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España: Educación Pública la lista de profesores canarios admitidos al plan para formarse en el extranjero

España/21 agosto 2017/Fuente: 20 Minutos

  • La Consejería de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias ha publicado este jueves la resolución provisional de admitidos en la formación para mejorar las competencias docentes para implantar el ‘Plan de Impulso a las Lenguas Extranjeras’ (PILE) en las islas, solicitado por casi 300 docentes.

Al respecto, la Consejería de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias informó de que la publicación de admitidos y excluidos a esta convocatoria se pueden encontrar desde este jueves en el portal digital, en el que figuran ya cubiertas las 160 plazas ofertadas http://www.gobiernodecanarias.org/opencmsweb/export/sites/educacion/web/_galerias/descargas/perfeccionamiento/listado_provisional_admitidos_primer_trimestre.pdf).

El orden de las 284 solicitudes presentadas, que recoge este listado provisional y que está establecido a partir de los criterios de baremación recogidos en la convocatoria, señalan que podrá variar hasta el próximo 25 de agosto, plazo máximo para que los participantes presenten reclamaciones o documentación adicional, según informó el Gobierno canario en nota de prensa.

Al respecto, la consejera de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias, Soledad Monzón, calificó de «muy positiva» la cifra de solicitudes, asegurando que realizará «mejoras no solo con estas líneas formativas sino con nuevas posibilidades de certificación de idiomas para el profesorado del archipiélago».

Monzón subrayó que tanto en esta como en anteriores convocatorias relacionadas con la formación en idiomas «ha quedado demostrado que para los docentes es de gran interés continuar formándose en competencias idiomáticas».

En este sentido, avanzó que la Consejería ampliará los exámenes de certificación oficial de idiomas también a los docentes, aportando nuevas fechas de celebración de estas pruebas para garantizar que todo el profesorado interesado en acreditar su nivel de manejo de lenguas extranjeras pueda acceder a pruebas públicas», subrayó.

En cuanto a los cursos de formación docente en el extranjero consta de tres meses que se desarrollará durante el primer trimestre del curso 2017/2018, siendo la primera convocatoria de estancias en países de habla inglesa, una de las líneas formativas aprobadas recientemente dentro del plan PILE. Para participar, el profesorado debe acreditar un nivel intermedio-alto de dominio de la lengua, es decir, un nivel B2 según el Marco Común Europeo de Referencia.

A los cursos especializados en el sistema de Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lengua Extranjera (AICLE), de 240 horas de duración, se sumará en verano de 2018, dijo Monzón, una segunda modalidad de formación en el extranjero, con otras 250 plazas disponibles para cursos de un mes y 100 horas de duración. Para estos cursos de un mes, la Consejería exigirá el dominio de la lengua inglesa en un nivel B1 de MCER, es decir, un nivel intermedio.

Por último, indicó que en el primer curso de implantación de este Plan, que se basa en impartir en una lengua extranjera al menos el 40 por ciento del currículo en Infantil y Primaria y el 30 por ciento, en Secundaria, el modelo se implantó primero de Primaria de catorce centros escolares y para este curso se ampliará a segundo y también a primero de Infantil para expandir, de forma progresiva, el bilingüismo en los centros educativos canarios.

Fuente noticias: http://www.20minutos.es/noticia/3114269/0/educacion-publica-lista-profesores-canarios-admitidos-al-plan-para-formarse-extranjero/

Fuente imagen: http://diariodeavisos.elespanol.com/wp-content/uploads/2017/01/Adelanto-listas-profesorado-en-Canarias.jpg

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Ecuador: Informe sobre impacto de las escuelas del milenio fue difundido

Ecuador/21 de Agosto de 2017/El Comercio

La presentación de los resultados de los estudios de evaluación de impacto de las unidades educativas del Milenio y el Bachillerato Internacional se hizo la tarde del martes 15 de agosto del 2017, en el Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), en el norte de Quito. Los informes fueron levantados por el Ministerio de Educación con la colaboración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En el documento se señala que, hasta finales del 2017, se prevé que funcionen 117 unidades del milenio a escala nacional, que beneficiarían a 83 425 jóvenes, con una inversión de USD 803 millones. De otro lado se hicieron otras observaciones con relación a esos establecimientos educativos. En primer lugar, “no se encuentra impacto en matrícula escolar, esto es que no ha subido ni se ha reducido el número de estudiantes. Es decir, no podemos decir que esta ha cambiado”.

Sobre eso hay que decir que los estudiantes de diferentes planteles de una zona fueron llevados a las nuevas unidades. Con la información del total de estudiantes al inicio y final de cada año lectivo se calcula la promoción. Se usó la tasa de promoción promedio para básica y bachillerato. Y se evaluó el impacto en el año lectivo (2015- 2016) y se usó como control la tasa de promoción del 2008. Otra conclusión fue que “no hay impacto en el rendimiento escolar en el 2015, así tampoco en lenguaje en el 2016”. Finalmente, “se encuentra un impacto positivo en matemáticas el año pasado”. Para la evaluación por logros se utilizó las pruebas Ser 2008, Ser Bachiller 2014 a 2016. Se analizó el impacto solamente para tercero de bachillerato. Esos resultados fueron obtenidos de las últimas evaluaciones Ser Bachiller.

