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Francia busca prohibir celulares en los colegios para evitar indisciplina

Europa/Francia/16 Septiembre 2017/Fuente: RPP

La medida formaría parte de las promesas de campaña del presidente francés, Emmanuel Macron.

El ministro de Educación de Francia, Jean-Michel Blanquer, propuso que se prohiban los teléfonos celulares en las escuelas de su país. En una entrevista con la revista L’Express, sugirió que se pida a los alumnos entregar sus teléfonos para que estos sean depositados en cajas seguras.

«En nuestras reuniones del gabinete, dejamos guardado nuestros teléfonos en los armarios antes de sentarnos juntos, me parece que esto debería ser posible para cualquier grupo humano, incluyendo clases», dijo en la entrevista que fue publicada este martes.

«Imagínense una escuela secundaria con 600 alumnos, ¿pondrán todos sus teléfonos en una caja, cómo los guardarán y los devolverán al final?», dijo el presidente de la Peep, una de los grandes federaciones de padres de alumnos en los establecimientos escolares públicos.

Promesa de campaña. El ministro Blanquer explicó que esta medida es parte de los planes del presidente Emmanuel Macron. Si bien está prohibido el uso de estos móviles en horas de clase, muchos alumnos han confesado haber roto las normas.

Los docentes ven a los móviles como elementos distractores que generan indisciplinas, pues son utilizados como herramienta de acoso cibernético. Desde que Macron fue elegido en mayo, los alumnos de colegios de primaria y secundaria debían acatar la norma de no utilizar celulares.

Fuente: http://rpp.pe/mundo/europa/francia-busca-prohibir-celulares-en-los-colegios-para-evitar-indisciplina-noticia-1076519

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OCDE: Education at a Glance 2017

16 Septiembre 2017/OCDE

Education at a Glance: OECD Indicators is the authoritative source for information on the state of education around the world. With more than 125 charts and 145 tables included in the publication and much more data available on the educational database, Education at a Glance 2017 provides key information on the output of educational institutions; the impact of learning across countries; the financial and human resources invested in education; access, participation and progression in education; and the learning environment and organisation of schools.

The 2017 edition presents a new focus on fields of study, investigating both trends in enrolment at upper secondary and tertiary level, student mobility, and labour market outcomes of the qualifications obtained in these fields. The publication also introduces for the first time a full chapter dedicated to the Sustainable Development Goals, providing an assessment of where OECD and partner countries stand on their way to meeting the SDG targets. Finally, two new indicators are developed and analysed in the context of participation and progress in education: an indicator on the completion rate of upper secondary students and an indicator on admission processes to higher education.

The report covers all 35 OECD countries and a number of partner countries (Argentina, Brazil, China, Colombia, Costa Rica, India, Indonesia, Lithuania, the Russian Federation, Saudi Arabia and South Africa).

Descargar informe aquí: http://www.oecd-ilibrary.org/docserver/download/9617041e.pdf?expires=1505316449&id=id&accname=guest&checksum=9B9EEAB615EBA3AD10DE8C5010A8965E

Fuente: http://www.oecd.org/edu/education-at-a-glance-19991487.htm

Imagen: http://asset.keepeek-cache.com/medias/domain21/_pdf/media3328/511715-7bx3hue0l1/large/0.jpg

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Y después de los rankings universitarios, ¿qué?

Por: Alejandro Tiana

Tras la publicación de los rankings universitarios es habitual la aparición de análisis que llaman al cambio del sistema. Pero no hay que creer en recetas mágicas, pues no existen. El cambio o es incremental o no lo será.

Fotografía: Andrew Tan / Pixabay

Hace un año publicaba un artículo en esta misma página, tras la aparición de las ediciones correspondientes a 2016 de los tres rankings universitarios más populares: Academic Ranking of World Universities (ranking de Sanghai), Times Higher Education World University Rankings y QS World University Rankings. Ahora acaba de publicarse la nueva edición del primero de ellos y han vuelto a reproducirse los debates, los lamentos, los reproches y las justificaciones habituales. Decía entonces que considero importante llevar a cabo un debate riguroso y crítico en torno a los rankings y que aquella no era más que una primera entrega. Así que ahora vuelvo sobre el tema, con el propósito de aportar algunas nuevas reflexiones.

