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Le llegó la hora a las universidades públicas regionales

Por: Julián de Zubiría

Ante la suspensión del programa Ser Pilo Paga, el país tiene una oportunidad de oro: invertir esos recursos en las universidades públicas regionales para garantizar el derecho a la educación de más estudiantes, crear nuevos polos de desarrollo y construir la paz.

Los medios de comunicación han hecho creer a muchas personas que las universidades públicas, supuestamente, son de calidad baja y alto costo para el Estado. Lo dicen y lo repiten; y todos sabemos que las mentiras y las medias verdades que se reiteran tienden a creerse como verdades y a hacer parte de las narrativas culturales. Sin embargo, esa afirmación sobre nuestras universidades encuentra poco sustento en la realidad.

El imaginario que han creado los medios es que las universidades públicas permanecen cerradas por huelgas, que los semestres se alargan y se cancelan, que son centros de adoctrinamiento terrorista, que los jóvenes aprenden poco y que le cuestan mucho dinero al Estado. De cara a este supuesto, hay que hacer conciencia de que existe un claro interés en un sector económico y político del país por apoderarse de los recursos de la universidad pública. Ser Pilo Paga fue un buen ejemplo de esta estrategia. Lo mismo ya pasó en el país con la salud, las pensiones, el transporte y diversos sectores económicos. En las pensiones, por ejemplo, antes de captar ingenuos que se trasladaran del sector público al privado, inundaron los medios de mentiras y difamaciones contra el seguro social. Dijeron que se iba a acabar, que era inviable y que terminaría quebrado. El objetivo era uno solo: atemorizar a la población para presionar su traslado a los fondos privados. La estrategia ha sido casi siempre la misma: el miedo como arma oculta. Hoy vemos miles de profesionales que comenzaron a recibir pensiones de miseria, equivalentes a salarios mínimos, mientras los grandes grupos financieros acrecientan su capital.

Algo similar están intentando hacer con la educación pública. Ya iniciaron la estrategia. En la mayor parte de los medios de comunicación debilitan, estigmatizan y desprestigian a la universidad pública. El objetivo es uno solo: controlar sus recursos y apoderarse del mercado.  La estrategia es la misma: el miedo.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que resulta difícil comparar la calidad de universidades que trabajan con jóvenes de estratos, contextos socioculturales y regiones diferentes. En sentido estricto, no son comparables porque trabajan con individuos con capitales sociales y culturales demasiado diversos. También resulta poco pertinente comparar universidades con niveles de especialización y énfasis diferentes (técnica, pregrado, maestría o doctorado). Sencillamente, no es posible. Si no se tiene en cuenta lo señalado, la comparación y los rankings resultan totalmente arbitrarios, como actualmente está sucediendo en nuestro medio.

Lo segundo que hay que considerar es que dos instituciones se podrían comparar por múltiples criterios y que hay que tener en cuenta cuál resulta más pertinente para el fin buscado.

En contra de lo que suele creer la mayoría de la población, en la Universidad Nacional no se ha suspendido un solo semestre desde hace 19 años, pero los medios siguen dando la idea de que allí no hay continuidad académica. Es más, no hubo ningún cierre de más de un día durante los cinco años que duró el proceso de paz, pero los medios no registran estas noticias. ¿Por qué será?

Para hacernos creer que las privadas son de mayor calidad que las públicas, los medios masivos de comunicación recurren a los resultados de las pruebas SABER PRO, en las cuales es más alta la presencia de las universidades privadas de élite en los lugares destacados.  Pero resulta que de todos los indicadores con los que cuenta la sociedad, éste sería el menos pertinente para evaluar la calidad de una institución de educación superior por una razón muy sencilla: no tiene en cuenta el nivel en el que ingresaron los estudiantes. Sería similar a que, en una competencia de 100 metros, eligiéramos a los ganadores permitiendo que algunos de los corredores salieran 80 metros adelante y otros 50, en tanto que a la mayoría se le exigiera partir desde la raya. Eso lo saben los medios de comunicación, los funcionarios del Ministerio de Educación Nacional (MEN) y los directivos de las instituciones. Sin embargo, lo ocultan para favorecer a las privadas de élite que seleccionan sus estudiantes en el quintil más alto según los resultados de las pruebas SABER 11.

Para corregir el problema de las pruebas SABER PRO, que no tienen en cuenta el nivel de las competencias con las que ingresan los estudiantes, se han creado las pruebas de valor agregado. Las creó el propio MEN. El problema es que las mantiene bajo llave, cuando deberían ser de acceso público. Éstas establecen la diferencia entre el valor alcanzado al ingresar a la universidad y el que obtiene al salir. Es sensiblemente mejor que tener sólo en cuenta el valor alcanzado en SABER PRO, ya que nos permite ver cuáles son las que más logran impactar a sus estudiantes en lectura crítica, y razonamiento cuantitativo. Como son las mismas competencias en SABER once y SABER Pro, podemos ver qué tanto agrega la universidad en cada una de las competencias.

Si tuviéramos en cuenta las pruebas creadas por el propio MEN, de las cinco universidades que más valor agregan en lectura crítica, tres de ellas son públicas y dos privadas. Es de destacar que algunas de las universidades más famosas del país son desplazadas a lugares muy bajos de la tabla, en tanto que otras, relativamente poco conocidas, ascienden muchos puestos. Lo anterior sucede porque la mayoría de las privadas muy famosas reciben estudiantes con un puntaje muy alto en SABER 11 y terminan agregando muy poco valor, en tanto algunas universidades oficiales reciben estudiantes con bajos puntajes SABER 11 y bajo capital cultural, los cuales logran mejorar de manera significativa durante su tránsito por la universidad. La excepción la constituyen dos universidades oficiales: la de Antioquia y la Nacional, las cuales, aunque reciben estudiantes con puntajes relativamente altos en SABER 11, adicionalmente, agregan mucho valor.  Este es el listado creado por el propio MEN:

Si usáramos como criterio el construido por Sapiens Research Group, el de las universidades que más apropian socialmente el conocimiento, para el año 2018, ocho de las diez mejores universidades serían públicas y la lista la encabezarían la Nacional y la de Antioquia. Si utilizáramos el criterio de procesos de innovación e investigación que construye el SCimago, el más respetado por los investigadores y el cual combina indicadores de publicaciones, investigadores y patentes; para el año 2018, nuevamente tres de las cinco universidades son públicas y la lista la siguen encabezando la Universidad Nacional y la de Antioquia. Un solo dato ilustrativo: la Nacional cuenta con 585 grupos de investigación reconocidos por Colciencias y, en el año anterior, alcanzó 1.451 artículos publicados en revistas indexadas.

Sin embargo, el criterio más importante sigue siendo el valor agregado, ya que ese es el sentido más importante de una universidad: garantizar que el trabajo que se realice en sus aulas impacte de manera profunda y estructural en las maneras de pensar, sentir y actuar de los estudiantes. En estas pruebas, para el caso de lectura crítica –como hecho muy significativo– las universidades que alcanzan mayor impacto son las universidades públicas.

Las anteriores reflexiones son esenciales si se tiene en cuenta que el gobierno de Iván Duque acaba de suspender el programa Ser Pilo Paga, mediante el cual se venían transfiriendo de manera masiva los recursos públicos hacia unas muy pocas universidades privadas. Ojalá el nuevo gobierno escuche el clamor de profesores y estudiantes de las universidades públicas. La mayoría de ellas se encuentra en asamblea permanente, exigiendo el derecho a la educación. La desfinanciación de las universidades públicas está tocando fondo, mientras, equivocadamente, veníamos invirtiendo cerca de un billón de pesos anuales en tan solo el 2% de los egresados de la educación media. Ningún padre de familia que tenga cien hijos, alimenta bien a los dos mayores, en tanto les da agüepanela con pan a todos los demás. El Estado colombiano lo ha estado haciendo.

En Colombia, el 90% de los jóvenes que pertenecen al estrato uno no continúan sus estudios en la educación superior. Cada año, 300.000 jóvenes que culminan su educación media frustran sus sueños y se ven condenados a continuar en la pobreza y la marginalidad. El gobierno de Juan Manuel Santos brindó apoyo tan sólo a 10.000 de ellos cada año. A este paso nos demoraríamos más de un siglo para poder garantizar el derecho a estudiar de la gran mayoría de la población.

La invitación al nuevo gobierno es a que, con los mismos recursos de Ser Pilo Paga, se decida a apoyar cada año a 40.000 jóvenes en las universidades públicas regionales. Si seleccionamos unas seis de ellas y las fortalecemos con recursos económicos, con excelentes estudiantes de las regiones aledañas; si les quitamos estas universidades a los caciques políticos, si las cualificamos a nivel administrativo y si impulsamos profundos procesos de renovación pedagógica –contando con el apoyo de las extraordinarias universidades públicas nacionales–, lograremos consolidar el derecho a la educación de cada vez más jóvenes pobres en el país.

