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Educación para todos, también para los rohinyás en Bangladesh

Asia/Bangladesh/18 Abril 2019/Fuente: IPS

Los jóvenes rohinyás refugiados en Bangladesh enfrentan mayores dificultades desde que el gobierno de ese país adoptó nuevas medidas para impedir su acceso a la educación, con lo que quedan limitadas desde temprano sus oportunidades en el futuro.

Desde enero, el gobierno de Bangladesh ordenó la expulsión de los niños refugiados rohinyá de las escuelas, una decisión que ha provocado la protesta de los grupos de derechos humanos.

“La política del gobierno de Bangladesh de rastrear y expulsar a los estudiantes refugiados rohinyás en lugar de garantizar su derecho a la educación es errónea, trágica e ilegal… La educación es un derecho humano básico”, dijo el investigador principal de derechos humanos de Human Rights Watch (HRW), Bill Van Esveld.

“Si la educación es para todos, la educación debería ser para los rohinyás también”, dijo a HRW un estudiante expulsado de esa etnia musulmana procedente de Birmania (Myanmar).

Los estudiantes expulsados son parte de los 34.000 refugiados rohinyás registrados que viven en campamentos en los sub-distritos de Teknaf y Ukhiya en Cox’s Bazar. De hecho, la mayoría nacieron en Bangladesh después de que sus familias huyeron de la vecina Birmania a principios de los años 90.

Sin embargo, la mayoría de los niños rohinyás, incluidos los nacidos en Bangladesh, no son reconocidos formalmente como refugiados y no se les permite inscribirse en las escuelas de ese país del sur de Asia.

Para soslayar la prohibición, las familias rohinyás a menudo pagaban certificados de nacimiento como bangladeshíes u otros documentos para que sus hijos pudieran asistir a la escuela.

Un estudiante dijo que su familia ahorró durante meses para pagar el equivalente a 42 dólares  a fin de comprar un certificado de nacimiento de Bangladesh para que él pudiera pasar como ciudadano del país.

Otro estudiante fingió que sus padres estaban muertos para evitar incluir la dirección de su campamento de refugiados en la solicitud de su escuela.

En enero, los funcionarios notificaron a los directores de siete escuelas secundarias en Teknaf y a un funcionario del gobierno en Ukhiya que los alertó sobre el aumento en la asistencia escolar de los niños rohinyás y calificó como “representantes públicos deshonestos” a aquellos que les habían ayudado a adquirir documentos para soslayar la prohibición de escolarizarse.

“Las agencias de inteligencia de la Oficina del Primer Ministro nos informaron que los niños rohinyás asisten a diferentes instituciones educativas en el sub-distrito de Teknaf. Se ordena … tomar medidas estrictas para que ningún niño rohinyá pueda asistir a ninguna institución educativa de Bangladesh fuera de los campamentos”, decía el aviso de alerta.

Si bien no está claro cuántos rohinyá fueron expulsados desde que se envió el aviso,  la notificación incluía los nombres y direcciones de al menos 44 estudiantes rohinyás identificados, con la orden de expulsión inmediata de los centros escolares.

Adicionalmente, en el documento se exigía que se identificase cualquier otro miembro de la etnia y se procediese igualmente.

El fundador de una escuela secundaria dijo que los funcionarios de inteligencia le advirtieron que tener estudiantes rohinyás “no era seguro para el país, ni para nuestra gente”.

Van Esveld criticó la medida y dijo: “La solución para los niños que se sienten obligados a falsificar sus identidades para ir a la escuela secundaria no es expulsarlos sino permitirles que obtengan la educación que merecen”.

Mohammed fue uno de los estudiantes que contó a HRW como fue el día de su expulsión.

“(El director) dijo que si había un rohinyá, el Ministerio de Educación cancelaría la licencia para operar de la escuela”, explicó.

“Cuando se leyó el aviso, el director aseguró: ‘Sé quiénes son todos los rohinyá. No lo dudes, deja tus libros e identificaciones aquí y vete. En la clase, frente a los estudiantes bangladesíes, nos separaron y nos dijeron que nos fuéramos “, añadió.

Rahim, otro alumno, estaba en la clase de inglés cuando llegó un subdirector y les pidió a los estudiantes rohinyás que se fueran.

“Fui a un lugar reservado y lloré. Mi objetivo era ser médico. ¿Qué debo hacer ahora?”, se preguntó.

Dentro de los campamentos de refugiados hay algunas escuelas, no están acreditadas formalmente y solo llegan hasta el octavo grado de primaria y carecen de cursos de educación media.

Los niños refugiados en escuelas de campamento también tienen prohibido tomar exámenes nacionales o recibir certificaciones oficiales que indiquen que aprobaron algún nivel de educación.