Para Fander Falconí, ministro de Educación, se demuestra que hay logros en matemáticas, pero no en lenguaje. Otra conclusión: se ha mantenido la cobertura en las unidades del milenio. Ante lo resultados de matriculación, Falconí enfatizó que “no es contraproducente” tener escuelas del milenio. Resaltó que, al llegar a la Cartera, recibió un plan de ejecución presupuestaria y hay planteles de ese tipo, cuya construcción ha avanzado entre el 82 y 95%.

Fuente: https://www.elcomercio.com/tendencias/sociedad-educacion-informe-escuelas-milenio.html

 

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¿Cuál es el estado del mundo?

Por: Revista Mercado

La única forma de contar una historia de todos es usando estadísticas; solo así se puede tener una visión panorámica de las vidas de los 22.000 millones de personas que vivieron en los últimos 200 años. Los desarrollos que revelan esos datos transforman nuestras condiciones de vida mundiales, lenta pero sostenidamente.

Frente a tantas descripciones calamitosas que se escucharon durante 2016 sobre el estado del mundo ?que sin duda coincidieron con los sentimientos de mucha gente?, Max Roser pensó en la necesidad de tomar seis grandes temas mundiales ?educación, alfabetización, mortalidad infantil, vacunación, pobreza y democracia? y demostrar con mediciones concretas el avance que han experimentado esas áreas en el mundo en los últimos 200 años. Los resultados, que figuran en la publicación web «Our World in Data», muestran cómo cambiaron las condiciones de vida.
Roser preguntó en una encuesta:
«Teniendo en cuenta todos los aspectos, ¿Usted cree que el mundo está mejorando o empeorando, o ni una cosa ni la otra?
En Suecia 10% contestó que está mejorando, en Estados Unidos solo 6% y en Alemania, 4%. Muy poca gente cree que estamos mejor.
Para evaluar cómo ha cambiado el mundo es necesario tomar una perspectiva histórica. Si la pregunta es sobre todo el mundo, la respuesta también debe considerar a todos. Interesa la historia de todos.
Pobreza, de vieja data. Para ver adónde hemos llegado debemos retroceder en el tiempo. Pero no 30 o 50 años. Si hacemos la evaluación tomando el tramo de nuestra vida es fácil cometer el error de pensar que el mundo es relativamente estático: las partes ricas, saludables y educadas del mundo aquí y las regiones pobres, enfermas y con poca educación allá. Así llegamos a la falsa conclusión de que siempre fue así y siempre será así.
Con una perspectiva más larga se ve con más claridad que el mundo no es nada estático. Los países que son ricos hoy fueron muy pobres antes y hasta estaban peor que los países pobres de hoy.
Para no retratar un mundo estático ?el Norte siempre mucho más rico que el Sur? hay que comenzar 200 años atrás, antes de que las condiciones de vida cambiaran totalmente.
En 1820 solo una pequeña élite gozaba de un buen nivel de vida, mientras que la amplia mayoría de la gente vivía en condiciones que hoy llamaríamos de extrema pobreza. Desde entonces, la proporción de personas muy pobres decreció continuamente. Se industrializaron muchas regiones y así creció la productividad, que a su vez hizo posible sacar a más personas de la pobreza: en 1950 tres cuartas partes del mundo vivían en extrema pobreza (menos de US$ 1,90 por día); en 1981 todavía era de 44%. Para el año pasado la investigación arroja que la extrema pobreza ha caído a 10%. Un logro enorme.
Aumentar la productividad fue importante porque hizo que los productos y servicios vitales dejaran de ser escasos: más alimentos, mejor vestimenta y menos hacinamiento en la vivienda. Al aumentar la productividad se redujeron las horas de trabajo.
El crecimiento económico también fue muy importante porque cambió la relación entre la gente. En el largo tiempo en que el mundo vivió sin crecer, la única forma de mejorar económicamente era cuando empeoraba la situación de alguna otra persona. La buena suerte propia era la mala suerte del otro. El crecimiento económico hizo posible que mejorara la situación personal y también la de los demás. La ingeniosidad de los que crearon la tecnología que aumentó la productividad hizo a algunos de ellos muy ricos y al mismo tiempo aumentó la productividad y los ingresos de los demás.
Lamentablemente los medios están demasiado obsesionados con contar acontecimientos sueltos y las cosas que salen mal y prestan poca atención a los lentos desarrollos que le van cambiando la cara al mundo.