La enorme ventaja es que el país cuenta con excelentes universidades oficiales que están agregando mucho valor y que, si las impulsamos, nos ayudarán a fortalecer el derecho a la educación, a crear nuevos polos regionales de desarrollo y a construir la paz. Sin duda, “sí se puede” y tenemos ahora una oportunidad de oro para hacerlo: la supresión del programa Ser Pilo Paga. Esos recursos le pertenecen a la educación y allí deben seguir, sólo que ahora tendrán impactos sociales y educativos significativamente mayores al invertirlos en las universidades públicas regionales.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/la-importancia-de-invertir-en-las-universidades-publicas-para-el-desarrollo-y-la-paz-de-colombia/582956

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Los fines de la educación

Por: Robert M Hutchins

Robert M. Hutchins criticó en 1941 los principales problemas en la educación universitaria: escepticismo, presentismo, cienticifismo y antiintelectualismo. Defiende que una universidad que se precie no debe aspirar a formar al hombre por completo, sino enseñarle a pensar, para lo que se necesita de la metafísica. Su enseñanza es más actual que nunca.

ace seis años (1) tuve el honor de dirigirme a mis colegas de Yale hablando sobre La educación superior en América. Me sorprendió ver que esas lecciones no tuvieron el efecto que pretendí que lograran. Por el contrario, todas las actitudes que se calculaba que esas lecciones podrían cambiar, siguieron adelante con fuerza o fueron consolidadas con firmeza.

En ellas ataqué la trivialidad, y cuarenta y dos estudiantes se apuntaron al curso breve de jefes de tambores en Oklahoma University.

En ellas ataqué que la universidad se convirtiera en formación profesional, y la University of California anunció un curso en cosméticos diciendo que: «La profesión de esteticista es la que crece más rápidamente en este Estado». Me quejé de los cursos dedicados a proporcionar información caduca, y uno de los más distinguidos sociólogos de Estados Unidos anunció que nuestro nivel de información crece tan rápidamente que para volcarla entera en nuestros estudiantes tendríamos que prolongar la adolescencia hasta los cuarenta y cinco años de edad.

Sostuve que la educación superior debería ser primordialmente intelectual, y el rector del New York State College for Teachers dijo: «La educación no es en primer lugar intelectual. La educación es el proceso por el que se socializan tus emociones».

Un profesor, casi por casualidad, estaba de acuerdo conmigo. E hizo estos comentarios escandalosos en un libro: «Siempre quedarán», decía, «ciertos valores permanentes que debe cultivar la educación, como la honestidad intelectual, el amor a la verdad, la habilidad para pensar con claridad, las cualidades morales». El hecho de que fuera de Teachers College, Columbia, y que se pudiera suponer que estaba solamente haciendo una broma, no le salvó. Fue reprendido agudamente por otro profesor de la Ohio State University que dijo que en este punto debía «discrepar de este libro, por lo demás sin duda interesante, porque hace sospechar que su autor tiene todavía algo de absolutista». Y es que este quería que la educación cultivara la honestidad intelectual, el amor a la verdad, la capacidad de pensar con claridad y las cualidades morales.

Resulta que la sabiduría y la bondad son el objetivo de la educación superior.

No negaré que una o dos personas prestaron alguna atención a mi libro. Uno de estos, que en su tiempo libre es profesor de Yale, resumió todo el asunto diciendo que el problema conmigo era mi intenso idealismo moral. Lógicamente esa cualidad desenfocaría a cualquiera su visión de la educación. ¿Un rector de universidad culpable de idealismo moral? ¿A dónde vamos a llegar? Me vinieron a la cabeza algunos de los comentarios de uno de nuestros antiguos alumnos que en una discusión reciente en la University of Chicago dijo que todo lo que yo había dicho sobre el fútbol era perfectamente lógico. «Pero», señalaba, «si la universidad elimina el fútbol, mi hijo, que ahora tiene quince años, no querrá ir allí». En otras palabras, ‘lógico’ es un término de reproche, y la University of Chicago debería aspirar a ser iló- gica porque uno de sus antiguos alumnos tiene un hijo ilógi- co. Incluso he escuchado la palabra ‘educativo’ con la misma connotación difamatoria cuando un graduado de Princeton escribió a Woodrow Wilson diciendo: «Ya no tendré más relación con Princeton. Usted está convirtiendo mi querido viejo collegeen una institución educativa». Un rector universitario del que se sospecha que está interesado en la moral, el intelecto, o incluso en la educación, se merece la mayor de las condenas por parte de aquellos que tienen auténtica preocupación por los verdaderos intereses por nuestro país.

Pero todas estas cosas se quedan en nada si las comparamos con la amenaza de la metafísica. He sugerido suavemente que la metafísica podría unificar a la universidad moderna. Sé que se trataba de una palabra muy larga, pero pensaba que mi audiencia formada por críticos bien educados conocerían su significado. En cierto modo quedé muy sorprendido al encontrarme con que para ellos metafísica era como una serie de globos, flotando sobre la superficie de la tierra, que eran traídos hacia abajo por gente de mente viciosa y débil cada vez que querían ganar una discusión. La explosión de uno de estos globos, o la suelta de los gases que contuviera, podría silenciar pero no convencer a un hombre sabio. El hombre sabio se marcharía murmurando «Palabras, palabras, palabras», o «Contrario a la ciencia», «Reaccionario» o incluso «Fascista». Sabiendo que no puede haber nada verdadero a no ser que la ciencia experimental lo haga verdad, el hombre sabio conoce que la metafísica es simplemente el vocablo técnico de la palabra superstición.

El papel de la filosofía en la educación

Podría enfrentarme ahora contra todo esto. Me interesa la educación, la moral, el intelecto y la metafísica. Incluso voy lo suficientemente lejos como para sostener que hay una relación necesaria entre todas estas cosas. Quiero afirmar que si falta una de ellas no podemos tampoco tener las demás, y que sin las otras no podríamos lograr aquello que me importa de forma principal, la educación.

Por otra parte, insisto en que todo lo que ocurre hoy en el mundo confirma la necesidad inmediata y urgente de ponernos a una y entrar en directo a considerar estos temas. El mundo está probablemente más cerca de la desintegración ahora [segunda guerra mundial] que en ningún otro momento desde la caída del Imperio Romano. Si nos quedan algunas fuerzas, aunque sean leves y poco efectivas, para clarificar y unificar criterios, deberían ponerse en marcha, movilizarse ya, o aquello que conocemos como la civilización occidental podría desaparecer.

Incluso si asumimos que las condiciones ordinarias se restaurarán pronto, debemos aceptar que nuestro país se ve afectado por problemas que, aunque aparentemente no tienen solución, deberían resolverse si es que quiere conservarse o en caso de que merezca la pena conservarlo. No hablo de problemas materiales. Debemos tener fe en los grandes recursos de nuestra tierra. Nuestros problemas son de carácter moral, intelectual y espiritual. La paradoja de morir de hambre en mitad de la riqueza ilustra la naturaleza de nuestras dificultades. Esta paradoja no se resolverá con habilidades técnicas o datos científicos. Se resolverá, si es que eso es posible, por medio de la sabiduría y la bondad.

Resulta que la sabiduría y la bondad son el objetivo de la educación superior. ¿Cómo podría ser de otra manera? La sabiduría y la bondad son los fines de la vida humana. Si discutes esto, estás en ese momento entrando en una discusión metafísica, pues te encuentras debatiendo sobre la naturaleza del ser y la naturaleza del hombre. Así debería ser. ¿Cómo podríamos conocer el destino del hombre si no nos preguntamos lo que el hombre es? ¿Cómo podemos hablar de preparar hombres para la vida si no nos preguntamos cuál debería ser este fin? En la base de la educación, así como en la base de toda actividad humana, se encuentra la metafísica […].

Lo mismo pasa con la ética y la política. Queremos llevar una vida buena. Queremos un buen gobierno como un medio para conseguir esa vida. De nuevo, para encontrar la buena vida y el buen gobierno, debemos investigar la naturaleza del hombre y los fines de su existencia. En el momento en que hacemos eso nos hacemos metafísicos a pesar de nosotros mismos. Y la solidez de nuestras conclusiones morales depende de si somos buenos o malos metafísicos […].

Abrir el currículo a las buenas asignaturas condujo de modo natural (a Eliot, rector de Harvard) a permitir también las malas para al final destruir ambas.