La pregunta que en esta ocasión me inquieta es la que se refiere a qué podemos y debemos hacer una vez que tenemos publicados los rankings. Se supone que son instrumentos que nos aportan información fiable acerca de nuestras universidades, de los que deberíamos poder extraer lecciones y adoptar medidas de mejora. ¿Es así? Para dar respuesta a esta pregunta podemos adoptar una triple perspectiva: individual, institucional y sistémica. Vamos a ello.

Como recordaba hace un año, los rankings nacieron con la intención de proporcionar información a los estudiantes y a sus familias acerca de la calidad de las universidades, a fin de que pudiesen elegir plaza con conocimiento de causa. Pero, aunque esa haya sido su intención primigenia, el objetivo se ha cumplido solo parcialmente. En efecto, la lectura de los rankings se detiene muchas veces en el nivel macroscópico, esto es, en las clasificaciones de las universidades consideradas en su conjunto. Sin embargo, cuando se desciende a la información menos consultada de los rankings, la relativa a las titulaciones que cada una de ellas imparte, se aprecia una notable dispersión de valoraciones. Mientras que algunas titulaciones de una determinada universidad ocupan posiciones destacadas entre sus pares, no sucede lo mismo con otras. La diversidad es la norma. Por lo tanto, la información que suele llegar al gran público (la relativa a las universidades en su conjunto) resulta insuficiente para poder decidir bien. Por otra parte, los indicadores habitualmente utilizados para clasificar a las universidades derivan mayoritariamente de su investigación, incluyendo aspectos como los Premios Nobel recibidos por sus profesores o estudiantes. Pero, ¿es cierto que dicha información sea concluyente? Por ejemplo, saber que determinados científicos fueron docentes o alumnos de determinada universidad, ¿de verdad resulta concluyente para que un estudiante elija estudiar allí? Y por si fuera poco, estos rankings no incluyen apenas indicadores de calidad docente, que es lo que más influye en la formación del alumnado. En suma, si un estudiante se fija en los rankingslo que más puede determinar su elección es realmente el prestigio, la consideración social que tiene la universidad, lo que resulta ser una información limitada respecto de su calidad real.

Los responsables universitarios también tenemos complicado extraer conclusiones nítidas de la consulta de los rankings para mejorar nuestras universidades individualmente consideradas. En efecto, muchas de las condiciones que determinan nuestra actuación vienen fijadas por normativa externa, por marcos de acción prefijados, por tradiciones arraigadas. ¿Cómo puede, por ejemplo, decidir una universidad pública española contratar a un Premio Nobel como docente, si el sistema de acceso y las condiciones laborales vienen fijadas por normativas estrictas? Es evidente que tenemos margen de mejora, pero no tan amplio como para adoptar por nosotros mismos determinadas acciones, ya que muchas están condicionadas externamente. El margen real de autonomía de las universidades españolas es ciertamente reducido. Entiéndase que con ello no quiero evadir ninguna responsabilidad, pero tampoco asumir las culpas que muchas veces se nos echan encima.

Y en tercer lugar, los rankings son muchas veces considerados radiografías de los sistemas universitarios nacionales, que supuestamente pueden y deben orientar para la mejora colectiva. Este suele ser el enfoque más habitual en muchos comentarios y opiniones expresadas en los medios de comunicación y en las redes sociales. Este año, como en los anteriores, no han faltado análisis que hablan de una situación insostenible, una inercia insalvable, un sistema aquejado de una gangrena que requeriría una actuación quirúrgica. No voy a entrar a debatir sobre si situarse en estos rankings en la novena posición por número de universidades incluidas en el top-800 es un fracaso, cuando España ocupa la posición 14 entre las economías nacionales. Ni seré yo quien niegue la existencia de problemas en nuestras universidades que requieren tratamiento y solución. Se han hecho análisis rigurosos y concienzudos de aquellos  y vamos sabiendo por dónde deberíamos avanzar. Y de hecho lo estamos haciendo.

