Recomendamos la lectura del portal Otras Voces en Educación en su edición del día domingo 23 de junio de 2019. Esta selección y programación la realizan investigador@s del GT CLACSO «Reformas y Contrarreformas Educativas», la Red Global/Glocal por la Calidad Educativa, organización miembro de la CLADE y el Observatorio Internacional de Reformas Educativas y Políticas Docentes (OIREPOD) registrado en el IESALC UNESCO.
00:00:00 – Cientos de profesores ticos protestaron contra políticas lesivas
01:00:00 – David Fernández de Arriba: “El cómic como herramienta didáctica presenta un lenguaje muy atractivo para los alumnos, en clase funciona muy bien”
En nuestro portal Otras Voces en Educación (OVE) encontrará noticias, artículos, libros, videos, entrevistas y más sobre el acontecer educativo mundial cada hora.
Correo del Alba entrevistó al filósofo Rafael Bautista, quien nos concedió un tiempo generoso para hablar de la coyuntura internacional, la hegemonía occidental en decadencia, además de la guerra comercial entre EE.UU. y China, entre otros temas.
Pensador agudo y acucioso, Bautista analiza desde la historia a la hora de explicar las causas del declive del mundo moderno y la emergencia de una nueva correlación de fuerzas que unidas podrían ser una alternativa que rompa con la lógica imperial de dominación.
Asistimos a una pugna entre EE.UU. versus China y Rusia. ¿Qué ocurre en el mundo actual? ¿A qué se deben tales diferencias y cuál es el peligro potencial de que se profundicen?
El contexto es el de la decadencia hegemónica, ya no solo de EE.UU., sino de la disposición centro-periferia, la puesta en escena de nuevas hegemonías, potencias emergentes que no responden a la creación occidental. La única de esas potencias que podría reclamar pertenencia occidental sería Rusia, pero incluso el canciller ruso, Serguéi Lavrov, hace dos o tres años atrás –en una conferencia en Múnich– señaló ya la posibilidad inevitable de pensar un orden postoccidental.
La decadencia estadounidense no simboliza el declive hegemónico del imperio solamente, sino de todo aquello que ha hecho posible esa preeminencia imperial y eso es la constelación geopolítica centro-periferia, la determinación espacial geopolítica de la dominación moderna que empieza en 1492, con la conquista, la invasión y el despojo del “Nuevo Mundo”, de América.
Tal es la importancia principal para ver cómo esta beligerancia entre potencias no es exclusiva al interior del sistema-mundo moderno, por el contrario, se da desde la exterioridad, porque China también fue relegada y excluida de la preeminencia occidental; la India, lo mismo. Entonces, aparece China, India y Rusia. Claro, que esta última reclame un nuevo orden postoccidental es lo que nos permite sugerir que la decadencia imperial, en última instancia, es civilizatoria y afecta la preeminencia moderno occidental.
En los términos y contexto descrito es que cobra valor el concepto de crisis civilizatoria. Solo desde esa perspectiva es posible advertir que China esté trasladando o empujando la economía global hacia el Pacífico, desde un punto de vista histórico, más allá de la noción occidental. De tal manera que estaríamos advirtiendo la recuperación de la hegemonía china que solo hace dos siglos –y menos– fue relegada del concierto mundial. En efecto, vemos la decadencia de un sistema-mundo que empieza a mostrarnos sus límites y que, como dijo alguna vez Enrique Dussel, dará lugar a un orden transmoderno que no tenga como referencia a la modernidad, sino que, básicamente, sea superación de ella y por eso la emergencia de estas hegemonías o de estas potencias que no son precisamente occidentales.
Pero esas potencias, como China e India, tienen un sistema capitalista de producción.
No podemos comprender el proyecto chino desde categorías occidentales, esos son los prejuicios eurocéntricos que nos llevan a creer que China es un imperio o competencia imperial.
Para los hindúes y para los chinos ni el capitalismo ni el socialismo son fines, sino mediaciones de un proyecto nacional. Es otra vuelta para alcanzar su proyecto nacional, lo que llamaron ellos “la gran tierra”. Ciertamente China ha adoptado el neoliberalismo, pero estratégicamente ha mantenido un sistema financiero estatal y la transferencia tecnológica la ha sabido aprovechar muy bien. Pensar a China es sumamente complejo. Se sirven del capitalismo porque lo comprenden plenamente. Por eso los anglosajones en EE.UU., al creer que es meramente un remedo de lo hecho en Occidente, no saben a quién se están enfrentando en verdad.
¿Cómo ve el panorama mundial con la guerra comercial entre EE.UU. y China?
