México / 16 de septiembre de 2018 / Autor: Luis Hernández Navarro / Fuente: La Jornada
Visto desde arriba, desde las pugnas de las élites y la ingeniería de fabricación de conflictos, la salvaje agresión de los porros contra una manifestación pacífica de alumnos del CCH Azcapotzalco frente al edificio de Rectoría en Ciudad Universitaria (CU) fue una clara provocación para generar un problema de grandes proporciones sociales.
Mirada desde abajo, desde el hartazgo juvenil contra la inseguridad y el acoso y el malestar de los profesores de asignatura con la precariedad laboral, la vigorosa y masiva movilización y el paro generalizado en la UNAM con el que los jóvenes universitarios respondieron a la golpiza, constituye una acción legítima, nacida de las problemáticas no resueltas que atraviesan buena parte de la comunidad de esa institución.
La agresión del 3 de septiembre fue perpetrada a plena luz del día, frente a cámaras de televisión, para ser difundida masivamente. Haciendo ostentación de su violencia, los porros atacaron a estudiantes pacíficos, sin el menor cuidado por esconder su identidad. Buena parte de la prensa presente en Rectoría informó con objetividad que la golpiza era obra de los grupos de choque. Las redes sociales viralizaron la embestida.
En todo momento los porros contaron con la complicidad y el apoyo de los servicios universitarios de vigilancia. Se trasladaron a CU desde el estado de México. Fueron convocados por la Dirección General del Deporte Universitario, a cargo de Alejandro Fernández Varela. Teófilo Licona, El Cobra, funcionario de Auxilio UNAM, aparece en muchos videos junto a los golpeadores.
Desde la lógica de las pugnas en las élites, un conflicto de grandes proporciones en la UNAM podría enorpecer la supuesta transición de terciopelo del futuro gobierno. Más aún si se empalma con el inminente estallido de 10 universidades públicas que se encuentran en bancarrota. Todo ello agravado, por el viraje de una buena parte de la nomenclatura de la UNAM hacia el lopezobradorismo, en detrimento de su tradicional alianza con el priísmo.
Pero, independientemente de las causas que pudieron auspiciar la provocación, la respuesta estudiantil tiene vida propia. Cuando los jóvenes estudiantes de los CCH o de las preparatorias exigen la renuncia de Benjamín Barajas o del rector Enrique Graue, no están siendo manipulados por nadie. Conocen los vínculos de Barajas con el porrismo y la indolencia con que el rector ha respondido a los casos de violencia contra estudiantes universitarios.
La agresión de los porros del pasado 3 de septiembre fue la gota que derramó el vaso. No fue un hecho de violencia aislado. Esos mismos grupos de choque agreden cotidianamente a los alumnos en sus escuelas, los roban, extorsionan y molestan.
Pero, además, los jóvenes universitarios (especialmente las mujeres) padecen dentro del territorio puma un clima de inseguridad que, aunque no es exclusivo de la UNAM, resulta inadmisible. La lista de las barbaridades que sufren es inacabable.
El pasado 20 de agosto, la estudiante de CCH Oriente Miranda Mendoza fue secuestrada al salir de la escuela. Los criminales la asesinaron y calcinaron. El 3 de mayo de 2017, Lesvy Osorio fue estrangulada por su novio con el cable de un teléfono dentro de CU. Las autoridades difundieron la versión de que se había suicidado. El 23 de enero, Marco Antonio Sánchez, de 17 años, de la Preparatoria 8, fue arrestado por policías y luego desapareció. Cinco días después fue hallado a 30 kilómetros de distancia, con otra ropa, golpeado y con alteraciones de conducta.
En los años recientes, se han multiplicado las denuncias de acoso sexual y comportamiento indebido contra maestros universitarios. Las alumnas están hartas de la impunidad de los docentes acosadores. Por ello, el punto 4 de la minuta de la masiva asamblea interuniversitaria del pasado 7 de septiembre, se titula Violencia de género y contra la mujer. Entre las demandas que sostiene se encuentra la resolución de los casos de violencia de género, agresiones, feminicidios y desapariciones de los miembros de la comunidad universitaria.
Los funcionarios universitarios han respondido a estas violencias con dejadez e indolencia, como si no pudieran hacer nada para remediarlas. En cambio, los jóvenes las consideran inadmisibles y exigen acciones eficaces para remediarlas (punto 5 del pliego petitorio). Para ellos, las autoridades son omisas e insensibles con la problemática. Más aún ante fenómenos como el porrismo, en el que están directamente involucrados algunos funcionarios de dentro y fuera de la UNAM.
Sin embargo, para la movilización estudiantil en curso, la problemática de su institución va más allá de las agresiones porriles o de la violencia endémica que padecen. Y, aunque algunos actores desean contener la protesta a los estrechos márgenes de la la lucha contra el porrismo, en el ideario de los jóvenes son igual de importantes la democratización de la UNAM y la defensa de la educación pública. A ver cómo los frenan.
Perú / 16 de septiembre de 2018 / Autor: Redacción / Fuente: La República
El texto está compuesto de testimonios de docentes de escuelas públicas y privadas sobre los cambios que tuvieron que hacer por las nuevas tecnologías.
Hugo Díaz, expresidente del Consejo Nacional de Educación y asesor de la Fundación Telefónica, presentará su libro “50 años de docencia en el Perú», escrito junto al exviceministro de Educación,César Picón, en la cual reflexiona sobre cómo se ha transformando la formación educativa en el Perú.
Según el ex presidente, la educación de ayer era trasmisora, memorística y alejada de las realidades de la vida cotidiana. En la actualidad, las nuevas tecnologías da los estudiantes construir su aprendizaje más avanzado, a trabajar en equipo y utilizar las herramientas digitales.
Asimismo, mencionó que los profesores se van dando cuenta que ya no se puede continuar enseñando con materiales antiguos, solo con pizarra y tiza pues los niños de esta época se aburren. Ante ello, los docentes están obligados a recurrir a la tecnología, siendo una herramienta más dinámica para el aprendizaje.
Hugo Díaz dijo que el libro ofrece una mirada específica acerca de la trayectoria de la docencia en las últimas cinco décadas a través de las voces de los educadores de base de las instituciones educativas públicas del país.
El libro contiene tres capítulos: el primero trata sobre cuánto cambiaron la sociedad, las tecnologías y la educación en relación con los procesos de aprendizaje y las responsabilidades docentes, los cambios en el comportamiento del estudiante y de la familia, problemas de niños y adolescentes que afectan a su formación.
El segundo capítulo aborda tres elementos clave para los cambios educativos: temas relacionados con el docente, los aprendizajes y el currículo, y la gestión escolar y finalmente el tercer capítulo trata, desde la voz de los maestros, las propuestas para el futuro de la educación peruana, como propuestas vinculadas con los temas focales abordados por los docentes que participaron en los diálogos.
