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La vida sigue…, aunque no lo parezca

Por: Juana M. Sancho

La vida sigue y, más pronto o más tarde, el alumnado volverá a los centros educativos. ¿Qué nos encontraremos? ¿Cómo los vamos a recibir? Lo que importa es saber qué es lo que han aprendido (positivo o negativo) en este extraordinario periodo. Lo que me preocupa es cómo calibrar cómo les ha afectado este largo periodo de confinamiento en su salud física y mental.

El 20 de febrero, más de un mes antes del confinamiento obligatorio que aquí comenzó el 13 de marzo, publiqué la columna titula David y Goliat, en la que reflexionaba sobre cómo un “ser invisible” había noqueado al gigante Mobile World Congress. Hablaba de lo poco (o nada) que las tecnologías digitales estaban contribuyendo a la resolución de los “verdaderos” problemas sociales: pobreza, incremento de las desigualdades, polución, cambio climático, etc., etc. Y argumentaba la necesidad de “reivindicar que el desarrollo de cada aplicación tecnológica venga acompañado de una previsión de sus consecuencias indeseadas a largo plazo”, “una tecnología con conciencia” porque para mí no existía nada más educativo.

A un poco más de un mes, nuestro paisaje se ha transformado profundamente. Hospitales llenos, calles vacías, patios de recreo silenciosos, todo el mundo (o casi todo) en casa. Ha aumentado el miedo, así como las teorías, más o menos conspiratorias, para todos los gustos y, sobre todo, la legión de “sabios” que todo lo saben, que no paran de criticar a los demás, pero son incapaces de ofrecer solución alguna.

De repente, ya no hay problemas, solo uno y se llama COVID-19. Todo lo demás se ha “apagado”, perece que no existe. Pero los educadores sabemos que no, sabemos que, como ese “ser invisible”, algunos problemas están creciendo de forma exponencial y están teniendo y tendrán, un impacto descomunal e imprevisible en la educación. Porque la vida sigue…, aunque no lo parezca.

En estos momentos, millones de niños, niñas y jóvenes pasan 24 horas al día en lugares cerrados. Sin exponerse al sol (pocos tienen patio o jardín), ni a realizar el necesario ejercicio físico. Entiendo que todo el profesorado está pendiente de ellos y a través de los medios digitales intentan seguir con actividades de aprendizaje, aunque impliquen pasarse horas frente a la pantalla (¿aumentará la miopía?, ¿las adicciones? O ¿estarán tan hartos que se “desengancharán”?). Aunque como reconocía la ministra de Educación Isabel Celaá, al menos, el 12% del alumnado no se conecta a las clases. Quizá algunos porque no quieren y muchos porque, por diversas razones, no pueden.

Porque no todo el mundo vive en hogares confortables con familias que puedan dedicarles tiempo, ayudarles en sus tareas y acompañarlos en su aprendizaje, en su desarrollo y en su bienestar físico y emocional. Familias con insuficiente capital cultural, con viviendas inadecuadas, con altos niveles de pobreza, con episodios frecuentes de violencia…. Y todas, independientemente de estas condiciones, sin saber cómo controlar su propia ansiedad y la del resto de la familia.

Me han asegurado (no lo he podido comprobar) que los servicios sociales están pendientes de los temas más básicos como la alimentación y de otras incidencias extremas. Los ayuntamientos parece que aseguran que el alumnado con beca en los comedores escolares siguan siendo atendidos. Espero que las situaciones “extremas” también. Pero ¿quién se hace cargo de aquellos aspectos también fundamentales para el desarrollo personal, social y emocional?

La vida sigue y, más pronto o más tarde, el alumnado volverá a los centros educativos. ¿Qué nos encontraremos? ¿Cómo los vamos a recibir? No me preocupa tanto que “pierdan” un curso, el aprendizaje es continuo y transversal. Quizás no hayan aprendido hechos que pueden buscar en cualquier base de datos. Lo que importa es saber qué es lo que han aprendido (positivo o negativo) en este extraordinario periodo. Lo que me preocupa es cómo calibrar cómo les ha afectado este largo periodo de confinamiento en su salud física y mental y cómo transformarlo en algo positivo. Me preocupa cómo tenerlo en cuenta y convertirlo en fuente de aprendizaje. En motor de interés, empatía y responsabilidad hacía ellos mismos y el mundo que les rodea.

