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Tings Chak: Las mujeres sostienen la mitad del cielo: cómo China erradicó la pobreza extrema

«La erradicación de la pobreza extrema no se ve como un objetivo final, sino como una etapa importante en la construcción del socialismo. Al fin y al cabo, la pobreza es una cuestión de lucha de clases».

La abuela He nació tres años después de la Revolución China en una aldea pobre de la provincia de Guizhou, en el suroeste de China. En ese momento, el país era el 11º más pobre del mundo, es decir, sólo ocho naciones africanas y dos asiáticas tenían un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita inferior. Un “siglo de humillación” a manos del imperialismo europeo y japonés y una sangrienta guerra civil habían transformado la mayor economía del mundo a principios del siglo XIX en una de las más pobres cuando se estableció la República Popular China (RPC) en 1949. Esa historia dejó marcas devastadoras en la vida de las personas, especialmente la de las mujeres campesinas.

Cuando nació la abuela He, su esperanza de vida era de 35 años. Probablemente la someterían al matrimonio cuando fuera niña y nunca llegaría a saber leer y escribir. Sin embargo, en el camino vio duplicar su propia esperanza de vida, la alfabetización de las mujeres pasó de menos del 10% a más del 95% y se desmantelaron las tradiciones feudales patriarcales. Una de las primeras leyes promulgadas en la RPC fue la Ley de Matrimonio, de 1950, que prohibía las prácticas matrimoniales con niñas y las uniones no registradas, prohibía la poligamia de los hombres y permitía el divorcio.

Según un análisis de la publicación The Lancet, que investigó los 70 años de salud de las mujeres en China, “afirmaciones como ‘las mujeres sostienen la mitad del cielo’ y ‘los niños son el futuro y la esperanza de nuestra madre patria’ no son sólo recursos retóricos, sino que se han puesto en práctica sistemáticamente”. Para dar solo un ejemplo, el estudio destaca los avances en la reducción de la mortalidad materna: de 1.500 casos por cada 100.000 nacimientos en 1949, esta tasa descendió a 17,8 en 2019. A modo de comparación, en el mismo periodo, la mortalidad materna en Brasil descendió de 370 a 60 y, en India, de 1.000 a 145 por cada 100.000 nacimientos. En otras palabras, teniendo un coeficiente de mortalidad materna mucho más alto al principio de la serie histórica, China consiguió, en siete décadas, reducir este indicador a menos de un tercio de la tasa brasileña y al equivalente de un octavo de las cifras de la India. Por sus impresionantes logros en la salud reproductiva y materna de las mujeres, así como en la salud de los recién nacidos, niños y adolescentes, The Lancet menciona la “fuerte voluntad política” y los “avances en la igualdad de género” como factores esenciales de este éxito. Y hay pocos lugares donde esa tendencia resulte más evidente que en la lucha contra la pobreza.

El 25 de febrero de 2021, el gobierno chino anunció que la extrema pobreza había sido eliminada en China, un país de 1.400 millones de habitantes. En los últimos 40 años, China ha sacado a 850 millones de personas de la pobreza. Esta cifra equivale a casi toda la población de América Latina, el Caribe y un Brasil más juntos, lo que ha contribuido para la reducción de la tasa de pobreza mundial en un 76%. Este logro histórico es aún más impresionante en un momento en que una gran pandemia ha provocado el primer aumento de la tasa de pobreza mundial desde 1998, especialmente en el sur global. La abuela He y su familia forman parte de los últimos 98,99 millones de personas que han salido de la pobreza extrema en China; la mitad de ellas eran mujeres.

Para entender los esfuerzos de China por reducir la pobreza en el país, el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó el estudio Servir al pueblo: la erradicación de la pobreza extrema en China, que se basó en literatura académica y artículos publicados en la prensa, entrevistas con expertos y trabajo de campo en la provincia de Guizhou, en el suroeste del país. El estudio, disponible en inglés, español y portugués, concluye que, en primer lugar, China se basó en un enfoque multidimensional para erradicar la pobreza, en lugar de basarse en transferencias monetarias condicionadas o políticas de bienestar. En segundo lugar, la fuerza de la campaña reside en los esfuerzos de construcción del partido, especialmente con el apoyo popular en el campo. En tercer lugar, el gobierno chino ha demostrado su capacidad para movilizar al conjunto de la sociedad y sus recursos. En cuarto lugar, el programa daba centralidad al papel de la población campesina pobre que era sacada – y salía ella misma – de la pobreza, como protagonista del proceso. Por último, la erradicación de la pobreza extrema no se ve como un objetivo final, sino como una etapa importante en la construcción del socialismo. Al fin y al cabo, la pobreza es una cuestión de lucha de clases.

Tangtou, Guizhou, China, 2020. Yang Wenbin/Xinhua.

No usar una granada para matar una pulga

Cuando Xi Jinping asumió la presidencia en 2013, el Programa de Reducción Focalizada de la Pobreza de China (RFP) se convirtió en la estrategia nacional dedicada a llegar a los bolsones más pobres que no se beneficiaron en las décadas anteriores de desarrollo económico. “No usen una granada para matar una pulga”, dijo Xi, reconociendo que para combatir la pobreza el gobierno tendría que encontrar con precisión a cada familia pobre y desarrollar un plan para sacarla de esa condición. A lo largo de la ejecución del programa se han gastado 246.000 millones de dólares para construir 1,1 millones de kilómetros de carreteras en zonas rurales, llevar el acceso a Internet al 98% de las aldeas pobres del país, renovar las viviendas de 25,68 millones de personas y construir nuevas casas para otros 9,6 millones. A finales de 2020, los 98,99 millones de personas que aún vivían en la pobreza extrema en 832 condados y 128.000 aldeas salieron de esa condición.

El programa fue impulsado por la política central que propone: un ingreso, dos seguridades y tres garantías. En China, la línea de pobreza está fijada en 2,3 dólares diarios (ajustados a la paridad de poder adquisitivo – PPA), una base que supera el estándar de 1,90 dólares diarios establecido por el Banco Mundial. El RFP apuesta, además de los ingresos, por las “dos seguridades” de alimentación y vestimenta y las “tres garantías” de servicios médicos básicos, vivienda segura con electricidad y agua potable, y educación pública obligatoria. En otras palabras, China ha adoptado un enfoque multidimensional para luchar contra la pobreza, guiado por un ingreso mínimo, a la vez que ofrece a las personas pobres de las zonas rurales garantías esenciales de alimentación, educación, vivienda y atención de salud.

Moverse entre la gente como un pez nada en el mar

La movilización de los cuadros del partido fue esencial para la lucha contra la pobreza. En 2014, se organizaron 800.000 cuadros para visitar a millones de hogares en 128.000 aldeas de todo el país. Su tarea consistía en identificar a cada familia que sería registrada en el programa nacional, basándose en los ingresos, la educación, las condiciones de la vivienda y el acceso a la salud. La base de datos nacional de 100 millones de personas se creó para ayudar a planificar y ejecutar programas para cada una de ellas.

La Federación Nacional de Mujeres de China (FNMCh), una organización masiva de mujeres dirigida por el Partido Comunista de China (PCCh), ha desempeñado un papel fundamental en la incorporación de las luchas de las campesinas a la estructura y las prácticas del RFP. Por ejemplo, un estudio de 2010 reveló que, entre las trabajadoras, las mujeres de los condados más pobres sufrían mayores tasas de pobreza (9,8%) y analfabetismo (15,7%) que los hombres, y tenían menos acceso a la capacitación técnica y participación social. La FNMCh no sólo constituyó una parte de los principales órganos de gobierno del país al frente del RFP, sino que también organizó el trabajo de base a través de Internet y en los territorios, con acciones que iban desde la creación de 900.000 grupos de “compañeras” en WeChat (similares a los de WhatsApp) hasta las 641.291 organizaciones de base en aldeas de todo el país. Además de la identificación, tres millones de cuadros cuidadosamente seleccionados fueron enviados a vivir en el campo durante años, formando 255.000 equipos de residentes. Un equipo por aldea, un cuadro por familia. Junto a la población, se llevó a cabo un proceso de “evaluación democrática”, en el que los miembros de la comunidad debatieron y votaron cuestiones relacionadas con la situación de pobreza de cada familia: quiénes deberían figurar en el registro de personas pobres, quiénes deberían ser eliminadas o añadidas. Hubo un alto nivel de descentralización, espontaneidad y democracia popular en acción. Las condiciones eran arduas y 1.800 cuadros perdieron la vida en ese proceso.

Frente unido contra la pobreza

Además de fortalecer el Partido y el apoyo popular, la campaña movilizó a sectores más amplios de la sociedad en un “frente unido” contra la pobreza, incluyendo los sectores público, privado y civil de la sociedad. Las cinco metodologías clave de lucha para reducir la pobreza fueron: desarrollar la industria, fomentar la compensación ecológica, garantizar una educación gratuita, de calidad y obligatoria, promover la reubicación y ofrecer asistencia social. El mecanismo principal es el desarrollo de la industria, es decir, el desarrollo de la capacidad productiva y, concretamente, la modernización de la producción agrícola. El segundo, la compensación ecológica, con la creación de puestos de trabajo vinculados a la plantación de nuevos bosques, la recuperación de tierras de cultivo y la restauración de zonas afectadas por la sobreexplotación. En tercer lugar, las medidas para mejorar la calidad de la educación incluían la construcción de nuevas escuelas, la formación de maestras y maestros y la oferta de fuertes incentivos para que los estudiantes de familias campesinas o pobres accedieran a la universidad. Como resultado, entre 2011 y 2018, el 70% de los estudiantes universitarios chinos matriculados en su primer año eran los primeros de su familia en acceder a la educación superior, y el 70% procedían de zonas rurales. En 2020, China ya era el primer país del mundo en número de mujeres matriculadas en la enseñanza superior, según el Informe Mundial sobre Brecha de Género del Foro Económico Mundial.

Para aquellos que viven en regiones extremadamente remotas o propensas a catástrofes, es casi imposible romper el ciclo de la pobreza sin reubicarse. Menos del 10% de las personas que han conseguido salir de la pobreza lo han hecho trasladándose a otras regiones. China construyó nuevas casas – gratuitas, amuebladas y ubicadas en comunidades con escuelas y clínicas de salud – para 9,6 millones de personas que participan en el programa, cuando constituía el último recurso. Por último, en el caso de las personas que no pueden trabajar, como las y los ancianos o las personas con discapacidad, el último método de alivio de la pobreza es la asistencia social.