El Salvador / 16 de septiembre de 2018 / Autor: D. Brent Edwards Jr / Fuente: El Faro
Después de escribir un artículo en El Faro Académico sobre la historia oculta del program EDUCO, Óscar Picardo publicó una columna de opinión en la cual ofreció una perspectiva diferente y rechazó varios de los hallazgos que yo había compartido sobre la historia de EDUCO. En dicha columna, Óscar descalifica varios de los hallazgos, dejando en evidencia que no había leído de forma rigurosa las publicaciones en las cuales se basaron. Todo lo que digo en mi artículo ha sido investigado y explicado detalladamente en mis varias publicaciones académicas, que incluyen no sólo un libro sino numerosos artículos (aún escritos en español).
No es mi costumbre responder a columnas de opinión sobre mi trabajo científico y tampoco lo haré esta vez, sin embargo, dado el manto de duda que pudo haber generado sus ligeros comentarios sobre la seriedad de mi trabajo, me permito escribir este comunicado, no en respuesta a Óscar, sino en beneficio de las personas que deseen ir más allá de la opinión y quieran ir directo a las evidencias disponibles. Algo que él no hizo.
Paso entonces a ilustrar cada punto con algunas de las evidencias disponibles. Debo decir que este ejercicio no resultará difícil en tanto que todo está detallado en mis otras publicaciones sobre el tema:
Los archivos de Mirian Basso: Óscar menciona los documentos de Mirian Basso, quien trabajó con el Ministerio de Educación (MINED) en los años 90 (pero no fue empleada del mismo) y quien desempeñó un papel importante en la historia de EDUCO. Todavía tengo todos los documentos (220 páginas), y en forma digital, para quien desee revisarlos. Cabe destacar también que Basso sí fue consultora con UNESCO en El Salvador (no UNICEF, como dice Óscar), a partir del 11 de junio de 1990, como revelan sus archivos, con el “Proyecto movilizador de alfabetización y educación básica para todos”. Parece que Óscar no conoce muy bien los detalles de los archivos que tiene. Después, entre marzo 1991 y diciembre 1993, Basso fue la coordinadora de EDUCO y su cargo fue financiado por un préstamo del Banco Mundial.
Otros archivos y entrevistas: Además de revisar los documentos de Mirian Basso, investigué los archivos de todas las organizaciones relevantes, incluyendo el MINED, el Banco Mundial, la Agencia de Desarrollo Internacional de los EE.UU. (USAID), FUSADES, La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy. Se debe subrayar que sólo es posible acceder a importantes archivos del Banco Mundial si uno visita la sede de esta institución en Washington D.C. Esto fue, justamente, lo que tuve que hacer. Más allá de los archivos, en mi estudio realicé 82 entrevistas a representantes de dichas organizaciones. Entre los entrevistados están todos los ministros de Educación entre 1990 y 2009, la consultora de UNESCO (Mirian Basso), los miembros de la oficina de EDUCO del MINED (además de otras personas clave del MINED), los funcionarios del Banco Mundial y de la USAID que trabajaron en El Salvador antes y después del inicio de EDUCO, y especialistas de FUSADES, FEPADE, la UCA y otras organizaciones. Todo esto y más se detalla en el capítulo 4 de mi libro sobre EDUCO.
El interés en EDUCO de los países vecinos: Óscar plantea una discrepancia sobre la cronología de la atención que recibió el programa EDUCO. El hecho es que, en septiembre de 1992, el MINED de Guatemala hizo contacto con el MINED salvadoreño para arreglar una visita para estudiar el programa, como menciono en mi libro (capítulo 8, p. 197). Están de evidencia, también, los archivos de Mirian Basso.
La evidencia cuantitativa de EDUCO: Existen seis estudios cuantitativos de EDUCO producidos por el Banco Mundial; Óscar menciona sólo uno de ellos. Él también afirma que estos estudios indican la superioridad de EDUCO. Un análisis sobre la metodología y las limitaciones de las estadísticas de cada uno de los seis estudios puede verse en mí artículo “El programa EDUCO, las evaluaciones de impacto y la economía política de la reforma educativa global ” (Edwards y Loucel, 2016). Como podrá verse ahí, no hay evidencia clara de que EDUCO haya producido resultados mayores. Incluso los autores del estudio más famoso admiten esto. En 1999, en su discusión sobre el desempeño de los estudiantes, los autores Emmanuel Sawada y Yasuyuki Sawada sostuvieron lo siguiente: “el efecto de EDUCO sobre las calificaciones en los exámenes de lenguaje es positivo y significativo, mientras su efecto en el desempeño en matemática es positivo y no significativo” (Jimenez & Sawada, 1999, p. 428). Sin embargo, esta afirmación es precedida por la siguiente salvedad: “Nuestra medición de la ventaja que muestra EDUCO en las calificaciones de lenguaje, puede ser imprecisa. Nuestra medición del coeficiente de EDUCO es sensible a la especificación de la ecuación de participación” (p. 428). Ellos hacen referencia al hecho de que sus modelos más específicos (es decir, más completos) muestran claramente que los resultados tanto de lenguaje como de matemática no son significativos.
Pruebas estandarizadas: Óscar afirma que tiene resultados de pruebas estandarizadas que indican que los estudiantes de las escuelas EDUCO obtuvieron mejores resultados en tales pruebas, pero como él mismo debe saber, de los resultados absolutos o crudos nada se puede asegurar, pues hay que controlar las diferencias en los estudiantes para poder hacer una comparación entre el efecto del modelo EDUCO y el modelo de gestión de las escuelas rurales tradicionales.
Efecto negativo de EDUCO: Aunque no lo mencioné en mi artículo para El Faro, hay más evidencias que expresan los efectos de EDUCO. De hecho, Helga Cuéllar-Marchelli, quien trabaja para FUSADES, investigó los efectos de EDUCO en su tesis doctoral (Cuéllar-Marchelli, 2003) e intentó mejorar los modelos estadísticos de Jiménez y Sawada (1999). Increíblemente, cuando incorporó sus cambios, ella encontró que el programa EDUCO fue asociado con resultados peores a los de las escuelas rurales tradicionales. (Véase el capítulo 2 de mi libro).
La evidencia cualitativa: Hay por lo menos seis estudios cualitativos serios de la implementación de EDUCO (además de otras evaluaciones formativas de 1991-1992), la mayoría de los cuales no son bien conocidos. En un artículo -que ya fue aprobado y que saldrá proximamente en la Revista de Humanidades y Ciencias Sociales- reviso todos los estudios y examino lo que dicen sobre cada aspecto del programa en la práctica. Como noto allí, el estudio más profundo de la implementación del programa fue llevado acabo por el MINED en 2005 e incluyó 23 comunidades en 10 de los 14 departamentos del país. Es irónico que un estudio que salió durante un gobierno de ARENA (y cuando Darlyn Meza era la Ministra) documentara extensivamente los desafíos, limitaciones y fracasos del programa en la realidad (Ayala, 2005).
La Comisión Nacional de Educación, Ciencia y Desarrollo: Óscar cree que esta Comisión dirigió la Reforma Educativa en El Salvador en los años noventa. La verdad es que el informe de esta Comisión fue, más que todo, un aporte simbólico para el proceso de formación de la política educativa que tomó lugar durante 1993-1995. No había duda de que EDUCO iba a continuar como programa prioritario para el MINED. (Véase el capítulo 7 de mi libro).
