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México: Sección 22 confirma liberación de dirigentes de Oaxaca

Oaxaca / 03 de agosto de 2016 / Por: Diana Manzo / Fuente: http://casaenchihuahua.blogspot.com/

Profesores de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), del Istmo de Tehuantepec confirmaron la liberación de dos dirigentes zapotecas Juan Carlos Orozco Matus, conocido como “Mata” del penal de Miahuatlán y Heriberto Magariño López del penal de Tehuantepec.

El profesor Juan Carlos Orozco Matus fue liberado la madrugada de este lunes después de que fue detenido en octubre del año pasado, acusado de delitos del orden federal entre los que destaca la toma de la refinería “Antonio Dovalí Jaime”, en Salina Cruz.

Orozco Matus en su detención fue trasladado al penal del Altiplano en el estado de México, y hace unas semanas llevado al penal de Miahuatlán, de donde logró su libertad. Mientras que el profesor Heriberto Magariño López (representante de la sección 22 en el Istmo de Tehauntepec), fue puesto en libertad al medio día del mismo lunes, después de haber sido encarcelado el pasado 10 de mayo y llevado al penal de Hermosillo Sonora, cuatro semanas después traído al penal de Miahutlán y finalmente la semana pasada recluido en el Centro de Readaptación Social de Tehuantepec.

Fuente noticia: http://casaenchihuahua.blogspot.com/2016/08/mexico-seccion-22-confirma-liberacion.html

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La fantasía en el imaginario popular

Por: Victor Montoya

En culturas como la boliviana, donde se mantienen vivas las creencias pagano-religiosas, los habitantes tienen la mente proclive a las supersticiones y la cotidianeidad está transversalmente atravesada por la tradición oral, cuya sabiduría cultural se transmite de padres a hijos, de adultos a niños, a través de leyendas, mitos, cantos, oraciones, fábulas, refranes, conjuros y otras formas de manifestación de la oralidad, que ha sido desde siempre una de las mejores formas de preservar los conocimientos ancestrales y transmitirlos como testimonios de épocas pretéritas a las nuevas generaciones, con la finalidad de que éstas enriquezcan su bagaje cultural con los aportes del ingenio popular.

No existe un solo individuo que no haya alimentado su fantasía con las narraciones de la tradición oral, puesto que en todos los hogares se cuentan historias de espanto y aparecidos, con las que disfrutan tanto los niños como los adultos. Los cuentos de terror o de fenómenos paranormales siempre fueron una fuente de la que bebieron los escritores, porque contienen temas y personajes que nos son familiares desde la cuna hasta la tumba.

Personajes fantásticos

Desde la más remota antigüedad, todas las civilizaciones crearon a sus personajes fantásticos, concediéndoles atributos que los diferenciaban de los simples mortales. Ahí tenemos a los titanes y dioses mitológicos, que poseían poderes sobrenaturales y una vida contextualizada en dimensiones extraterrenales.

Muchos de estos personajes ficticios, creados por la fantasía de los hombres primitivos y modernos, han llegado a formar parte de las comunidades urbanas y rurales debido a que tienen una poderosa fuerza de atracción, que nos permiten cumplir nuestros sueños y deseos a través de las aventuras y desventuras que ellos protagonizan en el mundo fantástico que los rodea, casi siempre estructurado sobre la base de una imaginación que transgrede los límites del racionalismo y la lógica formal.

Los personajes fabulosos, hechos de magia y fantasía, rompen con las franjas temporales y espaciales de un modo particular, ya que poseen la facultad de morir y resucitar, de aparecer y desaparecer, de transformase en entes materiales e inmateriales y, sobre todo, la facultad de ser dioses y hombres y a la vez; una dicotomía que forma parte de su esencia desde el instante en que fueron creados como tales por la imaginación de los simples mortales que, desde la edad primitiva de las civilizaciones, tuvieron siempre la necesidad de creer que existen, en otras dimensiones, seres más poderosos que los individuos del mundo terrenal.

La literatura anclada en la oralidad

No es casual que los hombres primitivos, con una fantasía similar a la de los niños, hayan sido capaces de crear a los dioses y demonios, con la finalidad de proyectar su propio fuero interno, que luego se fue transmitiendo de boca en boca y de generación en generación, hasta llegar a nuestros días como un legado de nuestro pasado histórico.

Las narraciones fantásticas no son una invención de los escritores modernos, sino de los cultores de una antigua tradición literaria anclada en la oralidad de las viejas culturas de Oriente y Occidente, pero también de las culturas  precolombinas, como en el caso de América Latina. Lo que quiere decir que la explicación empírica de la realidad, con una sobredosis de ficción, siempre ocupó la mente de los hombres en todas las épocas y culturas.

Lo interesante es que las narraciones de la tradición oral, de un modo general, son similares en todas las culturas, así éstas no hayan establecido un contacto directo. Lo que hace suponer que los individuos, indistintamente del lugar geográfico y la época, compartían las mismas necesidades de despejar las dudas concernientes a los fenómenos físicos de la naturaleza, los instintos naturales de la condición humana, los misterios de la vida, la muerte y, por supuesto, la  existencia de otras formas de vida después de la muerte; de lo contrario, no se creería en la existencia de una vida en el más allá ni en el espíritu de los individuos que, después de muertos, retornan como condenados al reino de los vivos.