Alfabetización. En 1820 una de cada 10 personas sabía leer y escribir; en 1930 era una de cada tres y ahora en el mundo 85% de la población está alfabetizada.
Si uno piensa que la ciencia, la tecnología y la libertad política son importantes para resolver los problemas del mundo y que para eso hace falta saber leer y escribir, entonces hay que mirar las cifras en números absolutos. En 1800 había 120 millones de personas en el mundo que sabían leer y escribir; hoy hay 6.200 millones de personas alfabetizadas.

Salud. Una de las razones por las que no vemos progreso es porque no estamos conscientes de cuán malo era el pasado.
En 1800 las condiciones sanitarias de nuestros ancestros eran tan deficientes que alrededor de 43% de los recién nacidos del mundo morían antes de cumplir cinco años.
Sería un error suponer que la medicina moderna fue la única razón por la que mejoró la salud. Al principio el aumento de la prosperidad y los cambios en la vida social importaron más que la medicina. Hubo mejoras en la vivienda y en los servicios sanitarios que aumentaron la posibilidad de pelear contra las enfermedades infecciosas. La dieta más sana posibilitada por mayor productividad en el sector agrícola y el comercio exterior? nos hizo más resistentes a las enfermedades. Al mejorar la nutrición y la salud, nos volvimos más inteligentes y más altos.
Pero la ciencia y la medicina también fueron importantes. Una población más educada logró avances científicos que hicieron posible reducir aun más la mortalidad y las enfermedades. Especialmente importante fue el descubrimiento de la teoría de la enfermedad por gérmenes en la segunda mitad del siglo 19. Retrospectivamente es difícil entender por qué una nueva teoría puede ser tan importante. Pero en una época en la que los médicos no se lavaban las manos cuando pasaban de hacer un post-mortem a un parto, la teoría convenció a nuestros ancestros de que la higiene y la sanidad pública eran fundamentales para la salud.
La teoría de los gérmenes fundó las bases para el desarrollo de antibióticos y vacunas y ayudó al mundo a ver la importancia de la salud pública.
Con esos cambios la salud global mejoró de una forma espectacular. En 2015 la mortalidad infantil fue de 4,3%, 100 veces más baja que 200 años atrás. Hay que tomar esta perspectiva larga para ver el progreso que hemos logrado.

Libertad. La libertad política y las libertades civiles están en el corazón mismo del desarrollo porque son un medio y un fin para el desarrollo. El periodismo y el discurso público son los pilares sobre los cuales se apoya esta libertad, pero la evaluación cualitativa de estos aspectos conlleva el riesgo de que erróneamente percibamos una declinación de libertades cuando en realidad estamos elevando la vara con la que juzgamos nuestra libertad. Por lo tanto, los análisis cuantitativos son útiles porque miden libertad en los países con la misma vara y a lo largo del tiempo.
Pongamos entonces en perspectiva cómo cambió la lilbertad política en los últimos 200 años. En el siglo 19 más de la tercera parte de la población vivía en regímenes coloniales y casi todos los demás vivían en países gobernados autocráticamente. La primera expansión de libertad política de finales del siglo 19 en adelante fue aplastada por el ascenso de regímenes autoritarios que se asentaron en los tiempos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial.
En la segunda mitad del siglo 20 el mundo cambió mucho: se acabaron los imperios coloniales y muchos más países optaron por la democracia. Especialmente importante fue el desmembramiento de la Unión Soviética que permitió que más países se democratizaran. Ahora una de cada dos personas en el mundo vive en democracia.
Fertilidad. El crecimiento de la población aumentó la demanda de recursos y el impacto sobre el ambiente. Pero que aumente la población significa que nos morimos más tarde que nuestros ancestros.
En tiempos pre-modernos la fertilidad era alta, la norma era cinco o seis hijos por mujer. Lo que mantenía bajo el crecimiento de la población era la alta tasa de mortalidad porque muchos niños morían antes de llegar a la edad reproductiva. La población siguió aumentando cuando ganamos la pelea contra la muerte. La expectativa de vida global se duplicó en los últimos 100 años.

Educación. Ninguno de los logros de los últimos dos siglos se habrían logrado sin la expansión del conocimiento y la educación. La revolución en cómo vivimos no solo fue impulsada por la educación sino que hizo que la educación sea más importante que nunca.

