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La educación en la España liberal.

En la época de las Regencias se inició el proceso para implantar definitivamente el primer sistema educativo español.

Por: Eduardo Montagut.

La Constitución de 1812 reconoció el derecho a la educación y estableció que el Estado debía garantizarlo, planteando las bases de un sistema educativo nacional de signo liberal. En las Cortes se elaboró un exhaustivo informe sobre la educación en España por una comisión que presidió Manuel José Quintana. La vuelta al absolutismo paralizó la creación del sistema educativo nacional, pero el informe de Quintana se retomó en el Trienio Liberal, elevándolo a rango legal con algunas modificaciones. De nuevo, el renovado absolutismo, ahora en la denominada “Década Ominosa”, paralizó el proceso.

El sistema terminó de perfilarse con la primera ley general educativa, conocida como la Ley Moyano, aprobada en 1857

En la época de las Regencias se inició el proceso para implantar definitivamente el primer sistema educativo español. En 1838 se publicó un Reglamento de Escuelas Primarias. Entre mediados de dicha década y la siguiente comenzaron a abrirse los primeros Institutos de segunda enseñanza. En 1845 se aprobó el Plan Pidal, ya en la Década Moderada. El sistema terminó de perfilarse con la primera ley general educativa, conocida como la Ley Moyano, aprobada en 1857, que con algunas variaciones llegó hasta bien entrado el siglo XX.

El sistema educativo liberal era dual. Una parte era estatal y otra privada, con fuerte presencia de la Iglesia que, por otra parte, recuperó el control ideológico y moral sobre la escuela española gracias al Concordato de 1851. Uno de los problemas más graves de la educación decimonónica española fueron las limitaciones presupuestarias. Las escuelas no estaban dotadas adecuadamente, con unos maestros mal pagados, dando como resultado una pésima calidad de la enseñanza. Aunque la enseñanza primaria era obligatoria, muchos niños y niñas, por otro lado, segregados, no podían acudir a las escuelas porque tenían que contribuir al sustento familiar, por lo que la escuela nunca fue un factor de cohesión y promoción social. Se calcula que en 1900 el número de personas escolarizadas en este nivel era del 50%. El analfabetismo siguió siendo muy alto en todo el siglo XIX. En 1800 la mitad de la población era analfabeta, pero el porcentaje solamente disminuyó al 36% en 1900. En todo caso, el porcentaje de analfabetos dependió de las zonas geográficas y por sexos, siendo más alto en el medio rural y entre las mujeres. El número de estudiantes de secundaria se mantuvo estable a lo largo del período. Al terminar el siglo, había un Instituto en cada capital de provincia, con la excepción de Madrid y Barcelona, que contaban con más, dada su población. A los Institutos sólo acudía una minoría de estudiantes, el 1’6% de los que habían ido a las escuelas primarias y, en su gran mayoría, varones. Los institutos dependían de las diputaciones provinciales, aunque en 1887 pasaron a depender del Estado.

A los estudios superiores o universitarios accedía exclusivamente una minoría, y solamente varones. El sistema estaba muy centralizado y era uniforme, sin autonomía universitaria. La principal universidad era la Central de Madrid, única que impartía todas las carreras.

Al poco tiempo de comenzar la Restauración estalló un conflicto educativo de importantes consecuencias para la Historia de la educación en España. En 1875, el gobierno expulsó de sus cátedras a varios profesores por negarse a aceptar el Decreto del ministro Orovio. Entre ellos se encontraban Castelar, Salmerón, Montero Ríos y Azcárate, todos ellos próximos al krausismo.

Estos profesores se habían negado a jurar fidelidad a la monarquía y a respetar los dogmas del catolicismo. Además, eran próximos a las teorías de Darwin y del positivismo. Como resultado de la expulsión, Francisco Giner de los Ríos fundó, con un grupo de catedráticos, la Institución Libre de Enseñanza como centro privado y laico. La Institución buscó la formación integral del individuo en libertad, fomentando una actitud crítica. El método pedagógico incorporaba nuevas materias y actividades, como las excursiones, la educación física, la música y el canto, etc… Aunque no pasó de ser una institución minoritaria, de la que solamente se beneficiaron los hijos de la burguesía progresista, sus planteamientos fueron fundamentales en la renovación pedagógica, intelectual y cultural de la España del momento y del futuro siglo XX, hasta el estallido de la Guerra Civil. Para los seguidores de la Institución Libre de Enseñanza era muy importante la formación pedagógica y profesional del maestro, incluyendo los viajes pensionados al extranjero. Por fin, en 1881 se aprobó la libertad de cátedra y comenzó un período de mayor tolerancia ideológica.

En principio, el sistema político diseñado por Cánovas no prestó una gran atención a la formación de los maestros ni a la educación; de hecho, se puede hablar de abandono de las Escuelas normales. Desde distintos congresos pedagógicos, la prensa y las tribunas progresistas se denunció esta situación. En los años ochenta, por fin, se plantearon algunas reformas, especialmente en la Escuela Normal Central de Maestras, con cambios curriculares, que denotaban alguna influencia de la Institución Libre de Enseñanza. En 1882 se creó, a su instancia, el Museo de Instrucción Primaria, luego Museo Pedagógico Nacional, que ejerció una intensísima influencia en la renovación pedagógica de este país, ya que no se circunscribió al coleccionismo, sino que fomentó la investigación y las publicaciones.

En 1898, la reforma Gamazo supuso un nuevo mazazo para la formación de los maestros, ya que se restringió su formación, aludiendo a los problemas económicos del momento, aunque luego se mitigó en parte esta situación.

En 1900 se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes por decisión del gobierno de Francisco Silvela. Anteriormente, la educación había dependido de la Dirección General de Instrucción Pública del Ministerio de Fomento. El gran impulsor del Ministerio fue Romanones. En estos primeros años del siglo XX se produjeron retrocesos y avances en la cuestión de la formación de los docentes. Romanones decidió incorporar los estudios elementales de Magisterio a los Institutos de Segunda Enseñanza. Pero en 1903 los estudios retornaron a las Escuelas Normales con dos años para el título elemental y otros dos para el superior. Anteriormente, se había suprimido el título de maestro normal. El gran avance fue la creación de la Escuela Superior de Magisterio de la mano del ministro Rodríguez Sampedro, en el año 1909. Se reorganizaron los estudios por secciones, se ingresaba después de pasar unas pruebas de ingreso, se dotaron becas y pensiones para estudiar en el extranjero y, por fin, se comenzó a reforzar la formación pedagógica. Otro de los hitos fundamentales de la época fue el hecho de que Cossío ocupase la cátedra de Pedagogía Superior en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid.

