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La pesadilla laboral de las y los trabajadores de delivery en Chile

Hace algún tiempo atrás tuvimos la oportunidad de conversar con Servio Hérnandez, repartidor y dirigente de la organización Riders Unidos Ya, que agrupa principalmente a trabajadores de Pedidos Ya.

Servio es venezolano y cumplió tres años desde que arribó a Chile en busca de mejores condiciones:“Yo llegué aquí con la esperanza de encontrar mejor calidad de vida. En principio yo pensaba que se ‘apiadaban’ de nosotros por la crisis que hay en nuestro país, pensé que era como un recibimiento, que me tendían la mano como una ayuda humanitaria, eso fue lo que se vendió. Al principio sí fue muy bueno estar aquí, pero cuando empiezo a vivir esta pesadilla laboral donde… donde toda esta ola de corrupción, de burocracia, de hacerse… hacerse lo ‘Shakira’, al sordo, el ciego y el mudo con este tema. Eso me ha decepcionado porque yo caigo en cuenta de que eso no es ninguna ayuda humanitaria. No, ellos sabían que tenían la oportunidad de hacer grandes negocios con la diáspora venezolana, haitiana, colombiana, etc.”A continuación, repasamos algunas de las cuestiones más importantes en cuanto a las luchas y condiciones de trabajo de los repartidores.

La precariedad del reparto o delivery

Las aplicaciones de delivery se han hecho cada vez más populares a nivel mundial y Chile no es la excepción. Hasta abril del año pasado, eran más de 15 mil los repartidores que trabajaban en las principales aplicaciones de delivery, como Rappi, Pedidos Ya, Uber Eats, Glovo, entre otras(1).Como Servio nos explica, estos trabajadores de delivery o reparto están expuestos a toda una pesadilla laboral, a toda una serie de condiciones de trabajo particularmente precarias.En este sentido, una de las cuestiones que más destaca de manera negativa son las largas jornadas de trabajo. Desde su experiencia personal, Servio nos cuenta que:“De abril hacia atrás esos dos años y tantos meses, incansable, no descansaba, de sol a sol todos los días 24/7. Llegaba a mi casa a las dos, dormía, me paraba las 10, 11, ahí estaba otra vez para darle en la moto 14, 12 horas diarias trabajando.”Si bien alguien podría decir que nadie está obligado a trabajar esa cantidad de horas, lo cierto es que esta es la única manera de obtener buenos sueldos. “Yo tengo que reconocerlo (…) tengo compañeros que sacan muy buen dinero semanalmente con la aplicación, oíste, y cuando te hablo de muy buen dinero, te hablo de 500 lucas semanales, 400 lucas semanales, 350 lucas semanales como mínimo.”-Cualquiera  quisiera algo así-“Si, pero yo sé qué significa eso, eso significa no tener vida social, significa estar mecanizado, automatizado, o sea, tú, y te lo digo con mucha propiedad, yo llegaba a mi casa de una jornada de 12 horas de trabajo, 13 horas, pensando en el día siguiente que quiero seguir trabajando, como que uno pierde la noción de las cosas.”Sumada a las extensas jornadas de trabajo, las y los trabajadores de reparto se exponen constantemente a accidentes como lo son choques u otros accidentes de tránsito, quedando muchas veces con heridas graves y secuelas, o en el peor de los casos, provocar la muerte. Casos por los que la empresa no se hace responsable. Como cuenta el compañero, a pesar de que la empresa dice contar con seguros, esta simplemente se descarta de toda responsabilidad ante un accidente concreto:“Yo me encontraba en una capacitación de repartidores y le pregunto al señor que estaba allí. Señor Jorge y qué sucede si yo voy con un pedido o estoy trabajando para ustedes y sufro un accidente” (…) y él me respondió: Contamos con un seguro contra accidentes. Mira, yo inicié a trabajar el 15 de febrero, una semana después me arrolló un auto, por allá en Lo Barnechea, un muchacho de 22 años en estado de ebriedad. El médico que me trató también era venezolano. Él me dice, tú trabaja para esa empresa, claro me vio vestido de Pedidos Ya. El médico me dice que a quien llama, a la empresa para dar aviso que tuve un accidente, porque es una empresa, (…) yo le digo hay un señor que se llama Aaron, (supervisor de la zona de Lo Barnechea por donde trabajaba Servio en ese entonces) búsquenlo en el directorio de mi teléfono, de mi móvil. Cuando lo llamaron ¿usted sabe lo que dijo el señor? Lo sentimos mucho pero no podemos hacer nada por él, y apagó el teléfono.”Asimismo, a esta serie de elementos se suma el hecho de que son las y los trabajadores de reparto quienes están obligados a poner medios de trabajo como la motocicleta o bicicleta, (más las mantenciones y bencina en caso de ser motorizado) o bien otros costos como lo son el uniforme o chaqueta y la bolsa térmica con el logo de la empresa, además, las empresas obligan a disponer de $30.000 en efectivo para hacer las transacciones, dinero que también deben poner de su parte.Aglomeraciones de repartidores, Providencia

Delivery en pandemia: el repartidor paga

Como ha ocurrido con otras fracciones de la clase trabajadora, los repartidores se han visto perjudicados en la dinámica y condiciones de trabajo producto de la pandemia del coronavirus. Las empresas de reparto más grandes del país como lo son Rappi, Pedidos Ya, Uber Eats y Cornershop fueron consideradas desde prácticamente el inicio de las cuarentenas como parte de los denominados servicios esenciales, pero ¿Qué significó esto para los trabajadores del sector? “Automáticamente bajaron la paga por los pedidos”.-¿En serio?-“Sí, o sea, un pedido antes  a mí me lo pagaban en 1.865 pesos , al mes de la pandemia me empezaron a pagar 650 pesos base, más el pago del kilometraje, más un multiplicador. ¿Qué es eso? Son herramientas que utiliza la empresa para minimizar a lo más mínimo, los costos operativos para incrementar sus ganancias. ¿A qué costo? Al costo de nuestras vidas, de nuestro trabajo.”Por si fuera poco, a pesar del llamado de la SEREMI de Salud a que las empresas de delivery dispusieran de implementos de higiene y seguridad para prevenir los contagios de covid-19 entre los repartidores, son las y los trabajadores los que terminaron costeando materiales como mascarillas o alcohol gel:“¿Tú sabes lo que hizo la empresa? La empresa mandó un correo electrónico: vamos a tener una gran jornada de entrega de los kits en contra del covid en pandemia, venga a la oficina (Ubicada en Providencia, por lo que solo accedieron unos pocos de la RM) a retirar su kit. Cuando el repartidor iba para allá… Mira, no nos dieron más de 60 ml. de gel alcohol, una sola mascarilla y dos pares de guantes. Nosotros, tuvimos que meternos la mano en el bolsillo, comprar nuestros utensilios para hacerle frente a esa enfermedad. Tuvimos que ir a las farmacias de manera unilateral, gastar de nuestro dinero y comprar las cosas para protegernos porque la empresa nunca lo hizo y nunca lo hará”Otro de los efectos de la pandemia sobre las y los trabajadores de delivery guarda relación con la desregulación de los tramos o distancias a recorrer por parte de estos:“Para darte un ejemplo, en Pedidos Ya anteriormente tú trabajabas en Santiago Centro, el algoritmo no te sacaba de Santiago Centro, tú trabajabas en esta zona. Ahorita no, tú trabajabas en Santiago Centro y va a parar Maipú, de Maipú te jalan para La Florida, de La Florida pa’ Macul, Peñalolén, Providencia, Las Condes y después te vuelven a bajar, todo el día así.”Además, producto de este ‘reconocimiento’ como servicios esenciales en pandemia, los repartidores tienen permitido entregar pedidos dentro del horario de toque de queda (hasta las 0:00 hrs), lo que ha llevado a que se vean expuestos a ataques en la noche para robar sus pertenencias.(2)De este modo, tal como reflexiona Servio, la pandemia sólo ha profundizado una situación que ya se venía dando en el área del delivery, aprovechando además el miedo de las y los trabajadores del sector a quedar cesantes:“Siempre ha sido así, pero ¿qué sucede Javier? (…) con la pandemia ellos vieron la oportunidad de arreciar más ¿sabe? de profundizar más la precarización ¿por qué? porque en momentos de pandemia ¿quién se quiere quedar sin trabajo? Quedarse sin trabajo siendo extranjero en un país que no es el tuyo no es fácil.”

Trabajadores inmigrantes

Una de las características particulares de esta fracción de la clase obrera dedicada al trabajo de reparto es su composición principalmente inmigrante, lo cual Servio considera que está lejos de ser una casualidad, pues como dice él:“No estoy aquí en su país por gusto, yo estoy aquí por necesidad. Si tu sacas el capital humano de estas empresas, tanto aquí en Chile como en todos los países trabaja principalmente la diáspora venezolana, hay un alto porcentaje de venezolanos, de migrantes.”Justamente, para contextualizar, al menos para fines del 2020 y principios del 2021 el 10,9% de los asalariados ocupados del país era constituida por trabajadores inmigrantes, donde solo las y los trabajadores venezolanos representan el 4,7% del total de la los ocupados, seguidos por peruanos, haitianos, colombianos y bolivianos. De este modo, las y los trabajadores venezolanos constituyen el 42,8% de los ocupados inmigrantes del país.(3)Finalmente, es importante mencionar que este sector en particular migra con la promesa de encontrar mejores condiciones laborales y de vida, por lo que vienen de una condición de precariedad desde su país nativo. No es de sorprender entonces ver que esta fracción de clase se dedica principalmente a este tipo de trabajos altamente desregularizados y precarios.