Desgraciadamente, estos análisis precipitados, interesados y falsos, suelen ir acompañados de llamadas a la intervención radical con objeto de promover un cambio profundo e inmediato de modelo. Son cantos de sirena que pueden sonar bien a quienes no hayan reflexionado en profundidad sobre los problemas de la universidad y sus posibles soluciones, pero que inducen a llevar a cabo actuaciones milagrosas… y generalmente equivocadas, que pueden generar más problemas de los que resuelven. Demuestran un desconocimiento grave de las dinámicas de cambio en instituciones y sistemas, que suelen ser reacios al cambio instantáneo. Nos lo ha enseñado la historia de las reformas educativas y de sus fracasos.

Entonces, ¿no se puede hacer nada para mejorar nuestras universidades? Pues claro que se puede. Contamos con buenos diagnósticos, que nos pueden dar pautas sólidas de actuación. Conocemos la etiología de muchos de esos problemas e, incluso, hemos ensayado soluciones. Lo que nos hace falta es, por una parte, la voluntad de buscarles solución, cosa que, aunque algunos lo duden, no falta en nuestros medios universitarios, y por otra parte, aceptar que los cambios no se producen de la mañana a la noche, requieren tiempo, constancia y medios (no solo económicos). Cuando se trata de mejorar sistemas educativos o universitarios avanzados, como son los nuestros, no hay que creer en recetas mágicas, pues no existen. Todos intentamos mejorar a partir de la situación en que estamos. El cambio en este tipo de sistemas o es incremental o no lo será. Personalmente, me adhiero a quienes así piensan.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/11/y-despues-de-los-rankings-universitarios-que/

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Vulnerables, frágiles… humanos

Por: Xavier Besalú

Necesitamos una educación cargada de referentes sólidos para navegar en este mundo líquido, que apele fundamentalmente a la razón sin descuidar los sentimientos.

Ante los atentados de Barcelona, cometidos por chicos muy jóvenes, con toda la vida por delante, es inevitable preguntarnos qué hemos hecho mal en el sistema educativo, qué ha fallado en el proceso de socialización y formación de estas personas. Al haber sido reivindicados por Estado Islámico, por otra parte, parece lógico también que la atención se haya centrado en saber cómo se producen determinados procesos de radicalización dentro del mundo musulmán y en las medidas para prevenirlos, detectarlos y afrontarlos desde los centros escolares.

Y aquí se impone una primera constatación: sabemos todavía muy poco de la vida, es decir, de los sentimientos y las dificultades, de los pensamientos y vínculos, de los dilemas y referentes, de los fracasos y expectativas, de los hijos e hijas de inmigrantes extranjeros, la mayor parte de los cuales ya han nacido en nuestro país o llegaron a él siendo niños. Utilizamos y adaptamos las conclusiones de investigaciones realizadas en Francia, en Gran Bretaña o en California, pero tenemos la certeza de que ni las condiciones, ni las circunstancias, ni los protagonistas, por activa y por pasiva, son replicables. Al haberse detenido en gran parte los flujos migratorios, a raíz de la crisis económica de este último decenio, algunos responsables mal informados han decretado, al parecer, que esta es una página del pasado que no conviene volver a abrir.

En segundo lugar, y en un sentido completamente distinto, habría que decir que el problema del mal, incluso del mal radical, no se refiere en exclusiva al mundo musulmán, sino que es una cuestión sencillamente humana. El mal no es una cualidad inherente a algunas personas, patológicamente enfermas, intrínsecamente crueles o predispuestas genéticamente o culturalmente al fanatismo, por más que tanto la medicina como el derecho o la religión actúen bajo este supuesto. La verdad es que para la sociedad sería enormemente tranquilizador que esto fuera así: la solución estaría en detectar e identificar tempranamente a estas personas, retirarlas de la circulación para curarlas, rehabilitarlas o sublimar sus pulsiones malignas, si fuera posible, o mantenerlas aisladas el resto de sus vidas.

