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España: Educación, capitalismo y democracia

España / www.diariodesevilla.es / 8 de Febrero de 2018

La cuestión del papel de los sistemas escolares en la vida social y del sentido que debe tener la educación, es asunto sometido siempre a debate y cargado de opiniones controvertidas. En realidad tanto el hecho mismo de la escolarización como la educación que se imparte en los centros escolares responden a múltiples y variadas funciones, si bien no todas se aplican con la misma intensidad. Desde luego, el cometido principal de la escuela es el de custodiar a niños durante un cada vez más largo período de su vida. Pero igualmente principal es la educación, es decir, la formación de sujetos que se incorporen de manera adecuada a la sociedad. La escuela, decía Comenius, es Taller de hombres, lugar en el que por medio de la enseñanza se adquieren conocimientos y se configuran actitudes y pautas de comportamiento. Es en este punto en el que se plantean distintas perspectivas, pues la pregunta acerca de qué tipo de personas hay que construir tiene distintas respuestas posibles, de manera que la educación puede orientarse de maneras igualmente distintas.

Allá por el año 2000, en el programa conocido como Estrategia de Lisboa, el Consejo Europeo estableció como objetivo estratégico «convertir a Europa en la economía basada en el conocimiento, más competitiva y dinámica del mundo», una formulación que tenía implicaciones, pues, de alguna manera, señalaba a la mejora de la economía y la productividad como un referente decisivo en el campo de la educación. Mucho más explícito fue el documento Estrategia para la competitividad en Andalucía 2007-2013, editado por la Consejería de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía. Allí, en el apartado relativo al sistema educativo, se consideraba un «asunto prioritario aumentar y mejorar el capital humano en las diferentes etapas educativas». Naturalmente esta perspectiva -en la que educación y productividad se asocian de manera preferente- tiene efectos sobre la enseñanza, pues determina, por ejemplo, qué conocimientos son valiosos y cuáles no, qué actitudes deben fomentarse y cuáles son relegadas a un segundo plano. Con esta planteamiento se ha resucitado la teoría educativa del capital humano formulada en los años 60 del pasado siglo, teoría que ya en su momento fue refutada por muchos estudiosos y que hoy, sin negar sus virtualidades, sigue siendo discutida, pues no queda claro cómo los sistemas escolares pueden contribuir decisivamente al objetivo que se les propone.

Desde otras perspectivas se ha planteado el sentido de la educación en relación con la formación para democracia. En este caso se pone el acento en la necesidad de civilizar la vida humana, de procurar la educación de personas comprometidas con la justicia, la solidaridad y los valores de los derechos humanos. La democracia, como proyecto civilizatorio, requiere de los ciudadanos algo más que participar en consultas electorales, requiere su implicación. A este respecto, decía Bourdieu que sin capacidad crítica no hay democracia. Así, la educación debería proporcionar a los jóvenes conocimientos y actitudes que hagan posible lo deseable, pues sin capacidad de discernir y de formarse libremente criterios sobre los problemas de la vida social, la democracia no es viable. Frente a la manipulación de las conciencias, la resignación, la anestesia o la incapacidad de imaginar una vida mejor, la educación debe contraponer la formación de personas, no de números de un balance contable. También en este caso el sentido de la educación tiene implicaciones sobre qué es lo que debería ser enseñado y aprendido, qué es lo importante y qué es secundario.

A la vista de estas dos perspectivas se suscita la cuestión de su compatibilidad ¿es posible orientar la educación preferentemente hacia la productividad y hacia la democracia al mismo tiempo, o debe priorizarse alguno de estos objetivos? Probablemente estamos ante una falsa disyuntiva. Todos podríamos estar de acuerdo en que la cualificación de la mano de obra es un aspecto fundamental en el desarrollo profesional de las personas y en el progreso económico de un país y, aunque quizás se sobrevalora el papel que puede tener el sistema escolar, no cabe duda de que algo le toca hacer al respecto. Dicho esto, el posible conflicto se plantea más bien a partir del hecho de que la política educativa que asocia educación y productividad pretende ir más allá de esa puesta en valor del capital humano. Pensando quizás en la vieja utopía de raigambre anarquista de que la sociedad sea una suerte de república de pequeños propietarios, en los discursos y prácticas que conocemos subyace también -y sobre todo- la intención de configurar un tipo de persona caracterizada por el llamado espíritu emprendedor, es decir, hombres y mujeres de negocio que sean proclives a crear empresas (y a considerar la vida personal como la empresa de uno mismo). Sin entrar aquí en mayores profundidades, es cierto que no hay que dar por supuesto que esa personalidad es incompatible con aquella que pone el acento en la formación para el proyecto civilizatorio de la democracia, pero también es cierto que de un tiempo a esta parte desde el campo de la política educativa se prioriza el sentido de la educación como formación para el emprendimiento, lo que suscita cierta inquietud en cuanto pueda suponer de menoscabo de otros significados de la educación que son vitales para la democracia.

