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Los talibanes abrirán el miércoles las escuelas para las niñas en Afganistán

El Gobierno talibán anunció este sábado que con la reapertura de las escuelas el miércoles en Afganistán tras el parón invernal, todas las niñas podrán regresar a las aulas, después de que se prohibiera el regreso a las estudiantes de secundaria tras la llegada al poder de los islamistas el pasado agosto.

«Es un placer anunciar que todas las escuelas para niños y niñas comenzarán el 23 de marzo, según el nuevo procedimiento de acuerdo con la ley islámica», afirmó a Efe el portavoz del Ministerio de Educación, Aziz Ahmad Rehan.

El portavoz talibán recordó que «la razón por la que se detuvo la educación de las niñas (durante los últimos siete meses) fue la de trabajar en un procedimiento para que las niñas continuasen su educación de acuerdo con la ley islámica» o sharía.

Así, explicó Rehan, según las nuevas indicaciones aprobadas por la cúpula religiosa y gubernamental de los talibanes, el nuevo procedimiento se resume en cuatro puntos:

1) Alumnos y alumnas estudiarán en diferentes escuelas segregadas por sexo. 2) Las alumnas serán instruidas por maestras. 3) Las estudiantes de educación secundaria deben llevar velo. 4) Si no hay escuelas suficientes, niños y niñas asistirán a las aulas en diferentes turnos.

Con la reapertura de las escuelas de primaria y secundaria la semana que viene, el Ministerio de Educación detalló que unos 9,5 millones de alumnos estudiarán en 16.000 centros gubernamentales y 4.000 privados. Las clases serán impartidas por 194.000 maestros, de los cuales el 36 % son mujeres, con el mismo porcentaje de alumnas.

Este era uno de los anuncios más esperados en Afganistán, tanto por las jóvenes que habían visto interrumpida su educación con la llegada de los talibanes, como por la comunidad internacional, que reclamaba a los islamistas que garantizaran todos los derechos a los afganos, en especial a las mujeres, para reactivar el flujo de ayuda humanitaria.

El mes pasado los islamistas ya dieron un primer paso para la integración de las mujeres en el sistema educativo con la reapertura de las universidades, permitiendo también el acceso a las alumnas.

Pero aunque las universidades públicas y privadas afganas eran mixtas antes de que los fundamentalistas llegaran al poder, con hombres y mujeres estudiando en las mismas aulas, ahora los varones asisten antes del mediodía y las alumnas por la tarde.

La comunidad internacional ha seguido de cerca los primeros meses del Gobierno talibán, con la esperanza de que se distanciaran de la línea dura que impusieron durante su primera estancia en el poder entre 1996 y 2001, cuando a las niñas se les prohibió asistir a la escuela y se recluyó a las mujeres en el hogar.

En esta segunda etapa, los fundamentalistas islámicos, siguiendo una rígida interpretación del islam, se han mostrado algo más aperturistas, permitiendo, además de la educación femenina, el regreso de las mujeres al trabajo en sectores como el sanitario, pero las restricciones aún son amplias, como la obligatoriedad de viajar acompañadas por un varón de su familia.

Fuente: https://www.swissinfo.ch/spa/afganist%C3%A1n-mujeres_los-talibanes-abrir%C3%A1n-el-mi%C3%A9rcoles-las-escuelas-para-las-ni%C3%B1as-en-afganist%C3%A1n/47446480

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Sierra Leona: El país donde las violaciones de niñas se convirtieron en algo natural

En 2019, Sierra Leona convirtió el delito sexual contra menores de edad en emergencia nacional, tal era su frecuencia en este Estado, uno de los más pobres del mundo. Tres años después, las nuevas leyes no han logrado eliminarlo.

En 2019, Sierra Leona convirtió el delito sexual contra menores de edad en emergencia nacional, tal era su frecuencia en este Estado, uno de los más pobres del mundo. Tres años después, las nuevas leyes no han logrado eliminarlo.