¿Por qué no sabemos esto?
Lo que motivó esta historia de las condiciones de vida globales, fue el resultado de la encuesta que documentó la perspectiva tan negativa del desarrollo global que tiene la mayoría de la gente. La evidencia empírica lo desmiente.
Los medios de comunicación tienen parte de la responsablidad porque no nos cuentan cómo está cambiando el mundo, nos cuentan solo lo que anda mal.
Es que se ocupan de hechos sueltos y los hechos sueltos suelen ser negativos. Aviones que se caen, ataques terroristas, desastres naturales, resultados de elecciones que no nos gustan. En cambio los desarrollos positivos son más lentos y menos espectaculares.
El resultado de que los medios y el sistema educativo no presenten información cuantitativa sobre desarrollos de largo plazo es que la enorme mayoría de la gente sea completamente ignorante sobre el desarrollo global.
La dificultad de contar la historia de cómo cambió la vida de todos en los últimos 200 años es que uno no puede elegir historias sueltas. Las historias sobre pueblos individuales son mucho más interesantes ?las que generalmente preferimos? pero no pueden ser representativas de cómo ha cambiado el mundo. Para lograr una representación de cómo ha cambiado el mundo en su totalidad hay que contar muchas muchas historias todas a la vez. Y en eso consiste la estadística.

Por qué importa que sepamos esto
La exitosa transformación de nuestras condiciones de vida fue posible por la colaboración. Son los cerebros colectivos y en un esfuerzo de colaboración los que se necesitan para lograr una mejora.
Sigue habiendo problemas. Nada de todo lo dicho nos da motivos para la complacencia. Por el contrario, muestra que todavía hay mucho por hacer: que 1 de cada 10 personas todavía viva en extrema pobreza es inaceptable. Tampoco se pueden aceptar restricciones a la libertad que se mantienen o se imponen. Y está claro que el impacto de la humanidad sobre el medio ambiente está en un nivel que no es sostenible y que está haciendo peligrar la biosfera y el clima de los que depende.
No hay ninguna ley inexorable que asegure que el mundo continúe esta tendencia de mejorar las condiciones de vida. Pero lo que está claro desde la perspectiva del largo plazo es que los últimos 200 años nos trajeron a una posición mejor que nunca para resolver esos problemas. La resolución de los grandes problemas es siempre una tarea de colaboración. Y el grupo de personas capaz de trabajar hoy es el más capaz que ha tenido el planeta. Acabamos de ver el cambio en el tiempo: el mundo hoy es más sano, más rico, y está mejor educado.

El peligro nuclear es mayor que en los 80

Si bien es cierto que en el mundo hay menos armas nucleares, ni Rusia ni Estados Unidos dejaron de invertir en armamento y sistemas de lanzamiento. En la Casa Blanca habita hoy un hombre irascible y famoso por su ignorancia sobre este tema. En el Kremlin habita el primer líder ruso desde Nikita Khrushchev que puso el tema nuclear sobre la mesa, que disfruta provocando a Europa y sembrando muerte en Medio Oriente. Lo que más asusta es que de estos dos hombres, Vladimir Putin es el que razona.
No fue casual que Putin hablara públicamente de actualizar el arsenal nuclear ruso el día anterior a su conferencia de prensa anual. Era evidente que quería que le preguntaran sobre el tema ante los ojos del mundo. Lo que nadie suponía era que Donald Trump iba a reaccionar tuiteando que Estados Unidos «debe fortalecer y aumentar mucho su capacidad nuclear». El diario The New York Times, no muy seguro del significado exacto de esas palabras, dijo que mientras a Obama le había llevado un año de estudio y 64 páginas expresar su política nuclear, Trump lo había hecho en minutos y 140 caracteres.
Putin tal vez pretendiera manipular al neófito político estadounidense para que firme un tratado que dejara a Rusia a salvo de los misiles norteamericanos. Pero si así fuera, no contaba con que el método Trump consiste en sacar un tweet del cinto con la misma rapidez que el cowboy desenvainaba su revólver. Putin, dijo Gary Kasparov, ama el «póker geopolítico», pero Trump es demasiado impaciente para el póker.

Fuente: http://www.mercado.com.ar/notas/para-entender/8024675/cul-es-el-estado-del-mundo

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Las competencias sociales y educativas

Por: Beatriz Villarreal

Jacques Delors en el libro “La educación encierra un tesoro” publicado en español  en 1998, hace nueve años, -2017- desarrolla un discurso educativo novedoso y profundo necesario para el siglo XXI para una gran cantidad de miembros de la UNESCO que son las voces de países y comunidades que necesitan renovar y transformar  la educación, desde la perspectiva de las ciencias humanas y de la interdicisplinariedad por la complejidad y el protagonismo que cada vez más adquiere la educación dentro de la globalidad como la característica esencial del mundo actual.

La educación requiere de conocimientos provenientes de la filosofía, las ciencias y la cultura para dar respuestas y lograr el impacto que las sociedades vienen reclamando desde hace varias décadas. Con los planteamientos de Delors y sus conceptos es posible afirmar que éstos rápidamente tomaron fuerza en muchos países democráticos conscientes de la importancia de estos cambios para sus sociedades.