Fuente:http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/Educacion-capitalismo-democracia_0_1216378753.html

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Escuelas de Jamaica tendrán celadores ambientales

Centro América/Jamaica/08 Febrero 2017/Fuente: Prensa Latina

Las escuelas primarias jamaiquinas tendrán celadores ambientales, dijo hoy el titular de Educación, Juventud e Información, Ruel Reid,
La experiencia se iniciará por medio centenar de centros educacionales de las parroquias de Clarendon y Manchester, ambas en el condado de Surrey, al oriente de esta capital, precisó la fuente.

Aseguró que la idea se extenderá este año a otras escuelas jamaiquinas, a manera de complemento del Programa de Vigilantes del Medio Ambiente – Visión 2030.

Los funcionarios tendrán la responsabilidad de administrar la recolección de botellas, papel o latas, entre otros materiales reciclables, acotó.

Añadió que el proyecto denominado Environmental Wardens, tiene como objetivo educar a los jóvenes sobre la importancia del reciclaje y ayudarlos a desarrollar actitudes responsables hacia el medio ambiente.

Con la medida se pretende multiplicar las cifras de casi dos mil toneladas de tereftalato de polietileno, (material reciclable), alcanzadas entre marzo de 2014 y diciembre de 2017, opinó el funcionario.

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=150483&SEO=escuelas-de-jamaica-tendran-celadores-ambientales
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Educación digital no es alfabetización digital

Por: Carlos Magro.

La transformación digital está difuminando la distinción entre lo real y lo virtual, entre lo natural, lo humano y lo artificial. «No hay un solo instante en la vida de las personas que no sea modelado, contaminado o controlado por algún dispositivo», sostiene Giorgio Agamben. Hemos cambiado para siempre la forma en que nos comunicamos, nos informamos, trabajamos, nos relacionamos, amamos o protestamos, decía hace unos años Manuel Castells. Más que cambiar entre un estado online u offline cada vez es más claro que vivimos en un estado onlife permanenteVivimos hiperconectados, dice Jordi Jubany.

«Toda tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre», afirmaba Marshall McLuhan allá por 1962. La tecnología no es solo un conjunto de herramientas. No es neutra. Es, sostiene Luciano Floridi, una fuerza ambiental, antropológica, social e interpretativa que está afectando a la concepción sobre nosotros mismos (quiénes somos), a las interacciones con los demás (cómo socializamos), a cómo interpretamos la realidad (nuestra metafísica) y a las interacciones con esa realidad (nuestras acciones). Los objetos tecnológicos están fuertemente entremezclados con la sociedad (Sheila Jasanoff). Influyen y dan forma a nuestras acciones, en la misma medida en que nuestras acciones dan forma a los objetos tecnológicos. No solo cambian lo que hacemos, sino también lo que somos. Al diseñarlos fomentamos y amplificamos ciertos comportamientos, y limitamos y reducimos otros. Definen nuevas formas de hacer y nuevas relaciones sociales y económicas. También, por supuesto, nuevas formas de aprender y de enseñar.

Nos ha faltado profundidad y complejidad a la hora de pensar el impacto de la tecnología sobre nuestras vidas. Con demasiada facilidad hemos caído en posiciones simplistas y muy polarizadas. Nos hemos mostrado profundamente utópicos, al tiempo que hemos enarbolado la bandera del más radical ludismo tecnológico. Evitar este dualismo estéril, dice Neil Postman, pasa por hacer de la tecnología un objeto de indagación, problematizando tanto su aceptación y uso como su rechazo e ignorancia. Necesitamos nuevas metáforas que nos ayuden a afrontar las nuevas situaciones. Necesitamos otros modos de imaginar y articular las relaciones entre el individuo, sus instrumentos y la sociedad. Necesitamos una ciudadanía crítica y reflexiva digitalmente (DigCom 2.1). Necesitamos una ciudadanía que, como sugería Iván Illich, controle sus herramientas.

Repensar y desarrollar nuevas formas de educación son algunos de los desafíos más importantes de nuestro tiempo. El reto no es si usar o no la tecnología, sino repensar la educación con ella. Obtener lo mejor de las tecnologías pasa, como sostiene Neil Selwyn, por estar preparados para pensar en lo peor, pero también por ser capaces de imaginar lo mejor.

La tecnología siempre ha sido importante en la educación. Nuestra actual organización escolar debe mucho a la más eficiente tecnología educativa de todos los tiempos: el libro de texto. Es importante, por lo tanto, no dejarnos llevar por la habitual amnesia educativa, y recordar que siempre ha existido una estrecha relación entre educación y tecnología, pero también que la historia de la tecnología educativa está llena de futuros que nunca han sido presentes.

