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Violencia Cultural

Por: Soed Rossell de Ramirez

¿Cuánto hemos avanzado en realidad hoy en día con los derechos de evitar la violencia hacia la mujer? ¿De verdad las mujeres se respetan unas a otras? Sobre todo en estos momentos donde las redes sociales están llenas de violencia simbólica y subjetiva de mil formas, ¿cuantas niñas adolescentes exponen sus cuerpos y su ser por estas redes sociales y la sociedad lo acepta como algo normal? ¿Que es lo “normal”?

Dentro de esta sociedad de mercado, donde los estereotipos abundan para vender cualquier cosa basada en la mujer como objeto sexual. Y como estas formas de comunicación e información contribuyen dentro de la sociedad venezolana a denigrar el género femenino, aprenden a relacionarse con un lenguaje soez sin valores de respeto y cautela de ser violentadas de diferentes formas.

 Cuando se habla de violencia simbólica es un concepto instituido por el sociólogo francés Pierre Bourdieu en la década de los 70, que en ciencias sociales se utiliza para describir una relación social donde el «dominador» ejerce un modo de violencia indirecta y no físicamente directa contra los «dominados», los cuales no la evidencian o no son conscientes de dichas prácticas contra ellos, por lo cual son «cómplices de la dominación a la que están sometidos» (Bourdieu, 1994). Las prácticas de la violencia simbólica son parte de estrategias construidas socialmente en el contexto de esquemas asimétricos de poder, caracterizados por la reproducción de los roles sociales, estatus, género, posición social, categorías cognitivas, representación evidente de poder y/o estructuras mentales, puestas en juego de una en una o todas simultáneamente en su conjunto, como parte de una reproducción encubierta y sistemática.

La violencia subjetiva implica, en cambio, esas posiciones de poder más confusas ( sibilinas, subrepticias) en las que el patriarcado nos ha ubicado con frecuencia. Por su parte conviene distinguir la violencia directa como personal, tanto física como psicológica, de la violencia subjetiva que es más cultural e institucional (Marinas, 2012).

Hoy en día la mujer después de varias luchas para obtener sus derechos como género desempeña labores en muchas áreas que pueden ser desde lo económico hasta lo político. En cada uno de esos espacios existe de manera directa e indirecta este tipo de violencia. Y solo se conforma con la forma de “adaptación”, es decir que dejar pasar los chistes sexistas, por las mujeres en un entorno es algo aceptado porque es un derecho a expresarse, entonces dónde encontramos los derechos de las mujeres a ser respetadas y no violentadas a través de esa violencia simbólica y subjetiva. La violencia física contra las mujeres provoca un rechazo general, no así la violencia simbólica y subjetiva de la cual la física es su expresión. Se debe entender que este proceso de violencia esta sumergido dentro del sistema del patriarcado y llevado por la sociedad de consumo, las mujeres son expuestas y catalogadas como objetos sexuales a través de estas redes sociales y compitiendo entre ellas sin ningún tipo de respeto hacia su mismo género y hacia su entorno social viciado por estos antivalores. Más aún, el hombre las desea y percibe como presa fácil de esclavitud sexual.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216628&titular=vejaciones-en-tiempos-de-redes-sociales-hacia-la-mujer-

Fuente de la imagen: http://www.minmujer.gob.ve/?q=articulos/mujer-y-derechos&page=1

 

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FMI: La mujer en el trabajo. Gran logro en América Latina y el Caribe

Septiembre de 2016/Autores: Natalija Novta, Alejandro Werner y Joyce Wong /Fuente: FMI

En la mayoría de los países, el número de hombres con trabajo remunerado es mayor que el de mujeres. La participación en la fuerza laboral es de alrededor de 80% para los hombres pero de apenas 50% para las mujeres. Dicho de otro modo, casi la mitad del potencial productivo de la mujer permanece desaprovechado, en comparación con un quinto en el caso de los hombres.

Al igual que en el resto del mundo, la mujer sigue siendo un recurso laboral infrautilizado en América Latina y el Caribe. Pero en los últimos 20 años, la mujer latinoamericana ha venido desempeñando un papel laboral cada vez más activo, y ha reducido a un ritmo asombroso la brecha frente a los hombres y frente a sus contrapartes en las economías avanzadas. En una región que necesita encontrar nuevas fuentes de crecimiento, alentar a la mujer a participar en el mercado laboral ayudaría a elevar los niveles de ingreso y empleo en los distintos países.

Grandes avances de la participación femenina…

En 1990, tan solo un 44% de las mujeres en América Latina participaban en la fuerza laboral. Para 2014 la cifra había aumentado a 54%, es decir, casi a los niveles de Estados Unidos y los mercados emergentes de Asia. Pero esta mejora oculta variaciones significativas dentro de la región. Históricamente, los países caribeños han tenido altas tasas de participación femenina, y desde 2005 han superado a las de Estados Unidos. En el resto de la región, Centroamérica y las cinco mayores economías de América del Sur estaban casi a la par a comienzos de los años noventa, es decir, algo por debajo del 40%, pero desde entonces los países de América del Sur han dado pasos agigantados, en tanto que Centroamérica ha estado igualándose a un ritmo más moderado (véase el gráfico 1).

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Estos avances de América Latina en materia de participación femenina son los mayores de cualquier región desde 1990. Y la participación femenina en América Latina es ahora más alta de lo que habría cabido predecir en función del ingreso per cápita (véase el documento de trabajo del FMI de próxima publicación preparado por Novta y Wong).

…pero persisten importantes brechas de género

Pese a estos avances, la brecha de género en América Latina —la diferencia de las tasas de participación en la fuerza laboral entre hombres y mujeres— sigue siendo considerable. Al rondar el 25%, es el doble de la brecha de género en Estados Unidos. Es interesante señalar que esto se debe principalmente a una importante participación masculina, lo cual a su vez es atribuible a una población relativamente joven. Casi cuatro quintos de los hombres en la región participan en la fuerza laboral, frente a aproximadamente dos tercios en las economías avanzadas. Por ejemplo, si América Latina tuviera el mismo perfil demográfico que Estados Unidos (un 86% de la población menor de 65 años, frente a 93% en América Latina), la brecha de género implícita en América Latina disminuiría a 14%, es decir, similar a la brecha observada en Estados Unidos (véase el gráfico 2).

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Nuevos tiempos

Una buena noticia es que las mujeres más jóvenes en América Latina están trabajando cada vez más, y en especial las que tienen niveles más altos de instrucción. A menor edad, la brecha de género es más reducida en todos los niveles de educación, y en los grupos con algún nivel de estudios universitarios, la brecha es prácticamente inexistente (véase el gráfico 3). Esto probablemente se debe a una combinación de una tendencia en el tiempo (las generaciones de mujeres más jóvenes trabajan más) y un componente relacionado con el ciclo de vida (muchas de estas mujeres aún no son madres). A medida que este grupo de mujeres más jóvenes llegue a la edad de concebir, las políticas que fomenten la continuidad de la participación en la fuerza laboral serán críticas. Esto es particularmente importante en la medida en que las mujeres superen a los hombres en grado de instrucción, como se ha observado en varios países de América Latina (véase el gráfico 4).