La memoria colectiva

Todas estas creencias fascinantes del ingenio popular son elementos que sirven como base en la re-creación de una obra literaria que, más que ser el producto de una poderosa mente creadora, resulta ser el compendio de la memoria colectiva; es decir, la tradición oral convertida en literatura. No obstante, a pesar de esta evidencia, existen todavía quienes aseveran que las obras de carácter fantástico son creaciones auténticas y originales de los tiempos modernos; una afirmación que, desde luego, está lejos de la verdad, puesto que la literatura fantástica, en su forma oral y escrita, existió desde siempre. Por lo tanto, como enseña el sabio proverbio: No hay nada nuevo bajo el sol.

Todos los escritores, de un modo consciente o inconsciente, son plagiadores de los autores y las obras que los precedieron en su proceso de aprendizaje escritural. Esto lo reconocen, con la mano en el pecho, incluso los autores más prestigiosos de la literatura universal, conscientes de que el imaginario popular, desde los albores de la comunidad primitiva, fue el principal generador de narraciones que pretendían mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común.

La tradición oral

La tradición oral latinoamericana, desde su pasado milenario, tuvo innumerables Iriartes, Esopos y Samaniegos que, aun sin saber leer ni escribir, transmitieron las fábulas de generación en generación y de boca en boca, hasta que aparecieron los compiladores de la colonia y la república, quienes, gracias al buen manejo de la pluma y el tintero, perpetuaron la memoria colectiva en las páginas de los libros impresos, pasando así de la oralidad a la escritura y salvando una rica tradición popular que, de otro modo,  pudo haber sucumbido en el tiempo y el olvido.

No se sabe con certeza cuándo surgieron estas fábulas cuyos protagonistas están dotados de voz humana, mas es probable que fueron introducidas en América durante el siglo XVI, no tanto por las huestes de Hernán Cortés y Francisco Pizarro, sino, más bien, por los esclavos africanos traídos como mercancía humana, pues los folklorólogos detectaron que las fábulas de origen africano, aunque en versiones diferentes, se contaban en las minas y las plantaciones donde existieron esclavos negros; los cuales, a pesar de haber echado por la borda a los dioses de la fecundidad para evitar la multiplicación de esclavos en tierras americanas, decidieron conservar las fábulas de la tradición oral y difundirlas entre los indígenas que compartían la misma suerte del despojo y la colonización. Con el paso del tiempo, estas fábulas se impregnaron del folklore y los vocablos típicos de las culturas precolombinas.

El imaginario popular

Algunas fábulas de la tradición oral son prodigios de la imaginación popular, imaginación que no siempre es una aberración de la lógica, sino un modo de expresar las sensaciones y emociones del alma por medio de imágenes, emblemas y símbolos. En tanto otras, de enorme poder sugestivo y expresión lacónica, hunden sus raíces en las culturas ancestrales y son piezas claves del folklore, pues son muestras vivas de la fidelidad con que la memoria colectiva conserva el ingenio y la sabiduría populares.

El folklore es tan rico en colorido, que Gabriela Mistral estaba convencida de que la poesía infantil válida, o la única válida, era la popular y propiamente el folklore que cada pueblo tiene a mano, pues en él encontramos todo lo que necesita, como alimento, el espíritu del niño. En efecto, los niños latinoamericanos no necesitan consumir una literatura alienante y comercial llegada de Occidente, ya que les basta con oír las historias de su entorno en boca de diestros cuenteros, que a uno lo mantienen en vilo y lo ponen en trance de encanto, sin más recursos que las inflexiones de la voz, los gestos del rostro y los movimientos de las manos y el cuerpo.

La moraleja en las fábulas

Desde tiempos muy remotos, los hombres han usado el velo de la ficción o de la simbología para defender las virtudes y criticar los defectos; y, ante todo, para cuestionar a los poderes de dominación, pues la fábula, al igual que la trova en la antigua Grecia o Roma, es una suerte de venganza del esclavo dotado de ingenio y talento. Por ejemplo, el zorro y el conejo, que representan la astucia y la picardía, son dos de los personajes en torno a los cuales gira la mayor cantidad de fábulas latinoamericanas. En Perú y Bolivia se los conoce con el nombre genérico de Cumpa Conejo y Atoj Antoño. En Colombia y Ecuador como Tío Conejo y Tía Zorra y en Argentina como Don Juan, el Zorro y el Conejo.

Los personajes de las fábulas representan casi siempre figuras arquetípicas que simbolizan las virtudes y los defectos humanos, y dentro de una peculiar estructura, el malo es perfectamente malo y el bueno es inconfundiblemente bueno, y el anhelo de justicia, tan fuerte entre los niños como entre los desposeídos, desenlaza en el premio y el castigo correspondientes.

En la actualidad, las fábulas de la tradición oral, que representan la lucha del débil contra el fuerte o la simple realización de una travesura, no sólo pasan a enriquecer el acervo cultural de un continente tan complejo como el latinoamericano, sino que son joyas literarias dignas de ser incluidas en antologías literarias, por cuanto la fábula es una de las formas primeras y predilectas de los lectores, y los fabulistas los magos de la palabra oral y escrita.

