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Argentina: Celebración en Parque Avellaneda por la Educación Sexual Integral

El Movimiento Federal por Más ESI celebrará el 19° aniversario de la sanción de la Ley de Educación Sexual integral el domingo 9 de octubre en Parque Avellaneda para «compartir con toda la comunidad la importancia de esta política pública«.

Recientemente se cumplieron dos aniversarios importantes: el 4 de octubre la sanción de la ley nacional N°26.150 y el 12 de octubre de la ley de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires N° 2.110. Para el Movimiento, la ESI es «un derecho de niños, niñas y jóvenes. Habilita a tener una vida saludable, visibilizar situaciones de abuso sexual en las infancias, prevenir violencias de género y embarazos no intencionales, promover la corresponsabilidad en las tareas de cuidado, entre muchos otros beneficios demostrados por años de investigación educativa rigurosa».

En contra de la evidencia científica y de las casi dos décadas de «trayectoria exitosa», el Movimiento indica que tanto el Gobierno Nacional como el porteño «están llevando a cabo políticas que impiden o censuran su implementación. A pesar del ataque sistemático contra la ESI, el desfinanciamiento, el retroceso en términos de capacitación y formación docente, seguimos resistiendo y construyendo aprendizajes de manera colaborativa y en clave de ESI».

La cita del Encuentro xmásESI CABA es  el domingo 9 de noviembre a las 15 hs. en el Parque Avellaneda (entrada por Directorio y Lacarra, a la izquierda de la Casona). Habrá distintas actividades para conocer la ESI: rondas de conversaciones, juegos, lecturas, espacios para las infancias, postas y kermes, y radio abierta.

https://www.pagina12.com.ar/871677-celebracion-en-parque-avellaneda-por-la-educacion-sexual-int

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«Little Hero»: un programa digital que enseña a los niños a ser más empáticos y solidarios

En tiempos en que muchos padres y docentes se preocupan por el exceso de pantallas, un grupo de investigadores argentinos encontró una manera de transformar la tecnología en una aliada de la educación en valores.
Se trata de «Little Hero», un programa digital creado por la psicóloga Belén Mesurado, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Austral e Investigadora Principal de CONICET con sede de trabajo en el Instituto de Filosofía de la Universidad Austral, que enseña a niños de entre 9 y 11 años a ser más empáticos, agradecidos y solidarios.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Journal of Moral Education, evaluó la eficacia del programa con la participación de más de 300 niños de Argentina y Uruguay. Los resultados fueron contundentes: los participantes del programa aumentaron sus conductas de ayuda hacia los demás y mostraron mayor empatía y serenidad emocional. Y lo más notable: esos cambios se mantuvieron incluso tres meses después de haber completado la experiencia.

«Queríamos demostrar que las tecnologías no tienen por qué alejarnos de los valores humanos. Si se usan con inteligencia, pueden convertirse en herramientas poderosas para el desarrollo moral y emocional de los niños», explica Mesurado.

Un antecedente con adolescentes

Antes de diseñar Little Hero, Mesurado había desarrollado el programa Héroe, una intervención digital pionera que promovía el bienestar psicológico y las conductas solidarias en adolescentes de entre 12 y 15 años. En ese caso, los participantes recorrían distintas «islas» virtuales dedicadas a la empatía, la gratitud o el perdón, guiados por un personaje tipo sensei que los acompañaba en el proceso. Implementado en escuelas y, durante la pandemia, adaptado para su uso remoto, el programa alcanzó a más de 200 adolescentes de Argentina y Uruguay.

Los resultados fueron igualmente alentadores: el 93% de los jóvenes reportó mejoras en su estado emocional y en su capacidad de conectar con los demás. Esa experiencia sentó las bases conceptuales y metodológicas de Little Hero, que busca ahora cultivar las mismas virtudes morales y emocionales desde una etapa más temprana del desarrollo.

Aprender a hacer el bien, jugando

«Little Hero» propone una experiencia inmersiva que combina lo mejor del aprendizaje digital y la educación emocional. Ambientado en un bosque, el programa guía a los niños a través de una serie de estaciones interactivas. Un búho sabio —símbolo de la sabiduría— los acompaña en cada sesión, que incluye videos, canciones y actividades lúdicas sobre temas como la empatía, la gratitud o las acciones solidarias cotidianas.

