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Rwanda: NGO takes menstrual hygiene drive to Kicukiro-Based school

África/Rwanda/12 Junio 2016/Fuente: /Autor: Frederic Byumvuhore

Resumen: La organización Iniciativa para el Desarrollo de la Salud (IDH), llevó a cabo una campaña de sensibilización en la escuela secundaria Kagarama sobre el ciclo menstrual de la mujer, como una estrategia para romper los tabúes que rodean a la menstruación. Las discusiones estuvieron en línea con un evento anual con motivo del día de la higiene menstrual. Este año, el día de la higiene menstrual se celebró bajo el lema, «Cada día puede ser un buen día, incluyendo días de periodo».

Health Development Initiative (HDI), conducted a sensitisation drive at Kagarama Secondary School to raise awareness on women’s menstrual cycle and mostly to break the taboos surrounding menstruation.

The discussions were in line with an annual event to mark the menstrual hygiene day.

This year, the menstrual hygiene day was celebrated under the theme, «Every day can be a good day including days of period.»

HDI is a non-government organisation that works towards a society in which everyone has the opportunity to enjoy the highest standards of health and wellbeing.

The event featured a question-and-answer session discussing menstruation, and open discussions on the subject where girls and boys participated.

Speaking at the event Beatha Uwazaninka, communication coordinator for HDI said the menstrual hygiene day was started to solve the problems that girls meet during their menstrual period and break silence on menstruation.

«Menstrual period is viewed as a taboo by some people in the community which is not right. During menstrual periods, girls face various problems which affect their academic performance. We sensitise the young generation about Sexual and Productive Health. We teach them about menstruation and how they can manage it.»Uwazaninka said.

She said HDI plans to travel to schools in different parts of the country to extend awareness with focus on parents to encourage them to have open discussions with their daughters about their body changes as they grow up.

Aliane Iranyuze, a senior three student and an actress, said more discussions on menstruation should be carried out through debates, plays, and even taught in class to help girls know more about their bodies.

Fiona Mbabazi, another student, said sensitisation in schools about menstruation is necessary because it will also help girls overcome the stigma attached to it especially by the boys..

Aline Abatesi, the head girl at Kagarama Secondary School said together with school leaders, they help girls to meet all requirements for hygiene during their menstrual period.

Fuente de la noticia: http://www.newtimes.co.rw/section/article/2016-05-31/200347/

Fuente de la imagen: http://www.thedailyvox.co.za/wp-content/uploads/2015/05/Irise-menstrual-hygiene-animation-screenshot.jpg

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La primera caricaturista paquistaní y su lucha urgente

 La artista creó una protagonista para sus historietas, que se ha convertido en heroína en Paquistán, Líbia y Turquía.

Nigar Nazar estudiaba medicina pero se la pasaba el día dibujando en los márgenes de los libros, y así convenció a sus padres de que la dejaran estudiar en la escuela de arte. Hoy es la primer mujer dibujante  de comics de todo Pakistán.
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Gogi y el día de la mujer.

En 2014 fue elegida por la BBC como una de las 100 mujeres destacas de ese año. ¿Por qué? Porque lleva años defendiendo la educación de las niñas en su país (Pakistán) y los derechos de la mujeres, entre muchas cosas más.

Gogi
Siempre divertida Gogi con su traje a lunares.

Su pasión por los cómics empezó en Estados Unidos, pero cuando volvió a su país no encontraba historietas para leer. Así, mientras releía las que tenía, comenzó a hacer las propias.

Gogi

Gogi, la protagonista de sus historietas. Es una mujer progresista, educada, paquistaní, siempre tiene un vestido a lunares y vive situaciones cómicas que dejan a la vista la discriminación o las ideas conservadoras de su cultura. Sus dibujos están centrados en problemáticas sociales y contradicciones culturales. “Me inspiro en lo que pasa a mi alrededor”, cuenta la autora.

Gogi
¿De dónde es ud?

Gogi es un personaje muy querido por los paquistaníes, pero a veces la tira no se publica, “porque los temas sociales no interesan tanto como los políticos”, asegura la dibujante. En estos días, Nazar dicta cursos en la Universidad Nacional de Tecnología de su país para todos aquellos que quieren aprender a crear dibujos que conduzcan a la animación.

Me inspiro en lo que pasa a mi alrededor

Nigar además está trabajando en cinco libros maquetados, en un personaje de un chico travieso al que le encanta comer, y un libro interactivo para los niños que no saben mucho sobre Pakistán. Toda una usina de dibujos e historias para conocer, de la mano de una mujer paquistaní fuera de lo común.

http://www.bigbangnews.com/minitah/femm/La-primera-caricaturista-paquistani-y-su-lucha-urgente-20160512-0005.htmlFuente:

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Amnistía Internacional exige detener matanza de albinos en África

África/08 junio 2016/ Fuente: Crónica Viva

En un amplio informe, Amnistía Internacional denunció la crueldad contra los albinos, especialmente niños,  en Malawi y en otras zonas de África Central, y demandó al gobierno tomar medidas urgentes para evitar que continúen los crímenes en esa región.

En el documento se menciona que desde noviembre del 2014, en Malawi se ha visto un fenómeno en crecimiento: los ataques contra las personas con albinismo y que en ese lapso  se contaron 69 casos de asesinatos, secuestros y hasta profanación de tumbas.

En los delitos participan tanto particulares como bandas criminales  que, pese al salvajismo con que actúan y las numerosas denuncias,   el drama no se detiene.

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Precisa que  las personas con albinismo son “perseguidas por gente que quiere conseguir algunas partes de su cuerpo porque cree que tienen propiedades mágicas y atraen la buena suerte”.

El informe de la institución defensora de los derechos humanos indica que en Malawi hay entre 7 mil y 10 mil albinos, que viven bajo el tormento de saber que podrían ser víctimas de un crimen en cualquier momento.

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Dentro de este grupo, además, las mujeres y los niños albinos son los más vulnerables, sin que el gobierno central haga nada para prevenir estos asesinatos o secuestros. La falta de educación e información es clave para su protección.