La Escuela Superior consiguió ser un centro pedagógico de cierta altura. Allí surgió toda una generación de normalistas. Como medio de difusión de las nuevas teorías pedagógicas estaba la “Revista de Escuelas Normales”, órgano de la Asociación Nacional del Profesorado Numerario. El movimiento normalista luchó para elevar la Escuela a rango de Facultad.

El ministro Bergamín dio dos Decretos importantes en la Historia de la formación de los maestros, en el año 1914. Se unificó el título de maestro, la carrera se amplió a cuatro años, se dotaron becas, el acceso a la función pública se haría por oposición y se reformó la Escuela Superior de Magisterio. Pero, junto con estos evidentes avances, otros aspectos no se reformaron, ya que se mantuvo que los alumnos que ingresaban en las Normales podían proceder de la escuela primaria, y el plan de estudios volvió a pecar de excesivamente académico o culturalista frente a la formación pedagógica.

Además de los intentos de mejorar la educación en España promovidos por el movimiento normalista y los prohombres de la Institución Libre de Enseñanza, se plantearon críticas al sistema educativo español desde el regeneracionismo. Joaquín Costa abogó por la revalorización del maestro, y Macías Picavea hizo una profunda crítica de la formación que se daba en las Escuelas Normales. El problema del regeneracionismo, como en otros aspectos, fue que no planteó un modelo alternativo educativo.

En el seno del movimiento obrero, el anarquismo dedicó una gran importancia a la educación. Su contribución más importante fue, a principios del siglo XX, la Escuela Moderna en Barcelona, gracias a la labor de Ferrer i Guardia. La Escuela se caracterizó por el rechazo de la pedagogía tradicional basada en el castigo, la memorización y el dogmatismo católico. Se defendía la educación sin coacciones y basada en el racionalismo moral. Pretendía inculcar los valores libertarios de igualdad y solidaridad, basados en el anarquismo. En lo referente a los profesores, Ferrer opinó, en La renovación de la Escuela, que eran instrumentos conscientes o inconscientes de las voluntades de los que dirigían los sistemas educativos, “formados ellos mismos según sus principios”. Educar era “domar, adiestrar, domesticar”, es decir, la educación era un medio de dominación. El nuevo profesor debía estar “en perfectas condiciones para comprender al niño”, porque la misión era la emancipación del ser humano.

Los socialistas tardaron algo más en preocuparse por la educación, pero en las Casas del Pueblo se dedicó mucha atención a esta cuestión y, además, se creó la Escuela Nueva, fundada por Manuel Núñez de Arenas en el año 1910, como un centro educativo y cultural, con dos grandes objetivos: difundir la Historia del socialismo, y proporcionar formación básica y profesional para los trabajadores, intentando cubrir una de las lagunas del sistema educativo español del momento. En esta Escuela trabajaron personas relevantes como Jaime Vera, A. Ovejero, García Morente, J. Besteiro, Fernando de los Ríos, etc.

Hasta el año 1915 la Escuela luchó por definirse como un proyecto cultural específico del socialismo español, pero fue criticada por algunos, acusándola de ser un ejemplo del fabianismo británico, y de permitir tener en su seno a oradores no socialistas, así como de ser más informativa que, realmente, formativa. A pesar de las turbulencias, la institución no se hundió y en el año 1918 contaba con 104 afiliados. Además, en ese año, sus Bases para un programa de Instrucción pública se presentaron como ponencia en el Congreso del PSOE, defendiendo un concepto socialista de educación. Este programa pretendía que la educación fuera un instrumento de liberación del individuo y de socialización de la cultura. Los socialistas defendían la coeducación, la laicidad, la autonomía escolar, una profunda renovación pedagógica y la gratuidad, conseguida a través de la aplicación de una política fiscal progresiva sobre el capital y la renta.

En relación con los docentes, los socialistas plantearon uno modelo profesional y de formación muy novedoso en el programa político de 1918. El personal docente debía pertenecer a un cuerpo único y con preparación análoga, aunque con algunas diferencias en función de la especialidad. La formación se daría en facultades de pedagogía, primando las prácticas. Se tendrían que crear Consejos académicos para tratar del régimen académico, donde estarían representados los sindicatos y gremios profesionales. La importancia de estos Consejos sería tal que lo que allí se acordase debía ser puesto en ejecución por el Ministerio. Los Consejos solamente debían rendir cuentas a las Cortes.

Por su parte, la Escuela sufrió una profunda crisis en el año 1921 cuando su creador,Núñez de Arenas, se mostró partidario de la III Internacional, ingresando en el Partido Comunista. A raíz del golpe de Primo de Rivera, Núñez tuvo que exiliarse, la Escuela decayó y no pudo renacer en la República.

En algunos sectores del mundo católico sí hubo un interés por la renovación pedagógica. Sin lugar a dudas, en la Restauración, destacaron las Escuelas del Ave María, creadas en Granada a partir de 1888 por iniciativa del padre Manjón. Se aplicaron algunos de los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza como la educación activa, contacto con la naturaleza, etc., pero se diferenciaba de ésta por su ideario católico y su orientación social, ya que iba destinada a sectores populares, en especial los niños de la comunidad gitana.

Fuente: 

http://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/educacion-espanha-liberal/20161026102402133109.html

Imagen:

http://www.nuevatribuna.es/media/nuevatribuna/images/2016/10/26//2016102612233287954.jpg

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España: Los niños de 0 a 3 años: mejor en el ‘cole’ que en casa

Europa/España/1 de noviembre de 2016/Fuente: diario sur

La consejera de Educación anuncia su deseo de ‘universalizar’ la escolarización en esta primera etapa de Infantil.

La idea, muy extendida, de que los niños menores de 3 años están mejor cuidados en casa, con los padres o los abuelos, no se sostiene científicamente. El mejor lugar para los niños «es la escuela», afirmó ayer la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, durante la inauguración de un congreso que aborda precisamente esta primera etapa en la educación de los niños. El desarrollo cognitivo o del conocimiento de los niños comienza precisamente a esas edades tempranas, y «no es lo mismo que lo estimule un profesional que la abuela», aseguró la consejera. Por esto, anunció que es objetivo de su departamento «universalizar» la educación de 0 a 3 años, como está universalizado el segundo ciclo de infantil, de 3 a 6 años. En ambos casos no es una educación obligatoria, que no comienza hasta los 6 años con primer curso de Primaria, pero se trata de ofrecer a los padres la posibilidad de escolarizar a los niños en los centros adecuados.

