspector (o el director) está aburrido” o “se creen que no tenemos otra cosa mejor que hacer”. Suele manifestarse con movimientos rápidos de brazos y gesticulaciones muy exageradas cuando se habla de estos temas.
Síndrome de los porcentajes o de las ponderaciones. Lo puedes observar en docentes que viven para los números y que fijan porcentajes y ponderan criterios, competencias o instrumentos de manera compulsiva para obtener una pretendida evaluación objetiva. Los puedes reconocer fácilmente puesto que casi siempre están con calculadoras (cada vez menos, eso sí), hojas de cálculo o herramientas de control y calificación en la mano o hablando continuamente de ellas.
Finalmente está el síndrome de a mi plin (que duermo en Pikolín) por el que el profesorado sigue haciendo lo de siempre, pero tiene unas programaciones maravillosas creadas con alguna aplicación a modo de quiniela y que cubren perfectamente el expediente. Normalmente se manifiesta de cualquiera de las maneras vistas en los síndromes anteriores porque es el resultado de mezclarlos todos y agitarlos.
Pues bien, creo que todo esto se debe a varias causas.
La primera es desconocer el currículo o, más bien, no reconocerlo. Es decir, pensar que está de sobra y/o que es un verdadero obstáculo para poder enseñar.
La segunda es entender la evaluación como simple calificación. Esto genera cortocircuitos mentales muy frecuentes porque no se entiende que evaluar es valorar para mejorar, y no valorar para calificar.
La tercera, derivada de la anterior, es confundir el criterio para valorar el aprendizaje del alumnado con el instrumento que se usa para ello.
Y la cuarta, o la primera y única, la costumbre. Y, la verdad, hay costumbres muy saludables y que merecen ser conservadas, pero hay otras que, simplemente, … generan síndromes.
Y ahora os pregunto ¿conocéis otros síndromes de evaluación? Podéis compartirlos con la etiqueta #sindromesEVAL
Fuente del artículo: http://manueljesus.es/sindrome-de-evaluacion/
Editor: Almudena Cotán Fernández ISBN: 978-94-92805-12-6
Language: Spanish
Publication date: November, 2019
Pages: 179
Description: This edited volume is composed of eighteen chapters covering topics such as Special Needs Education, educational policies, competencies development, and teaching methods, approaches and strategies.
Indexing: Titelbank Dialnet Google Books Google Play
Las calles de Santiago de Chile siguen ocupadas por miles de personas que no las abandonan, pese a la represión y tampoco por el pacto firmado entre el gobierno y la oposición para desmovilizar las protestas. Se trata del Acuerdo por la paz y la nueva Constitución, que no garantiza ni la una ni la otra y es una muestra de que los políticos siguen dando la espalda a la población.El 14 de noviembre todos los partidos, de izquierda y derecha, con excepción del Partido Comunista, rubricaron un acuerdo que prevé que en abril de 2020 se realice un plebiscito donde la población decidirá si quiere una nueva Constitución y si los convencionales serán mitad parlamentarios y mitad electos o si todos deberán ser elegidos. Además exige que haya dos tercios para aprobar los acuerdos.
Por la izquierda, lo firmaron el Partido Socialista, el Partido por la Democracia, Revolución Democrática y el Frente Amplio, del cual se fugaron decenas de dirigentes que consideraron que es contrario en esencia a las demandas que las diferentes y diversas manifestaciones han enunciado en las calles de Chile (https://bit.ly/2KBPmgV).
Como está sucediendo en los principales conflictos en toda América Latina, han sido las feministas y los pueblos originarios los que han nombrado los hechos de forma más clara y contundente.
Un comunicado de la Coordinadora Feminista 8M rechaza la impunidad y asegura: este acuerdo salva de su propia crisis a un gobierno criminal que ha gobernado con las manos manchadas de sangre. Achaca al presidente Sebastián Piñera muertes, mutilaciones, violencia política sexual, torturas, secuestros y desapariciones.
Aseguran las feministas que la convocatoria de una constituyente en estas condiciones es un nuevo Congreso a la medida de los partidos, a la medida de quienes causaron esta crisis y que han administrado la precarización de nuestras vidas (https://bit.ly/35o0vu1). Sostienen que el objetivo final del acuerdo es retirarlas de las calles para convertirnos en espectadores una vez más.
El mundo mapuche se expresó a través de tres organizaciones, por lo menos: la Alianza Territorial Mapuche, el parlamento de Koz Koz y el colectivo informativo Mapuexpress.
Este colectivo hace un recuento de daños provocados por la represión, destacando la violencia sexual y las torturas. Por eso destaca que el acuerdo por la paz fue firmado en el contexto de terrorismo de Estado, mediante la aplicación de la Ley de Seguridad Interior de la dictadura de Pinochet. El riesgo mayor es que las fuerzas político-empresariales que apoyaron la dictadura y se hicieron con la mayoría del Parlamento en democracia terminen siendo las que redacten la nueva Constitución.
El Parlamento Mapuche Koz Koz, conmemora con ese nombre el histórico encuentro que las comunidades mapuche sostuvieron en la zona de Panguipulli (provincia de Valdivia) poco después de finalizar la guerra de ocupación militar chilena del territorio. Su comunicado asegura que el acuerdo apuesta a la desmovilización y aleja la posibilidad de cambios reales (https://bit.ly/2qt4zKv).
Valora que se trataría de confundir al movimiento social, ya que sólo busca crear una base para seguir usurpando el poder. La Alianza Territorial, por su parte, llama a construir una asamblea de naciones y movimientos, que puede ser similar al parlamento indígena y popular del Ecuador, ya que se propone como un espacio de articulación permanente entre organizaciones sociales (https://bit.ly/2ramG7S).
A mi modo de ver, la irrupción de pueblos originarios y feministas está modificando la vieja cultura política con mayor profundidad que cualquier debate ideológico. El impacto es altísimo y no es fácil de medir. Una pista nos la ofrece que la bandera mapuche sea la más ondeada en las manifestaciones y que ya nadie acepte depender de estructuras organizativas jerárquicas, ni se doblegue ante caudillos.
Las mujeres antipatriarcales y los pueblos indígenas nos enseñan el valor de los liderazgos colectivos, rechazando a los caciques de izquierda, a los partidos y al vanguardismo.
La prioridad para las personas organizadas y movilizadas es la construcción de espacios propios y seguros, con relaciones cara a cara, de confianza mutua, lo que resulta de mayor importancia que programas abstractos que tienen poca utilidad, ya que cuando llega el momento de ponerlos en acción, esos mismos caudillos que los redactaron los hacen a un lado. Los cabildos abiertos van en esa dirección.
Como lo enseñan las intervenciones de Silvia Rivera Cusicanqui, Rita Segato, María Galindo y Mujeres Creando, así como sectores de la Conaie y de las mujeres ecuatorianas, aparece un rechazo explícito a la cultura macho-vanguardista de colocar todas las fuerzas para aniquilar al enemigo.
Desde el alzamiento zapatista debatimos si para cambiar el mundo hay que ocupar el Estado. Ellas corrieron el debate. Está naciendo un modo antipatriarcal y anticolonial de hacer política.
Fuente del artículo: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=262752
El vídeo nos muestra el impacto de Fe y Alegría en Venezuela. Un movimiento educativo que nació hace 64 años y se ha convertido en el mejor producto de exportación de Venezuela. Fe y Alegría está presente en 22 países del mundo.
Fuente del documento:https://www.youtube.com/watch?v=xkA64NtOfvM&feature=youtu.be
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