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Ser Anticapitalista hoy: Una cuestión de sentido común

Por: Mateo Aguado.

Hace poco más de un año tres reputados científicos de la NASA publicaron un impactante estudio en el que, basándose en complejos modelos matemáticos, pronosticaban el posible colapso de la civilización humana para dentro de pocas décadas. Las causas que se aludían como determinantes para llegar a tales conclusiones eran principalmente dos: la insostenible sobreexplotación humana de los recursos del planeta y la cada vez mayor desigualdad social existentes entre ricos y pobres (1).

Más allá de analizar la gravedad de esta predicción, me gustaría hacer notar que los dos motivos que –según estos investigadores– podrían acabar provocando el derrumbe de nuestra civilización son precisamente dos de las más claras características que posee el sistema capitalista: una insensibilidad total hacia la sostenibilidad ecológica del planeta y una abrumadora despreocupación hacia la (des)igualdad y la (in)justicia social.

En consecuencia –y como se verá en mayor profundidad en las líneas que siguen– no resultaría demasiado descabellado afirmar que el capitalismo es, a día de hoy, una de las mayores amenazas que se ciernen sobre la continuidad de la cultura humana en el planeta Tierra.

Evidencias de un sistema insensato

En las sociedades modernas de hoy en día nos hemos acostumbrado a asociar el poder adquisitivo con la capacidad de alcanzar una vida feliz. Es decir, se asume que –más que menos– nuestro nivel de renta determina la felicidad que podemos llegar a alcanzar en nuestra vida (o, como se suele decir, que el dinero da la felicidad).

Esta engañosa forma de concebir la vida (basada en los aspectos materiales y monetarios como medida a través de la cual lograr una vida buena) representa, probablemente, la mayor herramienta moral que posee el capitalismo en la actualidad. Sin embargo, y como veremos a continuación, esta concepción ofrece al menos dos evidencias que la hacen insostenible.

I) La evidencia social

Desde el punto de vista social el capitalismo es insostenible en tanto en cuanto promociona una sociedad global de poseedores y desposeídos en donde el sobre-consumo innecesario de unos pocos se produce a costa de las carencias vitales de la mayoría. Y es que una de las características que ha demostrado tener el capitalismo moderno es la construcción de sociedades en las que tienden a crecer las desigualdades sociales (lo cual sucede tanto si pensamos a una escala planetaria, a nivel de países, como si lo hacemos dentro de un mismo país bajo el prisma, cada vez más simplificado, de clases).

Paralelamente a esta estratificación económica de la sociedad en dos claros grupos (unas élites muy ricas y unas masas pobres), el capitalismo no ha logrado tan siquiera cumplir su clásica promesa de traer la felicidad a un creciente número de personas. Son cuantiosos los estudios que en este sentido han cuestionado rotundamente el axioma tan fuertemente instaurado en el ADN capitalista (y en el imaginario colectivo) de que el dinero da la felicidad. Estos estudios vendrían a mostrarnos cómo la correlación entre los ingresos y la satisfacción con la vida sólo se mantiene en etapas tempranas, cuando el dinero es usado para cubrir las necesidades más básicas. A partir de este punto entraríamos en una situación de “comodidad” en donde más dinero ya no significa necesariamente más felicidad. Es más, una vez ha sido alcanzada esta situación, seguir buscando obstinadamente el crecimiento económico (en el plano macro) y el aumento de la renta y el consumo (en el plano micro) puede resultar incluso contraproducente, pues tiende a hacernos descuidar otros aspectos de nuestra vida –intangibles pero igualmente esenciales para la felicidad– como las relaciones sociales o el buen uso del tiempo (2).

Así pues, parece claro que el capitalismo es un sistema que chirría tanto con la justicia social como con la felicidad humana. Como pusieron de manifiesto hace unos años Richard Wilkinson y Kate Pickett –en su magnífica obra Desigualdad: Un análisis de la (in)felicidad colectiva– estas dos cuestiones (justicia social y felicidad humana) son dos asuntos íntimamente relacionados. Parece ser que las desigualdades sociales tienden a hacernos más infelices: en aquellas sociedades en donde son mayores los niveles de desigualdad, mayores son también los niveles de infelicidad (3).

De todo esto se puede extraer la acertada conclusión de que una sociedad preocupada por maximizar sus niveles de felicidad debería ser una sociedad centrada en rebajar al mínimo sus niveles de desigualdad (lo cual, dicho sea de paso, parece una tarea incompatible con las actuales políticas de desarrollo occidental). Por ello, como sostiene Jorge Riechmann en su libro ¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena, el capitalismo es “un enemigo declarado de la felicidad”. Y por esta misma razón “los partidarios de la felicidad humana no pueden ser sino anticapitalistas”.

II) La evidencia ecológica

Por otro lado, el axioma del crecimiento indefinido que el capitalismo defiende, a la vez que (como hemos visto) un sinsentido social, es una inviable biofísica. La constante demanda de materiales y energía que conlleva una economía como la que tenemos no puede mantenerse de forma indefinida en el tiempo sin acabar chocando con los límites biofísicos de nuestro planeta (un lugar éste, no lo olvidemos, finito y acotado). Este hecho, a pesar de ser firmemente ignorado por los economistas convencionales (y por la inmensa mayoría de los políticos), constituye una realidad absolutamente incontestable, tal y como nos enseña la segunda ley de la termodinámica. Se podría afirmar, por lo tanto, que el capitalismo es, desde el punto de vista ecológico, biofísico y termodinámico (desde el punto de vista científico al fin y al cabo) un sistema imposible abocado al desastre.

