Especialistas señalan que los estudiantes de secundaria y preparatoria tienen bajo rendimiento escolar debido a la falta de horas de sueño.
De acuerdo a ABC News, California fue el primer estado en exigir que las escuelas secundarias no inicien horarios de clases antes de las 8:30 de la mañana. El doctor Bert Mandelbaum espera que Nueva Jersey sea el segundo.
La Academia Estadounidense de Pediatría cuenta con un grupo de trabajo sobre los horarios de sueño de los adolescentes; Mandelbaum es quien lo preside y cree que es el momento más adecuado para tomar las mejores decisiones para los niños y jóvenes, pues la gente está más dispuesta a escuchar en estos momentos.
Creo que la pandemia aumentó la conciencia de todos sobre las necesidades de salud mental.
Señaló.
El grupo de pediatría ha abogado durante varios años por horarios escolares que inicien más tarde, como una forma de promover hábitos de sueño más saludables entre los adolescentes.
Se iniciará implementación de nuevo horario hasta el 2024
Pero fue hasta el mes pasado que los legisladores estatales propusieron que, en todas las escuelas secundarias de Nueva Jersey, se comiencen las clases a partir de las 8:30 a.m. Dijeron que este proyecto, que se espera inicie marcha en el ciclo 2024-2025, pretende abordar la crisis nacional de salud mental en los jóvenes.
Especialistas, además, señalan que los estudiantes de secundaria y preparatoria tienen bajo rendimiento escolar debido a la falta de horas de sueño. Por tanto, los nuevos horarios se alinearían mejor con los ritmos biológicos de los adolescentes, pues estos hacen que vayan a la cama más tarde.
El cierre por falta de alumnos de una escuela en un barrio humilde de Mérida evidencia el incipiente problema que la caída de natalidad extiende por toda España. Padres y docentes rechazan los argumentos de la Junta, que asegura que el centro no garantiza la inclusión
El colegio público Juan XXIII ocupa un edificio enorme en mitad del barrio de San Juan, uno de los más humildes de Mérida. El jueves, en el recreo, solo un puñado de alumnos ocupa el patio, que incluye una pista de baloncesto y otra de fútbol. Construido en 1985 con capacidad para más de 400 estudiantes, hoy solo están matriculados allí 39, repartidos entre todos los cursos de infantil y primaria. Esa es la parte que nadie discute; a partir de ahí, sin embargo, parece que la Consejería de Educación de Extremadura y los padres del centro estuvieran hablando de colegios distintos. La Administración describe una especie de gueto que hay que cerrar (ha decidido hacerlo al final de curso) porque, con altas tasas de absentismo y repetidores, no garantiza la “igualdad de oportunidades ni la inclusión” de los pocos chicos, todos “especialmente vulnerables”, que se concentran allí. Ana León, empleada pública, madre de una niña con altas capacidades, y Mari Carmen Muñoz, auxiliar de enfermería, madre de un chico con discapacidad intelectual, defienden que, muy al contrario, se trata del único colegio que ha sabido garantizarles una buena educación. Explican que el compromiso de los profesores y, precisamente, lo exiguo del alumnado lo convierten en un “laboratorio de buenas prácticas” que merece la pena conservar, igual que se mantienen abiertos centros rurales con muy pocos estudiantes para no matar a los pueblos.
Pero las cuentas no salen —el centro “está funcionando al 8,7% de su capacidad”, dice una portavoz de la consejería— y la decisión —”necesaria y responsable”, aunque también “dolorosa y de último recurso”, continúa— ya está tomada. La directora del colegio, Cecilia Chamorro, admite con dolor que “quizás es ya tarde”, aunque probablemente “se podrían haber intentado muchas cosas antes”. El Juan XXIII lleva más de 20 años desangrándose, poco a poco, con esa imagen de puertas adentro y la otra, infinitamente peor y más poderosa, hacia fuera, perdiendo alumnos por el descenso de la natalidad y la competencia de dos colegios concertados que hay, a 350 y 800 metros, en los dos extremos del barrio.
Patio del colegio Juan XXIII, en la barriada de San Juan de Mérida.ROBERTO PALOMO
A Chamorro le duele profundamente que la idea que quede sea que ella y sus compañeros no están ofreciendo “la educación que se merece y debe tener cada niño”. “Me siento orgullosa del trabajo que hemos hecho”, dice. Pero tampoco quiere cargar contra los concertados, como algunos padres, sindicatos y defensores de la pública en general, que creen que la Administración debería quitarles las subvenciones antes de cerrar el centro. “Como dijo la delegada de Educación [del Ayuntamiento de Mérida, Susana Fajardo], al final, el colegio está en este punto porque las familias no lo han elegido”, reconoce. De nada sirve echarles ahora la culpa a esas familias o a los centros concertados; lo importante es preguntarse por qué ha pasado: “Todos, absolutamente todos tenemos que tomarnos el cierre de un colegio público como un fracaso. Hemos fracasado y tenemos que aprender de ello”.