Programas previos a EDUCO: Óscar menciona varios programas que cree que antecedieron al programa EDUCO. Como aclaro aquí, ninguno de los que Óscar subrayó tenía que ver con los inicios de EDUCO. Un informe escrito por Mirian Basso (1994) reveló que en noviembre de 1990 “se tomó la decisión de oficializar el modelo encontrado en donde la comunidad realiza la gestión en el nivel local” (Basso, 1994, p. 15). En términos específicos, tanto Óscar en su columna de opinión, como el Banco Mundial en los documentos internos, hablan del programa PAIN (PAIN significa Programa de Educación Pre-primaria y de Estimulación Temprana para Niños con 0-6 años de edad, o, en inglés: “Pre-primary Education and Early Stimulation Program for Children aged 0-6 years old”). Mientras Óscar no ofrece una fecha, el Banco Mundial mencionó este programa en noviembre de 1990. En todo caso, lo importante es que este programa se orientó a proveer servicios de salud a los 78 municipios más pobres del país y no involucró el aspecto de la gestión comunitaria. En el ámbito de la educación, los documentos internos del Banco Mundial también abordaron (por primera vez, en noviembre de 1990) las “Asociaciones Comunitarias de Educación Parvularia”. Fue esta iniciativa la que llegaría a ser el programa EDUCO, después de probar el modelo en seis comunidades piloto, lo cual comenzó en diciembre de 1990 (véase p. 184 de mi libro). En cuanto al programa SABE, que Óscar también mencionó, es otra vez fácil de responder. El nombre SABE significa Strengthening Achievement in Basic Education, o Solidificación del Alcance en la Educación Básica en español. Mientras el convenio de donación para el mismo fue firmado en septiembre de 1990, el programa no comenzó sino hasta 1991, como la evaluación final lo afirma (AED, 1998). Es más, el convenio de donación hace evidente que USAID tenía en mente otras formas de participación comunitaria. Tal como declara el convenio, las actividades en las cuales se enfocaban las acciones de USAID incluían “un fondo local de incentivo escolar que proporcionaría premios como juegos de enciclopedias para competencias entre escuelas y apoyo para la expansión de las asociaciones de Padres de Familia/Maestros” (USAID, 1990, p. 23).
Tensiones entre MINED y comunidades afiliadas con el FMLN: Óscar hace la afirmación de que EDUCO no fue un intento del gobierno para subyugar a las comunidades afiliadas con el FMLN. No obstante, no es un secreto que habían tensiones entre el MINED y estas comunidades, especialmente antes de la firma de los Acuerdos de Paz. Para saber más de la manera en que estas dinámicas afectaron el desarrollo de EDUCO, uno puede referirse al capítulo 7 de mi libro (pp. 181-187, 195-197). Como un ejemplo de estas tensiones, retomo las siguientes palabras de un alto funcionario de USAID, quien trabajó en El Salvador a principios de los años 90: “El MINED, a veces, sabotearía… cualquier cosa que avanzara con el FMLN. El MINED simplemente no estaría de acuerdo con que parte del dinero (v.g. asistencia internacional) sea para ellos. Y esa respuesta negativa hacia los rebeldes, tú sabes, era como una dinámica de hombre rico, hombre pobre. Si se comportan bien, están bien, pero, si no, necesitamos eliminarlos. Y ella, la Ministra Gallardo de Cano, tenía esa actitud… Y en términos de las escuelas con educación popular, ella quería que desaparecerian” (Edwards, 2018, p.182).
Cambios estructurales, FUSADES y FEPADE: Óscar arroja dudas sobre el papel de USAID en la evolución de FUSADES y FEPADE. Para empezar la respuesta, hay que notar primero que las estructuras políticas y económicas del país cambiaron en los años 80, tal como ha sido bien documentado por historiadores (LeoGrande, 1998) y los economistas políticos (Robinson, 2003). En este proceso, no hay ambigüedad cuando hablamos del apoyo que Alfredo Cristiani y la “nueva derecha lúcida” recibió de los EE.UU. y USAID (Foley, 1996; LeoGrande, 1998; Quán, 2005; Robinson, 2003, p. 87). Además, como parte de la estrategia de fomentar la emergencia de una élite política que estaría dispuesta a sacar adelante la liberalización económica, USAID ofreció apoyo significativo a FUSADES, una organización dedicada a los asuntos económicos y sociales que llegaría a ser “el ‘think tank’ (o tanque de pensamiento) con más influencia en El Salvador” (Foley, 1996, p. 71). Si bien FUSADES fue fundado en 1983 por unos salvadoreños ricos que contribuyeron con $1.600 cada uno, esa suma fue incrementada en 1984 por un contrato con USAID que eventualmente tendría un valor de $50,46 millones de dolares (Foley, 1996). A través del tiempo, entre 1983 y 1993, USAID otorgaría a FUSADES contratos con un valor no menos de $150 millones (Robinson, 2003). Pero de igual importancia, hay que reconocer que FUSADES sirvió como un espacio organizacional para incubar y promover la ideología económica neoliberal. Parte de esta estrategia fue traer economistas conservadores directamente de la Universidad de Chicago y de Chile para desempeñar el papel de asesores para el desarrollo de programas económicos y sociales que se convertirían en política de gobierno una vez que Cristiani ganara la presidencia. Y tal como escribí en mi artículo para El Faro Académico, “por lo menos 17 líderes del sector empresarial y otras personas vinculadas con FUSADES entraron al nuevo gobierno” (Segovia, 1996, p. 55). Esto contó con el apoyo político e intelectual del Banco Mundial. De hecho, un economista del Banco (José Marqués) tomó un año sabático para trabajar en el equipo económico de FUSADES, mientras su esposa ocupaba un importante puesto en el gabinete económico (Sollis, 1993). Como puede verse, no se trata de una teoría conspirativa, como sugiere Óscar, sino de una estrategia clara de colaboración por parte de USAID y el Banco Mundial durante una época en la cual el entorno político y económico del país cambiaba de manera drástica. Estos cambios sólo habrían sido posibles gracias a la co-occurrencia de la guerra civil y la Guerra Fría, pues esto detonó el involucramiento extensivo de los Estados Unidos en los asuntos salvadoreños, generando, además, limitaciones y oportunidades reales para los actores políticos y económicos del país. (Para ver con más detalle este contexto, véase el capítulo 6 de mi libro).
Investigaciones de Óscar Picardo: Óscar intenta establecer credibilidad para sus críticas cuando hace referencia a sus propios informes sobre EDUCO (la mayoría de los cuales no fueron publicados). También tengo estos (Picardo, n.d., 2001; Picardo et al., 2008). Dos de ellos abordan la historia de EDUCO, pero ofrecen una perspectiva sobre esta historia sin incluir documentación académica y sin una discusión de métodos de investigación. Por ende, son informes que presentan una visión limitada. Si bien son útiles, y mucho de lo que dicen es cierto, todavía son incompletos en su tratamiento de la historia de EDUCO. Es más, los informes indican que Óscar no tiene un entendimiento profundo del aspecto político del programa. A tal fin, aunque Óscar quiere ser “menos imaginativo y más realista,” parece que no quiere ser más riguroso ni completo en sus investigaciones o declaraciones acerca del mismo ni más realista en términos de reconocer que la reforma educativa siempre tiene un aspecto político y siempre se hace dentro de limitaciones de naturaleza política.