“Los ataques, en algunos casos, incluyen a familiares cercanos”, ciegos por la superstición que rodea a este núcleo humano.

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Incluso, las mujeres con albinismo corren un riesgo más común y frecuente: las violaciones. Está extendido el mito de que mantener relaciones sexuales con una de ellas podría curar el HIV/sida.

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El tráfico de huesos es también una herramienta que permite a los saqueadores de tumbas hacerse con dinero extra. Creen que las diferentes extremidades podrían alejar la mala suerte de algunos hogares “malditos”. Éste es el delito más castigado por las autoridades de Malawi.

En abril se registraron cuatro asesinatos de albinos en Malawi. (ECHA – Agencias)

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Fuente:

http://www.cronicaviva.com.pe/amnistia-internacional

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Entrevista a Rita Segato: La pedagogía de la crueldad

Fuente Pagina 12 Argentina/ 6 de junio de 2016

La antropóloga argentina Rita Segato es una de las voces más lúcidas e inquietas a la hora de pensar y ubicar políticamente la violencia contra las mujeres que ahora mismo conmueve y moviliza a la sociedad, cruzando por fin la barrera de aislamiento en el que suelen tratarse estos temas. Para Segato, no se puede pensar esta violencia por fuera de las estructuras económicas capitalistas “de rapiña”, que necesitan de la falta de empatía entre las personas –de una pedagogía de la crueldad– para sostener su poder. El cuerpo de las mujeres es el soporte privilegiado para escribir y emitir este mensaje violento y aleccionador que cuenta con la intensificación de la violencia mediática contra ellas como “brazo ideológico de la estrategia de la crueldad”. En esta entrevista la antropóloga desafía su propio pensamiento, a la vez que lamenta estar lejos de su país de origen y no poder participar de ese hecho histórico que significa una manifestación masiva como la que se augura el próximo 3 de junio en casi todo el país para decirles “basta” a los femicidios que día a día pueblan las noticias.

Por Veronica Gago

Rita Segato, antropóloga argentina y residente hace décadas en Brasil, tiene una forma de hablar que se arremolina de ideas. Enhebra, vuelve una y otra vez. Pregunta si lo que dice “hace sentido”. No deja que la interrumpan si está en el envión de una idea. Luego escucha a fondo y hace de la pregunta un insumo de su razonamiento. Entrevistarla es un placer de la conversación. Con un zigzag propio, con enmiendas, porque lo que dice asume un riesgo: el del ritmo del pensamiento.

Esta vez se trata de hablar del tema que nos tiene a todas tomadas. La proliferación de los crímenes contra mujeres que no dejan de sucederse, replicarse, mediatizarse en nuestro país. Segato fue pionera en ponerle a esta realidad una hipótesis política. En el libro Las Estructuras Elementales de la Violencia (Prometeo 2003 y 2013) ya hablaba de la “violencia expresiva” en los crímenes de género. Formulación que la condujo a interpretar los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez en La escritura en el cuerpo de las mujeres (Tinta Limón) como violencia que ve en el cuerpo femenino un tapiz sobre el cual escribir un mensaje. En la edición mexicana del ensayo que le da continuidad, Las Nuevas Formas de la Guerra y el Cuerpo de las Mujeres (Pez en el Arbol), escribimos en el prólogo junto a Raquel Gutiérrez Aguilar: “Hay una novedad, incluso en su repetición. La guerra toma nuevas formas, asume ropajes desconocidos. Y no es casual la metáfora textil: su principal bastidor en estos tiempos es el cuerpo femenino. Texto y territorio de una violencia que se escribe privilegiadamente ahí. Una guerra de nuevo tipo. La dificultad de comprensión, creemos, debe analizarse como un elemento estratégico de la novedad: como una verdadera dimensión contrainsurgente”. En Argentina, la realidad del femicidio exige volver sobre la idea-fuerza de Segato: ¿qué mensaje se transmite en estos crímenes que, ahora, parecen no tener límite doméstico, sino que acontecen en medio de un bar, un jardín de infantes o la calle misma? Se trata de una “pedagogía de la crueldad”, esgrime la entrevistada, indisociable de una intensificación de la “violencia mediática” contra las mujeres.

¿Cómo entender esta multiplicación de crímenes contra mujeres, cada vez más públicos?

–Creo que un primer telón de fondo que hay que aclarar es la fase actual de la explotación, que involucra un tipo de retorno al trabajo servil, semiesclavo e incluso esclavo, producido por la caída de la centralidad del salario. Esta modalidad de sujeción de personas como mercancía demanda una insensibilidad particular. Hay una idea que estoy trabajando, donde elaboro algo que empezó como una broma y ahora es serio: estaríamos hoy en tiempos de conquistualidad del poder, más que de colonialidad del poder, como propuso Aníbal Quijano en su célebre formulación. Me refiero a una nueva fase de conquista de los territorios, de rapiña de todo, sin límites legales. Una característica esencial de la conquista fue la suspensión del derecho, de los códigos de justicia de la época, por la cual la corona pasó a tener una existencia en gran medida ficcional como poder central. Hoy estamos en un momento semejante debido a la ferocidad de las apropiaciones territoriales, al desalojo de los pueblos de sus espacios de vida, realizados con una truculencia extrema. Muchas veces esa crueldad se exhibe aun más en el cuerpo de las mujeres. Es lo que pasa, por ejemplo, en los desplazamientos de poblaciones en el Pacífico colombiano.

Es tu idea de la violencia expresiva…

–El paradigma de explotación actual supone una variedad enorme de formas de desprotección de la vida humana, y esta modalidad de explotación depende de la disminución de la empatía entre personas que es el principio de la crueldad. De ahí hay sólo un paso a decir que el capital hoy depende de una pedagogía de la crueldad, de acostumbrarnos al espectáculo de la crueldad.