Y lo mismo ocurre con la educación. En este asunto el gran criminal fue Mr. Eliot quien, como rector de Harvard, dedicó su genio, habilidades y su larga vida a la tarea de robar a la juventud americana su herencia cultural. En el momento en que sostuvo que no había buenas o malas materias que estudiar, su laudable esfuerzo por abrir el currículo a las buenas asignaturas lo condujo de modo natural a permitir también las malas para al final destruir ambas. Hoy, para conseguir educarse en una universidad americana, un hombre tendría que ser realmente brillante y saber mucho, si es que tiene la intención de hacerse con aquello que realmente no necesita. Nuestras instituciones dan completo apoyo a aquella frase de Gibbon de que «la instrucción raramente es eficaz exceptuando aquellos temperamentos felices en los que resulta casi superflua». Hoy el joven americano abarca solo de forma accidental la tradición intelectual de la que forma parte y en la que debe desarrollar su vida: porque sus fragmentos dispersos y carentes de unidad se encuentran desparramados de un lado al otro del campus […].

El error principal es el de sostener que nada es más importante que lo demás, que no puede darse un orden entre los bienes ni un orden en el terreno de lo intelectual. No hay nada central y nada periférico, nada primario y nada secundario, nada fundamental y nada superficial. El camino del estudio se rompe en pedazos porque no hay nada que lo mantenga unido. Trivialidad, mediocridad y formación profesional lo conquistan todo porque no tenemos ninguna medida objetiva desde la que juzgar […].

Vemos entonces que la metafísica juega un doble papel en la educación superior. Desde ella los educadores deciden qué educación deberían ofrecer. Desde su metafísica sus estudiantes deben construir los fundamentos de su vida moral, intelectual y espiritual. Por medio de la metafísica yo llego a la conclusión de que la finalidad de la educación es la sabiduría y el bien, y que los estudios que no nos acercan a estos objetivos no tienen cabida en una universidad. Si tienes una opinión diferente deberías mostrar que tienes una metafísica mejor. Por medio de la metafísica, los estudiantes podrían recuperar una visión racional acerca del universo y de su papel en él. Si niegas esta proposición, cae de tu lado la responsabilidad de defender que la visión racional del universo y el papel que uno tienen en él no es mejor que una visión irracional o la ausencia total de cualquier visión.

Educación y mejora social

A la luz de estos principios vamos a estudiar la relación entre educación y la mejora de la sociedad. Todos queremos que la sociedad avance, y queremos que haya graduados universitarios por su educación para mejorar la sociedad y porque aprenden cómo hacer eso. Las diferencias aparecen cuando discutimos sobre el método con el que se pueden alcanzar estos objetivos […]. Discutiré únicamente el modo por el que una institución puede desarrollar en sus estudiantes un conocimiento social y una conciencia social.

En una primera mirada parecería que todos estaríamos de acuerdo en que para hablar sobre la sociedad o su mejora deberíamos ahondar en la naturaleza de lo social, en las características comunes y perdurables de la sociedad, y en aquellos animales tan especiales que la componen, llamados hombres. Querríamos examinar sus objetivos, los distintos caminos para alcanzarlos y la medida en que cada uno de ellos ha triunfado o fracasado. Pero para hablar de éxito o fracaso necesitamos algunas nociones sobre lo que significa ser una buena sociedad. Sin tales conceptos no podríamos valorar las sociedades que tendríamos que poner en consideración ni aquella en la que vivimos. Necesitaríamos alguna concepción de buena sociedad para decidir cuál es el significado de mejora; pues todos sabemos que a veces hemos dado la bienvenida como beneficiosas a medidas que, una vez adoptadas, parecían dejarnos en una condición tan insatisfactoria como la que teníamos antes. Si nos enfrentamos a la gran tarea de mejorar la sociedad sin prejuicios, deberíamos también tratar de entender la naturaleza, el propósito y la historia de las instituciones que ha creado el ser humano. La búsqueda de la mejora social es una búsqueda perpetua. Desde que existe la sociedad el ser humano ha pretendido mejorarla. Podemos pensar que las ideas y la experiencia de la humanidad debería colocarse en las manos de la generación venidera pues esta continúa con la búsqueda perpetua.

Nadie puede pensar sobre un problema práctico, como es el problema de cómo mejorar la sociedad, si no conoce los hechos. Y no podrá hacerlo si no tiene un nivel básico de crítica y acción.

Esto significa que si queremos que un estudiante tenga un sentido de responsabilidad social y deseo de sacar adelante sus obligaciones, debemos haberle proporcionado, para lograr esta meta, lo mismo que le hemos entregado para otros propósitos. Una educación en historia y filosofía, junto con las disciplinas que se necesitan para entender estos campos. Para hacer de él alguien que acreciente la sociedad hemos de tener la esperanza de convertirle, aunque sea de forma modesta, en maestro en la sabiduría política de su estirpe. Si carece de cualquier intuición de esto, no podrá entender el problema de la sociedad. Tampoco podría criticar ninguna institución social. Estaría sin las armas necesarias para atacarlas o defenderlas. No podría distinguir una buena de una mala. No podría pensar de forma inteligible sobre ninguna.

Nadie puede pensar sobre un problema práctico, como es el problema de cómo mejorar la sociedad, si no conoce los hechos. No podrá aportar comentarios útiles sobre la situación en Alemania, a no ser que conozca cómo es esta situación. Y no podrá hacerlo si no tiene un nivel básico de crítica y acción. Este criterio no puede ser, por supuesto, una fórmula matemática o alguna máquina intelectual automática y milagrosa que, una vez aplicada a los hechos, produzca de forma inmediata e infalible la respuesta correcta. El mundo práctico es un mundo de cosas singulares y contingentes y no un sistema matemático. Nadie ha subrayado este aspecto con tanta fuerza como Aristóteles. Pero esto no le supuso un freno para intentar descubrir en la Ética y en la Política los principios generales de la vida buena y del estado justo, o para intentar mostrar la utilidad de esos principios en su sociedad y, según pienso, en cualquier otra.

El mundo práctico es un mundo de cosas singulares y contingentes y no un sistema matemático.

En consecuencia, si vamos a tener principios para la crítica social y la acción social, y si estos quieren ser algo más que principios emocionales, deben provenir del estudio filosófico e histórico y del hábito del pensamiento correcto. Sería una cosa maravillosa si todos estuviéramos tan condicionados que nuestros reflejos trabajaran al unísono en la dirección adecuada cuando nos enfrentáramos a la injusticia social o económica, si hubiéramos sido entrenados desde la infancia para reconocerla y luchar contra ella. Pero aun en el caso de que pudiéramos llegar a la adolescencia en esta situación feliz, me temo que nuestros excelentes hábitos se derrumbarían bajo la presión. Se necesita algo para mantenerlos, y eso es la capacidad de comprender. Esta es otra manera de decir que el intelecto manda sobre la voluntad. Nuestros padres deberían dedicar todos los esfuerzos posibles durante nuestra infancia para moderar nuestras pasiones y habituarnos a la justicia y a la prudencia. Pero el papel de la educación superior, en esta conexión, debe ser la de proveer de fundamentos firmes y duraderos que sostengan esos hábitos cuando los problemas de la vida adulta golpeen contra ellos.

Cuatro falsos cultos

Me parece obvio que urge la clase de educación que favorezca el desarrollo del conocimiento social y de la conciencia social. ¿Por qué esto no es evidente para el resto de la gente? La primera razón, pienso, es lo popular que es el culto al escepticismo. He defendido que quiero dar al estudiante conocimiento sobre la sociedad. Pero nos hemos metido en tal situación mental que cualquiera que no se dedique a la ciencia natural que diga que conoce algo, se convierte en un dogmático y en un autoritario […].

Sería una cosa maravillosa si todos estuviéramos tan condicionados que nuestros reflejos trabajaran al unísono en la dirección adecuada cuando nos enfrentáramos a la injusticia social o económica.

Si no podemos conocer nada sobre la sociedad, si solo podemos tener opiniones sobre ella, y si la opinión de un hombre es tan válida como la de cualquier otro, entonces podemos decidirnos a conseguir lo que queremos de una forma irracional sirviéndonos de medios irracionales, es decir, por la fuerza. En un mundo escéptico apelar a la razón es algo vano. Esa apelación solo puede tener éxito si aquellos a los que se apela tienen algunos puntos de vista racionales sobre la sociedad de la que forman parte.

