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Feminismo popular y despatriarcalización de la cultura.

Alejandra Laprea autora
Ilustración Nathaly Bonilla

En el 2 do Encuentro de Organizaciones Feministas y de Mujeres, que convocó la Red La Araña Feminista, se tocó el tema de “Despatriarcalización de la Cultura” (Clarines, agosto de 2013).
El tema cultural hasta este año, estuvo latente en todas las discusiones del movimiento feminista, un poco bajo la premisa de que cultura es todo. Pero en este encuentro, se abordó el tema desde la producción cultural artística y sobre todo desde la reflexión sobre las personas que crean y como estas pueden ser agentes de reproducción del patriarcado o primer bastión de lucha en su contra.
Uno de los primeros puntos de discusión fue la presencia del patriarcado en las manifestaciones culturales revolucionarias. señalando que en nuestras mismas compañeras y compañeros de lucha y sus formas de expresión artística estaba presente, que estábamos reproduciendo el modelo colonizador en su aspecto patriarcal en nuestras obras, en nuestra formas de difusión, de investigación. Esta reproducción se hace desde el desconocimiento, desde la falta de reflexión y desde el pensar que los asuntos de las mujeres no son prioridad, pensamiento patriarcal muy frecuente entre las fuerzas revolucionarias.
El capitalismo en nuestro continente y en nuestro país se apoya firmemente en la colonialidad y esta a su vez tiene dos grandes columnas que la soportan: el racismo y el patriarcado. Es así que, la lucha feminista contra el patriarcado no puede ser tomada como la reivindicación de un sector, sino como parte de la estrategia contra el capitalismo. En la mesa de trabajo se planteó como primer objetivo táctico la despatriarcalización de la cultura de la revolución.
Para esto, se planteó la importancia de abrir espacios de discusión con las creadoras y creadores sobre el feminismo, mujeres y género, para sumar aliadas y aliados que empiecen a crear nuevos discursos en sus obras artísticas, que no reproduzcan en sus actividades de difusión y distribución la invisibilización del aporte femenino, de la producción de las mujeres sino, muy al contrario, que hagan un esfuerzo para que en cada muestra, en cada publicación, en cada investigación estén presente mujeres y hombres en equidad.
También se propuso crear espacios donde se confronten públicamente las creaciones artísticas machistas, que reproducen y fortalecen al patriarcado, despertando desde ahí el pensamiento crítico y liberador en la sociedad.
El MPP para la Cultura, como parte de un Estado Revolucionario, debe plantear a los creadores y creadoras actividades como festivales, concursos, líneas de investigación que estimulen la relectura de las imágenes de las mujeres en sus obras y las hagan más justas con su aporte cultural, social y político.
El principio de equidad de género debe ser asumido como política transversal en todas las áreas de influencia del MPP para la Cultura del Estado Revolucionario, esto significa que en todas sus plataformas se publiquen, distribuyan y promocionen obras audiovisuales, plásticas, musicales, literarias, etc, cuya autoría sea de mujeres en igual proporción que la de los varones y que en las áreas donde no haya suficiente presencia femenina se estimule la participación de la mujer.
Recuperar la historia del país, las regiones, los pueblos y reescribirla desde el protagonismo tanto de las mujeres como de los varones es otro de los retos que se considera necesario asumir desde todos los niveles de investigación, difusión o publicación.
El asumir la equidad de género como política transversal de cultura no es abrir espacios especiales, en momentos especiales, solo para mujeres. Es hacer conciencia de los mecanismos que dentro del sistema de cultura no hacen posible la participación en igualdad de condiciones de mujeres y varones y abolirlos. Es entender que en toda manifestación cultural hay expresión tanto de mujeres como de varones y presentarlas. Es cuestionar el sistema de valores machista que nos lleva a valorar unas obras sobre otras y desmontarlo.

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Escuela de Feminismo Popular en la Venezuela Bolivariana

La Escuela de Feminismo Popular es un espacio de articulación entre varios colectivos y organizaciones, que surge de encuentros nacionales de formación

Del 24 al 28 de febrero se realizó en Venezuela el Encuentro Continental de Comunicación organizado por ALBA Movimientos. En el evento, que se desarrolló en las instalaciones del Centro Nacional de Formación “Simón Rodríguez”, los compañeros del colectivo La Haine tuvieron la oportunidad de participar junto a más de 80 colectivos y movimientos populares de 24 países, entre ellos la Escuela de Feminismo Popular. A continuación, la entrevista que le  realizaron a algunas de sus integrantes para conocer los recorridos y proyectos de este espacio formativo y de articulación de saberes y prácticas emancipatorias.

-¿Cuándo surge y cuál es la propuesta de la Escuela de Feminismo Popular?

La Escuela de Feminismo Popular es un espacio de articulación entre varios colectivos y organizaciones, que surge de encuentros nacionales de formación que hacíamos sobre todo con compañeras de organizaciones mixtas y algunas feministas, para apoyarnos mutuamente en la construcción de líneas de géneros y feministas dentro de nuestras organizaciones. Empezamos a encontrarnos desde 2009, año en el que hicimos un campamento de género latinoamericano, y luego nos encontramos anualmente; sobre todo para intercambiar metodologías y contenidos de formación. Y en 2013 definimos aquí en la Universidad de los Trabajadores, ahora Centro Nacional de Formación “Simón Rodríguez” (UTAL), que se volviera un espacio permanente, que no fuesen acciones solo de encuentro sino un espacio de articulación.

-¿De qué organización viene cada una?

Como organizaciones, desde hace tiempo con compañeras feministas nos venimos juntando en muchos espacios, conociéndonos en distintos encuentros, que nos permitieron dar cuenta de las afinidades concretas, mas allá de ser feministas, que tiene que ver con hacia dónde dirigimos nuestro feminismo, la educación popular feminista, manteniendo esas cosas en común, que para nosotras es tan importante, lo que nos lleva a unificar un bloque y una misma propuesta que es la Escuela de Feminismo Popular, un espacio donde hemos crecido, donde nos hemos fortalecido, donde esperamos que eso se siga estableciendo de esa forma, en el espacio nacional que tenemos, donde podemos hacer posibles esas cosas que venimos trabajando localmente, creemos que pueden ser políticas, que puedan ser programas… Pudiéndolo llevar a un ámbito nacional, compartiendo las metodologías con las compañeras. Ese fue el punto de inicio de la Escuela; ese compartir de saberes, y de metodologías para aplicarlas en los territorios.

-¿Cuáles han sido las conquistas concretas en este proceso de lucha?

Con respecto a los triunfos, el feminismo en Venezuela, tiene características y una historia un poco distinta al resto de América Latina, ya que se construyó de otra forma. El solo hecho de posicionar algunos temas se ha constituido en un logro histórico impresionante. Por citar un ejemplo, en el cierre del Congreso de Mujeres el año pasado, el presidente Maduro llamó a debatir sobre el matrimonio igualitario y el aborto, y eso es el resultado del trabajo de nosotras y de muchas otras compañeras por posicionar un tema que todavía es socialmente muy rechazado, es un tabú generalizado.