De Homero a García Márquez

La llamada literatura fantástica de nuestros tiempos, con personajes monstruosos y temas que abordan situaciones fabulosas, tiene sus referentes en autores y obras que se escribieron mucho antes de la Era cristiana, como el Poema de Gilgamesh, donde intervienen gigantes, dioses y hechos sobrenaturales. Asimismo, en los poemas épicos de Homero, particularmente en la Ilíada y Odisea,  donde se describen numerosos episodios protagonizados por personajes mitológicos y criaturas fabulosas, que no existen en la realidad pero si en el imaginario popular o en la cosmovisión de un universo ficticio narrado con verosimilitud, intentando convencer al lector de que es posible lo imposible, como ocurre en los cuentos de Las mil y una noches, que no tienen autor conocido, debido a que provienen de la tradición oral, como todos los cuentos compilados por Charles Perrault y los Hermanos Grimm.

Tampoco es casual que los escritores del llamado realismo mágico, desde Juan Rulfo hasta García Márquez, hayan encontrado su fuente de inspiración en varias de las narraciones del mundo bíblico, donde aparecen personajes con asombrosos poderes sobrenaturales y se describen episodios insólitos que, más que haber existido en la realidad, parecen haber sido arrancados de las páginas de una novela del género fantástico.

De modo que la narrativa fantástica de nuestros tiempos honda sus raíces en los relatos de la tradición oral, en las cuales los cuenteros natos, para lograr personajes debidamente caracterizados y argumentos sostenibles, dieron verosimilitud interna a lo fantástico o irreal, como en la retórica destinada a convencer de que lo negro es negro y lo blanco es blanco. Por eso mismo, los personajes y temas, plasmados en universos fantásticos de la forma más convincente y clara posibles, se acercan a los pensamientos y sentimientos de los oyentes y lectores, quienes se interesan, se identifican y se reconocen en las historias narradas con los recursos concebidos por la imaginación, capaz de mostrar que existen hechos reales que tienen una connotación fantástica, como existen hechos fantásticos que forman parte de la realidad cotidiana.

  • Articulo tomado de: http://victormontoyaescritor.blogspot.com/2016_02_01_archive.html
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Kenia: Students sent home for saying ‘no’ to exams

Kenia / 03 de agosto de 2016 / Por: KALUME KAZUNGU – WINNIE ATIENO / Fuente: http://www.nation.co.ke/

The decision was arrived at to prevent unrest or destruction of school property.

Five secondary schools in Lamu County have sent some of their students home after they refused to sit for their mock examinations.

The county’s Director of Education, Mr Mwanyoha Ndegwa, said the management of Kizingitini, Siyu, Wiyoni, Witu and Kiongwe secondary schools have been forced to send their Form Three and Four students home.

The decision was arrived at to prevent unrest or destruction of school property. The students refused to sit the exams on the grounds that they were not well prepared to tackle the questions.

Some claimed that the exams had been set on topics that they were yet to cover while others claimed that their teachers had not notified them on when the exams were to begin.

Some of the students who spoke to the Nation and requested anonymity, also said they were not willing to sit the exams because they feared that the results would be used to determine their final score in the Kenya Certificate of Secondary Education (KCSE) exam.

However, Mr Ndegwa said the students were simply not prepared and were therefore scared of failing.

“We shall soon summon back the students and their parents and chart a way forward. I expect the Lamu education board to meet this week over the same,” Mr Ndegwa said in a telephone interview.

In a related development, Coast regional coordinator Nelson Marwa on Monday said all public boarding secondary schools at the Coast will be manned by security officers to avert arson attacks.

At the same time, owners of petrol stations in the region have been warned against selling petrol to underage buyers and other suspicious characters.

“Don’t sell petrol to students, probe and confirm what it will be used for. Mere interrogations and amount of petrol bought can reveal their intentions. Report underage buyers to relevant authorities,” said Mr Marwa.

Speaking at his office, Mr Marwa said so far eight students — three from Shimo la Tewa High School, two from Malindi High and two from Lamu — have been arrested as part of the investigations into a fire incident at Kwale High School last Friday.

“The students from Lamu and Malindi have been arraigned in court. Anyone involved will be arrested regardless of their age,” said Mr Marwa.

ELECTRIC FAULT
Meanwhile, police officers in Mombasa County are investigating the circumstances that led to the burning of a dormitory at St Augustine Preparatory School in Tudor, Mombasa on Sunday night.

Police blamed the fire on an electric fault. The same building had also caught fire in 2013.

At least eight pupils were taken to hospital and treated for shock and minor injuries after the 11pm incident.

The fire was quickly contained by the Mombasa County and Kenya Ports Authority fire brigades.

The headteacher, Ms Serah Kessi, said the fire started shortly after the girls were cleared to go to bed.

“The girls had not slept as they had just got to the dormitory shortly after their revision ahead of the exams,” Ms Kessi said.

She said that the school had already made arrangements to accommodate the students until Friday when they will finish their end-of-term examinations.