Asegura Emanuel (nombre ficticio) que es inocente. Que antiguos enemigos de su familia lo orquestaron todo para que él acabara en la cárcel. Que el cargo por el que fue declarado culpable, abuso sexual a una menor, le parece abominable. Y que le resulta una injusticia manifiesta su condena: 14 años encerrado en la prisión de Pademba, el correccional central de Freetown –y un infierno en la tierra– situado en la capital de Sierra Leona, país africano de apenas ocho millones de habitantes y uno de los más pobres del mundo. “Mi casa estaba abierta para todo el mundo siempre. Por eso vieron a la chica varias veces entrar allí. Pero yo no hice nada malo. Fue una trampa, una venganza”, justifica.

Los casi 2.000 presos de Pademba repiten ese “soy inocente” hasta la saciedad. Pocos admiten haber cometido las fechorías por las que permanecen encerrados. Asesinatos, robos, tráfico y trata de personas, secuestros… Pero en la cárcel, como ocurre en el país, un delito destaca sobre todos los demás. El presidio está lleno de violadores y de agresores sexuales que encuentran en niñas a sus principales víctimas. Y Sierra Leona también. Según informes recientes de la policía local, en los cuatro primeros meses de 2021 se denunciaron 974 delitos de esta naturaleza. No es una media demasiado alta si se tiene en cuenta que, en 2018, las autoridades registraron unos 8.500 casos. En febrero de 2019, tras una brutal violación grupal a una pequeña de cinco años, el presidente Julius Maada Bio declaró emergencia nacional “por violación de niñas”.

Yusuf (nombre ficticio) tiene cicatrices en la cabeza, un cuerpo extremadamente delgado, marcas que parecen picaduras de insectos mal curadas en piernas y brazos, las cuencas de los ojos hundidas y unos pocos dientes amarillentos y ennegrecidos. Ronda la treintena, aunque aparenta bastantes más porque su salud es frágil y parece castigada. Dice que lleva en Pademba casi cinco años. Y que todavía le quedan otros cinco para cumplir la pena de diez que un juez le impuso por violar a una menor de edad en 2015. Él ha dejado de entonar la cantinela de que es inocente y admite que tuvo sexo con aquella niña. Pero opina, rotundo, que la justicia no ha sido proporcional y que el delito que cometió no merece tanto tiempo de privación de libertad.

―¿Por qué dices que el juez fue injusto contigo?

―Porque mi delito duró 30 minutos y mi condena, diez años.

―¿Y la muchacha? ¿Sabes qué ha sido de ella?

―No… No quiero saber nada. Esa niña me destrozó la vida.

La cultura de la violación

Amida Aminata Sandy tiene 14 años. Nació en Bo, la segunda ciudad en tamaño y población de Sierra Leona tras Freetown, pero pronto se trasladó a Lakka, un distrito de la capital, donde reside desde que tiene memoria. Su vida, en realidad, no distaba mucho de la de otras chicas y chicos de su país. Sus padres se separaron siendo ella una chiquilla y se quedó con su madre. Pero un día, la mujer, que padecía diabetes, se desmayó. Amida cuenta que estuvo tres meses en coma en el hospital y que ella se mudó a una vivienda familiar habitada por su tía. Las primeras semanas llevaba una rutina muy normal. “Mi padre me pagaba el colegio, así que iba, estudiaba y después regresaba a casa, donde ayudaba en lo que me pedían. La relación con mi tía no era buena, pero al principio todo fue bien”, dice.

Al poco de llegar, prosigue Amida, su tía trajo a dos amigos para que trabajaran en algunas labores, dos chavales que no tenían dónde pasar las noches, por lo que usaban la propia vivienda. Algo que no resulta raro en un país en el que ni siquiera trabajar te libra de la pobreza más absoluta; casi el 53% de la población sierraleonesa debe vivir con menos de un euro y medio al día. Aquí, la falta de recursos es algo natural y presente en cualquier hecho cotidiano. “Ellos solían dormir en el salón y nosotras en un dormitorio, así que no nos veíamos mucho”, explica la niña.