Una reflexión que puede servir para Mérida, para toda Extremadura y en casi cualquier punto de España. En las próximas dos décadas, la curva descendente de natalidad hará que el alumnado de enseñanza obligatoria (hasta 16 años) disminuya un 23,4%, según los cálculos del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona. El ambicioso informe del Gobierno España 2050, que trata de fijar una estrategia de país a medio y largo plazo, va más allá: prevé que a mitad de siglo el país “tendrá unos 800.000 estudiantes menos de entre 3 y 15 años”, lo que “equivale a tener unas 33.000 aulas de 24 alumnos menos que en 2019″. El texto propone aprovechar ese descenso para mejorar la calidad de la enseñanza. Pero, en el camino, puede significar el cierre de muchos colegios.
En el País Vasco, el debate ha sido tan intenso que uno de los puntos del pacto educativo que acaban de firmar los partidos que representan el 88% del Parlamento autónomo habla de “la racionalización de la planificación que, en este contexto de bajada de natalidad, haga una oferta ajustada a las necesidades de la demanda, evitando las sobreofertas, y las infraofertas, que puedan dar ocasión a un aumento de la segregación”.
La frase se eliminó, pero lo cierto es que la pública sigue en desventaja a la hora de decidir dónde aplicar la tijera, opina el profesor de Sociología de la Universidad de Barcelona Xavier Bonal. “La pública se rige por decisiones políticas y la concertada, por contrato y, si le quieres cerrar una o dos líneas, se van al juez y en 10 minutos las tienen otra vez puestas. Los conciertos, o los retocas cuando tienen que renovar, cada seis años, o durante ese periodo, aunque haya alteraciones demográficas, tienes muy poco que hacer”. Bonal aboga por una buena planificación que ajuste la oferta de plazas a la demografía. “Lo que es negativo para la desigualdad y la segregación es hacer un mero seguimiento de la demanda, hay que tener capacidad de planificar y para ello hay que jugar con las ratios”, dice en referencia a las bajadas del número máximo de alumnos que por ley puede haber en un aula, que además pueden servir para intentar mejorar la educación. El problema, de nuevo, es que los concertados tienen que aceptar voluntariamente esa reducción si se produce antes de la revisión de sus contratos, añade.
La concertada, en todo caso, parece que está por la labor. “La caída de la natalidad afecta a todos. Todo el mundo está muy preocupado”, dice Pedro Huerta, secretario general de Escuelas Católicas, entidad mayoritaria en la red concertada, antes de abogar por esas bajadas de ratio como una de las posibles soluciones. Esa medida no solo permitiría mantener las mejoras producidas durante la crisis de la covid —“Se atiende mucho mejor, los profesores están más a gusto y los alumnos reciben una atención mucho más personalizada”—, sino que también serviría “para evitar que esto se acabe convirtiendo en una guerra, a ver quién se lleva más alumnos, a ver quién convence a más padres…”, asegura. “Dejar las cosas como están y que sean las familias las que al final resuelvan solas el tema no hace ningún favor ni a la educación ni a las mismas familias”, añade. Eso sí, si se bajan ratios, opina que debería ser de forma flexible —“La caída de natalidad no afecta a todas las zonas igual”— y que los centros que las apliquen deberían recibir más subvención. En todo caso, cree imprescindible que se llegue a un acuerdo entre el ministerio y todas las comunidades para que las medidas sean consensuadas. “Ahora mismo, cada Administración autonómica está tomando decisiones con criterios diferentes”, protesta.
De momento, si uno se fija en cómo ha caído el alumnado de tres a cinco años desde que empezó a notarse en la estadística de 2012-2013 la curva de natalidad, la bajada de alumnos en la pública hasta 2020 fue del 14% y del 7,9% en la concertada. En primaria, donde los estudiantes empezaron a descender en el curso 2017-2018, la caída ha sido del 1,3% y del 0,5%, respectivamente.
Lo que parece claro es que si no se reorganiza la oferta con una mirada de conjunto y a medio plazo, cuando lleguen las situaciones al límite, el centro más débil tendrá todas las de perder. Sin más. Tal y como ha ocurrido con el Juan XXIII de Mérida. Un jueves, cuando suena allí a las 14.00 el timbre, no sale ningún niño; todos se quedan al comedor. A quien se ve pasar es a media decena de chicos y chicas con el uniforme de uno de los centros concertados del barrio camino de sus casas. Una de ellas, justo enfrente del colegio público.