Carlos Magro abrió la «Jornada de formación para docentes Universo Internet», el proyecto de alfabetización digital crítica del CCCB

Hace tiempo que las tecnologías entraron en la educación, pero en la mayoría de las ocasiones lo han hecho de una manera desigual, fragmentada y desde una concepción restringida y limitada de las mismas, modificando apenas los procesos de enseñanza. Encontramos tecnología en los despachos y en las aulas, en los procesos administrativos y de comunicación con las familias. Los profesores las utilizan cada vez más para preparar sus clases y los alumnos para buscar información y elaborar trabajos. Pero, en la mayoría de los casos, siguen quedando fuera del proyecto pedagógico del centro y del núcleo central del proceso de enseñanza-aprendizaje. La tecnología permanece en la periferia. Sigue pendiente desarrollar una pedagogía con, para y en la red.

Constatar que el cambio educativo a través de la tecnología ha resultado, hasta ahora, una promesa incumplida no nos debe llevar a ser pesimistas sobre el potencial transformador de la tecnología en educación ni, por supuesto, abandonar la pretensión de educar con y en tecnologías. Máxime cuando, como decíamos, las actuales tecnologías, lejos de constituir simplemente una caja de herramientas, definen un nuevo entorno de aprendizaje que, entre otras consecuencias, está ampliando el concepto de alfabetización, modificando nuestra relación con los contenidos, demandando nuevas formas de enseñanza-aprendizaje y difuminando las fronteras entre el aula y el hogar, lo formal y lo informal.

Constituyen un nuevo entorno que debe ser dominado por alumnos y profesores. La solución no pasa por prohibirlas. La brecha entre el uso social (informal) y el uso escolar (formal) de la tecnología tiene que cerrarse. «La tecnología es parte de nuestras vidas, las ensancha y al mismo tiempo genera sus propias complejidades. Educar para la vida es la misión de la escuela y la que tenemos, nos guste más o menos, es una vida con tecnología con sus luces y sombras. Ignorarla no es una opción, pero adoptarla sin espíritu crítico tampoco» (Tíscar Lara).

Preparar para la vida en este nuevo entorno digital supone desarrollar, entre otras cosas, las competencias necesarias para entender y aprovechar las tecnologías digitales, no solo como un conjunto de destrezas y habilidades de carácter técnico, sino como una combinación de comportamientos, conocimientos especializados, conocimientos técnicos, hábitos de trabajo, disposiciones y pensamiento crítico.

No somos ni nativos ni inmigrantes digitales. Los niños tampoco son nativos digitales que necesiten, por lo tanto, poco apoyo para sacar lo mejor de los medios digitales. Son muy pocos, realmente, los que reciben suficiente orientación en la escuela o en el hogar y muchos, por el contrario, los que carecen de las habilidades necesarias para un uso creativo de la tecnología. Más que el acceso a la tecnología, nuestro principal problema es el uso que somos capaces de hacer de ellas. Hoy la brecha digital es la que separa a aquellos que son capaces de utilizar la tecnología de manera reflexiva, activa, creativa y crítica, de aquellos otros que la utilizan de forma pasiva, consumista e irreflexiva. Una brecha que no es nueva y que reproduce, e incluso amplía, las tradicionales y aún existentes desigualdades educativas provocadas por el capital cultural, social y económico. Nos siguen faltando competencias, reflexivas, críticas y didácticas, relacionadas con las tecnologías. Necesitamos alumnos, docentes, centros educativos y ciudadanos con alfabetización digital.

Hablar hoy de educación digital es, por lo tanto, algo más que hablar de alfabetización digital. Es entender, como decíamos, que el nuevo contexto digital en el que vivimos afecta a todos los parámetros del proceso de enseñanza/aprendizaje: dónde, cuándo, con quién y de quién, cómo, qué e incluso para qué se aprende. Es asumir que los cambios deben darse simultáneamente en el currículo, la evaluación, las prácticas de enseñanza y aprendizaje, la organización escolar, el liderazgo, las infraestructuras, los espacios, los tiempos y el desarrollo profesional docente. Hablar de educación digital es hablar de ciudadanía digital y de empoderamiento de los estudiantes. De participación activa de los estudiantes en el aprendizaje (ABP, Flipped Classroom, Gamificación, Movimiento Maker) y de conexiones con el mundo «real» (comunidades de aprendizaje, aprendizaje servicio…). De pedagogías digitales y de docentes que comparten prácticas en red (aulablog). De pensamiento computacional (IBI) y desobediencia tecnológica (Cristóbal Cobo). De creatividad y producción de conocimiento. De innovación y de colaboración. De hacer con tecnologías, pero también de hacer tecnologías. De pensar con tecnologías y de pensar en tecnologías.

Hablar de educación digital es hablar de competencia digital de los centros educativos (DigComOrg de la Unión Europea; MOOC Intef DigCompOrg), de competencia digital docente (DigCompEdu de la Unión Europea, Marco Común de Competencia Digital Docente-INTEF) y de competencia digital de los alumnos (ISTE 2016Digital Skills for Life and Work. UNESCO. 2017).