Otra razón por la que algunos dudan de la utilidad social de la educación que yo apoyo, es que pertenecen al culto de la inmediatez, a lo que puede ser llamado presentismo. Desde este punto de vista, la manera de comprender el mundo consiste en lidiar con lo que tú descubres sobre ti. Recorres los almacenes y las plantas de acero y entiendes el sistema industrial. No existe el pasado. Cualquier referencia a la Antigüedad o a la Edad Media muestra que no te interesa el progreso social. La filosofía solo es una actividad de su tiempo y su lugar. Vivimos en un tiempo diferente y, por lo general, en un lugar distinto. De ese modo, los filósofos que vivieron ayer no tienen nada que decirnos hoy a nosotros.

Sin embargo no podemos comprender nuestro entorno con solo mirarlo. Este se presenta ante nosotros como un desorden incomprensible de cosas. Si nos limitamos a coleccionar esas cosas no nos formaremos un criterio […]. Nos enfrentamos a problemas viejos sin saber que son viejos y caemos en los mismos errores porque no sabemos que ya se ha caído en ellos […].

El culto a la ciencia

El escepticismo y el presentismo se relacionan con un tercer «ismo» que desenfoca nuestra visión del método de educa- ción para la mejora social. Este «ismo» es el culto a la ciencia, un culto al que, de modo suficientemente curioso, pertenecen muy pocos científicos naturales. El cienticifismo es un culto compuesto por aquellos que confunden la naturaleza o el papel de la ciencia. Dicen que la ciencia es moderna; que la ciencia es provisional; que la ciencia es progresiva. Cualquier cosa que no sea ciencia les resulta anticuada, o por lo menos irrelevante. Un escritor del International Journal of Ethics nos ha invitado a que sigamos a la ciencia en nuestra búsqueda de la vida buena, y el hecho de que este autor sea un filósofo sugiere que el culto al cienticifismo ha encontrado devotos en los lugares más insospechados. Porque es claro que aunque podamos y debamos usar la ciencia para mejorar nuestra sociedad, no podemos seguirla hacia este destino. Y la razón es que la ciencia nunca nos contará dónde tenemos que ir. Los hombres pueden usarla para propósitos buenos o malos, pero son los hombres los que tienen los propósitos, y estos no se aprenden gracias a los estudios científicos.

La ciencia nunca nos contará dónde tenemos que ir. Los hombres pueden usarla para propósitos buenos o malos, pero son los hombres los que tienen los propósitos.

El cienticifismo es un mal servicio a la ciencia. El crecimiento de la ciencia es el hecho más importante de la vida moderna. No se debería permitir que ningún estudiante completara su educación sin entender esto. Las universidades podrían y deberían apoyar y animar la investigación científica. De una educación científica podemos esperar una mayor comprensión de la ciencia. De una investigación científica podemos esperar conocimiento. Pero confundimos el asunto si exigimos respuestas a aquello que no tenemos derecho a preguntar, si lo que buscamos aprender de la ciencia son los fines de la vida humana o de la organización social.

Por último tenemos el culto al antiintelectualismo, que por extraño que parezca tiene un surtido grupo de miembros. Ellos van desde Hitler, que piensa con sus glóbulos rojos, hasta los miembros de los tres cultos a los que me acabo de referir (escepticismo, presentismo, cienticifismo), pasando por los hombres de buena voluntad que, dado que solo son hombres de buena voluntad, se encuentran en el polo opuesto a Hitler pero que no pueden ofrecer una justificación racional de por qué están allí […].

El sentimentalismo es un deseo irracional de ser de ayuda para nuestro prójimo. A menudo parece una cualidad digna de alabanza o redentora en aquellos que no pueden o no quieren pensar. Pero el sentimental es en realidad una personalidad peligrosa. Desconfía del intelecto, pues este podría mostrar que el sentimental está en el error. Cree en la primacía de la voluntad, y eso es lo que lo hace tan dañino. No sabe lo que debería querer; no sabe tampoco por qué quiere lo que quiere. Pero sabe que lo quiere.

De una educación científica podemos esperar una mayor comprensión de la ciencia. Pero confundimos el asunto si lo que buscamos aprender de la ciencia son los fines de la vida humana o de la organización social.

Fácilmente esto deriva hacia la idea de que porque tú lo quieres, deberías tenerlo. Y tú eres un hombre de buena voluntad, de modo que por definición los que se opongan a ti no lo son. Ya que deberías tener lo que quieres, deberías obtenerlo si te haces con el poder. Y de ese modo el camino desde el hombre de buena voluntad hasta Hitler se cierra.

De hecho, esta es la postura en que los miembros de los cuatro cultos (escepticismo, presentismo, cienticifismo, antiintelectualismo) se encuentran cuando plantean preguntas sobre la mejora social. En la medida en que no pueden saber, tienen que sentir. Lo único que nos cabe esperar es que se sientan bien. Pero no podemos estar demasiado esperanzados. ¿De dónde viene la buena voluntad? Hace tiempo que la campaña anterior al plebiscito de Austria nos dio las primeras noticias de la primera vez en que Hitler se dejó guiar por una revelación especial. Muchos hombres de buena voluntad no reclaman ese contacto íntimo con la deidad. Pero son uniformemente misteriosos acerca de la fuente de su inspiración. Si esta no es el conocimiento, y por consiguiente filosófica, tiene que ser un hábito, y un hábito de la clase más irracional. Una universidad no puede tener nada que ver con hábitos irracionales, excepto para intentar moderar los malos y apoyar los buenos. Pero si por hipótesis no podemos hacer eso por medios racionales nos vemos forzados a concluir que una universidad debe ser como una guardería que con cariño trata de conservar los buenos hábitos antes de sufrir un shock, con la esperanza de que estos puedan ser conservados durante el tiempo suficiente para que aguanten a lo largo de la vida, aunque sin ningún tipo de fundamentación racional […].

La pretensión de educar al hombre completo

Difícilmente nos ayudaría decir aquí, como hacen muchos antiintelectuales, que la educación debe educar al «hombre completo». De todas las frases sin sentido que hay en la discusión sobre educación esta se lleva la palma. ¿Acaso quiere decir que la educación debe hacer ella sola el trabajo de convertir el «niño entero» en un «adulto entero»? […] ¿Nos vemos obligados a asumir que nuestros estudiantes no pueden aprender nada de la vida o que no tenían una vida antes de venir a nosotros y no la tendrán después? Estamos buscando un criterio para saber dónde poner la importancia que debe tener la educación superior. Hablar del hombre completo parece implicar que el educar no debería tener ningún tipo especial de énfasis. Todas las «partes» del ser humano tienen la misma importancia: vestir, comida, salud, familia, negocios. ¿Debe la educación recalcar todas ellas? […] ¿Sería decir demasiado defender que si podemos enseñar a nuestros estudian- tes a llevar la vida de la razón haremos todo lo que puede esperarse de nosotros y, al mismo tiempo, haremos lo me- jor que puede hacerse para el hombre completo? La tarea de la educación es ayudar a que los animales racionales sean más perfectamente racionales.

El sentimental es en realidad una personalidad peligrosa. Desconfía del intelecto, pues este podría mostrar que el sentimental está en el error. Cree en la primacía de la voluntad.

Vemos, en consecuencia, que la búsqueda de la mejora social no tiene término. Los hombres siempre han querido una sociedad mejor, no diferente. Qué sea una sociedad mejor y cómo llegar a ella ha sido uno de los problemas permanentes de la filosofía y uno de los principales asuntos de la tradición del mundo occidental. Solo aquellos que reconocen el lugar fundamental que ocupa la filosofía y la sabiduría de la tradición en la educación de los ciudadanos pueden esperar formar hombres y mujeres que puedan contribuir a la mejora de la sociedad y que quieran hacerlo. El culto al escepticismo, al presentismo, al cienticifismo y al antiintelectualismo nos llevarán hacia la desesperación, no solo de la educación, sino también de la sociedad.

 


© de la traducción: Javier Aranguren.

© de la imagen principal: Wikimedia Commons (La Hutchinson Commons de la Universidad de Chicago en noviembre de 2014).

(1) Los fines de la educación es una conferencia que Robert M. Hutchins (1899–1977) pronunció en 1941 en la Universidad del Estado de Louisiana en la que critica los cuatro principales problemas en la educación universitaria de su tiempo (que parecen ser los nuestros): escepticismo, presentismo, cienticifismo y antiintelectualismo. Su tesis es que una universidad que se precie no debe aspirar a formar al hombre por completo, sino limitarse (y ya sería mucho) a enseñarle a pensar. El papel de la filosofía (de la metafísica) en esta tarea es fundamental. Esa conferencia se recogió en el libro  Education For Freedom, p. 19 y ss., publicado por primera vez en 1943. 

