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“Quiero hacer de Ghana el Silicon Valley de África”

Por: Revista Semana Educación

Ousman Umar salió de Ghana, atravesó el desierto del Sahara y llegó cinco años después a España. Hoy, a través de su fundación, quiere advertir a los niños en África de los peligros de la inmigración y de paso los está formando en informática.

Ousman Umar es un hombre con una historia abrumadora. Después de sobrevivir a una travesía de cinco años desde Ghana, sur de África, hasta Barcelona, España, fue rescatado por una catalana cuando solo tenía 13 años. Hoy, es el fundador de la ONG Nasco Feeding Mind, un proyecto premiado por la ONU.

Con un perfecto español su voz se escucha débilmente al otro lado de la línea: «Salí de Ghana con 46 personas y solo llegamos seis a Fuerteventura, una isla de España. Es difícil para mí contar lo detalles, pero lo haré lo mejor que pueda”.

Dice que sobrevivió a las mafias que transportan a los migrantes en el desierto, quienes los abandonaron en medio de la nada. Superó el temible desierto del Sahara ingiriendo su propia orina durante 19 semanas y enfrentó al océano Atlántico en una pequeña balsa de madera que tuvo que construir con sus manos. A pesar de que le cuesta recordar estos momentos, no deja pasar un detalle: “No sabía nadar”.

Cuando creyó que había llegado al paraíso de los blancos, el lugar donde los hombres nacen sabios- según creía- todas sus expectativas se desdibujaron. De Fuerteventura, lo enviaron a Barcelona, según Umar, porque lo único que sabía decir en Español era “Barca”.

Sin embargo, en los primeros meses, no encontró nada distinto a lo que había vivido en Ghana. Hijo de un chamán, fue educado para trabajar en la aldea Fiaso, un lugar perdido en el mapa, de apenas cien habitantes. Como la educación inicial en Ghana no es gratuita, su padre lo obligó a dejar la escuela.

A los nueve años se fue de casa para aprender a trabajar. Le pagaban con comida, ya que ante los hombres era solo un niño aprendiendo de mecánica. A falta de dinero, vivió en la calle. Años más tarde, no se aguantó y se fue a Accra, la capital de Ghana, en donde trabajó en el puerto de Tema.

“Llegaban tantas cosas de segunda mano a ese puerto, que mi sueño era descubrir quién era el hombre blanco que podía construir tantas cosas valiosas y por qué está tan capacitado para realizar todo aquello que se le ocurría. Para entender eso, tenía que ir hacia donde estaban los hombres blancos”, cuenta.

Guiado por sus sueños de aprender, de explorar un mundo que solo conocía por los objetos extraños que llegaban a su país, puso su vida en riesgo. “Caminaba solo con lo que llevaba puesto, pero estaba feliz, porque había llegado al paraíso. Pero, no me tardé mucho en darme cuenta de que estaba en otra selva, una de cemento. Saludaba a todo el mundo y nadie me contestaba, no era nadie para ellos”, recuerda.Por las barreras del idioma, el peso de ser un inmigrante y la falta de empatía de quienes se cruzaba, Umar vivió durante algunos meses en la calle.

El rescate

Aún siendo menor de edad, Umar seguía deambulando por la calles de Barcelona. Un día, Montse, una catalana lo encontró y decidió acogerlo en su casa.

Los padres adoptivos de Umar. Cortesía: Ousman UmarSus padres adoptivos y Umar. Cortesía: Ousman Umar.

“La primera noche me acompañó a la habitación; me metió en la cama como si fuera un niño de cinco años. Me dio un beso en la frente, apagó la luz y salió. El mundo me cayó encima. Pasé toda la noche llorando, preguntándome por qué había sufrido tanto para llegar a manos de esta persona. Me preguntaba qué había hecho mal para merecer tanta tortura, tanta desgracia”.

Durante el tiempo que vivió con Montse, le enseñó castellano y catalán. Le ofreció aquello que desde muy pequeño había deseado: la educación básica a la que no había podido acceder en Ghana. Pero no todo sería fácil de aquí en adelante. Umar tuvo que trabajar en un taller arreglando bicicletas para pagar su carrera universitaria.

“Entré a estudiar Química, porque tenía curiosidad de saber si la magia negra era real. Dos años más tarde, me retiré, porque era imposible trabajar 40 horas arreglando bicicletas para pagarme la universidad. Luego, estudié Administración de Empresas, Relaciones Públicas y Marketing y terminé la carrera en 2017. Y en 2018, me apunté a un diplomado en Gestión y Dirección de ONG`s”.

En agosto de 2018, Umar dijo al diario El País de España que el 95% de inmigrantes mueren en el camino y de los que llegan, solo el 1% consigue integrarse en la vida europea. Por lo tanto, la suerte con la que había corrido, era como si se hubiera ganado la loteria.

Después de 13 largos años, Umar ya no era el pequeño inmigrante que había logrado sobrevivir en una pequeña balsa. Se convirtió en el ejemplo perfecto de superación para quienes lo rodeaban. Sin embargo, no tardó en darse cuenta que algo andaba mal. Paradójicamente, él no quería que ningún niño de África siguiera sus pasos.