Es por razones como ésta que [como ya se apuntó en la primera entrada de este blog] en política y en economía, al igual que sucede con el resto de aspectos de la vida, se hace imprescindible poseer un mínimo de cultura científica para poder ejercer como ciudadanos responsables y comprometidos (o lo que es lo mismo a efectos termodinámicos, para acomodar nuestro comportamiento a los límites biofísicos del planeta).

Me resultan muy interesantes en este sentido las sabias palabras de Wolfgang Sachs, quien sostiene que, en el futuro, el planeta ya no se dividirá en ideologías de izquierdas o de derechas, sino entre aquellos que aceptan los límites ecológicos del planeta y aquellos que no. O dicho de otro modo, entre aquellos que entiendan y acepten las leyes de la termodinámica y aquellos que no. No se trata por lo tanto de arreglar o refundar el capitalismo (como algún político sostuvo hace no mucho) sino de entender que nuestro futuro como especie en este planeta será un futuro no-capitalista o, sencillamente, no será (4).

Hacer comprender al común de los mortales que la esfera económica no puede crecer por encima de la esfera ecológica (al menos no sin comportarse antes como un cáncer) es, por sencillo que pueda parecer de entender, uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la ciencia y la educación del nuevo milenio.Esferas concéntricas

Sin embargo, esta cuestión de las esferas concéntricas –cual muñecas rusas– y de los límites del planeta es (pese a los reiterados mensajes ilusorios en pro del gasterío insensato que el capitalismo se empeña en difundir) un asunto sencillo de concebir para todas las personas. Y aquí reside –precisamente– nuestra esperanza: la esperanza de un cambio social en aras de poder alcanzar otro mundo posible, más justo y sostenible.

Como argumentaba recientemente Juan Carlos Monedero, es mucho más factible hacerse anticapitalista a día de hoy desde posiciones ecologistas que desde posiciones marxistas. La inviabilidad de un sistema que aboga por el crecimiento constante en un mundo que es limitado es algo mucho más fácil de comprender para la gente normal que la tendencia descendente de la tasa de ganancia o el fetichismo de la mercancía de la que nos hablaba Marx.

Por lo tanto, y a modo de corolario, urge entender que ser anticapitalista a día de hoy no es ya una cuestión de ecologistas o de marxistas aislados, sino que es algo de sentido común; algo directamente relacionado con la lógica de supervivencia. Esperemos que este asunto sea entendido –más temprano que tarde– por la inmensa mayoría de individuos que pueblan la Tierra hasta convertirse en una evidencia popular. Nuestra continuidad sobre el planeta y nuestra felicidad de ello dependerán.

Notas

(1) Motesharrei, S., Rivas, J., & Kalnay, E. (2012). A Minimal Model for Human and Nature Interaction.

(2) Para profundizar algo más sobre este tema se recomienda leer este artículo.

(3) La obra de Wilkinson y Pickett (2009) muestra minuciosamente como el incremento en las desigualdades tiene significativas repercusiones negativas sobre otros aspectos de la vida que afectan directamente al bienestar y a la felicidad. Tal sería el caso de la educación, la esperanza de vida, la mortalidad infantil, la incidencia de enfermedades mentales, el consumo de drogas, las tasas de obesidad y sobrepeso o el número de homicidios; variables todas ellas que presentan peores valores en aquellos lugares en donde mayor es la desigualdad.

(4) Defender desde la argumentación socio-ecológica el “suicidio” social que supone seguir enfrascados en la lógica del capitalismo es un imperativo vital a la vez que uno de los grandes objetivos de este blog: crear conciencia anticapitalista a través de las Ciencias de la Sostenibilidad.

(5) EME: Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España (2011). Síntesis de resultados. Fundación Biodiversidad. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino.

Fuente: http://iberoamericasocial.com/ser-anticapitalista-hoy-una-cuestion-de-sentido-comun/

Fotografía: mundolibertario

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La importancia de los Derechos Humanos

derechos_humanos_iiLos derechos humanos son aquellas libertades, reivindicaciones y facultades, que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna. Significa que son derechos de carácter inalienable, independientes de factores particulares como el estatus, sexo, orientación sexual, etnia o nacionalidad; y no dependen del ordenamiento jurídico vigente.

Desde un punto de vista más relacional, los derechos humanos se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, que permita a los individuos ser personas jurídicas, identificándose consigo mismos y con los otros. Se caracterizan por ser irrevocables, intransferibles e irrenunciables.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue adoptada por las Naciones Unidas en 1948, señala que al nacer, todos los hombres y mujeres son libres e idénticos en materia de derechos y dignidad y deja clara su postura de rechazo hacia la esclavitud, la servidumbre, las torturas y los tratos que pueden ser considerados como inhumanos, degradantes o crueles

Los derechos humanos se clasifican de la siguiente manera:
•    Derechos civiles y políticos: a la vida, a la igualdad, a la libertad…
•    Derechos económicos, sociales y culturales: a la salud, a la educación, a la vivienda
•    Derechos laborales: al trabajo, a la libre elección de trabajo…
•    Derechos de los detenidos y presos: a un trato humano y con respeto a la dignidad inherente al ser humano…
•    Derechos frente a la Administración
•    Derechos en relación a la Administración de Justicia: a ser oído por el tribunal, a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial…
•    Derechos de los pueblos y derechos de las víctimas de violaciones de derechos fundamentales.