Según los datos ofrecidos por la consejera de Educación, en el primer ciclo de infantil la escolarización alcanza el 40,2% de la población de 0 a 3 años, varios puntos por encima del objetivo de la Unión Europea para 2020, fijado en el 33 por ciento. En el segundo ciclo, casi el 100 por cien de los niños y niñas andaluces de 3 a 6 años están escolarizados.

Desarrollo intelectual

«La calidad en la formación, el éxito, tienen sus raíces en esa etapa, por esto defendemos las escuelas infantiles, que no son guarderías donde dejar a los niños», por lo que, dijo Adelaida de la Calle, ya no se concibe como un servicio para facilitar la conciliación laboral, sino como una etapa «determinante para el desarrollo intelectual y social de los más pequeños».

El vicerrector de Estudiantes de la UMA, José Francisco Murillo, coincidió en la importancia de esta etapa y aseguró que aquí se encuentran los profesionales más competentes, innovadores y creativos.

Durante todo el fin de semana, unas trescientas personas estarán debatiendo sobre educación infantil y formación de los educadores en este congreso internacional al que, además de profesores y estudiantes de España, han acudido de países como Venezuela, Portugal, Italia o Senegal. Con el título ‘La educación infantil en la sociedad del conocimiento’, está organizado por el grupo de investigación Educación Infantil y Formación de Educadores de las universidades de Andalucía. Se trata de abordar las nuevas tendencias de esta etapa educativa y la repercusión que tiene entre los más pequeños los avances tecnológicos.

La ponencia inaugural estuvo a cargo de Catherine L’Ecuye, consultora de empresas y autora de los libros ‘Educar en el asombro’ y ‘Educar en la realidad’. Diferentes talleres creativos aproximarán a temas tan heterogéneos como la robótica, el yoga, las redes sociales, la arquitectura para niños, la creatividad audiovisual o el ajedrez. La ponencia de clausura, ‘Educando en, con y para la confianza’ estará a cargo de José María Gallas.

Fuente: http://www.diariosur.es/malaga-capital/201610/29/ninos-anos-mejor-cole-20161028225049.html

Imagen: www.diariosur.es/noticias/201610/28/media/cortadas/guarderia1_xoptimizadax-kZvF-U203900742374cd-575×323@Diario%20Sur.jpg

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España: La discapacidad, a través del juego

Europa/España/01 de noviembre de 2016/Fuente: la rioja

El programa ‘Integra en la Escuela’ busca concienciar a los escolares riojanos.

El programa ‘Integra en la Escuela’ busca, a través del juego, sensibilizar y formar a los escolares sobre la discapacidad. El consejero de Políticas Sociales, Familia, Igualdad y Justicia, Conrado Escobar, acompañado por la directora general de Servicios Sociales, Carmen Corral, ha visitado esta mañana el colegio Doctor Castroviejo de Logroño en el que los alumnos están participando en el programa.

Escobar ha subrayado que «somos conscientes de que los niños y niñas de hoy van a ser los responsables de la sociedad del mañana, y su educación sentará las bases para un mundo mejor, por lo que es imprescindible trasladarles valores como la concienciación, sensibilización, integración y cooperación con todas las personas, y en especial de las personas con algún tipo de discapacidad».

En este sentido, «este programa pretende por medio del juego y de una formación teórico-práctica desarrollar actitudes positivas encaminadas a conocer y entender la discapacidad, verla con naturalidad, normalidad, fomentar la igualdad de oportunidades, así como favorecer la integración en la sociedad y en especial del alumnado con discapacidad en los centros educativos», ha añadido Escobar, según informa Europa Press.

Se incide en las dificultades con las que se encuentran diariamente las personas con discapacidad en la sociedad, las barreras existentes, en definitiva, la realidad que viven. Con el programa ‘Integra en la Escuela’ se quiere contribuir a conseguir un mundo de integración y sin barreras, en igualdad.

«Si conseguimos que los más jóvenes conozcan y comprendan las circunstancias que rodean a las personas con discapacidad, se puede construir una sociedad más igualitaria, de aceptación activa de la diversidad», ha insistido el consejero.

El programa

El programa inició su andadura en 1995 y se dirige al alumnado de 3º de Educación Infantil y de 4º de Educación Primaria. En estos años han sido más de 35.000 escolares los que han conocido más de cerca la situación y la realidad de las personas con discapacidad.

Se desarrolla en dos partes, una teórica y otra práctica, a partir de una metodología activa a través del juego y la experimentación directa, partiendo siempre de la puesta en marcha del conocimiento del alumno sobre su entorno próximo.

El Programa finaliza con un concurso de dibujo y de microrrelatos, y concluye con el acto de clausura y entrega de premios, que se celebra en torno al 3 de diciembre, Día Internacional de la Discapacidad.

Este año el programa se ha divulgado también, por primera vez, a través de la página web del Gobierno de la Rioja. Además, se ha actualizado el contenido del portal informático mejorando su diseño y acceso al mismo.

Asimismo, en esta edición se han renovado la exposición teórica y práctica para los alumnos de cuarto de primaria, así como la parte teórica de tercero de infantil.

Por último, hay que destacar el interés que por participar en esta actividad han manifestado los colegios. En el último curso 2015-2016 fueron 5.966 los alumnos que participaron en este programa.

Fuente: http://www.larioja.com/la-rioja/201610/31/discapacidad-traves-juego-20161031132148.html

Imagen: www.larioja.com/noticias/201610/31/media/cortadas/integra-kcBF-U203950960281OlB-575×323@La%20Rioja.jpg

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Innovación educativa y uso de las tic

Innovación educativa y uso de las TIC

Prólogo

Está generalmente admitido que las TIC aportan crecientes posibilidades a los procesos de enseñanza-aprendizaje: Aportaciones a los sistemas convencionales de aula, en la medicación de la comunicación educativa, constituyendo entornos virtuales de formación, etc. suponen cambios en dichos procesos. Frecuentemente asociamos cambios a innovación. Aquí entendemos innovación como la introducción de cambios que producen mejora, cambios que responden a un proceso planeando, deliberado, sistematizado e intencional (Salinas, 2004), y por lo tanto pretendemos diferenciar los procesos de innovación educativa asociados a las TIC de otros como cambio, novedad o propuestas didácticas poco fundamentadas. El foco del curso está en las respuestas a los desafíos de la Sociedad del Conocimiento, a la adaptación al EEES, que las instituciones educativas deben promover mediante experiencias innovadoras en los procesos de enseñanza-aprendizaje apoyados en las TIC, haciendo énfasis en la docencia, en los cambios de estrategias didácticas de los profesores, en los sistemas de comunicación y distribución de los materiales de aprendizaje,… Es decir, en los procesos de mejora de la calidad y, en nuestro terreno, en procesos de innovación docente apoyada en las TIC.