“La madre” de EDUCO contra la historia de EDUCO: Óscar concluye su artículo recordando que Mirian Basso fue la madre de EDUCO. Como fue escrito anteriormente en este ensayo, y como explico con más detalle en mi libro, Mirian Basso fue un personaje muy importante en la historia de EDUCO. Pero eso no cambia la realidad de que Miriam tuvo que enfrentar las limitaciones de su situación cuando interactuaba con otros actores del MINED y del Banco Mundial. Es esto lo que ella personalmente me explicó cuando la entrevisté en mayo y junio de 2012; es también esto lo que yo explico con más profundidad en el capítulo 7 de mi libro (específicamente páginas 181-187). Pero el punto más importante aquí es que la historia de un programa o una política va más allá del conocimiento y la experiencia de una sola persona. A tal fin, la historia que contiene mi libro es una historia matizada de los desafíos y posibilidades que dieron paso a la evolución del programa EDUCO. La mayoría de los matices se pierden en un artículo corto para El Faro Académico, pero resulta fácil encontrar todos los detalles que uno quiere—y más—si se hace un esfuerzo serio para buscarlos.
Alumnos del centro escolar Cantón San Antonio Grande, en El Paisnal. Esta aula reúne a estudiantes de sexto y séptimo grado, aunque en algunas escuelas se reúne en un mismo salón a tres grados distintos. Foto de archivo | El Faro
La diferencia entre el comentario de Óscar y mi análisis es que este último se basa en años de exploración sistemática de toda la información relevante, dentro y fuera de El Salvador. Como tal, soy capaz de proveer evidencia para cada aspecto de mis hallazgos. (A tal fin, digitalicé todas las miles de páginas de archivos que revisé, si alguien desee investigarlas). Es más, mi análisis ha sido juzgado y publicado en varias revistas científicas, y todos los artículos están disponibles gratis en mis páginas de web. Mi récord está allí para quien quiera investigarlo más.
Tal como demuestran mis publicaciones académicas, hago ciencia social; no me ocupo de escribir mis opiniones en periódicos para alimentar mi perfil público. Si alguien quiere presentar otra perspectiva de la historia de EDUCO, le sugiero que lo haga de forma académica. Uno puede buscar credibilidad en los archivos que posee (v.g. de Mirian Basso), pero los archivos no ayudan si uno no sabe la información que contienen y si uno no ha profundizado su conocimiento con otras fuentes que vayan más allá de la recolección personal.
Al final, lo importante es darse cuenta de que la reforma educativa sí tiene un aspecto político y que los intereses particulares siempre la afectan. Es imperativo que entendamos estos intereses, la manera en que interactúan y la forma en que se resuelven porque, al hacerlo, nos permite considerar si queremos que los procesos sean diferentes.
Las publicaciones en español sobre la historia de EDUCO :
Edwards Jr., D. B. y Loucel, C. (2016). El programa EDUCO, las evaluaciones de impacto y la economía política de la reforma educativa global. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 24 (92), 1-53. Disponible en:https://epaa.asu.edu/ojs/article/view/2019
Edwards Jr., D. B. y Pages, M. (próximamente). La historia oculta de EDUCO y sus resultados desconocidos: Conexiones entre EDUCO, el apoderamiento comunitario y la Guerra Civil en El Salvador. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales.
Edwards Jr., D. B., Victoria, J.A., & Martin, P. (2014). Corrientes internacionales, desarrollos estructurales, preferencias nacionales y la implementación de políticas educativas: Hallazgos en El Salvador durante el periodo 1990-2005. Journal of Supranational Policies of Education, 2, 111-140. Disponible en:https://revistas.uam.es/index.php/jospoe/article/view/5630
Referencias:
AED. (1998). Strengthening Achievement in Basic Education SABE Project: Final Report.
Ayala, R. (2005). Evaluación del programa de Educación con Participación de la Comunidad-EDUCO. MINED: San Salvador.
Basso, M. (1994). EDUCO: Una experiencia en marcha. MINED: San Salvador.
Cuéllar-Marchelli, H. (2003). The cost-effectiveness of EDUCO and traditional public school in rural El Salvador. Unpublished dissertation. Teachers College, Columbia University: New York
Edwards Jr., D. B. (2018). The trajectory of global education policy: Community-based management in El Salvador and the global reform agenda . New York: Palgrave MacMillan.
Edwards Jr., D. B. y Loucel, C. (2016). El programa EDUCO, las evaluaciones de impacto y la economía política de la reforma educativa global. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 24 (92), 1-53. Disponible en:https://epaa.asu.edu/ojs/article/view/2019
Foley, M. (1996). “Laying the Groundwork: The Struggle for Civil Society in El Salvador.” Journal of Interamerican Studies and World Affairs, 38 (1): 67-104.
Jimenez, E., & Sawada, Y. (1999). Do community-managed schools work? An evaluation of El Salvador’s EDUCO program. The World Bank Economic Review, 13 (3), 415-441.
Lindo-Fuentes, H. y Ching, E. (2012). Modernizing minds: Education reform and the Cold War, 1960-1980.Albuquerque: University of New Mexico.
Picardo Joao, O. (sin fecha). Educación y participación: Dos experiencias Centroamericanas.
Picardo Joao, O. (2001). EDUCO: Diez años de educación de calidad con participación.
Picardo Joao, O., Escobar Banõs, J. C., y Pacheco, R. (2008). EDUCO, en Diccionario enciclopédico de ciencias de la educación. (pp. 171-176). San Salvador: Universidad Dr. José Matías Delgado.
LeoGrande, W. (2000). Our own backyard: The United States and Central America, 1977-1992 . Chapel Hill: University of North Carolina.
Lindo-Fuentes, H. y Ching, E. (2012). Modernizing minds in El Salvador: Education reform and the Cold War, 1960-1980 . Albuquerque: University of New Mexico.
Quán, A. (2005). Through the Looking Glass: U.S. Aid to El Salvador and the Politics of National Identity. American Ethnologist, 32 (2): 276-293.
Robinson, W. (2003). Transnational conflicts: Central America, social change, and globalization . Verso: New York.
Segovia, A. (1996). Macroeconomic performance and policies since 1989. In J. K. Boyce (ed.), Economic policy for building peace: The lessons of El Salvador. (pp. 51-72). Boulder: Lynne Rienner.
Sollis, P. (1993). Poverty alleviation in El Salvador: An appraisal of the Cristiani government’s social programme. Journal of International Development, 5 (5), 437-458.
USAID. (1990). Convenio de donación para Solidificación del Alcance en la Educación Básica entre la República de El Salvador y los Estados Unidos de América, septiembre 21, 1990. San Salvador, El Salvador: USAID.