Sin la educación formal, los niños rohinyá no pueden demostrar su nivel de educación y tampoco postularse para el ingreso a las universidades.

HRW instó a Bangladesh a detener la expulsión de estudiantes rohinyás de los centros escolares y a garantizar que todos los niños puedan recibir una educación formal.

En abril de 2018, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas también expresó preocupación por la falta de acceso de los rohinyás  a la educación e instó a Bangladesh a que incorporase  plenamente a su derecho interno el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, del que el país es parte.

Ese Pacto incluye la importancia de los derechos de los niños en todos los niveles de educación, independientemente de su estatus migratorio o de refugiado.

“Mientras los niños refugiados rohinyás no puedan obtener una educación formal en los campamentos, Bangladesh debería permitirles inscribirse en las escuelas locales”, dijo Van Esveld.

“El gobierno debería dejar de frustrar el derecho de los estudiantes rohinyás a aprender”, insistió.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2019/04/educacion-todos-tambien-los-rohinyas-bangladesh/

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cooperación genuina, Nicaragua, alimentación saludable

La salud planetaria pide ayuda a la escuela porque necesita un cambio de dieta urgente

Por: Carmelo Marcén

A lo largo de varios cursos, en primaria y secundaria, la escuela enseña algo sobre los alimentos y da a conocer a los escolares qué es mejor que coman y por qué, cuáles son los alimentos y nutrientes que más convienen a su cuerpo.

Convirtamos las escuelas en escenarios múltiples relacionados con la alimentación: campos de cultivo, supermercados, cocinas de casa y mesas de comedor. Dado que puede que el alumnado, en general, no esté muy implicado en este asunto cotidiano, podemos fomentar su curiosidad con un par de frases que se atribuyen a personajes célebres, haciendo hincapié en qué dijeron y cuándo, y pedirle que opinen sobre ellas. Dicen más o menos así: “Nuestra comida debería ser nuestra medicina y nuestra medicina debería ser nuestra comida” (Hipócrates, médico griego que vivió hace 2.500 años) y “comer es una necesidad, pero comer de forma inteligente es un arte” (La Rochefoucauld, filósofo moralista francés y escritor del siglo XVII). Ahora que se están poniendo de moda concursos televisivos sobre cocina, incluso los hay infantiles, se debería incidir en que la alimentación está muy ligada a la salud, por eso necesita seleccionar alimentos y nutrientes con inteligencia. Demos tiempo a que el alumnado exprese sus ideas, hable de sus hábitos y tomemos nota en la pizarra o en la PDI de sus saberes y desconocimientos, de sus deseos, para trabajarlos posteriormente.

En este sentido, y dirigida a todo el mundo, la FAO tiene una página especial dedicada a la alimentación y nutrición escolar en el mundo, en donde da consejos sobre la nutrición en general con una serie de directrices sobre las comidas escolares o la conveniencia de utilizar los productos locales para la alimentación. Incorpora guías alimentarias por países. También se puede consultar la estrategia Naos Come sano y muévete. 12 decisiones saludables de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Una buena guía para programar actividades con el alumnado, pues plantea situaciones de la vida corriente y da sencillos consejos para la práctica personal y colectiva. Es la edición de 2012, pero hay más números de la Estrategia Naos que resultan de utilidad para abordar cuestiones de alimentación y salud en la escuela. La página de la FAO incluye otros enlaces por países con estrategias de salud como El plato del bien comer en la página de México, las Guías alimentarias de Costa Rica o Chile, entre otras de los países latinoamericanos. También habla de un asunto trascendente y sujeto a comentarios varios: anima a preservar la biodiversidad como sistema complejo que nos asegura una alimentación variada.

Por si no se había reparado en ello, las dietas humanas están totalmente vinculadas con la sostenibilidad ambiental. Es indudable que el incremento de la producción de alimentos en los últimos 50 años ha contribuido a mejorar la reducción del hambre severa y la esperanza de vida pero también ha generado cambios de dieta poco saludables. Las tradicionales –basadas más en alimentos de origen vegetal– han cambiado hacia un “modelo alimentario de estilo occidental” –un alto consumo de calorías, alimentos altamente procesados, bastantes azúcares añadidos, sodio y grasas no saludables– procedentes de altas cantidades de productos animales, con los consabidos peajes ambientales de los que ya hemos hablado en este blog; en ellos, el gran incremento de productos utilizados en la ganadería intensiva para hacerla económicamente rentable, que después dañan el planeta y nuestra salud. Por otro lado, no se está priorizando el consumo de alimentos vegetales de temporada y de agricultura de cercanía.