«En el contexto mundial, se puede decir que los Derechos Humanos han pasado por tres niveles o periodos de desarrollo, el primero que emergió de la Revolución Francesa, con la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano; el segundo periodo, el que se dio en 1948 en las Naciones Unidas, y el tercero el de este tiempo. Los primeros proclamaron derechos civiles y políticos influidos por el liberalismo; los segundos son los derechos económicos, sociales y culturales, y los de tercera generación que tienen que ver con el derecho a la paz, el agua, el medio ambiente sano, el acceso a las tecnologías, etc.»

La situación de los derechos humanos en nuestro país cobra mayor relevancia, después del periodo dictatorial y los primeros años del retorno a la democracia, a partir de la creación de la Defensoría del Pueblo, institución creada en 1994 por mandato constitucional, cuya función es velar por la vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los derechos humanos, individuales y colectivos, que se establecen en la Constitución, las leyes y los instrumentos internacionales.

Es en esa perspectiva, que desde la asunción presidencial de Evo Morales se han proyectado y aprobado infinidad de normas en defensa de los derechos humanos, derechos civiles, normas contra el racismo y la discriminación, el reconocimiento de que el agua no es tan sólo un servicio o un bien de dominio público; sino que se constituye derecho humano y la Constitución Política del Estado profundiza los derechos fundamentales y garantías para la ciudadanía.

En términos generales  la Constitución Política del Estado boliviano ha ampliado notablemente la cantidad de derechos humanos. Probablemente los aspectos más destacados tienen que ver con la inclusión de los derechos indígenas y el principio colectivo de los derechos, sin embargo, el reconocimiento claro de los 9 derechos fundamentales así como la adscripción a los principios del derechos internacional de los derechos humanos, la convierten en uno de los instrumentos de normativa suprema más avanzados de la región y por mucho, el más importante en esta materia que se haya dictado en la historia de nuestro país.

La Oficina en Bolivia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH-Bolivia),  reconoce que se dieron importantes avances en cuanto al goce de los derechos económicos, sociales y culturales, en gran parte gracias a los programas de transferencia monetaria y otros programas sociales. En particular, los índices de pobreza y de pobreza extrema siguieron disminuyendo paulatinamente, así como la deserción escolar.

De la misma manera se reconoce también los avances en las políticas públicas para prevenir y sancionar la persistente práctica de racismo, al haberse aprobado, en febrero de 2012, el Plan de Acción contra el Racismo y toda Forma de Discriminación. También destaca la aprobación de leyes a favor de los derechos de las personas con discapacidad y de los refugiados, y de protección de los derechos de las mujeres, haciendo un llamado a su pronta implementación.

A pesar que se dieron  importantes avances relacionados a la aprobación de normas legales, todavía se tiene ciertas debilidades, especialmente en la aplicación de los mecanismos de defensa, respeto y protección de los derechos ciudadanos.

Fuente: http://www.educabolivia.bo/index.php/estudiante/actualidad-y-estudios/4657-que-son-los-derechos-humanos

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Cómo conseguir que los niños dejen la tableta y jueguen como antes

Por: Raquel Quelart

Cada año para estas fechas muchos padres se plantean qué juguetes adquirir para sus hijos. “¿Qué les hará más ilusión: los muñecos o juegos modernos o quizá algo más original?”, se pueden preguntan. Los expertos alertan que saber escoger los juguetes más apropiados es esencial para despertar la motivación, la imaginación y la creatividad en los niños. Sin embargo, la realidad es que los dispositivos electrónicos están desbancando al juego tradicional. De hecho, psicólogos y pedagogos constatan que si antes el juego simbólico se alargaba hasta los 11 o 12 años, hoy en día muere a los siete u ocho. A partir de esta edad tabletas, videoconsolas y smartphones pasan a ser los protagonistas del tiempo lúdico.

Pero, ¿es posible conseguir que los niños recuperen el hábito de entretenerse con juguetes tradicionales? “Creo que sí que es factible”, comenta María Costa. La doctora en pedagogía y directora de investigación infantil y ocio del Instituto Tecnológico de la Producción Infantil y Ocio (AiJU), que ha editado una guía con recomendaciones, considera que la calve es ofrecer a los más pequeños “alguna alternativa interesante que, además, pueda compartir con sus padres y otros niños”. Si esto ocurre, señala la experta en juego, “las pantallas se quedan para los ratos de aburrimiento”.

Hemos pasado a convertir las peticiones infantiles en listas de compras y no nos planteamos nada más
María Costa

Directora de investigación infantil y ocio de AiJU

“Los dispositivos electrónicos no son juguetes”, afirma la psicóloga del Instituto Carl Rogers Cristina Fumàs, que defiende que hasta los siete u ocho años “no debería haber exposición” a este tipo de aparatos. El motivo: si bien las nuevas tecnologías han proporcionado mejoras en la sociedad, también entrañan sus riesgos. Según Fumàs, “se mata mucho la imaginación porque no se da la oportunidad de que sea el niño el que descubra, decida, construya o invente porque ya viene dado de alguna forma”. A esto se añade el problema de que estos dispositivos favorecen el sedentarismo.

Menos casa y más calle

Pero no solo las nuevas tecnologías son responsables del cambio de hábitos en el juego, tal como deja patente un estudio reciente realizado por una conocida marca de detergentes. La encuesta revela que la mitad de los niños españoles de entre cinco y 12 años pasa menos de una hora al día al aire libre, la mitad del tiempo que un preso de una cárcel de máxima seguridad de Estados Unidos. Por eso los expertos en juego infantil opinan que las actividades en el exterior tienen que estar entre las prioridades lúdicas de las familias.