Las particularidades del feminismo aquí se relacionan con el hecho de que en Venezuela hay muchos avances legales porque el proceso lo permitió. Tenemos una Ley del Derecho a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en donde se tipifican 21 delitos como formas de violencia, incluidos los feminicidios y la inducción al suicidio, como tipos de violencia con sus penalidades en la ley. La Ley Orgánica del proceso social del trabajo de los trabajadores y las trabajadoras, como todos los elementos que tienen que ver con el derecho para las mujeres, fue producto de un proceso de construcción de las feministas en un colectivo de debate en todo el territorio, que luego se le entregaron al presidente Chávez y se incluyeron en la Ley: la ampliación del pre y post parto; la inmovilidad laboral para parejas (hombres y mujeres) que tengan hijos hasta cuando tengan dos años de edad, que implica que no los pueden botar del trabajo. Tiene como una serie de reivindicaciones que son también victorias que hemos conseguido en esa construcción colectiva de diversos espacios.

Ahorita también estamos construyendo otro avance que es el posicionamiento del Feminismo Popular, que es el feminismo que nosotras queremos construir, que en Venezuela tiene que ver con la construcción de la Comuna Antripatriarcal, con transversalizar el proceso de construcción de Comunas, como una nueva forma de relacionarnos entre hombres y mujeres.

Como la Comuna trasforma todos los ámbitos de la vida: la economía, la cultura, la política, ahí estamos desmontando el patriarcado con nuevas formas de relacionarnos, en relación a la seguridad y la defensa del territorio. Ese es el paso que estamos dando en este momento, para sensibilizar, primero para los movimientos y luego para la sociedad, que este es otro tipo de feminismo, que está montado en eso.

Y a pesar que puedan parecer pasos pequeños hemos dado grandes avances en esa construcción, en la construcción dentro de las Comunas de espacios de mujeres, como los Comités de Mujeres e Igualdad de Género, que son el espacio ideal para la organización de las mujeres y tienen carácter vincular asambleario, carácter legal, porque están establecidos en la Ley de Consejos Comunales, en la Ley de Comunas, son parte del Parlamento Comunal, y eso le da una capacidad de fuerza y de organicidad a las mujeres en los territorios comunales; ese ha sido sin duda uno de los trabajos más fuertes que hemos tenido en estos últimos años como Escuela.

-¿Participan varones de esos espacios?

Sí, están en igualdad de género, hablamos de la sexo-genero-diversidad que también se puede incluir en el espacio. Hasta ahora solamente hemos vinculado mujeres al espacio, por lo menos en nuestra experiencia, primero porque creemos que es prioritario concientizar a nuestras compañeras para que ellas sientan la necesidad de organizarse y de juntar sus fuerzas para luchar contra el patriarcado, y partiendo de ellas va ese cambio dentro del territorio, de la Comuna, esa búsqueda del enfoque de género dentro de los planes y los proyectos que surgen dentro de la Comuna y esas situaciones.

-Teniendo en cuenta la coyuntura de la revolución bolivariana, ¿qué aportes encontraron en este Encuentro de Comunicación para su experiencia feminista?

Primero que nada, nos sirvió para articular y unificarnos con compañeras de otros países, que tienen la misma sensibilidad y están en la misma lucha. Surgió la posibilidad de un Noticiero Continental de Mujeres donde vamos a mostrar y visibilizar lo que venimos realizando. También se está gestando, en esa complicidad que tenemos las mujeres, el Encuentro de Mujeres del ALBA, que es un tema que está en agenda, más no tenía fecha ni nadie que lo impulsara y si no lo hacemos nosotras, nadie lo va a hacer por nosotras; estas son algunas de las cosas que podemos rescatar de este espacio y de las conclusiones: la solidaridad con Venezuela, algo que a nosotras como venezolanas nos ayuda y nos blinda un poco más este proceso que llevamos adelante, tener más fuerza para lo que viene con esta lucha, porque si hay algo que está atacando en este momento la derecha, es a la mujer.

La guerra económica y todas las cosas que ha implementado la derecha como ataques a la revolución, sistemáticamente le dan a la mujer y eso no es una cosa que no esté bien pensada por la derecha, porque las mujeres tienen, por lo menos, el 80% de participación en la construcción de la revolución en los Consejos Comunales.

-Podríamos decir, incluyendo a Argentina, que el motor de los movimientos sociales y de las luchas somos las mujeres: nosotras sosteniendo las ollas populares, los comedores, los merenderos, los productivos, las cooperativas y saliendo a la calle a luchar por lo que es nuestro y lo que es del pueblo…

Sí, por eso aquí la guerra económica ha atacado directamente a la mujer, la guerra económica, la psicológica, la guerra híbrida ésta, que tiene todas las aristas en contra del pueblo, porque por un lado, los primeros medicamentos que desaparecieron son los que tienen que ver con la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

Este es un momento en el que hay muy poco acceso a anticonceptivos, no se consigue casi ningún método y los que se consiguen están a costos altísimos, igual que todos los medicamentos de óvulos y pastillas para infecciones vaginales, todo eso fue lo primero que desapareció. Ya tenemos como dos o tres años sin eso, es muy escaso.

Y por el otro, la estrategia de las colas, que la derecha implementa, cuando esconde la comida y eleva los precios, tiene que ver con poner a las mujeres y recluirnos en los espacios privados, para resolver los problemas domésticos, se pierden horas y horas al día, a la semana, en esas tareas de conseguir comida para la sobrevivencia del hogar, que antes las mujeres utilizábamos en el trabajo comunitario o estudiando. Y ahora pretenden sacarnos del espacio político, cambiando luchas históricas que la revolución nos abrió.

-Estuvieron este 1 de marzo motorizando una actividad para recorrer las calles de Caracas y enfrentar el desabastecimiento, ¿podrían contarnos en qué consistió?

Como las mujeres usualmente tenemos una forma tan concreta de ver el mundo y de manejarlo, iniciamos una campaña de solidaridad continental con las mujeres de Venezuela -¡sin darnos cuenta!- que a partir de este encuentro vamos a formalizar un poco más y a visibilizar. Las compañeras de los movimientos argentinos, sobre todo, nos han estado enviando anticonceptivos, condones, pastillas para el día después, pastillas de emergencia y lo que conversamos en estos días aquí, es que vamos a fortalecer esa campaña de solidaridad activa, que va más allá del discurso, la declaración o la imagen, ya que en concreto las mujeres nos articulamos para ayudarnos en ese tema específico.

Y también por el hecho de que en el mismo encuentro logramos impulsar que el tema de género sea una línea transversal de la comunicación que salga del ALBA, que existan talleres de comunicación con perspectiva de genero, que en la formación a mujeres que se incluya dentro de esos espacios, se piense en cómo son los procesos con las mujeres, que son muy distintos de los hombres, que no piensan en qué le van a dar de comer al hijo, con quién van a dejar los niños; en cambio la mujer tiene que organizar toda su cotidianidad, para poder participar de un espacio así.

Como esa es una demanda en este momento para todas las mujeres en Venezuela, pensamos posicionar al mes de marzo como el mes de las mujeres trabajadoras. Vamos a posicionar esa dificultad de acceso a los anticonceptivos con el lema: “Porque el placer sin embarazo también es nuestro derecho”. Eso también es algo que nos están intentando arrebatar. Luchas que ya teníamos ganadas hace mucho tiempo, como los anticonceptivos, que son una ganancia histórica del feminismo para la libertad de las mujeres.