Efectivamente, tengo la propuesta de entender siempre la violencia como expresiva. En este caso, la violencia nos está hablando de presiones que se originan en el espacio público, en el mundo del trabajo, en la presión productivista, en la exigencia competitiva, en esa intemperie y desprotección de la vida hoy, en ese riesgo de la sobrevivencia que nos afecta a absolutamente todos los que vivimos de nuestro trabajo, y acaba interfiriendo y lesionando el espacio de la intimidad porque atraviesa y alcanza las relaciones afectivas, y finalmente hay una captura del espacio de la intimidad y de los sentimientos por el modo de explotación al que estamos sujetos. La violencia íntima en el espacio público, como está curiosamente ocurriendo hoy en la Argentina, no es otra cosa que un enunciado del carácter también público del problema íntimo, y del modo en que el estado de intemperie e indefensión frente a la agresión generalizada a la vida y a los territorios deviene y se expresa en agresión a las mujeres frente al ojo público. Es la exhibición incontestable de la unidad y naturaleza indisociable del problema, de la correlación y articulación innegable entre lo que pasa en la atmósfera de violencia y desamparo en el mundo de la reproducción material de la existencia, y lo que pasa en el mundo de los sentimientos entre las personas. Es al mismo tiempo una ejecución ejemplar –pues las ejecuciones en el ojo público tienen esa dimensión de ejemplaridad, de advertencia– y una queja, un reclamo gritado a los cuatro vientos.

¿Qué papel juega la subjetividad masculina?

–Evidentemente la masculinidad está más disponible para la crueldad porque el entrenamiento para volverse masculino obliga a desarrollar una afinidad significativa, a lo largo de la historia de la especie, entre masculinidad y guerra, entre masculinidad y crueldad, y entre masculinidad y capitalismo en esta fase rapiñadora y anómica. En este sentido, es muy importante no guetificar la cuestión de género. Esto quiere decir no considerarlo fuera de su contexto histórico, no verlo sólo como una relación entre hombres y mujeres, sino como el modo en que esas relaciones se producen en el contexto de sus circunstancias históricas. No guetificar la violencia de género también quiere decir que su carácter enigmático se esfuma y la violencia deja de ser un misterio cuando ella se ilumina desde la actualidad del mundo en que vivimos. Claro que la vemos de forma fragmentada, como casos dispersos de letalidad de las mujeres –aunque cada vez más frecuentes–, pero son epifenómenos que parten de circunstancias plenamente históricas de las relaciones sociales y con la naturaleza. En este sentido, diría que hay una extraña afinidad, o mejor dicho: una concurrencia, en el presente, entre: 1. La explotación económica característica de nuestra época con su uso abusivo del cosmos natural del que retiramos la posibilidad misma de la vida; 2. El accionar de una élite que predica y practica un proyecto económico que tiende a la concentración extrema y que tiene como horizonte el mercado global, viendo como antagonistas a los mercados locales, y 3. El moralismo de los valores de esta élite, a diferencia de los capitalistas del pasado, modernizadores y desarrollistas, que predicaban la modernización del estilo de vida y la gestión de los cuerpos.

¿Qué tipo de concurrencia?

–Que esta élite es intensamente moralista a la vez que estamos en una circunstancia de abuso y rapiña al nicho natural de toda vida, es decir, la tierra. Entonces, son tres dimensiones a la vez: las elites que conducen laeconomía, la fase del capital rapiñadora con relación a todo aquello de lo que puede extraerse riqueza bajo la ideología de la acumulación por desposesión o despojo y un moralismo feroz con relación a la sexualidad, al aborto, a los intereses de las mujeres en general.

¿Qué significa ese moralismo?

–Hay una relación a pensar entre la presión por el despojo y el moralismo en la gestión de los cuerpos. En otras épocas, las élites modernizadoras no eran moralistas, sino que más bien eran liberalizadoras respecto a las conductas. Hoy no. Junto a la no preservación del suelo nutricio de la vida, de la tierra, hay una insensibilidad para esa agresión del nicho. A esto se suma una progresiva crueldad hacia el cuerpo de las mujeres, y a los cuerpos feminizados en general. Es una totalidad que, si no la entendemos bien, no podemos atacar las bases de lo que nos hace sufrir como mujeres. Pero vinculado a esto hay que entender las presiones que sufren en el momento presente todos los sujetos que viven de su trabajo. No sólo manual, sino también intelectual. Todxs estamos sujetos a una tremenda presión, una especie de intemperie y riesgo permanente que revela que nuestras circunstancias son las de un sálvese quien pueda, ya que en cualquier momento podemos ser impugnados, desechados, vueltos prescindibles, defenestrados de nuestra posición, perseguidos, despojados. Es una indefensión generalizada. Lo social deviene un marco de peligro. Ahí funciona el discurso de las vidas precarias que no son sólo de los que consideramos vulnerables (migrantes, pobres, etc.), sino de todos y cada unx, debido a que la lógica de la productividad se vuelve más y más asfixiante en todos los campos de la vida. Pensemos en las 85 personas que concentran la mitad de la riqueza mundial: no se trata ya sólo del pecado de la desigualdad por acumulación y concentración, sino que tienen poder de vida y de muerte sobre la humanidad porque su capital compra muerte, cambia leyes, suspende derechos. La situación, en este sentido, es apocalíptica. Lo que les sucede a las mujeres no puede desvincularse de este momento apocalíptico del proyecto histórico del capital.

¿Tiene una especificidad en América latina?