El 22% de las violaciones denunciadas llega a la Fiscalía General del Estado. Y solo el 1% acaba en una sentencia condenatoria para el acusado

Un día, cualquiera de los vacacionales de junio de 2020, uno en el que la tía de Amida había abandonado temprano la casa y la muchacha, ya con 13 años, descansaba tranquilamente en su cama, sola, todo cambió para siempre. Ella lo recuerda así: “Uno de aquellos hombres entró en la habitación. Yo le dije que se fuera, pero él solo contestó que si gritaba me iba a matar. Entonces me cogió de la mano y del brazo, tapó mi boca y abusó sexualmente de mí. Yo luché, luché y luché. Pero él me sujetaba y yo no era capaz de protegerme ni de hacer nada. Cuando acabó, vi mi propia sangre en las sábanas. Entonces me enseñó un cuchillo y me dijo que acabaría conmigo si contaba algo”.

Amida hizo caso a la amenaza y no habló de aquella violación con nadie. Ni siquiera con su tía. “Pensaba que, aunque le prometiera que era cierto, ella no me iba a creer. Incluso pensé que me echarían de aquella casa por mentirosa”, dice. No fue hasta que volvió a ver a su padre y a la mujer de éste cuando la niña se atrevió a hablar. Era septiembre del 2020. El siguiente paso fue ir a la policía y denunciar. Los agentes la derivaron a un refugio que la ONG Salesiana Don Bosco Fambul tiene en Freetown para chicas que han pasado por situaciones parecidas, donde se quedará al menos hasta que se esclarezca su caso. “Ahora estoy esperando el juicio, aunque nadie sabe dónde está el hombre. Ha huido. Yo me encuentro bien; solamente quiero que se haga justicia”, finaliza Amida.

Una rutinaria impunidad

Los casos de violadores o abusadores sexuales que huyen o que resultan imposibles de localizar tras cometer estos delitos no suponen una excepción en esta nación. Un estudio interno que Don Bosco Fambul realizó en 2019 tras visitar todas las Unidades de Apoyo Familiar del país –la unidad de la policía local encargada de las infracciones que tienen como víctima a los menores de edad– arrojó que únicamente el 22% de los casos denunciados llegaban a la Fiscalía General del Estado. Y, que de ese porcentaje, apenas el 1% acababa en una sentencia condenatoria para el acusado. “Sierra Leona debería haber reconocido ese estado de emergencia hace muchos años. A mi parecer, la declaración fue positiva porque llamó a la población a abrir los ojos y a decir: ‘Algo pasa”, expresa el misionero salesiano Jorge Crisafulli, director de la ONG.

Explica Crisafulli que niñas como Amida, menores de edad en general, son la parte más vulnerable de la sociedad sierraleonesa. Que los problemas suelen golpearlas a ellas con más virulencia. Eso explicaría, por ejemplo, las estadísticas que afirman que el 28% de las jóvenes de entre 15 y 19 años tiene algún hijo o está esperándolo o que el 39% de las niñas se casa antes de cumplir los 18 y un 13% lo hace antes de los 15. También habla el salesiano de las secuelas psicológicas, de esas heridas profundas pero invisibles a simple vista. “El trauma de la violación permanece para siempre. Cuando ocurre es importante crear un ambiente de resiliencia donde la niña vuelva a tener confianza en sí misma, en los demás, donde pueda tomar decisiones, hablar delante del grupo…”.

Los casos que han encarado Crisafulli y su equipo en los últimos años son múltiples, tanto como su naturaleza y procedencia. Él menciona alguno: “Hay una niña que vino con su bebé, de la que abusó su profesor. La reunificamos con su abuela, pero ha tenido que cambiar de colegio porque el maestro ha vuelto a dar clases en la escuela donde agredió sexualmente a la nena. El hombre ha reconocido que el chico es su hijo, pero ella me dice que tiene que ir por las mañanas al mercado, a vender, para darle de comer al niño”. Y está también el caso de una adolescente a la que agredió sexualmente un conocido político de su ciudad, por lo que la muchacha no podrá regresar nunca a su casa. Y el de otra a la que violaron entre tres jóvenes, aunque dos de ellos escaparon y nadie ha podido llevarlos a la corte. Así un largo y doloroso etcétera.