La lucha por el reconocimiento de una relación laboral

Una de las principales demandas que encabezan las luchas de estos trabajadores es algo muy básico, el reconocimiento laboral. Sí, por absurdo que suene, la ley no reconoce una relación laboral entre los repartidores y las aplicaciones, ante el papel son ‘cuentapropistas’ o trabajadores independientes.“Nosotros ‘no existimos’, así me lo hizo saber una trabajadora de la dirección del trabajo: No Servio, lo que sucede es que ustedes están en el limbo, no existen. y mi respuesta fue, eso lo sabemos, pero lo que usted me da a entender es que estamos en el limbo, no existimos y así lo desean mantener, en el limbo”.Al no contar con una relación empleado-empleador su trabajo está fuera de las regulaciones, por ende la empresa no garantiza derechos como un contrato de trabajo, sueldo mínimo, cotizaciones, seguros, bonificaciones, etc. Del mismo modo, al no ser reconocidos como trabajadores, no pueden formar un sindicato, al menos en términos legales, es decir la empresa no se ve obligada a reconocer un sindicato con el cual sentarse a negociar.Protesta de repartidores en Buenos Aires, Argentina

Una lucha nacional e internacional

Pese a lo anterior,  se han levantado distintos esfuerzos de organización por parte de los repartidores con el fin de centralizar demandas y unir fuerzas entre trabajadores. Justamente, la experiencia organizativa de Riders Unidos Ya está lejos de ser una experiencia aislada, pues como nos cuenta el compañero “tenemos un proyecto muy importante que llamamos La Marea, La Mancomunal de Repartidores de Chile”. Esta mancomunal agrupa a lo menos 4 organizaciones distintas de repartidores distribuidas a lo largo del país.A esta iniciativa, se suman también los distintos contactos que han tomado con otras organizaciones sindicales del país, como también internacionales: “Hemos tenido contacto con El sindicato de Papa Johns, con muchas organizaciones sindicales, no solamente aquí, a nivel internacional también: Argentina, Ecuador, Perú, México, España.”Esta dinámica internacional es importante de analizar, pues desde el punto de vista del compañero, la masificación internacional de estos nuevos sistemas de trabajo llevan a que finalmente las y los trabajadores busquen desarrollar experiencias de resistencia en distintas partes del mundo, interactuando entre ellos a partir de sus condiciones de trabajo comunes: “Es un fenómeno que se está dando a nivel mundial no solamente aquí en chile, donde estas empresas llegan hacen lo mismo, lo único que cambia es el país y la moneda obviamente y el nombre la empresa, pero son lo mismo, hacen lo mismo, entonces por ende cuando la clase obrera, la clase trabajadora, se percata del sistema,  los que tienen las agallas de hacerle frente, salen al frente como mi persona, como en Argentina el compañero Maxi de ATR (Asamblea Nacional de Trabajadores de Reparto), como Yuli, venezolana que trabajan en Ecuador que también están haciendo un frente bastante contra  Glovo en Ecuador, como el compañero Saúl en México, como Carolina Hevia en Colombia, como el compañero Fernando Gallardo en Concepción y como muchos compañeros, y eso va a seguir así”.

La contraofensiva de la empresa

Sin embargo, frente a la organización y manifestaciones por parte de los trabajadores, es que Pedidos Ya recurrió al amedrentamiento y otras prácticas antisindicales para aplacar estos esfuerzos.“Ellos infiltraban en las organizaciones a nuestros mismos compañeros, pero que jugaban un papel a favor de la empresa, entonces cuando ubicaban a los compañeros que querían organizarse ellos los llamaban: mira, sabemos que eres tú y tú, y fulano y zutano, vengan a la empresa que necesitamos hablar con ustedes para darles solución (…) el repartidor iba pensando que le iban a solucionar el problema, pero salían amedrentados y despedidos, a la semana, a las dos semanas les quitaban las cuentas, los dejan sin trabajo, entonces ¿eso que hacía? creaba miedo, el repartidor tenía miedo de organizarse”.Así las cosas, Servio junto a otros compañeros fueron despedidos en abril del 2020 justamente por exigir mejores condiciones de trabajo. Frente a eso tomaron la decisión de levantar dos demandas colectivas buscando que la empresa reconozca la relación laboral que mantenían.Pero todo este proceso no ha sido fácil, pues en primer lugar la empresa ha buscado dividir la fuerza de los trabajadores: “Éramos 55, pero la empresa fue comprando conciencias, quedamos 20 compañeros en la demanda y ahí estamos guerreando”. En segundo lugar, una vez que la empresa forzó a un cambio de fecha del juicio por la demanda colectiva, esta comenzó a argumentar que no podía darse por notificada producto de la pandemia: “Pero tú ves a todos los compañeros repartidores de Pedidos Ya trabajando día y noche incansablemente. La empresa no ha cerrado, la empresa en eso, para esos efectos, ellos siguen funcionando, pero para los efectos de darse por notificada para otra demanda están a puerta cerrada.” El 2 de noviembre, cuando se realizaría el juicio por la demanda colectiva interpuesta por Servio y sus compañeros, el juzgado toma la decisión de correr nuevamente el juicio para el 2 de febrero del mes pasado, donde esta vez la jueza decidió declararse incompetente frente al caso: “El juez dos días antes del juicio y previo a las 2 sentencias de Concepción donde salieron favorecidos los dos compañeros repartidores, donde se reconoce la relación laboral y donde se insta a la empresa a reconocer la figura del trabajador en su empresa y a pagar todo el daño moral que ya han causado por estar despidiendo la gente así como así (…), justamente previo a esas dos sentencias viene nuestro juicio y el juez que dice: “suspendido en la audiencia de juicio, nos vemos el primero el 2 de febrero del año 2021”Finalmente, llegado el 2 de febrero, la jueza a cargo del juicio corrió nuevamente la citación para este lunes 12 de abril.Pese a la compleja situación que enfrentan, Servio y sus compañeros/as se mantienen firmes en continuar la demanda, además se trabajar continuamente en la organizaciones de  La Marea y Riders Unidos Ya, sumando nuevos integrantes, concientizando sobre su situación, formando relaciones con otras organizaciones, todo suma en la lucha de estos trabajadores.

Conclusiones

Distintos temas surgen de la entrevista al compañero. Uno de ellos es la expansión e instalación de nuevas ramas de servicios con condiciones laborales absolutamente “flexibles”, como es el caso del delivery. En ese sentido, la demanda por el reconocimiento de la relación laboral de este sector de trabajadores debe entenderse como un medio o un hito de una larga lucha de estos por constituirse como trabajadores ante el capital y el sistema político, ya que si bien la conquista de su reconocimiento significaría un importante logro en cuanto a condiciones legales, su precarización laboral y material se mantendría. Otro punto que surge de la entrevista al compañero es la importancia de coordinarse con otros sectores de trabajadores, no solo de otras ramas para solicitar apoyo, sino también de trabajadores en otros países que trabajan en condiciones similares y que pueden apoyar y transmitir experiencias de lucha y organización. Otro tema que parece importante para la clase en su conjunto es registrar estas nuevas modalidades de explotación, ya que es muy probable que ese tipo de procesos de trabajo y contratación afectarán a otras ramas de la producción. Finalmente, dejamos planteadas algunas preguntas para el debate:¿Qué papel asigna el capital y el estado burgués chileno a la clase obrera de carácter migrante?¿Las condiciones de este sector de la clase obrera representan una modalidad laboral que que el capital podría imponer al conjunto de la clase?¿Cómo debiera incorporar una política de clase a este destacamento de la clase obrera a las luchas y demandas sociales y políticas locales?

(1)  Según los datos registrados por CIPER, serían más de 15 mil repartidores trabajando de manera activa en Chile: “El relato de los trabajadores de delivery que viven la pandemia sin acceso a baños ni elementos de protección” – Cristobal Ríos y Lucas Cifuentes (07 de abril del 2020) https://www.ciperchile.cl/2020/04/07/el-relato-de-los-trabajadores-de-delivery-que-viven-la-pandemia-sin-acceso-a-banos-ni-elementos-de-proteccion/

(2)  Información en base a “Repartidores en Chile: Situación de exposición actual a violencia y delincuencia”, elaborado por La Mancomunal de Repartidores y fundación FIEL, 10 de agosto 2020. http://lamancomunal.cl/organizacion/

(3) Fuente: Elaboración propia en base a los datos entregados por la Encuesta Nacional de Empleo del trimestre Noviembre, Diciembre, Enero del 2020-2021, INE.

Fuente: https://rebelion.org/la-pesadilla-laboral-de-las-y-los-trabajadores-de-delivery/

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Engels en su bicentenario

Por: Atilio A. Boron

 

Hoy, 28 de Noviembre, se cumplen doscientos años del nacimiento en Barmen-Elberfeld (Prusia) de Friedrich Engels, el gran amigo y permanente colaborador de Karl Marx. No es ésta la ocasión para reseñar la biografía de ese joven hijo de una acomodada familia de la burguesía alemana, propietaria de una importante hilandería en Manchester.  Brillantísimo y abierto como pocos a los signos de su tiempo, su espíritu inquieto y rebelde lo impulsó a ignorar a la universidad pese a que su condición económica le hubiera abierto las puertas de las mejores casas de estudios superiores de Alemania. Pero el escolasticismo, la oquedad y la infatuación de los académicos germanos -amén de las rígidas jerarquías de los claustros universitarios- resultaban insoportables para un espíritu tan inquieto e incisivo como el del joven Friedrich. Resignada, su familia lo envió a Manchester, a desempeñarse en la administración de la fábrica una vez acabado su servicio militar de un año en octubre de 1842. Aquel desdén por la universidad y el “castigo” familiar al enviarlo a Inglaterra no lo privó de cobrarse una temprana venganza gracias a una notable hazaña intelectual: entre los 22 y 24 años llevó a cabo una minuciosa investigación sociológica sobre la clase obrera en Manchester, corazón del capitalismo industrial, que se publicaría en Leipzig en 1845 cuando su autor aún no había cumplido los 25 años. Se trata, naturalmente, de su célebre libro: La Condición de la Clase Obrera en Inglaterra, una referencia insoslayable todavía hoy en cualquier curso sobre la historia de la industrialización británica. Ese joven de la burguesía alemana se convertiría  en un gran intelectual, en el sentido más amplio de la palabra, eclipsado por la enorme sombra que a su lado proyectaba el genio de Karl Marx. Éste, nada propenso a la lisonja y el elogio fácil, hizo justicia cuando definió a su amigo con dos frases. Una, Friedrich,  “el hombre más culto de Europa.” Otra: “un verdadero diccionario universal, capaz de trabajar a cada hora del día o de la noche, comido o en ayunas, veloz en escribir y en comprender como el mismo diablo.”