–Esta intemperie de la vida con derechos suspendidos se relaciona con algo que digo que encuentro en una situación de violencia como la que acontece en Bolivia, donde sucedió un franco proceso democratizador en términos étnicos y de género. En Bolivia, a la vez que muchas de las mujeres del Parlamento son de pollera, que no abdicaron de su indigenidad, vemos que es un país de enorme letalidad para las mujeres. A pesar de que hay pocos homicidios (medidos por cien mil habitantes, como se hace en las estadísticas de los organismos internacionales), hay un gran enigma porque mientras la relación entre la totalidad de homicidios y los cometidos contra de mujeres en el mundo, en media, es de un 17 por ciento, en Bolivia esa relación supera el 50 por ciento. Algunas feministas dicen que el género masculino reacciona al avance de las mujeres en el campo del trabajo y la autoridad política. Pero en el caso de Bolivia esta tesis no se sustenta porque las mujeres siempre tuvieron una posición dominante en el mercado y respecto al dinero, y tuvieron autoridad política desde su parcialidad, el espacio doméstico, que en las sociedades comunitarias, a diferencia de las sociedades modernas, es pleno de politicidad. Por eso, el problema es el espacio que ocupan hoy en el campo del Estado y del avance del Estado sobre la comunidad, destruyendo los vínculos comunitarios y colectivistas, aun, muchas veces, en nombre de los buenos propósitos del discurso modernizador. Ahí se generan tensiones en la medida en que el frente estatal no es solamente estatal, sino estatal-empresarial y mediático, es decir, indisociable de los intereses empresariales-corporativos. Este pacto estatal-empresarial va rasgando el tejido comunitario. En esta situación de avance del frente estatal, siempre colonial, empresarial y mediático, el hombre de esa comunidad, el hombre indígena, se transforma en el colonizador dentro de casa, y el hombre de la masa urbana se convierte en el patrón dentro de casa. En otras palabras, el hombre del hogar indígena-campesino se convierte en el representante de la presión colonizadora y despojadora puertas adentro, y el hombre de las masas trabajadoras y de los empleos precarios se convierte en el agente de la presión productivista, competitiva y operadora del descarte puertas adentro.

¿Qué relación le ves con sociedades que no tienen esa trama comunitaria?

–Lo que quiero decir es que el hombre campesino-indígena a lo largo de la historia colonial de nuestro continente, así como el de las masas urbanas de trabajadores bajo la regla del capital, se ven emasculados como efecto de su subordinación a la regla del blanco, el primero, y del patrón, el segundo, y en general, como sabemos, al patrón blanco o blanqueado de nuestras costas. Y es al retornar a su nicho familiar que se redime de esta emasculación, restaurándose en la plataforma de masculinidad mediante la violencia. Ese es su mandato masculino. En el mundo de las grandes urbes, sometido a la explotación anómica del trabajo propia de estas nueva fase del capital, el hombre se transforma en el patrón del hogar, pues llega a su casa contaminado por la regla del patrón, ya que, como sabemos, el hombre es más vulnerable a la regla del poder, porque se percibe escindido entre dos lealtades: su lealtad a su familia, a su comunidad, a su gente, a sus afectos, por un lado, y su lealtad al otro hombre, el que lo domina y oprime, al que va a emular, por efecto de su mandato de masculinidad, que nos acompaña a lo largo del tiempo de la especie, y que debemos insurgir, entre todos, hombres y mujeres, con sus diversidades sexuales, porque a todos nos hace sufrir…. yo diría que en la misma medida, a pesar de diferentes formas. En el caso de la fase actual, apocalíptica, del capital, esta situación desata una violencia nueva: la frontera porosa del espacio familiar hace que el hombre lleve hasta allí la crueldad que impera en los espacios circundantes. Inclusive, cuando la atmósfera es francamente bélica, como es en los escenarios en expansión de las nuevas formas de la guerra en América latina, con la proliferación del control mafioso de la economía, lapolítica y amplios sectores de la sociedad, lo que atraviesa e interviene el ámbito de los vínculos de género es la regla violenta de la atmósfera propia del crimen organizado y las pandillas, maras, corporaciones armadas de la guerra informal, sicariatos. Es por todo esto que de forma alguna podemos abordar el problema de la violencia de género y la letalidad en aumento de las mujeres hoy como si fuera un tema separado de la intemperie de la vida con todas sus presiones. Presiones y niveles de anomia característicos de los cambios de época, pues de hecho estamos asistiendo a un tránsito entre épocas que hace que el momento actual presente características de liminaridad y suspensión de las normativas que dan previsibilidad y amparo a las gentes, dentro de una gramática compartida. Es probable que los tiempos de la conquista, como dije anteriormente, por la suspensión de prácticamente toda norma excepto la del saqueo, y la revolución industrial, por la novedad que impuso a las relaciones de trabajo, hayan expuesto a los pueblos a circunstancias semejantes.

¿Esto lo vinculás a que varios de los homicidas después se autolesionen?

–El dolor es un dolor social. No creo que las mujeres deban aislarse en su sufrimiento. Yo, como ya lo he dicho alguna vez, justamente en una entrevista que me hiciste hace ya algún tiempo, soy feminista de segunda generación. No soy una nueva conversa. El nuevo converso es siempre más dogmático, más intransigente, incapaz de ver los tonos de gris, las ambigüedades propias de la vida como ella es. Creo que el problema es de hombres y de mujeres, ambos padecen, pero resuelven de formas diferentes su padecimiento. Infelizmente, como expliqué, los hombres son más vulnerables por el mandato de emulación de la posición de poder que los somete pero cuyo patrón de conducta se convierte en su modelo de comportamiento. El hombre, entonces, es violento porque es frágil, porque es constitutivamente inseguro en su masculinidad, y porque, en nuestras costas, es decir, en el paisaje marcado por la colonialidad que habitamos y que nos constituye, es permanentemente emasculado por su condición subordinada y capturado por el modelo de masculinidad de su opresor. Es por esto que digo que el sirve de bisagra, entre los mundos del dominador y de los dominados. Su situación es de una indigencia existencial absoluta. Si a esto le sumamos el tema de la mirada rapiñadora sobre el planeta y sus criaturas (y no olvidemos la raíz común de las palabras rapiña y rape, violación en inglés), tendremos el cuadro completo de la transformación de la vida en cosa, la transformación de las personas en mercancía, en primer lugar el pasaje de las mujeres a esa condición de objeto, a su disponibilidad y desechabilidad, ya que la mímesis de los hombres con la posición de poder de sus pares y opresores encuentra en ellas las víctimas a mano para dar paso a la cadena de mandos y expropiaciones.