Calle de San Pedro de Mérida, que conduce al Juan XXIII en la barriada de San Juan.ROBERTO PALOMO
Cuando hace algo más de dos años Ana León y Raúl Fernández decidieron llevar allí a su hija, M., multitud de amigos y conocidos les llamaron para tratar de convencerles de que no lo hicieran. “Nos decían que si estábamos locos”. La mala fama del centro, de conflictivo, casi marginal, se extendía desde mucho tiempo antes por toda la ciudad. Pero no siempre fue así.
Aislada entre una carretera nacional (la avenida de Felipe VI) y el río Albarregas, en el límite noreste de Mérida, el visitante despistado puede pensar que está entrando en un polígono al llegar a la barriada de San Juan, por la cantidad de talleres que encontrará a la entrada. Una vez dentro, sin embargo, aunque siguen menudeando las naves y edificios que albergan alguna tapicería, distribuidora de bebidas o artículos de hostelería; se abren paso las casas de dos plantas, modestas pero en su mayoría bien cuidadas. Todo habla de sus orígenes, los de un barrio levantado de forma irregular, como en tantas ciudades de España, por emigrantes llegados de los pueblos en los años sesenta en busca de los trabajos que prometía la industria. Con el paso del tiempo, los hechos consumados obligaron a las administraciones a ir legalizando las construcciones y dotando al barrio de los servicios básicos de agua, luz, alcantarillado…
El colegio llegó a finales de los sesenta, con la ayuda de la parroquia local y el esfuerzo de los vecinos, que lo construyeron en un solar donado por uno de ellos. Con la fórmula público-privada de aquellos tiempos —la gestionaba un patronato y el Estado pagaba a los maestros—, el centro fue ganando fama y creciendo, atrayendo a alumnos de barrios vecinos. Hasta que en los ochenta, convertido ya en colegio público, se trasladaron a un flamante nuevo edificio, sin duda uno de los más grandes del vecindario, que es el que ocupa ahora. En esta página de Facebook, se puede recorrer la historia sentimental del centro a través de las fotografías que cuelgan antiguos profesores y antiguos alumnos.
Algunas de las imágenes del grupo de Facebook Escuela de la Campana, cedidas por su administradora.
Sería difícil saber exactamente en qué momento empezaron las dificultades a hacerse evidentes. Y sería injusto echarle la culpa a una sola cosa, o a dos, pues seguramente son muchas y entremezcladas las razones. El envejecimiento del barrio y la falta de niños porque las segundas generaciones crecen y se van a vivir a otra parte, los realojos que se produjeron en los noventa en el vecindario de al lado, la nueva legislación que resta dos cursos (7º y 8º de EGB se van al instituto como 1º y 2º de ESO), la presión creciente de los concertados del barrio, que van ganando la fama que poco a poco pierde el Juan XXIII…
Un plan de mejora del centro redactado por el propio colegio en 2008 lo explica así: “Alumnado: con bastantes problemas de aprendizaje […] Poca capacidad para el estudio y con expectativas muy limitadas. Porcentaje significativo de alumnos de etnia gitana. Las dificultades del alumnado se han ido acrecentando en los últimos años, disminuyendo progresivamente los alumnos procedentes de las familias de la barriada y llegando otros de las limítrofes, más marginales y, consiguientemente, con más problemas educativos. Se observa también un creciente absentismo escolar.
“En mi colegio aprendo. Me gustan mis maestras”
El caso es que para cuando Ana León y Raúl Fernández decidieron llevar allí a su niña en noviembre de 2019, tuvieron que vencer muchas resistencias de gente cercana. Pero estaban decididos, después de una larga y mala experiencia en un colegio público del centro de Mérida, donde los resultados y el comportamiento escolar de M. nunca fueron buenos, aseguran sus padres, porque nunca tuvo la atención que requería por sus altas capacidades, ni siquiera cuando por fin le fueron diagnosticadas. “Un conocido, que había formado parte del equipo de orientación del Juan XXIII, nos comentó que allí trabajaban muy bien. Llamé a Cecilia, la directora, un día a las 11.00 y a las 14.00 estábamos en el centro hablando con ella. No nos lo podíamos creer. Al director del otro colegio nunca llegamos a conocerle”, cuenta Fernández. “Nos dijo: ‘Yo no tengo ninguna experiencia con altas capacidades, pero si la traéis me formo y formo a mi equipo”. No hizo falta más, de un día para otro, con el 4º de primaria ya empezado, M. se cambió al Juan XXIII.