“La noche en que por primera vez dormí en una casa en España, me dije que yo sería la voz de las personas que perdieron su vida en el camino de Ghana hasta aquí, y sobre todo, alzaría mi voz para evitar que nadie más venga a caer en esa trampa”, expresa.

“La educación puede salvar tu vida”

Todo inició con su hermano- Banasco Nuhu- a quien convenció de no venir al mundo de los blancos. “Hace algunos años me dijo que quería vender las cabras y las gallinas para seguir mis pasos e ir hacia Libia, atravesar el desierto y llegar a España. Aunque no fue fácil, lo convencí de que lo que tenía que hacer era estudiar. Se quedó y le ayudé a pagar sus estudios y ahora mismo tiene su propia empresa”.

Y así inició lo que después llamaría Nasco Feeding Mind, una fundación con el objetivo de que los niños y niñas de Ghana puedan tomar decisiones sobre su futuro aprendiendo a usar un computador e Internet. Umar empezó a enviar ordenadores a Ghana para que los niños de su aldea en Fiaso conocieran el mundo sin arriesgar sus vidas en el desierto o en el océano.

La fundación Nasco Feeding Mind ha impactado la vida de más de 11.000 niños. Cortesía: Ousman Umar. 

“Hasta el año pasado la educación inicial en Ghana no era gratis. Para ir a la universidad es aún peor, solo llega el 4% de los bachilleres. Pero, cuando uno es capaz de autogestionar su sistema educativo, cuando tienes curiosidad y cuando tienes acceso a la información, creo que estos índices van a variar mucho”, dice.

Por alfabetizar a más de 6.000 niños de Ghana en informática, Nasco Feeding Mind fue seleccionado como uno de los cinco mejores proyectos en la categoría ‘Information and Communication Infrastructure‘ de los Premios WSIS, un galardón entregado por la ONU en 2017.

Así, por medio de un dibujo de un computador, los profesores en Ghana han enseñado la asignatura de informática. Cortesía:Ousman Umar.

Hoy, según Umar, ya cuentan con ocho aulas informáticas a las que pueden acceder los estudiantes de 19 escuelas. Pero, ahora, la idea no es solo enviar ordenadores. “Estamos trabajando en un programa de formación para que los docentes mejoren su nivel. Para llegar a los profesores que enseñan en lugares apartados de Ghana, queremos construir un campus de informática para que puedan quedarse durante sus vacaciones. Por ahora, tenemos la mitad del presupuesto”.

Por eso, para él no es una locura decir: “Quiero hacer de Ghana el Silicon Valley de África”.

Imagen tomada de: https://static.iris.net.co/semana/upload/images/2019/2/22/602421_1.jpg

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/ousman-umar-quiere-construir-un-silicon-valley-en-africa/602423

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¿Adoctrinamiento en la educación colombiana?

Por: La Silla Vacía/27-02-2018

En la última semana se ha desatado una  polémica que gira alrededor de lo que se ha denominado como “adoctrinamiento” por parte de algunos docentes en Colombia.

Conviene reflexionar acerca de algunos aspectos que están relacionados con el término «adoctrinamiento» que, según la RAE, consiste en  “inculcar a alguien determinadas ideas o creencias”.

Si consideramos que la educación es, de acuerdo con algunos pensadores de este campo como Vigotsky, un modelo de transmisión de la cultura, el acto de educar tendrá que ver siempre con inculcar en alguien un cúmulo de ideas particulares o creencias. Es decir, siempre estará relacionada con un tipo de adoctrinamiento. Probablemente la polémica reciente tiene que ver con qué clase de ideas son las que un docente pone a circular en un aula.

Pero, ¿no es acaso cualquier proyecto educativo un adoctrinamiento en sí mismo? El proyecto de la modernidad se asentó sobre la educación como elemento fundamental. Sus  ideales de nación, patriotismo o ciudadanía, entre otros, han sido transmitidos principalmente por el sistema educativo. En este sentido, la educación es la base de la organización política, entendida esta última como la participación en la vida común, que es social por excelencia. Dicho esto, la educación es una práctica política, en esencia.

En este escenario, el docente es un actor protagónico. Incluso la decisión de ser docente implica ya una posición ideológica de cara a la sociedad. Esto es válido en el ámbito mundial ya que, salvo contadas excepciones, la profesión docente se considera en la mayoría de países, una condición de segunda categoría o de inferioridad frente a otros oficios. En Colombia, el contexto adquiere mayor relevancia si se piensa en factores relacionados como las distancias entre la educación oficial y la privada, en sus distintos niveles; las amenazas que reciben los docentes en algunas zonas urbanas o rurales o la inestabilidad laboral, principalmente en el sector privado.

Por lo tanto, es imposible concebir la educación sin adoctrinamiento. Justamente es el docente, quien se encarga de traducir en términos prácticos el legado cultural que una sociedad quiere preservar. La libertad de cátedra se constituye en una garantía para la transformación y la innovación del conocimiento que circula por los centros académicos. Es justamente, en muchos casos, el docente quien se echa al hombro la tarea de contribuir en la formación de sujetos críticos, curiosos y por qué no, rebeldes, frente a la asimilación de los contenidos culturales que una sociedad, no tan sana, pretende transmitir.