¿Cómo ves al feminismo frente a esta realidad?

–Creo que las mujeres nunca tuvimos más leyes, políticas públicas, discurso cívico e instituciones de apoyo que ahora. Sólo que esos derechos no pueden ser usufructuados porque el lecho en el que ellos están suscriptos presiona en sentido contrario. Entonces, o atacamos ese proyecto histórico del capital o no vamos a solucionar el problema de las mujeres. El feminismo hegemónico ha apostado todas sus fichas a la conquista de derechos. Esto muestra una fuerte influencia europea, donde la relación entre Estado y sociedad es bien distinta por razones históricas. En América latina, nuestros estados republicanos fueron creados por las élites criollas y por tanto son herederos de la modalidad de administración colonial de la cual descienden. Los llamamos estados de la misma forma que llamamos a los estados europeos, pero en Europa y en América latina esta entidad no es la misma, como consecuencia de la historia que la constituyó. Los estados europeos y los de nuestras costas ni están conformados de la misma forma ni pueden representar a la sociedad de la misma manera. La hegemonía del feminismo europeo nos convenció de hacer una apuesta casi exclusiva a las luchas en el campo estatal. Pero en América latina la lucha no pueden ser ésa, porque ya tuvimos muchas victorias en ese campo y, aún así, el Estado en nuestras sociedades tiene su foco en la protección de los bienes y no ha dado muestras de ser capaz de proteger a las personas.

¿Cuál es la estrategia?

–Las mujeres debemos sacar los pies del campo estatal. Esto no quiere decir abandonarlo, como a veces se han interpretado mis palabras. No se pueden abandonar las luchas en el campo estatal, por leyes, políticas e instituciones propias. Pero lo que quiero decir es que debemos llevar adelante otras luchas, sólo nuestras y en un campo otro, marginal con respecto a la égida del Estado, con estrategias autogestionadas de autoprotección. Necesitamos vínculos más fuertes entre mujeres, vínculos que blinden los espacios de nuestras vidas, independientemente de las leyes y las instituciones, y que rompan el modelo de la familia nuclear.

Hubo una viralización de videos de chicas que denunciaban algún tipo de violencia… ¿Cómo ves esos fenómenos?

–Creo que nosotras debemos construir nuestros propios blindajes. Volvernos agentes de nuestra propia protección por la ineficacia del Estado. Claro, los videos son un camino rizomático. Pero las estrategias no pueden tener un aspecto, un formato, una estética vanguardista. Veo negativamente toda forma de vanguardismo porque éstos se apartan de la sociedad como ella es y se constituyen en tutelas de quienes creen estar en la cresta de la onda, en general grupos o logias de illuminati, que están al tanto de lo hay que saber y hacer, pero por eso mismo acaban haciendo daño a lo que dicen defender. Es necesario que las estrategias de autodefensa proliferen pero no como prácticas vanguardistas, sino como prácticas de las rutinas, de las calles, de las casas, en la vida cotidiana de la gente tal como es. Las campañas de Twitter y Facebook son interesantes porque son formas de dispersión a través de las redes. Pero mucho más interesante es la palabra que circula boca a boca y en la calle. Uno de los problemas del feminismo es que se salió de la calle. El precio que tuvimos que pagar por institucionalizarnos, transformar lo que hacemos en carreras y en profesiones es precisamente que abandonamos el día a día y el cuerpo a cuerpo, en la calle y en los vínculos entre mujeres, que en el feminismo de los años setenta era muy fuerte y eficaz.

¿Cómo interviene la reproducción mediática en la lógica de estos hechos?

–En este contexto tenemos unos medios que colaboran con exhibir públicamente la agresión a las mujeres y al mismo tiempo afirman, declaran, y se suman al clamor de “ni una más” o “ni una menos”. ¿Cómo se entiende que los medios que rapiñan el cuerpo de las mujeres, dando lección de burla, de crueldad y de ataque a la dignidad de las mujeres, luego dicen sumarse a estas campañas? ¿Qué pretende Tinelli cuando dice esas consignas si él vive como proxeneta de los culos y las tetas de las mujeres que captura con la lente de su cámara y exhibe en su escaparate para el escarnio público? Creo que hay que desentrañar la operación: lo que hace es intentar desacoplarse. Tinelli sabe que la pedagogía de su programa televisivo enseña el ejercicio de la crueldad en los hogares y en la calle. Lo sabe, y por saberlo busca desacoplarse, escamotear, desmarcarse de su vínculo estrecho con ese sujeto que golpea y mata a una mujer. Hay una identidad común entre ese sujeto femicida y la cámara de Tinelli al explotar los cuerpos expuestos en su programa. Afinidad esta que Tinelli, cuando adhiere a la fórmula del “ni una menos”, pretende disimular. Frente a esto, pienso que la expansión de los derechos humanos siempre ha sido la expansión de la lista de nombres del sufrimiento humano, avanzar en el campo de los derechos siempre ha sido avanzar en el intento de nombrar las formas de sufrimiento y sus causales. A partir de la segunda mitad del siglo veinte hemos visto la proliferación de nombres para las modalidades de violencia contra las mujeres: violencia física, sexual, psicológica, moral, financiera y patrimonial. Todavía está por nombrarse la violencia alimentaria, ya que las mujeres comen menos y, cuando hay menos alimento en un hogar, las mujeres son las primeras que lo sienten, especialmente en el campo. También hemos nombrado el femicidio, que incluye los crímenes de la intimidad, como también los cometidos por los efectivos a mando de las mafias que operan en las nuevas formas de la guerra, y, en los países asiáticos, el desecho de las niñas. Incluyo allí, en esa categoría, también la trata y la explotación sexual porque hay mujeres en esa situación que viven en condiciones concentracionarias, o sea, en condiciones constitutivas del crimen de genocidio. Pero nos falta dar vida a un concepto fundamental en esta historia…