Filipinas / 16 de septiembre de 2018 / Autor: El País / Fuente: Elige Educar
Un profesor de Filipinas crea una escuela flotante para recorrer el río y enseñar a los jóvenes a leer.
La aulas estaban casi vacías. Era el principal problema de Ryan Homan cuando fue nombrado director de la escuela primaria San José, al sudeste de Manila, la capital de Filipinas. El río que atraviesa la provincia de Sorsogon era el único camino que unía a la más de 50 aldeas de la zona. Así que, sin una embarcación para navegar hasta el colegio, la mayoría de alumnos dejaba los estudios.
Homan intentó conseguir recursos de las autoridades locales, algunas empresas de la zona y hasta convenciendo a los padres sobre la importancia de la escolarización, pero no obtuvo resultados inmediatos. “Tenía que buscar una solución lo antes posible, porque estábamos en los últimos puestos de la lista de escolarización en Filipinas, y teníamos una escuela sin apenas alumnos”, explica el maestro, de 31 años. “Yo nací en esta región, vengo de una familia muy pobre, así que entendía a la perfección que en la zona no abunda el dinero para comer, así que mucho menos para enviar a los niños a la escuela”.
Entonces surgió la idea de visitar las aldeas para dar clase a los alumnos que no podían ir hasta el centro. Los vecinos y algunos maestros del colegio construyeron una balsa con palos de bambú, un techo improvisado de lona y una caja plástica donde meter un puñado de libros. “Los fines de semana, cuando contábamos con más tiempo libre, decidí recorrer en la balsa las distintas aldeas”, relata Ryan Homan.
Un grupo de alumnas posa con sus lecturas. Foto de Melissa Silva Franco. El País.
La idea consistía recogiendo a los niños a lo largo del río, y en el trayecto se impartían clases de lectura. La iniciativa comenzó en el 2013 con apenas 20 niños y en la actualidad supera los 130 estudiantes de escuela primaria. “Al principio comenzamos con una caja de libros, pero a los seis meses la balsa se había convertido en una biblioteca flotante”, cuenta Homan.
Un viaje inolvidable
Guia Mae es una adolescente que cursa el último año de primaria. Para ella, la lectura fue un descubrimiento cuando la balsa pasó por su aldea. “Cada día es un viaje inolvidable. No sólo cruzamos el río, sino que a través de la lectura viajamos a muchos partes del mundo”. Mae ha ganado en distintas oportunidades los concursos de ortografía que realizan en la provincia de Sorsogon. Según los índices del National Achievement Test, las notas promedio del colegio San José aumentaron un 70% en el primer año. De los 130 alumnos, 129 presentan niveles de lectura superiores a la media nacional.
Además este programa ha recibido una carta de felicitaciones de parte del Gobierno, tras haberse convertido una referencia para otras 45 escuelas de la región y con uno de los mejores índices de alfabetización a nivel nacional. Ryan Homan ha sido invitado a diferentes ciudades para contar la experiencia, además fue galardonado por el Global Teacher Prize, un premio que destaca a los mejores 50 maestros del mundo.
Una joven posa con un cuento local. Foto de Melissa Silva Franco. El País.
Desde España, la ONG Educo apoya esta iniciativa con la donación de más libros para la educación primaria y de útiles escolares. Los profesores han ampliado la biblioteca de la escuela con estas dotaciones, y además están diseñando sus propios libros con cuentos en lenguas locales sobre las costumbres de la zona. Obtienen las narraciones de los abuelos de la comunidad, que se han unido al programa y asisten dos tardes a la semana para compartir sus historias con los estudiantes.
Mientras, Ryan Homan sigue buscando formas de incentivar la lectura. Ahora, después de las clases saca un carrito de madera para repartir libros a las madres y los niños de las distintas comunidades. “La magia de la lectura funciona, a mí me dio una oportunidad cuando era niño, y estamos viendo que está resultado lo mismo para otros estudiantes. Así que este trabajo no llegará a su fin”, añade Homan.
Las madres, principales aliadas
La pasión por la lectura ha traspasado los muros de la escuela. En distintos rincones de la comunidad y en las propias casas de los vecinos, donde se han abierto rincones de lectura, en los que se dejan los libros para que los niños se acerquen a compartir cuando no están en el colegio.
“Es difícil ver a nuestros hijos estar todo el día delante de un ordenador o un videojuego, aquí la lectura es parte importante en la que encuentran diversión, porque hay juegos, y hasta un karaoke en los que se cantan muchas de la lecciones de la escuela”, explica Estella Magallo.
Las madres se han convertido en un motor esencial en el proyecto. Más de 50 mujeres trabajan como maestras de sus propios hijos en casa, al dedicar 30 minutos por la mañana y otros 30 por la tarde a una lectura educativa. “Estas madres reciben a final de cada año escolar un certificado de trabajo. Es un proyecto que ayuda a la gente de la comunidad a desarrollar sus habilidades de lectura, a estar actualizada sobre los problemas que tienen lugar dentro y fuera del país mientras se relajan junto a sus hijos”, dice Homan.
Argentina / 16 de septiembre de 2018 / Autor: Myriam Feldfeber y Nora Gluz [Coordinadoras] / Fuente: CLACSO
Fernanda Saforcada. Pablo Imen. Alejandro Burgos. Lucía Caride. Mariel Karolinski. Myriam Feldfeber. Nora Gluz. Oscar Graizer. María Eugenia Grandoli. [Autores de Capítulo] …………………………………………………………………………
ISBN 978-987-1891-37-5
CLACSO. Facultad de Filosofía y Letras – UBA .
Buenos Aires.
Febrero de 2018
Los capítulos que componen este libro son resultado de las distintas líneas de investigación del Proyecto UBACyT Los modos de construcción de la política pública en el campo educativo. Regulaciones, actores y procesos. El punto de partida del mismo fue la preocupación por comprender los modos de construcción de la política pública en el campo educativo en el nuevo escenario caracterizado por la asunción de gobiernos surgidos de las luchas sociales contra el neoliberalismo y que, con diferentes énfasis y no pocas contradicciones, buscan generar las condiciones para superar la desigualdad y garantizar los derechos de los ciudadanos, entre ellos el derecho a la educación.
United States / September 16, 2018 / Author: Katie Reilly / Source: Time
Hope Brown can make $60 donating plasma from her blood cells twice in one week, and a little more if she sells some of her clothes at a consignment store. It’s usually just enough to cover an electric bill or a car payment. This financial juggling is now a part of her everyday life—something she never expected almost two decades ago when she earned a master’s degree in secondary education and became a high school history teacher. Brown often works from 5 a.m. to 4 p.m. at her school in Versailles, Ky., then goes to a second job manning the metal detectors and wrangling rowdy guests at Lexington’s Rupp Arena to supplement her $55,000 annual salary. With her husband, she also runs a historical tour company for extra money.
“I truly love teaching,” says the 52-year-old. “But we are not paid for the work that we do.”