La libertad de cátedra es un bastión desde el que se propone y se transforma un ideal de mundo distinto. De no ser así, estaríamos compartiendo principios medievales y caducos. Evidentemente no se trata de formar personas con rencor social sino de incitar y seducir hacia posturas críticas y propositivas que contribuyan a transformar una sociedad que reclama generaciones que piensen y actúen distinto. Aunque en la profesión docente aún quedan cosas por mejorar y ajustar, no se puede coartar la posibilidad de que en las aulas se construya un nuevo país, un nuevo mundo.

 

*Fuente: https://lasillavacia.com/silla-llena/red-de-la-educacion/historia/adoctrinamiento-en-la-educacion-colombiana-70222

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Entrevista a José Yorg: “Fui un maestro rural con método de enseñanza bilingüe. Castellano – guaraní”

Noticia.  Opinión Ciudadana  27 de Febrero de 2019

Refirió el reconocido docente José Yorg que “con gran satisfacción leí en los medios comunicacionales que un equipo de investigación de la Facultad de Humanidades de la UNNE, desde el año 2001, estudia los usos del guaraní y el castellano en contextos escolares y comunitarios de la provincia de Corrientes”.

“Doblemente complacido -prosiguió Yorg- al saber que tales experiencias se realizan en dos escuelas rurales del departamento de San Luis del Palmar, Corrientes, ciudad donde me recibí de Profesor, y por tanto, conozco la idiosincrasia de ese pueblo laborioso y generoso que me acogió”.

Señaló Yorg que “instintivamente, al desempeñarme en las campiñas formoseñas, en zonas guaraníticas, establecí un puente bilingüe que me permitió un dialogo pedagógico formidable”

DISCURSO DE PROHIBICIÓN DEL GUARANÍ

“Al igual que el equipo de investigadores de la Facultad de Humanidades de la UNNE, que llevan adelante la experiencia, tropecé con discursos de resistencia y prohibición del guaraní por parte de directivos, pero con mucho tacto y respeto pude demostrar que el método ayuda a desinhibir y enriquece el horizonte cultural del educando”, comparó Yorg.

LENGUAJE CULTURAL

Puntualizó el educador que “Debemos tener en cuenta que el guaraní es una lengua riquísima en su estructura gramatical y en su vocalización y además es utilizado para designar especies animales y vegetales científicamente”.

“Constituye el guaraní en la región un vehículo transmisor de cultura e historias, por ejemplo, mi bisabuela, correntina, de San Luis del Palmar, al igual que muchas familias, se vieron obligadas a emigrar con todas sus pertenencias a Paraguay, producto de esas oleadas de conflictos políticos entre Autonomistas y Liberales correntinos, eso explica que, tanto en Paraguay como en Corrientes, existan familias del mismo apellido y origen”, concluyó Yorg.

Fuente: https://www.diariopinion.com.ar/noticias/2019/02/10/25337-yorg-fui-un-maestro-rural-con-metodo-de-ense%C3%B1anza-bilinge-castellano–

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Argentina: “Ciencia en un clic”

Santa Fe  Noticia  El Litoral  27 de febrero de 2019

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Santa Fe prorrogó hasta el sábado 30 de marzo de 2019, el plazo de inscripción a la convocatoria “Ciencia en un clic”, el concurso fotográfico que premia imágenes relacionadas con la percepción de la ciencia por parte de la sociedad.

El objetivo del concurso es que niñas, niños y jóvenes integrantes de clubes de ciencia, instituciones educativas, bibliotecas populares y organizaciones no gubernamentales de la provincia se involucren activamente en el quehacer de la ciencia y la tecnología, utilizando la fotografía como medio de creatividad y expresión.

El tema de esta edición es “Ciencia, tecnología e innovación productiva: su acción en nuestra vida cotidiana” y apunta a reflejar cómo las personas percibimos la ciencia, la tecnología y la innovación; cómo impactan sus beneficios; y cómo nos apropiamos de ellos en la vida cotidiana y el mundo que nos rodea. Las fotos premiadas se sumarán a las de ediciones anteriores para conformar la muestra itinerante “Ciencia en un clic”, un recurso público para la divulgación de la ciencia.

Modalidad

Podrán participar niñas, niños y jóvenes en edad escolar, pertenecientes a clubes de ciencia, instituciones educativas, bibliotecas populares u organizaciones no gubernamentales de la provincia de Santa Fe.

La participación en esta edición es de carácter institucional, es decir que los participantes deben enviar sus fotos a través de colegios, clubes de ciencia u otras organizaciones.

Las imágenes podrán estar relacionadas a la investigación científica y sus aplicaciones tecnológicas, reflejando el objeto de estudio, las personas que realizan la actividad, los instrumentos utilizados y/o instalaciones, las tecnologías e innovaciones que resultaran de la aplicación del conocimiento científico y el impacto de éste en la comunidad. Se elegirán tres ganadores: el primero recibirá una cámara fotográfica digital, el segundo una cámara fotográfica deportiva y el tercero una tableta electrónica.