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Se ha visto que los programas de cuidados de niños gratuitos o subsidiados, como Hogares Comunitarios de Bienestar Familiar en Colombia y Estancias Infantiles en México, aumentan las probabilidades de empleo de las madres o sus horas de trabajo. Se observaron resultados similares con el programa Jornada Escolar Completa en Chile, que al incrementar el número de horas que los niños pasan en el colegio permite que las madres dispongan de más tiempo para trabajar. Estos programas han estado focalizados en las madres pobres, pero los programas de cuidados de niños en países avanzados, como Canadá, España y los Países Bajos, por ejemplo, también han logrado aumentar la participación femenina en la fuerza laboral y el número de horas de trabajo. Además, las políticas que amplían la educación de la mujer o que garantizan la igualdad de derechos legales para la mujer también incrementarían la participación femenina en la fuerza laboral.

Estimular el crecimiento

Los beneficios potenciales de una mayor participación femenina podrían ser considerables, aunque resulta difícil calcular su magnitud exacta. Según cálculos ilustrativos, suponiendo que los demás factores no varían, si los países de América Latina elevaran la participación femenina en la fuerza laboral al nivel medio de los países nórdicos (que es 61%), su PIB per cápita podría aumentar a 10% o más, dependiendo del país y de los niveles vigentes de participación femenina. Estudios recientes del FMI sobre Canadá han demostrado que las mejoras en el crecimiento de la productividad debidas a una mayor integración de la mujer en la fuerza de trabajo podrían ser importantes. Otras estimaciones apuntan a posibles aumentos del PIB per cápita de entre aproximadamente 7% a escala mundial y alrededor de 17% en América Latina.

El efecto directo positivo de la incorporación de la mujer en la fuerza laboral es tan solo un comienzo. Al adoptar políticas a favor de las mujeres trabajadoras, como las que se han mencionado o, por ejemplo, políticas que garanticen igual salario por trabajo igual, el poder de decisión de la mujer en el hogar se consolida. Dado que las mujeres destinan más recursos a la educación y la salud de los niños, los beneficios redundarían para toda la familia, y además incrementarían la productividad de la mano de obra y proporcionarían un estímulo a la economía.

Fuente: http://blog-dialogoafondo.org/?p=6784

Imagen: http://www.alhucemas.info/index.php/El-salario-de-una-mujer-trabajadora-en-Marruecos-es-de-180-euros-20Dh-al-dia.html

 

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Entrevista con Angela Davis: Raza, género y clase son elementos entrelazados

Entrevista con Angela Davis, histórica activista e investigadora sobre feminismo, racismo y sistema penitenciario

“Raza, género y clase son elementos entrelazados”

Por: Maria Colera Intxausti

Angela Davis, filósofa, profesora de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, histórica dirigente del Partido Comunista de EE.UU., ex miembro de las Panteras Negras e investigadora especializada en feminismo, marxismo, abolicionismo del sistema penitenciario, teoría crítica y estudios afroamericanos.

En el ensayo ‘¿Están las prisiones obsoletas?’ (Democracia de la abolición. Prisiones, racismo y violencia. Editorial Trotta 2016), hablas del encarcelamiento masivo de los pobres y de los migrantes ilegales. El capitalismo considera a estas personas como seres prescindibles pero los utiliza como mano de obra esclavizada barata al mismo tiempo que los convierte en consumidores cautivos del excedente de producción, excedente que se sitúa en el origen mismo de una crisis económica que, la vez, genera pobreza y migración, en un bucle perfecto.

¿Observas algún paralelismo entre estas políticas de encarcelamiento y el proceso desarrollado durante la transición del feudalismo al capitalismo, en el que millones de personas fueron expulsadas de las tierras que hasta entonces habían sido su medio de reproducción y fueron forzadas a la esclavitud del salario?

Ciertamente, existen paralelismos entre ambas épocas, pero lo que quizá es más importante es constatar que también hay diferencias considerables entre los dos períodos. En la transición del capitalismo al feudalismo, tal como Marx la describió, los cercamientos y otros procesos de desposesión privaron a la gente de las tierras que constituían su fuente de subsistencia y, de manera simultánea, generaron una clase de personas a quienes no les quedó nada más que su fuerza de trabajo. Así, pues, se convirtieron en la mano de obra necesaria para que el capitalismo naciente pudiera incrementar su riqueza. Aquellas personas fueron liberadas de los constreñimientos del feudalismo, pero se vieron forzadas a cambiar una forma de opresión por otra.

Si bien es cierto que suele resultar inútil hacer un ranking de las diferentes formas de opresión, se puede afirmar que, a pesar de que el capitalismo depende total y absolutamente de la explotación, el hecho de dejar atrás la esclavitud y el feudalismo supuso cierto grado de progreso. Algunos trabajadores al menos encontraron su camino hacia el empleo, por degradante que fuera y siga siendo el trabajo.

Por otra parte, el complejo penitenciario industrial global es ciertamente rentable, pero su rentabilidad reside en las tecnologías destinadas a relegar ingentes cantidades de personas a unas vidas marginales, improductivas y cargadas de violencia. El encarcelamiento masivo de personas negras, de color e inmigrantes en EE UU, Australia y partes de Europa, junto con la persistencia de un racismo y una xenofobia estructurales, son prueba del fracaso absoluto del capitalismo global a la hora de responder a las necesidades de personas reales en todo el mundo.

Se podría argumentar, igualmente, que ello también es la prueba más convincente de la necesidad de concebir un sistema socioeconómico más allá del capitalismo. Así, pues, el movimiento abolicionista contemporáneo, en su llamamiento a desmantelar el complejo penitenciario industrial, se presenta como un movimiento anticapitalista que exige igualdad racial, puestos de trabajo con salarios vivibles, vivienda asequible, sanidad y educación gratuitas y justicia medioambiental para todos los seres vivos.

Abogas por la justicia restaurativa, en lugar de la punitiva. ¿Cómo se restauran la desigualdad y la injusticia causadas por el proceso de acumulación primitiva que conforman la base del capitalismo? En otras palabras, ¿qué forma tendría una justicia restauradora destinada a reparar el ‘pecado original’ de explotación y acumulación que se encuentra en el origen de las desigualdades de redistribución de nuestras sociedades?