Imagen de archivo de presos de la cárcel de Pademba, en Freetown, Sierra Leona, en noviembre de 2006.
Imagen de archivo de presos de la cárcel de Pademba, en Freetown, Sierra Leona, en noviembre de 2006.LYNSEY ADDARIO (GETTY IMAGES)

“La corrupción juega un papel muy negativo. Hay expedientes que, simplemente, desaparecen. Algunas víctimas denuncian casos de violaciones incluso dentro del ambiente de la policía, lo que pasa es que tratan de cubrirlo. Las niñas son capaces de señalar a los agentes en concreto, de ubicar los lugares, pero, claro; ¿cuál es la voz de un pobre aquí, en Sierra Leona? Ninguna”, finaliza el salesiano. Y esa desconfianza hacia las autoridades y políticos locales no resulta injustificada. De nuevo, las muestras vuelven a ser tan claras como numerosas. Quizás, la más sonada se diera en octubre de 2020, cuando el presidente del país suspendió a su ministro de Agricultura y al secretario de la Vicepresidencia por aparecer en unos informes internos sobre corrupción y exigió la devolución de miles de euros a otro centenar de personas, a los que acusaba de haber robado durante los últimos diez años.

Cambios en las leyes

“No es que Sierra Leona se produzcan más violaciones que en las naciones vecinas, sino que aquí la determinación de acabar con este problema es mucho mayor”, justifican fuentes de la Unidad de Apoyo Familiar de la comisaría de Ross Road, encargada de la mitad oeste de la capital. Y ponen como ejemplo todos los cambios que se han producido en las leyes locales desde la declaración de aquella emergencia nacional. Cambios como la aprobación de una nueva ley, la Sexual Offence Act 2019, que sustituye a la 2012 y establece penas mínimas (antes no las había y dependía de lo que decidiera el juez de turno), nuevas circunstancias agravantes para violadores y abusadores e incluso la cadena perpetua. O la creación de una unidad en la policía exclusiva para crímenes de naturaleza sexual. O la implantación de ocho nuevos magistrados que se encargan únicamente de juzgar estos delitos, lo que contribuirá a acelerar los procesos.

Pero los cambios sobre papel no siempre llegan a las niñas de a pie. Anna (nombre ficticio) llora desconsolada sentada en un banco de madera de la comisaría de Allen Town, otro de los distritos de Freetown, a una media hora en coche de la de Ross Road. Tiene 13 años y ha acudido sola hace unas horas a denunciar que un hombre la ha violado. Mientras cuenta su historia, un agente vestido de paisano le toma declaración a mano, para lo que usa un bolígrafo y un par de folios. Poco sabe Anna de leyes, de emergencias nacionales y de penas privativas de libertad. Ella está a punto de empezar su propia batalla: la de asimilar lo que le ha pasado, la de escuchar y empatizar con otras víctimas y la de comprender que, en su país, su historia no es algo aislado, que hay demasiadas Annas en las calles de Sierra Leona.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2022-01-25/el-pais-donde-las-violaciones-de-ninas-se-convirtieron-en-algo-natural.html

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Unesco pide que no se obstaculice el acceso a la educación de las niñas en Afganistán

Audrey Azoulay, directora del organismo, apuntó que el futuro de Afganistán depende de las mujeres y niñas.

Audrey Azoulay, directora general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), frente a la toma de poder de los talibanes en Afganistán, sentenció que “nada debe obstaculizar el derecho fundamental a la educación, en particular para las niñas y las mujeres“.

En esta línea, hizo un llamado para que no exista discriminación, que tanto docentes como estudiantes puedan llevar a cabo sus actividades con seguridad y que las mujeres y niñas continúen aprendiendo “sin restricciones”.