En los últimos años, hemos empezado a ver aproximaciones detalladas sobre cómo desarrollar realmente en el currículo la competencia digital (Desarrollo de las competencias informacional y digital. Gobierno de AragónModelo Competencia Digital de Gales). Se han publicado instrumentos, como el Portfolio de la Competencia Digital Docente de INTEF, para medir la competencia digital de los docentes, y herramientas para ayudar a los centros educativos a reflexionar sobre la implementación de tecnologías digitales en sus prácticas educativas de autoevaluación como SELFIE. La tradicional brecha entre la teoría y la práctica empieza a cerrarse. Estará cerrada del todo cuando dejemos de hablar de educación digital para hablar, sin más, de educación. Resolver el reto de la integración de la tecnología en la educación es resolver el reto de la educación.

Las tecnologías representan una oportunidad para transitar, por fin, desde modelos de enseñanza puramente transmisivos hacia modelos de aprendizaje activo. Son una segunda oportunidad para las pedagogías progresistas (Seymour Papert). Pueden servir para fomentar el aprendizaje experiencial, las pedagogías activas, el aprendizaje cooperativo y las pedagogías interactivas. Pueden servir para formar a ciudadanos críticos, inquisitivos y participativos, incluso ciudadanos molestos, y no simplemente alumnos que pasen de curso, aprueben exámenes y saquen buenas notas.

La gran oportunidad que ofrecen las tecnologías nos coloca ante la responsabilidad de comprenderlas y aprovecharlas de manera correcta. Requieren una aproximación que, al mismo tiempo, nos permita imaginar y construir una sociedad de la información inclusiva que fomente la igualdad, la participación y el bienestar humano. La educación tiene una responsabilidad importante en el desarrollo de nuestra capacidad para pensar de manera independiente y crítica nuestro uso de la tecnología digital y la digitalización de la sociedad.

La transformación digital nos puede llevar a muchos sitios. Puede llevarnos por caminos altamente distópicos o todo lo contrario. Dónde llegaremos, tanto en el ámbito educativo, como en la sociedad en general, dependerá en gran parte de nosotros. Dependerá, en última instancia, de nuestra capacidad de construir visiones de futuro valientes, coherentes, inspiradoras y realistas. De nuestra capacidad para pensar, construir y habitar este nuevo entorno no como un espacio de competitividad e individualismo, sino como un espacio común y compartido que debe preservarse en beneficio de todos. La pregunta que tenemos que hacernos, parafraseando a Richard Rorty, es si puede nuestro futuro estar mejor hecho que nuestro presente, y qué podemos hacer para hacer mejor las cosas.

Fuente de la Foto: Lucélia Ribeiro | CC BY-SA.

Fuente del artículo: http://lab.cccb.org/es/educacion-digital-no-es-alfabetizacion-digital.

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Perú: Idel Vexler tomará medidas de protección para los escolares.

América del sur/Perú/07 Febrero 2018/Fuente: Perú 21

Tras la violación y posterior asesinato de una niña de 11 años en San Juan de Lurigancho , se formó una comisión multisectorial con los ministerios de Educación ,   Interior , de la Mujer , así como con la Fiscalía  y el Poder Judicial  . El objetivo: tomar medidas de protección para los escolares, y evitar que sean víctimas de la violencia sexual.

El ministro de Educación, Idel Vexler , anunció este martes las acciones que tomará la institución para detener la  violencia sexual contra los niños y adolescentes: proteccion escol

– Educación sexual integral: Los escolares aprenderán a reconocer su estructura corporal, cuProtección dar su cuerpo y su integridad personal. Esto implica tener conocimiento de su estructura biológico-reproductiva, de manejarse adecuadamente desde la perspetiva socioemocional.

–  Acompañamiento, cercanía y consejería: Con la participación de la Policía Nacional del Perú, de los maestros, y de una tutoría continua, se orientará a que los jóvenes sepan distinguir las conductas de riesgo.

– Convocación del Colegio de Psicólogos del Perú: Este organismo como facultades de Psicología han sido llamadas para que apoyen la formación socioemocional y afectiva de los alumnos en colegios y lugares comunitarios.

– Brigadas escolares: Con padres de familia, auxiliares de educación y la Policía Nacional del Perú en cada colegio se buscará que haya una brigada que cuiden a los alumnos en su ingreso y salida.

Fuente: https://peru21.pe/politica/ministro-educacion-implementa-medidas-proteccion-sexual-ninos-394806

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BID presta a Honduras $60 millones para mejorar educación de jóvenes

Centro América/Honduras/07 Febrero 2018/Fuente: El economista

El Gobierno de Honduras y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) suscribieron hoy un préstamo por 60 millones de dólares para financiar un programa orientado a mejorar la calidad educativa y dotar a los jóvenes de las habilidades que demanda el mercado laboral.