Efectivamente, a menudo he utilizado el término ‘justicia restauradora’, junto con otros, como ‘justicia reparadora’ y ‘justicia transformadora’, como alternativas a la justicia punitiva o retributiva. De hecho, prefiero el término ‘justicia transformadora’, ya que no presupone la existencia de un estado ideal que sea necesario restaurar.

Respondiendo a tu pregunta, me gustaría destacar la importancia de la memoria histórica, especialmente en cuanto a la necesidad que hay hoy en día de un análisis explícitamente anticapitalista. «La llamada acumulación originaria» es uno de los capítulos más importantes de El capital, precisamente porque desenmascara la expropiación, injusticia y violencia que marcaron el inicio del capitalismo y que, aunque pudiera parecer que ya no es así, siguen en el centro del proceso capitalista. A finales del siglo XX, el complejo penitenciario industrial comienza a mostrar el grado en que las sociedades capitalistas continúan basándose en ideologías racistas y coloniales a la hora de fabricar tecnologías de violencia, reflejo, a su vez, de la violencia histórica ligada a la esclavitud y a la colonización.

Has hablado de nuestra problemática reacción automatizada con que a menudo respondemos al crimen y al delito, recurriendo a las instituciones jurídico-policiales, en vez de diseñar soluciones desde dentro de la comunidad. En el caso concreto de la violencia sexual, abogas por la autodefensa, lo cual nos lleva al tema de las mujeres y la violencia. En ‘¿Están las prisiones obsoletas?’ haces referencia a la «necesidad de cuestionar las premisas imperantes según las cuales la única relación posible entre las mujeres y la violencia implica que las mujeres sean víctimas». ¿Qué opinas del uso disuasorio y disciplinandor de la violencia feminista como mecanismo dirigido a defendernos a nosotras mismas? ¿Qué es la autodefensa feminista para ti?

Siempre he tenido un cuidado especial en la manera en que utilizo el término ‘violencia’. Como estudiosa de la teoría crítica, siempre me recuerdo a mí misma que las herramientas conceptuales que decido utilizar podrían estar haciendo un trabajo que, en realidad, contraviene lo que pretendo expresar. Así, pues, trato de no equiparar ‘autodefensa’ y ‘violencia contra el agresor’. Y mi apuesta por la formación en autodefensa se inserta en un contexto más amplio, basado en un análisis que vincula la violencia misógina con los sistemas de dominación de raza, género y clase, dentro de una estrategia que pretende purgar nuestras sociedades de toda forma de explotación y violencia.

En ‘Mujeres, raza y clase’ (Akal, 2004) desmontas el mito del violador negro y explicas que «fue una invención claramente política», propaganda construida con el fin de consolidar y justificar los linchamientos, como método de ‘contrainsurgencia’ destinado a evitar que los negros alcanzaran sus derechos. El pasado fin de año asistimos al despliegue de este mismo mito en Colonia, en este caso en los cuerpos de hombres «de apariencia árabe o norteafricana», en un nuevo ejemplo de ‘purple washing’ o utilización de una supuesta defensa de las mujeres para criminalizar a los solicitantes de asilo y a los residentes ilegales, de una manera que parece estar lanzando el mensaje de que «a nuestras mujeres sólo las podemos violar nosotros». ¿Cómo interpretas esta utilización de los derechos de las mujeres (velo, violador negro, opresión de las mujeres afganas …) para otras cruzadas?

En su libro ‘Arrested Justice: Black Women, Violence, and America’s Prison Nation’ [La justicia bajo arresto: mujeres negras, violencia y la nación prisión de América], Beth Richie expone los peligros de confiar en tecnologías de criminalización como supuestas soluciones a los problemas de la violencia de género. Su argumento es que el movimiento antiviolencia predominante en EE UU dio un giro peligrosamente equivocado cuando comenzó a apoyar la represión policial y el encarcelamiento como principales estrategias destinadas a proteger a las «mujeres» de la violencia masculina. Era fácilmente previsible que quienes más estarían el punto de mira de estas iniciativas destinadas a garantizar la seguridad de las «mujeres» serían los hombres de comunidades ya sometidas a una hipervigilancia de la policía y que ya contribuían de manera desproporcionada al incremento de la población penitenciaria.

Resulta, sin embargo, que el uso generalizado de la categoría ‘mujer’ escondía una racialización clandestina operativa dentro de esta categoría, según la cual ‘mujeres’ en realidad significaba ‘mujeres blancas’ o, aún más concretamente, ‘mujeres blancas acomodadas’.

El caso de Colonia y el discurso sobre el violador árabe, que pretende consolidar aún más las representaciones colonialistas de los hombres árabes como agresores sexuales, nos recuerdan la importancia de las teorías y prácticas feministas que cuestionan la instrumentalización racista de los ‘derechos de las mujeres’ y enfatizan la interseccionalidad de las luchas por la justicia social.

En las últimas décadas, hemos experimentado lo que Nancy Fraser define como «desacoplamiento de las llamadas ‘políticas identitarias’ de las políticas de clase», en lo que se ha convertido en una lucha por el reconocimiento, en lugar de por la redistribución, con un desplazamiento del sujeto colectivo hacia uno individual(ista). Tú, en cambio, siempre has defendido las ‘comunidades de lucha’, al considerar que «las comunidades son siempre proyectos políticos». ¿Qué opinas sobre las políticas identitarias y cuáles son, en tu opinión, las luchas y los proyectos políticos que deberían situarse en el centro, en la actual era de hegemonía neoliberal?

Lo que encuentro más problemático de las políticas identitarias es la manera en que las identidades muy a menudo se naturalizan y no son consideradas como un producto de la lucha política, de modo que no se sitúan en relación con las luchas de clase y antirracistas.

Recientemente, el movimiento trans, por ejemplo, se ha convertido en un importante territorio donde luchar por la justicia. Con todo, hay una diferencia fundamental entre las representaciones dominantes de las cuestiones trans, que habitualmente hacen hincapié en la identidad individual, y los movimientos trans interseccionales, que consideran que tanto la raza como la clase son elementos fundamentales en las luchas de las personas trans. En vez de centrarse en el derecho de la persona a ‘ser’ él mismo, ella misma, o ell@ mism@, estos movimientos trans afrontan la violencia estructural (en manos de la policía, la prisión, el sistema sanitario, el sistema de la vivienda, el ámbito laboral, etc.) que las mujeres trans de color tienen más probabilidades de experimentar que ningún otro grupo de la sociedad. En otras palabras, luchan por unas transformaciones radicales de nuestras sociedades en contraposición a la asimilación en un estado de cosas determinado e inamovible.

Continuando con el tema de la identidad, por lo que dices sobre la interseccionalidad, entiendo que apuestas por una confluencia de luchas (Ferguson, Palestina), más que por una conjunción de identidades diferentes, diversas y múltiples, en un momento en que gran parte de las defensoras de las políticas interseccionales afirman y naturalizan las identidades, en vez de cuestionarlas, ignorando a menudo el contexto material e histórico que rodea estas identidades. ¿Cómo entiendes la interseccionalidad y en qué términos resulta productiva hoy en día?