Fueron esas inusuales virtudes las que hicieron de Engels un interlocutor privilegiado –casi exclusivo– de Marx durante cuarenta años. Fue, por eso mismo, testigo, consejero, crítico y, como ya es sabido, silencioso e invisible coautor de algunas de las más importantes aportaciones teóricas plasmadas en su obra. Desde el momento en que se encontraron por primera vez en 1843 Marx advirtió que ese joven, dos años menor que él, era un intelectual de un espesor fuera de lo común, cuya palabra nunca desestimó y cuyo consejo siempre buscó hasta el último día de su vida, apagada en 1883. Un talento a quien Marx confió, en reiteradas oportunidades, la redacción de trabajos que luego se publicarían con su firma. Varios artículos publicaros por el New York Daily Tribune –cuya compilación luego daría origen nada menos que a El Dieciocho Brumario de Louis Bonaparte– fueron escritos por Engels a pedido de Marx. Por otro lado, éste aceptó escribir largas secciones o fragmentos de obras que más tarde aparecerían con la firma de Engels, como el décimo capítulo de la Segunda Parte del Anti-Dühring. En esa declarada admiración de Marx por su amigo, benefactor, compañero de militancia e interlocutor intelectual juega por cierto un papel decisivo el hecho de que haya sido este joven burgués de Barmen-Elberfeld quien invitara al hasta entonces filósofo de Tréveris a adentrarse en el camino de la economía política inglesa, una disciplina prácticamente esotérica en la atrasada Alemania de la primera mitad del siglo XIX y a la cual Engels tuviera acceso favorecido en parte por los intereses comerciales que su familia poseía en Gran Bretaña. A Engels debe Marx nada menos que el haber llamado su atención sobre las potencialidades que encerraba la economía política clásica para el análisis del capitalismo y la sociedad burguesa, y para el desarrollo del pensamiento y la práctica del socialismo. Sin la ayuda de Engels, Marx probablemente habría llegado a abrevar en esas fuentes; pero gracias a su amigo lo hizo antes y mejor.

Habría un sinfín de razones para celebrar el bicentenario del nacimiento de Engels. En mi Bitácora de un navegante. Teoría política y dialéctica de la historia latinoamericana, recientemente publicada por CLACSO y el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, se incluye un largo capítulo dedicado a explorar la riqueza y actualidad del pensamiento engelsiano y la deuda intelectual y política que tenemos por una labor que, entre tantas otras cosas, hizo posible la extraordinaria divulgación y popularización internacional del marxismo.[1] A continuación, y como un botón de muestra, les invito a leer uno de los párrafos finales de su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado , de 1884.  Nótese la premonitoria actualidad de sus palabras: primero, por la importancia que le adjudica a las “deudas del Estado”; segundo, reemplácese “Bolsa” por Wall Street;  tercero, “sociedades por acciones” por megacorporaciones empresariales y, cuarto y final, agréguese a “el transporte y la producción” las ramas más dinámicas de la economía actual: las tecnológicas (Apple, Google, Facebook, Amazon, Microsoft, etcétera) y se obtendrá en una apretada síntesis una precisa radiografía de la naturaleza del Estado y el poder en los capitalismos contemporáneos, sus insanables contradicciones y su radical incompatibilidad con un sistema democrático. Leamos lo que escribiera en ese pasaje de su obra para comprobarlo:

“La forma más elevada de Estado, la república democrática —que en nuestras condiciones sociales modernas se va haciendo una necesidad cada vez más ineludible no reconoce oficialmente diferencias de fortuna. En ella la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero por ello mismo de un modo más seguro. De una parte, bajo la forma de corrupción directa de los funcionarios, de la cual América es un modelo clásico, y, de otra parte, bajo la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa. Esta alianza se realiza con tanta mayor facilidad cuanto más crecen las deudas del Estado y cuanto más van las sociedades por acciones concentrando en sus manos no sólo el transporte, sino también la producción, haciendo de la Bolsa su centro.”

Huelgan las palabras y los elogios. Gracias por todo, por haber existido, eternamente joven Friedrich. ¡Hasta la victoria, siempre!

[1] Se puede descargar esta obra gratuitamente en  https://www.clacso.org/atilio-boron-bitacora-de-un-navegante/  Hay también una intervención de apertura en el Congreso Internacional Engels Vive 1820 -2020 a la cual puede accederse con el siguiente enlace de  YouTube:

https://www.youtube.com/watch?v=KE0DwNcMGCM
y una entrevista radial que me hiciera Telma Luzzani sobre Engels que puede escucharse en: https://ar.radiocut.fm/audiocut/atilio-boron-engels-fue-uno-primeros-en-teorizar-sobre-explotacion-mujer/

 

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Criando ratas

Por:  Daniel Seixo

Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.

El club de la lucha

«No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!«

Charles Bukowski

«Es rarísimo que por un momento estemos aquí y al siguiente hayamos desaparecido. En un par de generaciones, a nadie le importará una mierda. No seremos más que unos gilipollas con ropas graciosas en fotografías descoloridas que un triste descendiente con demasiado tiempo libre saca del aparador para mirar de vez en cuando.«

Irvine Welsh

La vida es como el mar, tienes que ahogarte para sentir su intensidad.

Blow

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Algo aparentemente sencillo hace no tanto tiempo, convertido en nuestros días en una maldita odisea propia de héroes modernos, tristemente encarcelados en una espiral de consumo y plena decadencia civilizatoria. Supongamos por un instante que has nacido en la parte privilegiada del mundo, esa de las tres comidas al día, los anuncios en televisión y las marcas comerciales. Una realidad muy alejada de las guerras, el hambre crónica, los matrimonios infantiles o las consecuencias de las acciones estadounidenses que desgraciadamente pueblan de dolor gran parte de este planeta. Supongamos que has tenido esa suerte –porque no olvidemos que nacer en uno de esos países supone en sí mismo un gran golpe de suerte– entonces entrarán en juego otros muchos factores en tu desarrollo vital.

Entre ellos los más destacables e inamovibles, se encuentran tu sexo – no es lo mismo ser un hombre que una mujer, las violaciones grupales, el techo de cristal, las miradas a tu escote, los insultos como necio ritual de cortejo, la explotación sexual, laboral, reproductiva o simplemente evitar que te asesinen por no someterse al control masculino, todo eso son cosas que un hombre se ahorrará por el hecho de nacer con un puñetero pene entre sus piernas– tu color de piel – admitámoslo, incluso cuando tus padres te hayan traído al mundo en este estado tan democrático, los policías del barrio no saben nada de eso y siempre resulta más fácil cachear y humillar a un joven negro que a un blanco, tampoco a la hora de entrar a un pub de moda, en tu última entrevista de trabajo o al plantarte ante los padres «conservadores» de ese nuevo ligue la cosa resulta sencilla siendo negro o amarillo, por no hablar de los malditos cabeza rapadas o algún que otro «nostálgico» alterado por el peso electoral de los de Santiago Abascal– y muy especialmente tu clase social, este último factor lo atraviesa irremediablemente todo y va a condicionar de forma definitiva todas tus vivencias. No en vano, incluso en un país supuestamente avanzado como España la pobreza infantil afecta a un 28,3 % de los niños y niñas, es decir, 2,2 millones de infancias que no soñarán con esa última videoconsola, una bicicleta mountain bike, vacaciones en la playa o incluso con cosas tan simples como cereales de marca para desayunar. Y que en caso de que se atrevan a hacerlo guiados por la hiperpresente publicidad, pronto se acostumbrarán en sus vidas a las decepciones continuas.

Solo la clase obrera tiene el poder de transformarlo todo, para comenzar un nuevo proyecto común

Lo normal tras ese golpe vital de suerte inicial que ha hecho que no pases tus primeros años en Afganistán víctima de un matrimonio infantil, el opio o alguna guerra que no debería significar nada para ti, es ver como tu infancia transcurre en un barrio obrero. Tu introducción a la sociedad, sucederá viendo a tus padres más bien poco por sus jornadas maratonianas de trabajo. Pero no te preocupes, internet, tus amigos y algún que otro influencer de moda te servirán como guía sustitutiva mientras los adultos de la casa continúan inmersos en la ficción de que un trabajo que los ahoga y una educación pública sin apenas recursos, no suponen realmente un condicionante para el desarrollo de los más pequeños de la casa.

No sé exactamente a que edad comienza la sexualización de los menores, pero te aseguro que será pronto, especialmente –otra vez– si no has nacido con pene. Posturas insinuantes para fotos en redes sociales que «te hacen parecer mayor», pervertidos intentando contactar contigo por redes sociales, maquillaje, ropa de Zara para niña –aunque realmente ya cueste mucho diferenciar entre sus supuestas modelos y niñas e incluso entre las líneas para adultas y niñas– estrellas Disney que pasan inmediatamente a estrellas pornomusicales… Todo te llevará directamente a comenzar a vivir tu sexualidad a una edad demasiado temprana, cuando aún tus decisiones no son del todo racionales. Es ahí cuando el porno entrará en escena, en este caso los hombres «tienen ventaja». Pronto las clases y cualquier otra cosa pasará a un segundo plano y las competiciones de testosterona terminarán en maratones de sexo duro en internet, intentos desesperados por perder la virginidad y sexo rápido, patriarcal y aunque nos te lo parezca, insatisfactorio. Pero vamos, esto tampoco es ninguna sorpresa, son la generación de Pornhub en el bolsillo, casas vacías a todas horas y una nula educación sexual más allá de series para adolescentes en las que las drogas, las relaciones rápidas y el sexo casual es presentado como glamuroso. Lo raro es que esta gente no tenga al menos una sobredosis o un aborto al mes –aunque si fueses estadounidense andarías realmente cerca– se han pasado toda su escasa vida inmersos en cosas que no deberían conocer hasta ser adultos y en muchos casos saben mucho más de todo eso que sus propios padres. Los adolescentes simplemente buscan su identidad en un mar de estímulos mientras el mundo se desmorona y sus padres intentan no ser desahuciados por no pagar el alquiler con un sueldo cada día más menguante.