Te escucho…

–La fantástica herramienta del concepto de violencia mediática contra las mujeres, que ya forma parte de la ley 26.485, y que propongo aquí como categoría jurídica en el campo de los derechos humanos a la que debemos dotar de un elenco de contenidos precisos y activar con acciones concretas en la Justicia. Para que la victimización de las mujeres deje de ser un espectáculo de fin de tarde o de domingos después de misa. Para que los medios tengan que explicarnos por qué no es posible retirar a la mujer de ese lugar de víctima sacrificial, expuesta a la rapiña en su casa, en la calle, en la televisión de cada hogar, donde cada una de estas ejecuciones ejemplarizantes es reproducida hasta el hartazgo en sus detalles mórbidos por una agenda periodística que se ha vuelto ya indefendible e insostenible. Judicializar de verdad esta agenda violenta y reproductora del daño como solaz no sólo obtendrá, en algunos casos, sentencias por parte de los jueces, sino también, con su eficacia retórica, hará que la gente comience a sentir y pensar en los medios como violentos. Tenemos que trabajar para transformar la sensibilidad de las audiencias frente a la crueldad como diversión y ante los medios como objetables. Pasaríamos así a entender e interpelar a los medios con nociones afines a la de “autoría intelectual” y a la de “instigación al delito”, develando que, con relación a las mujeres y a los sujetos feminizados, funcionan como “brazo ideológico de la estrategia de la crueldad”.

 

Enlace original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9737-2015-05-30.html

 

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Brasil: mujeres protestaron en el Congreso contra la “cultura de la violación”

Brasil/02 junio 2016/Fuente: Nodal

Mulheres protestam no Congresso Nacional contra cultura do estupro

Um grupo de mulheres fez um protesto ontem (31) no Congresso Nacional contra a cultura do estupro. Com cartazes e faixas com os dizeres “Nenhuma mulher merece ser estuprada”, “Mexeu com uma, mexeu com todas e “Pelo fim da cultura do estupro”, as manifestantes procuraram chamar a atenção dos parlamentares para a importância do combate à violência e da sociedade para os constantes casos de abuso ocorridos no Brasil.

A deputada Luiza Erundina (PSOL-SP) chamou atenção para o caso da adolescente estuprada por vários homens em uma casa no alto do morro São José Operário, na zona oeste do Rio, há cerca de 10 dias. “Aquele estupro coletivo é algo que nos envergonha, a imagem do Brasil no mundo todo está manchada. Estamos aqui indignadas, querendo solução no que diz respeito à integridade física e psicológica das mulheres brasileiras”, afirmou a deputada, em discurso logo após a entrada das manifestantes no plenário da Câmara para abrir uma faixa em protesto contra a cultura do estupro.

A deputada Maria do Rosário (PT-RS) criticou alguns projetos em tramitação na Câmara, por considerar que atentam contra os direitos das mulheres. Maria do Rosário citou o que trata do Estatuto do Nascituro, que visa proibir o aborto em todos os casos, inclusive nos de estupro e de risco de vida para a mulher. “A Câmara tem que estar aberta para as mulheres, porque tramitam projetos de lei que são extremamente nocivos para as mulheres”, afirmou a deputada.

Maria do Rosário lembrou a importância de se garantir atendimento adequado às vítimas de violência sexual. “No Brasil, a cada 11 minutos uma mulher é vítima de violência sexual. Estamos diante de uma epidemia de estupros, de violência sexual. É preciso assegurar atendimento hospitalar, medicação adequada com antirretroviral, medicamentos para doenças sexualmente transmissíveis”, acrescentou.

O protesto começou no Salão Azul do Senado e de lá o grupo se dirigiu ao Salão Verde da Câmara. Inicialmente, o grupo, formado por parlamentares, funcionárias e integrantes de movimentos feministas tentou entrar no plenário, mas foi impedido pelos seguranças da Casa. Após negociação, as mulheres conseguiram entrar. “Este é um protesto pacífico, de muitas mulheres e muitos homens contra a violência, e o Parlamento brasileiro não pode dar esse exemplo de truculência ao Brasil”, disse a senadora Vanessa Gazziontin (PCdoB-AM).

Os manifestantes protestaram também no plenário do Senado, onde pediram ao presidente da Casa, Renan Calheiros (PMDB-AL), que coloque em votação o Projeto de Lei do Senado (PLS) 618/2015, que agrava a pena para estupro coletivo. Renan disse ao grupo que colocaria em votação a urgência do projeto.

“Basta de tanta violência, machismo e desrespeito às mulheres do país. Queremos que o Poder Legislativo, o Executivo e o Judiciário nos tratem com o devido respeito, com o devido direito, pois somos cidadãs brasileiras”, afirmou Erundina.

Fuente:

http://www.nodal.am/2016/06/brasil-mujeres-protestaron-en-el-congreso-contra-la-cultura-de-la-violacion/

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Malasia: Entregadas a sus hombres

Malasia/31 de mayo de 2016/Autor y Fuente: Kuala Lumpur/ El país

Mujeres y niñas rohingya huyen de la violencia sexual para contraer matrimonios concertados en Malasia

Norsimara llegó sola a Malasia hace tres años, cuando acababa de superar la mayoría de edad. Estaba soltera y huía de un país donde la vida de las mujeres vale el precio que los hombres pueden pagar por ellas. Tras sufrir una violación una tarde, Norsimara estuvo seis meses sin salir del único lugar donde se sentía segura, su casa. Finalmente, desde Myanmar (antigua Birmania) su padre concertó un matrimonio para ella con otro refugiado rohingya ya instalado en Malasia. Soltera corría peligro, así que aceptó la propuesta de casamiento y emprendió la ruta ya habitual para muchas mujeres de esta etnia. Dos semanas días de frío, hambre y miedo en el barco de unos agentes que la dejaron en Tailandia para luego caminar extenuada una noche hasta la frontera con Malasia. Ya en la capital, Kuala Lumpur, la boda entre desconocidos tenía lugar tan solo siete días más tarde.