En este contexto, se pretende: • Realizar un recorrido por diferentes experiencias de innovación educativa que utilizan las TIC, incidiendo en los aspectos metodológicos, tecnológicos, organizativos involucrados en diferentes modalidades de formación.

Analizar dichas experiencias atendiendo a aspectos de carácter metodológico, proponiendo alternativas de actuación docente mediante TIC. • Ofrecer elementos para la reflexión individual y para el debate colectivo, de cara a elaborar una visión crítica y contextualizada de la introducción de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La estructura del curso surge del planteamiento hecho en otro trabajo (Salinas, 2004), donde se plantea la idea de que la innovación es un proceso, pero que ofrece distintas facetas de observación: se puede analizar desde la perspectiva institucional en relación a las implicaciones que para la organización sin duda presenta reflexión sobre el mismo proceso de innovación y sobre casos concretos de instituciones, implicaciones institucionales y cambios en la institución, avances de las TIC, de los que utilizamos como ejemplo la web 2.0, y las propuestas que ofrecen para incorporarlos o no en los procesos de innovación), desde las repercusiones tanto para el docente, como para el alumno, o desde la perspectiva de los cambios metodológicos que se requieren y que concretarán al final los cambios en las prácticas.

• Realizar un recorrido por diferentes experiencias de innovación educativa que utilizan las TIC, incidiendo en los aspectos metodológicos, tecnológicos, organizativos involucrados en diferentes modalidades de formación.

• Analizar dichas experiencias atendiendo a aspectos de carácter metodológico, proponiendo alternativas de actuación docente mediante TIC. • Ofrecer elementos para la reflexión individual y para el debate colectivo, de cara a elaborar una visión crítica y contextualizada de la introducción de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La estructura del curso surge del planteamiento hecho en otro trabajo (Salinas, 2004), donde se plantea la idea de que la innovación es un proceso, pero que ofrece distintas facetas de observación: se puede analizar desde la perspectiva institucional en relación a las implicaciones que para la organización sin duda presenta reflexión sobre el mismo proceso de innovación y sobre casos concretos de instituciones, implicaciones institucionales y cambios en la institución, avances de las TIC, de los que utilizamos como ejemplo la web 2.0, y las propuestas que ofrecen para incorporarlos o no en los procesos de innovación), desde las repercusiones tanto para el docente, como para el alumno, o desde la perspectiva de los cambios metodológicos que se requieren y que concretarán al final los cambios en las prácticas.

En los capítulos Innovación educativa y uso de las TIC, Cambios, novedades y procesos de innovación y Evolución de la tecnología y procesos de cambio e innovación educativa presentamos elementos de reflexión general sobre el proceso de innovación educativa relacionado con la introducción de las TIC; en los capítulos Cambios en la organización e innovación educativa, Plataformas y recursos para educar en comunidad y Aprender con redes sociales y Web 2.0, nos ocupamos de las implicaciones institucionales y avances tecnológicos; Innovar en la formación y desarrollo profesional del docente ofrece la mirada desde la perspectiva del docente, mientras que Nuevos usuarios de la formación: Los alumnos ante las TIC, lo hace desde la mirada del alumno. Cambios metodológicos. Estrategias didácticas para el aprendizaje en red, se ocupa, por último de los cambios en las prácticas.

Podemos encontrar en la literatura pedagógica numerosas y variadas propuestas para orientar el proceso de innovación educativa. Entre ellas, las diferencias importantes no las encontramos en las fases o etapas que se proponen, que al fin y al cabo describen e intentan estructurar un proceso, sino que las diferencias las encontramos en la filosofía subyacente al mismo proceso. La apuesta que aquí hacemos en este sentido es intentar, desde una postura bastante ecléctica, orientar sobre algunos recursos que pueden contribuir a generar un proceso de innovación propio, todo ello teniendo en cuenta que los elementos principales van a ser comunes a cualquier propuesta. Jesús Salinas. Director del Curso Innovación educativa y uso de las TIC

I.- Parte

 

1.1.- Una universidad en tiempos de cambio.

Las universidades probablemente sean las instituciones más antiguas de Europa. Según Dondi y Zucchini (1995), de 85 instituciones establecidas en 1520 y que todavía perduran con rasgos reconocibles, 70 son universidades. Indudablemente han cambiado, pero en relación a las otras instituciones lo han hecho en menor medida. Las universidades posiblemente perduran por la capacidad de adaptación que presentan, manteniendo tradiciones que corresponden a periodos muy distintos: La autonomía es medieval; el sistema de promoción por el mérito proviene de la universidad napoleónica; la vinculación de enseñanza e investigación proviene de la universidad prusiana,… Estas tradiciones tan antiguas van unidas a otras que han ido de alguna forma revistiendo nuestra universidad de elementos imprescindibles o, en todo caso, renovables (Bricall, 1997). Sólo las instituciones que se adaptan son capaces de resistir y esta necesidad de adaptación va a ser decisiva para las universidades en los próximos años.

Muchas veces se ha dicho que la institución educativa está anclada en el pasado. Quizá fuera mejor decir que la institución educativa tal como la conocemos fue diseñada para resolver problemas del pasado -que seguramente han llegado hasta nuestros días, por otra parte-, y que en estos momentos las necesidades sociales son otras.

Durante estos últimos tiempos las universidades han experimentado un cambio de cierta importancia en el papel que juegan en el conjunto del sistema de enseñanza (la masificación puede ser un efecto constatable de ello). En este momento, las universidades necesitan involucrarse en procesos de mejora de la calidad, y esto en nuestro terreno quiere decir procesos de innovación docente apoyada en las TIC. En cualquier foro de debate sobre temas universitarios, tanto en Europa como a nivel mundial, se insiste sobre la oportunidad y la necesidad de nuevas iniciativas en la explotación de las posibilidades de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en los procesos de enseñanza-aprendizaje universitarios: Using the Internet To Communicate With Future Students (Zerges, 1996); New Technologies and the Future Dimension of the University (Hopkins, 1996); Towards a Europe of Knowledge Communication (DG22, European Commission, 1997); Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI: Visión y Acción de París, (1998); Information Technologies and University Teaching, Learning and Research (Langlois, 1998); Joint declaration of the European Ministers of Education in Bologna (The European Higher Education Area, 1999); Trends in Learning Structures in Higher Education (CRE, 1999); e-Learning Designing tomorrow’s education (European Commission, 2000); The European e-Laerning Summit (European Commission, 2001); etc.