That has become the rallying cry of many of America’s public-school teachers, who have staged walkouts and marches on six state capitols this year. From Arizona to Oklahoma, in states blue, red and purple, teachers have risen up to demand increases in salaries, benefits and funding for public education. Their outrage has struck a chord, reviving a national debate over the role and value of teachers and the future of public education.
Hope Brown works at Rupp Arena in Lexington, KY on Aug. 31.
Maddie McGarvey for TIME/Economic Hardship Reporting Project
For many teachers, this year’s uprising is decades in the making. The country’s roughly 3.2 million full-time public-school teachers (kindergarten through high school) are experiencing some of the worst wage stagnation of any profession, earning less on average, in inflation-adjusted dollars, than they did in 1990, according to Department of Education (DOE) data.
Meanwhile, the pay gap between teachers and other comparably educated professionals is now the largest on record. In 1994, public-school teachers in the U.S. earned 1.8% less per week than comparable workers, according to the Economic Policy Institute (EPI), a left-leaning think tank. By last year, they made 18.7% less. The situation is particularly grim in states such as Oklahoma, where teachers’ inflation-adjusted salaries actually decreased by about $8,000 in the last decade, to an average of $45,245 in 2016, according to DOE data. In Arizona, teachers’ average inflation-adjusted annual wages are down $5,000.
The decline in education funding is not limited to salaries. Twenty-nine states were still spending less per student in 2015, adjusted for inflation, than they did before the Great Recession, according to the Center on Budget and Policy Priorities, leaving many public schools dilapidated, overcrowded and reliant on outdated textbooks and threadbare supplies.
To many teachers, these trends are a result of a decades-long and bipartisan war on public education, born of frustration with teachers’ unions, a desire to standardize curricula and a professed commitment to fiscal austerity. This has led to a widespread expansion of charter schools, which are publicly funded but privately operated, and actions such as a move in the Wisconsin legislature in 2011 to strip teachers’ pensions and roll back collective bargaining rights. This year, Colorado lawmakers voted to raise teachers’ retirement age and cut benefits.
Stacks of books are organized in Binh Thai’s classroom at the University Neighborhood Middle School in New York City.
George Etheredge for TIME
As states tightened the reins on teacher benefits, many also enacted new benchmarks for student achievement, with corresponding standardized tests, curricula changes and evaluations of teacher performance. The loss of control over their classrooms combined with the direct hit to their pocketbooks was too much for many teachers to bear.
‘I love teaching. But we are not paid for the work that we do.’
– Hope Brown, Kentucky
The wave began in West Virginia, where in February and March some 20,000 teachers walked out across the state. Educators there—who made an average of $45,701 in 2016, according to the DOE—refused to enter their classrooms until the state met their demands to fully fund insurance benefits and increase salaries. Instead, they marched on the capitol, passed out bag lunches for low-income students who normally rely on free school meals and watched as public support flooded their way. After nine school days, lawmakers caved and approved a 5% wage increase. Weeks later, the specter of a similar strike led Oklahoma lawmakers to pass the state’s first major tax increase in nearly 30 years to fund raises for teachers who still walked out for more funding. Teachers in Kentucky and Arizona—both GOP-leaning states—followed their lead.
But teachers faced opposition at times from state and federal leaders. In April, Secretary of Education Betsy DeVos criticized striking teachers, suggesting they were failing to serve their students and urging them to “keep adult disagreements” out of the classroom.
Humanities teacher Binh Thai in his classroom at University Neighborhood Middle School in New York City on Aug. 16.
George Etheredge for TIME
And when school was out for the summer, the teachers’ momentum was blunted. In June, the Supreme Court ruled that public-sector unions can’t mandate fees from nonmembers—a decision that experts estimate could cost influential teachers’ unions money and clout. And in August, the Arizona supreme court blocked a ballot initiative that would have added $690 million annually to state education funding.
Teachers are out to regain the upper hand. Some have already gone on strike in Washington State, and others are threatening to do so in Los Angeles and Virginia. And they promise to turn out in force for November’s midterm elections, where hundreds of teachers are running for office on platforms that promise more support for public schools. They have also sought to remind the public that they are on the front lines of America’s frayed social safety net, dealing with children affected by the opioid crisis, living in poverty and fearful of the next school shooting.
Recent polling suggests teachers have the public on their side. Nearly 60% of people in a Ipsos/USA Today survey released Sept. 12 think teachers are underpaid, while a majority of both Republicans and Democrats believe they have the right to strike.
“We have to organize even harder and even broader,” says Los Angeles teacher Rosa Jimenez. “People are fired up.”
Social studies teacher Rosa Jimenez atthe UCLA Community School in Los Angeles on Aug. 21.
Alex Welsh for TIME
When Elaine Hutchison’s mother started teaching in Oklahoma in 1970, she made about $7,000 a year. In 2018 dollars, that’s roughly $45,000—nearly the same salary Hutchison, Oklahoma’s 2013 Teacher of the Year, now makes after a quarter-century on the job. Hutchison, 48, is a fourth-generation educator whose daughter also plans to become a teacher. She says she never got into teaching for the money, but, “I do want to be paid what I’m worth.”
Since the first U.S. public-school system was established in Massachusetts in 1647, many localities have struggled to pay teachers and searched for people willing to do the job for less. In the mid-1800s, California superintendent of public instruction John Swett lamented that the work of teachers was not “as well-paid as the brain labor of the lawyer, the physician, the clergyman, the editor.”
“They ought not to be expected to break mental bread to the children of others and feed their own with stones,” Swett wrote in 1865, foreshadowing arguments still made by teachers today.
‘We have to organize even harder and even broader.’
– Rosa Jimenez, California
Teaching has long been dominated by women, and experts say the roots of its relatively low pay lie in sexism. “The ‘hidden subsidy of public education’ is the fact that teachers for many years were necessarily working at suppressed wage levels because they really had no options other than teaching,” says Susan Moore Johnson, a professor of education at Harvard and an expert in teacher policy.
In 1960, teaching was more lucrative than other comparable careers for women, according to the EPI, but that was because of limited opportunity, not high pay. As women were admitted to other professions in wider numbers, choosing teaching carried a cost. For example registered nurses—another career historically dominated by women—make far more than teachers today, earning an average annual wage of $73,550 in 2017, according to the Bureau of Labor Statistics. Nursing shortages in some parts of the U.S. have led to signing bonuses, free housing, tuition reimbursement and other perks, while teacher shortages have contributed to some states increasing class sizes, shortening school weeks and enacting emergency certification for people who aren’t trained as educators.
Scenes from the Carroll Leadership in Technology Magnet Middle School in Raleigh, NC.
Jared Soares for TIME/Economic Hardship Reporting Project
Nationwide, the estimated average public-school teacher’s salary is now $58,950, according to the National Center for Education Statistics—a respectable income in many locales, but actual wages vary widely by state, and often do not track with costs of living. When compared to professions with similar education levels, teacher pay tends to pale. In 2016, for instance, the average teacher’s starting salary was $38,617—20% lower than that of other professions requiring a college degree.