“Es mejor casarnos con chicas jóvenes porque así no existe tanta diferencia de edad con los niños y pueden cuidar de ellos toda la vida. Las mujeres no necesitan trabajar, nosotros ya les damos lo que necesitan y en casa están seguras”, espeta Mohammad mientras se viste para marchar al trabajo.

Ya cuando su marido no está en casa, Norsimara confiesa con su hijo entre los brazos: “Siento que vivo en una cárcel. Nunca hemos podido decidir por nosotras mismas aunque queramos, tenemos que depender de las decisiones primero de nuestros padres y luego de nuestros maridos. Vine aquí para tener oportunidades, pero en Malasia aunque soñemos no tenemos futuro”.

A finales de febrero de 2016, un total de 53.700 rohingya fueron registrados en Malasia por el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados. Considerados una de las minorías étnicas más perseguidas del mundo, los rohingya de Myanmar han sido privados de su nacionalidad y son apátridas. El gobierno de Myanmar, un país de tradición budista y que hoy encauza una nueva era democrática liderada por Htin Kyaw, implantó en 1962 —año en que cayó bajo el gobierno militar— una serie de políticas que negaban la nacionalidad de esta minoría de religión musulmana y calificaban como migrantes de Bangladesh, a pesar de haber sido reconocidos como pueblo indígena desde la independencia de Myanmar de Gran Bretaña en 1948.

Consideramos una de las minorías étnicas más perseguidas del mundo, los rohingya de Myanmar han sido privados de su nacionalidad y son apátridas.

La escalada de violencia que se desató en 2012 en el estado de Rakhine (antiguo Arakan, territorio que concentra la mayoría de rohingya en Myanmar) convirtió a Malasia, país predominantemente musulmán que acepta su religión, en el principal receptor de rohingya que llegaban en barcos de traficantes hasta Tailandia. Una vez en la frontera, eran retenidos habitualmente por los contrabandistas en campos ubicados en la selva hasta que algún familiar pagaba —alrededor de entre 1.000 y 1.700 euros— por su rescate y quedaba liberado en la frontera del país vecino, al que llegaban tras una caminata de una noche o aglomerados en un camión. De esta forma, y a pesar de que Malasia no ha firmado la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 —ni sus protocolos de 1967, ni tampoco promulgar ninguna ley interna que reconozca el estatus legal de los solicitantes de asilo, refugiados y apátridas— este país del sudeste asiático acoge actualmente una de las mayores poblaciones de refugiados urbanos en el mundo procedentes de países de Asia, África y Oriente Medio que viven asentados en pisos ubicados mayoritariamente en Kuala Lumpur.

Hasta hace unos años, los refugiados rohingya y migrantes que partieron por mar desde Myanmar habían sido predominantemente hombres. Pero desde la escalada de violencia de 2012, la tendencia de género ha cambiado y cada vez son más las mujeres y niñas las que huyen de la violencia sexual, el peligro de secuestro y muerte al que están sometidas en su país de origen: “Ser mujer en Myanmar es muy duro. La familia no nos deja salir de casa a partir de los 10 o 12 años, cuando nos viene la menstruación y ya somos consideradas mujeres. En Malasia tenemos más seguridad, pero también hay muchas mujeres que sufren el maltrato de sus maridos dentro de casa”, explica Bibi Jamal, de 30 años que tenía una vida normal hasta que lo perdió todo en 2012.

Un día la policía fue a su aldea y quemó las casas con sus vecinos dentro. Cuando ella y su marido vieron su hogar arder en llamas lo dejaron todo y se montaron en la motocicleta con los hijos a cuestas. “Vi el fuego consumir mi propia casa. Ese mismo día la policía empezó a raptar a las chicas jóvenes para violarlas. La gente corría como loca por todas partes. Salimos por la puerta de atrás y mucha gente perdió a sus hijas”, recuerda nerviosa. Bibi llegó con su familia hasta Yangon, la capital del país, y se alojó en casa de unos familiares hasta que las autoridades se enteraron de que muchos rohingya se escondían en la ciudad y empezaron a llamar puerta por puerta para arrestarlos. Fue entonces cuando huyeron a Malasia para darles un futuro mejor a sus hijos. Pero a pesar de que encontraron un hogar seguro, las perspectivas de vida no fueron prósperas: “Nunca hemos tenido oportunidades ni derechos, ni en Myanmar ni en Malasia. Mi único deseo es ser reconocida ciudadana de un país en el que mis hijos puedan ir a la escuela y al médico si lo necesitan”, reclama Bibi con la fuerza de la que lucha cansada en los ojos.

Según el proyecto de Arakan, una ONG independiente que trabaja para mejorar la situación de la población rohingya en Myanmar, entre el 5% y el 15% de los rohingya que viajan por mar son mujeres y niños. Retenidas en muchas ocasiones en campos de traficantes como víctimas de abusos y explotaciones sexuales, son engañadas por las falsas promesas de los agentes. Sin nadie que las espere a su llegada, buscan desesperadas el hogar de algún conocido ya asentado en Malasia.“Las mujeres sufrimos más desventajas que los hombres porque nunca hemos tenido la oportunidad de ir a la escuela. El dinero que ha habido en casa siempre se ha invertido en los hijos varones y cuando llegamos a Malasia no sabemos hablar inglés ni tenemos herramientas para trabajar. Hemos aprendido a ir al son de nuestros hombres, pero esto no es la vida de una mujer”, explica Tasmida, representante del colectivo de mujeres de la Rohingya Society in Malaysia (RSM). “El problema es que muchas mujeres siguen llevando la misma vida que en Myanmar, se quedan en casa cuidando de los hijos sin ninguna expectativa más. La mayoría cree que han nacido para casarse. No entienden el sentido de formarse porque el mismo patrón se ha repetido a lo largo de generaciones”, continúa Tasmida. Y termina preocupada: “Nuestras vidas dependen de las decisiones de los hombres que tenemos al lado y esto nos convierte en blancos vulnerables”.