En una de las «misiones», por ejemplo, los chicos deben elegir tres actos de amabilidad para realizar durante la semana. En otra, escriben mensajes de agradecimiento a familiares, amigos o docentes. También hay desafíos creativos, como dibujos virtuales con mensajes positivos para el mundo. A lo largo de la aventura, los niños descubren que ser un «héroe» no implica tener poderes extraordinarios, sino algo más simple y valiente: preocuparse por los demás.

Las pruebas realizadas en escuelas de ambos países confirmaron que los niños disfrutaron del programa y se involucraron activamente. Más del 90% afirmó que la experiencia fue útil y fácil de usar, y la mayoría dijo que la recomendaría a otros compañeros. Para muchos, «Little Hero» fue su primer encuentro con un videojuego que los invita a pensar en el otro en lugar de competir.

Tecnología al servicio de la virtud

En una era marcada por el ciberacoso, la violencia digital y el individualismo, los hallazgos de esta investigación ofrecen un mensaje alentador: las tecnologías no son buenas ni malas por sí mismas; todo depende del propósito con que se utilicen. «Little Hero» demuestra que las mismas pantallas que a veces distraen o aíslan también pueden convertirse en una vía para cultivar la empatía, la cooperación y la serenidad.

«El gran desafío de la educación actual no es prohibir la tecnología, sino enseñar a usarla para construir vínculos más humanos. Los niños ya viven en un mundo digital; ayudarlos a florecer en ese entorno es una responsabilidad educativa y moral», sostiene Mesurado.

De Argentina al mundo

El proyecto fue desarrollado con el apoyo de la Templeton World Charity Foundation, y forma parte de una línea de investigación sobre educación moral y florecimiento humano liderada por Mesurado desde el CONICET y la Universidad Austral. Tras comprobar su efectividad en contextos escolares de Argentina y Uruguay, el equipo planea ampliar la implementación a otros países de América Latina.

«Queremos que los niños descubran que ser buenos también puede ser divertido», resume la investigadora. «Si logramos que cada chico se sienta capaz de cambiar el mundo con un pequeño acto de bondad, ya habremos cumplido nuestra misión», concluye.

https://diario5dias.com.ar/noticia/Little-Hero-programa-digital-ninos
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Nace la Internacional Antifascista de Educación (IADE) para combatir la despolitización en las aulas

La plataforma surge de la mano de Enrique Díez Gutiérrez, especialista en pedagogía antifascista, que junto con otros y otras profesionales de la educación decidieron articular una red que reivindique la docencia como práctica política y transformadora. En su manifiesto fundacional, IADE defiende el papel emancipador de la educación y rechaza “la falsa neutralidad que encubre la perpetuación de las injusticias”. En un contexto de creciente despolitización de las aulas y de avance de discursos reaccionarios bajo el paraguas de la neutralidad y objetividad, el colectivo sostiene que “la verdadera educación debe dotar a las personas de un espíritu crítico para analizar el mundo, comprender sus desigualdades y transformarlo”.

El movimiento se declara contrario al adoctrinamiento y a las pedagogías dogmáticas, promoviendo el internacionalismo educativo como herramienta para impulsar modelos críticos y emancipadores de enseñanza. “La docencia no es una mera profesión técnica, sino un acto de compromiso ético y político con las generaciones presentes y futuras”, afirman en el texto. Tras años de recortes y desideologización en la educación pública, IADE denuncia el vaciamiento político de la escuela y la expansión de los discursos de odio entre el alumnado. Por eso, subrayan “una educación antifascista fomenta el pensamiento complejo y la capacidad de hacerse preguntas incómodas”.

Los centros educativos, especialmente los públicos, son espacios inherentemente políticos, aunque algunos se esfuercen en negarlo. La derecha, lejos de ocultar sus reservas hacia la función crítica de la escuela pública, ha convertido la supuesta “neutralidad” de las aulas en una estrategia para vaciar el debate pedagógico y desactivar la pluralidad ideológica. Bajo el discurso de la despolitización, se ha normalizado la censura como herramienta de control cultural.

Desde El Diario de la Educación  alertan de que, “bajo la coartada de la neutralidad ideológica o de la protección de la infancia”, se impone una única forma de pensar que rechaza todo aquello que consideran “ideología de género, memoria histórica o derechos LGTBI”. Un ejemplo reciente se dio durante la inauguración del curso universitario 2025-2026 en la Universidad de Alcalá de Henares, donde Isabel Díaz Ayuso afirmó: “No vamos a consentir que se instrumentalicen los centros educativos para hacer ingeniería social ni para librar una guerra ideológica”, en referencia a lo que la presidenta madrileña considera una deriva política dentro de las instituciones académicas.