The public response to the teachers’ protests shows signs of a shift in the perception of the profession. Even in conservative states, many voters backed tax increases to support public education, and called on lawmakers to stop cutting school budgets. State funding for public schools fell off a cliff 10 years ago, when recession-wracked states slashed education budgets and cut taxes. The uprising in West Virginia seemed to mark a turning point in public support for refilling the coffers.
But like most stories, the fight over teacher pay has many shades of gray. Generous retirement and health-benefits packages negotiated by teachers’ unions in flusher times are a drain on many states. Those who believe most teachers are fairly paid point to those benefits, along with their summer break, to make their case.
Teachers, however, say those apparent perks often disappear upon inspection. Many regularly work over the summer, planning curricula, taking continuing education and professional development courses, and running summer programs at their schools, making it a year-round job. Indeed, teachers—about 40% of whom are not covered by Social Security because of states’ reliance on pension plans—must stay in the same state to collect their pensions. Studies have shown that the majority of new teachers don’t stay in the same district long enough to qualify for pensions. Even for those who do stand to gain, it can be hard to find reassurance in distant retirement benefits when salaries haven’t kept pace with the cost of living.
NaShonda Cooke at the Carroll Leadership in Technology Magnet Middle School, where she teaches in Raleigh, North Carolina.
Jared Soares for TIME/Economic Hardship Reporting Project
“Utility companies do not care that you had a great day with one of your students. They don’t care that you’re coaching the soccer team. They want you to pay for the services that they provide you,” says NaShonda Cooke, a teacher and single mother of two in Raleigh, N.C. “I can’t tell you how many letters I got this summer that said final notice.” Cooke, who makes about $69,000, often skips doctor’s appointments to save the co-pay and worries about paying for her eldest daughter’s college education. “It’s not about wanting a pay raise or extra income,” she says. “It’s just about wanting a livable wage.”
Stagnant wages are one reason teachers believe school districts across the country are facing hiring crises. This year in Oklahoma, a record number of teachers were given emergency teaching certifications, despite no traditional training. In Arizona, school districts began recruiting overseas to fill their shortfall. Last year, U.S. public schools hired 2,800 foreign teachers on special visas, up from 1,500 in 2012, according to federal data.
‘I can’t tell you how many letters I got … that said “final notice.”’ -NaShonda Cooke, North Carolina
The pipeline, meanwhile, is drying up. Between 2008 and 2016, the number of new educators completing preparatory programs fell by 23%, according to the American Association of Colleges for Teacher Education. And once teachers make it to the classroom, attrition is high: at least 17% leave the profession within the first five years, a 2015 study found.
Hutchison says her daughter has plans to continue the family teaching tradition, but it’s becoming a harder path for a middle-class kid. Hutchison’s sibling—an attorney, engineer and physical therapist—all earned graduate degrees, but now she makes half of what they do. “My younger brother who’s an engineer—his bonus is more than my salary,” she says.
NaShonda Cooke, center, at home in the morning with her daughters in Raleigh, NC.
Jared Soares for TIME/Economic Hardship Reporting Project
As the new school year gets under way, many are picking up where the spring protests left off. In L.A., teachers voted in August to authorize a strike if negotiations continue to stall over issues including teacher pay and class sizes. In Washington, teachers in several districts are already on strike, calling for pay raises to come out of newly allocated education funding. In Virginia, teachers are floating the possibility of a statewide walkout.
Brown, the Kentucky teacher, says the fight needs to happen now or never. If budget cuts and school privatization efforts continue, she warns, teaching will cease to be a viable career for educated, engaged and ambitious people. She talks about what she does not as a job but as a calling. “I’m not necessarily a religious person, but I do believe I was put here to be a teacher,” she says. “I just want to be able to financially do that.”
But to Brown, it’s not only about what she and her fellow teachers are worth, because they’re not in the classroom alone. If the public is on their side, they say, it’s ultimately because of the kids.
—With reporting by Haley Sweetland Edwards/New York
El Salvador / 16 de septiembre de 2018 / Autor: Óscar Picardo Joao / Fuente: El Faro
Tengo en mi oficina todo el archivo de EDUCO que me dejara Miriam Basso, una investigadora y consultora argentina de UNICEF (no de UNESCO), quien llegó al país a finales de los 80, procedente de Bolivia, en donde trabajó y diseñó el programa Sí Podemos de alfabetización de mujeres. Miriam era una profesora e investigadora bastante liberal, de izquierda, que jamás se prestaría a las conjeturas de Brent Edwards en su historia oculta de EDUCO… El archivo es muy detallado y cuenta con informes, memorándums, cartas y otros documentos mecanografiados de la época; algunos fueron revisados por Brent; otros, no… Para quien los quiera revisar están a la orden.
Es muy -pero muy- difícil de creer que investigaciones tan liberales como Participación de los Padres en la Educación: Hacia una Taxonomía para América Latina (María Martinello, Harvard) o Participación y Comunidad en las Escuelas EDUCO (1999 – 2000, Héctor Lindo Fuentes, IADB) se puedan prestar como fachada para proyectos neoliberales, tal como propone Brent en su artículo. Pero más allá de los estudios -excepto Do Community-Managed Schools Work? An Evaluation of El Salvador’s EDUCO Program? (Jimenez, Sawada, The World Bank, 1998)- yo le pondría cuidado a los datos y estadísticas que revelan contextos más profundos y complejos. Véase por ejemplo el cambio en la progresividad de la matrícula en Parvularia y Básica a partir del año 1992 con EDUCO.
Matrícula Sector Público y Tasas de Crecimiento por niveles y zonas 1989-96
Años
Niveles Educativos
PARVULARIA
BÁSICA
Urbana %
Rural (*) %
Urbana %
Rural (*) %
1989
35,869
——–
6,103
——–
476,198
——-
399,933
——-
1990
36,895
2.86
7,702
26,20
465,685
-2.21
354,861
-11.30
1991
39,440
6.90
13,266
72,24
465,318
-0.08
399,217
12.50
1992
44,749
13.50
20,736
56.31
445,307
-4.30
436,100
9.24
1993
47,615
6.41
44,410
114.17
466,675
4.80
469,210
7.59
1994
50,904
6.92
53,389
20.22
457,264
-2.02
492,512
4.97
1995
53,359
4.82
59,697
11.8
466,255
1.97
510,281
3.6
1996
55,914
4.80
94,108
57.6
457,256
-1.93
594,123
16.4
(*) Incluye EDUCO a partir de 1991
Y este crecimiento no corresponde al dudoso dato de los 13,000 estudiantes del sistema educativo del FMLN…. Existen muchos otros estadísticos de cobertura, deserción y calidad que demuestran el impacto de EDUCO en el sistema educativo, inclusive mejores resultados en ciertas áreas de pruebas estandarizadas en Lenguaje y Matemáticas.
Brent hace varias afirmaciones con pocos fundamentos y datos, por ejemplo:
Tesis de Brent Edwards
Otra explicación de los hechos
“El MINED transfirió la responsabilidad legal de la gestión de asuntos educativos del gobierno central al nivel local”.