Tras eso, si tienes suerte, llegará la universidad, un curso de FP o directamente te tocará buscar curro en algún centro comercial o en el taller del barrio. No sé, puede que te decidas a montar un bar y ser eso que llaman emprendedor, pero con ese historial familiar de propiedades al límite del embargo que llevas encima y esa cara de proletario que no te quitas ni con el nuevo peinado de Cristiano Ronaldo, lo más seguro es que de tu banco te echen a patadas antes de que consigas abrir la boca. Vamos chaval, vives en un país en el que 4 de cada 10 jóvenes no tienen trabajo, os han llamado ninis porque «jóvenes que saben que lo tienen muy crudo hagan lo que hagan y muestran su desencanto total y absoluto por el sistema cobijandose en el consumo y el puro hedonismo», en realidad quedaba muy largo para las campañas de criminalización en los informativos de la mañana. Vas a encadenar trabajos basura durante muchos años independientemente de tu formación, pero si esta es buena, tarde o temprano conseguirás despegarte solo un poco de esos otros que decidieron dejar los estudios en busca de un sueldo que les permitiese ser adultos o simplemente sobrevivir. Sea como sea, la buena vida se ha terminado para ti, trabajos duros, horas extra sin remunerar, miedo al despido, sumisión ante un ejército industrial de reserva desesperado y alienado con las dinámicas del patrón.

El mundo real ya estaba hecho una mierda y el coronavirus tan solo nos ha otorgado tiempo para reflexionar sobre nuestros pecados en esta global sociedad de consumo

Todo parece una jodida broma, pero es el cuerpo material de lo que va a ser tu vida, puedes adornarlo con un buen coche, un peinado caro, una buena casa y cenas en un restaurante de moda dos veces a la semana si las cosas te van realmente bien. Pero si has nacido en un barrio humilde y obrero, yo no contaría demasiado con eso. Esos sueños son como la lotería, requieren muchas papeletas de saliva en el culo de tus jefes, una pizca de suerte e intentar que todo eso llegue mientras puedas disfrutarlo. Ya sé que la MTV o Netflix te ha vendido otra cosa, pero despierta, ninguno de los cretinos de Friends podría pagarse aquellos malditos pisos con trabajos precarios y muchos de tus amigos que todavía siguen, o han regresado tras un despido inoportuno, a casa de sus padres. No es casualidad que el 53,1% de los jóvenes de entre 25 y los 29 años y el 25% de los que ya tienen entre 30 y 34 años todavía vivan en casa de sus padres. Si cruzamos esos mismos datos con nuestro desempleo juvenil, incluso a los políticos ineptos que nos gobiernan deberían salirle las cuentas.

Y ahora que ya eres adulto, decide si quieres y puedes tener hijos, paga sus pañales, intenta conciliar algún trabajo basura con sus horarios, preocuparte de su educación, llevarlos al parque, preocúpate especialmente de que no vean porno en internet, háblale sobre las drogas, sufraga la universidad y en definitiva repasa todos y cada uno de los puntos de esta pesadilla que te ha llevado hasta aquí, pero ahora viendo como es otro el que la sufre y se arrastra poco a poco a una sociedad que se hunde y a una vida que lo hace con ella. ¡Eh!, las cosas no deberían ser así, pero también se supone que ya no existe una guerra de clases y a ti te están atizando de lo lindo sin que muevas un dedo por cambiarlo, campeón. La vida no es justa.

Llegado el momento jubílate y prepárate poco a poco para la muerte entre un mar de medicamentos que seguramente tengas que pagar en su mayor parte, aunque si las reformas de las pensiones continúan este ritmo, seguramente la parca te pille camino del trabajo o incluso camino a casa de algún chaval que permanece todavía ajeno a todo lo que se le viene encima, pero que ha decido encargar una hamburguesa a domicilio transportada por un viejo currante al que no le queda otra opción que funcionar como falso autónomo en forma de chico de los recados de una clase adormecida y preocupada únicamente por sus seguidores en Instagram y ese mundo virtual que sin duda parece más apetecible que su propio futuro.

Vamos, no nos deprimamos por esta bofetada en la cara a estas alturas, el mundo real ya estaba hecho una mierda y el coronavirus tan solo nos ha otorgado un tiempo extra de reflexión sobre nuestros propios «pecados» en esta sociedad global de consumo. Pero en lugar de eso, hemos decidido en el mejor de los casos seguir actuando igual pero en esta ocasión con una mascarilla barata en nuestra boca, ¿quizás decorada con algún estampado que pretenda reflejar esa personalidad e identidad que nos falta e intentamos constantemente cubrir con cualquier producto de consumo?

Supongamos por un instante que has nacido en la parte privilegiada del mundo, esa de las tres comidas al día, los anuncios en televisión y las marcas comerciales, una realidad muy alejada de las guerras, el hambre crónica, los matrimonios infantiles o las consecuencias de las acciones estadounidense

No hemos cambiado ni un ápice y esto se termina amigos. En el fondo todos sabemos que tras los atentados del 11-S las cosas no volvieron nuca a ser iguales en materia de derechos sociales y libertades, la crisis económica de 2008 nos arrebató nuestro modo de vida y nos obligó a apretarnos el cinturón renunciando a derechos laborales que nunca regresarían y tras todo esto muchas cosas van a cambiar para siempre en nuestras cada día más asfixiantes vidas y ninguna de ellas lo hará previsiblemente para bien. Aunque parezca irreal, Occidente está descomponiéndose ante nuestros pies y nunca el final de toda una civilización es agradable para aquellos que la sufren, especialmente para los perdedores del Imperio derrotado, aquellos que apenas vislumbraron más que una ilusión de sus pingues beneficios.

“Cómo han cambiado irremediablemente nuestras vidas. Siempre es el último día de verano y nos quedamos fuera, en el frío, sin una puerta para volver a entrar. Hemos tenido más oportunidades de revolución social de las que por derecho nos corresponderían, para muchos la vida les pasa de largo mientras viven a todo tren con los réditos de la explotación de trabajo de nuestra clase social. Mientras que otros, a lo largo de nuestras vidas hemos dejado trozos de nuestras esperanzas y nuestras ganas de luchar aquí y allí, y ahora apenas nos queda el suficiente corazón para seguir luchando, pero forzamos una sonrisa, sabiendo que no existe otra salida que seguir en esta constante lucha de clases, derrota tras derrota, hasta la esperada victoria final. Ya no hay apenas movimiento obrero en los estados, ni partidos realmente socialistas en nuestros parlamentos, pero aun así la lucha es parte de nuestra vida. No podemos evitarla, ni esquivarla. Es esa parte vital que realmente no necesito explicarles en estas páginas, ese motivo por el que la sangre les ha hervido lentamente de rabia y frustración mientras llegaban al desenlace de este humilde artículo. Es eso que puede y debería hacerlos despertar ante tanta injusticia.”

De nosotros depende cambiar el desarrollo de los acontecimientos, solo la clase obrera tiene el poder de transformarlo todo para comenzar un nuevo proyecto común. Pero eso, no va a hacerse solo. Y si quieren evitar que de ahora en adelante generación tras generación cometamos los mismos errores, es hora de moverse. Es hora de luchar para cambiar las cosas.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/criando-ratas/

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Sobre el sujeto histórico de la Revolución Bolivariana de Venezuela

Sobre el sujeto histórico de la Revolución Bolivariana de Venezuela

Limber Salazar

Docente de la UBV

Adscrito al Centro de Estudios Educación Emancipadora y Pedagogía Crítica (CEPEC)

Se inicia la Revolución Bolivariana de Venezuela con el intento fallido del golpe de Estado del 04 de febrero 1992, liderado por Hugo Chávez. Indultado el 26 de marzo de 1994, convierte su Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR – 200) en Movimiento V República (MVR), partido político con el cual gana las elecciones presidenciales de 1998.

A partir de 1999, desde la presidencia de la República impulsa una serie de cambios profundos en la política nacional, comenzando por la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, cuya finalidad fue la de redactar una nueva Constitución Nacional. Sometida ésta a consulta popular, fue aprobada por más del 85% del electorado el 15 de diciembre de ese mismo año.

Se conformó así una nueva mayoría política en el país y prácticamente la desaparición orgánica de los partidos social demócratas tradicionales (AD, COPEI, URD y otros grupos a ellos asociados) Es decir: se constituye un gobierno comandado por Hugo Chávez con el respaldo del Polo Patriótico, cuya columna vertebral fue el MVR (partido cívico-militar), secundado por La Causa R, el PCV, el MAS, el MEP y otros grupos minoritarios de convicciones revolucionarias de varias tendencias (Marxistas, Guevaristas, Maoístas, cristianos y otras)

Toda esta historia es bien conocida en el país tanto, como el reconocimiento del liderazgo carismático e indiscutible del Comandante Chávez. Pero ¿Cuál es la fuerza social que sustenta a la Revolución? ¿Qué ocurrió en Venezuela en cuanto a la conformación de sus clases sociales? ¿Qué cambió en las estructuras económicas y del Estado con el desarrollo de esta Revolución?

Hay que puntualizar algunas cosas, aunque también son de dominio público. Por ejemplo: no hubo cambios esenciales en la estructura económica del país, así como tampoco en la del Estado, aunque desde el Gobierno sí hubo muchos cambios de nombres de las instituciones públicas.     Ahora bien, antes de la Revolución, los ingentes ingresos de divisas al Fisco Nacional por concepto de la venta del petróleo enmascaró la situación de pobreza en la mayoría de la población venezolana, se acallaron los conflictos de clases sociales y se ocultó el racismo y la exclusión de las etnias afro descendientes e indígenas. La política de inclusión social de la Revolución intenta saldar esta “deuda social” como se le calificó en el discurso revolucionario.