Hoy está en sexto y sus padres aseguran que la niña está muchísimo mejor en todos los sentidos, académica y personalmente. Por todo esto, mandaron un escrito a la consejería pidiendo que no se cierre el colegio. El texto contiene la siguiente reflexión de la propia chiquilla: “En mi colegio aprendo. Me gustan mis maestras, su cariño. Siempre te ayudan y no te gritan. Me quieren. Hablo mucho con ellas y me escuchan. Las actividades que hacemos son divertidas. Me gusta hacer los trabajos que nos mandan. Saco buenas notas. Mi mejor amiga es una niña refugiada, de Georgia, leo mucho y rápido. El último libro ha sido Harry Potter y las reliquias de la muerte. De mayor quiero ser diseñadora de moda y psicóloga porque me gusta solucionar los problemas de mis amigos y se me da bien”.
Desde hace algunos años, las clases no están divididas por cursos, sino por etapas: una de todo infantil, otra de 1º y 2º de primaria, otra de 3º y 4º y otra más de 5º y 6º. La segunda planta hace tiempo que no se utiliza, y han reaprovechado muchas de las aulas que aun así sobran para hacer una biblioteca, sala de informática, taller… Tenían un huerto, pero no se les daba muy bien, admite Chamorro, que destaca algunos proyectos que han puesto en marcha, como las cotutorías, las tertulias dialógicas (todos los niños van leyendo y comentando un libro al mismo tiempo) o su iniciativa de aprendizaje de servicio, que trata de integrar proyectos escolares en la vida de un barrio donde el único servicio público es el colegio. “Los niños seleccionaron y prepararon, por ejemplo, una exposición de fotografía en el local de la asociación de vecinos sobre el empoderamiento de la mujer rural. Ellos mismos contactaron con la autora”, cuenta Chamorro.
Algunos de los profesores del Juan XXIII. Desde la izquierda, Mercedes Galán, Izaskun Gil, Juani Ramírez, María José Delgado, Cecilia Chamorro, Ina Fuerte (conserje) y David Casco.ROBERTO PALOMO
La clave de su trabajo, insiste, es dar a cada niño lo que necesita. “A veces se enfadan porque permito a uno algo que no permito a los demás, o regaño a otro por una cosa que le dejo hacer a su compañero… Yo siempre les digo: ‘No sois todos iguales. Sois todos distintos. Pero eso es lo bonito”. Ella es cotutora de la clase de 5º y 6º, donde están tanto M. como A., un chico diagnosticado con trastorno generalizado del desarrollo (TGA) y discapacidad intelectual.
Su madre, Mari Carmen Muñoz, también relata una mala experiencia previa, en su caso, en un concertado donde se resistieron, asegura, a diagnosticarle la discapacidad. Además, describe algunos espeluznantes episodios de acoso. Explica que, por sus apreturas económicas —en su casa solo cuentan con su sueldo de auxiliar de enfermería—, hubo momentos en que no pudo comprar material escolar para sus cinco hijos. “O comíamos o comprábamos libros. Y en el otro colegio me tuvieron a dos niños un curso entero sin ellos. En el Juan XXIII no hemos tenido ningún problema y, si alguna vez no he tenido para un lápiz o un cuaderno, pues se lo han dado”. Desde este curso, los cinco van al colegio de San Juan. El padre, Marco Antonio Caballero, que admite que él era el que tenía más dudas sobre si llevarlos allí —”Es que se oían tantas cosas…”—, es hoy uno de los más movilizados para intentar que la consejería no cierre el centro.
Tanto su familia como la de León y Fernández apoyan la propuesta del sindicato del profesorado PIDE, que además de revisar y eliminar todos las plazas concertadas innecesarias de la ciudad, reclama mantener el colegio abierto, reflotándolo por medio de un plan que incluya cambiar desde el nombre hasta convertirlo en una comunidad de aprendizaje (un modelo que aplica experiencias de éxito en la mejora del aprendizaje y la convivencia). Además, reclaman, para atraer a más familias, integrar en el colegio el primer ciclo de educación infantil (menos de dos años) y 1º y 2º de ESO. Dos medidas que el propio centro ha pedido en distintos momentos, pero la Administración ha rechazado.
La Consejería de Educación no ha permitido a este diario entrar en el Juan XXIII. Tampoco ha respondido a la pregunta de si han valorado la propuesta para mantener abierto el centro ni ha aportado los datos solicitados de oferta y demanda de plazas en los colegios concertados cercanos del barrio.
La polémica exposición abrió ayer al público en Tokio, tras 10 meses de censura por protestas de grupos de derecha, con piezas artísticas que evocan y denuncian cuestiones tabú para la sociedad japonesa, como los crímenes cometidos durante la II Guerra Mundial.
Durante cuatro días, 16 artistas nipones exhibirán sus obras en el Salón de Artes Cívicas de Kunitachi, entre las cuales sobresale una estatua dedicada a las mujeres de solaz (surcoreanas obligadas a prostituirse en burdeles militares japoneses durante la Segunda Guerra Mundial), reseñó la agencia nacional Kyodo.