Baste como ejemplo la Declaración Mundial sobre la Educación superior en el siglo XXI: Visión y acción (UNESCO, 1998), bajo el título de “El potencial y los desafíos de la tecnología”, constituye un claro ejemplo de las preocupaciones a que hemos hecho referencia.

Para lograr el “aprovechamiento de las ventajas y el potencial de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, velando por la calidad y manteniendo niveles elevados en las prácticas y los resultados de la educación, con un espíritu de apertura, equidad y cooperación internacional” que allí se propugna, las instituciones políticas y universitarias despliegan una gran variedad de estrategias que dependen del contexto y de los objetivos que se persiguenSe detecta en estos momentos en las instituciones europeas una decidida apuesta por las TIC, a la vez que una fuerte demanda de sistemas de enseñanza-aprendizaje más flexibles y accesibles, menos costosos y a los que pueda incorporarse cualquier ciudadano a lo largo de la vida.

Y para responder a estos desafíos las instituciones educativas deben revisar sus referentes actuales y promover experiencias innovadoras en el campo de los procesos de enseñanza-aprendizaje apoyados en las TIC. Nos encontramos en unos momentos cruciales para el despegue de una amplia aplicación de las mismas en la enseñanza universitaria, que alcance el volumen crítico capaz de iniciar un verdadero proceso de cambio.

Si admitimos la necesidad de mano de obra cualificada y la necesidad de formación continua (fundamentalmente relacionada con los continuos cambios propiciados por la evolución tecnológica, la utilización, gestión y administración de la información, etc.) como elementos claves de esta era digital, la introducción de nuevas tecnologías en las universidades debe ser considerada medio privilegiado para alcanzar estos objetivos.

 

Fuente:

http://dspace.unia.es/bitstream/handle/10334/2524/innovacioneduc2008.pdf?sequence=1

Fuente Imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/V3HOu35KKcAXc7f40ADmI-nF2Nm7S1sGe4geS17s-tV8x1Nk56m-Hn6MtpDcenOY70wAZg=s85

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la formación inicial y permanente de los educadores–

1. Introducción.

Nuestras sociedades están envueltas en un complicado proceso de transformación. Una transformación no planificada que está afectando a la forma como nos organizamos, cómo trabajamos, como nos relacionamos, y cómo aprendemos. Estos cambios tienen un reflejo visible en la escuela como institución encargada de formar a los nuevos ciudadanos. Nuestros alumnos disponen hoy en día de muchas más fuentes de información que lo que ocurría no hace ni diez años. Fuentes de información que, aportadas por las nuevas tecnologías de la información y comunicación, están haciendo necesario un replanteo de las funciones que tradicionalmente se han venido asignando a las escuelas y a los profesionales que en ella trabajan: los profesores y profesoras.

Una de las características de la sociedad en la que vivimos tiene que ver con que el conocimiento es uno de los principales valores de sus ciudadanos. El valor de las sociedades actuales está directamente relacionado con el nivel de formación de sus ciudadanos, y de la capacidad de innovación y emprendimiento que éstos posean. Pero los conocimientos, en nuestros días, tienen fecha de caducidad y ello nos obliga ahora más que nunca a establecer garantías formales e informales para que los ciudadanos y profesionales actualicen constantemente su competencia. Hemos entrado en una sociedad que exige de los profesionales una permanente actividad de formación y aprendizaje.

¿En qué afectan estos cambios a los profesores? ¿Cómo debemos repensar el trabajo del profesor en estas nuevas circunstancias? ¿Cómo deberían formarse los nuevos profesores? ¿Cómo adecuamos los conocimientos y las actitudes del profesorado para dar respuesta y aprovechar las nuevas oportunidades que la sociedad de la información nos ofrece? Las preguntas anteriores configuran todo un programa de preocupaciones que está llevando a muchos académicos, profesionales, investigadores, docentes, etc. a pensar en que la escuela tiene que dar respuesta pronta a los desafíos que se le avecinan. Respuestas que van directamente relacionadas con la capacidad de ofrecer la mejor educación para todos los alumnos. Y para ello volvemos la vista hacia el profesorado que trabaja codo a codo con nuestros estudiantes. ¿Cómo se han formado? ¿qué cambios hay que introducir en su formación para que sean de nuevo los líderes de un cambio que la sociedad está demandando?

En nuestra conferencia vamos a repasar qué sabemos sobre los procesos de formación de los profesionales de la enseñanza, así como de la enseñanza como profesión. Y plantearemos que se pueden observar elementos de la actual formación inicial de los profesores que no responden ni por extensión ni por estructura a los desafíos que anteriormente enunciábamos. Una formación inicial que es insuficiente –tres años- en el caso del profesorado de educación infantil y primaria, y que es marcadamente obsoleta en lo que respecta al profesorado de educación secundaria, incluyendo bachillerato y ciclos formativos. A diferencia de la formación inicial de los profesores, la formación continua en nuestro país ha tenido una evolución diferenciada según las Comunidades Autónomas. Una evolución caracterizada por una amplia variedad de modelos de formación y de estructuras para su desarrollo. La reciente transferencia de las competencias educativas a las comunidades autónomas ha finalizado el proceso de descentralización en el ámbito educativo. Y se observan diferencias organizativas y estructurales según las diferentes zonas del país.

Los cambios en la forma de aprender, que afectan a los profesores en ejercicio, están acentuando la idea de que la responsabilidad de la formación recae cada vez más en los propios profesionales. Hacer de nuestras escuelas espacios en los que nos sólo se enseña sino en los que los profesores aprenden, representa el gran giro que necesitamos. Y para ello, nada mejor que entender que es el derecho a aprender de nuestros alumnos, el principio que debe orientar la formación. Una formación dirigida a asegurar un aprendizaje de calidad en nuestros alumnos, comprometida con la innovación y la actualización. Que supere el tradicional aislamiento que caracteriza a la profesión docente. Una formación que consolide un tejido profesional a través del uso de las redes de profesores y escuelas y que facilite el aprendizaje flexible e informal. Una formación en definitiva que contribuya a reprofesionaliz.

Fuente:

http://www.redes-cepalcala.org/inspector/DOCUMENTOS%20Y%20LIBROS/FORMACION/FORMACION%20INICIAL%20Y%20PERMANENTE%20DE%20LOS%20EDUCADORES.pdf

Fuente Imagen :

https://lh3.googleusercontent.com/DiiCaXK2ROEn4AaLsPayRb35HVs6ea3n9oWAgr6RYcCv8Dp9H7LxOevahVyP0jB7B5PizA=s170

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Educar por competencias, ¿qué hay de nuevo?