Todo esto está teniendo sus impactos en la salud humana, a escala personal y colectiva, con elevados gastos sanitarios, pero también es insostenible a escala ambiental. La producción actual de alimentos ya está impulsando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y demasiados cambios drásticos en los usos del suelo y el agua; seguramente nuestros alumnos desconocen que para producir un kilo de ternera hacen falta 15.000 litros de agua según la FAO. La revista Science publicaba un artículo de título esclarecedor “Reducir los impactos medioambientales de la comida a través de los productores y consumidores” en mayo de 2018; en él afirmaba que el 83% de la superficie cultivable del mundo se destina a alimentar animales. Por eso no debe extrañar que mucha gente haya adoptado dietas basadas principalmente en los vegetales, veganos o no, y que otras personas colaboren en ONG animalistas, o que Greenpeace recomiende reducir la ingesta de carnes y lácteos un 50% en el año 2050. Si quieren más fundamentación de esta cuestión, lean el artículo Plate and the Planet de Harvard Chan; no tiene desperdicio ese plato del planeta. Alíñenlo con La dieta perfecta para salvar el planeta y la salud del ser humano, publicado en El País. Y mantengan siempre en la despensa EAT Lancet, que se titula como la plataforma mundial basada en la ciencia para la transformación del sistema alimentario.

No se queden únicamente con estos aperitivos. Comenten en equipo entre el profesorado si apuestan por “la dieta de salud planetaria” que han recomendado los científicos, y recoge en parte un artículo publicado por la CNÑ (la CNN en español), que aseguran que puede salvar muchas vidas y al planeta. Revisen con el alumnado lo que comieron el día anterior. Hagan grupos de alimentos y razonen si su dieta es más o menos saludable, para cada uno y para el planeta. El debate que se puede plantear en clase es sumamente interesante. De todo lo que hemos dicho aquí cabe hablar: el largo o corto viaje desde el campo a la mesa tiene repercusiones en la vida individual, colectiva y en la del planeta.

Por cierto, seguro que en el desarrollo curricular de su curso se habla, en su materia o en otras, de alimentación y nutrición, tanto a escala individual como atendiendo a las producciones alimenticias planetarias y al comercio mundial de alimentos. Abordarlo en clase es conveniente pero cabría que todo el centro educativo colaborase en un proyecto de trabajo, secuenciado y progresivo, sobre esta temática. Es más, resulta imprescindible si en su centro hay comedor escolar.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/ecoescuela-abierta/2019/04/12/la-salud-planetaria-pide-ayuda-a-la-escuela-porque-necesita-un-cambio-de-dieta-urgente/

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Los colegios de Reino Unido ofrecerán tampones y compresas gratis a partir de 2020

Europa/Reino Unido/18 Abril 2019/Fuente: La sexta

El Ministerio de Educación británico ha anunciado que toda niña de educación primaria y secundaria podrá conseguir en su escuela estos productos menstruales de primera necesidad.

Todos los centros escolares de Reino Unido, un total de 20.000, ofrecerán a partir de 2020 tampones compresas a todas sus alumnas de manera gratuita.

Así lo ha anunciado el Ministerio británico de Educación tras la preocupación de muchos docentes y padres por la cantidad de niñas que no pueden comprar estos productos de primera necesidad debido a la situación económica de sus casas.

Los funcionarios han decidido aplicar este servicio a las escuelas de primaria y secundaria para incluir a toda niña hasta los 18 años.

«Esta es una noticia fantástica. La pobreza de la época nunca debe ser un obstáculo para la educación» ha manifestado en redes Amika George, fundadora de la campaña #FreePeriod para promover productos menstruales gratuitos para a niñas de familias con bajos ingresos.

Una encuesta para Plan Internacional reveló que 1.000 niñas de entre 14 y 24 años el 12% había tenido que crearse su propio tampón «debido al alto coste en el mercado«.

Aunque aún no se ha dado detalles sobre la financiación de esta acción, se prevé que para final de año Philip Hammod, canciller de Hacienda de Reino Unido, aclare que Educación correrá con todos los gastos.

Imagen tomada de: https://fotografias.lasexta.com/clipping/cmsimages01/2016/05/26/D467A185-A531-411D-82DD-B6210D48D022/58.jpg

Fuente: https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/colegios-reino-unido-ofreceran-tampones-compresas-gratis-partir-2020_201904175cb7113f0cf2e136695070cd.html

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Instituciones estructuralmente maltratadoras

Por: Juana M. Sancho

¿Hasta qué punto somos conscientes, o incluso contribuimos, a discursos, políticas educativas y prácticas institucionales o educativas que puedan conllevar y fomentar maltrato institucional aunque sea para un alumno?

Al comienzo de la década de 1990 leí un libro, que una vez más no logro reencontrar, de un autor afroamericano sobre cómo la humillación sistemática que sufrió en la escuela lo convirtió en un resiliente. Y, a la larga, en un escritor de éxito. Otros muchos no han tenido ni tienen tanta suerte.