Como han demostrado y escrito repetidamente psicólogos, antropólogos y pedagogos, las personas somos esencialmente vulnerables –y mucho menos fuertes y coherentes de lo que creemos-, profundamente ambiguas –capaces de lo mejor y de lo peor, ni buenas ni malas por naturaleza-, fácilmente maleables –por la propaganda, por la autoridad, por el grupo, por las emociones-, y condicionadas por las fuerzas situacionales y por factores externos propios del entorno, aunque no determinadas: nada nos exime de nuestra responsabilidad, porque no somos esclavos de ninguna circunstancia, por dura que sea, y como individuos siempre tenemos la posibilidad de hacer lo que es debido, de actuar conscientemente, de reaccionar con criterio propio.

Si el problema es la vulnerabilidad, la fragilidad humana, la solución ya no puede ser la de detectar y apartar a los malos, sino la de preparar a todos los niños y jóvenes para fortalecer su subjetividad, para que piensen y actúen como seres independientes, para que no disuelvan su individualidad en la masa informe, para que activen su capacidad reflexiva y su espíritu crítico en cualquier tiempo, espacio y circunstancia, para que abominen de la indiferencia ante lo que no les afecta directamente –tanto si se da en el propio grupo como si ocurre en las antípodas-, y para que combatan sin descanso el conformismo y la pasividad.

Reconocer que todos nosotros somos extremadamente vulnerables es un paso imprescindible para ello, porque nadie está a salvo de hacer el mal. Es un requisito tan necesario como la renuncia al yo controlo del adicto a las drogas, o al prepotente yo nunca caeré tan bajo que otorga una supuesta superioridad moral a quien lo enunciaEs una actitud humilde y sensata, porque no sabemos a ciencia cierta cual podría ser nuestra reacción ante situaciones extremas (un terremoto, una guerra, el asesinato de un ser querido…) y desde luego tampoco podemos dar por supuesta cual habría sido nuestra conducta de haber vivido en la Alemania nazi, en la Rusia soviética o en la España de los Reyes Católicos.

Si esa es la tarea, creo que no somos suficientemente conscientes del rumbo que hemos ido imprimiendo a nuestra educación al albur del mercado, sin unos referentes básicos, poniendo el foco en lo metodológico, con el actual énfasis en unas competencias que, si se definen como básicas, son de una ambigüedad o polisemia que las inhabilita y, por el contrario, si se formulan con pelos y señales, nos devuelven al jardín tecnológico de lo medible y cuantificable. En la sociedad española actual, plural desde tantos puntos de vista, en un mundo globalizado e interdependiente como el que nos ha tocado vivir, con todas las ideologías fuertes –políticas, religiosas o filosóficas- en crisis, con tantos modelos y formas distintas de ser autónomo y feliz, es más necesario y urgente que nunca empoderar a los individuos, fortalecer su subjetividad, para que sean capaces de actuar con libertad e independencia, a pesar de las circunstancias, de hacerse plenamente responsables de sus decisiones y de sus actos, y de resistirse al mal, por más seductora e ilusionante que sea su llamada.

En el mundo occidental es bastante evidente que, en el ámbito educativo, la técnica ha vencido a las ideas, como si nuestra misión fuera preparar a niños y jóvenes para vivir en un mundo posthumano, sin ideales ni ideologías, sin un sentido más allá de lo útil y lucrativo, estrictamente materialista y emocional. Necesitamos una educación cargada de referentes sólidos para navegar en este mundo líquido, que apele fundamentalmente a la razón sin descuidar los sentimientos. Y para ello es imprescindible la rehabilitación de las humanidades, una formación humanista que, más que una suma de materias y contenidos, es sobre todo una forma de enfocar lo educativo. Porque las humanidades son textos y los textos están ahí no para ser repetidos y memorizados, sino para ser interpretados; no están ahí con respuestas convergentes y prefijadas, sino para abrir interrogantes, para poner en crisis las certezas, para descubrir los matices y las razones de los otros; para establecer un diálogo con nosotros mismos, con nuestros compañeros y profesores, con nuestras familias y comunidades, arropados por el testimonio de seres lejanos en el espacio y en el tiempo, pero humanos al fin y al cabo.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/13/vulnerables-fragiles-humanos/