Fuente de la Noticia: https://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2019/02/26/politica/POLI-10.html

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A nivel mundial, videotutoriales marcan tendencia en educación: Labipe

Redacción: Jornada/27-02-2019

Mientras que en América Latina ha avanzado, “casi de manera secreta”, el uso de los videotutoriales por parte de los alumnos de educación media superior y superior, en las universidades mejor posicionadas del mundo los han incorporado plenamente a su sistema educativo con un enorme éxito.

Vicente Liern Carrión, coordinador en Europa del Laboratorio Iberoamericano para la valoración de Procesos Educativos de la enseñanza de la matemática (Labipe), añadió que el uso de estos videos ha sido de tal magnitud que en las universidades se ha reducido el número de clases presenciales.

Además, dijo que prácticamente todas las universidades posicionadas en los primeros 50 lugares en el Ranking mundial de Shanghái han incorporado el sistema de videos a su proceso de enseñanza; incluso con la elaboración y producción de sus propios productos educativos.

Al participar en el tercero encuentro del Labipe, organizado en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) -dedicado al análisis de los videos tutoriales en el área de matemáticas que se encuentran de manera gratuita en Internet-, el especialista de la Universidad de Valencia, España, citó que de acuerdo a diversas investigaciones y experiencias, los estudiantes en América Latina también usan de forma creciente dichos videos.

Sin embargo, advirtió a que a diferencia de las universidades mejor ubicadas en el ranking, regularmente de Estados Unidos, Europa y Asia, los jóvenes latinoamericanos “lo hacen manera oculta, como si fuera un secreto”, y donde las autoridades universitarias y los docentes, todavía no se dan cuenta de la enorme utilidad que representan dichos videos. “Por qué tenemos que negar esa realidad, si es un instrumento muy valioso. No podemos negarnos. El tema va por ahí”, dijo.

No obstante, junto con la doctora Claudia Margarita Acuña Soto, investigadora del Cinvestav y coordinadora del Labipe en América Latina, destaca que estos videos deben ser evaluados por especialistas, a fin de que cumplan con los correctos conceptos matemáticos y una adecuada presentación didáctica, con el propósito der ser, efectivamente, una herramienta útil para el aprendizaje.

Ambos especialistas precisaron que esta es la tarea en la que trabaja desde hace casi dos años el Laboratorio, que ocupada en la construcción de una lista con videos altamente recomendables.

En su exposición, Liern Carrión explicó que ante la falta de acceso a Internet, se puede crear un banco de videos, previamente evaluados y clasificados por tema, para ser distribuidos en memorias USB a aquellas instituciones educativas que no tienen ese tipo de tecnología, pero que bastaría una computadora para acceder al video.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/ultimas/2019/02/12/videotutoriales-con-gran-exito-en-universidades-labipe-4895.html

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En Brasil, MOCHA: la historia de Bachillerato Trans Mocha Celis, una escuela crítica de las desigualdades de género

Redacción: Palabras/27-02-2019

Todos los domingos de febrero, Malba cinepresenta MOCHA. Nuestra luchaSu vida, Mi derecho, una creación colectiva del Bachillerato Popular Travesti-Trans Mocha Celis, dirigida por Francisco Quiñones Cuartas y Rayan Hindi, que cuenta la historia de la primera escuela del mundo crítica de las desigualdades de género, que está orientada, aunque no de forma excluyente, a personas trans, travestis y transexuales.

Realizado por los propios estudiantes, quienes contaron sus historias y escribieron el guión, el documental, que también podrá verse a partir del 28 de febrero en el cine Gaumont, ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival Asterisco 2018, y en el Rio Festival de Gênero & Sexualidade no Cinema, de Río de Janeiro, y fue seleccionado para competir en el 34° Festival Internacional de Cine de Guadalajara, que se realizará del 8 al 15 de marzo, por el Premio Maguey que premia lo mejor del cine LGTBQ del mundo.

Para conocer algunos detalles más de esta obra, una historia de inclusión y aprendizaje, dentro y fuera del aula, Palabras dialogó con de Francisco Quiñones Cuartas, director del film y del bachillerato Mocha Celis.

¿Cómo surge el proyecto de realizar este documental?

Además de director del bachillereto, yo soy documentalista, productor y director de radio y televisión, y uno de mis primeros contactos con este tema fue hace más de diez años cuando trabajaba en otro proyecto también documental para contar la historia de la cooperativa Nadia Echazú, a partir del que conocí a Lohana Berkins.

En ese momento, teníamos la idea de hacer ese docu, y fuimos a contárselo a Lohana, que desde el inicio nos planteó: “Todo bien, mucho cine, mucho cine, pero siempre muestran la misma imagen”. Ella estaba convencida que los medios de comunicación siempre muestran de una sola forma a las personas travestis y trans, que nunca les dan la oportunidad de construir otros relatos, y que, por lo tanto, en el imaginario social siempre hay una misma construcción.

Obviamente, en aquel momento intenté convencerla que en nuestro caso no era así, y Lohana simplemente dijo: “Dale, dibujá una travesti, entonces”, y yo quedé tieso. Finalmente, llegamos a un acuerdo: nosotros nos encargaríamos de lo técnico, y los miembros de la cooperativa de todo lo demás. Así nació Furia Travesti, el documental, pero también en el proceso me empecé a cruzar con muchos de los compañeros y compañeras, militantes y activistas con quienes empezamos a gestar el proyecto del bachiller Mocha Celis.