El concepto de interseccionalidad, tal como yo la entiendo, tiene una genealogía muy interesante, que se remonta al menos al período de finales de los años 1960 y principios de los 1970. Como ahora no puedo entrar en gran detalle, me limitaré a mencionar alguno de los elementos fundamentales que me gustaría destacar: la creación de la organización Alianza de Mujeres Negras, como respuesta a la voluntad de plantear un debate sobre cuestiones de género dentro del Comité de Coordinación Estudiantil No Violento (SNCC), principal organización juvenil del Movimiento por la Libertad del Sur.

La Alianza planteaba que no era posible entender el racismo en toda su complejidad sin incorporar un análisis del sexismo y, para sustentar esta tesis, en 1970 Fran Beale escribió un artículo que tuvo gran difusión, titulado «Double Jeopardy: To Be Black and Female» [Riesgo doble: ser negra y mujer]. Poco después de la publicación del artículo, de resultas del hecho de tener conocimiento de luchas como las de las mujeres puertorriqueñas contra la esterilización forzosa, la Alianza de Mujeres Negras se convirtió en Alianza de Mujeres del Tercer Mundo y publicó un periódico titulado Triple Jeopardy, en referencia al racismo, el sexismo y el imperialismo. Aquello implicaba una militancia sobre el terreno que abordaba de manera simultánea el racismo, la misoginia y la guerra imperialista.

Es con el espíritu de aquellos esfuerzos intelectuales orgánicos de comprender las categorías de raza, género y clase como elementos conectados, entrelazados y entrecruzados que entiendo actualmente los conceptos feministas de interseccionalidad.

En un ciclo de conferencias recientemente celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, con el título «La frontera como centro. Zonas de ser y de no ser [migra y colonialidad]», la representante del partido Indigènes de la République Houria Bouteldja afirmó lo siguiente: «No sé quién es blanco, pero la policía francesa lo sabe perfectamente. Nunca se equivoca a la hora de decidir a quién discriminar y a quien apalear». Igualmente, la feminista vasca Itziar Ziga, en una entrevista en Argia, decía que «Soy una mujer porque es así como he sido violentada física, afectiva, económica y simbólicamente… Proclamo que soy mujer, pero no por lo que tengo entre las piernas». En estos dos casos, el sujeto se define políticamente para/desde el locus de opresión y, por tanto, de lucha. En este sentido, ¿qué es para ti ser mujer y qué ser negra?

Ambas categorías se han ensanchado y expandido más allá de cualquier límite que hubiera podido imaginar en anteriores fases de mi vida. De modo que, si pretendiera aferrarme a modos de ser históricos, continuaría sintiéndome obligada a basarme en definiciones políticas del género y la raza en ambos casos, tal y como planteas en tu pregunta, tanto desde el punto de vista de las estructuras de dominación y sus ideologías asociadas como desde el punto de vista de los movimientos colectivos que buscan desmantelar estas estructuras y hacer frente a estas ideologías.

Al mismo tiempo, siempre he insistido en la prioridad de la práctica radical por encima de la identidad pura y simple. Importa más qué haces para facilitar la transformación radical que cómo te imaginas que eres. Y, claro, como ya he indicado, las categorías de género y raza, al igual que la sexualidad y la clase, sólo son significativas dentro de unas interrelaciones más complejas.

En relación con el panorama político estadounidense, has destacado «el reto de complicar el discurso», en vista de que «la simplificación de la retórica política facilita la adopción de posturas extremistas». En los últimos años, en Europa, hemos sido testigos de la aparición de la autodenominada ‘nueva política’, que se opone a ‘los de arriba’, con miras a provocar una ‘revolución democrática’ por la vía de la ‘revolución de las sonrisas’. ¿Qué significa para ti la democracia en esta era del populismo despolitizador y de los significantes vacíos?

Está claro que los que nos situamos a la izquierda en Estados Unidos, y no sólo a la izquierda, sino también en algunos círculos conservadores, asistimos totalmente estupefactos a la creciente influencia de Donald Trump, el cual se está aprovechando la atracción que importantes sectores de las comunidades de clase trabajadora blanca sienten por este tipo de retórica política simplista, extremista y de tendencia fascista. Esto también ocurre con la peligrosa atracción hacia personajes y partidos de extrema derecha que está habiendo en Austria, Francia, Polonia y otros lugares de Europa, crisis masiva de los refugiados —la cual pone de manifiesto el impacto que la historia de esclavitud y colonialismo de Europa sigue teniendo—, ha hecho prosperar el populismo de extrema derecha, alrededor del racismo antinegros y antiinmigrantes, y ha reactivado la islamofobia, con espectáculos que traen a la memoria racismos del pasado.

No será posible hacer frente al populismo de extrema derecha y generar un diálogo sobre futuros democráticos –enfoques sustantivos y transformadores que desplacen el foco político de la representación neoliberal del individuo hacia las necesidades y aspiraciones de las comunidades–, si no somos capaces de construir movimientos potentes contra el racismo y la xenofobia en el mundo.

Preguntada por tu posición ante las elecciones presidenciales de EE.UU., recientemente has destacado la necesidad de un partido nuevo. ¿Por qué motivo? ¿Qué tipo de partido tienes en mente? Como ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista de EE UU, ¿qué similitudes y qué diferencias con el PC debería tener este partido nuevo? En cuanto a su programa, ¿consideras que sigue vigente el Programa de 10 puntos del Partido de las Panteras Negras? ¿Y cuál sería la base electoral de este nuevo partido?

La política electoral norteamericana lleva muchos años siendo rehén del sistema bipartidista. Tanto el Partido Demócrata como el Republicano están absolutamente encadenados al capitalismo. Necesitamos una estructura política alternativa que no capitule ante las estructuras empresariales, sino que represente, en primer lugar, las necesidades de los trabajadores, de la gente pobre y de las personas de color. Esto es evidente desde hace muchos ciclos electorales, y cuando hace muchos años participé de manera directa en la política electoral, como candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista, fue precisamente para visibilizar esta necesidad de declarar la independencia respecto al sistema bipartidista.

Dada la respuesta que ha obtenido Bernie Sanders, ha quedado claro que hay un número considerable de personas que quieren una alternativa al capitalismo. Cada vez más gente está reflexionando seriamente sobre la necesidad de un partido que represente la clase trabajadora, los movimientos antirracistas, las cuestiones feministas y LGBTQ, las reivindicaciones contra la guerra y la justicia medioambiental.