Primero se descubre el modelo de gestión rural educativa –no sólo en comunidades controladas por el FMLN-, posteriormente se institucionaliza y se transfieren a las comunidades controles administrativos con alto nivel de participación, pero el MINED nunca perdió el control legal de la escuela.
Desde sus inicios, EDUCO fue adaptado por países vecinos (Nicaragua, Guatemala y Honduras), estudiado por diseñadores de políticas de todo el mundo y presentado en las publicaciones de alto perfil de las organizaciones internacionales como el Banco Mundial, la UNESCO y el Banco Interamericano de Desarrollo.
No fue al inicio, sino a mediados de los 90 y fue sólo en Honduras –PROHECO- y en Guatemala (PRONADE). Ambos fracasaron.
Los partidarios de EDUCO lo han promovido como una política naturalmente superior (…) Esta narrativa dominante, o «historia oficial», se puede encontrar en publicaciones presentadas por el MINED, el Banco Mundial y varios consultores del Banco Mundial.
Hay estudios muy serios y nunca se promovió como un “programa superior”, sino como un modelo que empodera a la comunidad organizada; nadie mejor que los padres y madres en el área rural saben qué sucede con la educación de sus hijos, en el MINED ni se dan cuenta…
‘(…) para recibir la aprobación de un préstamo del Banco Mundial, generalmente los países tenían que adoptar reformas económicas neoliberales rígidas. Fue por esta razón que el MINED, bajo el liderazgo de Cecilia Gallardo, nombrada ministra en agosto de 1990, consideró primero imitar la reforma educativa chilena.
Falso. La reforma educativa de El Salvador se gestó con la Comisión de Educación, Ciencia y Desarrollo y gracias al fuerte apoyo del Departamento de Educación de la UCA, quienes dirigieron las reformas legales, la PAES, los libros de texto, las reformas curriculares, entre otros instrumentos.
Hacia fines de 1990, el MINED y el Banco Mundial comenzaron a implementar EDUCO. Lanzaron un breve programa piloto en seis comunidades a principios de 1991, y poco después se comprometieron completamente con el programa. A mediados de 1991, el Banco Mundial aprobó los fondos para el programa, lo que significaba que EDUCO se implementó incluso antes de que se firmaran los Acuerdos de Paz en 1992, y antes de que comenzara oficialmente el proceso de reforma educativa de posguerra.
Falso. Primero se implementó el programa PAIN de alimentación escolar en 1989-1990, luego el programa SABE. Los registros de Mirian Baso son de julio de 1991 en adelante.
“Tanto el MINED como el Banco Mundial se resistieron a imitar un enfoque que tenía orígenes en las comunidades del FMLN”.
En todos los informes se describe el modelo, sean comunidades “rurales” controladas o no por el FMLN.
“ (…) ese diseño permitiría al gobierno socavar y subvertir el sistema educativo que el FMLN había construido durante la guerra, y que se estima que atendió a más de 13,000 estudiantes con una coalición de aproximadamente mil educadores populares”
El FMLN no tenía un sistema educativo, había comunidades aisladas –en tres Departamentos el 96%- en donde la acción educativa era dirigida por maestros populares, y se crearon programas para escalafonar a estos maestros. Hay datos y estadísticas sobre esto.
“El programa EDUCO requería que las ACE contrataran maestros con credenciales oficiales (es decir, un certificado de enseñanza), las comunidades del FMLN no podían contratar a sus educadores populares”.
Las ACE les dieron a las comunidades institucionalidad legal, y se expandieron en todo el país. No tenía nada que ver si eran o no del FMLN; y eran parte del requisito para oficializar el sistema educativo alterno, parte de ello era que los maestros populares obtuvieran su escalafón, y varias universidades colaboraron con este proceso.
Un aspecto final de la historia oculta de EDUCO es el papel de los Estados Unidos y el contexto de la Guerra Fría. EDUCO nunca hubiera existido de no haber sido por la creación de FUSADES y FEPADE, ambos financiados en parte por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.
Esto parece de película. Ojalá pudiera demostrar el autor la relación de EDUCO con FEPADE y FUSADES como agentes del imperio…
Aunque los defensores de EDUCO hacen una variedad de afirmaciones sobre su éxito, una lectura atenta de la evidencia revela que no produjo mejores resultados educativos. Por el contrario, tuvo efectos negativos en los resultados de las pruebas.
Tengo en mi poder resultados de pruebas estandarizadas que dicen todo lo contrario. No son resultados significativamente mejores, pero sí superan en su mayoría a las escuelas tradicionales rurales CDE, sobre todo el Lectura y Matemáticas de 9º grado.
No existe evidencia que indique que EDUCO fue más eficiente, que condujera a una forma más sólida de participación comunitaria, o que promoviera la rendición de cuentas entre los docentes y las ACE.
Por el contrario, existe mucha evidencia sobre formas sólidas de participación y rendición de cuentas. Y aquí está el problema con las gremiales, que aducían falta de estabilidad laboral ya que en muchas ACE´s si el maestro faltaba no le renovaban el contrato.
No estoy de acuerdo con la permanencia Ad Infinitum de EDUCO, pues era como un sistema paralelo. No obstante, fue un modelo con alta participación comunitaria que permitió un buen y necesario nivel de empoderamiento de las comunidades y familias sobre las escuelas y su gestión y, sobre todo, permitió la transición de las escuelas rurales hacia el nuevo sistema educativo en democracia; que además posibilitó y enseñó a las comunidades la institucionalidad legal –todas las ACE lograron personería jurídica- y manejo de cuentas bancarias para EDUCO y para otros proyectos. Muchas de las ADESCO actuales tienen vida gracias a EDUCO.
Brent, como muchos becarios e investigadores que van tras el aporte “total y último” a las ciencias, buscan y presentan historias o descubrimientos de conspiraciones del “Imperio Yankee” en contra de los sistemas revolucionarios (así como otros enajenados creen que muchas políticas de Estados Unidos son inmaculadas). Seamos menos imaginativos y más realistas con las “historias ocultas”. Los académicos debemos ser serios y basarnos en la evidencia. Hablé bastante con Brent, le presté los archivos de Mirian Basso con agilidad y transparencia, pero desde el inicio noté que su aparato epistemológico estaba desviado. Tengo datos, estadística, documentos que pueden respaldar cada afirmación.
Creo, además, que EDUCO tiene una madre putativa y es Miriam Basso (no el MINED ni el Banco Mundial ni las Ministras de turno ni el fantasma neoliberal ni mucho menos los revolucionarios del FMLN). Algunas gremiales con apoyo del actual Presidente aniquilaron EDUCO, y pregunto: ¿está mejor el sistema educativo ahora sin EDUCO? ¿Cuál fue el verdadero argumento para eliminarlo? ¿La política neoliberal? ¿Entonces por qué no quitan la dolarización o los tratados de libre comercio?
No tengo ni una razón para atacar o defender a EDUCO más que los datos del sistema educativo; nunca tuve contrato con el BID, Banco Mundial, USAID o MINED para escribir o investigar sobre EDUCO, sólo realicé estudios eminentemente universitarios que nunca se publicaron. Hago ciencia, no politiquería.
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