Teniendo en cuenta que todo el profesorado, y los adultos en general, estamos también pasando por el mismo proceso y podemos experimentar experiencias y consecuencias parecidas, estamos frente al mayor reto educativo que hemos vivido las generaciones desde final de la década de 1940. Volveremos a los centros llenos de saber y de ignorancia. Según Jacques Rancière (El maestro ignorante), esto puede ser una gran oportunidad para aumentar nuestro saber pedagógico y nuestra capacidad de aprender. Pero no es un reto fácil, mejor abordarlo en colaboración y con todos los recursos disponibles.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/04/09/la-vida-sigue-aunque-no-lo-parezca/

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Perú: Cuento en 10 lenguas originarias es la primera entrega de la estrategia «Aprendo en casa»

América del Sur/Perú/22-03-2020/Autor(a) y Fuente: www.andina.pe

Disponible en awajún, ashaninka, aimara, shipibo-konibo, yanesha, wampis, shawi y quechua en sus 3 variantes.

Desde hoy, y como parte de la estrategia «Aprendo en casa», los escolares que hablan diversas lenguas originarias y asisten a escuelas interculturales bilingües pueden escuchar el cuento “Los niños contra el coronavirus”, a través del canal de Spotify del Ministerio de Educación. Y muy pronto a través de las ondas de Radio Nacional y emisoras de alcance regional.

El cuento, una adaptación del relato “Rosa contra el virus”, de la psicóloga española Mercedes Bermejo, ha sido grabado en 10 lenguas originarias por especialistas bilingües del Ministerio de Educación (Minedu) con el propósito de contribuir con el estado socioemocional de los niños y fomentar la reflexión acerca de los cuidados y acciones que deben seguirse para prevenir el contagio del Covid-19.
El texto ha sido grabado en las lenguas awajún, ashaninka, aimara, shipibo-konibo, yanesha, wampis, shawi y quechua, en sus variantes collao, chanka y central.
Educación intercultural bilingüe
Según el registro de instituciones educativas de educación intercultural bilingüe, hay más de 21,000 estudiantes pertenecientes al pueblo ashaninka, de los cuales 7,193 tienen entre 3 y 5 años, y 14,267 entre 6 y 11 años.
Asimismo, hay 328,322 estudiantes que hablan quechua en sus diferentes variantes, de los cuales 93,877 tienen entre 3 y 5 años, y 234,445 entre 6 y 11 años.
El pueblo aimara tiene cerca de 29,000 estudiantes; el awajún, más de 18,000; el pueblo shipibo-konibo cuenta con 10,111 estudiantes, y el shawi, con 6,467 alumnos.
En el país hay cerca de 27,000 instituciones educativas que ofrecen el servicio de educación intercultural bilingüe, según el Minedu.
El ministro de Educación, Martín Benavides, anunció el viernes 20 de marzo la puesta en marcha de la estrategia «Aprendo en casa», que busca brindar herramientas de aprendizaje a las familias durante el periodo de emergencia.
Esta estrategia de educación a distancia combinará la difusión de contenidos por medios digitales, televisión y radio para tener una mayor cobertura y tendrá carácter inclusivo, pues también se desarrollará en 10 lenguas originarias y el lenguaje de señas.
(FIN) NDP/LZD
Fuente e Imagen: https://www.andina.pe/agencia/noticia-cuento-10-lenguas-originarias-es-primera-entrega-de-estrategia-aprendo-casa-789424.aspx
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Ines Dussel y su reflexión sobre los mediod digitales en Educación: “No podemos hablar de estos temas con ingenuidad”

Por Revista Saberes

—¿Cuánto cambió nuestra forma de pensar el mundo, en tanto sujetos mediatizados y en diálogo con los diferentes medios y plataformas digitales? 

—En primer lugar, habría que decir que estamos mediatizados desde antes de la llegada de Internet. La prensa, el cine, la radio y la televisión trajeron cambios que modificaron las relaciones sociales y las formas de conocimiento. Con internet llegó otro gran cambio, y aún más, con la llegada del celular y la portabilidad: ese aparato que era una cámara de fotos, una máquina de escribir, nos permitía comunicarnos y enviar y recibir datos. Pero lo digital trajo algo más: la presencia creciente de algoritmos en nuestro día a día y esto, según estudios recientes, atomiza nuestra vida y condiciona las formas de conocer porque nos indican qué ver y dónde detenernos y buscar.

¿Se encuentran preparados los docentes y alumnos para incorporar los saberes que demanda lo digital?