Ahora estamos viendo una guerra arancelaria. El antecedente inmediato de esa guerra es la que protagonizaron Alemania y EE.UU. antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero eso es una aproximación bastante inmediatista o mecánica, porque también hubo muchos pormenores, lo que se estaba definiendo era la disputa imperial, quién iba a reemplazar la decadencia británica. Constituir su periferia para asegurar su centralidad es lo que pretendió Alemania para disputarle su condición de centro a Gran Bretaña. En la actualidad las cosas se complican aún más, porque si China y Rusia fuesen competencia imperial estaríamos asistiendo a un reemplazo de hegemonía en el propio sistema-mundo moderno, pero como ni Beijing ni Moscú se reclaman occidentales, es decir, están rescatando de su propia historia un proyecto nacional, lo que vemos es una descomposición de todo el orden geopolítico que ha hecho posible al mundo moderno, esto significa que ni a China ni a Rusia le interesan ese tipo de disposición centro-periferia que, en definitiva, cuesta caro.
Por ejemplo, ¿cuánto cuesta mantener un ejército norteamericano –con más de 900 bases repartidas en el mundo–? Los chinos dicen: es mucho el costo. Los chinos son comerciantes por naturaleza, tienen una lucidez al respecto de que la sangre cuesta dinero, por lo tanto es mejor pactar. En eso son bien diplomáticos. Por supuesto que requieren materias primas, necesitan expandirse comercial y económicamente, pero los chinos no están dispuestos a asumir los costos que le ha significado a Occidente mantener su centralidad.
En esta guerra arancelaria entre China y EE.UU., Occidente no tiene posibilidades de ganar. Chinos, rusos e hindúes están reconfigurando el mundo y por eso nuestros procesos deben pensar una geopolítica de modo urgente para ingresar al nuevo tablero global de modo soberano, y eso es legado de Chávez.
Hasta hace poco, el Mercado Común del Sur (Mercosur) con Venezuela representaban la sexta economía mundial –si no la quinta– y podía hablar de igual a igual con cualquier centro; ese fue el momento preciso de consolidar una apuesta de independencia, pero lo desaprovechamos, nadie entendió el proyecto de Chávez y ahora no contamos con las mejores condiciones para realizarlo.
¿Estamos en la periferia nuevamente o nunca dejamos de estarlo?
Nunca dejamos de estarlo, hoy lo estamos mucho más porque el imperio ha recuperado a Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, entre otros. Estamos rodeados. Con el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, prácticamente Venezuela quedó cercada.
“El capital no tiene nación”, dicen algunos…
Bueno, el capital no tiene nación, pero tiene color. Como dijo Fausto Reinaga: «Lo que importa no es el color de la piel, sino el color de la razón». En este caso la razón tiene color y el capital también, o sea, es un proyecto que tiene un locus de enunciación, es una experiencia histórica que impulsa un proyecto determinado, nace desde una experiencia que es la europea y que es la consolidación de la ciudad en detrimento del campo. El proyecto burgués moderno es citadino en contra del campo, la industrialización del campo es la negación del campesino y en nuestros países eso se ve de modo lacerante cuando el proyecto criollo-mestizo se traza desde la ciudad en contra del campo. El campesino se nos presenta como lo peor; y sin embargo, es productor de la vida.
El capital nace en la ciudad y para consolidarse tiene que negar al campo. En nuestras investigaciones estamos constatando que el proyecto moderno literalmente desprecia la vida y por eso ha reproducido una economía de la muerte en contra de la vida. Y esto es lo que hay que pensar en esta crisis geopolítica.
En ese plano, ¿Estados Unidos no mide qué es China?
No sabe qué es China y no atina en ninguna de sus opciones para bajar la preeminencia que está adquiriendo en todos los órdenes. Dicen que para el 2030 China va a superar en lo cultural, tecnológico, científico y militar a la suma conjunta de Europa y EE.UU; como puede notar, estamos a casi diez años a que supere en todo a Occidente.
Por cierto, la guerra comercial y política que está dando EE.UU., por ejemplo contra Huawei, le está jugando en contra por las tierras raras con metales preciosos que tiene China y que demanda la industria tecnológica, entre otras. De hecho, Xi Jinping ya ha amenazado al Gobierno norteamericano diciéndoles: “Si nos siguen imponiendo sanciones, no les vamos a exportar más tierras raras”. Y sin tierras raras toda la tecnología norteamericana se viene al piso, porque son minerales estratégicos, son como 19 elementos básicos para la tecnología de punta.
Eso no lo mide Donald Trump.
Mucha gente dice que Trump y compañía añoran: Make America Great Again (Haz que América sea grande otra vez). Pero no pueden lograrlo porque un proyecto económico, en primera instancia, es también cultural, y sin esta base cultural fuerte no sabes qué tipo de economía emplear. Tendrían que estar a la altura del tiempo presente para ver que lo multicultural de su sociedad se nutre de lo negado por ellos mismos y por tanto tendrían que redimir su propia historia reconociendo que esta tierra es tanto de indios, negros, inmigrantes, como de los colonizadores originales Pilgrims de los Wasp. Pero como una mentalidad colonizadora nunca va a admitir que su sojuzgado sea su igual, entonces tienen las de perder.
Trump es simplemente un portavoz de esa idiosincrasia, porque él mismo dice que es antiglobalización y de paso señala que representa al capital productivo, no al capital financiero. Ha dicho: “Han sacado nuestras empresas y toda nuestra población [se refiere a la población blanca empobrecida] se ha quedado sin trabajo, entonces vamos a hacer volver a nuestras empresas”. El problema está en que eso es imposible, porque una empresa piensa en ganar más y si retornan a EE.UU. van a perder en la competencia internacional y a nivel mercado mundial, perder es morir.