Aquello me hizo recordar un episodio vivido en mi infancia. En segundo de bachillerato un profesor de matemáticas sacó a la pizarra a mi compañera de pupitre y amiga y, al no contestar como él quería a sus preguntas, le vino a decir que de malas maneras era “tonta”. Sentí una enorme indignación que, aunque muda, se me debió notar ya que me puse a escribir en la libreta sobre lo impresentable que me parecía la conducta del profesor. Él se levantó, me la pidió y me indicó que saliera de clase. Pensé que me llevaría a la dirección, que me expulsarían del instituto, pero no fue así. Lo sorprendente para mí fue que al llegar por la tarde a casa, ¡me lo encontré allí! Hablando con mis padres. ¡Casi me muero! Éramos vecinos de barrio y conocía a mi familia. Lo que les explicó, según me dijeron mis padres, es que no me convenía la amistad con mi compañera de pupitre y gran amiga (lo seguimos siendo). A mí me indignó de nuevo y pensé que quizás era porque vivía “en la otra parte del río”, en “el arrabal”, lejos de nuestras casas del centro.

Como al escritor, esta sensación de humillación y maltrato también me sirvió. Me sirvió para intentar (espero haberlo conseguido) no maltratar a nadie y, en particular al alumnado, por pensar que “no se parece a mí” o que no cumple con mis expectativas. De hecho me ha servido para preguntar a las personas que dicen haber decidido dedicarse a la docencia “porque les gustan los niños”: ¿Y qué hacen con los que no les gustan?

Este tema que nunca ha dejado de preocuparme, nos llevó hace años a plantearnos al grupo de investigación un estudio sobre el papel de los episodios humillantes vividos en la escuela (no de los infringidos por los compañeros sino por los responsables de la institución) en los procesos de éxito y fracaso escolar. Pero al final, no lo hicimos.

Este año, el tema me ha vuelto a encontrar en el Congreso Europeo de Investigación Educativa (ECER 2018) y lo hizo de la mano de Thomas Popkewitz y la colega finlandesa Ina Juva. En la ponencia invitada del primero, con el sugerente título: “La paradoja de la investigación: Las buenas intenciones de la inclusión que excluye y degrada”, fue discutiendo diversas evidencias de cómo las investigaciones y prescripciones educativas estandarizantes y normalizantes habían ido creando un discurso de “lo deseable” que, sistemáticamente dejaba fuera a “lo indeseable”.

Y pensé: “Y parece que todo lo ‘indeseable’ es todo lo que ‘no es como nosotros esperamos o deseamos’”. (‘Vuelta a un tema que me sigue hace décadas’, Sancho, J. M. (2011). En ‘Esperando a los otros’. Cuadernos de Pedagogía, 412, 80-83). En particular me afectó una de sus argumentaciones a la que él llamó: “Sistemas/Cibernética en PISA y la investigación sobre el profesor. De la teoría del equilibrio/eiseequilibrio a las personas y las comunidades: la emergencia de lo normal y lo patológico”. (No he encontrado cómo traducir eiseequilibrio, pero se intuye). A partir de la propuesta de la OCDE de que garantizar que todos los niños se beneficien de una enseñanza de alta calidad no sólo es un fin importante en sí mismo, sino que la evidencia de las evaluaciones internacionales sugiere que un buen funcionamiento del sistema en su conjunto depende de que así sea.

Popkewitz planteó que con las esperanzas vienen los miedos. Miedos en forma amenazas, ya que los emigrantes y los grupos sin capital cultural y habilidades sociales y psicológicas carecen de motivación, y están desconectados, descorazonados o son demasiado pobres para estudiar. Y la pregunta es ¿cómo los acoge la escuela?

Si esta intervención me afectó, la de la colega Ina Juva me puso literalmente ‘los pelos de punta’. Su comunicación titulada: “‘No encontró su lugar en esta escuela’. Reexaminando el papel de los profesores en el acoso escolar en una escuela integral finlandesa. (Publicada en Ethnography and Education, DOI: 10.1080/17457823.2018.1536861) mostró la cara más oscura de ‘idílico’ sistema educativo finlandés.

Presentaron un estudio etnográfico que exploraba la naturaleza compleja del maltrato al mostrar que es mucho más que rasgos de estudiantes individuales. Algo bastante inusual, dado que el maltrato ha sido abordado a menudo como un fenómeno que concierne principalmente a los individuos.

El estudio consistió en el seguimiento de un estudiante y las reacciones de toda la escuela, tanto del profesorado como del alumnado, ante el acoso que venía sufriendo. Esto permitió trazar un mapa de la comprensión de la naturaleza del acoso y cómo el profesorado reacciona ante él. Así como examinar su papel y su comprensión de forma de actuar en el acoso escolar.