—Lo digital —con la experiencia de Conectar-Igualdad— ya está incorporado en las escuelas, pero todavía hay dificultades en relación a cómo construir un orden de trabajo pedagógico, un interés por el estudio y por la conversación común. Debemos preguntarnos cómo respondemos al desafío que implican las nuevas formas de atención, más fragmentarias y efímeras. Me refiero a cómo creamos condiciones para ver qué producen las tecnologías en relación a la sociabilidad y al vínculo con los conocimientos. Habría que revisar la idea que la información es equiparable al conocimiento y que, a la hora de investigar, alcanza solo con buscar en internet y lograr una distancia crítica respecto a lo que nos ofrece y permite ver.

¿Cuáles son las discusiones respecto a la inclusión o no de, por ejemplo, los celulares en el aula? 

—Si partimos del concepto de que tanto docentes como alumnos tenemos concepciones mediadas por las tecnologías, ya no es una opción dejarlas afuera sino integrarlas y trabajarlas como contenido. La discusión principal con los celulares es cómo hacer para que haya una tarea que organice una comunicación común, porque muchas veces distraen, dificultan o fragmentan la conversación. Aun así, los docentes han ido encontrando modos para que los chicos hagan actividades con ellos en la clase o llegan a acuerdos sobre cómo y en qué momento usarlos. Dicho esto, me parece importante entender que las plataformas digitales son medios de comunicación y que, como tales, implican lenguajes, intereses, géneros y soportes específicos. De ahí la importancia de pensarlas como objetos de estudio.

—¿Podrías dar un ejemplo?

—Si estoy a cargo de Historia puedo ver cómo cambiaron las nociones de la disciplina, de temporalidad, de secuencia cronológica y de verdad; poner más énfasis en los procesos y no en fechas y datos —eso  que antes llamábamos “la información”— y plantear la historia a ras del suelo, como un proceso que hacen muchos sujetos y no solamente “los héroes”. Y abrir la discusión acerca de la posverdad, el anonimato y la responsabilidad o ética que plantean. Tengo que tener en cuenta cuáles son hoy las condiciones del pensamiento histórico, qué saberes traen mis alumnos y la disponibilidad enorme de fuentes y perspectivas a las que acceden a través de los medios digitales, que están cambiando las formas de producción y de transmisión del conocimiento histórico. No da lo mismo cualquier enunciado. No digo que haya que volver a la idea positivista de la verdad revelada, absoluta y objetiva, pero me gustaría recordar a Hannah Arendt cuando decía que la verdad intenta dar cuenta de una existencia, es decir, que tiene una preocupación por lo real.

—El planteo es que deberíamos poner en debate la posverdad…

—En el caso de las disciplinas escolares, es necesario lograr acuerdos provisorios dentro de la comunidad más especializada. Que los historiadores, por ejemplo, puedan ponerse de acuerdo en que un buen relato histórico se caracteriza por chequear y hacer un uso cuidadoso y crítico de las fuentes, confrontar con otras versiones disponibles. Hasta tanto tengamos un acuerdo mejor sobre qué es “la” verdad, podemos hacer acuerdos colectivos. Un profesor no puede contar la historia solo desde la perspectiva que le interesa, sino que debe seguir ciertos procedimientos y métodos de producción de los enunciados. Lo mismo vale para otras disciplinas como las Ciencias Naturales. En un contexto en el que las plataformas digitales prometen resolver las cosas de una manera fácil, económica y con poco esfuerzo, la escuela tiene que hacer un esfuerzo mayor, en el sentido que señala José van Dijck —una holandesa crítica de los medios digitales— cuando habla de lo difícil pero importante. La escuela debería ser el espacio de lo difícil pero importante.

—¿Qué otra recomendación les harías a los educadores para incorporar los medios digitales a la clase?

—Partir de algunas preguntas y desde lo que cada uno enseña, analizar cómo está cambiando el conocimiento con los medios digitales y en función de eso trabajar en concreto. En relación a los cambios en las formas narrativas, el caso de los memes es muy interesante. Implica hacer operaciones complejas, de crítica y de distancia respecto a un texto que circula y sobre el que se hace una broma, un comentario. Hay un trabajo intertextual, de lectura entrelíneas. Como en general son burlas, vale la pena abordarlos para pensar qué se puede convertir en una burla y qué resiste un poco más. Los docentes no tenemos que plegarnos a lo mismo que hacen los medios, sino producir operaciones de reflexión crítica. Antes de emitir una sanción moral, podemos ver cómo funcionan. Para hacer un buen meme, puedo ponerme a estudiar. Son espacios que permiten expandir las formas y los contenidos de lo que enseñamos y entrar más en diálogo con la sociedad contemporánea.