El RFP formaba parte de la ejecución del Programa Nacional para el Desarrollo de las Mujeres (2011-2020), que daba prioridad a las mujeres en el acceso a recursos y ayudas, como el acceso a la salud, microcrédito y la capacitación profesional. Un total de 10,21 millones de mujeres inscritas en el RFP han tenido acceso a cursos de capacitación, y más de 5 millones de ellas trabajan en la producción agrícola y ganadera, en la artesanía, el turismo y el mercado electrónico. El microcrédito ha permitido que 8,7 millones de mujeres iniciaran su propio negocio. La gratuidad de las pruebas de detección del cáncer de mama y de cuello de útero se ha extendido a todas las aldeas pobres inscritas en el programa, en un esfuerzo por reducir los índices de pobreza por enfermedad, mientras que se han invertido unos 640 millones de dólares para garantizar infraestructura, atención a la salud y necesidades básicas a 50 millones de madres pobres.

Protagonismo de las personas pobres

Como muchas otras campesinas pobres, la hija de la abuela He, He Ying, era una trabajadora migrante en otra provincia. Durante una década, su hijo permaneció en la aldea al cuidado de la abuela He, mientras que He Ying sólo podía visitarlos una vez al año. Cuando se quedó embarazada de su segundo hijo, He Ying optó por inscribirse en el programa gubernamental para el alivio de la pobreza y se trasladó a la nueva comunidad de Wangjia, a pesar de la oposición de su madre, su padre y su suegra al principio. El proceso de traslado a un lugar aún desconocido es difícil para muchas personas mayores que no conocen otra vida que la de su propio territorio.

Sin embargo, como una persona pobre en el proceso de salir de la pobreza, ella y su propia familia, He Ying se unió al PCCh. En la actualidad, forma parte de los 12 cuadros de la comunidad de reubicación de Wangjia, que atienden las necesidades diarias de 18.000 residentes reubicados. Como presidenta del directorio local de la FNMCh, He Ying ayuda a generar confianza entre las campesinas recién emigradas para superar los numerosos retos a los que se enfrentan. Por su propia experiencia personal, reconoce la dificultad de muchas personas en la transición entre la aldea y la ciudad. En los primeros meses de reubicación, el marido de He Ying se sintió cada vez más incómodo con la nueva independencia de su mujer como líder.

“Les dije [a las mujeres locales] que las mujeres pueden tener la mitad del cielo”, dijo He Ying. “Si pueden trabajar, si pueden tener más respeto de sus esposos y alivianar la carga [económica] de sus familias”.  La familia de He Ying, de diez miembros, que solía vivir junta en una casa de 80 m2, ahora vive en tres departamentos que suman 200 m2. Viven en una comunidad con tres jardines de infancia bien equipados y dotados de buen personal, una escuela primaria y una secundaria. Antes tenía que caminar dos horas para llevar y buscar a su hijo menor a la escuela, pero ahora el trayecto dura cinco minutos.

El hijo mayor de He Ying, al que tuvo que dejar al cuidado de su madre cuando emigró por trabajo, asiste ahora a un curso de técnico de mantenimiento de ascensores en la ciudad. “Hay 64 ascensores en esta comunidad”, explica He Ying. “Espero que cuando se gradúe pueda volver y trabajar en nuestra comunidad para servir a la gente”.

La superación de la extrema pobreza en China es un logro de una envergadura y escala nunca antes vistas en la historia. Más que un punto de llegada es una fase en la construcción del socialismo que debe profundizarse y expandirse. Para asegurar la prosperidad en el campo, el gobierno chino ha puesto en marcha un programa de revitalización rural para consolidar y expandir los logros de la reducción de la pobreza.

La superación de la pobreza extrema en China es un logro de una magnitud y escala nunca vistas en la historia. En lugar de ser un punto final, es sólo una fase de la construcción del socialismo, que debe profundizarse y ampliarse. Para garantizar la prosperidad en el campo, el gobierno chino ha puesto en marcha un programa de revitalización rural para consolidar y ampliar los avances en la lucha contra la pobreza. Son muchos los retos que tienen por delante las mujeres campesinas, como combatir los valores patriarcales y promover la igualdad de género, aumentar su participación en la fuerza de trabajo, reducir la brecha digital y proporcionar educación técnica a las mujeres, y ampliar la oferta de servicios de cuidado de niños y ancianos.

El éxito de un programa nacional de la envergadura del RFP no debe medirse sólo con cifras abstractas, sino en comparación con la vida de las campesinas pobres como He Ying. El estudio pretendía presentar algunas de las experiencias e historias tanto de las personas que salieron -y se sacaron a sí mismas – de la pobreza como de las que ayudaron en ese proceso. La construcción de un mundo donde se erradique la pobreza es esencial para la construcción del socialismo. Poder estudiar, tener un hogar, alimentarse bien y disfrutar de la cultura son deseos comunes a la clase trabajadora y a las mujeres pobres de todo el mundo. Son aspectos que forman parte del proceso de llegar a ser humano.

Tings Chak es investigadora y coordinadora del Departamento de Arte del Instituto Tricontinental de Investigación Social y fundadora de Dongsheng News. Investigadora y principal autora de Servir al pueblo: la erradicación de la extrema pobreza en China. Vive y trabaja en Shanghái.

Fuente: https://capiremov.org/es/analisis/las-mujeres-sostienen-la-mitad-del-cielo-como-china-erradico-la-pobreza-extrema/

Traducido del español por Luiza Mançano

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Francia: Gloria imperecedera a la Comuna de París en su 150 aniversario

Gloria imperecedera a la Comuna de París en su 150 aniversario

Atilio A. Boron

El primer gobierno obrero de la historia: supresión del Ejército, sufragio universal, revocación de los mandatos, funcionariado remunerado con sueldos equivalentes a los de los obreros, separación Iglesia-Estado, educación laica, legislación laboral de avanzada, internacionalismo, fraternidad, solidaridad.

¡Durante 72 días el poder descansó en manos del pueblo! Fue demasiado para la burguesía francesa y para los invasores alemanes de Otto von Bismarck, que habían derrotado y humillado a las tropas del Segundo Imperio Francés, con Louis Bonaparte a la cabeza. La lucha de clases, la necesidad de borrar de la faz de la tierra el recuerdo heroico de la Comuna pudo más que las centenarias rivalidades nacionales entre franceses y alemanes y los hermanó para aplastar la insolente rebeldía de París. Ambos se acababan de enfrentar en la Guerra Franco-Prusiana pero unieron fuerzas para reprimir y escarmentar a las parisinas y los parisinos insurrectos. La inevitable derrota militar de la Comuna fue el preámbulo de una masacre de proporciones aterradoras: se desató una feroz cacería que culminó con 17.000 hombres y mujeres ejecutados, sin mediar proceso judicial alguno y enviando a la muerte a quien fuera, hombre, mujeres, adolescentes capturados como fieras salvajes en las calles de París; 40.000 prisioneros cayeron en manos del Ejército, muchos de los cuales luego serían fusilados y unos pocos deportados. Y así se restauró “el orden”, es decir, la dictadura burguesa bajo una farsa republicana.

Lección para jamás olvidar: la derecha será implacable contra cualquier gobierno que intente alterar el orden social existente y las relaciones de poder. Aunque lo intente gradual y moderadamente, jugando dentro de las propias instituciones de la “democracia capitalista.”. Eso fue así ayer, lo es hoy y lo será mañana: diría que es una ley histórica. No sólo en Francia, sino en cualquier lugar del mundo. Y especialmente en Latinoamérica, como es bien sabido (o debería ser bien sabido) en donde el carácter brutal y sanguinario de la derecha, potenciada por los nefastos influjos del imperialismo norteamericano se puso de manifiesto en todos nuestros países a lo largo de la historia. No hay uno sólo del que pueda decirse que estuvo a salvo de la barbarie represiva de la derecha.

Parafraseando la advertencia del Che sobre el imperialismo norteamericano: “¡a la derecha no se le puede creer ni un tantito así, nada!”

Fuente de la Información: https://rebelion.org/gloria-imperecedera-a-la-comuna-de-paris-en-su-150-aniversario/

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Bolivia: Se frustra maniobra que intentaba desconocer el resultado de la elección en Bolivia

Se frustra maniobra que intentaba desconocer el resultado de la elección en Bolivia

La vocal del Tribunal Supremo Electoral, Rosario Baptista, envió una segunda carta al Secretario de la OEA, Luis Almagro, rectractándose de una primera carta en la denunció la existencia de un «bloque de data alterno» en las elecciones presidenciales del 18 de octubre. En su segunda carta aclararó que no puso en duda los resultados electorales que dieron la victoria en primera vuelta al MAS. Inmediatamente el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz tuvo que levantar el paro y se terminó pinchando el «globo de ensayo golpista» que estaba en marcha.

El 4 de noviembre, Rosario Baptista, vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), se dirigió al Secretario de la OEA, Luis Almagro, señalando que existiría un “bloque de data alterno” en el proceso electoral de los comicios presidenciales del 18 de octubre y solicitando una auditoria. Salvador Romero, presidente del mismo órgano refutó las declaraciones de Baptista señalando que eran acusaciones graves y reafirmó la transparencia de las elecciones indicando además que toda la información está a disposición de quien lo requiera. Recordemos además que no solo Salvador Romero, sino que también, representantes de la centro derecha, como el ex candidato a presidente por Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, exigieron explicaciones a la vocal Rosario Baptista sobre el contenido de su carta enfatizando el hecho de que ella, al igual que todos los vocales, avaló la transparencia de las elecciones, firmó todas las actas del proceso electoral así como también la entrega de las credenciales a las nuevas autoridades electas.

El mensaje de la carta de Baptista estaba posibilitando intentos que buscaban extender la movilización iniciada por grupos ultra-derechistas, como las reaccionarias juventudes de las llamadas “resistencias” en Cochabamba y Santa Cruz y grupos clericales que con rezos en puertas de regimientos militares exigían que se impida la transmisión de mando al nuevo Gobierno del MAS hasta que se haga una auditoría y que en ese ínterin tome el mando del país un “gobierno cívico y militar”.

El ex líder cívico y ex candidato a la presidencia, Luis Fernando Camacho, saludó la carta de Baptista, y en declaraciones a la prensa así como en su twitter declaró que se iba a unir al paro cívico que empezaba a desarrollarse en Santa Cruz. Pero al tiempo que Camacho se aprestaba a “volver a las calles”, la vocal no tardó en enviar una segunda carta, ayer 6 de noviembre, también dirigida a Almagro para aclarar que no pone en duda los resultados del 18 de octubre. En su nueva carta señaló que “no cuestiona específicamente el resultado del proceso electoral del 18 de octubre del 2020”, y que “más bien cumple el propósito de avanzar hacia la consolidación de nuestro sistema democrático”.