Gustavo Pereira (1) citando los datos de FUNDACREDESA (Fundación estatal para el Crecimiento y Desarrollo de la población) afirma que para 1988, más del 70% de la población venezolana se hallaba ubicada en los estratos de pobreza, y a la llegada de Chávez al poder (1999) las cifras eran las siguientes: dos millones novecientas mil familias en situación de pobreza, cuarenta mil niños en situación de prostitución, 16% de desempleo, ochenta de cada cien familias al margen de los servicios básicos, seiscientas mil familias sin acceso al agua potable y 41% de la población viviendo en ranchos.

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Jesús María Herrera Salas en su artículo La economía política del racismo en Venezuela (2) coincide en que para ese año 1999, el 70% de la población nacional estaba en situación de pobreza.

Ahora bien, todo ese contingente humano invisibilizado y excluido se identificó y aglutinó entorno a Chávez constituyendo el Chavismo, como la gran fuerza social de la Revolución. Su debilidad estratégica era la poca presencia organizada de la clase obrera (petrolera, de las Industrias Básicas de Guayana y del resto de las industrias del país) aunque sus trabajadores se incorporaran de manera espontánea, como la mayoría del pueblo, al respaldo del Comandante.

Los partidos y agrupaciones económicas y gremiales de las clases dominantes desplazadas del poder político del Estado por Chávez en 1999 (AD, COPEI y otros partidos, FEDECÁMARAS, CTV, Alta Gerencia de PDVSA, Alto Mando Militar, Conferencia Episcopal Venezolana y otros) bajo la dirección de Washington, organizaron el sabotaje económico, político y militar en gran escala para luego dar el golpe de Estado de 2002 (derrotado) y la huelga petrolera y general de fines de 2002 a 2003 (también derrotada) le permitieron al gobierno reforzar algunas de sus debilidades y mejorar el control de factores claves del poder, como por ejemplo: reestructuración de PDVSA, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana con la incorporación del Cuerpo de la Milicia y la formulación de una estrategia de defensa cívico-militar, la conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con millones de militantes y la organización del llamado poder popular (Consejos comunales, CLAP, comunas y otros colectivos) en las 1146 parroquias que forman los 335 municipios del país.

Hasta el presente, todos los intentos hechos por diferentes vías por la oposición venezolana para derrocar al gobierno, incluida la peligrosa invasión militar con mercenarios por Macuto y Chuao el 03/05/20, han fracasado. El respaldo masivo y decisivo al gobierno sigue siendo el de la población antes excluida y ya mencionada. ¿Puede ser ésta calificada como una clase social, o alianza de clases, siguiendo la definición de Marx? ¿Dónde quedó el rol protagónico de la clase obrera, o mejor, de su alianza estratégica obrero-campesina (Rusia)  o de los campesinos (China, Vietnam, Cuba y otras) en la revolución socialista?

El caso Venezuela plantea evidentemente una situación muy particular, aunque no totalmente inédita. Por lo tanto, es bien importante definir con mucha aproximación cuál es el sujeto histórico de esta revolución, si se pretende derrotar la estrategia del “rollback” puesta en práctica por  el Pentágono durante el período de La Guerra Fría, y actualizada como la “Obama’s Rollback Strategy” para derrocar a Manuel Zelaya en Honduras y revertir el avance de la Revolución Bolivariana en América Latina y el Caribe.

La rollback strategy según James Petras (3) es sencillamente “hacer retroceder, revertir o volver a una situación previa para recuperar espacios políticos perdidos” haciendo uso de todas las opciones. István Mészáros (4) se lo achaca a la carga del tiempo histórico, lo que equivaldría a decir a la fuerza de la costumbre, o según su propia metáfora “a esa ancla que jala al barco de nuevo a la rada”

Son evidentes las dos estrategias contrapuestas: la de la unión en favor de la autodeterminación de las naciones y la de la desintegración de América Latina y el Caribe en pro de la hegemonía yanqui.

Ahora bien, ¿Cuáles son las fuerzas que propician la unión y cuáles la frenan y obstaculizan? El tema es de cardinal importancia y guarda estrecha relación con el sujeto histórico de la revolución social en cada país, porque de él dependerá en última instancia la reversibilidad o no del proceso, la construcción o no de una sociedad sin retorno al modelo anterior. Es esta fuerza la que deberá tomar en sus manos todo el poder.

En la Rusia de 1917 los revolucionarios plantearon la unión de obreros, campesinos pobres y soldados como el sujeto de la revolución. A esa alianza la llamaron Soviet (Consejo) Pues bien, la consigna clave de su triunfo fue: Todo el Poder al Soviet. Al definirse ese sujeto histórico del cambio, automáticamente se está definiendo quién o quiénes asumirán el poder político del Estado.     Según el Art. 5 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (primera parte) lo ejercerá el pueblo directamente y de manera intransferible. Pero no el pueblo abstracto a cuyo nombre se enseñorean y mandan otros (segunda parte del mismo Artículo) donde se le da la vuelta: “e indirectamente (…) por los órganos que ejercen el Poder Público”

Hasta el presente ha comandado la segunda parte del Artículo citado. ¿Cuándo “estará preparado” el pueblo concreto para ejercer su soberanía popular como lo consagra la primera parte del 5 Constitucional? ¿Cuándo el barrio o la parroquia (en las ciudades), pero también el caserío y el pueblo del interior, con sus nombres propios, su historia, sus costumbres y tradiciones tomará en sus manos las riendas de su caballo?

Ese pueblo que hasta ahora ha defendido con sus vidas al que lo va a defender (¿De quién?) o a proteger, es quien deberá trazar la ruta y establecer las metas de su propio destino dentro de una estrategia nacional de liberación. Es decir: a través de un plan de desarrollo económico, político y social que partiendo de lo local vaya copando todo el territorio nacional.

Aparentemente no hay contradicción con lo planteado por el gobierno al proponerse éste la construcción del poder popular, sólo que esta estructura ha sido hasta ahora un apéndice útil al estatus quo. Ya el “ancla” no necesita tirar al barco de regreso a la rada. La crítica, siguiendo a Marx, deberá destruir las apariencias para poder ver con claridad la esencia de las cosas, si es que de veras se pretende cambiar la realidad de manera irreversible.

En diciembre de 2012 – ante lo avanzado de su enfermedad y probable muerte, como efectivamente ocurrió el 05/03/13 – Chávez llamó al pueblo para que eligieran como su sucesor al obrero Nicolás Maduro. Adicional a las cualidades políticas de este dirigente, probablemente Chávez pretendió dar una señal clara sobre la necesidad de incorporar a la clase obrera como pilar de la Revolución, debilidad que aún era (¿o es?) manifiesta. Después de ocho años de gobierno, se impone hacer un análisis sobre el carácter y el rumbo de la Revolución, cuestión ésta que escapa al alcance de este ensayo. Sin embargo, aquí se toca una de las aristas neurálgicas para dicho análisis y es justamente definir quién establece el rumbo estratégico de los cambios, quién dirige las luchas y en favor de quiénes se hace la revolución, lo que se ha venido denotando como el sujeto histórico de los cambios. Las cifras que a continuación se dan pretenden aportar elementos de juicios al respecto.

Jesús M. Herrera Salas (Ibídem) citando información de más de catorce fuentes concluye que “la política social y étnicamente incluyente de la Revolución Bolivariana del Siglo XXI ha provocado una reacción tan racista y clasista (…) en sectores importantes de las clases altas y media alta de la Venezuela actual, como aquellas que provocaron entre la oligarquía mantuana la Real Cédula de Gracias al Sacar, el levantamiento de José Leonardo Chirinos y la Revolución de Gual y España durante el Siglo XVIII”

¿Y quiénes respaldan hoy a la Revolución? Vale decir: ¿Qué sensibilidades sociales hacen suyas estas banderas? Es evidente que el cuadro social presentado por FUNDACRESA a la llegada de Chávez (ya citados) debe haberse movido en función de las políticas públicas aplicadas por el gobierno. Justamente los beneficiados, más los que aún no hubieran sido favorecidos pero que aún continúan con sus esperanzas, lo cual constituye “más del 70% de la población venezolana”, calificado como pueblo, conforman ese nervio sensitivo de la Revolución.

Y este contingente ¿Quiénes son, desde el punto de vista de la sociología política? ¿Clases sociales? ¿Estratos o Sectores D, E, etc., como los clasifica eufemísticamente el Instituto Nacional de Estadísticas? ¿Esta es la multitud, según Michael Hardt y Antonio Negri criticado por Atilio Boron(5) quien así tipifica al sujeto de la revolución antiimperial en nuestros tiempos? ¿El pueblo en abstracto? como prácticamente se asume en el Art. 5 de la CRBV ya comentado, aunque sean muy concretas las etnias indígenas, afro descendientes, desempleados, niños abandonados, población indigente etc. ¿Es este el sujeto de la Revolución Bolivariana, también identificada como Socialismo del Siglo XXI? ¿Quién es aquí el proletariado, o asume su rol de vanguardia? (La única clase revolucionaria, según Marx) ¿Quién traza el rumbo y mantiene firme el timón? ¿Fue en respuesta a estas inquietudes que Chávez planteó el 20 de octubre de 2012 la necesidad de dar cambio de timón? ¿Sigue vigente ese estratégico y urgente llamado?