¿Cómo acompaña la escuela, por ejemplo, cuestiones que suceden en la nube como el ciberbullying, el sexting y el grooming? 

—No son cuestiones fáciles de abordar. Cuando en la escuela hay un buen clima, se puede hablar de tensiones y situaciones como el sexting; pero en otros casos, aparece la censura y el escándalo. Son temas que desafían a los adultos y no solo a los docentes. Si hablamos de sexting, una cosa es cómo lo tramita la familia, en un espacio más íntimo y cuidado, y otra, en un espacio público, que involucra relaciones de poder, aspectos legales y personas que son empleados públicos en el sentido más amplio de la palabra. Es esperable trabajarlo desde la ESI (Educación Sexual Integral) pero también desde un espacio de educación mediática y digital, para poder plantear esta tensión entre la autonomía, la libertad individual y la ética; cómo se relacionan, se cuidan y cuidan a los demás. La noción de lo público, lo privado y lo íntimo fue cambiando con las épocas. De ahí la importancia de abrir espacios de diálogo y  de trabajo con los chicos. Los docentes debemos saber cada vez más sobre estas cuestiones, tanto desde un punto de vista pedagógico como legal. Trabajamos con menores de edad y hay que redoblar la cautela y el cuidado, ser responsables del lugar que ocupamos como adultos.

¿Cuál es tu opinión sobre la enseñanza de la robótica en la escuela? 

—Me parece bien enseñar los fundamentos de la programación; ver qué puede hacer la robótica y discutir en qué ámbitos se está introduciendo: si queremos que el trabajo de los médicos se vuelva más robotizado o no, por ejemplo. Analizar qué ganamos y qué perdemos: hacernos preguntas éticas, políticas y epistemológicas. Hay diversos modos de introducir los medios digitales, lo que no puede faltar es la pregunta acerca de cómo y para qué los traemos a la escuela; qué queremos producir con ellos. No traigo Facebook al aula para que los alumnos sean mejores posteando, sino para que tengan una reflexión crítica, entiendan lo que el medio permite o no, en qué enriquece o limita sus posibilidades expresivas. Preguntarse qué produce  a nivel ético y político y ahondar, por ejemplo, en la cuestión de la privacidad y el manejo de los datos. Y todo esto lleva a otras discusiones interesantes como los fenómenos recientes de Cambridge Analytics o la posverdad. Ya no podemos hablar de estos temas con ingenuidad, como los veíamos hace diez años, sino como procesos sociales y culturales que están sucediendo y sobre los cuales debemos estar atentos.

(*) Inés Dussel es Licenciada en Ciencias de la Educación, magíster en Ciencias Sociales y doctora en Educación. Es profesora investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav, en México y es la directora de la Especialización en Educación y Medios Digitales del ISEP. Dirigió el área Educación de Flacso, Argentina desde el 2001 al 2008.

Fuente: https://revistasaberes.com.ar/2019/10/no-podemos-hablar-de-estos-temas-con-ingenuidad/

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El gran reto de Colombia: proteger a niñas y mujeres de la violencia

América del Sur/ Colombia/ 26.11.2019/ Fuente: www.laopinion.com.co.

Este lunes fue el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer, establecido por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con el propósito de generar mayor conciencia, promover y prevenir todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas.

Los diferentes tipos de violencia que se ejerce contra las mujeres y niñas en sus entornos cotidianos se reproducen y multiplican en medios digitales, por lo que la Fundación Renacer, Unicef y Red PaPaz trabajan en alianza para fortalecer capacidades a nivel institucional, comunitario y de infantes y adolescentes, que garanticen su protección frente al abuso, discriminación, violencia y la explotación sexual en línea.

Adicionalmente, estas entidades hacen un llamado a todos los actores sociales a ser incluyentes desde el lenguaje, a promover la transformación de estereotipos de género basados en la inequidad, así como a construir  relaciones igualitarias en los entornos cotidianos con niñas y niños.

Igualmente, buscan promover el empoderamiento de las niñas y las adolescentes para que ellas puedan asumir roles diferentes a los asignados tradicionalmente. 