Los recursos contribuirán a desarrollar el programa «Mejora de la Calidad Educativa para el Desarrollo de Habilidades para el Empleo: Proyecto Joven».

«Este es un gran paso y esta es la ruta que hemos estado buscando transitar. Ahora que tenemos un nuevo liderazgo en nuestro Ministerio (de Educación) quisiera que estén a cargo de este proyecto», subrayó el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, tras la firma.

El crédito fue suscrito por la ministra hondureña de Finanzas, Rocío Tábora, y la representante del BID en Tegucigalpa, Mirna Liévano. Hernández firmó como «testigo de honor».

A la ceremonia, que se celebró en la Casa Presidencial, también asistieron el ministro de Educación, Marcial Solis, y el director ejecutivo del programa Honduras 20/20, Peter Fleming.

Hernández agradeció al BID por la confianza que ese organismo ha depositado en su Administración, y destacó que los avances en su Gobierno se debe a que «hemos puesto la casa en orden».

Sin precisar cifras, enfatizó que es el momento idóneo para impulsar la educación en la zona rural, pues es una de las regiones que más crece en el país centroamericano.

El gobernante indicó que su país cuenta con al menos cinco escuelas que fueron construidas entre las décadas 50 y 60, las cuales «necesitamos reconvertirlas (e) innovarlas para que la gente del sector rural tenga la oportunidad de llegar a esos centros y poder recibir la educación que les permita insertarse».

Dijo estar «muy ansioso» por ver la remodelación de esos cinco centros educativos, y pidió a las autoridades educativas de su país «agilizar» los diferentes programas de educación.

El convenio tiene tres componentes: cobertura de servicios hasta el noveno grado en la zona rural del occidente del país; mejorar la calidad y pertinencia de los servicios educativos; y la modernización de la gestión administrativa y pedagogía de la Secretaría de Educación, según un comunicado de la Casa Presidencial.

La representante del Banco Interamericano en Honduras manifestó que para ese organismo es «de mucha satisfacción colaborar y mejorar los conocimientos de los jóvenes» en el país centroamericano.

Señaló que con este crédito se busca «mejorar las habilidades para el trabajo y para la vida de todos los jóvenes hondureños a través de la educación, especialmente en el tercer ciclo».

Dijo además que es de «mucha satisfacción» colaborar en Honduras en «proyectos educativos y mejorar los conocimientos de los jóvenes para la vida».

Por su parte, la ministra de Finanzas señaló que el proyecto está «centrado en los jóvenes» y que el programa estará vinculado al programa Honduras 20/20, con el que el Gobierno espera crear al menos 600.000 empleos.

Añadió que los primeros 24 millones de dólares del préstamo tienen una tasa de interés de 0,25 por ciento, un plazo de 40 años y «condiciones favorables».

Los restantes 36 millones de dólares tienen un plazo de 25 años y una tasa de interés del 2,33 por ciento, precisó la funcionaria hondureña, quien afirmó que el crédito tiene «el 50 por ciento de nivel de concesionalidad».

Honduras tiene una tasa de cobertura del 94 por ciento en educación primaria, un 45 por ciento en el tercer ciclo de educación básica y el 26 por ciento en la media, según cifras de la Secretaría de Educación.

Fuente: http://www.eleconomista.net/2018/02/02/bid-presta-a-honduras-60-millones-para-mejorar-educacion-de-jovenes

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Apuntes sobre el último Foucault para la educación

Autor: Marcos Santos Gómez 

He vuelto en estos días a la lectura de Foucault, desde la óptica de su última etapa, y de la mano del libro de Jorge Álvarez Yágüez, El último Foucault. Voluntad de verdad y subjetividad, editado por Biblioteca Nueva, Madrid, 2013. En este intento que me ocupa de aclarar algunas cuestiones relativas a la educación y la pedagogía, acudiendo tanto a las tradiciones intelectuales de la propia pedagogía como a la amplia y vieja tradición filosófica, Foucault me ha suscitado abundantes preguntas y orientaciones para abordar toda esta problemática. De hecho, parte de la bibliografía más crítica entre historiadores de la educación, sobre la escuela, se ha basado en el autor francés, al que se ha podido secundar en su recurso a la indagación en archivos e investigación historiográfica, lo que hizo hasta tal punto que, como señala Yágüez, ha habido quien le ha considerado positivista. En realidad, con él, creemos que hay que resaltar no tanto este supuesto proceder como historiador que indaga en archivos y en la historiografía, sino tener muy en cuenta que su fuente, como la de la mayor parte de la filosofía actual de corte continental, ha sido Nietzsche. Nietzsche es, en efecto, el padre filosófico de muchos de los autores que en las últimas décadas se han posicionado críticamente con la herencia de la Modernidad. Y Foucault, que por cierto rechazara vivamente el ser tildado de “postmoderno” es uno de ellos, alguien que sigue la senda abierta por Nietzsche y que por tanto hay que entender antes como “genealogista” o estudioso de la “arqueología” del saber y del poder, a los que intentó entender en términos que todavía hoy a quienes no están muy familiarizados con estos derroteros del pensamiento no acaban de encajarles bien.