Resaltó los logros en materia de derechos para mujeres y niñas que se han alcanzado en 20 años en la mencionada nación, sobre todo en el ámbito de la educación.

Apuntó que el organismo internacional que encabeza realizará esfuerzos para que la ciudadanía afgana tenga garantizado el derecho a la educación, el cual, señaló, es “indispensable para el ejercicio de los otros derechos humanos y para el desarrollo de Afganistán”.

Entre 1996 y 2001 los talibanes controlaron Afganistán, imponiendo diversas restricciones que vulneraron sobre todo los derechos del sector femenino, pues no se les permitía estudiar, ir a trabajar, ni salir sin estar acompañadas de un hombre.

Los castigos al no acatar las normar que impuso la facción extremista eran tan graves como la lapidación pública, sentencia que consta en lanzar piedras a la persona acusada hasta su muerte.

En la víspera los talibanes realizaron una conferencia de prensa en la que aseguraron que se respetarían los derechos de las mujeres en los límites de la ley del islam, sin embargo las afganas no tienen garantía de que eso en realidad vaya a cumplirse.

 

Fuente: https://www.vibetv.mx/salud/20210818/unesco-pide-que-no-se-obstaculice-el-acceso-a-la-educacion-de-las-ninas-en-afganistan/

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Las niñas de coros escolares ganan la batalla por su derecho a cantar en Afganistán

El Ministerio de Educación afgano prohibió a las niñas mayores de 12 años cantar en coros escolares. La movilización, con más de un centenar de mujeres compartiendo vídeos de canciones infantiles, logró que el Gobierno diera marcha atrás, pero la educación de las niñas sigue estando llena de obstáculos.

La guerra en Afganistán no ha perdonado al sistema educativo del país. Las escuelas se han ido politizando, tanto por el extremismo religioso como por la búsqueda del poder político en este país islámico, en donde algunos intentan introducir una dimensión ideológica en el sector educativo. En teoría, el Gobierno afgano fomenta el acceso de las niñas a la educación, pero en la práctica, las niñas de algunas zonas del país siguen siendo limitadas para asistir a la escuela.

Aunque la igualdad de género figura en la constitución afgana, la brecha existe y es grave. Najiba Arian, portavoz del Ministerio de Educación afgano, afirma que actualmente hay 9,7 millones de alumnos escolarizados en el país, de los cuales el 42% son niñas. Sin embargo, casi 3,7 millones de niños y niñas en edad escolar (de los cuales 60% son niñas) se encuentran fuera del sistema escolar.

Las dificultades de acceso a la educación son más pronunciadas en las provincias del sur y del este del país, dice Arian, no solo por la inseguridad, sino también por la persistencia de costumbres tradicionales y tribales. La mayoría de estas zonas pertenecen a grupos étnicos y se encuentran bajo el control de los talibanes, que que gobernaron el país en la década de los 90 y que, a pesar de sus recientes declaraciones de cambio, siguen oponiéndose a la educación de niñas y mujeres, por ejemplo destruyendo escuelas que se han construido en los últimos 20 años.

Sin embargo, estos y otros retos han empujado a las mujeres afganas a no rendirse.

En 2015, el Ministerio de Educación introdujo un controvertido plan de reforma que introducía uniformes para las alumnas — vestidos largos y de color oscuro que cubrían todo el cuerpo, similares a los que utilizan los grupos islamistas extremistas. Muchos activistas de la sociedad civil condenaron el plan, argumentando que la ropa no solo promovía el extremismo, sino que también era demasiado calurosa para llevarla en verano, cuando las escuelas están abiertas en el país. Finalmente, el Ministerio tuvo que abandonar la idea. En algunas partes del país, donde el conservadurismo y las costumbres tribales siguen siendo fuertes, las jóvenes usan este tipo de vestimenta —que cubre también sus rostros—, a pesar de las altas temperaturas, lo que dificulta tanto ir a la escuela como prestar atención en clase.