Yuka Okamoto, miembro del comité organizador, declaró a la prensa que han hecho todo lo posible para finalmente garantizar el acceso de las personas a esta exhibición.
El colectivo de creadores intentó sin éxito exponer las piezas en otras galerías financiadas por el gobierno, a lo que denominaron “censura y prohibición impuesta”, mencionó el medio japonés.
Luego de varias negociaciones, la alcaldía de Kunitachi accedió a la realización del evento, que estuvo previsto primero para junio de 2021 en el céntrico barrio de Shinjuku, pero fue pospuesto por cuestiones de seguridad luego de que varios manifestantes conservadores se concentraron cerca del lugar para denunciar la muestra “antijaponesa”.
Esta vez, los productores de “Exposición sobre la no libertad de expresión” buscaron unos 60 abogados y 240 voluntarios para asegurar el éxito del proyecto.
De acuerdo con la prensa local, en la inauguración participaron defensores y detractores de la cita artística.
Sin duda, las clases a distancia evidenciaron las desigualdades en los recursos tecnológicos, pero lo más grave se encuentra en lo que mostraron sobre las relaciones entre profesores y estudiantes, ya que esta situación también expuso cómo se violentan los derechos humanos en el espacio educativo.
Durante la pandemia proliferaron videos que mostraron algunos de los momentos más desafortunados de la educación a distancia. Ejemplos hay muchos: un profesor de la Facultad de Química de la UNAM que insinuó que si las clases fueran presenciales le propondría a una alumna tener relaciones sexuales a cambio de mejorar su nota; el profesor de la Universidad Veracruzana que se refirió a la sexualidad de las personas de la comunidad LGBTQ+ como “distorsiones sexuales”; o, al inicio de confinamiento, el caso de una maestra de Durango que durante la clase le gritó a sus estudiantes por supuestas inasistencias, debido a una mala conexión a Internet. Y en esa misma línea, un largo etcétera.
Por supuesto, se ha hablado mucho sobre la pérdida de privacidad que sufrimos todos en la época de las redes sociales, factor que sin duda influyó en el estrés sufrido por profesores y estudiantes durante el difícil periodo de la pandemia. Pero, paradójicamente, esta situación también permitió atestiguar la situación de la educación en nuestro país, la cual, de manera casi voyerista, se dejó ver a una audiencia imprevista.
Poco antes de que comenzara el regreso a clases en el nivel básico, el INEGI señaló que durante la pandemia y el confinamiento el sector educativo se vio particularmente afectado ya que, en muchos casos, destacaron la pérdida de contacto de los estudiantes con sus profesores y la precariedad laboral de los miembros de las familias. Como señala el artículo de Animal Político“Impacto de la pandemia en la educación será más severo de lo previsto, según ONU y BM”, el cierre prolongado de las escuelas tuvo efectos económicos que no se habían previsto, pero principalmente perjudicó el aprendizaje de los estudiantes, con mayor gravedad en los sectores económicamente precarizados o en el caso de quienes sufren alguna discapacidad. El Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAMseñaló que esta situación no solamente tuvo impacto a nivel económico y político, sino que exigió una reflexión profunda sobre las metodologías que se implementaron en la educación a distancia y sus recursos. Sin duda, las clases a distancia evidenciaron las desigualdades en los recursos tecnológicos, pero lo más grave se encuentra en lo que mostraron sobre las relaciones entre profesores y estudiantes, ya que esta situación también expuso cómo se violentan los derechos humanos en el espacio educativo.
Estamos en una época donde la proliferación de la violencia ha llegado a niveles profundamente alarmantes, no sólo en sus manifestaciones más visibles (como el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia), sino en las relaciones cotidianas, donde la pregunta por el papel de la educación adquiere particular relevancia. La pandemia, lejos de ser la única causa de las agresiones y del acoso en las aulas, sacó a la superficie todas las maneras en las que la violencia se arraiga en nuestras relaciones más cotidianas.
Como puede vislumbrarse, parece que los problemas en la educación de nuestro país desbordan la circunstancia sanitaria, ya que dejan entrever la necesidad de pensar estas dificultades desde la concepción misma de la educación. En la sección Educar, en sinembargo.mx, Melvin Cantarell Gamboa señala que la educación en occidente se decantó por “saberes inseparables del poder económico y tecnológico que en su desmesurado desarrollo amenaza al planeta, la convivencia, y en general a la humanidad”. La importancia de esta reflexión se ve orillada a regresar a la pregunta “¿Para qué la educación?”, en la medida en que la respuesta a esta interrogante ha dejado de ser obvia. Tal vez nunca lo fue.