Para empezar, su aparente labor historiográfica no es historiografía en absoluto, sino que se halla, podíamos expresar, en una dimensión previa y más básica a las ideas de hombre o verdad que presupone la ciencia o descripción de la historia humana. Su principal intuición, que sigue a Nietzsche, es que lo que ha producido la idea de verdad que es postulada en distintos campos del saber humano, como la ciencia, son determinadas prácticas que, cuando las estudió en su primera etapa, consistían en cambios paradigmáticos que él llamó “epistemes” (su libro Las palabras y las cosas, por ejemplo) y que luego se decantó ya más directamente por la descripción de nuevas formas en las relaciones que constituyen a los sujetos, siendo en principio las que giran en torno a la disciplina y el control (Vigilar y castigar). El sujeto, en sí, no es nada, nada firme al menos, sino que es una suerte de nexo reticular de distintas formas de ejercicio del poder que ya no es considerado por el francés desde la perspectiva verticalista al uso, como una coacción externa y dada opresivamente desde arriba hacia abajo, sino como fuerzas no necesariamente coactivas que operan, es cierto, mediante la coacción (Vigilar y castigar), pero que también que son gestionadas como elementos creativos, que configuran la realidad en un sentido positivo. Así, el sujeto, lo que entendemos por sujeto o el objeto del denominado humanismo, no es tanto ese centro libre y soberano con el que nos identificamos, sino un conglomerado de perspectivas y formas de realización de los poderes, en plural.

Lo que aporta el último Foucault es ese lado creativo y configurador, por el que el sujeto no sólo se crea como producto de las coacciones y violencias externas o lo que más adelante llamaría una «tecnología de la vida” que moldea a los sujetos en un sentido positivo desde un cierto centro irradiante de poder externo, sino que se va autoconfigurando en el cuidado de sí, desde sí mismo, y en el medio de la diversidad de relaciones o micropoderes que se dan sin centro irradiante alguno. Es esta construcción de la subjetividad como cuidado, en la Filosofía antigua y en la Patrística cristiana, lo que le ocupara en su última y muy sugerente etapa de principios de los ochenta. Lo que viene a decir en ella además es que el sujeto se constituye en relación con una cierta idea, cambiante, inconsistente, de la verdad. Hay una conexión entre saber, verdad y sujeto, de manera que estos vértices se modifican uno a otro y se van originando en sus vinculaciones mutuas.

Así que lo que Foucault busca establecer, con sus investigaciones, es una suerte de genealogía que sigue al Nietzsche también más aparentemente positivista, que a través de la observación y descripción de prácticas (por ejemplo, de prácticas en el cuidado de sí o la confesión cristiana o la meditación) sugieren la procedencia del concepto de verdad, pero, cuidado, una verdad que ha de ser explicada y que por tanto no puede postularse, que no ha de formar parte de su trabajo al modo de un presupuesto. Es la dificultad y el pantanoso terreno en que se mueve todo genealogista, a diferencia del historiador o el sociólogo, que ya presuponen la idea moderna o científica de la verdad, la cual rige y valida sus investigaciones. En Foucault, la verdad es fin y objeto de su esfuerzo descriptivo. Claro que a esto subyace, y de ahí las críticas que le han hecho autores como Habermas (El discurso filosófico de la modernidad), una debilidad, una falta de consistencia en el propio discurso que implícitamente se ve forzado a partir de unas condiciones de verdad que son ya una de las formas de la verdad que quiere cuestionar. En cierto modo, una manera de darse la famosa contradicción performativa que la neoilustración alemana le achaca a muchos de estos acólitos de Nietzsche.

Las consecuencias para el estudio de la educación son muchas e interesantísimas. Lo que solemos entender por “educación”, y en la medida que no hay un sujeto universal, una esencia humana que pueda decirse previa y fija a lo que llamamos educación, es, de hecho, la construcción de dicha esencia contingente. La educación construye, crea el sujeto, en la red de relaciones y micropoderes que es la estructura de una época y sociedad (epistemes, instituciones, formas de castigo y disciplina, técnicas de cuidado de sí y de autoconstitución del propio sujeto que se hace a partir de todo ello, maneras de ejercerse el poder político y soberano, etc) y en la relación que de hecho el sujeto naciente va estableciendo con una cierta forma de “verdad”. Por ejemplo, la subjetividad pagana de un Séneca, que tanto hemos ensalzado en este blog como cénit de un cierto modo de entenderse la pedagogía y la educación (antiguas), se basaba en una idea de verdad como lo que uno es o llega a ser, lo que uno encarna e invoca y realiza de hecho en su ethos(comportamiento, ética). Es esta verdad presente en el sujeto que lo es en cuanto es coherente con ella, la que después se deriva al campo de la política, que los antiguos no escindían de lo ético, como nosotros sí hacemos. La racionalidad antigua es ética y política al mismo tiempo. Y la racionalidad en cuanto generación o invocación de la verdad, está ya, o es ya, en la medida en que el sujeto vive “racionalmente”. Razón es, según esto, un modo de vivirregulado.