Trump ha sido atrapado por el Estado profundo. Si antes estaba asesorado por el sector marginal de la banca financiera de Wall Street, cuando ya es gobierno se nutre, para su programa económico, de Goldman Sachs. Es el Gobierno que más cambios ministeriales ha tenido, está rodeado de los más recalcitrantes y straussianos neo halcones que tiene la derecha para jugarse sus últimas cartas en una reposición hegemónica; está mostrando sin ningún tipo de diplomacia lo que realmente quiere EE.UU. Ahora, por ejemplo, Juan Guaidó y compañía han hecho que el Congreso norteamericano apruebe un proyecto de ley que –suponemos será ratificado por Trump– minará la posibilidad de que sigan funcionando los Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap) en Venezuela. El asedio a la Embajada venezolana en Washington es un golpe de Estado al derecho internacional. EE.UU. está revelando que nunca ha sido respetuoso de ninguna regla ni legislación internacional. Prácticamente se burlan de todos, porque ya están jugando en la sobrevivencia y cuando alguien apuesta a la sobrevivencia, la pelea es a muerte.
¿Con China y Rusia también?
Ahí tiene las de perder, porque Rusia es la cobertura nuclear de China y esta es el colchón económico que necesita aquella. El error de Barack Obama fue acercar a China y Rusia de tal modo de que ahora ambos están agarrándose de las manos porque saben que separados EE.UU. los puede hundir, pero juntos no puede hacer nada contra ellos.
¿Qué podría pasar si escala la guerra comercial?
EE.UU. siempre saldría perdiendo, porque empresas como Huawei no solamente venden celulares, sino además implementos de tecnología para muchos rubros y competencia en el mercado. Se sabe que todas las empresas apuestan por generar un margen de ganancia que les permita sobrevivir en la competencia, subvencionar. Pero Trump y el Gobierno norteamericano tendrían que subvencionar toda la producción tecnológica y eso sería a expensas de la economía nacional, la más endeudada de toda la historia de la humanidad.
Tiene que haber una salida…
Todas las salidas a esta crisis apuntan a una Tercera Guerra, que solo puede ser nuclear. Por eso pienso que es un tiempo de no pensar en salidas al estilo clásico; hay que pensar alternativas, no salidas.
¿Qué papel juega América Latina y el Caribe en este orden mundial?
Nuestro papel se ha diluido diluido desde que desaparece la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y desde que Mercosur es cooptado por Brasil y Argentina, aliados a la geocolonia del dólar. Nuestro margen de acción es muy limitado. Solo Venezuela y Bolivia quedamos como baluartes de un proceso independentista, pero no tenemos peso; entonces hay que generar las mejores energías para que en Argentina y en Brasil haya un cambio, son las dos potencias económicas de Suramérica que pueden inclinar la balanza ya no a la derecha.
en función del eje temático que tienen los trabajos que integra cada una de ellas: Procesos de Patologización; Procesos diagnósticos en la infancia; Patologías psíquicas graves en la primera infancia; y Acerca de inclusiones y exclusiones. Sin embargo más allá de esta organización, el libro tiene una armonía que, a través de la diversidad, otorga coherencia al abordaje de un problema complejo como lo es el de los diagnósticos en la infancia. Precisamente es esa manera compleja de abordar el problema la que aporta uno de los valores del texto: las múltiples miradas, significaciones y expresiones que surgen del entrecruzamiento entre las distintas profesiones de los autores y las diversas inscripciones geográficas (Argentina, Brasil, Portugal). Asimismo tal diversidad geográfica muestra lo extendido del fenómeno de la patologización de la infancia y de los recursos que el mismo aplicapara perpetuarse, por ejemplo, las regulaciones de distinto estatuto legal que los Estados van estableciendo en relación a las instituciones de salud y educación.
Un grupo de profesores y ‘conuqueros’ forman niños en los centros educativos para recuperar las cuencas hídricas, como vía para desarrollar un modelo comunitario en armonía con el ambiente.
Desde hace tres años, en Venezuela se realizan encuentros de las ‘escuelas de cuencas’. Se trata de un proyecto comunal incipiente que crece con la participación de algunas instituciones educativas en el país suramericano.
La iniciativa está conformada por profesores, conuqueros y colectivos ecológicos que promueven lo que denominan la ‘siembra del agua’, una antigua técnica que en otros países es utilizada exclusivamente para mejorar la producción agrícola industrial.
No obstante, en este país el propósito es otro: formar a niños en diversas escuelas, tanto públicas y privadas, para recuperar las cuencas hídricas, como vía para desarrollar un modelo comunitario en armonía con medioambiente.
«Lo primordial es que aprendan a cuidar, recuperar y a mantener los afluentes que llevan agua hasta las comunidades», comenta Neris Barboza, una de las coordinadoras del plan concebido desde «la cultura ancestral conuquera en resistencia e insurgencia».