Actualmente Venezuela vive el momento más dramático y complejo de su historia: el cerco económico, político y militar por parte de Estados Unidos y sus aliados, cuya última y peligrosa arremetida se consumó en la invasión con mercenarios por Macuto y Chuao (ya comentada); el azote del coronavirus, pandemia que ha requerido de ingentes recursos del Estado, lo cual ha devastado la ya maltrecha economía nacional, producto esto a su vez del férreo cerco económico, del bloqueo de las cuentas bancarias del gobierno y del descarado pillaje de los activos de la nación por parte del gobierno de los Estados Unidos; caída (literal) de los precios del petróleo; escasez casi total de gasolina, gasoil y lubricantes, lo cual a su vez incide negativamente sobre todas las actividades económicas y sociales en todo el país, principalmente en la producción de alimentos, medicinas y otros bienes y servicios de urgente necesidad; y todo esto en medio de una cuarentena radical y necesaria, debido a que en los países vecinos se mantiene una curva exponencial de infectados y muertos causados por el Covid 19. De hecho, más del 75% de los casos reportados en el país provienen de los vecinos más inmediatos (Brasil, Colombia, Perú y Ecuador)

Es en este contexto de severa crisis como cobra vigencia, pertinencia y necesidad preguntarse, no sólo como asunto de interés teórico ¿quién es el sujeto de esta revolución? Porque es precisamente ese sujeto social quien emprenderá las medidas salvadoras, si es que las hubiera. A pesar de lo destartalado de la economía popular (entendida ésta como la de la población rural, periurbana y urbana pobre) que el modelo capitalista venezolano ha implantado, la respuesta que ese sector ha dado ante esta crisis ha sido mucho más alentadora que la observada en los estratos medios de la población.

Tímida respuesta, es cierto, pero por ahí está llegando una clara señal. A pesar de la precariedad en la cual se encuentran las comunidades, de la escasez de gasolina que prácticamente las paraliza, de la especulación dolarizada con los bienes y servicios esenciales, están resistiendo con lo poco que pueden producir en sus predios y pequeños fundos familiares, más el subsidio directo que el gobierno les aporta a través de los bonos y de la caja de alimentos CLAP. ¿Qué faltaría para organizar una resistencia a largo plazo y a prueba del bloqueo externo y aún de la pandemia?

Que en cada comunidad surgiera la verdadera organización social y productiva, con su mercado comunitario y su dinámica particular, pero además, con sus propios líderes naturales, independientemente que sean o no del gobierno, de la oposición o mixtos, pero con una clara conciencia de sí mismos, de sus propias fuerzas creadoras de soluciones y de su razón de ser como pueblo. La necesidad los unirá. Sólo este poder organizado y con una dirección colectiva puede dar una respuesta adecuada a la actual crisis del Siglo. Sólo entonces se puede hablar con objetividad del sujeto social del cambio de este modelo cultural que hasta ahora nos arropa. Es una necesidad perentoria des lastrarse de toda ideología, entendiendo como tal, todo aquello que enmascara la realidad, que oculta lo esencial y propicia la manipulación de la gente.

Referencias:

  1. Pereira, Gustavo (2013): La poesía es un caballo luminoso, Fondo Editorial El Perro y la Rana, p. 46, Caracas, Venezuela.
  2. Herrera Salas, Jesús María: Revista Poliética, 2009, Año 2, N° 9, (pp 14 – 20) Fondo Editorial Mihail Bajtin, Caracas, Venezuela.
  3. Petras, James: La estrategia de recuperación imperial de Obama, Poliética, 2009 – Año 2 – N° 9 (p 40 – 51) Fondo Editorial Mihail Bajtin, Caracas, Venezuela.
  4. Mészáros, István. El desafío y la carga del tiempo histórico, El Socialismo en el Siglo XXI, Vadel Hermanos Editores, Caracas 2009, p.249.

Borón, Atilio (2004) El Perro y la Rana, 7ª edición, Caracas, 2015: Imperio & Imperialismo una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri. También disponible en Internet:  http:/tienda.elviejotopo.com/teoríapolítica/1077-imperio-imperialismo-una lectura-crítica-de-michael-hardt-y-antonio-negri-97884957 (Consultado: 21/06/18)

 

Autor: Limber Salazar

Fuente de la Información: OVE

 

 

 

 

 

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Libro(PDF): «El sindicalismo latinoamericano en los ochenta»

Reseña: CLACSO

Este libro reúne las ponencias presentadas al seminario: El Sindicalismo Latinoamericano en los 80, realizado en Santiago de Chile entre el 20 y 23 de mayo de 1985 por la Comisión de Movimientos Laborales de CLACSO. Esta publicación debe ser considerada, por tanto, como una suerte de Actas del Seminario, ya que incluye todos los trabajos allí expuestos, conservando sus distintos niveles de profundidad, elaboración y sistematización. Los debates del Seminario estuvieron marcados por el reconocimiento de la tensión entre dos problemáticas fundamentales que parecen atravesar hoy día al sindicalismo: el enfrentamiento de la crisis económica, expresada especialmente en los efectos de largo plazo que supone el endeudamiento externo, y los desafíos de redemocratización o consolidación democrática de los sistemas políticos, según se trate de procesos que se vinculan a las experiencias autoritarias-militares, o a sociedades en las cuales la democracia se ha obtenido e intenta mantenerse.

Autores (as): 

Francisco Zapata. Carlos Zubillaga. Samuel Valenzuela. Emilio Morgado Valenzuela. Gilda Farrel. Liliana De Riz. Marcelo Cavarozzi. Jorge Feldman. María Herminia Tavares. Laís Abramo. Guillermo Campero. René Cortázar. Rosa Albina Garavito E.. Martín Gargiulo. Héctor Lucena. René Antonio Mayorga. Roberto Laserna. Roque Aparecido da Silva. Marcia de Paula Leite. Helia Henríquez. Iván Valenzuela. Oscar Mac-Clure H.. Bjorn Feuer. María Elena Cruz D.. Arturo Sáez Chatterton. Jorge Parodi. Kenneth M. Coleman. HIlda Kogan. Alberto L. Bialakowsky. Cristina Micieli. [Autores y Autoras de Capítulo]

Editorial/Editor: CLACSO.

Año de publicación: 1986

País (es): Chile

Idioma: Español

ISBN: –

Descarga: El sindicalismo latinoamericano en los ochenta

Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=605&pageNum_rs_libros=130&totalRows_rs_libros=1362&orden=

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(Vídeo) Entrevista. José Luis Carretero Miramar, desde España: «Tenemos que estar insertos en las luchas sociales. Estuvimos demasiado tiempo fuera»

Redacción: Kaos en la Red

Entrevistamos a José Luis Carretero Miramar, secretario del sindicato Solidaridad Obrera, que es la tercera central anarcosindicalista del estado.

Pensamos que es prioritario que desde los ámbitos libertarios se pronuncien acerca de nuestros problemas cotidianos, escuchar cuanto saben de lo que nos pasa, que cerca están de nosotrxs, que proponen, cual es su compromiso. La charla con José Luis Carretero Miramar fue un grato momento, la comparto con vosotras y vosotros.

Fuente: https://kaosenlared.net/video-entrevista-tenemos-que-estar-insertos-en-las-luchas-sociales-estuvimos-demasiado-tiempo-fuera/

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¿Hacia donde se mueve la clase obrera?

Por: Luis Bonilla-Molina.

Ensayos sobre las izquierdas desde América Latina y el Caribe

  1. El portentoso trabajo de Marx

Cuando vemos con más de 150 años de distancia la obra de Carlos Marx (1818-1883) reconocemos el trabajo de un portento de las ciencias sociales, quien realizó uno de los más importantes esfuerzos por conocer y comunicar la dominación, la explotación del hombre por el hombre, la constitución del capitalismo y la conformación de las clases sociales en el nuevo periodo histórico en el que le correspondió vivir. Marx es un gigante de su tiempo cuya producción intelectual continúa contribuyendo al estudio de la lucha de clases.

Marx insistió siempre en la necesidad de vincular todo pensamiento a las relaciones de producción existentes en una sociedad, en un tiempo histórico. La mayor potencia de su trabajo está en la construcción de un método, un camino para comprender la dialéctica relación entre opresores y oprimidos. Acercarnos a la producción teórica de Marx como textos cerrados e inamovibles sería un insulto a su trabajo. Es urgente una aproximación al pensamiento de Marx como trabajo vivo, en permanente actualización.

Un aspecto central del trabajo de Marx es su definición de clase obrera y el rol protagónico de ésta en la transformación estructural de la sociedad capitalista de la primera y segunda revolución industrial. Marx trabajó y redimensionó el trabajo de Hegel (1770-1831) heredando de este su esperanza en el mañana. Marx valoró la voluntad para el cambio e insistió hasta la saciedad en la necesidad de vincular la voluntad con la conciencia y el pensamiento crítico.

Precisamente desde el pensamiento crítico es necesario y urgente, volver a estudiar no solo la estructura de clases existente en el capitalismo del siglo XXI, sino la fisonomía y características que ha adquirido la clase obrera en la actualidad, en el marco de la tercera revolución industrial y los prolegómenos del cuarto giro tecnológico en el modo de producción capitalista. Este no puede ser un esfuerzo ocioso, ni meramente académico, sino profundamente asociado al proyecto histórico de construcción de otro mundo posible.