Additional reporting by Wachira Mwangi

Fuente noticia: http://www.nation.co.ke/counties/Students-sent-home-for-saying-no-to-exams/1107872-3326114-10w6ygr/index.html

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Cameroon: Education – Littoral Authorities Laud Private Initiatives, But..

Camerún / allafrica / 3 de agosto de 2016

A meeting to evaluate the 2015/2016 school year held in Douala on July 28, 2016.

It is no news that private schools in the country produce some of the best results in State examinations. The remarks were made during the annual evaluation by the Regional Committee for Private Education in Douala on July 28, 2016. The meeting held at a time the Libermann College and Collège la Conquête in Douala feature among the best secondary schools in Cameroon following the release of the 2015 classification of «l’Office du Baccalauréat du Cameroun.»

Despite the good performance, the private sector is plagued by many problems. Representing the Governor of the Littoral Region at the evaluation meeting, the Inspector General in the Governor’s Office, congratulated private schools for their brilliant results. He however frowned at the functioning of clandestine schools and the non-respect of procedures in the creation of schools. He also condemned the non-respect of labour and social security legislation, low wages and the non-payment of taxes.

Emile Yomkil, Littoral’s Delegate for Secondary Education, commended the efforts of the private sector in lifting the region during certificate examinations. He disclosed that the war waged by his office two years ago against illegal schools led to the shutting down of over 50 of such institutions. However, some of the closed schools regularised their situation and were reopened.

Fuente: http://allafrica.com/stories/201608010627.html

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Suiza: Un sindicato docente pone en marcha una iniciativa destinada a promover una jubilación digna para los docentes

www.ei-ie.org/03-08-2016/

Cuando los ciudadanos suizos acudan a las urnas el próximo 25 de septiembre tendrán la oportunidad de votar una iniciativa popular conocida como AHVplus, lanzada por los sindicalistas docentes, que tiene por objeto otorgar a los docentes un aumento de sus pensiones.

Dicha iniciativa, que conlleva unos costes adicionales relativamente modestos, tanto para los empleadores como para los empleados, ayudará a garantizar una pensión más elevada a largo plazo. El AHV es un seguro suizo de vejez y supervivencia, creado para proporcionar apoyo económico a las personas cuando ya no pueden trabajar debido a la vejez (pensiones), o cuando fallece la persona que garantizaba su sustento.

“Decir “sí” a la iniciativa AHV plus rectificará la tendencia según la cual los docentes y la mayoría de los empleados contribuyen cada vez más a los fondos de pensiones, pero reciben menos prestaciones de jubilación durante un período de tiempo más largo”, afirmó Franziska Peterhans, secretaria central del sindicato de docentes Dachverband Lehrerinnen Lehrer und Schweiz (LCH).

En lugar de reducir las pensiones y fijar la edad de jubilación a los 67 años, las empresas y el gobierno deben garantizar que se compensen las reducciones de las pensiones, declaró. De no ser así, un menor número de personas “podrá mantener su nivel de vida habitual de una manera adecuada” después de jubilarse con el dinero recibido por el AHV y los fondos de pensiones, en virtud de lo estipulado por la Constitución.

Una opción más segura

En 2014, el sindicato Dachverband Lehrerinnen und Lehrer Schweiz(LCH) junto con el Syndicat des Enseignants Romands (SER), ambos afiliados a la Internacional de la Educación (IE), presentaron conjuntamente con otras organizaciones la iniciativa popular AHVplus de la Unión Sindical Suiza (USS/SGB). Esta iniciativa solicita que se aumenten en un 10 por ciento las pensiones de AHV. Juntas, proponen financiar la iniciativa con el 0,4 por ciento del salario de los empleados y de los empleadores. Esto representaría un modesto coste adicional para los empleados: alrededor de 40 CHF (francos suizos) (38 €) al mes para un maestro de Primaria. De este modo, los trabajadores se beneficiarían de una pensión considerablemente más elevada. Un solo docente recibiría 200 CHF (€ 180) adicionales al mes, lo que supone 2 400 CHF (2 200 €) al año. En el caso de una pareja casada, el aumento de las pensiones sería de 350 CHF (en torno a 320 €) al mes o 4 200 CHF (3 800 €) al año.

Según los sindicatos, el AHV es el seguro de vejez más seguro y eficiente, puesto que, contribuyendo con una pequeña parte del salario (0,4 por ciento), y la misma aportación salarial por parte de los empleadores, todos recibirán una pensión significativamente mayor. “Ningún fondo de pensión puede conseguir esto”, señaló Peterhans.

Mayores contribuciones, menores beneficios

Las prestaciones de jubilación y los fondos de pensiones se han visto afectados debido, entre otras cosas, a la gran incertidumbre que rodea a los mercados financieros, puntualizó Peterhans. Los reveses que ha sufrido la bolsa de valores hacen necesario que los fondos de pensiones adopten medidas correctivas para compensar el déficit, puntualizó, insistiendo en el hecho de que la permanencia de unas tasas de interés bajas supone que no se obtenga prácticamente ningún rendimiento de las inversiones, lo cual se traduce en mayores contribuciones o en menores beneficios para los asegurados.