Una movilización online, espontánea y sin líderes

Sin embargo, la batalla por la igualdad de género en las escuelas afganas ha adquirido recientemente un nuevo matiz, gracias a un movimiento online por los derechos de las mujeres y que pretende dar voz a quienes han sido silenciadas durante demasiado tiempo: la campaña coral Ma’arif (que significa educación).

La campaña fue el fruto de la indignación suscitada después de que uno de los departamentos del Ministerio de Educación anunciase, en marzo de 2020, que las alumnas mayores de 12 años tenían ahora prohibido cantar en coros escolares, ya sea en público o delante de hombres.

Espontánea y sin líderes, la movilización adoptó una forma original. Más de un centenar de mujeres colgaron en Internet, a causa de la pandemia, vídeos en los que cantaban canciones de su infancia y cuestionaban por qué se les impedía cantar a las niñas habiendo pasado dos décadas desde la caída del Gobierno talibán. La campaña obtuvo un amplio apoyo de la opinión pública, de forma sostenida.

Una vez más, la protesta logró hacer retroceder al Gobierno. El Ministerio de Educación acabó emitiendo un comunicado en el que sostenía que el plan «no reflejaba la posición y la política oficial del Ministerio». Wahid Omar, asesor del presidente afgano Ashraf Ghani Ahmadzai, declaró: «Ningún individuo o institución puede poner límites a los ciudadanos, [sería] contrario al espíritu de la Constitución del país».

El plan fallido para fusionar escuelas con mezquitas

A comienzos de 2021, el Gobierno intentó otra maniobra, esta vez para fusionar las escuelas con las mezquitas durante los tres primeros años del plan de estudios de primaria —probablemente para asegurar la influencia de los círculos islamistas radicales, como el de los talibanes—, pero nuevamente se detuvo en seco tras una ola de protestas online. El ministro de Educación, Assadullah Hanif Balkhi, se justificó en ese momento diciendo que el programa tenía como objetivo facilitar el acceso a la educación a los alumnos de zonas que no tienen escuelas, y que el plan de reforma había sido malinterpretado.

«Tanto el plan de fusionar las escuelas con las mezquitas durante los tres primeros años de educación como el de prohibir que las alumnas mayores de 12 años canten en las escuelas son esfuerzos para radicalizar y ‘talibanizar’ el sistema educativo afgano», lamentó Fariha Esaar, una de las activistas que cantó para las cámaras durante la campaña coral.

Ahora, con la retirada de las fuerzas militares extranjeras y la posibilidad de una escalada de la guerra civil en el país, añadió, existe una gran preocupación por la influencia del grupo armado en algunos círculos. «No podemos permanecer en silencio. Debemos levantarnos y evitar que el extremismo se inmiscuya en el sistema educativo. Esta vez lo hemos conseguido, pero necesitamos planes de acción más estructurales para garantizar la igualdad de género, y para que las decisiones políticas no excluyan a las mujeres».

Ghulam Dastgir Munir, profesor y experto en educación, afirma que fue suspendido de su puesto en una escuela pública tras criticar abiertamente iniciativas radicales como la educación de los niños en las mezquitas y la prohibición de que las niñas canten. Para él, el principal reto sigue siendo el reparto de plazas y puestos en el sector de la educación, que actualmente no se asignan en función de la experiencia sino de la afiliación política. Para garantizar la igualdad de género y despolitizar las escuelas, dice, los nombramientos deben estar libres de toda afiliación política.

La campaña coral Ma’arif es un ejemplo de éxito en la lucha de la sociedad civil por la igualdad de género en Afganistán. Pero un plan de acción a largo plazo es necesario para acabar con las desigualdades en las escuelas. Uno que aumente la tasa de maestras y sensibilice a las familias sobre la importancia de la educación de las niñas, especialmente en las zonas aisladas.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/ninas-coro-ganan-batalla-derecho-cantar-afganistan_1_8104799.html

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Una de cada tres niñas venezolanas ha abandonado sus estudios tras emigrar, según Plan International

Una de cada tres niñas y adolescentes venezolanas refugiadas en países de la región han abandonado sus estudios tras emigrar, según un informe de Plan International que alerta también de la falta de cobertura de otras necesidades básicas, como la alimentación.