De esta manera, los intentos golpistas de recrear una nueva asonada derechista, como la de octubre del año pasado que culminó en un golpe de Estado, se pincharon. Tal es el caso que el presidente de una de las instituciones más reaccionarias y patronales del país, como es el Comité Cívico de Santa Cruz, luego de conocer la segunda carta, tuvo que levantar el paro cívico indicado que continuarán su lucha “por la vía judicial”. Esto incluye la demanda por la restitución de los dos tercios en las decisiones de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) que el MAS con sus legisladores salientes modificó.

Como último aletazo de ahogado, Rómulo Calvo tuvo que decir que tomarán otras medidas de protesta y que van a mantener las medidas que sean necesarias en coordinación con el movimiento cívico nacional para “desenmascarar el nauseabundo fraude”.

En todo caso el globo de ensayo golpista duró poco. No solo se levantó el “incipiente” paro cívico sino que ayer mismo también las FF.AA emitieron un “comunicado a la opinión pública” afirmando que “garantizan a la población el resguardo de la soberanía, la independencia, el respecto a la Constitución Política del Estado y al gobierno legal y democráticamente constituido”. También ayer se conoció un comunicado de la Embajada de Estados Unidos señalando que «Nuevamente hacemos un llamado a todos los sectores a aceptar respetuosamente los resultados de la elección en el verdadero espíritu de la democracia y a trabajar en aras de una reconciliación nacional por el bien de todo el pueblo boliviano» (ABI, 6 de noviembre de 2020).

La posibilidad de que se efectivice la transmisión de mando en medio de todo esto queda allanada. Sin embargo, lo cierto es que, como lo venimos señalando, el escenario político y social queda más inclinado a la derecha y esto significa la presencia de una derecha muy reaccionaria que viene envalentonada, gracias al rol conciliador y de negociación sistemática del MAS, y que tendrá presencia como bloque opositor no solo en el Parlamento sino que también disputa las calles.

Desbandada de ministros golpistas

Ya se había anunciado que Jeanine Áñez no iba a estar presente en el acto de transmisión de mando al binomio presidencial electo, Luis Arce Catacora y David Choquehuanca, programado para este domingo 8 de noviembre. Esto se confirmó cuando ayer la prensa informaba que Áñez se encontraba arribando al aeropuerto de su ciudad de nacimiento (Trinidad-Beni).

El jueves Áñez, cerró su gestión y en la foto del breve acto se “extrañó” la presencia de dos de sus ministros que más marcaron el carácter brutalmente represivo de la gestión del Gobierno golpista. Se trata del ex ministro de Gobierno, Arturo Murillo, y del ex ministro de Defensa, Fernando López; ambos involucrados en gruesos casos de corrupción como el de la compra millonaria de gases lacrimógenos. Esto motivó a que se emita una “alerta migratoria” por la posibilidad de fuga de ambos personajes. La renuncia y salida apresurada de Murillo y López ha generado que se empiece a plantear que “dejaron sola a Áñez” frente a un posible juicio de responsabilidades por los crímenes de lesa humanidad cometidos en su Gobierno.

En la misma línea y a menos de 48 horas del acto de transmisión de mando que inaugurará un nuevo Gobierno del MAS, se sucedió una seguidilla de cartas de renuncia y desbande de las y los ministros, viceministros y directores del gabinete de Áñez. Parece que quién esperará a la posesión de las nuevas autoridades será Iván Arias, ministro de Obras Públicas, quien manifestó que presentó su carta de renuncia pero que estará “esperando a la nueva autoridad que seguramente se posesionará el lunes (…)” y continuó diciendo que “no puede ser que uno vaya, tire la puerta y se vaya; por donde he entrado, la puerta ancha, tengo que salir también”.

El MAS inicia un nuevo Gobierno condicionado y con reducido margen de maniobra

Ante la ausencia de Áñez es probable que el acto de transmisión de mando mañana esté a cargo del senador del MAS, Andrónico Rodriguez, recientemente posicionado como el nuevo presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional. El acto de posesión será este domingo en la mañana y el lunes se espera el nombramiento del nuevo gabinete de ministros que serán parte del nuevo Gobierno del MAS.

El escenario que se abre para un nuevo Gobierno del MAS se da en el marco de una profunda crisis política y económica con una polarización social en la que se han profundizado y agudizado las contradicciones de una sociedad en la que las clases sociales están marcadamente racializadas.

La rotunda victoria electoral del MAS ha motivado que algunos intelectuales, inclinados al MAS, planteen que lo sucedido en Bolivia pone en cuestión que haya habido un golpe de Estado señalando que sino no se podría explicar que el “llamado Gobierno de transición” haya convocado a elecciones y que termine reconociendo el triunfo del MAS y que pese a todo el MAS y sus dos tercios en el Parlamento hayan funcionado.

Lo que no dicen es que el MAS y sus dos tercios en el Parlamento fueron los responsables de pasar una mano de barniz democrático al golpe de Estado, que en la forma se expresó contra Evo Morales gracias a los crecientes rasgos autoritarios de este partido, pero que en su contenido fue un golpe contra el pueblo trabajador.

El MAS desde el parlamento se encargó de continuar su estrategia de Gobierno, que es la de negociar y pactar sistemáticamente con los golpistas. Las “banderas de paz” que se arrogaron tanto los golpistas a la cabeza de Áñez, como Eva Copa desde el MAS, fue a costa de las masacres de Sacaba, Senkata y Ovejuyo. Y él que los distintos sectores del bloque golpista, desde la Iglesia pasando por las FF.AA hasta Áñez, incluyendo a la Casa Blanca hasta Bolsonaro, hayan tenido que reconocer el triunfo electoral del MAS se explica por una combinación de factores. En primer lugar fueron los propios golpistas que tras su desastrosa y criminal gestión de la pandemia y de la economía –entregando tierras y haciendo negocios impunes con los agroindustriales y demás aliados de clase- en sus 12 meses de Gobierno lo que permitió que, a pesar del MAS, desde la resistencia al golpe de Estado, con altibajos, se haya desarrollado una resistencia al golpismo y que en agosto marcó un punto de inflexión tras una valiente rebelión antigolpista que puso freno a los intentos prorroguistas de Áñez. Esa voluntad de lucha que fue frenada por el MAS para garantizar la “resquebrajada institucionalidad democrática” e ir a elecciones, se reflejó nuevamente en las urnas. La movilización garantizó las elecciones y el resultado expresó eso. Y el otro elemento que no se puede soslayar, es que todo esto se desarrolló en medio de un relativo retroceso de la ofensiva trumpista-bolsonarista.

Esto es necesario señalar porque es sobre esta base que el MAS inicia un segundo capítulo con un Gobierno a la cabeza de Arce y Choquehuanca que desde antes de iniciar ya dejaron marcada una distancia con Evo Morales y todo su “entorno”, haciendo alusión a la élite blanco-mestiza que se incrustó en los altos mandos de su gestión. Las contradicciones en el MAS dejan entrever las tensiones y ajustes de cuentas entre las élites de este partido y sus bases. Pero por otro lado, el bloque golpista pese a la derrota aplastante que sufrieron en las urnas, contará con una fuerte bancada parlamentaria y con una militancia que también disputará las calles. El rol de las FF.AA y la policía es un factor importante y se posicionan como un factor político y con peso propio que más temprano que tarde lo usarán para presionar no solo al Gobierno de Arce sino y fundamentalmente contra el movimiento de masas.

A horas de la transmisión de mando lo cierto es que se abre un nuevo capítulo, en el que se profundizará la lucha de clases, y en el que se retoma la experiencia de las y los trabajadores y los movimientos sociales -que resistieron al golpe- con el MAS pero sobre la base de nuevas condiciones, muy diferentes a los años de «bonanza» que acompañaron sus 14 años de Gobierno.

Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/Se-frustra-maniobra-que-intentaba-desconocer-el-resultado-de-la-eleccion-en-Bolivia

 

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Antonio Gramsci: la formación y el pensar crítico como anticuerpos frente al encierro

Por: Hernán Ouviña

 

Antonio Gramsci: la formación y el pensar crítico como anticuerpos frente al encierro

Vivimos tiempos pandémicos, que nos compelen al encierro físico y al aislamiento social. Tiempos de exacerbación de la ultraderecha y de tendencias neofascistas. De militarización de los territorios, debacle económica, colapso ecológico, incertidumbre extrema e intento del quiebre de los lazos comunitarios y las tramas de sociabilidad. Crisis endémica, civilizatoria e integral. Un contexto que, más allá de las evidentes diferencias, se asemeja trágicamente al que vivenció Antonio Gramsci, uno de los intelectuales y militantes marxistas más importantes del siglo XX.

Nacido en 1891 y criado en la enorme isla de Cerdeña, ubicada en el sur campesino de Italia, luego de terminar con dificultades e interrupciones el secundario -y gracias a una beca para estudiantes pobres- se traslada a la industrializada Turín, donde al poco tiempo se suma a las filas del Partido Socialista y a colaborar con diversos periódicos de izquierda, por lo que jamás llega a concluir su carrera universitaria. Tras participar del bienio rojo (1919-1920), un proceso de toma de fábricas y autogestión obrera desplegado en la región del Piamonte, contribuye a fundar en 1921 el Partido Comunista y es enviado a Rusia como delegado de la III Internacional. En esta inmensa escuela a cielo abierto vive casi dos años, conoce a los principales referentes del bolchevismo y también a quien será su compañera, Julia Schucht (con la que tendrá dos hijos). Al ser electo diputado en 1924 y conseguir inmunidad parlamentaria, retorna a Italia y asume la secretaría general del Partido, en un contexto cada vez más represivo y de criminalización de las fuerzas opositoras al fascismo. El tener fueros no impidió que, a finales de 1926, sea detenido por el régimen junto a otros dirigentes comunistas. El fiscal que contribuye a su condena alega que se debe “impedir que este cerebro piense por lo menos por 20 años”. Tras una década de encierro, a lo largo de la cual redacta y pule gran cantidad de apuntes, fallece en 1937, en un casi total aislamiento político y afectivo en una clínica de Roma.

Salvando las distancias temporales y geográficas, la ajetreada vida de Gramsci en Italia brinda ciertas pistas y aprendizajes para enfrentar una coyuntura tan anómala y adversa como la actual. En particular, algunas de las iniciativas que emprendió para lidiar con el aislamiento físico, con la imposibilidad de realizar reuniones presenciales entre camaradas de militancia, o resistir encierros prolongados en la cárcel, devienen interesantes hoy en día para sostener y potenciar proyectos emancipatorios de similar tenor, sin transigir en las convicciones ético-políticas ni claudicar ante tamaño infortunio de un contexto por demás desfavorable como el que tanto a Gramsci como a nosotres nos toca afrontar.