En cuanto al Partido de las Panteras Negras, está claro que el Programa de 10 puntos está profundamente arraigado en las condiciones históricas de mediados del siglo pasado, pero, al mismo tiempo, todos y cada uno de sus puntos tienen un profundo vínculo con luchas radicales contemporáneas.

Continuando con las Panteras Negras, fueron pioneras en su política de womanism, que puso la lucha por los derechos de las mujeres al mismo nivel que la lucha de clases y racial, apoyó el derecho al aborto, organizó cuidados de niñas y niños durante sus reuniones, fomentó el modelo tradicional africano de familia extensa en contraposición a la familia nuclear burguesa, el diario del partido estuvo dirigido por mujeres, y hasta un 70% de su militancia era femenina. ¿Cómo se logró todo ello, más allá de que los hombres estaban siendo asesinados o encarcelados? ¿Qué lecciones pueden sacar los movimientos de liberación, y especialmente las feministas de estos movimientos, de la experiencia del Partido de las Panteras Negras?

En realidad, no debería sorprendernos excesivamente saber que la mayoría de militantes de las Panteras Negras eran mujeres, de la misma manera que no deberíamos sorprendernos por el papel fundamental que las mujeres jugaron dentro del Movimiento por la Libertad del Sur. Lo que sí resulta sorprendente es que medio siglo más tarde sigamos cautivos de visiones históricamente obsoletas sobre el liderazgo carismático masculino.

Históricamente, los paradigmas asociados al liderazgo de las mujeres –desde Ella Baker hasta Ericka Huggins– han tendido a enfatizar el liderazgo colectivo por encima del individualista. Los jóvenes de los actuales movimientos radicales están priorizando el liderazgo de las mujeres, el liderazgo queer y el liderazgo de las colectividades.

Como fuiste alumna de Marcuse, me gustaría hacerte una pregunta que él ya planteó en su Un ensayo sobre la liberación: «¿Cómo puede [el individuo] satisfacer sus necesidades sin [ …] reproducir, a través de sus aspiraciones y satisfacciones, su dependencia de un aparato explotador que, al satisfacer sus necesidades, perpetúa su servidumbre?». En otras palabras, ¿cómo podemos liberarnos de la mercantilización de nuestros sentimientos?

A estas alturas, no estoy segura de si es posible eludir completamente las consecuencias del deseo mercantilizado, ya que es esa la naturaleza del deseo contemporáneo; el capitalismo ha invadido hasta tal punto nuestras vidas interiores que nos resulta extremadamente difícil separar capitalismo y deseo. Sin embargo, creo que sigo la tradición filosófica de Marcuse cuando afirmo que deberíamos tratar de desarrollar una conciencia crítica sobre las maneras en que, en parte, estamos implicados en la propia reproducción del capitalismo, a través de la mercantilización de nuestros sentimientos. Es a través de este tipo de reflexiones negativas que podemos empezar a vislumbrar posibilidades de liberación.

Durante tu visita al País Vasco estuvimos hablando sobre la importancia del arte y la literatura como esferas donde expandir los límites de lo inteligible, desmontar los paradigmas del sentido común hegemónico, confrontar la camisa de fuerza de la verosimilitud, derribar el monopolio de la realidad y traducir, dar forma y ensayar nuestras nociones políticas. ¿Cómo se concreta todo esto?

Especialmente ahora que la posibilidad de liberación parece ser descartada por las mismas luchas políticas que pretenden mostrarnos vías hacia futuros mejores, podemos aprovechar lo que Marcuse llama ‘dimensión estética’ y Robin Kelley, ‘sueños de libertad’ o ‘imaginación radical’. Lo que el reino del capitalismo ha sofocado completamente es nuestra capacidad colectiva de imaginar una vida que no esté repleta de mercancías. Es por esta razón que necesitamos el arte, la literatura, la música y otras prácticas culturales, para educar nuestra imaginación de manera que consiga liberarse de las restricciones impuestas por la privatización.

Durante aquella visita, te organizaron un concierto de homenaje en Bilbao, donde hiciste mención de una canción preciosa de Nina Simone titulada ‘I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free’ [Ojalá supiera qué se siente al ser libre ], y que dice así: «I wish I could break all the chains holdin’ me, I wish I could say all the things that I should say, say ‘em loud, say ‘em clear for the whole ‘round world to hear» [Ojalá pudiera romper todas las cadenas que me retienen, ojalá pudiera decir todo lo que debería decir, decirlo todo bien alto, decirlo para todo el mundo lo oiga] .¿Qué significa ser libre para ti, y cuáles son las cadenas que tenemos que romper?

Recordé esa canción de Nina Simone no tanto porque quisiera dar a entender que medio siglo o más después yo tenga una respuesta definitiva a la cuestión subyacente a su anhelo de saber qué es sentirse libre, sino más bien porque seguimos rigiéndonos por este deseo de poner nombre y experimentar la libertad. En los EE.UU., este objetivo nos resulta mucho más complicado hoy en día que a mediados del siglo XX. De hecho, parece que, cuanto más nos acercamos a lo que originariamente habíamos imaginado como ‘libertad’, más nos damos cuenta de que se trata de algo mucho más complicado, de algo con un alcance mucho mayor…

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216558&titular=%93raza-g%E9nero-y-clase-son-elementos-entrelazados%94-

Fuente de la imagen: http://www.universidad.edu.uy/prensa/renderItem/itemId/34640

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Argentina: Doble vallado en el acto de apertura: ¿el Encuentro de Mujeres somos todas?

América del Sur/Argentina/15 de septiembre de 2016/ Fuente: diariolaizquierda

Una nueva plenaria de la Comisión Organizadora en el Centro Cultural Fontanarrosa abrió nuevamente el debate: vallas en el escenario para el acto de apertura y el problema de la “seguridad”.

Empezó la cuenta regresiva hacia lo que será el Encuentro Nacional de Mujeres más importante de los últimos años por la numerosa participación que se espera recibir con más de 60.000 mujeres que arribarán desde todos los puntos del país a la ciudad de Rosario.

En la pasada plenaria, que están teniendo lugar todos los lunes, se abrió un importante debate sobre lo que será el acto de apertura: integrantes de la agrupación Pan y Rosas se opusieron a la definición de cerrar el escenario con un doble vallado para impedir el acceso. Por su parte, el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y Patria Grande se hicieron eco del discurso que impera en los medios de la ciudad y exigieron el doble vallado para resguardar la “seguridad” de la Comisión Organizadora. Las militantes de Pan y Rosas rechazaron la definición y plantearon que se trata de una medida restrictiva para cercenar la palabra en el acto de apertura como ya ha ocurrido en encuentros de otros años.