Al entender la intimidación como un fenómeno más amplio y no como un mero problema de los individuos, se concentraron en las estructuras y actores que contribuyen a la intimidación. Se preguntaban cómo los docentes, a sabiendas o no, manejan el acoso y lo hacen incluso cuando no son conscientes de que lo están haciendo. En general, el maltrato se conecta con el hecho de nombrar al estudiante intimidado como ‘no normal’ o ‘desviado’. En este caso el estudiante fue categorizado como ‘no normal’ y esto afectó a la forma en que lo trataban los docentes.

La investigación ha mostrado que la manera en que los docentes perciben a los estudiantes influye en la forma en que actúan en un caso de intimidación. Las escenas observadas por las investigadoras dejaron a la audiencia literalmente boquiabierta. Mientras llegaban a la conclusión de que “los profesores, las normas y la cultura escolar desempeñan un papel importante en el maltrato, contribuyendo a él o previniéndolo, y justificándolo o problematizándolo”. Mientras su estudio hacía visible cómo la (no) normalidad está conectada con la intimidación.

Un estudiante que es llamado “no normal” y que se convierte en blanco del maltrato, puede ser ignorado por los docentes. En este caso no solo no intentaron intervenir en el acoso al que lo sometían los compañeros, sino que también participaban en su exclusión, achacándole la culpa por lo que ocurría.

Llegados a este punto me gustaría compartir y lanzar una discusión sobre un interrogante que me produce una gran inquietud. ¿Hasta qué punto somos conscientes, o incluso contribuimos, a discursos, políticas educativas y prácticas institucionales o educativas que puedan conllevar y fomentar maltrato institucional aunque sea para un alumno (también docente)? Porque no hay nada más injusto y deseducativo que la intimidación normalizada en la estructura de los sistemas.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/11/28/instituciones-estructuralmente-maltratadoras/

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La escuela de la anarquía

Autora: Josefa Martín Luengo

Año: 1993

Introducción: La Escuela de la Anarquía tiene su base no sólo en el estudio de los históricos anarquistas, de sus ideas vigentes en la actualidad con la misma virulencia que en su época, también desde la perspectiva de los analistas modernos y todo ello justificado por el análisis y estudio de quince años de practicar la educación en la anarquía.

Un grupo educativo es una muestra social que nos permite analizar y estudiar
los comportamientos, actitudes y formas evolutivas de una sociedad durante
períodos de tiempo. Esto, que a simple vista, puede parecer extraño, no es más
que la reproducción de lo que la sociedad hace desde su macroestructura, para
poder adelantarse a la dinámica social con una prospectiva de futuro y ganarle la
partida a los movimientos sociales y a las ideologías progresistas

Imagen tomada de: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSZ_5ZyPieHLksHJVfkGytFshcR0vRqXVbCzeDl7r82O_l8UWUH

Descargar aquí: http://www.mediafire.com/file/p74c8x40orc2s1n/la_escuela_de_la_anarquia.pdf/file

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La trampa de la ‘cultura del esfuerzo’

Por: Julio Rogero

La escuela oculta que la desigualdad social de partida cuando se accede a ella determina en gran medida tu futuro, y que no existe la igualdad de oportunidades, sino una falsa meritocracia en la que suelen perder los mismos.

El reciente informe de Intermon Oxfam Desigualdad 1 – Igualdad de oportunidades 0: la inmovilidad social y la condena de la pobreza nos dice que esta y la desigualdad son hoy mayores que hace once años, cuando comenzó la crisis económica. La recuperación económica solo ha sido para algunos y el riesgo de pobreza ha aumentado notablemente. Los ricos son más ricos (aumentó su riqueza un 12% en el último año) y los pobres son cada vez más y más pobres. Además, el informe constata que la pobreza se hereda, algo que también indicaba el último informe FOESSA, elaborado por Cáritas: más del 80% de los hijos de familias pobres serán también pobres. Además, se ha producido un efecto de desclasamiento de parte de la población: una de cada seis familias de clase media, que con la crisis cayó en situación de paro y exclusión social, no ha sido capaz de salir de esa situación.

Según El Confidencial (20-1-19), el 18% de la población en España sufre exclusión social y, aproximadamente, 8,6 millones de personas tienen dificultades serias para, por ejemplo, llevar a los niños al cine o comer ternera en lugar de pollo. La realidad es aún más dura para los 4,5 millones que están en situación de pobreza severa, un 40% más que hace diez años.