Parque de Josep Tarradellas, en Barcelona
Parque de Josep Tarradellas, en Barcelona (Archivo LV)

La menor concurrencia de los pequeños en las calles tiene otros daños colaterales. “Antes había más juego en los parques, donde se juntaban niños de diversas edades”, aduce María Costa. Y esto terciaba que “los más mayores transmitieran a los más pequeños” juegos tradicionales. Hoy en día, según la pedagoga, los niños tienden a reunirse con otros niños de la misma edad. “Dejan de crearse grupos socialmente estructurados, coherentes, que son capaces de comunicar ideas interesantes de juego, por lo tanto, los padres tenemos una labor en comunicar estas ideas”, apostilla.

Por otro lado, es una evidencia que la industria del juguete se moderniza con muñecos cada vez más interactivos y novedades que incorporan tecnologías, tal como se puede apreciar en la lista de los juguetes estrella de esta Navidad. Para la directora de AiJU esta es una manera de hacer estos productos más atractivos y alargar la edad en que los niños se interesan por los juguetes.

Hasta los siete u ocho años no tendría que haber exposición de los niños a dispositivos electrónicos
Cristina Fumàs

Psicóloga del Instituto Carl Rogers

Al mismo tiempo, desde hace un par de años en la Feria Internacional del Juguete de Núremberg (Alemania) se está constatando “una clara tendencia llamada retromanía”, según Costa, que consiste en recuperar juguetes populares de otras épocas. Juegos de antaño que se actualizan con nuevos diseños y conceptos, como el Monopoly, el Tragabolas o el Quién es quién, y otros clásicos que nunca pasaron de moda, como las cartas y el parchís. Un fenómeno que contribuye a apuntalar el juego tradicional en detrimento del tiempo que los pequeños de la casa dedican a dispositivos electrónicos.

Lo más publicitario no es lo mejor

Uno de los errores más comunes que cometen los padres a la hora de escoger los juguetes de sus hijos, según los expertos, es basarse solo en las preferencias de estos, que muchas veces están influidas por la publicidad y en las licencias de moda, como Paw Patrol o Frozen. “No nos paramos a pensar qué valor de juego le va a dar el niño o la niña y si se va a divertir con él”, comenta Costa, que sentencia: “Hemos pasado a convertir las peticiones infantiles en listas de compras y no nos planteamos nada más”.

Con el fin de evitar las compras compulsivas y la acumulación de juguetes que acaban olvidados en un armario, los expertos consultados hacen las siguientes recomendaciones:

1. No solo tener en cuenta los intereses del niño, sino hay que plantearse cómo un determinado juguete puede fomentarle la curiosidad y qué cosas interesantes puede descubrirle. Además, los padres deberían de plantearse si se divertirán compartiéndolo con ellos y si servirá para que el niño pase un buen rato con sus amigos.

2. Los juguetes no son para que los niños jueguen solos. Los padres tienen que implicarse también para enseñar a sus hijos lo divertido que es jugar. En este sentido María Costa invita a los más mayores a transmitir a los más pequeños sus conocimientos en juegos tradicionales, como la cuerda, la goma o las tabas.

3. Cada edad tiene necesidades lúdicas diferentes. Por ejemplo, los niños de hasta dos años aprenden con juguetes más sensoriales de tactos, formas, tamaños o transparencias, y a medida que van creciendo ya son capaces de hacer construcciones horizontales y verticales. Por lo que hay que adquirir productos adaptados a sus capacidades.

4. Potenciar al máximo los materiales y juguetes no estructurados, es decir, que sean lo más abiertos posibles para invitar al niño o niña a hacer volar la imaginación. “Todo lo que está muy detallado y acabado hace que el niño tenga un papel mucho menos activo en su utilización”, asegura Cristina Fumàs. En el mercado se pueden encontrar infinidad de juguetes basados en pedagogías que fomentan el juego infantil y que respetan el ritmo evolutivo de cada edad. Algunos ejemplos se pueden encontrar en webs como www.grapat.edu, www.jugarijugar.com y www.grimms.eu.

Juego infantil que fomenta la creatividad y la imaginación
Juego infantil que fomenta la creatividad y la imaginación (www.grapat.edu)

5. Buscar juguetes que no sobreestimulen mucho. Si un niño se acostumbra a un ritmo de estímulos muy alto y a respuestas inmediatas –aprieta un botón y ocurre- no trabaja el autocontrol, la paciencia y, además, tenderá a aburrirse más pronto.

6. Limitar el número de juguetes. Poseer demasiados muñecos y juegos provoca en los más pequeños de la casa una pérdida de interés por ellos. “Es mejor cuatro y bien escogidos”, apunta Fumàs, “y sobre todo que puedan proporcionar experiencias reales”.

7. Establecer unas prioridades a la hora de escoger. Para ello, será necesario hacer un recuento de los juguetes que ya posee el niño o la niña, tener en cuenta sus preferencias, buscar su complicidad a la hora de elegir y las capacidades que deseamos potenciar en él, según recoge el decálogo de Abacus para sacar el mejor provecho de los juguetes.

8. Evaluar el valor pedagógico del juguete ya que hay que tener en cuento que los niños aprenden jugando. Por este motivo es importante evitar los juegos que inciten a la violencia o al uso de un lenguaje grosero.