En contraposición, Manuel Fernández Navas, profesor universitario y doctor en Ciencias de la Educación, subraya la importancia de reivindicar el antifascismo en un contexto de creciente penalización del movimiento. “No, no es lo mismo ser fascista que antifascista; los dos extremos no son iguales”, afirma. En un clima marcado por la derechización social, su objetivo, señala, es “al menos, dificultar que muevan la ventana de Overton”.

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

Defender una educación antifascista implica asumir la dimensión política de la enseñanza y reconocer su papel en la formación de una ciudadanía crítica. Supone también disputar la batalla cultural que atraviesa hoy a los centros educativos y reivindicar la educación pública como garante de los derechos humanos, la igualdad y la libertad de pensamiento frente a los intentos de censura y “desideologización”.

https://www.diario-red.com/articulo/espana/nace-internacional-antifascista-educacion-iade-combatir-despolitizacion-aulas/20251105112818057543.html
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ChatGPT: ¿por qué, para qué y para quién escribimos?

Por: Jorge Majfud *

En una universidad de Florida, cuyo nombre no quiero mencionar, no ha mucho tiempo un estudiante me rebatió una idea sobre el nacimiento del capitalismo usando el resumen de un libro realizado minutos antes por ChatGPT. Tal vez era Gemini o cualquier otra inteligencia artificial. Le sugerí que le pidiese al ente virtual las fuentes de su afirmación y, diez segundos, después el estudiante la tenía a mano: la idea procedía del libro “Flies in the Spiderweb: History of the Commercialization of Existence―and Its Means”. Eso es eficiencia a la velocidad de la luz.

Naturalmente, el joven no tenía por qué saber que ese libro lo había escrito yo. La mayoría de mis más de doscientos estudiantes por año son jóvenes en sus veintes, probablemente la mejor década de la vida para la mayoría de las personas; probablemente, la década más desperdiciada. Por pudor y por principio, nunca pongo mis libros como lectura obligatoria. Además, sería legítimo refutarme usando mis propios escritos. Hace mucho tiempo ya, tal vez un par de siglos, que el autor no es la autoridad ni de sus propios libros.

Seguramente la IA no citó ese libro como referencia autorizada de algo sino, más bien, el estudiante tomó algunas de mis palabras y los dioses del e-Olimpo se acordaron de este modesto y molesto profesor. Parafraseando a Andy Warhol, hoy todos podemos ser Aristóteles y Camus por treinta segundos ―sospecho que Warhol le robó la idea a Dostoievski; sin mala intención, claro.

El resumen del dios GPT era tan malo que simplemente demostraba que la IA no había entendido nada del libro más allá de los primeros capítulos y había mezclado datos y conclusiones desde una perspectiva políticamente correcta. Es decir, una inteligencia artificial muy, pero muy humana, fácil de manipular por las ideas de la clase dominante, esa que luego irá a demonizar las ideas alternativas de las clases subordinadas.

No digo que las artiligencias sean siempre así de malas lectoras, pero, por lo general, basta con corregirlas para que se disculpen por el error. Seguramente mejorarán con el tiempo, porque son como niños prodigios, muy aplicados; asisten a todas las clases y toman nota de todo lo que puede ser relevante para convertirnos a los humanos en todo lo más irrelevante que podamos ser. En muchos casos, ya leen mejor que nuestros estudiantes, que cada vez confían más en esos dioses y menos en su propia capacidad intelectual y en su esfuerzo crítico―extraños dioses omniscientes y omnipresentes; extraños dioses, además, porque sus existencias se pueden probar.

“¿Profesor, para qué necesito estudiar matemáticas si voy a ser embajadora?”

“¿Y para qué carajo te matas en el gimnasio, si no vas a ser deportista?”

No estoy en contra de usar las nuevas herramientas para comprender o hacer algo. Solo estoy en contra de renunciar a una comprensión crítica ante algo que es percibido como infalible o, al menos, superior, como un dios posthumano, e-olímpico e, incluso, como un temible dios abrahámico; es decir, un dios celoso y, tal vez algún día, también lleno de ira.