Diez años después son parte de la institucionalidad y de la fortaleza de las políticas educativas. Muestran buenos resultados producto de la incorporación, en muchos países, de programas regionales para desarrollar y evaluar los aprendizajes y los resultados obtenidos. Contrariamente en Guatemala, al ser un país donde la educación históricamente,  sobre todo en los últimos 20 años, no ha tenido el reconocimiento ni la importancia requerida para su modernización y reproducción socioeconómica. Las novedades educativas llegan muy tarde o son aplicadas décadas después. Esto no hace posible obtener los resultados esperados como en los países que si han realizado los cambios necesarios.

En el país no se discute la importancia, contenido, ni posibilidades para fortalecer el sistema educativo, profundizando cada vez más sus rezagos. Su impacto es negativo. La educación en las sociedades democráticas fortalece el conocimiento y las tendencias igualitarias y democráticas. El que gana es todo el país, al generar mayores cantidades de personas formadas, útiles para el desempeño de competencias básicas de la sociedad, para continuar y mejorar la calidad educativa, la institucionalidad y el reconocimiento de lo educativo como un aspecto central. Procesos novedosos que apenas se están comenzando a digerir en países como Guatemala, al ser escasamente tomados en cuenta por la dirección educativa y por algunos educadores a nivel individual, en su labor docente.

Además en muchos casos esta propuesta educativa recibe mala prensa con críticas que hacen algunos grupos con interpretaciones sesgadas de lecturas que hacen de artículos publicados en revistas. Son retomados por profesionales poco conocedores de estos temas y de las perspectivas que ofrecen a las sociedades estas alternativas reales, para resolver sus déficits y realizar procesos educativos, sociales y económicos que significan cambios profundos y de fondo, no instrumentales.

Los planteamientos sobre la educación, formación, conocimiento y aprendizaje se tienen que tomar en cuenta. Sus contenidos son de gran actualidad y novedad,  especialmente en aspectos tan específicos como es en lo referente a las competencias educativas. Esta teoría es una propuesta y un contexto teórico-práctico para estos cambios.

Fuente: http://s21.gt/2017/07/31/las-competencias-sociales-educativas/

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Investigación: Alternativas para la evaluación del trabajo académico

Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico

Investigadores: Angélica Buendía, Susana García Salord, Rocío Grediaga, Monique Landesman, Roberto Rodríguez-Gómez, Norma Rondero, Mario Rueda y Héctor Vera.

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulos a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulos subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado deberá ser la mejoría en la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna la actividad académica en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo –a gusto o disgusto– acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías es por periodos determinados, previa evaluación, , los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría, o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades –académica e instrumental– explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulos (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Estos programas se desarrollaron a mediados de la década de los ochenta; su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir— se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica (aproximadamente a un 30 por ciento del total). El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) es el programa más visible de estas políticas pero actualmente la mayoría de las instituciones de educación superior cuentan con un programa de este tipo. Además, en paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep) y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, la investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académicoafecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en contextos formativos y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica ha envejecido, lo que, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

– que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;

– que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;

– que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;

– que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);

– que los resultados sean transparentes;

– que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que –al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo– el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere; la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador; la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras; el tipo de dificultades más frecuentes; los índices de aprobación y rechazo; el contenido y el número de las solicitudes de revisión; las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un(a) buen(a) evaluador(a).

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

Angélica Buendía es profesora investigadora del Departamento de Producción Económica de la UAM-Xochimilco.

Susana García Salord es investigadora del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas de la UNAM.

Rocío Grediaga es profesora investigadora del Departamento de Sociología de la UAM-Atzcapotzalco.

Monique Landesman es profesora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM.

Roberto Rodríguez-Gómez es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Norma Rondero es profesora investigadora del Departamento de Sociología de la UAM-Atzcapotzalco.

Mario Rueda es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.

Héctor Vera es investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.


1 El presente documento nació con el interés de propiciar una discusión colectiva para mejorar los sistemas de evaluación del trabajo académico en las instituciones de educación superior en México. Nuestra intención es que las ideas aquí vertidas circulen y se debatan entre el mayor número posible de académicos. Este texto es una versión resumida de un escrito más extenso que puede consultarse aquí. Además nos interesa escuchar los comentarios y reacciones de todos los interesados en este tema.

Fuente reseña de investigación: http://educacion.nexos.com.mx/?p=588

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Entrevista a Mar Romera Morón: Desarrollar un pensamiento crítico es la verdadera necesidad educativa del siglo XXI.

Mar Romera Morón es Formadora, profesional libre. Pedagoga. Presidenta Asociación Pedagógica Francesco Tonucci.

¿Si tuvieras que elegir un momento de tu vida profesional, con cuál te quedarías?

Cuando un niño te mira a la cara, te sonríe, te abraza y se acuerda de ti siempre. Cuando una maestra después de escucharme me dice que ha vuelto a recuperar la ilusión por la profesión y por el futuro. No podría elegir un momento. La profesión de “maestra” es un momento.

¿Qué es para ti la innovación educativa?