Virginia Grisolía, dirigente de Pan y Rosas y referente del Frente de Izquierda de Santa Fe sostuvo al respecto: “Lo que se considera “inseguro” es que haya múltiples voces y posiciones en el acto de apertura. El vallado es para impedir que las mujeres ajenas a la minoría que conduce la Comisión Organizadora tomen la palabra como sucedió en el 29° Encuentro en Salta cuando Rocío Girat, víctima de violación sistemática por parte de su padre que era oficial de la Armada, se acercó al escenario a llevar su voz y el PCR, miembro de la Comisión Organizadora, se lo impidió con un cordón de seguridad y violencia física».

Los argumentos usados por el PCR y Patria Grande se refirieron a la situación política de la provincia y los reclamos por “seguridad”, apelando a la necesidad de proteger a la Comisión Organizadora. Este discurso fue puesto de “moda” por los sectores más de derecha de la sociedad que terminará con la militarización de la ciudad con miles de gendarmes de la mano de Macri y Lifschitz.

Ante esta situación, Grisolía finalizó: “Aunque digan que “el Encuentro somos todas”, la realidad nos muestra otra cara. No hay ni un solo fundamento para poner vallas más que el de hacer del acto un acto restrictivo. Desde Pan y Rosas, que venimos participando de la Comisión Organizadora, repudiamos esta definición y nos diferenciamos de la misma”.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Doble-vallado-en-el-acto-de-apertura-el-Encuentro-somos-todas

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Nuestros cuerpos, nosotras decidimos

Por: Najat El Hachmi

De pequeñas nos lo enseñaron, nos dijeron: niñas, chicas, cuando empecéis a ser mujeres, vestíos como es debido, ocultad vuestros cuerpos porque en ellos está la tentación, la vergüenza, el demonio. Nuestro deseo de hombres es impetuoso, irrefrenable y no lo podemos controlar, es más fácil que seáis las mujeres las que os disimuléis bajo las telas para no provocarlo. En la zona de donde yo vengo, al norte del sur y al este del oeste, nos mandaban cubrirnos las cabezas una vez casadas para distinguirnos de las solteras, porque nada era más deshonroso que asediar a la mujer ajena.

Asediar a la hija o la hermana de otro no era tan grave. Nos decían que nos cubriéramos las partes que incitaban a las conductas prohibidas y antes incluso de tener tetas ya sabíamos que estas eran carnes delictivas. Tampoco era tanta controversia; entonces, los vestidos de madres y abuelas, generosos trozos de tela, no dejaban mucho margen a la transgresión. Por eso no insistían mucho en los mensajes para reglamentar la indumentaria de las mujeres. TRES HURACANES Pero de repente todo se trastocó. Tres huracanes que no habíamos elegido lo convulsionaron todo.

El primer huracán fue la modernidad que entró en las casas y en nuestros gustos, y que nos hizo descubrir nuevas formas de vestir, de llevar el pelo, de modificar nuestra apariencia más allá de los antiguos tatuajes, la henna temporal o el khol recién molido por las abuelas. Descubrimos pantalones y camisas, y después puntos y licras que se pegaban al cuerpo, aberturas nunca imaginadas.

 El segundo huracán fue la emigración que envió a pueblos enteros hasta las desconocidas tierras europeas, donde tendríamos que pensar de nuevo como si hubiéramos salido de la nada, donde tendríamos que esforzarnos en picar piedra para entender las raíces y decidir libremente, se supone que ahora sí, cómo queríamos conjugar todas estas piezas: la tradición, la feminidad, la religión, la democracia y el gusto y la estética, por supuesto.

Todavía no habíamos empezado a pensar sobre ello cuando llegó el tercer huracán, el del miedo, el de la contrición, el que nos instaba a frenar las ansias de cambio, el que nos dice, en boca de turbios telepredicadores de poca monta -con toda la barba, eso sí- que el principal peligro para la supervivencia de nuestra religión, la quisiéramos o no, éramos nosotras mismas y sobre todo, sobre todo, nuestros cuerpos.

ANTE EL ESPEJO. Con todo esto crecimos, cada mañana ante el espejo teníamos que decidir qué nos poníamos, algo tan superfluo que se convirtió en el centro de todo. Según qué llevábamos o no sobre el cuerpo significaría unas cosas u otras; lleváramos lo que lleváramos seríamos siempre un mensaje, un posicionamiento en medio de una frontera que no sabíamos dónde empezaba y dónde terminaba, al ser más de los unos que de los otros. Que si te pones pañuelo eres de los unos, que si pantalones ajustados, de los otros, que si maquillaje, de estos, que si falda larga hasta los pies, de aquellos. Por eso no tardaron en llegar las contradicciones, pantalones que cortan la respiración y cabeza tapada, enormes ojos sombreados, labios rojos y chilaba. Unas optaron por cubrirse porque eso las hacía sentirse seguras, protegidas.

También hubo que lo decidieron a conciencia después de leer las fuentes y hacer el esfuerzo de interpretar ellas solas su propia religión, sin barbudos de medio pelo de por medio. Hubo quienes, hartas de que les pidieran que se camuflaran en las nuevas tierras, de que les dijeran mira que eres mora, un buen día se hicieron más moras que nunca con un pañuelo bien vistoso, así, en medio de la clase y ahora sí que tendréis motivos para decirme que no me integro. Muchas otras decidimos, contra todo tópico, deshacernos de las ropas de nuestras madres, quitarnos la vergüenza del cuerpo femenino, destaparlo hasta donde permitía el gusto estético y no la moral.

Elegimos esta opción para no pagar con nuestras carnes ninguna supuesta lucha de civilizaciones ni de religiones, para no marcarnos la piel con telas convertidas en símbolos identitarios. A las que elegimos no taparnos nos cogió un orgullo de cuerpo de mujer, fuera lo prohibido, fuera la vergüenza y fuera la deshonra. Si es tentación, que lo sea, es vuestro problema. Enseñaríamos lo que nos diera la gana para deshacernos precisamente de todos los escupitajos que se deslizaban sobre nuestra piel desde hacía siglos y que nos tildaban de impuras.

Nos aferramos a esta actitud porque nos daba poder, suponía desafiar los preceptos, encararse con la herencia patriarcal con la carne y los huesos y reclamar, de paso, también nuestro derecho al deseo. Lo pagamos, claro, no fue fácil. CON ELLOS NO SE ATREVEN Según cómo vistes es que pides guerra, así que trágate las persecuciones diarias, las miradas y las palabras malsonantes en según qué barrios, trágatelo todo porque tú te lo has buscado.