En ese marco vamos a desarrollar varias actividades: una comenzó este martes 1ro de marzo, donde nos juntamos por la tarde en la estación de metro de Plaza Venezuela, frente a las residencias estudiantiles para llevar adelante un “rally” por los anticonceptivos, y a través de un “concurso”, una “competencia” donde se ponen en juego herramientas lúdicas, divertidas, y reunirnos para juntarnos y hacer equipos e ir a las estaciones de metro a recorrer cinco cuadras a la redonda de cada estación, registrando la disponibilidad de anticonceptivos y los precios, una forma distinta de sacar una pequeña muestra para con esos datos trabajar durante todo el mes en las otras actividades que vayamos a desarrollar.

Luego va a haber una actividad con el presidente, como parte del Congreso de la Patria, en este caso del capítulo de mujeres, y pensamos allá posicionar el mismo tema y volantear, hacer pancartas sobre el tema, y después, si bien no hemos definido aún la fecha, realizaremos una concentración mas tipo toma cultural, probablemente identificando los importadores culpables de esta situación, que se niegan a importar o acaparan, y hasta han recibido divisas para eso. De momento estamos haciendo el proceso de investigación. Eso como la acción más contundente y autónoma por parte del movimiento de mujeres y feministas en el marco del 8 de marzo.

@BIcheguevara / Marcha

Fuente de la entrevista y de la foto inserta en la noticia: http://www.lahaine.org/mundo.php/feminismos-populares-y-comunicacion-en

Fuente de la foto del encabezado: https://eltoque.com/sites/cuba.eltoque.com/files/styles/full_content/public/escuela_8.jpg?itok=HTZ1Zqye

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Inscripciones feministas. Notas críticas sobre la reproducción del conocimiento

Natalia Fischetti. Doctora en Filosofía. Investigadora Asistente en INCIHUSACCT-CONICET Mendoza, Argentina. E-mail: natalia.santarelli@hotmail.com

Mariana Alvarado. Doctora en Filosofía, Investigadora Adjunta CONICET, INCIHUSA-CONICET (CCT-Mendoza). Integrante del IDEGEM (Instituto de Estudios de Género y Mujeres) Universidad Nacional de Cuy. E-mail: elotro4to@gmail.com

CONICET –Mendoza

INCIHUSA–Grupo de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas

Resumen:

El escrito propone abrir la pregunta por un feminismo de cuño latinoamericano que interrogue al modelo de ciencia que atravesamos y que nos atraviesan; por la producción y la reproducción del conocimiento en la ciencia y en la educación desde la perspectiva de un feminismo crítico; por las posibilidades de que una perspectiva desde las voces de las mujeres vacíe y desborde los campos del saber, de producción y reproducción del conocimiento. Quizás sea este un comienzo posible: el de señalar las faltas, las ausencias, los silencios, las exclusiones de las perspectivas femeninas en las academias de nuestra región.

Palabras claves: Feminismo latinoamericano, producción y reproducción del conocimiento, feminismo crítico, perspectivas femeninas en la academia.

SPIVAK, 1998, 181

Nos cuesta hablar, conectar nuestro lenguaje público con el lenguaje privado. Nos cuesta decir lo que pensamos y hacemos conscientes de este trasfondo pulsional, de conflictos y vergüenzas inconscientes.

Rivera, 2010, 20.

La mujer escritora debe interpretar el lenguaje para, a partir de allí, crear su propia retórica, capaz de explorar las zonas del discurso intimista. Este es el desafío en el que se embarca la literatura feminista latinoamericana.

De autobiografías y cuartos propios

Me considero una privilegiada: me dedico profesionalmente a leer y escribir. No he dejado de estar en el sistema educativo formal: un profesorado en filosofía, una maestría en metodología de la investigación científica, un doctorado en filosofía, proyectos de investigación, aulas secundarias, universitarias y de posgrado, congresos, cursos. Sin embargo, hasta este año, luego de 20 años de educación superior, no había leído textos de mi disciplina desde una perspectiva feminista.

Me tomó tiempo de construir mi carrera universitaria que sigue presentando a la filosofía de manera deshistorizada, como si el pensamiento Filosófico para ser propiamente filosófico tuviera que asumir un carácter neutro, universal, desapasionado, ciego a intereses sociales, circunscrito a un universo específico, el del hombre blanco, europeo, inteligente, heterosexual. Hicieron falta muchos años de lecturas, sobre todo en grupos de investigación críticos al modelo de la universidad, para adquirir una posición que reivindicara, en principio, perspectivas latinoamericanas con una impronta histórico-política. Una filosofía crítica, histórica y política de las ciencias y de la educación. Leo ahora a mujeres que reescriben la historia de la filosofía y de las ciencias desde una mirada femenina, crítica del patriarcado anudado al capitalismo, y siento que mi carrera recién comienza. Siento que estoy en pañales con todas las discusiones y debates feministas acerca de mis temas de interés, de los temas epistemológicos sobre los que vengo leyendo, pensando y escribiendo algo desde hace al menos diez años.

Les consulto a algunas de mis colegas mujeres sobre la perspectiva de género en sus carreras, de las carreras probablemente más políticas y politizadas de mi provincia: trabajo social, comunicación social… y no, tampoco han estudiado en su trayecto universitario o posteriormente de modo sistemático a mujeres que escriban sobre las problemáticas de las mujeres aquí y allá.

Leo, en esta clave, un artículo de Alejandra Ciriza (2010) que me remite a un texto que conozco de nombre pero que no he leído: Una habitación propia de Virginia Woolf. Lo busco y comienzo a disfrutarlo. Ella dice que:

La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia. (Woolf, 1984, 77).

Sentí vergüenza de que a casi un siglo de distancia de su brillante discurso, yo, que soy una mujer privilegiada, que tengo un cuarto propio, una oficina, un sueldo que recibo para dedicarme a esto que estoy haciendo ahora, me sintiera, sin embargo, tan identificada con lo que allí leía. Me siento representada por su denuncia desde dos perspectivas complementarias: desde una mirada retrospectiva acerca de mi propia formación y desde una mirada que anuda mi trabajo con mi vida cotidiana, mi trabajo intelectual con mi trabajo en el hogar. Mi doble jornada que no tiene una clara línea divisoria sino que gira como un molinete de dos colores, esos hechos de papel para alegría de los niños, o de las niñas, o de mis niñxs.

Decidí dejar la lectura de la Woolf para mi casa y constaté que tardé casi tres días en terminar un texto de 80 páginas. Decenas de tareas cotidianas me impedían apenas encender la computadora y cuando al fin encontraba el momento, que esperaba ansiosamente porque el texto me parece maravilloso, interrupciones varias me hicieron entre cortar la lectura. Una mujer-jefa de hogar, como dicen los sociólogos-recibe demandas permanentemente, tiene más obligaciones de las que puede contar. Sentí vergüenza: cómo escribir, si apenas puedo leer. La oficina, en cambio, parece ser un lugar más propicio. Sin embargo, las demandas burocráticas, administrativas y de gestión hacen difícil también la tarea de sólo leer y escribir. Dediqué buena parte de mi tesis doctoral (2013) a mostrar, de la mano de la teoría crítica de cuño marcuseano, cómo la investigación en ciencias y en humanidades está atravesada por la misma lógica productiva, de eficiencia, de competitividad, que cualquier otra área del mercado. Por lo que sólo pensar, dar tiempo a las ideas para que logren tener un carácter personal y crítico, parece tener que escapar a la vorágine de cursos, congresos, evaluaciones y publicaciones.