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Se inicia el curso, continúa el combate

Por: Jaume Martínez Bonafé

La creación de una verdadera sociedad democrática pasa por instituciones que cultiven y profundicen en un proyecto de contrahegemonía cultural autogestionado, libre y transparente.

Lo diré como los clásicos: la educación es un territorio de combate, un campo social en el que se dirimen posiciones de fuerza, intereses diferentes en permanente conflicto. A estas alturas esta afirmación es casi una obviedad, y fundamento empírico lo encontramos por todos los lados, por eso sorprende la ausencia o poca presencia de esta mirada -de esta tesis- en los análisis e informaciones o declaraciones sobre las políticas educativas actuales.

En el País Valenciano, por poner un ejemplo, la Generalitat pretende eliminar algunos de los conciertos de la enseñanza posobligatoria, casi todos en bachillerato, y la jerarquía católica, la judicatura, la prensa de toda la vida, las radios también de toda la vida, incluida la SER, y claro, los partidos conservadores como PP y Cs ponen el grito en el cielo y a sus fieles en las calles. No debería sorprendernos.

Hay un grupo social e ideológico que ve la educación como una estrategia de reproducción de sus propios intereses y privilegios. Los conciertos educativos facilitan un sustancial negocio dejando intocable la selección/segregación social de los niños y niñas según su origen de clase. Como sustancial negocio es el privilegiado mercado del libro de texto, dejando intocable un discutible modelo de reproducción cultural y un más discutible todavía modelo pedagógico.

Para seguir con el caso valenciano les diré que durante las más de dos décadas de gobierno del PP en la Generalitat el incremento del negocio en la Universidad Católica ha sido espectacular, mientras en la Universidad pública aumentaban las dificultades. No fue formalmente un concierto lo que firmaba el Ejecutivo del PP, pero la concesión de becas, entre otras formas, facilitaban las cosas a la jerarquía católica. Es natural o de sentido común, diría Rajoy. Estamos aquí para lo que estamos. En efecto, no debería sorprender.

Lo que sí es sorprendente, al menos para mi, es la timidez argumentativa con la que ahora otras políticas diferentes pretenden detener esa estrategia de la reproducción conservadora. Es sorprendente que el Conseller Marçà -por continuar en el Pais Valencià- tenga casi que disimular una política que en ese conflictivo campo social de la educación juega ahora con otras estrategias. Sorprende que lo que aplaudimos en los YouTube de Pepe Múgica, y nos emociona en los textos de Galeano no pueda decirse con esa misma claridad y contundencia cuando se ejecuta una política pública. Sorprende que lo que está más que claro en cualquier comentario de un texto de Paulo Freire o Celestin Freinet, cueste tanto de decir cuando se tiene la responsabilidad política de construir una voz pública. Sorprende que sea tan difícil decir que se gobierna a favor de los pobres y que la escuela pública está para dignificar el crecimiento integral de quienes no tienen más recurso que el que le puede ofrecer esa escuela pública. Sorprende que lo que está más que claro en la mirada histórica si se quiere estudiar la relación entre las órdenes religiosas, la educación y la reproducción social, sea tan difícil de explicar cuando se defiende una tímida reforma en los conciertos educativos.

Quizá la cuestión está (vuelvo a los clásicos) en que se ganó el Ejecutivo en la contienda electoral pero sin ganar la hegemonía cultural en el discurso sobre lo público. El proceso continuado de construcción de la experiencia colectiva sobre el sentido de la escuela, de modelación de significados y de valores sobre lo público, y de un modo mas amplio, de creación de concepciones del mundo y de dirección moral e intelectual de la sociedad está todavía en manos de quienes controlan de un modo autoritario y/o paternalista los medios de difusión cultural.