Innovar no es sumar, innovar es transformar lo que hacemos para obtener mejores resultados con “menos esfuerzo”.

La escuela lleva siglos sin cambiar. Hay escuelas, maestros y maestras que están en la línea, que lo están consiguiendo, pero el precio es caro y la inversión personal en ocasiones muy alta.

La docencia es la única profesión a la que se llega a la formación inicial con ella aprendida. La Universidad tampoco está preparada para asumir este reto y cambiar de raíz el modelo de formación inicial. Cualquier adolescente recién titulado en Educación Secundaria piensa estar preparado para “dar clase” en cualquier nivel de otros más pequeños. Esto nos indica que aún seguimos pensado que lo único importante para dar clase es “conocer los contenidos”. Nada más lejos de la realidad. En 2017 todo lo que se supone que debemos aprender “está en un dispositivo móvil en nuestro bolsillo”, ¿esto es verdad? ¿Es esta una contradicción?

Los contenidos en sí no son válidos. Desarrollar un pensamiento crítico, capaz de tomar decisiones, de elegir, de crear… son las verdaderas necesidades del siglo XXI y esto no se encuentra “en los contenidos” esto está en las formas, en las maneras de aprender y de enseñar. En nuestros días se aprende el cómo se aprende y no el qué se aprende.

Esta magia, esta maravilla del significado de educar no es posible desarrollarla por cualquiera. Es solo una habilidad reservada a profesionales docentes vocacionados, preparados, que no dejan de estudiar y que respetan la infancia como el tesoro más valioso del planeta tierra.

¿Utilizas metodologías innovadoras en el aula? ¿Cuáles?

Cualquier metodología que hace protagonista al alumnado.

Basándonos en EDUCAR DESDE LAS FORTALEZAS, CON LA INTENCIÓN DEL CRECIMIENTO PERSONAL EXITOSO Y EL MODELADO HACIA LA MEJORA DE LAS DEBILIDADES, ELIGIENDO LA PLATAFORMA EMOCIONAL DESDE LA QUE SE PIENSA Y ACTUA.

Desde aquí nación el modelo EDUCAR CON TRES CS: CAPACIDADES, COMPETENCIAS Y CORAZÓN.

Es un modelo basado en el gran potencial de nuestro alumnado (capacidades) una escuela en la que se aprende haciendo (competencias) y desde un modelo emocional y emocionante (corazón)

En esta propuesta es imprescindible la participación de toda la comunidad (familia-escuela-comunidad).

¿Qué te ha llevado a apostar por el cambio educativo?

Apostar por una escuela inclusiva que haga realidad LA CONVENCIÓN INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS de los niños. Derecho al juego, derecho a la participación…

No recuerdo ningún buen maestro en mi infancia, dijeron a mis padres que no llegaría nada. El sistema intentó hacer algo parecido con mi hija y hay es estudiante de magisterio, brillante, preparada, ilusionada con múltiples títulos en su mochila…

He visto coles cambiar. He visto a niños y niñas llegar cada mañana con ilusión. Se que es posible y merece la pena apostar por la confianza en la humanidad.

Elige una palabra, tu centro: ¿favorecedor o limitador?

No tengo un centro. Me siento parte de muchos y a cada uno de ellos le regalaría una palabra. En este momento quiero citar el COLEGIO ARCADIA en Villanueva de la Cañada (Madrid). Su claustro me ha acogido este curso con la propuesta de acompañar su proceso de transformación y de cambio.

Este equipo humano ha sido todo un ENCUENTRO, una ILUSIÓN compartida por la comunidad. Entre sus paredes el tiempo nunca es suficiente, las sonrisas y las ganas de hacer son infinitas, he visto cómo se contagiaban entre adultos y entre alumnado. Por esto, pensando en este cole y en muchos otros la palabra con la que me quedo es FUTURO.

¿Qué mejorarías de nuestro sistema educativo?

La formación inicial. La formación continúa del profesorado. El prestigio de la profesión docente. La carrera profesional con evaluación orientadora y asesora del profesorado.

La autonomía pedagógica de los centros con equipos directivos profesionales. En la escuela pública la necesidad de estabilizar las plantillas y diseñar un modelo de concurso de traslados por proyectos y no por kilómetros.

Convertir en el centro del sistema al niño y a la niña, no la estadística ni la burocracia.

Esto sería un largo etc.

Dice Tonucci que “no necesitamos buenas leyes, necesitamos buenos maestros”.

Si estuviera en tu mano cambiar algo en la educación actual, ¿qué cambiarías?

Todo lo citado en el punto anterior, pero si sólo fuese una cosa cambiaría los sentidos de los maestros y maestras para permitirles.