  1. El concepto de clase. Clase en sí, Clase para sí

El primer dilema es ¿a cuál clase obrera se refería Marx?, si a la fabril e industrial o a todos los trabajadores que convierten su fuerza de trabajo en mercancía. Desde de mi punto de vista, Marx se refería a la clase obrera fabril, industrial, cuando hablaba del sujeto histórico de la revolución proletaria. La condición de asalariado o de trabajador (tipo individual, de servicios, empleados públicos, ocasionales) en el mejor de los casos logra hacer posible, desde el enfoque marxista, una toma de conciencia sobre su condición en sí, pero difícilmente lograrían tomar conciencia de “clase” para sí. El proceso de toma de conciencia para sí, no es un acto que se pueda simplificar con el estar juntos, sino todo un proceso de aprendizaje reflexivo que se genera alrededor de la organización en el mundo del trabajo en la fábrica, la industria. Los empleados de Microsoft, en las oficinas del Banco Mundial, la cadena de comida rápida o los supermercados, un Ministerio e incluso de la universidad, que realizan juntos su labor y se encuentran en el sitio de trabajo, no por ello adquieren una conciencia en sí de clase obrera que vende como mercancía su fuerza de trabajo. Marx elaboró su concepto de trabajo asalariado no solo en la producción, sino también en la distribución y venta de mercancías, pero considero que su noción de clase obrera como sujeto revolucionario central, era mucho más restringida al proceso productivo. El agruparse como masa, no es sinónimo de toma de conciencia. Respecto a la clase obrera Marx señalaba: “esta masa es ya una clase respecto al capital, pero aún no es una clase para sí”[i] debido a que “los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase”[ii], “en la lucha […] esta masa se une, se constituye como clase para sí”[iii]. (p.34, )

Los procesos de conformación y constitución de las clases sociales son aplicables no solo a la clase obrera. Las incomprensiones al respecto llevaron por ejemplo en Venezuela, a generar reiterados y fallidos intentos por conformar a gran escala el campesinado como clase social, disminuida como había ocurrió en el último siglo producto del rentismo petrolero. Para ello se pensó que, con incentivos crediticios, dotación de tierras y conformación de asociaciones cooperativas sería suficiente para construir desde afuera a una renovada clase campesina. Ello se hizo obviando factores culturales de carácter histórico inherentes a un Estado que había anidado a la burguesía alrededor de la importancia de mercancías producidas ya y listas para el consumo. En esta realidad la mayoría de los ciudadanos a quienes se le pretendía inducir a convertirse en campesinos, valoraban mucho más las facilidades que giraban alrededor del consumo de lo importado que de lo sembrado. La relación de los hombres y mujeres que trabajan la tierra y se constituyen en campesinado demanda unas condiciones de trabajo material sustantivamente distintas a las citadinas. El campesinado que persiste y garantiza su aporte en volúmenes de comida al resto de la población, tiene un conjunto de comportamientos y prácticas asociadas a su relación productiva con la tierra, propios de una clase que no se adquirieron de la noche a la mañana. Estos campesinos cuando han ido tomando conciencia de clase, se han movilizado contra los agro tóxicos o contra la industrialización del agro que los haría desaparecer.

Algo parecido ocurrió con intentos por conformar una clase obrera para sí, de manera simplificada o fast track. Las empresas autogestionadas que fueron puestas en marcha y funcionaron fueron aquellas que venían de relación pre existente entre capital y trabajo que les había permitido a sus integrantes ser una clase en sí. Fue a partir de la toma de conciencia de su condición de clase para sí, en intentos por romper con la dominación contra la especulación y explotación del capital cuando se plantearon tomar el control de la producción. Es cuando inician enlazamientos con cadenas productivas y de circulación de mercancías que le permitieran apropiarse de todo el circuito de producción. Y entonces entendieron la necesidad de redistribuir socialmente el plusvalor de estas mercancías. No bastaba con dar la fábrica para que fuera conducida por hombres y mujeres trabajadoras que no se habían constituido aún como clase en sí. Esto viene a ser significativo para comprender dialécticamente los avances y retrocesos en la conformación de la cultura proletaria. La propia organización autogestionaria de los trabajadores en el marco de una sociedad capitalista les permitió entender a los trabajadores la relación entre Estado y supremacía de la ideología burguesa y saber que la contradicción también escala y hay que prepararse para ello.

Marx insistía que una clase social no está determinada mecánicamente por su lugar en la estructura social. Una clase social no es el resultado de una reingeniería social realizada desde un centro de poder por simple deseo, al mejor estilo de las ciencias sociales positivistas, sino la consecuencia de cómo se estructura el modo de producción dominante y las tensiones entre capital y trabajo. Las clases sociales desarrollan una cultura, un performance, unos rituales e imaginarios que demandan una temporalidad, es decir, no se hacen de la noche a la mañana. Esa incomprensión ontológica sobre el ser colectivo obrero, llevó incluso a organizaciones revolucionarias a considerar que si un profesional militante hacía unas “pasantías” en la fábrica se proletarizaba y se convertía en militante obrero mientras estuviera laborando junto a la clase. Esto generaría serias limitaciones epistemológicas para entender luego las transformaciones del sujeto revolucionario en el marco de la tercera revolución industrial.

En el tiempo de Marx era precario el desarrollo tecnológico, en comparación con la aceleración que ha adquirido la innovación en este campo en los últimos setenta años. La escala de innovaciones tecnológicas de la primera y segunda revolución industrial construyeron un imaginario de futuro en el cual era previsible la multiplicación de fábricas por doquier para poder cubrir las necesidades fundamentales y el consumo alienado que generaba el capitalismo. Este crecimiento exponencial de las fábricas e industrias situaría a la clase obrera en todos los lugares y territorios haciendo posible la revolución proletaria y la sociedad comunista. Pero ello no ocurrió así.

  1. La clase obrera

Al lograr constituirse el capitalismo avanzado a escala planetaria, el mundo se estructuró en a) lugares orientados a la extracción de materias primas; b) centros de transformación de las materias primas en insumos; c) sitios y cordones fabriles donde se producían las mercancías; d) un universo en expansión de servicios alrededor de la producción y el consumo. La clase obrera se convirtió en la fuerza de trabajo que producía las mercancías, generándose plusvalía y la espiral de expansión capitalista.

Como lo pensó Marx la clase obrera por un largo periodo, construiría una cultura propia que posibilitaba su toma de conciencia para auto convertirse en sujeto revolucionario. El partido revolucionario como lo haría la I y II Internacional y un periodo significativo de la III antes de su burocratización y liquidación cumpliría el papel de síntesis histórica para garantizar la transición revolucionaria entre períodos de repliegue de la lucha proletaria a situaciones revolucionarias. En muchos casos la “vanguardia” sería incapaz de acompañar el emerger de la propia revolución, pero ello no desmerita la importancia de su rol transicional. La cuarta internacional fundada por León Trotsky (1879-1940), solo dos años antes de su asesinato, aunque representa hoy el acumulado histórico de las luchas proletarias del siglo XX, no ha podido cumplir su rol de Internacional con influencia de masas.

La organización de las rutinas de la fábrica y la industria iban generó el agenciamiento del nuevo estrato, desterritorializando a los hombres y mujeres de la fábrica respecto a sus orígenes y creando un nuevo territorio donde se ejercía el trabajo. El trabajo material concreto requería la conformación de una máquina ideológica abstracta. Pero ese proceso construía como lo señaló Marx, una dinámica rizomática en el cual se constituía la clase obrera en sí. Cada cierto tiempo se quebraban los dispositivos de control cuando la clase adquiría conciencia para sí y, se daba inicio a formas diversas de acción revolucionaria.

¿Cuales eran estas rutinas que cohesionaban a la clase hasta hacerla tomar conciencia de sí? Cronos, el tiempo como organizador del espacio, del lugar. Para que el sistema funcionara había un tiempo para todo, para llegar a la fábrica, para saludarse y reconocerse desde la última presencia. Quien escapaba al rigor del tiempo ponía en peligro la eficacia, el cumplimiento de la tarea, la seguridad y hasta el salario del otro, de los otros. La precisión en la rutina, el adecuado manejo del fragmento que a cada uno le correspondía fusionaba al individuo con lo colectivo. El uso racional de los grados de libertad que cada uno conservaba como espejismo de libertad, los cuales se asumían sin que ello afectara a los demás. La anticipación del error posible, del fallo catastrófico que afectara el universo de cada uno. La normalización de los intervalos de trabajo, descanso, alimentación, higiene, diálogo, para disipar los privilegios entre iguales. La capacidad de actuar en dinámicas estandarizadas como un mecanismo sincronizado, que a su vez convertía a toda la clase en una maquinaria abstracta que trabajaba lo concreto. En ese sentido, el barrio obrero se convertía en una extensión de la fábrica con tiempos y rutinas cada vez más homologadas. Los problemas comunes abrían el espacio para compartir las soluciones. Los lazos de familia extendida se concretaban entre compañeros de trabajo. La vuelta a la fábrica cada día se convertía más en un nosotros que en un yo. Lo nuevo en la fábrica, en la industria demandaba la inteligencia colectiva, el aprender juntos para evitar que alguien quedara fuera del nuevo territorio. La hora de la comida, el encuentro en los baños, las conversas breves entre intervalos, se convertían en espacios para compartir angustias, para hablar de los problemas individuales que de alguna manera se asumían comunes. La opresión del trabajo alienante comienza a ser concienciado y expresado; la plusvalía se convierte en un detonador de aspiraciones para mejorar las precarias condiciones de vida. Resulta evidente que mientras los unos (ellos y ellas) trabajan, los otros viven del excedente de venta de las mercancías. Esto último posibilitó, la toma de conciencia sobre el poder de la acción colectiva. El sindicato surge como expresión organizativa, en el campo defensivo, pero también ofensivo. El estallido rizomático de la rebeldía, la huelga, el conflicto por mejores condiciones de vida a partir del trabajo que se realiza, permite lograr victorias que habrían resultado esquivas por otra vía; es el momento del inicio del movimiento de los engranajes de la conciencia en si en la conciencia para sí. El conflicto permite descubrir, producto de la solidaridad que generó, que hay quienes están inconformes con la situación en la que se trabaja y vive: otros trabajadores, estudiantes, profesoras, mujeres, sexo diversos, indígenas, afrodescendientes. El partido, los partidos revolucionarios se visibilizan y se tornan de carne y hueso cuando se encuentra que uno de los suyos es parte de esa organización. El acumulado, la experiencia históricaconfigura una cultura proletaria de importancia histórica singular. El proceso se repite una y otra vez, pero no termina de producirse la situación subjetiva revolucionaria que empalme con las condiciones objetivas para el cambio estructural; pero el pensamiento marxista seguía apostando y trabajando para ese momento de la revuelta proletaria. Para el marxismo la constitución de la clase como el sujeto revolucionario no deriva de un deseo, de ser un pueblo elegido, sino de las condiciones histórico materiales que crean las condiciones de posibilidad para que ello ocurra.