Fuente: https://www.nuevarevista.net/destacado-principal/los-fines-de-la-educacion/

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Colombia Medellín marchó por la defensa de la educación superior pública

América del Sur/Colombia/elcolombiano.com/

Con pancartas en las que se leía mensajes como “Por la defensa de la Universidad pública, exigimos financiación estatal adecuada” y entre consignas como “Pública la recibimos y pública la devolveremos”, los estudiantes de Medellín marcharon ayer por las calles de la ciudad con el objetivo de hacer un llamado a la situación de desfinanciación que tiene en crisis a las universidades estatales colombianas.

La marcha, denominada como “carnaval por la Universidad por la universidad pública”, partió a las 4:00 p.m. desde el Parque de los Deseos, recorrió las calles del centro de la ciudad y llegó hasta la Alpujarra. Contó con la participación de estudiantes y docentes de las diferentes instituciones de educación superior del departamento, entre las que se encuentran la Universidad de Antioquia, el Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM), la Universidad Nacional de Colombia y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid. En el resto del país también se realizaron movilizaciones, en ciudades como Bogotá, Cali e Ibagué.

Yessid Álvarez Maya, estudiante de la maestría en Biología de la Universidad de Antioquia y asistente a la marcha, explicó que se trató de una movilización pacífica en la que participaron todas las facultades de la comunidad universitaria y en la que tuvieron el acompañamiento de algunos docentes.

“Por lo menos mis profesores de Microbiología asistieron, convocaron a la marcha y estuvieron activos todo el tiempo”, agregó Álvarez.

John Jairo Arboleda Céspedes, rector de la Universidad de Antioquia, indicó que actualmente la institución tiene enormes problemas financieros, por lo que se está trabajando internamente para reducir los gastos. Agregó que esta institución está tratando de llamar la atención de las autoridades competentes, en el ámbito local y nacional, para generar consciencia de la importancia de ajustar el tema financiero en las universidades estatales.

“Tenemos un déficit calculado, desde el año anterior a 2018, de 68.700 millones de pesos. El déficit acumulado está cercano a los 113 mil millones de pesos. Estamos ajustando el gasto, vamos a fijar un marco fiscal que nos permita tratar de no gastar más de lo que recibimos y eso implicará unas estrategias administrativas que nos posibiliten hacer ahorros importantes en todas las unidades académicas”, explicó Arboleda.

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El pasado 23 de agosto, la Asamblea General de Profesores de la Universidad de Antioquia se declaró en asamblea permanente ante las inconformidades por la desfinanciación de las universidades públicas. Entre los puntos de debate también se encontraba lo que consideran reformas inconsultas por parte del Gobierno Nacional al Decreto 1279 de 2002, en el cual se establece el régimen salarial y prestacional de los docentes.

Este miércoles, la Asamblea General de Profesores sesionó de nuevo y, de acuerdo conJaime Rafael Nieto, vicepresidente de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia -Asoprudea-, los profesores se encuentra definiendo estrategias para mantener esta movilización en el tiempo, con el objetivo de que se vinculen más estamentos universitarios, incluyendo a las directivas.

Nieto indicó que, si bien consideran que han tenido avances, aún no hay resultados concretos. Explicó, también, que una de las necesidades cruciales es lograr una interlocución directa con el Gobierno Nacional para discutir puntos como los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992 , los cuales consideran, entre el estamento profesoral, que han incidido directamente en el acumulado histórico de desfinanciación de la educación superior.

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Ante el desfinanciamiento que enfrentan hoy las universidades públicas del país, la rectora de la Universidad Nacional de Colombia, Dolly Montoya Castaño, a través de un comunicado le pedirá al Gobierno Nacional que en el Plan de Desarrollo, el Presupuesto Nacional, y la reforma al programa “Ser pilo paga”, asegure el sostenimiento financiero de las universidades públicas, que son las únicas que tienen presencia en todas las regiones y atienden al 85 % de los estudiantes de estratos 1, 2 y 3 del país.

El día de hoy también sesionó la asamblea general de estudiantes de la Universidad de Antioquia, con el fin de discutir la coyuntura actual y los mecanismos que implementarán para continuar con la movilización.

Fuente: http://www.elcolombiano.com/antioquia/asi-se-vivio-la-marcha-por-la-defensa-de-la-educacion-publica-en-medellin-JD9317957

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La educación superior y su diversidad

JOSÉ DE JESÚS REVELES

Una reflexión reciente de los sistemas nacionales de educación superior se moviliza en torno a dinámicas simultáneas de diversificación, diferenciación y convergencia. No es de extrañar, en consecuencia, que el reconocimiento del papel estratégico de estas instituciones en el enfrentamiento de los retos del siglo XXI se acompañe de preocupaciones acerca de la calidad, la eficiencia, la pertinencia y el potencial de respuesta de la formación educativa superior.

Para nadie es nuevo que existen instituciones que atraviesan diferentes problemáticas, que van desde los temas de control, supervisión y coordinación de los sistemas universitarios en sus diferentes modalidades.

En las últimas tres décadas el sistema de educación superior en México ha desarrollado profundas dinámicas de cambio en prácticamente todas sus dimensiones y componentes. Un primer rasgo de transformación está relacionado con los procesos de crecimiento, expansión, descentralización y diversificación del sistema.

Entre los elementos relevantes de tal dinámica cabe mencionar la creación de nuevas IES públicas en los estados. A través de la creación de los sistemas de universidades tecnológicas, universidades politécnicas, universidades públicas de apoyo solidario y universidades interculturales, la oferta de educación superior pública en México incentivó procesos de diferenciación de la oferta y de diversificación institucional.

A la par del crecimiento y la diferenciación del sistema, se han registrado modificaciones importantes en el ámbito de su gestión, las cuales guardan estrecha relación con las fórmulas que se han desprendido de la transición política nacional bajo las pautas del federalismo democrático.

Además de la renovación de los métodos y fórmulas de asignación del gasto público para las instituciones de educación superior, un proceso de gran importancia en la renovación de enfoques en el ámbito de las políticas de educación superior coordinadas por la Federación, se ha derivado del trabajo de formulación de propuestas, de mediano y largo plazo, elaborado por la ANUIES.

A partir de esa visión, la Asociación plantea líneas estratégicas de desarrollo a mediano y largo plazos, que coadyuvan al fortalecimiento de las IES asociadas y del sistema de educación en su conjunto.

En conclusión, el conjunto de instituciones que integran el sistema de educación superior en México tiene como rasgo principal la heterogeneidad y la diversidad. Incluye instituciones de diferente tipo, con distintos regímenes y formas de sostenimiento, como las autónomas y no autónomas, públicas y particulares, estatales, federales, universitarias, tecnológicas, normales e interculturales; incluye el nivel de licenciatura y el de posgrado.

Estimado lector, agradezco de antemano la atención prestada al presente y espero que haya sido de su interés. ¡Viva la Vida!

Fuente: https://www.elsoldezacatecas.com.mx/analisis/la-educacion-superior-y-su-diversidad-1989127.html

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España: Reforma universitaria y más inversión, claves para la mejora de la universidad en España

Europa/España/13 septiembre 2018/Fuente: El diario la educación

El Informe CyD analiza cuatro retos básicos: disminución de la matrícula, sobrecualificación, investigación e internacionalización.

Como todos los años la Fundación CyD (Conocimiento y Desarrollo), dependiente de la Fundación Santander, ha publicado su informe sobre el estado de la universidad española. Algunos de los indicadores apuntan a la necesidad de cambios en el gobierno de la universidad para que tenga una mayor flexibilidad y autnonmía a la hora de enfrentar situaciones complejas.

El primero de los asuntos que habría que abordar es el de la recuperación de financiación derivada de las administraciones públicas, principalmente de las comunidades autónomas. A pesar de que durante los últimos cinco años la economía española ha crecido de manera consecutiva, no ha habido un intento de revertir los importantes recortes económicos que se han venido produciendo desde el año 2012. A pesar de esta falta de financiación, las instituciones han conseguido salvar la situación gracias a los incrementos de tasas y otros precios públicos. Pero no igualan las pérdidas económicas, que han sido altas.

Por delante, según Francesc Soler y Martí Parellada, encargados de presentar los resultados del informe, retos importantes derivados de los cambios que se están produciendo en la matriculación en los diferentes campus.
“Si bien la crisis demostró que la universidad podía resistir recortes enormes y además la prohibición de contratación de funcionarios”, aseguraba Francesc Soler, “estas dos cosas han de afectar”. Y esto se han notado, claro, al punto de dejar a la universidad española en un estado de latencia que le hace perder posiciones con respecto a las de otros países que han pasado estos años haciendo inversiones y transformaciones importantes.