  • Escuchar con oreja verde (la que sabe escuchar a los niños). Rodari.
  • Ver con ojos de niño. Tonucci.
  • Tocar con la sabiduría de la experiencia.
  • Oler para intuir desde el respeto y la ciencia.
  • Saborear, cada minuto de escuela como si fuese el último, evitando el valor propedéutico de las etapas.
  • Con mucho sentido del humor.
  • Y más sentido común.
  • Coles pequeños e integrados en la comunidad. Ruptura con las asignaturas tradicionales, el conocimiento ya no se ordena de este modo. Grupos clase no asociados a niveles ni a edades. La hetereogeneidad como recurso.
  • Implicación de toda la comunidad…

¿Has participado en algún proyecto que quieras destacar?

Estoy orgullosa de estar en la ASOCIACIÓN PEDAGOGICA FRANCESCO TONUCCI.

Estoy orgullosa del trabajo realizado en el CEIP Mª del Mar Romera.

Es un honor haber formado parte de proyectos de colegios públicos, concertados y privados de muchos lugares de nuestro país.

Mirasur, Florida Universitaria, Arcadia, Integratek, Tuiinvas…. Al final personas y personas a las que te unes con la “ilusión de cambiar el mundo”.

¿Qué características debe tener un líder educativo?

El profesorado debe tomar conciencia de que el alumnado “no aprende nada de lo que le enseñamos, nos aprende a nosotros”. Somos referentes, o al menos deberíamos serlo, de nuestro alumnado. Para ello es importante estar preparados, cuidarnos cada día y tomar conciencia de nuestro autoconcepto como personas y como docentes.

Un líder educativo debe estar formado en metodologías, en teorías piscopedagógicas del cómo se aprende y como se enseña; ser un apersona culta y ampliar esta cada día: literatura, cine, teatro, arte, música, viajes, lugares, gastronomía… todo esto es más cuando es vivencia.

El líder educativo es experto en habilidades intrapersonales, el encuentro con nosotros mismos, las habilidades que nos permiten marcarnos metas, diseñar objetivos, marcar estrategias… reflexión, concentración, técnicas de concentración y atención personal… También en habilidades interpersonales, habilidades de escucha y comunicación; asertividad y empatía.

Las personas que dedican su vida a la docencia, a la educación de la infancia deben ser conscientes de haber elegido a profesión más relevante del mundo, y como tal deben preparase cada día para ello.

Si tuvieras que crear un “club educativo” ¿a quién invitarías?

A cualquier persona preocupada por el futuro. A cualquier persona con ganas de aprender. (No debería ser maestro nadie que no cree en el futuro y tampoco nadie que no es capaz de aprender).

Dicho esto y como referentes importantes para mi: Francesco Tonucci, Ken Robinson, H. Gardner, mis hijas, mis compañeros del día a día: Javier, Olga, Javier, Alberto, Angy… Y un largo etc de personas que me enseñan cada día.

Fuente entrevista: http://miaceduca.es/mar-romera-moron-desarrollar-un-pensamiento-critico-es-la-verdadera-necesidad-del-s-xxi/

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España: El tamaño de las aulas importa: más alumnos, más burocracia y menos tiempo para aprender

Europa, España, 19 de agosto de 2017.  Fuente: http://www.eldiario.es. Autor: Daniel Sánchez Caballero.

Las clases masificadas provocan que el profesorado pierda tiempo en imponer orden, perjudican a los estudiantes más desfavorecidos y dificultan la individualización de la enseñanza. La situación ha empeorado en los últimos años como consecuencia de los recortes porque el descenso de profesores ha conllevado la subida de alumnos.

Apenas se habla de ello, pero es de lo que más afecta al día a día en clase. Cuántos alumnos hay metidos en un aula o con cuántas personas tiene que lidiar un profesor cada hora. Aunque es la parte más visible de esta variable cuantitativa, no es la única. Hay otras, menos evidentes, pero también importantes: cuántos exámenes debe corregir el maestro de cada tacada o con cuántas familias tiene que relacionarse en cada curso. Las ratios condicionan hasta dónde se puede individualizar la atención a los alumnos.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha puesto sobre la mesa la cuestión de las ratios, en general por encima de los límites recomendables, durante su campaña electoral. Prometió que las reduciría a 12 alumnos por clase en Primaria de un curso para otro. Su ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, anunció a principios de julio que en una primera fase se realizará en 2.500 clases de colegios de zonas desfavorecidas. La tarea será ardua. En Francia, según datos de la OCDE, las ratios en Primaria están actualmente en 23 alumnos por clase.

En España la situación no está mucho mejor. En Primaria hay 22 alumnos por clase —de media—, mientras en Secundaria la cifra sube hasta los 25. Con estos datos, nuestro país se ubica en la posición número 12 de los 33 países que analiza la OCDE, por encima tanto de la media de estos países como de la media de la Unión Europea de los 21 –países que forman parte de la UE y de la OCDE– , que se sitúa respectivamente en 21 y 20 en Primaria y 23 y 21 en Secundaria.