Y si esa es la cuestión, salir de los despachos para abrir un diálogo político con las familias, el profesorado y la ciudadanía es vital. Además de un mandato democrático -no hay democracia sin participación- si las palabras se gastan, si no hay diálogo para encontrar el sentido profundo y radical de las palabras, si no se es capaz de discernir sobre lo que es diferente, lo que contradice, lo que se opone, y lo que es común y en lo que nos encontramos, si no se hace de esto pedagogía política, la explicación -política- quedará en manos de quien todavía tiene la hegemonía. La creación de una verdadera sociedad democrática pasa por instituciones que cultiven y profundicen en un proyecto de contrahegemonía cultural autogestionado, libre y transparente. Si esperamos que tertulianos y burócratas nos lo expliquen todo estamos listos.

Se inicia el curso, continúa el combate.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/12/se-inicia-el-curso-continua-el-combate/

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El responsable educativo de la OCDE: «España ha hecho muy poco para que la enseñanza sea atractiva»

Europa/España/16 Septiembre 2017/Fuente: El mundo 

Andreas Schleicher atribuye el bajo nivel de un tercio de los jóvenes españoles a «la falta de relevancia que ven los alumnos en la enseñanza»

«Los países más avanzados no han politizado la educación, han llegado a un consenso»

Andreas Schleicher, responsable educativo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha insistido este miércoles en Madrid en la importancia de que las nuevas generaciones adquieran el mayor nivel de competencias educativas posible. «Quien no tiene una buena base educativa se queda en los márgenes de la sociedad«, ha advertido. Y ha atribuido a «la falta de relevancia que ven los alumnos en la enseñanza» el motivo por el que más de un tercio de los jóvenes españoles no haya logrado sacarse el título de Bachillerato.

El padre del famoso informe PISA ha desgranado, durante un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum, los problemas que provocan que buena parte de los jóvenes españoles se queden estancados en niveles muy bajos de cualificación. En su opinión, «España ha hecho muy poco para que la enseñanza sea atractiva» y no ofrece a los alumnos «más opciones para aprender de forma distinta». Los críos se aburren en clase, en definitiva.

Lo que ocurre en las aulas españolas es que «las clases son todas iguales, con el mismo número de alumnos» y un sistema en el que todos aprenden al mismo ritmo centrado en la lección magistral y en repetir conceptos de memoria. «Los alumnos españoles son buenos memorizando, pero les cuesta resolver problemas complejos que requieren conectar conocimientos de distintas disciplinas. Ahora lo importante no es memorizar fórmulas ni ecuaciones, sino pensar como un matemático, entender las bases conceptuales de la materia. Hay que enseñar menos cosas pero con más profundidad«.

«¿Por qué España sale tan mal parada en PISA?», se ha preguntado. «Porque gran parte de lo que aprenden los alumnos es repetición del contenido de las asignaturas. No se trata de saber mucho de Biología o de Física, sino de saber pensar con la mente de un científico. PISA demuestra cuan difícil es para muchos jóvenes españoles ir más allá de fronteras de un solo campo de conocimiento, porque se les enseña a los alumnos asignaturas aisladas. En Japón, el profesor de Lengua trabaja con el de Matemáticas. Finlandia también ha empezado a impartir estos cursos multidisciplinares, esperando que los alumnos actúen como historiadores, filósofos o científicos», ha relatado.

Schleicher ha dado a entender que nuestro sistema educativo ha permanecido inamovible durante los últimos años: «Si en un supermercado entran 500 personas y se van 31 sin comprar nada, el supermercado cambia su estrategia, pero en las escuelas no cambia nada», ha manifestado, en alusión a España.

«Diversidad de itinerarios»

Y ha recomendado a la escuela española que «no divida tanto los contenidos por asignaturas y apueste por la «integración» de las materias y por la «diversidad de itinerarios, que es muy importante«, en alusión a las vías para facilitar el camino hacia la Formación Profesional. También ha planteado que «hay que cambiar los paradigmas pedagógicos, el método de instrucción, y empoderar a los docentes» con el fin de que estén «más conectados con el resto del mundo», como ocurre en otros países.