Estos datos nos llevan a pensar seriamente en muchos de los discursos dominantes sobre el sistema escolar y en la función que juega en la reproducción de las desigualdades o en la apertura de vías para combatirlas. En la dinámica de la sociedad del rendimiento en que nos encontramos, cuando se analizan las causas del fracaso escolar, es frecuente escuchar la misma cantinela que culpabiliza al alumnado por no esforzarse lo suficiente en la escuela o por no ser lo suficientemente inteligentes para alcanzar el éxito. El problema añadido es que muchos de quienes no fracasan escolarmente logran títulos universitarios, saben idiomas, etc. pero también han entrado a formar parte de la clase precaria, con frecuencia, haciendo trabajos de mucha menor cualificación a la que poseen y con sueldos de miseria. A estos también se les acusa de no esforzarse lo suficiente en el mercado laboral para buscar un mejor trabajo, aunque se esforzaron en su paso por el sistema educativo. Eso no contradice los datos que nos indican que quienes tienen estudios universitarios encuentran trabajo antes y en mejores condiciones que quienes se quedaron a medio camino en su paso por el sistema educativo.

Conozco a muchas personas que viven estas situaciones con una gran frustración, sentimiento de culpabilidad y con la profunda impresión de haber sido engañados. Las promesas de “estudia para ser algo en la vida”, “si no te esfuerzas no serás nada” o “te servirá en el futuro” forman parte del gran engaño de una sociedad profundamente clasista, que nos oculta la realidad creada para que unos triunfen siempre y otros sean los grandes perdedores del sistema. Esta es una realidad de la que es difícil salir. Según los informes citados, es como una maldición el nacer en una u otra clase social, en una situación de riqueza económica y cultural o en un mundo de marginación, precariedad o exclusión.

La escuela, ¿qué dice de todo esto? Nada. Bueno, no. Sí te dice que la escuela te ofrece las mismas oportunidades que a los demás si te esfuerzas lo suficiente. Es el elemento más utilizado por el poder para seguir ocultando y reproduciendo la realidad de injusticia social radical de esta sociedad. El mensaje es que sigas esforzándote porque, si no lo haces, no llegarás a ninguna parte. Además, te dice que lo hagas tú solo porque, si lo haces con otros, es posible que se aprovechen de tu esfuerzo y te quiten las oportunidades. Si te esfuerzas y no funciona, siempre puedes buscarte la vida en otros países que te ofrezcan nuevas oportunidades. Del mismo modo, debes esforzarte para ser un buen emprendedor y empresario de ti mismo y explotarte al máximo para poder salir adelante en una economía de buitres carroñeros que compiten, también, en la explotación de otros. La escuela oculta que la desigualdad social de partida cuando se accede a ella determina en gran medida tu futuro, y que no existe la igualdad de oportunidades, sino una falsa meritocracia en la que suelen perder los mismos, porque parten de posiciones de desventaja que el sistema no logra superar. Por eso es también necesario desmitificar la tan vendida “igualdad de oportunidades “ que la escuela dice ofrecer. Esta es imposible mientras no se dé un profundo cambio social en el que se cubran todas las necesidades de todas las familias que hoy se encuentran en situación de desventaja social. Por eso, hablar de este tema con la frivolidad que se suele hacer es cargar en las espadas de la escuela algo imposible de cumplir.

Entonces, esforzarte ¿para qué? ¿Para quién? A la primera pregunta podemos decir, dentro de la lógica dominante, que es necesario esforzarse para adquirir el máximo valor en el mercado laboral; para que, con una mayor formación, puedas competir en una mejor posición en la que el capital saque más plusvalía en la sociedad del rendimiento; para ser más útil al sistema, sobre todo si has aprendido y te has esforzado en ser creativo e innovador. A la segunda pregunta no solemos responder porque nos han hecho creer que el esfuerzo revierte en nosotros mismos, en nuestro propio beneficio. Se nos suele ocultar que el máximo beneficio de nuestro esfuerzo en la economía de mercado capitalista es para los dueños de los medios de producción y consumo. Nos esforzamos para servir a un poder cada vez más difuso, donde los ricos y los explotadores están cada vez más lejos y ocultos de los pobres y los oprimidos, que son los que rentabilizan a su servicio el trabajo individual y colectivo de la mayoría de la humanidad. Son ellos los que dicen con los hechos que cada vez hay una parte mayor de personas descartables, sobrantes e inútiles para el sistema. Son los que se quedan fuera del mercado laboral, fuera de la producción y el consumo porque son insolventes, no aportan “utilidad” y son un lastre para el crecimiento económico y al desarrollo de la sociedad.