España se coloca justo por detrás de EEUU y por delante, precisamente, de Francia. China lidera la clasificación por países, con 50 alumnos de media en Secundaria y casi 40 en Primaria, y Letonia la cierra con 15 y 16, respectivamente.

Las ratios de alumno por aula en Europa.
Las ratios de alumno por aula.

Hasta 40 alumnos por clase

Los datos de España hay que cogerlos con cuidado. Son medias y, en muchas ocasiones, se nutren de dos extremos: las grandes ciudades suelen tener muchos más alumnos por aula que los entornos rurales o de pequeñas poblaciones. En las grandes capitales puede llegar a haber hasta 40 alumnos en cada clase en los últimos años de bachillerato.

La situación solo ha empeorado en los últimos años como consecuencia de las decisiones adoptadas por la crisis. El descenso del número de profesores ha conllevado automáticamente la subida de los alumnos por clase, como constató CCOO en un reciente informe. Así, en el periodo entre el curso 2008-2009 y el 2015-16 cada aula de un centro público acoge a un alumno más en Primaria y a uno y medio en Secundaria. En regiones como Madrid  la masificación en las aulas ha llegado a la justicia (la expresidenta, Esperanza Aguirre, permitió subir las ratios un 20% de manera coyuntural, pero nunca se bajaron) y en otras como Cantabria están en máximos europeos.

Con Cifuentes, la Comunidad de Madrid mantiene a más alumnos de los que marca la ley porque apela a un decreto que permitía subir el número ante la reducción de plantilla. Sin embargo, se quedó sin efecto después de que el Gobierno anunciara una tasa de reposición del profesorado del 100%. Así las cosas, el limite legal de ratios marca un máximo de  25 alumnos en Infantil y Primaria; 30 en Secundaria y 35 en Bachillerato.

El tamaño de las aulas importa, explican los expertos. Y no solo en el rendimiento de los alumnos, también en el discurrir de la propia clase o en el gasto educativo. Aunque no hay excesiva literatura específica al respecto, Blanquer sí aludió a «estudios realizados en Francia y en el extranjero» para avalar la propuesta francesa de reducir las ratios.

La OCDE, en su Panorama de la Educación, explica tímidamente que «las clases más pequeñas pueden beneficiar a grupos de estudiantes concretos, como los que proceden de entornos desfavorecidos».

La importancia de la atención individual

Los profesores que están cada día en las aulas confirman estas impresiones y van más allá. «El número de alumnos es una de las cosas más importantes», asegura una profesora de Primaria. «Es la manera de conseguir una atención lo más individualizada posible para cada estudiante. Para mí, en un mundo ideal el máximo razonable son 18-20 y el óptimo, 14-15. Si tienes divididos a los alumnos en grupos de rendimiento (no una división física, está en tu cabeza), puedes centrarte en el que tiene un menor desempeño y el otro trabajará solo. Con tres grupos ya no vas a llegar a todos», explica. Y si en la clase hay alumnos con necesidades educativas especiales, la aseveración anterior redobla su validez e importancia.

Más allá de esto, señala la OCDE, «un mayor tamaño de las clases parece estar asociado a un porcentaje más elevado de estudiantes con problemas de comportamientos y con la necesidad de dedicar más tiempo a mantener el orden, en vez de a la enseñanza y al aprendizaje».

Los datos de la OCDE muestran que en los países con menos alumnos en cada clase (Letonia o Estonia, con casi 15 alumnos), los profesores dedican casi el 85% del tiempo a la enseñanza y el aprendizaje, mientras que en los que más tienen (clases que rondan las 35 personas), este porcentaje cae por debajo del 75%. La media de la OCDE no llega al 80%. En una clara correlación, en los países con las aulas más masificadas el 15% del tiempo se va en mantener el orden en clase, mientras que los que menos alumnos tienen no llegan al 10% de los minutos invertidos en esta tarea.

Además, como recuerda otra maestra, no solo se trata de las horas de clase en sí. Más alumnos significa más exámenes que corregir y, sobre todo, más familias que atender durante el curso. De nuevo, más tiempo dedicado a la burocracia y restado a las tareas puramente académicas que limita esa individualización de la enseñanza a la que apuntan los expertos como el camino a seguir.

En Francia, pionera en la reducción masiva de ratios si mantiene la promesa, tienen tarea por delante. Tanta, que los sindicatos del país creen que no lo van a lograr. Reducir el número de alumnos por aula requiere más clases físicas y más profesores. La parte de los maestros más o menos se puede acometer, es cuestión de dinero. Más dificultades presenta la de las aulas. De momento, como solución temporal, los directores se plantean separar las clases que ya tienen por la mitad con algún recurso coyuntural (una cortina, un muro) o utilizar las aulas informáticas.

Fuente reseña: http://www.eldiario.es/sociedad/importancia-tener-pocos-alumnos-clase_0_670883145.html

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