Y es que las universidades han ido perdiendo un importante número de personas que se matriculan en los estudios de grado. En los últimos años, desde 2009, han dejado de matricularse 153.000 personas. Eso sí, en el mismo periodo ha habido un aumento sustancial en los estudiantes de máster, que han crecido, aunque no tanto como para equilibrar este descenso de estudiantes de grado.

Entre las causas que esgrimen los expertos se encuentran la disminución de la cohorte de personas en edad de entrar en la universidad por primera vez (entre 18 y 21 años) además de otros factores como el aumento de la matrícula en los grados superiores de Formación Profesional.

Ante algunos de estos retos, como de otros relacionados con la financiación, así como la transferencia de conocimiento a la sociedad o la rendición de cuentas que la institución debe hacer para justificar sus decisiones, los expertos apuestan por cambiar el marco normativo. “Debería pensarse en reformar el marco, dar libertad a las universidades, que se diferencien entre sí y que tengan más autonomía en la toma de decisiones”. Todo ello “ha de acompañarse por una rendición de cuentas muy estricta, posterior. Dejar libertad y ver si han respondido a la confianza.”, ha asegurado Soler.

En todo caso, los responsables de este informe han señalado cuatro grandes retos, en los que se centra el informe, y que van más allá de la situación coyuntural que pueda vivir hoy la institución universitaria.

Retos

El primero sería el del cambio de tendencia en el perfil de quienes se matriculan: disminución en los estudios de grado y aumento en otros como los máster o los doctorados. “Debería mirarse qué tipo de producto ofrece la universidad viendo este cambio del perfil del ‘cliente’”, ha dicho Martí Parellada en su intervención, en la que ha desgranado estos cuatro puntos de atención.

Otro de ellos, ya un clásico del que se habla desde hace años, es la “sobrecualificación” de las personas trabajadoras. Y es que el 35% de los trabajos que adquieren chicas y chicos que han pasado por la universidad corresponden a puestos inferiores a los de su cualificación. Algo en lo que deberían incidir no solo las universidades, sino el propio mercado de trabajo, que no genera los puestos cualificados suficientes para la demanda existente.

Otro de los puntos importantes, el tercero, es el relativo ala investigación y la transferencia a la sociedad. El informe constata que el número de publicaciones que genera la universidad no para de crecer, entre otras cosas porque las publicaciones se han convertido en uno de los requisitos imprescindible para casi cualquier cosa dentro de la universidad. Pero estos papers, al mismo tiempo, están perdiendo impacto. Tienen cada vez menos calidad, atendiendo a factores como que estén liderados por investigadores españoles, que se hayan hecho en colaboración con personas de universidades extranjeras o el número de veces que son citados. Entre las causas, entienden, está también la escasez de inversión de los estos años, la falta de autonomía o el hecho de que las oficinas de transferencia de investigación, que debeían centrarse en asuntos relacionados con la creación de spin-offs (empresas que surgen dentro de los marcos de la universidad), o en las licencias de investigación, están más dedicadas a labores de consultoría de los docentes.

Y, por último, otro de los asuntos recurrentes, la falta de presencia de las universidades en la escena internacional. Punto en el que se reclama especial atención porque, a pesar de que la crisis se ha saldado con el gran esfuerzo de las universidades en mantener la calidad, no se ha podido aprovechar, como en otras instituciones en el extranjero, para hacer inversión y generar flexibilidad.

En España se ha podido mantener el tipo este tiempo, “pero está afectando a los resultados”, según ha dicho Martí Parellada. Y a insistido en la necesidad de “cambios en la organización y flexibilidad” de las instituciones.
Ha concluido Parellada insistiendo en que “la reforma universitaria (ya anunciada por otra parte por el ministro Pedro Duque) es necesaria”. Sobre todo para crear un círculo virtuoso dando más financiación a la universidad para generar confianza en su transferencia de conocimiento e investigacón y que, así, se genere más interés en invertir más dinero. “ A la confianza se llega afrontando la reforma de su sistema de gobierno. Tarea abierta que debiera hacerse tan pronto como sea posible”.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/09/13/reforma-universitaria-y-mas-inversion-claves-para-la-mejora-de-la-universidad-en-espana/

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¿Un plan para desestabilizar?