Casadas de niñas en Malasia

El matrimonio infantil y concertado entre refugiados rohingya en Malasia es una realidad habitual en la que ambas partes defienden salir beneficiadas. Niñas rohingya huyen solas de Myanmar en barcos custodiados por los agentes que sus padres pagan —alrededor de 1.700€ por persona— con la esperanza de que sus hijas tengan una vida mejor. “La mayoría de mujeres van a países como Malasia para casarse porque resulta mucho más económico para sus familias. En Myanmar se necesitan varios permisos de aceptación redactados por las autoridades y además la familia debe pagar entre 1,5 y cuatro millones de Kyats birmanos (entre 1.000 y 3.000 euros, aproximadamente) al marido. Además, si el esposo lo pide, también debe pagar el ajuar más los bienes que desee como tierras, una motocicleta, etc.”, explica Robaidah de 19 años, hija de padres rohingya refugiados pero que ya nació en Kuala Lumpur.

El matrimonio infantil y concertado entre refugiados rohingya en Malasia es una realidad habitual en la que ambas partes defienden salir beneficiadas

Como consecuencia del éxodo de hombres rohingya, muchos padres conciertan el matrimonio de sus hijas menores desde Myanmar con otros refugiados de entre 20 y 30 años que huyeron anteriormente a Malasia. Casarse en este país es mucho más fácil, ya que el registro de los matrimonios rohingya se hace generalmente dentro de sus comunidades: “La mujer no tiene que pagar nada, ni la ceremonia ni nada. El marido se compromete a mantener a su esposa y sus hijos durante el resto de su vida”, sigue contando Robaidah. Y concluye: “Si nos casamos tenemos futuro”.

La consecuencia de esto es que los matrimonios rohingya no son reconocidos por el Estado, lo que resulta en complicaciones al intentar registrar los nacimientos de los niños. Como consecuencia de ello, un gran número de niños rohingya que nacen en este país, como Robaidah, no son reconocidos con la ciudadanía malaya. Esto significa que no tendrán acceso a la atención sanitaria básica ni a educación formal. Generaciones de refugiados serán analfabetos con la única oportunidad de asistir a centros de aprendizaje operados por organizaciones no gubernamentales o Naciones Unidas. “Desde las organizaciones enseñamos inglés y algunos conceptos básicos de matemáticas pero no tenemos recursos suficientes para pagar a profesores que den una educación regular a nuestros hijos”, denuncia Tasmida, de la RSM.

Años de vida esperando

Familias de dos o tres generaciones de rohingya malviven en Malasia como inmigrantes ilegales, sin derecho a educación, sanidad, trabajo y otros servicios básicos. Hacinados en pisos compartidos en suburbios de la capital, expuestos a las explotaciones y el acoso constante en el sector laboral informal así como el riesgo de extorsión o detención por parte de las autoridades malayas, esperan ser reasentados por Naciones Unidas en países de acogida (principalmente Estados Unidos y Australia) en un proceso que puede durar alrededor de siete años, o incluso toda la vida y que terminará, en caso de ser aceptados, con el reconocimiento legal de sus derechos como refugiados y una nacionalidad con la que empezar a construir sus vidas.

Jainabbi es quizá la mujer más mayor refugiada rohingya que vive en Malasia. Con sus más de 90 años siempre soñó con ser reasentada algún día en Estados Unidos. Llegó a Malasia cuando tan solo tenía 20, después de ver morir a su marido y sus hijos. Ahora, en el pequeño apartamento de un descampado en las afueras de Kuala Lumpur, vive gracias a la ayuda de sus también vecinos rohingya que le proporcionan comida y medicinas cuando lo necesita: “Ya empiezo a olvidar la mayor parte de mi vida en Myanmar. Solo recuerdo el caos y los disparos del día en el que huí. Unos hombres se llevaron a mi hermana y la única opción para mí fue abandonar el país”, recuerda medio confusa. “Cuando llegué a Malasia —sigue contando— llevaba todos los días la imagen de mi marido en el bolsillo. Me sentía sola y sabía que me iba a sentir así durante el resto de mi vida”. Jainabbi dice que ya no recuerda con exactitud su pasado, pero habla con la claridad de aquellas que han construido la voz de la experiencia: “Mis padres eran gente muy pobre y nunca me pudieron llevar a la escuela. Nunca he sabido leer y escribir y rezo para que esto no les pase a otras mujeres porque sé que si hubiese podido estudiar hoy no estaría pasando mis últimos días en esta situación”.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/05/27/planeta_futuro/1464344119_036676.html

Imagen: http://ep01.epimg.net/elpais/imagenes/2016/05/27/planeta_futuro/1464344119_036676_1464348731_noticia_normal.jpg

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Advierte la Unicef en Brasil que es inadmisible la banalización de violencia sexual

 Brasilia, 27 may (RHC)

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Brasil consideró inadmisible que la violencia sexual continúe banalizándose y catalogó de inaceptables las violaciones colectivas de adolescentes ocurridas en Río de Janeiro y Piauí.

Los recientes casos de estupros colectivos constituyen graves violaciones de los derechos humanos y se suman a las altas estadísticas de violencia contra niñas y jóvenes registradas en ese país, señaló el organismo internacional en un comunicado difundido en Brasilia.

Refiriéndose a los hechos acaecidos en los estados de Río y Piauí, advirtió la Unicef que la divulgación masiva de la violación ocurrida en la urbe carioca, donde 33 individuos abusaron por la fuerza de una joven de 16 años, también refleja otro hecho alarmante y demuestra la naturalidad conque son vistos estos crímenes.

La exposición y el enjuiciamiento moral a que fueron expuestas las víctimas en las redes sociales deben ser un motivo permanente de indignación, subrayó el organismo de la ONU.

Unicef Brasil señaló, además, que la sociedad de esa nación suramericana tiene ante sí la gran tarea de promover y consolidar una cultura de equidad y de respeto a los derechos de todos los niños y niñas para que estos puedan crecer libres de violencia.

Fuente: http://www.radiohc.cu/noticias/internacionales/94909-advierte-la-unicef-en-brasil-que-es-inadmisible-la-banalizacion-de-violencia-sexual

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