Asia/Afganista/27 de octubre de 2016/Fuente: el periodico
En 2015 llegaron a Europa más de 90.000 niños y niñas no acompañados y, de ellos, más de la mitad procedían de Afganistán. La mayor población de refugiados de larga duración que hay en el mundo está formada por personas afganas. A pesar de las duras cifras, muy pocas personas parecen preguntarse por qué tantos niños afganos acometen el peligroso, y con frecuencia traumático, viaje de 5.000 kilómetros para alcanzar Europa. Según un documento filtrado hace unas semanas a The Guardian, Afganistán perderá ayudas si no se compromete a aceptar 80.000 retornados. Y en la conferencia UE-Afganistán celebrada a principios de octubre autoridades afganas y de la UE se reunieron a puerta cerrada en una sesión llamada ‘Diálogo de Alto Nivel sobre Migración’ para debatir sobre este asunto.
Nos gustaría describir cómo es la vida de los niños que crecen en Afganistán, de qué escapan y los riesgos que afrontan en el camino.
No es fácil explicar por qué huyen de su país. Las razones son a menudo complejas. Según el ACNUR, de los niños y niñas afganos que viajaron solos en 2014, la mayoría eran niños de entre 13 y 17 años. Algunos escaparon de la violencia; otros buscaron una educación mejor o formas de ganar dinero. Y lo más frecuente es una mezcla de las tres. A veces es la familia la que decide enviarles fuera. En otras ocasiones, los niños deciden irse solos, bien con apoyo económico de la familia o bien reuniendo los recursos necesarios a lo largo del camino. Irán es a menudo una parada intermedia, ya que los familiares que viven allí pueden ayudar al niño a encontrar trabajo para financiar el viaje que le espera. Quienes pueden permitirse enviar a sus hijos no son por lo general los más pobres, ya que el precio a pagar a los contrabandistas es alto. Los padres suelen hipotecar o vender propiedades para pagar el viaje, lo que incrementa la presión para tener éxito.
VIOLENCIA GENERALIZADA CONTRA LA INFANCIA
Afganistán no es un lugar seguro para la infancia: En 2015 uno de cada cuatro de los 11.000 civiles heridos o muertos en el conflicto fue un menor. En los seis primeros meses de 2016 casi una de cada tres víctimas ha sido un niño. Además, el reclutamiento de menores se ha duplicado en 2015 respecto a 2014, en especial por parte de fuerzas policiales y de los talibanes, que los utilizan en ataques suicidas.
La violencia contra los niños está generalizada. A principios de este año, Save the Children realizó una encuesta domiciliaria entre 1.000 ciudadanos afganos. Más de la mitad de quienes respondieron tenían menos de 15 años. El 91% informó sobre cierto nivel de violencia, sobre todo patadas, golpes con objetos, estrangulamientos o quemaduras. Casi el 40% había visto asesinar a un miembro de su familia en el último año. Uno de cada tres había estado expuestos a armas de fuego, bombardeos y peleas. Alrededor de uno de cada cinco niños informó haber sufrido violaciones y las formas más atroces de violencia.
La inmensa mayoría de las personas refugiadas afganas viven en Irán o Pakistán. Debido al creciente acoso, violencia e intimidación, la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) calcula que unos 600.000 refugiados volverán a Afganistán a finales de este año.
UN VIAJE TRAUMÁTICO
El viaje hasta Europa es con frecuencia traumático. En Noruega, Save the Children entrevistó a 78 niños y niñas procedentes de Siria y Afganistán. Pasaron hambre y sed a lo largo de la travesía y se sintieron solos y asustados. Algunos recibieron disparos, amenazas de muerte, estuvieron a punto de ahogarse o de ser asesinados. Mencionaron la brutalidad policial y la violencia en las fronteras.
A los gobiernos les gusta decir que los afganos que vienen a Europa buscan trabajo y una vida mejor. Pero la realidad es mucho más compleja. Afganistán es uno de los peores países del mundo donde un niño puede crecer. Si los gobiernos quieren que llegue menos gente a Europa deberían invertir en educación y servicios para la infancia. Tienen que admitir que existe un aumento de la violencia y hacer algo al respecto. Los niños y adolescentes de vuelta a su país afrontan muchas dificultades a la hora de reconectar con sus familias y comunidades. Volver a Afganistán con las manos vacías, sin haber cumplido las expectativas de las familias es una posible fuente de estigma y aislamiento.