Por todo ello, me parece necesario cambiar radicalmente el discurso dominante de la “cultura del esfuerzo” en el sistema educativo. Dicha cultura nos prepara para ser esclavos sumisos al poder, haciéndonos creer que nos esforzamos para nosotros mismos. Por eso crea tanta frustración, culpabilidad y sufrimiento. Nadie dice que no sea necesario esforzarse en el vivir cotidiano, y por supuesto también en la escuela. Pero hay un esfuerzo que nos lleva a ser dominados, es el que nos predican y nos imponen, y otro para ser libres con los demás siendo y viviendo lo que queremos vivir, en una sociedad radicalmente diferente a ésta. Si es un esfuerzo para poder ser nosotras mismas, para desarrollar nuestras capacidades al máximo, nuestra curiosidad insaciable, nuestras inquietudes, nuestra dimensión crítica y creativa, para aprender a convivir, a cooperar, a compartir, a salir de nuestro ego, a cuidar la vida y cuidarnos, a empatizar, a apasionarnos por saber y conocer, por ser justos, igualitarios y fraternos, entonces sí vale la pena ese trabajo, porque nos producirá una gran satisfacción personal y colectiva. No estará basado en el triunfo sobre los demás, sino en la búsqueda colectiva de la equidad, la justicia y la vida buena para todos y todas.

Ese es el esfuerzo que hay que pedir a todos los que formamos parte de la comunidad educativa, no solo al alumnado, como se suele hacer. Nos queda mucho camino por recorrer, pero podemos hacerlo si nos lo proponemos. Es el esfuerzo inclusivo, individual y colectivo, para caminar hacia el cumplimiento del derecho a la educación buscando el éxito de todos. Es el cambio de mirada que a todos nos vendría bien hacer sobre la tan manoseada “cultura del esfuerzo” en la escuela.

Ese esfuerzo, profundamente motivado en cada persona, vale la pena. Lleva consigo grandes desvelos y una sólida voluntad de conseguir metas que nos hagan crecer con los demás en los procesos de humanización progresiva de todas y cada una de las personas. Es el esfuerzo que la escuela pública que queremos debería promover. Esa es la “cultura del esfuerzo” que proponemos, porque queremos vivir de otra manera radicalmente diferente a la que nos imponen. Es el esfuerzo de los que queremos ser libres, para poder desarrollar todas nuestras potencialidades y capacidades en la incertidumbre compartida del vivir cotidiano.

Fuente e imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/04/08/la-trampa-de-la-cultura-del-esfuerzo/

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La escuela puede mejorar el papel ambiental del papel

Por: Carmelo Marcén 

El uso del papel en las escuelas es muy habitual. La llegada de nuevas tecnologías no ha supuesto una reducción real de su consumo, que en muchos momentos, es excesivo. Sería interesante reflexionar, a través de este matrial, sobre el medio ambiente.

Hubo quien afirmó hace unos años que la llegada de la informática a las escuelas iba a suponer una auténtica revolución en el uso del papel: menos fotocopias y cuadernos junto con la paulatina desaparición de los libros de texto tal como los conocíamos hasta entonces. Pero la experiencia nos ha demostrado que no ha sido así, hasta el punto de que en la entrada de todas escuelas habría que colgar un cartel que dijese: STOP a las fotocopias y al derroche de papel.

Sucede que, desde la educación infantil hasta la universidad –aunque ahora esta esté plagada de archivos en la nube-, las fotocopias son el medio más utilizado para animar o retener aprendizajes, al menos en los países ricos. Los costes ambientales que esta moda supone son enormes: papel virgen más o menos clorado procedente de bosques bien o mal gestionados, lixiviados más o menos controlados, emisiones más grandes o pequeñas, energía de todo tipo, transportes desde los centros de producción más bien largos, y más cosas como los residuos del tóner y similares. Además, los cuadernos que atiborran las mochilas se utilizan mal, quedan en blanco cientos de hojas. Por eso, el papel es un buen material para hablar de medioambiente y escuela, pues su uso tiene un elevado papel ambiental.

La secuencia puede comenzar con una actividad de motivación. Se invita a una reunión sobre medio ambiente al profesorado y al alumnado. Se constata si en esa escuela ya se recogen muchos o pocos papeles y cartones, si se llevan a los contenedores azules de la calle. Se insiste en que en que las buenas prácticas no se hagan porque sí, que sería más conveniente la elaboración de un “Proyecto de mejora en el uso del papel”, para que este siga siendo el protagonista de la acción escolar, pero sobre todo en la lucha participativa por proteger el medioambiente. El equipo promotor expone para el debate los objetivos que se podrían perseguir, más o menos en este orden: llamar la atención de la comunidad educativa sobre el alto coste ambiental y económico que supone el uso actual de papel, adoptar de forma progresiva unos hábitos de uso que generen reducción de los consumos y, cómo no, consolidar el respeto del medioambiente como una de las señas de identidad del centro. En fin, llamar la atención sobre la importancia de la participación personal en la tarea colectiva que implica la gestión ambiental del centro y de la vida.Propónganselo.