Europa/España/Octubre 2016/José Gimeno Sacristán /http://galeon.com/chanram/parte1.pdf

No es moderno aquello que es reciente o novedoso, o hacemos que lo parezca, sino lo que perdura y transforma la vida y la realidad. No se cambia el mundo para hacerlo progresar sin tener en cuenta cómo es, quiénes están en él y cómo lo viven.

Causa cierta perplejidad la facilidad con la que se ponen en circulación lenguajes y metáforas que nos arrastran a denominar de manera aparentemente nueva a aquello que hasta ese momento reconocíamos de otra forma. La misma sensación nos produce el entusiasmo con el que, al parecer, nos sumamos a un nuevo universo de formas de hablar acerca de preocupaciones que aparentan ser novedosas porque con anterioridad se las llamaba de otra manera. Los nuevos lenguajes puede que sean necesarios para abordar nuevas realidades, para descubrir algo verdaderamente nuevo en ellas pero, frecuentemente, son la expresión de la capacidad que los poderes y burocracias tienen para uniformar las maneras de ver y pensar la realidad en función de determinados intereses. Son, en otros casos, creaciones de expertos en búsqueda de fórmulas para expresar sus concepciones y propuestas con más precisión, pero también con la finalidad de mantener sus privilegios. Esta volatilidad de la vigencia de los lenguajes debería ser un serio motivo de reflexión, por varias razones.

Nuestra capacidad de cambiar de lenguaje puede ser una manifestación, no tanto de una forma de flexibilidad, apertura y capacidad de adaptación ante nuevas realidades y necesidades sociales, como un signo de debilidad, dependencia y sumisión. No quisiéramos mostrarnos como resistentes defensores de tradiciones arraigadas que se declaren contrarias a la innovación y al cambio en la educación, pero tampoco queremos pasar a ser figuras móviles suspendidas en el aire que cambian con la brisa, dejando en nuestra memoria impresiones fugaces de una estructura aérea que siempre retorna a la posición de equilibrio inestable a la que le obliga la ley de la gravedadi

Otro motivo de reflexión lo constituye el pensar que, a pesar de que los cambios de esa estructura móvil tienden a la estabilidad que gobierna esa ley, el lenguaje que elegimos en educación nunca es neutral, porque con él comprendemos la realidad educativa de una forma y no de otra, adoptamos un punto de vista, destacamos unos problemas, tomamos posición ante ellos y expresamos nuestros deseos. Al mismo tiempo estamos descuidando, olvidando y hasta negando otras posibilidades. ¿A qué mundo nos lleva esta forma de educar por competencias? Para unos, nos conduce a una sociedad de individuos eficientes respecto de la gran maquinaria del sistema productivo, la cual requiere una adaptación a las exigencias de la competitividad de las economías en un mercado global. Otros consideran que es un movimiento que enfoca la educación como un adiestramiento, un planteamiento en el que la competencia resume el abanico de las amplias funciones y los grandes objetivos individuales o colectivos, intelectuales, afectivos… de la educación. Para otros, estamos ante la oportunidad de reestructurar los sistemas educativos por dentro, superando la instrucción ocupada en contenidos obsoletos poco funcionales, para lograr una sociedad, no sólo eficiente, sino también justa, democrática e incluyente. ¿Qué tienen de verdad estas esperanzas, qué contienen de ilusorio, adónde conducen sus poco meditadas aplicaciones?

Tenemos memoria acerca de la aparición de modas que han surgido, caducado y se han olvidado con demasiada rapidez. Este recuerdo está tan presente en nuestro contexto y en nuestra historia que, de alguna manera, nos protege frente a lo aparente e injustificadamente novedoso. También nos provee de una prudencia y de una buena dosis de escepticismo ante la súbita aparición de cualquier fulgurante nueva cosmovisión que se anuncie como pócima definitiva para afrontar la solución para todo, bien sea el reto de responder desde el sistema educativo a las demandas de lo que se considera la aparición de una nueva sociedad —que nunca es nueva de repente—, bien se trate de la empleabilidad de los jóvenes, de la solución al fracaso escolar o el papel necesario a desempeñar por el profesorado.

Pretendemos en este trabajo aportar puntos de vista diversos para contrastar con el discurso dominante, para informar no sólo de lo que éste tiene de visible, sino de lo que consideramos que es poco conocido (aunque se haya comentado en algún lugar) y de lo que no se ha dicho, pero puede ser provechoso. Los capítulos han sido redactados sin que nos comunicáramos entre nosotros con el fin de dar una visión más independiente del significado de la proyección del discurso acerca de las competencias en distintos aspectos de la educación, lo cual supone para los lectores tener que tolerar algunas reiteraciones.

Tratamos de mantener una actitud vigilante sobre lo qué está sucediendo en las políticas educativas y, en particular acerca del currículum y de la práctica educativa, como consecuencia de pensar y actuar desde estos nuevos lenguajes, ligados a la gestión y al control del currículum, a la dirección del proyecto cultural en los centros educativos a los que les transfiere autonomía para dirigir el funcionamiento de las instituciones.

Finalmente, en muchas ocasiones lo que nos inquieta de este movimiento es, no tanto el texto seminal de donde arrancan las propuestas, sino la doctrina que generan los apóstoles de esta causa y el impacto que producen los desarrollos de los textos originales.

Son los divulgadores de las propuestas quienes generan el desarrollo de expectativas irrealizables, quienes se han convertido en técnicos que se hacen necesarios para desarrollar algo que ellos, sólo ellos, parecen entender, porque son quienes lo inventan. Son los que prestan legitimidad a las políticas que, carentes de contenidos, cubren con tecnicismos ese vacío.

Así, por ejemplo, los textos básicos de la convergencia europea utilizan en mucha menor medida el término competencias de lo que lo hace la legislación española al referirse a los procesos de enseñanza-aprendizaje. En las últimas regulaciones legislativas adoptadas en España se presta mucha más importancia al término competencia que a cualquier otro concepto que denote la presencia de enfoques, propuestas o, simplemente, ideas alternativas, como democracia, ciudadanía, cultura, solidaridad, justicia, … Sirva como una señal anecdótica, pero indicativa, la siguiente: en el texto de la Ley Orgánica de Educación (LOE) aparece casi ocho decenas de veces el término competencia (en singular y en plural), mientras que el término democrático/a sólo se cita menos de dos decenas de veces.

El recurrir al constructo competencias puede estar produciendo un doble fenómeno de consecuencias contradictorias. Mientras que, por un lado, esta propuesta surge como una medida de convergencia entre sistemas educativos, es decir, de acercamiento, las interpretaciones diversas de las que está siendo objeto, la están convirtiendo en una medida de divergencia.