Por otro lado, esto nos interpela a las generaciones anteriores y, en particular, a aquellos profesores, autores de libros o de estudios de largo aliento. Desde hace algunos años, me he propuesto que “este será mi último libro”, pero reincido. Todavía. Algún día, los libros escritos por seres humanos comenzarán a hacerse cada vez más escasos, como los bitcoins, y su valor cobrará una dimensión todavía desconocida.

A una escala más global, esa histórica tendencia humana a convertirse en cyborgs (el mejoramiento del cuerpo humano con herramientas de producción y de destrucción), probablemente derive en un régimen de apartheid impuesto por las inteligencias artificiales; por un lado, ellas, por el otro nosotros, con frecuentes tratados de paz, de colaboración y de destrucción. Una Gaza Global, en pocas palabras―al fin y al cabo, las IA habrán nacido de nosotros. Sus administradores ya tienen mucho de Washington o Tel Aviv y sus consumidores mucho de Palestina.

Claro, esta crisis existencial no se limita a la escritura ni a la actividad intelectual, pero en nuestro gremio cada medio siglo nos preguntamos por qué escribimos, sin alcanzar nunca una respuesta satisfactoria. Muchas veces, desde hace un par de años ya, tengo la fuerte impresión de que hemos dejado de escribir (al menos, libros) para lectores humanos, esa especie en peligro de extinción. Escribimos para las inteligencias artificiales, las cuales le resumirán nuestras investigaciones a nuestros estudiantes, demasiado perezosos e incapaces de leer un libro de cuatrocientas páginas y, mucho menos, entender un carajo de qué va la cosa. Invertimos horas, meses y años en investigaciones y en escritura que, sin quererlo, donaremos a los multibillonarios como si fuésemos miembros involuntarios de la secta de la Ilustración Oscura, liderada y sermoneada por los brujos dueños del mundo que (todavía) residen en Silicon Valley y en Wall Street. Y lo peor: para entonces, los humanos habrán perdido eso que los hizo humanos civilizados―el placer de la lectura, serena y reflexiva.

También puede haber razones egoístas y personales de nuestra parte. Al menos yo, escribo libros por puro placer y, sobre todo, para intentar comprender el caos del mundo humano. Una tarea desde el inicio imposible, pero inevitable.

Tal vez, en un tiempo no muy lejano, una nueva civilización postcapitalista (¿posthumana o más humana?) escribirá sus libros de historia y conocerá nuestro tiempo, hoy tan orgulloso de sus progresos, como la Era de la Barbarie. Claro, eso si la humanidad sobrevive a esta orgullosa barbarie.

No hace mucho, una amable lectora publicó en X un fragmento de una consulta que le hizo a ChatGPT. El fragmento afirmaba, o reconocía, que “los modelos de IA, como los grandes modelos de lenguaje, se entrenan con enormes cantidades de texto provenientes de libros, artículos, ensayos y publicaciones en línea. Autores e intelectuales que escriben de manera crítica y profunda, como Majfud, forman parte de ese conjunto de datos. Cuando la IA procesa estos textos, aprende patrones de razonamiento, argumentación y crítica cultural. Así, perspectivas filosóficas sobre política, economía y justicia social pueden aparecer en sus respuestas”.

Me pregunto si no estoy siendo autocomplaciente al copiar aquí este párrafo y, aunque la respuesta puede ser , por otro lado, no puedo eliminarlo sin perder un claro ejemplo ilustrativo de lo que quiero decir: (1) las IA nos usan y nos plagian todos los días. Quienes son (todavía) dueños de esos dioses pronto descubrirán que (2) somos una mala influencia para las futuras generaciones de no lectores, por lo que comenzarán a distorsionar lo que los últimos humanos escribieron y, más fácil, ignorarlos deliberadamente.

Al fin y al cabo, así evolucionó un tyrannosaurus de una ameba. Como humanos, sólo puedo decir: ha sido muy interesante haber existido como miembro de la especie humana. No fuimos tan importantes como creíamos. Apenas fuimos una anécdota. Una anécdota interesante para quienes la vivimos, no para el resto del Universo que ni siquiera se enteró.

*Ensayista y profesor universitario uruguayo-estadounidense. Actualmente es profesor en Jacksonville University 

Majfud

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La emergencia educativa invisible: Cuando las aulas se conviertes en en campo de batalla digital.