Como es sabido, lejos de ser algo residual o acotado a un lapso específico de su itinerario intelectual, la cuestión pedagógica y formativa resulta el hilo rojo que enhebra buena parte de sus reflexiones y propuestas revolucionarias, tanto juveniles como durante su forzado encierro. Ello es así debido a que, para él, desde sus primeros años de incursión en la militancia socialista y la labor periodística, la pedagogía siempre debía entenderse desde una óptica política, y a la inversa: toda práctica política que pretendiese aspirar a transformar la realidad de raíz, ameritaba ser concebida sí o sí en términos pedagógicos, vale decir, profundamente educativos. Por lo tanto, apuntalar proyectos que fomenten “la elaboración de una conciencia crítica” y una “comunión intelectual” que fortalezca la organización y praxis colectiva de las clases subalternas como sujeto político con capacidad autoemancipatoria, era de acuerdo a Gramsci algo prioritario, más aún en momentos de reflujo de las luchas, contraofensiva derechista o desorientación teórico-estratégica.

Gramsci dinamizó infinidad de propuestas en este sentido, ya que una parte prolongada de su vida transcurrió en condiciones de clandestinidad, reclusión y distancia física de sus seres queridos. Entre ellas, vale la pena rememorar la Escuela de cuadros por correspondencia que crea en pleno auge del fascismo, como su propia vivencia de confinado político, en tanto intelectual-militante que batalla contra el encierro y el aislamiento casi absoluto, desde el pensar crítico y la autoformación permanente.

Si durante sus años de militancia en Turín forja varios espacios educativos y contraculturales al calor de la agudización de la lucha de clases y la politización de vastos sectores obreros y campesinos, que van del Club de Vida Moral, la Asociación de Cultura Socialista, la Escuela nocturna de L’ Ordine Nuovo al Instituto de Cultura Proletaria, la consolidación del fascismo tras la marcha sobre Roma y el parcial reflujo de las luchas lo obligan a innovar y reinventar las formas y modalidades de formación política y estudio, en función de evitar la creciente represión y el clima de semiclandestinidad que se vive en el país. Este delicado contexto -que resiente la posibilidad de que se congreguen gran cantidad de militantes en sedes de la organización y limita el activismo público- lo induce a gestar en 1925 una Escuela de partido por correspondencia.

Gramsci elabora el programa, selecciona materiales de lectura, y planifica la edición y distribución interna de sucesivos fascículos entre las y los camaradas de diversas regiones de Italia. El propósito último de la Escuela es romper el aislamiento y aportar a una organización viva y dinámica, que sostenga sus tramas de vincularidad y garantice la cohesión ideológica, pero cuya unidad o centralización no sea concebida en palabras de Gramsci “de forma excesivamente mecánica”, sino tendiente a que “cada miembro sea un elemento político activo, sea un dirigente”. Por cierto, subyace aquí una pionera concepción de la intelectualidad orgánica, en la medida en que articula la condición de especialista con la capacidad de autodirección colectiva, que desarrollará con mayor detalle en sus Cuadernos de la Cárcel.

Es interesante cómo Gramsci pondera las limitaciones de una metodología de enseñanza y aprendizaje que no contempla instancia presencial alguna y se desenvuelve bajo un formato mediatizado: “el mejor tipo de escuela es sin duda la escuela hablada, no la escuela por correspondencia”, admite. A esta dificultad le suma otra no menor que estriba en la gran cantidad y heterogeneidad de estudiantes que la integran. “Las lecciones son realizadas teniendo presente un tipo medio de alumno que de hecho no existe -advierte-, a no ser como abstracción, y eso confiere a las propias lecciones un carácter un tanto absoluto y abstracto, mecánico en suma, lo que indudablemente no es el carácter propio de una escuela orgánica proletaria”.

Resulta evidente que las circunstancias impuestas por el régimen fascista limitaban enormemente las posibilidades de ensayar prácticas formativas diferentes. En una epístola a su amada Yulca, se lamenta de que “toda reunión descubierta es interrumpida y los compañeros son arrestados y encarcelados durante días”. No obstante, a pesar de estas dificultades, Gramsci apunta a “crear una camada de instructores de partido”, es decir, lograr que quienes se forman en esta Escuela puedan a la vez ir oficiando de formadores del resto de las y los activistas que integran la organización, de manera tal que al menos en pequeños grupos puedan concretar reuniones presenciales con un similar “espíritu de iniciativa”.

“Es preciso que inicialmente los alumnos se reúnan en locales, en grupos de diez o menos todavía y se mezclen entre sí: al principio los instructores deben ser electos por el propio grupo, dentro del criterio de buena voluntad, del tiempo en el partido, de relativa mayor preparación, etc.”, propone Gramsci. Dicho espacio debe tener como centro de gravedad el estudio y análisis de la realidad concreta y las exigencias políticas de las y los trabajadores ante una coyuntura difícil de asir, de manera tal que se contrarreste la tendencia a la dispersión y el aislamiento. En este sentido, concluirá, “toda clase debe recurrir a la explicación práctica de los fenómenos experimentados por los compañeros, ya sea en el campo de la política, la economía y la ideología”.

Esta experiencia resulta intensa pero breve, ya que el posterior encarcelamiento de Gramsci en noviembre de 1926, la criminalización extrema de cualquier tipo de activismo de izquierda y la arremetida final contra los partidos políticos opositores (que terminan siendo ilegalizados), diluyen toda perspectiva de continuidad de la iniciativa. Sin embargo, durante sus años de encierro insistirá en la necesidad de crear y sostener espacios autoformativos que contrarresten las “condiciones de embrutecimiento físico y moral” que supone la cárcel. He aquí un segundo momento destacable y sumamente actual en el itinerario de Gramsci como educador popular.

En la isla de Ustica, ubicada en el sur de Italia, donde es recluido a comienzos de 1927 por algunas semanas, forja nuevamente una Escuela, a la que asisten no solamente presos políticos sino incluso algunos habitantes del lugar. “Gracias a la Escuela -relata en una carta enviada a su amigo Piero Sraffa- evitamos los peligros de la desmoralización, que son muy graves”. Una vez más la formación oficia de certero anticuerpo frente al aislamiento físico, afectivo y político al que se ve sometido. En este espacio, que incluye desde la alfabetización hasta talleres de cultura general, todos resultan “maestros y estudiantes”, y el propio Gramsci admite que a la par que enseña historia y geografía, frecuenta algunos cursos en carácter de ávido aprendiz.

Gramsci permanecerá tan sólo 44 días en la isla, aunque la Escuela tendrá una duración mayor. Uno de los presos políticos que continúa en Ustica, de nombre Giuseppe Berti (con vasta experiencia en la organización de Escuelas de partido en el exilio) le escribe meses más tarde para consultarle acerca de la metodología de enseñanza y la concepción educativa más pertinente, con la intención de sostener en el tiempo y potenciar esta iniciativa autogestiva. Desde Milán, Gramsci le responde en una detallada carta que “una de las actividades más importantes a realizar por parte de los maestros, según mi opinión, sería la de registrar, desarrollar y coordinar las experiencias y las observaciones pedagógicas y didácticas, ya que sólo de semejante trabajo ininterrumpido pueden nacer el tipo de escuela y el tipo de maestro que requiere precisamente ese lugar”.

Luego de resaltar esta necesidad de sistematizar el proyecto y de sugerir que quienes fungen de educadores puedan conformar un “círculo” de autoformación en temas didácticos y pedagógicos, que permita también el intercambio y la socialización de información y conocimientos mutuos, le admite a Berti con un dejo de ironía que “es difícil aconsejarte y darte una serie, como dices tú, de ideas ‘geniales’. Me parece que hay que mandar la genialidad a la ‘fosa’ y que en su lugar se debe aplicar el método de las experiencias más minuciosas y de la autocrítica más imparcial y objetiva”.

Durante su presidio transitorio en el norte del país a la espera de una sentencia firme, Gramsci privilegia la lectura y el estudio, y para no empeorar su frágil estado de salud realiza además ejercicios de gimnasia. En paralelo, continúa apelando a la escritura de cartas como puente de comunicación para burlar el aislamiento, y le envía a su madre unas sentidas líneas donde les expresa lo siguiente: “Carissima mamma, no querría repetirte lo que ya frecuentemente te he escrito para tranquilizarte en cuanto a mis condiciones físicas y morales. Para estar tranquilo yo, querría que tú no te asustaras ni te turbaras demasiado, cualquiera que sea la condena que me pongan. Y que comprendas bien, incluso con el sentimiento, que yo soy un detenido político, que no tengo ni tendré nunca que avergonzarme de esta situación. Que, en el fondo, la detención y la condena las he querido yo mismo en cierto modo, porque nunca he querido abandonar mis opiniones, por las cuales estaría dispuesto a dar la vida, y no sólo a estar en la cárcel. Y que por eso mismo yo no puedo estar sino tranquilo y contento de mí mismo. Querida madre, querría abrazarte muy fuerte para que sintieras cuánto te quiero y cómo me gustaría consolarte de este disgusto que te doy; pero no podía hacer otra cosa. La vida es así, muy dura, los hijos tienen que dar de vez en cuando a sus madres grandes dolores si quieren conservar el honor y la dignidad de los hombres”.

Esta energía vital y estado de ánimo positivo se irá apaciguando poco a poco. A mediados de 1928 es llevado a Roma, donde recibe finalmente una condena de más de 20 años de prisión. Ya con síntomas de deterioro físico y psicológico (que se agravarán año a año) es enviado a la cárcel de Turi, en el sur de Italia. Allí meses más tarde, en 1929, le otorgan el permiso para escribir y contar con una celda individual. Lector voraz e insomne, se apasiona por hojear cuanto tiene a mano, llegando a deglutir “más de un libro por día”, buscando a cómo dé lugar no acostumbrarse a “los días que se suceden iguales e igualmente aburridos”, resistiéndose a ser “un objeto sin voluntad y sin subjetividad frente a la máquina administrativa”.

Pero a pesar de ello, Gramsci dista de ser una persona completamente aislada o ensimismada. Sin el apoyo permanente, acompañamiento y contención de su entorno socio-afectivo (mujeres, ante todo, como su cuñada Tatiana Schucht, pero también otros familiares, amigos y compañeros), sin ese diálogo e interlocución con pensadores clásicos y contemporáneos (de Maquiavelo, Hegel y Marx, a Lenin, Sorel, Bujarin y Croce), ni la constante apelación a la “traducibilidad” e intercambio de lenguajes filosóficos, saberes plebeyos, experiencias insurgentes y procesos populares, no hubiese podido en los años sucesivos redactar sus Cuadernos de la Cárcel y menos aún mantenerse activo, escamoteando el encierro para poder revisar o pulir sus ideas una y otra vez, cual meticuloso e incansable artesano. De ahí que reconozca que le resulta “imposible pensar ‘desinteresadamente’ o estudiar por estudiar. Sólo en contadas ocasiones me he abandonado a alguna línea particular de pensamiento y analizado algo a causa de su interés intrínseco”.