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URUGUAY: Exdirector de Educación cuestionó propuesta sobre universidades privadas

Uruguay / Entorno inteligente / 3 de Agosto de 2016

«Me pone muy feliz saber que ahora todos los legisladores y gobernantes del FA van a mandar a sus hijos y nietos a la educación pública», escribió ayer en su cuenta de Twitter el exdirector de Educación, Juan Pedro Mir .

En una publicación que, aclaró, era irónica, Mir cuestionó la propuesta de la eliminación de beneficios tributarios para las empresas que donan a universidades privadas, y la afirmación de la diputada del IR, Macarena Gelman, quien dijo que esa medida busca «proteger más que nada a la educación pública».

«Estoy esperando el decreto Ley que establezca a todos los gobernantes, incluidos los del IR… tienen que inscribir a hijos y nietos en la educación pública», escribió y agregó: «Ahhh y no quiero ver a ninguno de ellos becados en el exterior ni haciendo postgrados en las universidades privadas….».

Las declaraciones de Mir fueron en relación al proyecto de Rendición de Cuentas que elimina los beneficios tributarios para las empresas que donan a universidades privadas. La iniciativa para suspender estos beneficios fue aprobada por unanimidad de la bancada de izquierda de Diputados la semana pasada ante la presencia de Michael Borchardt, de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

Embed @ObservadorUY me pone muy feliz saber q ahora todos los legisladores y gobernantes del FA van a mandar a sus hijos y nietos a la ed pública

— Juan Pedro Mir (@juanpedromir) 31 de julio de 2016

Embed Estoy esperando el de Ley q establezca a todos los gobernantes, incluidos los del IR… tienen que inscribir a hij y niet en la ed pública

Fuente:http://www.entornointeligente.com/articulo/8750598/URUGUAY-Exdirector-de-Educacioacute;n-cuestionoacute;-propuesta-sobre-universidades-privadas-01082016

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Siete razones por las que se te pueden quitar las ganas de enseñar

Por: Melissa Bowers

Ya ha pasado más de un año desde que dejé la enseñanza, una decisión que tomé porque íbamos a mudarnos a la otra punta del país. Para conmemorar la ocasión, compartiré la frase que -con diferencia- más introduce la gente en los buscadores para llegar hasta mi página web.

«No quiero enseñar más».

En mis doce años de experiencia como profesora de Inglés, he visto a gente dejar la profesión en estampida. El clima es diferente. La cultura es diferente. El sistema se desmorona y los profesionales de la educación se dispersan para evitar ser aplastados por los escombros cuando todo se venga abajo.

No entraré en detalles sobre los recortes de presupuesto, la cantidad masiva de alumnos que hay por clase o el sueldo medio; de todo eso ya se ha hablado hasta la saciedad. No voy a hablar sobre el agotamiento profundo que implica estar todo el día sobre la tarima ni sobre la sensación de ahogo que te embarga esas noches y fines de semana en los que tienes cientos de trabajos que corregir.

Hay mucho más: cosas que solo comprenderás si tienes una llave de la sala de profesores.

1. Eres una figura de autoridad pero no tienes autoridad real.

Una amiga me dijo en una ocasión: «No sabes lo que es tener un trabajo de verdad, con entregas y adultos vigilándote constantemente. Tú puedes ser tu propia jefa». La ignorancia pura de su comentario lleva años conmigo, y sigue afectándome, en gran parte porque ese pensamiento erróneo es muy común.

Cuando cerramos la puerta cada día y nos dirigimos hacia la parte delantera de la clase, es fácil ser presa del espejismo de que estamos al mando. Después de todo, es tu nombre el que está escrito en la puerta, así que debes de ser quien manda.

Dosis de realidad: tú no eres quien manda.

Los padres mandan sobre ti. La administración manda sobre ti. Los alumnos lo notan. Es cierto. Y, como es cierto, comprometer tu integridad implica una presión inmensa: aprobar a un niño que no ha demostrado maestría, permitir la entrega tardía de un trabajo que mandaste hace dos meses, ser menos estricta al poner menos deberes, proyectos diferentes o notas; porque a veces se espera que no eches más leña al fuego.

2. Tu día no se parece en nada a la jornada del típico trabajador de oficina.

A pesar de la ignorancia de la amiga de la que he hablado antes, tengo que concederle esto: a veces somos dolorosamente conscientes de que nuestro «trabajo de verdad» se diferencia sospechosamente de otros «trabajos de verdad» que requieren tener un título universitario.

Tus amigos pueden hacer cosas como estas en el trabajo:

1. Hacer pis
2. Tomar café
3. Hablar un rato con un compañero sin prisa
4. Salir a comer
5. Hacer papeleo y otras tareas relacionadas con el trabajo mientras están en el trabajo
6. Sentarse de vez en cuando

Estoy segura de que las vacaciones de verano existen porque los Dioses del Colegio cuentan todos los segundos que no tenemos para ir al baño y nos los devuelven todos juntos de golpe. Los 25 minutos para comer no propician comidas relajantes fuera de los muros del colegio o del instituto, y solo puedes aliviarte un poco durante el cambio de clase que, por desgracia, es la única oportunidad que tienen todos los demás profesores para ir al baño.