LA OBLIGACIÓN MORAL DE LA UE
Mientras que Afganistán no tenga en marcha sistemas que garanticen protección, no se debería enviar allí de vuelta a ningún niño. La obligación de la UE de ofrecerles protección y promocionar los derechos humanos no termina en sus fronteras. El retorno y la readmisión conforman la pieza central de la nueva política migratoria europea. Los acuerdos negociados con países como Níger y Etiopía prometen concesiones financieras y comerciales a cambio de que mantengan fuera de sus fronteras a las personas migrantes. Estos países no tienen ni la capacidad ni sistemas en funcionamiento para albergar a grandes grupos de refugiados de forma digna y humana.
Para gestionar mejor la migración a nivel mundial, tenemos que entender sus complejas y polifacéticas causas. En estos momentos la UE está invirtiendo en el control y defensa de sus fronteras, mientras que muchos informes apuntan a lo crítica que resulta la calidad de la educación de los niños cuando se trata de abordar las causas de la migración. Tenemos que dar un paso atrás y analizar los movimientos migratorios en cada contexto. Atender a exigencias populistas en Europa no conducirá a soluciones pragmáticas y equilibradas que aborden las razones por las cuales estos niños y niñas toman el camino difícil. No podemos renunciar a nuestro deber de defender los derechos humanos. Y no debemos desinvertir el futuro de nuestros niños allí donde estén en su viaje vital. Nosotros, los europeos, no podemos matar su esperanza. A largo plazo, nos estaremos perjudicando a nosotros mismos.
*Karen Mets es Asesora de Incidencia en materia de Asilo y Migración de Save the Children
Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/los-nilnos-afganos-merecen-mas-5588348
Imagen: www.que.es/archivos/201309/5568362w-640x640x80.jpg
Todos los estudiantes de Maryam acabaron en el campamento de Dalori después de que los obligaran a abandonar sus hogares por los ataques insurgentes que había en sus ciudades, en algunas zonas del estado de Borno. “A pesar de los obstáculos que han vivido (algunos de ellos han estado hasta dos años sin ir a la escuela, mientras que otros han perdido a algún familiar) todos los niños están felices y orgullosos de regresar a la escuela”, asegura Maryam, que también es una desplazada interna. Ahora los niños pueden asistir a clases resguardadas del sol, del viento y del polvo en una de las tiendas proporcionadas por UNICEF que se usan como espacios temporales de aprendizaje en el campamento de Dalori. Además de haber distribuido mochilas, pupitres, uniformes escolares y materiales de aprendizaje y enseñanza, UNICEF ha proporcionado más de 130 tiendas como esta, que se utilizan como espacios temporales de aprendizaje en varios campamentos del estado de Borno.
Estas tres mujeres desempeñan un papel fundamental en la contención del brote reciente de poliomielitis en el noreste de Nigeria. Zara es vacunadora contra la poliomielitis; Falamata recibió formación de UNICEF y es movilizadora voluntaria de la comunidad; y Aicha es registradora de datos. Juntas componen un equipo de vacunación contra la poliomielitis y, como tal, formaron parte de una campaña de inmunización de emergencia a gran escala que se llevó acabo del 13 al 18 de octubre. UNICEF Nigeria colaboró con la campaña ayudando a procurar vacunas y tratando de involucrar a la gente mediante una movilización de los medios de comunicación y las comunidades. La campaña incluyó un despliegue de casi 39.000 trabajadores de la salud que distribuyeron vacunas contra la poliomielitis para niños menores de cinco años procedentes de zonas en situación de alto riesgo de Nigeria, el Chad, el Níger, Camerún y la República Centroafricana.