«Los profesores tienen que salir del aula y fijarse en lo que hacen otros profesores», ha recalcado. Y ha recordado, volviendo a hacer alusión a Japón, que en este país asiático los profesores tienen unas plataformas donde comparten sus experiencias y conocimientos y los directores les evalúan también por su capacidad de poner en común y ayudar a otros con sus destrezas.

«En Japón los profesores enseñan la mitad de horas que en España, pero trabajan más: 50 horas a la semana. ¿Y qué hacen? Visitan la clase de otro profesor, participan en concursos…», ha señalado.

Respecto al pacto de Estado por la Educación en el que trabajan los distintos grupos políticos, ha considerado que «es difícil» que se alcance, pero lo ha definido como «esencial». «Los países más avanzados no han politizado la educación, han llegado a un consenso», ha avisado.

¿Qué le parece que el Gobierno del PP haya suprimido las reválidas que él mismo creó? «Yo, personalmente, pienso que las reválidas son una parte muy importante de la educación. Es muy difícil mejorar algo que no puedes medir y estas pruebas envían un mensaje muy bueno a los chicos sobre lo que tienen que aprender y a los profesores sobre lo que tienen que enseñar. Pero no se pueden hacer las cosas improvisando de la noche a la mañana».

Fuente: http://www.elmundo.es/sociedad/2017/09/13/59b8f0a7e2704eca3f8b45a9.html

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Innovación escolar en Alemania

Por: eltiempo.pe/León Trahtemberg/15-09-2017

En Alemania la Evangelische Schule Berlin Zentrum (2007) es un colegio privado evangélico capitalino que fue fundado con el objetivo de llevar a cabo un cambio radical en la cultura de aprendizaje. El colegio ha desarrollado algunas innovaciones educativas como la extinción de las asignaturas y de los horarios, dando mayor autonomía a los alumnos, consiguiendo muy buenos resultados. (El confidencial, 03/07/2016, Cómo serán los colegios del futuro, según la escuela que ha revolucionado Alemania).

Su directora Margret Rasfeld explica que “la misión de un colegio progresista debería ser preparar a los jóvenes para manejar los cambios, o mejor aún, para que los deseen. Los colegios del siglo XXI deberían entender que su trabajo es desarrollar fuertes personalidades”.

Sostiene que el aprendizaje debe ser promovido a través del apoyo individual (personalizado), respetando las diferencias personales, reconociendo que no ha funcionado en la educación que todos hagan lo mismo todo el tiempo. A ello se añade una estrecha colaboración entre los maestros y alumnos, que se comunican por escrito continuamente.

La secundaria no se divide en clases ni niveles sino en grupos de estudio. No hay asignaturas hasta que los estudiantes tienen 15 años. Ellos eligen los temas que estudiarán en cada asignatura, así como las fechas en las que realizarán sus exámenes.

Las únicas áreas o materias troncales son las matemáticas, la lengua, el inglés y los estudios sociales, a las que se añaden otras como “retos” en la que se otorga a los alumnos una cantidad de dinero para planear una excursión donde deseen. Los alumnos pueden recibir un refuerzo especial los sábados (silentium).

Rasfeld también se muestra en contra de utilizar los exámenes PISA como criterio exclusivo con el que juzgar la calidad educativa. “Por desgracia, todo lo que tiene que ver con el significado se pierde si aprendemos solo las matemáticas de PISA”, señala. “Los tests de opción múltiple no tienen nada que ver con la aritmética”.

En su opinión, los exámenes estandarizados y la evaluación comparativa que se lleva a cabo en Alemania han igualado la educación por abajo. Como vemos también en el caso de Alemania, aquellos que se atreven a innovar están un paso delante de la retrógrada educación tradicional.

*Fuente: eltiempo.pe/innovacion-escolar-alemania-gc/

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