Porque ¿sabes quién más manda sobre ti? La campana.

3. Todo el mundo se cree que sabe cómo hacer tu trabajo. TODO EL MUNDO.

Además del hecho de que no tienes autoridad, hay muchas personas que sí la tienen y que, literalmente, no han pasado ni un día de su vida enseñando; y aun así muchos están seguros de que saben hacer tu trabajo mejor que tú.

Mucha gente tiene luz en casa, pero eso no los convierte en electricistas. Mi marido no sabe cómo llevar un restaurante solo porque hayamos salido a cenar fuera. ¿Puedo declararme experta en derecho por ver Ley y orden: Unidad de víctimas especialesuna vez a la semana?

Pero, por supuesto, la enseñanza es diferente, ¿verdad? En algún punto de nuestras vidas, todos nos hemos sentado en una clase. Todos hemos sido alumnos, después de todo. Durante seis, siete u ocho horas al día, desde preescolar, todo el mundo lo ve, así que todo el mundo puede opinar.

Pero incluso los que llevan poco tiempo enseñando pueden confirmarlo: todo se ve de una forma diferente desde detrás de la mesa del profesor. Así que cuando tus superiores son comités de personas que solo saben cómo es el asunto desde la perspectiva del estudiante, es como pedir a un equipo de contables que cableen un edificio.

¿Sabes lo que probablemente acabará pasando? Que saldrá ardiendo.

4. Querías fomentar la imaginación, no machacarla.

Los profesores llevan mucho tiempo luchando contra la presión cada vez mayor de «enseñar para aprobar un examen». A pesar de nuestros gritos de advertencia, la situación no mejora. Los cursos o asignaturas con valor para la vida real (como, por ejemplo, la economía doméstica o las clases de compra) van muriendo, y no de una forma gradual, precisamente; y no hay ninguna parte de «Alimentación y Nutrición» en el examen de selectividad. Los programas de arte y música corren un grave peligro y en algunos lugares prácticamente han desaparecido.

Una profesora de primaria a la que conozco -que trabaja en uno de los distritos más ricos y respetables de su estado- asistió hace poco a una reunión en la que se pedía a los miembros del personal que «limitaran o eliminaran por completo» la lectura de cuentos. «No está lo suficientemente diferenciada», les dijeron, «y, además, supone un desperdicio de las valiosas horas de clase».

Sus alumnos son de tercero de primaria. Se merecen que les lean un cuento, que alimenten su imaginación. Merecen la magia de una historia cautivadora. Merecen aprender que se puede leer por placer en vez de estrictamente para buscar información.

Y las asignaturas «más importantes» de secundaria tampoco son inmunes. Los profesores de Lengua contemplan con impotencia cómo van desapareciendo del programa las obras de ficción y cómo se van reemplazando por obras basadas en hechos reales. Aunque a veces se nos invita a asistir a comités curriculares (a los que he ido) para darnos la falsa impresión de que tenemos voz y voto, no son más que una trampa: tenemos la libertad que nos permiten los estándares nacionales y estatales. Ahora mismo, se apuesta de manera implacable por los HECHOS. LOS DATOS. LAS ESTADÍSTICAS.

Y eso no deja mucho espacio para la fantasía.

Pero la cuestión es la siguiente: los debates sobre ficción llevan a debates enriquecedores sobre la vida, que conducen a algo mucho más importante que el crecimiento de un estudiante: guían el crecimiento de un ser humano.

5. La obsesión por la tecnología está acabando con tu cordura.

Las cifras y los hechos no son los únicos que están dando de lado a nuestras queridas obras de ficción. El demoledor ritmo de la tecnología también las está aplastando. «¡Los niños deben aprenderlo TODO SOBRE LA TECNOLOGÍA!», afirma todo el mundo mientras agita los brazos y se dirige hacia la tienda Apple más cercana. «¡Es el futuro!»

Entonces, ¿por qué los directores generales de las empresas de tecnología más importantes envían a sus hijos a los Centros Educativos Waldorf, en los que no hay ordenadores? Tiene que haber una aplicación… No, perdón, quería decir «explicación».

Es un asunto peliagudo. POR SUPUESTO, como profesores que somos, nuestro trabajo es adaptarnos a los tiempos que corren. Pero me atrevería a decir que nuestro trabajo también es retar a nuestros alumnos con cosas novedosas; y, para esta generación, la tecnología no lo es. De hecho, es lo único de lo que saben. Los niños no necesitan saber más sobre ella -la mayoría lleva viendo una pantalla y haciendo clic desde que eran bebés- y seguirán haciéndolo en mitad de tu explicación (probablemente basada en hechos reales) sobre un libro (que probablemente no será de ficción), por cierto. Resulta increíblemente frustrante que todas estas gloriosas innovaciones sirvan más como una distracción que como una herramienta de aprendizaje.

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P.D.: Podrías detectar a alumnos escribiendo mensajes con el móvil aunque estuvieras ciega, ¡se te da demasiado bien!

Aunque los profesores tendemos a juntarnos, yo tengo amigos y familiares con vidas profesionales muy variadas: desde empresarios de éxito hasta ingenieros mecánicos pasando por directores de recursos humanos. Todos ellos llevan entrevistando a candidatos durante más de una década, y todos se quejan de algo similar: les resulta casi imposible encontrar a un aspirante al que realmente quieran contratar.