En el proceso de trabajo para Furia, Lohana me había mandado a leer La gesta del nombre propio, y Cumbia copeteo y lágrimas, dos libros que te enfrentaban con datos crudísimos, como que el promedio de vida de las personas travestis y trans era de 35 años, además de cuestiones relativas a la salud, la educación, etc, por eso, en paralelo a la realización, comenzamos a pensar la idea de tener una escuela, aunque siempre creyendo que algo así ya debía existir.

Llamamos a Lohana para contarle el proyecto y nos dijo que le parecía excelente, que no existía nada igual, que esta era nuestra oportunidad, que debíamos hacerlo ya. También nos dijo cómo se debía llamar, donde podía estar ubicada, con quién debíamos hablar…motorizó todo, así era Lohana.

Y así llegamos a construir el Bachillerato Popular Travesti-Trans Mocha Celis, la primera escuela del mundo crítica de las desigualdades de género, que está orientado, aunque no de forma excluyente, a personas trans, travestis y transexuales, que finalmente pudimos inaugurar el 11 del 11 de 2011, y donde hoy estudian más de 120 personas, muchas trans pero también mamás solteras, afrodescendientes, mujeres mayores de 50 años.

¿Y desde aquel Furia que es semilla del bachiller cómo surge la posibilidad de hacer esta nueva producción?  

Hacia finales de 2014, cuando se recibió el primer grupo, empezamos a darnos cuenta que lidiábamos con un problema porque muchos se acercaban a la escuela intentando contar la historia del Mocha Celis, como lo había hecho yo diez años antes con la de la cooperativa, con buenas intenciones, pero generando una sensación de zoologización en quienes estaban estudiando: con gente que entraba todo el tiempo, a veces sin avisar, sacaban fotos, etc.

Entonces, nuevamente, recordando las palabras de Lohana surgió la necesidad y la posibilidad de construir un relato propio, que sirva para replicar la experiencia, para que otras personas quieran terminar los estudios identificándose con quienes cuentan esta historia, y que les brinde además a las estudiantes la posibilidad de revertir esos imaginarios instituidos, con relatos en primera persona, que los reconozcan como sujetos productores de sentido y conocimiento. Definitivamente, cerraba por todos lados.

Empezamos a armar el proyecto, hicimos un crowfunding para conseguir el dinero para financiarlo, y en el Bachi Mocha los estudiantes adquirieron herramientas audiovisuales, y comenzaron a trabajar para hacer una película que reflejara quiénes son y qué les ha pasado, con la intención de promover la idea de que otra educación es posible y que a través de esta, ellos tienen nuevos horizontes.

Así, llegamos a generar este contenido de calidad, que puede presentarse en espacios masivos de difusión como los cines, los festivales o el Malba, que muchas veces están vedados para los cuerpos que construyeron este trabajo.

¿Y cómo estructuraron la historia?

El documental corre sobre tres líneas, la historia de Mocha, una travestique migró de Tucumán y que fue asesinada por la policía en los años 90 en la zona de Flores, mayormente ficcionalizada, la de la producción del docu, que tiene muchos materiales de detrás de cámara, y la de la institución, con entrevistas, en un formato documental más clásico.

Un planteo que creo resulta en una acción de visibilidad muy grande que parte del corazón del propio espacio, sin golpes bajos, sin reproducir la tristeza, sin caer en la pedagogía de la crueldad, construida desde la pedagogía travesti del amor, recordando aquello que escribió Lohana en su carta de despedida: “el amor que nos negaron es el motor de nuestro movimiento”.

¿Y además de las excelentes críticas y la recorrida por festivales qué ha generado hasta aquí el material?

Están pasando muchas cosas afortunadamente, porque aunque hace siete años que estamos trabajando todavía hay mucha gente que no nos conoce, y que a partir de ver el docu, o leer comentarios sobre el material se empezó a comunicar, y muchas chicas que no sabían que existía el Mocha se han empezado a anotar en la escuela.

Luego, particularmente me encanta cuando veo que muchas personas al ver el documental plantean cosas como: “nunca había pensado que el tema de la vivienda era tan importante”, “no había reparado que tener un hogar te organiza la vida y lo duro que es vivir teniendo que mudarte todo el tiempo”, muchas cosas que uno no ve, porque las da por sentadas, y que aquí se exponen desde un lugar que genera empatía.

También es interesante como el documental muestra como es la agencia del tiempo en las personas trans, porque si sumamos la cantidad de veces que han sido detenidas solo por el hecho de ser, en general todas suman más de cinco años, es una carrera universitaria promedio; o como da cuenta de situaciones como la de Claudia, que aparece en el documental, que superó el promedio de 35 años de vida, es una sobreviviente, y tiene planteos sobre cómo tener una vejez digna, que desnudan una realidad que mucha gente no conoce.