En Venezuela, el conuco es un término indígena para nombrar una parcela de tierra donde se cultivan alimentos y se siembran plantas. Los ‘conuqueros’ son aquellas personas con conocimientos empíricos para labrar la tierra en equilibrio con la naturaleza, de acuerdo a la tradición de los pueblos originarios.
¿Cómo se siembra el agua?
Para sembrar el agua hay diversos métodos, pero el más efectivo es mediante la reforestación, puesto que las plantas luego sirven de canales naturales para infiltrar las lluvias al subsuelo, o preservar los mantos acuíferos ya existentes.
No puede ser cualquier plantación. Por esa razón, el proyecto de ‘escuela de cuencas’ en Venezuela ha estudiado y contabilizado «un total de 39 plantas específicas» que sirven para sembrar agua, según detalla Libio Rangel, uno de los promotores.
¿En qué beneficia esto a los ecosistemas? Los coordinadores del plan explican que enriquece a las fuentes de aguas superficiales, reduce el recalentamiento de la superficie del suelo y evita la erosión de las cuencas de ríos, lagos y manantiales. En otros países, agrega Rangel, estas características son estudiadas y aplicadas solo con afán de lucro.
Niños participantes en el proyecto para ‘sembrar agua’. Cortesía Escuela de Cuencas
Sin embargo, en Venezuela los promotores de la siembra de agua se enfocan en aplicarlo en las escuelas por su»impacto directo en las comunidades» donde se encuentran las cuencas.
«Creemos que la institución en la sociedad que puede sembrar agua es la escuela, no hay duda», refiere Rangel, quien asevera que si logran diseminar en un niño la cultura de cuidar cuencas, ya es suficiente para que el pequeño se convierta «en un guardián de ríos y manantiales».
En un primera etapa, el proyecto ha beneficiado aquellos lugares de la nación caribeña donde escasea el agua debido a fallas en el servicio o por ausencia de tuberías que la lleven a los hogares.
«En algunos lugares se ha recurrido a los manantiales para servirse de agua para su uso y consumo», indica Rangel, y destaca que las comunidades donde han puesto en práctica la ‘siembra de agua’ se hace un uso apropiado de los afluentes.
¿Cómo funciona?
En la actualidad, el proyecto se divide en tres bioregiones: escuela de saberes Turimiquire, en el estado Sucre; escuela Cumbe Adentro, en Yaracuy; y en la escuela Karive, en Miranda.
«No se trata de sembrar, decir a las cámaras que se cuida el ambiente y olvidarse de eso, como muchas veces pasa», explica Rangel, quien enfatiza que el objetivo es realmente promover hábitos de cuidado medioambiental a través de acciones concretas en las escuelas.
Lo primero es seleccionar un recinto educativo situado cerca de un ‘ojo de agua’, que es como le llaman a un afluente o una zona donde existe evidencia de acuíferos subterráneos.
Recorrido pedagógico en busca de afluentes. Foto cortesía Escuela de Cuencas
Una vez hallado, organizan un recorrido pegagógico con los alumnos. El paso siguiente es hacer un diagnóstico en el aula para la recuperación y aprovechamiento comunal de agua. Con la participación de los alumnos, los promotores del proyecto construyen lo que llaman un ‘curriculum social’, que incluye la participación de la comunidad más cercana.
«Eso implica intercambiar información sobre saberes, servicios, semillas y sabores locales» de la comunidad, detalla Rangel. Sobre la base de esa información, los encargados del proyecto establecen un propuesta, vinculada con la siembra del agua, que beneficie al colectivo.
Finalmente, su puesta en marcha depende las condiciones singulares del entorno social: «Puede ser aprovechamiento para el conuco de una escuela o para preservarlo como cuenca hídrica de donde se puede servir la comunidad», cuenta Barboza.
Los ‘libros vivientes’
No todos pueden ubicar un ‘ojo de agua’. Esa labor, ilustra Barboza, solo la ejecutan los llamados ‘libros vivientes’, conformados por conuqueros, campesinos y agricultores con «comprobada sabiduría popular» sobre cómo cuidar las cuencas hídricas.
Este ‘libro viviente’ es quien levanta, junto a la escuela seleccionada, un mapa de posibles afluentes. En la evaluación se toma en cuenta qué tipo de planta típica se siembra en la comunidad.
Los niños y niñas siembran tallos en un vivero y, una vez que crecen, son plantados en las laderas o cerca de los ‘ojos de agua’ previamente elegidos. «Todo ese proceso de semillas, germinación, siembra, traslado, es entre la escuela y el ‘libro viviente’«, acota Barboza.
Otra figura principal es el ‘alumno enlace’. Rangel lo define como el estudiante con «evidente vocación conuquera» que sistematiza «las condiciones particulares de cada escuela y la comunidad». También es el encargado de llevar las familias al aula para que lo aprendido sea parte de los hogares.
«Es el alumno que gestiona el proyecto no solo en la escuela sino en la comunidad que lo rodea», expresa Rangel.