Pero aquí estoy, avergonzada de mis pocas líneas, con todos mis privilegios de mujer blanca, de clase acomodada, trabajadora intelectual, con dificultades para leer y escribir, intentando balbucear algo que me dé ánimos a mí y a otras para seguir por este camino. Estoy escribiendo, deliberada y explícitamente, desde mi experiencia vital, desde mi historia personal, desde mi voz, porque al menos ya he comprendido que ésta es la mejor manera que tengo de decir algo que me comprometa como mujer de un modo más general, que aporte alguna frase genuina, que pueda conmover aunque sea un poco tantas ideas grabadas a fuego por un modelo capitalista, patriarcal y excluyente. Esto implica quizá dejar de sentir vergüenza y dejar a un lado las imposturas académicas impuestas por estándares masculinos que reproducimos las mujeres para formar parte como “iguales” de un mundo agónico (¿hace falta aquí decir que siguen predominando la violencia, la exclusión, la guerra y el hambre?).

Se me ocurre ahora que escribo desde la falta, esa falta que el psicoanálisis ha revelado como profundamente femenina y maravillosamente creativa y bella. No tengo ya que demostrar todo lo que tengo sé, sólo quisiera ejercer con mis palabras esa tarea del pensamiento filosófico crítico que se ocupa de preguntar, de problematizar, de cuestionar el status quo, de rasgarlos velos con las uñas para mostrar que hay otras miradas, otras historias que pueden inspirarnos a parir algo nuevo. Romper con los dientes tantas hojas escritas por los conservadores y reaccionarios para intentar escuchar el silencio, lo no dicho, lo no preguntado, lo ahogado. Mirar de nuevo con una perspectiva personal para demostrarnos que podemos vivir de modo diferente a como nos enseñaron y nos contaron, ser quizá un poco fieles al pedido de Woolf: Por tanto, os pediré que escribáis toda clase de libros, que no titubéis ante ningún tema, por trivial o vasto que parezca. Espero que encontréis, a tuertas o a derechas, bastante dinero para viajar y holgar, para contemplar el futuro o el pasado del mundo, soñarle yendo libros y rezagaros en las esquinas, y hundir hondo la caña del pensamiento en la corriente. Porque de ninguna manera os quiero limitar a la novela. Me complaceríais mucho y hay miles como yo si escribierais libros de viajes y aventuras, de investigación y alta erudición, libros históricos y biografías, libros de crítica, filosofía y ciencias (Woolf, 1984,78).

Con estas premisas es que me atrevo a escribir en diálogo explícito con otra mujer y en diálogo implícito con otras mujeres remotas en el espacio y el tiempo.

Nos preguntamos por un feminismo de cuño latinoamericano que interrogue al modelo de ciencia que atravesamos y que nos atraviesa. Nos preguntamos por la producción y la reproducción del conocimiento en la ciencia y en la educación desde la perspectiva de un feminismo crítico que hemos escuchado poco, casi nada, en una academia que parece reproducirse una y otra vez con caracteres estrictamente andrógenos, propios del capitalismo y el colonialismo. Nos preguntamos por un feminismo del que no encontramos libros en circulación ni en librerías ni en bibliotecas. Nos preguntamos por las posibilidades de que una perspectiva desde las voces de las mujeres vacíe y desborde los campos del saber, de producción y de reproducción del conocimiento. Quizá sea este un comienzo posible: el de señalar las faltas, las ausencias, los silencios, las exclusiones de las perspectivas femeninas en las academias de nuestra región (Cfr. Fischetti, 2013).

En el marco de una epistemología crítica de largo alcance y profundidad en términos teóricos pero de escasa presencia en las prácticas de la investigación científica en los espacios de la academia, en muchos casos, regidos por los cánones de la ciencia moderna atada al capitalismo, se vuelve imprescindible ya enunciar la perspectiva feminista en su aporte a la crítica epistemológica de raigambre latinoamericana. Dado que los saberes instituidos e instituyentes han sido producto de una empresa androcéntrica, la construcción cultural de la ciencia y la construcción social de los géneros han hecho de la ciencia una empresa masculina que dificulta la participación de mujeres y demás culinidades subalternas en la comunidad epistémica. Si bien es posible dimensionar en la ciencia un doble aspecto señalado por Maffía: como proceso y como producto, es indispensable visibilizar que también es productividad (de sujetxs). Las transformaciones que se procuran tanto para el proceso como para el producto condicionan que la ciencia sea más o menos sesgada y en esa producción se construye “la” sujeto de la ciencia como objeto y como  sujeto que se tiene a sí misma como valiosa. Instalamos entonces la pregunta sobre las estrategias metodológicas que permitan una perspectiva feminista sobre la ciencia no sólo respecto de las mujeres como productoras de conocimiento sino además de los sesgos que el género imprime en el producto para sí visibilizara «la sujeto».

Una perspectiva feminista de la ciencia (y de la tecnología) busca evidenciar la ideología sexista que la ha constituido históricamente, con el objetivo explícito de producir transformaciones en la praxis científica y política. Se impone entonces la pregunta en la tensión entre la imposición de la ciencia de una adaptación de las mujeres a sus normas y la demanda de las mujeres de una transformación profunda de la ciencia en todas sus instancias. Esto supondría una ampliación de la racionalidad concebida en términos modernos a partir del trabajo explícito con la subjetividad, la sensibilidad, las pasiones, la singularidad, el cuerpo y la narratividad. Esta introducción de nuevos modos de conocer en el proceso de producción de saberes científicos modificaría un modelo de ciencia y tecnología que ha sido muy cuestionado desde hace más de medio siglo, a la vez que prácticamente intocado. Una ciencia nueva rompería con las dicotomías modernas, incluso con la de lo masculino y lo femenino, hacia una apertura a la multiplicidad.

Señala Diana Maffia, que: La historia (y la filosofía) de mujeres en ciencia es una disciplina relativamente reciente, pero podemos ya distinguir diversos abordajes conceptuales: el primero procura echar luz sobre aquellas mujeres cuyas contribuciones científicas han sido negadas por las corrientes dominantes de historia de la ciencia. El segundo complementa el anterior, analizando la historia de la participación de las mujeres en las instituciones de la ciencia, especialmente enfocando el limitado acceso de las mujeres a los medios de producción científica y el status dentro de las profesiones. El tercero se interesa por el modo en que las ciencias (sobre todo médicas y biológicas) han definido la naturaleza de las mujeres. El cuarto analiza la naturaleza masculina de la ciencia misma, y procura develar las distorsiones en las mismas normas y métodos de la ciencia que han producido la ausencia histórica de mujeres de cualquier rol significativo en la construcción de la ciencia moderna. (Maffia, 2007, 2).

En  la ciencia, como en la educación, el modelo moderno androcéntrico y patriarcal ha naturalizado un sujeto cognitivo signado por el individualismo, la competencia, la eficiencia y la productividad. Un sujeto  cognitivo, que se presenta ideológicamente como «objetivo», ha obturado históricamente la posibilidad de que otros modos de conocer, otros estilos alternativos, otras capacidades humanas tengan valorización epistémica.