Y todo generando empatía, por eso siempre decimos que una de las acepciones del término trans es “más allá de”, algo que para nosotros es central, porque, en definitiva, más allá de nuestras cuestiones de identidad, o expresión de género, o de nuestra sexualidad, todos y todas tenemos derechos que deben ser garantizados.

¿Junto a lo anterior se han acercado personas interesadas en replicar la experiencia y cómo continúa el proyecto de la escuela?

Afortunadamente eso ya está sucediendo, ya hay 22 preuniversitarios en Brasil, uno en Chile, una escuela hermana en Tucumán, un plan fines dentro de la Universidad de Avellaneda, y luego de la película se han acercado muchas personas con ganas de replicarla, preguntándonos cómo lo hicimos.

Nosotros, en tanto, continuamos funcionando dentro de la mutual Sentimiento, tenemos títulos oficiales, y parte del grupo de docentes reconocido, pero también tenemos una parte que no lo está, que trabaja ad honorem porque no tenemos financiamiento integral del Estado, y todo el tiempo tenemos que hacer eventos y otras acciones para poder sostener la escuela.

Además, así como se hizo el documental todos los años producimos otros contenidos que nos permiten sensibilizar y generar sentido de manera colectiva, materiales como La revolución de las mariposas, un libro que actualiza La gesta del nombre propio, la obra que nos dio Lohana cuando comenzó la escuela, pero donde las propias estudiantes son las que hacen las entrevistas, procesan los datos, etc. generando una herramienta que es consultada incluso por las agencias estatales, porque compila y analiza los datos existentes, frente a la ausencia de datos oficiales. Si sin financiamiento integral podemos hacer todo esto, es inimaginable lo que se podría lograr si el Estado estuviera presente en el Bachi Mocha, como tiene que hacerlo en todas las instituciones educativas.

Fuente: http://www.palabras.com.ar/notas/la-historia-de-bachillerato-trans-mocha-celis-una-escuela-critica-de-las-desigualdades-de-genero/

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La figura del mediador en la intervención socioeducativa con minorías

Por: Saray Marqués

Hace unas semanas el relator de Naciones Unidas para cuestiones de minorías subrayaba la necesidad de incorporar a los representantes de las comunidades gitanas al diseñar y monitorear programas para avanzar hacia la igualdad. Hablamos con la asociación Barró sobre cómo lo hacen ellos en Madrid desde 25 años.

“Instaría a que los programas para promover la igualdad de los gitanos se diseñen y monitoreen en consulta con los representantes de las comunidades gitanas, en lugar de ser diseñados y monitoreados por otros”. Se trata de una de las muchas recomendaciones del Relator Especial de las Naciones Unidas, Fernand de Varennes, tras su visita a España a finales de enero. En un informe preliminar recuerda a nuestro país cómo contamos con la segunda comunidad gitana más numerosa de Europa y que el camino ha sido exitoso en la disminución del analfabetismo pero no tanto en el éxito escolar, con un 64% de alumnos gitanos que se van del instituto sin título. También se muestra alarmado por haber tenido constancia de centros educativos con una concentración de hasta el 90% de alumnado gitano sin que exista un plan nacional para abordar esta realidad.

Tina y Barró

La Asociación Barró funciona desde hace 25 años en Puente de Vallecas (Madrid) y en este tiempo ha ido extendiendo su acción a otros lugares como Ciudad Lineal, Villa de Vallecas o la Cañada Real. De centrarse en la alfabetización de la mujer gitana en un primer momento ha ido ampliando su ámbito de actuación a los niños, adolescentes y jóvenes. Ya no solo de etnia gitana, también de origen migrante y, más en general, en situación de vulnerabilidad.

Ha cambiado mucho desde su creación por la Compañía de María a petición de los Servicios Sociales en 1994, como nos relatan Esther Galante, coordinadora general de proyectos; Aura Morales, mediadora intercultural, y Estrella (Tina) Iglesias, de la primera promoción de mediadoras gitanas de Barró, la de 2004-2005. Esta última interviene hoy, entre otros, en el CEIP Asturias y en el IES Madrid Sur, pero en un principio tuvo que mentir en casa para poder apuntarse a ese curso: “Yo estaba acostumbrada a estar en mi casa, atender a mis hijos, a mi marido. No pensé que podía hacer nada que no fuera eso, el tema de los cuidados. Al recibir la renta mínima de inserción (RMI), acudía a una asociación de mi barrio, Mujeres Opañel, y surgió el tema del curso de mediación para mujeres. Yo he sido siempre una persona con una autoestima más bien baja, con muchos miedos, no sabía cómo me iba a organizar… pero finalmente di el paso, pensando aún en cómo lo iba a contar. Al final a mi marido le dije una mentirijilla, que nos iban a quitar el RMI si no hacía ese curso”.

No ha sido un camino de rosas, pero en este tiempo, Tina (47), a la que “sacaron” en 6º de EGB –a ella y a su hermana, los varones siguieron estudiando– ha conseguido su primer contrato laboral –en un campamento de verano de la asociación El Fanal–, se ha sacado el graduado escolar por las tardes trabajando por las mañanas, se ha formado en el curso de la Universidad de Navarra de experta en intervención con la comunidad gitana y, desde 2006, como otras compañeras de promoción, entre ellas la hoy coordinadora técnica del programa de mediación, trabaja para Barró.