Por: Edgard Sánchez

Con gran sorpresa y alegría estamos viendo en estos días el resurgimiento de un fuerte y masivo movimiento estudiantil que, paradojas de la historia, coincide con las fechas de aniversario de las gestas del Movimiento Estudiantil Popular de 1968, que por cierto no se limita a la tragedia de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Consciente de su simbolismo, la Asamblea Interuniversitaria ha convocado a una primera manifestación en las calles para el 13 de septiembre, aniversario de la histórica «Marcha del Silencio» del 13 de septiembre de 1968, incluso con el mismo recorrido de aquella época.
Pero ante la sorpresa de este resurgimiento del movimiento estudiantil vuelven a presentarse especulaciones, intentos de explicaciones sobre su origen que se apoyan en la vieja teoría de la conspiración, tan utilizada por cierto por el anticomunista gobierno de Díaz Ordaz en 1968. La obsesión de estos teóricos de la conspiración se ubica en la agresión de los porros a los estudiantes del CCH Azcapotzalco que protestaban en la Torre de Rectoría el pasado lunes 3 de septiembre. Como sabemos, la respuesta a esta agresión de los porros se expresó,en la siguientes horas, en multitud de asambleas estudiantiles en escuelas y facultades y en la gigantesca movilización y concentración en Ciudad Universitaria el miércoles 5. Inmediatamente se iniciaron huelgas y paros estudiantiles durante esa semana y se conformó la Asamblea Interuniversitaria con representantes de las escuelas y facultades en movimiento.
Ante la dimensión del movimiento que está surgiendo, algunos analistas ponen el énfasis en el punto que lo detonó: la brutal e inesperada agresión de los porros a la protesta original de los estudiantes del CCH Azcapotzalco por demandas propias de su bachillerato. Ponen el énfasis en buscar lo que llaman «la mano que mueve la cuna», es decir a los autores intelectuales de la agresión, los que decidieron enviar a estos porros a atacar en plena Ciudad Universitaria y ante la mirada de decenas de medios de comunicación además del uso por parte de los estudiantes de las «redes sociales».
Es cierto que la agresión de los porros del día 3 ocurre de forma muy extraña, tanto por el salvajismo del ataque (con muchos jóvenes heridos entre ellos dos de gravedad, uno de la Facultad de Filosofía y otro de la Prepa 6) como por lo desproporcionado de la agresión, realizándola a la luz pública en CU y no como lo hacen cotidianamente en los planteles de bachillerato o en las calles aledañas a los mismos donde roban y atacan a los estudiantes. Parecería querer dejar un mensaje político, más que un descuido en la arbitrariedad de la agresión. Incluso por la presencia de funcionarios de la Universidad que aparecen en los videos en comunicación permanente con los porros durante las varias embestidas de ataque. El problema, sin embargo, es que  la especulación sobre «la mano que mueve la cuna», sobre el origen e intención de la agresión o provocación de los porros se tiende, en consecuencia, a desacreditar al propio movimiento. Como si el movimiento fuera resultado de la provocación en el sentido de que siguiera la agenda, la intención, de los autores de la primera agresión. Independientemente del incidente inicial y del interés de quienes lo provocaron, debemos defender la legitimidad e independencia del movimiento que está surgiendo. Las y los estudiantes que se movilizan en asambleas y marchas, así como más compañeros que se van sumando o apoyando, sean maestros o empleados universitarios, así como de otros sectores en lucha, están conformando un movimiento auténtico y legítimo por sus propias demandas que incluyen en primer lugar el repudio al ataque del día 3 y el castigo y desmantelamiento de las estructuras porriles en la Universidad, así como nuevas y enriquecedoras demandas porque hay las condiciones sociales que lo permiten y no por ser resultado de un maquiavélico plan o conspiración.
A propósito del 68, hay que recordar que el histórico movimiento estudiantil de aquel año inició incidentalmente con el ataque de porros en las escuelas del rumbo de la Ciudadela, en la Preparatoria «Isaac Ochoterena» y en la Vocacional. El ataque de los porros generó una protesta de estudiantes del Poli que coincidió con un mitin en la Alameda por el aniversario de la Revolución Cubana el 26 de julio y las agresiones, ahora de la policía, se extendieron hasta el Barrio Universitario (que entonces se ubicaba alrededor del Zócalo) para culminar con la toma, por parte del ejército, de la Prepa 1 por medio del bazucaso que destruyó la puerta de la Prepa de San Ildefonso. Todo originado por agresiones de porros y policías entre el 22 y el 26 de julio. Los teóricos de la conspiración insistieron en buscar «la mano que mueve la cuna» y lo que querían lograr con su provocación (incluso llegaron a decir que casualmente los botes de basura del centro de la ciudad estaban llenos de piedras para que los estudiantes pudieran defenderse). Pero, de nuevo, independientemente del incidente inicial y los posibles autores e intenciones de la provocación surgió un auténtico y legítimo movimiento, con un programa propio (el pliego petitorio de 6 puntos), una dirección propia (el CNH) y métodos de lucha abiertos y públicos (las enormes manifestaciones y mítines) todo en lucha por libertades democráticas ante el asfixiante clima represivo y autoritario de los gobiernos del PRI. El propio Díaz Ordaz insistió en su propia teoría de la conspiración sosteniendo todo el tiempo que el movimiento era producto de «agitadores extranjeros», de alborotadores, de provocadores intentando boicotear las Olimpiadas de aquel año o de desestabilizar al país y sus instituciones. No hay que olvidar que su mano derecha era el entonces Secretario de Gobernación, Luis Echeverría que goza de impunidad y quien todavía está vivo, así como varios del equipo echeverrista ya en la Presidencia de la República que tuvieron importantes posiciones en el gobierno y en el PRI y que hoy siguen políticamente activos.
Desde entonces los porros constituían grupos de choque, con el pretexto de la «animación deportiva» para el control político de los estudiantes por medio de la violencia y la fuerza. El otro mecanismo de control y cooptación políticas eran las Federaciones de Estudiantes y Sociedades de Alumnos, estructuras hechas a imagen y semejanza del priísmo y el presidencialismo extendida a toda estructura política en México: Comité Ejecutivo con Presidente, secretarios, vocales, etc. Esta estructura con el movimiento del 68, con el CNH y los Comités de Lucha en general desapareció. Pero la estructura porril no desapareció. Fue siendo heredada a las siguientes administraciones universitarias y políticas.
Por esa razón es que en el caso de la Ciudad de México gobernada por el PRD desde 1997 se dió también otra peculiar evolución en paralelo a la degeneración e institucionalización de ese partido. En la combinación del oportunismo de charros y burócratas de las viejas estructuras del PRI en el DF y el desarrollo de un nuevo corporativismo desde el nuevo gobierno, algunos sindicatos con direcciones charras pero ubicados en el DF, organizaciones de vendedores ambulantes, de taxistas pasaron a ser de instrumentos de control del PRI a serlo del PRD y sus «tribus» en la Ciudad de México. Lo mismo ocurrió con grupos de porros sobre todo en escuelas de bachillerato en ciertas Delegaciones donde estas «tribus» perredistas crearon sus propios grupos de choque y que en los dos últimos procesos electorales los hemos visto actuar violentamente contra sus antiguos compañeros de partido, actualmente en Morena.
Por estas razones es que los que insisten en la teoría de la conspiración hoy, piensan que «la mano que mueve la cuna» puede provenir de los perdedores de la pasada campaña electoral: el PRI y el bloque PAN-PRD. ¿Con qué objetivo? Lo que sugieren estos analistas es que la provocación busca desestabilizar la «transición de terciopelo», la tersa transición de gobiernos que ha ofrecido AMLO. Una transición sin sobresaltos, ni rupturas, ni crisis, manteniendo las inversiones y la confianza de los empresarios y sin «revanchas» sino buscando la reconciliación.
El problema es que hay lopezobradoristas que son «más papistas que el Papa» y que insisten en considerar que cualquier lucha, resistencia, movimiento o reclamo hoy es imprudente, provocador o inconveniente para la tersa transición a la que se ha comprometido AMLO. Insultan a los movimientos diciendo que les parece una sospechosa casualidad que haya movimientos que luchan hoy y que -según ellos- no lo hicieron contra el gobierno de Peña u otros. Ignorantes a conveniencia no saben, por ejemplo, que la lucha contra el nuevo aeropuerto en la Ciudad de México tiene ya 18 años habiendo empezado en la época del gobierno de Fox, incluyendo la represión de mayo de 2006, cuando era gobernador del EdoMex Peña Nieto y que dicho aeropuerto es parte de un proyecto neoliberal apoyado por los gobiernos de todos los colores.
Esta visión equivocada no entiende que el triunfo de AMLO y Morena en las elecciones es en mucho resultado de un cambio en la relación de fuerzas y conciencia popular después de muchas luchas y resistencias contra las reformas neoliberales y la violencia impuestas por los anteriores gobiernos que llevó al hartazgo popular contra el PRIAN expresada el 1 de julio en las urnas  Fueron luchas previas a las elecciones que se realizaron en forma paralela y frecuentemente en relación conflictiva con las campañas electorales. Por eso, esas luchas y otras han de continuar después de las elecciones y en todo caso aprovechar el debilitamiento de las estructuras corporativas del PRI después de su aparatosa derrota electoral y antes de que surja un nuevo corporativismo que quiera sujetar y administrar al movimiento.
El movimiento estudiantil que está surgiendo tiene claramente estas características autónomas y legítimas. Más allá de las provocaciones porriles del 3 de septiembre,el movimiento viene de un descontento y luchas previas que ahora fueron detonadas en una expresión masiva. No es solamente la agresión porril del día 3. Es una presencia cotidiana de los porros en Prepas y CCHs. Por eso, efectivamente, no basta con la expulsión de una docena de porros o el encarcelamiento de algunos de ellos o el cese de funcionarios bajos encargados de coordinar a estos porros, sino desmantelar completamente la estructura porril. Esa estructura porril está sostenida materialmente desde oficinas universitarias y también de partidos como el PRI y el PRD, en algunos casos desde gobiernos delegacionales. Desmantelar esta estructura es lo que también apunta a la necesaria lucha por democratización de la Universidad (y las otras instituciones de educación, como lo muestra la lucha de los del Poli hace unos años).
La crisis financiera en que viven diversas universidades en los estados, es también fuente -que em pieza ya a expresarse estos días- de otra fuente para un nuevo movimiento estudiantil. Esta lucha va más allá de la entrega de los reursos a las universidades, sino que es parte de la lucha contra la privatización de la educación y por la educación laica y gratuita.
Pero la violencia no se circunscribe a los porros. La otra demanda que desde la movilización de los compañeros del CCH Azcapozalco estaba ya enarbolada el 3 de septiembre es cuanto a la violencia contra las mujeres. Desde antes del 3 de septiembre ha surgido un fuerte movimiento de mujeres,  jóvenes estudiantes, denunciando el acoso y hostigamiento sexuales de maestros, autoridades y estudiantes contra ellas. Esta violencia ha llegado incluso hasta el feminicidio en el propio campus universitario, como lo recuerda todo el tiempo el caso de Lesvy. Estas luchas vienen de atrás y son parte de un nuevo auge del movimiento de mujeres y del feminismo que se expresa no sólo en México, sino en América Latina (recuérdese el caso de Argentina, por ejemplo), en Estados Unidos (la movilización de mujeres contra Trump en su toma de posesión) y a nivel mundial. La teoría de la conspiración para desestabilizar la transición de terciopelo obviamente no sirve para un movimiento de tal amplitud. Es como el 68 mexicano precedido o siendo parte de la movilización de la juventud contra la guerra en Vietnam, el Mayo 68 francés o la Primavera de Praga.
No es casualidad que en la movilización del 5 de septiembre contó con importantes si no es que mayoritarios contingentes de jóvenes mujeres estudiantes. Igual el hecho de que la Asamblea Interuniversitaria aprobó como una de sus demandas centrales la lucha contra la violencia de género, es decir contra el hostigamiento sexual y el feminicidio.
En estos días, las asambleas y la Interuniversitaria irán definiendo su propio programa de lucha. Igual que en el 68 no se sorprendan si estas demandas van más allá de las cuestiones académicas internas apuntando a demandas políticas más generales en la lucha por derechos y libertades democráticas. Revisen el pliego petitorio de 6 puntos del 68 para comprobar que la importancia histórica del movimiento es que iba más allá de la cuestión académica interna.
Lo trascendente es que el movimiento recupera la vía de acción de masas y en forma directa en las calles y los campus universitarios, sin limitarse a los viciados procesos electorales y parlamentarios, al respeto a las formas y transiciones reconciliatorias.
En estos días ya han dado muestras de energía, creatividad y alegría propias del movimiento de masas estudiantil. En la marcha del 5, los de Música salieron interpretando Nabuco, las mujeres de algunas facultades marcharon en contingente propio al mismo tiempo que exigieron en la asamblea de la Fcaultad de Filosofía que al sumarse al paro de varios días reclamaban un piso del  edificio exclusivo para las mujeres, al mismo tiempo que en redes sociales hacían galas de memes, carteles  y mensajes de lucha diversos. Con nuevos y modernos recursos inexistentes en el 68, recuperan rápidamente el espíritu rebelde, radical, alegre y subversivo del 68. Un programa incluyente de todas estas demandas, un funcionamiento democrático como el del 68, no excluyente de nadie y unitario sobre la base de la movilización de masas
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La transformación que Duque propone para Ser Pilo Paga

Por: Semana Educación

El gobierno estudia lanzar un programa de becas en las que el Estado ponga una parte y las universidades otra. Del mismo modo, busca fortalecer el presupuesto de las universidades públicas. El objetivo es que más estudiantes puedan acceder a la educación superior.