La ONG ha entrevistado en Colombia, Ecuador y Perú a más de 450 niñas y jóvenes de entre diez y 19 años, para elaborar un estudio, ‘Niñas Venezolanas: Voces de la migración. Estudio en Colombia, Ecuador y Perú’, con el que expone que las carencias de los migrantes venezolanos se han agudizado a raíz de la pandemia de COVID-19.

La educación es una de las grandes perjudicadas, por distintos motivos. Un 28 por ciento de las entrevistadas asegura que ha dejado los estudios por la falta de documentos, el 20 por ciento porque «no hay cupo», el 15 por ciento porque ya tiene un hijo y el 13 por ciento debido a la pandemia.

Una de las adolescentes entrevistadas en Quito explica que su intención era seguir estudiando, pero la realidad económica de su familia lo hizo inviable. «Mi mamá no puede sola (…) Tengo que dejar los estudios para ayudar a mi hermana, igual que a mi mamá», cuenta a Plan.

Para otras muchas, el aula es sinónimo de estigma, como advierte una adolescente de 15 años residente en el municipio colombiano de Soledad. Afirma que la primera vez que fue a clase sus compañeros la llamaron ‘veneca’, el término despectivo para los migrantes venezolanos: «Se burlaban de mí y me decían que era una muerta de hambre».

FALTA DE COMIDA

Por otra parte, un 84 por ciento reconoce que se han preocupado en algún momento por la falta de comida y un 44 por ciento señala que se ha ido a la cama con hambre y ha tenido que pedir limosna o comida que se había tirado, recoge el informe, presentado con motivo del Día Mundial del Refugiado este domingo.

Plan International, que trabaja brindando asistencia a la que está considerada la segunda peor crisis migratoria del mundo –solo por detrás de Siria–, ha instado a los gobiernos de Colombia, Ecuador y Perú que adopten políticas públicas que protejan los derechos de las niñas a nivel jurídico y que materialicen la recuperación de sus derechos.

La directora general de la ONG en España, Concha López, ha subrayado que «es necesario que todas las partes implicadas trabajen unidas para proteger los derechos de las niñas y adolescentes migrantes, garantizando su acceso a una educación completa, es decir, gratis, inclusiva y de calidad».

Fuente: https://www.notimerica.com/politica/noticia-venezuela-cada-tres-ninas-venezolanas-abandonado-estudios-emigrar-plan-international-20210620020221.html

 

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Afganistán revoca prohibición de que niñas canten en público

La prohibición de que las niñas canten en público, impuesta la semana pasada por las autoridades educativas de la capital de Afganistán, fue revocada tras una campaña de protesta en las redes sociales.

Los coros de colegialas son habituales en los actos oficiales afganos, pero cuando las autoridades educativas de Kabul prohibieron la participación de adolescentes se produjo una reacción inmediata.

La orden suscitó temores de que los funcionarios de educación estuvieran «talibanizando» el país, anunciando un retorno a la época en que el grupo islamista prohibía la participación de las mujeres en casi todos los ámbitos de la sociedad.

A última hora del domingo, el ministerio de Educación emitió un comunicado en el que afirmaba que la prohibición «no refleja las posiciones o políticas del Ministerio».

El anuncio llegó tras una reacción masiva en las redes sociales con el hashtag #IAmMySong.

«En Afganistán, el ministerio de Educación ha sofocado hoy las voces de nuestras niñas al hacer ilegal que canten», tuiteó Shamila Kohestani, excapitana de la selección nacional de fútbol femenino.