Tina Iglesias es mediadora en la Fundación Barró

Ha participado en numerosas reuniones entre familias gitanas y profesores, ha asesorado a docentes, ha trabajado apoyando a la educadora con grupos de mujeres de Cañada Real, y en el grupo de apoyo escolar de niños y adolescentes también allí –“donde más experiencia adquirí”, reconoce-. Ha animado a otras mujeres a sacarse el graduado y ha visto cómo uno de sus hijos sigue sus pasos y está formándose para ser mediador. Hoy se acuerda de la vergüenza que pasaba al principio, cuando al elaborar informes para los centros educativos tenía dudas con la ortografía, o de aquel educador que, en las prácticas dentro de un programa contra el absentismo escolar en Villa de Vallecas, le recomendó dejar lo de mediadora por lo de monitora de aerobic, “con muchas más salidas”. También, de los conflictos con un marido que nunca hasta entonces la había visto salir de casa, enfrentarse al mundo laboral, relacionarse con personas no gitanas… O de la respuesta medio en broma de sus hijos –“Mamá, qué paya eres”– cuando les obligaba a ir al instituto. Si le preguntas “¿Qué estarías haciendo ahora si no hubieras hecho nada de esto?” responde: “¿Yo? Con pijama y bata, fregando…”.

Empezar a trabajar, a relacionarse con otras personas y sentir que estaba haciendo un buen trabajo le cambió la vida radicalmente, reconoce Tina, “a mí, que estaba en casa, que rara vez salía a vender con mi marido y que ni sabía hacerlo, que una vez cuando nos quitaron el género me puse a llorar… pero que sentía que ese era mi entorno, que eso era lo que se esperaba de mí por ser mujer gitana”.

La transformación de Tina ha corrido pareja a la evolución del programa de mediadores de la Asociación Barró. “La mediación social se utiliza mucho, pero no con esta metodología de rescatar a la propia gente. Tenemos mediadores que son ellos mismos realojados, mujeres contratadas que siguen viviendo en Cañada y se convierten en referentes sociales en su propio espacio comunitario como una especie de trabajadoras sociales, de referente al que acudir”, explica Esther.

Hoy poco queda de aquella asociación de 1994, salvo el lugar en que se encuentra. Lo que arrancó con el esfuerzo de muchos voluntarios hoy se ha profesionalizado, hasta los 37 trabajadores de plantilla que la integran. La mediación, junto con el trabajo en red –colaboran con otras entidades en la red Artemisa– son dos de sus pilares. Pero tampoco ha sido fácil. Para el primer curso de mediación, el de Tina, hablan con el Ayuntamiento, diseñan unas prácticas de un año… “Pero el sueño dura poco: son mujeres que en la mayoría no cuentan con el graduado escolar y empieza a haber trabas burocráticas”, rememora Esther. Lejos de rendirse, estas mujeres se siguen formando y, si no es posible que logren un puesto de trabajo en un centro educativo, sí pasan a trabajar para la red Artemisa u organizaciones como Barró, que desde un principio apostó por esta figura “como un filón para complementar proyectos y programas y lograr mejor los objetivos”: “Son perfiles fundamentalmente receptores de la renta mínima de inserción, pero empezamos a ver que ahí hay mujeres líderes de su comunidad, con ganas de aprender, de superarse, para tener un papel mucho más activo en los cambios sociales y educativos que intentamos producir”.

Así ha funcionado con Tina, Manuela, Paqui, Sandra, Samuel… Barró forma –ha habido cuatro cursos en este tiempo, con entre 10 y 15 personas– y el objetivo es reinsertar después en los propios proyectos: “Esto ha supuesto un cambio brutal a la hora de trabajar en Barró, porque yo puedo ser una muy buena educadora, trabajar con una familia gitana y llevarme estupendamente con ella, y puedo decirle que el niño tiene que ir al cole y que tienen que ir a hablar con la profesora… pero si va también una mediadora gitana y se lo dice desde sus claves culturales, desde un entendimiento de la situación, va a conseguir muchísimo más. Ellas ejercen como puente, van dejando pequeñas huellas en los centros”, proclama Esther, que reconoce que el sistema educativo no está preparado para afrontar la diversidad cultural actual. “Los docentes no están formados para tratar esta diversidad, no cuentan con competencias interculturales. La mediadora, con su trabajo, puede lograr el acercamiento e implicación de las familias, que vean el centro como algo suyo, que crezca su sentido de pertenencia, pues sin esto es muy difícil avanzar. Pero hace falta también que los profesores cuenten con esas herramientas, que lo vean como algo natural… El proyecto de mediación no es para favorecer a esta o aquella comunidad, es para intervenir con las partes, también con la institución, asesorando a los profesores sobre el mejor modo de expresarse ante una familia en una reunión”, secunda Aura.