Incluso la ardua y paciente producción de los Cuadernos de la Cárcel -verdadero laboratorio en movimiento, de un pensar crítico inigualable- puede ser interpretada como una experiencia de educación militante en sí misma, en la medida en que Gramsci se concibe como un pedagogo de la praxis que aprende y es educado por la propia realidad histórica italiana, europea y mundial, del mismo modo que por las experiencias revolucionarias precedentes y contemporáneas. Desde esta óptica, los Cuadernos son una reflexión concebida desde una doble derrota (la sufrida a manos del fascismo, sin duda, pero también la que involucra a la tragedia del estalinismo), y como tal, supone un proceso de aprendizaje a partir de una pedagogía de la pregunta, interrogándose en torno a por qué fracasaron, o bien fueron derrotados, los diversos proyectos emancipatorios impulsados en otras latitudes.

Asimismo, sería un error definir al Gramsci entre rejas como un intelectual abocado exclusivamente al ejercicio del pensamiento crítico y la reinvención del marxismo. Desde ya esta es una faceta ineludible y cardinal, que lo hace uno de los revolucionarios más sugerentes en estos tiempos, ya que brinda elementos para entender la complejidad de la dominación y los intrincados mecanismos a través de los cuales se sostiene y apuntala este orden capitalismo, patriarcal y colonial profundamente desigual e injusto. Conceptos como los de hegemonía, bloque histórico, Estado integral, revolución pasiva y crisis orgánica apuntan a dar cuenta de esto. No obstante, las elucubraciones vertidas en sus Cuadernos no agotan en toda su integralidad a la figura de “carne y hueso” que fue Gramsci. Por ello no resulta ocioso recordar aquella sentencia magistral que vuelca en una de sus tantas notas de encierro, en la que denuncia que “los intelectuales creen que saben, pero comprenden muy poco y casi nunca sienten”.

Esta convicción senti-pensante no es algo acotado a su período de reclusión en las cárceles fascistas. Revisitar las etapas precedentes y menos conocidas de su vida, nos aleja de un supuesto Gramsci heroico y frío sabelotodo -un “teórico de la derrota” edulcorado y compatible con ciertos discursos progresistas en boga-, acercándonos a una figura más humana, indisciplinada e integral que, no por ello, pierde estatura histórica. En una de las epístolas escrita en 1924 para su compañera, se interroga angustiado precisamente en torno a este desencuentro que, muchas veces, tiende a existir entre el amor y la apuesta en favor de un proyecto revolucionario: “Cuántas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa cuando no se había querido a nadie, ni siquiera a la propia familia, si era posible amar a una colectividad cuando no se había amado profundamente a criaturas humanas individuales. ¿No iba a tener eso un reflejo en mi vida de militante?, ¿no iba a esterilizar y a reducir a mero hecho intelectual, a puro cálculo matemático, mi cualidad de revolucionario?”.

Algunos intérpretes de la obra gramsciana han apelado a una metáfora sugerente para caracterizar su invariante actitud ante la adversidad: la táctica del agricultor, que durante los meses del gélido invierno prepara sus herramientas para la próxima siembra y cosecha. Apostar a la autoformación en contextos de encierro y aislamiento físico, dotar a la militancia popular de mayores condiciones e instrumentos para el análisis riguroso de la realidad y una intervención certera en ella, de manera creativa y sin ánimo alguno de dogmatismo, resulta fundamental en la construcción de intelectuales orgánicos/as que, al decir de Gramsci, “tengan cabeza y no sólo pulmones y garganta”. Al fin y al cabo, como supo expresar Rosa Luxemburgo, esa otra rebelde con causa que también logró escamotear el encierro y ejercitar la libertad de manera tan radical como los pájaros, “a pesar de la nieve, de las heladas y de la soledad -los herrerillos y yo- creemos en la próxima primavera”.

Fuente: https://desinformemonos.org/antonio-gramsci-la-formacion-y-el-pensar-critico-como-anticuerpos-frente-al-encierro/

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Lucha por la equidad de género, de la mano de la lucha de clases

Por: Marcelo Colussi

En Guatemala, luego de la Firma de Paz en 1996, alguna vez un funcionario de un organismo internacional decía con vehemencia a los consultores que estaban dando forma a un proyecto de apoyo para víctimas de la guerra, que había que posicionar “muy claramente” el tema de género. “Género, género, equidad de género por todos lados”, pedía acucioso. “Eso es lo que los financistas quieren oír”, agregaba con un nada disimulado ímpetu. Esa insistente petición (¿orden?) abría un interrogante: el tema de género como se comenzó a posicionar para la década de los 90 del pasado siglo, ¿surge enteramente de las luchas político-sociales de las mujeres, o tiene algo de artificioso?

Plantear este tema puede verse como un velado machismo que sobrevive subrepticiamente en estas líneas. La intención, sin embargo, es abrir una crítica -serena, profunda y certera- sobre mucho de lo que la llamada “cooperación internacional” impone. La opresión del género femeninoa manos del masculino (patriarcado) es una más de tantas opresiones que recorren la actual dinámica humana, al igual que la económica (diferencia de clases sociales: explotación), la étnica (léase: racismo, “razas superiores” sobre “incivilizados”), el repudio de la diversidad sexual (heteronormatividad reinante descalificadora de otras opciones), adultocentrismo, blancocentrismo, y seguramente más de algún otro etcétera. Luchar contra cualquiera de esas asimetrías no puede hacerse en forma independiente, desgajada: todas las contradicciones se anudan. Imaginemos un mundo manejado, por ejemplo, por mujeres, o por negros, donde también se da la explotación económica (a los varones, o a los blancos): solo sería cambiar de amo. Una verdadera revolución debe modificar todas las asimetrías simultáneamente.

El tema de género, indispensable en las luchas por un mundo de mayor justicia, es de capital importancia. Pero lo que ha venido impulsando ese peculiar mecanismo llamado cooperación internacional en estos últimos años puede llamar a confusión. Vale aquí aquello de “divide y reinarás”. La atomización de las luchas sociales, en vez de potenciarlas, tiende a debilitarlas: cada quien por su lado con su pequeña parcela, logra poco. La cuestión de base no es, obviamente, “mujeres versus hombres”. La actual inequidad de género es un tema social, por tanto, involucra a todos los géneros, al colectivo en su conjunto. Reivindicar a Lorena Bobbit no es el camino.

Nos inspira en esa crítica lo dicho por la feminista comunista Silvia Federici: “No es casual que aunque el capitalismo se base presuntamente en el trabajo asalariado, más de la mitad de la población mundial [amas de casa, trabajadores precarizados] no esté remunerada. La falta de salarios y el subdesarrollo son factores esenciales en la planificación capitalista, nacional e internacional. Esos son medios poderosos con los que provocar la competencia de los trabajadores en el mercado nacional e internacional y hacernos creer que nuestros intereses son diferentes y contradictorios. (…) [Las mujeres] no estamos peleando por una redistribución más equitativa del mismo trabajo. Estamos en lucha para ponerle fin a este trabajo [doméstico no remunerado], y el primer paso es ponerle precio”.

La lucha por la equidad de género, sin articularse con las otras luchas, puede resultar incluso cuestionable. En tal sentido, nos permitimos citar palabras de una incansable luchadora guatemalteca, pionera en la lucha contra el patriarcado en el país, que por razones de seguridad pide ocultar su nombre (la llamaremos simplemente “Entrevistada”). He aquí extractos de una entrevista inédita donde ella plantea estos postulados.

(…) Pregunta: En los 80, en plena guerra, la lucha contra el patriarcado ¿ya empezaba a ser un eje importante?

Entrevistada: Creo que todavía no pasaba a ser tan importante en aquel momento. Creo que hasta ahorita se está reconociendo este tema. Pero no hay que dejar de reconocer que con los comunistas, con los clásicos, es que primeramente se da a conocer la opresión de las mujeres. En su momento no se le daba toda la importancia, pero fueron mujeres comunistas las primeras que plantearon la opresión y la lucha contra el patriarcado. Hay antecedentes de mujeres que venían luchando desde la Revolución Francesa, o desde las luchas de Lenin, y las mujeres comunistas ya habían recorrido un camino, pero nunca se visibilizó ese trabajo. Quizá la única que se visibilizó, seguramente por sus aportes teóricos, fue Rosa Luxemburgo. Después Clara Zetkin, pero no fue tan evidente, más bien fue ocultada. O también Alejandra Kollontai, que hablaba de la sexualidad de un modo pionero, y fue una de las primeras mujeres que ocupó cargos del Estado. Nadia Krupskaya, la compañera de Lenin, que fue una educadora, y así hay muchas mujeres que hasta ahora empiezan a visibilizarse y que en su momento no se las consideraba, pues se decía que no era tan importante la lucha de las mujeres. A pesar de que se tenía todo ese camino recorrido de las mujeres francesas, de las inglesas, por ejemplo con su lucha por el derecho al voto, por prejuicios no se quiere saber mucho de eso. El tema del patriarcado es como con el racismo: son cosas que tenemos tan arraigadas que ni las reconocemos como problema.

(…) El machismo está muy arraigado, es muy difícil combatirlo. Cuando se analiza el patriarcado una se da cuenta que nadie va a querer perder sus privilegios. Porque los hombres, hay que decirlo, tienen más privilegios que las mujeres. Por más que digan que están de acuerdo con la lucha de las mujeres, a la hora de hacer cambios reales de actitudes, de repartir poderes, es muy difícil hacer el cambio.

Pregunta: Cambiar profundamente los patrones culturales es difícil, sin dudas. La transformación social cuesta, con el patriarcado, con el racismo, con autoritarismo. “Vos sos mujer, entonces andá y prepará la comida”. Eso lo tenemos tan incorporado que cambiarlo es cuesta arriba. ¿Qué hacemos entonces?

Entrevistada: Está complicado. Todos los mandatos que trae la sociedad implican esa dificultad, es difícil cambiarlos. Esas son las actividades de las mujeres y estas son las de los hombres; eso parece ya escrito, y por más que quieras hacer cambios de actitudes, tiene que haber una fuerza grandísima para lograrla, y no es fácil. Creo que tienen que pasar generaciones para que se extingan, con un trabajo educativo y político continuo. Por la experiencia que se ve, no es tan fácil de cambiar.