Ante un modo de desarrollo de la epistemología afincado en el presupuesto de cierta superioridad de Occidente, de sus lógicas y modus operandi, Boaventura de Sousa Santos propone una epistemología del Sur, término que mantiene la palabra epistemología pero que busca revertir su significado en forma contra-hegemónica.

Entiendo por epistemología del Sur el reclamo de nuevos procesos de producción y de valoración de conocimientos válidos, científicos y no científicos, y de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a partir de las prácticas de las clases y grupos sociales que han sufrido de manera sistemática las injustas desigualdades y las discriminaciones causadas por el capitalismo y por el colonialismo. (De sousa, 2011, 35).

El Sur en tanto concepto que engloba el sufrimiento humano causado por, y las luchas contra, el capitalismo, el colonialismo y el imperialismo, en cualquier lugar geográfico del mundo en el que se encuentren, incluso en el Norte. Para De Sousa Santos, los saberes del pensamiento crítico de una tal epistemología requieren, a diferencia de las construcciones teóricas críticas eurocéntricas, ir acompañando por detrás a los movimientos de transformación social, pensando lo impensado, dejándose sorprender. Sin embargo, de cara a los desarrollos del pensamiento crítico latinoamericano, Breny Mendoza, cuestiona:

Mi reflexión sobre estos nuevos conocimientos inspirados geopolíticamente en América Latina está guiada por tres preguntas: ¿Cuán lejos llega el nuevo «conocimiento otro» latinoamericano en su inclusión del pensamiento feminista y la cuestión del género? ¿Cómo se puede articular el feminismo y el género en esta nueva epistemología del sur (como le llama De Souza Santos a las nuevas teorías), de manera que el sufrimiento y los sueños de las mujeres se tomen en cuenta y sus conocimientos no queden soterrados como de costumbre? ¿Qué lugar ocupan las feministas latinoamericanas en el surgimiento y constitución de la epistemología del sur y cuál puede ser su aporte? (Mendoza, 2010, 20). Sus respuestas demuestran la ausencia de las referencias a escritos feministas en la región al mismo tiempo que una falta de articulación de las ideas feministas latinoamericanas. Una tarea doble que se abre para quienes nos ocupamos de las ciencias y de las humanidades en Latinoamérica. Con ello (Bartra, 2002) también plantea que nos encontramos, en América latina, en una etapa preliminar en los estudios teóricos feministas. Ella plantea los principales nudos del entramado de feminismo e investigación social partiendo de la experiencia mexicana, donde, si bien hace más de 30 años que este tipo de investigaciones dieron comienzo, y la tendencia es a una mayor institucionalización del movimiento feminista en la región, aún se encuentran en los márgenes de la academia. Algo que parece replicarse en la Argentina. La denominación «estudios de género» ha suplantado, quizá higiénicamente, sugiere la autora, a los «estudios de la mujer» y más aún a los «estudios feministas». También para Teresita de Barbieri (Bartra, 2002) los debates del feminismo han sido más laterales en los espacios académicos latinoamericanos. Si bien Conelly advierte acerca de los debates y controversias en las corrientes feministas acerca de las problemáticas científicas, De Barbieri postula que las propuestas feministas son en general críticas de la forma de producción del conocimiento dominante. Entre las feministas académicas existen ciertos acuerdos tales como: terminar con la «ceguera de género» en la investigación social, producir conocimientos que den cuenta de las condiciones de vida específicas de las mujeres y producir teoría para acabar con la desigualdad, es decir, con referencia para la acción política.

Conelly plantea un panorama de los principales debates entorno a la investigación feminista y a sus aportes a las ciencias sociales. Señala en primer lugar el desarrollo de investigaciones críticas en todas las áreas de las ciencias y las humanidades en contra del sexismo propio e histórico de cada disciplina. Cada una de nosotras puede hacer una revisión de su formación profesional desde el silenciamiento, ocultamiento e invisibilización de la perspectiva de las mujeres en su disciplina. Incluso podríamos hacer un rastreo de todas las posturas misóginas canonizadas en la academia, o del sesgo masculino que toma a los hombres como la norma. Esta denuncia conlleva la pregunta acerca de si la ausencia de las mujeres en la ciencia es inherente a la misma lógica del conocimiento científico y su lenguaje, en su afán demostrarse como neutral. Es por ello que se cuestiona  a la institución científica y académica por la dominación masculina de la organización, la selección de problemas y la división del trabajo desde un estereotipo de lo masculino que pretende dejar fuera de la ciencia a la intuición, la sensibilidad y la creatividad. Para las feministas, en línea con toda epistemología crítica, el contexto de producción del conocimiento (histórico, social, cultural y político) cobra relevancia central para los desarrollos científicos. Del mismo modo que adhieren a que la ciencia tiene connotaciones políticas en su búsqueda del cambio social, aún cuando la academia sigue descalificando las investigaciones que no se presentan como objetivas y neutrales.

Conelly señala los distintos debates que son hoy centrales a la producción del conocimiento en las ciencias sociales críticas porque: Si bien los estudios de género y de la mujer tienen una historia relativamente breve, se insertan, y reflejan, los debates actuales que se están dando en las ciencias y las humanidades entorno a la objetividad, los criterios de verificación y la disciplinariedad. Estos estudios han hecho un aporte muy importante a la epistemología al convertir a las mujeres en sujetos y objetos de conocimiento. Y en este proceso se han constituido como una de las fuerzas más cuestionadoras de los postulados teóricos y prácticas metodológicas de la comunidad científica. Han contribuido, en particular, a la discusión entorno a la reflexividad, la subjetividad y la otredad. (Bartra, 2012:53-54).

También para Sandra Harding, referente en estas reflexiones, las investigaciones feministas han planteado retos a las ciencias sociales. Es por ello que más allá de la pregunta por un método de investigación propiamente feminista,  cobra relevancia la pregunta por las transformaciones que algunas de estas investigaciones puedan haber producido en las ciencias sociales (y también en las naturales). Si bien las técnicas, los métodos, la metodología y la epistemología están vinculados, para Harding las investigaciones feministas socavan los cimientos de las ciencias a nivel epistemológico, al colocar a las mujeres como agentes, sujetos del conocimiento. Aunque esto no significa la mera agregación de mujeres a la ciencia, o la mera recuperación de mujeres a través de los estudios de y sobre mujeres científicas, mujeres públicas o políticas o mujeres víctimas de la dominación masculina, o mujeres subalternas, sugerimos nosotras. Las investigaciones feministas son, para Harding, revolucionarias para la ciencia si adoptan el enfoque histórico, un enfoque que supone una transformación de las ciencias sociales a nivel epistemológico y no meramente de técnicas de investigación social.