La crítica de Cantarell nos lleva a reflexionar sobre el problema de adoptar modelos educativos que no se adaptan a las circunstancias concretas y las necesidades, ya no solamente económicas sino psicosociales. El momento histórico por el que atravesamos ha reducido los saberes a su expresión más instrumental, despojando a la educación de su potencia formativa y su posibilidad de construcción de una manera reflexionada de vivir y relacionarnos, tanto con otros seres humanos como con lo viviente en su conjunto.
Pareciera que en este panorama adquiere relevancia la necesidad de regresar a la concepción socrática de la educación, que no se reduce al adiestramiento, sino que abre la posibilidad de construir una manera de estar en el mundo. A diferencia de los sofistas, quienes se caracterizaban por impartir una enseñanza enfocada en la retórica y las técnicas necesarias para la persuasión (habilidades muy importantes en la política de la época), Sócrates partía del no saber, como una manera de desmarcarse de la figura del maestro sofista. Este no sabersocrático no era simplemente una declaración de la propia ignorancia, sino una pregunta por lo que en verdad es importante saber.
La filosofía socrática era primordialmente una práctica vital que no estaba separada de la cotidianidad. El no saber es la condición de conocerse a sí mismo y de compartir este proyecto con los otros. No es casualidad que Martha Nussbaum, en su texto Sin fines de lucro, recupere la vigencia de la perspectiva socrática como una necesidad en la educación actual, que además posibilita una rearticulación de las relaciones entre profesor y estudiante, ya que, en la mayéutica socrática, la posibilidad de aprender no está destinada únicamente al estudiante, sino que también involucra al profesor. En otras palabras, el aprendizaje y la construcción de los saberes son una práctica compartida y multidireccional que desplaza al docente de su lugar de autoridad.
Progresivamente, las puertas de las escuelas están abriéndose, y esperemos que lo que la pandemia nos enseñó sobre la educación no quede sólo en lo anecdótico, ya que, de ser así, el regreso a las aulas significará la repetición de la violencia a puertas cerradas.
* Jonathan Caudillo Lozano es maestro en Saberes sobre Subjetividad y Violencia por parte del Colegio de Saberes y doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana. Realiza investigación sobre temas centrados en la relación entre el cuerpo y la animalidad en la Filosofía y las artes escénicas. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas de Filosofía, y es autor del libro Cuerpo, crueldad y diferencia en la danza butoh, una mirada filosófica, editado por Plaza y Valdez. Actualmente realiza una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética.
La UNESCO organizó el seminario web Educar sobre el Holocausto y los genocidios en América Latina y el Caribe para promover la Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM) como una prioridad de la Agenda Educación 2030. Uno de los participantes del seminario fue el chileno Marco Antonio Ávila, jefe de proyectos de Aprendizaje para el Futuro de la Educación en la Fundación Chile.
Ávila es profesor de Castellano, fue jefe de una Unidad Técnico Pedagógica (UTP) en una escuela y fue director en una institución educativa. Es Magister en Educación con mención en Currículum e Innovaciones Educativas. Posteriormente fue coordinador de Educación Media en el Ministerio de Educación de Chile y en el año 2007 fue distinguido con el Premio a la Excelencia Pedagógica por dicha cartera.
Marco Antonio Ávila participó en el webinario de la UNESCO en la sesión sobre Formación docente para la ciudadanía mundial: la contribución de la educación sobre el Holocausto y las atrocidades masivas. En este contexto, la UNESCO conversó con él sobre los desafíos y oportunidades que tienen los y las docentes en el aula cuando trabajan contenidos sobre acontecimiento violentos en América Latina y cómo este tipo de estrategias contribuye formar pensadores críticos, ciudadanos globales que valoran la dignidad humana y el respeto por la diversidad.
¿Cuáles son los desafíos y oportunidades que tienen los y las docentes para educar sobre los procesos y acontecimientos violentos que caracterizan a gran parte de las historias nacionales en la región y especialmente en Chile?
Creo que hay varias dimensiones que uno a veces olvida en el proceso educativo. Eso está dado por la excesiva exigencia con respecto a la medición, la que a veces da una visión un poco estrecha del currículo, donde se visualiza solamente algunas de las oportunidades que nos ofrece. Esto ha sido muy negativo porque no permite verlo de manera integral. Gran parte de lo que hoy nos convocan a la gran mayoría de las personas que estamos en educación, y yo diría que aún post estallido social en Chile (2019) y post pandemia a nivel mundial, es cómo repensar las dimensiones que a veces no son visibles, como el desarrollo socioemocional o el desarrollo físico y la salud, y, por otra parte, también el desarrollo de las competencias ciudadanas.