Una dosis de evolucionismo histórico se apoderó de una parte importante del pensamiento marxista. Esta dinámica se vigorizó con el triunfo de la revolución bolchevique y el ciclo de revoluciones en los países atrasados. Marx no previó, ni tenía por qué hacerlo, el surgimiento del estalinismo y con ello el inicio de procesos de restauración capitalista que durarían décadas en eclosionar, aunque aún sus variantes China, Coreana y Vietnamita mutan sin diluirse. El estalinismo quebró la noción lineal y la visión de la historia como un proceso de evolución irreversible; mostró que había “retrocesos” y evidenció a infalibilidad de lo cualitativo como superación de lo cuantitativo. Muchos marxistas consideran que la precaria comprensión de la relación entre medios de producción y tecnología aceleró la caída del socialismo real.

Katz, C (1997) a partir de los estudios de Aronowitz (1988) considera que las interpretaciones de Bernstein (1850-1932), Kaustky (1854-1938), Hilferding (1877-1941), Plejanov (1856-1918), Bauer (s/f) son mecanicistas respecto a papel dinamizador de lo tecnológico en el avance ininterrumpido del progreso. Considero que el marxismo de esa época era en gran medida determinista e histórico evolucionista por lo que era natural las derivaciones mecanicistas de algunas formulaciones. Sin embargo, ello no nos puede llevar a desestimar el trabajo de conjunto de estos revolucionarios. En el caso de Plejanov, es necesario retomar sus elaboraciones respecto a la concepción marxista de las fuerzas productivas como tecnología, porque las nuevas generaciones de marxistas lo han desestimado y ello resulta fundamental para entender la situación de la clase obrera en el siglo XXI.

La visión economicista que se hace respecto al trabajo de Marx desestima la importancia que este le otorgó en su pensamiento a la cultura, mucho más allá del campo de lo ideológico. Pero Marx fue un hombre de su tiempo histórico por lo tanto hay desarrollos tecno culturales que no conoció y por ende no incorporó en sus reflexiones. Marx fue un hombre del mundo de la prensa. El periódico y el libro impreso constituían el imaginario de última generación tecnológica en el campo de la reproducción cultural. Sus trabajos sobre la prensa obrera subrayaban la importancia de este medio para la difusión de las ideas y las experiencias proletarias. Marx no presenció el impacto en la cognición humana y de la clase obrera de la comunicación de masas centrada en lo visual-auditivo, la radio. Marx no conoció ni presenció el impacto ideológico de una innovación como la televisión que reproducía la ideología dominante las veinticuatro horas del día, mucho menos la revolución digital, la web y la virtualidad. Pero fundamentalmente como científico social no tenía posibilidades concretas de prever el impacto de estas innovaciones en el mundo del trabajo, en los medios de producción y la organización social. Lamentablemente buena parte de las nuevas generaciones de marxistas posteriores a su muerte, tuvieron una aproximación dogmática y cuasi teológica a su pensamiento, concentrada en la comprobación de sus hipótesisde trabajo más que en su actualización permanente.

  1. La noción de proletariado

Los orígenes italianos y reproducidos en el Derecho Romano del concepto de proletariado, para referirse a aquellos individuos que no poseen más propiedad que su fuerza de trabajo, es un término que ha generado discusiones e interpretaciones diversas en el campo del marxismo. Pareciera que en Marx la noción de proletariado es más totalizante y referida a todos los explotados por el capital en el mundo laboral quienes toman conciencia de su situación y deciden movilizarse en colectivo para cambiar la situación de injusticia y explotación.

La clase obrera industrial y fabril estaría en el corazón del proletariado y sería su motor para abrirle paso a la revolución socialista, al comunismo. De allí la frase del Manifiesto Comunista (1848) ¡¡Proletarios de todos los países uníos!! En este sentido, la condición proletaria se convierte en un referente estratégico en la labor del partido revolucionario, de la vanguardia, de los comunistas.

  1. El concepto abarcante de trabajador

El desarrollo científico y tecnológico comienza a vivir una aceleración históricamente inusual en el siglo XX, con redobladas expresiones en el periodo post guerras mundiales. Aunque es justo decirlo, la aceleración no disminuyó en los periodos de confrontación bélica, sino que su uso en la producción y el surgimiento de la cultura de masas fue limitado. La aceleración de la innovación científico tecnológica fue impactando de manera precisa al modo de producción y a la estructuración del trabajo fabril e industrial. La incorporación de las innovaciones científicos tecnológicas en la producción fabril e industrial aumentó la capacidad productiva de las mismas, eso sí, requiriendo menos mano de obra y quebrando la idea inicial de fábricas por doquier.

La nueva realidad del mundo productivo comienza la tendencia a acoplar al y la trabajadora mucho más a las tecnologías que al trabajo del otro y la otra. Este es un proceso gradual y casi imperceptible que genera nuevas resistencias fundamentadas en la memoria histórico-cultural acumulada por la clase obrera. Pero la rueda comienza a girar en la estructura del modo de producción y ello comienza a expresarse en el conjunto de la sociedad.

La organización del creciente número y formas de mercancías hace necesaria la creación del ciudadano consumidor para poder concretar el ciclo de apropiación del plusvalor. Mientras la clase obrera ve estancado y muchas veces disminuido su tamaño porcentual en la población, se multiplica la creación de nuevos empleos y puestos de trabajo en áreas de los servicios, la administración y el desarrollo de mercancías inmateriales.

El empleo y el trabajo que se expande contiene unas condiciones histórico materiales que promueven mucho más la competencia que la solidaridad, a pesar de ser parte estos trabajadores de quienes no tienen otra propiedad para vender que su fuerza de trabajo. La expansión de la cobertura educativa por parte de los sistemas escolares conforma un nuevo trabajador titulado que solo puede vender lo que sabe hacer para obtener capacidad de compra de alimentos, vivienda, transporte y ser el soporte económico de los más chicos.

El estancamiento y disminución numérica de la clase obrera respecto al universo del mundo del trabajo es nuevamente problematizado por el campo marxista. Pero además la clase obrera inicia un periodo de baja presencia política, en contraste con un creciente protagonismo de los estudiantes trabajadores, los maestros, enfermeras, médicos, pilotos, etc.

Esto se resuelve teóricamente de diversas maneras en el campo marxista. Mientras la mayoría de marxistas continúan desestimando el impacto de la innovación científico-tecnológica en la conformación de la clase obrera como clase en si y para sí, Daniel Bensaid (1946-2010), lo resuelve asumiendo el concepto de trabajador como abarcante a todas las formas de explotación y venta de la fuerza de trabajo como mercancía a los capitalistas y, Guy Standing (1948-   ) intenta explorar y actualizar el horizonte del marxismo hablando de precariado. Más recientemente ese debate se ha planteado en términos de posibilidad de disolución de la clase obrera o negación de este enunciado ante el avance de la robótica en el modo de producción capitalista, para lo cual marxistas como Harvey (1935-   ) han expresado su oposición a esta posibilidad.

En la década de los sesenta del siglo XX se inicia la tercera revolución industrial, con ciclos internos que se identifican a nivel de público con determinados productos, pero que tienen múltiples expresiones en el modo de producción. Hasta ahora las generaciones de la tercera revolución industrial se conocen a nivel del público como a) era de la super computadora; b) computadora en casa; c) computadora portátil; d) video juegos, internet, la web y el mundo digital en casa; e) redes sociales y capitalismo cognitivo y; e) realidad virtual, inteligencia artificial, nanotecnología y conexión 4G. Estas innovaciones están reconfigurando el mundo del trabajo como lo analizaremos en otro artículo con datos cruzados.

Lo cierto es que la mutación y multiplicación de las formas y expresiones de venta de la fuerza de trabajo como mercancía al capital, ha generado una expansión sin precedentes de la mentalidad, de la cultura de la clase media. El problema es que el marxismo ha construido una narrativa pequeño burguesa de la clase media que limita la comprensión de su desarrollo en el siglo XXI. Sobre ello volveremos de manera exclusiva en otro artículo.

Buena parte de la evidencia empírica muestra una intención de hegemonía de la lógica del consumo y bienestar de la clase media entre los trabajadores, no de condición proletaria. Los trabajadores comienzan a ver el estilo de vida de la clase media, el performance cultural de ésta como su ideal, muy alejado de las previsiones de un mundo altamente planificado y en asamblea permanente de reorganización social. El ocio creativo y la diversión ideológicamente pragmática se han instalado en los imaginarios de buena parte de la clase trabajadora (…. Continuará)

En los próximos artículos de esta serie trabajaremos: problemas y situaciones novedosas presentes en la fábrica de la tercera revolución industrial. La pérdida de protagonismo social de la clase obrera. Mutaciones en las narrativas de las izquierdas. La odiada clase media y el capitalismo cognitivo del siglo XXI. Los chalecos amarillos ¿un nuevo despertar de la clase para sí? ¿Qué es esa vaina de la Cuarta revolución industrial en el mundo del trabajo? Y que pasa si se cumplen los pronósticos sobre la curta revolución industrial. ¿Desaparece la idea socialista? Volver al método de Marx. ¿Es suficiente con rescatar el idealismo Hegeliano?

Lista de referencias

Barronco, Oriol (2006). ¿Todavía la clase obrera y la condición proletaria? En Revista Viento Sur, Nª 86, pag. 42-49

Claudio Katz: Discusiones Marxistas sobre tecnología, Teoría, en Razón y Revolución nro. 3, invierno de 1997, reedición electrónica. Disponible en http://www.razonyrevolucion.org/textos/revryr/prodetrab/ryr3Katztecnolo.pdf

Deleuze, Gilles y Guattari, Felix (1997). Mil Mesetas: capitalismo y Esquizofrenia. Ediciones Pre-Textos. Valencia. España.

Marx, Karl Miseria de la Filosofía, Buenos Aires, Siglo XXI, 1975, p. 158.

Marx, Karl El Capital, Libro 1, Cap. IV.

Fuente del artículo: https://luisbonillamolina.wordpress.com/2019/02/03/hacia-donde-se-mueve-la-clase-obrera/

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