La especificidad de las investigaciones feministas implica para esta autora:

  1. Nuevos enfoques empíricos y teóricos: plantear los problemas científicos desde la perspectiva de las experiencias sociales de las mujeres. Si consideramos que los problemas de investigación son siempre problemas para alguien y que las ciencias sociales han planteado tradicionalmente problemas desde la mirada masculina, veremos cómo la reformulación de los problemas lleva a una modificación de la empresa científica. «…los desafíos del feminismo revelan que las preguntas que se formulan–y, sobretodo, las que nunca se formulan-determinan a tal punto la pertinencia y precisión de nuestra imagen global de los hechos como cualquiera de las respuestas que podamos encontrar.» (Bartra, 2012: 21) Esto contrasta con la filosofía tradicional de la ciencia que pondera el contexto de justificación, donde se prueban las hipótesis, por sobre el de descubrimiento, allí donde se formulan las preguntas. Los problemas de las mujeres tienen las voces de las mujeres y, nótese el plural, esas voces varían según la clase, la raza y la cultura y, mucho más si atendemos a la intersección entre raza, clase y género que va más allá de las categorías dicotómicas de la modernidad centrales para el capitalismo colonial moderno. Al mismo tiempo las preguntas, los problemas pueden y suelen entrar en contradicción en la misma persona. Es por ello que las investigaciones feministas trabajan con identidades fragmentadas, frente a las nociones tradicionales del sujeto occidental. Finalmente, aunque no menos importante, para Harding, las preguntas surgen de necesidades y las investigaciones feministas responden a las experiencias de las mujeres en la lucha política, tanto en el ámbito público como en el espacio privado.
  2. Nuevos propósitos para la ciencia social: estar a favor de las mujeres. Los objetivos de las investigaciones feministas buscan respuestas a las inquietudes de las mujeres en lugar de responder a las demandas de instituciones públicas o privadas.
  3. Nuevo objeto de investigación: situar a la investigadora en el mismo plano crítico que el objeto explícito de estudio. Esto supone la explicitación de «el género, la raza, la clase y los rasgos culturales del investigador y, si es posible, la manera cómo ella o él sospechan que todo eso haya influido en el proyecto de investigación…» (Bartra, 2012, 25) Esto se opone a todo objetivismo y neutralidad del sujeto que investiga y se orienta hacia una reflexividad de la investigación

Los elementos señalados por Harding dan cuenta de una metodología de investigación feminista escindida de una epistemología que modifica los grandes fundamentos de la investigación social tradicional. Por otro lado, frente a la postura que indica que sólo las mujeres pueden hacer estudios sobre mujeres se advierte que ésta conlleva una «visión ahistórica y esencialista de la categoría mujer» (Bartra, 2012, 47) Incluso entre mujeres se cuestiona la naturalización de las visiones de autoridad de las mujeres blancas del norte. Frente a la pregunta acerca de si los hombres pueden realizar investigaciones feministas, Harding, por su parte, es contundente: «Es evidente que ni la habilidad ni la disposición para contribuir con el pensamiento feminista son rasgos asociados al sexo» (Bartra, 2012: 29) y agrega, «Queda claro sin embargo que, trátese de mujeres u hombres, quienes no luchen activamente contra la explotación de las mujeres en la vida cotidiana, difícilmente producirán investigaciones sociales acerca de ningún tema que no esté distorsionado por el sexismo y el androcentrismo.» (Bartra, 2012: 32)

Sin contradecir del todo el argumento de Mendoza señalado más arriba, queremos sugerir que quizás las mujeres no necesitemos que senos legitime desde la voz de los hombres en la academia; ese «quizás» guarda la sospecha respecto de la necesidad de algunas mujeres de legitimación o reconocimiento del varón e incluso advierte sobre otras formas de autorización frente a voces, métodos, y objetos que den acogida a criterios no androcéntricos. En términos de Riettiy Maffía (2005,542) se trataría de una «autoridad perceptiva». En cualquier caso, vale la denuncia del silenciamiento tan presente como histórico en tiempos coloniales. Por otro lado, aunque claro está, no se presenta de modo visible en los círculos canónicos y tradicionales de producción y reproducción de los saberes, existe mucha investigación acerca de las ideas feministas en Latinoamérica, basta referirnos como ejemplos a la producción de la mexicana Francesca Gargallo (2006), la argentina María Luisa Femenías (2002, 2005), la panameña Urania Atenea Ungo Montenegro (2000, 2002), la peruana Sara Beatriz Guardia (2005). Porque, aun dentro de la academia, los saberes de y sobre las mujeres circulan, en su producción y reproducción, de otros modos, al margen en muchos casos, de las lógicas tradicionales que venimos denunciando. El reconocimiento de la presencia de estas mujeres en la historia acoge la posibilidad de integrar las a una historiografía que ha silenciado su creativa participación en la construcción colectiva y en la legitimación de herramientas propias y particulares para la producción del conocimiento, esto es, de la habilitación como sujetas capaces de intervenir en la producción, aplicación y circulación del conocimiento y, por tanto, en autonombrarse en pequeñas narrativas que resisten la sistematización de los grandes relatos y que escapan a la institucionalización de la ciencia. Inscribir ciertos discursos de mujeres en el mundo reglado que organiza la producción científica patriarcal (hombre blanco, heterosexual, inteligente, soltero, sin hijos y con alta posición en su campo científico) confiere la posibilidad de disputar un espacio de saber respecto de la problemática de género situada.

Si la ciencia, como la educación, son ámbitos de producción y de reproducción del conocimiento, tejemos posibilidades nuevas de subjetivación en las que se inscriban los decires y quehaceres desde una mirada femenina, capaz de escuchar el silencio.

TERAPÉUTICA PEDAGÓGICA PARA UNA CIENCIA SESGADA

Hace algunos años pude pensar posibilidades para una pedagogía del silencio y el goce (Alvarado, 2008, 91-97). De las tres dimensiones que allí presenté – escuela – laberinto; el currículum – rizoma; lógica de la invención – quiero remitir a la tercera. Decía entonces:

Así es como podría pensarse un contexto epistemológico y metodológico, el de descubrimiento, desde la categoría de rizoma como posibilidades de una escuela otra, de un laberinto – escuela. Las condiciones en las que se instalan los discursos y las prácticas educativas pueden ser entendidas  como un contexto de descubrimiento en el que se  producen saberes comunitariamente. Más que la repetición de lo mismo y la necesidad de justificarla «verdad» que se posee o la corrección de las hipótesis dadas de antemano, estalla la emergencia del hallazgo y la producción de un conocimiento que no se tiene, de modo que este tipo de prácticas requiere de un nuevo posicionamiento respecto de lo que sea enseñar y aprender. Ya que aquí no se enseña lo que se sabe sino lo que no se sabe. En esta línea es posible no quitar ojo a las condiciones que posibilitan el acontecer de lo nuevo como ejército de metáforas animadas por una lógica de la invención y creadas en comunidades de descubrimiento situadas histórica, axiológica y políticamente (Alvarado, 2008, 94).

La referencia al contexto educativo es clave si lo que buscamos no sólo se conforma con enunciar la perspectiva feminista en su aporte a la crítica epistemológica de raigambre latinoamericana sino transformar el paradigma científico patriarcal. En este sentido, aquel trabajo que remite a lógicas de la invención propone «educar» – o en los términos que allí lo decíamos (des) aprender – en comunidades de descubrimiento capaces de gestares situados, de saberes comunitarios, de conocimientos en contexto. Descolonizar la educación de la matriz escolar implicaría una radical resignificación de lo que sea enseñar – aprender y de lo «que» se puede evaluar en términos de eficiencia, tiempos, contenidos e individualidades – ¿cánones similares con los que evalúan las agencias y los consejos? Todo lo cual emerge como un ataque directo a los mecanismos implícitos que contribuyen a mantener  y legitimar la exclusión de las mujeres en el acceso, permanencia y contexto de formación, elección de carreras y promoción académicas. A lo que contribuirían modos alternativos de legitimar y autorizar – lo que se dice, lo que se cree, lo que se sabe y lo que se vive y padece – capaces de renunciar al papel, la función, los modelos, los imaginarios y los valores asignados al sexo femenino ante opciones no tradicionales, no convencionales, no naturalizadas, no sesgadas.