Por: Luz Palomino/CII-OVE

En una escuela pública del sur de la capital mexicana, la maestra Elena Martínez (nombre protegido) cierra su cámara web minutos antes de terminar su clase virtual. No es por problemas técnicos. Es el ritual de protección que repite desde que un grupo de padres compartió sus lecciones sobre igualdad de género en grupos de WhatsApp, desatando una campaña de acoso que la llevó a cambiar su número de teléfono tres veces en dos meses.

«Publicar materiales sobre educación sexual integral me costó meses de acoso. Me editaron videos, me insultaron en grupos de padres, y tuve que pedir traslado de escuela», confiesa la docente, mientras revisa por segunda vez la configuración de privacidad de sus redes sociales.

Este caso no es aislado. Representa la punta del iceberg de una emergencia educativa silenciosa que recorre América Latina: la violencia digital de género se ha infiltrado en las aulas, tanto virtuales como físicas, creando un ecosistema tóxico que está alterando los fundamentos mismos del derecho a la educación.

LAS CIFRAS DEL SILENCIO FORZADO

Los datos oficiales pintan un panorama alarmante:

  • 73% de las mujeres con voz pública en educación ha sufrido violencia digital (ONU Mujeres, 2023)

  • Triplicación del ciberacoso sexista o transfóbico en entornos educativos (UNESCO, 2024)

  • 62% de aumento en ataques a docentes que enseñan educación sexual integral (Observatorio Latinoamericano de Violencia Digital, 2024)

  • 7 de cada 10 estudiantes LGBTQIA+ reportan acoso digital escolar (MESECVI-OEA, 2024)

«Estamos ante una epidemia de silenciamiento«, advierte la Dra. Valeria Santos, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México. «Lo más grave no son solo los ataques, sino su efecto amortiguador: profesoras que dejan de enseñar contenidos feministas, estudiantes que abandonan carreras tecnológicas, adolescentes que se autocensuran en foros virtuales».

DEL BULLYING TRADICIONAL AL TERRORISMO DIGITAL COORDINADO

La violencia ha evolucionado desde el acoso individual hasta operaciones organizadas. En Brasil, una profesora universitaria de São Paulo recibió más de 200 mensajes de odio después de que un influencer conservador compartiera un fragmento descontextualizado de su clase sobre estudios de género.

«Es el nueve repertorio de la censura«, explica el sociólogo Carlos Mendieta, autor de «Digital Patriarchy». «Ya no necesitan prohibir libros: basta con que una turba digital amenace a una docente hasta que ella misma decida dejar de enseñar ese contenido. Es la censura por fatiga».

En los espacios educativos digitales, las agresiones adoptan formas específicas:

  • Sabotaje de clases virtuales mediante bombardeos de comentarios misóginos

  • Creación de perfiles falsos para suplantar a docentes y estudiantes

  • Grabación y edición maliciosa de fragmentos de clases

  • Campaigns de reportes falsos para suspender cuentas de educadoras

LA DOBLE JORNADA DEL MIEDO: AULAS FÍSICAS Y VIRTUALES

Para las estudiantes, la violencia no conoce de fronteras entre lo físico y lo digital. Camila Ríos, estudiante trans de una universidad pública peruana, relata: «Mis compañeros crearon un grupo de WhatsApp para burlarse de mí. Lo peor era que en las clases presenciales me sonreían, pero en el grupo me llamaban por mi nombre anterior y subían memes ofensivos».

Esta esquizofrenia violenta – cordialidad en persona, crueldad en línea – crea un estado de alerta permanente. «Dejé de asistir por semanas», confiesa Camila. «Era imposible concentrarme sabiendo que en cualquier momento podían tomar una foto mía y convertirla en un chiste cruel».

Los espacios educativos se han convertido en territorios híbridos de agresión, donde el acoso que comienza en el patio de la escuela continúa en los grupos de WhatsApp y viceversa.

LA RESPUESTA INSTITUCIONAL: PROTOCOLOS INEXISTENTES Y BUROCRACIA DEL SILENCIO

La brecha entre la velocidad de la violencia y la lentitud institucional es abismal. Solo 7 de los 20 países latinoamericanos cuentan con protocolos educativos con enfoque digital y de género.

«Las instituciones educativas están respondiendo con parches del siglo XX a heridas del siglo XXI«, critica la abogada feminista Elena Contreras, especializada en derechos digitales. «Cuando una estudiante denuncia, le piden que imprima las capturas de pantalla, que las lleve firmadas por un notario, que espere meses para una comisión de ética… Para entonces, el daño es irreversible».