Desde 2016 hasta la fecha, se han abordado más de 200 escuelas entre los tres estados donde el programa tiene presencia. De ese total, 50 centros educativos se mantienen activos con la iniciativa.
Para Barboza, la escuela de cuencas ha tenido un «avance lento» que se justifica porque la tarea no puede hacerse «de la noche a la mañana». «Esto lleva su tiempo, hay que tener paciencia con el aprendizaje», agrega.
Modelo venezolano será replicado
El proyecto de ‘escuelas de cuencas’ de Venezuela fue presentado durante el I Encuentro Internacional de Sembradores y Guardianes del Agua, efectuado en noviembre de 2018 en Cochabamba, Bolivia.
En la resolución final del foro aprobaron replicar la experiencia venezolana en otros países, empezando en Bolivia. «La verdad es que las escuelas de cuencas en muchos países no están sembrando agua, de esta forma, no», enfatiza Rangel.
Barboza agregó que la propuesta fue acogida, sobre todo por la incorporación de los niños en edad escolar. «Todos los participantes estaban involucrados con la defensa del agua, pero nadie lo había implementado desde lo educativo, y eso llamó mucho la atención», señaló.
I Encuentro de sembradores y guardianes del agua en Bolivia. Cortesía Escuela de Cuencas.
Educar es dirigir, encaminar, apoyar al desarrollo de las capacidades físicas e intelectuales de una persona. Implica poner en práctica un proceso de aprendizaje aplicado con técnica, disciplina y método, precisamente para que esa enseñanza sea aprendida, asimilada y de alguna forma perfeccionada.
No cualquier persona puede educar, tal vez tampoco pueda instruir. El profesor, sin embargo, tiene la responsabilidad de, con ejemplo y acción, hacer ambas, y mostrar a otros aquellas reglas, conceptos, conocimiento y experiencia, vitales en la formación de una persona.
¿Qué significa para un profesor asumir su responsabilidad de enseñanza y educación? La película Escritores de la libertad (Alemania-EUA, 2007) se lo pregunta, tomando como ejemplo a Erin Gruwell, una mujer que en 1994 llegó a la escuela preparatoria de Woodrow Wilson, en Long Beach, California, a enseñar la materia de lengua, con un interés u objetivo principal en mente: ayudar a la formación de los estudiantes adolecentes durante su etapa de desarrollo hacia un crecimiento de independencia y maduración, en un contexto de racismo muy marcado, agravado por la cotidiana violencia que prevalece en las calles de esa localidad estadounidense
La reciente política de inclusión en las escuelas, sin embargo, aunque tomada por el gobierno como medida de reajuste de integración social, necesario, obligatorio, importante, correcto y de equidad en cuanto a oportunidades de educación para la sociedad, resultado además de una serie de protestas sociales llevadas a cabo un par de años antes, no entusiasma a otros profesores como sí lo hace para Erin, y es que la diversidad de culturas también crea un conflicto social que se transporta de la calle a las aulas y choca con el sistema escolar burocrático que funciona a partir de normas y reglamentos estrictos ajenos a la nueva realidad social. Pandillas que pelean con violencia por el que todos reclaman como ‘su territorio’ es una de las cotidianeidades que viven las personas de esta comunidad, y si el conflicto persiste, lo que los jóvenes aprenden es esa relación de enemistad entre razas y personas: latinos, asiáticos, afroamericanos y caucásicos, todos peleando por sobrevivir, pocos dispuestos a convivir.
La mayoría de los profesores se ciñe a cumplir con la exigencia más básica de su empleo, esperando un modelo escolar perfecto, utópico e ideal, que a sus ojos alguna vez tuvieron, previo a los conflictos de 1992, por lo que ahora, de muchas maneras, se limitan a la función de impartir clase con el simple propósito de cumplir con un programa de estudios, independientemente de lo que puedan aprender los alumnos. Erin no quiere sólo eso, pues desea enseñarles a los estudiantes que a través de conocimiento y preparación pueden encontrar las bases para crecer y superarse, pero ello implica compromiso, disciplina, razonamiento, interés, comprensión, paciencia y reflexión, muchas habilidades y valores que nadie se ha preocupado por inculcar a estos chicos, ni en su casa ni en la escuela.
En un principio Erin batalla para conectar con los muchachos, para entender cómo hacerles ver qué tan valioso es su paso por la escuela, porque es más que exámenes, calificaciones, ejercicios, tareas, sentarse en una banca o pasar el grado. Si eso es para ellos (o ni siquiera eso) es porque no ven en la educación una puerta al futuro, una carrera, una profesión, una forma de mejorar su vida y la vida de las personas con quienes viven y la cultura con la que crecieron.
Finalmente la profesora encuentra un terreno común, la realidad misma de violencia que viven los estudiantes, producto del ambiente sociocultural, muchas veces hostil, en el que habitan. Todos conocen el miedo, la opresión, la aflicción, el abandono, la vulnerabilidad, porque lo viven a diario en su contexto, no importa cuál sea su ascendencia o a qué pandilla pertenezcan, ellos o sus familiares y amigos.