Esto ocurrió en especial con las escuelas helenísticas que Foucault estudió con sumo detenimiento en algunos famosos y bellos cursos del Collège de Franceen sus últimos años.  Pero sobre todo, el maestro francés lo va a resaltar en la peculiar Secta del Perro, o sea, los filósofos cínicos, en especial, la figura del buen Diógenes de Sínope. Esto representa una línea de la filosofía, paralela a la “normal” que se centra en el conocimiento, y que a su vez desarrolla el aspecto ético, constitutivo de la existencia, por parte de la filosofía. La filosofía tiene, y esto aflora en distintos momentos y autores de la historia del pensamiento, junto con una evidente vocación intelectual, preocupada por el conocimiento en sí mismo, tiene además, digo, una vocación de ser aquello con lo que se “educa” uno, una suerte de saber configurador del carácter y de la existencia, que incida de modo práctico en el modo particular de vida del filósofo. Es lo que resalta, ya en la modernidad, un Spinoza, por ejemplo o, en gran medida, el propio Nietzsche, por decir algunos.

Según esto, pensar filosóficamente implicaría, además, en esta perspectiva, un hacerse a uno mismo (y a los demás y con los demás), lo que convierte la filosofía en una tarea educativa, porque crea modos de existencia. Justo esto es lo que interesa a Foucault desde los inicios de su trabajo filosófico, este poder “pedagógico” de la filosofía que, no olvidemos la tesis de Jaeger en su obra clásica Paideia que tanto hemos expuesto en este blog, nace al mismo tiempo que la educación y que la pedagogía (en sus formas de paideia sofística o retórica y de contra-paideia socrática, estoica o cínica).

Pero a lo dicho, hay que sumar otra etapa del pensamiento, más allá de la cual no pudo proseguir demasiado el francés sus estudios lamentablemente, que es la representada por la novedad cristiana. En mucho la Patrística, pero en especial los anacoretas de los primeros siglos de nuestra era e incluso, en bastantes sentidos, las órdenes mendicantes y monásticas de la Edad Media, remedan el antiguo cinismo pagano, en cuanto la asunción de una racionalización que implica la regulación del sujeto para ser lugar de la verdad o donde esta emerja. El matiz, no despreciable, que sin embargo el cristianismo añade es el de un labrarse a sí mismo que asume la forma del ascetismo, que consiste en la purga de todo aquello que pueda hacer apartarse al sujeto de una verdad que es, ahora, externa y que viene dada como iluminación o descenso vertical, una verdad en un sentido más semejante al nuestro, más duro quizás, que prácticas como la meditación y la confesión van a “fabricar” y que también en esta época regirá la transformación del sujeto y su autocuidado. La relación pedagógica aquí también adquiere un matiz diferente que implica la figura de un guía espiritual o confesor, que ya no puede ser el propio sujeto, que ayuda en la destilación y purga por la que el sujeto se constituye. En el paganismo había, frente a esto, una cierta horizontalidad en la relación con el amigo o pedagogo que, al estilo de Séneca o el histriónico cinismo, van realizando una suerte de juego, más o menos igualitario, de tú a tú, de amigo a amigo, que puede también darse de uno mismo consigo mismo, a través de la escritura de cartas o el diario (Marco Aurelio), por ejemplo.

En todo esto ya planteado por el último Foucault, hay un determinado juego en que consistiría la educación y que tiene mucho de construcción de la subjetividad, que hace al sujeto sin que previamente sea el sujeto el que educa o es educado. Se inventa, diríamos, un tipo de relación “educativa” que, contra el orden que suele aparecer en los manuales, crea al “educando” como tal, la figura del sujeto educable que llega hasta nuestros días. Son formas de relación que aunque en los casos más academicistas y escolares de la pedagogía significan cierres o solidificaciones de este juego o relaciones, pueden mantener, como vemos en Séneca, su dinamismo lúdico y fluido en algunos casos.