(…) El patriarcado hay que verlo con todas sus facetas: no es algo que solamente sea en la casa. También la sexualidad, el trabajo, la violencia, el trabajo doméstico fundamentalmente. Es todo eso al mismo tiempo. Hasta el año 85 para mí era tan difícil poder ir hilvanando cada una de estas nuevas experiencias que iba reflexionando, porque las iba conociendo, y a partir de los años 85 cuando comparto las reflexiones con otras mujeres que ya lo estaban pensando, se me amplió el panorama. Creo que Cuba todavía no ha logrado definir políticas públicas de mayor impacto en la transformación de las mujeres. Las mujeres han tenido acceso a la educación, y eso está muy bien, pero creo que a la cultura del patriarcado tiene todavía muy arraigada sus raíces en la población, por lo que debe seguir trabajándose. Todo el movimiento de mujeres avanzó mucho en América Latina, y son ellas quienes avanzaron en la lucha contra el patriarcado. Sin embargo, con esto de los lenguajes políticamente correctos ahora hay un retroceso en la lucha. Creo que se ha venido despolitizando el tema de género, se lo ha aguado un poco.

Pregunta: ¿Por qué decís “despolitizado”?

EntrevistadaPorque ya todo el tema de género entró en una cierta moda, un planteamiento vinculado a la cooperación internacional, que fue tornándolo desideologizado, despolitizado. Se lo desvinculó de la lucha de clases, y así perdió toda su fuerza como lucha. Si en Cuba, con una revolución triunfante, cuesta ir haciendo los cambios necesarios, en un contexto como aquí, en Guatemala, de derecha, cuesta mucho más. ¡Cuánto nos costó a nosotras, las mujeres, el reconocimiento de la existencia de violencia en Guatemala! Eso era algo que se tenía por normal. Con toda nuestra lucha empezaron a cambiar un poco las cosas. Empezó a cambiar un poco el marco legal, y así lo empezaron a aprobar una serie de partidos, y en el tiempo, con las Conferencias de las Mujeres organizadas por la ONU, fue que se empezó a reconocer la violencia. Ahora están las leyes, pero su aplicación así como se hace es muy deficiente todavía. Todavía a las mujeres se las manipula, se las excluye; se las hace estar más interesadas en ver la tecnología o la moda, y eso impide que las mujeres estén pensando en tomar conciencia de que son objetos, de que las ven como objetos. La violencia real sigue existiendo, el golpe, la violencia económica, psicológica, y también política.

Pregunta: Desde el 96, cuando se firma la paz, todo se empieza a inundar de cooperación internacional. Fue una avalancha de dólares y euros. Hasta se “puso de moda” el tema de género. ¿Qué opinás de todo eso?

EntrevistadaCreo que desde allí viene la despolitización. Con esa avalancha de dinero cualquiera hacía su grupo sin ningún objetivo estratégico, para conseguir algunos fondos, solamente hablando de equidad de género como una cierta moda que se había instalado. Era un chantaje. Para nosotras fue fundamental tener a la URNG, [Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, unión de los cuatro grupos guerrilleros existentes en ese entonces] porque íbamos luchando dentro de ese marco, al tener la unidad con las otras organizaciones. Teníamos muy claro cuáles eran los lineamientos dentro de ese marco. Como no dependíamos de la cooperación internacional, no teníamos la presión de responder a su agenda. El tema de la organización que propiciábamos estaba más enfocado en las necesidades y la educación formal y no formal de las compañeras, ya que coordinamos con IGER [Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica] la educación primaria y secundaria para mujeres, y lo informal iba acompañado de lo formal. En un inicio nos criticaron, porque las mujeres estábamos haciendo lo tradicional, porque dábamos costura, dábamos cocina, pero eso era lo que las mujeres querían. Pero por otra parte, y esto es lo importante, estas mujeres también estaban recibiendo la escuela primaria, y además había trabajo ideológico a través de los cursos que se daban. Con el partido diseñábamos los contenidos, sin dejar de tener en cuenta el contexto nacional e internacional, las condiciones de la fábrica, las condiciones laborales, las relaciones familiares, cuestiones de sexualidad, cuestiones de violencia. Fue una de las experiencias más significativas para nosotras, tener esa participación de las mujeres de sectores populares. (…) Después empezó la represión, principalmente en las fábricas. También el neoliberalismo iba avanzando, entonces iban desplazando las fábricas nacionales. En ese período de auge de las luchas y de la organización sindical fue que aprovechamos para darles herramientas para se pudieran defender.

Pregunta: Ya pasaron años trabajándose los temas de género, por lo que puede ser pertinente esta pregunta: la cooperación ¿sirve para impulsar cambios o puede funcionar como un freno en las luchas sociales?

EntrevistadaSiempre he pensado que sí, funciona como freno. Nunca se ha logrado hacer una agenda de negociación real entre la cooperación y los movimientos sociales, más del movimiento de mujeres Es una forma de control. Dan el dinero para los proyectos, pero te la pasás haciendo foros, reuniones, mientras te están controlando, y después hay que entregar un informe de qué es lo que se hace, quiénes son los participantes. En realidad es como un control dentro de la población –como una CIA metida adentro–. Allí está ese control, por todas partes. Los grupos de solidaridad con que trabajábamos no te pedían eso. En cambio hoy te dan un almuerzo y tenés que llevar los listados de todos los asistentes; es un control permanente, y además te ponen la agenda. Siempre tiene que estar alguien de la cooperación en cada inauguración, porque tienen que mostrar que financian las actividades. Todo eso le quita autonomía a las organizaciones, y a veces se termina priorizando solo lo de género pero solo en este marco que te fijan, y la cooperación no te permite el trabajo de clase, porque lo de etnia lo hace como parte de la cultura, pero controlado. La cooperación te dice qué se puede tocar y qué no. El tema de lucha de clases salió de escena.

(…) Hoy se habla de género pero no de clase, y antes hay clase pero no género. A nosotros nos tocó hacer esa articulación. Con el movimiento sindical nosotras articulamos las demandas de género con las de clase, así como también lo de etnia. Pero no nos dio tiempo para hacer todo lo que pretendíamos. Estábamos ante temas difíciles de tratar, de visibilizar. Queríamos hacer entender que el acoso sexual no solo se da por el empresario, sino que se da por los compañeros trabajadores también. Chocábamos ahí contra prejuicios, por eso tuvimos que ponernos a pensar y trabajar para que los compañeros se dieran cuenta del asunto.

Pregunta: El tema del patriarcado, ¿te parece que está suficientemente abordado en el campo del movimiento comunista, o ves un déficit allí?

EntrevistadaCambiar el patriarcado es difícil, complicado. Para los hombres es un asunto difícil, porque no quieren perder privilegios. ¿Quién quiere perderlos? Y cambiar el patriarcado es cambiar relaciones de poder. Por supuesto, para los hombres es cómodo seguir manteniendo sus cuotas de poder. No es tan sencillo cambiar eso por decreto.

Fuente e imagen tomadas de: https://rebelion.org/lucha-por-la-equidad-de-genero-de-la-mano-de-la-lucha-de-clases/

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¿Es posible una revolución socialista hoy?

Por: Marcelo Colussi

Por supuesto que hay luchas de clase, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando.” Warren Buffett, archimillonario estadounidense

1979, en Nicaragua, con la insurrección sandinista que quitó a la dinastía Somoza en el poder desde largas décadas atrás, marcó la última revolución socialista en el mundo. Luego de eso por supuesto siguió habiendo luchas populares: muchas, numerosas y en los más distintos ámbitos, todas de gran importancia en la historia, pero ninguna logró instaurar eso que conocemos como “socialismo”. Lo de Venezuela y su Revolución Bolivariana merece capítulo aparte (proceso justiciero, en todo caso, pero no una revolución socialista en sentido estricto). Una década después de la gesta nicaragüense, la emblemática caída del Muro de Berlín y la desintegración del campo soviético –la URSS y todos sus países satélites– más el paso a elementos de economía mercantil en la República Popular China, muestran que las ideas de socialismo parecen ir esfumándose. Cuba, Corea del Norte, Vietnam quedan como islas casi perdidas en un mar de capitalismo globalizado y triunfalista.

Ahora bien: ¿se esfumaron aquellas ideas? El grito vencedor del mundo capitalista parece creer que sí. Pero no es cierto. Las causas que hicieron nacer las primeras protestas anticapitalistas en la Europa de la Revolución Industrial en el siglo XIX, estudiadas en profundidad por Marx y Engels dando lugar al socialismo científico, se mantienen inalterables. El sistema en su conjunto, en su estructura básica, no ha cambiado. Se adecuó a los tiempos, sobrevivió a guerras y revoluciones, y ahora, después de la pandemia de coronavirus, parece más fortalecido. La explotación de clase, lo que fundamenta al capitalismo, no ha variado. Por eso el ideario socialista sigue vigente. Lo cierto es que, analizando con objetividad el mundo actual, se ve que las ideas de transformación social no parecen estar imponiéndose. Por el contrario, la población planetaria parece más domesticada que nunca; las políticas neoliberales de estas últimas décadas y los efectos de la pandemia (no los sanitarios sino el manejo sociopolítico que se le dio al asunto) muestran un mundo volcado muy unilateralmente hacia el lado del capital (“Disolvieron todas las protestas del mundo sin un solo policía. ¡Brillante!”: Camilo Jiménez). La clase trabajadora global está acallada. Las explosiones que sigue habiendo (la reciente rebelión de población afrodescendiente en Estados Unidos en plena crisis sanitaria, los estallidos sociales latinoamericanos del año pasado, los movimientos campesinos o lo Okupa por aquí y por allá, marchas diversas y reivindicaciones varias que se siguen levantando) muestran que las injusticias no han terminado. El epígrafe de Warren Buffet no deja lugar a dudas.

Entonces, ¿es posible cambiar revolucionariamente el sistema, más allá de los pequeños acomodos cosméticos, gatopardistas, que el capitalismo puede permitirse? Esta pregunta, que sigue inquietando a numerosas personas (para ver que sí sea posible, por un lado, o para evitarlo a toda costa, por otro), da para interminables debates. Para aportar un granito de arena más en esa discusión –absolutamente imprescindible al día de hoy, más aún saliendo de la pandemia– presentamos aquí este breve opúsculo, con la intención de ampliar esa búsqueda.

Entendemos que deben plantearse, al menos, estas tres preguntas:

  1. ¿Está vigente el marxismo hoy como teoría revolucionaria para cambiar el mundo?
  2. ¿Cómo es hoy ese mundo? (entendiendo que el mundo del que habló Marx en su momento ha tenido grandes transformaciones).
  3. ¿Cómo dar ese cambio?