Entonces Erin encuentra algo con lo que los jóvenes pueden relacionarse, entender y empatizar, para, a través de ello, entender el significado y la importancia de los valores sociales, ya sea la tolerancia, inclusión, solidaridad, unión, superación o la lucha por un vivir diferente, por ejemplo, y ese algo es el Holocausto. La mayoría de los estudiantes no saben qué es, qué ocurrió históricamente ni qué representó para la humanidad esta etapa de cambio, por lo que la maestra se preocupa por hablarles de la historia pero también de algo más que el hecho histórico (específicamente les asigna leer El diario de Ana Frank), entiéndase lo que le rodea en cuanto a historias de vida, ética, cultura, aprendizaje o crecimiento: qué es la violencia para alguien que pasó de vivirla a sobrevivirla, y, específicamente, qué es y que representó para alguien vivir en un mundo de agresión, discriminación, violencia y muerte, para luego encontrar fuerzas para seguir luchando por seguir adelante, a pesar de todos los obstáculos en su contra.
El paralelismo que la profesora propone entre ese pasado y el presente mismo de los jóvenes permite crear un puente de comunicación, en donde la realidad de la guerra y la persecución de los judíos por los Nazis se convierta en una ventana para los estudiantes desde donde entender que su realidad no tiene por qué definirlos; es parte de ellos pero no los limita, especialmente cuando deciden actuar no con base en el miedo, o el control, o la voz de alguien más, sino según sus valores, apoyándose en otros y entendiendo al prójimo, en lugar de pelearse con él sin fundamento.
Concretamente hay una situación de alta tensión entre dos estudiantes, Eva, de origen latino, y la refugiada de Camboya, Sindy, pues un conocido de Eva disparó y mató accidentalmente a un conocido de Sindy, durante un enfrentamiento en el que el que disparó tenía como objetivo matar a alguien más. Se espera de Eva que proteja a sus allegados y mienta a favor de sus conocidos durante el juicio, lo que termina poniéndola en un predicamento al preguntarse qué es para ella hacer lo correcto: defender a los suyos o decir la verdad. Eventualmente decide que decir la verdad es defender a los suyos, no encubriendo la culpa, sino haciendo justicia, evitar acusar injustamente a un tercero y obligando al responsable a asumir las consecuencias de sus actos, pretendiendo así romper el ciclo de venganzas, represalia, confrontación, riñas y peleas provocadas por la inercia, o por la simple negativa al diálogo sustentada en el individualismo, sectarismo, discriminación, odio y aversión, que los chicos sólo repiten porque es lo que saben y con lo que crecieron. Desafortunadamente la historia no profundiza en el efecto de su decisión, porque en principio ella sufre las consecuencias de su postura al ser amenazada por sus correligionarios y repudiada por su familia. Aquí lo importante es el valor de decidir actuar conforme a sus valores.
Casi recién llegada a la escuela, Erin se da cuenta de una situación particularmente llamativa que le toca vivir, los estudiantes de su aula (esto mucho antes de que comiencen a llevarse bien), se encuentran sentados en el salón de clase, divididos por grupos según su etnicidad. De pronto, una riña en la escuela se desata en el patio y todos salen de los salones hacia la pelea. Erin nota que los mismos jóvenes que tenía sentados minutos antes frente a ella, todos bajo un mismo techo y un ‘terreno común’, aislados y divididos en grupos (tribus o pandillas) pero en paz, ahora se están golpeando los unos a los otros indiscriminadamente.
¿Cómo ayudar al estudiante, a los jóvenes, cómo dejar salir esas preocupaciones, encauzar su ira, inconformidad, dudas y frustraciones, sin tener que recurrir a la violencia, el enojo y el odio en sí? Erin lo logra a través de la escritura, como medio de expresión, y les pide a sus estudiantes escribir un diario, en los que cada uno desahogue todo aquello que piensa, se pregunta, reflexiona, teme o anhela. Ella les dice que sólo los leerá si ellos se lo permiten y para su sorpresa, todos le entregan sus libretas, porque la realidad es que todos quieren ser escuchados, tal vez porque nunca antes se les dio la oportunidad de dar a conocer su voz y su pensamiento, o la oportunidad de la expresión, el aprendizaje, el crecimiento, el diálogo y la comunicación, de escucharlos para entenderlos, en lugar de ser inquisitivo con ellos.
Con esta serie de acciones, aparentemente pequeñas pero significativas Erin se compromete, incluso si la gente a su alrededor no entiende cómo valorarlo, o si las autoridades lo ven más como un conflicto potencial que como algo positivo; y tal vez se compromete demasiado, pero al final hace lo que dijo que quería hacer: ayudar a los jóvenes en su desarrollo y aprendizaje. Y tal vez, en este caso, para tener éxito se requerían sacrificios propios, porque la situación misma lo pedía. La narrativa también aquí refuerza la idea de que los cambios positivos implican esfuerzo, dedicación, esmero. La realidad social, cultural y económica del lugar y la época pedían de alguien dispuesto a ir más allá del programa de estudios, porque el programa mismo no se adaptaba a las necesidades del estudiantado. Y eso es lo que hace Erin, romper barreras para acercarse a la gente que había sido aislada por esos mismos prejuicios sociales.