El programa  Ser Pilo Paga  podría vivir en pocos días una transformación inesperada. Después del anuncio de la ministra de Educación, María Victoria Angulo, sobre la desfinanciación en que encontró esta iniciativa, se creía que la política de becar a los estudiantes menos favorecidos había llegado a su fin. Sin embargo, el presidente Duque entregó un parte de tranquilidad el pasado sábado. Ese día aseguró que mantendría su promesa de campaña de cumplir con los 40.000 jóvenes que lo conforman y además, entregó algunas puntadas de lo que tiene en mente. «Esos muchachos pueden estar tranquilos que van a terminar sus carreras», dijo.

En el Taller Construyendo País, la reunión que el primer mandatario hace cada semana en las regiones, Duque aseguró que existe una necesidad de aumentar más la cobertura de la educación superior. Con esto, el presidente tocaba el corazón a la principal crítica que tuvo el programa bandera de Juan Manuel Santos. Los más duros cuestionamientos se centraron siempre en que este apenas lograba beneficiar a 10.000 estudiantes por año, una cifra muy lejana de las necesidades del país.

El presidente presentó una fórmula diferente para poder becar a los estudiantes.»La cobertura exige que nosotros podamos incluir más universidades públicas en un programa de gratuidad y decirles a las universidades privadas que también pongan», aseguró. En esas dos vías está marcada la nueva propuesta que se presentará en un mes. La idea más que eliminar el programa es extenderlo a otros estudiantes y cambiar el sistema de negociación con los centros académicos.

El problema central de la continuidad de Ser Pilo Paga, tal y como lo diseñó la exministra Gina Parody, es la financiación. Según dijo la ministra de Educación, María Victoria Angulo, en diferentes entrevistas radiales, se necesitan cerca de 2 billones de pesos para financiar a los 39.990 estudiantes que hacen parte de este. Expertos consultados por SEMANA aseguraron que desde antes ya se sabía que el programa era insostenible. Como los jóvenes podían elegir no solo la carrera, sino también la universidad y la ciudad donde querían estudiar, el resultado fue que el 79 por ciento de los muchachos terminaron en las universidades privadas más costosas del país, en las carreras más caras y se concentraron solo en tres ciudades, Bogotá, Medellín y Cali.

El hecho de que universidades privadas como Los Andes, la Javeriana y la Sabana se quedaran con el mayor número de “pilos”, como se les llama a los jóvenes del programa, hizo que esos recursos que el Estado destinaba para ese fin nunca llegaran a las universidades públicas, y también disminuyó el dinero que estas últimas recibían del Estado. El 50 por ciento del presupuesto de la nación terminó en la bolsa de Ser Pilo Paga.

Un modelo que logre integrar tanto a las universidades públicas como a las privadas será la apuesta del nuevo gobierno. Se están estudiando sistemas como los que existen en otros países, en los que el Estado financia un monto, pero las universidades ponen una contrapartida. Gracias a Ser Pilo Paga algunos centros educativos privados recibieron un número muy alto de estudiantes becados por la Nación. En los primeros años, la Universidad de la Salle, la Javeriana y la Universidad del Norte contaban con más de mil alumnos por año. Mientras Los Andes, por ejemplo, cerca de 600 estudiantes, que representaban la tercera parte de todos los que ingresaban allí. Aunque algunas de estas pusieron ayudas para la manutención de los estudiantes, el grueso de los gastos corría por cuenta del Estado.

Otras universidades fueron más cautas y limitaron el número. Algunos rectores consultados por SEMANA sostuvieron que como no había seguridad de que el programa estuviera financiado por muchos años, decidieron ser prudentes para que luego, en caso de que este se acabara, los presupuestos de las instituciones no se afectaran. Los directivos cuentan que cada año el gobierno los llamaba a preguntarles si era posible que la universidad pusiera una parte, pero que esas ayudas nunca se pudieron concretar. «Estos programas se usan en el mundo, pero en Colombia -a diferencia de lo que sucede en otros países- no tuvieron cofinanciación. Si el Estado estaba pagando 40.000 estudiantes, por lo menos se esperaría que las universidades pusieran el 50 por ciento del valor de la matrícula», explica Julián de Zubiría, rector del colegio Alberto Merani.

Más allá de los costos el programa sí representó una verdadera revolución social para quienes fueron beneficiarios. Por primera vez, miles de jóvenes de los lugares más apartados del país lograron llegar a universidades de elite que sin la estrategia de Ser Pilo Paga, ni siquiera habrían podido soñar. Con esto, se logró reducir la brecha de inequidad, hubo un valor agregado del intercambio cultural y se aumentaron las probabilidades del 30 al 70 por ciento de que jóvenes de escasos recursos llegaran a universidades como Los Andes. Las historias de jóvenes de veredas, muchas golpeadas por el conflicto armado, entrando a estos centros académicos conmovieron al país.

El rector de la Universidad Icesi de Cali, Francisco Piedrahita, asegura que el programa «no es tan costoso como lo pintan» y que su desempeño no puede verse solo en números presupuestales. Agrega que «dejaron que el programa se difamara cuando era un éxito y que sufriera todo tipo de ataques. Lamentablemente el éxito, como en todo, solo se ve con el tiempo. En unos años se sabrá qué significó llevar a la universidad a estos estudiantes».

Sin embargo, para muchos, entrar a la universidad no debería ser un privilegio de los más pilos, sino de muchos más. Francisco Cajiao, exrector de la Universidad Pedagógica y la Universidad Distrital, le dijo a SEMANA: “A mí también me gustaría que fueran a estudiar a Londres a Nueva York, pero tenemos que ver cuántos jóvenes tenemos y cómo repartimos la plata. El programa no podía basarse únicamente en el mérito”. Cajiao agregó que hoy la cobertura en educación superior en Colombia es solo del 35 por ciento, un porcentaje muy bajo en comparación con otros países de América Latina que tienen coberturas del 50 por ciento o más. Entre estos están Chile que ha logrado una cobertura del 87 por ciento.

Según los expertos consultados, para que el país llegue a una cobertura similar necesitaría abrir al menos 600.000 cupos más. Ese cambio, sin embargo, no sucede de la noche a la mañana. Para que una universidad pueda abrir 1.000 cupos necesita renovar su infraestructura y contratar casi que una nueva planta docente. Victoria Elena González Mantilla, docente investigadora de la Universidad Externado de Colombia, le dijo a SEMANA que celebra la decisión del presidente de fortalecer las universidades públicas. Sin embargo, se pregunta ¿cómo lo va a hacer cuando el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, redujo el presupuesto de esta cartera en 33 por ciento? “Genera preocupación es que terminen por no subsidiar al grupo pequeño de estudiosos, y que por otro lado, tampoco se pueda hacer inversión en la universidad pública por los recortes que ha anunciado el gobierno”, agrega.

En cuanto a la idea que los estudiantes paguen una parte del dinero y que las universidades paguen otra, Dustin Tahisin Gomez, docente investigador de varias universidades y estudiante del doctorado en agrociencias de la Universidad de la Salle, explicó que después de terminar la carrera los jóvenes podrían devolver el 50 por ciento de lo que costó su educación para crear una bolsa de recursos para financiar la matrícula de las generaciones. Según él, también será necesario buscar que el sector privado se involucre realmente con la academia.

Lo que viene en las próximas semanas no será fácil. El gobierno comenzará a estudiar modelos y a formular propuestas. En este momento hay un equipo dedicado a este asunto que comienza por definir un nuevo nombre para ese programa. Se ha hablado de llamarlo «Todos somos pilos», pero la fórmula no convence a algunos que sienten que evoca un poco de espejo retrovisor. Se espera que el borrador se presente después de que los bachilleres presenten sus pruebas de Estado.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/ivan-duque-programa-de-educacion-reemplazaria-a-ser-pilo-paga/582553

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