Hay tres ces que parece que faltan hoy en día: curiosidad, creatividad y comunicación.

La tecnología es maravillosa -en realidad no, pero es necesaria- para un montón de cosas, pero está acabando con estas tres preciosas ces. Y, como profesores que somos, no solo somos testigos de su muerte, sino que se espera que asistamos a su asesinato. Por culpa de las expectativas estandarizadas, tenemos que incorporar cada vez más tecnología, aunque lo único que queramos sea pegarle un martillazo a todo lo que tenga pantalla.

6. Los privilegios, los trofeos, la apatía… y todo eso.

Probablemente, dentro de las cuatro paredes de clase el aire esté algo cargado de un tufo a «no es culpa mía, es tu culpa», y ese hedor proviene de los alumnos.

Por irónico que parezca, no es su culpa.

Como el olor a tabaco, lo traen de casa, sale de sus mochilas, va adherido al tejido de su ropa y a las fibras de su educación. Durante toda su vida, estas generaciones de «niños únicos y diferentes» han recibido premios y conmemoraciones por participar -y no por ganar- así que queda bastante claro por qué los niños han llegado a esperar un sobresaliente «por haberlo intentado». Pero a veces un insuficiente no es más que un insuficiente, que no significa que Johnny tenga un profesor nefasto. Significa que posiblemente Johnny se lo haya ganado esta vez. Significa que a lo mejor no ha entregado un trabajo perfecto. Significa que a lo mejor no tiene que empezar a hacer un trabajo que le llevará unas tres semanas el día antes de la entrega.

Pero Johnny no sabe que un insuficiente significa todo eso, porque lo que oye en su casa es que sus padres están increíblemente enfadados porque su profesor haya tenido las narices de suspender a su niñito. (Prepárate para la llamada encolerizada a la mañana siguiente).

Evidentemente, igual que hay padres de este tipo, los hay que son devastadoramente ausentes, igual que los hay tan comprensivos que hacen que te preguntes si son reales. Que son generosos, amables y responsables y en las reuniones de padres y profesores les dices que lo están haciendo muy bien porque lo piensas de verdad.

Espero ser como ese último tipo de padres.

Me convertí en madre hace unos años y debo admitir, no sin vergüenza, que ahora lo entiendo. Mis hijos SON especiales. Mis hijos LO INTENTAN. No quiero que tengan que sentirse NUNCA como si no fueran las personas más importantes del mundo. Cuando la profesora de preescolar de mi hija le puso una nota en la que decía que no había estado muy receptiva en clase, me sentí frustrada e impotente y estaba prácticamente segura de que la profesora estaba siendo demasiado exigente. Cuando corrió su primera carrera de Acción de Gracias el pasado mes de noviembre, los organizadores me preguntaron si quería comprarle una medalla. «Sí, claro», contesté. «Pues claro que tendría una medalla». Sin dudar, aflojé el dinero para contribuir.

Como madre que soy, lo entiendo.

Pero, como profesora, lo que me gustaría es decir: dejad de ponerles excusas a los niños. BASTA YA. Hay que enseñarles a ganarse las cosas, no a pedirlas. A tener ambiciones. Hay que plantearles desafíos. De esa manera, cuando yo intente retarlos, sabrán que eso es lo que ambos esperamos.

Sabrán que estamos en el mismo equipo.

Abandonados a sus propios medios, los niños son los primeros que te dirán: Sí, se me había olvidado por completo que habías mandado ese trabajo. No me esforcé al máximo. No me apetecía terminar la lectura. ¡Ups! Lo siento, profe. Y se encogerán de hombros, levantando las cejas y haciendo gala de una adorable conciencia de sí mismos.

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Querida señorita Bowers:
Creo que eres una profesora genial e incluso mejor persona. Sé que no soy muy buen estudiante. Esta era una de mis clases favoritas, aunque la suspendiera, pero eso es culpa mía. Y me siento mal por no haberme esforzado al máximo aunque tú lo hayas hecho.

Lo saben. En el fondo, a pesar de esos aires de privilegio que les rodean, saben exactamente lo que está pasando. Son mucho más listos y capaces de fracasar -y, por consiguiente, de tener éxito- mucho más de lo que el mundo les deja experimentar.

7. No hay ninguna manera fiable de evaluar quién lo está haciendo bien de verdad.

Cualquier profesor que se precie sabe que probablemente esto sea lo más inquietante.

Para que la gente sepa lo bien que estás haciendo tu trabajo, necesitan verte trabajar. Pero, si solo hay un director por cada treinta y tantos profesores, la supervisión adecuada se convierte en algo físicamente imposible. Incluso aunque el único deber de un director fuera tragarse una clase tras otra, seguirían faltándole horas al día, así que los legisladores y los superiores del distrito luchan por encontrar una forma de tapar agujeros.