La propia jefa del departamento escolar, por ejemplo, se niega a prestarles a los alumnos material de lectura, sabiendo que hay una enorme posibilidad de que los libros no sean devueltos, o que lo sean pero dañados, rayados y deteriorados. Su razón tiene una lógica, pues el material servirá después para otros alumnos que cursen el mismo nivel en un futuro inmediato, pero la insistencia de Erin para dar a los jóvenes una oportunidad, darles la mano a personas a quienes nunca se les ha ofrecido, es también importante para hacer posible esa responsabilidad de enseñanza que tienen con ellos.
“Para ganar respeto primero debes respetar”, recalca Erin en un punto de la historia, y esa es la clave de todo; eso hace ella para con sus alumnos, no tratándolos como inferiores, no dándoles la espalda, sino manifestándose dispuesta a escucharlos y aprender también de ellos. Eso es exactamente lo mismo que ellos aprenden en el aula para con sus compañeros, y que tiene un eco en la comunidad, diversa culturalmente hablando, pero similar en cuanto a situaciones de lucha, que no pueden disiparse mientras no haya en efecto respeto entre personas de una misma comunidad. Es así como de alguna forma unos terminan aprendiendo de otros, algo sólo posible gracias a un mediador, a un facilitador, dispuesto a educar, aprender y enseñar, instruyendo. No es fácil de lograr pero sí necesario, en unos contextos sociales más que en otros. Lo notable aquí no es sólo la disposición de la persona al frente, sino también la de aquellos dispuestos a escuchar. En suma, el diálogo y la comunicación interpersonal como fundamento del proceso de enseñanza aprendizaje.
La película, que se basa en el propio libro El diario de los escritores de la libertad, de la auténtica profesora Erin Gruwell, quien publicó la historia anexando extractos de los diarios de sus estudiantes, está escrita y dirigida por Richard LaGravenese, y protagonizada por Hilary Swank, Scott Glenn, Imelda Staunton, Patrick Dempsey, April Lee Hernández y John Benjamin Hickey, entre otros.
La enseñanza del inglés vive un auge gracias a que cada vez más personas se interesan en el idioma por gusto, sin embargo, aún enfrenta importantes desafíos como mejorar su penetración dentro de la población y elevar los sueldos de los profesores.
A los mexicanos sí les interesa aprender inglés. Pero alcanzar esta meta es complicado para la mayoría de los que se embarcan en esta aventura, debido a las barreras culturales.
Diversas empresas han encontrado una oportunidad en este negocio que experimenta un crecimiento sostenido desde hace una década. Las cifras no mienten: el mercado global de aprendizaje de inglés se valoró en 3 mil 247 millones de dólares (mdd) en 2018 y se anticipa que crecerá 15.2 por ciento para alcanzar los 11 mil 445 mdd al cierre de 2027, de acuerdo con la firma de investigación de mercados Research and Markets.
La industria tiene un potencial para seguir expandiendo sus horizontes dentro y fuera de México, al tomar en cuenta que en la actualidad existen mil 400 millones de hablantes no nativos interesados en adoptar al inglés como su segunda lengua.
Para 2020 habrá aproximadamente 2 mil millones de personas que estarán hablando o aprendiendo inglés, hoy, los ciudadanos que tienen algún tipo de conocimientos de este idioma son mil 75 millones, cerca del 25 por ciento de la población mundial total.
Entre los factores que influyen en el auge están la adopción del sistema de educación digital y la incorporación del plan de estudios en inglés en las escuelas de todos los niveles.
Eduardo Soto, director general de Harmon Hall, asegura que el inglés es el idioma de los negocios pero este no es el único motivo por el cual los mexicanos deciden aprenderlo.
Vivimos en un mundo globalizado y dominar el inglés no da solo un valor agregado, contar con un conocimiento mínimo es una necesidad para poder acceder a puestos clave o incluso para interactuar con otras personas
Las palabras de Soto se respaldan al tomar en cuenta que 96 por ciento de los mexicanos lo consideran una necesidad; 54 por ciento lo aprende por gusto; un 44 por ciento considera que les permite mejorar sus oportunidades laborales, en tanto que el 15 por ciento considera mudarse a un país donde se habla, según análisis elaborados por British Council y KOE México.
INTERNET, THE BEST FRIEND EN LA ENSEÑANZA DEL INGLÉS
El inglés ha encontrado su consolidación gracias al mundo digital. Esto no resulta extraño al tomar en cuenta que 80 por ciento de la información en la red se encuentra disponible en este idioma.
De los 10 millones de sitios web más importantes a nivel mundial, 51.2 por ciento están en inglés, mientras que el 6.8 por ciento en ruso.
El aumento de redes sociales, el consumo de videos y una economía global cada vez más digitalizada seguirá impulsando la adopción del inglés.
El método de enseñanza de inglés en línea ha ganado popularidad, gracias a la preferencia de la generación Z y millennials, pues la comodidad las páginas de internet les permite tomar clases desde cualquier dispositivo móvil y a la hora que lo prefieran.