9. Juguetes sin estereotipos de sexo. Evitar seleccionar juguetes dirigidos específicamente a niñas o a niños.

10. Seguridad. Los juguetes tienen que cumplir la normativa e informar de manera adecuada cómo darles un uso correcto. En este sentido hay que tener en cuenta tres aspectos: las propiedades mecánicas y físicas, que no contenga materiales inflamables y que no estén elaborados con tóxicos.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20161208/412461882941/promover-juego-tradicional-ninos.html

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España: Los niños de Santander refrendan un manifiesto en defensa de sus derechos

España/29 diciembre 2016/Fuente: Aula Intercultural

El pleno del Consejo de Niños de la ciudad refrendó hace unos días el “Manifiesto de Santander”, en el que se resumen las reivindicaciones de niños y adolescentes de toda España en defensa de la educación, la salud, el bienestar, la protección y otros derechos de los menores.

El manifiesto, aprobado en el marco del cuarto Encuentro Estatal de Consejo de Participación Infantil y Adolescente, celebrado en Santander a principios del mes de noviembre, recoge más de 40 propuestas de los propios niños y jóvenes.

La alcaldesa de Santander, Gema Igual, ha aprovechado este último pleno del año para saludar a los integrantes del Consejo, agradecerles su participación y animarles a seguir realizando propuestas para construir una ciudad y una sociedad mejor entre todos.

Igual ha destacado la importancia de foros como este Consejo, que permite dar voz a los niños y hacerles partícipes de las decisiones que les afectan, lo que le convierte en un instrumento muy importante a la hora de diseñar y mejorar los programas y políticas dirigidas a ellos.

En este último pleno del año, en el que han participado la concejala de Familia y Servicios Sociales, María Tejerina, y la presidenta de Unicef en Cantabria, Esperanza Botella, se ha presentado la memoria del cuarto Encuentro Estatal de Consejo de Participación Infantil y Adolescente; se ha proyectado el vídeo del encuentro, titulado “Tras la pista de nuestros derechos”; y se ha repartido entre los asistentes el “Manifiesto de Santander“.

En ese documento, se plasman las demandas de los niños españoles en seis grandes áreas de actuación: educación, protección, salud y bienestar, igualdad de oportunidades, atención a los refugiados y participación.

Entre otras cosas, reivindican el acceso a la educación de todos los menores, el fomento de la mediación para luchar contra el acoso escolar y mejoras en el modelo educativo.

Además, los menores exigen la defensa de sus derechos y la protección de la infancia, al tiempo que reivindican un mayor impulso a la conciliación familiar, porque la familia es uno de los factores más importantes en la prevención del maltrato.

El “Manifiesto de Santander” reclama también una sanidad gratuita y de calidad en todo el mundo, medidas para atajar la venta de alcohol y drogas a menores, y que se garantice el derecho a un hogar.

Fuente:http://aulaintercultural.org/2016/12/27/los-ninos-de-santander-refrendan-un-manifiesto-en-defensa-de-sus-derechos/

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España: Mejorar en educación e investigación en el 2017

España/29 diciembre 2016/Fuente: El Periódico

Las perspectivas económicas para España y Catalunya el año que viene son bastante positivas, aunque existen riesgos importantes. La recuperación es fuerte y los desequilibrios están cayendo; por lo tanto, vamos mucho mejor. Incluso la desigualdad disminuirá, aunque, desgraciadamente, no lo suficiente como uno desearía. Pero hay problemas a medio y largo plazo: incertidumbres sobre crecimiento fuerte continuado (no simplemente recuperación fuerte), desigualdad estructural, pensiones y sistema de bienestar potencialmente insostenibles. Todo esto solo lo podemos superar si aumenta nuestra productividad de forma sustancial, y para ello necesitamos mejor gestión (no solo mayores recursos) en la educación e investigación, y reformas en los mercados de productos y servicios.

España está creciendo al 3% en el 2016 y se espera como mínimo un 2% para el próximo año (por ejemplo, en la encuesta de ‘The Economist’, la proyección mínima para el 2017 es del 2% y la máxima del 2,7%). Si lo comparamos con el europeo es casi el doble que el de la zona euro. Pero claro, nosotros partíamos de una crisis y decrecimiento fuerte y, por tanto, es normal que crezcamos más para recuperar la parte perdida. Pero en Italia, que también partía de crisis, el crecimiento actual y esperado es menor del 1%. De hecho, en los círculos internacionales, España ya no preocupa como antes y se compara muy positivamente respecto a los otros PIGS (Portugal, Italia y Grecia). Por lo tanto, a nivel macro, vamos mucho mejor.

 Desigualdad asociada al paro

Ahora bien, ¿llega este crecimiento a la mayoría de los ciudadanos? Una gran parte de la mayor desigualdad que España padece, comparado con otros países, viene dada por el gran paro que experimentamos. Las buenas noticias son que hemos bajado del umbral del 20%, y que las reformas económicas en la última legislatura han hecho que el crecimiento esperado para el 2017 implicará un fuerte crecimiento del empleo. Además, la balanza comercial es positiva este año, y se espera que en el próximo, también; por lo tanto, si hubiese un crecimiento significativo de los salarios, no solo disminuiría la desigualdad, sino también aumentarían la demanda agregada y el crecimiento sin peligrar la balanza comercial y el paro.

Asimismo, la política fiscal ha sido expansiva en el último año sin gobierno, pero en el próximo será menos expansiva ya que el déficit fiscal español es bastante más alto que el europeo, e incluso que el italiano. Por lo tanto, la demanda privada debería sustituir a la pública que tiene, y tendrá, más restricciones con Bruselas.