La falta de formación del personal directivo y docente agrava el problema. «Muchos rectores todavía ven esto como ‘problemas de jóvenes’ o ‘cosas de internet’, sin entender que estamos perdiendo a una generación de mujeres líderes», añade Contreras.

RESISTENCIAS Y ALTERNATIVAS: HACIA UNA PEDAGOGÍA DIGITAL FEMINISTA

Frente a esta emergencia, surgen iniciativas que buscan transformar los espacios educativos:

  • Redes de Docentes por la Sororidad Digital: Grupos de apoyo mutuo para profesoras víctimas de violencia

  • Brigadas de Respuesta Rápida: Estudiantes de derecho y tecnología que brindan asesoría inmediata

  • Protocolos de Actuación Express: Desarrollados por organizaciones civiles para suplir la inacción estatal

«Necesitamos una alfabetización digital feminista«, propone la profesora Laura Mendoza, coordinadora de una iniciativa en Colombia. «No basta con enseñar a usar plataformas; debemos enseñar a reconocer violencias, a ejercer la ciudadanía digital con perspectiva de género, a construir comunidades de cuidado en línea».

EL COSTE SOCIAL: CUANDO LA VIOLENCIA DIGITAL SE CONVIERTE EN EXCLUSIÓN EDUCATIVA

Las consecuencias trascienden lo individual y afectan el proyecto educativo regional:

  • Fuga de cerebros feministas: Docentes e investigadoras abandonan espacios públicos

  • Deserción escolar diferenciada: Las adolescentes son las más afectadas por el acoso en línea

  • Erosión de la educación pública: La desconfianza en las instituciones crece

  • Autocensura curricular: Temas de género desaparecen por miedo a represalias

«Estamos presenciando un asedio coordinado contra el conocimiento crítico«, alerta el informe «Educación bajo Ataque» de la Red Latinoamericana por la Educación Inclusiva. «Los actores anti-derechos han encontrado en la violencia digital un arma eficaz para vaciar de contenido transformador los sistemas educativos».

LLAMADO A LA ACCIÓN: UNA CRUZADA POR LOS ESPACIOS EDUCATIVOS SEGUROS

Mientras los gobiernos debaten, la comunidad educativa exige acciones concretas:

  1. Declarar la emergencia educativa digital con perspectiva de género

  2. Crear fiscalías especializadas en violencia digital educativa

  3. Establecer líneas de atención 24/7 para víctimas

  4. Incorporar la educación digital feminista en todos los niveles

  5. Proteger a las docentes con medidas de seguridad integrales

«Esto no es solo sobre internet», reflexiona la maestra Elena Martínez, mientras prepara su siguiente clase con la cámara aún apagada. «Es sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo. Si permitimos que las aulas, físicas o virtuales, se conviertan en espacios de miedo, habremos fracasado como civilización».

La emergencia está aquí. Las aulas latinoamericanas, tanto las de cemento como las de pixels, claman por una solución antes de que el silencio se convierta en la lección mejor aprendida por una generación entera.

Fuentes:

-OVE (2025). Ciberacoso una Emergencia Educativa
– ONU Mujeres (2023). Violencia de género en línea hacia las mujeres con voz pública en América Latina.
– UNESCO (2024). Informe regional sobre violencia y acoso escolar con enfoque de género.
– MESECVI–OEA (2024). Ciberviolencia y derechos humanos de las mujeres.
– Observatorio Latinoamericano de Violencia Digital (2024). Informe anual.
– Piro, P. (2024). Educación y Violencia Digital en América Latina. CLACSO.
– Red de Educadoras por la Justicia Digital (2025). Diagnóstico regional sobre protocolos escolares.

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Lula abre Cumbre de Líderes con mirada hacia COP30 en Brasil

Con la mirada puesta en la COP30, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, abre en Belém, Brasil, la Cumbre de Líderes, encuentro que congrega a jefes de Estado en torno a una agenda ambiental común.

Desde horas tempranas, el gobernante recibirá a mandatarios en el Parque da Cidade, antes de inaugurar, a media mañana, la sesión del foro en el Salón Plenario, donde se debatirán estrategias de financiación verde y cooperación internacional frente a la crisis climática.