Es paradójico que, de un lado, las competencias pretenden ser elementos de integración y ampliación de los limitados e inoperantes contenidos de los currícula actuales, al tiempo que no depura la cultura escolar para integrarla en las competencias complejas. Su pretendida y publicitada capacidad renovadora choca con la falta de ejemplos suficientes de experiencias concretas. No olvidemos que no se suelen deducir derivaciones prácticas desde los planteamientos teóricos, sino que el profesorado innova básicamente manejando y adaptando ejemplos. El movimiento de las competencias es una llamada para que vigilemos los rendimientos de la enseñanza y los apliquemos ¿cómo? ¿Es el profesorado que está detrás de la hipotética falta de calidad el llamado a pilotar el paso a la educación del buen aprendizaje?

lidad el llamado a pilotar el paso a la educación del buen aprendizaje? El concepto de competencia es tan confuso, acumula significados de tradiciones diversas y contamos con tan poca experiencia a la hora de analizar cómo podría traducirse en prácticas, que conviene analizarlo detenidamente y discutirlo, dando la oportunidad de que a partir de los avances que vayan produciéndose puedan ir surgiendo y se desarrollen buenas prácticas. Se ha desarrollado con matices diferentes en el sistema universitario y en los niveles educativos precedentes. Las aportaciones que componen este libro, salvo una que, de forma explícita hace referencia a la Universidad, tratan los problemas que despiertan las competencias en términos generales, aunque los enfoques que adoptan los autores tienen implícitamente más en mente la educación no universitaria.

En el caso de la Universidad, la aparición del discurso que toma como referencia el constructo competencias está ligada a la elección de una forma de homologar las titulaciones que expiden las universidades, obligándolas a que especifiquen qué perfil tienen los egresados. En cambio, en los niveles de Primaria y Secundaria, el debate se centra en cómo los ciudadanos de un país deben estar formados y cómo utilizar a las competencias como referentes o indicadores para realizar las evaluaciones externas de los sistemas educativos sobre una base curricular común.

Son dos modos de situar el concepto, aunque con un trasfondo compartido. En el ámbito universitario su presencia se relaciona con el proceso de Bolonia, al haberse propuesto añadir una especificación de las características concretas de las titulaciones universitarias, indicando las capacitaciones para las que habilita —lo que se sabe hacer— y poder facilitar la homologación de las titulaciones académicas dentro de cada país y entre los diferentes países de la Unión Europea (UE). Este procedimiento serviría para favorecer la movilidad de estudiantes y titulados, al tiempo que la titulación gana un aval que la hace más transparente, en orden a poder satisfacer y ajustarse a las demandas del mercado labora.

Este escenario viene provocado por el proceso de convergencia hacia la creación de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) que arranca con la declaración de Bolonia (1999), aunque el concepto de competencia no aparece explícitamente reconocido y asumido hasta 2005 en la Declaración de la Conferencia de Ministros de la Unión de Bergen. Aquí se adopta “el marco general de cualificaciones en el EEES, que comprende tres ciclos…, los descriptores genéricos basados en resultados del aprendizaje y competencias para cada ciclo y los intervalos de créditos en el primer y segundo ciclo”.

No es que no se hubiese manejado hasta ese momento el concepto de competencia, pues con anterioridad se patrocinaron diversos trabajos que se convirtieron en documentos cuasi oficiales, los cuales marcaron el curso del proceso, como ocurrió con el informe Tuningi2, coordinado por las universidades de Deusto y de Groningen.

En el proyecto Tuning la elección de las competencias como referencia de los cambios propuestos se justifica por las siguientes ventajas, de acuerdo con sus proponentes: a) Fomenta la transparencia en los perfiles profesionales y académicos de las titulaciones y programas de estudio y favorece un énfasis cada vez mayor en los resultados. b) Desarrollo del nuevo paradigma de educación primordialmente centrada en el estudiante y la necesidad de encauzarse hacia la gestión del conocimiento. c) Las demandas crecientes de una sociedad de aprendizaje permanente y de una mayor flexibilidad en la organización del aprendizaje. d) Se tienen en cuenta la búsqueda de mayores niveles de empleabilidad y de ciudadanía. e) Un impulso a la dimensión europea de la educación superior. f) El suministro de un lenguaje más adecuado para el intercambio y el diálogo con los interesados. Demasiadas promesas para un programa de cambio que no cuestiona las estructuras, instituciones o la cultura que domina actualmente en la ense- ñanza. Sin embargo, sin referencia alguna a la misión cultural de la educación y, concretamente, de la superior.

El monopolio del sentido de las competencias y el obsesivo manejo de las mismas en los planteamientos sobre la discusión acerca de los procesos de enseñanza-aprendizaje, el diseño del currículum y los esquemas para programar las asignaturas han llenado —creemos que erróneamente— el debate sobre la reforma universitaria y han guiado en muchos casos proyectos de innovación de dudosa eficacia, faltos de medios y sin desenlace previsto. Tan extensa presencia han alcanzado las competencias que, por ausencia de directrices de los gobiernos y de planteamientos más relevantes por parte de las autoridades académicas, han eclipsado el verdadero debate de la convergencia.

Si bien las recomendaciones de Tuning no eran vinculantes para nadie, la Comisión Europea ha asumido sus propuestas básicas. Aunque la Comisión Europea declaró que era el fruto de un grupo de trabajo, cuyos puntos de vista no tenían que ser necesariamente compartidos, sin contraste con ningún otro modelo, las autoridades académicas y muchos profesores con ayudas económicas y apoyos institucionales han hecho de Tuning el evangelio de la reforma universitaria, proponiendo una especie de pseudo pedagogía total compuesta desde esquemas para regular la estructura de las titulaciones, la de los contenidos, la guía de actividades, las líneas de evaluación, dándole al crédito europeo ECTS el valor de unidad de medida curricular global para unificar verdaderamente hasta las prácticas. Lo cual, además de ilusorio, es inconveniente y hasta contraproducente. Hoy puede observarse la irrupción de unos nuevos mandarines que monopolizan la nueva jerga, aparecen repentinamente expertos, innumerables evaluadores de universidades, especialistas en evaluación curricular de profesores… Educar por competencias.¿Qué hay de nuevo?.