Las incertidumbres a nivel internacional asociadas con la Reserva Federal, con el petróleo, con la política (Trump, Brexit, Italia, elecciones en Francia, Holanda y Alemania) pueden generar problemas significativos aquí. Los populismos de derecha e izquierda critican duramente a los bancos centrales, pero las políticas de los bancos centrales han sido clave para evitar que la gran recesión se convirtiera en otra Gran Depresión; nos lo dice el sentido común, pero lo confirman también el análisis económico y la investigación puntera.

La Fed ha comenzado a subir sus tipos de interés (dos veces en el último año), y los subirá más todavía (se espera tres veces más el próximo año). Esto implica un riesgo a nivel internacional, especialmente en los países emergentes y en los países muy endeudados. España tiene una deuda pública del 100% del PIB, muy alta, pero muchísimo más alta es nuestra deuda privada, y nuestra deuda externa neta alcanza casi nuestro PIB anual. Nuestra deuda está en euros, no en dólares, pero la política monetaria americana hará subir nuestros tipos a más largo plazo y restará movimientos de capital hacia aquí. Nuestros problemas financieros han mejorado mucho, pero tenemos un problema de deuda fuerte que hemos de mejorar antes de que el BCE cambie el rumbo de su política monetaria.

Otra incertidumbre importante es la evolución del comercio internacional dado el proteccionismo de Donald Trump. Por otro lado, como la política fiscal americana será más expansiva y el dólar probablemente seguirá siendo más fuerte, un beneficiario pueden ser las exportaciones españolas ya que son muy elásticas al tipo de cambio.

Vivimos en un mundo muy globalizado, con Asia no solo compitiendo con menores precios sino con una educación cada vez más excelente (los mejores resultados de PISA vienen de Singapur y Hong Kong y de otros países asiáticos). La robotización, el ‘big data‘ y las nuevas tecnologías, así como la globalización, tienen efectos positivos en general, pero favorecen más a unos que a otros (los llamados ganadores y perdedores).

Si queremos no solo un mejor 2017, sino una década siguiente mejor (la crisis empezó en verano del 2007), el crecimiento de la productividad será clave, y para ello las mejoras profundas en la investigación (I+D+i) y en educación serán necesarias. En el ránking de PISA estamos en la media, somos mediocres. Nuestras universidades en los rákings internacionales son mediocres. Los estudios de PISA nos ayudan a ver qué funciona mejor, lo mismo que los estudios internacionales para las universidades. Tenemos que mejorar e innovar en educación, pero no toda innovación en la educación es positiva. Habrá reformas muy positivas, pero otras pueden ser muy negativas y con costes sustanciales para generaciones. Necesitamos medir científicamente si los cambios en la educación son a mejor. Nuestros retos mayores y más importantes son la educación y la investigación. Se necesita voluntad para cambiar, rigor y sensatez en los cambios, y buscar la excelencia. Por ejemplo, es bueno repetir lo que acaba de decir la prestigiosa revista ‘Nature’. En Catalunya hay un polo de excelencia en investigación a nivel internacional -gracias en gran parte a ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats)- como demuestran que las mejores becas para la ciencia, las del European Research Council, hayan sido otorgadas a más investigadores en Catalunya que en todo el resto de España junta, o hagan a Catalunya uno de líderes a nivel europeo en investigación.

Más importante, hagamos que en la educación cada niño llegue a su potencial, y que la creatividad e innovación se expanda a todos los sectores de la sociedad. En definitiva, intentemos tener no sólo un buen año 2017, sino unas décadas siguientes mucho mejores.

Fuente:http://www.elperiodico.com/es/noticias/mas-valor/mejorar-educacion-investigacion-peydro-5707500

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Educadores responden a planes para aumentar educación ortodoxa en colegios rusos

Rusia/29 diciembre 2016/Fuente: Global Voices

Además de memorizar las capitales del mundo y fechas importantes de la historia, algunos legisladores en Rusia quieren que los estudiantes puedan identificar diferentes tipos de campanas de iglesia y que puedan recorrer el calendario ortodoxo ruso. El 29 de noviembre, el periódico Kommersant informó que había recibido planes para una materia que el Ministerio de Educación estaba revisando y que aumentaría significativamente la cantidad de horas de clase dedicadas al estudio de ortodoxia rusa para alumnos de kindergarten a undécimo grado. Los miembros del ministerio, según Kommersant, estaban listos para votar la medida sin una discusión o deliberación formal.

Aunque los legisladores en educación confirmaron luego que el curso no será obligatorio a nivel estatal, la perspectiva generó varias respuestas interesantes de educadores y plantearon preguntas acerca de la cercana relación entre la Iglesia Ortodoxa Rusa y el gobierno. El curso propuesto fue diseñado para reemplazar completamente el currículum de religión existente, y deja a los padres sin control de la educación religiosa de sus hijos. Actualmente, el estudio de religión en los colegios públicos de Rusia es parte del currículum de las “Bases de Cultura Religiosa y Ética Secular” (ORKSE), que se enseña a alumnos de cuarto año de primaria. A los padres se les da a elegir entre uno de muchos módulos para completar el programa electivo de 34 horas, que incluye ética secular, cultura religiosa mundial, ortodoxia rusa, judaísmo, islam y budismo.

El plan propuesto buscaba un cambio drástico a la cantidad de horas que se dedican al material religioso —sugería que 350 horas al año, o hasta dos clases a la semana, sería “óptimo” para los grados del quinto al noveno. Los temas propuestos incluían “Entendimiento cristiano ortodoxo del significado de la vida humana” e “Interpretaciones distorsionadas de textos bíblicos en la literatura de sectas destructivas”.