Pero hemos resistido, aunque a veces eran los propios autóctonos, los sin religión y criados en democracia, los que nos decían: chica, te has pasado, ¿en tu país te dejarían ir así de fresca y ceñida? Nos hicimos inmunes a los comentarios de unos y otros porque por encima de todo queríamos defender la presencia de nuestro cuerpo, nuestra presencia, en el espacio público, sin restricciones. Hasta al toples y las playas nudistas llegamos algunas. Casi ya lo habíamos conseguido, ya habíamos olvidado que nuestras carnes pudieran ser campo de batalla. Y de repente nos llega la fotografía que plasma una agresión en toda regla: dos policías se acercan a una mujer en Niza y la obligan a desvestirse. Estaba la señora allí tumbada, ni siquiera había entrado en el agua, pero los policías no se fueron hasta que ella enseñó bastante carne. Un puñetazo, una humillación. Porque es mujer, porque su origen, reciente o remoto, es el que es, porque es de una clase social determinada. No se atreverá, no, el francés que gobierna a hacer desvestir las mujeres de los jeques del Golfo que se pasean por los Campos Elíseos negras hasta los ojos. Nos hierve la sangre ante la instantánea y de repente hemos retrocedido en el tiempo y estamos, de nuevo, en el punto de tener que conquistar de nuevo el espacio público.

A ellos, los hombres, nadie les hará desnudarse, ni les dirá cómo deben vestir. Nos hierve la sangre y el nosotros que creíamos tan sólido cambia, nos engloba de nuevo a todas, tapadas y destapadas, porque ante todo es el nosotras de ser mujeres.

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/nuestros-cuerpos-nosotras-decidimos-5343438

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“El papel que desempeñan los medios no es pasivo ni inocente” Entrevista a Argentina Casanova

América del Norte/México/03 Septiembre 2016/Autora: Fernanda Sánchez Jaramillo/Fuente: Rebelión

-FSJ: ¿Qué papel cumplen los medios de comunicación en la multiplicación de la violencia contra la mujer?

-AC: Junto a quien comete el feminicidio o la tortura, un medio que le da cobertura – la mayoría de las veces- con un discurso cuyo efecto es sembrar terror en otras mujeres alecciona y multiplica su efecto a través de las redes sociales. Por sí mismo, el “terrorismo sexista” de los medios debe ser visibilizado para ser desmontado. El papel que desempeñan los medios de comunicación no es pasivo ni inocente.

-FSJ: ¿Qué elementos se requieren para informar con rigor sobre violencia contra la mujer?

-AC: Identificar los elementos que criminalizan a las víctimas de la violencia feminicida y evitar hacer uso de estos; además, comprender y asumir que existe responsabilidad social de los medios de comunicación como reproductores de la violencia, pero también entender su rol en la prevención, evitando la reproducción de modelos, estereotipos y figuras sexistas o discriminatorias que naturalizan la violencia contra niñas y mujeres.

-FSJ: ¿Qué se debe evitar al reportar sobre violencia contra la mujer?

-AC: Exhibir los cuerpos desnudos, sus rostros, ofrecer datos personales que faciliten su identificación y de familiares, ya que esto contribuye a la violencia comunitaria. Evitar aportar elementos que contribuyan a la criminalización en la sociedad y, por el contrario, ocultar o minimizar aquellos que permiten comprender los contextos de violencia e identificar las intersecciones de la discriminación. Los medios “ocultan”, por ejemplo, los datos cuando son menores de edad, su situación de discapacidad y violencias previas para evitar que haya una “idenficación o empatía” con la víctima y, en cambio, generan morbo y enjucian con frases como estas: “era puta”, “era bailarina”, era “mala madre”, “era drogadicta”, todo lo que apunta a justificar la violencia y al agresor.

-FSJ: ¿Es “epidémica” la violencia contra la mujer en México?

-AC: Recientemente la ONU consideró la violencia contra la mujer como una “pandemia mundial”, que afecta a algunos países, entre ellos México. Esto se relaciona con las anquilosadas estructuras de género que contribuyen a la violencia; además de ser, en sí mismas, formas de violencia contra las mujeres pues restringen el pleno desarrollo y la libertad de elegir sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres. La ONU estima que 70% de las mujeres sufren violencia en su vida.

-FSJ: ¿Los medios revictimizan a la mujer, a su familia y a las supervivientes de violencia?

-AC: Sí, por supuesto. En el ensayo Los derechos humanos de las mujeres y la criminalización de las identidades femeninas en las coberturas periodísticasi expongo este proceso de victimización. Cuando las mujeres son víctimas de un hecho de violencia que vulnera su dignidad, lo que tenemos son páginas de periódicos, notas en radio o en televisión en las que entrevistan a familiares o a las mismas víctimas, se replica información en la que sus datos personales son expuestos con la consecuente sobre-victimización y riesgo de discriminación en sus espacio de trabajo y convivencia social. Incluso en casos de víctimas de violencia sexual la información se convierte en un factor detonador de violencia comunitaria y/o escolar.

-FSJ: En México varios medios de comunicación parecen haberse especializado en la necrofilia, relatan el número de muertes y de muertas, pero… ¿Analizan la violencia machista contra las mujeres?

-AC: Creo que se ha abordado una cobertura necrofílica, pero no con perspectiva de género. Por eso proponemos una metodología más allá del “uso del lenguaje incluyente” o que evite la criminalización. Proponemos una pauta de análisis que identifique, y elimine, los elementos de la criminalización y la discriminación y la cobertura periodística que contribuyen al terrorismo sexista. El terrorismo sexista de los medios se manifiesta en cinco formas: por un lado, está lo que Rita Segato ha llamado “pedagogía de la crueldad”; una segunda forma es la criminalización de las identidades femeninas; la tercera, la reproducción de los discursos patriarcales de control, especialmente sobre el cuerpo de las mujeres; la cuarta es la propaganda-proclama de los hechos violentos contra el cuerpo de las mujeres y, la quinta, violenta y alecciona. Así las he clasificado para el análisis para “desmontar” estas formas de redacción, edición, estilo y diseño periodístico.

-FSJ: ¿Qué impacto tiene en una niña o en una adolescente la información que recibe a través de los medios?

-AC: La propaganda-proclama de la violencia ocurre cuando la cobertura hace apología de los hechos violentos, que se cometen contra el cuerpo de las mujeres, naturalizándolos, e incluso utilizando palabras que las despojan de su identidad y su condición de persona para referirse a ellas como cosas sin vida y sin valor. Un ejemplo son los títulos de noticias como: “Encuentran enmaletada”. Los medios pueden ser reforzadores de estereotipos/roles y las coberturas-enfoque-lenguaje, son distintas formas de una violencia, estableciendo causas-efectos ligadas a conductas femeninas, es decir, plantean lógicas de castigo frente a ciertos actos de las mujeres. Por eso encontramos portadas ilustradas con hechos que relacionan una mujer desnuda tipo playboy y, simultáneamente, la fotografía de una víctima de violación o feminicidio desnuda. El impacto de esos enfoques es el terror en el cual vivimos las mujeres en México en donde hemos aprendido que transgredir tiene consecuencias que se pagan con la vida.