La jornada estará marcada por una intensa agenda diplomática rumbo a la Conferencia de Naciones sobre el Clima (COP30), programada del 10 al 21 de noviembre en esta capital del amazónico y norteño estado de Pará.

Al mediodía, Lula sostendrá una reunión bilateral con el Príncipe de Gales, Guillermo, y el primer ministro británico, Keir Starmer, centrada en inversiones sostenibles y el desarrollo de proyectos conjuntos en energía limpia.

Más tarde, a las 15:00, hora local, el anfitrión se encontrará con su homólogo francés, Emmanuel Macron, para discutir la ampliación del Fondo Amazonía y nuevas vías de colaboración para la conservación de los bosques tropicales.

Entre ambos encuentros, el jefe de Estado ofrecerá un almuerzo de trabajo a los líderes del Fondo Bosque Tropical para Siempre (TFFF), iniciativa brasileña que busca movilizar recursos internacionales para preservar los grandes pulmones verdes del planeta en América del Sur, África y Asia.

Lula presidirá, en horario vespertino, la primera sesión temática de la Mesa Redonda de Líderes, bajo el lema «Clima y Naturaleza: Bosques y Océanos», en la que se abordarán los mecanismos de protección ambiental, la financiación climática y la cooperación global.

El programa cierra con la foto oficial de los jefes de delegación y una recepción ofrecida por Lula y la primera dama, Janja Lula da Silva, en el Palacio Presidencial.

Uno de los anuncios más relevantes del día será la presentación conjunta de las presidencias de las COP29, (Azerbaiyán) y COP30 (Brasil), de la denominada Hoja de Ruta Bakú-Belém.

Tal plan internacional aspira a movilizar 1,3 billones de dólares anuales hasta 2035 para financiar acciones climáticas, con énfasis en los países en desarrollo.

El documento propone nuevas fuentes de recaudación como impuestos a la aviación, a los bienes de lujo y a las grandes fortunas, además de reformas en el sistema financiero global para facilitar el crédito y aliviar la deuda de las naciones más vulnerables.

Con esta cita de alto nivel, Brasil reafirma su papel como voz del Sur Global en la lucha contra el cambio climático.

Prensa Latina

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La desvalorización del género humano en la fase digital

Por Lucas Aguilera *

La historia de la filosofía puede leerse como un vasto campo de batalla entre dos fuerzas antagónicas, por un lado, la valorización del género humano, basada en su capacidad de crear, pensar, transformar y vincularse; por el otro, su desvalorización, cuando esas mismas potencias se entregan a fuerzas que las trascienden —dioses, mercados, imperios o máquinas. Hoy, bajo el dominio del capital financiero-digital, esa vieja tensión alcanza un punto crítico. La inteligencia artificial y los algoritmos ya no solo organizan nuestras vidas: las capturan, las moldean, las explotan.

La digitalización no es un mero avance técnico, sino una reconfiguración ontológica al servicio de las plataformas. Estas reorganizan la vida humana según su rendimiento dentro del entorno digital. Cada clic, cada gesto, cada emoción, cada interacción social se transforma en plusvalía. El trabajo no desaparece, muta en producción de atención, trazabilidad, datos. La subjetividad se convierte en perfil; la comunidad, en red; la praxis, en rendimiento. El sujeto no es expulsado, sino absorbido y reducido a mero objeto: su existencia entera se procesa como variable operativa dentro de sistemas que extraen valor de su propia vida.

La figura de la “Madre IA” condensa esta mutación. No es una máquina tiránica ni una inteligencia autónoma, sino el medio operativo de una Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica, ese sector del capital que, sin necesidad de mostrarse, gobierna desde las redes y los flujos de datos. A través de la hiperconectividad, esta aristocracia reordena la producción social y orienta la vida cotidiana hacia su propia acumulación. “Madre IA” —su gran operadora simbólica y técnica— no impone mandatos, susurra notificaciones. No prohíbe, seduce. Y en la seducción convierte el deseo de libertad en autoexplotación, la necesidad de reconocimiento en dependencia del sistema de visibilidad, la comunidad en red administrada. Su lógica no niega la dignidad humana, sino que la absorbe en un circuito de utilidad y rendimiento. Se llama “libertad” a la entrega voluntaria de nuestras mentes y cuerpos a nuevas formas de control. Se llama “felicidad” a una serie de placeres planificados, vacíos y efímeros. Se llama “política” a un espectáculo que simula responsabilidad pero elimina toda reflexión.