La idea nietzscheana subyacente a todo esto es, reiteremos, la de que son las prácticas las que de hecho crean la teoría, fabricando los conceptos, en relación con paradigmas o epistemes (miradas, perspectivas, como aquella en la que el espectador desaparece en el cuadro de las Meninas de Velázquez con cuyo estudio inicia Foucault Las palabras y las cosas) lo que, en el caso de adoptar este procedimiento en el estudio de la pedagogía o la educación, implica dedicar toda la atención a las prácticas (de poder, las relaciones, las redes sociales) que se establecen en quienes van a definir los conceptos que van a justificar y promover dichas prácticas. Pero ¡ojo!, hemos de diferenciar cuidadosamente esto de la concepción más esencialista del marxismo que llamamos “ideologías”. Foucault no es propiamente un crítico de las ideologías porque rechaza el mero concepto de ideología, en la medida que éste presupone una verdad o autenticidad, o esencia, que son de hecho encubiertas o traicionadas por agentes encubridores o ideas falsas. Esta dicotomía entre lo falso y lo verdadero o auténtico, que presupone siempre una esencia que salvaguardar, y que en muchas de sus versiones el marxismo ha defendido, no es lo que quiere decir Foucault. Para Foucault no hay nada latente, nada que revelar, ningún eidos que suponga la clave de la realidad. No hay claves ni explicaciones últimas, sino un desfondamiento tanto de la realidad como del “sujeto” que no se apoya en nada “firme”. Las obras y prácticas van perfilando, en efecto, la verdad, pero la hipótesis cristiana de que hay una verdad que desnudar y señalar, sencillamente es una mera hipótesis que nada salvo las propias obras justifican. El cristianismo, y el catolicismo, habrían tenido el acierto de vincular, en el viejo estilo cínico de la tradición griega, obras con verdad, pero la aportación de esa verticalidad y consistencia de la verdad, que se asocia antes con el platonismo que con las filosofías prácticas o helenísticas o el socratismo original, es ya extraña a dichas corrientes.

Una consecuencia de este Foucault postrero, muy bella y rompedora de esquemas y prejuicios, es su reconsideración más positiva y halagüeña del cristianismo. Este no ha actuado solo represivamente, sino del modo creativo, mediante el cuidado de sí o cura de sí mismo (cura sui, en el estoicismo) que estamos refiriendo. Es un modo más, dado en la historia, de entenderse y, sobre todo, constituirse el sujeto, sin que sea el sujeto de la modernidad cartesiana, sino el que se halla implicado en el mundo donde se encuentra y nutre. No hay, pues, “mirada” pura y virginal, sino que, como los estudios del propio Foucault (¡¡de ahí que sea injusto llamarlo positivista!!) hay una complejidad y cierta circularidad en el pensamiento y en el procedimiento genealógico. Los discursos, en torno a las verdades, se han ido desarrollando de manera inextricable con las prácticas, con la acción y obras de los hombres.

Esto no ha sido más que una muy somera y genérica presentación de algo que Foucault estudia con gran detenimiento y matices, en torno a bellos conceptos como parresía, que iremos comentando en los próximos posts dentro de esta tanda dedicada al último Foucault y la educación. Realmente, es difícil generalizar con este filósofo, porque precisamente defiende y él mismo muestra en su obra como tal, que el pensamiento deriva y muta, en sus conceptos, y no permanece como algo estable y fácilmente abarcable en una definición o idea general. En cualquier caso, el libro de Yagüe nos ha resultado un excelente modo de revisar esta última etapa del genio francés para ir repensando la educación.

Obra referenciada:

Álvarez Yágüez, J. (2013). El último Foucault. Voluntad de verdad y subjetividad. Madrid: Biblioteca Nueva.

Fuente del Artículo:

https://educayfilosofa.blogspot.mx/2017/10/apunte-sobre-el-ultimo-foucault-para.html

Fuente de la Imagen:

https://akifrases.com/frase/194618

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Sindicatos franceses protestan contra política educativa

Europa/Francia/07 Febrero 2018/Fuente: Hispantv

Los sindicatos de estudiantes y de trabajadores de la educación mantienen la presión sobre el Gobierno francés con una jornada de huelgas y manifestaciones. Piden que retire su proyecto de reforma que contempla para ellos la selección en la entrada a la universidad y la reforma del examen nacional de Bachillerato.

La presión sobre el Gobierno francés se intensifica. Los sindicatos de profesores, de colegios, institutos y universidades han bajado a las calles de las principales ciudades francesas, como aquí en París (la capital) para mostrar su rechazo a la reforma que el gobierno quiere llevar a cabo y que según ellos tendrá un impacto negativo con la pérdida de miles de puestos de trabajo.

Pero si los asalariados, personal administrativo, técnico y docente, van a ver como se degradan sus condiciones de trabajo, la primera de las preocupaciones es la bajada de la calidad de la enseñanza. Los sindicatos estudiantiles también están en primera línea contra la política del gobierno y en especial contra la reforma universitaria que verá la instauración disimulada de una selección previa en el acceso a los estudios superiores.

Los estudiantes de secundaria denuncian una situación que compromete su futuro profesional cuando el gobierno también quiere reformar el examen nacional de Bachiller. Estudiantes dispuestos a seguir movilizados.

Fuente: https://www.hispantv.com/noticias/francia/367825/sindicatos-protestan-politica-educativa-paris

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