Algunas recomendaciones para el entorno físico y digital son:

• Evite contenidos y mensajes que refuercen y restrinjan lo femenino a lo sensible, dulce, delicado, frágil, tierno, maternal, etc.

• Elimine los argumentos que justifican y normalizan cualquier tipo de violencia contra las mujeres y las niñas. Ejemplo: Pensar que los hombres  son los fuertes, toman decisiones y tienen el poder económico, mientras que las mujeres son personas sumisas, débiles, obedientes y dedicadas exclusivamente a las tareas del hogar.

• Resalte experiencias femeninas poco comunes o poco visibilizadas socialmente, como la participación en la ciencia, la tecnología, los deportes, etc.

• Reconozca el valor social, económico y simbólico de las labores de cuidado asumidas tradicionalmente por mujeres, como la educación, el cuidado hospitalario, la psicología, etc.

• Reemplace palabras universales masculinas por genéricos neutros. Utilice niñez y adolescencia, ciudadanía, sociedad.

• Utilice el femenino en oficios, profesiones y cargos.

• Use el artículo femenino o masculino sustantivos invariables: una joven, un joven.

• No use elementos que no son incluyentes y reducen lo femenino a un símbolo. Ejemplo: Propietari@s, Estudiant@s, niñ@s.

• Al redactar evite el uso de lo masculino, si lo que se quiere decir incluye lo femenino.

Estas organizaciones hacen un llamando a denunciar situaciones o sospecha de violencia contra las mujeres a través de la línea 155 de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, o a través del App A Denunciar de la Fiscalía General de la Nación.

Si se trata de casos con menores de 18 años, repórtelos a través de la línea virtual www.teprotejo.org. Para recibir información u orientación sobre Explotación Sexual visite www.fundacionrenacer.org, escriba al correo fundacionrenacer@fundacionrenacer.org o comuníquese al teléfono (1) 8050217.

Según Stella Cárdenas, directora de Fundación Renacer, “la persistencia de imaginarios sociales que instrumentalizan y degradan a la mujer, es uno de los factores que facilitan y justifican la explotación sexual comercial de niñas y adolescentes mujeres. La lucha requiere profundos cambios culturales, que deben ser promovidos en diferentes entornos, reales y virtuales, por el Estado, la sociedad, el sistema educativo, los medios de comunicación, las empresas, las familias y las comunidades”.

Aida Oliver, representante de Unicef en Colombia, asegura que “prevenir la violencia contra las niñas y las adolescentes es parte de la construcción de un mundo mejor para todas las personas. No podemos esperar a que la violencia sea evidente, todos y todas, debemos preocuparnos por la violencia cotidiana que es un drama para muchas niñas y adolescentes cada día en nuestro país.

Para Unicef, la educación es una herramienta fundamental para que los niños puedan detectar situaciones de riesgo o de violencia. En el caso de las niñas y las adolescentes, la educación puede incidir en prevenir su victimización por causas asociadas a su condición de género.

Para Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red PaPaz «ser conscientes de todas las formas de violencia contra la mujer es un imperativo para que nuestras hijas empiecen a vivir una realidad diferente, asegurémonos de que esta es una labor conjunta con el padre, el hermano y todos los cuidadores, de manera muy especial del género masculino».

Según las Naciones Unidas, a nivel mundial:

• Un 35% de las mujeres y niñas han sufrido de algún tipo de violencia física o abuso sexual.
• Más de 700 millones de mujeres contrajeron matrimonio cuando aún eran menores de edad.
• 120 millones de niñas han sido forzadas a tener relaciones sexuales.
• El 71% de todas las víctimas de trata de personas son mujeres y niñas.
• 3 de cada 4 mujeres y niñas identificadas como víctimas son utilizadas con fines de explotación sexual.

Fuente de la noticia: https://www.laopinion.com.co/colombia/el-gran-reto-de-colombia-proteger-ninas-y-mujeres-de-la-violencia-187695#OP

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La tecnología y la educación: una dosis de realismo

Europa/España/05.06.2018/Por: Francesc Pedró/ Fuente: https://elpais.com.

Una visión más pragmática se impone en la aplicación al aula de medios digitales

En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.

Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a «docentes como yo», es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?

A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?

En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.

Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares… en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.

De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.

Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de «docentes como yo», probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.

Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.

Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.

 

Fuente del artículo: https://elpais.com/diario/2011/11/21/educacion/1321830001_850215.html

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