Fuente:

http://galeon.com/chanram/parte1.pdf

Fuente imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/w0usz11UrYhNkf_czarI1fM4m9aXXbd3KLPl1bYmsC86ESrxM41X8A3HdO9L4zGHd0ZrhQ=s85

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Movilidad social ascendente de familias migrantes de origen de clase popular en el Gran Buenos Aires

RESUMEN El artículo analiza el entramado de condiciones de posibilidad, recursos movilizados y experiencias que envuelven procesos de movilidad social ascendente de familias de origen de clase popular durante la segunda mitad del siglo XX y la primera década del siglo XXI. Las familias estudiadas pertenecen a tres corrientes migratorias al Gran Buenos Aires: europea, del interior de Argentina y de un país limítrofe. El enfoque teórico parte de conceptualizar a la movilidad social como un proceso que depende de I. la apertura o cierre de oportunidades educativas y ocupacionales a nivel de la estructura de clases, II. las opciones y limitaciones ligadas al origen de clase familiar y los grupos de pertenencia, y III. las capacidades o el empuje de las personas para actuar. El método utilizado fue la reconstrucción biográfica de tres historias de familia seleccionadas de una tipología de trayectorias elaborada a partir de un estudio cuantitativo previo. El análisis muestra algunos aspectos de la transmisión de legados culturales, recursos materiales y relaciones sociales entre las generaciones que delinearon los “soportes y resortes” del ascenso. Asimismo, se describe cómo la vida de la personas es influenciada por los procesos macrohistóricos en los cuales les toca vivir, el papel central que juegan las personas y sus familias en la toma de oportunidades o su tesón y empuje para vencer circunstancias adversas. Frente a la visión de la movilidad ascendente como un cambio abrupto y repentino de clase social, observamos que se trata más bien de movimientos de corta distancia que envuelven el esfuerzo de distintas generaciones y se van acumulando en el acervo familiar.

Palabras clave: Movilidad social ascendente – Historias de familia – Clase popular – Mecanismos sociales de ascenso

Introducción En las sociedades capitalistas contemporáneas el origen de clase establece una desigualdad sustantiva de oportunidades, por lo cual los destinos de clase se presentan como causalmente probables (Bourdieu y Passeron, 2003). Ahora bien, ¿qué mecanismos desvían a los hijos de padres de clase popular de su trayectoria de clase más probable? ¿Cómo hacen las familias de clase popular para concretar sus aspiraciones de mejorar sus condiciones de vida y ampliar su modesto abanico de oportunidades a sus hijos?1 En este artículo se analizan algunos rasgos que caracterizan un proceso de movilidad ascendente de familias de origen de clase popular pertenecientes a tres corrientes migratorias al Gran Buenos Aires: europea, del interior de Argentina y de un país limítrofe.

La investigación empírica sobre movilidad social intergeneracional apoyada en encuestas se ha concentrado en analizar cambios en los canales de ascenso y en el nivel de apertura del sistema de estratificación social. El principal aporte de este enfoque es que posibilita captar las principales tendencias de movilidad social en relación con cambios en el modelo de desarrollo económico. En general, en todos los países estos estudios tienden a comprobar una sustantiva “inercia” en la desigualdad de oportunidades de movilidad ascendente entre las clases sociales en el tiempo e incluso entre países (Erickson y Goldthorpe, 1992; Breen, 2004). Dentro de este marco general, en Argentina, apoyados en datos del AMBA, algunos estudios plantean una disminución de la movilidad ascendente desde los estratos de clase trabajadora a los de clase media de 1960 a 1995 (Jorrat, 2000) y a principios del siglo XXI (Benza, 2010; Dalle, 2010, 2011b), sugiriendo que la transformación estructural neoliberal indujo un cierre progresivo del sistema de estratificación.

Entre los estudios cualitativos sobre la temática, durante las últimas décadas la atención se dirigió a analizar los mecanismos sociales activados por las familias para mitigar procesos de movilidad descendente en las clases medias (Minujin y Kessler, 1995; Kessler y Di Virgilio, 2005) y las formas de sobrevivencia en las clases populares tras la pérdida del empleo fabril y la caída en la marginalidad (Salvia y Chávez Molina, 2007), durante la reestructuración neoliberal. Sin embargo, se ha prestado escasa atención a por qué y cómo familias de origen de clase popular se abren caminos de ascenso entre los mecanismos de cierre que tienden a reproducir la desigualdad en la estructura de clases, tanto durante etapas de expansión de oportunidades como de crisis y cierre estructural.

Germani (1963, 1966) señaló en sus estudios pioneros que durante la etapa de la inmigración masiva (1880-1930), en la región más dinámica y próspera del país, dada la escasa población relativa y la magnitud del aluvión inmigratorio, la sociedad se transformó sustancialmente. Al calor de la vertiginosa expansión de la producción agropecuaria, florecieron en la ciudad-puerto una variedad de actividades económicas que abrieron espacios para una movilidad estructural ascendente. Uno de los aspectos destacados de ese proceso fue la expansión de estratos medios, las cuales se formaron con personas de origen de clase popular (obreros, artesanos, campesinos, labradores), en su mayoría descendientes de la inmigración europea.

A diferencia de lo que ocurrió a la vuelta del siglo XX, las oleadas de trabajadores que migraron al AMBA provenientes del interior del país y la última corriente de inmigración europea se insertaron una sociedad “sustancialmente hecha” en la cual la aventura del ascenso social era más ardua (Torre, 2010). En las últimas décadas del siglo XX, en las ciudades de la Pampa Húmeda paulatinamente se fueron incorporando a las clases medias descendientes de familias criollas migrantes del interior del país, incluso de países limítrofes de llegada más reciente a estos centros urbanos. Hemos elegido familias de distinto origen migratorio, incluidas las de origen europeo de la última corriente migratoria, para estudiar cómo se fue hilvanando el entramado de condiciones y factores que favorecieron el ascenso social de familias que llegaron al AMBA entre las décadas de 1940 y 1970 y sus canales de ascenso se desplegaron en un contexto más cerrado que durante las primeras décadas del siglo XX.

El artículo está organizado en las siguientes secciones. Primero se describen algunos supuestos conceptuales para estudiar procesos de movilidad social ascendente a través de trayectorias familiares. Segundo, se describen tres trayectorias típicas de movilidad ascendente de familias de origen europeo, interno y latinoamericano. Tercero, presentamos algunos mecanismos sociales comunes y particulares de cada tipo de familia que favorecieron el ascenso a las clases medias en el transcurso de distintas generaciones vinculados a la dimensión cultural de los procesos de movilidad ascendente, específicamente los cambios en el estilo de vida en la trama biográfica familiar.

Fuente :

http://www.unse.edu.ar/trabajoysociedad/21%20DALLE%20migrantes%20clases%20populares%20movilidad%20social.pdf

Fuente Imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/5Mnzy9UxshyJM4OuOJEjxY9qhWxDlAulYmW2X76xBeWA_iSsI1mbF2P21WL6qrgrpoEyV6E=s85

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