Es en la escuela donde se aprende, nos abrimos al mundo a través de la escuela, es ahí que incorporamos esta conciencia con respecto de qué es la democracia, cómo se vive democráticamente, cómo se dialoga, cómo se debate, cómo se participa, cómo se llega a acuerdos y cómo se resuelven los disensos. Por lo tanto, si eso no se visualiza explícitamente en el proceso formativo es difícil que después se logre comprender cómo se resuelven situaciones de violencia, como la xenofobia, los feminicidios, los crímenes y la homofobia. La importancia que tiene la formación de la ciudadanía, ojalá desde que se está en el jardín infantil, en procesos que son colectivos y de construcción comunitaria, es debido a la capacidad que nos brinda para involucrarnos con otros, así como la de levantar una propuesta, exigirla, hacerla ver y participar activamente.
¿Cómo cree usted que la educación sobre el Holocausto y los genocidios puede ayudar a los estudiantes a convertirse en pensadores críticos, ciudadanos globales activos y responsables que valoren la dignidad humana y el respeto por todos?
El estudio de los genocidios y en particular del Holocausto es una oportunidad para que uno tome consciencia de la escalada que significó este y otros actos de violencia, y entender cómo inician de manera progresiva desde procesos que parecen pequeñitos, como el proceso de discriminación, con discursos basados en falsedades y mitos que se van desarrollando gradualmente hasta llegar a la aniquilación de personas. Es progresivo en todos los casos que se pueden estudiar. Lo que sucedió en Alemania, en Armenia o en Guatemala tienen una cuestión en común y es que parten con acciones discriminatorias, con discursos de odio que van en escalada, hasta convertirse en la aniquilación de una población. Es un tremendo recurso la enseñanza de esos fenómenos para comprender cómo uno podría ser víctima de un genocidio o podría ser un victimario en la medida que siente que es distinto, superior a otro y que otros y otras no merecen, por ejemplo, vivir.
¿Cómo sueña la educación del futuro?
Creo que la educación, al menos en Chile, que tiene un currículo tan extenso que parece inabarcable, nos limita para generar verdaderos procesos de reflexión que puedan ser acompañados por las y los profesores. Entonces creo en un sueño con más oportunidades para procesos reflexivos, que un estudiante sea capaz de poder enfrentar un desafío, investigar de manera autónoma o mediada por un profesor. Que sea capaz de identificar la información verdadera de la falsa, distinguir buenas fuentes de información, generar una reflexión y comunicarla.
En segundo lugar, sueño con que tuviéramos más elementos de carácter territorial. Chile es un país largo, muy diverso, más hoy gracias a temas como la migración, lo que es tremendamente positivo, porque lo que hace es enriquecer la cultura, especialmente la nuestra, ya que vivíamos tan aislados por la cordillera de los Andes y el desierto. Necesitamos foco en lo territorial, pero también una visión que nos permita comprender que somos parte de un mundo más amplio, más grande, donde están pasando cosas.
Lo tercero, es la consciencia de que los procesos educativos se dan en la medida que generemos interés por aquello de lo que estamos aprendiendo. Los niños a veces nos preguntan ¿para qué nos sirve esto? Tenemos que ser capaces de decirles que hay cosas que van a servir en el momento y otras que serán insumos para una exploración futura, para su riqueza, para su reflexión, para generar interés en otras áreas que no han descubierto aún. Eso implica quitar algunos elementos de presión en el sistema educativo que nos han hecho estrechar nuestro currículo y no visualizar la riqueza y la oportunidad que tenemos.
Es inmenso el riesgo de prologar un libro analítico y polifónico como este, tejido de voces afrodescendientes. No cabe duda que la obra es pertinente y llamada a ser referencia en materia académica y de política pública. Y, en este contexto, emergen intensos debates ante las nuevas realidades.
En compañía de esta nueva obra, volvemos al diálogo sobre temas candentes que informan el desarrollo académico y las prácticas políticas en este campo. El propósito es continuar la senda de cimarronaje des/re/aprendiendo, construyendo colectivamente espacios de reflexión y transformación.
Este texto culmina la trilogía Afrodescendencias, desarrollada por nuestro Grupo de Trabajo (GT) “Afrodescendencias y propuestas contrahegemónicas” en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). En consecuencia, le anteceden Afrodescendencias: voces en resistencia (2018) y Afrodescendencias y contrahegemonías. Desafiando al Decenio (2019). Los tres libros, tomados en su conjunto, marcan la insurgente ruta de continuidad en la producción académica enfocada a la lucha antirracista. La articulación entre activismo y academias constituye el eje estructurador de esta trilogía.
Al unísono representa un parteaguas en una coyuntura de crisis global ante nuevas realidades y desafíos. Surge, a 20 años de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, en tiempos en que recobra vigencia la alerta histórica:
Del Prólogo de Rosa Campoalegre Septien.