-FSJ: ¿Pueden los medios contribuir a disminuir la violencia contra la mujer?

-AC: Sí. Creo que el trabajo de análisis, observación, monitoreo y documentación tiene como fin encontrar esos “hilos conductores” que atraviesan estas coberturas y plantear su deconstrucción a partir de nuevas propuestas y ejercicios. Personalmente creo que no se trata solo de incorporar un lenguaje incluyente o evitar la discriminación, ya que la información visual, el lugar que se otorga a las notas, la forma como se aborda, lo que se enuncia y lo que se omite contribuye a la criminalización y al terrorismo en las coberturas periodísticas.

-FSJ: Finalmente ¿Qué impacto tienen las guías para periodistas que muchas veces permanecen en los escritorios sin ser utilizadas?

-AC: He mirado muchas guías y creo que cada una tiene sus propios aportes, pero no bastan. Se requiere el compromiso de los propietarios de los medios, la aprobación y aplicación de leyes que sancionen la apología a la violencia y los discursos de odio; además el compromiso del profesional de la comunicación. En México hemos formado redes y alianzas de comunicadoras feministas, periodistas con perspectiva de género.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216011&titular=%93el-papel-que-desempe%F1an-los-medios-no-es-pasivo-ni-inocente%94-

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Susana Chávez, directora general de Promsex: “Minedu dejó atrás la educación sexual”

América del Sur/Perú/27 Agosto 2016/Autor: Ricardo Monzón/Fuente: Perú 21

“Hay un programa (de educación sexual en colegios), pero no le han dado fuerza. Es una deuda pendiente del ministerio de educación. Por eso es que la primera causa de abandono escolar es el embarazo. Es una política, pero no se cumple”.

La problemática de la violencia contra las mujeres en el Perú sigue estando sobre el tapete. La directora general de Promsex, Susana Chávez, comenta en esta entrevista qué se viene haciendo mal desde el Gobierno para cambiar el panorama. Apunta al Ministerio de Educación.

¿Existe una estadística de cuántas mujeres son agredidas sexualmente al año?
Lo que existe es el número de reportes o denuncias que hacen las mujeres víctimas de violación. Pero se estima que ese reporte no refleja la dimensión de la violencia. La mayoría de casos no son denunciados. En ese sentido, 1 de cada 5 mujeres son víctimas de violación sexual antes de cumplir los 15 años.

¿Cuántas mujeres denuncian ante el Poder Judicial?
Se estima que al año denuncian alrededor de 26 mil a 30 mil. Un 25% de la población general de mujeres violentadas. Nosotros hemos hecho un estudio local, como un censo, que arroja que la tasa de denuncia es el 0.02%.

En caso de que todas las mujeres agredidas denunciaran…
No habría capacidad de atender tanta demanda… La violación, por lo general, se descubre cuando hay de por medio embarazo, pero hay violaciones que se vienen dando de manera sistemática. La violación sexual, especialmente en niñas y adolescentes, es perpetrada por integrantes del entorno familiar. Por lo menos el 60% de violaciones en menores de 15 años es perpetrado por su tutor.

Ayer una niña de 11 años fue violada. ¿Cómo evitarlo?
Ese es el drama. Creo que nosotros todavía no hemos medido el impacto en toda su dimensión. Sabemos que la violación sexual podría significar, casi en un 56% de los casos, embarazo. O sea, no significa que todos los embarazos en adolescentes sean producto de una violación, pero la violencia sexual induce a iniciar más rápidamente la vida sexual, a engancharse rápidamente en relaciones forzadas.

¿En dónde radica el problema de la violencia sexual?
Hay varios aspectos. La nuestra es una sociedad donde se considera que las mujeres están hechas para satisfacer sexualmente a los hombres. Y donde, además, hay un rol subordinado. Esa es la explicación más macro.

¿Es únicamente la sociedad?
Es la sociedad pero también son las instituciones que refuerzan este pensar.

¿Qué instituciones?
Las que han dejado detrás todo el tema de la educación sexual, como el mismo Ministerio de Educación. A veces actúan basados en prejuicios de carácter religioso, conservador.

¿El Ministerio de Educación no educa sexualmente bien a través de los colegios?
Hay un programa, pero no le han dado ninguna fuerza. Es una deuda pendiente del Ministerio de Educación. Por eso es que la primera causa de abandono escolar es el embarazo.

¿La educación sexual no es una política del ministerio?
Es una política pero que no se cumple o que, por lo menos, no da resultados. Pero también se tomaron decisiones políticas cerradas en el país. En el marco de la ley de violencia contra la mujer se aprobó una norma que criminalizaba las relaciones sexuales de los adolescentes, pensando que así se iba a evitar las violaciones. Declararon las relaciones sexuales de personas menores a 18 años como actos de violación sexual. Lo único que se logró fue que no haya ninguna acción preventiva ni información.

Luego de la marcha #NiUnaMenos han seguido sucediendo innumerables casos de violencia contra la mujer. ¿Cuál fue su real impacto?
La marcha fue un hecho histórico y nada debería hacernos pensar que el resultado fue adverso. Lo que ocurre es que hay personas que apoyaron la marcha, pero sin comprender realmente el sentido de la misma. Han estado ahí porque sencillamente no podían estar fuera. Por ejemplo, todo el debate que viene ocurriendo sobre el Anticonceptivo Oral de Emergencia (AOE)…

¿A quiénes se refiere?
A los propios políticos. Hace poco coincidí en un programa de televisión con el señor (Héctor) Becerril, y de pronto dio toda una explicación de cómo funciona el AOE absolutamente cerrada, errada, y él decía que la marcha fue algo positivo.

También hubo una participación de la Iglesia en la marcha y respecto al AOE. ¿Cómo califica su actitud?
Yo no sé si la Iglesia ha estado en la marcha, yo no he visto a sus líderes allí ni pronunciándose a favor de ella. Además, ellos tienen su propia marcha en contra de las mujeres, que es su marcha Por la Vida, entre comillas.

¿Y sobre el AOE?
Hay que ubicar su postura dentro del rechazo total que tienen hacia los métodos anticonceptivos. Su posición es coherente, ellos están en contra de los métodos anticonceptivos modernos. Con las justas aceptan los métodos de abstinencia. Por lo tanto, su conducta sobre elAOE y sobre cualquier método anticonceptivo va a ser beligerante, opuesta, tenazmente resistente.

¿Cómo cree que acabe la discusión sobre la AOE?
El debate es posterior a la obligación que el Ministerio de Salud debe tomar. Nosotros con la Iglesia no vamos a debatir porque nunca vamos a llegar a ningún acuerdo.

Fuente: http://peru21.pe/opinion/minedu-dejo-atras-educacion-sexual-2255583

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