En los 25 años transcurridos desde la caída de la Unión Soviética, Rusia ha luchado para encontrar un equilbrio entre reformular sanamente la cultura religiosa —un aspecto importante de la vida de la Rusia Imperial antes de que la religión estuviera prohibida en la URSS— y mantener una separación entre iglesia y estado. En el 2007, diez destacados científicos enviaron una carta al presidente Vladimir Putin denunciando un aumento de religiosidad en los colegios rusos. La actual controversia es una extensión de este debate sobre el lugar de la religión en la educación pública y no es la primera vez este año que esos planes han sido remitidos al ministerio. En junio, la jefa de la Academia Rusa de Educación, Lyudmila Verbitskaya, que alguna vez sugirió que los alumnos estudiaran ortodoxia rusa en vez de las novelas de Leon Tolstoy o Fédor Dostoyevsky, exigió la revisión de otro curso de ortodoxia rusa, aunque luego se archivó.

Los educadores responden

Maestros y educadores no estuvieron precisamente contentos con la más reciente propuesta. Olga Sapukhina, profesora de matemáticas y programación en Moscú, escribió en su página de Facebook: “¿De qué se trata? ¿Al menos es ético? No hay suficiente tiempo para la ciencia, sigue la discusión sobre el rol de temas como astronomía y diseño técnico que han retirado el currículum, ¿y vamos a introducir ortodoxia rusa? ¿Es que no hay otra cosa que aprender en el colegio? ¿Los alumnos saben todo lo demás a la perfección?”

Por su parte, el Liceo Europeo en Moscú apoyó la opinión de su directora, Irina Bogantseva, que también se mostró contraria a los planes en comentarios en el foro de discusión pública “La pregunta”.

Ciertamente, Bogantseva y Sapukhina no están solas: después de conocerse el plan del curso, surgió una petición en change.org que ya tiene más de 100,000 firmas. La petición, titulada “Prohibir la enseñanza de ‘Bases de cultura ortodoxa rusa’ y cualquier otro tema que imponga puntos de vista religiosos a los niños en los colegios rusos” hace un llamado al presidente Vladimir Putin para que aborde el asunto directamente.

En efecto, los legisladores en educación no se deciden a que la educación religiosa se asigne bajo mandato desde arriba. Comentando sobre la perspectiva de que la educación religiosa obligatoria se extienda más allá del ámbito de ORKSE, Vyacheslav Nikonov, jefe de la Comisión de Educación de la Duma Estatal, destacó que las decisiones sobre la profundización de la educación religiosa no se deben hacer a nivel federal: “Creo que, en cualquier caso, la elección de estudiar o no estudiar la cultura de la ortodoxia rusa debe estar en los padres y los alumnos”.

Después de conocerse los planes, la ministra de Educación rusa, Olga Vasilieva, emitió un comunicado que afirmaba que, después de todo, el curso no sería obligatorio. “Para que esta opción sea tomada en cuenta o se promueva, enfatizo que los expertos deben haberse reunido para discutir, es decir, el voto en ausencia en este asunto es inapropiado”, manifestó, haciendo referencia al voto propuesto para el plan que nunca se dio.

En vista de que Vasiliyeva parecía desacreditar el proceso de revisión del plan del curso, el contenido de los propios planes parecía escapar a su crítica. Dados sus antecedentes, no debería sorprender. La designación de Vasiliyeva al Ministerio de Educación planteó muchas dudas este mismo año cuando se supo que tenía vínculos cercanos con la Iglesia Ortodoxa Rusa (y tiene opiniones controvertidas sobre el legado de Joseph Stalin). En agosto, la Iglesia Ortodoxa Rusa emitió un comunicado en su sitio web referido a la designación de Vasiliyeva, y declaró: “El Señor te ha dotado generosamente de talento, del que has hecho uso satisfactoriamente en las muchas etapas de tu servicio”.

Aun así, el curso propuesto fue popular entre algunos usuarios de medios sociales, que sostuvieron que enseñar ortodoxia rusa es importante para la preservación de la cultura rusa.

 

Estamos perdiendo nuestra identidad nacional, ¿se han dado cuenta? ¡Ellos no! Que enseñen bases de ortodoxia rusa en los colegios puede ser la última oportunidad.

La libertad de religión está protegida según el artículo 14 de la Constitución rusa. Aunque una encuesta del 2008 del Centro de Investigación Pew determinó que 72 por ciento de los ciudadanos rusos se identifican como ortodoxos rusos, Rusia alberga a una significativa minoría musulmana —14 millones de personas, o 10 por ciento de la población se identifica como musulmana.

En la región de Tataristán de Rusia, más del 50 por ciento de la población es musulmana, lo que potencialmente plantea un problema para la implementación de un curso obligatorio que respalda a la ortodoxia rusa como parte fundamental de la identidad nacional rusa. Ahmed Makhmetov, que trabaja para la Administración Clerical Islámica en el óblast de Saratov en el suroeste de Rusia, se sintió desconcertado por la noticia: “Se le prohíbe a una colegiala usar un pañuelo en la cabeza porque tenenos una educación de tipo secular, ¿y estudiar ortodoxia rusa es mucho más normal?”, escribió en su página de Facebook.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:https://es.globalvoices.org/2016/12/27/educadores-responden-a-planes-para-aumentar-educacion-ortodoxa-en-colegios-rusos/

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Los niños necesitan ser felices, no ser los mejores