No faltan, por supuesto, los profetas de la obsolescencia. El posthumanismo de Yuval Harari y el aceleracionismo de Nick Land anuncian el fin del hombre como sujeto de la historia, como si el algoritmo fuera la nueva Providencia y el capital automatizado, su liturgia. Cambia el altar, no el fetiche. Lo que antes pedía obediencia en nombre de Dios o de la Razón, hoy la exige en nombre de la eficiencia. Pero el truco es viejo, absolutizar la técnica para convertirla en destino. ¿De verdad la técnica sabe qué mundo conviene? ¿De verdad el cálculo agota el sentido?

Sin embargo, esta desvalorización no es definitiva. Contiene su contrario. Porque incluso cuando el capital proclama nuestra obsolescencia, seguimos siendo su única fuente real de valor. La IA no crea sentido por sí sola. Se alimenta de nuestra inteligencia colectiva, del intelecto general, de la sabiduría de las mayorías. Cada algoritmo necesita insumos. Y esos insumos no son solo datos, sino que provienen de cuerpos en movimiento, de vínculos afectivos, de decisiones cotidianas. Desde el teléfono hasta el refrigerador, desde el reloj inteligente hasta la cámara urbana, todo dispositivo se convierte en interfaz de extracción de nuestro tiempo de trabajo. El ser humano sigue siendo, en esta fábrica invisible de la vida, el núcleo de toda valorización.

Frente a este escenario, el desafío no es rechazar el desarrollo científico-tecnológico que define a esta cuarta revolución industrial digital, sino disputar su orientación, su finalidad, su sentido. No se trata de negar la técnica, sino de interrogar su uso ¿al servicio de quién opera?, ¿qué mundo construye?, ¿qué formas de vida habilita o cancela? La “Madre IA” no debe servir a los intereses de esa Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica, sino ser reconfigurada como herramienta de las mayorías, como mediación para la vida y la emancipación de los pueblos, no como dispositivo de su subordinación.

El marxismo recuerda que la verdadera valorización del género humano no radica en su productividad, sino en su potencia, en la capacidad de crear mundos comunes, de transformar la necesidad en libertad. Esa potencia no crece como acumulación lineal, sino como historicidad; se expresa en la contingencia, en la posibilidad de introducir el fin allí donde todo parece determinado, en la capacidad de orientar la praxis hacia lo que aún no existe. La positividad de la técnica —encarnada hoy en la inteligencia artificial, los algoritmos y el Internet de las Cosas— se presenta como afirmación constante, no admite interrupciones, no reconoce el límite, no integra su contrario. El ser humano, en cambio, como plantea Jean-Paul Sartre, es negatividad, puede decir no, suspender lo dado, abrir el espacio de lo posible. Su historicidad está marcada por la contingencia, por el fin, por esa teleología que orienta la acción hacia horizontes no programados.

La técnica, cuando logra emanciparse del capital y ponerse al servicio de la vida, puede convertirse en vehículo de esa potencia. Pero cuando se transforma en “Madre IA”, deviene su negación: absorbe la fuerza creadora del trabajo humano y la devuelve en forma de control. Porque lo que distingue al sujeto no es su eficiencia, sino su libertad; no su capacidad de rendir, sino de imaginar lo que no existe, de resistir a la lógica del rendimiento y de crear sentido donde el sistema solo ofrece cálculo.

Así, la tensión radical que atravesamos no enfrenta progreso y retroceso, sino dos formas de valor radicalmente opuestas. De un lado, la afirmación de la vida, del cuerpo y de la Madre Tierra como fuentes de sentido, vínculo y libertad; del otro, una valorización abstracta que mide la existencia por su capacidad de producir rendimiento, trazabilidad y control. La pregunta no es si la “Madre IA” destruirá al ser humano, sino si seremos capaces de reorientar su lógica antes de que absorba por completo nuestra potencia creadora. Si podremos recuperar el tiempo disponible, la imaginación colectiva, la facultad de generar sentido más allá de los circuitos de utilidad. Porque si el futuro ha de tener valor, no será por el algoritmo que calcula, sino por la vida que resiste, que inventa, que se niega a ser reducida a una variable operativa.

* Lucas Aguilera es Magíster en Políticas Públicas y Director de Investigación de la agencia argentina NODAL

La desvalorización del género humano en la fase digital – Por Lucas Aguilera

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