Esta es la primera visita –y, seguramente, la más importante– de Zainab, de tres años, a un centro de atención primaria establecido con la ayuda de UNICEF en la comunidad de Dalaram, en el área de gobernación local (LGA) de Jere. Zainab padece malnutrición aguda grave y, como principal intervención médica, está recibiendo un tratamiento a base de alimentos terapéuticos listos para el consumo acompañado de micronutrientes y antibióticos. La madre de Zainab, de 18 años, también está recibiendo asesoramiento sobre la alimentación para bebés y niños pequeños. Durante las próximas ocho semanas del programa de tratamiento se supervisará a la madre y al niño mientras este recupera su peso y mejora su salud. Zainab es uno de los 80.178 menores de cinco años
Natural del LGA de Monguno, en el estado de Borno, Abatcha escapó de su hogar con su familia después de que los ataques de los insurgentes provocaran una situación de inseguridad en todo el noreste de Nigeria, incluida su ciudad natal. Ahora, Abatcha y su familia viven en el campamento de Bakassi para desplazados internos, donde desempeña un papel fundamental como secretaria colaborando con la administración general del campamento. UNICEF colabora con los campamentos y las comunidades de acogida en las que viven la mayoría de los desplazados en la actualidad ofreciéndoles servicios de salud, nutrición, educación, protección infantil, agua y saneamiento y campañas de inmunización contra el sarampión.
Aminata (no es su nombre real) es una niña de 17 años que fue secuestrada por Boko Haram. “Me arrastraron hasta un coche. Me habían secuestrado a mí y a otras 14 niñas de mi vecindario. Me retuvieron allí dos meses y después me obligaron a casarme con uno de los insurgentes”, relató. Según estimaciones de UNICEF, este grupo militante ha retenido y sometido a más de 7.000
Iisa tiene cinco años y es uno de los muchos niños desplazados internos que viven en el campamento de Muna Garage, en Maiduguri. La niña posa con su pizarra en el exterior del espacio adaptado para niños establecido con la ayuda de UNICEF en el campamento. Los equipos de educación y protección de la infancia de UNICEF trabajan juntos para ayudar a niños de entre tres y 18 años con espacios adaptados para niños que cuentan con asistencia educacional, suministros escolares y maestros a través de la Junta de Educación Básica Universal del estado. Esta medida garantiza que los espacios adaptados a los niños sean también espacios seguros de aprendizaje para niños como Iisa.
Aisha Bulama es vacunadora contra la poliomielitis y una de las mujeres más populares de Maiduguri durante la campaña de inmunización contra la poliomielitis. “Esta mañana, solo en unas horas, mi equipo ya había vacunado a más de 500 niños”, sostiene orgullosa antes de marcar la uña de un niño pequeño al que acaba de vacunar. La marca morada en la uña es algo que muchas madres muestran orgullosas a su familia, amigos y vecinos, especialmente después del brote reciente de poliomielitis en el noreste de Nigeria. Los equipos de vacunación contra la poliomielitis de algunas partes del estado de Borno, en Nigeria, también llevarán a cabo controles de malnutrición simultáneos para detectar malnutrición aguda grave en niños menores de cinco años, y derivarán a los malnutridos a los programas de tratamiento terapéutico.
Hajiya Bashir es Oficial Jefe de Enfermería en el centro de Atención Primaria de Gamboru que está siendo rehabilitado por UNICEF. El centro tuvo que repararse urgentemente después de haber sido objeto de ataques, saqueos y bombas por parte de los insurgentes, lo que redujo el acceso a atención médica y materna a los residentes de Gamboru y las numerosas personas desplazadas que viven allí. “Ahora mismo, solo podemos ofrecer una atención médica limitada a nuestra gente porque el centro quedó muy dañado”, dice Hajiya. El gobierno nigeriano ha declarado que casi todas las instalaciones médicas de las zonas que han vuelto a ser accesibles en el noreste de Nigeria han sido objeto de saqueos y vandalismo y han quedado destruidas. Gracias a la ayuda de UNICEF, en el centro de atención primaria se ha atendido a 2.777.579 personas afectadas por el conflicto con servicios de emergencia, tales como alimentación terapéutica y provisión de micronutrientes para niños, atención materna para mujeres embarazadas, inmunización sistemática y tratamiento de enfermedades como el paludismo o la diarrea y las infecciones respiratorias graves.







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