No basta con garantizar el acceso de las mujeres a la educación (en todos los niveles) puesto que la enseñanza sigue perpetuando los estereotipos sexuales, exaltando los modelos masculinos y silenciando los femeninos. No sólo el problema radica en que aún se sostiene que la racionalidad, la dominación, independencia, el poder, la frialdad y la objetividad se vinculan a lo masculino y la irracionalidad, pasividad, amorosidad, dependencia, emotividad, subjetividad a lo femenino, sino en que se naturalizan tales construcciones y se jerarquizan infra valorando el himen a un obstáculo epistemológico (Cfr. DÍAZ, 2005) y subsumiendo lo que podría tratarse de una «contribución femenina» a los cánones andrógenos de hacer ciencia. El problema es triple: se cristaliza una construcción social, se jerarquiza axiológicamente y se anula la alteridad de lo femenino para subsumirla en lo masculino. Así, la educación y, luego, la ciencia, le quitan el cuerpo a la producción invisibilizando al a sujeto que lo produce. Señala Evelyn F. Keller (1985) que esta mitología popular – que en los primeros años de socialización la escuela se encarga de impartir – reproduce la división del trabajo intelectual / emocional en el que la ciencia queda reservada exclusivamente a los varones y de la que las mujeres son literalmente excluidas.

El currículo oficial que nombra lo «por saber» en las instituciones educativas y que ofrece los descriptores desde donde se crean los programas por materias, contienen sesgos sexistas que se traducen en el currículo oculto con diferencias de trato y de expectativas que las y los maestros proyectan en sus alumnas / os. El currículo, el programa, la maestra, el ejercicio docente suele presentar contenidos desde un contexto abstracto sin conexión con la vida ni con las necesidades o deseos de las personas y, cuando aparece el sujeto de enunciación, tiene el rostro de un hombre. Así predominan libros de textos con contenidos, imágenes e ilustraciones masculinos y masculinizantes, temas conectados a intereses y experiencias de niños (a los que se asocian la mecánica, electricidad, construcción, la física y tareas vinculadas a la producción) con una escasa presencia y casi inexistencia de intereses de niñas (vinculados a medio ambiente, medicina, arte, estética, diseño y tareas relacionadas con el cuidado y la reproducción) y, en los casos en los que aparecen intereses como comunes (nutrición, salud, animales, ocio) el hombre es la norma o el patrón.

La imagen de la ciencia sesgada que la educación reproduce es contada por modelos ejemplares que inhiben la referencia a producciones colectivas, situadas, en contexto y visibiliza el mérito del genio, del inventor, enfatizando la ausencia de mujeres científicas reforzando la dicotomía mujeres-ciencia.

La pedagogía del silencio y del goce, a la que nos referíamos inicialmente – a la que Ariadna, Ulises y el laberinto hicieron de metáforas que cancelan la repetibilidad del acto educativo en los términos escolares y a conocidos – promete:

Espacios móviles y mudables en una arquitectura laberíntica que da lugar a configuraciones de existencia que renuncien a determinar hábitos y usos de la función del habitad y se dispongan a dar comarca a la  reapropiación de lo territorializado. Una arquitectura laberíntica capaz de dejar vivir en la diferencia hacia dimensiones otras en las que la multiplicidad se territorializa pero toda vez que el territorio se torna opresor, codificador, confinador o fenicida puede generar su propia línea de fuga sin restringir la vida a la función. Una arquitectura de ideas capaz de vérselas con la diferencia (Alvarado,  2008:96)

Es justamente en el sistema educativo donde se gesta la ceguera que respalda la creencia convencional de que lo verdaderamente científico es lo que pueden controlar los métodos y que se produce en el contexto de justificación. Sin embargo, entendemos que es en el contexto de educación donde puede hacerse lugar a otros modos de producir conocimiento a los que la sujeto de enunciación les ponga el cuerpo gestando esa dimensión en la que se descubre, se identifican los problemas, se formulan las hipótesis y se definen las nociones, conceptos y categorías – esa dimensión excluida de lo «propiamente científico». Enfatizar la pasión, los afectos, la intuición, las analogías y las metáforas es afirmar un modo femenino de producir que amplía la racionalidad andrógena, neutral, objetiva. Visibilizar la / el sujeto de enunciación en el contexto de educación es una transformación pedagógica para la ciencia sesgada que se restringe a aquellos procesos controlables, medibles, validables, contrastables que dejan intactos los valores, los deseos y los intereses que impregnan la producción de un conocimiento finito, situado, en contexto.

UN CUARTO PROPIO-COMÚN

«¿Sería que realmente la amaba (a la tranquilidad) o era que la noción de independencia, de mujer sola contrabajo y cuarto propio, eran opciones incompletas, rebeliones a medias, formas sin contenido?» (Belli, 2006, 90).

El cuarto propio no alcanza Virginia Woolf, dice Gioconda Bellien La mujer habitada, porque la lucha por la liberación de las mujeres es una lucha colectiva que supone una transformación radical de las sociedades injustas, signadas por el anudamiento del capitalismo, el patriarcado, el colonialismo, el imperialismo, el militarismo y los regímenes autoritarios.

Es por ello que hacemos referencia a un pensar con otras, que sería un desde dónde, el locus de la enunciación comunitario, pero también un pensar para qué, hacia un compromiso político de transformación social y reversión de las injusticias. La propuesta quizá suponga la búsqueda de una inscripción en la tensión entre lo privado y lo público, lo personal y lo político, en tanto un tercer espacio que despolarice y que abra las posibilidades de emergencia de nuevas praxis.

Asumirá la ciencia y la educación como «cuentos» (Roig, 1995) en los que entran en tensión la producción y la reproducción de los saberes instituidos e instituyentes, cobija la posibilidad de establecer nuevos vínculos capaces de recrear cuartos propios-comunes activos, conflictivos, problemáticos, críticos, de traducción, de resistencia, de subversión del status quo en el marco de los cuales se correrá el riesgo de modificarlos propios pre – supuestos y las relaciones de saber – poder.

Hemos querido afectarnos a los modos en los que nuestras propias narrativas se inscriben en los cuentos de y sobre la ciencia y la educación. En esas narrativas en las que resuenan muchas voces es posible inscribir otros relatos que involucren las propias historias y los propios cuerpos en tramas comunes y colectivas.

La matriz escolar en la educación y la ciencia es sostenida por escenarios, sujetos y prácticas discursivas, para poder gestar lo que experienciamos como conocimiento. Pensar desde y para las mujeres, cómo y con otras y otros desde una perspectiva feminista permitiría nuevos espacios transformadores y desvergonzados para (re)escribir cuentos puesto que la visibilización del lugar de enunciación de los discursos requiere mirar los modelos de sujeto implícito se invisibilizados sobre los que se hace «neutra y objetivamente» ciencia desapegada de los sujetos que la producen y se ejerce una educación de explicadores explicados (Cfr. Ranciere, 2003) para (de) colonizar nuestra propia interpretación de los cuentos sobre ciencia y educación.