Por supuesto, cada línea de pensamiento de estas tres “ideas-fuerza”, da para una eternidad de trabajo. Por diversas razones, no nos comprometemos a un exhaustivo y sistemático desarrollo de cada una de ellas en este texto. En todo caso, las dejamos esbozadas aquí, para retomar con mayor profundidad en otras instancias.

  1. ¿Está vigente el marxismo hoy como teoría revolucionaria para cambiar el mundo?

Sí, sigue estando vigente. Sus conceptos fundamentales, en tanto construcciones científicas, siguen siendo herramientas válidas para entender y proponer alternativas en torno a la realidad. Las sociedades humanas (hoy día sociedad absolutamente mundializada, con un capitalismo principalmente financiero dominante) se asientan en la producción material que asegura la vida. La forma de organización que adopta hoy esa sociedad planetaria es, básicamente, capitalista. Entender eso es entender las relaciones de producción que la sostienen, y las mismas son relaciones de explotación de un factor (el capital, en sus nuevas formas –capital financiero global, despersonalizado, sin patria, transnacionalizado– pero capital al fin) y quien produce la riqueza: los trabajadores (también en sus nuevas formas: un proletariado industrial urbano en proceso de cambio/achicamiento/extinción, contrataciones tercerizadas en el Tercer Mundo, pérdida de conquistas laborales históricas, trabajadores de carne y hueso reemplazados cada vez más por procesos de automatización y robotización, etc.) Pero más allá de la nueva fisonomía, las relaciones capital-trabajo siguen vigentes. En eso asienta el mundo.

La lucha de clases (en sus nuevas y diversas formas) sigue siendo el motor de la historia. Leer esa realidad y proponer alternativas revolucionarias continúa siendo el corazón mismo del pensamiento marxista, o socialista, o crítico, o como se le quiera llamar (¿pasó de “moda” hablar de socialismo o comunismo? Eso lleva a preguntarnos por qué). Conclusión: el marxismo sigue vigente como método de análisis y como propuesta de transformación. Pero hay que adecuarlo a los nuevos tiempos, muy distintos en muchos aspectos –quizá no en la estructura de base, pero sí con cambios importantes– de lo visto por los clásicos hace un siglo y medio atrás. El imperialismo, en la segunda mitad del siglo XIX, no tenía el peso que pasó a tener posteriormente, por ejemplo. Las nuevas tecnologías de control masivo –el mundo digital, los satélites geoestacionarios, los drones, etc.– hoy día le confieren un poder sin par al capital.

Además, aparecen tematizadas y explícitas contradicciones que siempre existieron, pero que ahora cobran un valor nuevo: las luchas por la equidad de género, las luchas contra todo tipo de discriminación (étnica, por la diversidad sexual, etc.), la denuncia de la catástrofe medioambiental a que ha llevado el modelo productivo depredador, la dinámica centro (países desarrollados del Norte) versus periferia (países pobres y subdesarrollados del Sur). El materialismo histórico, en tanto método de análisis, permite entender y procesar todo ese movimiento, si bien en el texto de los clásicos puede no estar presente. ¿Marx era “machista” o “eurocéntrico”? Sin dudas, preguntas mal formuladas.

  • ¿Cómo es hoy ese mundo? (entendiendo que el mundo del que habló Marx en su momento ha tenido grandes transformaciones).

El mundo actual, capitalista en sus cimientos, ha cambiado mucho en este siglo y medio. Hoy día el proceso de mundialización (globalización) ha transformado el planeta en un mercado único, con capitales tan fabulosamente desarrollados que están más allá de los Estados nacionales modernos. El desarrollo portentoso de las tecnologías abre nuevos y complejos retos al campo popular y a las propuestas revolucionarias: el poder militar del capital es cada vez más grande, los métodos de control (en todo sentido, en especial el ideológico-cultural) son cada vez más eficientes, el capitalismo salvaje (eufemísticamente llamado neoliberalismo) ha hecho retroceder conquistas sociales históricas, la desesperanza y la despolitización seguidas a la caída del campo socialista soviético aún siguen siendo grandes. A todo ello se suman, empeorando la situación, los efectos del manejo que ha tenido la pandemia del COVID-19, confinando poblaciones completas, desarticulando luchas, creando una nueva cultura del terror y la desconfianza (el otro es desconfiable…, porque puede ser portador de enfermedades, en particular, de esta nueva “peste bubónica”). Hoy día, por ejemplo, a partir de un manejo bien conducido por parte de la clase dominante, los sindicatos ya no constituyen una herramienta importante para la organización y la lucha popular (comprados, cooptados, burocratizados). No hay dudas que la posibilidad de una revolución socialista en la actualidad, si bien no desapareció, no se ve muy cercana. ¿Es posible desarrollar y mantener una revolución exitosa en un solo país? Depende qué país: ¿podría una pequeña y pobre nación africana o centroamericana mantener altiva su revolución como lo hizo Cuba varias décadas atrás, hoy día sin Unión Soviética? ¿Es la República Popular China y su “socialismo de mercado” un referente para la clase trabajadora mundial?

A todo ello se suman, en este nuevo mundo inexistente un siglo atrás, nuevos elementos, como el capital mafioso (capitales golondrinas, paraísos fiscales, capitalismo especulador, narcotráfico como nuevo factor de acumulación y estrategia de dominación renovada), nuevos sujetos que se suman a la protesta: las nuevas reivindicaciones ya mencionadas, de género, étnicas, la reacción ante el desastre ecológico en juego. Las contradicciones de clase siguen siendo el motor de la historia, con el agregado y articulación de estos nuevos sujetos. La pauperización/descomposición del proletariado industrial de los países capitalistas más desarrollados abre igualmente nuevos escenarios. El capitalismo globalizado y su abandono creciente del Estado satisfactor impone también una nueva dinámica. La instalación de plantas fabriles de los países dominantes en el Sur del mundo, más que sentirse como ataque imperialista, es una “salida” a la pobreza estructural de inmensas masas de trabajadores, tanto como lo son las migraciones masivas hechas en forma irregular hacia la “prosperidad” del Norte, elementos desconocidos cien o ciento cincuenta años atrás.

En definitiva: si bien la estructura de base se mantiene (la explotación del trabajo, por ende, del trabajador en cualquiera de sus formas: obrero industrial, campesino, peón agrícola, productor intelectual, empleados en la esfera de servicios, etc.), hay nuevas formas del mundo que implican necesariamente nuevas formas de lucha. La catástrofe medioambiental mueve también a incorporar esa nueva dimensión en el pensamiento revolucionario. Conocer este mundo, distinto al capitalismo inglés de la segunda mitad del siglo XIX, implica estudiar muchísimo todas estas nuevas variantes. Por ejemplo, y a título de provocación: ¿constituyen los hackers hoy una nueva forma de lucha? ¿Serviría eso para desestabilizar el sistema y transformarlo revolucionariamente?

  • ¿Cómo dar ese cambio?

En esto puede ser importantísimo, imprescindible quizá, revisar las pasadas experiencias socialistas (las que triunfaron y se constituyeron como poder político: la rusa, la china, la cubana, etc.), y las que no lo lograron, como la guatemalteca, por ejemplo, o los socialismos africanos post Liberación Nacional de los años 60 del pasado siglo, o el socialismo árabe. ¿Falló algo ahí? ¿Qué pasó? ¿Por qué retrocedieron las revoluciones triunfantes en la Unión Soviética y en China? ¿Por qué no se pudo triunfar, por ejemplo, en Guatemala o en El Salvador, donde había fuertes movimientos revolucionarios armados con amplia base popular? Las protestas sociales (estallidos populares espontáneos) que barrieron casi toda Latinoamérica y otros puntos del mundo (Medio Oriente, chalecos amarillos en Francia, etc.) durante la segunda mitad del 2019 –silenciadas luego por los confinamientos derivados de la pandemia de coronavirus, ¿“significativo silencio”? – ¿son fermentos revolucionarios? ¿Pueden ser la mecha de un cambio? ¿Cómo transformar ese descontento, muy profundo sin dudas, en un cambio real de sistema? ¿Es posible? Todo el esfuerzo ideológico-cultural del sistema a través de sus muy desarrollados mecanismos de sujeción apunta a hacerlo imposible.

En Venezuela, por ejemplo, la llegada a la presidencia de un gobierno popular con un carismático conductor a la cabeza, Hugo Chávez, montado en una fabulosa ola de descontento popular ante las políticas neoliberales que se venían aplicando (recordemos el histórico Caracazo de 1986), abrió esperanzas. Ello trajo aparejado una cierta recomposición política en varios países latinoamericanos quienes, al amparo del proceso bolivariano, abrieron perspectivas contestatarias, con una distribución de la riqueza nacional más equitativa (Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia con mucha más profundidad, Uruguay, Paraguay). Pero no fueron revoluciones socialistas sostenibles. El sistema se las ingenió para, finalmente, torcerles el brazo. Luego de esa primavera a principios del milenio, las cosas volvieron a su carril. La post-pandemia augura más capitalismo, más explotación, menos organización popular. Pero sí, seguramente, más reacción. Las protestas sociales, acalladas de momento, ahí están listas para resurgir. ¿O acaso habrá que darse por vencidos?

Hoy, visto el poder enorme de los actuales capitales, las formas de lucha quizá ya no pueden ser las utilizadas décadas atrás. ¿Qué hacer entonces? Es ahí donde surge la reflexión en torno a lo que nos convoca: ¿cuál es el instrumento de cambio hoy día?

Partamos de la base que el sistema capitalista en su conjunto sigue siendo un peligro para la Humanidad. Que un 15% de la población mundial viva decorosamente, con sueldo seguro y cierta estabilidad –sin contar con una minúscula proporción que vive en la más inconmensurable abundancia (el 1% de la población planetaria detenta el 50% de toda la riqueza humana)– muestra que el sistema no funciona. Se desperdicia comida para mantener estables los precios (para que el capital no pierda, dicho en otros términos), en tanto la desnutrición causa 35 millones de decesos por año a nivel mundial. Es más que obvio que el sistema no funciona. Se busca agua en el planeta Marte mientras 11,000 personas mueren diariamente en la Tierra por falta de agua potable; se gasta más en armas o en drogas que en satisfactores. El capitalismo es un peligro, sin dudas. pero… ¿cómo se le hace caer?

Los métodos de lucha que dieron resultado años atrás –porque revoluciones exitosas sí hubo– hoy deben revisarse. El sistema, es decir: el capital, que tiene mucho que perder y no descansa ni un instante en su lucha por no ser destronado, parece tener mucha ventaja sobre el campo popular, sobre la gran masa trabajadora mundial. Pero la historia no está terminada. Incluso podría leerse toda la parafernalia de la actual pandemia (que en un año de duración habrá producido casi la misma cantidad de muertos, solo un poco más, que la gripe estacional… ¡no es la peste negra del Medioevo!) como un mecanismo de control más que los poderes dominantes saben administrar sobre la población. Recordemos lo dicho más arriba: “Disolvieron todas las protestas del mundo sin un solo policía. ¡Brillante!”. La situación se ve algo sombría… ¡pero la historia no ha terminado!