Por: Jennifer Delgado Suárez

Vivimos en una sociedad altamente competitiva en la que parece que nada es suficiente y tenemos la sensación de que si no nos ponemos las pilas, nos quedaremos rápidamente atrás, siendo barridos por los nuevos adelantos.
Por eso, no es extraño que en las últimas décadas muchos padres hayan asumido un modelo de educación sustentado en la hiperpaternidad. Se trata de padres que desean que sus hijos estén preparados para la vida, pero no en el sentido más amplio del término sino en el más restringido: quieren que sus hijos tengan los conocimientos y las habilidades necesarias para hacerse de una buena profesión, obtener un buen trabajo y ganar lo suficiente.
Estos padres se han planteado una meta: quieren que sus hijos sean los mejores. Para lograrlo, no dudan en apuntarles en disímiles actividades extraescolares, allanarles el camino hasta límites inverosímiles y, por supuesto, empujarles al éxito a cualquier costo. Y lo peor de todo es que creen que lo hacen «por su bien».
El principal problema de este modelo educativo es que añade una presión innecesaria sobre los pequeños, una presión que termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente rotos.

Los peligros de empujar a los niños al éxito

Bajo presión, la mayoría de los niños son obedientes y pueden llegar a alcanzar los resultados que sus padres les piden pero, a la larga, de esta forma solo se consigue limitar su pensamiento autónomo y las habilidades que le pueden conducir al éxito real. Si no le damos espacio y libertad para encontrar su propio camino porque le colmamos de expectativas, el niño no podrá tomar sus propias decisiones, experimentar y desarrollar su identidad.
Por eso, pretender que los niños sean los mejores encierra graves peligros:
– Genera una presión innecesaria que les arrebata su infancia. La infancia es un periodo de aprendizaje, pero también de alegría y diversión. Los niños deben aprender de manera divertida, deben equivocarse, perder el tiempo, dejar volar su imaginación y pasar tiempo con otros niños. Esperar que los niños sean “los mejores” en determinado campo, poniendo sobre ellos expectativas demasiado elevadas, solo hará que sus frágiles rodillas se dobleguen ante el peso de una presión que no necesitan. Esta forma de educar termina arrebatándoles su infancia.
– Provoca una pérdida de la motivación intrínseca y el placer. Cuando los padres se centran más en los resultados que en el esfuerzo, el niño perderá la motivación intrínseca porque comprenderá que cuenta más el resultado que el camino que ha seguido. Por tanto, aumentan las probabilidades de que cometa fraude en el colegio, por ejemplo, ya que no es tan importante lo que aprenda como la nota que consiga. De la misma manera, al centrarse en los resultados, pierde el interés por el camino, y deja de disfrutarlo.
 
– Planta la semilla del miedo al fracaso. El miedo al fracaso es una de las sensaciones más limitantes que podemos experimentar. Y esta sensación está íntimamente vinculada con la concepción que tengamos sobre el éxito. Por tanto, empujar a los niños desde temprano al éxito a menudo solo sirve para plantar en ellos la semilla del miedo al fracaso. Como consecuencia, es probable que estos pequeños no se conviertan en adultos independientes y emprendedores, como quieren sus padres, sino que sean personas que apuesten por lo seguro y acepten la mediocridad solo porque tienen miedo a fracasar.
– Genera una pérdida de autoestima. Muchas de las personas más exitosas, profesionalmente hablando, no son seguras de sí. De hecho, muchas supermodelos, por ejemplo, han confesado que creen que son feas o están gordas, cuando en realidad son iconos de belleza. Esto sucede porque el nivel de perfeccionismo al que siempre han estado sometidas les hace creer que nunca será suficiente y que basta el más mínimo error para que los demás las desprecien. Los niños que crecen con esta idea se convierten en adultos inseguros, con una baja autoestima, que creen que no son lo suficientemente buenos como para ser amados. Como resultado, viven pendientes de las opiniones de los demás.

¿Qué debe saber realmente un niño?

Los niños no necesitan ser los mejores, solo necesitan ser felices. Por eso, solo debes cerciorarte de que tu hijo sepa:
– Que es amado, de forma incondicional y en todo momento, sin importar los errores que cometa.
– Que está a salvo, que le protegerás y apoyarás siempre que puedas.
– Que puede hacer el tonto, perder el tiempo fantaseando y jugar con sus amigos.
– Que puede elegir lo que más le gusta y dedicarse a esa pasión, sin importar de qué se trate. Que puede pasar su tiempo libre haciendo collares de flores o pintando gatos con seis patas si es lo que le apetece, en vez de practicar la fonética o el cálculo.
– Que es una persona especial y maravillosa, al igual que muchas otras personas en el mundo.
– Que merece respeto y que debe respetar los derechos de los demás.

¿Y qué no deben olvidar los padres?

También es fundamental que los padres sepan:

– Que cada niño aprende a su propio ritmo, y que no deben confundir la estimulación que desarrolla con la presión que agobia.
– Que el factor que más influye en el rendimiento académico infantil es que los padres les lean a sus hijos, que les dediquen un rato cada noche para cultivar juntos esa pasión por la lectura, no las escuelas carísimas o los juguetes hípertecnologicos.
– Que el niño que mejores calificaciones saca casi nunca es el pequeño más feliz porque la felicidad no se mide en esos términos.
– Que los niños no necesitan más juguetes sino una vida más sencilla y despreocupada, así como más tiempo con los padres.
– Que los niños merecen la libertad para explorar todo y decidir por ellos mismos que les gusta y les hace felices.
Fuente: http://www.rinconpsicologia.com/2016/04/los-ninos-necesitan-ser-felices-no-ser.html
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