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Fotografía tomada del facebook de la artista Yvis Carolina S. Obregón.

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Mustang: la educación atenazada por el patriarcado represor

MUSTANG (Belleza Salvaje)

Año: 2015

Dirección: Deniz Gamze Ergüven
Guión: Deniz Gamze Ergüven y Alice Winocour
Protagonizan: Günes Sensoy, Doga Zeynep Doguslu, Tugba Sunguroglu
Coproducción: France, Germany, Turkey, Qatar. CG Cinéma, Vistamar Filmproduktion, Uhlandfilm, Bam Film.

Quien haya visto Vírgenes Suicidas (1999), la ópera prima de Sofía Coppola, encontrará muchos elementos comunes entre la historia de las cinco jóvenes Lisbon que se desarrolla en Detroit, y la representación de las cinco hermanas huérfanas que dibuja Mustang.

La historia de Mustang transcurre en el pueblo donde la abuela de las huérfanas les da cobijo al morir sus padres en un accidente de tránsito. En un verano de despedidas, de la escuela y los amigos, y en medio de un juego inocente entre adolescentes amigos en la ribera del Mar Muerto, la abuela de las chicas y estas, son señaladas por sus vecinas de inmorales, lo cual inicia una serie de restricciones en la cotidianidad de la vida familiar.

A partir de entonces, Lale, Nur, Selma, Ece y Sonay inician su propio camino de resistencia ante lo que no logran entender: la estigmatización de una sociedad en decadencia, dominada por un patriarcado asfixiante y castrante.

Un confiamiento que comienza con barrotes en las ventanas de la casa, tests de virginidad a las jóvenes y palizas, se profundiza hasta cerrar todos los posibles accesos a la casa con cercas de hierro. Esta absurda respuesta que encuentran el tío y la abuela de las jóvenes para «lavar» el nombre de las chicas logra que el encierro traduzca la vida de las hermanas en un aprendizaje forzoso de lo que entiende esa sociedad, son los deberes femeninos.

El ambiente de la película nos muestra en algunas escenas el lado más sórdido de una familia víctima de la sociedad turca, marcadamente patriarcal. En su -casi- secuestro, algunas de las niñas sufren abusos físicos por parte del tío, y también aprenden destrezas propias de la “Guía de la buena esposa: 11 reglas para mantener a tu marido feliz”(1): cocina, costura, limpieza, atención al esposo y arreglo de la casa. Destrezas que sirven para seguir el tránsito «natural» hacia una inserción tradicional en el rol de toda mujer honorable: un matrimonio pactado por sus representantes.

La historia, sin embargo, no es narrada desde la victimización de agredidas o agresores. En lugar de ello, las guionistas nos muestran lo que acontece, tal y como lo ve el ímpetu de la menor de las hermanas, Lale, en su búsqueda por subvertir el orden y disciplina impuestos por su tío con la anuencia de la abuela. En los ojos de Lale vemos la nostalgia por la ausencia de su profesora preferida, la resistencia a seguir el curso normal de un matrimonio obligado y la búsqueda liberadora de quien quiere lo mejor para si y los suyos.

En esta búsqueda incesante, es Lale quien siempre increpa a sus hermanas sobre su conformismo. Al punto que, con ayuda de un perfecto desconocido, logran escapar de casa y trasladarse a un partido de fútbol, al regreso del cual su situación se vuelve aún más asfixiante en casa.

La cruzada de Lale por huir del hogar de la abuela no logra, sin embargo, impedir las bodas de las dos hermanas mayores, las cuales transcurren conforme a lo esperado: el candidato acordado por los padres, la abuela y el tío, llega a casa con su familia, invitado a tomar el te. El ritual del té sirve para evaluar las destrezas de la futura esposa. Para el encuentro, la joven de turno prepara un agasajo típico y con algunos lujos, pese a la sencillez de los atuendos y mobiliario de la casa. Un paseo al servir el te y las galletas, y la familia del novio estaba en condición de dar la aprobación para el matrimonio.

La mayor de las hermanas logra convencer a la abuela de que, en su caso, el matrimonio se acuerde con su actual novio, con quien ya mantenía relaciones clandestinas desde hacía meses. Menos fortuna tiene la segunda de la chicas, obligada a casarse con un total desconocido y a pasar un nuevo test de virginidad la noche de bodas al no producirse el sangrado sobre la sábana matrimonial. El punto de quiebre lo pone el suicido de Ece, la tercera de las hermanas, en los días previos a su boda. Ece, quien también fue objeto de abusos por parte de su tío ve en su propia muerte la única puerta de escape ante un futuro certero de sometimiento y limitaciones emocionales y físicas.

La muerte de Ece agudiza la angustia de Lale por poder salvar a su hermana Nur de un matrimonio forzado. No cabe duda que esa búsqueda viene marcada por la impronta de la pasión de Lale por el fútbol. Una futura mujer con deseos de romper el yugo de su tío, regesar a estudiar y, además, fanática de un deporte casi excusivo para hombres, no podía tener un fin distinto al del sometimiento …. si no se liberaba antes.

Traza un plan casi perfecto, que ejecuta la misma noche de bodas de Nur. Con ayuda del chico que transportaba verduras al pueblo, y que ya antes les había llevado a las hermanas al partido de fútbol, Lale planifica dejar a los invitados a la boda de Nur fuera de casa y escapar en el carro del tío, que abandonan más adelante cuando hacen trasbordo para ir al terminal de autobús y comprar sus boletos para huir a Estambul. Allí, lo tiene claro Lale, se encontrarían con su maestra de escuela y comenzarían a esculpir su libertad.

Pese a la gravedad de la realidad que muestra Mustang, el lenguaje fotográfico y simbólico es muy respetuoso del peso que esa realidad tiene en las luchas feministas. Quizás esa es la razón para que, dentro de su maestría cinematográfica, apenas logre delinear una de las búsquedas por la emancipación y la autodeterminación de la mujer, que es aún para muchas sociedades, una tarea pendiente enfrentándose a diario con prácticas sociales que debilitan su condición de posibilidad.

(1) Libro muy difundido en los años 50 en España y escrito … ¡por una mujer! Pilar Primo de Rivera (1907-1991).

Reseña elaborada por Maria Angela Petrizzo @petrizzo

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Lidia Falcón O’Neill – Presidenta del Partido Feminista de España

Hoy publicamos una nueva edición del Programa LA OTRA MIRADA desde Venezuela, que tiene como conductor al profesor Luis Bonilla-Molina y está bajo la dirección técnica de Dilanci May.

En esta oportunidad la entrevistada es Lidia Falcón O’Neill, Doctora en Filosofía. Fundadora de la revista “Vindicación Feminista”, y de la revista feminista “Poder y Libertad”, que actualmente dirige. Su larga militancia en el feminismo y su asistencia a la Ferias del Libro Feminista y a los principales foros internacionales de Bruselas, Londres, Nairobi y Beijín la han convertido en la líder más internacionalmente conocida del feminismo español.

Durante media hora la entrevistada responde a interrogantes sobre los derechos de la mujer y la libertad política, entre otros temas. A continuación, el video:

Artículo publicado originalmente en aporrea

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