El presente texto, que definitivamente no agrega nada nuevo, pretende ser un humilde aporte más para contribuir a la pregunta de por dónde tenemos que ir. Quizá no esté claro el camino, pero al menos sabemos lo que no debemos hacer: rendirnos. Es, si se quiere, un llamado a la esperanza. Una esperanza con carácter crítico, con los pies sobre la tierra: “Hay que actuar con el pesimismo de la razón y el optimismo de la pasión”, como decía Antonio Gramsci. La oenegización que nos inunda, definitivamente no es el camino (otra arma más de control social que ponen los poderes). Entonces…. ¿por dónde? La pregunta sigue siendo la misma que se hacía Lenin hace un siglo: ¿qué hacer? ¿Alguien tiene la respuesta? ¿La construimos colectivamente? Lo que sí debe seguir guiándonos es la idea de base: la explotación (de clase, de género, étnica) continúa, por tanto, la lucha contra todo tipo de explotación continúa.

Fuente: https://rebelion.org/es-posible-una-revolucion-socialista-hoy/

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La sal de la tierra

Por: Daniel Seixo

 

«La política es la consagración del oportunismo de los que tienen medios y recursos. La revolución abre paso al mérito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte. A un partido revolucionario debe corresponder una dirigencia revolucionaria, joven y de origen popular»

Fidel Castro

«Nuestra tarea es la crítica despiadada y mucho más contra aparentes amigos que contra enemigos abiertos.«

Karl Marx

Rápido, en corto y al pie: si te molesta todo aquello que se asemeja a un obrero, lo tuyo no es el marxismo. De igual modo que si desde la sólida atalaya de tu masculinidad continuamente pretendes dar lecciones vitales a las compañeras, lo tuyo quizás tampoco sea el feminismo. Puede que creas saber lo que es el marxismo, puede incluso que tu librería esté llena de autores comunistas y que en tu entorno laboral se te identifique como tal entre quienes a su vez consideran a Pedro Sánchez o Manuela Carmena símbolos del rojerio patrio, pero cualquier socialista de puño y no de rosa, sabe perfectamente que en los platós de televisión la autoridad para hablar de estas cosas brilla desde hace mucho tiempo por su ausencia.

Seamos sinceros, ninguna corporación se pelea por contar entre sus colaboradores con un comunista. Y si bien está feo llevar cualquier debate al terreno personal o a las conversaciones privadas para intentar desacreditar a compañeros y compañeras con supuestas peticiones de colaboración y así lograr circunscribirlo todo a una mera batalla de egos, una vez inmersos en esa lógica de pura escalera profesional y baile de favores, bien haríamos todos en preguntarnos como resulta posible que el sujeto revolucionario en la actualidad, nos venga precisamente dado desde el camerino contiguo al de Eduardo Inda, Paco Marhuenda, Juan Ramón Rallo, María Claver y demás fauna del sainete mediático del sistema.

La clase compañeros y compañeras, la clase es lo que nos une, lo que nos representa

El marxismo y el feminismo, van mucho más allá de las puntuales disputas surgidas al albor de una legislatura política en nuestra democracia. Pretender por tanto enmarcar el actual debate acerca de la “Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género» a una mera disputa entre Carmen Calvo y Podemos o analizar la deriva líquida de la pseudoizquierda parlamentaria desde una disputa circunscrita a nuestras fronteras, solo puede ser interpretado como algo digno de una persona muy inocente o que pretende tomarnos a todos por idiotas. Y eso mismo creo que es una duda que nos asalta a muchos desde hace ya bastante tiempo en relación con todo aquel totum revolutum político, periodístico y cultural surgido tras el 15M y los Indignados, ¿son en realidad tan inocentes políticamente hablando o por el contrario pretenden tomarnos por idiotas?

Pasado un tiempo prudencial, yo me decanto poco a poco, pero decididamente, por lo segundo. Entre otras cosas porque el pecado original de la inocencia en la izquierda, en nuestro estado y en mi familia, hace tiempo lo pagamos con Isidoro. No estamos para nuevas aventuras a la desesperada que terminan con yates que sustituyen chaquetas de pana, votos para tapar los crímenes de estado, actitudes «parlamentarias» que escupen en la cara al movimiento obrero y demás parafernalias partidistas que huelen a naftalina hasta que oportunamente cada cuatro años se renuevan para pedirnos de nuevo nuestra confianza. Ese partidismo propio de las democracias burguesas entre los que venimos de familias obreras nos hastía y nos aterra, no en vano en pocas décadas hemos pasado de ver al parlamentarismo como una mera herramienta con la que profundizar en una revolución necesaria y urgente, a verlo como un fin en sí mismo. De Allende a Errejón y toda esa secta de influencers y analistas carroñeros salidos de un maldito despacho a otro, sin que apenas les haya alcanzado la luz del sol.

Todo esto se basa en la desesperada estrategia del Tío Tom del capitalismo por ser aceptado en el sistema pese a sus claras diferencias de cuna con la clase dominante

Pero centrémonos, no hablemos de su libro que han dado sobrada muestra de ser expertos en conseguir publicidad gratuita de nuestra rabia y nuestra razón. Si uno no es capaz de diferencias los pilares neoliberales tras la Teoría queer, perdónenme señores, pero al tonto ya lo tenemos en frente, ahora solo nos falta conocer su utilidad para la izquierda, ya que su labor en las trincheras reaccionarias hace tiempo nos ha quedado clara en la figura del quintacolumnismo. Bien sea decidido por convicción, estilo de vida o mera torpeza intelectual.

El feminismo no podrá nunca compartir sujeto, base teórica, y lo que es más importante, agenda, con todos aquellos que pretenden sustituir su largo historial de lucha política contra la opresión patriarcal por un baile estridente de interpretaciones idealistas de la realidad. Y por tanto, no nos confundamos, ni pretendamos confundir al público que nos conocemos: la tesis de que las feministas críticas con las leyes de identidad caen en la transfobia por negarse a aceptar la imposición de una realidad social basada en la identidad individual y líquida del género, es un auténtico despropósito. Aquellos que pretenden sustituir el sexo biológico por estereotipos patriarcales de género, son tan ajenos a la agenda feminista como lo son al marxismo aquellos que en nuestros días únicamente quieren modular y afinar las dinámicas de explotación capitalista para complacer a un creciente mercado de identidades. Cierto es que compartimos una misma capacidad para identificar ciertas dinámicas de una misma estructura de opresión, pero mientras ustedes pretenden reformar el sufrimiento y la injusticia, otros aspiramos a romper la rueda de un sistema inhumano y cruel. Permítannos por tanto recibir escasas lecciones sobre el sujeto de nuestra lucha por parte de aquellos que si bien pueden compartir cierto recorrido con nosotros, nadie lo niega, ni mucho menos se dirigen al mismo destino.

Y todo esto va mucho más allá de Amelia Valcárcel, Laura Freixas, Alicia Miyares, Irene Montero o el propio equipo de gobierno al completo con su séquito de asesores. Estamos hablando de ideología y de la historia de nuestras sociedades, hablamos por tanto de un conocimiento y una experiencia acumulada por generaciones de trabajadores y trabajadoras que a través de su sudor, pero también sus obras teóricas, nos han legado una guía intelectual y material con la que poder interpretar nuestras sociedades y enfrentarnos así a situaciones que ellos han vivido en su propia piel. Nadie en su sano juicio ha discutido en momento alguno que todo esto se trata de una lucha por el poder, hay que ser un jodido majadero para negar esto, pero si lo que se pretende es centrar esa lucha en un despacho de la Moncloa y no extrapolarla al conflicto de clase y su agudización en una sociedad en la que la precariedad, el paro, el hambre y la extrema pobreza se incrementan en dimensiones solo equiparables al lujo y el despilfarro de una burguesía a cada paso más dominante y concentrada, entonces seré yo mismo el primero en señalar la clara traición a la clase obrera y lo innecesario para ella de un ego tan desproporcionado que se muestra incapaz de ver la realidad de los barrios a los que dice representar, quizás deslumbrado por los focos de las tertulias y las batallas políticas de medio pelo que al común de los proletarios, con perdón, nos importan una mierda.

El marxismo y el feminismo, van mucho más allá de las puntuales disputas surgidas al albor de una legislatura política en nuestra democracia

La clase compañeros y compañeras, la clase es lo que nos une, lo que nos representa. La clase social es lo que llevas a cuestas cuando el primer día de clase tus zapatillas no son como las de tus compañeros, lo que te impide entrar en ese club nuevo en el que se encuentra una chica o un chico que ni repara en tu presencia, es por lo que las noches se hacen eternas el día antes de que se termine el paro, el aire que se respira en tu barrio, literalmente el sabor de las tapas de tu bar de referencia, el trasfondo de las conversaciones con amigos, las dudas y los temores por el futuro, las necesidades y también las alegrías en el estadio o en la calle cuando los antidisturbios no pudieron avanzar hasta la entrada de la fábrica o el jefe se quedó con un palmo de narices ante la unidad de la empresa. La clase lo es todo, pero esto no está reñido con que a la clase social la atraviesen otras discriminaciones y otros componentes sociales como la raza, el sexo o nuestra orientación sexual.  Pero os lo aseguro, no es lo mismo ser homosexual o negro en el palco del Bernabéu que en el bar de la esquina de nuestros barrios. Y esa, la amenaza de capitalizar bajo un mismo mercado identitario esas tan distantes diferencias, es la amenaza que debemos tener en estos momentos presente.

Todo esto se basa en la desesperada estrategia del Tío Tom del capitalismo por ser aceptado en el sistema pese a sus claras diferencias de cuna con la clase dominante. El marxismo no es una idea fija gravada en piedra, cierto, pero tampoco se trata de un Gin tonic en copa de balón que aderezar con cualquier cosa que se nos pase por la cabeza para intentar transformar lo que viene siendo una bebida espirituosa y un momento de esparcimiento en un mero símbolo de nuestras ambiciones y nuestro estatus deseado. La estrategia para transformar el sujeto revolucionario en un mural de Greta Thunberg entrelazando los brazos con una adolescente feminista y una trans de 10 años, no es más que el intento de gentrificación de la clase obrera. Una clara muestra de las miserias y las bajas pulsiones de quienes diciéndose obreros, pareciese que nos tienen alergia. Y ante eso, un marxista jamás se pondría detrás.

Fuente e imagen:  https://nuevarevolucion.es/la-sal-de-la-tierra-2/

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