Una idea que está cobrando fuerza consiste en analizar las calificaciones de los exámenes de los alumnos. En teoría, esto debería funcionar; pero, en la práctica, no pueden ir en serio. Los alumnos no son productos de una cadena de montaje. Sonseres humanos, y en cada clase hay unos 30, y reciben influencias más allá de la lección de vocabulario de ayer. Un profesor no es responsable de cuánto han dormido sus alumnos, de si la semana pasada rompieron con su pareja o de si en casa no desayunan porque su familia no está bien de dinero; pero todas esas cosas influyen en los resultados de los exámenes.

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Querida señorita Bowers:
Me lo he pasado genial en tus clases y creo que he aprendido un montón al tenerte como profesora. Aunque mi gramática y mi ortografía siguen sin ser las mejores, sí que he mejorado. Has trabajado conmigo, con mi déficit de atención y con mi dislexia. He aprendido a expresarme mejor con la poesía y la escritura y eso significa mucho para mí. Gracias. Te voy a echar de menos.

A medida que cada vez más distritos vayan aplicando estas prácticas sin sentido, ¿quién enseñará a los niños que tengan dificultades? ¿Qué educadores van a sacrificar potencialmente sus propias carreras para guiar a los alumnos que se esfuerzan mucho por un aprobado raspado? Algunos de los mejores profesores ya actúan así, y lo único que los retiene es la motivación intrínseca.

Otro método consiste en cargar con el peso de la prueba al profesor. En vez de pasar el domingo por la noche preparando una brillante clase para el próximo día o calificando las decenas de trabajos que recogiste el viernes, tienes que pasar ese tiempo pensando en cómo cumplir con objetivos arbitrarios que se quedarán obsoletos y serán irrelevantes para el próximo curso. Después de eso, debes malgastar emplear más tiempo de clase aplicando dichos objetivos e iniciativas, y después debes emplearmás tiempo los domingos por la noche redactando informes para demostrar lo bien que los has implementado. Eso, junto con las puntuaciones que obtengan tus alumnos en los exámenes, determinará si eres un educador eficaz o no.

¿En vez de eso, podemos limitarnos a hablar de De ratones y hombres? ¿Podemos emplear el tiempo en aprender por qué algunas palabras impresas en una página nos hacen llorar? Esas son las cosas importantes. Eso es lo que importa de verdad. Esas son las cosas que nos enseñan quiénes somos.

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Querida señorita Bowers:
A lo largo de este año, en su clase, he descubierto partes de mí que no habría encontrado si no hubiera estado en esta clase. Me ha encantado poder ser yo mismo a través de todos los proyectos creativos que hemos hecho. Especialmente poder ser yo mismo y estar a gusto con todo el mundo en clase. Tengo que decir que es el profesor el que hace la clase. Tú, como profesora, has hecho de esta clase una de las más divertidas para mí. Sinceramente, he aprendido mucho más que gramática o redacción, esta clase me ha permitido aprender cosas nuevas sobre mí mismo también. Gracias por compartir esta experiencia de aprendizaje conmigo, ¡es todo un honor! También quiero darte las gracias por enseñar la materia de formas comprensibles.
¡Que tengas un verano fantástico!

Estas son las cosas verdaderamente importantes: ayudar a un grupo de alumnos a lidiar de forma cívica con los desacuerdos, conseguir que todo el mundo mantenga la calma cuando alguien vomita dentro del aula o ver cómo el alumno más tímido de la clase -ese que en septiembre nunca abría la boca- se presenta voluntario para leer en voz alta una parte de Las brujas de Salem, pone acentos y hace dos nuevos amigos porque por fin se permite ser vulnerable.

Tu trabajo es mucho más que puntuaciones de exámenes, objetivos irrelevantes e iniciativas cínicas. Es atar cordones y poner tiritas. Es consolar a un padre que te cuenta que su matrimonio se derrumba. Es enseñar a los adolescentes a debatir, a pensar de forma crítica, a mostrar su desacuerdo respetuosamente. Es ver que, cuando se gradúan, los antiguos alumnos te dicen que tus clases de Francés son las que les han hecho querer estudiar en el extranjero, que tus clases de Biología les han hecho matricularse en Bioquímica, que tus ánimos durante sus etapas más oscuras les convencieron para seguir yendo a clase cada día.

¿En qué categoría cabe todo eso? ¿Cómo se puede documentar ese tipo de impacto de efecto retardado? No puede medirse en sobresalientes ni en suficientes, ni con controles semanales. Normal que los profesores se frustren.

Normal que se te quiten las ganas de seguir enseñando.

Esas son las razones que pueden hacer que se te quiten las ganas de enseñar, pero hay una razón por la que merece la pena seguir haciéndolo: los niños. Después de un año sin ellos, quizá eches de menos su desenfrenado espíritu durante la última semana de curso, su contagioso sentido del humor, la forma que tienen de saludarte por los pasillos y de regalarte dibujos. Quizá eches de menos su capacidad para hacerte olvidar lo mal que has empezado la mañana, o las miradas de asombro que se les quedan cuando aprenden algo verdaderamente importante.

Si no fuera por ellos, en vez de buscar en Google «no quiero enseñar más», ya lo habríais dejado.

Este post fue publicado originalmente en Michifornia Girl.

El texto se publicó con anterioridad en la edición estadounidense de ‘The Huffington Post’ y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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