Autora: Rosa Campoalegre Septien. [Coordinadora]
Anny Ocoró Loango. Yoannia Pulgarón Garzón. Arleison Arcos Rivas. Yeison Arcadio Meneses Copete. Rosa Campoalegre Septien. Jackeline Romio. Helena Cosma da Graça Fonseca Veloso. Laís Abramo. Claudia Miranda. Karina Andrea Bidaseca. Maria Clara Araújo dos Passos. Lenyn Johana Córdoba Palacios. Sinay Medouze. Carlos Álvarez Nazareno. José Caicedo Ortiz. Elizabeth Castillo Guzmán. [Autoras y Autores de Capítulo]
Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2429&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1598
En el aniversario del asesinato de Carlos Fuentealba se unieron en la calle los reclamos de la docencia cordobesa. Con una fuerte denuncia a la política de los gobiernos de ayer y de hoy que han promovido el vaciamiento a la educación pública, la precarización laboral y las indignas condiciones para enseñar y aprender.
Compartimos también el comunicado que han difundido los colectivos y agrupaciones convocantes y el registro que hizo La Izquierda Diario en la movilización. La unidad de las luchas para frenar el ataque permanente del gobierno a la educación es algo completamente necesario.
LA LUCHA ES UNA SOLA- FUENTEALBA PRESENTE A 15 años del asesinato del Maestro Carlos Fuentealba, Docentes Autoconvocadxs de la provincia de Córdoba, invitamos a la Marcha que realizaremos el día lunes 4 de abril a las 18hs para recordarlo en la calle, llevando en alto y uniendo nuestros reclamos, trayendo su lucha a la actualidad, desde Colón y General Paz hacia Patio Olmos.
Ayer y hoy el vaciamiento a la educación pública, la precarización laboral y las indignas condiciones para enseñar y aprender por parte de los gobiernos de turno, significan un ataque al derecho a la educación de nuestros estudiantes como así también a nuestros derechos como trabajadorxs de la educación. Y en este mismo sentido, la conducción de la UEPC acompaña las políticas gubernamentales por lo que exigimos al sindicato -que ES de lxs docentes y no de lxs dirigentes- tome las demandas y reivindicaciones de lxs docentes.
Como el compañero Fuentealba, luchamos por la defensa de la educación pública y exigimos:
MAYOR PRESUPUESTO PARA EDUCACIÓN BASTA DE PRECARIZACIÓN LABORAL DERECHO AL ACCESO A LA EDUCACIÓN DE TODXS NUESTROS ESTUDIANTES DESDE EDADES TEMPRANAS CON TODAS LAS CONDICIONES PEDAGÓGICAS, LABORALES, MATERIALES. CREACIÓN DE CARGOS NECESARIOS EN CADA UNO DE LOS NIVELES. TITULARIZACIÓN INMEDIATA DE TODOS LOS CARGOS PRECARIZADOS. CAPACITACIÓN GARANTIZADA POR EL ESTADO, EN SERVICIO Y DE FORMA GRATUITA. NINGÚN CIERRE DE CURSOS NI DE SEDES. PASE DE TRANSPORTE QUE CUBRA LAS NECESIDADES Y ESPECIFICIDADES DE LA MODALIDAD HOSPITALARIA Y DOMICILIARIA PERMITIÉNDOSE EL ACCESO DE LXS ESTUDIANTES A LA EDUCACIÓN PÚBLICA SALARIOS QUE SUPEREN LA CANASTA FAMILIAR. DEROGACIÓN DE LA LEY 10.694. BASTA DE DIFERIMIENTOS EN EL PAGO A LXS JUBILADXS. POR EL 82% MÓVIL. DEROGACIÓN DE LA LEY 10729 POR EL RECONOCIMIENTO DE LOS TÍTULOS Y LAS TRAYECTORIAS. INMEDIATO PROCESAMIENTO DE TODOS LOS MAB, NINGÚN DOCENTE SIN COBRAR ¡¡¡JUICIO Y CASTIGO LOS RESPONSABLES POLÍTICOS!!! ¡¡¡CÁRCEL PARA SOBISCH!!!
¡¡¡COMPAÑERO CARLOS FUENTEALBA, PRESENTE!!! ¡¡¡AHORA Y SIEMPRE!!!
CONVOCAN: Colectivo de Educación Inicial Córdoba – Docentes del Nivel inicial Autoconvocadxs – Cenmas en Alerta – Profesores comunicadores – Agrupación Carlos Fuentealba – Agrupación Docente María Saleme – Alternativa Docente – Che Docente – Colectivo Docente Otilia Lescano – Docentes en Marcha – Docentes de Base – Espacio de Docentes – Autoconvocados- Tribuna Docente-
OtrasVocesenEducacion.org existe gracias al esfuerzo voluntario e independiente de un pequeño grupo de docentes que decidimos soñar con un espacio abierto de intercambio y debate.
¡Ayúdanos a mantener abiertas las puertas de esta aula!