Poco a poco, las instituciones empiezan a ser conscientes de lo beneficioso de esta mediación. Existen, por ejemplo, mediadores gitanos en el Tanatorio Sur y el Ayuntamiento se acordó de Barró en todo el proceso de desmantelamiento y realojo del poblado chabolista del Gallinero. “Había entidades trabajando, pero sobre todo con los niños, les está costando acceder a los jóvenes y a las familias. Y nos piden hacer una réplica. A nosotros nos da vértigo, porque la población gitano-rumana no tiene demasiado en común con la población gitana española, pero hacemos el primer curso de mediación social con población gitano-rumana en 2014-2015 y la experiencia es muy positiva y se repite en 2016 y 2018, tanto con hombres como con mujeres. Hoy tenemos contratados a seis gitanos rumanos que colaboran con el Samur Social del Ayuntamiento en asentamientos urbanos, en colegios, en rutas, presencia en horario lectivo… una figura que fue, además, muy importante durante el desmantelamiento y el realojo el mes de septiembre pasado, con una mediadora que se encarga del seguimiento ahora de las familias ya realojadas”, explica Esther.

Mesa de igualdad de la mujer gitana. Fotografía: Red Artemisa

Tina, que fue receptora –cuando hacía cursos de alfabetización, búsqueda de empleo y habilidades sociales– y hoy es protagonista de programas dirigidos a la comunidad gitana, reconoce que “es fundamental contar con el apoyo de entidades, de profesionales, que ven que puedes, que te animan a seguir adelante aunque se te pase por la cabeza rendirte”. “Yo estoy cansada de oír ‘es que no quieren integrarse’. Si esa gente viviera un día en la piel de una persona gitana –que vayas al supermercado y te siga el de seguridad, que quieras alquilar un piso y te veten por ser gitano, que en el colegio tus hijos estén mirados de otra manera…– verían que no es fácil, que muchas veces es hasta normal la hostilidad”, reflexiona Esther, que defiende sus programas como complementarios de otros como los de la Fundación Secretariado Gitano: “Desarrollan una importante labor de documentación, estudios, campañas de visibilización… Pero se centran demasiado en las experiencias de éxito, en ese chico o chica que ya está en el instituto y con un refuerzo completa sus estudios… Nosotros nos ocupamos de esos niños con menos recursos, que puede que ni siquiera tengan libros y vayan a clase con fotocopias”.

El alumnado gitano

Sobre la segregación del alumnado gitano, Tina constata que en el colegio en el que ella estudió, el mismo en que estudiaron sus hijos, esta ha ido a más: “A veces hay colegios que rechazan de una manera muy sutil a las familias gitanas: “Aquí el niño se va a sentir mal, casi no hay gitanos, todos sus primos están en otro cole, el nivel es más alto y no lo va a tener fácil…”, señala.

“Tenemos centros que también rechazan el servicio de mediación, que se niegan a que una persona externa se integre en su dinámica. Y otros que no nos informan ni a los educadores ni a las mediadoras de los expedientes de absentismo para que no intervengamos porque así esos alumnos disruptivos siguen faltando”, relata Esther, que, además de un buen proyecto intercultural y de inclusión social, de la formación de los docentes, entiende que es necesario bajar la ratio y aumentar los recursos. “Programas como el bilingüismo son tremendamente segregadores para niños con bajos recursos, cuyos padres tienen pocos estudios o ninguno, y que no cuentan con la posibilidad de enviar a sus hijos a una academia de idiomas… pero además el sistema educativo está concebido de manera que los niños deben dedicar todos los días tres o cuatro horas a los deberes, de forma que se tiene que reforzar casi más en casa, y hay familias que, a medida que sus hijos van creciendo, no están preparadas para reforzar”, constata.

A eso se añade muchas veces la falta de información, incide Tina. Familias que aceptan que lo mejor para su hijo es acudir a la clase de compensatoria porque allí van más niños y niñas gitanos y se va a sentir arropado, y firman sin saber con qué nivel van a salir de allí. Aunque suene impopular decirlo, Esther asegura que en determinados casos, como medida excepcional, una repetición a tiempo puede ser beneficiosa: “Quizá en una clase de 30 niños repiten un máximo de 5 y, curiosamente, nunca son los niños gitanos. Así, nos encontramos con niños que acaban 6º de primaria sin saber leer ni escribir, y sin expediente de absentismo, lo que es una vergüenza”.

Y esto, en el colegio. En el instituto, reconocen, es aún más difícil. También para las mediadoras. “Allí no hay la misma relación con la tutora, son muchos profesores, los alumnos están en plena adolescencia y es brutal la presión del grupo”, enumera Tina. “A mí no se me habría ocurrido decirle a mi padre o a mi madre que estaba pensando en dejar el instituto. Sabía que esa no era una opción”, analiza Esther. “En una familia gitana, desde mi experiencia, no hay ninguna mujer que si le preguntas ‘¿Quieres que tu hijo estudie?’ te responda que no. Pero ese hijo entra en la adolescencia y entonces le reconocen como adulto, y dice que no quiere ir, y se echa novieta e inicia otra vida que culturalmente no está mal vista… El ‘Si es lo que quieres, vale’ se abre paso”. “A muchos de esos chicos que abandonan nos los encontramos después en Barró, con 22 años, sin la ESO, en el proyecto de adultos para sacarse el graduado”, concluye Esther.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/02/18/la-figura-del-mediador-en-la-intervencion-socioeducativa-con-minorias/

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