Notarán que se va configurando un plan de acción participado. Prevé momentos y personas que se comprometen a su ejecución en cada una de sus partes: diseño de la auditoría del papel para diagnosticar si es un problema ambiental en el centro, formulación clara de objetivos, elaboración colectiva del plan de acción, toma de decisiones y aplicación del plan, evaluación del desarrollo y los resultados, y comunicación (logros apreciables y tareas pendientes para estimular la continuidad de la participación). Alguien propondrá pasar un pequeño cuestionario (con respuestas sencillas del tipo: nunca, a veces, a menudo, siempre), al profesorado y al alumnado, sobre cuestiones varias: si utilizan las hojas de papel por las dos caras, si imprimen los documentos que solo van a leer una vez, si creen que el número de fotocopias que utilizan es el adecuado o sería conveniente reducirlo, si separan el papel de los restos de cosas que van a la “papelera” de clase, si el alumnado utiliza los cuadernos no terminados de un año para otro. Otra persona comentará que sería conveniente, más que nada para motivar a todos los que se mueven por el centro (profesorado, alumnado, personal de administración y servicios, Asociación de madres y padres, familias, etc.), elaborar un pequeño informe que detallase los consumos anuales de folios (sean o no para fotocopias), si se utiliza en el centro el papel reciclado y se dispone de un sistema de recogida del papel usado, para una posterior reutilización o para su reciclado. Esta tarea hay hacerla año tras año, pues una parte del profesorado cambia y al curso siguiente accede al centro alumnado nuevo. Verán cómo la gente ya se anima; se intercambian las primeras impresiones y se constata que no todos los presentes actúan de la misma forma.

El equipo de alumnos y profesores que habrá elaborado el diagnóstico previo presenta sus conclusiones. A partir de ellas, se detectan aspectos que se pueden mejorar: buenas prácticas de compra de papel, buenos hábitos para reducir el consumo y acciones para la reutilización/buena gestión del papel. La primera actuación referida a gestión ambiental, en este caso compras de papel, tendría unos claros objetivos: intentar una reducción significativa sin rebajar los niveles de calidad en la prestación; lograr que se utilicen siempre criterios razonables de uso y consumo, que se seleccione en cada caso el papel más adecuado; incrementar las compras de papel reciclado y reducir las del elaborado con pasta virgen, lo que llevaría a conseguir, a medio plazo, que el porcentaje de este papel fuese mínimo. También vendría bien realizar gestiones con las papelerías del barrio que surten al alumnado del centro para que dispongan de material escolar elaborado con papel reciclado, libre de cloro y amparado por los logos de buena gestión de los bosques (FSC, PEFC, etc.).

La segunda, limitación general del consumo, quedaría bien si lograra una reducción en torno al 5 % anual, margen de mejora posible en algunas escuelas. Sería conveniente que el Equipo Directivo estableciese una norma que limitase la realización de las fotocopias por una sola cara; adecuase el formato de las comunicaciones al profesorado, familias y alumnado al objetivo de reducción del papel y adoptase el sistema on line; diese a conocer a la comunidad educativa la existencia de este proyecto colectivo e invitase en la web del centro a sumarse a él para intervenir de una forma más respetuosa en el medio ambiente.

Para lograr lo anterior, habría que recomendar al profesorado unas cuantas acciones: adopción de hábitos para la reducción personal del papel, selección de los materiales que imprime, incentivación del ahorro entre el alumnado. Este también debería participar con: la reducción personal del papel (uso por las dos caras, tamaños adecuados al destino, etc.), impresión de los documentos que obtenga mediante recursos informáticos solamente en el caso de que su uso lo exija, reutilización de cuadernos de trabajo de un curso para otro.

La tercera se escribiría en letras grandes cuando toda la comunidad educativa llevase a cabo un uso responsable del papel, que, como tesoro educativo y social que es, se utilice sólo cuando sea estrictamente necesario, para que siempre guarde emociones o traiga recuerdos renovadores, para que nunca acabe arrugado y despreciado en las mal llamadas papeleras.

Finalmente, la acción cuarta que encamina a la correcta recogida del papel usado y la reutilización del que lo permita se consigue si: se dispone de contenedor azul específico, se coloca una caja en cada una de las estancias del centro para que se puedan depositar los papeles utilizados por una sola cara y darles un segundo uso, se consigue la implicación de toda la comunidad educativa en las buenas prácticas y en el vaciado de los recipientes de aula en los contenedores azules de la calle. En realidad, hemos estado hablando aquí de una ecoauditoría del papel en el centro educativo. Simplemente para recordar que la escuela tiene un imprescindible papel educativo en todo lo que tiene que ver con el medioambiente; por eso debe comunicar a la sociedad lo que hace y cómo lo lleva a cabo.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/ecoescuela-abierta/2019/04/05/la-escuela-puede-mejorar-el-papel-ambiental-del-papel/

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