La controversia se produce en medio de los temores de un posible regreso de los talibanes al poder, cuando Estados Unidos está estudiando la posibilidad de retirar las tropas que todavía tiene en el país en las próximas semanas, de conformidad con un acuerdo histórico firmado con los insurgentes el año pasado.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/notas/2021/03/15/mundo/por-descontento-afganistan-revoca-prohibicion-las-ninas-canten-en-publico/

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Las niñas no se tocan, no se violan, no se matan

El encierro de niñas, niños y adolescentes no es la respuesta.

En Guatemala se aplica la estrategia del terror en el cuerpo de niñas, niños y adolescentes.

Guatemala transita por uno de los episodios más negros de su historia reciente. Desamparada e impotente ante el poder de las mafias, la población se paraliza ante la realidad de un Estado secuestrado por organizaciones criminales que operan en connivencia con las más altas autoridades y la condenan al miedo y a la sumisión. Los esfuerzos de estos grupos por apoderarse del último bastión de la justicia –la Corte de Constitucionalidad- lleva un siniestro mensaje: la democracia, que tanta sangre y dolor ha costado desde los tiempos de las dictaduras, está a punto de ser aplastada por un pacto entre políticos, élites empresariales y militares ignorantes, codiciosos, obtusos y sedientos de poder.

El escenario actual parece haber sido planificado en detalle para borrar hasta el último intento de oposición ciudadana y comienza a delinearse como un intento de acabar con cualquier resquicio de respeto por la Constitución y sus mandatos. La ciudadanía –ese conglomerado en donde supuestamente reside el poder- se encuentra sitiada y niñas, niños, adolescentes y mujeres parecen haber sido cuidadosamente escogidos como víctimas propiciatorias de esta escandalosa maniobra, diseñada para acallar toda rebelión, silenciar a las masas y obligarlas a aceptar lo inaceptable.

Los secuestros, desapariciones, violaciones y asesinatos de niñas, niños y adolescentes han alcanzado niveles de terror. Los mensajes de alerta se han convertido en un cuadro cotidiano y, por lo mismo, han dejado de provocar reacciones, creándose un ambiente de acostumbramiento a los peores actos de violencia contra el sector más inofensivo y vulnerable de la sociedad. Guatemala se presenta ante la comunidad internacional como un país de impunidad, como una nación en donde el crimen organizado impera y decide los destinos de la patria. Como un territorio carente de justicia, en donde la ley opera dependiendo del tamaño del soborno.

Esta vergüenza de nivel planetario no afecta el negocio de las mafias, pero constituye un lastre inmenso y una constante amenaza para el futuro del país, cuya población observa impotente cómo se van por el barranco sus escasas oportunidades de alcanzar un desarrollo que, hasta ahora, ha sido sistemáticamente saboteado por sus élites empresariales y los cuadros políticos más retrógrados y corruptos. Cualquier intento por revertir este estado de cosas -perfectamente consolidado para mantener los privilegios de estos sectores- requiere la intervención directa de la ciudadanía. Pero la gente tiene miedo y ese miedo representa el pase libre para los criminales en el poder.

A las niñas, niños y adolescentes les está secuestrando, violando y asesinando el sistema. Para estas vidas inocentes no existe justicia; su destino, depende de instituciones capturadas por individuos nefastos coludidos con los victimarios, cuya indiferencia e inoperancia parecen ser parte del pacto criminal. Las niñas y niños no se violan, no se tocan, no se asesinan. Quienes cometen estas atrocidades al amparo de una justicia apática y corrupta merecen castigos ejemplares y definitivos. Asimismo, quienes pretenden –con actitud paternalista y condescendiente- someter a niñas, niños, adolescentes y mujeres al encierro para no ser víctimas de estas acciones viles, se convierten en cómplices de los criminales. Pretender adjudicarles la culpa por los ataques siniestros que sufren en todos los espacios es una absoluta aberración. Las calles, escuelas, templos y hogares deben ser santuario de protección para lo más valioso de la sociedad y no rincones propicios para el abuso.

Fuente: https://rebelion.org/las-ninas-no-se-tocan-no-se-violan-no-se-matan/

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