Además, los proveedores establecidos están expandiendo sus operaciones y aumentando su penetración global apoyados de este canal. La plataforma del curso EBC International TEFL Certificate estima que las ganancias de los jugadores online se han triplicado entre 2002 y 2016, al generar ingresos por más de 466 mdd.
Samira Camarena, profesora de inglés en la academia de idiomas S-Peak, comparte que estas generaciones adoptaron de manera sencilla la formación e-learning porque son nativos digitales y están acostumbrados a las grandes transformaciones.
“La formación online les permite compaginar su vida personal con su vida profesional y eso es algo muy importante para ellos. Los estudiantes pasaron de tomar clases frente a un pizarrón a tenerlas en su teléfono con contenidos mucho más interactivos e interesantes”, dice la también traductora.
EL STOP EN EL NEGOCIO
A pesar de que el inglés es más necesario que nunca en la vida diaria y al interior de las empresas. Anteriormente era requisito necesario para aspirar a un puesto de alto nivel jerárquico, sin embargo, en la actualidad es indispensable para el funcionamiento correcto de las cadenas de suministro, el contacto con clientes y entablar negociaciones que cruzan las fronteras.
En 2016, más del 70 por ciento de las empresas en 28 países no angloparlantes reportaron que el inglés era importante para sus negocios y el 11 por ciento aseguró que era el idioma principal.
Eduardo Soto comparte que el panorama para los jugadores del mercado es alentador, pero, como cualquier negocio, también se enfrenta a diversos desafíos, como hacer que más personas puedan acercarse a la enseñanza del inglés.
“Tenemos que encontrar la mezcla ideal para que el acceso sea más fácil y que la estructura de costos haga que más usuarios quieran tomar los cursos presenciales o en línea. El reto más importante es acercar y generar una mayor penetración dentro de la población”, precisa el director general de Harmon Hall.
En el último Índice de Nivel de Inglés elaborado por Education First (EF), México se ubica en la posición 57 de 88 países o regiones, con una clasificación de 49.76 puntos, considerada en el nivel bajo.
Dentro del negocio, otra de las barreras es la demanda frente al número de maestros. Aunque existen 12 millones de profesores de inglés activos en el mundo, hay escasez de talento.
Un reporte elaborado por la plataforma Cefrexambot revela que el 80 por ciento de los docentes de inglés en el extranjero, particularmente en escuelas públicas, no son hablantes nativos de inglés porque no hay suficientes maestros para satisfacer la demanda.
Samira Camarena comparte que otro de los frenos del negocio son los bajos salarios que se pagan por hora, en especial, en educación infantil. Sin embargo, la profesora manifiesta que en los años que lleva impartiendo clases ella y otros de sus colegas han sabido sacarle provecho a los retos que se presentan.
El que no haya tantos maestros certificados dando clases afecta al país, pero eventualmente estos niños y jóvenes se volverán alumnos porque para entrar a una empresa a trabajar les pedirán contar con habilidades en inglés y buscarán la enseñanza profesional porque algo es innegable: el inglés es el idioma universal.
La Organización de Estados Iberoamericanos pone en marcha el Instituto Iberoamericano para la Educación y la Productividad.
Algunos son países ricos en recursos naturales, pero esa riqueza no se traduce en una reducción de la desigualdad. En Honduras, Guatemala o Salvador la distancia económica entre un pobre y un rico se multiplica por 70, frente a las 7 veces de Uruguay. ¿Cómo reducir esta brecha? Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) lo tiene claro. Una de sus recetas es conseguir la universalización de la educación secundaria. «Si logramos cumplir la escolarización, al menos, hasta los doce años será más fácil integrarse en la revolución tecnológica», aseguró ayer en Madrid durante un desayuno celebrado en la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
El encuentro contó también con la participación de Max Trejo, secretario general de la Organización Internacional de Juventud para Iberoamérica y fue presentado por Mariano Jabonero, secretario general de la OEI. El acto sirvió como puesta de largo del nuevo Instituto Iberoamericano para la Educación y la Productividad.
Este nuevo organismo se encargará de analizar la competitividad y productividad de los factores de producción de los países iberoamericanos, así como identificar las mejores prácticas políticas para favorecer el conocimiento y la innovación con el objetivo de estimular el crecimiento económico.
En el punto de mira de este instituto están asignaturas pendientes como la digitalización, la innovación y el desarrollo de la tecnología. Y siempre orientado a mejorar la productividad, la formación de empleo y su impacto sobre el sistema educativo. La educación sería el primer paso para romper un círculo vicioso que genera una desigualdad ineficiente para un país desde un punto de vista económico.
Nuevas habilidades técnicas
Adquirir nuevas habilidades técnicas y la formación continuada de los trabajadores vascularon durante todo el debate como la apuesta para no perder el tren de la revolución tecnológica. Formación y más formación, pero también medios. «¿Cómo vamos a implantar modelos de telemedicina si no tenemos una buena cobertura de internet en muchas zonas de América Latina?. Se nos morirían los pacientes», ironizó Bárcena.
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